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24 09 2007

 

 

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Perfil Profesional

Ana Henríquez Orrego

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EL ARTE ISLÁMICO ANÁLISIS DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA

24 09 2007

 PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

INSTITUTO DE HISTORIA

PROGRAMA DE MAGISTER EN HISTORIA

HISTORIA DEL ARTE Y LA CULTURA

Primer semestre 2005

“EL ARTE ISLÁMICO ANÁLISIS DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA”

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Profesor: Romolo Trebbi

Alumna: Ana Henríquez Orrego

TEMARIO

  • Introducción
  • Reseña de la presencia islámica en España
  • El mensaje de la nueva religió
  • Proceso expansivo del Islam
  • La mezquita como elemento arquitectónico del Islam
  • La Gran Mezquita de Córdoba como ejemplo de la arquitectura hispano-árabe
  • Historia del ensanchamiento arquitectónico de la Mezquita
  • La importancia de los arcos de herradura en la construcción de la mezquita: elementos visigodos en sus antecedentes
  • Bibliografía

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I. Introducción

La presencia de la arquitectura musulmana en España responde a hechos históricos relacionados con el proceso expansivo del Islam. No obstante, lo que esperamos comprobar en el presente trabajo es que bajo ninguna circunstancia se puede considerar este tipo de arte como un simple trasplante de elementos orientales – arábigos hacia tierras occidentales.

Si bien es cierto, las peculiaridades del arte musulmán en España como en todas las regiones que abarcó el Islam, se encuentran impregnadas por los elementos de la religiosidad musulmana, la arquitectura islámica presente en la península ibérica es el fruto de la síntesis entre elementos visigodos, con sus rasgos bizantinos y germánicos y su fuerte cuota del legado cultural provincial romano y los elementos traídos por los musulmanes desde oriente. En efecto, entre los elementos traídos por los musulmanes también se encuentran presentes los elementos bizantinos y clásicos.

Para comprobar tales afirmaciones el trabajo que aquí presentamos ha sido estructurado de la siguiente manera:

En primer lugar, elaboraremos una breve reseña histórica que abarca las peculiaridades de la nueva religión nacida en el corazón de la Arabia, las características del progresivo avance por el mediterráneo, hasta llegar finalmente a las costas africanas, desde donde parten las expediciones que a principios del siglo VIII convertirán a la península ibérica en un enclave musulmán.

En segundo lugar hemos centrado nuestro análisis en el elemento arquitectónico más representativo del mundo musulmán: la Mezquita. A partir de los planteamientos ofrecidos por Oleg Grabar, especialista en el arte musulmán, hemos desarrollado un análisis de la evolución arquitectónica del edificio destinado a la oración comunitaria del día viernes. En este apartado se señalan las principales directrices de la configuración de un modelo arquitectónico particular, a pesar de la no existencia de cánones preestablecidos.

Finalmente el trabajo se concentra en el análisis de la Gran Mezquita de Córdoba, considerado el elemento más representativo de la arquitectura musulmana en España. Conoceremos las principales características de su progresivo ensanchamiento, llegando incluso a señalar las razones de la incorporación de una catedral cristiana en su centro. Si bien señalaremos las diversas peculiaridades que constituyen la arquitectura de la mezquita así como sus elementos decorativos, el foco de atención será el análisis de los arcos de herradura, como elemento heredado del mundo visigodo, pero que luego adquiere identidad propia en la evolución arquitectónica musulmana, enriqueciéndose a lo largo de los siglos con diversas añadiduras compositivas que irán complicando y estilizando el primitivo arco de herradura pre-islámico. Este ultimo apartado a sido elaborado, principalmente, a partir de las obras de Oleg Grabar, Marianne Barrucand, Markus Hattstein y John Hoags.

II. Breve reseña histórica: Ocho siglos de presencia árabe en la península ibérica
El mensaje religioso

Las tropas que ingresan a la península ibérica a principios del siglo VIII y que logran apoderarse del control de casi toda la península hasta el siglo XV, forman parte del movimiento expansivo llevado cabo por el Islam. Fue este un movimiento religioso nacido en el corazón de la Arabia, que con una rapidez impresionante logró extender su influencia religiosa y política por amplios territorios del mundo mediterráneo, llegando a instalarse a principios del siglo VIII en el extremo más occidental de Europa: la península ibérica.

Mahoma comenzó a darse a conocer en la Meca a principios del siglo VII su mensaje monoteísta e igualitario de la salvación eterna a través del Islam, la resignación ante la voluntad de Dios, encontró rápido eco, que lo elevó una posición excepcional. El Corán, texto sagrado de esta nueva religión, es la Palabra de Dios. Le fue revelada a Mahoma por medio del Arcángel Gabriel, para que la propague entre los hombres. El nuevo mensaje promete a todos los hombres salvación eterna siempre y cuando crean en Alá, Dios único y misericordioso, y cumplan sus preceptos. Y estos últimos constituyen los cinco pilares de la religión:

* La profesión de fe: “Solo Dios es Dios y Mahoma es su profeta”
* Oración cinco veces al día
* El impuesto religioso
* Observación del mes de ayuno
* Peregrinaje a la Meca una vez en la vida

Esta nueva religión venía a sobreponerse a un extendido politeísmo reinante en Arabia. Una de los elementos que llama la atención acerca de las ofertas entregadas por esta nueva religión era la promesa de ingreso directo al Paraíso a los caídos en la Guerra Santa contra los infieles. El éxito de las prédicas le obligó a Mahoma a huir de la Meca el año 622, refugiándose en el Oasis Yatrib, unos 360 kilómetros al norte. Con posterioridad el oasis recibió el nombre de Medina.[1] Este hecho es considerado por los musulmanes como el punto de partida de su calendario.

Con el asentamiento en Medina, puede considerarse fundado el primer Estado Islámico, a cuya cabeza se ubicaba el profeta, quien ostentó a la vez el poder espiritual y el temporal. Desde este lugar comienza la irradiación del nuevo mensaje religioso al resto de la comunidad árabe, así también, la palabra de Dios, revelada al profeta estaba escrita en Árabe, con lo que se aseguraba la preponderancia de los árabes en la nueva religión que aspiraba a una universalización.[2]

Proceso expansivo del Islam

La expansión islámica no respondió a un plan previamente establecido desde la administración centralizada, no hubo, por así decirlo, una planificación de guerra en sentido moderno. Más bien avanzó debido a los impulsos de las mismas tribus que se iban incorporando a la órbita musulmana. En un principio se avanzó hacia el norte y hacia el este, es decir hacia Siria e Irak-Irán. Entre el 640 642 fue tomado Egipto. En el año 698 fue tomada la Cartago bizantina y a principios del siglo VIII los ejércitos árabes y beréberes aliados avanzaron sobre Argelia Hacia Maruecos. La conducción de los ejércitos combinados estaba en manos árabes.[3]

A partir de este momento ya tenemos toda la fuerza musulmana instalada frente a la península Ibérica. A través de saltos sucesivos, atravesando mares y desiertos, la nueva religión nacida en el corazón del desierto arábigo, prepara su avance y arremetida contra la zona más occidental de Europa, la península ibérica.

Al otro lado del estrecho, le aguardaba un mundo en descomposición. Las intrigas políticas del Reino Visigodo le estaban ahogando en luchas intestinas que enfrentaban a las facciones con el fin de apoderarse del poder. El problema esencial, según señala Marianne Barrucand, al parecer radicaba en el carácter no hereditario de la monarquía, lo cual, sumado a una serie de problemas económicos y sociales, habían llevado a la nobleza visigoda a mantener un estado permanente de lucha. Ese era el panorama de la península ibérica a principios del siglo VIII.[4] Ahora bien, a todo lo anterior, falta, además, sumar un último elemento, que será el que pondrá en forma definitiva a los musulmanes en las tierras hispanas. Hacia fines del siglo VII los herederos pretendientes al trono comenzaron a volver sus ojos a poderes externos, con el fin e realizar sus ambiciones. Atanagildo llamó a los bizantinos en su ayuda, Sisenando acudió a los francos, Froya a los vascos y finalmente en el año 711 Akhila y sus hermanos, pidieron ayuda a los musulmanes del norte de África para luchar contra el rey Rodrigo. Este hecho facilitó las cosas a los musulmanes, quienes instalados en las costas de África, ya habían puesto en España su próximo objetivo.[5]

En los mapas que se presentan a continuación se evidencia el proceso expansivo del Islam. En los dos tipos de mapas que hemos incorporado se puede apreciar en su amplitud el proceso de avance del Islam sobre las diversas zonas geográficas que rodean el mediterráneo, así como también su avance progresivo hacia el corazón del Asia.

Expansión del Islam hacia el año 750

Fuente: Atlas Universal, Editorial Antártica, Santiago de Chile 1991, Página 68

El mundo árabe en el siglo X

Fuente: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981. Página 11

La invasión y conquista de la península ibérica

La presencia musulmana en España ocupa un espacio, tanto cronológico como territorial con un principio y un fin muy concretos, ocho siglos, del VIII al XV de tiempo absoluto, limitados por dos hechos históricos o políticos muy concretos: el año 711, el de la primera invasión árabe a la península, y el 1492, momento en que el último reducto árabe, Granada, es entregado a los Reyes Católicos.El problema surge cuando se intenta fijar el tiempo relativo del arte islámico en España, es decir en qué momento la totalidad de la cultura aceptó los cambios que la transformaron y se definió el arte claramente como suyo propio. Este problema de cronología lo estudia ampliamente Oleg Grabar en La formación del Arte Islámico,[6] imprescindible manual para tratar el tema que nos ocupa.

Dividida en diferentes etapas: emirato, califato, reinos taifas, almorávides y almohades y reino nazarí, la presencia árabe en España, imprimió al territorio andalusí,[7] a nivel artístico, unos matices propios, unos caracteres particulares, que harían del arte árabe un conjunto de heterogeneidades dentro de su homogeneidad, modificando radicalmente el carácter de la península ibérica. No obstante, un aspecto que se destacará a lo largo del presente trabajo, es que si bien, el arte musulmán en España responde a un conjunto de caracteres propios de su cultura traída de oriente, no puede obviarse el hecho de que el arte musulmán en España, o más específicamente, la arquitectura musulmana en España, responde a una fusión que unificó elementos visigodos, romano-ibéricos, romano-sirios, bizantinos y árabes en un estilo nuevo e independiente. [8]
Durante ocho siglos en territorio hispano, convivieron dos mundos, cristiano y musulmán muy distintos culturalmente, y enemigos política y religiosamente, con constantes enfrentamientos, pero en continuo contacto entre ambos, lo que permitió un enriquecimiento cultural del que se beneficiaron uno y otro.

Es el Islam el movimiento fundamentalmente religioso, y como consecuencia artístico, que más rápidamente y en mayor espacio se difundirá a lo largo de la historia. Su propagación por Oriente había sido veloz y eficiente, pero quedaba una asignatura pendiente: su difusión hacia Occidente.

A continuación se presenta una síntesis histórica que sólo pretende esbozar los rasgos más genéricos y esenciales de la presencia musulmana en España. Consideramos pertinente precisar que nuestro objetivo y por tanto nuestro interés no se centra en la indagación del proceso expansivo del Islam en occidente, sino que lo incorporamos por considerarlo imprescindible para contextualizar el tema que realmente nos ocupa: la arquitectura musulmana en España.

El mapa que se presenta a continuación ilustra la presencia y el dominio del Islam en la península ibérica, es su periodo de consolidación entre fines del siglo X y comienzos del XI.

Presencia islámica en la península ibérica

Según la documentación musulmana, en el año 710 se envió a la península una expedición de tanteo, encabezada por Tarif junto con setecientos hombres más. Desembarcaron en Tarifa, y de allí pasaron a Algeciras, con ayuda del Conde Don Julián, aliado de Witiza, y enemigo del rey Rodrigo. Será el año siguiente, el 711, una fecha a recordar: con el califa omeya Walid I y siendo Musà ibn Nusayr gobernador en Ifriqiyya, su lugarteniente Tariq ben Ziyad, viendo el estado de composición del reino visigodo, cruza el estrecho de Gibraltar con setenta mil hombres.[9] Comienza aquí la historia del Islam en Europa.Avisado el rey Rodrigo en Pamplona, baja hasta el Sur y se enfrenta con Tariq en Guadalete. Es éste el primer enfrentamiento militar entre árabes y cristianos, la primera derrota frente al Islam y la desaparición de don Rodrigo.

Se toma Écija, Córdoba, Granada, Málaga, Orihuela, el centro de la meseta de Toledo, Guadalajara, Zaragoza y Tarragona. En el verano del año 712, Musà se traslada a España con dieciocho mil hombres, iniciando una segunda penetración hacia el Norte, conquistando sin mucha resistencia Medina Sidonia, Carmona, Sevilla, Mérida, Toledo, donde está Tariq, y luego Galicia y León. Es sorprendente la rapidez con la que avanza la conquista.

Diez años después, en el 722, se registran conflictos con Pelayo en los Montes Cántabros, en la batalla de Covadonga se hace frente al Islam y sus incursiones, considerándose el primer hecho antiislam. Las fuentes árabes y cristianas coinciden en la importancia de esta batalla, aparece en las Crónicas de Alfonso III, hablando de “ciento ochenta y siete mil hombres árabes vencidos”; las fuentes musulmanas, al contrario, hablan de la anécdota de Covadonga, haciendo referencia a “trescientos asnos salvajes”, respecto a los cristianos (Crónica de al-Moggari).

En el año 732 se pasan los Pirineos y son derrotados en Poitiers por Carlos Martel, cerrando la posibilidad de expansión por el Norte. Significa esto el final de la penetración en Europa del Islam.

Desde esta fecha del 711 hasta el 756 está asentado el Emirato dependiente del Califato de Damasco. La capital en principio estuvo en Sevilla, luego pasó a Córdoba. A partir del año 741, con la península convertida en provincia omeya, comienza una etapa de lucha por el poder entre los jefes militares desplazados a la península, acrecentado por un cierto carácter racial, ya que en las distintas invasiones habían participado diferentes grupos: por una parte, una aristocracia árabe del califato; por otra, los Bereberes llegados del Norte de África como mercenarios del Moro Almanzor; y un tercer conjunto, el formado por esclavos de origen cristiano, esclavos manumitidos, sometidos por Almanzor, una población hispana que se islamizó.

En el año 750 se produce la exterminación violenta de la dinastía Omeya por parte de la dinastía Abbasida. Constituye este hecho uno de los más sangrientos crímenes políticos de la historia.[10] Damasco fue abandonada como capital y Bagdad pasó a ocupar su lugar. El único príncipe Omeya que se salvó de la matanza fue Abd al-Rahman ibn Muawiya, Abd al-Rahman I, que llega a Túnez, en el 756 llega a Al-Andalus, desembarca en Almuñécar (Granada), haciéndose con el poder, y poniendo fin a la inestabilidad política que mantenía al-Andalus, comenzó con Abd al-Rahman I el emirato independiente de Córdoba (756-929). Durante este período del emirato omeya, al-Andalus se convertirá en el enclave más importante del Islam occidental, Córdoba se erigirá como el “crisol de lo oriental y de lo occidental”, siendo respetada como verdadera potencia política y cultural por musulmanes, judíos, bizantinos y cristianos. Este momento de esplendor no sólo lo fue en el ámbito político-administrativo y comercial, también la cultura fue adquiriendo un carácter propio, siempre conectada con el resto del mundo islámico, pero creándose su debida identidad, gracias, en parte a las relaciones que seguía manteniendo con el mundo cristiano.

Del 929 al 1031 dura el califato cordobés. En los motivos de su larga duración, tomaron parte aspectos de diversa índole, pero fundamentalmente fueron las relaciones comerciales con el Mogreb fatimí, los enfrentamientos por dominar las principales rutas, las causantes. Los bereberes se rebelarán, destruyendo la magnífica ciudad real de Madinat al-Zahra y la sede administrativa Madinat al-Zahira. Este hecho, la Fitna, supone el inicio de la desintegración en numerosos reinos, cada vez más debilitados, los reinos taifas (tawaif significa desmembramiento). Pero a su debilidad política y militar no se correspondió la cultural, ya que todos estos pequeños Estados decidieron convertir su capital en “una pequeña Córdoba”.

Alfonso VI aprovecha bien la debilidad y comienza una serie de campañas contra Toledo y Valencia. Los reyes taifas, muy debilitados, se hacen vasallos del rey y tributarios. Esta situación tan crítica, que a punto estuvo de acabar con el poder islámico en la península, se sucede hasta el 1086, año en que los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz solicitan ayuda a los almorávides (al-Murabitun), bereberes del Sahara, de estricta ortodoxia religiosa, militares que habían dominado los reinos y emiratos del Mogreb. Las expediciones de los reinos cristianos avanzaban por tierras de al-Andalus, frenando los intentos almorávides de reinstaurar el puritanismo islámico.

Éstos vencen a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas, e intentan imponerse a los taifas, consiguiéndolo en el 1090 con Tasufin, monarca almorávide que se hace con todo el territorio árabe y que acaba con el caos. Al-Andalus pasa a convertirse en una provincia de los almorávides hasta 1145, fecha en la que aprovechando su decadencia, y con el objetivo de hacer frente a la reconquista que avanzaba con gran rapidez, invaden la península los almohades (al-Muwahhidun) haciéndose con el poder, y situando la capital en Sevilla. Este período durará hasta 1212, año en que son derrotados los almohades por las tropas cristianas en la batalla de las Navas de Tolosa. Con este hecho se pone fin no sólo a la pervivencia de los almohades en la península, sino también a la presencia del Islam en tierras hispánicas.

Sólo un reducto queda del mundo árabe, el reino que fundó en Granada, en 1238, Muhhamad ibn Nasr, perteneciente a una familia noble que da origen a la dinastía Nazarí y que pervive hasta el 1492. En este año el rey Fernando de Aragón e Isabel de Castilla entraran en la Alhambra, tomando la que había sido la última ciudad islámica en la península, Granada. Terminaba con este hecho la presencia política del poder musulmana en la península ibérica, no sucedió lo mismo con su presencia cultural y arquitectónica, parte de esta última pasaremos a analizar a continuación.

III. La Mezquita como principal elemento arquitectónico del mundo islámico.La palabra Mezquita deriva del árabe maschid, que significa “un lugar donde uno se postra frente a Dios”.[11] Respecto del surgimiento de la Mezquita como lugar sagrado de oración, Oleg Grabar, realiza un interesante análisis acerca de la palabra y su probable vinculación con el texto sagrado, El Corán. Llega a la conclusión de que en lo específico el Corán no manifiesta ningún indicio concreto acerca de la necesidad de construir algún tipo de edificación especial. No obstante el Corán instituyó para todos los musulmanes una regla que tiene una importancia crucial para la historia arquitectónica de la Mezquita: la obligación de efectuar plegarias. Y estas últimas se clasificaban en dos tipos. Por una parte estaba la plegaria individual y por otra la plegaria colectiva con la comunidad. En estricto rigor, respecto de la oración sólo es esto último lo que establece el texto sagrado de los musulmanes. Lo demás fue fruto de la práctica y consecuencia de la vida de la comunidad musulmana entre el 622 y el 632.[12] durante este periodo, la comunidad fue cimentando un ritual de plegaria, a las 5 oraciones diarias que el individuo debía realizar, se sumaba la plegaria colectiva el día viernes a medio día. En esta última, el profeta o su representante, asumía el rol de conductor de la oración colectiva. Ambas plegarias estaban precedidas por solemnes llamados a la oración, realizado este último desde el tejado del lugar de oración.Según señala Oleg Grabar, no existe claridad respecto de los primitivos lugares destinados para la reunión de la comunidad orante. Algunos antecedentes se pueden extraer de la casa particular del profeta en Medina, que fue convertida en lugar de oración. Su característica principal parece haber sido un patio amplio con dos zonas cubiertas. Una hacia el sur consistía en dos hileras de troncos de palmera con tejado de paja; aunque servía para indicar la orientación de la plegaria, probablemente su función original era solo la sombra. En el este se hallaban las habitaciones de las esposas del profeta, que daban directamente al patio.Ahora bien, existen escasas pruebas de que la casa del profeta haya sido un santuario durante la vida de éste, fue la historia la que lo convirtió en tal. Ello responde, tal vez, al deseo de Mahoma y el primitivo Islam, por evitar la existencia de un clero, que era la institución que se ligaba férreamente a la idea de un santuario. Lo importante de destacar en este punto, es la relación que puede extraerse en este primitivo modelo de edificio religiosos musulmán: lo que tenemos es un amplio espacio abierto con dos zonas cubiertas en sus extremos opuestos.[13] Para el arqueólogo, historiador u otro investigador que desee buscar las primitivas directrices de los templos musulmanes, estos datos son insuficientes, no obstante respecto de las Mezquitas primitivas no existe mayor información. Lo concreto era que no existió ninguna ordenación establecida respecto de la forma y elementos constitutivos del lugar de oración de la comunidad.

Existía una visión muy general respecto del significado del maschid o lugar donde se veneraba a Dios. La Meca fue una singularidad como lugar específicamente destinado a la oración. Respecto de la oración lo que se fue estableciendo, ya desde el principio, fue lo siguiente: la manifestación concreta de la oración era lo que separaba a los musulmanes de los no musulmanes. La oración privada no estaba ligada a un lugar determinado, sino a una orientación: La “Quiblah”. Mientras que la oración colectiva iba unida a una llamada solemne, un “iman” que hablaba desde el “minbar”. Dentro de estos primeros elementos que pueden considerarse como constitutivos de la posterior evolución de las Mezquitas musulmanas se encuentra la transformación de la casa del profeta en Medina en un lugar donde acontecieron la mayoría de los hechos que terminaron las decisiones litúrgicas y políticas del Islam. La casa adquirió un cierto carácter sagrado y se convirtió en lo que podríamos llamar el primer maschid, “Mezquita”.[14]

Como se puede apreciar, todos los elementos que se han citado son cuestiones que tienen que ver más bien con la práctica, no con una determinación de formas arquitectónicas para edificios religiosos destinados a la comunidad islámica. A pesar de ello, es decir, de los superficiales requisitos y las mínimas características materiales que parece demandar el lugar de oración de los musulmanes, en la práctica, esta religión dio origen a un singular tipo de construcción que aparece en todos los territorios de población musulmana. Dos de los máximos ejemplos de Mezquitas islámicas primitivas son la Mezquita de Damasco y la de Córdoba. Esta última como ha sido precisado en la introducción será objeto de nuestro análisis.

Características generales de las mezquitas

Entre las características generales que se desprenden del análisis comparado de Mezquitas, realizado por Oleg Grabar,[15] se encuentran las siguientes: las mezquitas de cada ciudaad se ajustaban físicamente a la necesidad de tener un espacio único para la oración comunitaria, otros aspecto a destacar es que la Mezquita no era concebida como una entidad material completa, es decir, no existía un tipo arquitectónico ideal. Otro aspecto que se generalizó en la construcción de mezquitas fue el sistema hipóstilo de construcción, éste pareció ser el mejor sistema flexible que permitía pensar el conjunto del edificio como una entidad factible de ser ampliada fácilmente adhiriendo mas columnas. El sistema hipóstilo consistía en un elemento simple que se podía multiplicar a voluntad en cualquier dirección necesaria. Las columnas constitutivas de los edificios primitivos, en muchos casos como en Damasco, Jerusalén y también en Córdoba, las columnas fueron tomadas de edificios romanos o cristianos. A las columnas de segunda mano se unieron también columnas elaboradas para el propio edificio, eso sucedía en caso de que el edificio en construcción demandara demasiadas columnas, como en el caso de Córdoba.[16]

Respecto de las explicaciones existentes para la incorporación del sistema hispóstilo en las construcciones musulmanas, Oleg Grabar señala que muchas de las teorías que han intentado explicar el hecho, son insuficientes, por ejemplo la herencia de la tradición egipcia, mesopotámica o romana; también esta la explicación de la imitación de la casa del profeta que estaba constituida en su patio central por un conjunto de palmeras cubiertas con paja, esta explicación considera que la imitación de las palmeras produjo el sistema hipóstilo. No obstante, Grabar propone una cuarta explicación: ante la necesidad de un edificio amplio que permitiera a la población reunirse en comunidad a orar los días viernes, se optó en la construcción de las primeras mezquitas por una solución practica, construir un espacio techado, utilizando materiales de otras construcciones, columnas romanas o cristianas. Estas primitivas construcciones no eran edificios con un prototipo formal de significado sagrado, sino simples cobertizos.[17]

En la evolución de la Mezquita como elemento arquitectónico fueron apareciendo una serie de espacios a los que se les fue atribuyendo significados especiales. Estos elemeetos se fueron situando dentro del amplio sistema hipóstilo que contituía la mezquita primitiva, y se les puede considerar como genéricos porque irán apareciendo en la mayoría de las construcciones musulmanas destinadas a la oración colectiva:
* El minbar, pero este ya existía en tiempos del profeta. Era el lugar o púlpito oficial.
1. Minarete. Finalidad oficial era llamar a los fieles a la oración y sus forma era una alta torre unida directamente a la mezquita. Los primitivos minaretes eran cuadrados, pero luego aparecieron los minaretes en espiral. En los tiempos más primitivos la llamada a la oración se hacía desde el techo del edificio, luego adquirió forma arquitectónica y se trasformo en una torre.
2. Mihrab. Consiste en un nicho, habitualmente cóncavo y profusamente decorado, que se encuentra en la pared de la mezquita que está orientada hacia la Meca. (en Córdba el mihrab lo constituye toda una habitación). La explicación genérica dice que la razón de ser del mihrab es ordenar hacia la Meca. No obstante debido a razones tales como que este elemento arquitectónico no es visible desde gran parte del interior de la mezquita, no puede ser esa su misión. Al parecer conmemora la presencia del Profeta Mahoma, ya que en ese lugar se ubicaba para dirigirse a los fieles.
3. maqsurah. Espacio reservado al príncipe cerca del Mihrab, pero no constituyen característica tipológica ya que solo están presentes en Damasco y Córdoba.
4. Bayt al-mal. Elemento cubierto por una cúpula situado en el patio. Tampoco se convirtió en tipología de las mezquitas, pero donde existe, se interpreta como la casa del tesoro de la primitiva comunidad musulmana
5. Muro de la quiblah. Indica la orientación de la meca, lugar hacia donde debían mirar.

Estos elementos, sumados a la característica hipostila de las mezquitas fueron producto del desarrollo histórico de la religión y de las necesidades que iban surgiendo en la medida que crecía y se multiplicaba la población musulmana. Lo interesante, es que a pesar de la ausencia de un clero, de una liturgia y de una preconcepción de la naturaleza del edificio, de todos modos apareció un cierto prototipo posible de identificar en todas las regiones donde penetró y se instaló el Islam.[18]

Esta forma arquitectónica que nació sin requisitos preestablecidos se fue cimentando como prototipo y alcanzó este grado una vez que los Omeyas ya a principios del siglo VIII habían adquirido de forma sistemática la actividad de construcción de Mezquitas, lo que contribuyó a estandarizar las características que habían ido surgiendo productos de las necesidades y la tradición.

Un aspecto interesante de la mezquita es su limitado número de símbolos. El Islam evitaba los símbolos, así como también se mostró muy reacio a las imágenes. De todos los elementos constitutivos de la mezquita, solo el mirhrab aparece como un símbolo religioso de importancia, “pero por fastuosa que pudiera ser su decoración, nunca en la historia del Islam primitivo aparece como punto focal en el plano de la mezquita, de la manera en que estaba un altar en una iglesia cristiana”[19]

Construcción y decoración de la mezquita

Los muros eran, casi sin excepción gruesos y macizos, y rara vez estaban decorados en el exterior. En raras ocasiones se encuentra en el exterior símbolos que indicaran la naturaleza del edificio. Las puertas o pórticos empiezan a aparecer en las mezquitas a finales del siglo IX.

Pilares y columnas se encuentran presentes en la composición interna del edificio. Ninguno de ellos es aporte islámico. En general las columnas fueron tomadas de edificios antiguos, romanos o cristianos. Los pilares, generalmente anchos se confunden con paredes del edificio. La mayoría de los soportes está coronado por arcos, la mayor parte de ellos de medio punto, es decir, semicirculares. La utilización de estos arcos también se ajustan a los métodos primitivos. Las innovaciones respecto de los arcos, evidenciadas en Córdoba y que analizaremos con detención en el siguiente apartado, son una excepción, que tampoco puede ser considerada una invención plenamente musulmana, por sus raíces y conexiones directas con la arquitectura hispano-visigoda presente en la península antes de la llegada del Islam.
Decoración interior. La característica más notable de la decoración interior es su variedad. Abundan los mosaicos. En la Mezquita de Córdoba y Damasco existen pruebas de que sus artífices llegaron desde Constantinopla, con lo que queda probado que l bizantino no solo es influencia e inspiración, sino aporte directo.[20] La carpintería tallada y pintada, así como el estuco, se utilizaron para realzar las principales líneas arquitectónicas. La madera era de uso frecuente en la en la construcción y decoración de mihrabs, minbars y maqsurah. La piedra esculpida es más escasa, pero está presente en la Mezquita de Córdoba. El vidrio se utilizaba en las ventanas. Probablemente se utilizaron alfombras y tejidos. Se sabe por algunos textos que en las Mezquitas abundaban las cortinas en distintas partes de la Mezquita. La diversidad de técnicas y la no existencia de un canos n establecido de decoración es relevante ya que nos permite afirmar que en esta etapa primitiva del Islam no existía asociación entre la mezquita y las técnicas de decoración.

Un aspecto relevante respecto de la decoración de las mezquitas es lo que señala Oleg Grabar acerca de si es o no posible interpretar esta ornamentación como símbolos o solo deben ser consideradas como elementos embellecedores del conjunto arquitectónico. La respuesta entregada por este investigador apunta a sostener que la ornamentación de las mezquitas en esta etapa del Islam solo cumplían un rol ornamental.[21] Respecto de esto se puede señalar que en las Mezquitas es posible identificar dos tipos de decoración, una que apuntaba a resaltar algún aspecto de la construcción otorgándole así mayor importancia, y otra decoración que más bien cumplía un objetivo unificador, es decir, aspiraba a brindarle un aspecto homogéneo en su interior, soslayando con ello las continuas modificaciones o ampliaciones a las que una mezquita se veía sometida. Estas dos funciones son distintas y contradictorias: unifican o diferencian.

La escritura es otro aspecto de la decoración: una de los motivos más comunes en la decoración de la mezquita era a escritura de distintos textos árabes; la mayor parte procedía del Corán, pero también se incluían en algunos casos estadísticas que tenían que ver con el edificio en cuestión. Según señala Oleg Grabar, la utilización de la escritura árabe en los monumentos sí constituía un elemento mucho más que decorativo, expresaba significados concretos de la fe islámica. Incluso, según este autor es factible comparar el significado de la escritura con el significado de las imágenes de la cristiandad.[22]

Al principio, a utilización de la escritura no era algo generalizado en la arquitectura musulmana, ello se debe que en esta etapa los elementos provenientes de otras culturas eran los que predominaban en la composición, ello no solo desde el punto de vista de inspiración estilística, sino de un modo directo, como hemos mencionado, gran cantidad del material constitutivo de las Mezquitas más antiguas del Islam, incluida la Mezquita de Córdoba, objeto de nuestro estudio, está formada por material de acarreo proveniente del mundo pre-islámico. El rechazo a lo antiguo se producía sólo cuando era considerado como un mal para su integridad religiosa.

 

La mezquita: creación significativa del mundo musulmán

Como se ha expuesto, la mezquita hipóstila se convirtió en un tipo arquitectónico que tendió a repetirse en todo el mundo musulmán. Sus cualidades respondía a las demandas básicas de la ración comunitaria, facilitando futuros ensanchamientos de ser estos requeridos por el crecimiento poblacional. El prototipo original de tal edificio tal vez haya sido la casa del profeta, pero eso aun solo es una hipótesis, lo cierto es que cánones establecidos para la construcción de mezquitas no existen en el mundo islámico primitivo. El único requisito evidente que demandaba la religión musulmana al lugar de oración era que fuera un gran espacio capaz de albergar a la comunidad. Las demás características se fueron añadiendo como producto de necesidades y demandas históricas o bien como forma de ir dando forma arquitectónica a un conjunto de tradiciones, pero ninguna de las demás características cuneta con la característica de “esencial”.La decoración que fue añadiéndose a la Mezquita no denota carácter originales la mayor parte de las veces se dio nueva lectura a técnicas preexistentes, por ejemplo los mosaicos, tan característicos del mundo bizantino. Lo que predominó no fue la innovación sino la relectura de formas existentes. “La única verdadera novedad del período islámico primitivo fue la lenta aparición de la caligrafía como vehículo para la estética y significado de los símbolos”.[23]

Finalmente, respecto de los símbolos nos parece necesario precisar que el Islám primitivo parece haberse alejado de los símbolos visuales que lo identificaran de forma clara y precisa. Ya sea por reacción hacia el arete cristiano o por razones netamente internas, la nueva religión nacida en el corazón de la Arabia, no dotó sus formas de significados litúrgicos o simbólicos, o más bien no impuso esos significados sobre el grupo social.

La posibilidad de proyectar nuestro análisis de la arquitectura musulmana a partir del estudio de una de estas obras la sustentamos a partir de las afirmaciones que todos los autores consultados, coinciden en señalar que la Mezquita de Córdoba es el mejor ejemplo para conocer la evolución de la arquitectura islámica en España, que para efectos del presente trabajo es nuestro foco de atención. Desde esta perspectiva, podemos tomar como punto de partida de nuestra investigación la siguiente afirmación: “La Gran Mezquita de Córdoba ilustra, como ningún otro edificio de al Andalus, la historia del arte islámico de construcción en España, con sus diversas peculiaridades estilísticas”.[24] No obstante lo anterior, y considerando el análisis realizado por Emilio Camps[25], es preciso comprender que si bien la Mezquita de Córdoba permite analizar el arte musulmán en España, no es menos cierto que en esta mezquita se encuentran muchos elementos singulares que no encuentran proyección en otras obras arquitectónicas del al Andalus.

IV. La Gran Mezquita de Córdoba como ejemplo representativo de la historia del arte islámico en España

Historia del ensanchamiento arquitectónico de la Mezquita (785-988)

Como ha sido precisado en el apartado anterior, la mezquita del viernes es la construcción más importante de una ciudad islámica. Todos los creyentes varones adultos deben encontrase allí los viernes al medio día para realizar el servicio religioso comunitario, y el gobernante o su representante pronuncia el sermón, con lo cual la función sacra se combina con la función política. “En efecto, la Mezquita del viernes es como el estandarte de la dinastía, y la expresión personal y monumental del poder político”.[26] Se considera a la Mezquita como una de las construcciones más espléndidas de Córdoba, fue encargada por el emir Abd al Rhman I en el año 785, tras haber escogido Córdoba como la capital emirato y luego del califato. Así también es la más antigua de las obras del arte sacro andalusí que se conservan hasta nuestros días.[27] Algunas hipótesis dicen que fue construida sobre las antiguas bases de la iglesia San Vicente. Corroboran esta hipótesis las excavaciones realizadas e 1930 al interior de la Mezquita. A través de los siglos sufrió muchas modificaciones, pero cada ampliación islámica respetaba la construcción original y reproducía sus formas, desde esta perspectiva se puede afirmar que Abd al Rhman I dejó su impronta en la totalidad del arte hispano-árabe.[28] No obstante como será analizado en el apartado siguiente, si bien las ampliaciones conservaron gran parte del legado arquitectónico precedente, la construcción evidencia una evolución significativa, sobre todo si se toma como punto de análisis las modificaciones sufridas por las arquerías.

La construcción de la Mezquita de Córdoba se levantó en un año comenzó en el 785 y concluyó en el 786 u 787, a las orillas del Guadalquivir. La rapidez es posible de explicar por dos factores: primero por que Abd al Raman deseaba contar pronto con una Mezquita a acorde con su dignidad y segundo ello fue posible porque en su construcción fueron utilizados diversos elementos extraídos de construcciones preexistentes, sobre todo columnas de templos romanos y visigodos.[29] Estas últimas habían pasado a manos musulmanas luego de las victoriosas campañas emprendidas contra los cristianos.

En el plano que se presenta a continuación se evidencian los continuos ensanchamientos de la Mezquita, desde su edificación en el año 785 hasta su última ampliación en el 988. La planta de la Mezquita es un amplio rectángulo de 175 por 128 metros y fue el resultado de un proceso histórico que había comenzado en el 785.

La mezquita de Córdoba, tal como aparece al final del siglo X, fue el resultado de un proceso histórico que comenzó en 785. La primera Mezquita, cuya base se presenta de color anaranjado en el plano que se expone a continuación, se construyó con once naves de 12 divisiones cada una, esta mezquita se alargó dos veces, en el 833-48 y el 965-66, ilustrado esto último con los colores Rosado y café, respectivamente. En el 987-88, considerando la imposibilidad de seguir alargando el edificio, lo que se hizo fue ensancharlo hacia el lado este, color celeste. Un aspecto que se aprecia claramente en el plano es que todas las ampliaciones respetaron la disposición original de arcos y columnas, con lo que se confiere al edificio una unidad arquitectónica. La costumbre de ampliar las mezquita, parece haber estado bastante extendida que son bastantes los ejemplos de ensanchamientos: Kufah, Basrah y Bagdad, en Medina, Amr y al-Azhar en Egipto, y en Nayin en el Irán.[30] En todos los casos los motivos de las modificaciones es el mismo: un cambio en la densidad de población de la ciudad.

PLANO MEZQUITA DE CÓRDOBA


Ahora bien, uno de los elementos más significativos de la mezquita desde el punto de vista actual es el hecho singular de que en su interior se aloje una Catedral Cristiano-católica. Este hecho se produjo a principios del siglo XVI, cuando el cabildo de Córdoba ordenó la construcción de una catedral al interior de la Mezquita, ello en el contexto de la reconquista realizada por el cristianismo y la expulsión de las fuerzas musulmanas de la península ibérica. Se afirma que para llevar a cabo tal decisión se tuvo que contar con la venia del emperador Carlos V, el cual, no obstante, cuando conoció la obra terminada, se dice que declaró las siguientes palabras: “Si hubiera sabido lo que había, no me habría atrevido nunca a tocar el viejo edificio. ¡Habéis destruido algo único en el mundo para colocar en su lugar algo que hay en todas parte!.”[31]

En las siguientes imágenes obsérvese el resultado de esta extraña mezcla entre la arquitectura musulmana y cristiana.

IMAGEN PANORÁMICA MEZQUITA


En la siguiente imagen se presenta la perspectiva general de la planta de la Mezquita de Córdoba tras la intervención cristiana. Como se puede ver, en el centro de la mezquita fue incrustada la Catedral con sus típicas formas: una nave central exaltada por una bóveda de crucería, que deja como rastro simbólico la forma de la cruz en su planta.

IMAGEN PLANO DE LA CATEDRAL CATÓLICA QUE FUE INCORPORADA EN LA MEZQUITA EN L SIGLO XVI

La composición de la mezquita en su interior y fachada será analizada en el apartado siguiente. Aquí nos referiremos a las peculiaridades decorativas del interior de la mezquita. Los adornos vegetal izados abundan en la Mezquita, así como también el revestimiento de arabescos. Según señala Barrucand, la decoración vegetalizada en ningún caso pude ser considerada como un simple transplante desde oriente. En este campo España contaba con una amplia tradición romana y visigoda.[32] Los muros de la mezquita están hechos de piedra labrada de color claro, los ladrillos solo fueron utilizados en las combinaciones que se hacían en las arquerías, otorgándole su máxima característica a la mezquita, ese matiz rojizo intercalado en sus arcos.

Lo más probable, aunque aun no se ha comprobado, es que la mezquita primitiva de Córdoba, no contó con alminar, pero ello era ago usual en las mezquitas de aquella época.
Respecto de la influencia de formas sirias, trasplantadas desde oriente, no se puede negar su importancia, no obstante, la Mezquita de Córdoba cuenta con una amplia influencia de elementos visigodos y romanos. Por una parte, como se ha precisado en apartados anteriores, ello se debe en forman directa a la utilización de columnas y capiteles españoles pre-islámicos en las construcciones más lujosas y representativas de las dinastía Omeya en España. Ello evidencia claramente la admiración de ciertas formas decorativas que asumirán como herencia de la España pre-islámica.

Ampliaciones de la Mezquita

Durante el reinado de Abderramán II (821-852) la ciudad goza de paz y prosperidad, convirtiéndose en la gran ciudad que nos describen las crónicas musulmanas. En el año 833 añadió ocho tramos más a la mezquita de Abderramán I, ampliándola considerablemente hacia el sur. Las columnas, también aprovechadas y por lo general visigodas, se utilizan sin bases. Aparecen en ella los primeros capiteles árabes que se han formado a partir de un modelo corintio.[33]

Al-Hakan II (961-976) vuelve a ampliar la mezquita de sus antepasados realizando los trabajos con gran rapidez. El aumento consistió en alargar doce tramos a la sala de oración. Las arquerías repiten el modelo de Abderramán I. De ellas hay que destacar la cúpula de la antigua capilla de Villaviciosa, así como la que precede al mihrab, recubierta de rico mosaico. El lujo de la decoración se concentra en la capilla del mihrab, destacando los mosaicos artísticos. El interior del mihrab se cubre con una enorme concha de yeso de gran valor decorativo. Inscripciones en alabanza del califa fechan esta obra en 965. A pesar de que es relevante la continuación de las formas y la unidad del edificio un aspecto que debe ser destacado y que será analizado con detención en el apartado siguiente son las innovaciones de esta etapa de ampliación. Con Al-Hakam, las arquerías intercalaron disposiciones nuevas, como las capillas lucernario, aparecen los arcos entrecruzados que aseguraban la estabilidad del edificio, también en esta etapa aparece por primera vez el arco lobulado, los cuales se entramaron en complicadas combinaciones. Sobre estas soluciones entrecruzadas aparecen las cúpulas enervadas que forman polígonos estrellados, es decir, las mismas arquerías entrecruzadas se proyectan hacia la cúpula y le dan forma y sostén.

La ampliación de Al-Hakan II es la que más explotó la riqueza decorativa del Islam en España, al parecer los precedentes están en Medina al Zahara. No obstante, como esta última fue destruida, el más impresionante testimonio del arte arquitectónico del califato se encuentra en la actualidad en la mezquita mayor de Córdoba.[34] Durante el periodo de Al-Hakan II se introduce además un material nuevo, el yeso, cuyas posibilidades se iban a explotar al infinito en las construcciones españolas. El aporte bizantino en esta etapa de la ampliación es concreto y se releja en el envió de artistas por parte del emperador Niceforo Phocas, para que se encargaran del adorno de las partes más relevantes de la Mezquita, la fachada del mirhrab y ala cúpula de su capilla.[35]

La ampliación de Almanzor, llevada a cabo entre 987 y 990, fue la última y más extensa de todas, no ofreciendo ya novedades arquitectónicas al edificio. La ampliación, por causa de la proximidad del río Guadalquivir, se hizo hacia el oriente, por lo que el mihrab quedó en el futuro descentrado. Parece ser que la ampliación de Almanzor es más que nada un alarde, hecho, con miras políticas y para afirmar su poder. En efecto, como señala, Fernando Chueca, cundo Almanzor comenzó su empresa constructiva de ampliación de la mezquita, la historia del monumento como emblema de creación artística ya había terminado. Su aporte, o mas bien su ampliación solo fue una mera repetición de formas preexistentes.[36]

Hasta ahora hemos analizado aspectos generales que caracterizan la arquitectura islámica en general y la composición de la mezquita de Córdoba en particular. A continuación centraremos nuestro análisis en uno de los aspectos que nos parece más relevantes para comprender las particularidades de la Mezquita, así como también uno de los elementos que pasará a constituirse en característica de la arquitectura musulmana en España. Nos referimos al arco de herradura.

Evolución arquitectónica del arco de herradura

El arco de herradura ha pasado a constituir una de las características de la arquitectura islámica en la península ibérica, no obstante, como se demostrará en el presente apartado, sus orígenes se encuentran no en la tradición islámica, si no en la península ibérica y sus artífices fueron los visigodos.Desde el punto de vista teórico, el arco de herradura, considerado como forma arquitectónica tiene un valor decorativo dominante, producto de su peculiar prolongación más abajo del diámetro horizontal. No obstante como señala Emilio Camps, su valor constructivo no tiene nada que ver con su trazado interno, sino que es simplemente igual más o menos peraltado.[37] En todos los casos la curva reentrante de la herradura no pasa de ser un mero recorte de las dovelas o sillares bajos, sin valor constructivo.

Precedentes visigodos: la primera presentación española, al parecer, de un arco de herradura se da en la puerta de ingreso hacia el interior desde el pórtico de Santa Eulalia de Bóveda, cerca de Lugo, construcción de época bajo romana, fechada a finales del siglo III después de Cristo.

Santa Eulalia, puerta del pórtico y su trazado geométrico

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página iiiEl que tenemos aquí es un arco de herradura, cuya prolongación es ¼ del radio.

La arquitectura hispano-visigoda tienen el arco de herradura como elemento favorito. Y su uso se reduce a un aspecto decorativo, no constructivo. “A esta idea de fragilidad responde el que cuanto más grandes y constructivos son los arcos, menor es su prolongación en herradura y más se acercan al de medio punto, mientras que se trata de arcos pequeños o decorativos, la herradura se prolonga por bajo del diámetro horizontal en más de la proporción típica de un tercio del radio”.[38]

Otro ejemplo de arco visigodo lo tenemos en la Iglesia de San Juan de Baños.

Iglesia de San Juan de Baños en Cerrato

Esta Iglesia se encuentra ubicada en Cerrato, cerca de la estación de Venta de Baños, en la Provincia de Palencia. Es el ejemplo más seguro de la arquitectura hispano-visigoda, debido a que en ella se conserva la inscripción dedicatoria del monarca Recesvinto, que la fecha en el año 661.[39] Como se puede apreciar en la imagen, en la puerta de entrada y en su parte superior se encuentran presentes en forma clara los arcos de herradura, los cuales se hacen aun más nítidos en su interior.

Desde el punto de vista constructivo, y según nos señala Emilio Camps, los arcos de herradura presentes en esta Iglesia, prolongan su curva de intradós (parte interna del arco), en 1/3 de su radio. La relevancia de este hecho radica en que en los primitivos arcos de herradura presentes en la Mezquita de Córdoba, repite exactamente el modelo visigodo.[40]

Interior de la Iglesia San Juan de Baños

En: http://www.arteguías.com/

Trazado esquemático de los arcos de herradura de la Iglesia San Juan de Baños

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página v

Arquerías primitivas de la mezquita de Córdoba

Como se ha dicho, los antecedentes inmediatos de los arcos de herradura presentes en la Mezquita de Córdoba se encuentran en la arquitectura hispano-visigoda. Por ello, si bien la herradura, como elemento arquitectónico pasó a constituirse en una característica de la arquitectura musulmana en España, nunca ha de olvidarse que no es un elemento creado en el seno del Islam, ni algo trasplantado desde el oriente.No obstante lo anterior, la originalidad con que la arquitectura islámica dotó al arco de herradura, no radica e su invención, sino en su modo de utilización. Por todo el recinto de la Mezquita de Córdoba proliferan los arcos de herradura, pero estos no sostienen nada, es decir ningún muro descansa sobre ellos. Hasta ese momento, siempre el arco había sido concebido en función del muro que sostenía. “Ni en los grandes arcos de triunfo romanos, ni en los acueductos en que los arcos se tendían entre pilares, se habían dejado su trasdós, parte externa del arco, al aire”.[41] Obsérvense las siguientes fotografías que nos revelan el interior de la mezquita desde distintas perspectivas, destacan esencialmente la composición de las arquerías y su peculiaridad de sobreposición de arcos de medio punto sobre arcos de herradura.


Obsérvese ahora la estructura esquemática del trazado del sistema compositivo de los arcos de la Mezquita de Córdoba.

Mezquita de Córdoba. Trazado geométrico de las arquerías primitivas

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página xiii

En este esquema se aprecia claramente la sobreposición de dos tipos de arcos: medio punto y herradura. El primero de los cuales se encuentra ubicado en la parte superior y su característica principal es que su punto de apoyo corta exactamente la circunferencia interior por la mitad. El arco inferior, en cambio, proyecta su prolongación inferior en 1/3 del radio por debajo del diámetro horizontal.Según las apreciaciones de Emilio Camps, al momento en que el arco adquirió existencia independiente del muro, se abrió las puertas para las futuras evoluciones que experimentaría el arco en la arquitectura califal cordobesa.[42] Desde esta perspectiva, si bien el arco de herradura utilizado en la parte primitiva de la mezquita de Córdoba no denota mayores innovaciones respecto de los arcos de herradura utilizado por la arquitectura hispano-visigoda, si manifiesta un amplio alcance innovador al hacer uso por primera vez de un arco cuya función básica dejaba de ser el sostén de un muro.

Los arcos de herradura en la Mezquita de Córdoba, si bien no cumplen una simple función decorativa, tampoco son parte fundamental de la estructura general, ya que su función se remite a ser un elemento de entibo (puntal, viga), mientras que los arcos constructivos propiamente tales son los semicirculares que van en lo alto. En las imágenes precedentes se evidencia claramente la diferencia entre estos dos tipos de arcos. Los superiores son arcos de medio punto, es decir, su base la constituye su radio. Mientras que los arcos inferiores, prolongan su curva por debajo del radio, en una proporción de 1/3, cuestión que recuerda la semejanza con los arcos visigodos. Respecto a esto último, Emilio Camps señala que la persistencia de caracteres constructivos desde lo hispano visigodo no debe ser una sorpresa, ya que la rapidez con que se hizo la parte primitiva de la Mezquita llevaron, por una parte, al empleo abundante de material preexistente, así como también e mano de obra e incluso tracistas peninsulares.[43]

Ahora bien, en las 5 fotografías anteriores, así como en el esquema explicativo, es posible evidenciar la peculiaridad de la construcción interna de la mezquita. La doble arquería que la constituye, fue la solución a un problema que tenía que ver con la altura. Los españoles carecían de una cantidad de grandes columnas que les permitieran sostener un edificio como el que pretendían proyectar. Los pequeños soportes que encontraron en la España visigoda no satisfacían estos planteamientos y no se ajustaban al enorme espacio de la mezquita. Era necesario encontrar la manera de elevar el edificio. Esta búsqueda condujo al sistema de arcos dobles.[44] La composición misma de arcos dobles, no puede ser considerada como original ya que existía previamente en Damasco el ejemplo de arcos sobrepuestos, pero la naturaleza de estos últimos es muy distinta. Obsérvese la siguiente fotografía y nótese que las arcadas superiores más bien parecen constituir un muro con aperturas en forma de arcos. Además, el efecto visual es que el sistema de arcos inferiores produce una base plana sobre el cual se sostienen los arcos superiores que están de orden 2 es a 1.

Damasco. Interior de la mezquita Omeya

Fuente: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981. Página 117

Nacimiento del arco califal

La llamada “Puerta de San Estaban”, primitiva fachada de la Mezquita Cordobesa, construida en tiempos de Abd al-Rahman ofrece los más antiguos restos de decoración arquitectónica musulmana en España. A pesar de la disputa mantenida entre los arqueólogos acerca de la data real de la puerta, al parecer coinciden en señalar que el arco superior se remonta como mínimo al año 855 de la era cristiana.[45] Según los autores consultados, entre ellos, Fernando Chueca y Emilio Camps, esta puerta marca el paso entre las primitivas formas del arco de herradura, conectadas en forma directa y evidente con las formas hsipanovisigodas, y las formas califales del arco de herradura. “Es el primer arco de herradura musulmán plenamente codificado que ha llegado hasta nosotros”.[46]

Mezquita de Córdoba, Puerta de San Esteban

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

Las características del arco de herradura presentas en esta puerta marcan las bases de los futuros arcos de herradura utilizados por los musulmanes en España.La prolongación de la parte interior del arco, es decir su intrados, llega hasta la mitad del radio por debajo del diámetro horizontal, con lo cual, la curva se circunscribe a un triangulo equilátero.

Arcos de lóbulos en la Mezquita de Córdoba

Mezquita de Córdoba, Sala de oración. Siglo IX

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

El origen del arco de lóbulos al parecer se encuentra en oriente y concretamente en Mesopotamia. En España aparece por primera vez en Medina Azzahra y luego en las ampliaciones de la Mezquita de Córdoba por Al-Hakam II.[47]Los primeros arcos lobulados se tratan de arcos pequeños de tres lóbulos, cuyo eje central es un triángulo equilátero y donde el lóbulo central tiene mayor desarrollo que los otros, todos ellos enmarcados sobre un arco de herradura. Según indica Emilio Camps, al parecer estos tipos de arcos aparecieron por primera vez en la península en Medina Azzahra.[48] En la Mezquita encontramos varios ejemplos de estos arcos, la imagen inferior corresponde a la parte superior del Mihrab, datada en el siglo X.

En la imagen adjunta encontramos un pleno desarrollo del arco lobulado en la Mezquita de Córdoba. En ésta los caracteres esenciales son los siguientes: enmarcado sobre un gran arco de herradura, se ubican 11 lóbulos, de los cuales el central se ensancha levemente sobre respecto de los demás.

Arcos cruzados en la Mezquita de Córdoba

Los arcos cruzados y las bóvedas sobre los arcos son la más legítima muestra de la gloria de la arquitectura califal cordobesa: su principal valor es la originalidad.[49] En los arcos cruzados, según señala Emilio Camps, se proyectan todas las posibles innovaciones que podían derivarse del hecho de haber separado del muro la existencia de los arcos, entendidos a partir de la primera etapa de construcción de la Mezquita de Córdoba, como entidades independientes, con un valor no meramente contractivo.

Una peculiaridad de los arcos cruzados es que le otorgan un ritmo especial a la composición, ya que los ejes laterales de los arcos, pasivos, se transforman en ejes activos en la totalidad del conjunto arquitectónico. En la actualidad la Mezquita preserva 4 tipos de arcos cruzados, al parecer existió un quinto modelo de arco cruzado, pero las reformas realizadas para construir la Catedral Católica en el siglo XV, la sacó del mapa constructivo.

Mezquita de Córdoba, Tramo de arcos cruzados delante del mihrab

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

Mezquita de Córdoba.

Traza geométrica del tramo de arcos cruzados delante del mirhab.

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página LXIX

En la estructura de arcos cruzados que se muestra en la fotografía encontramos los siguientes elementos: en la parte superior tres arcos de herradura; bajo ellos se entrecruzan dos arcos de lóbulos que a su vez se proyectan hacia los costados, dando la impresión de continuidad.Esta arquería que se ubica frente al mirhrab y en el costado norte de la llamada Capilla de San Pedro, sostiene la nave central de la Mezquita.

A simple vista lo que se observa desde abajo hacia arriba son tres arcos de herradura con tres lóbulos, de los cuales el central es notoriamente más grande. Sobre éstos lo que se evidencia es un entramado de lóbulos que adquieren casi un sentido horizontal. Entre este último elemento horizontal y los tres arcos inferiores se observan pequeños huecos que separan los lóbulos de la columna. Finalmente en la parte superior se ubican tres arcos de herradura simples, de los cuales la parte superior de su espacio interno se encuentra despejado, mientras que la parte inferior se cubre con la masa de lóbulos horizontales.

Desde el punto de vista estético, las características explicadas y evidenciadas en la imagen hacen afirmar a arquitectos y críticos del arte que esta arquería cruzada es “desgraciada, por la no identificación de las dos ramas del arco en su cruce en el lóbulo central, con lo que este resulta doble y deformado. Esto último es lo que produce la impresión de un gran bloque central, con predominio de masas casi horizontales”[50]

Mezquita de Córdoba, Arcos cruzados en el arranque de las arquerías colaterales y perpendiculares a la fachada del mirhrab

Fuente: http://www.arteguías.com/

Segundo tipo de arcos cruzados en la Mezquita. Arcos cruzados en el arranque de las arquerías colaterales y perpendiculares a la fachada del mirhrab. Estos arcos cruzados de la Mezquita utilizan el mismo trazado anterior, pero ahora el lóbulo doble del centro, ya no existe, el problema ha sido solucionado, lo cual evidentemente indica una evolución respecto del anterior. Los cambios en la composición, le otorgan individualidad a cada una de las ramas de los arcos, con ello se produce una impresión armónica que le da claridad tanto a los arcos lobulados como a los arcos superiores de herradura.Para una mayor claridad, exponemos a continuación las dos imágenes al unísono con el fin de que se perciban tanto las semejanzas como las diferencias entre ambas composiciones de arcos cruzados.

Como se observa, en los arcos cruzados de la imagen inferior, lo que se ha conseguido es liminar el efecto distorsionador del doble lóbulo central de los arcos. Con ello desaparece la impresión de masa continua de lóbulos en medio de la composición.

Lo que se hizo fue incorporara medio lóbulo en la parte superior del arco inferir, con el fin de que este medio lóbulo se transforme en el lóbulo de arranque de los arcos laterales. De este modo se hacen crecer los espacios vacíos entre las columnas y los lóbulos exteriores de los arcos, generando una impresión más estilizada del conjunto.

Conclusión

La fuerza expansiva del Islam, que llevó a la nueva religión, nacida en el corazón de la Arabia a principios del siglo VII, a ocupar amplias zonas del mediterráneo y de Asia, en menos de un siglo, condujo a los musulmanes hasta el extremo más occidental de Europa: la península ibérica. A los apetitos expansivos de los pueblos recién convertidos al Islam, se sumaron una serie de problemas intestinos de la península ibérica, que le hacían propensa a caer fácilmente ante una arremetida musulmana. Esto último fue efectivamente lo que sucedió. Un reino visigodo acorralado con intrigas internas producidas por los conflictos generados en la nobleza que aspiraba a hacerse con el trono de la monarquía, facilitó la empresa de conquista a los musulmanes, que ya estaban a principios del siglo VIII, instalados en las costas africanas frente a España.

Como fue explicado en el primer apartado del trabajo, la historia musulmana en la península ibérica abarca un período de tiempo muy definido que va desde el 711 al 1492. durante esta etapa, el mundo islámico y el cristiano se vieron obligados a enfrentarse y a convivir, continuas campañas bélicas mantuvieron en movimiento las fronteras que dividían a cristianos y musulmanes. El territorio ocupado por estos últimos en España adquirió el nombre de Al-Andalus, cuyo significado, aunque discutido, al parecer deriva de la arabización de la designación que los visigodos daban a esas tierras: “Landahlauts” (Tierra de sorteo). No obstante, desde le punto de vista geográfico y administrativo el territorio del Al-Andalus, hoy en día correspondería a la región sureste de España, que comprende las provincias de Almérida, Málaga, Cadiz, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Originalmente Al Andalus comprendía la totalidad de la España islámica, que entre los siglos VIII y X ocupaba la mayor parte de la Península Ibérica.

Luego de analizar el aspecto geográfico de la expansión islámica, fue preciso conocer algunos de los elementos constitutivos de la nueva religión, entre los cuales destacan:

1. La profesión de fe: “Solo Dios es Dios y Mahoma es su profeta”
2. Oración cinco veces al día; oración comunitaria una vez a la semana.
3. El impuesto religioso
4. Observación del mes de ayuno
5. Peregrinaje a la Meca una vez en la vida

A estos elementos, sumamos la importancia de la Mezquita como elemento arquitectónico característico del mundo musulmán. El reducido número de preceptos religiosos establecidos por el Islam y la evolución arquitectónica del lugar destinado a la oración comunitaria, tienen una relación directa, ya que como fue analizado en el tercer apartado del trabajo, el origen y surgimiento de un modelo de mezquita musulmana, obedece a la necesidad de concretizar dichos preceptos, y por ello la Mequita no responde a un canon estructuralmente establecido, sino que es producto de la evolución histórica del Islam.

Del análisis de la Mezquita como elemento arquitectónico característico del Islam, obtuvimos que sus principales características son las siguientes:

Es un edificio hipóstilo, es decir, sostenido en su interior por columnas. La mezquita hipóstila se convirtió en un tipo arquitectónico que tendió a repetirse en todo el mundo musulmán. Sus cualidades respondía a las demandas básicas de la oración comunitaria, facilitando futuros ensanchamientos de ser estos requeridos por el crecimiento poblacional. El prototipo original de tal edificio tal vez haya sido la casa del profeta, pero eso aun solo es una hipótesis, lo cierto es que cánones establecidos para la construcción de mezquitas no existen en el mundo islámico primitivo. El único requisito evidente que demandaba la religión musulmana al lugar de oración era que fuera un gran espacio capaz de albergar a la comunidad. Las demás características se fueron añadiendo como producto de necesidades y demandas históricas o bien por necesidad de ir dando forma arquitectónica a un conjunto de tradiciones, pero ninguna de las demás características cuenta con la característica de “esencial”.

Entre éstas características, que se repiten en gran parte de las mezquitas se encuentran las siguientes:

1. Minbar. Era el lugar o púlpito oficial.
2. Minarete. Finalidad oficial era llamar a los fieles a la oración y sus forma era una alta torre unida directamente a la mezquita. Los primitivos minaretes eran cuadrados, pero luego aparecieron los minaretes en espiral. En los tiempos más primitivos la llamada a la oración se hacía desde el techo del edificio, luego adquirió forma arquitectónica y se trasformo en una torre.
3. Mihrab. Consiste en un nicho, habitualmente cóncavo y profusamente decorado, que se encuentra en la pared de la mezquita que está orientada hacia la Meca. (en Córdba el mihrab lo constituye toda una habitación). La explicación genérica dice que la razón de ser del mihrab es ordenar hacia la Meca. No obstante debido a razones tales como que este elemento arquitectónico no es visible desde gran parte del interior de la mezquita, no puede ser esa su misión. Al parecer conmemora la presencia del Profeta Mahoma, ya que en ese lugar se ubicaba para dirigirse a los fieles.
4. Maqsurah. Espacio reservado al príncipe cerca del Mihrab, pero no constituyen característica tipológica ya que solo están presentes en Damasco y Córdoba.
5. Bayt al-mal. Elemento cubierto por una cúpula situado en el patio. Tampoco se convirtió en tipología de las mezquitas, pero donde existe, se interpreta como la casa del tesoro de la primitiva comunidad musulmana
6. Muro de la quiblah. Indica la orientación de la meca, lugar hacia donde debían mirar.

Finalmente, Respecto de la decoración interna de las mezquitas, esta no denota carácter original. La mayor parte de las veces se dio nueva lectura a técnicas preexistentes, por ejemplo los mosaicos, tan característicos del mundo bizantino. Lo que predominó no fue la innovación sino la relectura de formas existentes. “La única verdadera novedad del período islámico primitivo fue la lenta aparición de la caligrafía como vehículo para la estética y significado de los símbolos”. [51]

Así pues, luego de obtener una panorámica general del significado de la Mezquita, nos adentramos en el análisis de la Mezquita de Córdoba, entendida esta última como una de las obras maestras de la presencia islámica en la península ibérica. A partir de su historia evolutiva, pudimos conocer sus principales características, muchas de las cuales son muestra de la evolución del arte islámico en toda la región del Al-Andalus. No obstante, también hicimos notar las particularidades que son propias de la Mezquita y que no encontraron proyecciones en otras edificaciones.

El principal elemento en el cual fue centrada nuestra atención fue la relevancia del arco de herradura como elemento arquitectónico singular de la arquitectura musulmana en España y las peculiares soluciones e innovaciones que tuvieron su origen en las sucesivas ampliaciones de la Mezquita. Así pues comprobamos que el arte arquitectónico musulmán en España, no significa bajo ningún punto de vista un mero traslado del mundo oriental arábigo a tierras occidentales. Las características esenciales de la religiosidad musulmana impregnan todas las obras andaluzas, pero ello no significa que las creaciones hispano-musulmanas sean meras repeticiones de modelos preexistentes en oriente.

En el caso emblemático del arco de herradura, pudimos comprobar que éste es de origen peninsular, específicamente visigodo, ya que los vestigios arquitectónicos de esa época así lo corroboran. Lo que hicieron los musulmanes fue recoger este elemento y dotarlo de peculiaridades singulares, tales como la magnifica solución encontrada para elevar el techo de la Mezquita aun sabiendo que las columnas con las que contaban eran de muy escasa altura. Lo que hicieron fue generar un sistema de doble arcada, de las cuales la inferior retoma el antiguo arco de herradura visigodo, mientras que el superior es diseñado como arco de medio punto. El aporte musulmán aquí es notable, ya que por primera vez el arco queda al descubierto, es decir, en su parte superior no sostiene ningún muro. Como vimos, este hecho puede tener también sus precedentes en la Mezquita de Damasco, pero las diferencias son muchas para restarle originalidad a la Mezquita de Córdoba. El ejemplo de Damasco no deja el arco descubierto, sino que genera un pequeño soporte horizontal sobre el que se sitúa el sistema de arcadas superiores, las cuales más se parecen a un muro entreabierto que aun conjunto de arcadas sobrepuestas.

Ahora bien, la evolución experimentada por el sistema de arcadas de la mezquita a lo largo de sus sucesivas ampliaciones es notable, alcanzando cada vez mayores grados de complejidades. Se crea, por ejemplo, las arcadas lobuladas, que luego pasan a ser arcadas lobuladas entrecruzadas, las cuales evidencian también una evolución estilística notable. Las primeras arcadas entrecruzadas lobuladas tenían la apariencia de masas confusas, poco estilizadas y complicadas de poco sentido estético. Luego estas arcadas evolucionaron y alcanzaron un alto grado de armonía estética, eliminando la sobrecarga de masa lobulada, y logrando hacer coincidir los múltiples lóbulos entrecruzados en lóbulos concéntricos que permitían despejar los espacios interiores de los arcos de herradura donde se enmarcaba toda la composición. (todos estos elementos están claramente esquematizados e ilustrados en el último apartado del trabajo)

Los aportes recogidos de las culturas pre-islámicas occidentales son múltiples y se reflejan en aspectos tales como la utilización de materiales de construcción cristianos y romanos, sobre todo columnas y capiteles extraído de edificios peninsulares. Por otra parte también se encuentra el hecho que concretamente participaran en la construcción y decoración del edificio personas y especialistas enviados desde Bizancio. Con ello se puede afirmar que los elementos preexistentes son recogidos por el mundo musulmán y le otorgan una nueva lectura y una nueva significación. Solo en aquellos casos donde los elementos vayan directamente en contra de su religiosidad, los aportes extra-musulmanes fueron rechazados. Esto último por ejemplo se evidencia en la reticencia de los musulmanes primitivos a incorporar signos y símbolos visibles como elementos institucionalmente establecidos en la composición de sus construcciones religiosas. En efecto, como fue analizado el tema de la Mezquita en el mundo musulmán, ésta no obedeció nunca a cánones estrictos previamente preconcebidos desde un poder central. Si en la práctica se generalizó la composición de la mezquita y sus elementos característicos, esto obedeció más bien a un desarrollo histórico y al interés de las dinastías reinantes por la proliferación de edificios dignos para realizar los actos piadosos obligatorios.

Bibliografía  

 

Chueca, Fernando, Historia de la arquitectura occidental, editorial Dossat, Madrid 1979.

Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953.

Barrucand Marianne, Arquitectura Islámica en Andalucía, Editorial Taschen, Italia 1992.

Hattstein, Markus, El Islam: el arte y arquitectura, Editorial Konemann, Barcelona 2000.

Hoag, John D., Arquitectura islámica, Editorial Aguilar, Madrid 1976.Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981.

NOTAS
[1] Barrucand Marianne, Arquitectura Islámica en Andalucía, Editorial Taschen, Italia 1992. Página 22-23
[2] Ibidem, Página 23
[3] Ibidem, Página 25
[4] Ibidem, Página 21
[5] Hattstein, Markus, El Islam: el arte y arquitectura, Editorial Konemann, Barcelona 2000. Página 208
[6] Ver: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981.
[7] Desde el punto de vista geográfico y administrativo, el nombre de Andalucía designa en la actualidad la región suroeste de España, que comprende las provincias de Almérida, Málaga, Cadiz, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Originalmente Al Andalus comprendía la totalidad de la España islámica, que entre los siglos VIII y X ocupaba la mayor parte de la Península Ibérica. El origen del nombre Al Andalus fue hasta hace poco un misterios. Apareció por primera vez cinco años después de la conquista islámica en una moneda bilingüe con la inscripción latinia “Span_(nia)” y la árabe “Al Andalus”. Heinz Halm ha demostrado recientemente que “Al Andalus” es simplemente una arabización del nombre visigodo de la antigua provincia romana Bética: los visigodos dominaron esas tierras desde 468 hasta 711 antes de la conquista islámica. Se repartieron las tierras por sorteo. Los premios y las tierras se denominaban “Sortes Gothica” (El reino godo en su conjunto). Resulta posible suponer que la correspondiente designación goda “Landahlauts” (Tierra de sorteo) se transformó en AL-ANDALUS, con ello queda aclarada también la incorporación del artículo árabe “Al”. En: Barrucand Marianne, Ob. Cit., Página 11 -13
[8] Barrucand Marianne, Ob. Cit., Página 11
[9] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 209
[10] Chueca, Fernando, Historia de la arquitectura occidental, Editorial Dossat, Madrid 1979. Página 293
[11] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 111
[12] Ibidem, Página 112
[13] Ibidem, Página 115
[14] Ibidem, Página 116
[15] Ibidem, Página 122-150
[16] Ibidem, Página 124
[17] Ibidem, Página 128
[18] Ibidem, 137
[19] Ibidem, Página 139
[20] Ibidem, Página 143
[21] Ibidem, Página 146
[22] Ibidem, Página 147-148
[23] Ibidem, Página 149
[24] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 218
[25] Camps, Emilio, Módulo, Proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953.
[26] Barrucand Marianne, Ob.Cit., Página 40
[27] Ibidem, Página 39
[28] Idem
[29] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 22
[30] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 122
[31] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 222

[32] Barrucand Marianne, Ob.Cit., Página 44
[33] Ibidem, Página 45
[34] Ibidem, Página 70

[35] Chueca, Fernaando, Ob. Cit., Página 311
[36] Idem
[37] Camps, Emilio, Ob. Cit., Página 19
[38] Ibidem, Página 21
[39] Ibidem, Página 62
[40] Iibidem, Página 63
[41] Ibidem, Página 23
[42] Ibidem, Página 24
[43] Ibidem, Página 24
[44] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 142
[45] Chueca, Fernando, Ob. Cit., Página 28
[46] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 28
[47] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 39; Chueca, Fernando, Ob. Cit., Página 307.
[48] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 40
[49] Ibidem, Página 47
[50] Ibidem, Página 51
[51] Ibidem, Página 149





GUERRA FRIA FASE 2: 1953 – 1962. LA COEXISTENCIA PACÍFICA. NIKITA KRUSCHEV

24 09 2007

Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964

GUERRA FRIA FASE 2: 1953 – 1962. LA COEXISTENCIA PACÍFICATras la Guerra de Corea, las tensiones entre los bloques tendieron a calmarse. Comenzaba una nueva etapa en las relaciones internacionales a la que se ha denominado “coexistencia pacífica”. Ésta se habría conseguido, esencialmente, gracias a lo que Jean Duroselle ha denominado “equilibrio del terror”.[1] Éste último se explica a partir del hecho que la tecnología militar utilizada por ambos bandos logró sobrepasar por primera vez los límites de la destrucción total. Ante tales condiciones, dar comienzo a un conflicto directo, habría significado sentenciar a muerte a la propia población, cuestión a la que ninguno de los dos bandos en pugna llegó a arriesgarse.El primer cambio que destacamos estuvo dado a partir del ascenso de nuevos líderes políticos tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética. El General D. Eisenhower sucedió a H. Truman en la presidencia norteamericana, asumiendo el cargo entre 1953 y 1960. Mientras que en la URSS, tras la muerte de Stalin (5 de marzo de 1953), la lucha por la sucesión se inclinó a favor de los sectores más renovadores del aparato estatal soviético, de entre los que destacan Malenkov, Bulganin y Kruschev.[2] En este punto se debe recordar que desde 1917 la Unión Soviética no había establecido código de sucesión.

Tras la muerte de Stalin, la URSS dio comienzo a una nueva etapa en las relaciones internacionales. Kruschev como el nuevo líder político de la URSS, luego de lograr sobreponerse al resto de la camarilla política que aspiraba a suceder a Stalin, propició una nueva política exterior que va a denominar “coexistencia pacífica”. Este nuevo concepto significaba básicamente que la URSS no sólo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era inevitable.
La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento. El candidato norteamericano Eisenhower había criticado duramente la política de “contención” de Truman, mientras que Foster Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante la campaña electoral de 1952 hacer retroceder a los Soviéticos a sus posiciones de partida.
Tras el triunfo de Eisenhower, Estados Unidos se embarcó en una política que se vino a denominar la doctrina de las “represalias masivas”. Con ella, como señala Kissinger, se pretendía explotar teóricamente la ventaja nuclear de Estados Unidos. Pero lo contradictorio era que esta formulación se elaboró cuando la ventaja estaba a punto de desaparecer.[3] Se suponía que la posibilidad de una represalia masiva disuadiría a los soviéticos de toda agresión y evitaría estancamientos como los de Corea.

No obstante, la guerra nuclear general pareció ser un remedio desproporcionado para la mayoría de las crisis que sobrevinieron en el período. Así lo confirmaron los hechos, pues la política exterior norteamericana no implementó su estrategia de “represalias masivas”. Al contrario mostró una gran moderación y en definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las palabras, una vez más, no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa.

Así pues, como señala Charles Zorgbibe con la nueva directiva soviética comenzó un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong en 1953, que ponía fin a la guerra de Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización.[4]

Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran su hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación, la represión de la revolución Húngara en 1956 o las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza a los gobiernos progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en Guatemala en 1954, son la muestra de que cada uno de los bandos estaba decidido a mantener la cohesión de su respectivo bloque. Como señala Kissinger, también en este aspecto se subrayó el hecho de que cada bloque guardó respeto por las esferas de influencias ya delimitadas. Esto último, se manifestó, esencialmente, en la nula reacción manifestada por el bloque occidental ante la violenta represión que sufrió el levantamiento Húngaro en 1956 por parte de las tropas soviéticas.[5]

Ahora bien, el nuevo marco de coexistencia pacífica no significó el fin del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS. Si bien es cierto, como ya hemos analizado, el ámbito de influencias en Europa había sido estabilizado nítidamente a partir de la consolidación económica y militar de cada uno de los bloques, no ocurría lo mismo en áreas periféricas. En estas últimas, las potencias siguieron manifestando sus rivalidades. En el período de la coexistencia pacífica se produjeron graves crisis que pusieron en peligro el mantenimiento de la paz mundial. Entre ellas destacamos la crisis de Berlín y la crisis del Caribe que estuvo a punto de llevar a la “guerra caliente” a soviéticos y norteamericanos.

Con ello se puede apreciar que a pesar de los intentos de coexistencia, el clima de desconfianza entre las potencias no había desaparecido, lo que dio lugar a crisis tan graves como las de Berlín a partir de 1958 y la de los misiles en Cuba en 1962.
Entre los acontecimientos destacados de esta fase de la Guerra Fría se encuentran los siguientes:

Ø Armisticio de Corea. 27 julio 1953
Ø Canciller de Alemania Occidental (Adenauer) fue recibido en capital soviética. 13 de junio de 1955
Ø Conferencia de Ginebra. 26 abril a 21 de julio de 1954
Ø La firma del Pacto de Varsovia. 14 de Mayo de 1955
Ø La celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 25 de Febrero 1956
Ø La Crisis de Suez. 26 de Julio 1956
Ø Revolución Húngara. Octubre-Noviembre de 1956
Ø La Crisis de Berlín. Entre 1958 a 1963
Ø La Crisis de los misiles en Cuba. Octubre 1962

De los hechos mencionados, a continuación profundizaremos en el análisis de los siguientes: el Informe Secreto entregado por Kruschev en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (1956), la Crisis de Berlín (1958-1963) y la Crisis de los Misiles (1962).

NOTAS
[1] Duroselle, Jean, Ob. Cit., Página 112
[2] Service, Robert, Ob. Cit., Página 313
[3] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 843
[4] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 199
[5] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826

1. Informe secreto de Kruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Autor: Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964
Título del documento o tema central: Informe Secreto sobre el culto a la personalidad
Identificación espacial y temporal:Moscú, 24 y 25 de febrero de 1956
Tipo de documento: Discurso ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Informe Secreto sobre el culto a la personalidad. XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 24 y 25 de Febrero 1956

¡Camaradas! En el informe del Comité Central del Partido ante el Vigésimo Congreso, en algunos discursos de delegados al Congreso, así como anteriormente, durante las sesiones plenarias del CC/PCUSD, mucho se ha dicho sobre el culto del individuo y sus dañosas consecuencias.
Después de la muerte de Stalin, el Comité Central del Partido comenzó a emplear la política de explicar, concisamente y concretamente, que es ilícito y extraño al espíritu de marxismo y del leninismo elevar a una persona, transformarla en un superhombre dotado de características sobrenaturales, comparables a las de un dios (…)
Entre nosotros se cultivó durante muchos años esa creencia en torno a un hombre, y especialmente en torno a Stalin.
El objeto del presente informe no es una valoración exhaustiva de la vida y la actividad de Stalin. (…) Ahora nos encontramos frente a una cuestión de inmensa importancia para el Partido en el presente y en el futuro (…) se trata de cómo el culto de la persona de Stalin fue creciendo gradualmente; ese culto que en determinado momento se convirtió en la fuente de toda una serie de perversiones unánimemente graves y serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido, de la legalidad revolucionaria (…)
Cuando analizamos las prácticas de Stalin en cuanto a la conducción del Partido y la nación, cuando nos detenemos a considerar cualquier acto de Stalin, debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido (…)
Stalin no actuó mediante la persuasión, la explicación y la cooperación paciente con las personas, sino imponiendo sus conceptos y exigiendo obediencia absoluta a su opinión. Quien se oponía a ello, o procuraba probar su punto de vista y la exactitud de su posición, quedaba sentenciado a la exclusión del mando colectivo y a la correspondiente aniquilación moral y física.(…)
Debemos afirmar que el Partido libró una severa lucha contra los trostskistas, los derechistas, los burgueses nacionalistas, y que desarmó ideológicamente a todos los enemigos de Lenin. Esta lucha ideológica se llevó a cabo con éxito, y así el Partido se vigorizó y templó. En esto Stalin representó un papel positivo (…)
Stalin inventó el concepto “enemigo del pueblo”. Este término hizo automáticamente innecesario que se probaran los errores ideológicos de un hombre u hombres dispuestos a la discusión; este término hizo posible el uso de la más cruel represión, la violación. todas las normas de la legalidad revolucionaria contra cualquiera que,. en una u otra forma, estuviera en desacuerdo con Stalin; contra todo sospechoso de intención hostil; contra cualquier hombre de mala reputación. Este concepto “enemigo del pueblo” eliminó radicalmente la posibilidad de cualquier clase de lucha ideo lógica, y la posibilidad de dar a conocer opiniones personales sobre tal o cual punto, aún sobre cuestiones de carácter práctico. En verdad, la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado(…)
Ese enfermizo recelo creaba en él una desconfianza general, aun con respeto a eminentes trabajadores del Partido a quienes habíamos conocido durante años enteros. Por doquier veía «enemigos», «espías» y «traidores». Dueño de un poder ilimitado, su despotismo no conoció límites y fue capaz de aniquilar a los hombres moral y físicamente (…)
Así Stalin sancionaba en nombre del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique) la más brutal violación de la legalidad socialista, la tortura y la opresión (…) La obstinación de Stalin se mostró asimismo no solo en decisiones concernientes a la política interior del país, sino también en las relaciones internacionales de la Unión Soviética (…)
En este sentido, Stalin se popularizó enérgicamente a sí mismo como gran líder; de varios modos trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro (…) No Stalin, pero si el Partido como conjunto, el Gobierno soviético, nuestro heroico ejército, sus talentosos líderes y valientes soldados, la nación soviética sola, éstos son los únicos que aseguraron la victoria en la Gran Guerra patriótica(…)
Las magníficas y heroicas acciones de millares de millones de hombres de Occidente y Oriente durante la lucha contra la amenaza del yugo fascista que pendía sobre nosotros perdurará durante centurias y milenios en el recuerdo de la agradecida humanidad (…)
¡Camaradas! Debemos abolir el culto del individuo decisivamente, de una vez por todas; debemos sacar las conclusiones acertadas sobre la labor ideológica-teórica y práctica. Para ello es necesario: Primero, seguir la norma bolchevique, condenar y desarraigar el culto al individuo como ajeno al marximo-leninismo y opuesto a los principios del mando del Partido y sus normas de vida, y luchar inexorablemente contra todo intento de volver a implantar esta práctica en una forma u otra (…)
En segundo término, debemos continuar sistemáticamente y con persistencia la obra del Comité Central durante los últimos años (…) de los principios leninistas del mando del Partido, y caracterizada, sobre todo, por el principio dominante el mando colectivo, por el respeto de las normas de vida del Partido descritas en los estatutos de nuestro Partido y, en suma, por la amplia práctica de la crítica y la autocrítica.
En tercer término, restaurar completamente los principios leninistas de democracia soviético-socialista, expresadas en la Constitución de la Unión Soviética, para combatir la arbitrariedad de individuos que abusen del poder. (…)
¡Camaradas! El Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética ha manifestado con nueva energía la inconmovible unidad de nuestro Partido, su cohesión en torno al Comité Central, su firme voluntad de cumplir la gran tarea de construir el comunismo.

Kruschev”Informe Secreto” sobre el culto a la personalidad

 

Análisis del DocumentoAutor del Documento y contexto histórico

Nikita Kruschev accedió al Comité Central del PCUS en 1934. Durante la Segunda Guerra Mundial, denominada por la Unión Soviética como “Guerra Patria”, alcanzó el grado de General. Tras la muerte de Stalin, accedió al cargo de Secretario General del partido y producto de diversas maniobras consiguió apartar a sus competidores, entre ellos Beria y Malenkov. Respecto de esto último, Robert Service señala que Kruschev maniobró hábilmente, creando una comisión investigadora de crímenes de los años ’30 y ’40, poniendo especial énfasis en las purgas de Leningrado, ello debido a que en éstas la participación de Malenkov había sido importante y podía utilizar la investigación para desprestigiarle.[1] Así, producto de la pérdida de prestigio y autoridad, Malenkov fue obligado a dimitir del cargo de Presidente del Consejo de Ministros en el año 1955.

Entre las primeras medidas políticas de relevancia en el ámbito de las relaciones internacionales destacan, en primer lugar, el acercamiento y reconciliación con Yugoslavia, que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955; y en segundo lugar la firma del “Pacto de Varsovia” el 14 de mayo de 1945. Éste último venía a ser la respuesta a dos necesidades evidenciadas por la URSS. Por una parte era la respuesta al refuerzo de la Alianza Atlántica, donde se había permitido el ingreso de la República Federal Alemana a la organización y su consecuente remilitarización, pero por otra parte también respondía a la necesidad de legalizar la subordinación de las Fuerzas Armadas de las Democracias Populares al mando soviético. Como señala Charles Zorgbibe, con esto se daba base jurídica al estacionamiento de las fuerzas soviéticas en Hungría y Rumania, las cuales según el tratado de paz de 1947 debían retirarse al día siguiente de la firma de un tratado de paz con Austria.[2] Y éste, como ya se dijo anteriormente, fue firmado el 15 de mayo de 1955, es decir, un día después de la firma del Pacto de Varsovia.

Ahora bien, el 20 de febrero de 1956 se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, para éste, Kruschev propuso realizar un discurso acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias. La propuesta de Kruschev tuvo que enfrentar a Molotov, quien proponía como tema “Stalin continuador de la obra de Lenin”. No obstante, como señala Zorgbibe, la postura de Kruschev prevaleció debido al apoyo que tenía en el Presidium.[3] En términos generales, durante el XX Congreso del PCUS, Kruschev denunció los crímenes de Stalin en su “informe secreto” e inició el proceso que se ha denominado desestalinización.Destinatario, lugar y fecha:

El “Informe secreto” o “discurso sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”, fue dado a conocer a puerta cerrada a los 1.436 delegados soviéticos asistentes al XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. EL Congreso se realizó en Moscú en febrero de 1956.

Contenido del documento:

El 25 de febrero Kruschev dio a conocer su informe a una sesión cerrada al público, solo los delegados del Partido comunista de la URSS pudieron escucharle. Stalin constituía el tema central del discurso, y en él se destacan los siguientes aspectos:

Ø En 1923 Lenin pidió que se apartara a Stalin del cargo de Secretario General: “debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido”

Ø Necesidad de eliminar el culto a la personalidad por ser contrario al marxismo leninismo.

Ø Abusos, represión y violación a toda la legalidad soviética. Kruschev destaca la ilegalidad de los métodos mediante los cuales se juzgaba y condenaba a los acusados: “la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado”.

Ø Stalin como asesino e incompetente frente al ataque alemán. Se desmitifica y niega el rol protagónico que intentó abrogarse Stalin en el triunfo sobre los alemanes: “trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro”.Entre otras de las faltas del stalinismo se menciona la deportación de pueblos enteros durante la Gran Guerra Patria, por el solo hecho de ser sospechosos de colaborar con el enemigo.

Ahora bien, lo que se debe tener presente es que en el informe entregado por Kruschev el ataque está dirigido contra Stalin no contra el sistema soviético. Lo que se proponía era regresar al Marxismo Leninismo, conservando intacto el Estado y la preeminencia del Partido Comunista como único partido.

En el informe se nombra pocas veces a miembros del Presidium y no se culpa a los miembros del Politburó. Según señala Robert Service, Kruschev había ayudado a organizar las purgas de Moscú y Ucrania entre 1937-38,[4] pero en el informe ese aspecto no es mencionado. En efecto, y como señala este mismo autor, el propio Krsuchev reconocía ante sus colaboradores más cercanos del Presidium, que realmente los argumentos eran prácticos y no morales: “si no decimos la verdad en el Congreso nos veremos en la obligación de decirla en el futuro y entonces no seremos los que hagamos el discurso, sino que estaremos bajo investigación”.[5] Desde este punto de vista, la política implementada por Kruschev se nos presenta como una maniobra para poder, en primer lugar, apartar de los altos mandos a los hombres cercanos a Stalin y en segundo lugar exculpar la propia responsabilidad frente a los abusos cometidos por el régimen stalinista, aún cuando el propio Kruschev había formado parte de él.

Proyecciones históricas del informe secreto

A partir del contenido del discurso, occidente llamó a la política de Kruschev “Desestalinización”. Ahora bien, la difusión del documento en occidente se produjo por una parte por medio de las copias que la Propia KGB hizo llegar a la CIA y también una versión completa conoció la luz en el periódico “Observer” de Londres. En la Unión Soviética, el Presidium se resistía a publicar el informe, temiendo por los efectos que pudiera producir, finalmente la prensa publicó sólo breves resúmenes, ya que las copias del informe fueron destruidas antes de su distribución y sólo se publicaron con el asenso de Gorvachov al poder.[6]

Los temores del Presidium no eran infundados. El informe de Kruschev podía encender la llama de los levantamientos tanto al interior de la URSS como en los países de Europa del Este. Las razones eran que a través del informe se estaba quitando la “poca legitimidad” del liderazgo soviético sobre los países del Pacto de Varsovia, los cuales en términos concretos se encontraban sometidos a las órdenes del Kremlin.

Ahora bien, ante los atónitos delegados comunistas, Kruschev afirmaba que Stalin era un asesino de masas, denunciaba sus crímenes y el “culto a la personalidad”, que había caracterizado hasta ese momento a la dictadura soviética. Con ello, quedaba en evidencia el giro que Kruschev pretendía dar a la política exterior, la cual, como ya hemos mencionado, se dio en llamar “coexistencia pacífica”. Ésta implicaba también la aceptación en el terreno teórico de la existencia de diversos caminos para la construcción de un sistema socialista.
Esta relativa apertura tuvo su primer reflejo en Polonia. Impulsado por las manifestaciones obreras, Gomulka, un comunista que había sido purgado por Stalin en 1948 retornaba al poder. Su reiterada fidelidad a la URSS y a las bases del sistema comunista de las “democracias populares” permitió que Moscú aceptara el nuevo giro en la política polaca. Pero la situación fue bien distinta en Hungría, donde se constató trágicamente las limitaciones de la nueva política de Kruschev.

En Hungría la resistencia de los dirigentes más stalinistas hizo que las protestas populares degeneraran en una verdadera insurrección popular el 24 de octubre de 1956. Un comunista abierto y liberal, Imre Nagy, accedió al poder y se puso al frente de la revolución húngara. Enfrentado a un levantamiento que se extendía por el país, Nagy decidió encabezarlo y dio dos pasos decisivos: la aceptación de la libertad de asociación política, lo que destruía el monopolio comunista del poder, y, lo que fue mucho más grave, la proclamación de la neutralidad de Hungría y su abandono del recién creado Pacto de Varsovia.
La respuesta del Kremlin fue inmediata: las tropas soviéticas aplacaron la revolución húngara de 1956. La dirección soviética había puesto claramente los límites a los que podía llegar el proceso de desestalinización. Como señala Henry Kissinger, en Hungría quedó en evidencia la delimitación de los bloques de influencia y la renuncia de Estados Unidos a enfrentarse a una guerra por suprimir el control comunista del Este de Europa. Ésta había sido la política explícita de Estados Unidos desde hacía una década.[7] La actitud pasiva demostrada por el gobierno norteamericano subrayaba la premisa básica de la “Contención”, según ésta, la liberación de Europa del Este se confiaba a la erosión del tiempo y no comprometía desafiar frontalmente el control soviético. En este punto, también se debe considerar que para Occidente la preocupación principal en este momento era poner fin a la crisis de Suez, en la cual los propios aliados políticos de Estados Unidos (Francia y Gran Bretaña) estuvieron a punto de desencadenar una conflagración de magnitudes insospechadas. Estados Unidos, manifestó, por una parte su no disposición de secundar a sus aliados en aventuras militares que implicaran un enfrentamiento directo con la URSS, así como también sus disímiles puntos de vista respecto a la defensa de los intereses coloniales. Esto condujo a que EEUU votara en la ONU junto a la URSS contra sus aliados directos, es decir contra Francia y Gran Bretaña, a los cuales el 2 de Noviembre de 1956 se les exigió poner fin a las hostilidades emprendidas contra Egipto.[8] La Crisis de Suez y la humillación a la que se vieron expuestos Gran Bretaña y Francia era una muestra evidente de la debilidad de los países Europeos frente al poderío norteamericano.

Hasta este momento se puede decir que la segunda fase de la Guerra Fría se encuentra en un estado de calma. Es decir, la rivalidad entre los bloques no se ha manifestado en forma latente y aun abundan los gestos de buena voluntad por parte ambos bloques. Será a partir del año 1958 con el desencadenamiento de la crisis de Berlín, que la Guerra Fría entró en una de sus etapas más álgidas, alcanzando el límite con la Crisis de los Misiles en Cuba el año 1962.2. Crisis de Berlín
El 27 de noviembre de 1958, Kruschev lanzó un ultimátum a las potencias occidentales. Envió notas formales a Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia declarando nulo el acuerdo de las cuatro potencias sobre Berlín, insistiendo en que Berlín Occidental fuera transformada en una ciudad libre y desmilitarizada. Si no se llegaba a un acuerdo, en 6 meses la URSS firmaría un tratado de paz con Alemania Oriental y cedería sus derechos de ocupación y rutas de acceso a la RDA. Ello equivalía a un ultimátum a los aliados occidentales
Según señala Henry Kissinger, una de las razones principales que explica esta actitud de Kruschev está dada por la necesidad que tuvo éste de conseguir una manifestación concreta de la supuesta superioridad alcanzada por la URSS en el aspecto militar. Tras la puesta en órbita del Sputnik en 1957, la URSS consideró que ello era prueba de superioridad científica y militar y hasta en occidente llegó a considerarse así. El Secretario General de la Unión Soviética, se lanzó a ofensivas diplomáticas para convertir la supuesta superioridad de los mísiles soviéticos en algún tipo de avance diplomático.[9] Desde esta perspectiva, en Berlín habría de ser demostrada la preeminencia militar soviética. Por su parte Eric Hobsbawm señala que Kruschev, pese a sus intenciones pacíficas, se vio forzado a adoptar en público una actitud más intransigente hacia Occidente, esto esencialmente debido a la crítica realizada por China Comunista quién acusaba a la URSS de haber suavizado su actitud respecto al capitalismo.[10]

Ahora bien, con el ultimátum dado por Kruschev el 27 de noviembre de 1958, se ponía a los países occidentales ante la opción de reconocer a Alemania oriental o ir a la guerra por la cuestión técnica de quién habría de firmar los documentos de tránsito. Como se puede apreciar, el problema que resurge en esta oportunidad tiene que ver, esencialmente, con Alemania y el estado indeterminado en que quedó tras la Segunda Guerra Mundial. Ya fue analizado anteriormente el problema suscitado entre 1948 y 1949 producto del bloqueo de las rutas hacia Berlín por parte de la Unión Soviética. Ahora, 10 años después, el problema alemán es puesto nuevamente sobre la mesa.
¿Cuál es la razón de fondo que insta a Kruschev a poner su diplomacia en pie de guerra?. Según la perspectiva oficial soviética, la razón estaba dada por el hecho de que “Berlín Occidental se ha convertido en un nido de espionaje internacional y de actividad subversiva contra la RDA”. Debido a ello, el Gobierno de la URSS estimaba que la mejor solución del problema debería reflejarse en el tratado de paz que transformara a Berlín occidental en una ciudad libre, exenta de toda ocupación extranjera y ligada en el aspecto económico tanto con el Oeste como con el Este.[11] No obstante, como señala Kissinger, eso no podía ser más que una excusa para ocultar la gran debilidad de la Unión Soviética. Alemania Oriental estaba perdiendo mano de obra debido a que centenares de miles de ciudadanos huían hacia Alemania Occidental a través de Berlín.[12] En estas circunstancias, lo que Jruschev buscaba era pasar el control de Berlín a la RDA, con ello el punto de fuga de los alemanes se eliminaría, pues al parecer esperaba que los occidentales entregaran a la RDA su parte de Berlín.
En la Crisis de Berlín quedó demostrado que la estrategia diseñada durante la Presidencia de Eisenhower no era aplicable, no se utilizaría una “represalia masiva” por causa de Berlín, ni mucho menos por las razones que Kruschev estaba presionando. En efecto, como señala Kissinger al comienzo de la crisis de Berlín, Eisenhower decidió que era más importante calmar al público norteamericano que dar un susto a los gobernantes soviéticos. En una conferencia de prensa el 18 de febrero de 1959, Eisenhower afirmó: “desde luego, no vamos a entablar una guerra en Europa” y para no dejar dudas también excluyó toda defensa de Berlín con armas nucleares: “No sé como podríamos liberar nada con armas nucleares”.[13]
Ahora bien, Eisenhower llegó al final de su gobierno sin lograr avances significativos respecto de la crisis de Berlín. J.F. Kennedy asumió la presidencia cuando la crisis de Berlín casi llevaba tres años. El paso del tiempo había reducido la credibilidad de la amenaza, pero las negociaciones y el encuentro entre Kennedy y Kruschev en Viena en 1961 no sirvieron para mover la posición occidental expresada por el presidente norteamericano en julio de 1961: mantenimiento de la presencia occidental en Berlín, mantenimiento del derecho de acceso y libre elección del régimen político.
La aceleración del ritmo de huidas a la zona occidental precipitó que el 13 de agosto de 1961 se iniciara la construcción de un muro que separaba ambas zonas de la ciudad y aislaba completamente al Berlín occidental. El “Muro de la Vergüenza”, como le llamó Kennedy, indignó a la opinión pública occidental, desacreditó la postura soviética y se convirtió en el doloroso símbolo de la Guerra Fría. El muro pronto se convirtió en un muro de cemento de 5 metros de alto, coronado con alambre y espino, vigilado por torres con guardias armados y minas. Este complejo sistema de muros, vallas electrificadas y fortificaciones se extendió a lo largo de 120 kilómetros, separando a la ciudad y rodeando completamente a Berlín occidental.

NOTAS
[1] Service Robert, Ob. Cit., Página 317
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 204
[3] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 319
[4] Service, Robert, Ob. Cit., Página 320
[5] Ibidem, Página 319
[6] Ibidem, Página 321
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826
[8] Ibidem, Página 590
[9] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 837
[10] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 247
[11] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 369
[12] Kisinger, Henry, Ob. Cit., Página 840
[13] Ibidem, Página 843

Mapa: El Muro de Berlín

Ante la Construcción del Muro, Estados Unidos mantuvo su código de conducta, es decir no entabló un enfrentamiento directo con la URSS. Y si bien, Kennedy alzó la voz para criticar y abominar su construcción, también se encargó de manifestar públicamente que estaba descartada toda posibilidad de llegar a una guerra por causa de Berlín: “…si yo voy a amenazar a Rusia con una guerra nuclear, tendría que ser por razones mucho más grandes e importantes… que el acceso a una autopista”.[1]

En estas circunstancias, el concepto “equilibrio del terror” comienza a ser comprendido en su magnitud. ¿Qué causa habría justificado comenzar una guerra en que ambos bandos tenían la certeza de ser aniquilados? Hasta este momento (1961), ninguna razón había hecho que las superpotencias consideraran seriamente comenzar una guerra para oponerse a su rival. Cualquier enfrentamiento directo entre ambas potencias tendría que haber sido necesariamente atómico, ya que ambas contaban con arsenales nucleares factibles de ser utilizados. Como señala Hobsbawm, el enfrentamiento entre la URSS y EEUU habría significado un pacto suicida,[2] ante el cual los líderes de ambos bandos finalmente terminaron dando marcha atrás, pues se encontraban atrapados en el dilema nuclear.
Proyecciones de la crisis de Berlín

La crisis finalizó sin ningún acuerdo entre las partes. Según la perspectiva oficial de la Unión Soviética, ante la negativa occidental para firmar un tratado de paz con Alemania, la URSS decidió finalmente, tras los fracasos reiterados de los intentos diplomáticos, levantar un muro en la ciudad de Berlín con el fin de que se transformara en una “barrera insuperable interceptando el camino de los espías, saboteadores y especuladores procedentes del Oeste”.[3]

Ahora bien, después de tres años de ultimátum y amenazas, Kruschev terminó levantando un muro que consolidaba definitivamente la creación de los bloques. Desde este momento el Muro de Berlín pasó a constituirse en el principal símbolo de la Guerra Fría y la consecuente división del mundo en dos bloques. Según la perspectiva de Kissinger, con el fin de romper el estancamiento y no dejar en tanta evidencia su inoperante política de amenazas y ultimátum, Kruschev decidió instalar misiles en Cuba.[4] Así, cuando aun la Crisis de Berlín no tocaba su fin, una crisis aun más peligrosa viene a ocupar la escena internacional.

NOTAS
[1] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 858
[2] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 233
[3] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 370
[4] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 870

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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DOCTRINA TRUMAN, 12 MARZO 1947

24 09 2007

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Harry Truman. Presidente Nº 33 de EEUU entre 1945 y 1952

FASE 1: 1947-1953. SURGIMIENTO Y ESTABILIZACIÓN DE UN MUNDO BIPOLAR
CONFLICTO TIPO: LA GUERRA DE COREAEsta primera fase de la Guerra Fría comienza en 1947, con la proclamación de la Doctrina Truman y el Plan Marshall por parte de Estados Unidos y el anuncio de la Doctrina Jdanov por parte de La Unión Soviética; prosigue con el Golpe Comunista en Checoslovaquia y el bloqueo de Berlín en 1948, terminando con la Guerra de Corea como conflicto tipo, es decir, como momento cúlmine en el que se estuvo a un paso de llevar a cabo un enfrentamiento directo entre EEUU y la URSS.

El Comienzo de la Guerra Fría:
La Doctrina Truman, el Plan Marshall, la Doctrina Jdanov y el bloqueo de Berlín

La Doctrina Truman y El Plan Marshall

Tras la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se propusieron abandonar su política de aislamiento continental, asumiendo responsabilidades mundiales. Su objetivo fue al principio asegurar los fundamentos económicos de la paz, pero después, al compás de la Guerra Fría, se atribuyeron la misión de defender a todos los pueblos que querían preservar las instituciones y los valores de la democracia liberal, dando la imagen de un país que encarnaba la libertad, distribuyendo mucho dinero entre los países aliados que iban a ser también sus clientes.[1] Tales objetivos se pusieron de manifiesto a partir de la Doctrina Truman y el Plan Marshall, los cuales se analizan a continuación.

[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 41

LA DOCTRINA TRUMAN
EE.UU. Washington, 12 de marzo de 1947

Uno de los objetivos fundamentales de la política exterior de Estados Unidos es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción. Esta fue una de las causas fundamentales de la guerra con Alemania y el Japón. Nuestra victoria se logró sobre países que pretendían imponer su voluntad y su modo de vivir a otras naciones. Para asegurar el desenvolvimiento pacífico de las naciones libres de toda coacción, Estados Unidos ha tomado parte preponderante en las Naciones Unidas. Estas están destinadas a posibilitar el mantenimiento de la libertad y la soberanía de todos sus miembros. Sin embargo, no alcanzaremos nuestros objetivos a menos que estemos dispuestos a ayudar a los pueblos libres a preservar sus instituciones libres y su integridad nacional frente a los movimientos agresivos que tratan de imponerles regímenes totalitarios. Esto es simplemente reconocer con franqueza que los regímenes totalitarios impuestos a los pueblos libres, por agresiones directas o indirectas, socavan los fundamentos de la paz internacional y, por tanto, la seguridad de los Estados Unidos. En la presente etapa de la historia mundial casi todas las naciones deben elegir entre modos alternativos de vida. Con mucha frecuencia, la decisión no suele ser libre. En varios países del mundo, recientemente, se han implantado por la fuerza regímenes totalitarios, contra la voluntad popular. El gobierno de los Estados Unidos ha levantado frecuentes protestas contra las coacciones y las intimidaciones realizadas en Polonia, Rumanía y Bulgaria, violando el acuerdo de Yalta. Debo afirmar también que en otros países han ocurrido hechos semejantes. Uno de dichos modos de vida se basa en la voluntad de la mayoría y se distingue por la existencia de instituciones libres, un gobierno representativo, elecciones limpias, garantías a la libertad individual, libertad de palabra y religión y el derecho a vivir sin opresión política.
El otro se basa en la voluntad de una minoría impuesta mediante la fuerza a la mayoría. Descansa en el terror y la opresión, en una prensa y radio controladas, en elecciones fraudulentas y en la supresión de las libertades individuales. Creo que la política de los Estados Unidos debe ayudar a los pueblos que luchan contra las minorías armadas o contra las presiones exteriores que intentan sojuzgarlos. Creo que debemos ayudar a los pueblos libres a cumplir sus propios destinos de la forma que ellos mismos decidan. Creo que nuestra ayuda debe ser principalmente económica y financiera, que es esencial para la estabilidad económica y política. El mundo no es estático y el statu quo no es sagrado. Pero no podemos permitir cambios en el statu quo que violen la Carta de las Naciones Unidas por métodos como la coacción o subterfugios como la infiltración política. Ayudando a las naciones libres e independientes a conservar su independencia, Estados Unidos habrá de poner en práctica los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Basta mirar un mapa para comprender que la supervivencia e integridad de la nación griega tiene gran importancia dentro del marco más amplio de la política mundial. Si Grecia fuera a caer bajo el poder de una minoría armada, el efecto sobre su vecino Turquía, sería inmediato y grave. La confusión y el desorden podrían fácilmente extenderse por todo el Medio Oriente (…).
Si dejáramos de ayudar a Grecia y Turquía en esta hora decisiva, las consecuencias, tanto para Occidente como Oriente, serían de profundo alcance. Debemos proceder resuelta e inmediatamente (…). Por lo tanto, pido al Congreso autorización para ayudar a estos dos países con la cantidad de cuatrocientos millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948. Además de dichos fondos, pido al Congreso que apruebe el envío de personal norteamericano civil y militar, a Grecia y Turquía, a petición de aquellos países, para cooperar en la tarea de la reconstrucción y con el fin de que supervise la utilización de la ayuda financiera y material que lleguen a ser otorgadas (…). Si vacilamos en nuestra misión de conducción podemos hacer peligrar la paz del mundo y, sin lugar a dudas arriesgaremos el bienestar de nuestra propia nación
“.

Discurso del presidente Truman ante el Congreso de EE.UU. Washington, 12 de marzo de 1947

Análisis del documento

El autor del documento:

El autor del documento es Harry Truman. Político demócrata estadounidense y vicepresidente de la nación en 1944. Tras la muerte de Roosevelt, accedió a la presidencia de los Estados Unidos. Durante su mandato, ordenó el lanzamiento de la primera bomba atómica en Hiroshima y Nagazaki. En 1947 Promovió la ayuda económica a Grecia y a Turquía, impulsó el Plan Marshall, la creación de la OTAN y la intervención en la guerra de Corea. En 1949 comienza su período de presidente electo, el que finaliza en 1953.

Destinatarios, lugar y fecha:

El discurso fue dado a conocer por el Presidente Harry Truman, ante el Congreso Norteamericano, el 12 de marzo de 1947.

Contenido del documento:

1947 es considerado por gran parte de la historiografía como el año de inicio de la Guerra Fría y la Doctrina Truman como su primera manifestación concreta. En efecto, en este año se pasa de las advertencias a los hechos. Ante la renuncia de Inglaterra a la tutela sobre Grecia y Turquía, cuya defensa contra el avance comunista el gobierno norteamericano considerará fundamental, el Presidente norteamericano, Harry Truman, se dirige al congreso para sostener la necesidad de “ayudar a las naciones libres e independientes a mantener su libertad”.[1]

El 12 de marzo de 1947 el Presidente norteamericano Harry Truman, se dirigió al Congreso de EEUU para anunciar un cambio importante en los objetivos y estrategias de la política exterior. La idea central del discurso versaba, esencialmente, entorno a la responsabilidad que debían adoptar los Estados Unidos en defensa del mundo libre frente al asedio de los regímenes totalitarios. En términos concretos, se estaba pidiendo al Congreso la autorización de apoyar económicamente a Grecia y Turquía frente al avance comunista. “Uno de los objetivos fundamentales de la política de EEUU es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción(…) debemos estar dispuestos a ayudar a los pueblos libres al mantenimiento de sus instituciones libres y su integridad nacional (…)”
“Si dejamos de ayudar a Grecia y a Turquía en esta hora decisiva las consecuencias, tanto para Occidente como Oriente serían de profundo alcance (…) Pido al Congreso la cantidad de 400 millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948”
Según señala Juan Ocaña, “el senador republicano Arthur Vandenberg, partidario de aprobar la ayuda, aconsejó a Truman que para conseguir el apoyo del Congreso debía “asustar de muerte al pueblo norteamericano”. Esto fue lo que Truman intentó hacer dibujando en su discurso un mundo dividido en dos tipos de vida, una basada en la libertad y otra en la tiranía”.[2] El Congreso finalmente aprobó una ayuda que se convirtió en el primer acto de la política de “contención” norteamericana.

El discurso viene a significar un hito crucial en el cambio experimentado por las relaciones internacionales. Por una parte el compromiso que Estados Unidos está asumiendo en defensa de Grecia significa el reconocimiento de la inminente decadencia del último país europeo que podría haber jugado como contrapeso en el período de posguerra, este es Gran Bretaña. En este punto debemos recordar que en febrero de 1947, el Ministro de Asuntos Exteriores Británico, Ernest Bevin, hizo saber al Gobierno Norteamericano que Gran Bretaña no podía soportar más la carga que había asumido de ayudar financiera y militarmente a Grecia y a Turquía.[3] Por otra parte, en el discurso se esboza la política que va a caracterizar todo el período abarcado por la Guerra Fría, es decir, la Contención. A través del contenido del discurso podemos evidenciar el modo en que aquellos postulados teóricos propuestos por George Kennan van tomando forma concreta, a través de la política de ayuda económica propuesta por el Presidente Norteamericano, en defensa de los países que se encuentran asediados por la presión comunista. En el discurso concretamente se refiere a Grecia y Turquía. En Grecia se desarrollaba una guerra civil entre un gobierno conservador pro-occidental y guerrillas comunistas, mientras que Turquía se encontraba bajo la presión soviética. Así, con los planteamientos de Truman se ponía en marcha la estrategia de “Contención del Comunismo”.

Según señala Juan Pereira, las reacciones frente al discurso de Truman fueron diversas, no obstante, giraron en torno de la reserva y la oposición. En la ONU no fue bien acogido porque la situación de Grecia estaba siendo sometida a examen en el Consejo de Seguridad, mientras que en Europa la reacción fue de reserva y oposición.[4] Los partidos comunistas de los diversos países de Europa Occidental levantaron la voz de protesta, pero la oposición más contundente llegó desde Moscú.

En el Compendio de Historia de la URSS, la Doctrina Truman es descrita de la siguiente manera: “En 1947 el Presidente Truman proclamó el derecho de los Estados Unidos a inmiscuirse en los asuntos internos de otros países. La primera aplicación práctica de dicha doctrina tuvo lugar en Grecia, donde los fascistas y Monárquicos recibieron una generosa ayuda norteamericana. El segundo campo de aplicación de la Doctrina fue Turquía, que linda con la URSS. Walter Lipman escribía en 1947: No hemos elegido a Turquía y Grecia porque estos países tengan una necesidad especial de ayuda, ni por ser ejemplos brillantes de democracia y libertad, sino porque constituyen la puerta estratégica, que da acceso al Mar Negro y al corazón de la Unión Soviética”.[5] Además, según se señala en la “Historia de la Política Exterior de la URSS”, el discurso de Truman fue entendido como una arremetida militar, donde no se escatimaron “groseras calumnias contra los países socialistas”, por otra parte, también se subrayó el carácter interventor que asumiría EEUU, quien se atribuía a sí mismo “el papel de gendarme mundial”, es decir, reconocía su intención de “intervenir en los asuntos de todas las naciones al lado de la reacción y de la contrarrevolución, contribuyendo a la represión del movimiento liberador de todos los pueblos y oponiéndose abiertamente a la revolución y al desarrollo socialista de los Estados”. Todas estas apreciaciones quedaron expresamente manifestadas en las publicaciones del periódico Pravda, donde se puso énfasis en el carácter antisoviético y antisocialista de la política exterior formulada en la “Doctrina Truman” y también que el carácter concreto de aquella “estaba íntimamente ligado a las apetencias de los círculos económicos interesados”.

Como se puede apreciar, con la Doctrina Truman comienza a perfilarse concretamente la división del mundo en dos bloques. Uno de ellos contó con el apoyo norteamericano, mientras que el otro se enmarcó dentro del campo de influencia soviético. Frente a esto, podemos decir que ambos mundos ya se habían delimitado con el establecimiento de la ocupación militar de pos guerra, no obstante, en 1947 esa ocupación comienza a consolidarse y los campos de influencia se demarcan con claridad en el ámbito europeo. Esto último se hará aun más evidente con la aplicación del Plan de Recuperación Económica conocido como Plan Marshall, el que será analizado a continuación.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Ob. Cit., p. 78
[2] En: www.historiasiglo20.org/GLOS/doctrinatruman.htm (El autor de ésta página es Juan Carlos Ocaña, quien es Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Catedrático de Enseñanza Secundaria de Geografía e Historia en el IES Parque de Lisboa de Alcorcón (Madrid))
[3] Aracil, Rafael, Ob. Cit, Página 42
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 37
[5] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 301

*EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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FASES DE LA GUERRA FRIA ABIERTA

24 09 2007


FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA
1947: EL COMIENZO DE LA GUERRA FRÍA

La Guerra Fría es un proceso de larga duración, cuya fecha de inicio es discutida por la historiografía especializada, incluso hay quienes sostienen que esta peculiar guerra tiene por punto de partida el año 1917, es decir, el momento en que en Rusia las fuerzas revolucionarias llegaron al poder. No obstante, según el planteamiento pedagógico desarrollado a lo largo del trabajo, los acontecimientos ocurridos entre 1917 y 1945 serán considerados como antecedentes de la Guerra Fría, la cual tiene como punto de partida indiscutible 1947, año en que comienza la consolidación concreta de los bloques, liderados por EEUU y la URSS respectivamente. Como se dejó en evidencia en el apartado anterior, el año 1946 fue marcando el camino hacia el quiebre definitivo de la efímera Alianza de guerra. No obstante, es en 1947 cuando las palabras dan paso a los hechos. Cada una de las potencias comenzó el proceso de consolidación de su respectiva esfera de influencia.

Así pues, como señala Rafael Aracil, la Guerra Fría ya estaba latente entre los años 1945 y 1946, pero alcanzó su manifestación concreta sólo en 1947, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, se dejaron llevar por la escalada de desconfianza recíproca que les condujo a la ruptura.[1] Según esta perspectiva, la Guerra Fría habría sido provocada por el estado de paranoia y persecución de cada uno de los bandos, más que por amenazas y peligros reales. “La Guerra Fría encontró su origen, menos en la agresividad efectiva de los adversarios, que dieron pruebas en realidad de una gran prudencia, que en la escalada de sus desconfianzas recíprocas”.[2] Cada actor vio en el actuar de su oponente una provocación directa para iniciar el enfrentamiento. Aracil destaca un fuerte componente psicológico en las motivaciones que provocaron el comienzo de la Guerra Fría. Teniendo presente este punto de vista, se pueden explicar las divergencias interpretativas de cada uno de los bloques, ya que cada uno veía en el otro a un agresor, dispuesto a recurrir a todo tipo de estrategias y armas para ampliar su esfera de influencia e ir derrotando así, progresivamente a su rival.

La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una aceptó tácitamente la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que barca la Guerra Fría, desde 1947 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida, como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.

LAS FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA

Para abordar el estudio histórico del desarrollo de la Guerra Fría, nos ha parecido interesante desarrollar el esquema explicativo propuesto por Juan Pereira. Para este autor, en la historia de la Guerra Fría se pueden distinguir claramente 4 fases, cada una de las cuales estaría caracterizada por un conflicto tipo que la identifica:

Fase 1: 1947/1948-1950/1953: Conflicto tipo: La Guerra de Corea
Fase 2: 1953-1962: Conflicto tipo: Los mísiles cubanos
Fase 3: 1962-1973/1975: Conflicto tipo: La Guerra de Vietnam
Fase 4: 1973-1988/1989: Conflicto tipo: La Guerra de Afganistán

Según señala Juan Pereira, cada una de estas fases posee los siguientes elementos constitutivos: “se inicia con un primer período de distensión, moderación en el enfrentamiento, disminución de los conflictos y utilización de un lenguaje sereno y constructivo. En un segundo momento irán a pareciendo signos de tensión que se apreciarán en primer lugar, en el lenguaje que utilizarán los líderes y representantes políticos y militares de ambos bloques; a continuación se intensificarán los conflictos localizados y los presupuestos militares e incluso se romperán negociaciones o acuerdos. La tensión culminará con el estallido de un conflicto tipo, con un momento de máximo enfrentamiento en el que se estará al borde del enfrentamiento bélico directo”.[3]

Pereira en su libro “Los orígenes de la Guerra Fría” esboza este esquema desarrollando sólo el primero de los períodos identificados. En el presente apartado se abordará el estudio de cada uno de estos períodos, poniendo especial énfasis en los conflictos “tipos” de cada una de las fases señaladas. Para alcanzar tales objetivos serán analizadas diversas fuentes: documentos escritos, fílmicos, iconográficos, etc.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 109
[2] Ibidem, Página 110
[3] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 33

EXTRACTO: Tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005।
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ANÁLISI DEL TELEGRÁMA LARGO DE GEORGE KENNAN

24 09 2007

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ANÁLISI DEL TELEGRÁMA LARGO DE KENNAN

El Telegrama Largo. G. Kennan

La política soviética se ha orientado siempre hacia un fin último que es la revolución mundial y la dominación del mundo por los comunistas. La política soviética no ha cambiado nunca a este respecto y, por tanto, es posible prever que no cambiará en el futuro (…). Las vituperaciones de los hombres de Estado y de la prensa soviéticas contra el imperialismo, la agresión, la iniciación de la guerra, la injerencia en los asuntos internos y todas las pretendidas tentativas de dominación del mundo, son tan fiel reflejo de las costumbres, procedimientos y propósitos de la Unión Soviética que a veces nos preguntamos por qué Moscú tiene tanto empeño en llamar la atención sobre ello.
La táctica soviética a menudo ha sido modificada en el curso de los últimos veinte años, pero cuanto más se estudian las declaraciones y la política de la URSS, más nos damos cuenta hasta qué punto los principios de base del leninismo-stalinismo son intangibles y hasta qué punto son opuestos a los objetivos, los deseos y las vías de la democracia occidental. Se advertirá al leer las declaraciones realizadas desde hace dos decenios por los jefes y los portavoces del régimen en las reuniones del Partido que no hay una solución de continuidad en el pensamiento soviético, y la consigna que se mantiene siempre es: la hostilidad fundamental a la democracia occidental, al capitalismo, al liberalismo, a la socialdemocracia y a todos los grupos y elementos que no estén completamente sometidos al Kremlin. Este propósito inmutable fue subrayado por Stalin en el discurso que pronunció en 1927 con ocasión del décimo aniversario de la revolución. La Unión Soviética, dijo, debía convertirse en «el prototipo de amalgama futura de los trabajadores de todos los países en una sola economía mundial».
En 1927, igualmente, Stalin declaró a una delegación obrera americana: «En el curso del desarrollo futuro de la revolución internacional, se formarán dos centros mundiales: el centro socialista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al socialismo, y el centro capitalista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al capitalismo. La lucha librada entre estos dos centros por la conquista de la economía mundial decidirá la suerte del capitalismo y del socialismo en el mundo entero» (…)
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético se encontraba en una encrucijada. No sólo la Unión Soviética había adquirido el respeto y ya no solo el temor como potencia, sino que además se aceptaba la legitimidad de su régimen. Casi por todas partes en el mundo se estaba dispuesto a dar pruebas de toda la buena voluntad posible hacia ella. La Unión Soviética muy bien podría haber continuado viviendo en paz satisfecha de las conquistas y de las victorias logradas durante la guerra y de las cuales debía gran parte a sus reconocidos y confiados aliados. Si hubiera querido dar muestra de un espíritu de cooperación actuando honestamente en el juego internacional, estos beneficios no habrían sido inferiores a aquellos que había obtenido en definitiva y los habrían logrado con mucha más seguridad en un mundo relativamente en calma y pacífico
“.

George Kennan: Los orígenes del comportamiento soviético. julio de 1947

La personalidad política de la potencia soviética, tal y como hoy la conocemos, es el producto de las circunstancias y de la ideología: una ideología heredada por los líderes soviéticos actuales del movimiento que constituyó su origen político y unas circunstancias del poder que ya llevan ejerciendo en Rusia casi tres décadas (…)Actualmente, la circunstancia sobresaliente en el régimen soviético es que hasta el día de hoy este proceso de consolidación política nunca ha sido completado y que los hombres del Kremlin han seguido estando predominantemente absortos en una lucha por asegurar y hacer absoluto el poder que usurparon en noviembre de 1917. Han seguido asegurándolo fundamentalmente contra fuerzas dentro del país, dentro de la sociedad soviética misma. Pero también se han esforzado en asegurarlo contra el mundo exterior. Porque, como hemos visto, la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras. (…)

De la misma manera se ha puesto mucho énfasis en la tesis original comunista de un básico antagonismo entre el mundo capitalista y socialista. Está claro, como nos lo señalan muchos indicios, que este énfasis no está fundado en la realidad. Los hechos reales relativos a ellos han sido confundidos con la existencia en el extranjero de un auténtico resentimiento provocado por la filosofía y tácticas soviéticas, y ocasionalmente con la existencia de grandes centros de poder militar, como fueron el régimen nazi en Alemania y el gobierno japonés de finales de los treinta, quienes albergaban intenciones agresivas contra la Unión Soviética. Pero hay evidencias abundantes de que la importancia que Moscú da a la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país.

Ahora bien, la perpetuación de este esquema de poder soviético, a saber: la búsqueda de una autoridad sin límites en el ámbito interno, acompañado por el cultivo de un cuasimito de una implacable hostilidad extranjera, ha influido mucho a la hora de modelar la actual maquinaria del poder soviético tal y como hoy la conocemos.

(…)

Esto es todo lo que podemos decir, en lo que a antecedentes históricos se refiere. Pero ¿qué papel juega en la personalidad política del poder soviético que hoy conocemos?

De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado (…)

El primero de estos conceptos es el del innato antagonismo entre capitalismo y socialismo (…) Invariablemente debe asumirse en Moscú que los objetivos del mundo capitalista son antagónicos con los del régimen soviético y, por lo tanto, a los intereses de los pueblos que controla (…)

Básicamente, el antagonismo subsiste, es necesario y de él derivan muchos de los fenómenos que vemos como desestabilizadores en la conducta del Kremlin en política exterior. El secretismo, la falta de franqueza, la duplicidad, la cautelosa desconfianza y la básica enemistad de propósito. Estos fenómenos están llamados a permanecer en el futuro previsible (…)

Esto quiere decir que vamos a seguir encontrando que es difícil negociar con los soviéticos (…)

Esto nos lleva al segundo de los conceptos importantes en la perspectiva soviética contemporánea, esto es, la infalibilidad del Kremlin. El concepto soviético de poder, que no permite ningún centro de posible organización fuera del partido, requiere que los dirigentes del partido sean, en teoría, los únicos depositarios de la verdad (…)

Sobre el principio de infalibilidad descansa la disciplina férrea del Partido Comunista. De hecho, los dos conceptos se apoyan mutuamente. La disciplina perfecta requiere el reconocimiento de la infalibilidad, ésta requiere la observancia de la disciplina (…) pero su efecto no puede ser comprendido sin tener en cuenta un tercer factor; es decir, el hecho de que la clase dirigente tiene libertad para plantear, por motivos tácticos, cualquier tesis concreta que considere útil a la causa en un momento dado y para pedir a los miembros del movimiento, considerados como un todo, que acepten sin discusiones y fielmente la nueva tesis. Esto significa que la verdad no es una constante, sino que es creada para todas las intenciones y propósitos por los líderes soviéticos mismos. (…)

Estas consideraciones convierten a la diplomacia soviética en más fácil y a la vez más difícil para negociar que la diplomacia de líderes agresivos, como fueron Napoleón y Hitler. Por un lado, es más sensible a las fuerzas contrarias, está más dispuesta a ceder en sectores concretos del frente diplomático cuando esas fuerzas son sentidas con demasiada intensidad y, por tanto, es más racional en la lógica y retórica del poder. Por el otro lado, no se le puede derrotar o disuadir fácilmente con una sola victoria de sus oponentes. Y la persistente paciencia que le anima se traduce en que no puede ser efectivamente contrarrestada con factores esporádicos que representan momentáneos caprichos de la opinión democrática, sino sólo por políticas inteligentes, a largo plazo, llevadas a cabo por los adversarios de Rusia; políticas no menos firmes en sus propósitos y no menos variadas y llenas de recursos a la hora de su aplicación que las de la Unión Soviética.

En estas circunstancias, está claro que el elemento principal de cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión. (…) Por esta razón, es una condición sine qua non para llevar a cabo una negociación fructífera y con éxito con Rusia que el Gobierno extranjero en cuestión permanezca en todo momento sosegado y unido y que sus demandas a la parte rusa sean presentadas de manera que su puesta en práctica no perjudique demasiado el prestigio soviético.

A la luz de lo arriba afirmado, se verá claramente que la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos y políticos que constantemente se encuentren a la deriva y que corresponden a las maniobras y virajes de la política soviética, pero que no pueden esfumarse o borrarse del mapa. (…)

En definitiva, el futuro del poder soviético puede resultar menos seguro de lo que la capacidad rusa para el autoengaño puede hacer creer a los hombres del Kremlin. Que son capaces de conservar el poder, lo han demostrado. Mientras tanto, los malos momentos de su Gobierno y las vicisitudes de la vida internacional han restado mucho de la fuerza y a la esperanza del gran pueblo sobre el que se sostiene el poder. (…)

Es claro que los Estados Unidos no pueden albergar, en un futuro previsible, de disfrutar de una intimidad política con el régimen soviético, Deben seguir considerando a la Unión Soviética como un rival en la arena política y no como un socio. Deben seguir esperando que la política soviética continúe sin reflejar ningún amor abstracto hacia la paz, ninguna fe sincera en la posibilidad de una permanente y feliz coexistencia entre los mundos socialista y capitalista, sino que, más bien, es probable que siga existiendo una cauta y persistente presión para quebrar y debilitar toda influencia y poder rival.

Frente a esto, tenemos la realidad de una Rusia que, opuesta al mundo occidental en general, continúa siendo, con diferencia, la parte más débil; que la política soviética es altamente flexible y que la sociedad soviética probablemente tiene defectos que eventualmente mermarán su propio potencial global. Esto, de por sí, daría garantías suficientes a los Estados Unidos para iniciar con razonable confianza una política firme de contención, diseñada para hacer frente a los rusos con una inalterable fuerza de reacción en todos aquellos puntos donde se detectan signos de que están intentando introducirse en contra del interés de un mundo pacífico y más estable.

Pero en la actualidad las posibilidades de la política americana no deben reducirse a mantener a raya a los rusos y esperar que ocurra lo mejor. Está totalmente al alcance de los Estados Unidos el influenciar con sus acciones los acontecimientos internacionales en Rusia y en todo el movimiento comunista internacional, quien determina, en gran medida, la política rusa (…) Es más bien una cuestión de hasta qué punto pueden los Estados Unidos crear en la mente de los pueblos del mundo la impresión general de que es un país que sabe lo que quiere, que hace frente con éxito a sus problemas internos y a sus responsabilidades de potencia mundial y que tiene una vitalidad espiritual capaz de mantener su ideología entre las corrientes de pensamiento de mayor importancia de su tiempo. En la medida en que se consiga crear y mantener esta impresión, los objetivos de la Rusia comunista deben aparecer como estériles y quijotescos, deben hacer el entusiasmo y las esperanzas de los partidarios de Moscú, y mayor presión deberá imponerse sobre la política exterior del Kremlin (…)

Sería exagerado decir que el comportamiento americano, por sí solo y sin ayuda, puede ejercer un poder decisivo sobre el movimiento comunista y que puede acelerar la caída del poder soviético en Rusia. Pero lo que sí tienen los Estados Unidos en su mano es el poder para someter a una gran presión a la Unión Soviética, lo que la obligaría a una determinada política, forzando al Kremlin a aplicar un grado de moderación y circunspección mucho mayor que el observado en los últimos años y de esta manera promocionar las tendencias que deberán algún día buscar su expresión bien con la ruptura o bien durante la progresiva maduración del poder soviético (…)

Por tanto, la decisión recaerá realmente, y en gran medida, sobre este país. La cuestión de las relaciones soviético-americanas es esencialmente una prueba del poder global de los Estados Unidos como nación entre naciones (…)

Seguramente nunca existió una prueba más acertada para calibrar la calidad de una nación que ésta (…) (la cual) experimentará cierta gratitud hacia la Providencia, quien, al asignar al pueblo americano este reto implacable, ha hecho depender su seguridad como nación de su habilidad para mantenerse unido y para aceptar las responsabilidades del liderazgo moral y político que la historia le ha encomendado”.
fuente: George Kennan. Foreign Affairs, 1947.Fuente: X, The Sources of Soviet Conduct, en Foreing Affairs, vd. 25, número 4, Julio 1947.

Análisis del documento

El autor del documento:

George Kennan se especializó en el estudio de la lengua y cultura rusa antes de ingresar en el servicio diplomático norteamericano. Tras permanecer un tiempo en Riga, ciudad letona donde se dedicaba a estudiar la prensa soviética, fue enviado a la embajada en Moscú en 1933, cuando EE.UU. reconoció al gobierno comunista, y allí permaneció hasta 1937. En 1944 fue enviado otra vez a Moscú como alto consejero del embajador Averell Arriman.[1]

Producto de sus estudios, George Kennan se transformó en un conocedor del sistema soviético, llegando, también, a hablar a la perfección el idioma ruso. En el transcurso de tiempo que va desde el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS (1933) y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), Kennan trabajó para el servicio exterior norteamericano en varios países, no obstante en los últimos meses de la guerra encontrábase nuevamente en Moscú, estaba a cargo de la embajada, por tanto, vivió desde allí el triunfo de las fuerzas aliadas. Para aquel entonces y producto a los estudios que había realizado de la prensa soviética durante varios años, se sentía conocedor del espíritu soviético y podía prever las dificultades que sobrevendrían una vez que finalizara la guerra.[2]Destinatarios, lugar y fecha:

“Telegrama Largo”:
En febrero de 1946, George Kennan recibe un telegrama del Departamento de Estado Norteamericano en el que se le informa que los Rusos se están negando a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. En su libro “Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”, Kennan recuerda este hecho de la siguiente manera: “El telegrama del departamento refleja cierto desconcierto acerca de las razones de esta actitud. ¿Por qué habrían los rusos de negarse a participar? ¿Cómo lo explicaría yo?”.[3] Ante tales preguntas, George Kennan comienza a escribir un telegrama dirigido al Departamento de Estado Norteamericano. Ese telegrama es el que hoy conocemos como “Telegrama Largo”, por contener de 8.009 palabras.

“Las fuentes de la Conducta Soviética”:
En julio de 1947, en la Revista norteamericana -Foreign Affairs se publica un artículo titulado “las fuentes de la Conducta soviética”, cuyo autor se oculta bajo el seudónimo de Mister X. Este artículo corresponde a una adaptación literaria del Telegrama enviado por Kennan desde Moscú.

Contenido del documento:

A fines de febrero de 1946, dos semanas más tarde del discurso de Stalin, un largo telegrama de dieciséis páginas fue enviado a Washington desde la embajada norteamericana en Moscú. Había sido redactado por George Kennan, principal experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado.

En el telegrama, George Kennan intentaba explicar al gobierno norteamericano las motivaciones profundas que guiaban el actuar de los soviéticos y las razones por las que se estaba produciendo el quiebre de la alianza. En el documento enviado desde Moscú analizó con detalle el discurso de Stalin y la política soviética desde 1945. Además, en el texto se hacía un minucioso estudio de los objetivos en política interior y exterior de la URSS, destacando cómo los soviéticos estaban elaborando un plan muy preciso de acción internacional, eso se apreciaba a partir de las ayudas a los partidos comunistas de Europa Central y Oriental.[4]

El telegrama de Kennan es recurrentemente citado por la historiografía especializada en la Guerra Fría, ya que es considerado el promotor de la política que posteriormente el Presidente norteamericano Harry Truman estableció como línea directriz del comportamiento norteamericano frente a los soviéticos, nos referimos a la “Contención”.

Ahora bien, como se ha podido apreciar, en el presente estudio se han incorporado dos documentos de George Kennan, el Telegrama enviado al Departamento de Estado y un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, los cuales serán analizados en forma conjunta, ya que básicamente en ambos documentos, el autor, expone el mismo análisis, subrayando la necesidad de “contener con paciencia y firmeza las tendencias de la expansión soviética”.

El objetivo de Kennan al escribir el telegrama era explicar la imposibilidad de poder transar o llegar a acuerdos de estilo tradicional con la potencia soviética, esencialmente, porque ésta no compartía ni los parámetros ni los valores occidentales: “De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado… sobre todo el antagonismo entre el capitalismo y el socialismo”. En efecto, según indica Kennan, la ideología comunista impregnaba el actuar soviético y ello era la base para comprender sus decisiones respecto de temas tales como su negativa a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Para ellos este tipo de instituciones, no podía ser otra cosa que instrumentos del mundo capitalista.

Antes de profundizar en el análisis de los documentos, nos parece interesante recordar lo señalado por el propio Kennan en su libro“Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”. En éste, el autor narra los hechos intentando ponerse en el momento en que acontecieron. Respecto del Telegrama y los objetivos con los que fue escrito, Kennan dice lo siguiente: “Me llena de impaciencia y disgusto esta ingenuidad. Durante dos años he estado tratando de persuadir a la gente de Washington de que el régimen de Stalin es el mismo que conocimos antes de la guerra, el mismo que realizó las purgas, el mismo que concluyó el pacto de no-agresión con los nazis; De que sus líderes no son nuestros amigos. He tratando de persuadir a Washingrton de que los sueños de una feliz colaboración con este régimen en la posguerra son enteramente irreales; de que nuestro problema es más profundo que eso; de que Stalin y sus socios están ahora fascinados con sus recientes éxitos militares y políticos y creen ver perspectivas favorables para la extensión de su influencia política por toda Europa, mediante tácticas de infiltración y subversión. Sostengo que mientras no dejen de lado estas esperazas de color rosa será inútil suponer que participarán en planes idealistas para la colaboración mundial bajo nuestro liderazgo, sobre todo en áreas tales como las de economía y finanzas, donde sus compromisos ideológicos son enteramente diferentes de los nuestros”[5]. En esencia son esas las ideas que fueron vertidas en su respuesta al Departamento de Estado.

A través del telegrama, Kennan explicó que la hostilidad a las democracias era inherente a la estructura soviética y por ello no fructificarían los esfuerzos conciliatorios de occidente: “la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras”. La tensión con el mundo exterior era parte de la naturaleza misma de la filosofía comunista, no obstante, según el análisis presentado por Kennan esta proclamada hostilidad con el exterior y sobre todo con el mundo capitalista, era más bien un instrumento del aparato gubernamental soviético, ya que inventando la existencia de un mundo exterior en constante hostilidad, los métodos represivos y tiránicos pueden ser justificados: “la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país”. Por tanto, el comportamiento de los soviéticos se explicaba a partir de la necesidad que tenían sus gobernantes por mantener en sus manos el poder alcanzado mediante la Revolución de 1917. Por ello, Kennan advertía, el gobierno soviético trataría de continuar su política expansionista hacia Europa occidental, poniendo en grave peligro la seguridad de EE.UU.

Ante tales peligros Kennan sostenía que Estados Unidos tenían la misión global de detener el avance comunista, deteniendo las tendencias expansivas de la Unión Soviética: “Cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión… la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos ”.Según señala Henry Kissinger, la propuesta de Kennan vino a ser la respuesta que los políticos norteamericanos andaban buscando ante la pregunta ¿Qué hacer ante la expansión soviética?.[6] En definitiva el valor del telegrama fue que no sólo respondió extensamente a las preguntas concretas que el Departamento de Estado estaba realizando (¿por qué la negativa soviética a ingresar al FMI y al Banco Mundial?), sino que se trasformó en el eje estructurante de la política exterior norteamericana durante toda la Guerra Fría. Así, la contención de la expansión comunista en todos los puntos donde intentara penetrar, se convirtió en el eje a partir del cuál se fueron diseñando las distintas políticas aplicadas por Estados Unidos, partiendo por las decisiones auspiciadas por el Presidente Truman y sus colaboradores.

¿Qué significaba concretamente la Contención?. Según la propuesta de Kennan, Contención significaba hacer frente a la ofensiva soviética allí donde ésta se produjese. En términos concretos se estaba apostando por el inmovilismo, ya que tácitamente se aceptaba la presencia soviética allí donde se encontraba hasta ese momento, es decir la Europa oriental y central. Para Henry Kissinger, “la contención fue una teoría extraordinaria: al mismo tiempo empecinada e idealista, profunda en la evaluación de las motivaciones soviéticas, y sin embargo curiosamente abstracta en sus percepciones, profanadamente norteamericana en su utopismo, presupuso que un adversario totalitario podría transformarse en forma esencialmente benigna. Auque esta doctrina se formuló en la cúspide del poderío absoluto norteamericano, predicaba la relativa debilidad de Estados Unidos. Postulando un gran encuentro diplomático en el momento de su culminación, la Contención no daba ningún papel a la diplomacia hasta su escena final en que los buenos aceptaban la conversión de los malos”.[7] En efecto, la contención proponía una actitud de espera, ya que se reaccionaría ante las actitudes expansionistas de la URSS y se esperaría a que la transformación de aquel sistema y su cambio de actitud se produjese luego de una evolución interna. Esta actitud fue ampliamente reprochada par Walter Lipman, periodista conocido por sus estudios sobre la Guerra Fría y también considerado uno de sus principales teóricos. Según Liman, la política norteamericana debía ser guiada caso por caso, mediante un análisis de los intereses de los Estados Unidos y no por principios generales que se suponían eran universalmente aplicables. Desde la perspectiva de Lipman, la Contención propuesta por Kennan implicaba la división indefinida de Europa, mientras que el verdadero interés de Estados Unidos debía encontrarse en expulsar el poderío soviético del centro del continente Europeo.[8]

Un aspecto interesante de destacar de estos dos teóricos de la Guerra Fría es que finalmente la historia y el desenvolvimiento de los procesos propios de este período, les dio la razón a ambos. Por una parte Kennan estaba en lo cierto y el régimen soviético sucumbió sin la necesidad de una ofensiva bélica que habría significado desencadenar la Tercera Guerra Mundial. No obstante, para ver cumplidas las predicciones de Kennan, la humanidad tuvo que esperar 45 años, cuando se produjo el derrumbe de la esfera soviética y la desintegración de la URSS. Walter Lipman, por su parte, también estuvo en lo cierto al sostener que la política de contención era muy ambigua y desapegada a los intereses estratégicos, lo cual condujo a Estados Unidos a defender territorios periféricos que difícilmente comprometían el interés nacional de los Estados Unidos, tales son los casos emblemáticos de Corea y Vietnam.

Ahora bien, subrayando la relevancia histórica de los documentos analizados, ésta estuvo dada a partir de los efectos que provocó en EEUU la recepción del telegrama enviado por G. Kennan. “El telegrama circula por todo el Washington oficial, llega a los otros departamentos y a la Casa Blanca. Se convierte incluso en lectura obligada para centenares de altos oficiales militares”.[9] Las cúpulas gubernamentales hacen del telegrama un objeto de análisis, transformando el informe de Kennan en una de las bases sobre las que se fundamentó la política norteamericana durante todo el período en que se prolongó la Guerra Fría. En efecto, y sobre todo si tenemos presente el análisis que plantea Henry Kissinger, Estados Unidos aplicó durante cuarenta años la teoría de la Contención propuesta por George Kennan, e incluso el final del conflicto se produjo de manera muy parecida a sus predicciones,[10] es decir, por la transformación interna del sistema soviético sin la necesidad de llegar a enfrentamiento directo en algún campo de batalla. Esto último habría significado haber comenzado la Tercera Guerra Mundial, con sus nefastas consecuencias para toda la humanidad.

NOTAS
[1] Ver: Kennan, George, Ob. Cit., Páginas 33 a 42.
[2] Ibidem, Página 35
[3] Ibidem, Página 41
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 27
[5] Kennan, George, Ob. Cit., p. 42
[6] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 434
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 459
[8] Ibidem, Página 452
[9] Kennan, George, Ob. Cit., Página 42
[10] Kissinger, Henry, Ob Cit., Pagina 798





GUERRA FRÍA ABIERTA: 1945-1989 (1991)

24 09 2007

Ver: Todo sobre Guerra Fría

Cartel de propaganda Soviético, durante la Segunda Guerra Mundial

Palabras claves: Discurso de Stalin “Nuevo plan quinquenal”

GUERRA FRÍA ABIERTA: 1945-1989 (1991)Desde el punto de vista cronológico, este período abarca gran parte de la segunda mitad del siglo XX, teniendo como punto de partida el final de la Segunda Guerra Mundial y como etapa culminante la desintegración de la Unión Soviética entre los años 1989 y 1991. Para el historiador británico Eric Hobsbawm “este período en su conjunto siguió un patrón único marcado por la peculiar situación internacional que lo dominó hasta la caída de la URSS: el enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial, la denominada Guerra Fría”.[1]

Respecto de la fecha de inicio de este período, algunos autores consideran que ya en las últimas conferencias sostenidas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, es posible evidenciar los síntomas de la inevitable ruptura entre los aliados.[2] No obstante, como señala Juan Pereira, es en el año 1946 cuando comienza a trazarse el camino hacia la Guerra Fría, la cual tiene su punto de partida en 1947 con la aplicación de la Doctrina Truman. El distanciamiento y las infranqueables diferencias entre los mundos liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética fueron quedando en evidencia a partir de una serie de discursos y otro tipo de documentos en los que ambas partes fueron manifestando sus percepciones acerca del otro y también delineando las directrices en que se fundamentaría su política exterior.

En este contexto se enmarcan los documentos que se analizan a continuación. A través de George Kennan y Wiston Churchill conoceremos la perspectiva occidental acerca del nuevo escenario que surge tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que a partir de los discursos de José Stalin conoceremos las percepciones soviéticas.

1946: EL CAMINO HACIA LA GUERRA FRÍA

A partir de los siguientes documentos podremos constatar, que en el período inmediatamente posterior al término de la Segunda Guerra Mundial, se va produciendo el quiebre de la alianza entre los soviéticos y los países occidentales. A través de estos escritos se van perfilando las posiciones que cada uno de los bandos adoptó en el período de la posguerra.

Documentos que se analizan en el presente apartado:

1. Discurso de Stalin: “Nuevo Plan Quinquenal para Rusia”. 9 de febrero de 1946
2. Telegrama de George Kennan: El “Telegrama Largo”. Febrero de 1946
3. Discurso de Wiston Churchill en Fulton: El “Telón de Hierro”. 5 de marzo de 1946
4. Respuesta de Stalin al Discurso de Churchill. 13 de marzo de 1946

Como se constatará a partir de los siguientes documentos, 1946 es el año en que comienza a quedar en evidencia la separación del mundo en dos bloques, o como diría Henry Kissinger, el sueño de Roosevelt de un mundo gobernado en armonía por las Grandes potencias, comienza a resquebrajarse.[3] En febrero de 1946, Stalin pronunció un duro discurso en Moscú en el que no dudó en afirmar que el capitalismo y el comunismo eran “incompatibles” y que la URSS debía prepararse para un período de rearme, ya que según su análisis la próxima guerra era inevitable. Dos semanas después, George Kennan, experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado norteamericano, envió un telegrama a Washington. Este telegrama de dieciséis páginas contenía su análisis respecto de las verdaderas intenciones de la Unión Soviética: “La URSS era un estado irrevocablemente hostil a Occidente que continuaría con su política expansionista”. El 5 de marzo del mismo año, Wiston Churchill visitó los EE.UU. y pronunció un célebre discurso en la universidad de Fulton, en el estado de Missouri. En su discurso, Churchill consagró la expresión “telón de hierro” para referirse a la frontera que separaba a la Europa dominada por el ejército soviético de la Europa dominada por los países occidentales. Por su parte, Stalin no tardó en responder al discurso de Churchill, comparándole con Hitler y advirtiendo que ante una próxima guerra, los países en nombre de los cuales hablaba (Gran Bretaña y Estaos Unidos), correrían la misma suerte que los nazis.
En definitiva, el año 1946 supuso el fin del entendimiento entre los aliados y esto se puso en evidencia a partir de diversas declaraciones por parte de ambos bandos. A continuación se analizan fragmentos significativos de los documentos mencionados.

NOTAS
[1] Hobsbawn, Eric, Ob. Cit., Página 230.
[2] Freedman, Lawrence, El Enfrentamiento de las superpotencias, 1945-1990. Página 249. En: Michael Howard, Historia de Oxford del Siglo XX, Editorial Planeta, España 1999.
[3] Ver Kissinger, Ob.Cit., Capítulo XVI, “Tres enfoques a la paz: Roosevelt, Stalin y Churchill en la Segunda Guerra Mundial”

Documento 1: Discurso de Iósif Stalin. 9 de febrero 1946.

Extracto:

(…) Ocho años han pasado desde las anteriores elecciones al Soviet Supremo. Éste fue un período repleto con eventos de decisiva naturaleza. Cinco años fueron de intenso trabajo en cumpliendo del Tercer Plan Quinquenal. Seis años cobijaron eventos de guerra contra alemán y Japoneses agresores… Indudablemente, la guerra fue el principal evento durante este período.“Ahora, la victoria significa ante todo, que nuestro sistema social soviético ha ganado; que el sistema social ha pasado la prueba de fuego de la guerra y ha probado su completa vitalidad (…). El sistema social soviético ha demostrado ser más capaz de vivir y ser más estable que un sistema social no soviético (…). El sistema social soviético es una forma mejor de la organización de la sociedad que ningún sistema social no soviético.

(…) Nuestros marxistas declaran que el sistema capitalista de economía mundial entraña elementos de crisis y de guerra; que el desarrollo del capitalismo mundial no sigue un camino firme y uniforme hacia delante, sino que procede mediante crisis y catástrofes. El desigual desarrollo de los países capitalistas conduce, con el tiempo, a grandes disturbios en sus relaciones, y los grupos de países que se consideran inadecuadamente provistos de materias primas y mercados de exportación suelen tratar de modificar esta situación y de cambiar su posición mediante la fuerza armada”

“Si nosotros proporcionamos a nuestros sabios la ayuda necesaria, sabrán no solo alcanzar, sino también adelantar, en un próximo futuro, los resultados logrados por la ciencia, más allá de las fronteras de nuestro país”

“Nuestro Partido se propone la organización de un nuevo salto adelante de la economía nacional que nos permitirá, por ejemplo, triplicar nuestra capacidad industrial en comparación con el nivel de antes de la guerra”
“La tarea es duplicar la producción de hierro colado, multiplicar por 15 la producción de acero, cuadriplicar la producción petrolera… solo en estas condiciones quedará nuestro país asegurado contra toda eventualidad. Tal vez esto requiera de tres nuevos planes quinquenales, si es que más. Pero se puede hacer y debemos hacerlo”

Fuente: De Folleto Colección, J. Stalin, Discursos Entregaron a Reuniones de Electores De Stalin Electoral District, Moscú, Extranjero Idiomas Editorial, Moscú, 1950, Pp. 19-44.

Análisis del Documento


El autor del documento:

José Stalin, (1879-1953). Máximo dirigente de la URSS tras la muerte de Lenin. Miembro destacado del Parido Bolchevique desde su juventud, desempeñó puestos importantes a partir de la Revolución de Octubre de 1917. Ocupó la Secretaría General del Partido en 1922. después de la muerte de Lenin en 1924, eliminó a sus adversarios, logrando un poder indiscutido que le permitió instaurar una férrea dictadura personal hasta 1953.

Destinatarios, lugar y fecha:

Con ocasión de la elección del Sioviet Supremo, Stalin habló el 9 de febrero de 1946 en el teatro Bolshói, uno de los monumentos más famosos de Rusia desde su reconstrucción en 1854. Las 4.000 localidades estaban ocupadas por un público de miembros del Partido, oficiales del ejército y funcionarios.

Como señala, Kissinger, el contexto en que Stalin pronunció el discurso era el siguiente: los ministros de asuntos exteriores de la Alianza aún se reunían regularmente y las tropas norteamericanas se estaban retirando a toda prisa de Europa.[1]

Contenido del documento:

Ante la inevitabilidad de la guerra que se produciría por causa del choque de los intereses capitalistas, era necesario que la URSS se preparara para ello, promoviendo la industria pesada y la colectivización de la agricultura. A través del discurso Stalin demuestra el endurecimiento ideológico, y por los observadores será percibido como el toque de la alarma de la guerra.[2] Al describir las causas de la guerra, Stalin afirmó que ésta no había sido causada por Hitler, sino por el funcionamiento del sistema capitalista. Con esto seguía sosteniendo que un mal intrínseco del capitalismo son las fuerzas agresivas que conducen a las inevitables guerras. Tarde o temprano sería inevitable un nuevo conflicto, y lo que la Unión Soviética estaba experimentando era un armisticio y no una verdadera paz, la guerra civil capitalista era inevitable. Ante eso lo único que quedaba a la Unión Soviética era fortificarse.[3]

En su análisis del conflicto que acababa de terminar, Stalin no dedicó ninguna expresión de gratitud a los demás aliados, ni a la Gran Bretaña ni a los Estados Unidos. No sólo no fueron mencionados los aliados sino que Stalin evitó cuidadosamente cualquier comentario susceptible de sugerir que existieran. Al comienzo del discurso Stalin explicó que la última guerra estalló “como resultado ineluctable del desarrollo de las fuerzas económicas y políticas mundiales sobre la base del moderno capitalismo monopolista”, puesto que, al fin y al cabo, “el desarrollo del capitalismo mundial no se produce como un avance continuo y tranquilo, sino a través de las crisis y de la guerra”.
La primera consecuencia del reciente conflicto era que demostraba que el sistema social soviético podía prevalecer. La guerra no sólo había demostrado que el sistema soviético era “una forma de organización perfectamente viable y estable”, sino también que era “una forma de organización superior a todas las demás”. Prosiguiendo con estas ideas, Stalin afirmó: “nuestra victoria demuestra que nuestro Estado soviético ha vencido, que nuestro Estado multinacional soviético ha resistido todas las pruebas de la guerra y ha demostrado su viabilidad”
Lo tercero que demostraba la victoria, prosiguió Stalin, era que el Ejército Rojo, cuya capacidad había sido puesta por muchos en tela de juicio cinco años atrás, había superado las adversidades de la guerra. La guerra había barrido todas aquellas dudas “injustificadas” y “ridículas”: ahora sería “imposible dejar de admitir que el Ejército Rojo era un ejército de primera clase, de cuyos éxitos se podía aprender mucho”.

En lo tocante al desarrollo económico, Stalin prosiguió diciendo que “Nuestro Partido se propone la organización de un nuevo salto adelante de la economía nacional que nos permitirá, por ejemplo, triplicar nuestra capacidad industrial en comparación con el nivel de antes de la guerra”; y ahí llegó la frase clave de todo el discurso: “Sólo en estas condiciones podemos considerar asegurado nuestro país contra cualquier eventualidad, aunque ello exigirá quizá tres nuevos Planes Quiquenales, o quizá más”. Con el discurso Stalin estaba restableciendo una política de confrontación con Occidente. Por muchos observadores fue percibido como “el toque de alarma de Guerra”.[4]

NOTAS
[1] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 426
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit. Página 75
[3] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 427
[4] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 76





La Guerra Fría y el surgimiento de un nuevo orden

24 09 2007

LA GUERRA FRÍA
Contenido: La Guerra Fría y el surgimiento de un nuevo orden
Fuente: Extracto tesis Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005.

LA GUERRA FRÍA, EL FIN DE LA GUERRA FRÍA Y EL SURGIMIENTO DE UN NUEVO ORDEN[1]

Un mundo Bipolar
La Guerra Fría fue un conflicto de orden mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.[2] Estos países en el transcurso del siglo XX se instalaron en la cúspide del poder, alcanzando ambos la categoría de superpotencias. Tradicionalmente se considera que este peculiar conflicto tuvo su punto de partida tras la Segunda Guerra Mundial, una vez que los dos principales vencedores no lograron compatibilizar sus tan disímiles puntos de vista respecto de los destinos que habrían de seguir los territorios que habían sido asolados por la guerra.[3] Sin embargo, no es posible comprender el conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir de 1945, si no se tiene presente el origen de las desavenencias entre ambas entidades políticas, es decir, el año 1917, cuando se produjo la Revolución Bolchevique en Rusia.[4] A partir de este momento el comunismo se presenta como una seria alternativa frente al capitalismo.

La Guerra Fría fue una lucha que alcanzó su concreción máxima, una vez que ambas entidades políticas -EEUU y URSS- se instalaron en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo; allí, hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis. Desde esta perspectiva, la Segunda Guerra Mundial sólo vino a constituir el último paso que hizo de la Guerra Fría un conflicto de orden mundial. Así, la alianza forjada entre la Unión Soviética y los países occidentales a partir de 1941, sólo habría significado un paréntesis en la historia de la Guerra Fría. Como señala el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Alianza de Guerra contra Hitler constituyó un hecho insólito y temporal, y a la vez “un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo, excepto en el breve período de antifascismo, las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable”.[5] En efecto, esto último es clave para comprender los acontecimientos que se suscitaron tras el fin de la guerra. Aquella “insólita alianza” no logró sobrevivir una vez que el enemigo común había sido derrotado. De la guerra no salió un mundo unido, sino uno bipolar. A partir de 1945 la victoria había hecho desaparecer el único lazo que unía a los aliados.[6] Tras la Guerra se encontraron frente a frente dos sistemas opuestos de organización de recursos, el Socialismo y el Capitalismo.
La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias,[7] no obstante, pronto cada una aceptó, tácitamente, la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó, o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que abarca la Guerra Fría, desde 1945 hasta 1989-1991.[8] Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente, a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida. Como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón, que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.[9]
La Guerra Fría fue un conflicto global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques antagónicos, liderados por Estados Unidos y por la URSS. Tal conflicto mantuvo un estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue directa, sino que se hizo a través de terceros países.
Entre las principales características de este conflicto podemos consignar las siguientes[10]:
- Insolubles diferencias de los modelos políticos y económicos auspiciados por cada uno de los contendientes (capitalismo y democracia liberal v/s socialismo y democracia popular)
- Manifestación de las hostilidades a partir del apoyo económico y militar a terceros países.
- Peligro atómico como factor fundamental para no arriesgarse a sostener una guerra directa.

Crisis y colapso de la URSS: fin de la Guerra Fría
Si bien es cierto, el fin de la Guerra Fría fue confirmado durante la presidencia de George Bush en Estados Unidos, el proceso que condujo al fin de este conflicto estuvo liderado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. A George Bush sólo le correspondió presenciar la estocada final de la Guerra Fría. Al principio de su mandato se derrumbó el comunísimo en Europa del este (1989) y se desintegró la Unión Soviética (1991), estos dos hechos confirmaron de forma innegable el fin de la Guerra Fría.
No obstante, el proceso que condujo al fin de la Guerra Fría tuvo como principales protagonistas a Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. Como señala Henry Kissinger, ambos mandatarios estaban convencidos de la victoria del propio bando. No obstante, el primero comprendió bien las fuentes de su sociedad, mientras que Gorvachov precipitó la caída de su sistema al exigir una reforma para la cual no estaba preparado.[11]
La Guerra Fría llegó a su fin, esencialmente, por dos causas: por una parte puede ser considerado como factor importante la presión económica ejercida por el rearme auspiciado durante el primer período de Ronald Reagan y por otra las transformaciones internas experimentadas por la Unión Soviética durante el proceso de reformas emprendidas por Mijaíl Gorvachov. No obstante, el factor fundamental, estuvo dado por los efectos concretos que provocaron las reformas aplicadas en la URSS durante la década de los `80: Éstas no lograron reactivar la alicaída economía soviética y a la vez contribuyeron a destruir el sustento político e ideológico del régimen soviético.[12]
Ahora bien, el largo periodo de enfrentamientos sostenido entre EEUU y la URSS provocó que hacia mediados de la década de 1980, la Unión Soviética se viera enfrentada al desgaste y la asfixia suscitados por una carrera de armamentos que había consumido sus recursos económicos durante décadas.[13] Ante tal situación, el último de los líderes soviéticos, Mijael Gorvachov, emprendió un profundo programa de reformas, conocido como Perestroika (reestructuración) y Glasnost (transparencia). Pero la URSS no logró sobrevivir a los planes de reformas. La Perestroika y la Glasnost esperaban dar una respuesta a los múltiples problemas que aquejaban al sistema soviético, pero mientras más duraba el proceso de reforma, más demostraba su ineficacia.

A partir de 1987 comienza a ser una realidad la necesidad de una reforma radical de la economía. En la reunión Plenaria del Comité Central del PCUS en junio de 1987 se adoptaron los “principios de reestructuración radical de la gestión económica”.[14] A partir de estas políticas, la planificación fue reemplazada por mecanismos de desarrollo auto sostenido, es decir, se crearon mecanismos que entregaron autonomía de gestión a las empresas soviéticas, además de un circuito de incentivos a la productividad, con ello la Perestroika trató de hacer eficiente y competitivo el grupo de empresas estatales. Desde ese momento se esperaba que las empresas se dirigieran según el principio de que la producción debe cubrir los costes, junto con el hecho de que las empresas debían financiar sus actividades sin subsidios gubernamentales. Por otra parte, uno de los primeros pasos legislativos de la Perestroika también estuvo dado por la ley sobre trabajo individual (noviembre de 1986), dirigida a estimular la iniciativa de los individuos para realizar una serie de actividades económicas ligadas al sector de pequeños servicios.[15] Como señala Rafael Aracil, se esperaba que estos cambios estimularan a las empresas soviéticas para que se volvieran competitivas y se alcanzaran así los objetivos propuestos por la Perestroika.[16]
Desde el punto de vista político, la Perestroika contemplaba una reestructuración tendente a democratizar la Unión Soviética. Respecto de este punto, en su libro Perestroika, Gorvachov afirma:

Estamos firmemente convencidos de que solamente a través del desarrollo constante de formas democráticas intrínsecas al socialismo y a través de la expansión del autogobierno, podemos hacer progresos en la producción, la ciencia y la tecnología, la cultura y el arte y en todas las esferas sociales… la perestroika misma solo puede alcanzarse a través de la democracia… al obtener libertades democráticas, las masas trabajadoras llegan al poder… la reestructuración radical y completa también debe desarrollar el potencial total de la democracia.”[17]

Ahora Bien, en el ámbito internacional, la postura de Gorbachov fue más allá de un mero repliegue táctico. La Perestroika contemplaba la apertura total a occidente, a través de la adopción de una nueva política exterior que buscaba el entendimiento y el fin de las tensiones. Consciente de la imposibilidad de conjugar la Guerra Fría y la solución de los graves problemas que aquejaban a la economía y la sociedad soviética, el líder soviético, proclamó en el XXVII Congreso del PCUS en 1986 lo que denominó un “nuevo pensamiento político”: el nuevo mundo se caracterizaba por la “interdependencia global”, en adelante, había que olvidarse de la lógica de la Guerra Fría y buscar la cooperación y el consenso en la dirección de las relaciones internacionales. Se trataba de buscar “una acción recíproca, constructiva y creador al mismo tiempo… para impedir la catástrofe nuclear y para que la civilización pueda sobrevivir”.[18] Del mismo modo, esta idea la expresa con claridad en su libro Perestroika (1987):
Desde luego, seguirá habiendo distinciones. Pero, ¿debemos entablar un duelo por su causa? ¿No sería mejor pasar sobre las cosas que nos dividen, en nombre del interés de toda la humanidad, en nombre de la vida en la tierra? Hemos hecho nuestra elección, afirmado nuestra visión política, a la vez mediante declaraciones y mediante acciones y hechos específicos. La gente está cansada de tanta tensión y enfrentamiento. Prefiere buscar un mundo más seguro y confiable, un mundo en que cada quien conservará sus propias opiniones filosóficas, políticas e ideológicas, y su modo de vida.[19]

Desde esta perspectiva, la URSS se preparaba para un gran repliegue, tanto en su competencia con los EE.UU. como en los compromisos internacionales que había ido adquiriendo a lo largo de la Guerra Fría.[20] Al constatar la realidad de la situación soviética, Gorvachov se dio cuenta de la necesidad de reducir las obligaciones en el Tercer Mundo y evitar contraer nuevos compromisos. Decidió reducir la ayuda soviética a las fuerzas marxistas en Nicaragua, Camboya, Angola y Etiopía, así como poner fin a la costosa intervención militar en Afganistán. En efecto, a fines de 1988, la URSS de Mijaíl Gorvachov se había desecho ampliamente de los conflictos que sostenía en los distintos continentes.[21]

Gorvachov intentó superar los problemas aplicando un amplio programa de reformas conocidos como Glasnost y Perestrika. No obstante, el líder soviético no logró sus objetivos, pues como señala Henry Kissinger, mientras más duraba la Perestroika y la Glasnost, más aislado quedaba y más confianza perdía. Cada reforma resultó una medida a medias que aceleró la decadencia soviética.[22] En el intento por reformar el comunismo, y en particular su esfuerzo por instituir una democracia limitada tanto en la Europa del Este como en la Unión Soviética, permitió que los críticos del comunísimo negaran su legitimidad. Desde esta perspectiva, una vez que fue abandonado el comunismo, que era el aglutinante que mantenía unido al imperio soviético, tanto los países de Europa del Este como las repúblicas que constituían la Unión Soviética aprovecharon la oportunidad para seguir su propio camino.[23]

Ante este panorama, la presión norteamericana viene a sumarse a todos los problemas internos de la Unión Soviética,[24] pero no es en sí la causa primaria del colapso de la URSS. En este punto debemos señalar que los objetivos declarados del gobierno de Ronald Reagan fueron utilizar la carrera de armamentos para someter la economía soviética a una presión que la llevase a la quiebra. En sus memorias Reagan afirma: “me proponía hacer saber a los soviéticos que íbamos a gastar lo que hubiera que gastar para llevarle la delantera en la carrera de armamentos”.[25] No obstante, como señala Hobsbawm, no fue la cruzada emprendida por Reagan, contra lo que él llamaba “Imperio del Mal”, la que produjo el colapso soviético, fueron los propagandistas norteamericanos los que afirmaron que su caída se había debido a una activa campaña de acoso y derribo. “Pero no hay la menor señal de que el gobierno de los Estados Unidos contemplara el hundimiento inminente de la URSS o de que estuviera preparado para ello llegado el momento. Si bien tenían la esperanza de poner en aprieto a la economía soviética, el gobierno norteamericano había sido informado, erróneamente por sus propios servicios de inteligencia de que la URSS se encontraba en buena forma y con capacidad de mantener la carrera de armamentos. A principios de los ochenta, todavía se creía que la URSS estaba librado una firme ofensiva global”.[26]

El fracaso de las reformas y el fin del bloque comunista

El proyecto de Gorbachov implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las “democracias populares” tal como se habían configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La Perestroika y la Glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este. La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del “imperio soviético” fue simple: no hacer nada para defender los regímenes del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses. En definitiva, como señala Kissinger, la actitud de Gorvachov era la renuncia explícita a la “Doctrina Brezhnev”, según la cual la URSS tenía el derecho y deber de aplacar los levantamientos e insurrecciones en la Europa del Este. Gorvachov no aplicó la doctrina Brezhnev y la liberalización demostró ser incompatible con los gobiernos comunistas.[27]

Ya en septiembre de 1988, Gorbachov había clausurado el Comité de Enlace con los países socialistas en el PCUS, una señal de que el Kremlin abandonaba la Doctrina Breznev. En diciembre de ese mismo año anunció solemnemente en la Asamblea General de la ONU un recorte unilateral de más de medio millón de soldados, de los que la mitad se retirarían con más de cinco mil tanques de la Europa del Este.[28] La actitud de Moscú era cada vez más claramente conciliadora hacia la reforma en las “democracias populares”.

A continuación se presenta una síntesis de las sucesivas revoluciones que sacudieron a Europa del Este, las cuales produjeron el fin de la esfera de influencia soviética. (1989)

Polonia:
Polonia fue el país que inició el proceso revolucionario. Tras una serie de huelgas en el verano de 1988, el gobierno comunista, dirigido por el general Jaruselzski, tuvo que sentarse a negociar con el sindicato Solidaridad. Los acuerdos de abril de 1989 significaron el reconocimiento legal del sindicato y la apertura de un proceso de transición democrática. Con este hecho se producía un acuerdo histórico, ya que por primera vez desde 1946, se organizaron elecciones libres en el Este de Europa, aunque desde el punto de vista práctico la libertad sería controlada y limitada (el Sindicato Solidaridad se comprometía a conceder el 65% de las 460 actas de la Dieta al Partido Comunista, mientras que las actas del Senado serían objetos de una competencia real, pero este solo tenia el poder de rechazar las leyes votadas por la Dieta).[29] De este modo Polonia entraba en un proceso de transición cuya duración estaba prevista en 4 años, tras los cuales, la elección de las dos cámaras sería libre. En las elecciones de junio de 1989 el partido comunista fue duramente derrotado (99 de las 100 plazas del Senado fueron ocupadas por Solidaridad, la restante la ocupó un candidato independiente).[30] Frente a esta situación, el Partido Comunista propuso la constitución de un gobierno de unidad nacional con la participación de Solidaridad, cuestión rechazada por el sindicato. Al final el general Jaruzelski consideró que no tenía otra solución que permitir la formación de un gobierno, cuyo Primer Ministro sería Mazowiecki, dirigente de Solidaridad. Se formaba así el primer gobierno no comunista en Europa Oriental desde 1945. La rápida descomposición del régimen comunista, permitió que Lech Walesa (líder del movimiento obrero “Solidaridad”), fuera elegido presidente del país en 1990.
Una muestra concreta de los cambios experimentados en la Unión Soviética fue la negativa de Gorvachov a usar tropas soviéticas para anular los resultados de las elecciones en Polonia, con ello demostraba concretamente que la doctrina Brezhnev, que había sido formulada para justificar la intervención en Checoslovaquia el año 1968, había muerto de verdad.[31]

Hungría:
El Partido Comunista Húngaro trató de emular el programa de reformas de Gorvachov, con el mismo fin de salvar el comunismo, pero fue en vano.[32] El 11 de enero de 1989 el Parlamento Húngaro, que estaba dominado por los comunistas, legalizó la libertad de reunión y asociación para los grupos no comunistas, un mes más tarde legalizó los partidos políticos independientes. El 8 de abril Janos Kadar, que había asumido la dirección del partido comunista después de la revolución de 1956, fue expulsado del poder. El 2 de mayo Hungría se transformó en el primer país del bloque soviético en abrir la frontera con la Europa Occidental. En septiembre el gobierno comunista y los recién creados partidos de la oposición acordaron participar en elecciones libres, que se programaron para marzo de 1990, la cual permitió al partido democrático de la oposición establecer un gobierno no comunista bajo la dirección de Jozef Antall.[33] (El partido comunista, que para entonces había adoptado el nombre de Partido Socialista, sólo obtuvo el 9% de los votos)

República Democrática de Alemania
El cambio en Hungría tuvo una enorme repercusión exterior. La decisión de las autoridades de Budapest (capital de Hungría), de abrir su frontera con Austria en septiembre de 1989 abrió una “brecha” en el telón de acero por el que decenas de miles de habitantes de la República Democrática de Alemania huyeron hacia la República Federal de Alemania, atravesando Checoslovaquia, Hungría y Austria. Al éxodo de la población se le unió pronto una oleada de manifestaciones a lo largo de toda Alemania Oriental.[34]
El líder de la RDA, Eric Honnecker, que acababa de felicitar públicamente al embajador chino por la represión en la plaza de Tiananamen, estaba convencido de que las reformas provocarían el hundimiento del régimen.[35] A partir de aquí los acontecimientos se precipitaron, Honnecker fue sustituido por un comunista reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la celebración de elecciones libres.[36] En un primer momento el nuevo líder de la RDA, intentó detener el éxodo de alemanes del Este poniendo fin a las restricciones que impedían viajar a Occidente, pero la medida sólo sirvió para fomentar la fuga de mas alemanes orientales. En vista de esta situación, el 9 de noviembre se produjo el hecho que pasará a constituirse en símbolo del “fin” de la Guerra Fría, ese día se produjo la apertura del muro de Berlín. Centenares de miles de alemanes del Este pasaron inmediatamente al Berlín Occidental.
El rápido derrumbamiento de la RDA abrió un proceso de negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y la RFA, dirigida por un canciller, Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad histórica que se le abría a Alemania. En un primer momento, los soviéticos intentaron impedir la unificación proponiendo reavivar las instituciones de ocupación alemana por las cuatro potencias vencedoras, no obstante, luego el objetivo soviético pasó a intentar evitar que una futura Alemania unificada fuese miembro de la OTAN. Antes esta situación los aliados occidentales propusieron celebrar las conversaciones de “Dos mas Cuatro”, es decir, los dos Estados Alemanes, más Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética.[37] Finalmente el 14 de julio de 1990 Gorvachov aceptó la unificación Alemana, así como su pertenencia a la OTAN. A cambio, el canciller de Alemania Occidental, Helmut Col, prometió conceder grandes empréstitos y otras formas de ayuda económica a la Unión Soviética. También accedió a limitar las fuerzas militares de Alemania reunificada a 370.000 personas y aseguró a Gorvachov que no habría armas biológicas, nucleares, ni químicas en el arsenal alemán. También se prometió aportar con 8.000 millones de dólares para el mantenimiento y la retirada de las fuerzas soviéticas de Alemania. Por su parte Gorvachov prometió retirar las fuerzas soviéticas de Alemania Oriental en un plazo de cuatro años.[38]
Como señala Ronald Powaski, con la concreción de los acuerdos de la unificación alemana, se estaba llevando a cabo el último tratado pendiente de la Segunda Guerra Mundial en Europa. El 23 de agosto el parlamento de Alemania oriental fijó el 3 de octubre como fecha para la fusión con la República Federal. El 12 de septiembre de 1990 las cuatro potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial y las dos Alemanias firmaron el “Tratado sobre la Resolución Final con Respecto a Alemania”. El 1 de octubre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial renunciaban oficialmente a sus derechos y responsabilidades sobre Alemania y Berlín. El 3 de octubre Alemania quedaba reunificada.[39]

Checoslovaquia: el 17 de noviembre de 1989, miles de jóvenes se congregaron en la principal plaza de Praga para exigir el reconocimiento de sus derechos. Dos días después, aproximadamente 200.000 personas se manifestaron en la capital para exigir elecciones libres y la dimisión de los líderes comunistas. El 24 de noviembre dimitió el Secretario General del Partido Comunista, Milos Jakes. Luego de 4 días, después de una huelga general, el gobierno permitió organizar partidos no comunistas. El 10 de diciembre un nuevo gabinete, en el cual los no comunitas eran mayoría, prestó juramento. El 29 de diciembre de 1989 se creó un gobierno provisional con Vaclav Havel como presidente. El nuevo gobierno convocó a elecciones libres para junio de 1990 y abrió la frontera con Austria. En las elecciones el partido comunista obtuvo el 14% de los votos, el democristiano el 12% y el Foro Cívico (liderado por Havel), el 47%. Este último procedió a crear un gobierno de coalición con el nuevo partido democristiano y en el nuevo gobierno no hubo cabida para ningún comunista.[40]

Bulgaria: también se vio afectada por los acontecimientos del resto de Europa del Este. El 9 de noviembre de 1989, el día en que se produjo la apertura del Muro de Berlín, el Politburó comunista de Bulgaria destituyó a Todor Zhikov, que había sido líder del Partido desde 1961. En su lugar quedó Mladenov, con mayor propensión a llevar a cabo las reformas, no obstante, después de un año el comunismo también era vencido en las urnas.[41]

Rumania: en este país la transición del comunismo a la democracia fue más sangrienta. En diciembre de 1989 las fuerzas de seguridad del estado mataron en la ciudad de Timisoara a centenares de rumanos que se manifestaron contra el intento del gobierno de desahuciar a un sacerdote disidente. La matanza provocó aun más manifestaciones. El 22 de diciembre el líder comunista rumano, Nicolae Ceausescu, intentó huir del país al darse cuenta que las unidades militares comenzaron a apoyar a los manifestantes. No obstante, fue apresado y ejecutado sumariamente por el ejército el 25 de diciembre.[42]

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo. Con esto se puede apreciar que los intentos de reformar el comunismo en la Europa del Este, terminaron causando su caída y finalmente la propia desintegración de la Unión Soviética.[43] Como señala Robert Service, el desenlace fue espectacular. A principios de 1989 los comunistas gobernaban todos los países europeos al Este del Río Elba. Al acabar el año, el único Estado Comunista que quedaba al Oeste de la URSS era Albania, y Albania había sido hostil hacia la URSS desde el gobierno de Kruschov.[44]
La Guerra Fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, va a terminar por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiarán radicalmente el mundo. Para el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Guerra Fría terminó antes que la Unión Soviética se desintegrara, pero el fin del conflicto se hizo evidente sólo cuando éste último había dejado de existir:

“La guerra fría acabó cuando una de las superpotencias, o ambas, reconocieron lo siniestro y absurdo de la carrera de armamentos atómicos, y cuando una, o ambas, aceptaron que la otra deseaba sinceramente acabar con esa carrera… La verdadera Guerra Fría, como resulta fácil ver desde nuestra perspectiva actual, terminó con la cumbre de Washington en 1987, pero no fue posible reconocer que había acabado hasta que la URSS dejó se ser una superpotencia, o una potencia a secas… pero los engranajes de la maquinaria de guerra continuaron girando en ambos bandos. Los servicios secretos, profesionales de la paranoia, siguieron sospechando que cualquier movimiento del otro lado no era más que un astuto truco para hacer bajar la guardia al enemigo y derrotarlo mejor. El hundimiento del imperio soviético en 1989, la desintegración y disolución de la propia URSS en 1989-1991, hizo imposible pretender que nada había cambiado y, menos aun creerlo”.[45]

Dentro de esta lógica, Henry Kissinger señala que el fin de la Guerra Fría se produjo al momento en que la Unión Soviética emprendió la transformación interna de su régimen. Este proceso se desarrolló a lo largo de todo el período liderado por Gorvachov, es decir, a partir de 1985, no obstante, la manifestación más concreta, según Kissinger, se produjo en el XXVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1986). En esta oportunidad se abandonó por completo la teoría de la inevitable lucha de clases y se proclamó la coexistencia como un fin en sí mismo.[46] Desde la perspectiva de análisis de Henry Kissinger, este hecho venia a ratificar la teoría propuesta por Kennan en 1946, acerca de la necesidad de que Estados Unidos mostrara una actitud de contención frente a las fuerzas comunistas y frente a la URSS, hasta que ésta hubiere experimentado un cambio radical en sus estructuras internas. Teniendo presente lo anterior, se puede afirmar que la Guerra Fría termina durante los gobiernos de Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov, pues entre 1985 y 1989 el ambiente de tensión y crisis intermitentes, característicos de la Guerra Fría, dan paso a un tipo de relaciones internacionales basados en la búsqueda del entendimiento.

En definitiva, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov y las revoluciones democráticas en Europa del Este las que llevaron al colapso del bloque soviético, el cual, a su vez, también se desintegraba intestinalmente, ya que las aspiraciones separatistas de las Repúblicas se habían comenzado a manifestar a través de las demandas de “democracia” y “autodeterminación nacional”. Como señala Robert Service, en algunos casos como en los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), estas demandas respondían a un compromiso con esos valores, pero en la mayor parte de las demás repúblicas, esas demandas no eran más que el intento de las elit locales del Partido Comunista por mantener el poder. Declarando la independencia esperaban aislar a sus respectivas repúblicas de la injerencia cotidiana de Moscú.[47]

La Guerra Fría terminó antes que la URSS conociera su fin. No obstante, sólo fue evidente cuando uno de los contendientes había dejado de existir. La Guerra Fría terminó por estocadas sucesivas. Los engranajes se fueron deteniendo y lo que empezó con una retórica pacifista, continuó con anuncios concretos como el discurso de Gorvachov ante la ONU, dando a conocer la reducción unilateral de su ejército y la retirada del mismo de Europa del Este, prosiguió con una serie de gestos diplomáticos a partir de los cuales el acercamiento hacia occidente fue quedando en evidencia.[48] La sentencia de muerte de la Guerra Fría fue declarada por Gorvachov y Bush. No obstante, a este último sólo le correspondió dar la estocada final a un ente moribundo.

El 8 diciembre de 1991 en los acuerdos de Minsk (Capital bielorusa) se decretó la muerte de uno de los contendientes de la Guerra Fría, declarando solemnemente que “Nosotros las Repúblicas de Bielorrusia, la Federación Rusa (RSFSR) y Ucrania como Estados fundadores de la URSS, firmantes del tratado de la Unión de 1922, en lo sucesivo denominadas altas partes contratantes, constatamos que la URSS como sujeto de derecho Internacional y realidad geopolítica, deja de existir”.[49] Tras el derrumbe soviético sólo quedaba en pie el enorme imperio norteamericano. Desde este punto de vista es legítimo afirmar que el ganador de esta peculiar Guerra fue EEUU.
La Guerra Fría había terminado. En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, en el proceso de finalización de la Guerra Fría, uno de los actores sucumbió y se desintegró, dejado a su oponente en calidad de única gran superpotencia. Este es el tema desarrollado por el Historiador Británico Eric Hobsbawm, en su articulo publicado en Le Monde Diplomatique “Después de Ganar la Guerra”, en el que afirma: “Efectivamente, el colapso de la Unión Soviética dejó a los Estados Unidos como el único superpoder, que ningún otro poder podía o quería desafiar”.[50] Con la desintegración de la Unión Soviética se confirmó el fin de la Guerra Fría. De este modo, el peculiar conflicto que caracterizó el desenvolvimiento de las Relaciones Internacionales durante 45 años tocaba su fin con la caída de uno de sus contendientes. El colapso de uno de sus protagonistas, dio paso a un mundo liderado indiscutiblemente por Estados Unidos, en calidad de superpotencia económica y militar.

NOTAS
[1] La síntesis histórica que se expone en este capítulo es el resultado de intensas y extensas reflexiones respecto del significado de La Guerra Fría, que la autora del presente trabajo ha desarrollado a lo largo de varios años y que ha visto su concreción en la tesis de pre-grado de: Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005, (582 páginas). Profesores Guías: Armando Barría Slako y Nelson Vásquez Lara. En: Biblioteca del Instituto de Historia de la PUCV.
[2] Acerca del origen del concepto Guerra Fría: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “El concepto Guerra Fría es de origen norteamericano. Lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su uso en un discurso del senador Barnard Baruch. Lo recogió otro periodista Walter Lipman que lo popularizó en una recopilación de sus artículos titulada La Guerra Fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos. A finales de los años cuarenta la expresión había ganado carta de naturaleza y se utilizaba para designar al complejo sistema de relaciones internacionales de la posguerra, la pugna entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial y la aparición de un abismo de hostilidad y temor entre los dos grandes bloques geopolíticos”. Página 7
[3] Ver: Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998; Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998; Kissinger Henry, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000; Pereira, Juan, Los Orígenes de la Guerra Fría, Editorial Arco, Madrid 1997. (interpretaciones tradicionales de la Guerra Fría)
[4] Ver: Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000; Fontaine, Andre, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970; Fermandois, Joaquín, La Guerra Fría, Documentos Universitarios, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 1975. (interpretaciones no tradicionales de la Guerra Fría)
[5] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 17
[6] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 22
[7] En Europa las primeras fricciones entre el comunismo soviético y el capitalismo occidental se manifestaron en las guerras intestinas de Grecia y Turquía (1947); otro punto álgido sobrevino a la hora de aplicarse el Plan Marshal (1947), considerado por la URSS como ofensiva del capitalismo norteamericano y finalmente con el bloqueo de Berlín (1948), emprendido por la URSS con el objeto de impedir la entrada de suministros al Berlín Occidental.
[8] Estos dos años marcan la crisis y el colapso del sistema comunista liderado por la URSS.
[9] Entre los conflictos más característicos de la Guerra Fría en las zonas extra-europeas se encuentran: La Guerra de Corea (1950 – 1953), la crisis de los mísiles cubanos (octubre de 1962), la Guerra de Vietnam (1945-1975) y la Guerra de Afganistán (1979-1989). Para Juan Pereira Castañeda, estos cuatro conflictos marcan el punto máximo de tensión durante la Guerra Fría. Ver: Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Editorial Istmo S.A., Madrid 1989. Página 33 y siguientes.
[10] Una caracterización más extensa de la situación internacional durante el período de la Guerra Fría la encontramos en: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “(La Guerra Fría se caracterizó por) La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países agrupados entorno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión Soviética; La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la Segunda Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra; Una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil, pero evitando provocar un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes (Corea, Berlín, Cuba, etc.), donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuesto a volver a las negociaciones cuando los riesgos fueran excesivos para ambos; El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios”. Página 10
[11] Ibidem, Página 758
[12] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[13] Hobsbawn, Eric, Ob. Cit.: “Mucho antes de que los propagandista norteamericanos explicaran, a posteriori, como los Estados Unidos se lanzaron a ganar la guerra fría arruinando a su antagonista, el régimen de Brezhnev había empezado a arruinarse él solo al emprender un programa de armamento que elevó los gastos en defensa en un promedio anual de 4 a 5% durante los 20 años posteriores a 1964. La carrera había sido absurda, aunque le proporcionó a la URSS la satisfacción de poder decir que había alcanzado la paridad con los Estados Unidos en lanzadoras de misiles en 1971, y una superioridad del 25% en 1976”. Página 250
[14] Gorvachov Míjaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987, Página 35
[15] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 667
[16] Idem
[17] Gorvachov Míjaíl, Ob. Cit., Página 34
[18] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 644
[19] Gorvachov Míjaíl, Perestroika: New Trinking for Our Country and the World, Nueva York, 1987, Página 139. En: Kissinger, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000. Página 784
[20] Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 316
[21] Ibidem, Página 310
[22] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[23] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 357
[24] El Propio análisis de Gorvachov ilustra la magnitud de la crisis en la que se encontraba sumida la URSS a mediados de los ´80. Gorvachov, Mijaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987: “… al analizar la situación descubrimos una desaceleración del crecimiento económico. En los últimos 15 años, la tasa de crecimiento de la renta nacional declinó en más de la mitad y para comienzo de los ochenta había caído a un nivel cercano al estancamiento económico. Un país que alguna vez se había acercado rápidamente a las naciones avanzadas del mundo comenzó a perder posiciones. Además la brecha en la eficiencia en la eficiencia de producción, calidad de los productos, desarrollo científico y tecnológico, la producción de tecnología de punta y el uso de técnicas avanzadas, comenzó a extenderse y no en favor nuestro… Tras largos años de estancamiento, la economía se hallaba al borde de la bancarrota y la sociedad soviética se encontraba inmersa en una verdadera crisis moral caracterizada por la falta de compromiso ideológico y el escepticismo general. La conducción del Partido se relajó y perdió la iniciativa de los principales procesos sociales”. Páginas 17 y 18
[25] Ronald Reagan, An American Life, 1990, p. 267. En: Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 287
[26] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., página 252
[27] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 791
[28] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[29] Ibidem, página 648
[30] Idem
[31] Powaski, Ronald, Ob. Cit., página 327
[32] Idem
[33] Ibidem, Página 329
[34] Ibidem, Página 328
[35] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 652
[36] Idem
[37] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 660
[38] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 338
[39] Idem
[40] Zorgbibe, Charles Ob. Cit., Página 653
[41] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 329
[42] Ibidem, Página 330
[43] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 327
[44] Service, Robert, Historia de Rusia en el Siglo XX, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 447
[45] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 255
[46] Kissinger, Henry, Ob Cit., Página 784 y 798
[47] Service, Robert, Ob. Cit., Página 453
[48] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[49] Acuerdo de Minsk entre Rusia, Bielorrusia y Ucrania sobre la creación de la C.E.I. (En: www.historiasiglo20.org/acuerdosmisnk )
[50] Eric Hobsbawm en su articulo “Después de la Guerra”, publicado en la revista Lemonde Diplomatique presenta un interesante ensayo respecto de las proyecciones de Estados Unidos después de la Guerra Fría, destacando su nuevo rol de única superpotencia económica y militar

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EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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