FUKUYAMA ¿EL FIN DE LA HISTORIA?, POR LUIS ORO TAPIA
28 05 2007Comentarios : 1 comentario
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JOSE FRANCISCO VERGARA (I)
28 05 2007
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JOSÉ FRANCISCO VERGARA: APROXIMACIÓN A UNA EMBLEMÁTICA PERSONALIDAD DE VIÑA DEL MAR
Texto: Ana Henríquez Orrego, Historiadora Archivo Histórico Patrimonial
Digitalización: Javiera Vargas Mejías, Diseñadora Archivo Histórico Patrimonial
El nombre de José Francisco Vergara empapa la ciudad de Viña del Mar, y sin embargo, le conocemos poco. Esa ha sido la reciente reflexión de quienes han intentado acercarse al estudio de su emblemática personalidad[1]. Instalado en Viña del Mar, producto de los avatares de su profesión (1853), queda anclado para siempre en estas tierras, al encontrar en ellas a la mujer que, en agosto de 1859, habría de convertirse en su esposa, doña Mercedes Álvarez, heredera de la hacienda que más tarde adquiriría el título de ciudad. Esto último, producto de la iniciativa del Señor Vergara. En efecto, “el joven ingeniero agrimensor que había llegado a trabajar en la construcción del ferrocarril que uniría Santiago con Valparaíso terminó construyendo una gran ciudad”[2].
Imposible tarea, la de comunicar en estas breves reflexiones la magnitud de su relevancia histórica. No obstante, sirvan ellas de bosquejo e invitación para aproximarnos a su conocimiento.
Un monumento erigido el año 1996 en el corazón de nuestra ciudad, en la plaza, que también lleva su nombre, nos muestra a un hombre de paso firme y decidido, portando un pergamino que simboliza su proyecto para la formación de la Población de Viña del Mar. Tal petitorio fue realizado ante el Intendente de Valparaíso en diciembre de 1874, siendo aprobado en el transcurso del mismo mes. La persona encarnada en este monumento, parece reflejar la fuerza de un visionario, cuya mirada se pierde en el horizonte, ¿quién fue este hombre?, ¿cuál fue su pensamiento, sus principales ideas, sus objetivos, su desempeño en el desenvolvimiento del acontecer nacional?.
No pretendemos responder aquí estas interrogantes , sirvan más bien de desafío, pero ante ello, no esperamos que nuestros lectores se lancen a las mareas turbulentas de la historia, donde todo y nada existe, sino que hacemos una invitación a encontrarse de forma directa con los escritos del Señor Vergara, especialmente con sus cartas privadas y discursos políticos[3]. En las primeras, descubriremos al padre afectivo que aconseja incansablemente a sus hijos, respecto de las cosas más cotidianas y sublimes de la vida, pero en estas mismas, también se revela al hombre público, al diputado, al senador, al ministro de guerra, que comenta con su familia sus quehaceres políticos, sus propuestas, sus angustias, sus estrategias militares, etc.
Con el objeto de ilustrar lo anterior, exponemos el extracto de una de las cartas de don José Francisco a su hijo Salvador. El documento en cuestión, se enmarca en el contexto de la Guerra del Pacífico, conflicto en el que J. Vergara desempeñó los cargos de asesor en comandos (junio de 1879) y Ministro de Guerra (junio 1880).
“¡Que tal, amado hijo mío, escribiéndote desde un campamento después de haberte exhortado tanto a desechar i combatir tus gustos marciales!. ¡Cuándo habrías creído, leyendo mis cartas, que pocos meses mas tarde habría de verse tu padre ocupado todo el día de cosas de la guerra… La víspera de ese día, es decir el 22 de mayo, se había recibido aquí la noticia confusa de un combate tenido en Iquique entre la Esmeralda i la Covadonga con el Huáscar y la Independencia, pero con poquísimos detalles… No me cansaré de repetirte de que trabajes con empeño por instruirte; por ser un miembro útil de la sociedad… Prat fue un joven estudioso que a pesar de su profesión de marino estudió leyes i se recibió de abogado, i ya vez por el fin que supo tener el temple que dio a su alma”. (30 mayo 1879)
NOTAS
[1] Ver: Archivum Nº 6. Revista del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, 2004
[2] Silva, Roberto, José Francisco Vergara, gran conductor y estratega civil de la Guerra del Pacífico. En: Archivum Nº 6.
[3] En: Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, Fondo Vergara.
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JOSE FRANCISCO VERGARA
28 05 20071. Aproximáción a una emblemática personalidad de Viña del Mar
2. Presentación del epistolario de José Francico Vergara
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Guerra Fría – Diego Portales - Nicolás Maquiavelo - José Francisco Vergara - Francis Fukuyama - Didáctica de la Historia - Salvador Allende
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UTILIZAR DOCUMENTOS EN LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA
28 05 2007PROCEDIMIENTOS RECOMENDADOS
1. Las imágenes en la enseñanza de la historia
2. Los mapas en la enseñanza de la historia
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SÁTIRA POLÍTICA EN EL GOBIERNO DE SALVADOR ALLENDE. ANÁLISIS DE DIARIO TRIBUNA DURANTE LA VISITA DE FIDEL CASTRO A CHILE
28 05 2007LO QUE LEERAN A CONTINUACION ES PARTE DE UN TRABAJO QUE POR EL PESO NO PUEDE SER COLGADO COMPLETO…. ESPERO QUE IGUAL LES SIRVA LA INFORMACION
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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO INSTITUTO DE HISTORIA PROGRAMA DE MAGÍSTER EN HISTORIA POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES
La sátira política: Análisis de la visita de Fidel Castro a Chile
a partir del diario Tribuna
Profesor: Santiago Lorenzo Schiaffino Alumna: Ana Henríquez Orrego
TEMARIO
1. Nota Introductoria
2. Capítulo I: Instrumentalización política del sentido del humor: el chiste, la caricatura y la sátira
3. Capítulo II: Chile: 1970-1973, ¿escenario de la Guerra Fría?
4. Capítulo III: La sátira política en el diario Tribuna
5. Capítulo IV: Un ejemplo de sátira política: la visita de Fidel Castro Chile. A partir del análisis del diario Tribuna
6. Conclusiones
7. Bibliografía
NOTA INTRODUCTORIA
El sentido del humor, en sus diversas manifestaciones: chistes, caricaturas y sátiras, ha sido un elemento que ha acompañado el devenir histórico de nuestra República. En efecto, se podría afirmar que forma parte de nuestra alma nacional[1]. Así también, tal sentido del humor ha dejado huella concreta en diversos documentos a partir de los cuales es posible conocer el desarrollo de los procesos políticos, económicos y sociales de la historia de Chile.
Nuestra atención será centrada en el humor político desarrollado en Chile desde el origen de la República hasta 1973. El objeto de visualizar este amplio panorama, es lograr dilucidar con claridad las peculiaridades que tuvo el humor o sátira política desarrollada en Chile durante el Gobierno de la Unidad Popular. Estimamos que conociendo algunas de las principales características del humor o sátira política elaborada durante el siglo XIX y en la primera mitad del XX podremos apreciar de mejor modo las singulares características que adoptó el humor político chileno entre 1970 y 1973.
En el presente trabajo nos proponemos analizar concretamente la sátira política desarrollada por el diario Tribuna, medio periodístico publicado entre 1971 y 1973, con el objeto de lograr conocer el modo en que este diario se convirtió en un instrumento cuyo propósito principal fue fomentar el descrédito y la desestabilización del Gobierno de Salvador Allende, explotando al máximo sus cualidades satíricas.
Para llevar a cabo la investigación, en primer lugar, procuramos aproximarnos al estudio de la sátira política desde la perspectiva historiográfica, cuestión que nos condujo a considerar como pilares fundamentales obras tales como “La Sátira política en Chile” de Ricardo Donoso, y el libro “El que ríe al último…, Caricatura y poesía en la prensa humorística chilena del siglo XIX” de Maximiliano Salinas y otros. Así también, otras de las obras que contribuyeron a elaborar el presente análisis fueron: “Reseña de una Sonrisa: Los Comienzos de la Caricatura en Chile Decimonónico, 1858-1868”, de Isabel Cruz; “Visto y no visto”, de Peter Burke y “Caricatura y Agitación Política en Chile Durante a Unidad Popular. 1970-1973”, de Ángel Soto.
Tales obras permitieron la elaboración del marco teórico que hizo posible adentrarnos en el análisis del diario Tribuna, el cual constituye la fuente de información primaria del presente trabajo. El acceso a la colección completa de este diario sólo fue posible encontrarla en la Biblioteca Nacional de Chile, sección periódicos, donde la lectura y revisión del diario debe ser realizada exclusivamente a través de microfilmaciones. No obstante, un interesante compendio de 6 tomos se encuentra localizable en la “Biblioteca Chile-América”, de la Municipalidad de Viña del Mar[2], cuyo libre acceso y disponibilidad inmediata, permite fotografiar o escanear el material seleccionado.
La estructura a partir de la cual ha sido elaborado nuestro trabajo consta de cuatro capítulos. En el primer capítulo analizaremos desde una perspectiva conceptual la instrumentalización política del sentido del humor, adentrándonos en las definiciones del chiste, la caricatura y la sátira. Dentro de esta panorámica conceptual, elaboraremos un breve esbozo de la historia de la sátira política en Chile, cuyo fin será identificar las peculiaridades de la sátira anterior a 1970. A continuación se presentará una propuesta de análisis histórico que pretende esbozar los parámetros que deben ser estimados a la hora de considerar las diversas manifestaciones del sentido del humor como documento histórico.
Puesto que, una de las cuestiones fundamentales a la hora de considerar como documento histórico a la sátira, es conocer el contexto cultural en que fue producida, el segundo capítulo de la presente investigación se abocará a analizar las peculiaridades del Gobierno de la Unidad Popular, desde una perspectiva global, que implicará conocer el significado del concepto Guerra Fría. Esto nos permitirá dilucidar los efectos que tuvo para Chile haberse transformado en escenario y protagonista de la contienda global entre el capitalismo y el comunismo.
El tercer capítulo estará destinado a indagar y exponer las principales características de la sátira política desarrollada en el diario Tribuna. Ahora bien, para poder considerar a este medio de prensa como fuente de información histórica, será preciso someterlo a un riguroso estudio que contemple entre sus elementos, el análisis externo y el análisis interno. El primer aspecto contempla la necesidad de dilucidar cuáles fueron los móviles de los fundadores del diario, de dónde provinieron los recursos de financiamiento, qué tendencias políticas tenían los editores y periodistas, etc. Mientras que el segundo ámbito implica analizar el contenido propiamente dicho, lo cual significa conocer los parámetros de composición estructural del diario, las secciones que los componen, su distribución interna, el tipo de narrativa desarrollada, las características de la iconografía (caricaturas, comic, chistes, fotografías), etc..
Luego de que se realice este análisis general, será preciso generar una tabla o catálogo de las temáticas mayormente abordadas y explotadas por el diario, que nos permitirá conocer las directrices o “ideas fuerza” de este medio periodístico. Sólo después de llevar a cabo esta tarea, consideramos pertinente realizar la selección de la temática específica en la que se profundizará la investigación.
El cuarto y último capítulo estará destinado a analizar la visita de Fidel Castro a Chile a partir del diario Tribuna. El criterio de selección se basó, esencialmente, en que la mayor parte de las “ideas fuerza” desarrolladas por Tribuna se ven reflejadas en este período. Por ejemplo, el desabastecimiento, las colas, las alzas, las protestas, la crítica a la jerarquía eclesiástica, la ridiculización del Presidente y sus ministros, etc. Pero sobre todo, el móvil que nos instó a seleccionar esta temática fue que en este período se refleja con claridad la característica satírica del diario Tribuna.
Finalmente, es preciso señalar que el presente estudio es el producto del Seminario de Sátira Política del Programa de Magíster en Historia de la PUCV, dirigido por el profesor Santiago Lorenzo, a quien se agradece la oportunidad de explorar estos interesantes ámbitos de la investigación histórica.
CAPÍTULO I: INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA DEL SENTIDO DEL HUMOR: EL CHISTE, LA CARICATURA Y LA SÁTIRA
1. Hacia una definición de chiste, caricatura y sátira
El sentido del humor, el chiste, la caricatura y la sátira, son conceptos que derivan de una particular forma de dar cuenta de los acontecimientos. Se puede afirmar que los tres últimos conceptos, están ligados al significado del “sentido del humor”, el cual, como afirman Arturo Fontaine y Ernesto Rodríguez, debe ser reconocido como una cualidad propia del ser humano y por tanto, posible de ser analizado en su individualidad[3].
Para dilucidar las diferencias entre los principales conceptos contenidos o ligados al “sentido del humor”, dirigimos nuestra mirada a las definiciones entregadas por La Real Academia de la Lengua Española. Según ésta, el chiste es un “dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa. Muchas veces se presenta ilustrado por un dibujo”[4]. Por su parte, la caricatura, se define como un “dibujo satírico en que se deforman las facciones y el aspecto de alguna persona. O bien una obra de arte que ridiculiza o toma en broma el modelo que tiene por objeto”[5]. Si bien, tanto el chiste como la caricatura contemplan la existencia de un dibujo, la diferencia radica en sus objetivos. Del chiste podemos afirmar que tiene por objeto hacer reir, mientras que la caricatura se muestra como un elemento más incisivo, que deforma o magnifica las características de algún personaje.
Dentro de estas definiciones, la sátira viene a constituir la forma más punzante e hiriente del humor, definiéndose como “composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a personas o cosas. O también, un discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o poner en ridículo a personas o cosas”[6].
Ahora bien, ¿qué entendemos, entonces, por sentido del humor?. Según la Real Academia Española, “el humor es una cualidad que consistente en saber descubrir y mostrar los aspectos cómicos de personas y situaciones”[7]. En definitiva, cada uno de estos conceptos apela a la posibilidad de hacer reir. La pregunta es: ¿hacer reir a quienes y con qué recursos?.
Si fuera posible poner connotación ética al humor, podríamos afirmar que el chiste, la caricatura y la sátira tienen en común el objetivo de mover a la risa, mientras que su diferencia radica en que el primero puede estar marcado por un grado de benevolencia, mientras que los dos siguientes denotan un marcado grado de destructividad. Sobre todo la sátira, pues en ésta se manifiesta una animosidad latente que pretende desprestigiar y en último caso destruir el objeto satirizado, ya sea éste una persona, institución o cosa. En efecto, la sátira implica ridiculizar a alguien o algo recurriendo a cualquier medio de expresión, ya sea la literatura o la iconografía, las cuales, generalmente, toman como punto focal “la caricaturización de un personaje público, cuyo objetivo último es lograr rebajarlo a la condición de un simple y común mortal lleno de defectos”[8].
Ahora bien, como afirma Ricardo Donoso, la sátira en sí abarca muchos temas, pero el más destacado que posee es el de la política, ya que en él, “el escritor satírico capta con agudeza las flaquezas y debilidades de los hombres públicos, las exhibe con crudeza o con viva intención crítica y nos deja un testimonio utilísimo como expresión del sentimiento de los contemporáneos”[9].
La sátira contempla el mundo con una postura mental cargada de crítica y hostilidad, pero a la vez con una mezcla de indignación e irritación al constatar tantos y tan variados ejemplos de la estupidez y vicios de la humanidad, quedando claro que la percepción del mundo que tiene la sátira es bastante oscura[10]. Desde esta perspectiva se puede afirmar que la irritación que existe por parte del satírico nace del desprecio que siente hacia su víctima, ya que su aspiración es que la víctima sea humillada, y el medio al que recurre para llegar a lograr sus fines es provocar en el público la risa despreciativa.
Para que la sátira pueda lograr los fines deseados, la denuncia agresiva que se plasma en palabras y dibujos debe contar con algún rasgo estético que produzca placer en los receptores, pudiendo llegar este último a identificarse con el satírico y compartir su sentido de desprecio hacia la víctima. Por ejemplo, como afirma Ricardo Donoso, “deben haber dentro de la sátira otras fuentes de placer como ciertos juegos de sonidos y palabras, o el tipo de relación que llamamos ingenio…”[11]. Todos estos elementos tienen por función llamar la atención y resultar atractivos o intrigantes por sí mismos, independiente del tema que trate la sátira.
En una auténtica sátira no sólo deben estar elementos como la capacidad de abstracción y el ingenio, sino que fundamental resulta el componente fantasioso que forma parte de toda sátira verdadera. La fantasía contiene siempre un ataque más o menos violento y una visión fantástica del mundo, ya que “está escrita para entretener pero contiene agudos y reveladores comentarios sobre los problemas del mundo en que vivimos”[12]. Se magnifican los rasgos negativos de las personas, especial foco de sátira son los líderes políticos, a quienes además se atribuye la responsabilidad de los problemas que afectan a la sociedad.
Respecto del tema planteado, existen autores tales como Arturo Fontaine, que consideran que el sentido del humor no debe ser analizado desde perspectivas éticas[13]. No obstante, pensamos que las apreciaciones expuestas por Ernesto Rodríguez se condicen de mejor forma con nuestra investigación, ya que este autor pone énfasis en destacar las diferencias que existen entre el humor político desarrollado en Chile antes de 1970 y el desarrollado durante el Gobierno de Salvador Allende. En esta última etapa, el humor político adquirió muchos ribetes ofensivos, que sin dejar de ser humor, rayó en el límite de la grosería y su fin último no era hacer reir, sino utilizar este medio con fines destructivos, que tendieran a desacreditar y desestabilizar el Gobierno de Salvador Allende[14]. Se debe tener presente que el sector político que en mayor medida recurrió al humor como instrumento político fue, esencialmente, la derecha, la cual a través de medios tales como el diario Tribuna y la Revista SEPA, llevaron a cabo, una intensa y sistemática campaña de desestabilización del Gobierno de Salvador Allende.
Si bien, en la presente investigación adherimos a algunas de las apreciaciones esbozadas por Ernesto Rodríguez, destacado investigador del CEP, creemos necesario hacer algunas reparaciones respecto de las características del humor o sátira que proliferó durante el Gobierno de la UP. Según Rodríguez, en este periodo el humor pasó a ser un arma destructiva e insolente, cuyas marcadas diferencias con el humor anterior al 70 se pueden evidenciar si se observa y analiza el humor desarrollado en la revista Topazze entre 1931 y 1961[15].
En efecto, durante el Gobierno de Salvador Allende la sátira y los medios de comunicación se convirtieron en un instrumento que fomentaron las exacerbaciones de los ánimos políticos-públicos al mostrar el ambiente de confrontación a nivel nacional. Pero la sátira política tiene larga data en Chile y para poder captar la peculiaridad de ésta en el Gobierno de Salvador Allende es preciso que tengamos presente, al menos, una panorámica general de la sátira política y su evolución a lo largo de la historia de nuestro país.
2. Breve historia de la sátira política en Chile
Como se evidencia en la obra de Ricardo Donoso, la sátira política en Chile tiene larga data, remontándose incluso a la época colonial[16]. Para efectos de nuestro trabajo, a continuación exponemos una sistematización de las principales etapas identificables en el desarrollo de la sátira política chilena desde el origen de la República hasta 1973.
1811-1833: Nacimiento e institucionalización de la República de Chile
En los primeros años de este periodo las caricaturas y pasquines que circularon hacían alusión a las distintas tenencias, a favor o en contra de la emancipación[17]. Luego cuando Bernardo O’ Higgins asume el cargo Supremo hasta la promulgación de la Constitución de 1833, la caricatura se centró en las disputas entre las facciones. No obstante, desde la abdicación de O´Higgins, las caricaturas satíricas se mostraron como reprochadoras e injuriosas, teniendo como propósito poner en ridículo a los que disfrutaban del poder o lo amparaban con sus simpatías. Los ataques virulentos se expresaron en prosa, en verso y en dibujos caricaturescos, en los cuales destacaba la ironía, el ridículo, la humillación y todo cuanto pudiera herir moralmente al prestigio entre los partidarios liberales y conservadores, los aprobadores o retractores de los ensayos constitucionales, la aceptación o no del Gobierno e incluso vínculos de parentesco[18].
1833-1855: La Constitución del ´33 y las restricciones en las libertades
Tras la publicación de la Constitución de 1833 la caricatura política disminuyó su cantidad y manifestó una notable merma en los ataques hacia la administración gubernamental, ello debido a las numerosas trabas impuestas a la libertad de prensa. No obstante en la década de 1840 las odiosidades políticas florecieron, se caldearon los ánimos en las distintas facciones políticas, y ello quedó manifestado en un número considerable de folletos y pasquines.
1855: El Correo Ilustrado
El Correo Ilustrado comenzó a circular en 1855 y entre sus páginas incorporó las ilustraciones caricaturescas. Hizo de la sátira política, una herramienta de crítica mordaz contra la vaciedad, la petulancia y la venalidad de los hombres públicos[19]. Como señala Ricardo Donoso, “desde entonces comenzó a vapulear, con corrosivo y demoledor lápiz, a los hombres de gobierno, a sus ministros, a las personalidades con aspiraciones presidenciables con sangrienta mofa, y a cuantos figurones alcanzaban alguna notoriedad en el tinglado político. En su galería de dibujos incorporó a los padres de la patria, la de algunas personalidades desaparecidas por esos días, y la de escritores y periodistas de la época”[20]. Según indica Donoso, de entre las páginas de este diario se deduce que “el objeto de sus caricaturas es corregir las costumbres y los defectos, es satirizar, poner en ridículo si se quiere, aquello que se manifiesta ridículo para procurar su corrección”[21].
1872: derogación de la ley de imprenta de 1842
A partir de 1872 la sátira política tuvo un campo menos restringido para manifestar sus críticas. Cundieron manifestaciones pintorescas de prosas, versos y caricaturas. Dentro de un mayor ánimo de tolerancia de la administración pública, el tema central de la sátira política en los años siguientes fueron las elecciones presidenciales de 1875 y la Guerra del Pacífico[22].
Se puede afirmar que hasta la década de 1880 la sátira política en Chile y en especial las caricaturas, se había mostrado como un reflejo de las disputas ideológicas, expresando con variada intensidad los colores políticos y las tendencias de sus publicaciones. Tenían por característica el denunciar, poner en evidencia o enrostrar a las autoridades públicas sus vicios y defectos, pero más aun, si observamos, por ejemplo, el compendio de caricaturas expuesta en el libro “El que Ríe al último…”, de Maximiliano Salinas y otros[23], podemos apreciar que la caricatura satírica del siglo XIX, tiene 2 características primordiales: en primer lugar, lo que más destaca es su interés por esbozar retratos muy perfeccionistas de los personajes y en segundo lugar, todas estas imágenes relata algún hecho reprobable del acontecer nacional. Pero no se toma partido por alguna facción, se critica en general a la elit política, a la que se enrostra reiteradamente no atender los problemas concretos y perder tiempo en sus intrigas internas.
Sin embargo, desde que asume Balmaceda la Presidencia de Chile, las pasiones se exacerbaron y los ataques se ensañaron por aumentar los ánimos contradictorios de la contienda que se aproximaba, es decir, la revolución de 1891. Tras la caída de Balmaceda, entre el bando vencedor surgieron desacuerdos que circulaban principalmente en el ámbito ideológico, renaciendo las publicaciones con virulentas injurias a las personalidades y grupos políticos. Desde esos años el vigor de la prensa satírica y de las caricaturas, se convirtió en el fiel reflejo de la nueva lucha ideológica y política nacional[24].
Juan Rafael Allende[25]
Juan Rafael Allende fue el fundador de cuantiosos periódicos de carácter humorístico y satírico, entre los cuales destacan, El Padre Cobos, El Ferrocarrilito, El Padre Padilla, Don Cristóbal, Pedro Urdemales, El Recluta, Poncio Pilatos, El Arzobispo, Don Mariano, El General Pililo, La Beata, El sinvergüenza, El Sacristán, etc.
Juan Allende nació en 1848 en el seno de una familia acomodada, a los 21 años comenzó su prolífica carrera periodística, escribiendo para tres periódicos a la vez, La Libertad, Los Tiempos y La República. En esta primera etapa no manifestaba aun sus dotes artísticas y aun se mantenía dentro de los límites del conservadurismo, al que pertenecía por herencia familiar[26]. No obstante, en 1875 comenzó su destacada carrera al fundar su primer periódico, “El Padre Cobos”. A partir de este momento, a pesar de provenir de una familia acomodada, se identificó y defendió a los sectores populares por medio de sus caricaturas, donde mostró una visión crítica de la nación, a través de los hechos, las desventuras y semblanzas de los principales personajes públicos, censurando su orientación política, su pertenencia social o su afán de enriquecerse[27]. Sus blancos de ataque fueron los presidentes, los ministros, la jerarquía eclesiástica, y en general todas aquellas personas que detentaran algún cargo público y que no realizaran según él, las tareas encomendadas como debieran hacerlo, y en cambio se dedicaran al despilfarro de dinero y a la holgazanería.
Ahora bien, una de las principales características de la sátira desarrollada por Juan Rafael Allende es que logra ir retratando una imagen de la sociedad en la que está inserto, pero es un retrato muy crítico e inquisitivo, se esbozan los problemas que aquejan a la sociedad, pero el fin último no es mostrar éstos, sino enrostrar a la oligarquía gobernante (entre los que se cuentan e Presidente, sus Ministros, los parlamentarios y líderes de los partidos políticos, los empresarios y banqueros y los personeros de la iglesia católica), su inoperancia, ineptitud, flojera o simple desinterés. En el fondo si tuviéramos que decir si Allende tomó partido por algún sector, sin duda este sector fue el grueso de la población chilena, es decir, aquella que no estaba entre la elite dominante. Así también, como afirma José Cornejo, en esta caricatura satírica se fue desarrollando una estrategia discursiva que se encargó de hacer pública la vida privada de los personajes públicos[28].
El siguiente hito de la sátira política chilena se encuentra en la fundación de la revista Topazze. De la que pasamos a exponer algunos de sus principales aspectos a continuación.
1931-1961: La revista Topaze
La revista fue fundada por Jorge Délano Frederick y realizó su primera publicación el 12 de agosto de 1931. La revista se caracterizó por incorporar un gran número de dibujos que contenían una aguda crítica al sistema político imperante, es decir, el Gobierno de Carlos Ibáñez. No obstante, desde sus inicios y hasta el día de su desaparición mantuvo un carácter no agresivo, ni destructivo, sino mas bien, supo explotar al máximo la ironía, la picardía sin caer en la animosidad virulenta. Explotó, por ejemplo, temas tales como los rasgos físicos y morales, destaco las flaquezas y debilidades que sobresalían de los personajes políticos, tales como la avaricia de algunos y el oportunismo de otros.
Hubo un momento en que Topazze cargó la mano en sus críticas y comentarios, ello le valió un proceso judicial. Al aproximarse las elecciones presidenciales de 1937, la revista tuvo un vuelco considerable al comenzar a acentuar sus críticas a las políticas gubernamentales y a los preparativos para la configuración del Congreso Nacional a través del cohecho. Desde este momento, sus sátiras pasaron a ser sangrientas, contribuyendo a la impopularidad de cuantos detentaban el poder público, en este sentido, especiales ataques recibió el Presidente Arturo Alessandri[29].
Así pues, como señala José Cornejo, a parte de los traspiés que tuvo la Revista con el Gobierno de Alessandri, en sus páginas se puede ver reflejado el acontecer histórico del país entre el 30 y el 60, es decir se puede considerar a esta publicación como un verdadero barómetro de la política nacional[30]. Entre 1961 y 1970 la revista se publicó, pero de forma muy interrumpida, cambiando constantemente su planta directiva y sus caricaturistas. El cierre definitivo se produjo en 1970, luego de haber llevado a cabo una intensa campaña en contra de la candidatura de Salvador Allende[31].
1970-1973: El Gobierno de Salvador Allende
Durante el Gobierno de Salvador Allende, el escenario político de Chile vivió un proceso de profunda polarización. Incubado durante la década del ´60, el conflicto se manifestó en su plenitud entre 1970 y 1973. Durante estos tres años las distintas tendencias políticas fueron “maniqueas, ofensivas, groseras, irónicas y destructivas. Se descalificó al enemigo con apodos, ofensas y expresiones de doble sentido”[32]. Este es el escenario, donde según Ernesto Rodríguez, el humor quedó en entredicho, pues se maximizó en forma desmedida su estilo punzante y destructivo. En algunas de sus alocuciones en el CEP, Rodríguez afirma que en esta etapa se produce un paréntesis en el sentido del humor en Chile, porque lo que se utiliza es más bien la grosería[33]. Pero hacer ese tipo de afirmaciones es intentar dejar a la sátira fuera de la definición del humor, lo cual no nos parece adecuado.
Por ello, luego de que hemos expuesto las distintas variantes del humor político en Chile, consideramos que entre 1970 y 1973 “LA SATIRA” fue la que se convirtió en reina del humor. Pero ésta fue una sátira llevada a sus límites, pues el objetivo no es sólo poner en evidencia ciertos hechos, no es sólo poner en ridículo a determinados personajes, no se remite a enrostrar sus debilidades a los líderes políticos, como lo hizo la sátira del siglo XIX, sino que tiene por objeto transformarse en una de las armas políticas utilizadas por ambos bandos de este mundo polarizado, pero explotadas en su plenitud por la derecha política. De este modo, la sátira y los medios de comunicación en general se convirtieron en instrumentos que fomentaron las exacerbaciones de los ánimos políticos-públicos al mostrar el ambiente de confrontación a nivel nacional[34].
Durante este período, el universo de la prensa nacional, terminó reflejando el clima de tensión y polarización existente en el país. Entre los representantes de la prensa escrita de Izquierda tenemos: El Clarín, El Siglo, Punto Final, La Nación y Última Hora, mientras que la prensa de derecha estuvo representada por las revistas PEC, SEPA, Qué Pasa y los diarios Tribuna, El Mercurio y La Segunda. Si bien es cierto, en cada uno de estas publicaciones encontramos secciones destinadas exclusivamente al humor (chistes, caricaturas, historietas, etc.), tres son las que con mayor claridad explotaron la sátira como instrumento o arma política. Estos son: PEC, SEPA y el diario Tribuna. Todos estos fueron medios periodísticos de oposición, cuyo objetivo declarado era promover el quiebre y colapso del Gobierno de Salvador Allende. PEC y SEPA fueron revistas que destinaron aproximadamente 1/3 de sus páginas a criticar a Allende y su Gobierno, a partir del desarrollo de diversos ámbitos del sentido del humor, especialmente historietas. Mientras que Tribuna tuvo como principal característica explotar la sátira política en cada una de sus páginas, todas ellas encaminadas a enrostrar el fracaso de la Unidad Popular, sus desaciertos, la inhabilidad e ineptitud del Presidente, sus Ministros y todos aquellos que se declararan sus adherentes.
En el capítulo III analizaremos con mayor detención las principales características del diario Tribuna.
3. El sentido el humor como documento histórico
El sentido del humor, como concepto, hace alusión a la capacidad de hacer reir y a ese estado de ánimo en sí mismo. No obstante, la posibilidad de explotar el sentido del humor desde el punto de vista del análisis histórico, está dada por el hecho de que tales estados anímicos dejaron huella concreta. Hasta nosotros llegan innumerables folletos, revistas, periódicos, diarios u otros medios impresos en los cuales quedó plasmado el sentido del humor del pasado. Ese tipo de fuentes han sido ignoradas por la historiografía tradicional, no obstante, en la actualidad, la nuevas generaciones estamos llamadas a indagar en estos ámbitos poco explorados y en muchos casos desdeñados.
Como se ha expresado y desarrollado en las páginas anteriores, el sentido del humor puede cobrar manifestación concreta a través de dibujos y/o por medio de la narrativa. Generalmente, ambos van unidos y se complementan, pero desde el punto de vista del análisis histórico, es necesario precisar las peculiaridades de cada uno de estos elementos y sus potencialidades como fuentes de información histórica.
El análisis histórico de las imágenes
“La imágenes nos dicen algo, las imágenes tienen por objeto comunicar. Pero si no sabemos leerlas no nos dicen nada. Son irremediablemente mudas”[35].
Como hemos precisado en el primer apartado, la mayoría de las manifestaciones del humor conjugan el desarrollo narrativo con la parte gráfica o ilustrativa, que sintetiza o complementa las ideas expresadas en los textos. Esta situación hace necesario precisar las potencialidades que adquiere la imagen como instrumento de análisis histórico.
Ahora bien, tal como afirma la cita con la que hemos dado comienzo a este apartado, todas las imágenes, sean éstas de carácter humorístico o no, comunican algo, pero para poder dilucidar su contenido es preciso saber analizarlas. Esta última es la tarea que debe emprender el historiador.
En primer lugar, debe ser asumida la posibilidad de considerar las imágenes como fuentes de información factibles de ser utilizadas por los historiadores. Reconocer el valor implícito en las imágenes que nos han legado las antiguas generaciones, implica tener conciencia de que éstas pueden entregarnos información que no se encuentra tan nítidamente manifestada en el cúmulo de documento escritos referidos a la misma época en cuestión. Las imágenes, como señala, Peter Burke, nos permiten adentrarnos en el mundo de las mentalidades, en aquellas manifestaciones del sentir cotidiano o bien en las ideas forjadas por las gentes productoras de tales imágenes[36].
Pero las imágenes no son el reflejo fidedigno de la historia, por ello es que una de las precauciones básicas que debe tener el historiador a la hora de analizar una imagen es la imposibilidad de atribuir a ningún artista o reportero una mirada inocente, en el sentido de una actitud totalmente objetiva, libre de expectativas y prejuicios de todo tipo. Como señala Peter Burke, los historiadores no pueden ignorar la posibilidad de propaganda o visiones estereotipadas del “otro”[37]. Incluso aquellas imágenes que pudieran parecer libres de distorsión, como es el caso de las fotografías, pueden perfectamente haber sido trucadas o elaboradas de manera que permitan al fotógrafo mostrar una realidad que no es tal. Los periódicos, por ejemplo, llevan muchos años utilizando la fotografía como testimonio de autenticidad, esperando conseguir el denominado “efecto realidad”, pero desde el momento en el que un fotógrafo selecciona un tema, está trabajando sobre la base de una actitud sesgada , que no debe ser desatendida. Y lo que es peor, se ha comprobado que muchas de las fotografías que parecen auténtico retrato de la realidad, son montajes preparados para alguna revista o diario[38]. Así pues, las imágenes no son reflejo objetivo de un tiempo y un espacio, sino parte del contexto social que las produjo, y es cometido del historiador reconocer ese contexto e integrar la imagen en él.
Los elementos que deben ser tomados en cuenta a la hora de proceder al análisis de las imágenes, sean estas pinturas, fotografías o caricaturas de diversos tipos, son en primer lugar, el ambiente cultural en el que se produjo la imagen, puesto que las imágenes forman parte de una cultura total y no pueden entenderse si no se tiene conocimiento de esa cultura. Para interpretar el mensaje es preciso estar familiarizado con los códigos culturales en los que fue generada[39]. Por ello, es que el historiador no debe sólo contemplar las imágenes del pasado, debe aprender a leerlas e interpretarlas. Para ello es necesario que el investigador se interrogue respecto de quién es el productor de la imagen, a qué grupo social y cultural pertenece, cuáles fueron sus intenciones y también es imprescindible que el historiador conozca y se interiorice en los personajes y elementos, simbolizados y representados en las imágenes, pues de lo contrario, no podrá captar las ideas trasmitidas.
Desde el punto de vista del análisis histórico podemos afirmar que las imágenes pueden ser clasificadas en dos grandes grupos[40]. Por una parte, se encuentran todo el cúmulo de imágenes producidas en el seno de una sociedad y que tienen por objeto entregar y dar a conocer al público la propia imagen, es decir, aquella con la que se pretende ser conocido y recordado. En este ámbito se ubican todas las imágenes que los grupos dominantes o elitarios de todas las sociedades confeccionan de sí mismos. Ejemplo típico de son los retratos de los monarcas u otras autoridades. El otro tipo de imagen corresponde a aquel que entrega información acerca del “OTRO”. Es decir son producidas al margen del grupo social retratado. En estas imágenes es frecuente ver al OTRO estereotipado. Ejemplo de estas imágenes son las producidas por viajeros del siglo XVI que se interesaron por retratar las sociedades aborígenes de diversos lugares. Generalmente cuando la imagen hace referencia al OTRO se puede evidenciar que los rasgos que los describen son los opuestos al productor de la imagen[41].
Ahora bien, el tipo de imagen que mejor permite captar la idea que se tiene del OTRO es la caricatura, pues ésta hace referencia a una persona o grupo social al que se pretende ridiculizar, desacreditar y atacar. En efecto, una de las características de la caricatura es que disfraza la opinión recurriendo a la ironía, apelando con ello a convertir a la víctima de la caricatura en objeto de risa. Como señalamos en el primer apartado, la caricatura es una forma de expresión gráfica que exagera, distorsiona o acentúa los rasgos, apuntando a ridiculizar los aspectos físicos, morales o sicológicos. Busca poner de relieve flaquezas y pasiones, más allá de la exageración física. El objetivo último es identificar claramente a los sujetos. Así pues, la sátira gráfica ridiculiza cualquier situación o personaje, analiza un hecho, una realidad y lo convierte en un instrumento de humor, que desenmascara, critica o ataca a una persona, institución o situación. En este ámbito se confunde con el límite de la crítica.
En las caricaturas las palabras son inseparables de la gráfica, aunque muchas veces el sólo dibujo permite llegar al fin deseado. La caricatura política es opinante, no cambia la opinión del lector, más bien la refuerza[42]. No obstante, en el tipo de caricatura que se desarrolló en Chile entre 1970 y 1973, se evidencia que ésta tuvo por objetivo convencer a todo aquel fragmento de la población indecisa o que en cierto momento hubiere apoyado a la UP, con el objeto de sumar adherentes a la causa anti-allendista. Esto último no implica desconocer que revistas de izquierda como Punto Final también explotaron como instrumento la caricatura para atacar a los líderes de la derecha política[43].
Para la prensa, la caricatura permite una rápida llegada y un significado literal. En la caricatura se denuncian circunstancias que mantienen a la sociedad o a la vida nacional en tensión o son de particular interés, se elabora un juicio, un cuestionamiento. No son sólo historietas que entretienen y divierten, son una herramienta crítica que sirve de termómetro de la situación social y económica. Se puede afirmar que la caricatura genera una situación de desahogo por donde se canalizan tensiones, rencores, resentimientos y odiosidades, por ello la caricatura puede provocar risa o indignación en el receptor, pues en el caso de Chile 1970-1973, tomó partido por uno de los bandos políticos en disputa. Así, como señala Ángel Soto, el caricaturista no se abstrajo de su condición de participante de la sociedad, ni se desprendió de sus tendencias políticas[44].
Por todo lo expuesto, la información que nos entrega el estudio de la caricatura en particular y las imágenes en general, no son la realidad del grupo social retratado, sino la particular percepción que se tiene de él. En el caso del estudio que se desarrolla en estas páginas, este aspecto tiene primordial importancia puesto que al analizar el diario Tribuna, satírico por excelencia, lo que estaremos conociendo es la percepción que la derecha política tuvo del Gobierno de Salvador Allende. De entre las páginas de Tribuna surge el “OTRO”, concretizado en todos los líderes políticos adherentes a la Unidad Popular. Pero ese OTRO, como afirma Burke, puede pasar de ser el que es distinto a mí, a convertirse en mi enemigo[45]. Cuando esto sucede, el objetivo último que se pretende lograr es la destrucción del OTRO, o en el mejor de los casos su conversión.
El análisis histórico de la sátira narrativa en la prensa chilena 1970-1973
La sátira narrativa es el tipo de humor más mordaz, pues a través de la prosa se puede desarrollar en extenso las ideas incisivas que se quieren dar a conocer y difundir. Por definición la sátira es una “composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a personas o cosas. O también, un discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o poner en ridículo a personas o cosas”[46].
El tipo de prosa satírica desarrollada en la prensa chilena entre los años 1970-1973 se manifestó en su máximo esplendor en los diarios y revistas opuestas al Gobierno de Salvador Allende. Entre ellas destacaron SEPA, PEC y el diario Tribuna. Todos estos medios de prensa recurrieron a instrumentos tales como:
ü Tergiversar la información
ü Hacer alarde de ciertas noticias
ü Inventar apodos
ü Inventar o dar a conocer como verdades ciertos rumores
ü Etc.
Para efectos del presente trabajo este es el tipo de sátira que más nos interesa, ya que los periodistas del diario analizado, Tribuna, explotaron al máximo sus dotes humorísticas que les permitió satirizar diversos ámbitos del desarrollo del Gobierno de Salvador Allende. Todas las noticias (económicas, políticas, deportivas), de carácter nacional e internacional fueron dadas a conocer recurriendo a un tipo de lenguaje picaresco y satírico. La manifestación concreta de estos elementos se expresó en los titulares de las portadas, en los chistes y dibujos de las páginas 4 y 5, en los titulares internos y, en general, en la narrativa de cada una de las noticias, incluso, de aquellas dramáticas y conmovedoras.
Respecto de lo anterior, debemos aclarar que los ribetes evidentemente satíricos del diario Tribuna no se manifestaron tan claramente en el primer mes de su publicación, es decir, entre marzo y abril de 1971, pues, por ejemplo, las primeras portadas y titulares interiores guardan un alto grado de seriedad, marcado por el pesimismo. Esta situación cambió a partir de la tercera semana de abril del ´71, pasando a consignar titulares igual de punzantes, pero con un mayor grado de comicidad[47].
Ahora bien, para poder considerar a este medio de prensa como fuente de información histórica, es preciso someterlo a un riguroso estudio que contemple entre sus elementos, el análisis externo y el análisis interno. El primer aspecto contempla la necesidad de dilucidar cuáles fueron los móviles de los fundadores del diario, de dónde provinieron los recursos de financiamiento, qué tendencias políticas tenían los editores y periodistas, etc. Mientras que el segundo ámbito implica analizar el contenido propiamente dicho, lo cual significa conocer los parámetros de composición estructural del diario, las secciones que los componen, su distribución interna, el tipo de narrativa desarrollada, las características de la iconografía (caricaturas, comic, chistes, fotografías), etc..
Luego de que se realice este análisis general, será preciso generar una tabla o catálogo de las temáticas mayormente abordadas y explotadas por el diario, que nos permitirá conocer las directrices o “ideas fuerza” de este medio periodístico. Sólo después de llevar a cabo esta tarea, consideramos pertinente realizar la selección de la temática específica en la que se profundizará la investigación.
En el caso concreto del presente trabajo, la temática seleccionada es la visita de Fidel Castro a Chile (10 de noviembre – 5 de diciembre 1971). Y el criterio de selección se basó, esencialmente, en que la mayor parte de las “ideas fuerza” desarrolladas por Tribuna se ven reflejadas en este período. Por ejemplo, el desabastecimiento, las colas, las alzas, las protestas, la crítica a la jerarquía eclesiástica, la ridiculización del Presidente y sus ministros, etc. Pero sobre todo, el móvil que nos instó a seleccionar esta temática fue que en este período se refleja con claridad la característica satírica del diario Tribuna.
CAPÍTULO IICHILE: 1970-1973, ¿ESCENARIO DE LA GUERRA FRÍA?
Como hemos afirmado en el primer capítulo, para poder desarrollar el análisis de la sátira política es necesario conocer el contexto histórico que la produjo. En el caso del presente trabajo proponemos analizar el Gobierno de Salvador Allende desde una perspectiva global que tenga en cuenta el ambiente de Guerra Fría en el que se encontraba sumido el mundo, así como también el desarrollo de los procesos internos, destacando el rol de los protagonistas del escenario político nacional.
1. El Gobierno de Salvador Allende en perspectiva global
Gran parte de los análisis históricos referidos al Gobierno de Salvador Allende han soslayado el significado de haber vivido en un mundo inmerso en la Guerra Fría. Así pues, las cuantiosas investigaciones publicadas recientemente respecto del Gobierno de Salvador Allende han optado, en su gran mayoría, por profundizar dos aspectos:
ü Por una parte los estudios se han centrado en la persona de Salvador Allende, las características de las reformas, los métodos implementados para llevarlas a cabo y los diversos aspectos de la crisis política-económica desarrollada desde fines de 1971 hasta septiembre de 1973.
ü Otra de las líneas temáticas que se ha explotado es la explicación de la crisis del Gobierno de Allende a partir de la intervención norteamericana. Centrándose, especialmente, en los recientes documentos desclasificados en EEUU a partir de 1999.
Ambas líneas de investigación soslayan el contexto global en el cual se encuentra inserto el proceso político de Chile durante el Gobierno de Salvador Allende. Una de estas corrientes enfoca demasiado su análisis en los aspectos particulares de la crisis interna, mientras que la otra tendencia, ignora a los actores locales y centra su interés en toda aquella documentación que constate la intervención norteamericana en los procesos internos de Chile.
Afirmar la necesidad de analizar en perspectiva global los procesos político-sociales desarrollados en Chile en las décadas del 60 y 70, implica, por una parte, comprender el rol de las fuerzas globales en disputa (capitalismo v/s comunismo) y por otra dilucidar cuál fue el rol desempeñado por las fuerzas locales, en las cuales también se evidenció una clara polarización. Ante esta problemática nos parece de gran interés la propuesta de análisis que plantea el profesor Joaquín Fermandois en sus diversos trabajos referidos al Gobierno de Salvador Allende[48].
La propuesta del autor es analizar el “drama de Chile” desde una perspectiva global y concatenada, teniendo en cuenta, principalmente, el contexto y el significado de vivir en Guerra Fría, es decir, un mundo completamente polarizado en dos bloques, donde el triunfo de una de las partes al interior de un país, obligaba a toda la población adversa al gobierno, a vivir una vida completamente opuesta a los ideales y valores personales.
Ahora bien, para poder comprender la propuesta de Joaquín Fermandois, debemos saber que sus escritos referidos al tema en cuestión son una reacción contra toda aquella historiografía que se ha dedicado desde 1975[49], a repetir una y otra vez, que la crisis del Gobierno de Salvador Allende se explica, casi exclusivamente, por la intervención norteamericana y su acción encubierta en Chile.
Según este tipo de historiografía, Chile no habría sido más que un peón de fuerzas externas, y más específicamente, un “títere” de Estados Unidos. Estas explicaciones son unilaterales y sólo apuntan a subrayar la culpabilidad del Gobierno norteamericano. Joaquín Fermandois señala, enfáticamente, que estas explicaciones soslayan el contexto de Guerra Fría en el que estaba sumido el mundo. Esta afirmación tiene por objetivo poner de relieve que en la tesis tradicional no se toma en cuenta que, en gran medida, fueron las fuerzas locales las que gustosas recibieron los dineros provenientes de las arcas norteamericanas, y que incluso las solicitaron, téngase en cuenta el modo en que Agustín Edwards negoció las significativas sumas de dólares que fueron a parar a “El Mercurio”, o bien al financiamiento total de publicaciones tales como la revista SEPA y el diario Tribuna[50].
También, la historiografía tradicional ignora el rol que le corresponde a las fuerzas comunistas internacionales, sobre todo aquellas de inspiración soviética. Para profundizar en estos ámbitos y no soslayarlos como hasta ahora se ha hecho, hoy contamos con las investigaciones realizadas por Olga Ulianova y Eugenia Fediakoba en los archivos del Partido Comunista Soviético[51]. En estos estudios se demostró que los informes económicos del PCUS dan cuenta de los ininterrumpidos contactos de carácter económico establecido entre el Partido Comunista Soviético y su homólogo chileno entre 1953 y 1973. Durante esta etapa, el aparato administrativo del Partido Comunista chileno fue financiado y asesorado por el Partido Comunista de la URSS. Pero esto no fue algo tan publicitado ni utilizado con fines propagandísticos, debido a que las condiciones económicas en las que se encontraba la URSS en la década del ´70 ya no hacían factible que este coloso comunista se comprometiera a defender un segundo proyecto comunista en América Latina[52]. Esto último, como lo señala Nikolai Lenov[53], Vice director de la KGB, principalmente, porque la URSS no estuvo dispuesta a seguir aumentando los conflictos con EEUU, ya que para ese entonces la URSS estaba muy agotada, y los norteamericanos tenían en Chile intereses económicos muy fuertes. Así pues, en el verano de 1999, Nikolai Lenov se vio enfrentado a responder la siguiente pregunta en el Centro de Estudios Públicos de Chile:
¿Qué hicieron ustedes para ayudar al gobierno de la Unidad Popular o, más bien, por qué lo dejaron caer? “Mire, estoy seguro de que la correlación de fuerzas en aquel entonces era desfavorable para el experimento de Salvador Allende. Como les expliqué antes, en esa época los rusos enfrentaban conflictos con China, con Estados Unidos, y el debilitamiento del sistema socialista al lado [en Europa del Este]; además, los recursos materiales ya estaban agotados en gran parte.Teniendo un respeto profundo hacia el experimento político, hacia este país, debo decir que no había forma ni decisión para intervenir en zonas tan lejanas, tan profundas, cuando las correlaciones de fuerza, incluso en Chile, eran absolutamente desfavorables. Las inversiones norteamericanas aquí alcanzaban a mil millones de dólares. Estados Unidos tenía aquí intereses en grandes cantidades, y a esos intereses estaban ligados muchos chilenos. Los rusos no tenían en Chile ningún apoyo que no fuese el del Partido Comunista chileno o de alguno que otro sindicato. Esto tenía un carácter emotivo, ideológico, pero no era una cosa concreta, material”[54].
Desde le punto de vista concreto, el apoyo entregado por la URSS al Gobierno de Salvador Allende consistió en un crédito de 57 millones de dólares, se enviaron a Chile tres barcos pesqueros para que pescaran en aguas chilenas y surtieran con su producción a la población. Cuando se produjo el terremoto en 1971, con sus devastadoras secuelas, la Unión Soviética regaló una fábrica con capacidad para construir 70 mil metros cuadrados de viviendas prefabricadas al año. A fines de 1971, a las costas chilenas llegaron los primeros tres barcos factorías, ‘Promyslovik’, ‘Sumy’ y ‘Yantar’. Eran fábricas flotantes, funcionaron hasta el mismo día del golpe entregando a los chilenos 17 mil toneladas de pescado congelado y 2,5 toneladas de harina de pescado. Durante la administración de Allende la URSS suministró a Chile 3.100 tractores[55]. Así pues, Nikolai Lenov afirmó que “dentro de nuestras posibilidades comerciales, se envió aquí bastante comestible: trigo, cerca de 74.000 toneladas; más de un millón de latas de leche condensada, bastante carne congelada, lo que nosotros sacábamos de las relativamente parcas reservas que teníamos. En fin, se hizo lo posible. Pero no se puede decir que los dejamos a merced, porque realmente la correlación de fuerzas económicas, financieras, militares y todas las demás estaban en contra del gobierno de la Unidad Popular, incluso se habló de un crédito para el envío de armamento soviético, a petición de Salvador Allende, lo pedía el General Prats… Bueno, nadie pensaba cobrar estos créditos después”[56].
Ahora bien, intentar poner de relieve la participación soviética en Chile durante el Gobierno de la UP, no implica soslayar la participación norteamericana en el proceso de desestabilización y quiebre del proyecto político de la Unidad Popular, sino que pretendemos subrayar el contexto de Guerra Fría y el modo en que las partes en disputa (comunismo y capitalismo internacional), buscaron los canales y medios de intervención en nuestro país.
Las fuerzas interventoras norteamericanas también tuvieron un papel muy importante en el proceso de crisis y desestabilización del Gobierno de Salvador Allende y por ello es que aquí pasamos a exponer algunas de sus principales características.
Todo el cúmulo de documentos desclasificados por el Gobierno norteamericano a partir de 1999 demuestran la directa intervención de EEUU en nuestro país entre 1970 y 1973[57], y el análisis presentado por Peter Kornbluh en su libro “Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada”[58], es interesante en la medida que da a conocer los detalles de las maniobras realizadas por los agentes norteamericanos desde el instante en que ascendió Allende al poder hasta el momento de su caída. No obstante, su afán por demostrar que el derrocamiento del Gobierno de Salvador Allende respondió fundamentalmente a los planes y estrategias diseñados por la Agencia Nacional de Inteligencia, en conjunto con el Primer mandatario, Richard Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger, hace perder de vista el contexto global de Guerra Fría y las particularidades del escenario político interno de Chile. Peter Kornbluh, señala por ejemplo, que el objetivo de EEUU estaba exclusivamente ligado a los intereses estratégicos y económicos que los norteamericanos tenían en Chile. Así también que los planes para evitar el asenso de Salvador Allende a la presidencia de Chile aparecieron y se perfilaron desde el mismo momento en que el resultado de las votaciones lo confirmaron como el candidato que había conseguido la mayoría relativa. La primera etapa estaría plenamente dedicada a impedir que el Congreso chileno ratificara el triunfo de Allende, recurriendo a artimañas y negociaciones con los democratacristianos. Luego, al ver fracasado este intento se comenzó a barajar las posibilidades de hacer caer al gobierno utilizando todas las herramientas posibles: presiones económicas, antipropaganda e incluso la opción armada o golpe militar. Siguiendo esta línea de análisis, Peter Kornbluh afirma que el golpe militar del 11 de septiembre no fue otra cosa que la concreción de los planes norteamericanos para barrer del mapa al gobierno socialista democráticamente elegido, cuestión que se verifica a través de los más de 24.000 documentos desclasificados por el Gobierno norteamericano a partir de 1999. Entre los temas contenido en estos documentos se destaca, por ejemplo, el modo en que fueron tratados y planificados diversos aspectos referidos a las posibilidades de evitar el ascenso de Salvador Allende al poder en noviembre de 1970, las posibilidades de llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana para que no fuera ratificada la elección de Allende en el Congreso chileno, las maniobras implicadas en el fallido secuestro de Schnaider, los dineros destinados a financiar la prensa anti-allendista y las maniobras seguidas por el Gobierno Norteamericano entre agosto y septiembre de 1973 respecto de Chile. Ahora bien, este tipo de análisis nos permiten evidenciar de una forma más clara el modo en que nuestro país se transformó en foco de atención de las grandes potencias. Pero ello no nos lleva a afirmar que la crisis y colapso de nuestro sistema político se produjo meramente por la intervención de estas fuerzas globales. Ello implicaría defender la hipótesis de que nuestro país sólo fue un mero peón o títere de la Guerra Fría, lo cual está lejos de nuestras reflexiones y análisis. Tampoco creemos que haya sido sólo un escenario más del conflicto global, sino que se transformó en un protagonista de la Guerra Fría, al momento en que este conflicto fue asumido por los propios actores nacionales. Como señala Joaquín Fermandois, fueron las propias fuerzas políticas chilenas las que se identificaron con alguno de los bandos en disputa y buscaron el apoyo de uno de ellos. En el caso de las fuerzas izquierdistas comunistas se identificaron con los valores promovidos por la Unión Soviética, o bien en el caso, de los socialistas se sintieron muy ligados al movimiento comunista liderado por Fidel Castro en Cuba. La derecha política, por su parte, se identificó con los valores defendidos y promovidos por EEUU, buscando voluntariamente el apoyo económico proveniente del coloso norteamericano[59].
Conociendo los ámbitos expuestos, es posible comprender y visualizar este período de la historia de Chile en directa relación con la Guerra Fría. Para ello pasamos ahora a analizar algunos de los principales aspectos del significado de tal concepto y el modo en que América Latina y Chile pasaron formar parte de este conflicto mundial.
2. La Guerra Fría: principales características del conflicto
La Guerra Fría fue un conflicto de orden mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Estos países en el transcurso del siglo XX se instalaron en la cúspide del poder, alcanzando ambos la categoría de superpotencias. Tradicionalmente, se considera que este peculiar conflicto tuvo su punto de partida tras la Segunda Guerra Mundial, una vez que los dos principales vencedores no lograron compatibilizar sus tan disímiles puntos de vista respecto de los destinos que habrían de seguir los territorios que habían sido asolados por la guerra, los cuales acababan de ser liberados y a la vez ocupados por sus tropas. No obstante, no es posible comprender el conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir de 1945, si no se tiene presente el origen de las desavenencias entre ambas entidades políticas, es decir, el año 1917, cuando se produjo la Revolución Bolchevique en Rusia.
Al conocer los elementos constitutivos de dicha revolución, sus planteamientos y sus objetivos, se puede comprender que la Guerra Fría no es simplemente una lucha de poder entre dos Estados, aunque también tiene añadido tales elementos. Esta peculiar guerra es un enfrentamiento entre dos tipos de sociedades con planteamientos profundamente diferentes respecto de la organización social, política y económica, además, se suma a ello el hecho que ambas sociedades se consideraban a sí mismas como modelos para el resto del mundo
Es una lucha que alcanza su concreción máxima una vez que ambas entidades políticas se instalan en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo, allí hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis. Desde esta perspectiva, la Segunda Guerra Mundial sólo viene a constituir el último paso que hizo de la Guerra Fría un conflicto de orden mundial. Así, la alianza forjada entre la Unión Soviética y los países occidentales, sólo habría significado un paréntesis en la historia de la Guerra Fría. Como señala el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Alianza de Guerra contra Hitler constituyó un hecho insólito y temporal, y a la vez “un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo, excepto en el breve período de antifascismo, las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable”[60]. En efecto, esto último es clave para comprender los acontecimientos que se suscitaron tras el fin de la guerra. Aquella “insólita alianza” no logró sobrevivir una vez que el enemigo común había sido derrotado.
La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una aceptó tácitamente la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que abarca la Guerra Fría, desde 1947 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida, como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.
La Guerra Fría fue un conflicto global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques antagónicos, liderados por Estados Unidos y por la URSS. La Guerra Fría mantuvo un estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue directa, sino que se hizo a través de terceros países, los cuales se transformaron en escenario del conflicto entre el capitalismo y el comunismo.
Entre las principales características de este conflicto destacan:
- Fue un enfrentamiento directo y no bélico, primero entre Estados Unidos y la Unión Soviética, después por los dos bloques liderados por éstos Estados.
- Un enfrentamiento que se inició abiertamente en 1947 entre los dos Estados con mayor poder e influencia en el mundo que adquirieron un nuevo status en la política internacional: El de superpotencia. Posición adquirida tanto por sus intereses mundiales y recursos disponibles, como por los medios políticos, ideológicos y militares que tenían para alcanzar sus objetivos.
- Este nuevo equilibrio de poder dio lugar a un sistema internacional bipolar y flexible, en el que junto a las dos potencias y los bloques que estaban bajo su influencia, se encontraron actores no alineados y un actor universal la ONU, que trató de jugar un papel atenuador de la tensión internacional.
- En este sistema bipolar ambas potencias trataron de distinguir entre aliados u enemigos, delimitaron sus zonas de influencia y trataron de ampliarlas a costa del bloque contrario, intentando evitar cualquier desviacionismo político o ideológico en sus respectivas zonas. No hubo posibilidad de que un Estado se declarase neutral sin el consentimiento de las dos superpotencias.
- Ocupada, controlada y delimitada una zona de influencia su respeto por la otra superpotencia fue una regla básica. Cuando esta regla se incumplió y muy especialmente cuando este incumplimiento afectó a territorios incluidos en el perímetro de seguridad establecidos por las dos superpotencias, el peligro de enfrentamiento directo surgió y la tensión se agravó provocando los momentos de mayor inestabilidad.
- El enfrentamiento entre los bloques se fue mundializando paulatinamente a partir de los primeros choques en Europa. De forma progresiva el antagonismo ideológico y dialéctico se amplió y en él se integraron factores políticos, psicológicos, sociales, militares y económicos, convirtiéndose de este modo en un enfrentamiento global.
- La tensión impulsó la elaboración de una política de riesgos calculados, con la disuasión nuclear como eje básico, que adoptó una estrategia diplomática militar cuyas bases fueron: la contención del enemigo y de su expansión; La disuasión de cualquier acto hostil ante la amenaza de recurrir al enfrentamiento bélico y provocar cuantiosos daños; la persuasión con factores ideológicos y psicológicos; la subversión para eliminar autoridades políticas o militares que no aceptaron los valores o las reglas del bloque en el que estaban integradas; el espionaje ante la necesidad de conocer rápida y verazmente las actividades y decisiones del enemigo.
Los Hitos más significativos de la Guerra Fría
Entre los conflictos más característicos de la Guerra Fría se encuentra la Crisis de Berlín (1948-1949), la Guerra de Corea (1950-1953), la Construcción del Muro de Berlín (1961), la Crisis de los Misiles en Cuba (1962), la Guerra de Vietnam (1965-1972) y la Guerra de Afganistán (1979-1989). Ahora bien, los principales elementos que caracterizaron los conflictos de la Guerra Fría fueron: ü Las insolubles diferencias de los modelos políticos y económicos auspiciados por cada uno de los contendientes (capitalismo y democracia liberal v/s socialismo y democracia popular)ü La manifestación de las hostilidades a partir del apoyo económico y militar a terceros países.ü El peligro atómico como factor fundamental para no arriesgarse a sostener una guerra directa. Tanto desde una perspectiva latinoamericana como global, el hito más significativo y crucial de la Guerra Fría fue la Crisis de los misiles de octubre de 1962. La historiografía y los testimonios de los protagonistas, coinciden en señalar que durante ese mes, la tensión fue máxima y se estuvo a un paso de desencadenar la tercera gran conflagración de la historia. No obstante, en esta crisis también se manifestó la principal característica de la Guerra Fría, es decir, la abstención de las partes a arriesgarse a desencadenar una hecatombe de magnitudes insospechadas para la humanidad. Para efectos del presente trabajo, también es de primordial importancia el significado de la crisis de los misiles, puesto que esta fue la que hizo de América Latina otro escenario de la Guerra Fría. Y a partir de este momento se comienza a perfilar la figura de Fidel Castro como uno de los líderes comunistas, que promovió y apoyó el surgimiento y fortalecimiento del comunismo en Latinoamérica. Antecedentes y perspectivas general de la crisis de los misiles cubanos[61]Cuba había sido un país estrechamente ligado a los intereses norteamericanos desde su independencia de España en 1898. La revolución de Fidel Castro en 1959, que en un principio no se definía como comunista, pero que tenía una clara orientación nacionalista, comenzó a tomar medidas que lesionaban los intereses estadounidenses[62]. La reacción de Washington fue inmediata: Rompió relaciones con Cuba en 1961, le impuso un bloqueo, fue excluida de la OEA (Organización de Estados Americanos) y organizó, mediante operaciones secretas de la CIA, una fallida invasión de emigrados anticastristas en Bahía de Cochinos o Playa Girón en abril de 1961.En ese contexto, el régimen de Fidel Castro viró hacia el alineamiento con el bloque soviético y el establecimiento de una dictadura comunista en la isla. En efecto, tras la aplicación de las medidas norteamericanas contra el régimen instalado en Cuba, la Unión Soviética estrechó cada vez más sus lazos con Fidel Castro, pasando a constituirse la URSS en la principal importadora de azúcar cubana[63].Ahora bien, el 14 de octubre de 1962, aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas en Cuba. Luego de múltiples conversaciones con sus asesores más cercanos, el Presidente Kennedy decide dar a conocer los acontecimientos a la opinión pública. El 22 de octubre, Kennedy toma una medida de gran dureza: establece una “cuarentena defensiva”, es decir, un bloqueo de la isla, desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a Cuba. Si los navíos soviéticos intentaran forzar el bloqueo, el conflicto armado entre las dos superpotencias sería inminente.Fue el momento de la Guerra Fría en que más cerca se estuvo del enfrentamiento directo entre la URSS y EEUU y de la destrucción nuclear. Finalmente, tras negociaciones secretas, Kruschev lanza una propuesta aceptada por Kennedy: La URSS retiraría sus misiles de Cuba a cambio del compromiso norteamericano de no invadir la isla y de la retirada de los misiles Júpiter que EE.UU. tenía desplegados en Turquía. El mes siguiente la URSS desmonta y repatría su material bélico y EE.UU. levantó el bloqueo. 5 meses más tarde Estados Unidos retiró los misiles de Turquía, pero esta transacción fue secreta.
En efecto, los líderes de ambas potencias, J. F. Kennedy, Presidente de EEUU y Niñita Kruschev, Secretario General del Partido Comunista de la URSS, terminaron demostrando su prudencia y procuraron mantener la crisis en el ámbito de la discusión verbal. Kennedy decidió optar por la decisión menos arriesgada (el bloqueo de Cuba) y Kruschev se apresuró a comunicar en forma radiofónica su decisión de retirar los misiles de la isla, una vez que supo de la probabilidad inminente de un ataque aéreo por parte de EEUU. En la isla ya habían ojivas nucleares, así que de no haber anunciado rápidamente su decisión, EEUU, ignorante de la presencia de las cabezas nucleares, hubiere precipitado el ataque. Este último habría provocado la reacción del líder Cubano, Fidel Castro y seguramente de los soviéticos.
Nada de eso sucedió. La humanidad y el planeta en general tuvieron la posibilidad de seguir existiendo.
Teniendo en cuenta el carácter de las fuerzas globales del conflicto denominado Guerra Fría, y sus directas implicancias en el desenvolvimiento político-económico de Chile durante el Gobierno de Salvador Allende, consideramos posible dilucidar el significado que tuvo para Chile haber pasado a formar parte del conflicto entre el capitalismo y el comunismo mundial.
Solo teniendo en cuenta el conflicto global en el que se encontraba sumergido el mundo desde fines de a Segunda Guerra Mundial, será posible comprender los procesos políticos, económicos y sociales que se desarrollaron en Chile entre 1970 y 1973. En definitiva, ello implica conocer y comprender los procesos que condujeron a Chile hacia el quiebre de la democracia y la institucionalidad política.
Luego de analizar las implicancias de vivir en un mundo dominado por la Guerra Fría, creemos posible y pertinente pasar a analizar el significado y las particularidades de la propuesta socialista de la Izquierda Chilena, que logró hacerse con el Gobierno a partir de noviembre de 1970 hasta septiembre de 1973.
3. Perspectivas generales del Proyecto de la Unidad Popular: Vía Chilena al Socialismo
El concepto Vía chilena al socialismo se refiere al proyecto político de la Unidad Popular para acceder al objetivo del socialismo dentro de los marcos de sufragio, a través del uso de la institucionalidad vigente, la democracia, el pluralismo y la libertad[64]. Pero es necesario precisar que éste fue el nombre con el que Salvador Allende se refería al proyecto socialista chileno, ya que los demás miembros de la Unidad Popular preferían otro tipo de clasificaciones, tales como Vía Pacífica, Vía no armada, Vía no insurreccional, etc.[65]
En esta etapa del trabajo se tiene por objeto conocer y analizar los planteamientos teóricos y tácticos de la Vía Chilena al socialismo, considerando las diversas perspectivas presentadas al interior de la Unidad Popular, así como los análisis retrospectivos elaborados por sus principales protagonistas.
Todos los autores consultados,[66] los cuales formaron parte activa de la Unidad Popular, o bien, se identificaban con el movimiento de izquierda chileno, coinciden en señalar las deficiencias de formulaciones teóricas referidas a la vía socialista que se llevó a cabo en Chile desde fines de 1970 hasta septiembre de 1973.
No obstante, tal deficiencia no se refiere a la falta de formulaciones teóricas en sí, sino a la vaguedad de sus postulados. Por ejemplo, si abordamos el estudio de los planteamientos sostenidos por el partido comunista chileno, podemos constatar la multiplicidad de documentos en los que se menciona, define y explica lo que ellos entendían por Vía Chilena al Socialismo[67]. Pero, como afirma Sergio Bitar, la gran mayoría de las referencias explicativas o definitorias, hacían más bien hincapié en los objetivos y no en las estrategias que se emprenderían una vez alcanzado el poder[68]. Esto queda evidenciado en el propio Programa de Gobierno de la Unidad Popular[69], en él se estipulan las metas a las que se pretende llegar y los cambios que se implementarán para establecer en Chile una economía socialista, pero no se mencionan estrategias claras, ni métodos, sólo se insiste en que serán utilizadas las vías institucionales.
Siguiendo la propuesta de autores tales como Sergio Bitar, Tomás Moulian, Manuel Garreton y Luis Corvalán, para lograr establecer una línea de investigación coherente respecto del significado de la vía socialista seguida por la izquierda chilena, es preciso analizar los postulados teóricos previos al asenso de la Unidad Popular al poder y luego los postulados presentados durante su gobierno. Respecto al período anterior a 1970 la investigación nos conducirá de manera clara hacia los documentos elaborados por los líderes del Partido Comunista, ya que desde 1958 en adelante, en este partido se comenzó a formular planteamientos teóricos sistemáticos respecto de las particularidades de la vía elegida por la izquierda chilena para acceder al poder.
Ahora bien, una vez alcanzado el poder en 1970, el análisis debe encausarse con mayor atención hacia los planteamientos que el Presidente Salvador Allende fue estipulando a lo largo de su mandato a través de sus discursos[70]. Si bien es cierto, casi la totalidad de sus alocuciones dan luces respecto del significado atribuido a la llamada Vía Chilena al Socialismo, para efectos de la presente investigación se han seleccionado aquellos en los que con mayor profundidad se refirió al tema en cuestión:
ü Discurso de la Victoria, 4 de septiembre 1970
ü Discurso de toma de posición, 5 de noviembre 1970
ü Mensaje al Congreso, 21 de mayo 1971
ü La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual, 18 de marzo 1972.
ü Mensaje al Congreso, 21 de mayo 1972
ü Mensaje al Congreso, 21 de mayo 1973
Ahora bien, al proceder al análisis de los documentos mencionados se puede afirmar que la definición del concepto “Vía Chilena al Socialismo” se centra en la modalidad en que el socialismo alcanzaría el poder en Chile. Lo esencial es la socialización de los medios de producción, la gestión del Estado por parte de los trabajadores, y un sistema de valores culturales que permitan la convivencia solidaria.
Su definición teórica contempla tres aspectos: una justificación negativa, una justificación de su posibilidad teórica y su viabilidad histórica y un conjunto de elementos que configuran la definición positiva.
- DEFINICIÓN NEGATIVA:
Según esta perspectiva, la vía chilena es aquella que no sigue los caminos tradicionales de anteriores procesos socialistas: ella no utiliza la violencia física, no realiza una ruptura violenta con el orden social existente, es decir, no es una vía armada; no se basa en una forma dictatorial o autoritaria de Gobierno y no contempla la exigencia de un partido único de Gobierno[71].
- LA JUTIFICACIÓN TEÓRICA:
Por un lado se encuentra la posibilidad teórica prevista por los clásicos de la teoría marxista (Marx y Lenin). Donde puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde, de acuerdo a la Constitución, se pude hacer lo que se desee, desde el momento que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación[72].
Para lograr el socialismo sin el recurso de las armas, deben existir ciertas condiciones, las que en el caso chileno eran:
- La existencia de un Estado de estructura primordialmente burguesa, con separación de poderes y régimen presidencial con Ejecutivo fuerte, con creciente intervención en la vida económica, dotado de un conjunto de mecanismos, legitimados, entre ellos el sistema electoral, para resolver los conflictos[73].
- Un desarrollo democrático relativamente amplio que haya configurado un conjunto de condiciones políticas, entre las que se cuentan la sólida organización política y sindical de las clases obreras y las masas populares con la consagración de su poder de presión, la existencia de partidos políticos organizados que representen la ideología de las diversas clases sociales, el ejercicio real de la libertad, un sistema de elecciones libres y periódicas con alta participación y un sistema jurídico abierto[74].
A lo anterior se agrega la experiencia de una prolongada crisis económica con el fracaso histórico de los modelos de desarrollo dentro del sistema capitalista. Sistema que excluía la intervención de potencias extranjeras y finalmente, el factor subjetivo constituido por la fuerte conciencia política y revolucionaria de los sectores más significativos del proletariado. Estos elementos se evidencian en el análisis expuesto en la introducción del Programa de la UP, donde se expone el lúgubre panorama de la economía nacional y las causas que la mantienen en un estado deplorable[75]. La confianza en el poder intrínseco que contenían los movimientos de masas se encuentran ampliamente expuestos en los documentos elaborados y publicados por el Partido Comunista entre 1958 y 1970[76].
- LA DEFINICIÓN POSITIVA. Abarca principalmente los siguientes ámbitos: el Rol de la institucionalidad, el papel del movimiento popular, las tareas programáticas, la definición en torno a las libertades públicas y el sistema de expresión política y el rol de la violencia y las Fuerzas Armadas.
En primer lugar la vía chilena al socialismo habría de iniciarse con la conquista de poder Ejecutivo, por parte del movimiento popular, conducido por los partidos de izquierda. El Gobierno aparece como elemento estratégico en la lucha por el poder político de los trabajadores y del pueblo en general. A partir de él se puede iniciar la transformación social que conduce al socialismo. Pero como la conquista el Gobierno no alteró el conjunto de la institucionalidad vigente y, por lo tanto, son dentro de sus marcos que deberían realizarse estas transformaciones. La meta es crear una nueva institucionalidad y una nueva legalidad a partir de la existente, culminando en una nueva constitución aprobada según las normas prescritas en la Constitución vigente.
La propuesta de la Unidad Popular implicaba no destruir la institucionalidad, sino servirse de ella para transformarla. Según el análisis expuesto por Salvador Allende en sus discursos, históricamente esta institucionalidad había sido usada por los grupos sociales dominantes para la perpetuación del sistema y sus posiciones y dominio, mientras que la vía chilena al socialismo pretendería usarla al servicio de los intereses de las clases populares y de su proyecto de construcción de un nuevo tipo de sociedad, lo que implica un cambio del contenido de clase en el aparato normativo y organizacional del Estado. En esto radica la característica de gradualidad de la vía chilena al socialismo, por lo que el conjunto de la institucionalidad y del Estado sería transformada progresivamente por el movimiento popular a partir de su conquista del gobierno.
Así pues, desde la óptica de los líderes de la UP, la conservación de la sociedad no está en la sociedad misma, sino en el poder económico y en las relaciones sociales establecidas por los grupos dominantes[77]. El primer aspecto que debía concretarse para alcanzar la vía chilena al socialismo era una consolidación de una amplia alianza de clases en torno a ellos, especialmente de las llamadas capas medias, que solo excluía a los denominados enemigos fundamentales de la revolución chilena, es decir, la gran burguesía monopólica y agraria, y sus representantes políticos[78].
Entre las tareas básicas que se proponía alcanzar la vía Chilena al Socialismo se encontraba la realización de tareas destinadas a satisfacer las necesidades materiales de las masas trabajadoras y a ampliar las bases económicas sociales y culturales de la democracia política, y las tareas destinadas a promover las reformas socioeconómicas que modificaran el sistema capitalista. En este ámbito, se subrayó que lo primordial era asegurar la distribución masiva del ingreso a favor de los sectores populares y asegurar a la propiedad social de los medios de producción fundamentales, los cuales, se encontraban hasta el momento en poder de los grupos monopólicos[79].
Siguiendo los discursos de Salvador Allende, uno de los principales objetivos propuestos considerados en la Vía Chilena al Socialismo se encontraba la socialización de los medios de producción. Trazada esta ruta, el Estado se convertía en el objetivo político a conquistar y, al mismo tiempo, en un medio a partir del cual se podrían satisfacer intereses inmediatos de las masas populares.
Desde el punto de vista estratégico, la formulación teórica de la Vía Chilena al Socialismo implicaba alcanzar los objetivos socialistas manteniendo la democracia, el pluralismo y la libertad. Se puso énfasis en sostener que se mantendría el sistema democrático vigente, se mantendrían y ampliarían las libertades individuales y colectivas y su expresión política en el régimen de partidos. Garantiza la existencia y el pluralismo de los partidos de oposición. También acepta la existencia de la multiplicidad de partidos de gobierno, y en ningún caso se iría contra las libertades religiosas imperantes en Chile[80].
La principal singularidad de la vía Chilena al Socialismo, era la exclusión de la violencia física y abierta como medio de lucha política. Este tema se subrayó en todas las formulaciones teóricas desarrolladas con anterioridad al asenso de Salvador Allende al poder. El Partido Comunista elaboró una gran cantidad de documentos donde expuso el significado de la vía chilena, denominándola “Vía Pacífica o Vía no armada”, esto implicaba poner de relieve la diferencia de la experiencia socialista chilena con las demás experiencias socialistas del mundo, por ejemplo la soviética, la china y la cubana[81]. No obstante, como señaló Allende en su primer Mensaje a Congreso el 21 de mayo de 1971, “el desarrollo violento de la revolución que busca ser evitado, solo es admitido como una posibilidad de respuesta a la violencia que ejerzan contra el gobierno sus enemigos políticos”[82].
Finalmente, respecto de la definición de la Vía Chilena al Socialismo debemos señalar que fue objeto de grandes controversias. Desde sectores de derecha se planteó la incompatibilidad fundamental entre democracia y socialismo. Solo la consideran como la utilización por parte del movimiento comunista internacional del lenguaje propio del sistema político chileno, con el fin de encubrir el acceso al poder total del Partido Comunista y la instalación de la dictadura del proletariado. Esta situación, se desarrolló ampliamente en los análisis políticos de El Mercurio, donde se exponían las incompatibilidades entre el socialismo y la democracia[83].
Tampoco en la izquierda hubo consenso en el concepto. Para algunos, el concepto era inadecuado por apartarse de las leyes que rigen los procesos revolucionarios socialistas. Mientras que otros sectores de izquierda que no participaban del gobierno, cuestionaban la existencia de la vía chilena al socialismo que excluía, por definición, el enfrentamiento armado y la destrucción violenta del Estado y la institucionalidad. Para estos, el carácter burgués del estado generaba contradicciones insuperables con el movimiento revolucionario, lo que conduce necesariamente al conflicto violento. Estas visiones fueron expresadas, principalmente en la revista Punto Final que recogía la posición del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
4. Perspectiva general de la crisis y el colapso del Gobierno de la Unidad Popular
Tras 3 intentos fallidos por alcanzar el poder presidencial, Salvador Allende logró triunfar en las urnas el 4 de septiembre de 1970, obteniendo 1.075.616 votos, lo cual significó un 36,3% del total. Ello implicaba que comenzaría su gobierno con una evidente minoría de apoyo, que también se reflejaba en la composición del Congreso. No obstante, el carácter doblemente minoritario del gobierno no era anormal en Chile: González Videla, Ibáñez y Alessandri habían sido ratificados por el Congreso sin alcanzar mayoría absoluta. Incluso Alessandri obtuvo porcentaje más bajo que Allende. Así también, la mayor parte de los presidentes chilenos no tuvieron mayoría en ambas Cámaras y a veces ni siquiera en una de ellas[84].
Así pues, como señala Tomás Moulian, la falta de apoyo en el Congreso era recurrente en el sistema político chileno. Por ello en este aspecto no puede radicar la esencia de la explicación de la crisis y colapso de la institucionalidad política de Chile en 1973. Lo que sucede es que un presidente con minoría en ambas Cámaras no podía pretender realizar un amplio programa de reformas. Estaba obligado a una política de compromisos y negociaciones. Que en algún minuto se intentó llevar a cabo a partir de un acercamiento hacia la Democracia Cristiana, pero tal objetivo fracasó.
El problema fue que la UP decidió sortear la ingrata realidad de la situación de poder existente a nivel del Estado, impulsando una estrategia de cambios extraparlamentaria a través del uso de mecanismos que aumentaban las facultades presidenciales[85]. Se buscaron y utilizaron todos aquellos elementos o resquicios legales que pudieran servir a los fines propuestos en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular. Por ejemplo, para eludir al Congreso, donde no tenia mayoría, el Gobierno recurrió a un viejo decreto-ley, dictado durante la República Socialista de 1932 (DL N° 520). Este autorizaba la requisición, intervención o expropiación de cualquier empresa privada que produjera o distribuyera artículos básicos o de primera necesidad y que no respetara las leyes que regulaban el control de precios o sancionaban la especulación; la acumulación de stocks previendo alzas en los precios oficiales de ciertas mercaderías; la interrupción de la producción; y la negativa de operar a plena capacidad[86].
Bajo esta circunstancia, en el sector agrícola e industrial, los trabajadores comenzaron a ocupar las fábricas y fundos, o a declararse en huelga para que estos fueran rápidamente nacionalizados o expropiados mediante la aplicación del decreto-ley 520. No obstante, la situación de poder de la UP no permitía planear la realización rápida del programa de reformas. Ya que si bien era frecuente la existencia de un gobierno minoritario, era imposible pretender reorganizar la economía y la sociedad sin buscar un apoyo mayoritario. Se evadía que una parte importante de la sociedad podía cuestionar la legalidad formal de los procedimientos usados.
Si bien es cierto, que hubo posibilidades de acuerdos con la DC, las negociaciones no fructificaron. Además en la UP no existía mucha sensibilidad a las limitaciones institucionales, puesto que se apostaba a la movilización como receta mágica para ampliar su margen de maniobra. Se creía ingenuamente en el poder de la combatividad de las masas. Esta situación se evidencia en la mayoría de los análisis teóricos elaborados por el Partido Comunista antes y durante el Gobierno de Salvador Allende. En estos documentos se sostenía que las manifestaciones populares, las marchas y las grandes concentraciones de obreros y campesinos serían la principal arma contra los intentos de sabotear el Gobierno popular[87]. No se asumió con realismo que no era posible realizar las reformas que la Unidad Popular proponía sin formar un amplio bloque político, que le diera no sólo legitimidad al régimen, sino que también le concediera poder político real en el Congreso.
Entre mayo y junio del 72 se estuvo a punto de llegar a un acuerdo DC-UP, pero este fracasó y la DC terminó por entenderse con los sectores de derecha, entregando ahora base popular a una aposición que esperaba el derrumbe del régimen. Oposición que en octubre de 1972 se embarcó en un largo paro de camineros, comerciantes, empleados, médicos, cuyo objetivo era demostrar el carácter ingobernable de la sociedad y la ilegitimidad práctica del gobierno.
La crisis económica con alta inflación, desabastecimiento y caída de la producción, que había sido el fantasma que rondaba al Gobierno de la UP desde marzo de 1971, se hizo evidente en 1972[88].
Lo concreto fue que para llegar a alcanzar una negociación fructífera con otros sectores políticos, la UP, debería haber estado dispuesta a transar, pero dentro de la UP había un sector insensible a la necesidad de negociar, que creía que había que agudizar las contradicciones y llegar hasta los puntos límites. Este era el sector que seguía creyendo en la fuerza mística de las masas. En estos grupos se encontraban personas como Carlos Altamirano y grupos radicalizados como el MIR y el Mapu[89].
En definitiva, el cuadro de crisis política, inestabilidad, polarización, crisis económica, con su característico desabastecimiento, las colas y las alzas, fue el resultado de intentar llevar a cabo un radical programa de reestructuración económica sin contar con el apoyo suficiente en el Congreso, lo que implicó aumentar los rasgos de ilegitimidad, que fue ampliamente explotado por la prensa adversaria de la UP. Al actuar por medios o resquicios legales, se creyó estar encausando la estructura económica hacia el socialismo, pero al mismo tiempo se perfiló una sensación de abuso de poder que pretendía obviar su condición de minoría política en el Congreso.
Ahora bien, este es el panorama global en el cual se inserta nuestro análisis histórico. Como se ha podido ver, es un mundo en el cual las fuerzas globales y nacionales se conjugaron y se acoplaron de modo tal que los móviles de la confrontación global denominada Guerra Fría se manifestaron plenamente en nuestro territorio. No obstante, si bien las fuerzas globales, dirigidas por la URSS y EEUU, intervinieron en el desenvolvimiento del acontecer nacional, fueron las fuerzas locales las que optaron por uno u otro bando, asumiendo la defensa de sus valores respectivos.
El desenlace del conflicto suscitado en Chile entre el 70 y el 73, escapa a los márgenes de nuestra investigación, no obstante, vale decir que la Guerra Fría mundial, entendida como la confrontación entre el capitalismo y el comunísimo dirigidos por EEUU y la URSS, respectivamente, siguió sus invariables características de evitar llegar hasta el enfrentamiento armado directo, pero la Guerra Fría particular que se llevó a cabo en Chile, no mantuvo su característica gelidez, pues terminó todo con la abrupta intervención de las Fuerzas Armadas de Chile, las que pusieron fin definitivo al proyecto de la Unidad Popular, el 11 de septiembre de 1973.
La panorámica general que hemos esbozado en este capítulo, tiene por objeto esclarecer el contexto histórico en el que se desenvuelve la sátira política del Diario Tribuna, la cual pasamos a analizar a continuación.
CAPÍTULO IIILA SÁTIRA POLÍTICA EN EL DIARIO TRIBUNA
1. Tribuna en el contexto de la prensa nacional
La prensa pro Unidad PopularIzquierda: El Clarín, El Siglo, Punto Final, La Nación y Última Hora.
La prensa gobiernista se encargó de transmitir, difundir y apoyar las políticas aplicadas por el Gobierno de la Unidad Popular. En estos periódicos es posible encontrar reproducidos la gran mayoría de los discursos de los líderes de la UP, principalmente del Presidente y sus Ministros.
Por otra parte, en estas publicaciones se transmite información referida a los sabotajes y las diversas estrategias utilizadas por la oposición para impedir el “buen gobierno” y el correcto desenvolvimiento de las reformas económicas establecidas en el programa UP. El lenguaje utilizado es, esencialmente punzante, grosero y descalificante hacia todo el sector opositor a la Unidad Popular.
La prensa de oposiciónDerecha: Revistas PEC, SEPA, Qué Pasa y los diarios La Segunda, Tribuna y El Mercurio
Una vez instalado el gobierno de Salvador Allende se agudizó la lucha ideológica. La expresión más tenaz y eficiente de aquella guerra psicológica fueron los medios de comunicación masivos. De parte de la oposición los temas en ese campo fueron entregar al público la sensación de desgobierno, descrédito de las autoridades (y en primer lugar del Presidente), se fomentó la violencia y se difundieron noticias referidas a la amenaza a los poderes legislativo y judicial. Otro tema recurrente de parte de la oposición fue denunciar los ataques a la libertad de prensa[90].
Durante todo el 73, los temas de la opresión del periodismo y los atentados contra la libertad de prensa fueron recurrentes en los periódicos de la oposición: El Mercurio, Las Ultimas Noticias, La Segunda, La Tercera, Tribuna (creada directamente con fondos de la CIA), y por La Prensa.
El tiraje total de la prensa de oposición alcanzaba aproximadamente los 540.000 ejemplares, mientras que el tiraje total de la prensa que respaldaba a Salvador Allende alcanzaba una tirada total de 350.000 ejemplares.
La prensa de derecha y los dineros norteamericanos
En 1974, el Senado de Estados Unidos dejó en evidencia la intervención de la CIA en Chile y su objetivo de propiciar el derrocamiento de Salvador Allende. El informe “Covert Action in Chile”, emitido por el comité presidido por Frank Churh e integrado por otros diez senadores, señala que la CIA proporcionó dineros a ejecutivos y periodistas de El Mercurio; que la misma agencia fundó publicaciones como el diario Tribuna y la revista SEPA[91].
Así también, a los datos entregados por el informe Church, se une todo el cúmulo de documentos desclasificados en Norteamérica a partir de 1999. Como señala Joaquín Fermandois, ambas bases de información corroboran que aproximadamente EEUU canalizó hacia Chile por concepto de gastos propagandísticos y de prensa alrededor de 12 millones de dólares[92]. Si bien es cierto que la mayor cantidad de información está referida a las transacciones de dinero destinadas a Agustín Edwards, para financiar El Mercurio, es posible constatar que el diario Tribuna y la Revista Sepa, fueron casi totalmente financiadas por dineros norteamericanos.
El informe entregado por el Comité Church afirma lo siguiente:
197025 de marzo: el Comité 40 aprueba 125.000 dólares para “operación de descrédito de la Unidad Popular”Junio: Se acuerdan 300.000 dólares adicionales9 de septiembre: se aprueban 700.000 dólares para El Mercurio.197211 de abril: 965.000 dólares para El Mercurio.El Comité Church asegura ante el Congreso Norteamericano que entre 1965 y 1973 se gastaron en Chile 12 millones 300 mil dólares solamente en el “rubro prensa”.
2. Tribuna: Un diario satírico
¿En qué contexto se crea Tribuna?
Una vez instalado el gobierno de Salvador Allende se agudizó la lucha ideológica y la expresión más tenaz y eficiente de aquella guerra psicológica fueron los medios de comunicación masivos. De parte de la oposición los temas en ese campo fueron entregar al público la sensación de desgobierno, descrédito de las autoridades (y en primer lugar del Presidente), se fomentó la violencia y se difundieron noticias referidas a la amenaza a los poderes legislativo y judicial. Otro tema recurrente de parte de la oposición fue denunciar los ataques a la libertad de prensa.
En este contexto de polarización y enfrentamiento entre las fuerzas adherentes y detractoras de la Unidad Popular, nace el diario Tribuna bajo el alero del partido Nacional el día 19 de marzo de 1971, teniendo como director a Raúl González Alfaro.
¿Cuáles son los objetivos declarados del diario Tribuna?
El objetivo declarado en todas las páginas editoriales del diario Tribuna era desacreditar al Gobierno de Salvador Allende, dando a conocer, lo que según los editores de Tribuna, era la verdadera realidad, contraria, en gran medida, a las declaraciones públicas de los Ministros y el mismo Presidente. Dar a conocer las perfidias del marxismo-leninismo, y los vínculos de dependencia existentes con la URSS y Cuba. Aunque durante el período que analizaremos en el siguiente capítulo, el blanco de todos los ataques es Cuba, y más precisamente el régimen castro-comunista implantado en ese país a partir de 1960. De hecho se valoran los cambios asumidos por los dirigentes soviéticos, sobre todo aquellos que tienen relación con las aperturas económicas hacia occidente, las buenas relaciones que se comienzan a establecer con la casa Blanca y sobre todo los intentos de acercamiento concretos entre los líderes soviéticos y el Presidente Norteamericano, Richard Nixon.
La reacción de Gobierno ante Tribuna
El diario fue cerrado en varias oportunidades, pero lo más que estuvo sin circular fueron 2 días, suficientes para que los editores de Tribuna expusieran ante la opinión pública que tales agravios eran la muestra del totalitarismo hacia el que inexorablemente avanzaba el Gobierno de la UP. Esto nos conduce a uno de los temas ampliamente explotados por el diario Tribuna, el posible fin de la libertad de prensa. El riesgo permanente de que la Papelera cayera en manos de la UP y los riesgos que ello significaría para las libertades periodísticas en particular y para la democracia en general, fueron temáticas abordadas desde el momento de la creación de Tribuna en marzo de 1971 hasta el final del Gobierno de Salvador Allende.
Así pues, el congreso de periodistas reunido el año 2003, en el ámbito de reflexiones respecto de su rol ante los procesos desencadenados en Chile entre 1970 y 1973 reconocieron su responsabilidad en las exacerbaciones de los problemas. Como señala Ángel Soto, los periodistas no se abstrajeron de ser partícipes de este mundo en ebullición completamente polarizado y expresaron con su pluma, a través de la gráfica y la prosa sus animosidades a favor o en contra de la Unidad Popular[93].
3. Estructura del diario Tribuna
Si bien es cierto, la estructura del diario sufrió algunas modificaciones a lo largo de sus tres años de existencia, mantuvo sus principales secciones, entre las que destacan:
- Las noticias en su tina. Páginas 2 y 3
- Cartas al director y opiniones. Página 2
- Páginas de humor político: Chistes, Zodiaco Cáncer, él al trasluz, le restan, comentario satírico de la noticia del día. Páginas 4 y 5
- Debate político. Página 6 y 7
- Crónica. Página 8-12
- Provincias: Santiago no es Chile. Página 13
- Tribuna deportes. Páginas 14-15
- Agenda. Página 16-18
A partir de enero de 1972 se incorporó en la sección del humor un apartado titulado “así nos ven”. En una primera etapa se insertaba un chiste referido al Gobierno de Salvador Allende, publicado en el extranjero. Generalmente se trataba de una imagen y una breve síntesis explicativa del modo en que era captado el estado de crisis y desgobierno chileno en el exterior. No obstante, desde fines de 1972 y durante 1973 esta sección siguió conservando su nombre, pero el chiste o la noticia en sí misma no siempre fueron extraídos de un periódico extranjero si no que era una elucubración respecto de la imagen que el Gobierno de Chile estaba dejando en el exterior.
Aspectos particulares del humor gráfico en Tribuna
Una constante que evidenciaremos al analizar los chistes gráficos contenidos en Tribuna es que no se recurrió a caricaturizar a ningún personaje político. No hay dibujos que hagan referencias ni a Allende ni a ninguno de sus ministros o cercanos.
Generalmente los protagonistas de los dibujos contenidos en la sección cómica son personas anónimas que se encargan de poner sobre la mesa alguna temática conflictiva. Reflejan más bien la síntesis de la temática abordada en el diario. Por ejemplo, en la sección de chistes se retratan problemas tales como: el desabastecimiento, la actitud del Cardenal Silva Henríquez hacia Castro, la excesiva estadía de Fidel, el alza, la flojera de la burocracia estatal, etc. Pero estos temas son expuestos como comentarios de ciudadanos cualesquiera.
Si bien es cierto, es posible identificar en el diario Tribuna alrededor de 4 imágenes por cada edición que podrían ser incorporadas en el concepto humor gráfico, es el discurso en sí y la forma en que son relatadas las noticias los que convierten a este diario en un instrumento periodístico evidentemente satírico.
La prosa satírica en Tribuna
El estilo humorístico y satírico del diario Tribuna se denota, primordialmente, a través del lenguaje utilizado en sus portadas, en los titulares interiores y en la composición narrativa de todas las noticias. En Tribuna se explotó al máximo los siguientes recursos:
ü Tergiversar la información
ü Hacer alarde de ciertas noticias
ü Inventar apodos
ü Inventar o dar a conocer como verdades ciertos rumores
ü Etc.
Respecto de lo anterior, debemos aclarar que los ribetes evidentemente satíricos del diario Tribuna no se manifestaron tan claramente en el primer mes de su publicación, es decir, entre marzo y abril de 1971, pues, por ejemplo, las primeras portadas y titulares interiores guardan un alto grado de seriedad, marcado por el pesimismo. Esta situación cambió a partir de la tercera semana de abril del ´71, pasando a consignar titulares igual de punzantes, pero con un mayor grado de comicidad.
Como ejemplo de esta situación presentamos la primera portada del diario Tribuna. En ella se lee en su titular “Pavorosa crisis alimenticia, anuncia presidente de los empresarios agrícolas”, “Racionan la bencina”.
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FICHA TÉCNICA N° 1 |
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En la primera portada no se evidencian los elementos que después caracterizarán a este medio periodístico. Y en efecto, durante los primeros dos meses de circulación de Tribuna, el humor satírico no fue explotado en su máxima expresión, ya que sólo se desarrolló en ámbitos restringidos, como la sección de las páginas 4 y 5. Los titulares interiores, guardan un alto grado de seriedad y pesimismo, que pretende, como se denota en el contenido de esta portada, generar alarma en la población, creando un estado de inquietud y preocupación. Como ejemplo de tales titulares tenemos los siguientes:
ü Asfixian a industria
ü Cardenal se niega a actuar en crisis que afecta a la Universidad Católica
ü Racionan la bencina
ü Inminente crisis alimentaria
ü Atraco a mano armada en academia de humanidades
En el siguiente capítulo pasamos a analizar los aspectos más importantes de la sátira política desarrollada por el diario Tribuna durante la estadía de Fidel Castro en Chile (10 de noviembre – 5 de diciembre 1971).
CAPÍTULO IVUN EJEMPLO DE SÁTIRA POLÍTICA: LA VISITA DE FIDEL CASTRO CHILE. A PARTIR DEL ANÁLISIS DEL DIARIO TRIBUNA[94]
Si bien es cierto, el análisis que llevaremos a cabo en el presente capítulo se circunscribe al período en que Fidel Castro visitó Chile entre noviembre y diciembre de 1971, nos remontaremos a exponer el modo en que Tribuna fue dando a conocer el vínculo de amistad, unión y acercamiento entre el Gobierno de la Unidad Popular y el régimen cubano-castrista. El primer titular referido a esta situación tuvo lugar el 21 de abril de 1971 y en él se consigna de un modo muy catastrófico la disposición del líder cubano a apoyar y defender el proyecto socialista emprendido en Chile por la UP.
1. Fidel Castro expresa públicamente el apoyo al proyecto político chileno
Como se aprecia en la imagen N° 2, la portada ilustra un mapa en el que se grafican las palabras pronunciadas por Fidel Castro en la Habana, en las que da a conocer su disposición a enviar tropas en favor de la defensa del Gobierno Socialista presidido por Salvador Allende. Este discurso se pronunció en ocasión del décimo aniversario de la victoria de Playa Girón, cuando se frustró el intento de los emigrados cubanos para derrocar el régimen de Fidel Castro. El titular que acompaña el mapa, con el rostro de Fidel en un costado, consigna: “Fidel amenaza invadir Chile, anunció apoyo armado de millones de cubanos”.
El análisis de esta noticia se desarrolla en la página 6, en ésta se expone una extensa explicación del discurso pronunciado por Castro, así como el evidente entusiasmo manifestado por la delegación chilena presente en Cuba, de entre los que destaca el dirigente comunista Volodia Telteiboim, de quien se dice: “A Volodia le parece muy bien que Fidel esté listo para invadirnos”.
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FICHA TÉCNICA N° 2 |
En el análisis de la noticia también se comienza a perfilar la campaña de descrédito del régimen Castro-comunista, pues se exponen las características de su economía, la cual vendaría significar la muestra más evidente del fracaso de este tipo de proyecto político.
Bajo el título “Esta es la Cuba que nos amenaza”, se presentan las principales características de Cuba, destacando, esencialmente, que si bien es una zona con amplios potenciales y recursos económicos, el régimen sólo subsiste gracias a los apoyos y subsidios soviéticos, que bordean el millón de dólares diarios. (Tribuna, 21 de abril de 1971. Página 7)
2. ¿Fidel Castro acuerda con Allende visitar Chile? (abril 1971)
El título de este apartado lo ponemos con interrogantes porque la noticia dada a conocer por Tribuna el 27 de abril no se trata de una confirmación, sino de un rumor acerca de la posible visita de Fidel Castro, la cual habría de realizarse intempestivamente el mismo día martes 27 de abril, y ella se debería al interés de Fidel por participar en la ceremonia inaugural de la Conferencia de la Cepal.
Así pues en la portada se observa la imagen de Fidel y Allende comunicándose vía telefónica junto a un titular que dice: “Hoy se ponen de acuerdo Allende y Fidel Castro”.
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En el análisis interno de la noticia se afirma, “la cosa puede ser hoy: hasta antes de que se supiera de la plática que tendrían Allende y Castro, existía casi la convicción de que el dictador de Cuba llegaría hoy a Chile para asistir a la ceremonia de inauguración de la conferencia de la Cepal. Las informaciones exclusivas del diario Tribuna indican que Castro aterrizaría en Antofagasta y desde allí seguiría a Santiago, donde depositaria su desagradable humanidad… Mientras tanto Allende carraspea para hablar con Fidel, otros personajes se mueven en tensa espera” (Tribuna, 27 de abril. Página 8)
A fin de cuenta, todo esto fue un rumor, pues Fidel sólo visitó Chile 7 meses después. No obstante, desde este momento y hasta el día en que efectivamente Fidel pisó suelo chileno, Tribuna se encargó de ir perfilando un análisis minucioso respecto de las características del régimen cubano, destacando temas tales como la represión, la crisis económica, con su característico desabastecimiento y racionamiento.
Como ejemplo evidente tenemos la portada del día 7 de mayo de 1971, en la que junto al rostro de Fidel se lee un enorme titular “El Hambre y Fidel Gobiernan en Cuba”. Estas palabras vendría a ser el reflejo del testimonio de un cadete de la Esmeralda. La noticia en sí hace referencia a una carta enviada por uno de los cadetes de la Esmeralda, la cual recaló en la Habana durante tres días. El nombre del cadete no se menciona, pero se trascribe la carta, destacándose aquellos aspectos que demuestren la deplorable situación cubana, de la que se subraya lo siguiente:
ü El dinero no corre, sólo libretas de racionamiento
ü Lo que les dan para un mes, no alcanza para ocho días
ü Sólo una cajetilla de cigarros a la semana, a pesar de ser un país tabacalero
ü Los cadetes y todos os cubanos viven hambreados
ü La propaganda comunista es fabulosa, pero lo que esa propaganda hizo en diez años, nosotros la deshicimos en tres días
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FICHA TÉCNICA N° 4 |
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Todos estos aspectos de la realidad cubana que esboza la supuesta carta del cadete chileno, fueron ampliamente desarrollados y analizados por Tribuna hasta diciembre de 1971, puesto que de ese modo se desprestigiaba el modelo comunista con el que la Unidad Popular buscó identificarse.
3. Allende anuncia la visita de Fidel Castro a Chile
El anuncio de la visita de Fidel Castro a Chile, siguió apareciendo como rumor, y continuaron ocupando varias portadas y páginas de Tribuna los análisis referidos a la situación crítica y deplorable en la que se encontraba Cuba desde el momento en que se llevó a Cabo la Revolución. No obstante, el anuncio definitivo aparece en Tribuna el 8 de noviembre, sólo dos días antes de la llegada de Fidel.
A continuación exponemos los titulares de las portadas de los días 8 y 9 de noviembre:
Tribuna, 8 de noviembre de 1971:ü Santiago plagado de cubanos armados.ü Junte tres barras cochinas y ganará un Fidel Castro.ü El concurso es sencillo pero el premio no entusiasma a nadie: “Chacal del Caribe pisotea Chile esta semana” Tribuna, 9 de noviembre de 1971ü Mañana a las 5 am llega el tirano Fidelü Chilenos de verdad repudian la visitaü Sólo comunistas quieren ver al creador del Paredónü Chacal del Caribe alojará en una fortificada mansión (imagen de la casa)
A continuación pasamos a analizar las líneas temáticas desarrolladas por el diario Tribuna durante la estadía de Fidel Castro en Chile.
4. Líneas temáticas específicas abordadas por Tribuna durante la estadía de Fidel Castro en Chile
A continuación presentamos un cuadro de resumen con las líneas temáticas específicas desarrolladas en el diario Tribuna durante la visita de Fidel Castro a Chile. La frecuencia indica la cantidad de días que aparece la noticia dentro del margen de permanencia de Fidel en Chile.
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Nº |
LÍNEAS TEMÁTICAS ESPECÍFICAS | FRECUENCIAN/25 |
| 1 | Comparaciones Batista y Fidel Castro | 6/25 |
| 2 | Homosexualidad de Fidel Castro | 18/25 |
| 3 | Análisis de la realidad cubana desde 1959 a 1971. Lo que le espera a Chile | 25/25 |
| 4 | Gastos provocados por visita de Castro. (excesiva estadía) | 12/25 |
| 5 | Intromisión de Fidel Castro en política interna | 6/25 |
| 6 | Inconsecuencias de Fidel Castro. Discursos | 5/25 |
| 7 | Planes de Allende y Fidel para expandir marxismo en América Latina | 8/25 |
| 8 | Desabastecimiento, alzas, colas. (posible racionamiento) | 25/25 |
| 9 | Fracasos electorales de la UP | 10/25 |
| 10 | Denuncias contra concientización marxista | 9/25 |
| 11 | Libertad de prensa, la papelera | 14/25 |
| 12 | Envíos ilegales de víveres y vestimenta a Cuba | 11/25 |
| 13 | Medidas inconstitucionales o fuera de la ley. (medidas totalitarias) | 3/25 |
| 14 | Ridiculización de Ministros | 21/25 |
| 15 | Flojera de funcionarios UP | 12/25 |
| 16 | Relaciones Cardenal Silva Henríquez y Castro | 10/25 |
| 17 | Malversación de fondos por funcionarios UP | 7/25 |
| 18 | Falsos informes del Gobierno | 15/25 |
| 19 | Protestas y movilización anti UP | 7/25 |
Nota: Cuadro de síntesis elaborado a partir de los cuadros sinópticos que se exponen al final del trabajo.
En el siguiente apartado se analizan tres de las principales líneas temáticas abordadas por Tribuna durante la permanencia de Fidel Castro en Chile y luego se desarrolla un esbozo explicativo general acerca de los otros temas desarrollados en Tribuna.
5. Análisis de los principales temas abordados por Tribuna durante la visita de Fidel Castro a Chile
Al llevar a cabo la sistematización de las líneas temáticas desarrolladas por el diario Tribuna durante la visita de Fidel Castro a Chile, pudimos constatar que éstas giraban, esencialmente, entorno a tres temas fundamentales. En primer lugar, el afán del grupo editorial de Tribuna se centró en mostrar a la opinión pública las características del régimen cubano-castrista; en segundo lugar los problemas que comenzaban a evidenciarse en Chile, y su enorme parecido con la trayectoria de desastres que tenía a su haber el régimen comunista establecido en Cuba; Finalmente, el tercer tema que se convirtió en punto central de las ediciones de Tribuna a partir del 17 de noviembre de 1971 hasta la partida de Fidel Castro, el 4 de diciembre, fue la supuesta homosexualidad del líder cubano. Este último tema se explotó hasta la saciedad desde las más diversas formas de análisis, entre las que podemos mencionar caricaturas, cartas al director, comentarios editoriales, análisis políticos realizados por parlamentarios de oposición, etc. Como se explicará detalladamente a continuación, este último eje temático tuvo su origen en una fotografía publicada en una portada del Diario “Clarín” (medio periodístico que se declara a favor de la Unidad Popular). En este diario se presenta un efusivo abrazo entre Fidel Castro y Jaime Suárez, y en tono chistoso[95] se afirma que están bailando un vals.[96] Este hecho que será desmentido con toda solemnidad al día siguiente (17/11/1971), servirá de blanco de todo tipo de burlas, chistes y comentarios satíricos por parte del diario Tribuna. En efecto, esto queda constatado, aún más, por el hecho de que esta imagen pasó a formar parte del diseño de las portadas de Tribuna durante toda la estadía de Fidel Castro en Chile.
Análisis de lo tres temas Fundamentales:
- Características del régimen cubano-castrista.
El análisis del régimen cubano por parte de Tribuna se extiende durante todo el mes de noviembre y diciembre de 1971. En el cuadro sinóptico que se presenta al final de este trabajo, constatamos que este tema es uno de los que se desarrolla antes durantes y después de la visita de Fidel Castro a Chile.
En este ámbito se destacan las perversidades, los atropellos a los derechos humanos, la opresión, las injusticias, el exterminio total de la libertad de prensa, el fracaso de las políticas económicas de inspiración marxista-leninista, y sus deplorables consecuencias: desabastecimiento total de todo tipo de productos, racionamiento, hambruna de la población, etc.
El objetivo último y evidente es desacreditar el modelo político, económico y social imperante en Cuba desde que se desarrolló en la isla la revolución dirigida por Fidel Castro. Para ello se recurre a poner en evidencia las perversidades del régimen, dando cuenta de los innumerables atropellos a los derechos humanos. Ejemplos de esto último son los fusilamientos públicos que se realizan en Cuba a partir de 1960, los cuales son decretados por los Tribunales populares establecidos por Fidel Castro.
Antes de la llegada de Fidel a Chile, en el diario Tribuna fueron expuestas varias fotografías que daban cuenta de los fusilamientos. En el titular de la portada del 2 de noviembre de 1971 se lee:
“Chile libre no olvida el paredón”. Un sacerdote da la extremaunción a otro sacerdote condenado al Paredón por uno de los siniestros tribunales populares creados por Fidel Castro… El invitado de honor del Gobierno de la Unidad Popular. Ese es el sistema añorado por los comunistas como solución para Chile”. (Tribuna, Santiago de Chile, 2 de noviembre de 1971)
Así también, el mismo día en que llega Fidel Castro a Chile, la portada de Tribuna muestra una enorme fotografía en la que el Hermano de Fidel Castro hace los últimos preparativos para fusilar a un hombre “contrarrevolucionario”. En la portada se puede leer:
“El 70% de los chilenos se lo pregunta ¿No éramos el asilo contra la opresión?Hoy llega el tirano que con sangre esclavizó a su pueblo. Hermanito de Fidel se divierte en el Paredón. La sanguinaria tiranía de Raúl Castro, hermano del tirano del caribe, ríe cínicamente mientras coloca la venda en los ojos a uno de los millares de patriotas cubanos ajusticiados por el sangriento régimen de Fidel Castro. Hoy llega el dictador a Chile para recomendar la aplicación de sistemas similares contra quienes aman a su patria y nos están dispuestos a vivir de rodillas”. ”. (Tribuna, Santiago de Chile, 10 de noviembre de 1971)
Otra de las características del régimen cubano en las que Tribuna centró su atención fue el fracaso de las políticas económicas aplicadas tras la Revolución Cubana. Las medidas adoptadas condujeron a toda la población de la isla a vivir constantes penurias a causa del desabastecimiento de producción alimenticia, a su vez, esta falta de alimentos llevó a instaurar el racionamiento y la creación de sistemas de ticket o tarjetas que servían como instrumentos de canje, no sin antes haber realizado interminables colas con el objetivo de conseguir los víveres necesarios para un muy precario sustento.
De los cuantiosos ejemplos que nos permiten dar cuenta de esta temática, hemos seleccionado el siguiente porque consideramos que en él no solo se refleja la deplorable situación cubana, sino que también el Periodista encargado del área económica, Daniel Galleguillos, se aventura a afirmar que esa situación no está muy lejos de ser una realidad chilena. Y en efecto, la forma en que se da a conocer la noticia, tiende a confundir al lector, ya que sólo al final dice que esta situación pasó en Cuba, pero que no está muy lejano el día en que pasará en Chile:
Es cierto que lo hacen todos los días y a cada rato, pero en esta ocasión en vez de sostener y guantes, blandían sartén y ollas. ¿Qué gritaban?: ¿de qué sirve tener ollas?, ¿De qué sirve tener cocina, si no hay qué cocinar?, ¡Hambre!, ¡Hambre!.Esto que pudo ocurrir ayer en Santiago en cualquier lugar de Chile… ocurrió efectivamente en Cuba, el premier Estado Socialista de América. Fue en julio de 1962 en la Habana. La respuesta de Fidel:a) confiscación de todos los automóviles, todos los camionesb) Distribución de nuevas libretas de racionamiento, de acuerdo al censo amañado de los comités de defensa de la revolución.Cuba es la historia de un largo racionamiento. Los que nacieron después de la revolución están convencidos que en todo el mundo existen las mismas libretas, la misma escasez, la misma larga espera… (Tribuna. Santiago de Chile, 13 de noviembre de 1971, Página 5)
Lo que más llama la atención de esta noticia es la acogida que tuvo por parte de los lectores de Tribuna. Las cartas que se publican en los días siguientes dan cuenta del modo en que ideas tales como organizar grupos de mujeres en protestas callejeras tomaron gran fuerza y fue el propio diario Tribuna el que se transformó en portavoz y defensor de las mujeres organizadas para protestar contra el Gobierno de la Unidad Popular. Efectivamente, las ollas y cacerolas de la que nos habla la noticia anterior, que desfilaron por la Habana en 1962, terminaron desfilando por las calles de Santiago el día miércoles 1 de diciembre de 1971, 3 días antes de que Fidel Castro abandonara Chile.
El objetivo último que perseguía Tribuna con este tipo de noticias y comentarios periodísticos era desacreditar y desprestigiar el régimen cubano, el cual era un verdadero modelo frente a los ojos de los líderes de la Unidad Popular. Mostrar sus errores, sus flaquezas, sus perversidades, fue el mecanismo que explotó al máximo este diario. No obstante, no se debe perder de vista el hecho que incluso cuando se están dando a conocer acontecimientos tan terribles como el fusilamiento, o el hambre y la desesperación de los cubanos, nunca se abandona el característico lenguaje satírico y burlón, que recurre a todo tipo de palabras picarescas y graciosas. Como ejemplo claro de lo anterior tenemos el siguiente comentario:
Las patitas de algunos…Castro, quien maneja su isla, sin haber llamado jamás a elecciones, que reconoció en su discurso radial que había escasez en Cuba… que los zapatos duraban una o dos semanas y que solo se puede tener 2 pares al año, que la producción era un desastre en rubros importantes, se dio el lujo de explicarles a los trabajadores como se debe trabajar… El señor Castro debería preocuparse mejor de lo que sucede en su país, especialmente en el aspecto económico, y no andar dando consejos donde no los necesitamos de una persona tan poco demócrata.Por muy personaje quesea, el señor Castro no está en condiciones de analizar materias económicas, dada la lamentable situación en la que tiene sumida a Cuba. ¡Las patitas!. (Tribuna. Santiago de Chile, 15 de noviembre de 1971, Página 6)
- Los problemas que comenzaban a evidenciarse en Chile, y su enorme parecido con la trayectoria de desastres que tenía a su haber el régimen comunista establecido en Cuba.
Uno de los problemas internos al que Tribuna prestó mayor atención fue el Desabastecimiento de productos básicos. Con todas las consecuencias y posibles consecuencias que ello puede traer aparejado, entre las que destacan el alza de precios, las colas y el racionamiento. A fines de año 71, estos temas han comenzado a aparecer y a cobrar cada vez mayor fuerza, comenzando a ser tema de prensa a partir de finales de septiembre. No obstante, el modo en que es presentada la noticia hasta finales del año 71 tiene ribetes de alta comicidad. Lo que en cierto modo demuestra también que si bien, es un tema que se ha puesto sobre la mesa y es preocupante, no es todavía alarmante. Y en efecto, muchos de los comentarios periodísticos de Tribuna apuntan más bien a desarrollar el ámbito de la suposición de lo que sucederá en algunos meses más. Comienzan a barajarse en noviembre del año 71 las posibilidades nefastas de que en Chile se instaure el racionamiento de la alimentación. Pero no se ve como algo tan concreto.
Pero el tema de la falta de alimentos con sus consecutivas alzas de precios y las molestas colas comienza a ser temática de todos los días. Así se evidencia en el cuadro sinóptico que presentamos al final del trabajo, en él cual se aprecia que el “desabastecimiento y alzas” es una constante durante toda la estadía de Fidel Castro en Chile.
Como ejemplo de la forma en que Tribuna entrega este tipo de noticias tenemos este ilustrativo comentario:
Megatones: Alzas. Como chiste arto bueno. Las cifras oficiales dicen que el alza del costo de la vida fue en octubre un 1,7% y la alimentación 0,7%. ¿Qué rubros habrán elegido par alcanzar tan divertidos porcentajes?. Parece que los siguientes:ü Carne de siervoü Aserrín en cremaü Yuyos verdesü Cuelgas de cholguánü Y papas de los calcetinesVestuario:ü Pelucas Luis XIIIü Cinturones de castidadü Zapatos tipo frankesteinü Calzoncillos de lataü Cuellos de palomitaViviendas:ü Castillos de naipesü Torres de cristalü DFL2 en el purgatorioü Mediaguas en el infiernoMisceláneosü Rapeü Sesiones de espiritismoü Consumo de salivaü Agua de vichy Estos son los artículos de primera necesidad. Muchos chilenos se están comiendo las papas de los calcetines con ensaladita de yuyos. (Tribuna, Santiago de Chile, 15 de noviembre de 1971, página 5)
Esta cita nos permite también hacer referencia a una de los temas que mayor cobertura tuvo en Tribuna durante y después de la visita de Fidel Castro. Nos referimos al afán que pondrá este diario en demostrar la falsedad de los informes oficiales del Gobierno respecto de la marcha de la economía. Efectivamente, hasta mediados del año 1972, el Gobierno insistió en afirmar la buena marcha de la economía y los positivos resultados de la política económica. Pero Tribuna le enrostra constantemente la falsedad de los informes. Partiendo de esta premisa comienza a desarrollarse la ridiculización de los voceros del Gobiernos, especialmente de sus Ministros Pedro Vuskovic (Ministro de economía), Américo Zorrilla (Ministro de Hacienda) y Jaques Chonchol (Ministro de Agricultura).
A finales de 1971 el desabastecimiento o la escasez de varios productos comenzaba a ser una realidad, no obstante, como señalamos, no era aún algo tan serio, por ello lo que más se explota por parte de Tribuna durante el mes de noviembre y diciembre es la comicidad de la falta de ciertos productos, tales como prendas de vestir íntimas femeninas y masculinas. Por ejemplo, en la página económica del día 16 de noviembre se afirma:
Cada día una sorpresa: desaparecen del mercado artículos que uno jamás pensó que llegarían a faltar, que falten alimentos ya no es novedad ni gracia para nadie, ¿pero pensaron ustedes que algún día iban a hacerse humo las muy indispensables prendas íntimas…?. Al principio puede parecer divertido, pero la verdad es que ya no es ninguna gracia… cuidadito con echarlo a la chacota… no vaya a ser cosa que mañana nos falte un medicamento indispensable… (Tribuna, Santiago de Chile, 16 de noviembre de 1971, página 4)
Difícil no echarlo a la “chacota” (broma), si en unas páginas más adelante nos encontramos con dibujos como éstos:
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FICHA TÉCNICA N° 5 |
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Mirando bien las cosas no me parece tan grave el desabastecimiento de ropa interior para las mujeres |
Unido al tema de la escasez de alimentos, Tribuna explotó un tema que para el Gobierno significó varias complicaciones, teniendo que entregar explicaciones públicas. Nos referimos al envío de alimentos y otros elementos hacia Cuba. A partir del día 13 de noviembre de 1971 Tribuna comienza a hacer eco de los “rumores” relacionados con el envío ilícito de alimentos y prendas de vestir hacia Cuba. La noticia comienza a ser difundida como un rumor, pero va tomando cada vez más fuerza y partir del 20 de noviembre va a ser uno de los temas centrales. El cariz que le dio a esta noticia fue enrostrar al Gobierno la inconsecuencia que significaba estar mandando los elementos que para los chilenos son imprescindibles, de regalo a Cuba. No hay una odiosidad latente contra los cubanos en sí, de hecho siempre se demuestran gestos de compadecimiento por sus penurias, pero Tribuna es enfática al afirmar que Chile no está en condiciones de ayudar a nadie: la solidaridad es legítima y admirable, pero eso le corresponde a países que puedan costear sus gestos solidarios sin caer en la despreciable misión de quitar a sus conciudadanos los alimentos para mandarlos a otro país[97].
El 15 de noviembre, Tribuna Afirma:
Regalos para Cuba: Ayer fue leche, ahora la carne.ü Solidaridad con Cuba a costa del ayuno de Chileü Es posible que carne que o pueden comer los chilenos esté siendo enviada a Cuba en aras de la solidaridad revolucionaria.ü La carne que escasea en Chile, al parecer está siendo llevada a Cuba a través de barcos supuestamente Argentinos. Estos tienen carne de sobra y tendrían que ser muy poco inteligentes para venir en barco a comprar…ü Con esto el gobierno marxista de la UP habría dado a su modelo cubano una nueva prueba de “amor revolucionario” que se suma al envío de zapatos para niños y a los envíos de leche en polvo que tan torpemente quieren ocultar algunos funcionarios oficiales.
Como se puede ver, las bases sobre las que se construye la noticia son suposiciones, las cuales en el transcurso de los días pasan a ser consideradas como fidedignas y se desarrollan cuantiosos análisis referidos a los envíos de alimentos hacia Cuba. Pero el Rumor también es un instrumento para destruir al adversario, y va calando hondo en la opinión pública, las condiciones también estaban dadas para que noticias como éstas disgustarán a gran parte de la población que se estaba viendo afectada por el desabastecimiento de algunos alimentos vitales, como la leche y la carne, ambos incluidos en los supuestos envíos hacia Cuba. Al respecto, también es preciso agregar que el Gobierno, a través de sus ministros de Hacienda y economía (Zorrilla y Vuskovic) reconocieron que hubo un envío de zapatos pero que ellos eran la devolución de un préstamo realizado por el Gobierno cubano hacia Chile. Los demás envíos fueron negados. Mientras que Tribuna contaba a su favor sólo con los dichos de individuos no identificados que afirmaban haber visto barcos sospechosos cargando carne en el sur de Chile.[98]
Todos estos problemas internos que van siendo evidenciados por Tribuna tienen por finalidad poner en punto de comparación los acontecimientos que aquejan a Cuba desde 1960 con los problemas que está comenzando a padecer Chile con el Gobierno de Salvador Allende. En efecto, es recurrente y se hizo habitual durante toda la estadía de Fidel Castro en Chile, hacer referencia a las características del régimen cubano, sus deficiencias y su inoperancia en aspectos económicos para desacreditar el modelo del gobierno de la Unidad Popular y así ir también señalando que todo indica que Chile está siendo conducido, con rapidez, hacia las mismas condiciones en las que está Cuba, y que sin duda, el objetivo último de la Unidad Popular es llevar a Chile hacia un gobierno totalitario de estilo cubano.
Tribuna hace hincapié en señalar que la vía revolucionaria cubana y la llamada vía chilena, o vía electoral, al fin y al cabo son lo mismo, pues amabas aspiran a establecer la dictadura del proletariado:
“Al final ambas variantes deben unirse, ya que la convicción marxista señala lo inevitable de un enfrentamiento armado para consolidar el poder.De ahí la búsqueda de la vía pacífica y la utilización de mecanismos democráticos donde pueden usar de ellos, solo representa un método para conquistar y obtener posiciones más estratégicas, que tienda a asegurar la victoria comunista en esa confrontación final.Todo este esquema exige cuidadosa planificación y revisión de las experiencias locales para regular avance hacia objetivo común. Los lineamientos para esta labor es lo que según fuentes diplomáticas, analizan y deciden Castro y Allende, que en sí mismos modifican los dos estilos en que actuará OLAS, en esta nueva etapa en que la Habana y Santiago, son puntos de partida diferentes hacia la misma meta: instalar Estados comunistas en Latinoamérica. (Tribuna, Santiago de Chile, 15 de noviembre de 1971. Página 5)
Antes este panorama, Tribuna se autoproclama paladín de la justicia, la democracia, la libertad de prensa y de todos los valores intrínsecos de las sociedades no marxistas. Como señala Peter Burke, las naciones, las sociedades, los grupos e incluso los individuos, tienden a fortalecer su identidad, sus valores y sus características cuando definen al “OTRO”[99], ese otro con mayúscula y entre comillas, es aquel que no comparte mi modo de pensar, mi modo de vivir, mi modo de creer, de proyectar la vida, de sentir y de ver la vida en general. No obstante cuando ese “OTRO” se transforma en el enemigo, lo que se comienza a hacer es a definir al otro como una antítesis total de lo que soy yo como individuo o como grupo. Se magnifican y amplifican todos los rasgos negativos con el fin de desacreditarlo y en último término destruirlo, o tal vez en el caso más benigno, convertirlo y convencerlo de lo errado que está.
Ahora bien, ese “otro”, que Tribuna va perfilando corresponde a todo el grupo de gentes que apoya a la Unidad Popular. Pero los dardos no van dirigidos a la gente común, a está más bien se considera víctima de manipulaciones y engaños, o directamente de extorsiones. A ello se debe que recurrentemente, se señala que los actos y convocatoria masivas organizadas por la UP son de carácter obligatorio so pena de despido para todos los funcionarios estatales. En Tribuna se habla permanentemente de los “Acarreos masivos”, del gastadero de plata que ello significa y del compadecimiento hacia los individuos que están obligados a asistir a los actos oficiales.
En consecuencia, el “OTRO”, más bien se va personificando en los máximos líderes de la Unidad Popular, partiendo por el Presidente Salvador Allende y sus ministros, entre los cuales destacan José Tohá, Américo Zorrilla, Pedro Vuskovic y Chonchol. Durante 1972 Carlos Altamirano, Secretario General del Partido Socialista, se convertirá en centro de atención y crítica. A todos estos personajes se va ridiculizando, cuestionando y desacreditando frente a la opinión pública, poniendo en entredicho todas sus declaraciones.
Durante la estadía de Fidel Castro en Chile, fue él quien pasó a personificar al “OTRO”, por tanto, la mayor parte de los ataques iban dirigidos a su persona: Tirano, dictador, mentiroso, inconsecuente, inhumano, guerrillero, charlatán… y para coronarlo todo, homosexual.
25 días fueron suficientes para que Tribuna lograra desarrollar ampliamente cada una de estas características. Recurriendo a los más diversos medios, se va perfilando en Tribuna la imagen desmitificada de un Fidel Castro muy distinto a la imagen oficial que da a conocer el Gobierno de la Unidad Popular. El Fidel Castro que surge de entre las páginas de Tribuna, en primer lugar, es un hombre que traicionó al pueblo cubano al no cumplir ninguna de sus promesas relacionadas con la democracia y la libertad. Respecto de este tema, en Tribuna aparecen cuantiosas referencias a las afirmaciones de Fidel Castro, antes y después de 1960. Por ejemplo en el apartado “Quien lo dijo y como lo dijo” de la página 4 del día 15 de noviembre de 1971 encontramos las siguientes citas:
ü Nuestra lucha es por los derechos políticos y luego por los derechos sociales. Deseamos reestablecer los derechos y libertades constitucionales del pueblo. (Fidel Castro, 1 de enero 1959)ü Es falso que el movimiento del 26 de julio tenga tendencias comunistas. Dentro de un año y medio habrá elecciones libres en Cuba. (el Che Guevara al diario argentino, Correo de la Tarde, 6/1/1959)ü En los círculos bien informados de EEUU, existe la certeza de que Fidel Castro en sincero en sus planteamientos anticomunistas y antisocialista. (Journal de EEUU, 7/1/1959)ü Cuba es ahora una democracia y habrá elecciones dentro de 18 meses. (Fidel Castro a la TV norteamericana, 12 de enero 1959)ü El Diario de la Marina, el más antiguo de Cuba y enérgico crítico del gobierno de Fidel Castro, fue asaltado e incautado hoy por las autoridades. (11 mayo 1960)ü Partidarios del Primer Ministro Fidel Castro ocuparon hoy “Prensa Libre”, el último diario independiente editado en Cuba”. (17/05/1960)ü Soy un marxista-leninista y lo seré hasta el día de mi muerte. 1/12/1960
No obstante de entre todos los temas abordados por Tribuna, el que más fue explotado fue la supuesta desviación sexual de Fidel Castro… Y todo comenzó con la interpretación de una fotografía.
- La supuesta homosexualidad del líder cubano
Como afirmamos en el apartado anterior: todo comenzó con la interpretación de una fotografía.
El 16 de noviembre de 1971, la portada de “Clarín” mostraba a un alegre Fidel Castro junto a su edecán civil Jaime Suárez. Además, en forma muy picaresca, agregaba: “Bailó su vals y se tomo su medio pato. No sean mal pensados, fue de leche heladita”
Esta fotografía y estas palabras fueron suficientes para que Tribuna hiciera del tema un ámbito central de sus comentarios referidos a Fidel Castro hasta que abandonó el país e incluso después.
Ahora bien, siendo “Clarín” un diario pro-Unidad Popular o un diario gobiernista, como lo califica Tribuna, fue inmediatamente presionado para desmentir sus dichos. Lo cual se realizó el día 17 de noviembre de 1971, también en la portada. El desmentido tiene un carácter de solemnidad que se contradice totalmente con la tónica de El Clarín:
“UN ERROR GRÁFICO: La foto que publicamos ayer en primera página correspondía al instante en que terminó la pichanga de básquetbol jugada en la cancha María Elena, donde el líder cubano abrazó a su compañero de equipo, el Ministro Jaime Suárez, contento después del triunfo”. Clarín, Santiago de Chile, 17 de noviembre 1971
Pero ya era demasiado tarde. Tribuna había hecho eco de la portada anterior y sacaba el mismo 17 de noviembre una portada con la fotografía de Fidel Castro y Jaime Suárez, en la que afirma:
Regalonea a Suárez y para él ni un bechito. Allende muy ofendido: Fidel no lo saca a bailar todavía. Prensa gubernista destaca “operación trenzas sueltas”.Vaya vaya, extraños modalitos para divertirse ha evidenciado el tirano de Cuba. Durante su gira sacó a bailar un vals a su edecán civil, el Ministro Secretario General de Gobierno Jaime Suárez. La prensa gobiernista, cuyos grabados reproducimos aplaude a rabiar el raro proceder de Fidel. Tribuna, Santiago de Chile, 17 de noviembre 1971. Portada
Desde aquí en adelante, y durante toda la estadía de Fidel en Chile, la imagen de los dos hombres “bailando o abrazándose”, pasó a formar parte del diseño de la portada de Tribuna, realizando todos los días alguna alusión a la imagen.
A continuación incorporamos algunas de los titulares de los días siguientes al 17 de noviembre:
- Simplemente María: El vals nortino que enloqueció de placer a todos los upeorros.
Error Gráfico: reproducimos el facsimil de Clarín dando cuenta de que la foto de Fidel y Jaime Suárez bailando un cadencioso vals, se trata de un error gráfico. Dicha declaración se debe a que la teja que le cayó al tabloide gobiernista por la publicación de la controvertida fotografía, fue lapidaria y provino, obviamente de la Moneda. (18/11/1971)
- Desmentido: no era vals, era bolero… “los picaronazos me hicieron bailar… ji, ji, ji”, dijo Fidel. (19/11/1971)
- Allende y Fidel navegan en los canales del sur: sobre las olas es la cosa ahora. (20/11/1971)
- Fidel es un hijo de Punta Arenas. Ayer atracaron Castro y Chicho. (21/11/1971)
- Allende y Fidel están en luna de miel: no se ha confirmado si el tirano bailó la danza del fuego en tierra del ídem con S. E. (23/11/1971)
- Fidel confunde valsear con bolsear. 14 días y no hace amago de echarse el broiler. (24/11/1971)
- Comandante Fidel estuvo aminado con el teniente. Miró las minas, pero no las sacó a bailar. 15 días y no lo invitan a cerrar la puerta por fuera. (25/11/1971)
- Risa que se mueren, pues. En íntimo y regocijante coloquio aparecen Fidel Castro y su edecán civil propio, Jaime Suárez, protagonistas de los pasajes más apasionantes de la historia. (30/11/1971)
- “Mientras bailan con Fidel no tenemos que comer...!: impresionante coro femenino en marcha de olas vacías. (2/12/1971)
A continuación exponemos algunos ejemplos gráficos de lo anterior:
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FICHA TÉCNICA N° 6 |
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FICHA TÉCNICA N° 7 |
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Como se puede ver, la imagen de Fidel y Suárez pasó a formar parte del diseño de la portada de Tribuna, explotando hasta la saciedad los más diversos ámbitos relacionados con la supuesta desviación sexual de Castro. A través de la lectura de los diversos comentarios periodísticos aparecidos entre el 17 de noviembre y el 5 de diciembre en Tribuna, se puede dilucidar que lo que más reafirmó esa situación fue el propio “desmentido” del diario “Clarín”, pues fue ridiculizado y dio pie para que Tribuna siguiera recurriendo al ingenio periodístico que permitió al diario mantener su línea sarcástica, picaresca y satírica. La famosa frase “No era vals, era bolero…”, acompañó el devenir de Tribuna, incluso, mucho tiempo después de la partida de Fidel Castro.
Un aspecto debemos destacar del modo en que Tribuna trabajó la temática de Fidel Castro en Chile. Realizando una declaración de principios frente a los constantes ataques recibidos por la prensa pro Unidad Popular y por los propios personeros de Gobierno, Tribuna declara enorgullecerse de la forma en que da a conocer el acontecer noticioso, “no somos tontos graves, incluso en los momentos más desgraciados procuramos mantener vivo el buen humor… junto con fustigar la tediosa presencia de Fidel, también hemos hecho chistes a costillas suyas, ¿cuál ha sido la reacción de los voceros marxistas?, solamente furor, garabatos y amenazas. Es curioso que los que están momentáneamente arriba se muestran frenéticos y los que estamos momentáneamente abajo no perdemos el buen humor… Ser marxista parece ser sinónimo de ser amargado. Vean el caso de los compañeros de la TV, sobre todo en los noticieros, parecen asaltantes de películas vaqueras o conductores de carrozas…”[100].
Ahora bien, este “buen humor” que declara Tribuna, pasó en muchas oportunidades a rayar el límite de la grosería abierta y punzante. El objetivo no era hacer reir a todo el mundo, era más bien desprestigiar al adversario, colocarlo en los niveles más bajos de la opinión pública, poniendo énfasis en los más diversos aspectos negativos del oponente, pero la particularidad de Tribuna, como su propio comité editorial lo declara, es volverse el vocero de la protesta anti Unidad Popular, encausar en sus páginas todas las animosidades que permitan convencer a la población de la necesidad de oponerse férreamente al gobierno. Pero ¿convencer a quiénes?, por supuesto a todo el grupo de población cuyas tendencias no se perfilaban con claridad. Los sectores de derecha, estaban absolutamente convencidos de su aversión hacia un gobierno de tendencia marxista-leninista, por tanto se puede deducir que la constante campaña de convencimiento o como declara Tribuna “concientización al revés” estaba dirigida, más bien, a los estratos medios y bajos. Ello se confirma, también, por el lenguaje adquirido por Tribuna, un estilo propio y característico de los periódicos populares como Clarín y El Siglo.
Un lenguaje coloquial, que utiliza chistes, apodos, diminutivos, inventando palabras, esperaba pasar a competir con los periódicos gobiernistas. Pero ello no nos lleve a pensar que el diario Tribuna no era bien recepcionado por los altos estratos sociales. Esto último es confirmado por las cartas al director y sobre todo por los comentarios, análisis políticos, declaraciones y entrevistas realizadas a la gran parte de los Parlamentarios y máximos representantes de la oposición, entre ellos Luis Pareto y Sergio Onofre Jarpa.
6. Análisis de líneas temáticas específicas
En el aparatado anterior pudimos apreciar los ejes temáticos directrices explotados por Tribuna durante la presencia de Fidel Castro en Chile. Ahora pasaremos a revisar algunos temas particulares que se desarrollaron al unísono con los tres ya analizados: Las características del régimen cubano-castrista; los problemas que comenzaban a evidenciarse en Chile, y su enorme parecido con la trayectoria de desastres que tenía a su haber el régimen comunista establecido en Cuba y la supuesta homosexualidad del líder cubano.
En primer lugar, y como se constata en el cuadro sinóptico presentado al final del presente trabajo, el tema que tuvo amplia difusión durante los primeros día de la estadía de Fidel en Chile fueron las comparaciones con el General Batista. Lo que más destaca de esta temática es el modo en que presentan las similitudes entre ambos líderes cubanos: dictadores que aplastaron a su pueblo, haciendo caso omiso de sus propias promesas libertarias.
La imagen que presentamos a continuación corresponde a la portada de Tribuna del día siguiente de la llegada de Fidel a Chile. En ella se hace referencia a los homenajes entregados por el partido comunista a Batista y al objetivo de Fidel para recorrer Chile de norte a sur.
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Ahora bien, el tema que más destaca es la igual recepción que tuvo por parte de las filas comunistas chilenas la visita de Batista en el año 1944 y la actual visita de Castro en 1971. Sobre todo en los análisis políticos se va dando cuenta acerca de la “desfachatez” con que los periódicos pro UP han sido capaces de negar su apego y su devota admiración hacia Batista, llegando incluso a descalificarlo y catalogarlo ellos mismos como un dictador, que oprimió y castigó a su pueblo. En los primeros días los ataques referidos a las comparaciones Fidel-Batista, van dirigidos directamente al diario “Puro Chile”, a quien se califica como “engendro del Partido Comunista y el Siglo”.[101] En “Puro Chile”, el día 9 de noviembre de 1971 se presentó un extenso análisis referido a las perfidias cometidas por el Sargento Batista y el absoluto rechazo a su gobierno. Estos comentarios son reproducidos por Tribuna con el objeto de demostrar la inconsecuencia del Partido Comunista y la izquierda en general. Algunas de las citas extraídas del Puro Chile son las siguientes:
ü Fulgencio Batista era un bandolero con uniforme, un sanguinario, tirano que arrasaba la tierra cubana, matando a jóvenes patriotas.ü Sujeto corrompido que tenía transformada a Cuba en títere de los gringos… no obstante lo cual los imbésiles chilenos de Patria y Libertad (¿pertenece a Patria y Libertad Cesar Godoy?), han tratado de compararlo con los generales del ejército chileno.ü Representa en esencia toda la corrupción del dinero. (Tribuna, Santiago de Chile, 13 de noviembre e 1971, página 7)
Luego de reproducir estos comentarios, Tribuna agrega: “Esto es ejemplo de las volteretas inagotables de los comunistas. Cesar Godoy antes fue Diputado comunista y hoy es el columnista de Puro Chile”. La relevancia de exponer el nombre de Cesar Godoy Radica, esencialmente, en que fue este hombre el encargado de leer el discurso de bienvenida para el General Batista en el Congreso nacional el 24 de noviembre de 1944. Al respecto, en Tribuna se afirma “Los comunistas alabaron al tirano Batista como ahora alaban al dictador Castro… A los comunistas les encanta los dictadores y parece que también confían en la mala memoria de los chilenos y en la juventud que quizás no tienen idea que así como ahora muestran una devoción casi viseral con el dictador Fidel Castro, la mostraron por el sanguinario Fulgencio Batista”.[102]
Las siguientes imágenes dan cuenta de las comparaciones realizadas entre Fidel y Fulgencio Batista:
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Otra de las temáticas abordadas por Tribuna fue la relación que el Cardenal Silva Henríquez entabló con Fidel Castro, y en general con la Unidad Popular. Se critica al cardenal haber mostrado tantos gestos de cortesía ante una visita que en su país ha mostrado claras muestras de opresión hacia la iglesia católica y hacia las manifestaciones religiosas en general. Se llevaron a cabo análisis periodísticos referidos a la opresión suplida por el clero cubano y la eliminación de las libertades religiosas a partir de 1962. Pero el punto central del ataque estuvo concentrado sobre la persona del Cardenal Silva Henríquez. Se va generando en la opinión pública la idea de que el Cardenal está transgrediendo los valores cristianos al acercarse y mantener ese tipo de relaciones con personas que declaran ser marxista-leninistas, que por definición son ateas.
La imagen del Cardenal comienza a ser caricaturizada y objeto de chistes y sarcasmos. Por ejemplo, en la portada del día 25 de noviembre se muestra al Cardenal junto a Fidel, entregándole una Biblia, mientras este exhibe un cráneo, diciéndole “este es nuestro último Obispo”.
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Cardenal Silva H.: Este es la primera BibliaFidel: Y este es el último obispo que teníamos… |
Otro ejemplo de estas burlas satíricas, lo tenemos en los siguientes chistes:
Publicado el 26 de noviembre de 1971
- Yo creo que el Cardenal trata de quedar bien con Dios y con el Diablo- Sin embargo se le nota sumamente cargado al diablo.
Publicado el 27 de noviembre de 1971.
- Mañana en todas las misas elevaremos plegarias por el Cardenal.- ¿y qué dirán?- ¡perdónalo Señor, que no sabe lo que hace…!
Finalmente, el tema que tomó gran relevancia a partir del 23 de noviembre del 71 fue la excesiva estadía de Fidel en Chile, de la cual se comienzan a destacar las concretas consecuencias negativas para el país, sobre todo la enorme cantidad de gastos que los viajes y concentraciones masivas traen aparejados. Se comienzan a poner sobre la mesa temas como los gastos producidos por la propaganda realizada, los panfletos, los carteles alusivos a Fidel, los acarreos de gentes desde sus trabajos hacia los lugares de reunión, la inmovilidad de los Ministros al tener que estar preocupados constantemente de la visita, etc.
A partir del 23 de noviembre la pregunta de todos los días es ¿cuando se va Fidel?.
Algunos de los ejemplos que ilustran esta temática son los siguientes:
1. El 70% de los chilenos se lo pregunta, ¿cuándo se irá Fidel?. 23/11/19712. El 70% de los chilenos grita ¡No le quitamos más tiempo Señor Castro!. 26/11/19713. Ponga una escoba detrás de la puerta y santo remedio para que se vayan las visitas indeseables y pegajosas. 26/11/19714. A Fidel lo invito Ud. ¿quien paga?. Fidel Castro ya tiene sobrenombre, “el chicle de plomo”. 26/11/19715. Zodiaco para cáncer: deberá hacer nuevas emisiones para pagar todo lo que ha bolseado el apernado visitante. 27/11/19716. El tirano cumplió 17 días practicando allanamientos en el país. 27/11/19717. No hay manera de moverlo de Chile ni los temblores corretean a Castro. 29/11/1971 Finalmente, presentamos el ilustrativo ejemplo de la portada del 3 de diciembre donde se aprecia la permanencia aun de la fotografía en la que aparecen Fidel y Suárez, junto a ella se puede leer: “Comenzó a despedirse, ¿cuando terminará?”.
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Como se ha podido apreciar, el conjunto de las temáticas abordadas por Tribuna dan cuenta de los siguientes hechos: por una parte se propone desacreditar al máximo el régimen de gobierno cubano-castrista, con el objeto de destruir la imagen que de Cuba ha querido mostrar el Gobierno de la Unidad Popular, se exponen todas sus características dictatoriales y totalitarias, y se llama la atención acerca de que ese es un camino al que va marchando el país y que de seguir así, Chile terminará siendo, definitivamente, otra Cuba.
Se desacredita, luego al personaje particular, Fidel Castro, mostrándolo como una persona llena de defectos: mentiroso, traidor, tirano, sanguinario… y homosexual. Ese es el perfil que Tribuna intenta dar a conocer a la opinión pública. Para demostrar las primeras características se recurre al análisis de casos concretos acontecidos en la isla de Cuba, tales como fusilamientos masivos, expulsiones masivas de representantes religiosos, discursos inconsecuentes y contradictorios, etc. Mientras que para dar cuenta de la última característica se valieron de la fotografía publicada y comentada por el diario Clarín el 16 de noviembre de 1971. Desde entonces y hasta la partida de Fidel esa imagen fue objeto de burlas, chistes, análisis tergiversados, etc.
Por último, la exposición de las problemáticas internas se va concatenando a los temas anteriores y van siendo conjugados con éstos. Por ejemplo, para dar cuenta de los problemas económicos que comenzaron a afectar a Chile en los últimos meses de 1971, tales como la escasez de productos, las alzas y las colas, se van exponiendo de modo comparado con la realidad que vive Cuba desde 1962. Se van mostrando los fracasos económicos de las diversas políticas aplicadas en la isla y las similitudes con lo que está pasando en Chile. Se avizoran tiempos en los que temas tales como el racionamiento, pueden llegar a ser una realidad concreta en Chile. Se especula sobre la posibilidad de instaurar en nuestro país algún sistema de tarjetas o tiket que sirva para canjearlos por los víveres necesarios.
En esta etapa, fines del año 71, todos estos análisis contienen, aún, un alto grado de suposiciones y en muchas oportunidades se juega mucho con lo chistoso de la escasez de ciertos productos, este tono cambió a partir de mediados de 1972, donde se evidencias criticas y ataques mucho más severos hacia el Gobierno de la Unidad Popular, en particular hacia el Presidente y sus Ministros.
Como se ha podido ver, este medio de comunicación recurriendo al humor, los chistes, la burla y abiertamente a la sátira, esta última con un cariz más destructivo y punzante, se encargó de ir generando un estado de opinión adverso a la Unidad Popular, que tenía por objeto desprestigiar al Gobierno, al Presidente, sus Ministros y a su base parlamentaria. Recordemos que hasta marzo de 1973, fecha en que se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias, la oposición barajaba la posibilidad de sacar al Gobierno de la Unidad Popular por una vía democrática, es decir, aspiraba a obtener la mayoría parlamentaria con el objeto de poder declarar inconstitucional al Gobierno y forzar al retiro anticipado de Salvador Allende. No obstante, como señala Tomás Moulián “(los resultados) Fueron un éxito electoral para la UP, que consiguió 63 de 150 diputados, con lo cual la oposición no podía intentar un juicio político al presidente. Necesitaba de 101 diputados y sólo consiguió 87… Con esto fracasó la estrategia de derrumbe legal, porque no se podía obligar legalmente a Allende a abandonar el gobierno. Paradojalmente, el éxito electoral de la Unidad Popular cerró las posibilidades de una solución pacífica”.[103]
El objetivo de Tribuna durante el periodo analizado era crear conciencia del fracaso de la Unidad Popular y la improductividad de sus políticas económicas. Se ataca al sistema socialista y a todos quienes se proclamen sus partidarios. Se busca convencer a la opinión pública para que rechace y se oponga a cuanta medida adopte el gobierno. Por ello es que, incluso, el tipo de noticias que no tienen relación con la gestión del Gobierno de la Unidad Popular, al final igual terminan relacionándolas con su inoperancia. Esto último recurriendo a métodos sarcásticos y humorísticos: por ejemplo cuando se dan noticias referidas a problemas climáticos o pestes frutícolas, también son los líderes de la UP los que aparecen como responsables. Al final, y como diría Peter Burke, cuando convierto al “OTRO” en mi enemigo, ese “OTRO” es el culpable de todos los males y es la representación misma del mal. Para mantener en pie esa idea, se recurre a cuanto instrumento sea factible de ser explotado: caricaturas, chistes, historietas, tergiversaciones de información, etc. Todo esto es lo que vemos reflejado en las páginas del diario Tribuna.
Conclusiones
El humor político en general y la sátira en particular son fuentes de información factibles de ser utilizadas por los historiadores. Esta situación se vuelve patente cuando los investigadores asumen la tarea de indagar y analizar el contenido implícito y explícito en este tipo de documentos. En la presente investigación fue posible verificar las peculiaridades de la sátira dentro de la gama de variantes del humor, así pues constatamos que este concepto hace referencia a un tipo de humor más corrosivo y punzante, que se diferencia del chiste y la caricatura por tener estas últimas un grado más notorio de benevolencia, mientras que la sátira se caracteriza por sus intenciones demoledoras, que intenta no sólo poner en evidencia ciertas temáticas reprobables de la sociedad y sobre todo de la elite o jerarquía, sino que en sus grados de máxima expresión pretende contribuir al desprestigio, y destrucción de sus víctimas.
En la propuesta metodológica para analizar la sátira política, planteamos formular una diferenciación respecto del análisis de la sátira gráfica y la sátira escrita, ello sólo con el objeto de sistematizar el estudio histórico, puesto que generalmente ambos elementos se desarrollan al unísono. En ambos casos, el investigador debe procurar interiorizarse en los elementos que caracterizan el ambiente cultural en el que se produjo, puesto que para lograr interpretar el mensaje transmitido por la sátira es preciso estar familiarizado con los códigos culturales en los que fue generada, así también se deben identificar los móviles que guiaron a los creadores de esta documentación, los métodos de financiamiento y los canales de difusión, etc.
El objetivo que guió la presente investigación fue conocer y analizar las peculiaridades y objetivos de la sátira política desarrollada en Chile entre 1970 y 1973, para luego centrar nuestra atención en el tipo de sátira política desarrollada en el diario Tribuna, satírico por excelencia. Así pues, para visualizar con mayor precisión los ámbitos en que la sátira política desarrollada en Chile, durante el Gobierno de Salvador Allende, se diferenció de los estilos satíricos anteriores, fue preciso esbozar una breve reseña de la historia de la sátira en Chile, de la cual deducimos que este tipo de humor ha acompañado el devenir histórico de Chile desde antes de su conformación republicana. Durante el siglo XIX se desarrolló en Chile un peculiar estilo de caricatura satírica acompañada, generalmente de prosas o versos explicativos, que pretendían enrostrar a la elite o jerarquía gobernante sus debilidades, bajezas y errores.
Durante la primera etapa del siglo XX destacó el tipo de humor políticos con ribetes satíricos desarrollado por la revista Topaze, su característica esencial fue haberse transformado en un espejo de la sociedad chilena, plasmando entre sus páginas los diversos ámbitos del acontecer político nacional. En efecto, desde sus inicios y hasta el día de su desaparición mantuvo un carácter no agresivo, ni destructivo, sino mas bien, supo explotar al máximo la ironía, la picardía sin caer en la animosidad virulenta. Explotó, por ejemplo, temas tales como los rasgos físicos y morales, destaco las flaquezas y debilidades que sobresalían de los personajes políticos, tales como la avaricia de algunos y el oportunismo de otros. Tal carácter le valió el apelativo de “barómetro del acontecer nacional”.
Ahora bien, frente a este tipo de humor político, podemos constatar los rasgos diferenciadores de la sátira desarrollada durante el Gobierno de Salvador Allende. Durante este período la sátira adquirió rasgos punzantes e incisivos, que pretendieron utilizar la risa y la burla como instrumento de lucha. Los bandos en disputa (a favor y en contra de la UP), utilizaron el humor, en sus distintas expresiones, chistes, caricaturas y sátira, no obstante, el sector que mayor énfasis puso en la explotación de estos medios fue la derecha política, que creó publicaciones tales como Sepa, Pec y Tribuna. En estos medios periodísticos se expresó la oposición al régimen de Salvador y su peculiaridad esencial fue el modo satírico en que fueron dadas a conocer las diversas noticias del acontecer político, económico, social y deportivo.
Teniendo en cuenta la necesidad de interiorizarnos en las particularidades del contexto histórico en el que se generó este tipo de documentación nos adentramos en el análisis del concepto Guerra Fría, con el objeto de estudiar el acontecer político de Chile desde una perspectiva global, que permitiera dilucidar el grado de influencia de las fuerzas internacionales en disputa, es decir el capitalismo y el comunismo en el desarrollo de los acontecimientos internos de nuestro país durante el Gobierno de Salvador Allende. Así pues, constatamos que tanto EEUU, como la URSS tuvieron un alto grado de influencia e intervención en el acontecer político de Chile. EEUU intervino de modo directo, canalizando más de 12 millones de dólares a la difusión de propaganda antiallendista; promoviendo y planificando la desestabilización y derrumbe de la UP. La URSS mantuvo ininterrumpidos lazos económicos y de asesoría con el partido comunista, y también canalizó grandes sumas de dólares en prestamos y regalos hacia el Gobierno de Salvador Allende, entre los que destacan créditos que ascendían a 85 millones de dólares, más de 3.000 tractores, barcos pesqueros, etc.
Todos estos datos corroboran el interés de estas grandes potencias en el acontecer nacional, no obstante no son suficientes para explicar el derrotero de los acontecimientos que condujeron al estado de crisis y polarización de la sociedad chilena. Para comprender esto último fue necesario precisar las peculiaridades del proyecto político de la Unidad Popular y el significado de “la vía chilena al socialismo”, la cual implicaba alcanzar los fines socialistas respetando los márgenes de la institucionalidad política y la democracia, es decir, se esperaba llevar a cabo una profunda reestructuración de la sociedad, especialmente en el ámbito económico, respetando los parámetros establecidos en la ley.
Como fue expresado en el capítulo III, uno de los principales factores que explica el trágico desenlace del proyecto promovido por la UP, fue el no haber tomado conciencia de la realidad política evidentemente desfavorable, pues no contaban con una suficiente base de apoyo como para intentar emprender un proyecto de transformaciones tan profundas, como era el caso de la transformación total de la estructura económica de Chile, a partir de la cual se esperaba hacer de Chile un país socialista.
Ahora bien, la fuente documental en la que centramos nuestro estudio fue el diario Tribuna, de cuyo análisis pudimos constatar que este medio periodístico es el más fiel reflejo de la máxima explotación de la sátira como instrumento político. Creado directamente con dineros provenientes de las arcas norteamericanas en marzo de 1971, se propuso la tarea de desacreditar a la Unidad Popular y a todos sus líderes. Se enrostró al Gobierno su inoperancia, publicando catastróficas noticias referidas a la escasez, el desabastecimiento, las colas, las alzas, y en general el malestar social que todos estos factores provocaban en la población. Así también, se criticó y ridiculizó a cada uno de los líderes de la Unidad Popular y a aquellos que manifestaran algún grado de apoyo al Gobierno de Salvador Allende, por ejemplo, se transformaron en blanco de ataques el Cardenal Silva Henríquez y el General Prats. Dentro de esta panorámica general del diario Tribuna, nuestro proyecto investigativo centró su análisis en la visita de Fidel Castró a Chile. En el último capítulo del presente trabajo se llevó a cabo un acucioso análisis de todas las temáticas abordadas por Tribuna durante la estadía del líder cubano en Chile (10 de noviembre – 5 de diciembre 1971). Para lograr sistematizar este cúmulo de información fue necesario ordenar en un cuadro de síntesis la frecuencia con la que fueron tratadas las temáticas noticiosas. Así pues, constatamos que los principales ejes temáticos que se desarrollaron en Tribuna durante la estadía de Fidel Castro en Chile fueron los siguientes: en primer lugar, las deplorables características del régimen cubano-castrista; en segundo lugar los problemas que comenzaban a evidenciarse en Chile, y su enorme parecido con la trayectoria de desastres que tenía a su haber el régimen comunista establecido en Cuba; Finalmente, el tercer tema que se convirtió en punto central de las ediciones de Tribuna a partir del 17 de noviembre de 1971 hasta la partida de Fidel Castro, el 4 de diciembre, fue la supuesta homosexualidad del líder cubano. Todas estas temáticas se transformaron en ejes estructurales que se desarrollaron en forma paralela a otras temáticas tales como la comparación entre Fidel Castro y Batista; las inconsecuencias de los discursos de Fidel; los ataques al Cardenal Silva Henríquez por su cercanía al Gobierno UP, las medidas inconstitucionales o fuera de la ley (medidas totalitarias); Ridiculización de Ministros; Falsos informes del Gobierno; Protestas y movilización anti UP, etc. El objetivo de Tribuna durante el periodo analizado fue crear conciencia del fracaso de la Unidad Popular y la improductividad de sus políticas económicas. Se atacó al sistema socialista y a todos quienes se proclamen sus partidarios. Se desacreditó el modelo cubano, se buscó convencer a la opinión pública para que rechazara y se opusiera a cuanta medida adoptara el gobierno. Todo ello recurriendo al desarrollo de una sátira política mordaz, punzante, corrosiva, que por medio de la gráfica y la narrativa pretendió desacreditar, ridiculizar y demoler el proyecto político de la Unidad Popular. Como diría Peter Burke, de Tribuna vemos surgir la imagen del OTRO, ese Otro que se convirtió en el enemigo al que había que destruir. Bibliografía
Sátira y caricatura política
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[1] Rodríguez, E; Fontaine, Arturo, El Sentido del Humor, Una Virtud, Estudios Públicos N° 88, Santiago – Chile. Página 234 y ss.
[2] Avenida Libertad con 4 Norte, Palacio Carrasco, Tercer Piso.
[3] Rodríguez, E; Fontaine, Arturo, Ob. Cit., Página 234
[4] Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Madrid, 1992. Volumen I, Vigésima primera edición, Página 650.
[5] Ibidem, Página 415
[6] Ibidem, Página 1848
[7] Océano Uno, Diccionario enciclopédico ilustrado, Editorial Océano, Barcelona 1996. S/P
[8] Hodgart, Matthew, La Sátira, Editorial Guadarrama, Madrid, 1969 Página 7
[9] Donoso, Ricardo, La Sátira Política en Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 1950. Página 8
[10] http://www.geocities.com/retopaze/historia.htm
[11] Idem
[12] Ibidem, Página 11
[13] Rodríguez, E; Fontaine, Arturo, Ob. Cit., Página 236
[14] Ibidem, Página 243
[15] Ver: http://www.geocities.com/retopaze.htm. (En este sitio encontramos la historia de la revista Topazze, sus características y una selección de caricaturas publicadas entre 1931 y 1961)
[16] Donoso, Ricardo, Ob. Cit., Página 7.
[17] Idem, Página 9.
[18] Idem, Páginas 16 – 23.
[19] Ibidem, Página 46
[20] Ibidem, Página 47
[21] Ibidem, Páginas 47 – 48
[22] Ibidem, Página 69
[23] Salinas, Maximiliano - Palma, Daniel – Baéza, Christian – Donoso, Marina, El que ríe al último…, Caricatura y poesía en la prensa humorística chilena del siglo XIX, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2001.
[24] Ricardo Donoso, Ob. Cit., Página 105.
[25] Un compendio de caricaturas de Rafael Allende se encuentran en Salinas, Maximiliano - Palma, Daniel – Baéza, Christian – Donoso, Marina, Ob. Cit., Páginas 70 y siguientes.
[26]Ibidem, Pagina 60
[27] Cornejo, José Tomás, Las Partes Privadas de los Hombres Públicos: Críticas a la Autoridad en las Caricaturas de Fines del Siglo XIX, Revista Mapocho, Santiago – Chile, Página 65.
[28] Ibidem, Página 70.
[29] Ibidem, Página 164 – 174
[30] Ibidem, Página 184
[31] http://www.geocities.com/retopaze
[32] Soto G. Angel, Caricatura y Agitación Política en Chile Durante a Unidad Popular. 1970-1973, Bicentenario, Revista de Historia de Chile y América Volumen 2, N° 2, Editado por el Centro de Estudios Bicentenario, Santiago – Chile, 2003. Página 132.
[33] Rodríguez, E; Fontaine, Arturo,Ob. Cit., : “Sin embargo, hay un momento que precede al quiebre de la democracia chilena en que se pierde el sentido del humor. Cuando yo digo que el otro parece “momio”, todavía la palabra “momio” tiene un sentido de humor, pero cuando digo que el otro es un “comunacho”, ahí hay una descalificación. Echo de menos que en Chile no se haya restablecido el humor. Éste es uno de los signos de que el país, para mi gusto, no está sano”. Página 244
[34] Ibidem Página 134
[35] Burke, Peter, Lo Visto y No Visto. El Uso de la Imagen Como Documento Histórico, Editorial Crítica, Barcelona – España. Página 43
[36] Ibidem, Página 38
[37] Ibidem, Página 24
[38] Ejemplo de esto es una famosa fotografía de la Guerra Civil Española, que muestra a un soldado herido cayendo al suelo. Ver: Burke, Peter, Ob. Cit., Página 30
[39] Ibidem, Página 46
[40] Esta propuesta de análisis es de elaboración personal, excepto aquellas ideas que hagan referencia al “OTRO”, las cuales se desprenden de la propuesta presentada por Peter Burke, Ob. Cit., Páginas 150 y siguientes.
[41] Ibidem, Página 156
[42] Soto, Angel, Ob. Cit., Pagina 103
[43] Ejemplos ilustrativos de las caricaturas izquierdistas las encontramos en: Soto, Angel, Ob. Cit., Páginas 107, 109, 111, 113, 125 y 126.
[44] Ibidem, Página 104
[45] Burke, Peter, Ob. Cit., Página 156
[46] Ibidem, Página 1848
[47] Los elementos característicos del diario Tribuna serán analizados en el capítulo III del presente trabajo
[48] Fermandois, Joaquín, Chile y el Mundo 1970-1973. La política exterior del gobierno de la Unidad popular y el sistema internacional, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 1985; Fermandois, Joaquín, Chile, ¿Peón o actor?, Estudios Públicos, 72, Santiago de Chile 1998. Páginas 151-171; Fermandois, Joaquín, La persistencia del Mito, Estudios Públicos 92, Santiago de Chile, Primavera 2003. Páginas 287-312.
[49] Año en que fue entregado el Informe Church en Norteamérica acerca de la acción de la CIA en Chile
[50] Datos concretos respecto de los vínculos establecidos entre Agustín Edwards y el Gobierno Norteamericano pueden ser encontrados en: Kornbluh, Peter, Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada, Ediciones B, Chile S.A., Santiago de Chile, 2003. Páginas 73-111 y 175-201.
[51] Uliánova, Olga; Fediakova, Eugenia. Algunos aspectos de la ayuda financiera del PC de la URSS al comunismo chileno durante la Guerra Fría. Estudios Públicos, 72 (1998).
[52] Nikolai Lenov, La Inteligencia Soviética en América Latina Durante la Guerra Fría, En Estudios Públicos Nº 73, verano 1999. Página 53
[53] Charla realizada en Centro de Estudios Públicos el 22 de septiembre de 1998. El general (R) Nikolai Leonov fue Vicedirector del Comité de Seguridad del Estado (KGB) de la Unión Soviética entre 1983 y enero de 1991, el segundo cargo más importante dentro de la estructura del KGB. Anteriormente fue Vicedirector del Departamento de Análisis e Información del KGB (1973-1982) y Vicedirector del Departamento de América Latina del KGB (1968-1972). El general Leonov es doctor en Historia de América Latina, Academia de Ciencias de la URSS, y autor del libro Ensayos de historia contemporánea de América Central (Moscú: Ed. Naulka, Academia de Ciencias, 1973). En 1995 publicó sus memorias bajo el titulo Tiempos difíciles (Moscú: Relaciones Internacionales). Actualmente es profesor del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú.
[54] Ibidem, Página 54
[55] Todos estos datos fueron expuestos por Nikolai Lenov en el CEP en el año 1999, y han sido corroborados por las investigaciones realizadas por Olga Ulianova y Eugenia Fedikova.
[56] Nikolay Lenov, Ob. Cit., Página 55
[57] Proyecto de Desclasificación Chile, 1999. Iniciativa del gobierno de Estados Unidos a fines del mandato de Bill Clinton. Hasta noviembre del 2000 el gobierno de EEUU liberó más de 24.000 documentos secretos sobre Chile. De la totalidad de los documentos desclasificados existe una copia en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile.
[58] Kornbluh, Peter, Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada, Ediciones B, Chile S.A., Santiago de Chile, 2003
[59] Fermandois, ¿Peón o Actor?…, Ob. Cit., Página 157
[60] Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 17
[61] Un completo análisis de la Crisis de los misiles cubanos, donde se incorpora el estudio de las misivas enviadas por Niñita Kruschev, J. F. Kennedy y Fidel Castro, junto al análisis de las conversaciones secretas del comité central del Gobierno Norteamericano, se encuentra en: Henríquez, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Trabajo de Titulación, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005.
[62] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 303
[63] Ibidem, Página 304
[64] La Vía Chilena al socialismo, elementos de una definición. Artículo preparado por Manuel Garreton y Felipe Agüero para el diccionario de Ciencias sociales de la UNESCO, 1974. En: Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993. Página 184
[65] El Partido Comunista desde 1960, comienza a conceptualizar y explicar en diversos artículos, discursos y declaraciones el significado de la Vía socialista que se esta emprendiendo en Chile, refiriéndose a ésta como Vía no armada.
[66] Joan Garcés, Luis Corvalán, Sergio Bitar, Tomás Mulían, Manuel Garretón, entre otros.
[67] Un compendio significativo de documentos del partido comunista referidos a la definición de la Vía Chilena al Socialismo se encuentran en: Corvalán, Luis, Camino de victoria, Impresora Horizonte, Santiago, 1972
[68] Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001, página 62
[69] Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: www.bicentenariochile.com
[70] Los discursos utilizados en el presente trabajo fueron extraídos de: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989; Allende, Salvador, Nuestro camino al socialismo: la vía chilena, Ediciones Papiro, Buenos Aires, 1971 y www.bicentenariochile.com
[71] Estas ideas son desarrolladas por Salvador Allende en su discursos del 5 de noviembre de 1970, y en Primer y segundo Mensaje al Congreso, 21 de mayo de 1971 y 1972
[72] Engels, citado por Allende en Discurso del 5 de noviembre de 1970
[73] Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974. Página 104
[74] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 87
[75] Ver: Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: www.bicentenariochile.com
[76] La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta (Artículo publicado en Principios, octubre de 1961). En: Corvalan, Luis, Ob. Cit., Páginas 39 y siguientes.
[77] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 189
[78] Ideas expuestas en el Programa de Gobierno de la UP.
[79] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 190
[80] Ver: Discurso de Salvador Allende, 5 de noviembre 1971.
[81] Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971. Página 30-34
[82] Allende, mensaje al Congreso 21 de mayo de 1971. Véase también Garcés, Joan, Ob. Cit., Página 108
[83] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 199
[84] Ibidem, Página 206
[85] Ibidem, Página 207
[86] Veneros, Diana, Allende, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile, Página 326.
[87] Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 34
[88] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 183 y SS.
[89] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 210
[90] Soto, Angel, Caricatura…, Ob. Cit., Página 98-102.
[91] Kornbluh, Peter, Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada, Ediciones B, Chile S.A., Santiago de Chile, 2003. Páginas 72-102
[92] Fermandois, Joaquín, ¿Peón o actor?…, Ob. Cit., Página 155
[93] Soto, Ángel, Ob. Cit., Página 105
[94] Ver cuadros sinópticos de los temas abordados por Tribuna durante la visita de Fidel Castro
[95] Dentro de las líneas humorísticas, el chiste tiene como cualidad tener por objetivo hacer reir recurriendo a la picardía y el ingenio. Según el Diccionario de la Real Academia el chiste es un dicho u ocurrencia aguda y graciosa; un dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa. Muchas veces se presenta ilustrado por un dibujo. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Madrid, 1992. Volumen I, Vigésima primera edición, Página 650.
[96] Clarín, Santiago de Chile, 16 de noviembre de 1971, Portada.
[97] Tribuna, Santiago de Chile, 20 de noviembre 1971, página 7.
[98] Tribuna, Santiago de Chile, 15 de noviembre de 1971, página 5.
[99] Burke, Peter, Ob.Cit., Página 24
[100] Tribuna, Santiago de Chile, 30 de noviembre de 1971, página 5.
[101] Mercurio, Santiago e Chile, 13 de noviembre de 1971. Página 7
[102] Idem
[103] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 214.
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Categorías : HISTORIA CHILE, SALVADOR ALLENDE
SALVADOR ALLENDE: LA VIA CHILENA AL SOCIALISMO
28 05 2007.
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO
INSTITUTO DE HISTORIA
PROGRAMA DE MAGÍSTER EN HISTORIA
POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES
La vía chilena hacia el socialismo
Análisis de los planteamientos teóricos esbozados por los líderes
de la Unidad Popular
Profesores: Marco Antonio Huesbe
Eduardo Araya Leupin
Alumna: Ana Henríquez Orrego
(Descargar artículo publicado en REVISTA CAIP)
(Descargar artículo publicado en DIALNET)
INTRODUCCIÓN
¿En qué consistió la llamada Vía Chilena al Socialismo?. El concepto Vía chilena al socialismo se refiere al proyecto político de la Unidad Popular para acceder al objetivo del socialismo dentro de los marcos de sufragio, a través del uso de la institucionalidad vigente, de democracia, el pluralismo y la libertad[1]. Pero es necesario precisar que éste fue el nombre con el que Salvador Allende se refería al proyecto socialista chileno, ya que los demás miembros de la Unidad Popular preferían otro tipo de clasificaciones, tales como Vía Pacífica, Vía no armada, Vía no insurreccional, etc.[2]En la presente investigación tenemos por objetivo conocer y analizar los planteamientos teóricos y tácticos de la Vía Chilena al socialismo, considerando las diversas perspectivas presentadas al interior de la Unidad Popular, así como los análisis retrospectivos elaborados por sus principales protagonistas.
Todos los autores consultados,[3] los cuales formaron parte activa de la Unidad Popular, o bien, se identificaban con el movimiento de izquierda chileno, coinciden en señalar que las formulaciones teóricas referidas a la vía socialista que se llevó a cabo en Chile desde fines de 1970 hasta septiembre de 1973 eran muy deficientes.
No obstante, al comenzar nuestra investigación constatamos que tal deficiencia no se refiere a la falta de formulaciones teóricas en sí, sino a la vaguedad de sus postulados. Por ejemplo, si abordamos el estudio de los planteamientos sostenidos por el Partido Comunista chileno, podemos constatar la multiplicidad de documentos en los que se menciona, define y explica lo que ellos entendían por Vía Chilena al Socialismo[4]. Pero, como afirma Sergio Bitar, la gran mayoría de las referencias explicativas o definitorias, hacían más bien hincapié en los objetivos y no en las estrategias que se emprenderían una vez alcanzado el poder[5]. Esto queda evidenciado en el propio Programa de Gobierno de la Unidad Popular[6], en él se estipulan las metas a las que se pretende llegar y los cambios que se implementarán para establecer en Chile una economía socialista, pero no se mencionan estrategias claras, ni métodos, sólo se insiste en que serán utilizadas las vías institucionales.
Siguiendo la propuesta de autores tales como Sergio Bitar, Tomás Moulian, Manuel Garreton y Luis Corvalán, para lograr establecer una línea de investigación coherente respecto del significado de la vía socialista seguida por la izquierda chilena, es preciso analizar los postulados teóricos previos al asenso de la Unidad Popular al poder, y luego los postulados presentados durante su gobierno. Respecto al período anterior a 1970 la investigación nos conducirá de manera clara hacia los documentos elaborados por los líderes del Partido Comunista, ya que desde 1958 en adelante, en este partido se comenzó a formular planteamientos teóricos sistemáticos respecto de las particularidades de la vía elegida por la izquierda chilena para acceder al poder[7].
Ahora bien, una vez alcanzado el poder en 1970, el análisis debe encausarse con mayor atención hacia los planteamientos que el Presidente Salvador Allende fue estipulando a lo largo de su mandato a través de sus discursos[8]. Si bien es cierto, casi la totalidad de sus alocuciones dan luces respecto del significado atribuido a la llamada Vía Chilena al Socialismo, para efectos de la presente investigación se han seleccionado aquellos en los que con mayor profundidad se refirió al tema en cuestión:
ü Discurso de la Victoria, 4 de septiembre 1970
ü Discurso de toma de posición, 5 de noviembre 1970
ü Mensaje al Congreso, 21 de mayo 1971
ü La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual, 18 de marzo 1972.
Para lograr llevar a cabo la investigación hemos seguido una metodología de trabajo que contempla entre sus fundamentos el análisis de documentos escritos referidos a la vía chilena hacia el socialismo, entre ellos destacan: discursos, folletos, informes y artículos publicados en diversas revistas de Izquierda. Junto al estudio de los documentos primarios, en la investigación se contemplan las apreciaciones y análisis elaborados retrospectivamente por destacados líderes del la Unidad Popular, entre ellos destacan Joan Garcés y Luis Corvalán. También se incorporan las apreciaciones de Sergio Bitar, Manuel Garretón y Tomás Moulian.
Finalmente, para lograr comprender el contexto histórico en el que se desarrollan y ponen en práctica los planteamientos referidos a La Vía Chilena al Socialismo incorporamos el análisis de bibliografía general referida al Gobierno de Salvador Allende.
La investigación que aquí se presenta fue organizada en dos capítulos, el primero de ellos titulado “Líneas directrices respecto del significado de la vía chilena al socialismo”, en éste se precisarán las principales características de las fuentes de información en las que se basa nuestro trabajo.
El segundo capítulo se titula “Bases teóricas de la Vía Chilena al Socialismo” y estará plenamente destinado a analizar el significado de la vía chilena al socialismo. En primer lugar, nos referiremos a los postulados teóricos elaborados por el Partido Comunista de Chile entre los años 1958 y 1970, luego se exponen las principales características del Programa de Gobierno de la Unidad Popular y finalmente se examinan 4 discursos de Salvador Allende en los que expresa sus ideas respecto del significado de “la vía chilena al socialismo”. Este último apartado será acompañado del análisis de las probables causas que condujeron a la crisis y colapso del Gobierno de la Unidad Popular.
CAPÍTULO I
Líneas directrices respecto del significado de la vía chilena al socialismo
¿Hacia dónde dirigir nuestra búsqueda?
Tal como se ha precisado en la introducción del presente trabajo, las directrices respecto del significado de la “Vía Chilena al Socialismo”, hemos de sistematizarlas en 3 grupos. Por una parte, buscaremos las reseñas de las particularidades de la vía adoptada por la izquierda chilena antes del triunfo de la Unidad Popular, en segundo lugar analizaremos el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, y finalmente haremos referencia a las explicaciones que Salvador Allende, como Presidente de Chile, se encargó de hacer a lo largo de los tres años de su mandato.
Formulaciones teóricas previas al asenso de la Unidad Popular
Como afirman Tomás Moulián y Manuel Garretón, un completo compendio de documentos referidos a la vía socialista chilena, elaborados antes del asenso de Salvador Allende al poder, se encuentra en el libro Camino de Victoria, escrito por Luis Corvalán[9]. El libro es una recopilación de documentos elaborados entre 1958 y 1970. Éstos son artículos, discursos o declaraciones oficiales emitidos por el Partido Comunista a lo largo del período mencionado, y en su gran mayoría, el redactor directo o el encargado de proferir las alocuciones fue Luis Corvalán, quien era el máximo líder del Partido Comunista chileno, ocupando el cargo de Secretario General. Respecto de esto, el propio Luis Corvalán señala en una de sus publicaciones más recientes (2003), que en Chile, fue el Partido Comunista el primero en propiciar una vía alternativa, que tenía como principal característica no recurrir a las armas para alcanzar el poder[10]. Cuyo objetivo no era sólo formar parte de una coalición de Gobierno, como fue la participación del partido Comunista y Socialista en el Frente Popular.
Una explicación detallada de los diversos aspectos de la definición propuesta por el Partido comunista chileno, será abordada en el capítulo II del presente trabajo. Ahora baste decir que las principales temáticas desarrolladas por este partido fueron las siguientes: se pone énfasis en precisar que la vía adoptada por la izquierda chilena no contradice ni a Marx ni a Lenin; que a pesar de que la vía chilena se defina, esencialmente, por ser no armada, ello no implica abandonar la revolución; y finalmente que lo único que se descarta como estrategia es la Guerra Civil.
Programa de Gobierno de la Unidad Popular
Como afirma Sergio Bitar, para lograr comprender el significado de la vía socialista chilena, es preciso interpretar el programa de Gobierno de la Unidad Popular[11]. En este documento se encuentra una completa formulación de los objetivos que se proponía alcanzar la UP, en él se exponen las transformaciones que sufrirán las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales. En el fondo, es la precisión del significado que tendría para Chile asumir el socialismo.
El rasgo más importante del Programa radica en declarar, expresamente, que todas las trasformaciones estructurales serán realizadas dentro de la legalidad vigente, y que si esa legalidad debe ser transformada, ello se llevará a cabo siguiendo los conductos regulares y democráticos[12].
Los demás aspectos fundamentales se analizan el capítulo II.
Discursos de Salvador Allende
Como ya hemos afirmado, la denominación “Vía Chilena al socialismo”, fue el nombre con el que Salvador Allende se refería a la estrategia adoptada por la izquierda chilena. De este concepto se desprendían las particularidades en los métodos y estrategias adoptados para lograr alcanzar el poder y desde allí aplicar las transformaciones necesarias para hacer de Chile una sociedad socialista.
La concepción que Allende tenía acerca de la “Vía Chilena al socialismo” se encuentra contenida en los discursos proferidos durante los tres años que duró su mandato. Para efecto del presente trabajo fueron seleccionados 4 discursos. De los cuales, los dos primeros (4 de septiembre y 5 de noviembre), consignan los objetivos que pretende alcanzar la UP, declarando especialmente el ánimo de respetar la institucionalidad vigente.
El tercer documento corresponden al Primer Mensaje Presidencial ante el Congreso, el día 21 de mayo de 1971. En este discurso podremos evidenciar las formas concretas en que el socialismo fue tomando forma en Chile. Allende va perfilando y esbozando el significado de la “Vía Chilena al Socialismo”.
Finalmente, el discurso que más luces nos entrega respecto de la visión de Allende acerca de la vía socialista chilena, es el proferido en marzo de 1972 ante el Congreso pleno del Partido Socialista. En este discurso, Allende es enfático en contradecir los postulados del Partido Socialista, dirigido por Carlos Altamirano. A través de este discurso, podremos evidencias que la vía chilena, entendida como vía pacífica y no armada, no era una de las verdades consagradas dentro de la Unidad Popular.
CAPÍTULO II
Bases teóricas de la Vía Chilena al Socialismo
Si bien es cierto, la izquierda chilena formó parte de coaliciones de gobierno a partir de 1938, tal participación no conllevaba ni comprometía una opción concreta de alcanzar el poder. El año en que la izquierda comienza a barajar concretamente la posibilidad de alcanzar el poder a partir de la vía electoral es 1952. Año en que se produce el primero de los cuatro intentos por llevar a la Presidencia a Salvador Allende, militante del Partido Socialista. No obstante, como señala Tomás Moulian, las elecciones del ´52 no conllevaban expectativas de triunfo, fue más bien el modo de manifestar su oposición hacia Carlos Ibañez[13]. En cambio, las elecciones de 1958 y 1964, tuvieron otro cariz. En estas se pensó fehacientemente en la posibilidad de triunfar en las urnas. Los resultados de 1958 generaron muchas expectativas[14], y casi un total convencimiento de que en 1964 sería alcanzada al menos la mayoría relativa. De esto dan cuenta los diversos análisis publicados por el Partido Comunista a partir de 1958[15], los cuales pasamos a revisar a continuación.
1. Propuesta teórica del Partido Comunista
Los documentos que pasamos a analizara a continuación reflejan la propuesta que el Partido Comunista presentó respecto de las particularidades que tenía el significado de la vía adoptada por la izquierda chilena. Como se verá, el concepto desarrollado fue la “Vía Pacífica”. No obstante, como señala Luis Corvalán, tal denominación fue confundida con los siguientes conceptos: Vía no armada, vía no violenta, vía no insurreccional, vía política, vía electoral, vía institucional, vía democrática, vía constitucional, y vía chilena[16]. Tales confusiones, según Corvalán, llevaron al partido comunista a elaborar una serie de documentos que precisaran el significado de la “vía pacífica”.
a. Nuestra vía revolucionaria: Acerca de a vía pacífica (artículo publicado en revista Principios, enero 1961)
En Este documento, emanado del seno del Partido Comunista y firmado por su Secretario General, Luis Corvalán, se perfila una propuesta de análisis que tiene por objetivo señalar las peculiaridades de la estrategia adoptada por la izquierda chilena. El primer aspecto a destacar es el título del artículo, el cual parte con la afirmación de que la “vía pacífica” se encuentra dentro de los márgenes de la revolución. Ello, esencialmente, porque el motor de ambas vías es la lucha de clases, la diferencia de la vía pacífica sólo radica en que se descarta la Guerra Civil como medio para alcanzar el poder[17].
El artículo parte sosteniendo que la vía pacífica es, en esencia, también revolucionaria, se enmarca dentro de la tradición marxista-leninista y está acorde con los postulados convenidos en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, celebrado en 1956[18]. Por otra parte, también se puede considerar como una proyección concreta de los frentes populares que en Francia, España y Chile “dejaron claro que la clase obrera encabezada por su vanguardia pueden forjar un frente obrero y popular amplio y con ello conquistar el poder con la vía pacífica”[19]. En efecto, Luis Corvalán es enfático en señalar que la izquierda chilena, encabezada por el Partido Comunista y Socialista, desde finales de la década del ´30 optaron por recorrer el camino de la vía pacífica y que en efecto, el llamado realizado por el XX Congreso del PCUS vino a ratificar una realidad que en Chile era latente desde hacía décadas[20].
¿Por qué es posible el triunfo pacífico de la izquierda?. El documento en cuestión señala como primer factor, el fracaso evidente del capitalismo, el cual gana cada día más enemigos, abriendo paso a la consolidación de grupos anticapitalistas, dirigidos por la vanguardia revolucionaria[21]. A esta animosidad anticapitalista se suman las condiciones concretas del aumento del apoyo electoral que evidenció la izquierda Chilena el año 1958. En las elecciones de ese año, Salvador Allende, que se presentaba por segunda vez como candidato a la Presidencia, obtuvo sólo 30.000 votos menos que el vencedor, Jorge Alessandri. Esta situación lleva al Partido Comunista a afirmar que en 1958 “el movimiento popular estuvo a punto de conquistar el poder por la vía electoral, de originar un Gobierno popular y democrático con la representación básica de los partidos Comunista y Socialista”[22].
Según señalan, Tomás Moulian y Manuel Garretón, los resultados de las elecciones de 1958 hicieron que dentro de la izquierda proliferaran análisis auspiciosos respecto de las posibilidades de triunfar a través de la vía pacífica[23]. Tales análisis, como ya hemos afirmado, provinieron principalmente del Partido Comunista, y entre ellos figuran los artículos que estamos analizando.
Otros de los temas destacados en el documento “Nuestra vía revolucionaria: la vía pacífica”, son el carácter democrático de las dos vías existentes en el socialismo, es decir, la vía violenta y la vía pacífica[24]; la diferenciación entre la vía pacífica y la coexistencia pacífica, pues la primera es de carácter interno, y hace alusión al modo de alcanzar el poder, mientras que la otra se refiere al tipo de relación sostenida por los Estados socialistas y capitalistas[25].
Finalmente, el documento señala la necesidad de tener en cuenta las palabras de Lenin respeto de atender a las condiciones particulares de cada país. Es esto último lo que llevaría a entender que no existen contradicciones entre las experiencias socialistas llevadas a cabo por la vía violenta, de las emprendidas por la vía pacífica, es decir, concretamente entre la experiencia cubana y la experiencia de la izquierda chilena. Se enfatiza en lo irrepetible de las diversas experiencias socialistas, sosteniendo, por ejemplo que “Nada más pernicioso en el movimiento popular tratar de copiar mecánicamente los procesos revolucionarios que tienen lugar en otras partes”[26]. Destacando esta perspectiva, se reafirma el carácter revolucionario de la vía pacífica, recurriendo nuevamente a algunos escritos en que Lenin y Marx, habían previsto la posibilidad de que en ciertos países el triunfo del socialismo se produjese por la vía pacífica. Por ejemplo, respecto de Lenin, se cita el documento “El extremismo, enfermedad infantil del comunismo”, donde se señala que la violencia no es algo propio e intrínseco al comunismo, que ella se ocupa allí donde no son posibles otros canales de acción, como por ejemplo, las luchas electorales[27]. Respecto de Marx se cita un discurso pronunciado en Ámsterdam el año 1872, donde habría señalado la posibilidad de que el proletariado lograra llegar al poder sin el recurso de las armas.[28]
b. La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta (Artículo publicado en Principios, octubre de 1961)
En octubre de 1961, el Congreso Pleno del Comité Central del Partido Comunista se planteó como objetivo elaborar una definición más precisa del significado de la vía pacífica, intentando responder, principalmente a las siguientes preguntas: ¿por qué en Chile el socialismo se debe alcanzar por la vía pacífica?, ¿cómo manifiesta esta vía el carácter revolucionario?[29].
El documento que respondió a estas preguntas fue publicado en octubre de 1961 en la revista Principios, bajo el título “La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta”. Se parte afirmando que en Chile existen las condiciones políticas para que el poder sea conquistado a partir de la vía electoral, pero no de la forma en que fue pensada por Lenin o posteriormente por el XX Congreso del PCUS. Según éstos la vía pacífica significaba que las masas conquistarían el poder parlamentario[30]. Mientras que en Chile, según el análisis presentado por el Partido Comunista, lo más probable era que el poder pudiera ser alcanzado a través de una elección presidencial, puesto que la Constitución Política del Estado chileno, es esencialmente, presidencialista, concediendo al Presidente amplios poderes y atribuciones y situando de ese modo el cargo presidencial como el más importante dentro del contexto político nacional[31].
Ahora bien, la vía pacífica es, según este análisis, una vía revolucionaria porque no desmoviliza a las masas, su participación en el proceso es esencial y son ellas las que deben evidenciar la lucha entre las clases. En efecto, en el documento se sostiene que “se debe dejar claro que dicha vía solo excluye la guerra civil o la insurrección armada y no otras formas agudas de lucha, que se puede utilizar por diversos canales y no solo por la utilización del parlamento; que se basa en la acción de las masas; que su contenido es esencialmente revolucionario y que se debe estar preparado para cualquier cambio de situación y por tanto para emprender otra vía”[32].
Todo este conjunto de apreciaciones va encaminada a contravenir las críticas que ciertos sectores de la izquierda, liderados, por ejemplo, por Clotario Blets, han ido realizando a la “vía pacífica”. Estos sectores insisten en afirmar que lo propio de la fuerza popular está en la insurrección y en la violencia. Ante ello, el Partido Comunista responde afirmando que “El proletariado y su partido, nunca han sido partidarios de la violencia por la violencia, están por el camino menos dolorosos, por evitar en lo posible los derramamientos de sangre y las destrucciones de los bienes materiales y culturales… Antes se ponía énfasis en la violencia porque las condiciones difícilmente daban para conseguir otro camino”[33].
La vía pacífica es una forma de la revolución (artículo publicado en Nuestra Época, diciembre 1963
Otro de los documentos relevantes elaborados por el Partido Comunista acerca del significado de la vía socialista chilena, es el emitido en diciembre de 1963, publicado en la revista Nuestra Época[34]. La relevancia de este documento radica en que él nos muestra la percepción del partido Comunista en vista a la próxima elección presidencial (1964). En este documento se muestra un análisis detallado de las condiciones concretas que permitirían a los partidos de izquierda conquistar el poder.
Se parte sosteniendo que el Frente de Acción Popular (FRAP), que agrupa a los partidos Comunista, Socialista, Democrático Nacional y otras colectividades, luchará resueltamente por la conquista del poder político[35]. En la contienda electoral del año 1964 se enfrentaron Salvador Allende por el FRAP, Julio Durán por el Partido Conservador, Liberal y Radical y Eduardo Frei por la Democracia Cristiana. Las posibilidades de que Allende llegara a triunfar, según el análisis presentado en este artículo, eran amplias, y se basaban esencialmente en los siguientes aspectos:
“el FRAP es una sólida coalición de partidos, cuyo programa antiimperialista y antifeudal responde a las exigencias objetivas del desarrollo social y a los intereses y aspiraciones de la mayoría de la población.
El sistema político electoral chileno a pesar de sus limitaciones, permite hacer de las elecciones presidenciales una coyuntura decisiva para la generación de un gobierno popular.
La mayoría nacional está por los cambios revolucionarios a través de la vía no armada.
Las tradiciones democráticas burguesas y la lucha del pueblo por defensa y ampliación de libertades públicas gravitan contra propósitos antidemocráticos de la ultra reacción y favorecen la lucha contra sus tentativas golpistas”[36]
Como se puede ver, se confiaba en la fuerza que adquiría la amplia coalición de partidos que conformaban el FRAP, en las características del sistema político electoral, en la buena acogida que tenía entre la población la propuesta de provocar los cambios estructurales necesarios para hacer de Chile una sociedad socialista a través de la vía pacífica y, finalmente, se confiaba en la tradición democrática de la burguesía chilena, lo cual no hacía factible una reacción golpista ante el eminente triunfo de Salvador Allende.
Los temas abordados en el documento en cuestión son los siguientes:
En primer lugar, se expresa que el conjunto de partidos que componen el FRAP aceptan participar de la vía electoral, como mecanismo para acceder al poder por la vía pacífica, aunque ante ello se señala que las elecciones no son la única posibilidad de alcanzar el poder sin violencia[37]. Luego, se sostiene y se reitera uno de los temas más extensamente tratados a lo largo de todos los documentos del Partido Comunista entre 1958 y 1970, es decir, el carácter revolucionario de la vía pacífica. Se afirma que la vía elegida por la izquierda chilena es, esencialmente, revolucionaria y que tiene por fundamento la movilización de las masas. Esto último, en respuesta a las críticas del Partido Comunista chino hacia la estrategia desarrollada por su homólogo chileno. Según el PC chino, la vía pacífica significa conciliación entre las clases y aceptación del imperialismo capitalista. En consecuencia, se reprocha al PC de Chile desvirtuar la esencia de la lucha de clases[38].
El último aspecto que se aborda en el documento, “La vía pacífica es una forma de la revolución”, es la plena disposición del FRAP a aceptar la institucionalidad y la legalidad vigente en Chile[39]. Este tema, según expresa aclaración de su firmante, Luis Corvalan, “es la respuesta a las difamaciones aparecidas en El Mercurio y El Ilustrado. Las páginas de los diarios reaccionarios objetan la posibilidad de la vía pacífica, niegan la posibilidad de alcanzar el poder sin recurrir a las armas, predican a tontas y a locas que usaremos la violencia armada”[40].
Ahora bien, entre los años 1963 y 1964 proliferaron los documentos (artículos y discursos) en los que el Partido Comunista daba a conocer su confianza en la posibilidad de triunfar en las urnas[41]. Se pensó concretamente en que Salvador Allende lograría imponerse a los otros candidatos. No obstante, las elecciones de 1964 terminaron siendo la tercera derrota consecutiva de Allende. Ante tal situación la formulación teórica de la vía pacífica entró en crisis, “sólo el Partido Comunista no cayó en la fantasía épica de la lucha armada, que proliferó en los sectores socialistas y otros grupos de izquierda extremos”[42].
2. La vía pacífica en crisis
Tras la tercera derrota consecutiva de Salvador Allende como candidato a la Presidencia, cundió el desánimo en la izquierda chilena[43]. Algunos grupos se mostraron pesimistas frente a la vía electoral. En efecto, empezaron a desarrollar discursos críticos sobre el electoralismo y el parlamentarismo. Apareció la propaganda de las acciones armadas, cuyo foco principal fue la Revista Punto Final. Por otra parte, apareció El MIR (Movimiento de izquierda revolucionario), “constituyendo un grupo de jóvenes que afirmaban y enrostraban a sus mayores que la revolución no se hacia entre los decorados neoclásicos del Parlamento, ni tampoco con masas indefensas”[44].
El proceso que llevó a la formación de un nuevo pacto entre los diversos grupos de izquierda fue complejo. La posición extremista de varios líderes del socialismo (entre ellos Carlos Altamirano), hacían difícil la comunicación con el Partido Comunista.[45] Arduo fue el proceso que llevó finalmente a proclamar como candidato a Salvador Allende, quien por cuarta vez consecutiva intentaría llegar a la presidencia.
3. La vía socialista chilena en el Programa de Gobierno de la UP
En el Programa de la Unidad Popular se establecieron los objetivos que la coalición de partidos de Izquierda de Chile pretendía alcanzar una vez obtenido el control del Estado[46]. Los principios básicos que regían el Programa se encuentran contenidos en los siguientes conceptos: Democracia, pluralismo y libertad.
Respecto de la Democracia, se afirma que el triunfo del poder popular tiene por objetivo cumplir la doble tarea de “preservar, hacer más efectivos y profundos los derechos democráticos las conquistas de los trabajadores” y “transformar las actuales instituciones para instaurar un nuevo Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”[47]. En el Programa se evidencia la consagración del respeto al pluralismo y la libertad, afirmando que se respetará plenamente el pluripartidismo y las diversas libertades propias del ciudadano, tales como la libertad de culto y expresión[48].
Teniendo en cuenta tales principios, la Unidad Popular proponía llevar a cabo profundas y radicales transformaciones, las cuales se encargarían de hacer de Chile una sociedad socialista[49]. Las particularidades de la propuesta de la izquierda Chilena, radicaba, esencialmente, en los métodos para alcanzar los objetivos. Es decir, la forma en que Chile llegaría a transformarse en una sociedad socialista. Como se explicó en el apartado anterior, el proyecto político de la Unidad Popular no puede ser entendido sin tener en cuenta que éste venía a significar la cuarta vez consecutiva en que una colación de partidos de izquierda intentaba llevar a la Presidencia a Salvador Allende. Desde 1952 la izquierda chilena se había propuesto como una meta seria la posibilidad de alcanzar el control del Estado por la “vía electoral”, para ello fue necesario aceptar y someterse a las reglas del juego[50]. Esta aceptación de reglas, se expresa concretamente en el Programa de Gobierno, ya que en éste se afirma la absoluta voluntad de respetar la institucionalidad y legalidad vigente. Sin embargo, como también se sostiene en el Programa, la finalidad última era lograr generar una nueva institucionalidad, que permitiera márgenes mucho más amplios y acordes con una sociedad socialista. Para ello, el principal paso que debía darse era crear una nueva Constitución Política[51].
Ahora bien, las profundas transformaciones que se planteaban en el Programa de la UP, tenían como punto de partida la constatación de los problemas y la crisis estructural en la que se encontraba sumida la economía nacional[52]. Según este diagnóstico, la sociedad chilena enfrentaba una crisis global, que sólo podía superarse mediante transformaciones profundas de su estructura. Entre las principales transformaciones que señala el Programa se encuentra la necesidad de poner fin al latifundio, a los monopolios y al control externo de las riquezas básicas para abrir el camino a la construcción socialista[53]. Estas características, hicieron que el Programa tuviera como líneas directrices de las transformaciones el anti-imperialismo, el anti-monopolismo y el anti-capitalismo[54].
Según los planteamientos del Programa, el factor fundamental que permitiría el paso al socialismo eran las transformaciones en la estructura económica. En el Programa se propone la socialización de los medios de producción, esto implicaba “construir un área estatal dominante, formada por las empresas que actualmente posee el Estado, más las empresas que se expropien. Como primera medida se nacionalizarán las riquezas básicas, que como la gran minería del cobre, hierro, salitre y otras están en poder de capitales extranjeros y de los monopolios internos”[55]. Lo anterior involucraba nacionalizar la gran minería, el sistema financiero, el comercio exterior, las grandes empresas y monopolios, y en general todas aquellas actividades que se consideraban estratégicas para el desarrollo del país, como es la energía eléctrica, los transportes, las comunicaciones, etc. A estas medidas se unía la aceleración del proceso de Reforma Agraria, que venía a completar el proceso de transformaciones estructurales de la economía nacional.
Los otros aspectos tratados en el Programa de Gobierno de la UP son “las tareas sociales”[56], las tareas en el área de la “cultura y educación”[57] y finalmente el tipo de “relaciones internacionales”[58] que establecería el Gobierno Popular.
Como se puede ver, el proyecto socialista expuesto en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular implicaba llevar a cabo una profunda reestructuración de la economía, de la sociedad y la institucionalidad, todo ello dentro de los márgenes de la legalidad vigente que tenía como principios básicos mantener y fortalecer el respeto a las libertades, el pluralismo y la democracia.
Discurso de la Victoria, 4 de septiembre 1970
Conocidos los resultados que le dan la primera mayoría relativa en las elecciones presidenciales[59], el líder de la UP se dirige a miles de partidarios reunidos en la Alameda, desde el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile, expresando que el proceso de reformas sociales recién comienza.
Confiando en que el Congreso ratificaría su victoria, Allende se presenta ante sus adherente como el Presidente de Chile. En este primer discurso, Allende pone énfasis en que su Gobierno respetará los derechos de todos los chilenos, pero así también declara que los objetivos propuestos en el Programa de la UP no serán transados y serán cumplidos[60]. En primer lugar se pondrá fin al dominio de capital foráneo sobre la economía nacional, acabando con los monopolios, llevando a cabo una profunda Reforma Agraria y un amplio programa de nacionalizaciones[61].
Así también, hace hincapié en señalar que el Gobierno tendrá un carácter revolucionario, pero revolución, dice Allende, “no implica destruir, sino construir; no implica arrasar, sino edificar… El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Aquellos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y responsabilidad de ustedes”[62].
Como se puede apreciar en este primer discurso se reitera los propósitos señalados en el Programa de la UP, lo cual implica asumir una vía revolucionaria que permita reestructurar por completo la economía, pero cuya principal característica habría de basarse en el respeto al orden legal vigente en Chile.
Discurso de toma de posición, 5 de noviembre 1970
Este discurso fue pronunciado por Salvador Allende en el Estadio Nacional al tomar posesión del Gobierno, el 5 de noviembre de 1970.
Comienza el discurso presentando el lúgubre panorama económico que caracteriza a Chile, reiterando el análisis expuesto al comienzo del Programa de Gobierno de la UP. Es decir, una economía caracterizada por la explotación, la desigualdad y la opresión. Ante ello, Salvador Allende procede a dar respuesta a la siguiente interrogante ¿cuál es el Chile que heredamos. La respuesta es catastrófica: “Nuestra herencia es una economía herida por la inflación, que mes tras mes va recortando el mísero salario de los Heredamos una sociedad lacerada por las desigualdades sociales. Una sociedad dividida en clases antagónicas de explotadores y explotados. Una sociedad en que la violencia está incorporada a las instituciones mismas, y que condena a los hombres a la codicia insaciable, a las más inhumanas formas de crueldad e independencia frente al sufrimiento ajeno. Nuestra herencia es una sociedad sacrificada por el desempleo, flagelo que lanza a la cesantía forzosa y a la marginalidad a masas crecientes de la ciudadanía; masas que no son un fenómeno de superpoblación, como dicen algunos, sino las multitudes que testimonian, con su trágico destino, la incapacidad del régimen para asegurar a todos el derecho elemental al trabajo”[63].
Ahora bien, la vía socialista chilena propone dar solución a estas problemáticas llevando a cabo una nueva política económica, orientada a satisfacer los intereses populares, acabar con la dependencia del capital foráneo y con la actual distribución que sólo favorece a las clases dominantes.
El primer punto que enfatiza respecto de la vía socialista de Chile es que este camino se emprenderá por la vía pacífica, es decir sin la necesidad de recurrir a las armas, pues la mayoría en las urnas ha ratificado su ascenso[64]. Con notorio orgullo, Allende rememora el largo camino pacífico a partir del cual se ha llevado a cabo en Chile la conquista del poder. Insiste en recordar a sus adherentes que esta vía, la “Vía Chilena hacia el Socialismo” rechaza las luchas fratricidas. En efecto, llama a hacer un esfuerzo conciente por mantener la estabilidad republicana, que ya es algo propio de la República de Chile, y cuyas breves interrupciones ha sido provocada por las clases dominantes, “no por el pueblo de Chile”[65].
Allende afirma que la vía pacífica a partir de la cual el pueblo de Chile llega al poder tendrá por objetivo primario superar el sistema capitalista que las explota. Esa será la tarea que asumirá la Unidad Popular, pero todos los cambios se esperan realizar manteniendo la vigencia y el respeto de los valores democráticos y el reconocimiento de la voluntad mayoritaria. Ello implica buscar las metas revolucionarias teniendo en cuenta y siendo concientes de la realidad nacional, es decir, reconociendo las particularidades y diferencias con otras experiencias socialistas desarrolladas en el mundo. En estas circunstancias, Allende señala que Chile constituye un ejemplo para el mundo respecto de la posibilidad de que el movimiento anticapitalista llegue al poder por la vía electoral y sin que ello signifique alejarse de la teoría de los clásicos (Marx, Lenin y Engels). Recordemos pues, que al momento de formular la teoría de la vía al socialismo prescindiendo de la violencia, se tuvo principal interés en señalar que ni Marx, ni Engels ni Lenin fueron detractores de esta posibilidad.
Así pues, en este discurso en concreto, Salvador Allende cita las siguientes palabras de Engels: “Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución, se puede hacer lo que desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación”[66]. Según Allende esta es la realidad de Chile, por tanto es posible emprender la Vía Chilena al Socialismo, que implica en esencia no verse enfrentado a la necesidad de emprender una Guerra Civil.
Respecto de los ámbitos concretos que abarcará la vía chilena al socialismo, Allende vuelve a reiterar que se acabará con los monopolios, se nacionalizará el crédito, se acabará con los latifundios, realizando una profunda reforma agraria, se nacionalizarán las riquezas fundamentales, es decir las grandes minas del cobre, de carbón, de hierro, de salitre. Pero vuelve a señalar, el camino que se emprende, es el explicitado en el Programa de la Unidad Popular: El camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad[67].
Por tanto, la vía socialista implicaba superar el atraso económico y los problemas teniendo en cuenta las tradiciones democráticas de chile, por ejemplo el respeto al pluripartidismo, la libertad de conciencia y expresión.
En estas circunstancias, Allende finaliza el discurso dedicando algunas palabras a los extranjeros asistentes, invitándoles a hablar en sus respectivos países acerca de la vía chilena hacia el socialismo, a la cual también pueden refriese como vía democrática hacia el socialismo[68].
Primer mensaje al Congreso, 21 de mayo 1971
Sin duda, este es el documento que de mejor forma nos permite conceptualizar el significado de la Vía Chilena al socialismo. En él se establecen propósitos y lineamientos más claros y con un mayor grado de precisión. Se exponen en este informe los parámetros que ha seguido el Gobierno de la Unidad Popular para construir el Socialismo durante los 6 meses transcurridos desde la toma de posición, y las expectativas que se tienen para el futuro. Se subrayan las peculiaridades de esta vía Revolucionaria, cuyo principal fundamento se basa en el respeto de la democracia, el pluralismo y la libertad. Se enfatiza la necesidad de generar nuevas instituciones acordes con los objetivos socialistas que pretenden acabar con la pobreza, la dependencia y el subdesarrollo, teniendo conciencia de que no hay precedentes y que Chile es un pionero en este ámbito, sin que ello signifique negar o contradecir el planteamiento de los clásicos del marxismo-leninismo[69].
Allende sostiene en este discurso que lo fundamental de la Vía Chilena al Socialismo puede ser sistematizado en cuatro puntos: la legalidad, las libertades políticas, la violencia y la socialización de los medios de producción. Todos ellos habrían de transformarse en la base del proyecto revolucionario de carácter socialista chileno.
1. El principio de la legalidad
Una de las afirmaciones primarias del proyecto socialista expuesto en el Programa de Gobierno de la UP sostiene que será respetada la legalidad vigente. Esto vuelve a ser ratificado por Salvador Allende en este primer mensaje al Congreso. No obstante, es enfático en señalar que esta legalidad debe ser transformada, pues no responde a los intereses de la nueva sociedad que pretende construir el socialismo[70].
Superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, implica, según señala Allende ante el Congreso Pleno, reemplazar la actual Constitución, de fundamento liberal, por una Constitución de orientación socialista. Y el sistema bicameral en funciones, por la Cámara Única. Pero tales trasformaciones deben encausarse por las vías legales vigentes, lo cual implica un llamado a los miembros del Congreso para que colaboren con la vía revolucionaria socialista, que pretende respetar el Estado de Derecho vigente en Chile.
2. Las libertades políticas
El segundo punto que contempla la vía socialista chilena es el respeto de las libertades políticas, las cuales son reconocidas como una de los logros positivos heredados del período anterior. También han de ser respetadas la libertad de conciencia y de todos los credos profesados por los chilenos[71].
Evitar la violencia
Puesto que el camino hacia la construcción del socialismo no ha nacido de la lucha contra el despotismo monárquico o de otro tipo, sino contra las restricciones de una democracia liberal, no fue necesario recurrir a la violencia, al quiebre sangriento de la sociedad ni a una guerra civil, Allende declara como uno de los principios básicos del proyecto socialista chileno, la no aceptación de la violencia como medio para cimentar el poder popular. Señala que el socialismo será establecido sin generar ningún tipo de forma autoritaria de Gobierno. Así también se confía en el rol que habrían de desempeñar las Fuerzas Armadas y Carabineros, a quienes se encomienda la tarea de velar por el orden y la estabilidad interna de Chile. Desde esta perspectiva, Allende sostiene que sólo si la violencia es evitada, los objetivos socialistas serán alcanzados dentro de los márgenes de la democracia, el pluralismo y la libertad[72].
5. Socialización de los medios de producción
Partiendo de la base marxista de que los fundamentos de toda sociedad están establecidos en las estructuras económicas, el proyecto emprendido en Chile por la Unidad Popular considera fundamental la reestructuración de la economía, cuestión que permitiría transitar desde la economía capitalista hacia la socialista.
En su Primer Mensaje al Congreso, Allende expone los avances que se han realizado respecto de las transformaciones económicas. Se presenta como logros de los primeros meses del Gobierno Popular, la nacionalización del cobre y el hierro; la incorporación de cuantiosas empresas al área de propiedad social; la aceleración de la Reforma Agraria y la estatización de 9 bancos. Así también, destaca el logro de haber aumentado el poder adquisitivo de los trabajadores y haber mantenido bajos los niveles de inflación[73].
En este ámbito, Allende finaliza afirmando que “instaurar el socialismo significa reemplazar el modo de producción capitalista mediante un cambio cualitativo de las relaciones de propiedad y una redefinición de las relaciones de producción”[74].
La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual, 18 de marzo 1972.
Este documento corresponde al informe leído el 18 de marzo en el Pleno Nacional del PS efectuado en la localidad de Algarrobo. Publicado como folleto por el Departamento Nacional de educación Política del PS, abril de 1972[75].
Desde el punto de vista del análisis conceptual del significado de la vía chilena al socialismo, este documento resulta muy interesante debido a que en él vemos reflejada las disputas respecto de las tácticas a seguir en este proyecto. Mientras que Salvador Allende insiste en presentar el respeto a la legalidad y la institucionalizada de Chile y encausar las transformaciones dentro de sus márgenes, el Partido Socialista, da a conocer un informe en el que se expresa que el objetivo es destruir la institucionalidad vigente. Ante esto, Allende reacciona airadamente y en el documento que analizamos a continuación percibimos sus apreciaciones.
En primer lugar señala, que el Estado ha sido conquistado por el poder popular por la vía electoral y que actualmente se ha transformado en el medio a partir del cual se están llevando a cabo las transformaciones estructurales que harían de Chile una sociedad Socialista. Por tanto es un grave error que el Partido Socialista apruebe un informe donde se afirme que el paso siguiente sea destruir el Estado. Mucho menos, el informe puede definir el Estado como una herramienta del poder burgués, con un contenido de clase ni más ni menos que burgués. Ante ello, Allende sostiene “¿Quién puede suponer que un partido que cuenta entre sus militantes al ministro del Interior y al Presidente de la República debe proponerse la destrucción, la quiebra del aparato coercitivo del Estado?”[76].
Allende es enfático al señalar que es demagógico seguir afirmando que hay que destruir el Estado burgués, pues lo que debe hacerse es generar procedimientos y métodos claros para seguir avanzando hacia el socialismo, pero dentro de los márgenes institucionales y legales[77]. El Presidente recuerda a sus camaradas de Partido Socialista, que las bases de la sociedad descansan en la estructura económica y que son éstas las que deben ser modificadas, por tanto está lejos de ser el objetivo, la quiebra violeta del aparato estatal. Este aparato debe también ser modificado, pero no destruyéndolo, sino modificándolo, pero tal modificación también debe realizarse dentro de los márgenes legales[78].
Así pues, el documento constituye un fuerte llamado de atención hacia los integrantes del Partido Socialista, que insisten en teorizar respecto de la necesidad de destruir la institucionalidad vigente. Allende les señala que el pilar fundamental del camino socialista que ha emprendido Chile, se encuentra en el apoyo popular que confió en la propuesta pacífica para alcanzar el socialismo[79]. Así pues, Allende termina el documento sosteniendo que “nuestro camino hacia el socialismo no se ha iniciado sobre las piedras derruidas y humeantes del anterior aparato administrativo, sino que por el contrario, hemos llegado al gobierno con la administración pública organizada. Mal organizada desde el punto de vista de la revolución, por eso debemos reestructurarla… En Chile tenemos una administración en funcionamiento, que con todas sus deficiencias, limitaciones y obstáculos, está equipada material, técnica y profesionalmente para el manejo del Estado. No aprovecharla sería absurdo”[80].
Síntesis explicativa del conceoto “Vía Chilena al Socialismo”
Ahora bien, al proceder al análisis de los documentos elaborados por el Partido Comunista y los discursos de Salvador Allende, se puede afirmar que la definición del concepto “Vía Chilena al Socialismo” se centra en la modalidad en que el socialismo alcanzaría el poder en Chile. Lo esencial es la socialización de los medios de producción, la gestión del Estado por parte de los trabajadores, y un sistema de valores culturales que permitan la convivencia solidaria.
Su definición teórica contempla tres aspectos: una justificación negativa, una justificación de su posibilidad teórica y su viabilidad histórica y un conjunto de elementos que configuran la definición positiva.
DEFINICIÓN NEGATIVA:
Según esta perspectiva, la vía chilena es aquella que no sigue los caminos tradicionales de anteriores procesos socialistas: ella no utiliza la violencia física, no realiza una ruptura violenta con el orden social existente, es decir, no es una vía armada; no se basa en una forma dictatorial o autoritaria de Gobierno y no contempla la exigencia de un partido único de Gobierno[81].
LA JUTIFICACIÓN TEÓRICA:
Por un lado se encuentra la posibilidad teórica prevista por los clásicos de la teoría marxista (Marx y Lenin). Donde puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde, de acuerdo a la Constitución, se pude hacer lo que se desee, desde el momento que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación[82].
Para lograr el socialismo sin el recurso de las armas, deben existir ciertas condiciones, las que en el caso chileno eran:
- La existencia de un Estado de estructura primordialmente burguesa, con separación de poderes y régimen presidencial con Ejecutivo fuerte, con creciente intervención en la vida económica, dotado de un conjunto de mecanismos, legitimados, entre ellos el sistema electoral, para resolver los conflictos[83].
- Un desarrollo democrático relativamente amplio que haya configurado un conjunto de condiciones políticas, entre las que se cuentan la sólida organización política y sindical de las clases obreras y las masas populares con la consagración de su poder de presión, la existencia de partidos políticos organizados que representen la ideología de las diversas clases sociales, el ejercicio real de la libertad, un sistema de elecciones libres y periódicas con alta participación y un sistema jurídico abierto[84].
A lo anterior se agrega la experiencia de una prolongada crisis económica con el fracaso histórico de los modelos de desarrollo dentro del sistema capitalista. Sistema que excluía la intervención de potencias extranjeras y finalmente, el factor subjetivo constituido por la fuerte conciencia política y revolucionaria de los sectores más significativos del proletariado. Estos elementos se evidencian en el análisis expuesto en la introducción del Programa de la UP, donde se expone el lúgubre panorama de la economía nacional y las causas que la mantienen en un estado deplorable[85]. La confianza en el poder intrínseco que contenían los movimientos de masas se encuentran ampliamente expuestos en los documentos elaborados y publicados por el Partido Comunista entre 1958 y 1970[86].
LA DEFINICIÓN POSITIVA. Abarca principalmente los siguientes ámbitos: el Rol de la institucionalidad, el papel del movimiento popular, las tareas programáticas, la definición en torno a las libertades públicas y el sistema de expresión política y el rol de la violencia y las Fuerzas Armadas.
En primer lugar la vía chilena al socialismo habría de iniciarse con la conquista de poder Ejecutivo, por parte del movimiento popular, conducido por los partidos de izquierda. El Gobierno aparece como elemento estratégico en la lucha por el poder político de los trabajadores y del pueblo en general. A partir de él se puede iniciar la transformación social que conduce al socialismo. Pero como la conquista el Gobierno no alteró el conjunto de la institucionalidad vigente y, por lo tanto, son dentro de sus marcos que deberían realizarse estas transformaciones. La meta es crear una nueva institucionalidad y una nueva legalidad a partir de la existente, culminando en una nueva constitución aprobada según las normas prescritas en la Constitución vigente.
La propuesta de la Unidad Popular implicaba no destruir la institucionalidad, sino servirse de ella para transformarla. Según el análisis expuesto por Salvador Allende en sus discursos, históricamente esta institucionalidad había sido usada por los grupos sociales dominantes para la perpetuación del sistema y sus posiciones y dominio, mientras que la vía chilena al socialismo pretendería usarla al servicio de los intereses de las clases populares y de su proyecto de construcción de un nuevo tipo de sociedad, lo que implica un cambio del contenido de clase en el aparato normativo y organizacional del Estado. En esto radica la característica de gradualidad de la vía chilena al socialismo, por lo que el conjunto de la institucionalidad y del Estado sería transformada progresivamente por el movimiento popular a partir de su conquista del gobierno.
Así pues, desde la óptica de los líderes de la UP, la conservación de la sociedad no está en la sociedad misma, sino en el poder económico y en las relaciones sociales establecidas por los grupos dominantes[87]. El primer aspecto que debía concretarse para alcanzar la vía chilena al socialismo era una consolidación de una amplia alianza de clases en torno a ellos, especialmente de las llamadas capas medias, que solo excluía a los denominados enemigos fundamentales de la revolución chilena, es decir, la gran burguesía monopólica y agraria, y sus representantes políticos[88].
Entre las tareas básicas que se proponía alcanzar la vía Chilena al Socialismo se encontraba la realización de tareas destinadas a satisfacer las necesidades materiales de las masas trabajadoras y a ampliar las bases económicas sociales y culturales de la democracia política, y las tareas destinadas a promover las reformas socioeconómicas que modificaran el sistema capitalista. En este ámbito, se subrayó que lo primordial era asegurar la distribución masiva del ingreso a favor de los sectores populares y asegurar a la propiedad social de los medios de producción fundamentales, los cuales, se encontraban hasta el momento en poder de los grupos monopólicos[89].
Siguiendo los discursos de Salvador Allende, uno de los principales objetivos propuestos considerados en la Vía Chilena al Socialismo se encontraba la socialización de los medios de producción. En este ámbito, el Estado se convertía en el objetivo político a conquistar y, al mismo tiempo, en un medio a partir del cual se podrían satisfacer intereses inmediatos de las masas populares. Estos elementos fueron los que Allende enrostró a los líderes del Partido Socialista, que seguían insistiendo en la necesidad de destruir el Estado, sin aceptar que era este el medio a partir del cual se llevarían a cabo las reformas necesarias.
Desde el punto de vista estratégico, la formulación teórica de la Vía Chilena al Socialismo implicaba alcanzar los objetivos socialistas manteniendo la democracia, el pluralismo y la libertad. Se puso énfasis en sostener que se mantendría el sistema democrático vigente, se mantendrían y ampliarían las libertades individuales y colectivas y su expresión política en el régimen de partidos. Garantiza la existencia y el pluralismo de los partidos de oposición. También acepta la existencia de la multiplicidad de partidos de gobierno, y en ningún caso se iría contra las libertades religiosas imperantes en Chile[90].
La principal singularidad de la vía Chilena al Socialismo, era la exclusión de la violencia física y abierta como medio de lucha política. Este tema se subrayó en todas las formulaciones teóricas desarrolladas con anterioridad al asenso de Salvador Allende al poder. El Partido Comunista elaboró una gran cantidad de documentos donde expuso el significado de la vía chilena, denominándola “Vía Pacífica o Vía no armada”, esto implicaba poner de relieve la diferencia de la experiencia socialista chilena con las demás experiencias socialistas del mundo, por ejemplo la soviética, la china y la cubana[91]. No obstante, como señaló Allende en su primer Mensaje a Congreso el 21 de mayo de 1971, “el desarrollo violento de la revolución que busca ser evitado, sólo es admitido como una posibilidad de respuesta a la violencia que ejerzan contra el gobierno sus enemigos políticos”[92].
Finalmente, respecto de la definición de la Vía Chilena al Socialismo debemos señalar que fue objeto de grandes controversias. Desde sectores de derecha se planteó la incompatibilidad fundamental entre democracia y socialismo. Sólo la consideran como la utilización por parte del movimiento comunista internacional del lenguaje propio del sistema político chileno, con el fin de encubrir el acceso al poder total del Partido Comunista y la instalación de la dictadura del proletariado. Esta situación, se desarrolló ampliamente en los análisis políticos de El Mercurio, donde se exponían las incompatibilidades entre el socialismo y la democracia[93].
Tampoco en la izquierda hubo consenso en el concepto. Para algunos, el concepto era inadecuado por apartarse de las leyes que rigen los procesos revolucionarios socialistas. Mientras que otros sectores de izquierda que no participaban del gobierno, cuestionaban la existencia de la vía chilena al socialismo que excluía, por definición, el enfrentamiento armado y la destrucción violenta del Estado y la institucionalidad. Para estos, el carácter burgués del estado generaba contradicciones insuperables con el movimiento revolucionario, lo que conduce necesariamente al conflicto violento. Estas visiones fueron expresadas, principalmente en la revista Punto Final que recogía la posición del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
Perspectiva general de la crisis y colapso del proyecto socialista chileno
Tras 3 intentos fallidos por alcanzar el poder presidencial, Salvador Allende logró triunfar en las urnas el 4 de septiembre de 1970, obteniendo 1.075.616 votos, lo cual significó un 36,3% del total[94]. Ello implicaba que comenzaría su gobierno con una evidente minoría de apoyo, que también se reflejaba en la composición del Congreso. No obstante, el carácter doblemente minoritario del gobierno no era anormal en Chile: González Videla, Ibáñez y Alessandri habían sido ratificados por el Congreso sin alcanzar mayoría absoluta. Incluso Alessandri obtuvo porcentaje más bajo que Allende. Así también, la mayor parte de los presidentes chilenos no tuvieron mayoría en ambas Cámaras y a veces ni siquiera en una de ellas[95].
Así pues, como señala Tomás Moulian, la falta de apoyo en el Congreso era recurrente en el sistema político chileno. Por ello en este aspecto no puede radicar la esencia de la explicación de la crisis y colapso de la institucionalidad política de Chile en 1973. Lo que sucede es que un presidente con minoría en ambas Cámaras no podía pretender realizar un amplio programa de reformas. Estaba obligado a una política de compromisos y negociaciones. Que en algún minuto se intentó llevar a cabo a partir de un acercamiento hacia la Democracia Cristiana, pero tal objetivo fracasó[96].
El problema fue que la UP llevó a cabo su amplio programas de reformas a través de una estrategia de cambios extraparlamentaria usando mecanismos que aumentaban las facultades presidenciales[97]. Se buscaron y utilizaron todos aquellos elementos o resquicios legales que pudieran servir a los fines propuestos en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular. Por ejemplo, para eludir al Congreso, donde no tenia mayoría, el Gobierno recurrió a un viejo decreto-ley, dictado durante la República Socialista de 1932 (DL N° 520). Este autorizaba la requisición, intervención o expropiación de cualquier empresa privada que produjera o distribuyera artículos básicos o de primera necesidad y que no respetara las leyes que regulaban el control de precios o sancionaban la especulación; la acumulación de stocks previendo alzas en los precios oficiales de ciertas mercaderías; la interrupción de la producción; y la negativa de operar a plena capacidad[98].
Bajo esta circunstancia, en el sector agrícola e industrial, los trabajadores comenzaron a ocupar las fábricas y fundos, o a declararse en huelga para que estos fueran rápidamente nacionalizados o expropiados mediante la aplicación del decreto-ley 520. No obstante, la situación de poder de la UP no permitía planear la realización rápida del programa de reformas. Ya que si bien era frecuente la existencia de un gobierno minoritario, era imposible pretender reorganizar la economía y la sociedad sin buscar un apoyo mayoritario. Se evadía que una parte importante de la sociedad podía cuestionar la legalidad formal de los procedimientos usados.
Si bien es cierto, hubo posibilidades de acuerdos con la DC, las negociaciones no fructificaron. Además en la UP no existía mucha sensibilidad a las limitaciones institucionales, puesto que se apostaba a la movilización como receta mágica para ampliar su margen de maniobra. Se creía ingenuamente en el poder de la combatividad de las masas. Esta situación se evidencia en la mayoría de los análisis teóricos elaborados por el Partido Comunista antes y durante el Gobierno de Salvador Allende. En estos documentos se sostenía que las manifestaciones populares, las marchas y las grandes concentraciones de obreros y campesinos serían la principal arma contra los intentos de sabotear el Gobierno popular[99]. No se asumió con realismo que no era posible realizar las reformas que la Unidad Popular proponía sin formar un amplio bloque político, que le diera no sólo legitimidad al régimen, sino que también le concediera poder político real en el Congreso.
Entre mayo y junio del 72 se estuvo a punto de llegar a un acuerdo DC-UP, pero este fracasó y la DC terminó por entenderse con los sectores de derecha, entregando ahora base popular a una aposición que esperaba el derrumbe del régimen. Oposición que en octubre de 1972 se embarcó en un largo paro de camineros, comerciantes, empleados, médicos, cuyo objetivo era demostrar el carácter ingobernable de la sociedad y la ilegitimidad práctica del gobierno.
La crisis económica con alta inflación, desabastecimiento y caída de la producción, que había sido el fantasma que rondaba al Gobierno de la UP desde marzo de 1971, se hizo evidente en 1972[100].
Lo concreto fue que para llegar a alcanzar una negociación fructífera con otros sectores políticos, la UP, debería haber estado dispuesta a transar, pero dentro de la UP había un sector insensible a la necesidad de negociar, que creía que había que agudizar las contradicciones y llegar hasta los puntos límites. Este era el sector que seguía creyendo en la fuerza mística de las masas. En estos grupos se encontraban personas como Carlos Altamirano y grupos radicalizados como el MIR y el Mapu[101].
En definitiva, el cuadro de crisis política, inestabilidad, polarización, crisis económica, con su característico desabastecimiento, las colas y las alzas, fue el resultado de intentar llevar a cabo un radical programa de reestructuración económica sin contar con el apoyo suficiente en el Congreso, lo que implicó aumentar los rasgos de ilegitimidad, que fue ampliamente explotado por la prensa adversaria de la UP. Al actuar por medios o resquicios legales, se creyó estar encausando la estructura económica hacia el socialismo, pero al mismo tiempo se perfiló una sensación de abuso de poder que pretendía obviar su condición de minoría política en el Congreso.
El desenlace del proyecto político llevado a cabo por la Unidad Popular entre el 70 y el 73, escapa a los márgenes de nuestra investigación, no obstante, vale decir que la denominada “Vía Chilena al Socialismo” llegó a su fin el 11 de septiembre de 1973 con la abrupta intervención de las Fuerzas Armadas y Carabineros, en la cual se conjugaron los factores de polarización y crisis interna con los intereses e intervención de fuerzas foráneas, en forma directa la de EEUU a través de la CIA que se encargó de canalizar y asesorar las fuerzas anti-allendistas[102] y la URSS en forma menos nítida, pero también significativa, apoyando económicamente y asesorando al partido comunista[103].
Al respecto, podemos señalar que no se cumplió uno de los supuestos básicos para que la Vía Chilena al Socialismo pudiera consolidarse, es decir, la no beligerancia de las Fuerzas Armadas y de Orden, las cuales según los postulados de Allende habrían de haberse transformado en el valuarte de la defensa de la institucionalidad chilena. Así también, otro de los supuestos necesarios era la no intervención de fuerzas externas. Ninguno de los dos supuestos se cumplió y el proyecto socialista chileno sólo duro tres años.
CONCLUSIÓN
El proyecto socialista emprendido por la izquierda chilena tuvo como principal característica haber propuesto alcanzar los objetivos socialistas dentro de los márgenes de la legalidad vigente en Chile, lo cual implicaba, fundamentalmente, respetar los principios de la libertad, el pluralismo y la democracia.
Como se pudo apreciar a través de la presente investigación, la teorización respecto del significado de la vía socialista chilena llevada a cabo durante el Gobierno de la Unidad Popular (noviembre de 1970 – septiembre de 1973), se remonta al año 1958, cuando el Partido Comunista de Chile comienza a elaborar una serie de documentos referidos a la “Vía Pacífica”. En este año, el Partido Comunista vuelve al escenario político, luego de haber permanecido una década en la ilegalidad producto de la aplicación de la ““Ley Para la Defensa Permanente de la Democracia”. A partir de este momento y hasta 1970, fue el Partido Comunista el que con mayor énfasis se encargó de esclarecer el significado de la vía adoptada por la izquierda chilena. Un segundo ámbito de análisis lo constituyó el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, en el cual se exponen los objetivos que pretenden ser alcanzados por la coalición de partidos compuesta por el Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente. Finalmente, constatamos que fueron los discursos de Salvador Allende en los que con mayor precisión fue expuesto el significado concreto de la Vía Chilena al Socialismo desde el punto de vista estratégico.
Teniendo en cuenta este panorama, en primer lugar, dirigimos nuestro análisis hacia la documentación elaborada por el Partido Comunista entre 1958 y 1970. De estos documentos se desprende que entre los principales objetivos que tuvo el Partido Comunista estaba la necesidad de precisar que la vía adoptada por la izquierda chilena no contradecía ni a Marx ni a Lenin, lo cuales habían previsto la posibilidad de que en ciertos lugares fuera viable avanzar hacia el socialismo sin la necesidad de recurrir a la Vía Armada. Así también, se señala que la vía chilena está en consonancia con los postulados del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, celebrado en 1956, donde también se teorizó respecto de las posibilidades de que el socialismo pudiera acceder al poder por la vía electoral. Por otra parte, también se señala, enfáticamente, que a pesar de que la vía chilena se defina, por ser no armada, ello no implicaba abandonar la revolución, pues el carácter revolucionario radicaba en los objetivos, no en sus tácticas. Y el objetivo seguía siendo transformar las estructuras socio-económicas de Chile. Finalmente, en cada uno de estos documentos es enfático en señalar que lo único que se descarta como estrategia es la guerra civil y no las otras formas de revolución tales como la huelga general, la toma de terrenos, las luchas callejeras e incluso la conquista de la tierra por los campesinos en algunas partes[104].
Otro de los aspectos que cabe destacar de estos documentos es que se encargaron de precisar la correcta denominación de la vía socialista chilena. Pues si bien, proliferaron muchas designaciones tales como: Vía no armada, vía no violenta, vía no insurreccional, vía política, vía electoral, vía institucional, vía democrática o vía constitucional, lo correcto, según Luis Corvalán (Secretario General del Partido Comunista), era denominar esta vía como Vía Pacífica, la cual descarta que los cambios revolucionarios se alcanzaran por medio de la insurrección o guerra civil[105].
Ahora bien, entre las elecciones de 1958 y 1964 se produjo un gran optimismo respecto de las posibilidades de triunfar en los próximos comicios, puesto que los resultados obtenidos en la contienda presidencial de 1958 fueron auspiciosos y prometedores para la izquierda chilena, ya que Allende en su segunda candidatura, sólo quedó atrás de la primara mayoría por 30.000 votos. No obstante, como señala Manuel Garretón y Tomás Moulián, la “Vía pacífica” entró en crisis luego del tercer fracaso consecutivo de Allende en las elecciones Presidenciales. Cundió el desánimo en la izquierda, sobre todo en el Partido Socialista y en ciertos grupos revolucionarios extremistas como el MIR. Estaba, además, la muestra concreta de triunfo por la vía armada en Cuba. Ante ello, proliferaron las dificultades para volver a formar una colación de partidos para la siguiente contienda electoral. No obstante, luego de difíciles acuerdos, el Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular fue aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago. En este documento se expusieron los objetivos que implicaba llevar a cabo el proyecto socialista. En el programa se propone realizar una profunda reestructuración de la economía, de la sociedad y la institucionalidad chilena, todo ello dentro de los márgenes de la legalidad vigente que tenía como principios básicos mantener y fortalecer el respeto a las libertades, el pluralismo y la democracia.
No obstante, en el programa lo que se evidencia son sólo objetivos, no hay métodos ni estrategias, estas deben ser buscadas en los discursos de Salvador Allende. Si bien, como explicamos en el segundo capítulo de nuestro trabajo, todos los discursos de Salvador Allende explicitan el significado de la Vía Chilena al Socialismo, podemos afirmar que cuatro de ellos, se constituyen como fundamentales a la hora de dilucidar el significado de la vía socialista seguida por chile: el discurso de la victoria (4 de septiembre de 1970), el discurso de toma de posesión (5 de noviembre de 1970), el Primer Mensaje al Congreso (21 de mayo 1971) y La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual (18 de marzo 1972).
En todos estos discursos se expone que el objetivo último es cumplir cabalmente el Programa de Gobierno, y para ello, lo fundamental es respetar la legalidad vigente, para dentro de sus márgenes emprender el proceso de reestructuración social y económica, que requiere a su vez generar un nuevo tipo de institucionalidad, con una nueva constitución acorde con los principios socialistas. Se estipula la consagración del respeto a las libertades políticas y religiosas, así como también la aceptación del pluripartidismo. Ahora bien, para que estos objetivos puedan ser alanzados, lo esencial era evitar la violencia, pues ésta habría de poner en jaque el proyecto de la Vía Chilena al Socialismo, el cual era contrario a todo tipo de vía armada que pudiere derivar en una guerra intestina. En este ámbito el rol de las Fuerzas Armadas y de orden era fundamental, ya que en ellas descansaba la responsabilidad de velar por el mantenimiento de la estabilidad institucional.
Todo este conjunto de elementos eran los imprescindibles para lograr llevar a cabo el gran objetivo de la reestructuración de la economía. La cual, según los lineamientos establecidos por Allende constituían el pilar fundamental de la vía chilena al socialismo, pues en concordancia con la teoría marxista, señalaba que eran las relaciones económicas las que determinaban el ordenamiento social. Así pues, lo primordial era llevar a cabo la socialización de los medios de producción, que comprometía emprender un profundo programa de nacionalización de las riquezas estratégicas, una ampliación radical de la Reforma Agraria, la nacionalización de los bancos, la creación de una amplia área de propiedad social, etc.
En este ámbito, el Estado se convertía en el objetivo político a conquistar y, al mismo tiempo, en un medio a partir del cual se podrían satisfacer intereses inmediatos de las masas populares. Estos elementos fueron los que Allende enrostró a los líderes del Partido Socialista, que seguían insistiendo en la necesidad de destruir el Estado, sin aceptar que era éste el medio a partir del cual se llevarían a cabo las reformas necesarias para hacer de Chile una sociedad socialista. Se proponía pues, destruir la sociedad capitalista vigente, pero no por la violencia, sino por vías institucionales que mantuvieran las libertades, la democracia y el pluralismo.
El proyecto socialista llevado a cabo en Chile conoció su abrupto fin, luego de tres años de existencia. Dos de los supuestos básicos para su concreción no se cumplieron: la no beligerancia de las Fuerzas Armadas y la no intervención de fuerzas externas. Así pues, el experimento socialista chileno, único en el mundo por sus métodos, sucumbió bajo las botas de los generales.
Bibliografía específica:
1. Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001.
2. Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971
3. Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974
4. Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993.
5. Poliéster, Patricia, Altamirano, Ediciones Melquíades, Santiago de Chile, 1989.
6. Salvador Allende, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989
FUENTES:
DISCURSOS DE SALVADOR ALLENDE
1. DISCURSO DE LA VICTORIA
Balcones de la Federación de Estudiantes, 04 de septiembre de 1970.
(En: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989)
LA GRAN TAREA
Discurso en el estadio nacional al tomar posesión del gobierno, 5 de noviembre de 1970. (En: http://www.bicentenariochile.com/ )
3. PRIMER MENSAJE AL CONGRESO PLENO
21 de mayo de 1971
(En: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989. Páginas 77-102)
LA VÍA CHILENA AL SOCIALISMO Y EL APARATO DEL ESTADO ACTUAL
Informe leído el 18 de marzo en el Pleno Nacional del PS efectuado en la localidad de Algarrobo. (Publicado como folleto por el Departamento Nacional de educación Política del PS, abril de 1972)
Bibliografía chile 1970-1973
1. Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001.
2. Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971
3. Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974
4. Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993.
5. Poliéster, Patricia, Altamirano, Ediciones Melquíades, Santiago de Chile, 1989.
6. Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989
7. Veneros, Diana, Allende, Editorial Sudamericana Señales, Santiago de Chile, 2003.
8. Verdugo, Patricia, Allende, cómo la Casa Blanca provocó su muerte, Editorial Catalonia, Santiago de Chile, 2003.
9. Verdugo, Patricia, Interferencia Secreta, 11 de septiembre de 1973, Editorial Sudamérica, Santiago de Chile, 1998.
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Ana Henríquez Orrego
annyhen@hotmail.com
annyhen@yahoo.es
NOTAS
[1] La Vía Chilena al socialismo, elementos de una definición. Artículo preparado por Manuel Garreton y Felipe Agüero para el diccionario de Ciencias sociales de la UNESCO, 1974. En: Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993. Página 184
[2] El Partido Comunista desde 1960, comienza a conceptualizar y explicar en diversos artículos, discursos y declaraciones el significado de la Vía socialista que se esta emprendiendo en Chile, refiriéndose a ésta como Vía no armada.
[3] Joan Garcés, Luis Corvalán, Sergio Bitar, Tomás Mulían, Manuel Garretón, entre otros.
[4] Un compendio significativo de documentos del partido comunista referidos a la definición de la Vía Chilena al Socialismo se encuentran en: Corvalán, Luis, Camino de victoria, Impresora Horizonte, Santiago, 1972
[5] Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001, página 62
[6] Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: http://www.bicentenariochile.com/
[7] Cuestión que estuvo ligada directamente a la prescripción de la Ley de Defensa a la Democracia, que se produjo el último año de gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1958), y que implicó que el Partido Comunista podía volver a la legalidad.
[8] Los discursos utilizados en el presente trabajo fueron extraídos de: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989; Allende, Salvador, Nuestro camino al socialismo: la vía chilena, Ediciones Papiro, Buenos Aires, 1971 y http://www.bicentenariochile.com/
[9] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago de Chile 1993. Página 185
[10] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende, Editorial Lom, Santiago de Chile, 2003. Página 125
[11] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 57
[12] Programa Básico de la Unidad Popular, probado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. página 5. En: http://www.bicentenario.cl/
[13] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit.,Página 196
[14] Alessandri, 387.000; Allende 354.00; Frei 255.0000, Bossay 191.000 y Zamorano 41.000
[15] Año en que se deroga la “Ley de defensa a la Democracia” y le es permitido al Partido Comunista volver a participar de las contiendas electorales.
[16] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125
[17] Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit.: “Tanto la vía pacífica como la vía de la violencia son revolucionarias y exigen una tenaz lucha de clases, la movilización activa de las masas, la alianza obrera y campesina, la unión y la lucha de las más amplias fuerzas populares alrededor del proletariado, un gran partido comunista, la conquista de la hegemonía por la clase obrera… Cuando hablamos de la revolución por la vía pacífica sólo estamos señalando la posibilidad de cambios revolucionarios sin recurrir a la insurrección armada o a la guerra civil y no estamos descartando otras posibles formas de violencia en menor escala. La huelga general, la toma de terrenos, las luchas callejeras e incluso la conquista de la tierra por los campesinos en algunas partes”. Página 33- 34
[18] Ibidem, Página 25.
[19] Idem
[20] Ibidem: “En la práctica el movimiento popular chileno en virtud de las condiciones históricas concretas de nuestro país, ha venido desenvolviéndose por la vía pacífica desde hace varias décadas, desde los tiempos del frente Popular, es decir, desde hace casi 25 años, desde mucho antes que se planteara con fuerza la tesis sobre la posibilidad del desarrollo pacífico de la revolución en XX Congreso del PCUS”. Página 31
[21] Ibidem: “El capitalismo se hace cada día más odiado, los monopolios se apoderan del Estado, utilizan el poder para colocar toda la economía a su servicio, hieren a la burguesía no monopolista y se crean con ello condiciones objetivas para que la clase obrera, bajo la dirección de los partidos revolucionarios, promuevan y lleven a cabo una política de alianzas muy amplia con todos los sectores que están en contra de los monopolios, por el progreso la paz y la independencia de las naciones”. Página 29
[22] Ibidem, Página 30
[23] Garretón Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 201.
[24] Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit.: “Están equivocados los que equiparan la vía pacífica con la vía democrática, por que la vía de la violencia también es democrática, puesto que ambas se conciben en base a la voluntad, la lucha y la movilización de las masas”. Página 31
[25] Ibidem: “Tampoco vía pacífica es coexistencia pacífica. La política de coexistencia pacífica se refiere a las relaciones entre Estados de diferentes sistemas sociales y no a las relaciones entre las clases al interior de un país dado… Nosotros estamos por la vía pacífica en lo nacional y por la coexistencia pacífica en los internacional. La vía pacífica presupone lucha de clases y no colaboración de clases, no una existencia amigable entre explotadores y explotados, ni la renuncia al derecho a tomar las armas si ello fuera necesario. La coexistencia pacífica es también una forma de la lucha de clases en el plano internacional, limitada al terreno económico, político e ideológico y envuelve el compromiso entre las partes de no dirimir el pleito entre capitalismo y socialismo por el medio de la guerra y de dejar que cada pueblo determine por él mismo el régimen que prefiere”. Páginas 32-33
[26] Ibidem, Página 36
[27] Idem
[28] Idem
[29] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 124
[30] Corvalán, Luis, Camino de Victoria… Ob. Cit., Página 39
[31] Ibidem: “En Chile, si el poder político se ha de conquistar a través de un proceso electoral es más probable que ello ocurra entorno a una elección presidencial que a una elección de parlamentarios o de municipales. En Chile el poder ejecutivo tiene más atribuciones que el legislativo, está más identificado con el poder político y se pude conquistar con sólo obtener la primera mayoría relativa en las urnas. Una vez conquistado el poder ejecutivo se crearían mejores condiciones para obtener mayoría absoluta en el parlamento y por tanto de transformar a este de instrumento al servicio de las clases reaccionarias instrumento al servicio de la liberación de nuestro pueblo”. Página 41
[32] Ibidem, Página 39
[33] Ibidem, Página 50
[34] La importancia de este documento la señala Tomás Mulian y Manuel Garreton en: Garretón, Manuel – Moulian, Tomas, Ob. Cit., Página 9; también el Secretario del Partido Comunista de Chile en: Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125
[35] La vía pacífica es una forma de la revolución, artículo publicado en Nuestra Época, diciembre 1963. En: Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 51
[36] Ibidem, Página 52
[37] Ibidem: “La vía pacífica no está obligatoriamente vinculada a las elecciones. Desde la Revolución de febrero Lenin concibió posibilidad pacífica mediante la consigna “Todo el poder a los Sioviet” y la conquista de la mayoría dentro de ellos. Allí no consistía en elecciones, sino en la designación de delegados por las masas de obreros, campesinos, soldados y marineros en medio de una situación revolucionaria. Como se ve es posible el desarrollo de una revolución por el desarrollo de la vía pacífica sin elecciones, en condiciones de profunda crisis política, utilizando otras formas y medios de lucha”. Páginas 54 y 55
[38] Ibidem: “Los dirigentes chinos están muy equivocados cuando asocian la tesis o la práctica de la vía pacífica a la desmovilización de las masas y a la conciliación con el imperialismo y los reaccionarios internos… La vía pacífica es una vía revolucionaria de masas. Lo único que la vía pacífica descarta es la guerra civil o insurrección armada. La lucha es revolucionaria si se desenvuelve a través de la acción de las masas, si los objetivos que se plantean tienden a la conquista del poder político por el pueblo y a producir transformaciones revolucionarias en todos los órdenes, es decir si conduce a la revolución y no al reformismo”. Página 59
[39] “Aunque no somos hinchas de la actual constitución, estamos dentro de ella, de la ley y de la tradición… Queremos los cambios revolucionarios que Chile necesita sin sangre ni violencia. Pero también la reacción debe saber que no tiene el camino libre”. Página 84 y 85
[40] Ibidem, Página 86
[41] De este hecho da cuenta la amplia recopilación de documentos referidos a la vía pacífica contenida en el libro “Camino de Victoria” de Luis Corvalan.
[42] Garretón, Manuel – Moulian, Tomas, Ob. Cit., Página 206
[43] Ibidem, Página 203
[44] Ibidem, Pagina 204
[45] Idem
[46] El programa fue aprobado por los partidos: comunista, socialista, radical y social-demócrata, el movimiento de acción popular unificado (MAPU), y la acción popular independiente (API), el 17 de diciembre de 1969 en Santiago de Chile.
[47] Programa Básico de la Unidad Popular, página 2. En: http://www.bicentenario.cl/
[48] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “El Gobierno Popular garantizará el ejercicio de los derechos democráticos y respetará las garantías individuales y sociales de todo el pueblo. La libertad de conciencia, de palabra, de prensa y de reunión, la inviolabilidad del domicilio y los derechos de sindicalización y de organización regirán efectivamente sin las cortapisas con que los limitan actualmente las clases dominantes
…El Gobierno Popular será pluripartidista. Estará integrado por todos los partidos, movimientos y corrientes revolucionarias. Será así un ejecutivo verdaderamente democrático, representativo y cohesionado.
El Gobierno Popular respetará los derechos de la oposición que se ejerza dentro de los marcos legales”. Páginas 4 y 5.
[49] Manuel Garretón y Tomás Moulian consideran que la radicalización de las propuestas de la Unidad Popular se explican directamente por la necesidad de diferenciarse de las propuestas establecidas en el Programa Democratacristiano, en el cual, también, se evidenciaba claramente el interés por profundizar las reformas llevadas a cabo durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva. En: Carretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., p. 206
[50] Corvalán, Luis, La Vía Pacífica, alternativa de la Vía Violenta, Revista Principios, 1961. En. Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 39
[51] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “A través de un proceso de democratización en todos los niveles y de una movilización organizada de las masas se construirá desde la base la nueva estructura del poder. Una nueva Constitución Política institucionalizará la incorporación masiva pueblo al poder estatal. Se creará una organización única del Estado estructurada a nivel nacional, regional y local que tendrá a la Asamblea del Pueblo como órgano superior de poder. La Asamblea del Pueblo será la Cámara Única que expresará nacionalmente la soberanía popular.
En ella confluirán y se manifestarán las diversas corrientes de opinión.
Este sistema permitirá suprimir de raíz los vicios de que han adolecido en Chile tanto el presidencialismo dictatorial, como el parlamentarismo corrompido. Normas específicas determinarán y coordinarán las atribuciones y responsabilidades del Presidente de la República, ministros, Asamblea del Pueblo, organismos regionales y locales de poder y partidos políticos con el fin, de asegurar la operatividad legislativa, la eficiencia del gobierno y, sobre todo, el respeto a la voluntad mayoritaria”. Página 5.
[52] Ibidem: “Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la
pobreza generalizada y en las postergaciones de todo orden que sufren los obreros, campesinos y demás capas explotadas, así como en las crecientes dificultades que enfrentan empleados, profesionales, empresarios pequeños y medianos y en las mínimas oportunidades de que disponen la mujer y la juventud. Los problemas en Chile se pueden resolver. Nuestro país cuenta con grandes riquezas como el cobre y otros minerales, un gran potencial hidroeléctrico, vastas extensiones de bosques, un largo litoral rico en especies marinas, una superficie agrícola más que suficiente, etc.; cuenta, además, con la voluntad de trabajo y progreso de los chilenos, junto con su capacidad técnica y profesional. ¿Qué es entonces lo qué ha fallado?. Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente”. Página 1
[53] Ibidem: “La única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el Gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile”. Página 3
[54] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 58
[55] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. Página 3. En: http://www.bicentenario.cl/
[56] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “Las aspiraciones sociales del pueblo chileno son legítimas y posibles de satisfacer. Quiere, por ejemplo, viviendas dignas sin reajustes que esquilmen sus ingresos; escuelas y universidades para sus hijos; salarios suficientes; que terminen de una vez las alzas de precio; trabajo estable; atención médica oportuna; alumbrado público, alcantarillado, agua potable, calles y aceras pavimentadas; una previsión social sin privilegios, justa y operante, sin pensiones de hambre; teléfonos, policías, jardines infantiles, canchas deportivas; turismo y balnearios populares, etc.”. Pagina 7
[57] Ibidem: “El nuevo Estado procurará la incorporación de las masas a la actividad intelectual y artística, tanto a través de un sistema educacional radicalmente transformado, como a través del establecimiento de un sistema nacional de cultura popular. Una extensa red de Centros Locales de Cultura Popular impulsará la organización de las masas para ejercer su derecho a la cultura…”. Página 9
[58] Ibidem: “La política internacional del Gobierno Popular estará dirigida a: Afirmar la plena autonomía política y economía de Chile. Existirán relaciones con todos los países del mundo, independiente de su posición ideológica y política, sobre la base del respeto a la autodeterminación y a los intereses del pueblo Chile (…)”. Página 11
[59] Salvador Allende obtuvo una ventaja del 1,4 por ciento de la votación, es decir de 39.338 votos sobre el candidato independiente don Jorge Alessandri, que obtuvo un millón 36 mil 278 sufragios, o sea el 34,9 por ciento de la votación. En un tercer lugar, muy distanciado de los dos primeros, quedó el candidato de la Democracia Cristiana, don Radomiro Tomic con 824.849 votos.
[60]Salvador Allende, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989: “Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro, y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de Unidad Popular”. Página 56
[61] Ibidem: “Pero yo sé que ustedes, que hicieron que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra… Hemos triunfado para derrotar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una seria y profunda reforma agraria, para controlar el comercio de importación y exportación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo”. Página 57
[62]Ibidem. Página 58[63] Salvador Allende, Discurso de la Victoria, Página 1. En: http://www.bicentenariochile.com/
[64] Ibidem: “Vivimos un momento histórico: la gran transformación de las instituciones políticas de Chile. El instante en que suben al poder, por la voluntad mayoritaria, los partidos y movimientos portavoces de los sectores sociales más negados… Si nos detenemos a meditar un momento y miramos hacia atrás en nuestra historia, los chilenos estamos orgullosos de haber logrado imponernos por vía política, triunfado sobre la violencia”. Página 2
[65] Ibidem: “Esta tradición republicana y democrática llega así a formar parte de nuestra personalidad, impregnando la conciencia colectiva de los chilenos. El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos… Y, cuando dentro de esta continuidad institucional y en las normas políticas fundamentales surgen los antagonismos y contradicciones entre las clases, esto ocurre en forma esencialmente política. Nunca nuestro pueblo ha roto esta línea histórica… Las pocas quiebras institucionales fueron siempre determinadas por las clases dominantes… Fueron siempre poderosos quienes desencadenaron la violencia, los que vertieron la sangre de chilenos interrumpiendo la normal evolución del país. Así ocurrió cuando Balmaceda, consciente de sus deberes y defensor de los intereses nacionales, actuó con la dignidad y el patriotismo que la posteridad ha reconocido”. Página 3
[66] Idem
[67] Ibidem, Página 5
[68] Ibidem, Página 8
[69] Salvador Allende, Obras escogidas, Ob. Cit.: “Como Rusia, entonces, Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada. Chile es hoy la primera nación de la Tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista… modelando la primera sociedad socialista edificada según un modelo democrático, pluralista y libertario”. Página 78
[70] Ibidem: “El principio de legalidad rige hoy en Chile. Ha sido impuesto tras una lucha de muchas generaciones contra el absolutismo y la arbitrariedad en el ejercicio del poder del Estado. Es una conquista irreversible mientras exista diferencia entre gobernantes y gobernados… No es el principio de legalidad lo que denuncian los movimientos populares… Protestamos contra una ordenación legal cuyos postulados reflejan un régimen social opresor… Nuestra normativa jurídica, las técnicas ordenadoras de las relaciones sociales entre chilenos responden hoy a las exigencias del sistema capitalista. En el régimen de transición al socialismo, las normas jurídicas responderán a las necesidades de un pueblo esforzado en edificar una nueva sociedad. Pero legalidad habrá… Nuestro sistema legal debe ser modificado. De ahí la gran responsabilidad de las Cámaras en la hora presente: contribuir a que no se bloquee la transformación de nuestro sistema jurídico. Del realismo del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socioeconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que, responsablemente, queremos evitar”. Página s 84 y 85
[71] Ibidem: “Es importante recordar que, para nosotros, representantes de las fuerzas populares, las libertades políticas son una conquista del pueblo en el penoso camino por su emancipación. Son parte de lo que hay de positivo en el período histórico que dejamos atrás. Y, por lo tanto, deben permanecer. De ahí también nuestro respeto por la libertad de conciencia y de todos los credos… Las libertades políticas son una conquista de toda la sociedad chilena en cuanto Estado… Todos estos principios de acción, que se apoyan en nuestra teoría política revolucionaria, que responden a la realidad del país en el momento presente, que están contenidas en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, los he ratificado plenamente como Presidente de la República”. Página 86
[72] Ibidem: “Si la violencia, interna o externa, la violencia en cualquiera de sus formas, física, económica, social o política llegara a amenazar nuestro normal desarrollo, y las conquistas de los trabajadores, correrían el más serio peligro la continuidad institucional, el Estado de derecho, las libertades políticas y el pluralismo… con legítimo orgullo y realismo histórico denominamos la vía chilena hacia el socialismo. La resuelta actitud del Gobierno, la energía revolucionaria del pueblo, la firmeza democrática de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, velarán porque Chile avance con seguridad por el camino de su liberación… Si la violencia no se desata contra el pueblo, podremos transformar las estructuras básicas donde se asienta el sistema capitalista en democracia, pluralismo y libertad”. Página 88
[73] Ibidem: “Hemos acelerado la reforma agraria, hemos llevado a cabo la expropiación de 1000 latifundios. Y el proceso se conduce de acuerdo a la legislación vigente y cautelando los interés del pequeño y mediano agricultor… La estatización bancaria ha sido un paso decisivo con respeto absoluto de los pequeños accionistas, hemos estatizado 9 bancos… Estas han sido nuestras primeras actuaciones para iniciar el cambio esencial de nuestra economía… aumentó poder adquisitivo de los trabajadores, la tasa de inflación es la más baja de los últimos años, etc.… Enviamos ley al Congreso que establece aumento de remuneraciones para el sector público equivalente al 100 por 100 del alza del coste de la vida, y subimos en mayor escala los salarios mínimos del sector privado… Habemos de profundizar la reforma agraria, modificando la ley si es menester, porque si el cobre es el sueldo de Chile, la tierra es el pan”. Página 91- 94
[74] Ibidem, Página 95
[75] En: Allende, Salvador, Obras escogidas…, Ob. Cit., Páginas 157 a 168
[76] Ibidem, Página 161
[77] Ibidem, Página 158
[78] Ibidem: “No es en la institucionalidad chilena donde descansa el poder de la burguesía, sino en su poder económico y en la compleja trama de relaciones sociales establecidas en el régimen de propiedad capitalista… No está en la destrucción, en la quiebra violenta del aparato estatal el camino que la revolución chilena tiene por delante. El camino que el pueblo chileno ha abierto le lleva a aprovechar las condiciones creadas por nuestra historia para reemplazar el vigente régimen institucional, de fundamento capitalista, por otro distinto que se adecue a la nueva realidad social de Chile. Se trata de transformar el aparato burocrático, el aparato del Estado como totalidad, la propia carta fundamental, en su sentido de clase y, también, manifestaciones institucionales, individualmente consideradas. Lo hemos afirmado desde hace años, esta en el programa de gobierno y lo estamos llevando a cabo… El partido socialista debe tener plena conciencia de que si el pueblo llegó al Gobierno el 4 de noviembre de 1970, en la forma regular que lo hizo, fue precisamente a causa de nuestro régimen institucional. Si éste hubiera estado corrompido o carcomido la quiebra de la institucionalidad se hubiera producido en ese momento y Chile hubiese entrado en estado de violencia desatada… Las instituciones no son un ente abstracto. La institucionalidad responde a la fuerza social que le da vida…”. Páginas 159 -163
[79] Ibidem: “Los militantes del Partido Socialista deben ser concientes que contrariamente a lo que el Informe Político sostiene, el camino más corto a las transformaciones cualitativas del sistema político actual no pasa por a quiebra y la destrucción de la institucionalidad vigente… la manifestación de voluntad del pueblo permitió hace seis meses que los trabajadores organizados conquistaran el Gobierno… nada impide que en un año los trabajadores conquisten también el Congreso. Ese es el camino más corto hacia el cambio cualitativo del aparato del Estado. El nuestro, es un régimen institucional que reposa en el principio de la legalidad. Transformar la legalidad implica transformar el régimen institucional. Es, por consiguiente una perspectiva desviada señalar hoy el régimen institucional del Estado actual como el obstáculo estratégico del que depende el futuro de la revolución”. Página 166-167
[80] Ibidem, Página 168
[81] Estas ideas son desarrolladas por Salvador Allende en su discursos del 5 de noviembre de 1970, y en Primer y segundo Mensaje al Congreso, 21 de mayo de 1971 y 1972
[82] Engels, citado por Allende en Discurso del 5 de noviembre de 1970
[83] Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974. Página 104
[84] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 87
[85] Ver: Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: http://www.bicentenariochile.com/
[86] La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta (Artículo publicado en Principios, octubre de 1961). En: Corvalan, Luis, Ob. Cit., Páginas 39 y siguientes.
[87] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 189
[88] Ideas expuestas en el Programa de Gobierno de la UP.
[89] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 190
[90] Ver: Discurso de Salvador Allende, 5 de noviembre 1971.
[91] Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971. Página 30-34
[92] Allende, mensaje al Congreso 21 de mayo de 1971. Véase también Garcés, Joan, Ob. Cit., Página 108
[93] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 199
[94] El Mercurio, Santiago de Chile, 6 de septiembre 1970. En: Gonzáles, Miguel – Fontaine, Arturo, Los mil días de Allende, CEP, Santiago de Chile, 1997. Página 11
[95]Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit , Página 206
[96] Ibidem, Página 207
[97] Idem
[98] Veneros, Diana, Allende, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile, Página 326.
[99] Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 34
[100] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 183 y SS.
[101] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 210
[102] Para profundizar estos ámbitos de análisis ver: Kornbluh, Peter, Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada, Ediciones B, Chile S.A., Santiago de Chile, 2003.
[103]Ver: Uliánova, Olga; Fediakova, Eugenia. Algunos aspectos de la ayuda financiera del PC de la URSS al comunismo chileno durante la Guerra Fría. Estudios Públicos, 72 (1998).
[104] Nuestra vía revolucionaria: Acerca de a vía pacífica. En: Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit., Página 33
[105] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125
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Guerra Fría – Diego Portales - Nicolás Maquiavelo - José Francisco Vergara - Francis Fukuyama - Didáctica de la Historia - Salvador Allende
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