REALISMO POLITICO NICOLAS MAQUIAVELO


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.CONJETURAS SOBRE REALISMO POLÍTICO EN NICOLÁS MAQUIAVELO:

ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERO DE LOS DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO

Profesor: Luis Oro Tapia
Comisión examen: Eduardo Araya Leupín

Alumna: Ana Henríquez Orrego

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

INSTITUTO DE HISTORIA
PROGRAMA DE MAGÍSTER EN HISTORIA
POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES
CONJETURAS SOBRE EL REALISMO POLÍTICO EN NICOLÁS MAQUIAVELO

“Libros como los Discursos y el Príncipe no revelan su total significado, tal como se lo propuso el autor, a no ser que se piense sobre ello “día y noche” durante largo tiempo. El lector que está adecuadamente preparado ha de tropezarse con sugerencias que se niegan a ser expresadas. La pluma o la máquina de escribir, por no hablar de la mano o de la lengua, niegan sus servicios. El lector llega a así a comprender la verdad de que lo que no debe decirse, no puede decirse…”
(Strauss, Leo, Meditación sobre Maquiavelo, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964. página 209)

 

 NOTA INTRODUCTORIA

En el presente escrito se tendrá por objetivo esclarecer la posibilidad de catalogar a Nicolás Maquiavelo entre los autores que adhieren al realismo político. Para lograr tal propósito, en primer lugar, se expondrán algunas definiciones que han tenido por pretensión catalogar o delinear los fundamentos o principios del realismo político. En la última etapa de esta aproximación conceptual bosquejaremos una conceptualización tentativa en la que se precisarán 4 indicadores básicos a partir del cuales se puede definir el realismo político.

Teniendo presentes los cuatro indicadores tentativos del realismo político nos adentraremos en el análisis propiamente tal de un escrito de Nicolás Maquiavelo. El escrito seleccionado es “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”. Ahora bien, de este escrito sólo analizaremos el libro I, dedicado netamente a las problemáticas internas de la república de Roma.

El propósito esencial será constatar o descartar la presencia de los elementos característicos del realismo político en el escrito de Nicolás Maquiavelo, recurriendo para ello a un análisis minucioso de cada uno de los capítulos constitutivo de los “Discursos”.[1]

CAPÍTULO I
REALISMO POLÍTICO: CONFIGURACIÓN DE UN CONCEPTO

Rodrigo Borja en su enciclopedia de la Política nos aproxima al concepto de realismo político, en primer lugar, definiendo las características del político realista y luego esbozando una reseña histórica del concepto realpolitik.

Respecto del político realista señala que “es el que percibe la realidad social como ella es y no como él quisiera que fuera. El que obra con los pies en la tierra. Que sabe que el hombre no tiene alas. Que se mueve en el escenario que es y no en el imaginario. Que da la misma importancia a la fealdad que a la belleza, a lo sucio que a lo limpio, a lo normal que a lo aberrante, porque todos ellos son elementos de la realidad social”. [2] Desde este punto de vista, la característica esencial de un político realista es que tiene siempre presente la realidad, la objetividad, ante esto dirá Borja, la política debe ser la ciencia y el arte de lo posible, de lo dado, de lo real. En este sentido se habla de realismo político. [3] Sólo un político que tenga los pies bien puestos en la tierra, que despliegue toda su capacidad de percibir las cosa tal como son y no como él quisiera que fueran, puede ser catalogado como un político realista.

Respecto del realismo político, Borja señala que es la castellanización de la realpolitik, término acuñado por el escritor alemán Ludwig von Rochau en 1853, al criticar la falta de realismo en la política instrumentada por los liberales germanos durante el proceso revolucionario de 1848-1849. Puede traducirse al castellano como política realista, para designar una política que tenga contacto con la realidad, que no se nutra de fantasías, que vea al mundo social como es, y no como quisiéramos que fuera.[4] Como se ve, Borja vuelve a proponer las mismas ideas anteriores, agregando ahora un ámbito cronológico y espacial en que tal concepto fue generado.

¿Nicolás Maquiavelo y el realismo político? Podemos afirmar que casi se acepta como verdad dada el hecho de que Maquiavelo es uno de los precursores del realismo político. Pero al respecto no encontramos mayores elucubraciones analíticas, sino que sólo se afirma que en los textos del florentino es evidente el apego a la realidad, a los hechos, a la evidencia fáctica, alejada de elucubraciones fantasiosas, y ello en última instancia atribuiría a Maquiavelo la calidad de realista político.[5] Otros autores, como Jean Touchad, observan en la defensa irrestricta que hace Maquiavelo a favor de la Razón de Estado aspectos claros de realismo político.[6] O bien se establece, como lo hace Chevalliere, que todos los políticos que adhieren al realismo se declaran emparentados abiertamente con Maquiavelo y el Príncipe.[7] Pero la relación concreta entre realismo político y Maquiavelo no se establece desde un punto de vista sistemático, sólo se acepta como algo dado.

Dilucidar tal relación es nuestro objetivo en el presente trabajo. Para alcanzarlo, en seguida reflexionaremos respecto de los 6 principios del realismo político establecidos por Hans Morgenthau y posteriormente presentaremos una conceptualización tentativa del realismo político, a partir de la cual llevaremos a cabo un análisis minucioso del libro primero de los Discursos de Nicolás Maquiavelo.

SEIS PRINCIPIOS DEL REALISMO POLÍTICO SEGÚN MORGENTHAU

En este apartado se intentará nominar y describir los 6 principios del realismo político planteados por Morgenthau en su libro “Escritos sobre política internacional”.

La primera dificultad que encontramos a la hora de intentar asir la catalogación de presentada por Morgentahau es el hecho de que ninguno de los principios está nominado, pues su identificación sólo se restringe a una enumeración. La ausencia de nominación también se une a la escasa nitidez con que cada principio se diferencia de los demás. En efecto, como se evidenciará más adelante, muchas ideas vertidas en la explicación de cada principio se transforma en idea transversal que se menciona y desglosa en varias oportunidades.

Con todo, el siguiente es un intento de nominación de los 6 principios del realismo político establecidos por Morgenthau.

1. Empirismo. Según este principio el realismo político funda todo su conocimiento a partir de la realidad fáctica, es decir, el analista se interesa por los hechos concretos, verificables a partir de la observación. El realismo político se presenta como una teoría racional basada en la experiencia, en los hechos reales y sus consecuencias evidentes.

2. Interés como principio rector del quehacer político. Según el argumento planteado por Morgenthau, este principio es el que perfila a la política como una esfera independiente de acción y comprensión. Si bien consideramos que esta premisa teórica nos permite delimitar el ámbito de lo político, consideramos que Morgenthau sobredimensiona las posibilidades instrumentales de esta herramienta al sostener que tal instrumento puede permitir prever los pasos o determinaciones que adoptarían los estadistas ante circunstancias dadas.[8] Esto solo sería posible si nuestros objetos de estudio, el estadista al que estamos observando o investigando, actuara siempre bajo este parámetro racional.[9]

3. Lo variable y lo permanente en el concepto de interés. Antes de definir este principio debemos señalar que, de todos los principios enunciados por Morgenthau, este es el que mayor dificultad presenta al momento de intentar asirlo para pretender una nominación. Pareciera ser que en este tercer principio la idea central vuelve a girar en torno al interés definido como poder. Consideramos que este principio constituye la ampliación del anterior, en cuanto sostiene la esencia inalterable del interés como móvil de la acción política. Pero no queda clara la razón por la cual tal profundización no se desarrolla en el principio anterior. Lo único que se agrega en este principio es la perennidad de la noción de interés como esencia de la política no afectada por circunstancias de tiempo ni lugar.[10] En esencia, el interés es lo permanente, mientras que el contenido o el motivo de tal interés es lo que cambia.4. Ética de los resultados. De los principios enumerados por Morgenthau, podemos afirmar que éste es el que se esboza con una mayor claridad y delimitación, puesto que su argumento no deja lugar a dudas respecto de que la política posee un ámbito ético propio. En efecto, Morgentau señala “el realismo sostiene que los principios morales universales no pueden ser aplicados a las acciones de los estados en su formulación universal abstracta, sino que deben ser filtrados a través de circunstancias concretas de tiempo y lugar”.[11] En esencia, en este principio se argumenta que el Estado -entidad política por excelencia- no debe exponerse a sacrificios en pos del mantenimiento de preceptos morales. En última instancia, la vara con la que se mide el actuar político no radica en el ámbito de las motivaciones, sino en el ámbito de los resultados obtenidos. Esto último es lo que lleva a Morgenthau a afirmar que en política la máxima virtud es la prudencia, la cual implica una sabia ponderación de las consecuencias.

Muy clarificador para comprender este principio es la siguiente afirmación de Nicolás Maquiavelo:

“Ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”.[12]

Este ejemplo no es usado por Morgenthau, pero nos parece muy atinente para los propósitos de la presente investigación, puesto que podemos ir avizorando elementos que nos permiten encausar nuestro análisis respecto de Nicolás Maquiavelo y su posible catalogación como realista político. El fragmento expuesto en el párrafo anterior bosqueja con claridad uno de los postulados con el que comúnmente se identifica el pensamiento de Maquiavelo, es decir, aquel en que se afirma que los medios utilizados deben ser juzgados a partir de logros obtenidos (resultados-fines), de ahí que los resultados obtenidos puedan excusar los actos que desde ciertos prismas morales, éticos- religiosos, puedan parecer como condenables o reprobables.

5. Rechazo de la existencia de una moral universal. Según este principio, el realismo político no presupone leyes morales que gobiernen el universo. Al concebir este principio, el realismo político deshecha la pretensión de justificar las acciones y aspiraciones arrogando la posesión de cualidades éticas universales. En este punto Morgenthau señala que es imprescindible tener presente el concepto de interés definido como poder, puesto que en último término este es el móvil o motor que impulsa el actuar de las naciones.

6. Especificidad de la política. La política reclama un ámbito particular dentro de la esfera de la realidad humana. Esto implica analizar el actuar político a partir de criterios generados en el ámbito de la política, cuestión que subraya la emancipación de la política de otras esferas como la religión o la moral.

CUATRO PRINCIPIOS DEL REALISMO POLÍTICO SEGÚN FUKUYAMA[13]

Solo con el objeto de tener presente un contrapunto respecto del paradigma realista de análisis político nos parece interesante exponer los planteamientos de Francis Fukuyama, quien rechaza el realismo político como metodología de análisis de las relaciones internacionales. No obstante, su rechazo no se elabora en términos absolutos, sino que lo plantea partiendo de la premisa de que este modelo de análisis fue válido en un mundo dominado por fuerzas antagónicas que se regían por el equilibrio de poder, y ese mundo puede ser avizorado históricamente en el siglo XIX y también durante el periodo en que se extendió la Guerra Fría, pero luego de que esta culminó, el paradigma realista no sería aplicable.

Tales planteamientos hunden sus raíces en los supuestos que subyacen en la tesis del “Fin de la Historia”, según los cuales, tras el fin de la Guerra Fría (1989) y de la Unión Soviética (1991), el mundo ingresaba a una etapa en que los conflictos internacionales darían paso a la cooperación y entendimiento entre las potencias, las cuales estarían abocadas netamente a solucionar cuestiones del ámbito económico. Toda rencilla o atisbo de conflicto, según Fukuyama no serían más que resabios del mundo histórico.[14]

Las reglas sobre las que se sostiene el realismo político, según Francis Fukuyama, son las siguientes:

Equilibrio de fuerzas con los enemigos potenciales.
Necesidad de elegir entre amigos y enemigos, tendiendo en cuenta primordialmente su poder y no su ideología o el carácter del régimen interno.
Al evaluar las amenazas exteriores los hombres de Estado deben mirar más de cerca la capacidad militar que las intenciones.
Necesidad de excluir la moral de la política exterior.

El rechazo de tales principios se explica a partir de la supuesta “paz permanente” que se establecería entre las grandes naciones una vez alcanzado el fin de la historia, es decir, el triunfo de la idea democrática y liberal. Esta idea contradice uno de los supuestos básicos del realismo político: que el conflicto es un elemento constitutivo de las relaciones políticas.

CONFIGURACIÓN TENTATIVA DEL CONCEPTO REALISMO POLÍTICO1. Concepción trágica de la naturaleza humanaEl realismo político concibe al ser humano atrapado en un conflicto de valoraciones contrapuestas. Acepta que el hombre no es un ser completamente racional, puesto que una parte importante de sus comportamientos hunde sus raíces en el componente emocional, cuyo motor son las pasiones, entendidas éstas como el primado de lo irracional por sobre lo racional. Tales contradicciones internas dificultan la toma de decisiones, ya que constantemente el hombre debe elegir entre valores divergentes. Esto lleva a que constantemente el hombre esté enfrentado a dilemas insolubles, en los que se oponen por una parte sentimientos altruistas (simpatía, piedad, compasión) y, por otra, sentimientos derivados del miedo (vulnerabilidad, precariedad e inseguridad).El realismo político, además de concebir al hombre como un ser no plenamente racional, también lo considera potencialmente riesgoso. Esto porque el realismo sostiene que los individuos y colectividades compiten, perennemente, estimulados por el miedo y la ambición. Ambos sentimientos instan al individuo a intentar procurarse medios que les provean seguridad, puesto que la desconfianza que se siente respecto de los congéneres insta a buscar medios que mantengan a raya la vulnerabilidad frente a los demás. Se siente miedo frente a peligros evidentes y presentes, que demandan ser conjurados; se ambicionan medios con el objeto de proveer seguridad futura frente a males o enemigos potenciales.Como se ha señalado, el realismo político no acepta la idea de que el hombre es un ser naturalmente bondadoso y equilibrado, por el contrario, concibe al hombre inmerso en una tragedia en la que sentimientos y valoraciones luchan por ser satisfechos, este factor es lo que le daría un aspecto trágico a la naturaleza humana. Así, en el hombre confluyen la razón y las pasiones. Pero se debe tener presente que la razón no necesariamente conduce a la armonía, ni la pasión al desequilibrio, esto porque el factor racional, perfectamente puede ser el impulsor de actitudes agresivas, debido a que la razón podría prever futuros peligros y de ese modo instar al hombre a conjurarlos de antemano; mientras que en las pasiones también se encuentran todo ese conjunto de sentimientos derivados del altruismo (simpatía, piedad, compasión). En definitiva, la esencia del hombre no es buena ni mala, y el realismo político reconoce esa calidad humana en la que ambas categorías (maldad-bondad) se encuentran presentes en el ser humano, pero están en potencia, pujando por satisfacer sus demandas y atribuyéndole al hombre la cualidad de un ser riesgoso.A continuación nos referiremos sucintamente a la posibilidad de percibir la concepción trágica de la naturaleza humana en Nicolás Maquiavelo, pero no ahondaremos en el análisis de sus escritos, sino que más bien expondremos y cuestionaremos algunas reflexiones expresadas por Tomas Chuaqui[15] y Oscar Godoy[16]. El primero de estos autores, afirma no ver en Maquiavelo una preconcepción de la naturaleza humana, señalando que “En mi opinión, Maquiavelo no utiliza una concepción de la naturaleza humana como un fundamento estable para su concepción de lo político y de la historia. Más bien, me parece más adecuado caracterizar el gesto en forma inversa: Maquiavelo destila de la observación cuidadosa de la historia ciertas generalizaciones relativas al comportamiento de los seres humanos”, enseguida afirma que “Maquiavelo tiene una opinión muy negativa de las motivaciones humanas, pero ésta no es el resultado de una suerte de antropología filosófica o teoría psicológica anterior al análisis histórico y político, sino que se derivan de él y lo nutren. En mi opinión, no es acertado atribuirle a Maquiavelo una teoría antropológica previa a partir de la cual se construirían principios de lo político, y ha sido notado por varios comentaristas lo poco sofisticada y superficial que es, en general, su perspectiva psicológica”.[17]En este punto, Tomas Chuaqui dice no concordar con Oscar Godoy, quien sostiene que “Maquiavelo posee una visión muy pesimista de la naturaleza humana; piensa que los hombres son malos y que siempre están dispuestos a emplear su malignidad”.[18]No obstante, sin que sea nuestro propósito ahondar en el examen de los escritos de Nicolás Maquiavelo, podemos señalar que al analizar el primer libro de los Discursos, nos damos cuenta que, según Maquiavelo, los hombres no son, como afirma Godoy, siempre malos. De hecho en tres capítulos de este libro Maquiavelo reitera su apreciación respecto de que los hombres no son nunca completamente malos ni completamente bueno.[19] Con esto también desechamos la propuesta de Chuaqui, quien afirma que Maquiavelo no posee una preconcepción respecto de la naturaleza humana.

Sírvanos de ejemplo el capítulo 27 que lleva por título “Rarísimas veces son los hombres completamente buenos o malos”: En este capítulo se ejemplifica con un hecho concreto que los hombres nunca son completamente malvados o completamente buenos: En 1505 siendo el propósito del papa Julio II despojar de su poderío a todos los tiranos que gobernaban en tierras de la Iglesia, llegado el momento de enfrentar a Juan Pablo Baglioni, este último no supo aprovechar el momento de matar al pontífice y despojar a sus acompañantes de sus joyas. “era increíble que dejara de hacerlo como acto de benevolencia o por escrúpulos pues ningún sentimiento de piadoso respeto cabía en hombre tan malvado, que abusaba de su hermana y había muerto, para reinar, a sus primos y sobrinos. De esto se deduce que los hombres no saben ser completamente criminales o perfectamente buenos”.[20]
Desde esta perspectiva, según Maquiavelo, ni siquiera los malos son capaces de comportarse siempre a la altura de su malignidad.

Podemos decir que Oscar Godoy para elaborar su reflexión ha de haberse quedado con la afirmación que Maquiavelo vierte en el capítulo III del primer libro de los Discursos, donde señala:

“Quien funda un estado y les da leyes debe suponer a todos los hombres malos y dispuestos a emplear su malignidad natural siempre que la ocasión lo permita”.[21]

Evidentemente en esta afirmación se advierte una contradicción o al menos una tensión, puesto que en un primer momento Maquiavelo sostiene que el fundador de un estado debe suponer que todos los hombres son malos y luego sostiene que éstos hombres son naturalmente malos. ¿En qué quedamos? ¿La maldad del hombre solo es un supuesto que debe servir como instrumento previsor para el fundador o la maldad del hombre es una propiedad intrínseca a la especie humana?. Estimamos que la respuesta la entrega el mismos Maquiavelo en los tres capítulos en que especifica que los hombres nunca son completamente malos ni completamente buenos, puesto que ni los malos ni los buenos son capaces de comportarse invariablemente a la altura de sus propiedades benignas ni malignas.

2. Equilibrio de poder

En el ámbito de las relaciones internacionales el equilibrio de poder consiste en evitar que un Estado alcance un grado tal de fuerza frente a sus vecinos de manera que le permita subyugarlos. Así, como señala Henry Kissinger, por lo general el equilibrio de poder es el resultado de un proceso de frustrar el intento de un país determinado por gobernar y sobreponerse a los demás.[22]

Quienes abogan por una política realista se inclinan a considerar beneficioso para la comunidad internacional la existencia de una pluralidad de centros de poder, sin que ninguno de estos pueda dominar de manera absoluta, ni imponer sus intereses unilateralmente a los demás.[23]

De lo afirmado se deduce que la teoría del equilibrio de poder implica un constante juego en que los actores internacionales (Estados) deben estar alerta frente a las posibles amenazas de pretensiones de hegemonía absoluta. Puesto que el país que pretenda tal hegemonía, inevitablemente, estará contraviniendo el equilibrio establecido.

La búsqueda del equilibrio del poder es contraria a la búsqueda de la seguridad absoluta, puesto que quien pretenda alcanzar tal seguridad, generará la inseguridad de todos los demás miembros de la comunidad internacional y termina por destruir lo que pretende alcanzar: la paz. Partiendo de esta premisa, es la inseguridad relativa la que contribuye a mantener la paz, puesto que ninguna de las partes se siente lo suficientemente fuerte como para atentar contra otra. Kissinger explica esta situación arguyendo la necesidad de que exista un tercero autoexcluido y dispuesto a arrojar sobre la balanza la fuerza necesaria para evitar que un país se vuelva tan poderoso que se vea tentado a sobreponerse sobre los débiles. Desde esta perspectiva, para el tercero autoexcluido, el equilibrio de poder consiste en evitar el engrandecimiento desmesurado del poderío de una potencia, contribuyendo a brindarle apoyo y fuerza a las entidades políticas que manifiesten debilidad.[24] Desde esta perspectiva podemos afirmar que el equilibrio de poder puede ser concebido como un armisticio tolerable. En efecto, el sistema de equilibrio de poder no pretende establecer de una vez y para siempre la paz, sino que muestra su disposición a estar alerta con el objeto de limitar los conflictos y evitar las crisis generales.

3. Carácter inevitable del conflicto

Los autores que sostienen un enfoque realista afirman que el conflicto es inherente a la actividad política, aunque no han desarrollado una teoría empírica (científica) del conflicto político propiamente tal. A pesar de esta escasa sistematización de las reflexiones respecto del conflicto, los analistas que adhieren al realismo político consideran a éste como un elemento intrínseco de las relaciones humanas.[25]

Uno de estos analistas es Max Weber, para quien la política es básicamente una lucha por el poder, el cual es un medio para alcanzar fines ideales o materiales, individuales o grupales.[26] Y el medio específico de la política es la violencia.[27] Al aceptar que la violencia el medio específico de la política se acepta también que el conflicto es algo inherente de las relaciones sociales en general y de las relaciones políticas en particular.

El carácter inevitable del conflicto hunde sus raíces también en la naturaleza humana que ha sido descrito en el primer indicador del realismo político. Como se señaló anteriormente, en el ser humano confluyen vertientes de pulsiones contrapuestas, entre las que se encuentran el miedo y la ambición. Ambas emociones conducen en último término a que los individuos procuren arrogarse elementos que les permitan sentir seguridad ante el peligro evidente (causado por el miedo) y el temor proyectado en el futuro (que en última instancia le conduce a la ambición). La seguridad es alcanzada, en último término, solo cuando se enfrenta y elimina la causa del miedo (presente) y el temor (futuro), y ello finalmente generará relaciones conflictivas.

Sólo con el objeto de ir aproximándonos al análisis de los escritos de Maquiavelo, bosquejaremos sucintamente las percepciones de este autor respecto del conflicto y la discordia. En el primer libro de los Discursos apreciamos que Maquiavelo presenta una visión positiva respecto del carácter conflictivo en las relaciones entre el pueblo y el Senado. De hecho, sostiene que fue, efectivamente, esta desunión, el conflicto y los tumultos que de ella devinieron, los que causaron la grandeza de Roma y fortalecieron su libertad.[28] En efecto, en el capítulo IV del primer libro de los Discursos Maquiavelo expresa concretamente que la división social es propia del orden político, incluso señala que esa división social no sólo la ha conducido a darse leyes favorables a la libertad sino que la considera como la causa principal de la libertad de Roma:

“Sostengo que quienes censuran los conflictos entre la nobleza y el pueblo, condenan lo que fue primera causa de la libertad de Roma, teniendo más en cuenta los tumultos y desórdenes ocurridos que los buenos ejemplos que produjeron… todas las leyes que se hacen a favor de la libertad nacen del desacuerdo entre estos dos partidos (pueblo y nobles), y fácilmente se verá que así sucedió en Roma”.[29]

En esta alabanza que Maquiavelo hace del conflicto, vemos con claridad que para el florentino la vara con la que deben ser medidas las acciones políticas radica en los resultados obtenidos, y cuando éstos son buenos pueden justificar los medios utilizados. Así, los tumultos, desórdenes, enfrentamientos y el conflicto declarado entre la plebe y el senado, es bien ponderado por Maquiavelo ya que de ellos se generaron leyes que favorecieron la libertad romana, por ejemplo la creación de los tribunos de la plebe.[30]

4. Autonomía de la política.

La política es considerada como una actividad autónoma por la mayoría de los autores que suscriben la visión realista. Como ejemplos se puede mencionar a Nicolás Maquiavelo y Max Weber. Para ambos autores la política se rige por cánones distintos a la moral corriente.

Max Weber en “La política como profesión” plantea su análisis respecto de la autonomía de la política estructurando su argumento a partir de las diferencias que existen entre el ámbito de la política y el ámbito de la religión cristiana. En efecto, el punto eje de su reflexión es que “el que entra en política hace un pacto con el diablo”.[31]

Todo está determinado por el medio específico utilizado por la política, es decir, la violencia. Y, en efecto, como señala Max Weber “lo que determina la singularidad de todos los problemas éticos de la política es ese medio específico de la violencia legítima como tal en manos de las asociaciones humanas”.[32] Y todo esto sólo es comprensible al aceptar que la política tiene su propia lógica interna, alejada, y en muchos casos contrapuesta, a los valores religiosos y sentimentales, por ello es que Weber afirma que “quien busque la salvación de su alma y la de otras almas no la busque por el camino de la política, que tiene otras tareas muy distintas, que sólo se pueden cumplir con la violencia”.[33] Este hecho hace que el espíritu de la política permanezca en tensa relación con el dios del amor o el dios cristiano en su manifestación eclesiástica. Así pues, este conflicto interno y subyacente puede tornarse irresoluble, producto de que las leyes éticas que rigen a uno y otro ámbito de la realidad no son compatibles. Desde esta perspectiva, quien quiera involucrarse en la política y con la política, ejerciéndola como profesión, debe ser conciente de tal paradoja, es decir, de esa tensa relación entre la política y el ámbito del sentir humano que involucra aspectos tales como el sentimiento religioso, que aspira a alcanzar la salvación del alma.

En definitiva, los vínculos entre la política y los poderes diabólicos son un hecho desde el momento en que se asume, de modo realista y consciente, que El Poder, al cual aspira toda persona que se involucra en política, es ejercido, en última instancia, a partir del control de la violencia. Y esta última no se ciñe a valores éticos de índole religiosos o a otros aspectos relacionados con la convicción. La pregunta que en estas circunstancias se plantea Weber es “¿Qué papel ha de ocupar la ética en la actividad política?”, para lo cual responde que “aquí chocan, por supuesto, distintas concepciones del mundo entre sí, entre las que, en último término, hay que elegir”.[34] Esto quiere decir que la política no puede ser sometida a los parámetros éticos de los otros ámbitos de la realidad humana. En efecto, para Weber son tres las directrices fundamentales del ejercicio de la política como profesión. Y estas son: pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de la distancia. Estos tres elementos, en perfecto equilibrio, hacen que el político no se convierta en un mero hombre enceguecido por sus ansias de alcanzar el poder, y tampoco un soñador apasionado que pretenda llevar a cabo sus ideales sin tener en cuenta la realidad circundante.

Ahora bien, lo que propone Weber es que no puede medirse con la vara de la ética religiosa los actos relacionados con la política. En estas circunstancias afirma que no es posible aplicar la verdad contenida en los evangelios o específicamente en el sermón de la Montaña a los encargados de asumir la política como su profesión. ¿Cómo se le podría pedir a un gobernante que ponga su otra mejilla cuando su patria o él mismo ha sido ofendido?, ¿de qué modo podría considerarse plausible que un mandatario de gobierno no resista a la violencia con violencia?.[35] Pensar en estas posibilidades implica soslayar el hecho de que el medio específico de la política es la violencia. No la aplicación de ésta en sí misma, sino el control de ella y el derecho a aplicarla cuando las circunstancias así lo demanden. Cuando el sentido de la responsabilidad indique que es necesario recurrir a la violencia, aunque esta se encuentre fuera de cánones ético-religiosos, ya que no son estos últimos los que guían el quehacer político. Con ello nos acercamos a una afirmación desprendida de los escritos de Nicolás Maquiavelo: Se recurrirá a la violencia cuando el fin lo justifique.[36] Cuando el político acepta esta realidad hace un pacto con el diablo, pues acepta desprenderse de ataduras éticas-religiosas, que en casos extremos pudieran derivar en mandamientos tan absolutos como “ama a tus enemigos”, “ofrece la otra mejilla”, “no respondas la violencia con violencia”, etc.

En esencia, los planteamientos de Weber respecto de la autonomía de la política sostienen que ésta posee una ética distinta, que en muchos casos entra en conflicto y se contrapone a la ética absoluta de la religión cristiana. En efecto, como señala Weber, la ética evangélica dice que “no hay que resistir el mal con la fuerza”, pero para el político vale que hay que resistir el mal con la fuerza, pues de lo contrario hay que hacerse responsable del triunfo del mal.[37]

Ahora bien, en la obra de Nicolás Maquiavelo, específicamente en los Discursos, vemos muy claramente que la acción política no está sometida a cánones éticos comunes, es decir, no está regida por éticas como la religiosa. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el capítulo 9 del libro primero, donde Maquiavelo justifica plenamente el fratricidio cometido por Rómulo, llegando a señalar: “ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”.[38] Es claro que para Maquiavelo la ética con la que se mide la política está alejada de la ética religiosa-cristiana, en esta última, el mandamiento de “no matarás” no está sometido a circunstancias, sino que posee un valor absoluto,[39] en cambio, como se aprecia, para el florentino los resultados obtenidos pueden llegar a justificar los medios o procedimientos utilizados. El asesinato no deja de ser asesinato, ni el mal deja de ser mal, pero cometer el primero y utilizar el segundo son justificados por Maquiavelo cuando la necesidad lo demanda, en este ámbito se comprende la sentencia “cuando los hechos te acusen, que el resultado te excuse”.
Hemos expuesto hasta aquí argumentos que se orientan a destacar el carácter autónomo de la política a partir de los planteamientos de Max Weber y hemos señalado algunos ámbitos en los cuales, efectivamente, es posible identificar en los escritos de Nicolás Maquiavelo el aspecto autónomo de la política.

Un contrapunto a lo anteriormente señalado lo plantea don Luis Oro al momento de bosquejar una definición tentativa de “la política”. Oro afirma que “la política es una actividad parcialmente autónoma que tiene por finalidad regir la sociedad, mediante el poder soberano, y los interesados en llevar a cabo tal propósito intentan, de manera legítima o ilegítima, conquistar o incidir sobre dicho poder, recurriendo para ello a estrategias de conflicto y cooperación”.[40]

Luis Oro sostiene que la política es parcialmente autónoma, porque a pesar de que posee su propia racionalidad, esta es vulnerable a las dinámicas que provienen de otros campos, esto es a las influencias que proceden de otros dominios de la realidad que también poseen sus propias valoraciones, por ejemplo aspectos teológicos y económicos.

No obstante, de inmediato, Luis Oro reconoce que a pesar de que valoraciones e interese provenientes de otros ámbitos inundan la política, esta mantiene su especificidad y cierto grado de independencia. En estos aspectos radicaría, entonces, la relativa autonomía de la política.

CAPÍTULO II
ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERO DE LOS DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO

En este apartado omitiremos reseñas históricas y biográficas puesto que nuestro objetivo se circunscribe netamente a desentrañar los elementos que puedan comprobar o desmentir la posibilidad de catalogar a Nicolás Maquiavelo en el ámbito del realismo político.

Bástenos con tener presente que Maquiavelo nació en Florencia en 1469, que en esa época era una república, bajo el gobierno de la familia Médicis y que sus dos obras más destacadas desde el punto de vista político son El Príncipe y los Discursos sobre los primera década de Tito Livio.[41]

El análisis que se desarrolla a lo largo este trabajo se restringe al primer libro de los Discursos y a partir del contenido de los 60 capítulos de este libro esperamos constatar o desmentir la posibilidad de catalogar a Maquiavelo como un realista político.

Desde el punto de vista estructural, las Discursos están divididos en 3 libros, de los cuales, el primero de ellos está dedicado a los asuntos internos de Roma; el segundo libro trata los asuntos de los romanos, tanto privados como públicos; mientras que el último libro aborda los asuntos de los romanos, tanto privados como públicos, que eran tramitados sobre la base del consejo privado.[42]

1. CONCEPCIÓN TRÁGICA SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

En el prólogo de los Discursos, Maquiavelo manifiesta su pensamiento respecto de la existencia de cualidades humanas imperecederas al afirmar que “El cielo, el sol, los elementos, los hombres, tienen hoy el mismo orden, movimiento y poder que en la antigüedad”[43]. Se deduce de ello que para Maquiavelo la naturaleza humana posee cualidades invariables e inmutables, intrínsecas a todos los hombres de la antigüedad y del presente. En efecto, esta premisa es la que hace posible poder buscar en el pasado algunas enseñanzas útiles y aplicables en la actualidad. Para Maquiavelo es una falencia y una debilidad no tener presente las experiencias pasadas de las sociedades, y respecto de ello afirma “no se encuentran ni soberanos, ni repúblicas, ni capitanes, ni ciudadanos que acudan a ejemplos de la antigüedad; lo que en mi opinión procede, no tanto de la debilidad producida por los vicios de nuestra actual educación, ni de los males que el ocio orgulloso ha ocasionado a muchas naciones y ciudades cristianas, como de no tener perfecto conocimiento de la historia, o de no comprender, al leerla, su verdadera sentido ni el espíritu de sus enseñanzas”.[44]

Existe, por tanto, una premisa básica en los escritos de Maquiavelo, y ésta es la existencia de una naturaleza humana que es la misma para todos los hombres, independiente del tiempo y el lugar.[45] La pregunta que se nos plantea es ¿qué características tiene, según Maquiavelo, esta naturaleza humana?.

Del libro primero de los Discursos se deduce que una de las principales características de esta naturaleza humana imperecedera, a la que se refiere Maquiavelo, está constituida por la ambición.[46] Esta pulsión interna, según Maquiavelo, subyace en la mayoría de las actitudes de los hombres y los inclina hacia actitudes hostiles que tienen por objeto arrogarse la cosa ambicionada, que puede estar constituida por innumerables elementos, pero entre ellos destacan los honores y las riquezas.[47] Un claro ejemplo respecto de lo que piensa Maquiavelo acerca de la ambición, lo tenemos en el capítulo 37 del primer libro de los Discursos, donde afirma:

“En efecto; cuando los hombres no combaten por necesidad, combaten por ambición, la cual es tan poderosa en el alma humana, que jamás la abandona, cualquiera que sea el rango a que el ambicioso llegue. Causa de esto es haber creado la naturaleza al hombre de tal suerte que todo lo puede desear y no todo conseguir; de modo que siendo siempre mayor el deseo que los medios de lograrlo, lo poseído ni satisface el ánimo, ni detiene las aspiraciones.”[48]

Vemos que en este fragmento Maquiavelo sostiene que dos son los motivos que pueden provocar en el hombre actitudes hostiles: la necesidad y la ambición. No obstante, subyace en ambos sentimientos un elemento único que es el miedo. La necesidad de las que nos habla Maquiavelo puede ser entendida como un miedo evidente, un miedo provocado por un factor presente que insta al hombre a buscar medios para defenderse. Mientras que la ambición, como fue analizado en el primer capítulo de este trabajo, surge o hunde sus raíces en un temor percibido, pero que no se presenta como algo concreto en el presente, sino que se avizora en el futuro. De ahí que la ambición también pude estar, en última instancia, relacionada con el miedo.

Ahora bien, además de la ambición como elemento constitutivo de la naturaleza humana, observamos en la obra de Maquiavelo que el hombre no puede ser catalogado, a priori ni como un ser absolutamente malo, ni como un ser irrestrictamente bueno. Es más bien lo uno y lo otro en potencia.[49] Esto porque ni el hombre considerado como malvado logra comportarse siempre a la medida de su malignidad, ni el catalogado como bueno es invariablemente bondadoso.

Si bien, esta es nuestra posición frente a la concepción de la naturaleza humana en la obra de Nicolás Maquiavelo. No podemos dejar de señalar que hay quienes no perciben esta ambivalencia, esta pugna, esta tragedia interna en la concepción del hombre en Maquiavelo. Por ejemplo Oscar Godoy, simplemente se queda con las afirmaciones en que Maquiavelo concibe al hombre como un ser imperturbablemente inclinado al mal, y por tanto deduce de ello que el florentino concibe que el hombre es naturalmente malo.[50] A favor de las deducciones de Godoy están las afirmaciones en que Maquiavelo sostiene que el hombre posee una malignidad natural[51] o bien cuando señala que todos los hombres cometen demasías cuando no hay nada que los contenga, lo que en definitiva significa que cuando los hombres poseen medios y libertad para ejecutar el mal, lo ejecutan. [52]

Por nuestra parte, percibimos que Maquiavelo concibe una naturaleza humana trágica, en la que el egoísmo, la ambición y la agresividad se transforman en elementos constitutivos del comportamiento humano. Pero explícitamente Maquiavelo declara que los hombres no son ni buenos ni malos,[53] y esto nos basta para continuar afirmando que en Maquiavelo el ser humano posee características dicotómicas, en las que se despliega un constante conflicto entre la razón y la pasión.

2. EL EQUILIBRIO DEL PODER

Si bien la teoría del equilibrio del poder ha sido desarrollada, tradicionalmente, a partir del ámbito de las relaciones internacionales, procederemos en este capítulo a transplantar dicho análisis al ámbito de las relaciones internas de la república romana.[54] Esta situación se explica por el hecho básico de que nuestro objeto de estudio se restringe al primer libro de los Discursos, y éste, como ya ha sido señalado, está dedicado a describir y analizar los asuntos internos de la república romana.

Ahora bien, en el libro primero de los Discursos es posible percibir la inclinación de Maquiavelo hacia la ponderación del equilibrio de poder en cuanto se muestra abiertamente favorable a la creación de repúblicas mixtas, donde se mezcla la aristocracia, el principado y el gobierno popular, generando un régimen estable, puesto que todos los actores de la sociedad encuentran su lugar en la institucionalidad. En el capítulo 2 Maquiavelo afirma “que todas las demás formas de gobierno son perjudiciales, las tres que calificamos como buenas por su escasa duración (monárquica, aristocrática y democrática), y las otras tres por la malignidad de su índole (tiranía, oligarquía y licencia). Un legislador prudente que conozca estos defectos, huirá de ellas, estableciendo un régimen mixto que de todas participe, el cual será más firme y estable; porque en una constitución donde coexista la monarquía, la aristocracia y la democracia, cada uno de estos poderes vigila y contrarresta los abusos de los otros”.[55]

En esencia, el equilibrio de poder propone que el orden y la paz es el fruto de un constante juego en el que los actores mantienen la preocupación de no permitir que ninguno se trasforme en lo suficientemente fuerte como para verse tentado a avasallar a los demás. Ahí radica el equilibrio. Pero el proceso mediante el cual se alcanza tal equilibrio no descarta fricciones y conflictos, éstos son connaturales a las relaciones humanas, por tanto no es la eliminación de tales rencillas las que busca el equilibrio de poder, sino la limitación o extirpación de crisis generalizadas donde uno de los actores logre imponerse irrevocablemente por sobre los demás. El equilibrio de poder busca mantener la fuerza distribuida de manera que cada una de las partes sirva de contrapeso para las demás.

En el análisis desarrollado por Maquiavelo en el libro primero de los Discursos este sistema de equilibrio se evidencia netamente en la propuesta de Maquiavelo a favor de la constitución de repúblicas mixtas, que permitió nada menos que establecer una república perfecta, donde la desunión y conflicto entre el pueblo y el senado desempeñó un rol de suma relevancia.[56]

La salvedad que propone Maquiavelo respecto de la fundación de repúblicas mixtas, donde el fundamento radica en el constante equilibrio y contrapeso de las partes constitutivas, está dado por la corrupción de la sociedad. Cuando la corrupción ha erosionado la médula de la sociedad es difícil o imposible la tarea de organizar una república estable sobre las bases de una constitución mixta. Es así, que en el capítulo 18 Maquiavelo señala que quien quisiera fundar una república sobre cimientos corrompidos, quien quisiera crear instituciones republicanas sobre una población desacostumbrada a la libertad, quien pretendiera lograr a través del equilibrio de los poderes la convivencia entre clases empapadas por odios arraigados durante décadas, ése príncipe, ese fundador, estaría condenado al fracaso. Como lo estaría también aquel que, conquistando una ciudad libre, no se decidiera ni a destruirla por completo, ni a instalarse en ella ni a conservarle su libertad. Es evidente, entonces, para Maquiavelo que hay circunstancias en que el equilibrio entre el pueblo y los nobles no puede hacerse descansar en instituciones. Es casi imposible crear una república en una ciudad corrupta. [57]

3. CARÁCTER INEVITABLE DEL CONFLICTO

En el libro primero de los Discursos de Maquiavelo se evidencia que Roma era constantemente sacudida por el conflicto entre su insolente nobleza y su ambiciosa plebe.[58]
Ahora bien, además de aceptar Maquiavelo el conflicto como algo propio de las sociedades humanas, elabora en su escrito una alabanza de la discordia, puesto que ve en ésta una de las causas de la grandeza y libertad romana.[59]

El conflicto en las relaciones humanas hunde sus raíces en lo que ya hemos descrito en el primer indicador como “naturaleza humana”, ésta última caracterizada por un conflicto interior manifestado en la conciencia de los hombres, en la que sentimientos como el miedo y la ambición conducen a desencadenar acciones que llevan al enfrentamiento entre los congéneres. En efecto en el capítulo 37 Maquiavelo señala:

“Cuando los hombres no combaten por necesidad, combaten por ambición, la cual es tan poderosa en el alma humana, que jamás la abandona, cualquiera que sea el rango a que el ambicioso llegue. Causa de esto es haber creado la naturaleza al hombre de tal suerte que todo lo puede desear y no todo conseguir; de modo que siendo siempre mayor el deseo que los medios de lograrlo, lo poseído ni satisface el ánimo, ni detiene las aspiraciones.”[60]

A la aceptación del conflicto como algo natural y propio de la sociedad, se suma la alabanza y dignificación de estas relaciones, debido a que según el análisis de Maquiavelo, en éstas deben ser buscadas las causas de la grandeza romana, en efecto esta desunión y lucha entre la nobleza y la plebe otorgó a Roma instituciones beneficiosas para la libertad y para el engrandecimiento.[61]
Antes de llegar a elaborar esta alabanza de los disturbios romanos, Maquiavelo se propuso demostrar la grandeza y debilidades de otras organizaciones políticas. Ello porque debía sustentar su opinión favorable a los disturbios. En el capítulo 2 del primer libro de los Discursos la aceptación y alabanza del conflicto se sustenta en el hecho de que ellos dieron la posibilidad de perfeccionar la constitución original de la república. La perfectibilidad de la constitución debe ser algo a lo que deben aspirar las organizaciones políticas cuando no han tenido la posibilidad de que sea una sola persona la que de una vez y para siempre les otorgue una institucionalidad perfecta. Este último fue el caso de Esparta donde Licurgo la organizó de tal suerte que distribuyó la autoridad entre el rey, los grandes y el pueblo, creando un régimen de más de ochocientos años de duración, brindándole perfecta estabilidad al Estado.[62] La alabanza y reconocimiento que hace Maquiavelo a la organización política de Esparta radica, esencialmente, en haber generado un régimen Mixto y estable. El otro ejemplo entregado es el de Atenas, donde Solón estableció una constitución puramente democrática, que tuvo por característica la inestabilidad y la corta duración. Maquiavelo critica este último régimen por no haber sido capaz de encausar los conflictos entre los distintos actores de la sociedad.

Como se ve, Maquiavelo pondera positivamente el régimen establecido en Esparta por Licurgo, pero enseguida señala que Roma no habiendo contado con un legislador como el espartano, tuvo que encausar la perfectibilidad de su constitución a los buenos resultados de las relaciones conflictivas entre la nobleza y la plebe.[63]

Respecto de la alabanza de la discordia que percibimos en el primer libro de los Discursos, son muy interesantes los argumentos entregados por Maquiavelo en el capítulo 6, titulado “si era posible organizar en Roma un gobierno que terminara la rivalidad entre el pueblo y el Senado”. Para establecer su opinión Maquiavelo se propone estudiar las repúblicas que sin tales tumultos han vivido largo tiempo libremente. Escoge para tales fines dos ejemplos, uno antiguo (Esparta) y uno contemporáneo (Venecia). Esparta cerró las fronteras a los extranjeros, con ello se evitaba la corrupción de las costumbres; mientras que en Venecia no se educa al pueblo para la guerra.[64] Ante esto la sentencia de Maquiavelo es la siguiente: para mantener la tranquilidad en Roma, los legisladores romanos debían hacer una de estas dos cosas. Hicieron precisamente lo contrario, aumentando con ello el número y el poder de la plebe y las ocasiones de tumultos que infinitas veces perturbaron la tranquilidad. “Pero al desear Roma disminuir la causa del alboroto, destruiría también la causa de su engrandecimiento… Si quieres tener un pueblo numeroso y armado para engrandecer el imperio, lo has de organizar de tal suerte que no siempre puedas manejarlo a tu gusto”.[65] El razonamiento de este capítulo nos dice en primer lugar que toda República que desee expandirse debe necesariamente confiar su libertad a la plebe: en ello reside simultáneamente la causa del desorden y la causa del engrandecimiento. En esencia lo que se pondera son los buenos frutos de la discordia.

En este ámbito, un último elemento que destacamos de la omnipresencia del conflicto es la necesidad de que existan causes que permitan canalizarlo. Ello lo evidenciamos en Maquiavelo en el capítulo 7, titulado “De cómo las acusaciones son necesarias en la república para mantener la libertad”. Aquí Maquiavelo da toda su relevancia a la canalización institucional del conflicto ineludible entre la plebe y los nobles, partiendo del hecho de que la división es propia de la vida de la ciudad, llega a sostener que la república más estable será aquella que logre dar una expresión institucional al conflicto, aquella que logre canalizar el conflicto de manera pública a fin de evitar el accionar faccioso. En este capítulo se sostiene que los guardianes de la libertad deben tener facultad de acusar ante el pueblo o ante un magistrado o consejo a los ciudadanos que de algún modo infringen las libertades públicas. Maquiavelo señala que cuando las antipatías no tienen medio ordinario de manifestación se apela a los extraordinarios, arruinando la república. Es necesario que las opiniones que agitan los ánimos encuentren vías legales de manifestación.[66] Lo que destaca Maquiavelo es la necesidad de que los conflictos, disputas, tumultos, discordias, logren encontrar su cause en la propia institucionalidad de la organización política respectiva. Y ello solo se logra si se acepta previamente que el conflicto es algo propio de la vida en sociedad. Aceptando esto, se pueden prever e institucionalizar canales legítimos de manifestación del descontento. Por ello, es que Maquiavelo pondera positivamente el hecho de que a pesar de haber existido tantos disturbios causados por la rivalidad de la plebe y el senado, en ningún caso ni el Senado ni la plebe, ni ciudadano particular alguno, intentó valerse de fuerzas exteriores, pues teniendo el remedio en casa, no necesitaban buscarlo fuera de ella.[67]

4. LA AUTONOMÍA DE LA POLÍTICA

En el primer libro de los Discursos de Nicolás Maquiavelo es posible percibir claramente la autonomía de la política respecto de otras esferas, como la religiosa,[68] cuando se evidencia que Maquiavelo considera excusable el fratricidio cometido por el fundador de Roma[69] y los asesinatos perpetrados por el Curiacio vencedor.[70]

El “no matarás” bíblico no está sujeto a condicionantes, sino que posee un valor absoluto.[71] Pero en Maquiavelo siempre está presente la idea de que los objetivos y los resultados son los que pueden absolver de culpas como la criminal. No es en sí mismo el crimen el que se justifica, sino la razón por el que tal acto se cometió.

Así, por ejemplo, en el acto criminal cometido por uno de los Curiacios, matando a sus contrincantes, los Horacios, se absuelve de la culpa debido a que el objetivo era defender a Roma, pero cuando el mismo hombre mata a su hermana, a pesar de todos sus honores, fue juzgado puesto que este segundo acto criminal no poseía ningún móvil superior que pudiera justificar su acción.[72]

Al analizar el libro primero de los Discursos percibimos que Maquiavelo reclama una especificidad ética propia de lo político, que acepta como permisibles actos de engaño y crueldad. A través de su obra, Maquiavelo demuestra que en lo político se hace y se ha hecho el mal, llegando a sostener que en el ámbito político existen ocasiones en que se debe hacer el mal porque la necesidad lo demanda. En efecto, a lo largo de su escrito se advierte una nítida defensa de métodos extraordinarios en el ámbito de lo político, lo que nos lleva a afirmar que innegablemente en Maquiavelo se defiende la autonomía de la política.

En definitiva, dos son los principales factores que nos llevan a sostener que en Maquiavelo se reclama la autonomía de la política. Por una parte su constante inclinación a defender la idea de que el fin (objetivo-resultado) es capaz de justificar los medios utilizados y, por otra, la indiferencia respecto de los postulados religiosos (cristianos).

El primero de estos factores se evidencia con nitidez al momento en que Maquiavelo señala que Rómulo queda absuelto de su culpa por el resultado superior al que se supeditaron los asesinatos cometidos:

“Ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye… que Rómulo mereciese perdón por la muerte del hermano y del colega y que lo hizo por el bien común y no por propia ambición, lo demuestra el hecho de haber organizado inmediatamente un Senado que le aconsejara, y a cuyas opiniones ajustaba sus actos”.[73]

Es indudable que, de afirmaciones como éstas, podemos claramente deducir el principio desprendido de las enseñanzas de Maquiavelo, respecto de que el fin, si es bueno, logra justificar los medios utilizados. Maquiavelo piensa que el ámbito de lo político tiene principios éticos propios, distintos a los que debieran regir el resto de la vida humana. Es decir, en lo político es permisible, recomendable, e incluso admirable, llevar a cabo, en ciertas circunstancias, actos que no serían aceptables en ningún otro ámbito de la vida humana, y que francamente serían reprochables. Estos actos incluyen las más diversas expresiones del engaño, la violencia y la crueldad, pero la vara con la que se mide estos actos, son los resultados obtenidos. No se trata de que Maquiavelo niegue la categoría del bien y el mal, pero legitima el mal y lo excusa cuando subyace una necesidad política. En definitiva, puede ser excusable la utilización de medios malos, si los fines son buenos.

El segundo elemento en que concebimos la autonomía de la política está dado por la indiferencia de Maquiavelo respecto de la verdad religiosa. Ahora bien, la autonomía de la política respecto de la religión, en Maquiavelo, no implica ignorar el rol que cumple o puede llegar a cumplir la religión en la sociedad.[74] En este ámbito entra en juego la utilización de la religión, a la cual Maquiavelo concibe como un buen instrumento de control y sometimiento de la población.[75]

Refiriéndose Maquiavelo a la religión de los romanos, señala que los buenos principios religiosos lograron generar y mantener el orden social. [76] Maquiavelo afirma que los romanos temían más faltar a sus juramentos que a las leyes, como todos los que tienen en más el poder de Dios que el de los hombres. Siendo conciente de esto, los gobernantes romanos utilizaron la religión para convencer al pueblo a aceptar determinaciones o para convencer a éste a actuar. Por ejemplo Numa simuló estar inspirado por una ninfa para establecer nuevas y desconocidas reglas.[77] Así también, la religión fue utilizada para inspirar confianza en los ejércitos[78] o para instar al pueblo a tomar una decisión.[79]

Ahora bien, Maquiavelo propone que para convertir la religión en un buen instrumento político, sus fundamentos deben estar sanos y la sociedad incorrupta, puesto que de lo contrario sus preceptos no son respetados, llamando al descreimiento de la población. En este contexto se entiende la fuerte crítica que Maquiavelo manifiesta hacia la Sede Pontificia, a quien acusa de no haber sido capaz de mantener los fundamentos religiosos y a además ser la causa de los males de Italia, ya que a lo largo de los siglos no logró ser suficientemente fuerte para unificar el territorio, ni lo suficientemente débil como para desaparecer.[80]

Como queda demostrado, en el primer libro de los Discursos de Maquiavelo, efectivamente se evidencia la autonomía de la esfera política, ya que en este escrito se expresan variados argumentos que tienen por objeto reclamar y declarar que la ética política no es la misma ética religiosa. En la primera esfera es posible justificar e incluso defender actitudes que en la otra son absolutamente reprobables. Esto debido a que la vara con la que se mide el actuar político, según Maquiavelo, radica en los resultados obtenidos, he aquí que la máxima que dice “cuando los hechos te acusen, que los resultados te excusen”[81], cobra todo su valor.

REFLEXIONES FINALES

En el presente escrito se ha tenido por objetivo esclarecer la posibilidad de identificar a Nicolás Maquiavelo como un realista político. Para alcanzar tal propósito, en primer lugar, se expuso una aproximación conceptual en la que nos planteamos críticamente frente a algunas definiciones tentativas del realismo político, poniendo especial énfasis en el análisis de los 6 principios expuestos por Hans Morgenthau. Respecto de éstos señalamos nuestras aprensiones y disconformidades, debido a que el intento clasificatorio de Morgenthau no satisface la necesidad de delinear con claridad los elementos constitutivos del realismo político. Ninguno de sus principios es nominado y no delinea los límites entre cada uno de ellos. A pesar de ello, presentamos un intento de nominación y explicación de cada uno de los principios. Así, nuestra propuesta de nominación arrojó por resultado lo siguiente:

1. Empirismo.
2. Interés como principio rector del quehacer político.
3. Lo variable y lo permanente en el concepto de interés.
4. Ética de los resultados.
5. Rechazo de la existencia de una moral universal.
6. Especificidad de la política.

Frente a la propuesta de Morgenthau, expusimos también una visión crítica del realismo político, en la que Francis Fukuyama deshecha esta metodología de análisis debido a no aceptar dos de sus principales postulados: el carácter inevitable del conflicto y el equilibrio de poder. La incorporación de estos planteamientos sólo tuvo por objeto enriquecer la panorámica general respecto de la configuración del concepto y sus ejes directrices.

En el apartado final de la primera etapa del trabajo expusimos una conceptualización tentativa del realismo político, delineada a partir de cuatro indicadores fundamentales: Percepción trágica de la naturaleza humana, equilibrio de poder, carácter inevitable del conflicto y autonomía de la política. Tales indicadores fueron establecidos partiendo de la premisa de que estos elementos son considerados como básicos para la mayoría de los analistas que adhieren a la escuela del realismo político. La definición de cada uno de estos elementos nos permitió construir una herramienta de análisis a partir de cual nos adentramos en el estudio minucioso del libro primero de los Discursos de Nicolás Maquiavelo.

Percepción trágica de la naturaleza humana: respecto de este indicador precisamos que el realismo político concibe que el hombre se caracteriza por estar constantemente sometido a conflictos interiores en el que emociones divergentes luchan por satisfacer sus demandas. Así, la maldad y la bondad, están presentes en el ser humano y permanecen en un estado potencial prestas a entrar en juego en cualquier instante. En esencia, el realismo político concibe que el hombre no es bueno ni malo, sino que ambas cosas al mismo tiempo y en ello radica el carácter trágico de su naturaleza.

Equilibrio de poder: los autores que adhieren al realismo político se muestran favorables al establecimiento del equilibrio de poder entre los actores políticos. Este equilibrio, implica, esencialmente, que el orden y la paz surgen como resultado del constante interés y preocupación por mantener equilibrada la balanza del poder, es decir, que ninguno de los actores (Estados en el ámbito internacional) logre alcanzar un grado tal de fuerza que pueda verse tentado a avasallar, aplastar y someter a los demás. El equilibrio de poder no garantiza la paz perenne, pero sí puede lograr evitar las crisis generalizadas.

Carácter inevitable del conflicto: en el realismo político, el conflicto se concibe como una propiedad connatural de las relaciones humanas y las razones por las que éste puede surgir son tan variadas, que difícilmente pueden ser clasificadas, puesto que la convergencia o la divergencia de objetivos puede conducir a un conflicto, es decir, por que se desea (ambiciona) una misma cosa o porque se desean cosas contrapuestas.

Autonomía de la política: el realismo político reclama y declara autonomía del quehacer político, reflejando en sus postulados una ética particular y autónoma, no sujeta a éticas de carácter religioso. La autonomía no implica desestimar que la política está constantemente influida por otras esferas como la religión o la economía.

A partir de la configuración de estos cuatro indicadores, nos adentramos en el capítulo II con el objeto de verificar o descartar en el escrito de Nicolás Maquiavelo dichos elementos constitutivos del realismo político. Como se pudo apreciar a lo largo de todo este capítulo, en el primer libro de los Discursos de Maquiavelo, efectivamente se encuentran presentes los cuatro indicadores básicos del realismo político. Por tanto, podemos decir con propiedad, que Maquiavelo puede ser considerado un realista político.

En el primer libro de los Discursos de Maquiavelo se bosqueja una percepción trágica de la naturaleza humana, donde las pulsiones internas de la maldad y la bondad se encuentran omnipresentes y en conflictividad. Vimos que algunas aseveraciones de Maquiavelo pueden llevarnos a deducir que para él los hombres son “naturalmente” malos, pero en el libro analizado son más las veces en que se afirma que el hombre no es, y no sabe ser, completamente bueno ni malo, pero que la ambición –cualidad permanente en todo hombre- lo inclina a comportamientos agresivos.[82]

Acerca del equilibrio de poder, podemos afirmar que Maquiavelo, efectivamente, se muestra favorable a este tipo de orden político. En el libro primero esto se manifiesta en las apreciaciones de Maquiavelo respecto de la constitución de régimen Mixto. Según Maquiavelo, fue beneficioso para Roma haber logrado organizar una institucionalidad en la que la monarquía, la aristocracia y la democracia encontraran cabida en su constitución, puesto que el equilibrio y el contrapeso ejercido por estas tres entidades habrían conferido a Roma la grandeza y la libertad.[83]

El carácter natural del conflicto es el elemento de mayor notoriedad en el primer libro de los Discursos. Maquiavelo sostiene que al ser la ambición una característica propia de todo hombre y todo grupo humano, ésta lo conduce a mantener una actitud hostil que puede desembocar en tumultos, desordenes y enfrentamientos declarados. Ahora bien, este reconocimiento de la naturalidad del conflicto va más allá para transformarse incluso en una alabanza de la discordia, puesto que Maquiavelo llega a afirmar –reiteradas veces- que la causa principal de la libertad de los romanos y de la grandeza romana, radica en los enfrentamientos que se produjeron entre la plebe y los nobles, ya que de tales disturbios se obtuvo por resultados el perfeccionamiento de la institucionalidad y la creación de leyes beneficiosas.[84] En definitiva, los buenos resultados justifican los medios utilizados para obtenerlos.

Finalmente debemos señalar que la autonomía de la política respecto de otras esferas de la vida humana constituye en Maquiavelo un eje estructurante de todo su argumento. Es evidente que para Maquiavelo el actuar político no se mide con la misma vara con la que se miden otras esferas de la realidad. En efecto, el instrumento con el que deben, según Maquiavelo, sopesarse las acciones políticas son los resultados obtenidos. Y cuando estos son buenos, los medios utilizados para alcanzarlos son justificados.[85] Por ello es que el homicidio es justificable cuando un fin superior lo justifica, así también ocurre con el engaño, la mentira, la crueldad, etc.

NOTAS

[1] Tradicionalmente se designa con este nombre la obra en Nicolás Maquiavelo se dedicó a analizar la primera década de Tito Livio. Así también será referida tal obra a lo largo del presente trabajo.
[2] Borja, Rodrigo, Enciclopedia de la Política, Fondo de Cultura Económica, México, 1997. Página 815
[3] Idem
[4] Ibidem, Página 816
[5] Ibidem, página 615.
[6] Touchad, Jean, Historia de las Ideas Políticas, Editorial Tecnos, Madrid, 1998. Página 203
[7] Chevaliere, Los grandes textos políticos desde Maquiavelo a nuestros días, Aguilar S.A. Ediciones, Madrid 1998. Página 34

[8] Morgenthau, Hans, Escritos sobre política internacional, Editorial Tecnos, Madrid, 1990: “Consideramos que los estadistas piensan y actúan en términos de interés definidos como poder, y la evidencia histórica confirma esta suposición. Esta suposición nos permite seguir y prever, por así decirlo, los pasos que un estadista –pasado, presente o futuro- ha tomado o tomará en la escena política. Miramos por encima de su hombro cuando escribe sus notas; escuchamos sus conversaciones con otros estadistas, y leemos y prevemos sus mismos pensamientos. Pensando en términos de interés definido como poder, pensamos como él lo hace, como observadores desinteresados comprendemos sus pensamientos y acciones quizás mejor que él mismo actor en la escena política”. Página 5
[9] Morgenthau acepta esta contradicción y ante ello sostiene que la teoría política que pretenda ser racional haga abstracción de los elementos irracionales. Incluso ilustra con el ejemplo de la guerra llevada a cabo en Indochina por Estados Unidos, proponiendo 5 principios de irracionalidad política: “aplicación al mundo empírico de un cuadro simplista y apriorístico del mundo derivado del folklore y de presunciones ideológicas; la negativa a corregir dicho cuadro del mundo a partir de la experiencia; la persistencia de una política exterior derivada de la percepción incorrecta de la realidad y el uso de la inteligencia no para adoptar la política a la realidad, sino para reinterpretar la realidad haciéndola coincidir con la política; la vanidad de los políticos que aumenta la distancia entre percepción y política, de un lado y realidad, del otro; y la necesidad de disminuir esa distancia al menos subjetivamente a través de la acción, cualquier tipo de acción que cree la ilusión de control sobre la realidad”. Morgenthau, Hans, Ob., Cit., Página 49
[10] Morgenthau, Hans, Escritos sobre política internacional, Editorial Tecnos, Madrid, 1990. Página 51
[11] Morgenthau, Hans, Ob. Cit., Página 54
[12] Maquiavelo, Nicolás, Obras políticas, Editorial El Ateneo Pedro García S. A., Buenos Aires 1957. Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I. Capítulo 9. (Página 86). Las siguientes referencias de la obra citada se harán sólo como “Discursos”, indicando el libro, capítulo y Nº de página.
[13] Francis Fukuyama nació en el seno de una familia de origen japonés en 1952, en la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Creció en Nueva York y se graduó en Harvard. Durante su carrera escribió sobre democratización y política económica internacional, especializándose en la política exterior de la ex Unión Soviética. También trabajó para el Departamento de Estado de los Estados Unidos. En la actualidad es miembro del Consejo Presidencial sobre la Bioética y catedrático de Economía Política Internacional en la Universidad Johns Hopkins en Washington, DC. (Rechaza el Realismo político como metodología de análisis para las relaciones internacionales tras la Guerra Fría)

[14] Fukuyama, Francis, El Fin de la historia y el último hombre, Editorial Planeta, Barcelona 1992. Página 343
[15] TOMÁS A. CHUAQUI. Ph. D. Politics, Princeton University. Profesor Auxiliar del Instituto de Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile.
[16] OSCAR GODOY ARCAYA. Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de Teoría Política y Director del Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Miembro de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Consejero del
Centro de Estudios Públicos.
[17] Chuaqui, Tomas, “La ética política de Maquiavelo, gloria, poder y los usos del mal”, Estudios Públicos, N° 79, invierno 2000. página 417
[18] Godoy, Oscar, “Antología del pensamiento de Maquiavelo”, Estudios Públicos, N° 73, 1994. Página 393
[19] Discursos I, Capítulo 26, 27 y 30
[20]Discursos, I. Capítulo 27. (Página 128)
[21] Ibidem, página 67. (Disc., I, Capítulo 3). La cursiva es nuestra.
[22] Kissinger, Henry, Diplomacia, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1995. página 62
[23] Kissinger desarrolla ampliamente esta temática en su obra Un Mundo Restaurado (Editorial, FCE, México, 1973). En ésta describe y analiza el complejo sistema de alianzas generado en Europa a partir del Congreso de Viena, que puso fin a la convulsión derivada de la Revolución Francesa.
[24] Este complejo sistema es el que explica Kissinger en su libro “Un Mundo Restaurado” (Fondo de Cultura Económica, México, 1973). Tras el Congreso de Viena que aplacó la convulsión revolucionaria francesa, las potencias europeas, se propusieron mantener la paz y para ello se recurrió al establecimiento de un sistema de equilibrio de poder, donde el objeto fue mantener a raya los apetitos expansivos de Francia, pero ello se logró fortaleciendo los países circundantes, y en este complejo juego, Inglaterra se transformó en el tercero autoexcluido, dispuesto a mantener en equilibrio la balanza del poder.
[25] Oro, Luis, ¿Qué es la política?, Ril Editores, Santiago de Chile, 2003. Página 15
[26] Weber, Max, Ob. Cit., páginas 94 y 95
[27] Weber, Max, Ob. Cit., páginas 154
[28] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6. (Páginas 61-69, 74-79)
[29] Discursos, I. Capítulo 4 (Página 69)
[30] Discursos, I. Capítulo 3. (Página 68)
[31] Max Weber plantea esta idea tres veces a lo largo del escrito, instando a sus interlocutores a no olvidar tal premisa: Weber, Max, La política como profesión, Editorial Epasa, Calpe, Madrid, 1992: 1. “quien se mete con el poder y la violencia como medios, firma un pacto con los poderes diabólicos y sabe que para sus acciones no es verdad que del bien solo salga el bien y del mal solo el mal, sino con frecuencia todo lo contrario”, página 156; 2. “quien quiera hacer política en general, y quien quiera ejercerla sobre todo como profesión, tiene que ser consiente de esas paradojas éticas y de que es responsable de lo que él mismo pueda llegar a ser bajo la presión de éstas. Repito que tendrá que comprometerse con los poderes diabólicos que acechan en toda acción violenta”, página 160; 3. “(todos los objetivos) a los que se aspira con una acción política que opera con medios violentos y por el camino de la ética de la responsabilidad, pone en peligro la salvación del alma…si se quiere alcanzar los objetivos con una pura ética de convicciones dentro de una lucha religiosa, estos objetivos pueden sufrir daño y desacreditarse para muchas generaciones porque falta la responsabilidad por las consecuencias, ya que el actor sigue sin ser consciente de aquellos poderes diabólicos que están en juego”. Página 161.
[32] Weber, Max, Ob. Cit., página 159
[33] Weber, Max, Ob. Cit., página 160
[34] Weber, Max, Ob. Cit., página 150
[35] Lucas 6, 27-29: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quite lo tuyo, no se lo reclames”
[36] Ejemplos del uso de la violencia justificada la encontramos en Discursos I, capítulo 9 y 22
[37] Weber, Max, Ob. Cit., página 152
[38] Discursos I, Capítulo 9. (Página 86). El subrayado y las cursivas son nuestras.
[39] Éxodo, 20, 13 – Mateo 5, 21 – Santiago, 2, 11 – Deuteronomio 5, 17.
[40] Oro, Luis, ¿Qué es la política?, Ril Editores, Santiago de Chile, 2003. Página 161. La cursiva es nuestra

[41] Para precisar ámbitos contextuales ver: Vallespín, Fernando, Historia de la Teoría Política, Alianza Editorial, Madrid, 1990. Páginas 60 y siguientes.
[42] Strauss, Leo, Ob. Cit., página 115
[43] Discursos, I, Prólogo. (Página 54)
[44] Discursos I. Prólogo. (Página 55)
[45] En el capítulo 39 del libro I de los Discursos vuelve a exponer explícitamente la idea de una naturaleza humana imperecedera: “Quien estudia las cosas presentes y antiguas se da cuenta que en todas las ciudades y todos los pueblos han existido y existen los mismos deseos y las mismas pasiones”. Página 155.
[46] Discursos, I. Capítulos 1, 5, 9, 20, 29, 35, 37, 42, 43, 46, 52, 55. Respecto de esta situación Chevalliere sostiene que los Discursos de Maquiavelo constituyen la historia de un pueblo ambicioso, mientras que El Príncipe es la historia de un hombre ambicioso. Ob. Cit., página 9

[47] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[48] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[49] Discursos, I. Capítulo 27 y 30
[50] Godoy, Oscar, Ob. Cit. Página 393
[51] Discursos, I. Capítulo 3. (Página 67)
[52] Discursos, I. Capítulo 3 y 58. (Páginas 68 y 196). En el capítulo XVIII de El Príncipe también se encuentra un claro ejemplo que puede inducir a pensar que para Maquiavelo, los hombres son naturalmente “malos”: “si los hombres fueran buenos, este principio no sería válido, pero como son perversos y no mantienen lo que prometen, tampoco uno debe mantenerlo”. Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, Editorial Planeta, Barcelona, 1999. Página 82.
[53] Discursos, I. Capítulo 27 y 30
[54] Como ejemplo de analista político que construye su estudio de las relaciones internacionales teniendo como base el equilibrio de poder, podemos citar a Henry Kissinger: Un Mundo Restaurado (Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1973) y Diplomacia, (Fondo de Cultura Económica, México 2000). En la primera de estas obras, Kissinger analiza la configuración del concierto europeo tras el Congreso de Viena y el modo en que las potencias logran mantener la paz, recurriendo al equilibrio de poder. En la segunda obra Kissinger extiende su análisis hasta la etapa final de la Guerra Fría.
[55] Discursos, I. Capítulo 2. (Pagina 65)
[56] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 67)
[57] Discursos, I Capítulo 18: “Gran dificultad o imposibilidad de conservar o fundar de nuevo una república en ciudad corrompida. Para organizar gobierno se deberá acudir mejor a instituciones monárquicas que populares, a fin de que los hombres cuya insolencia no pueden corregir la leyes, sean frenadas por un poder casi regio. Querer hacerlos buenos por otro camino sería empresa cruelísima o imposible”. Página 115
[58] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6.
[59] Discursos, I. Capítulo 4: “En el caso del análisis de la República romana, los tumultos y desordenes que se produjeron debido al enfrentamiento entre el senado y la plebe, los cuales muchos, consideran perjudiciales, son, en realidad, la causa de la creación de leyes y reglamentos que beneficiaron la libertad pública”. Página 70
[60] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[61] Discursos, I. Capítulo 6. “Para mantener la tranquilidad en Roma, los legisladores romanos debían hacer una de estas dos cosas: o no educar la plebe para la guerra, como los venecianos, o cerrar las fronteras a los extranjeros, como los espartanos. Hicieron precisamente lo contrario, aumentando con ello el número y el poder de la plebe y las ocasiones de tumultos que infinitas veces perturbaron la tranquilidad… Pero al desear Roma disminuir la causa del alboroto, destruiría también la causa de su engrandecimiento… Si quiere tener un pueblo numeroso y armado para engrandecer el imperio, lo has de organizar de tal suerte que no siempre puedas manejarlo a tu gusto”. Páginas 78 y 79
[62] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 65)
[63] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 66)
[64] Discursos, I. Capítulo 6. (Página 76)
[65] Discursos, I Capítulo 6. (Página 76)
[66] Discursos, I Capítulo 7. (Página 79)
[67] Discursos, I. Capítulo 7. (Página 82)
[68] En este caso nos referimos a la religión cristiana, que es la atmósfera religiosa en la que se desenvuelve Maquiavelo. Este ámbito de indiferencia religiosa y desapego de los mandamientos bíblicos son expuestos claramente por Leo Straus: Meditaciones sobre maquiavelo (Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964, Capítulo IV: “La doctrina de Maquiavelo”): “Maquiavelo no habla a menudo de temas teológicos, tales como la Biblia, personajes bíblicos, sucesos bíblicos, o el cristianismo. Este hecho no demuestra necesariamente indiferencia o ignorancia… vamos a aceptar que la ciencia política es autónoma en su esfera y puede ser tratada sin ninguna atención a la enseñanza de la Biblia misma… basta para verlo recordar simultáneamente lo que dice Maquiavelo sobre el carácter excusable del fratricidio cometido por el fundador de la ciudad de Roma y lo que dice la Biblia sobre el fratricidio cometido por el primer fundador de la primera ciudad…(Maquiavelo) silenciosamente hace que los lectores superficiales olviden la doctrina de la Biblia…”. Páginas 211 y 212.
[69] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86)
[70] Discursos, I. Capítulo 22. (Página 121)
[71] Éxodo, 20, 13 – Mateo 5, 21 – Santiago, 2, 11 – Deuteronomio 5, 17.
[72] Discursos, I. Capítulo 22: “al volver Horacio vencedor a Roma, encontró a una hermana suya casada con uno de los Curiacios muertos llorando la perdida de su marido y la mató”. Tras este hecho Horacio fue sometido a juicio por su delito, y fue absuelto, más por los ruegos de su padre que por los méritos de vencedor de los albanos… En un pueblo bien gobernado nunca se compensan los actos criminales con los meritorios”. Página 120
[73] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86 – 87)
[74] Leo Straus al comentar esta actitud sostiene que “no dudamos en afirmar, como otros muchos han afirmado antes que nosotros, y como trataremos de probar más adelante, que la doctrina de Maquiavelo es inmoral e irreligiosa. (los que opinan lo contrario) está convencidos de que Maquiavelo era amigo de la religión porque subrayaba la utilidad y el carácter indispensable de la religión. No tienen en cuanta el hecho de que su alabanza de la religión es solo el reverso de lo que podemos llamar provisionalmente su completa indiferencia a la verdad de la religión”. Straus, Leo, Meditación sobre maquiavelo, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964. Página 12
[75] Discursos, I. Capítulos 10, 11, 12, 13, 14 y 15
[76] Discursos, I. Capítulo 11. (Página 93)
[77] Discursos, I. Capítulo 11. (Página 94)
[78] Discursos I. Capítulo 14: “Jamás se comenzaban una expedición belicosa sin haber persuadido a los soldados de que los dioses les prometían la victoria”, pero “muchas veces se dio orden de batalla sin sospechar el ejército que estaba en desacuerdo con lo que ordenaba su religión, pedíanse los auspicios para inspirar a los soldados la confianza que casi siempre es garantía de la victoria, y por ello hubo esta costumbre entre los romanos y entre los otros pueblos”. Página 104
[79] Discursos, I. Capítulo 13: Frente a la nueva creación de los tribunos, los patricios utilizaron algunos prodigios para decir que los dioses estaban llenos de ira por haber usado mal Roma la majestad del imperio. Por ello “el pueblo que era muy religioso, asustado por lo que se decía de los dioses, eligió a todos los tribunos de la clase patricia”. Página 100
[80] Discursos, I. Capítulo 12. (Página 98)
[81] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86)
[82] Discursos, I. Capítulos 1, 5, 9, 20, 29, 35, 37, 42, 43, 46, 52, 55.
[83] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 67)
[84] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6.
[85] Discursos, I. Capítulo 9, 22.

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Imágenes siglo xx
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Perfil profesional
Ana Henríquez Orrego

Acerca de Ana Henríquez Orrego

Magíster en Historia, Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Geografía y Cs. Sociales por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Directora de Escuela de Historia de Universidad de Las Américas.
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10 respuestas a REALISMO POLITICO NICOLAS MAQUIAVELO

  1. Carolus dijo:

    Muy buen blog, te felicito. No deberías leer esto… Es retorcidamente maquiavélico. Entra y verás, ya me dirás como te funciona:
    http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf
    http://www.librosenred.com/masvendidos.asp

  2. ANA HENRIQUEZ ORREGO dijo:

    EL MISMO DOCUMENTO ANTERIOR FUE PUBLICADO EN http://www.caip.cl

    VER:

    http://www.caip.cl/data/photo/pensamientopolitico2.pdf

  3. patsourire dijo:

    Es gratificante encontrar blogs con este matiz que resultan además ser de gran ayuda para ilustrar mucho de lo que actualmente estoy viendo en la universidad.

    Le felicito.

    Pat.

  4. ARMANDO dijo:

    GRACIAS POR ESTE MATERIAL ES EXELENTE ME SIRVE PARA ALCARAR DUDAS Y REALIZAR LAS TAREAS QUE ME DEJAN EN LA UNI.
    QUE DIOS LES SIGA DANDO GRANDES BENDICIONES Y MUCHO TALENTO CONSUS CONOCIMIENTOS.
    FELICIDADES

  5. PEDRO dijo:

    Muchisimas gracias, muy completo y aclara muchas cuestiones, teniendo en cuenta lo complicado que son leer estos libros. Sigan así!!!.

  6. iris dijo:

    bueno esto me parece muy interesante ya que me ayudo mucho con mi tarea sobre el realismo politico y gracias a ello pude sacar lanota maxima de salon muchas gracias y es pero que a ustedes les valla muy bien como a mi.

  7. karla dijo:

    De manera personal ¿cuál sería tu opinion sobre la enseñanza de Maquiavelo para que cualquier persona pudiera emplearla en su vida cotidiana?

    • DE MANERA PERSONAL!!!!!!!

      CREO QUE LA HISTORIA DA MUCHAS LECCIONES Y QUE CADA CUAL SACA LAS QUE ESTIMA CONVENIENTES……
      por ejemplo, decir que hay que aprender de MAQUIAVELO a como comportarse, me parece ilógico… más bien sirve para saber reconocer como es el mundo real….. para dejar de vivir como los ilusos—–

      en fin, da para mucho el comentario, pero ahoritas debo terminar una tesis…. ups…
      atte
      ana

  8. Pingback: HISTORIA1IMAGEN | Historia1Imagen UDLA

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