PERFIL PROFESIONAL ANA HENRIQUEZ ORREGO

5 07 2007

RESUMEN DE ANTECEDENTES
ANA HENRÍQUEZ ORREGO
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..Antecedentes académicos
Magister en Historia, Mención “Política y Relaciones Internacionales”, Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

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RESUMEN EXPERIENCIA LABORAL

  • Directora de Carreras Facultad de Educación, Universidad Las Américas, Viña del Mar, desde 2011.
  • Docente a cargo de la carrera de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica, desde 2009-2011
  • Docente Universidad del Pacífico (Historia Moderna, Historia Contemporánea, Metodología de la Investigación, Seminario de Título). Desde 2008-2010.
  • Docente Universidad de Las Américas. (Introducción a la Historia, Historia Moderna, Historia Contemporánea, Metodología de la Investigación, Seminario de Título, Didáctica de la Historia). Desde 2008.
  • Investigadora Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, desde 2005-2009.
  • Profesora del Colegio David Trumbull de Valparaíso, desde 2005-2009.

PREMIOS

  • Mayo 2011, Premio Miguel Cruchaga Tocornal, otorgado por la Academia Chilena de la Historia, a la mejor investigación sobre historia de Chile. Por la investigación sobre José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo.
  • Diciembre 2005, Premio a la Mejor nota de egreso de Pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
  • Diciembre 1998, Premio del Colegio de Contadores de Chile, a mejor nota de egreso Instituto Comercial de Los Andes.

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.AYUDANTÍAS EN LA PUCV

  • Ayudante de Cátedra “Balance y perspectiva del Siglo XX”. Del profesor Armando Barría Slako.
  • Ayudante de Cátedra “Didáctica de la Historia”. Del Doctor Nelson Vásquez Lara.
  • Ayudante de Cátedra “Práctica Docente”. Del Doctor Nelson Vásquez Lara.
  • Ayudante de Aula Virtual. De los Doctores Nelson Vásquez Lara y David Contreras Guzmán.
  • Ayudante de Cátedra “Museos y Patrimonio“. Del Doctor Nelson Vásquez Lara.

ANTECEDENTES LABORALES

  • Profesora Universidad del Pacífico. (desde agosto 2008)
  • Miembro del Comité Interno de Acreditación de la Universidad del Pacìfico. (desde Julio 2008)
  • Profesora de la Universidad de las Américas. (desde marzo 2008)
  • Investigadora del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar. (desde mayo 2005)
  • Profesora del Colegio Presbiteriano David Trumbull de Valparaíso. (desde mayo 2005 a julio del 2008)

CARGOS Y ASIGNATURAS DICTADAS

Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar (AHP)

  • Investigadora a cargo del proyecto “Vida y obras de José Francisco Vergara: análisis de las fuentes resguardadas en el AHP”
  • Encargada del área de “Didáctica y difisión de la Historia y Patrimonio de Viña del Mar”

Colegio Presbiteriano David Trumbull de Valparaíso

  • Profesora de Historia 3º y 4º Medio
  • Encargada del área de desarrollo e implementación de las nuevas tecnologías virtuales. Creadora y adminitradora de Blog de asignaturas

Universidad de las Américas. Viña del Mar

2008

2009

  • Profesora Historia Universal Contemporánea

Universidad de Las Américas. Santiago

2009

  • Profesora de Cátedra “Metodología de la Investigación” (En Carrera de Pedagogía en Historia Diurno y vespertino)

Universidad del Pacífico

2008

2009

  • Profesora de Cátedra Historia Universal Contemporánea
  • Búsqueda y análisis de la información
  • Tecnologías de la información

ELABORACIÓN MATERIALES DIDÁCTICOS

1. Guías de aprendizaje para la enseñanza de la Historia desde 1º a 4º Medio en proyecto ODISEA: http://www.odisea.ucv.cl/

2.“Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Configuración de un mundo bipolar 1945-1991”. Tesis para optar al título de Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Instituto de Historia PUCV, 2005. Ver informe de Tesis

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3.“Guías didácticas para la enseñanza de la historia del Palacio Rioja”, En: Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar.

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4.“Guías didácticas para la enseñanza de la historia de Viña del Mar”, En: Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar.

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5. Guía didáctica para el estudio del patrimono de Viña del Mar. Material entregado a los establecimientos educacionales de Viña del Mar y como suplemento en El Mercurio de Valparaíso. 2006.

PUBLICACIONES EN CENTRO DE ANÁLISIS E INVESTIGACIONES POLÍTICAS (CAIP)

1. Conjeturas sobre realismo político en Nicolás Maquiavelo. En: www.caip.cl sección pensamiento político. Octubre 2007

2. La vía chilena al socialismo. Análisis de los planteamientos teóricos de los principales líderes de la Unidad Popular. En: www.caip.cl sección pensamiento político. Mayo 2007

(VER: formato impreso de revista CAIP)

PUBLICACIÓN DE INVESTIGACIONES EN REVISTA ARCHIVUM

1. Viña del Mar: Historia Social de la Vivienda Urbana, entre 1870 y 1930. (2006)

2. José Francisco Vergara: Aproximación historiográfica y análisis de las cartas enviadas a su hijo Salvador 1876-1882. (2007)

3. José Francisco Vergara: Defensor de los ideales liberales. (2008). (DESCARGAR)

 

PUBLICACIONES EN REVISTA “EDUCACION MEDIA” DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.

  1. Incorporación del méodo histórico en la enseñanza de la historia. Descargar artículo, (descargar revista completa)

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN REVISTA TELL MAGAZINE

  1. Archivo Histórico: Resguardando la memoria historica de nuestra ciudad
  2. Epistolario de José Francisco Vergara: consejos y observaciones respecto de la Guerra del Pacífico
  3. El Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en afiches
  4. Un recorrido por la historia del Palacio Carrasco
  5. José Francisco Vergara: aproximación a una emblemática personalidad de Viña del Mar
  6. Memoria fotográfica de Viña del Mar
  7. Un recorrido por la historia del Palacio Rioja
  8. Conservatorio “Izidor Handler K.”
  9. Severo Perpena: otra faceta del fundador de Viña del Mar.
  10. El aspecto teológico en las epístolas de José Francisco Vergara
  11. Sobre las controversias en torno de las Memorias de la Guerra del Pacífico presentadas por José Francisco Vergara ante el Congreso Nacional.

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PONENCIAS

1. “Propuestas didácticas para analizar documentos del Archivo Histórico”, En: Taller “Historia de Viña del Mar, turismo y recreación”, invierno 2005.

2. “El uso didáctico de la imagen como documento histórico”, En: Taller organizado por la Unidad de Patrimonio, verano 2006.

3. “Memoria fotográfica de Viña del Mar”, En: Taller de capacitación para trabajar en espacios culturales “ARTEQUIN”, verano 2007.

4. “José Francisco Vergara: defensor del liberalismo doctrinario”. En: Segunda Jornada de Personajes de la Hitsoria de Chile, Universidad Gabriela Mistral. (Octubre 2007)

5.Diálogo en torno a las TIC y el nuevo Rol docente“. En: Universidad de Las Américas, Sede Viña del Mar, Junio 2008.

6. Edublog: desafíos que el profesorado de Historia debe asumir. En: SEMINARIO DE DIDACTICA DE LA HISTORIA EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO, 2008.

7. El Método Histórico en la Enseñanza-Aprendizaje de la Historia. En: Primera Jornada de experiencias pedagógicas exitosas, Universidad del Pacífico, Santiago de Chile, Sede Baquedano. (19 de noviembre 2008)

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DIFUSIÓN EN TELEVISIÓN
*Memoria fotográfica de Viña del Mar. Presentación y análisis de las imágenes ganadoras. (UCV Televisión)

*Los Afiches publicitarios del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. (UCV Televisión y Quintavisión)

*José Francisco Vergara: fundador de Viña del mar, Ministro de Guerra en la Guerra del Pacífico, lider del liberalismo decimonónico. (TVN)

* 50 años del Festival de Viña del Mar, programa TVo NTV, Canal 13. Enero 2009

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ÁREAS DE INVESTIGACIÓN

  1. Métodos y procedimientos en la enseñanza de la Historia
  2. Las imágenes como documentos históricos
  3. Historia del Siglo XX: Guerras Mundiales y Guerra Fría
  4. Caricaturas y propaganda política en Chile
  5. La Vía Chilena al Socialismo
  6. Pensamiento político de Nicolás Maquiavelo y Diego Portales
  7. Pensamiento político de José Francisco Vergara
  8. Liberalismo decimonónico chileno
  9. Metodología de la investigación

 

Mi tiempo libre: L.B.A BikExtreme (Ciclismo de montaña)

http://lbabikeextreme.wordpress.com/

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EL CONCEPTO GUERRA FRÍA EN LA HISTORIOGRAFÍA

7 06 2007

 

EL CONCEPTO GUERRA FRÍA EN LA HISTORIOGRAFÍA

Antes de introducirnos en las definiciones propuestas por la historiografía, creemos pertinente señalar que las principales diferencias detectadas en las diversas propuestas historiográficas de la Guerra Fría, radican esencialmente, en el área de la cronología y las causalidades. Con el fin de sistematizar las principales tendencias historiográficas, éstas han sido organizadas en dos grandes grupos. En el primero de ellos se incorporan todos los autores que consideran la Guerra Fría como el conflicto suscitado entre EEUU y la URSS tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que en el segundo grupo se ubican los autores que consideran como punto de partida de la Guerra Fría el año 1917.En primer lugar, serán explicadas de modo general cada una de estas tendencias historiográficas, para luego introducirnos en las propuestas de los autores seleccionados, intentando destacar las particularidades, puntos en común y diferencias entre cada uno de ellos.

La clasificación que se propone en este trabajo no pretende soslayar las tradicionales clasificaciones referidas a las escuelas interpretativas de la Guerra Fría. Por el contrario, y como se evidencia en las siguientes páginas, esperamos recoger su propuesta y complementarla.

Como ejemplo de la clasificación tradicional de la Historiografía referida a la Guerra Fría, se incorpora a continuación la clasificación realizada por Ronald Powaski,[2] quien sintetiza las escuelas historiográficas de la Guerra Fría en tres grandes tendencias: Ortodoxa, Revisionista y Posrevisionista.

Ortodoxa: según esta interpretación el principal culpable de la Guerra fría fue la Unión Soviética y Estados Unidos no tuvo más opción que contener y, donde fuera posible, trastocar la expansión de un estado comunista agresivo que ambicionaba por encima de todo derribar el capitalismo, la democracia y otros aspectos de la cultura occidental.Revisionistas: sostienen que Estados Unidos fue el principal responsable de la Guerra Fría y que la Unión Soviética se vio obligada a reaccionar a la agresividad de un país que estaba decidido a fomentar la expansión del capitalismo asegurándose el acceso ilimitado a los mercados y recursos del mundo y resuelto a aplastar a los movimientos revolucionarios que amenazasen su interés.

Posrevisionista: ésta echa la culpa de la Guerra Fría a ambos bandos. La actuación de ambos bandos provocó reacciones hostiles en el otro bando y esto creó una especie de ciclo acción-reacción en el cual el nivel de animosidad se elevaba periódicamente hasta niveles peligrosos e incluso llegaba al borde de una guerra nuclear total que ninguno de los bandos deseó jamás.”

Como se puede apreciar, esta clasificación tienen como eje central las causas y los culpables del origen de la Guerra Fría, y se refiere a las escuelas historiográficas occidentales, las cuales progresivamente experimentaron una evolución hacia la objetividad interpretativa.

1. La Guerra Fría: conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial.

Aspectos principales de esta definición

Tradicionalmente se denomina Guerra Fría a la hostilidad comenzada tras la Segunda Guerra Mundial por las dos grandes potencias vencedoras de dicho conflicto, es decir, Estados Unidos y la Unión Soviética. Estas potencias vinieron a ocupar el vacío de poder generado a partir de la decadencia de las antiguas potencias europeas que para 1945 se encontraban desgastadas y al borde del colapso económico, incluso Inglaterra, que no había sido vencida estaba en decadencia, desangrada por los años de guerra.

Desde esta perspectiva, tras la Segunda Gran Guerra comenzó un nuevo conflicto de orden mundial, pero con características singulares, era un conflicto no declarado que permaneció latente por 45 años entre los dos principales vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota de Hitler y de la Alemania Nazi, Estados Unidos y la Unión Soviética habían perdido la razón de su unión, ya no existía el enemigo común y se encontraban frente a frente en la mitad del continente europeo, justo hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en el avance contra las tropas nazis. En efecto, fue Europa el primer escenario de la Guerra Fría, no obstante, una vez que ambas partes aceptaron la existencia de sus respectivas zonas de influencia, la rivalidad se desplazó hacia zonas periféricas, a países de Asia, África y América Latina. Fue en estas zonas donde las dos potencias midieron su poder, ya sea a través de métodos indirectos (influencia, magnetismo) o directos (intervención económica y/o militar).

Son los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos inmediatamente posteriores los que marcarán el derrotero de las relaciones internacionales de los próximo 45 años, es decir, hasta el momento en que uno de los actores sucumbe y pierde la calidad de Gran potencia en el escenario internacional. Las diferencias se hicieron insostenibles una vez terminado el combate contra el enemigo común. Cada uno de los vencedores poseía una visión particular del mundo y las contradicciones se hacían evidentes e infranqueables en aspectos tales como la organización económica, política y social que cada uno propugnaba. En efecto, el diálogo mantenido entre estos dos mundos durante la Segunda Guerra Mundial, no logró mantenerse una vez que ya no existían razones para continuar perteneciendo al mismo bando. Así se fueron configurando dos mundos opuestos que derivaron luego en dos bloques militares y económicos en permanente tensión.

Como se puede apreciar, los elementos constitutivos de esta definición son muy generales y sólo especifican que el eje de partida de la Guerra Fría se encuentra tras la segunda Guerra Mundial. Entre los autores que adhieren a esta perspectiva historiográfica analizaremos las propuestas de Juan Pereira, Julio Gil, Rafael Aracil, Eric Hobsbawm, Henry Kissinger, Geoge Kennan, Analdy Dorynin, Jean Duroselle y algunos ejemplos destacados de la Historiografía Oficial de la Unión Soviética.

¿Qué dice la historiografía?

En primer lugar debemos señalar que dentro del grupo de historiadores que consideran la Guerra Fría como parte de las consecuencias provocadas por la Segunda Guerra Mundial, son claramente identificables dos vertientes historiográficas, por una parte tenemos la occidental y por otra la soviética. La primera de éstas se caracterizó por ir experimentando una evolución progresiva hacia la objetividad interpretativa, mientras que la historiografía soviética mantuvo durante mucho tiempo su rigidez y ortodoxia.

Según señala Juan Pereira, esta rigidez se mantuvo incólume hasta la década de los setenta y los primeros ochenta, donde la relajación de la tensión y la mejora de las relaciones entre Moscú y Washington, permitieron una matización en la interpretación de las relaciones entre las dos superpotencias en el contexto de la Guerra Fría. No obstante, “solo con Gorvachov y su libro Perestroika se inició un amplio proceso de crítica interna que contribuyó, sin duda, a la crisis del primer Estado Socialista del mundo, cuya desaparición se certificó en la Navidad de 1991”.[3]

Para aproximarnos al punto de vista soviético se han contemplado las definiciones y propuestas planteadas en las siguientes obras: “Compendio de Historia de la URSS” (1966), “Gran Enciclopedia Soviética” (1970), “Historia de la Política Exterior de la URSS” (1971), y “En Confianza: El embajador de Moscú ante los seis presidentes norteamericanos de la guerra fría” (1998). De estas obras, sólo la última podría ser considerada como un análisis crítico que intenta buscar respuestas de una manera más objetiva, ya que al contrario de las anteriores, no se encuentra sometida a las demandas impuestas por el Estado Soviético, quien se encargaba de establecer las directrices de la historiografía, teniendo ésta que ajustarse estrictamente a la interpretación oficial.

Para conocer la interpretación occidental contamos con una gama de autores mucho más amplia. La característica que unifica a este grupo seleccionado es que todos ellos poseen una perspectiva general y completa del período en estudio ya que todas sus obras fueron publicadas en el transcurso de la última década del siglo XX. En efecto, la obra más antigua que analizaremos fue publicada en 1989, cuando aún la Unión Soviética se encontraba en pie, aunque ya padeciendo muchos de los síntomas que la condujeron al colapso. Ahora bien, la evolución experimentada por la historiografía occidental la conoceremos esencialmente a partir de Juan Pereira Castañeda a través de sus obras “Historia y Presente de la Guerra Fría” (1989) y “Orígenes de la Guerra Fría” (1997), en ambas obras se presentan a grandes rasgos la evolución experimentada por la historiografía referida a la Guerra Fría desde 1947 hasta el momento en que se edita cada libro. Autores tales como Rafael Aracil y Eric Hobsbawm, nos aportarán un análisis general acerca de los aspectos más relevantes de la Guerra Fría. Mientras que a través de Hery Kissinger y George Kennan podremos conocer las percepciones de dos protagonistas destacados de la Guerra Fría, los cuales, a través de sus obras intentan aproximarse de manera analítica al estudio del período en que por diversas circunstancias se vieron directamente implicados.

Interpretación Soviética

Desde el punto de vista soviético la Guerra Fría era vista a través del prisma de la lucha de clases trasplantada al nivel internacional, según ésta el capitalismo mundial y los países que lo representaban habrían comenzado un ataque en todos los frentes contra el mundo socialista[4]. Los análisis soviéticos son oficiales e insisten en la unilateralidad de las causas de la Guerra Fría, culpando al que ellos llaman “capitalismo imperialista norteamericano”. Como ya se ha señalado, la crítica interna sólo se evidenció con la llegada de Gorvachov al poder en la década del ochenta.

1. Gran Enciclopedia Soviética:

En la definición que entrega la Gran Enciclopedia Soviética se hace evidente la unilateralidad explicativa acerca de las causas que originaron el conflicto denominado Guerra Fría.

“La Guerra Fría constituye un rumbo político agresivo que tomaron los círculos reaccionarios de las potencias imperialistas, bajo la dirección de Estados Unidos e Inglaterra, a raíz de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945 (…) La Guerra Fría esta orientada a no permitir la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes sistemas sociales, a agudizar la tensión internacional y a crear las condiciones para el desencadenamiento de una nueva guerra mundial (…) En la práctica la política de Guerra Fría se ha hecho patente en la creación de bloques político-militares agresivos, en la carrera de armamentos, en el establecimiento de bases militares en el territorio de otros Estados, en la histeria de la guerra, en la intimidación de los pueblos amantes de la paz (…), en la desorganización de las relaciones económicas pacíficas, en los intentos de sustituir por la violencia y la dictadura las normas generalmente reconocidas de las relaciones diplomáticas entre los Estados”[5]

Según esta definición el conflicto lo originó Estados Unidos y está dirigido contra los países que no comparten su mismo sistema social, es decir, contra los países socialistas, los cuales propugnan la coexistencia pacífica. No obstante, esta última se ve directamente afectada por el constante clima de tensión internacional que genera un permanente peligro de desencadenar una tercera guerra Mundial.

2. Compendio de Historia de la URSS

Los objetivos y directrices interpretativas del libro quedan claramente especificados en los títulos de los capítulos dedicados al estudio de la Guerra Fría, entre ellos destacamos los siguientes:

1. Occidente da comienzo a la “guerra fría”
2. Lucha de la Unión Soviética por la Distensión
Primeros éxitos de la URSS en la lucha contra la guerra fría
La URSS y el Desarme

Según lo que se desprende de los capítulos dedicados a la Guerra Fría, ésta comenzó en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial y como punto de partida podría señalarse el “innecesario” lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón. Según la percepción soviética, el lanzamiento de las bombas estaba destinado, más bien, a intimidar a la Unión Soviética, que a derrotar al último bastión de las potencias del Eje.[6]

Desde esta perspectiva, la Guerra Fría fue fraguada y emprendida por Estados Unidos contra la Unión Soviética. Así, Mientras que la URSS se había mantenido en un esfuerzo permanente por mantener la paz, Estados Unidos siguió provocando situaciones de conflicto y tensión. A través del libro se hace evidente el deseo de mostrar a la Unión Soviética como valuarte de los países pacíficos, insistiendo en que la URSS se encargó durante todos los años de posguerra de velar por el mantenimiento de la paz. Se presenta a la URSS como un actor fundamental en la superación de las tensiones internacionales, y especialmente preocupada de proponer en la ONU las soluciones más plausibles en favor de la paz, pero todos sus esfuerzos se vieron siempre coartados por los representantes de Estados Unidos y los países occidentales que seguían sus directrices.

Ahora bien, el eje cronológico de la obra está condicionado por su fecha de publicación, año 1966. Por tanto, además de carecer de amplitud analítica al ceñirse estrictamente a la interpretación oficial sostenida por la Unión Soviética, esta obra sólo nos entrega el análisis de 20 años de la Historia de la Guerra Fría. No obstante, a partir de esta obra podemos conocer la perspectiva soviética acerca de algunos de los hitos más relevantes de la Guerra Fría. Por ejemplo, se puede conocer la versión soviética de las razones del quiebre definitivo de la alianza forjada durante la guerra, así como las causas que provocaron la Crisis de Berlín, la Guerra de Corea, la Crisis de los misiles y los inicios de la Guerra de Vietnam.

En cada uno de los casos mencionados las explicaciones son unilaterales y siempre los conflictos encuentran su causa primaria en agresiones provenientes del mundo occidental, especialmente desde Estados Unidos. Incluso la construcción del muro de Berlín y la Crisis de los misiles cubanos se explica sólo a partir de la agresividad directa o encubierta de los Estados Unidos contra el bloque de países socialistas.

3. Anatoly Dorbryn, el embajador de Moscú ante los 6 Presidentes norteamericanos durante la Guerra Fría.

Dorbryn llegó a Washington en 1962 y con sólo 42 años era el Embajador más joven de Moscú, permaneció como tal durante los mandatos de Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter y Reagan, llegando a ser el principal canal de comunicación entre la Casa Blanca y el Kremlin. En su libro “En Confianza”, aporta detalles de las circunstancias que rodean las grandes pugnas entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el periodo de la Guerra Fría. Dorbryn participó en la preparación de todos los encuentros de alto nivel entre los líderes de las dos naciones, desde el primero que tuvo lugar en 1955, hasta el último entre Gorvachov y Bus en 1990.

En esta obra se evidencia un interés analítico más amplio. Respecto de las causas de los acontecimientos estudiados, no apuesta por la unilateralidad, sino que se interesa por sopesar la mayor cantidad de elementos involucrados, con el fin de presentar una estructura explicativa más coherente y desapegada de los tradicionales parámetros impuestos por las interpretaciones oficiales que establecía la Unión Soviética. No obstante, cada hombre es hijo de su circunstancia, por tanto, es lógico que también intente exponer la explicación y en muchos casos justificación de los procederes del mundo al cual perteneció, la Unión Soviética, y también de sus propios actos en calidad de primer representante de ese mundo frente a su principal enemigo, Estados Unidos.

Bastante impactante nos parece su apreciación acerca de la Guerra Fría, al referirse a ésta como una “perversión temporal, fundamentada en la ideología y no en los intereses nacionales”.[7] Esto último lo afirma en su interés por destacar las posibilidades de entendimiento que tienen Rusia y Estados Unidos tras el fin de la Guerra Fría, ya que al no existir choque de intereses entre ambas, y al haberse apartado de la ideología comunista, el futuro presenta grandes posibilidades de un acercamiento y cooperación efectiva entre ambos países. En efecto, a lo largo del libro Anatoly Dorbryn, expresa una manifiesta crítica hacia la sobrecarga ideológica con la que fueron impregnadas las relaciones soviético-norteamericanas. Las actitudes dogmáticas e intransigentes contribuyeron a perpetuar el estado de tensión que caracterizó a toda la segunda mitad del siglo XX.

Los aportes de esta obra pueden ser comparados a los aportes extraído de los libros de Henry Kissinger y George Kennan, estos dos último en calidad de representantes del bloque occidental, liderado por Estados Unidos. Los puntos en común radican esencialmente en el hecho que estos tres autores al escribir sobre la Guerra Fría no sólo lo hacen respondiendo a su interés por un período relevante del siglo XX, sino que a su vez están intentando poner en perspectiva histórica su propio actuar dentro de ese período, ya que todos ellos se vieron involucrados en los acontecimientos que narran y explican. A pesar de que se pueda argüir que muchos de sus postulados carecen de la objetividad necesaria, es muy interesante para nosotros poder conocer el análisis realizado por los actores de los acontecimientos que se estudian.

Interpretación Occidental

Al contrario de la interpretación Soviética, la interpretación occidental experimentó una notable evolución a lo largo de los años en que se extiende la Guerra Fría. En los primeros años, los estudios dedicados a la Guerra Fría guardaban un gran apego a la ortodoxia, entregando explicaciones unilaterales, donde las causas principales radicaban, esencialmente, en la agresividad soviética y su afán expansionista sobre el resto del mundo. Desde esta perspectiva, Estados Unidos se consideraba legítimo defensor del mundo libre, al cual debía proteger, evitando de ese modo el avance de las fuerzas comunistas que amenazaban con extenderse por todo el orbe.

Un ejemplo de esta interpretación lo refleja la definición establecida en el Manual de Temas Militares de la República Federal Alemana en 1963: “La Guerra Fría es la forma procedente del agresivo comunismo mundial, de la confrontación político-espiritual y psicológico-propagandística con el mundo no-comunista. En la Guerra Fría, el comunismo mundial quiere, en primer lugar, dominar la conciencia de las masas. Por tanto, el mismo trata de que su influencia penetre en todos los ámbitos vitales de la sociedad en los Estados no-comunistas. La meta suprema de la guerra fría radica en el completo dominio, descubierto u oculto, del mundo no comunista. A tal efecto se utilizan preferentemente medios no-militares. No obstante, de vez en cuando también puede recurrirse a medios militares. Los éxitos comunistas en la Guerra Fría pueden conducir a situaciones revolucionarias”.[8]

Como se puede apreciar, según esta perspectiva, la Guerra Fría es un instrumento del comunismo mundial, que espera poder lograr la subversión de las masas en los países occidentales. Para obtener sus objetivos, el mundo comunista utilizaba preferentemente medios no militares, por ejemplo la propaganda. No obstante, la utilización de medios militares no se encuentra descartada. De este modo, el actuar de Estados Unidos se explica como parte de la legítima defensa ante el inminente peligro que significa para el mundo occidental los afanes agresivos y expansionistas del mundo comunista.

En Occidente la interpretación ortodoxa se fue matizando y orientando hacia estudios más objetivos que intentaban poner en perspectiva los diversos factores involucrados en las causas que originaron la denominada Guerra Fría.

Como ejemplo de esta evolución se puede mencionar el análisis propuesto por Jean Duroselle, en su libro “Europa de 1815 a Nuestros días” (1967). Si bien, en este libro el estudio de la Guerra Fría sólo ocupa uno de sus diez capítulos, en él se evidencia el claro interés por aproximarse a un estudio crítico y no ortodoxo del conflicto sostenido por las dos superpotencias. Para este autor, el conflicto entre dos ideologías político-sociales se transformó en el fenómeno más sobresaliente de la posguerra. Durante la guerra, las necesidades de permanecer unidos habían disfrazado las profundas heterogeneidades entre los principales componentes de la coalición, pero una vez que la conflagración terminó las divergencias se hicieron insalvables. Más aún, debido a que la guerra había contribuido a consolidar en la calidad de superpotencias militares tanto a Estados Unidos como a la Unión Soviética. Desde esta perspectiva, las condiciones para que se produjera la Tercera Guerra Mundial ya estaban generadas. Pero la conflagración no se llevó a cabo, debido esencialmente, a los que Duroselle denomina “equilibrio del terror”,[9] el cual se explica a partir del hecho que la tecnología militar utilizada por ambos bandos había sobrepasado por primera vez los límites de la destrucción total. Ante tales condiciones, dar comienzo a un conflicto directo, habría significado sentenciar a muerte a la propia población, cuestión a la que ninguno de los dos bandos en pugna llegó arriesgarse. Así había sido hasta 1967, año en que se edita por primera vez la obra citada de Duroselle, y así continuó siendo hasta el final de la Guerra Fría.
Otro de los autores que destacamos en la evolución de la historiografía occidental es Andre Fontaine, en su Obra “La Historia de la Guerra Fría” (1970). Si bien, la propuesta de este autor será analizada más detenidamente dentro del conjunto de autores que consideran el año 1917 como punto de partida de la Guerra Fría, acá se presenta brevemente su definición del concepto. Para Fontaine la Guerra Fría era un enfrentamiento entre soviéticos y norteamericanos, motivados por sus ambiciones e intereses contrapuestos, por el choque de dos ideologías de pretensión universal, encarnadas cada una de ellas en un estado con poder suficiente para hacer de él un candidato a la hegemonía. Solo el “equilibrio del terror” había permitido una especie de armisticio.[10] Como se puede apreciar, Fontaine elabora una definición equilibrada que contempla las responsabilidades de ambos actores, subraya también el factor crucial que hasta ese momento (1970), había impedido el enfrentamiento: el denominado “equilibrio del terror”.

A continuación se exponen las perspectivas de análisis presentadas por la historiografía occidental actual. Todos los autores que se analizan a continuación cuentan a su haber el poder contemplar su objeto de estudio, la Guerra Fría, como un proceso acabado, ya que todos escriben durante la última década del siglo XX e incluso en los primeros años del presente siglo.

En primer lugar nos referiremos a los estudios académicos que tienen un interés de síntesis analística, entre ellos figuran Juan Pereira, Julio Gil, Rafael Aracil, y Eric Hobsbawm. De todos ellos, sólo Hobsbawm no entrega una síntesis historiográfica acerca de la Guerra Fría, no obstante como el mismo lo señala en las páginas iniciales de su libro, “El siglo XX”, su interés no es realizar un estudio exhaustivo de documentación primaria, sino que es buscar respuestas que sirvan para explicar el “tan extraño desarrollo del siglo XX”. Además, él no se ha especializado en el estudio del siglo XX, su área es la historia del siglo XIX europeo. Por ello su propuesta viene a ser la reflexión de un hombre que vivió y padeció el siglo XX, del cual la Guerra Fría abarca aproximadamente 45 años.

Finalmente serán analizadas las propuestas interpretativas de Henry Kissinger y George Kennan, quienes además de dedicarse a la tarea de investigar e historiar el siglo XX, son partícipes directos de muchos de los hechos que relatan. Ambos tuvieron participación directa en los procesos constitutivos de la Guerra Fría.

¿Qué dice la historiografía occidental actual?

En primer lugar, recogemos la propuesta de Juan Pereira, que en su obra “Orígenes de la Guerra Fría”, señala las divergencias interpretativas entre la historiografía occidental y la soviética. No obstante, lo que destacamos de su obra es la definición del concepto, los ejes cronológicos y su intento por resumir y sintetizar a partir de las interpretaciones divergentes un concepto que contenga las principales características de la Guerra Fría.

Para este autor, la Guerra Fría dura casi 45 años, se extiende desde 1947 hasta 1989-1990. En ese período la Guerra Fría se transformó en factor central de las relaciones internacionales. Condicionó la política exterior de Estados Unidos y la URSS, y también de gran parte de las naciones del mundo, del norte y del sur, del Este y el Oeste. Este peculiar conflicto no sólo se desarrolló en Europa, sino que progresivamente se fue mundializando, convirtiéndose el tercer mundo en principal teatro de operaciones militares, no obstante, la Guerra Fría no sólo es el conflicto entre el Este y el Oeste; pues sus manifestaciones y consecuencias se pueden apreciar en campos tan variados como el de la sicología de la guerra, la creación de la red de Internet, la censura en el cine y los medios de comunicación.[11]

El año 1947 es considerado por J. Pereira como punto de partida de la Guerra Fría, ya que es ahí, donde según su apreciación se evidencia el quiebre definitivo de la alianza de guerra. Y esto viene a manifestarse concretamente a través de la Doctrina dada a conocer por el Presidente norteamericano Harry Truman, quien el 12 de marzo de 1947 se dirigió al Congreso de EEUU para anunciar un cambio importante en los objetivos y estrategias de la política exterior norteamericana. La idea central del discurso versaba, esencialmente, entorno a la responsabilidad que debían adoptar los Estados Unidos en defensa del mundo libre frente al asedio de los regímenes totalitarios. En términos concretos, se estaba pidiendo al Congreso la autorización de apoyar económicamente a Grecia y Turquía frente al avance comunista.

“Uno de los objetivos fundamentales de la política de EEUU es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción(…) debemos estar dispuestos a ayudar a los pueblos libres al mantenimiento de sus instituciones libres y su integridad nacional (…)”
“Si dejamos de ayudar a Grecia y a Turquía en esta hora decisiva las consecuencias, tanto para Occidente como Oriente serían de profundo alcance (…) Pido al Congreso la cantidad de 400 millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948”
H. Truman. 12 de febrero 1947

El discurso viene a significar un hito crucial en el cambio experimentado por las relaciones internacionales. Por una parte el compromiso que Estados Unidos está asumiendo en defensa de Grecia significa el reconocimiento de la inminente decadencia del último país europeo que podría haber jugado como contrapeso en el período de posguerra, este es Gran Bretaña. En este punto debemos recordar que en febrero de 1947, el Ministro de Asuntos Exteriores Británico, Ernest Bevin, hizo saber al Gobierno Norteamericano que Gran Bretaña no podía soportar más la carga que había asumido de ayudar financiera y militarmente a Grecia y a Turquía.[12] Por otra parte, en el discurso se esboza la política que va a caracterizar todo el período abarcado por la Guerra Fría, nos referimos a la Contención.

Volviendo al análisis presentado por Juan Pereira, éste considera que la Guerra Fría tuvo por elementos constitutivos las siguientes características:

Fue un enfrentamiento directo y no bélico, primero entre Estados Unidos y Unión Soviética, después por los dos bloques liderados por éstos Estados.
Un enfrentamiento que se inició en 1947 entre los Dos Estados con mayor poder e influencia en el mundo que adquirieron un nuevo status en la política internacional: El de superpotencia. Posición adquirida tanto por sus intereses mundiales y recursos disponibles, como por los medios políticos, ideológicos y militares que tenían para alcanzar sus objetivos.
Este nuevo equilibrio de poder dio lugar a un sistema internacional bipolar y flexible, en el que junto a las dos potencias y los bloques que estaban bajo su influencia, se encontraron actores no alineados y un actor universal la ONU, que trató de jugar un papel atenuador de la tensión internacional.
En este sistema bipolar ambas potencias trataron de distinguir entre aliados u enemigos, delimitaron sus zonas de influencia y trataron de ampliarlas a costa del bloque contrario, intentando evitar cualquier desviacionismo político o ideológico en sus respectivas zonas. No hubo posibilidad de que un Estado se declarase neutral sin el consentimiento de las dos superpotencias.
Ocupada, controlada y delimitada una zona de influencia su respeto por la otra superpotencia fue una regla básica. Cuando esta regla se incumplió y muy especialmente cuando este incumplimiento afectó a territorios incluidos en el perímetro de seguridad establecidos por las dos superpotencias, el peligro de enfrentamiento directo surgió y la tensión se agravó provocando los momentos de mayor inestabilidad.
El enfrentamiento entre los bloques se fue mundializando paulatinamente a partir de los primeros choques en Europa. De forma progresiva el antagonismo ideológico y dialéctico se amplió y en él se integraron factores políticos, psicológicos, sociales, militares y económicos, convirtiéndose de este modo en un enfrentamiento global.
La tensión impulsó la elaboración de una política de riesgos calculados, con la disuasión nuclear como eje básico, que adoptó una estrategia diplomática militar cuyas bases fueron: la contención del enemigo y de su expansión; La disuasión de cualquier acto hostil ante la amenaza de recurrir al enfrentamiento bélico y provocar cuantiosos daños; la persuasión con factores ideológicos y psicológicos; la subversión para eliminar autoridades políticas o militares que no aceptaron los valores o las reglas del bloque en el que estaban integradas; el espionaje ante la necesidad de conocer rápida y verazmente las actividades y decisiones del enemigo.

El segundo autor que consideramos en este análisis es Julio Gil, quien se pregunta por el origen del término Guerra Fría, del cual sostiene “es de origen norteamericano. Lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su uso en un discurso del senador Barnard Baruch. Lo recogió otro periodista Walter Lipman que lo popularizó en una recopilación de sus artículos titulada La Guerra Fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos. A finales de los años cuarenta la expresión había ganado carta de naturaleza y se utilizaba para designar al complejo sistema de relaciones internacionales de la posguerra, la pugna entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial y la aparición de un abismo de hostilidad y temor entre los dos grandes bloques geopolíticos”.[13] Como se puede apreciar, inmediatamente explica que el término Guerra Fría se utilizó para caracterizar al nuevo tipo de relaciones internacionales que sobrevendría entre las dos grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. En este nuevo período, la característica estaría dada por la tensión generada a partir de la competencia que ambas superpotencias emprendieron con el fin de asegurar su hegemonía mundial.

Un aspecto que destaca Julio Gil, es el rol de dos políticos en la teorización de los parámetros que caracterizaron a este nuevo período. Se refiere a George Kennan y Andrei Jdanov, el primero de éstos es un norteamericano dedicado al estudio de la Unión Soviética, que se encuentra en Moscú en 1946 como primer representante en la embajada Norteamericana. Este es el año en que Kennan escribe un telegrama a sus superiores norteamericanos, explicando las motivaciones profundas del comportamiento soviético;[14] el segundo personaje, Andrei Jdanov, es un soviético, miembro del Politburó desde 1938, fue uno de los principales promotores de la creación de la Kominform. En 1947, con motivo de la Conferencia Fundacional de la Cominform (Oficina Internacional de Infamación), expresa su percepción acerca de la inminente e inevitable división del mundo en dos bloques.

En ambos casos, lo que manifiestan los autores es su análisis respecto de la inevitable división del mundo en dos bloques. Cada uno de ellos veía en el otro a un agresor. Según la propuesta de Kennan al gobierno norteamericano le correspondía contener con paciencia, firmeza y vigilancia las tendencias a la expansión de la URSS. Para Jdanov, el rol que debía jugar la URSS era luchar contra el peligro de otra guerra imperialista, recordemos que desde el punto de vista del análisis soviético las guerras son intrínsecas del capitalismo imperialista; debía esforzarse también por afianzar la democracia,[15] y exterminar los restos del fascismo.

De este modo, los análisis de Kennan y Jdanov contribuyeron a enmarcar el nuevo estilo de las relaciones internacionales, que se caracterizó por el predominio de “Una guerra jamás declarada, cuyos argumentos más contundentes no se esgrimían en el campo de batalla, sino en los foros internacionales, en los despachos de los estrategas, en las páginas de los periódicos y en los laboratorios de los científicos nucleares.”[16]

Un último punto que nos parece interesante destacar del análisis de Julio Gil es la caracterización de la vida internacional durante el período de la Guerra Fría[17]:

1. La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países agrupados entorno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión Soviética.
2. La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la Segunda Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra.
3. Una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil, pero evitando provocar un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes (Corea, Berlín, Cuba, et.) , Donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuesto a volver a las negociaciones cuando los riesgos fueran excesivos para ambos.
4. El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios.

El tercer autor considerado en este análisis es Rafael Aracil, que en su libro “El Mundo actual. Desde la Segunda Guerra Mundial a nuestros Días”, presenta su perspectiva de análisis acerca de la Guerra Fría. Esta guerra habría sido provocada por el estado de paranoia y persecución de cada uno de los bandos más que por amenazas y peligros reales. “La Guerra Fría encontró su origen, menos en la agresividad efectiva de los adversarios, que dieron pruebas en realidad de una gran prudencia, que en la escalada de sus desconfianzas recíprocas”.[18] Cada actor vio en el actuar de su oponente una provocación directa para iniciar el enfrentamiento. Desde esta perspectiva, Aracil destaca un fuerte componente psicológico en las motivaciones que provocaron el comienzo de la Guerra Fría. Desde este punto de vista se explican las divergencias interpretativas de cada uno de los bloques al comenzar la Guerra Fría, ya que cada uno veía en el otro a un agresor, dispuesto a recurrir a todo tipo de estrategias y armas para ampliar su esfera de influencia e ir derrotando así, progresivamente a su rival.

Respecto de la definición del concepto “Guerra Fría”, Rafael Aracil considera que “Aplicado a las Relaciones internacionales el término “guerra fría” caracterizará las relaciones entre el Este y el Oeste. Las relaciones conflictivas entre los dos grandes actores del juego internacional, Estados Unidos y la Unión Soviética, los cuales tendrán por objetivo asegurar su dominio o su seguridad con el empleo de todos los medios que tengan a su disposición –intimidación, propaganda, conquista del campo ideológico y cultural, subversión, guerras locales en la periferia por clientes interpuestos, etc.-, con la excepción de un enfrentamiento directo.”[19]

Rafael Aracil coincide con la cronología propuesta por Juan Pereira, es decir, también es el año 1947 el punto de partida de la Guerra Fría. Aunque respecto de esto último, afirma que también es correcto considerar como inicio de la Guerra Fría el año 1945, ya que inmediatamente terminada la Segunda Guerra Mundial, comienzan a manifestarse, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las mutuas desconfianzas que culminaron con el quiebre definitivo en 1947. La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una aceptó tácitamente la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que barca la Guerra Fría, desde 1947 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida, como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.
Finalmente hemos contemplado el análisis propuesto por Eric Hobsbawm, para quien la Guerra Fría es el telón de fondo sobre el cual se estructura el devenir histórico de los últimos 45 años del que ha denominado “Corto siglo XX”, que abarca desde 1914 hasta 1991, es decir, entre el inicio de la Primera Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética. Según Hobsbawm “(la segunda mitad de siglo XX) en su conjunto siguió un patrón único marcado por la peculiar situación internacional que lo dominó hasta la caída de la URSS: el enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial, la denominada Guerra Fría”.[20]

La Segunda Guerra Mundial se encargó de dejar frente a frente a dos superpotencias militares. La URSS había salido del conflicto ocupando amplias extensiones de Europa, y rebosante de un enorme prestigio mundial, ya que según Hobsbawm a ella pertenecía, esencialmente, el mérito del triunfo ante las potencias del Eje. No obstante, en términos concretos la URSS no representaba ninguna amenaza inmediata para quienes se encontrasen fuera del ámbito de ocupación de las fuerzas del ejército rojo. Después de la guerra, se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, con una economía civil hecha trizas y un gobierno que desconfiaba de una población gran parte de la cual, fuera de Rusia, había mostrado una clara y compresible falta de adhesión al régimen.[21] Pero esto último no lo tuvieron presente los políticos de Estados Unidos, que creyeron ver en la URSS una potencia expansiva y agresiva, frente a la cual era necesario actuar.

En términos concretos, para Hobsbawm el período en que se entiende la denominada Guerra Fría no hubo ningún peligro inminente de guerra mundial. Pues a pesar de la retórica apocalíptica utilizada por ambos bandos, los gobiernos de ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas establecido al final de la Segunda Guerra Mundial.[22] Desde esta perspectiva el rol que correspondió a las armas nucleares fue el haber mantenido y congelado esta situación hasta fines de la década de 1980, cuando amabas partes aceptaron que la otra sinceramente deseaba acabar con la carrera de armamentos.[23] Esto aconteció concretamente entre los años 1986 y 1987, fecha en que se llevan a cabo las cumbres de Reykjavik y Washington. No obstante, el fin de esta peculiar guerra sólo se hizo inminente para todos con el hundimiento del Imperio Soviético en 1989 y la posterior disolución de la URSS en 1991.

Ahora bien, la particularidad que destacamos de este autor es su percepción acerca de las causas que motivaron el surgimiento de la Guerra Fría. Si bien, Hobsbawm reconoce que es tentador para todo historiador quedarse siempre con el término medio, buscando un justo equilibrio cuando se trata de hallar a los culpables o responsables de ciertos acontecimientos históricos, finalmente, termina equilibrando la balanza hacia la responsabilidad que tuvieron muchos políticos norteamericanos. Estos últimos habrían llegado a la conclusión de que la construcción de la imagen de un enemigo exterior era una herramienta política perfecta, que servía a sus intereses. Así, “El anticomunismo apocalíptico se volvió útil y tentador. Un enemigo exterior que amenazase a Estados Unidos le resultaba práctico a los gobiernos norteamericanos, que habían llegado a la acertada conclusión de que los Estados Unidos eran ahora una potencia mundial. Como fantasma y como uno de los mayores obstáculos internos se encontraba el aislacionismo. Si los mismísimos Estados Unidos no estaban a salvo, entonces no podían renunciar a las responsabilidades y recompensas del liderazgo mundial, igual que hicieron al término de la primera gran guerra”.[24] Desde este punto de vista, era necesario crear una imagen del enemigo exterior, ya que de ese modo podía justificarse el giro que estaban experimentando las Relaciones Internacionales de Estados Unidos. Ya no se quedaría acorralado o protegido tras los dos océanos, sino que ahora tomaría participación directa en los diversos conflictos suscitados alrededor del mundo: Europa, Asia, América Latina y Asia.

A continuación se analizarán las interpretaciones de dos autores que, además de dedicarse a la tarea de investigar e historiar el siglo XX, son partícipes directos de muchos de los hechos que relatan. Nos referimos a George Kennan (Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995) y Henry Kissinger (La Diplomacia, 1998). Ambos autores tuvieron participación directa en los procesos constitutivos de la Guerra Fría. Kennan es conocido, esencialmente, por su “Telegrama Largo”, enviado desde Moscú el año 1946. En el telegrama intenta explicar al gobierno norteamericano las motivaciones profundas que guiaban el actuar de los soviéticos y las razones por las que se estaba produciendo el quiebre de la alianza. El telegrama de George Kennan es recurrentemente citado por la bibliografía especializada en la Guerra Fría, ya que es considerado el promotor de la política que posteriormente H. Truman estableció como línea directriz del comportamiento norteamericano frente a los soviéticos, nos referimos a la “Contención”. Henri Kissinger es uno de los diplomáticos más famosos del siglo XX, fue secretario de Estado norteamericano entre los años 1973 y 1977, uno de los períodos más difíciles para Norteamérica, pues tuvo que retirarse de Vietnam sin haber logrado sus objetivos.

George Kennan estuvo involucrado en el episodio del acercamiento diplomático entre Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1933 – 1934. Debemos recordar que Estados Unidos no había reconocido al gobierno bolchevique instaurado en Rusia el año 1917. Las razones fundamentales de ello habían sido las profundas discrepancias entre este nuevo gobierno y el gobierno de Estados Unidos, esencialmente, si consideramos los postulados del Presidente norteamericano W. Wilson, acerca de las características que debía poseer el nuevo orden mundial que debía surgir tras la guerra. Este nuevo orden debía caracterizarse por la cooperación internacional, la seguridad colectiva, los mercados abiertos y la autodeterminación de los pueblos.

Ahora bien, en noviembre de 1934, año en que se establecen las relaciones diplomáticas entre EEUU y la URSS, George Kennan es elegido para acompañar como interprete y secretario diplomático al primer embajador norteamericano ante la Unión Soviética, William Bulitt, en su viaje a Moscú. No obstante, debemos tener presente que antes de que tan crucial acontecimiento se produjera, Kennan se dedicaba al estudio de la Unión Soviética, analizaba exhaustivamente la prensa soviética. Haciendo el esfuerzo en escribir sus recuerdos en tiempo presente, Kennan nos revela su impresión frente a las publicaciones soviéticas: “Me consterna la propaganda que satura cada página de esta literatura soviética oficial, el uso descarado de obvias falsedades, la hipocresía y, sobre todo, la salvaje intolerancia mostrada hacia todo lo que no sea soviético…”[25]

Lo anterior sirva para formarnos una idea más precisa acerca de quien es realmente George Kennan, pues sólo de ese modo podemos comprender el significado que tuvo el ya mencionado “Telegrama Largo” sobre los círculos gobernantes de Estados Unidos. Kennan era un conocedor del sistema soviético y hablaba a la perfección el idioma ruso. En el transcurso de tiempo que va entre el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS y el fin de la Segunda Guerra Mundial, Kennan trabajó para el servicio exterior norteamericano en varios países, no obstante en los últimos meses de la guerra encontrábase nuevamente en Moscú, estaba a cargo de la embajada, aunque no como embajador. Así, su conocimiento respecto de aquel mundo se iba acrecentando, se sentía conocedor del espíritu soviético y podía prever las dificultades que sobrevendrían una vez que finalizara la guerra.

En estas circunstancias, en el invierno de 1946 recibe un telegrama del Departamento de Estado Norteamericano en el que se le informa que los Rusos se están negando a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. “El telegrama del departamento refleja cierto desconcierto acerca de las razones de esta actitud. ¿Por qué –se me pregunta- habrían los rusos de negarse a participar? ¿Cómo lo explicaría yo?”.[26]

La reflexión de Kennan es la siguiente, y para explicar claramente a los norteamericanos tales ideas escribió el mencionado “Telegrama Largo”, llamado así porque consta de al menos 8.000 palabras.

Las siguientes son las reflexiones de Kennan respecto de lo que él intentó transmitir al gobierno norteamericano. Buscó la forma más clara y precisa para hacer entender a sus congéneres que la URSS seguía siendo la misma de siempre, su divergencia y animosidad hacia los países capitalistas seguían intactos, y más aún, habían sido fortalecidos, ya que la Guerra les había transformado en uno de los gloriosos países triunfantes.

En efecto, nuevamente escribiendo sus recuerdos como si estuvieran escritos en tiempo presente nos dice: “Me llena de impaciencia y disgusto esta ingenuidad. Durante dos años he estado tratando de persuadir a la gente de Washington de que el régimen de Stalin es el mismo que conocimos antes de la guerra, el mismo que realizó las purgas, el mismo que concluyó el pacto de no-agresión con los nazis; De que sus líderes no son nuestros amigos. He tratando de persuadir a Washington de que los sueños de una feliz colaboración con este régimen en la posguerra son enteramente irreales; de que nuestro problema es más profundo que eso; de que Stalin y sus socios están ahora fascinados con sus recientes éxitos militares y políticos y creen ver perspectivas favorables para la extensión de su influencia política por toda Europa, mediante tácticas de infiltración y subversión. Sostengo que mientras no dejen de lado estas esperazas de color rosa será inútil suponer que participarán en planes idealistas para la colaboración mundial bajo nuestro liderazgo, sobre todo en áreas tales como las de economía y finanzas, donde sus compromisos ideológicos son enteramente diferentes de los nuestros”.[27]

El objetivo de Kennan al escribir el telegrama era explicar la imposibilidad de poder transar o llegar a acuerdos de estilo tradicional con la potencia soviética, esencialmente, porque ésta no compartía ni los parámetros ni los valores occidentales. En efecto, la ideología comunista impregnaba el actuar soviético y ello era la base de sus decisiones respecto de temas tales como su negativa a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Para ellos este tipo de instituciones, no podía ser otra cosa que instrumentos del mundo capitalista.

Como ya mencionamos anteriormente cuando analizamos la propuesta de Julio Gil, George Kennan es considerado como uno de los primeros en teorizar acerca de las complejidades intrínsecas del orden internacional que surgió tras la Segunda Guerra Mundial. Ese orden se caracterizó por la rivalidad entre dos sistemas absolutamente opuestos, el capitalismo occidental y el socialismo soviético. En definitiva, para George Kennan las características de este nuevo período que comienza tras la Segunda Guerra Mundial, estuvieron fuertemente impregnadas por la Guerra Fría, que viene a ser la consecuencia más duradera de la Segunda Gran Guerra. La Guerra Fría dominó gran parte de la vida internacional por el resto del siglo y puso en escena un gran arsenal de armas nucleares. Entre las características de esta peculiar guerra es que dividió políticamente al continente europeo por cuarenta años, produjo pocos sacrificios humanos, pero estuvo latente el temor a una tercera guerra. Temores innecesarios de ambas partes porque ninguna deseaba la guerra. [28]

Pero los temores existían y dieron origen a la espelúznate carrera de armamentos nucleares, que nunca llegaron a utilizarse, pues de haberlo hecho, habría significado sentenciar a muerte a gran parte de la humanidad. ¿Qué Guerra podría haber justificado asumir tales costos?. Esta es la pregunta tácita que se plantean todos los autores que analizan la Guerra Fría. Al parecer los gobernantes de las dos superpotencias siempre llegaron a la conclusión de que era mejor dar un paso atrás antes de arriesgarse a una guerra nuclear, ya que “las armas nucleares generaron confusión estratégica, pues comenzar la guerra era suicidarse. El resultado de esta confusión fue la acumulación de armas nucleares que ahora no saben como eliminar”.[29] Por tanto, desde la perspectiva de Kennan, la gran herencia que dejó la Guerra Fría a las futuras generaciones es el problema nuclear.

Pondremos fin a este análisis historiográfico, refiriéndonos a las propuestas presentadas por Henry Kissinger en su libro “La Diplomacia” (1998). Para este autor la Guerra Fría es una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, ya que tras la derrota de la Alemania Nazi, en Europa se genera un evidente vacío de poder, que vino a ser ocupado por las dos principales potencias vencedoras, Estados Unidos y Unión Soviética. Este nuevo orden internacional que surgió tras la guerra estuvo marcado por las desavenencias y dificultades entre los vencedores, los cuales no lograron hacer fructíferos los sueños expresados por Roosevelt acerca de un mundo gobernado armónicamente por las grandes potencias.

Así, El mundo armonioso postulado por el pensamiento norteamericano se fue transformando progresivamente en dos bandos armados, cada uno motivado por el temor ante el avance inminente del enemigo. Ahora bien, lo que nos ha parecido interesante destacar de este autor es su análisis acerca de las motivaciones profundas que guían el actuar de los Estados Unidos en el ámbito de las Relaciones internacionales. Comprendiendo estas motivaciones, se puede comprender, según Kissinger, el comportamiento de los Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Según esta perspectiva, el comportamiento norteamericano durante la Guerra Fría se explica, esencialmente, por el fuerte componente idealista con que Estados Unidos impregna las Relaciones Internacionales. En términos generales fue el idealismo inspirado en los planteamientos de W. Wilson,[30] el que en mayor o menor medida estuvo siempre presente en las declaraciones y acciones de los gobernantes norteamericanos. Incluso Richard Nixon, el presidente que más se acercó al realismo político al poner énfasis en los intereses estratégicos, apeló al idealismo, ya que como norteamericano era capaz de comprender el sentir de su nación. Como afirma Kissinger, Estados Unidos ha sido educado en la fe del bien y el mal.[31] Esto último explica el hecho que el actuar norteamericano se defina a sí mismo, a partir de parámetros morales, donde los fines últimos siempre son expuestos a partir de concepciones valóricas.

Ejemplos concretos de ese idealismo lo encontramos en el esfuerzo de los portavoces del gobierno de Truman para demostrar que la OTAN no era una alianza tradicional, ya que Estados Unidos estaba defendiendo principios y no territorios. Con ello según indica Kissinger, el viejo concepto del equilibrio europeo, renacía con nuevos ropajes idealistas, para que pudiera calzar con el sentir norteamericano.[32] Otro ejemplo significativo es la participación de Estados Unidos en las diversas guerras del Siglo XX. El fin último que habría justificado su participación eran “obligaciones morales de oponerse a la agresión y la injusticia”[33] y no el cálculo de intereses estratégicos, que es lo normalmente sopesado por la mayoría de los países antes de emprender algún conflicto bélico. Por ese idealismo y ese desapego a cálculos estratégicos durante la Guerra Fría, Estados Unidos intervino en guerras donde el valor concreto de las zonas defendidas era mínimo, tal es el caso de la guerra de Corea.

Respecto de la Guerra de Corea, Kissinger considera que se produjo esencialmente porque los comunistas no comprendieron el verdadero valor de los principios morales que guiaban el proceder norteamericano. Ello debido a que, si bien, era efectivo que Corea había sido expresamente declarada, por el gobierno norteamericano, fuera de su zona de defensa, también era cierto que Estados Unidos se encontraba ya comprometido con la causa de la “Contención”, que implicaba oponerse a la agresión comunista allí donde ésta se produjese.[34]

Vietnam es otro de los hitos de la política de Contención norteamericana. En Vietnam, en términos efectivos tampoco se sopesaron los valores estratégicos, aunque en un primer momento se intentó justificar la participación norteamericana a partir de dichos cálculos. En este lugar el discurso y el argumento en que se justificó la participación directa en el conflicto, sufrieron un vuelco respecto de los tradicionales argumentos idealistas, esgrimidos por los gobiernos norteamericanos. En efecto, debemos recordar que en el transcurso del siglo XX, y sobre todo después de W. Wilson, las Relaciones Internacionales Norteamericanas se han caracterizado por estar impregnadas de un discurso idealista, donde lo fundamental es defender valores y principios tales como la democracia, la autodeterminación y la seguridad colectiva. Pero al lanzarse a defender Vietnam, no podía justificar su actitud en dichos valores, ya que difícilmente podrían haberse encontrado en Vietnam los valores anteriormente mencionados. En un principio se justificó la participación en la geopolítica, argumentando que la seguridad de Vietnam estaba ligada a la propia seguridad norteamericana, por tanto, no se podía permitir la caída de Vietnam en manos comunistas, ya que ello pondría en peligro a toda Asia y al propio Estados Unidos. Todo lo anterior fue explicado a partir de a “Teoría del Dominó”,[35] pero según Kissinger, tal justificación iba muy en contra de los valores intrínsecos del pueblo norteamericano, por eso se convirtió también en tarea de los gobiernos estadounidenses crear en Vietnam valores democráticos, donde poder sustentar y justificar la defensa que se estaba realizando en aquellos territorios

Pero fue en Vietnam donde Estados Unidos vivió su peor derrota. No logró sus objetivos y tras 20 años de participación en la lucha por mantener a Vietnam fuera de las órbitas comunistas, tuvo que retirarse sin conseguir los resultados esperados. En 1975 el comunismo se hizo definitivamente con toda Indochina, es decir, Vietnam, Laos y Camboya.

Nuestro interés ha sido destacar las particularidades de la propuesta de Kissinger. Y éstas, como pudimos constatar, radicaban esencialmente en la explicación que este autor entrega acerca de las razones que explican el comportamiento norteamericano. Para Kissinger, este resultado fue consecuencia de no haber puesto en la balanza lo estratégicamente significativo y lo periférico,[36] lo cual habría conducido, finalmente, a Estados Unidos a entramparse en misiones improductivas, que sólo contribuyeron a desgastarle y resquebrajar su cohesión interna.

Un último aspecto que destacamos del análisis de Henry Kissinger es su percepción acerca del triunfo de la Teoría de la Contención. Para Kissinger el final de la Guerra Fría vino a ratificar la efectividad de la “Teoría de la Contención”, la cual pese a todos sus problemas, finalmente manifestó sus frutos. Ello significó que sin necesidad de emprender una tercera guerra mundial, que por lo demás habría garantizado una hecatombe mundial, la Guerra Fría tocó su fin. El gigante imperio soviético se desgajó a fines de la década de los ochenta, sin haber perdido ninguna guerra. Pero el fin de la Guerra Fría “no fue obra de un solo gobierno, fue el resultado de la confluencia de 40 años de esfuerzo bipartidista de los Estados Unidos y de 70 años de osificación comunista”.[37] Con esta última afirmación, se sostiene que el fin de la Unión Soviética no responde sólo a la política aplicada por el Gobierno de Ronald Reagan, en quienes muchos han visto al artífice del colapso soviético, sino que responde al trabajo realizado por los ocho gobiernos norteamericanos durante la Guerra Fría, conjugado además con los problemas intrínsecos del sistema económico soviético.

2. La Guerra Fría definida como el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que tiene como punto de partida la Revolución bolchevique de 1917

Aspectos principales de esta definición

Según esta perspectiva, la Guerra Fría es el conflicto entre dos sociedades radicalmente opuestas, Estados Unidos y la Unión Soviética, cuyas características económicas, políticas y sociales son incompatibles, además, se suma a ello el hecho que ambas sociedades se consideraban a sí mismas como modelos para el resto del mundo.

Para los autores que sostienen estos planteamientos, la Guerra Fría no se podría haber evitado, ya que los elementos constitutivos de ambas sociedades hacían prever un futuro enfrentamiento. Posteriormente se explicarán las particularidades de cada uno de los autores seleccionados, no obstante, cabe señalar que el principal punto en común de esta tendencia historiográfica es que considera el año 1917 como punto de partida de la Guerra Fría. Efectivamente, el año en que la revolución bolchevique triunfa en Rusia se considera como hito fundamental en la configuración del estado de tensión permanente que caracterizó a la Guerra Fría.

En 1917 llegó al poder en Rusia, no sólo un nuevo modelo político, que destronó a la monarquía zarista, sino que se estableció un nuevo modelo económico y social, que aspiraba a poner en práctica los planteamientos propuestos por Marx, adaptándolos a la realidad Rusa. Además, estos nuevos planteamientos no sólo se establecen como solución a los problemas concretos del imperio ruso, sino que aspiran a convertirse en el modelo a seguir de todas las sociedades del mundo. Lo que se propone es desplazar al modelo de sociedad imperante, cuyas características esenciales, son desde el punto de vista económico, su organización capitalista, liberal en su estructura jurídica-constitucional y burguesa por su clase hegemónica característica.[38]

El conflicto se evidenció desde el primer momento. Los revolucionarios bolcheviques aspiraban a convertirse en faros para el resto del mundo, aunque en vano esperaron que los proletarios de las diversas partes del planeta se levantaran en contra de sus gobiernos burgueses, pero en los gobernantes del mundo occidental surgió el temor de que algo como lo sucedido en el imperio ruso pudiera acontecer en sus propios países. En esas circunstancias se va configurando la rivalidad y la pugna entre estos dos mundos, las distancias se fueron acrecentando, y más aún cuando los países occidentales se deciden a actuar e intervenir directamente en los acontecimientos de Rusia, apoyando a las fuerzas antirrevolucionarias. Inglaterra y Francia se decidieron a actuar directamente, mientras que Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos, lo hizo de manera encubierta. Como señala Ronald Powaski, si bien, la intervención de los países occidentales no logró evitar el establecimiento del gobierno revolucionario en Rusia, sí provocó el acrecentamiento de los temores en los bolcheviques, ya que “sembró en la mente de los líderes soviéticos el temor eterno a un cerco capitalista y la creencia de que la guerra entre el comunismo y el capitalismo era inevitable”.[39]

De este modo, la Guerra Fría se transformó en uno de los conflictos más largos de la historia, que abarca alrededor de setenta años, es decir, se extiende durante todo el período de existencia de la Unión Soviética. Se origina en 1917, pero aguarda en una fase de expectación hasta 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial dejó en medio de Europa y frente a frente a los dos grandes vencedores, Estados Unidos y la Unión Soviética. Mas adelante se detallarán las condiciones económica políticas y miliares de ambas entidades tras la Segunda Guerra Mundial, pero cabe señalar aquí, que a pesar del enorme deterioro sufrido por la URSS durante la guerra, su prestigio y poder efectivo eran enormes, y su dominio se extendía hasta el centro de Europa, hasta donde su ejército avanzó en la arremetida contra las tropas Nazis. Estados Unidos se encontraba en mejores condiciones que la URSS debido a que ni su territorio, ni su población, ni su economía habían sufrido menoscabo durante la guerra, y también se encontraba allí, justo en mitad de Europa.

Para los autores que sostienen esta perspectiva historiográfica, la Segunda Guerra Mundial, y más específicamente los años que van desde 1941 a 1945 son sólo un interludio de la Guerra Fría, ya que se olvidan momentáneamente las enormes diferencias entre ambos sistemas y pasan a formar parte de un solo bloque: “Los Aliados”. Pero cuando las razones del acercamiento entre dos entidades sólo radican en la necesidad de vencer a un enemigo común, los lazos se diluyen apenas es alcanzado el objetivo. Y exactamente eso es lo que sucedió tras la Segunda Guerra Mundial. Las diferencias y rivalidades se reavivaron una vez que ya era evidente la derrota de las potencias del Eje, y se hicieron insalvables llegada la hora de organizar el futuro de los territorios ocupados. No fue posible llegar a un acuerdo y finalmente tanto Estados Unidos como la Unión Soviética terminaron transformando sus zonas de ocupación en bloques donde sus modelos económicos y políticos fueron implementados. De ahí en adelante la Guerra Fría conoció 45 años más de historia, hasta la caída del bloque socialista entre los años 1989 y 1991. Los acontecimientos e hitos más relevantes de dicho periodo serán abordados en el segundo capítulo.

¿Qué dice la historiografía?

Entre los autores que adhieren a esta perspectiva historiográfica se analizarán las definiciones propuestas por Andre Fontaine en “Historia de la Guerra Fría” (1970), Joaquín Fermandois en “La Guerra Fría” (1975) – “Chile, ¿Peón o actor de la Guerra Fría?” (1998) y Ronald Powaski “La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991” (2000).

Como se puede apreciar a partir de las fechas de publicación, dos de las obras seleccionadas para este análisis pertenecen a la década de los ´70, por tanto, se puede afirmar que corresponden a un análisis de la Guerra Fría realizado desde su interior. De ambas obras sólo rescataremos la definición que nos entregan, mientras que la obra de Ronald Powaski (2000), será analizada con mayor detención, pues este autor cuenta a su haber con la posibilidad de visualizar el período estudiado en su totalidad, pudiendo apreciar la Guerra Fría con una mayor perspectiva histórica.

Andre Fontaine define la Guerra Fría como un enfrentamiento entre soviéticos y norteamericanos, motivado por sus ambiciones e intereses contrapuestos, por el choque entre dos ideologías de pretensión universal, encarnadas cada una de ellas en un estado con poder suficiente para hacer de él un candidato a la hegemonía. No obstante, la certeza de que una guerra donde fueran utilizadas todas las poderosas armas con las que se contaba provocaría un cataclismo planetario, impidió que la guerra directa se produjera. En definitiva, la Guerra Fría se transformó en la mayor guerra de todos los tiempos. “Aunque si bien no es la que ha costado más vidas, es la primera en la que se ha puesto en juego el dominio del mundo entero e incluso del espacio circundante, la primera que ha enfrentado, por encima de interese y pasiones a dos recetas de una bondad automática y universal.”[40]

Un aspecto interesante de señalar respecto de Andre Fontaine es el reconocimiento de que su estudio acerca de la Guerra Fría, en un primer momento tenía como punto de partida el año 1946, cuestión que significaba unirse a la opinión general que hacía coincidir el inicio de la Guerra Fría con la ruptura de la Gran Alianza. No obstante, una vez comenzada su investigación reconoce que “era imposible comprender las crisis que se han venido sucediendo en el curso de los veinte últimos años sin remontarse a sus fases iniciales”[41], es decir, hasta el año 1917.

Por otra parte tenemos a Joaquín Fermandois,[42] para quien la Guerra Fría es el enfrentamiento entre dos tipos de sociedades, tradicional una y revolucionaria la otra, donde la lucha gira entorno a intereses ideológicos y consideraciones de poder. Esta pugna comienza en 1917, año en que triunfa en Rusia el movimiento revolucionario bolchevique, el cual presenta sus pretensiones de dominio y expansión mundial, a través de la revolución. En efecto, “cuando surgen las potencias revolucionarias se genera la lucha por la futura configuración del mundo entre potencias revolucionarias y potencias tradicionales”.[43]

Desde esta perspectiva, se destaca que la Guerra Fría constituye una mezcla de elementos tradicionales y revolucionarios. Ello debido, esencialmente, a que si bien el tipo de gobierno y sociedad que se instaura en Rusia a partir de 1917, es revolucionario y cualitativamente nuevo, éste parte desde un espacio geopolítico determinado, el antiguo imperio ruso, del cual hereda una serie de tensiones y motivos tradicionales, propios de una sociedad nacional clásica, pero que ahora pasan a formar parte de otro contexto, caracterizado por el ímpetu revolucionario.

Así, la política exterior occidental, al poner énfasis en los elementos tradicionales, puede verse tentada a pensar que es posible llegar a acuerdos del tipo tradicional con la URSS. Lo cual desde el punto de vista de Fermandois era imposible, ya que los elementos revolucionarios trastocan todo los visos tradicionales que hubiera podido conservar el antiguo Imperio Ruso, convertido ahora en la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas.[44]

Uno de los últimos aspectos que nos parece interesante de destacar de la propuesta de Joaquín Fermandois es su percepción acerca de las Relaciones Internacionales durante la Guerra Fría. Sus ideas al respecto se sintetizan en lo siguiente: “Diversos países pasaron a ser objeto del enfrentamiento de las grandes potencia, aunque rarísima vez estas pueden arbitrar de modo decisivo el desarrollo interno. Se podría apoyar a un bando en pugna, pero crear artificialmente un conflicto y un bando es algo casi imposible”.[45]

Esta misma idea la vemos desarrollada en el documento “Chile ¿Pon o actor de la Guerra Fría?” (1998). En este documento, Fermandois sostiene que Chile no fue un títere de las fuerzas generadas por las potencias dominantes de la Guerra Fría, sino que fue un actor con fuerzas y dinámicas propias, con actores propios, los cuales no se mantuvieron al margen de las tendencias globales del devenir de la política internacional. Ejemplo de ello es la impotencia que sintieron los políticos norteamericanos ante la imposibilidad de poder dirigir los destinos de nuestro país.

Finalmente, consideramos pertinente incorporar la periodificación propuesta por Fermandois, la cual, por supuesto, está condicionada por la fecha en que fue publicada la obra “La Guerra Fría” (1975), pero a pesar de ello la exponemos aquí, ya que consideramos que clarifica, en gran medida, la perspectiva de análisis del grupo de historiadores que concibe el año 1917 como fecha de inicio de la Guerra Fría.

Periodificación de la Guerra Fría[46]

Guerra Fría encubierta 1917-1945
En 1917 los elementos de la Guerra Fría están dados. Existe la sociedad con sentido revolucionario y en germen existe en el mundo tradicional la conciencia de enfrentar la amenaza. La caída del fascismo deja al marxismo leninismo como la ideología revolucionaria por excelencia.

Guerra Fría Abierta 1945-1975
Desde 1945 la Guerra Fría es el fenómeno determinante en la política mundial.

- Estallido 1945-1948: tras la Segunda Guerra se toma conciencia de la inevitabilidad del conflicto. El concepto Guerra Fría aparece y se populariza hacia 1947. Como fisuras ideales podemos nombrar el Golpe de Praga, que pone fin a lo poco que queda de Yalta, y el Bloqueo de Berlín, que es el fin de lo poco que queda de Postdam, y donde EEUU y la URSS se enfrentan directamente. Entre 1945 y 1948 está clara la tendencia de la formación de dos bloques gigantescos encabezados por EEUU y la URSS.

- Enfrentamiento 1948-1962: EEUU y URSS tienden a enfrentarse directamente en diversas partes del globo. Entre el 1950-1955 es la política americana la que toma la iniciativa y logra un hábil cerco de la URSS, pero la estrategia de “al borde del abismo”, lleva consigo una cierta inmovilidad, de la cual la tragedia húngara es un doloroso ejemplo. Pero hacia 1956-57 la URSS toma la iniciativa e incluso lleva a cabo su propia versión de política de “al borde del abismo” hasta culminar en la crisis más grave de la Guerra Fría: la crisis de los cohetes (1962).

- Distensión 1962-1975: es otra fase de la Guerra Fría y no su fin. Domina tendencialmente la distensión. Consiste en delimitaciones y acuerdo para prevenir crisis político-militares mayores. Los enfrentamientos adquieren mas bien un carácter moral y psicológico: en guerras limitadas sin participación de las grandes potencias.

La periodificación propuesta por Joaquín Fermandois será considerada como eje estructurante del segundo capítulo del presente trabajo, no obstante nuestro interés analítico se centrará esencialmente en lo que Fermandois denomina “Guerra Fría abierta”, es decir, a partir de 1945.
El período denominado Guerra Fría encubierta (1917-1945) será analizado, esencialmente a partir de la obra “La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991” (2000), de Ronald Powaski. Respecto de este autor no sólo abordamos la definición que propone de Guerra Fría, sino que haremos un breve recorrido por los hitos más relevantes y significativos de la evolución del conflicto denominado Guerra Fría. Según indica Powaski, “La Guerra Fría fue una pugna por la influencia mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Los dos países emplearon diversos métodos, aunque nunca llegaron a lanzar un ataque directo y total contra sus respectivos territorios”.[47] Uno de los aspectos que destaca es el hecho de que, si bien, es efectivo que las rivalidades y conflictos entre Estados Unidos y la Unión Soviéticas se hicieron evidentes e indiscutibles tras la Segunda Guerra Mundial, los antecedentes de dicho conflicto se remontan al año 1917, año en que la Revolución Bolchevique triunfa en Rusia; Y, más aún, Powaski llega a afirmar que la rivalidad que condujo a estos dos países a sostener un tan largo período de enfrentamientos, hunde sus raíces en fechas tan remotas como 1776, año en que las trece colonias británicas ubicadas en la costa Atlántica del continente americano, ingresan a la escena internacional auto-denominándose como Los Estados Unidos de América.

Tal vez pueda parecer exagerado el interés de Powaski al intentar extender sobremanera los ejes cronológicos del conflicto denominado Guerra Fría, no obstante, sus planteamientos permiten comprender las causas profundas del por qué dos países aparentemente distantes y absolutamente diferentes, se encuentran a mediados de siglo XX disputando por la hegemonía mundial y ubicados frente a frente justo en la mitad del continente europeo.

Para Ronald Powaski, uno de los aspectos más relevantes para comprender las razones del enfrentamiento es una característica compartida por ambos países, el expansionismo. En efecto, fue éste el que progresivamente acercó a dos mundos aparentemente muy distantes y a la vez muy distintos: “La joven nación estadounidense, fundada en 1776, era republicana y democrática; Rusia, en cambio, era un viejo sistema autocrático, hostil a la democracia, xenófobo y conocido por la despiadada represión que ejercía sobre sus numerosos súbditos”.[48]

Por una parte, tenemos el expansionismo de Rusia que “en el Siglo XIV era un pequeño ducado con su centro en la ciudad de Moscú, pero ya había crecido hasta el mar Báltico y se había extendido por la inmensa Siberia cuando tuvo lugar la guerra de independencia de las colonias británicas de América del Norte. A finales del siglo XIX, el Imperio Ruso se extendía de la Europa Central al Océano Pacífico y del Ártico al Turquestán”.[49]

En el mapa se puede apreciar claramente la dinámica de la expansión rusa hasta comienzos del siglo XX.

Mapa 1: La expansión del Imperio Ruso


Fuente: J. González, Historia del Mundo contemporáneo, Editorial Edebe, Barcelona 2001. Página 148

En segundo lugar, tenemos a Estados Unidos, que tuvo como punto de partida los asentamientos de la costa atlántica de América del Norte, pero cuyas fronteras fueron extendiéndose hacia el oeste al ritmo de compra, la conquista, la guerra o el poblamiento de zonas semivacías. Así, para principios del siglo XX, los Estados Unidos de América se habían transformado en un país bioceánico.

Mapa 2: La expansión de Estados Unidos


Fuente: Fernández, Antonio, Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Vicens Vives, Barcelona 1994. Página 227

Según indica Powaski, esta dinámica expansiva, seguida por Estados Unidos y Rusia, hacía inevitable que llegara el día en que ambos tuvieran que enfrentarse. No obstante, hasta comienzos del siglo XX habían mantenido una muy escasa o nula comunicación, excepto en la disputa por Alaska, la que se resolvió pacíficamente una vez que Rusia decidió vender esos territorios a Estados Unidos en el año 1867.[50]

Fue el año 1917 el que marcó el punto de inflexión en la relación entre Estados Unidos y Rusia. En este año la Revolución Bolchevique instauró en Rusia un nuevo tipo de gobierno, que comprendía también un nuevo tipo de sociedad. Un modelo que pretendía desplazar al actual modelo capitalista, liberal y burgués que predominaba hasta ese momento en el mundo. En efecto, “Cuando los bolcheviques subieron al poder en Rusia en noviembre de 1917, esperaban, como marxistas devotos, que los trabajadores del mundo, incluidos los norteamericanos, siguieran la iniciativa rusa y derrocaran a sus gobiernos dominados por el capital. Los capitalistas del mundo, incluidos los de Estados Unidos, temían que esa posibilidad se hiciera realidad”.[51]

En esta perspectiva de análisis se debe tener presente que la Revolución Bolchevique se llevó a cabo en Rusia mientras se desarrolla la Primera Guerra Mundial. En esta última, Francia, Gran Bretaña y Rusia luchaban desde 1914 en el mismo bando contra los Imperios Centrales, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Pero como se dijo, el año 1917 se produjo un giro crucial en los acontecimientos. Estados Unidos, que hasta entonces había proclamado su neutralidad, cambia de parecer y el 2 de abril de 1917 el Congreso declara la guerra a Alemania. Mientras tanto, en ese mismo año, las desastrosas consecuencias de la guerra, habían producido en Rusia el derrocamiento de la monarquía zarista.

Así, tras un breve período de gobierno provisional (desde marzo a noviembre de 1917), triunfó en Rusia la revolución bolchevique. Los revolucionarios habían explotado muy bien la decisión del gobierno provisional acerca de mantener la participación Rusa en la guerra y habían alentado a la población a levantarse y exigir cambios radicales.

Pero la Rusia Bolchevique no encajaba con el mundo que quería diseñar el presidente Norteamericano W. Wilson, tras la Primera Gran Guerra, ese mundo ideal que tenía por fundamento aspectos tales como la cooperación internacional, la seguridad colectiva, los mercados abiertos y la autodeterminación de los pueblos. Esta última, según Wilson implicaba casi de forma automática la adhesión a los sistemas democráticos, por tanto, el concepto democracia también venía a añadirse al conjunto de características con las que debía contar ese mundo que surgiría tras la conflagración mundial.[52]

Efectivamente, todos esos conceptos formaban parte vertebral de los denominados “14 puntos de Wilson”, los cuales había presentado ante el pueblo norteamericano y ante los aliados europeos como imprescindibles dentro del nuevo orden internacional que debía surgir una vez que acabara la gran conflagración comenzada en 1914. “Obviamente, en el nuevo orden internacional que preveía Wilson no había ningún lugar para los bolcheviques comprometidos con el derrocamiento violento del capitalismo y la democracia”.[53] Desde esta perspectiva, en el nuevo orden mundial que vendría tras la guerra, no habría habido lugar ni para la autárquica Rusia zarista, ni para la dictadura comunista que pretendía instaurar la revolución de 1917.

Por todo los expuesto, W. Wilson se negó a reconocer el gobierno Bolchevique, y, además, autorizó el envío de ayuda económica encubierta a las fuerzas antibolcheviques de Rusia, mientras que las otras dos grandes potencias capitalistas, Francia y Gran Bretaña, se decidieron a actuar de un modo más directo, con participación efectiva en la guerra civil rusa, apoyando a las fuerzas antibolcheviques. No obstante, los objetivos de las potencias capitalistas se vieron frustrados, ya que “La intervención militar de las potencias capitalistas no hizo más que reafirmar los temores de los bolcheviques de que los objetivos principales eran ellos y no los alemanes. Aun cuando no logró derribar el régimen soviético, la intervención militar occidental en la guerra civil rusa sembró en la mente de los líderes soviéticos el temor eterno a un cerco capitalista y la creencia de que la guerra entre el comunismo y el capitalismo era inevitable”.[54] Desde este momento se empiezan a configurar los elementos que van marcando el derrotero de las relaciones entre el mundo capitalista y el mundo comunista. Ha aparecido en escena un nuevo tipo de sociedad, a la que J. Fermandois ha denominado “Sociedad Revolucionaria”, incompatible en esencia con el tipo de sociedad tradicional encarnada en los países occidentales.

Como se dijo, W. Wilson no reconoció al gobierno bolchevique y esa actitud la preservaron los gobiernos norteamericanos hasta 1933, cuando F. Roosevelt decide cambiar la política seguida por sus antecesores respecto de la Unión Soviética. Entre 1933-34 se produjo el reconocimiento del gobierno soviético y el establecimiento de las relaciones diplomáticas. Recordemos las ya citadas memorias de George Kennan, quien tuvo la posibilidad de ser partícipe directo de aquel acercamiento.[55]

Así pues, como señala Powaski, Roosevelt creyó firmemente en la posibilidad de poder llegar a acercamientos y acuerdos fructíferos con Stalin, sobretodo después de 1941, cuando Alemania había comenzado la invasión de la Unión Soviética. “Roosevelt creyó que el ejército soviético podría tener inmovilizado a la mayor parte del ejército alemán, con lo cual salvaría a Gran Bretaña y posiblemente evitaría la necesidad de que Estados Unidos participara directamente en la guerra. Así pues, Roosevelt hizo cuanto pudo por evitar una derrota soviética, incluido el envío de ayuda por el valor de miles de millones de dólares al amparo de la Ley de Prestamos y Arriendos. A partir de la entrada en guerra de Estados Unidos en diciembre de 1941, Roosevelt se esforzó mucho por mantener la Gran Alianza”.[56]

En efecto, Roosevelt manifestó siempre un gran interés por mantener en pie la Gran alianza, no obstante, su muerte se produjo justo al momento en que la guerra en Europa tocaba su fin, y como diría H. Kissinger, su sueño de las 4 grandes potencias gobernando el mundo no llegó a sobrevivirle.[57] Y es que, terminada la lucha contra el enemigo común ya no había razones para seguir soslayando el sinfín de diferencias entre ambas entidades, más aún cuando tanto Estados Unidos como la Unión Soviética, sabíanse y sentíanse enormemente poderosos, de hecho, la guerra los había convertido en las principales o las únicas potencias militares del mundo. En Europa, vencedores y perdedores estaban exhaustos, mientras que en Asia, Japón había sido completamente derrotado y China retomaba los caminos hacia la guerra civil.

Desde aquí en adelante, el análisis de Powaski coincide, en esencia, con los autores que consideran a la Guerra Fría como el conflicto suscitado entre la URSS y EEUU tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante su particularidad es el realce que da al factor ideológico como elemento crucial dentro del desarrollo de la Guerra Fría. Dos ideologías tan radicalmente opuestas no podían llegar a entenderse, estaban destinadas a enfrentarse, ya que ambas se consideraban el mejor modelo para el resto del mundo. “Una razón más importante de la inevitabilidad de la Guerra Fría, más allá de la sensación de ser vulnerables que experimentaban ambas partes fue el carácter incompatible de sus ideologías respectivas… (y en efecto) El fin de la Guerra Fría y el comienzo de una verdadera cooperación entre los rusos y los norteamericanos no fue posible hasta después de que Gorvachov demostrara que estaba dispuesto a abandonar el conflicto ideológico que contaba varios decenios de existencia”.[58]

Ahora bien, el giro llevado a cabo por Gorvachov debe entenderse dentro del amplio contexto de reformas que fueron implementadas en la URSS durante la segunda parte de la década de los ochenta. Las reformas tendían a lograr superar el sinfín de problemas internos que aquejaban a la Unión Soviética, y entre ellos, el principal era el económico. Intentaba dar marcha atrás a la decadencia económica y social del país, pero no logró sus objetivos, incluso las reformas implementadas aceleraron el proceso de desintegración de la URSS. Acerca de esta situación, Powaski enfatiza que dentro de las causas del derrumbe del imperio soviético, no es acertado ver a Ronald Reagan, presidente norteamericano desde 1981, como su principal artífice. Los que afirman tal teoría son los propagandistas norteamericanos en su intento de justificar los enormes despilfarros de dinero en las estrategias militares propugnadas por el gobierno de Reagan. Que la URSS haya empezado a caer en el último año de gobierno de Reagan (1989), fue coincidencia, ya que los desequilibrios y problemas económicos que la condujeron definitivamente al colapso, eran arrastrados desde hace muchos años, sobre todo de la época de Breznhev, en la que se había llevado a cabo políticas militares insostenibles por el sistema económico soviético.

Entre estos dos extremos cronológicos, 1945 y 1989, acontecen las manifestaciones más concretas de la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convenció de la agresividad de la Unión Soviética y llegó a la conclusión de que lo mejor que podía hacer ante la agresión comunista era aplicar una política de “Contención”, destinada a detener el avance comunista en cualquier lugar donde éste se produjese. No se intentó hacer retroceder el comunismo de las zonas en que se había establecido producto de la ocupación de las tropas del ejercito Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Ello provocó el congelamiento de la situación en Europa hasta 1989, ya que cada bando aplicó una política de respeto de zonas de influencia. Estados Unidos lideraba la zona occidental de Europa, mientras que la Unión Soviética mantenía su ámbito de influencia en la zona oriental.

NOTAS
[2] Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000, Página 11.
[3] Pereira Castañeda, Juan, Los Orígenes de la Guerra Fría, Editorial Arco, Madrid 1997. Página 19
[4] Ibidem, Página 16
[5] Gran Enciclopedia Soviética, 1970. En: Pereira Castañeda, Juan, Ob. Cit., Página 16
[6] Academia de Ciencias de la URSS, Compendio de Historia de la URSS, Segunda parte, Editorial Progreso, Moscú 1966. Página 300
[7] Dorynin, Analdy, En Confianza: El embajador de Moscú ante los seis presidentes norteamericanos de la guerra fría (1962-1986), FCE México 1998. Página 662
[8] Pereira Castañeda, Juan, Ob. Cit., Página 13
[9] Duroselle, Jean, Europa de 1815 a nuestros días, vida política y relaciones internacionales, Editorial Labor, S.A., Barcelona 1978. Páginas 108-116
[10] Fontaine, Andre, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970. Vol. I.
[11] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 9
[12] Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998, Página 42
[13] Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998. Página 7
[14] El telegrama de George Kennan y su participación en los inicios de la Guerra Fría serán analizado en las páginas 37 a 40 del presente trabajo.
[15] Entendida desde el punto de vista soviético como democracia popular, es decir, donde progresivamente el partido comunista se va imponiendo, dejando de lado a todos los demás.
[16] Gil, Julio, Ob. Cit., Página 8
[17] Ibidem, Página 10
[18] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 110
[19] Ibidem, Página 110
[20] Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 230
[21] Ibidem, Página 236
[22] Ibidem, Página 230
[23] Ibidem, Página 253
[24] Ibidem, Página 238
[25] Kennan, George, Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995, Fondo de Cultura Económica, México 1998. Página 35
[26] Ibidem, Página 41
[27] Ibidem, Página 42
[28] Ibidem, Página 11
[29] Ibidem, Página 11
[30] W. Wilson fue presidente norteamericano entre 1913 y 1921. Tras la Primera Guerra Mundial proponía establecer un nuevo orden mundial basado en principios tales como la autodeterminación de los pueblos, la seguridad colectiva, los mercados abiertos, la democracia, etc.
[31] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 660
[32] Ibidem, Página 427
[33] Ibidem, Página 614
[34] Ibidem, Página 462
[35] Ibidem, Página 622
[36] Ibidem, Página 613
[37] Ibidem, Página 798
[38] Hobsbawn, Eric, Ob Cit., Página 16
[39] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 360
[40] Fontaine, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970. Página 8
[41] Ibidem, Página 6
[42] Joaquín Fermandois es Doctor en Historia. Profesor del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
[43] Fermandois, Joaquín, La Guerra Fría, Documentos Universitarios, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 1975. Página 13
[44] Ibidem, Página 15
[45] Ibidem, Página 20
[46] Ibidem, Páginas 34-35
[47] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 9
[48] Ibidem, Página 11
[49] Ibidem, Página 12
[50] Ibidem, Página 12
[51] Ibidem, Ob. Cit, Página 360
[52] Ver Kissinger, Henry, Ob. Cit., Capítulo IX: “La Nueva cara de la diplomacia: Wilson y El Tratado de Versalles”.
[53] Powaski, Ob. Cit., 360
[54] Idem [55] Ver páginas 25-28 del presente trabajo
[56] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 362
[57] Ver Kissinger, Ob.Cit., Capítulo XVI, “Tres enfoques a la paz: Roosevelt, Stalin y Churchill en la Segunda Guerra Mundial”
[58] Ibidem, Ob. Cit., Página 373

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

 

 

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.Ver Bibliografía completa sobre Guerra Fría

 

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Historia1Imagen

Guerra FríaDiego Portales - Nicolás Maquiavelo - José Francisco Vergara - Francis Fukuyama - Didáctica de la Historia - Salvador Allende

 





CRISIS DE LOS MISILES

5 06 2007

 

CARICATURA 1: “Crisis de los Misiles 1962”
Schmid, Heinz-Dieter: Geschtliches Arbeitsbuch fur Sekundastufe I. Band 4. Die Welt im 20. Jahrhundert. Frankfurt am Main, 1984. EN:Fischer Ferenc, A megosztott világ Torténelmi – Politikai Atlasza, 1941-1991, Budapest Hungría 1996. Página 23

(para quienes busquen explicaciones breves, este doc. les parecerá eterno y muy amplio.   Se debe a que forma parte de una tesis referida a la Guerra Fría. si no te interesa leer y conocer en profundidad la Crisis de los misiles de 1962, entonces puedes leer una breve referencia en http://www.historiasiglo20.org/GLOS/cuba1962.htm ) 

Crisis de los Misiles

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Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética y Estados Unidos evitaron una confrontación armada directa en su disputa por la supremacía ideológica y territorial. Más aun, a partir de 1953 había comenzado una nueva fase caracterizada por diversos gestos de buena voluntad que tendieron a suavizar las relaciones entre el Este y el Oeste. Como ya se ha dicho, a esta etapa se ha denominado “coexistencia pacífica”, haciendo referencia al concepto utilizado por Nikita Kruschev respecto de la nueva política internacional que pretendía implementar. Sin embargo, durante dos tensas semanas de octubre de 1962 las superpotencias se enfrentaron cara a cara y casi provocaron una guerra nuclear. A este período se ha denominado “Crisis de los misiles”. Esta crisis empezó el 14 de octubre, cuando un avión espía estadounidense detectó instalaciones balísticas soviéticas en la isla de Cuba, a sólo 145 kilómetros de Estados Unidos.

En la caricatura Nº 1 se ven reflejados los principales aspectos que se manifestaron en esta crisis. Los líderes de las grandes potencias, (Nikita Kruschev y J.F. Kennedy), frente a frente, midiendo sus fuerzas y a un paso de hacerse volar mutuamente en mil pedazos, ya que cada uno de ellos se encuentra sentado sobre misiles nucleares cuyo control depende del adversario. Con esto último se hace referencia a los misiles norteamericanos instalados en Turquía desde el año 1957 y los instalados en Cuba en octubre de 1962. En la caricatura se ve a cada uno de los personajes con el dedo sobre el botón.
En el mapa que se presenta a continuación se refleja el radio de alcance de los misiles instalados en Turquía y Cuba.

Mapa: Radio de alcance de los misiles instalados en Cuba y Turquía. 1962

 

Fuente: Fischer Ferenc, A megosztott világ Torténelmi – Politikai Atlasza, 1941-1991, Budapest Hungría 1996. Página 23


Antecedentes y perspectivas general de la crisis

 

Cuba había sido un país estrechamente ligado a los intereses norteamericanos desde su independencia de España en 1898. La revolución de Fidel Castro en 1959, que en un principio no se definía como comunista, pero que tenía una clara orientación nacionalista, comenzó a tomar medidas que lesionaban los intereses estadounidenses.[1] La reacción de Washington fue inmediata: Rompió relaciones con Cuba en 1961, le impuso un bloqueo, fue excluida de la OEA (Organización de Estados Americanos) y organizó, mediante operaciones secretas de la CIA, una fallida invasión de emigrados anticastristas en Bahía de Cochinos o Playa Girón en abril de 1961.
En ese contexto, el régimen de Fidel Castro viró hacia el alineamiento con el bloque soviético y el establecimiento de una dictadura comunista en la isla. En efecto, tras la aplicación de las medidas norteamericanas contra el régimen instalado en Cuba, la Unión Soviética estrechó cada vez más sus lazos con Fidel Castro, pasando a constituirse la URSS en la principal importadora de azúcar cubana.[2]

Ahora bien, el 14 de octubre de 1962, aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas en Cuba. Luego de múltiples conversaciones con sus asesores más cercanos, el Presidente Kennedy decide dar a conocer los acontecimientos a la opinión pública. El 22 de octubre, Kennedy toma una medida de gran dureza: establece una “cuarentena defensiva”, es decir, un bloqueo de la isla, desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a Cuba. Si los navíos soviéticos intentaran forzar el bloqueo, el conflicto armado entre las dos superpotencias sería inminente.

Fue el momento de la Guerra Fría en que más cerca se estuvo del enfrentamiento directo entre la URSS y EEUU y de la destrucción nuclear. Finalmente, tras negociaciones secretas, Kruschev lanza una propuesta aceptada por Kennedy: La URSS retiraría sus misiles de Cuba a cambio del compromiso norteamericano de no invadir la isla y de la retirada de los misiles Júpiter que EE.UU. tenía desplegados en Turquía. El mes siguiente la URSS desmonta y repatría su material bélico y EE.UU. levantó el bloqueo. 5 meses más tarde Estados Unidos retiró los misiles de Turquía, pero esta transacción fue secreta.

Los acontecimientos descritos serán analizados con mayor detenimiento a partir de los siguientes documentos:

Ø La perspectiva occidental de la Crisis será estudiada, esencialmente, a partir de los archivos norteamericanos desclasificados en 1996, referidos a las conversaciones secretas sostenidas por el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional y las declaraciones de McNamara en una entrevista a la BBC de Londres el 11 de octubre del 2002.
Ø La visión soviética la abordaremos a partir de las cartas enviadas por Kruschev a Kennedy y a Fidel Castro Durante la Crisis. y las declaraciones de Carlos Lechuga en una entrevista a la BBC de Londres el 11 de octubre del 2002.La Crisis de los Misiles a través de los documentos

Archivos norteamericanos desclasificados a fines de 1996.
Revista Que Pasa 1382 (Chile)7 al 13 de octubre de 1997

Archivos desclasificados del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EX-COMM) 16 de octubre al 26 de octubre
16 de octubre:
George Bundy, consejero del Presidente Kennedy en materia de seguridad informa al mandatario sobre el hallazgo de bases misilísticas en Cuba. El presidente exige ver las fotografías. “Se ven como pelotas en una cancha de fútbol”, comenta. Los misiles tienen un alcance de 1. 100 millas y sus objetivos son algunas de las ciudades más pobladas de los Estados Unidos. Kennedy programó una serie de reuniones con sus asesores de confianza. Más tarde, el grupo recibiría el nombre de Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EX-COMM)
Reunión de EX- COMM en la Casa Blanca
Robert McNamara (secretario de Defensa): ¿Qué cambia con la introducción de esas armas a Cuba en la situación militar de los Estados Unidos frente a la URSS? Un misil es un misil. El problema no es militar, es político.John Kennedy -JFK-(presidente de los Estados Unidos): ¿Qué puede pesar más sobre la Alianza (OTAN)?¿Nuestro ataque contra Cuba? La mayoría de los aliados estima que se trata de una fijación de Estados Unidos y no de una amenaza militar seria. Nos consideran un poco neuróticos en esa cuestión.
Pero, un bloqueo no bastaría. No sabemos cuántos misiles hay.

Robert Kennedy (procurador general): Otro argumento contra el bloqueo, es que es una muerte muy lenta. Lleva meses y durante todo ese tiempo tendremos un máximo de agitación:
inspeccionar barcos rusos, derribar los aviones rusos que intenten aterrizar.

Lewellyn Thompson (ex embajador norteamericano en Moscú): Si se hace el bombardeo se mataría a muchos militares rusos. Yo prefiero el bloqueo.

18 DE OCTUBRE:
Para no despertar sospechas en la administración soviética, Kennedy se reúne con el ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Andrei Gromyko. Este volvió convencido a su país de que en el gobierno norteamericano nadie sabía acerca de los misiles.

11 horas.
George Ball (subsecretario de Estado): Creo que su posición dentro de la Alianza será más fuerte si se le da a Kruschev la posibilidad de hacer algo.

John McCone (director de la CIA): Me inclino por la idea de que Kruschev nos llevará a negociaciones y que quedaremos bloqueados.

JFK: La única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía.

George Bundy (consejero de Kennedy en asuntos de seguridad): Eso es igualmente válido si bombardeamos por sorpresa. Pienso que sin duda es importante que Kruschev tenga en ese momento en sus manos un mensaje que diga que estamos dispuestos a desmantelar nuestra base turca.

McNamara: Creo que debemos hacernos la idea de que vamos a matar a varios cientos de ciudadanos soviéticos, ¿qué tipo de respuestas nos dará Kruschev? Sólo puede ser una respuesta contundente. La verdadera interrogante es ésta: ¿Estamos dispuestos para librarnos de esos misiles a pagar un precio alto?.

Ball: Desde acá, tenemos tendencia a subestimar las reacciones sensatas en los países aliados si actuamos por sorpresa. A Kruschev hay que dejarle una puerta de salida, aunque sea ilusoria.
Actuar por sorpresa es un nuevo Pearl Harbor.

Douglas Dillon (secretario del Tesoro): La única ventaja es que el resto del mundo lo vea con buenos ojos. Actúa “pour la galarie” -para la galería.

JFK: Creo que hay que enviarle un mensaje a Kruschev y decirle que si la instalación de misiles continúa, nosotros por nuestro lado declararemos el bloqueo. Si no se detienen, los destruimos. No declararemos la guerra, no necesitamos una declaración de guerra si no hay invasión.

Thompson: No creo que quiera iniciar una acción militar en Cuba. Es demasiado arriesgado para él.

JFK: Imaginemos que la situación se haya invertido y que haga, a propósito de los misiles en Turquía, una declaración parecida a la que haga yo. Si estamos dispuestos a ir, debemos pensar que la cosa sucederá de esta manera: mañana en la tarde anunciamos la existencia de los misiles y después convocamos al Congreso. Desde ese ángulo no es un Pearl Harbor. Les habremos avisado a todos y después, bueno, vamos el sábado. Y los destruimos y anunciamos que los destruimos. Y si todavía quedan… los tiramos a todos!

Bundy: ¿Y los aeropuertos?.

JFK: Los aeropuertos también

Ball (incrédulo): ¿Destruiríamos mañana también los aeropuertos?.

JFK: Así es la carrera contra esos misiles. La ventaja es que todos estarán informados de que están ahí antes de que ataquemos y sea cual fuere la solidaridad (de nuestros aliados) que eso nos aporte.

Robert Kennedy: ¿Qué clase de país somos? Se lo hacemos a un país pequeño. Es una carga pesada de sobrellevar.

Thompson: La ventaja de esta advertencia es que (Kruschev) tendrá que remitirse a sus colegas. Si rechazan toda negociación, juegan a la ruleta rusa que podría terminar en una Guerra Mundial.

JFK: La invasión de la que hablamos es arriesgada, requiere equipos importantes, matarán a muchos americanos en Cuba y estaremos en un apuro mayor que si nos contentamos con bombardearlos.

McNamara: Lo mínimo que nos costará una intervención militar es el fin de los misiles de Turquía e Italia porque los rusos los destruirán. Y corremos un grave riesgo de división dentro de la Alianza. Y ésa me parece la mejor situación que podría seguir a una acción militar. Para mí la ventaja de un bloqueo es que a la Alianza le vendrá bien, que aceptará retirar algunos misiles de Turquía e Italia y que los soviéticos aceptarán por su parte retirar los suyos de Cuba.

Bundy: Siempre pensé que (Castro) tenía tendencias suicidas, y hay que ayudarlo a que lo haga.

19 DE OCTUBRE:
John Kennedy se reúne con los Jefes del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. El Ejército está convencido de que un ataque aéreo y una invasión terrestre a Cuba, es la única solución a la crisis.

9:45 horas
JFK: Si atacáramos Cuba, estaríamos dándoles un buen pretexto para tomar Berlín. Nos juzgarían como los americanos de gatillo fácil responsables de la pérdida de Berlín. Nuestros aliados no nos apoyarían. Cuba les importa un rábano.

General Le May (jefe de la Fuerza Aérea): La única opción posible es una intervención militar directa. No comparto su punto de vista, si neutralizamos a Cuba, no tomarán Berlín.

JFK: Para ustedes, ¿cuáles serán las represalias?.

George Anderson (jefe de la Marina): Si no atacamos en Cuba lo tomarán como una señal de debilidad.

JFK: Cabe esperar una reacción. No pueden quedarse de brazos cruzados mirando cómo destruimos sus misiles y matamos a centenares de rusos. Es evidente que van a tratar de tomar Berlín.

Le May: Creo que la historia demuestra lo contrario. Siempre que se les mostró determinación, retrocedieron.

Earle Wheeler (jefe del Ejército): Kruschev ya tiene misiles balísticos intercontinentales pero en número limitado (… ) y por lo tanto, tengo la sensación de que desde un punto de vista militar, la acción menos peligrosa es la gama completa de acciones militares nuestras.

David Shoup (comandante del cuerpo de Marines): Lo que me preocupa es que cada día somos más vulnerables, nos obligan a movilizar en torno de este problema medios cada vez más importantes. Hay que ir por una victoria decisiva lo más rápido posible.

JFK: El razonamiento lógico es que no es imprescindible invadir Cuba. Es simplemente el tipo de problema con el que debemos aprender a convivir en la vida, como convivimos con la Unión Soviética y China. Pienso que la existencia de esos misiles no crea peligros nuevos.

20 DE OCTUBRE:
El Presidente Kennedy sigue cumpliendo rigurosamente su agenda política y viaja al interior de Estados Unidos. Su hermano Robert es el encargado de dirigir el EX-COMM y llega por fin a un consenso. El mandatario es obligado a retornar para elegir entre dos opciones: un ataque aéreo quirúrgico o un bloqueo.

21 DE OCTUBRE:
El general Walter Sweeney, quien dirige a los Comandos del Aire Estatégicos (SAC) es el encargado de dar el balance en caso que se tomara la decisión de intervenir militarmente. “Los heridos y los muertos -entre civiles y militares- se estiman entre 10 mil y 20 mil”, asegura Sweeney. Después de ese veredicto la única opción razonable, a juicio del Presidente Kennedy, era el bloqueo.

22 DE OCTUBRE:
Por primera vez la opinión pública se entera de lo que está ocurriendo. Kennedy anuncia en un discurso televisado la existencia de misiles nucleares en Cuba y el inminente bloqueo a la Isla. Ante cualquier intento bélico de Castro, JFK había aprobado un plan de invasión alternativo. El encargado de detallar ante el Congreso el plan alternativo de intervención fue el secretario de Estado, Robert McNamara.

11:45 horas McNamara: Esta invasión debe ser precedida de importantes ataques aéreos. Sé que puedo contar con ustedes para conservar en secreto la cifra de 2. 000 misiones de bombarderos. El presidente nos dio la orden de preparar la invasión hace meses. Señor presidente, creo que fue en noviembre pasado y elaboramos planes muy detallados.

JFK: Si invadimos Cuba, debemos entender perfectamente que tomamos la hipótesis de que esos misiles apuntados a nosotros no necesariamente serán utilizados. Es una apuesta que debemos aceptar. El problema es que es riesgosa.

Richard Russel (senador demócrata): Pero, ¿no prevé que algún día Berlín sea tomada como rehén?.

JFK: Sin duda.

Russel: Podríamos igualmente retirarnos de Europa y ahorrar entre US$ 15 mil y 25 mil millones al año…

William Fullbright (presidente de la Comisión de RR. EE. del Senado): Lo que yo propongo es una invasión total lo más rápido posible.

JFK: Cuando habla de invasión excluye el riesgo de que los misiles sean disparados. Hay allí siete u ocho mil rusos y habrá que dispararles. Y si hablamos de una guerra nuclear, la escalada debería estar de todos modos bajo un mínimo de control. No importa lo que decidamos: en Estados Unidos siempre habría gente que diría ‘vamos, bombardeemos’; se soltarían las bombas y se borrarían quince ciudades del mapa aquí. Entonces considerarían que estaban equivocados.

23DE OCTUBRE:
Kennedy ordena a seis jets sobrevolar la Isla a muy baja altura para dar con otras bases de misiles. La Organización de Estados Americanos aprobó en forma unánime el bloqueo a Cuba. Cualquier barco que estuviera a 800 millas de Cuba puede ser detenido e inspeccionado.

24 DE OCTUBRE:
Buques rusos se acercan a la frontera del bloqueo. Pero, a pocos kilómetros cambian de ruta.
10:00 horas McCone: Señor presidente acabamos de recibir esta información: los seis barcos soviéticos identificados en aguas cubanas frenaron o dieron media vuelta.

JFK: Si esta información es correcta, no haremos nada con respecto a esos barcos frente a Cuba. No los vamos a interceptar.

McNamara: No abordaremos ningún barco que vaya rumbo a Cuba.

JFK: Me parece que hay que dejarles la posibilidad de dar media vuelta. No queremos que en Moscú digan que en cuanto se dieron vuelta, les hundimos brutalmente un barco. Hay que mantenerse en contacto con el Essex (el portaaviones). Dígales que esperen una hora para ver si ese barco da vuelta.

26 DE OCTUBRE:
Aún no se descarta el plan de invasión a Cuba. El Presidente Kennedy y Adlai Stevenson, embajador ante la ONU, demuestran una actitud moderada. Por otro lado, Fidel Castro envía un mensaje desesperado a Kruschev temiendo la invasión. El hombre fuerte de Cuba ignora que existen negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

10 horas JFK: Deberíamos establecer un plan de emergencia en caso de que llegáramos a la invasión y ver con qué cubanos contamos para establecer un gobierno civil.

Bundy: Las organizaciones paramilitares, el gobierno civil, todo eso es lo que debemos orquestar.

JFK: También habrá que movilizar a la comunidad cubana en Miami, por ejemplo, los médicos que serían útiles en caso de invasión.

Stevenson: Los objetivos de la ONU eran interrumpir las entregas de armas a Cuba; frenar la construcción de las bases rusas y que nosotros suspendiéramos el bloqueo durante las dos o tres semanas de negociaciones.

McCone: No estoy para nada de acuerdo señor presidente.
Creo que el nudo del problema son esos misiles apuntando directamente a nuestros corazones. Es imprescindible que esa amenaza desaparezca. Si levantamos el bloqueo nunca más podremos volver a establecerlo.

JFK: El bloqueo en sí no va a librarnos de las armas. Para eso, sólo tenemos dos soluciones: negociar su retiro o cambiarlas por otra cosa, y la otra es destruirlas.

Fuente: http://www.quepasa.cl/

Análisis del Documento

El documento corresponde a la trascripción de las grabaciones desclasificadas de los archivos Kennedy, realizadas a fines de 1996. Esta información ha permitido conocer el manejo que J.F. Kennedy tuvo durante los momentos más críticos de su administración. Los fragmentos que hemos expuesto corresponden a las grabaciones realizadas por el presidente norteamericano a espaldas de sus asesores en las reuniones del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (ExCom), durante el mes de octubre del año 1962. Desclasificaciones parciales de estas grabaciones ya habían conocido la luz el año 1982, pero sólo daban cuenta de los primeros días de reuniones del ExCom.[3]

Los Miembros de este Consejo nacional de Seguridad eran: Dean Rusk, Secretario de Estado; Robert McNamara, Secretario de Defensa; Doglas Dillon, Secretario del Tesoro; Robert Kennedy, hermano del Presidente y Ministro de Justicia; el vicepresidente Lindón Johnson, el Presidente del Comité de Jefes de Estado Mayor, general Maxwell Taylor, así como varios consejeros del Presidente, diplomáticos y altos funcionarios como el director de la CIA, el Embajador ante las Naciones Unidas Adlai Stevenson y el antiguo Embajador en Moscú, Llewllyn Thompson.

Como se puede apreciar a partir de las opiniones y propuestas de cada uno de los integrantes del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, las alternativas para reaccionar ante la provocación soviética eran esencialmente dos: el bloqueo de Cuba o el ataque inmediato. Ante tales alternativas, Kennedy terminó inclinándose hacia el bloqueo naval de Cuba. Las razones esgrimidas por el Presidente Kennedy expresaban su preocupación respecto de la peligrosidad que implicaría optar por un ataque inmediato a las instalaciones de misiles en la isla cubana. Se tenía bastante presente la posibilidad de que un ataque frontal a Cuba podía instar a los soviéticos a atacar Berlín. El 19 de octubre, Kennedy sostuvo ante el Consejo de Seguridad Nacional: Si atacáramos Cuba, estaríamos dándoles un buen pretexto para tomar Berlín. Nos juzgarían como responsables de la pérdida de Berlín. Nuestros aliados no nos apoyarían. Cuba les importa un rábano. En este punto debemos recordar que paralelamente aún estaba en pie la Crisis de Berlín, en la cual Kruschev, luego de tres años de amenazas y ultimátum había decidido construir un muro que dividía la ciudad de Berlín, impidiendo de ese modo la fuga de los alemanes orientales hacia la zona controlada por los occidentales. Respecto de este punto Richard Neustadt señala que, en efecto, unas de las teorías que se barajaba en la ExCom era que la instalación de los misiles estuviera siendo utilizada por Moscú, sólo como un pretexto para desviar la preocupación norteamericana desde Berlín a Cuba, “en los primeros días de reuniones, el Secretario de Estado Dean Rusk habla de la combinación Suez-Hungría, aludiendo a 1956, cuando la preocupación occidental por Suez había facilitado a los soviéticos utilizar tanques para aplastar una revolución en Hungría.”[4] Al parecer esta es la teoría a la que adhiere el historiador Henry Kissinger, pues para éste, la Crisis de los misiles en Cuba sólo forma parte de la Crisis de Berlín, como una de las últimas apuestas “desesperadas” de Kruschev para lograr conseguir de golpe lo que no había logrado luego de 4 años de amenazas y ultimátum.[5]

Ahora bien, como señala Bob McNamara (Secretario de Defensa), en una entrevista a la BBC Mundo (11-10-2002), el Presidente encargó al Comité de Seguridad nacional plantear las posibles alternativas, mientras él estaba ausente: El presidente Kennedy dijo a su Comité Ejecutivo y al organismo encargado de la defensa de la nación: “No le digan a nadie excepto a 2 o 3 de sus asociados. Discutan sobre como deberíamos responder a esta acción… yo no voy a estar presente cuando lo discutan, sólo espero que me traigan una recomendación unánime sobre qué debemos hacer. Y si no llegan a una conclusión unánime, entonces quiero una alternativa”.[6]

Finalmente la propuesta presentada por el Comité de Seguridad Nacional era una recomendación dividida. Un grupo recomendó un bloqueo, el otro un ataque inmediato. La elección del Presidente fue el bloqueo y decidió dirigirse a la ciudadanía el 22 de octubre para comunicarlo. En esta oportunidad se dio a conocer por primera vez el problema ante la opinión pública. Ante las cámaras de televisión J. Kennedy afirmó que la Unión Soviética había estado mintiendo desde hacía tres meses, ya que estaba estableciendo una capacidad de ataque nuclear en Cuba. Kennedy hacía a través de la televisión un llamamiento a Nikita Kruschev para que retirara los misiles bajo el control de las Naciones Unidas.Las razones de su elección, Kennedy las manifiesta claramente en una de las reuniones sostenidas por el Consejo de Seguridad, el mismo 22 de octubre por la mañana, es decir, antes de la elocución televisiva realizada ese mismo día por la noche. Ante el Consejo, Kennedy Sostiene: Hay allí siete u ocho mil rusos y habrá que dispararles. Y si hablamos de una guerra nuclear, la escalada debería estar de todos modos bajo un mínimo de control. No importa lo que decidamos: en Estados Unidos siempre habría gente que diría “vamos, bombardeemos”; se soltarían las bombas y se borrarían quince ciudades del mapa aquí. Entonces considerarían que estaban equivocados. Así, el Presidente norteamericano optó por la alternativa que al menos permitía a los soviéticos dar marcha atrás. Haber elegido la otra opción habría implicado dar comienzo a una guerra nuclear, pues improbablemente, la Unión Soviética se habría cruzado de brazos ante aquella acción.
A partir de este momento comienzan las horas más críticas de la crisis. El 24 de octubre a las 10 horas entró en vigor el bloqueo, al que se denominó “cuarentena” aplicando así un término sanitario a la operación que se llevaría a cabo contra Cuba. Ese día, 16 destructores, tres cruceros, un portaviones y ciento cincuenta navíos de apoyo cierran el acceso a Cuba, hacia donde se dirigían 25 navíos soviéticos escoltados por submarinos.
El 25 noviembre el embajador de EE.UU. ante la ONU, Adlai Stevenson, mantiene un duro enfrentamiento con su homólogo soviético, Valerian Zorin, a quien le exige que responda a la denuncia de que la URSS desplegó misiles balísticos en Cuba. En la fotografía se muestra el momento en que Stevenson da a conocer la evidencia fotográfica ante la Asamblea de Naciones Unidas. Este mismo día, naves estadounidenses interceptan al petrolero soviético Bucarest, pero le permiten continuar rumbo, ya que no llevaba armamento. En efecto, la marina norteamericana tenía la orden de detener todo nuevo misil que fuera hacia Cuba.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 303
[2] Ibidem, Página 304
[3] Neustadt, Richard – May Ernest, Los Usos de la Historia en la toma de decisiones, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Ares 1986. Página 27
[4] Ibidem, Página 30

Según la percepción de McNamara, el sábado 27 de octubre fue el día crítico. Kruschev no había respondido al bloqueo retirando sus misiles o declarando que los retiraría. Por lo tanto la pregunta que debía responder el Consejo era: “¿qué vamos a hacer?”. En ese momento, la CIA no creía que las ojivas nucleares para los misiles hubieran llegado a Cuba. Creían que los primeros 20 llegarían en 3 o 4 días. Además, los vuelos de reconocimiento demostraron que los misiles no estaban operativos todavía, eso tomaría unos 3 o 4 días más. Bajo estas circunstancias, McNamara señala que “A las cuatro de la tarde, del sábado 27, le recomendamos de forma unánime al presidente que atacáramos en 48 horas, (o sea el lunes 29). El ataque aéreo para el primer día fue planeado, e iba a ser un ataque gigante… Movilizamos 180 tropas desde puertos americanos en el sudeste y los transportamos hacia Cuba”.[1]

No obstante, la percepción norteamericana estaba equivocada, ya que efectivamente en ese momento los soviéticos tenían ya 162 ojivas nucleares en suelo cubano. Cuestión que la opinión pública sólo supo en enero de 1992, en una reunión en La Habana, que presidió Fidel Castro. Según señala McNamara en la entrevista dada a la BBC de Londres en el año 2002, lo peor que podría haber sucedido era la aplicación de la decisión que el Consejo de Seguridad estaba proponiendo al Presidente Kennedy, pues se basaba en una premisa errada. En estas circunstancias se entiende la actitud de Kruschev, pues él si sabía lo que los norteamericanos ignoraban. El Secretario General de la URSS buscó la forma de dar a conocer su decisión de retirar los misiles de una forma rápida y expedita: el 28 de octubre, en lugar de usar los canales diplomáticos usuales (que hubieran tardado unas 6 horas) decidió usar la radio pública para transmitir el mensaje. Por el canal diplomático tardaría mucho más, porque hay que escribir el mensaje, traducirlo, codificarlo, decodificarlo y mandarlo a la Casa Blanca. Khrushchev tenía temor de que atacáramos mientras el mensaje llegaba, por lo que envió a un asistente a la transmisora pública de radio y le dijo: “mantén el canal abierto que quiero enviar un mensaje”.[2] Así, la forma en que el Gobierno Norteamericano se enteró de la decisión de retirar los misiles, fue la trasmisión de una radio pública. El 28 de octubre la crisis había terminado. Como señala Richard Neustadt y Ernest May, el mérito de que la crisis no condujese a la guerra nuclear radica por un parte en la deliberada prolongación que el Presidente norteamericano dio a la crisis al escoger la alternativa que permitía ganar tiempo dándole a Kruschev la posibilidad de dar marcha atrás y llegar a un acuerdo pacífico; mientras que por otra parte también el mérito lo tuvo el Secretario General de la URSS al apresurarse a comunicar a EEUU su disposición de retirar los misiles, trasmitiendo su decisión de la forma más rápida posible[3].

Un aspecto que nos parece interesante de destacar es el hecho de que desde el comienzo de la crisis, los altos mandos estadounidenses habían considerado el trueque del desmantelamiento de los misiles norteamericanos instalados en Turquía por los de Cuba. Así que la medida ya había sido asimilada cuando fue puesta sobre la mesa por Kruschev. En efecto, ya el 18 de octubre Kennedy había planteado que “la única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía”. Esto se proponía como instrumento negociador que permitiera a Kruschev considerar los medios diplomáticos para poner fin a la crisis. No obstante como veremos a continuación, a través de las cartas enviadas por Nikita Kruschev a J.F. Kennedy, y sus correspondientes respuestas por parte del Presidente Norteamericano, el trueque de los misiles instalados en Turquía no fue dado a conocer a la opinión pública, considerándose más pertinente discutir tales cuestiones a nivel secreto entre el Embajador Soviético, Dobrynin y Robert Kennedy, hermano del Presidente.

Cartas del Secretario General del Partido Comunista Soviético durante la Crisis de los misiles

A continuación se presenta una selección de las cartas enviadas por Nikita Kruschev durante la Crisis de los misiles. 4 de los documentos están dirigidos a J.F. Kennedy los días 26, 27 y 28 de octubre, mientras que uno está dirigido a Fidel Castro el día 28.

En los documentos enviados a Kennedy podremos apreciar las demandas del líder soviético y las condiciones para proceder al desmantelamiento de las bases instaladas en Cuba, mientras que la misiva enviada a Castro subraya esencialmente la preocupación de Kruschev por guardar prudencia y evitar que las acciones del líder Cubano precipiten a un conflicto nuclear.

Documento 1: 26 de octubre 1962

Autor: Nikita Kruschev
Título del documento o tema central: Carta de Nikita Kruschev al Presidente Kennedy.
Identificación espacial y temporal: Enviada desde Moscú el 26 de octubre de 1962
Tipo de documento: Carta
Destinatario: Presidente Norteamericano J.F. Kennedy.

Khruschev a Kennedy
Moscú, 26 de octubre de 1962, 7 p.m.
Estimado Sr. Presidente:
Yo he recibido su carta del 25 de octubre. De su carta yo recibí el sentimiento que usted tiene un poco de comprensión de la situación que se ha desarrollado y el sentido de responsabilidad. Yo valoro esto.
Ahora nosotros ya hemos intercambiado públicamente nuestras evaluaciones de los eventos alrededor de Cuba, y cada uno de nosotros ha puesto su explicación y su comprensión de estos eventos. Por consiguiente, yo juzgaría que al parecer una continuación de intercambio de opiniones a tal distancia, incluso en la forma de cartas confidenciales, apenas agregará algo a cada lado de lo que ya ha dicho al otro.
Yo pienso que usted me entenderá correctamente, si usted está muy interesado sobre el bienestar del mundo.
…………………
En el nombre del Gobierno soviético y el pueblo soviético, yo lo aseguro que sus conclusiones con respecto a las armas ofensivas en Cuba son infundadas. Está claro de lo que usted me ha escrito, que nuestras concepciones son diferentes en eso, o más bien, nosotros tenemos consideraciones diferentes de éstos, o esos medios militares. De hecho, en la realidad, las mismas formas de armas pueden tener interpretaciones diferentes.
Usted es un hombre militar, y yo espero me entenderá. Permítanos tomar un cañón simple por ejemplo. Qué clase de medios es esto: ¿ofensiva o defensivo? Un cañón es un medios defensivos si es fijo a defender límites o una área fortificada. Pero si uno concentra la artillería, y agrega a él un número necesario de tropas, entonces los mismos cañones se vuelven un medios ofensivos.
Cómo puede uno, por consiguiente, dar tal interpretación completamente incorrecta como usted está dando ahora, de que algunos clases de medios en Cuba son ofensivos. Todos los medios localizados allí, y yo le aseguro de esto, tienes un carácter defensivo, están solamente en Cuba para los propósitos de defensa, y nosotros los hemos enviado a Cuba a demanda del Gobierno cubano. Usted, sin embargo, dice que éstos son medios ofensivos.
¿Pero, Sr. Presidente, usted piensa muy en serio que Cuba puede atacar a los Estados Unidos, y que incluso nosotros junto con Cuba podemos atacarlo desde territorio de Cuba? ¿Usted realmente puede pensar así? ¿Cómo esto es posible?
Nosotros no entendemos esto. Tiene algo tan nuevo aparecido en estrategia militar, que uno puede pensar que es posible atacar así. Yo digo el ataque precisamente, y no destruir, desde los bárbaros, las personas que han perdido su sentido, destruyan.
Yo creo que usted no tiene ninguna base para pensar de esta manera. Usted puede considerarnos con desconfianza, pero en cualquier caso, usted puede estar tranquilo en esta consideración, que nosotros somos de buen juicio, y entendemos absolutamente bien que si nosotros lo atacamos, usted responderá de la misma manera. Pero usted también recibirá lo mismo que usted lanza contra nosotros. Y yo pienso que usted también entiende esto. Mi conversación con usted en Viena me da el derecho para hablar con usted esta manera. Esto indica que nosotros somos personas normales, que nosotros entendemos correctamente y correctamente evaluamos la situación. Por consiguiente, ¿cómo nosotros podemos permitir las acciones incorrectas que usted atribuye a nosotros? Sólo locos o suicidas que quieren perecer y destruir el mundo entero antes de que ellos se mueran, podría hacer esto. Nosotros, sin embargo, queremos vivir y no queremos destruir su país. Nosotros queremos algo bastante diferente, competir con su país en una base pacífica. Nosotros reñimos con usted, nosotros tenemos diferencias ideológicas. Pero nuestra vista del mundo consiste en esto, esas cuestiones ideológicas, así como los problemas económicos, no debe resolverse por medio del ejército, ellos deben resolverse en base a la competencia pacífica, es decir, como esto se entiende en la sociedad capitalista, en base a la competencia. …………. ……………
Usted ha proclamado ahora medidas piráticas que eran empleada en la Edad Media, cuando barcos procediendo en las aguas internacionales están agredidos, y usted ha llamado esto ” una cuarentena ” alrededor de Cuba. Nuestros barcos, al parecer, entrarán pronto en la zona que su Armada está patrullando. Yo lo aseguro que estos barcos, ahora limitados para Cuba, están llevando la más inocente carga pacífica.
¿Usted realmente piensa que nosotros sólo nos ocupamos con el transporte de armas ofensivas llamadas atómica y bombas de hidrógeno? Aunque quizás su personal militar imaginan que es eso, alguna clase de tipo especial de armas, yo lo aseguro que son los más ordinarios pacíficos productos.
Por consiguiente, Sr. Presidenta, permítanos mostrar el buen sentido. Yo lo aseguro que en esas naves que van rumbo a Cuba, no hay ninguna arma en absoluto. Las armas que eran necesaria para la defensa de Cuba ya están allí. Yo no quiero decir que no había cualquier embarque de armas en absoluto. No, había tales embarques. Pero ahora Cuba ya ha recibido los medios necesarios de defensa…
Permítanos normalizar las relaciones. Nosotros hemos recibido una apelación del Secretario General de la ONU, U Thant, con sus propuestas. Yo ya le he contestado. Sus propuestas son, – que nuestro lado no debe transportar armamentos de cualquier tipo a Cuba durante un cierto periodo de tiempo, mientras están dirigiéndose las negociaciones – y nosotros estamos listos entrar en tales negociaciones – y el otro lado no debe emprender cualquier clase de acciones pirata contra barcos en la navegación en alta mar. Yo considero estas propuestas razonable. Ésta sería una manera de salir de la situación que se ha creado, qué le daría la posibilidad de respirar serenamente a las gentes. ¿Usted ha preguntado lo que pasó, lo que evocó la entrega de armas a Cuba? Usted ha hablado sobre esto a nuestro Ministro de Asuntos Extranjeros. Yo le diré, Sr. Presidente, lo que francamente lo evocó.
Nosotros estábamos muy apesadumbrado por el hecho (yo hablé sobre él en Viena), que un desembarco tuvo lugar. que el ataque cometido en Cuba, dio como resultado de que muchos cubanos perecieran. Usted me dijo entonces que ese había sido un error. Yo respeté esa explicación. Usted lo repitió a mí varias veces, señalando que no todos los que ocupan una posición alta, reconocerían sus errores como usted había hecho. Yo valoro tal franqueza. Por mi parte yo le dije, que nosotros también tenemos no menos valor; nosotros también reconocimos esos errores que se habían cometido durante la historia de nuestro estado, y no sólo los reconozco, sino que grandemente los condeno.
¿Por qué nosotros hemos procedido ayudar a Cuba en lo militar y la ayuda económica? La respuesta es: Nosotros hemos procedido tan sólo por razones humanitarias. Una vez nuestros pueblos tenía una revolución, cuando la Rusia todavía era un país retrogrado. Nosotros fuimos atacados entonces. Nosotros éramos el blanco de ataque por muchos países. EE.UU. participó en esa aventura. Esto se ha registrado por los participantes de la agresión contra nuestro país. Un libro entero ha sido escrito sobre esto por las Tumbas Generales, que en ese momento comandaba a los Cuerpos Expedicionarios americanos. Las tumbas lo llamaron “La Aventura americana en Siberia”.
Nosotros sabemos cual difícil es lograr una revolución, y cual difícil es reconstruir un país en nuevas fundaciones. Nosotros simpatizamos sinceramente con Cuba, y el pueblo cubano, pero nosotros no estamos interfiriendo en las cuestiones de estructura doméstica, nosotros no estamos interfiriendo en sus asuntos. La Unión Soviética desea ayudar a los cubanos a construir su vida, como ellos la deseen, y que otros no deben impedirlos.
Usted dijo una vez que los Estados Unidos no estaban preparando una invasión. Pero usted también declaró que usted simpatizaba con los emigrantes contra-revolucionarios cubanos, que usted los apoya, y ayudaría para que ellos emprendieran sus planes contra el Gobierno actual de Cuba.
Tampoco es un secreto para cualquiera, que la amenaza de ataque armado, la agresión constantemente, ha continuado y continúa encima de Cuba. Era sólo esto que nos impelió responder a la demanda del Gobierno cubano, para proveer la ayuda de fortalecer la capacidad defensiva de su país.
Si las seguridades fueran dadas por el Presidente y el Gobierno de los Estados Unidos, que el propio EE.UU. no participaría en un ataque a Cuba y refrenaría a otros de acciones de esta clase, si usted revocara su flota, esto cambiaría todo inmediatamente. Yo no estoy hablando por Fidel Castro, pero yo pienso que él y el Gobierno de Cuba, evidentemente declararían la desmovilización y recurrirían al pueblo para empezar la labor pacífica.
Entonces también la cuestión de armamentos desaparecería, desde que si no hay ninguna amenaza, entonces los armamentos son una carga para cada pueblo. Entonces también la cuestión de la destrucción, no sólo de los armamentos que usted llama ofensivo, sino también de todos los otros armamentos.
Yo hablé en nombre del Gobierno soviético en los Naciones Unidas, e introduje una propuesta para disolver todos los ejércitos, y para la destrucción de todos los armamentos. ¿Cómo yo entonces, puedo contar ahora en esos armamentos?
Los armamentos traen sólo desastres. Cuando uno los aumenta, esto daña la economía, y si uno los pone a usar, entonces ellos destruyen a las personas en ambos lados. Por consiguiente, sólo un loco puede creer que los armamentos son los medios principales en la vida de la sociedad. No, ellos son una pérdida de energía humana, y lo que son para la destrucción de hombre aun más. Si las personas no muestran sabiduría, entonces en el último análisis, ellos vendrán en un choque, como los topos ciegos, y entonces el exterminio recíproco empezará.
Permítanos por consiguiente mostrar la sabiduría del estadista. Yo propongo: Nosotros por nuestra parte, declararemos que nuestras naves, destinadas para Cuba, no llevarán ningún tipo de armamentos. Usted declararía que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus fuerzas y no apoyarán cualquier clase de fuerzas que podrían pensar llevar a cabo una invasión de Cuba. Entonces la necesidad para la presencia de nuestros especialistas militares en Cuba desaparecería.
Sr. Presidente, yo recurro a usted para pesar bien las acciones agresivas piráticas que usted ha declarado, EE.UU. piensan llevar a cabo en las aguas internacionales. Usted sabe que cualquier hombre sensato simplemente no puede estar de acuerdo con esto, no puede reconocer su derecho a tales acciones.
Si usted hiciera esto como el primer paso hacia provocar la guerra, bien, entonces es evidente que nada más se deja a nosotros, sino para aceptar este desafío suyo.
Sin embargo, si usted no ha perdido su auto dominio, y sensiblemente ha concebido lo que esto podría causar, entonces Sr. Presidente, nosotros y usted no han de tirar de los extremos de la soga en que usted ha atado ahora el nudo de la guerra, porque el más de nosotros dos de el tirón, más firme ese nudo se atará.
Y un momento puede venir cuando ese nudo se atará tan firme, que incluso quién lo ató no tendrá la fuerza para desatarlo, y entonces será necesario cortar ese nudo, y lo que eso significaría no es para mí explicar a usted, porque usted entiende perfectamente de qué fuerzas terribles nuestros países disponen.
Por consiguiente, si no hay ninguna intención para apretar ese nudo y condenar el mundo a la catástrofe de guerra termonuclear, entonces no sólo permítanos relajar las fuerzas que tiran de los extremos de la soga, permítanos tomar las medidas para desatar ese nudo. Nosotros estamos listos para esto.
Nosotros damos la bienvenida a todas las fuerzas que están de pie en las posiciones de paz. Por consiguiente, yo expresé la gratitud a Sr. Bertrand Russell, quién manifestó alarma y preocupación por el destino del mundo, y yo respondí prontamente a la apelación del Secretaria General de la ONU, U Thant.
Ahí, Sr. Presidente, es mis pensamientos, que si usted estuviera de acuerdo con ellos, podría acabar con esta tensa situación que está perturbando a todas las gentes.
Estos pensamientos se dictan por un deseo sincero de relevar la situación, quitar la amenaza de guerra.

Respetuosamente suyo,
N. Khruschev.

Documento 2: 27 de octubre de 1962

Khruschev a Kennedy
Moscú, 27 de octubre de 1962.
Estimado Sr.. Presidente, yo he estudiado con gran satisfacción su contestación a Sr. Thant acerca de las medidas que deben tomarse para evitar el contacto entre nuestros navíos, y por eso evitar consecuencias irreparables y fatales. Este razonable paso de su parte, fortalece mi creencia que usted está mostrando la preocupación para preservar la paz, y que yo noto con satisfacción. Yo ya he dicho que nuestro pueblo, nuestro Gobierno, y yo personalmente como Presidente del Concilio de Ministros, nos preocupamos solamente por tener nuestro país desarrollado, y ocupar un lugar digno entre todos los pueblos del mundo, en la competencia económica, en el desarrollo de la cultura y las artes, y aumentando el nivel de vida del pueblo. Éste es el campo más noble y necesario para la competencia, y el vencedor y los vencimos solo derivaremos en beneficio de él, porque eso significa paz y un aumento en los medios por los cuales el hombre vive y encuentra regocijo.
En su declaración usted expresó la opinión que el objetivo principal simplemente no era llegar a un acuerdo y tomar medidas para prevenir el contacto entre nuestros navíos, y por consiguiente pudo ahondar la crisis, que como resultado de ese contacto, crear la chispa de un conflicto militar, que después todas las negociaciones serían superfluas, porque otras fuerzas y otras leyes entrarían entonces en el juego, las leyes de guerra.
Yo estoy de acuerdo con usted que éste es sólo el primer paso. La cosa principal que debe hacerse es normalizar y estabilizar la situación de paz entre los estados y entre los pueblos.
Yo entiendo su preocupación por la seguridad de los Estados Unidos, Sr. Presidente, porque éste es el primer deber de un Presidente. Pero nosotros también nos perturbamos sobre estas mismas cuestiones; yo llevo esas mismas obligaciones como Presidente del Concilio de Ministros de la U.S.S.R. Usted ha estado alarmado por el hecho que nosotros hemos ayudado a Cuba con las armas para fortalecer su capacidad de defensa, porque cualquier armas que pueda poseer Cuba, no puede igualarse con usted, ya que la diferencia en magnitud es muy grande, particularmente en vista a los medios modernos de destrucción.
Nuestro objetivo ha sido y es ayudar a Cuba, y nadie puede disputar la humanidad de nuestros motivos, que se orientan hacia permitirle a Cuba vivir apaciblemente y desarrollarse de la manera que el pueblo desee.
Usted desea garantizar la seguridad de su país, y esto es entendible. Pero Cuba también quiere la misma cosa; todos los países quieren mantener su seguridad. Pero cómo es que nosotros, la Unión Soviética, nuestro Gobierno, evaluar sus acciones que se expresan en el hecho que usted ha rodeado a la Unión Soviética con bases militares; rodeado a nuestros aliados con bases militares; bases militares puestas literalmente alrededor de nuestro país, y estacionó sus armamentos del proyectil allí. Esto no es secreto. personal americano responsables declaran abiertamente para que es.
Sus proyectiles se localizan en Bretaña, se localizan en Italia, y apuntan contra nosotros. Sus proyectiles se localizan en Turquía.
Usted se perturba sobre Cuba. Usted dice que esto lo perturba porque es a 90 millas por el mar de la costa de los Estados Unidos de América. Pero Turquía nos une; nuestros centinelas patrullan de un lado a otro y nos ven. ¿Usted considera entonces, que usted tiene el derecho para exigir la seguridad por su país, y el quitar las armas que usted llama ofensivas, pero no otorga el mismo derecho a nosotros?
Usted ha puesto armas de proyectil destructivos que usted llama ofensivas, en Turquía, literalmente al lado de nosotros. ¿Cómo entonces puede reconocerse que nuestras capacidades militares se reconcilien con tales relaciones desiguales entre nuestros grandes estados? Esto es irreconciliable.
Es bueno, Sr. Presidente, que usted ha estado de acuerdo en que nuestros representantes se encuentren y empiecen a hablar, al parecer a través de la mediación de U Thant, el Secretario General de las Naciones Unidas. Por consiguiente, él ha asumido el papel de un mediador hasta cierto punto, y nosotros consideramos que él podrá cubrir responsablemente con esta misión, con tal de que, por supuesto, que cada parte despliegue en esta controversia buena voluntad.
Yo pienso que sería posible acabar la controversia rápidamente y normalizar la situación, y entonces los pueblos podrían respirar más fácilmente, considerando que los estadistas cumplieron con la responsabilidad, que son de mente sobria y tienen un conocimiento de su responsabilidad, combinado con la habilidad de resolver cuestiones complejas, y no traer las cosas a una catástrofe militar.
Por consiguiente yo hago esta propuesta: Nosotros estamos dispuestos a quitar de Cuba los medios que usted considera ofensivo. Nosotros estamos dispuesto llevar a cabo esto y hacer esta garantía en las Naciones Unidas. Sus representantes harán una declaración al efecto, que los Estados Unidos por su parte, considerado la inquietud y ansiedad del Estado soviético, quitarán sus medios análogos de Turquía.
Permítanos alcanzar el acuerdo acerca del periodo de tiempo necesitado por usted y por nosotros para producir esto. Y después de eso, personas asignadas por el Concilio de Seguridad de Naciones Unidas, podrían inspeccionar en el lugar que el cumplimiento de las garantías se hizo.
Por supuesto, el permiso de los Gobiernos de Cuba y Turquía es necesario para la entrada en esos países de estos representantes, y para la inspección del cumplimiento de la garantía hecha por cada lado. Claro, sería mejor si estos representantes disfrutaran la confianza del Concilio de Seguridad como del suyo y mío (los Estados Unidos y la Unión Soviética), y también el de Turquía y Cuba.
Yo no pienso que sería difícil de seleccionar a las personas que disfrutarían la confianza, y respeto de todas las partes involucradas.
Nosotros haciendo este compromiso en el orden de dar satisfacción y esperanza a los pueblos de Cuba y Turquía, y fortalecer la confianza en su seguridad, haremos una declaración dentro del edificio del Concilio de Seguridad, al efecto de: que el Gobierno soviético da una solemne promesa de respetar la inviolabilidad de las fronteras y soberanía de Turquía, no interferir en sus asuntos interiores, no invadir Turquía, no hacer disponible nuestro territorio como una cabeza de puente para una invasión, y que también refrenaría aquéllos que contemplan cometer una agresión contra Turquía del territorio de la Unión Soviética o del territorio de los otros estados vecinos de Turquía.
El Gobierno de Estados Unidos hará una declaración similar dentro del Concilio de Seguridad con respecto a Cuba. Declarará que los Estados Unidos respetarán la inviolabilidad de las fronteras de Cuba y su soberanía, garantizaran no interferir en sus asuntos interiores, no invadir Cuba, o hacer su territorio disponible como una cabeza de puente para una invasión, y también refrenarán aquéllos que podrían contemplar cometer una agresión contra Cuba desde el territorio de los Estados Unidos, o del territorio de los otros estados vecinos a Cuba.
Por supuesto, para esto nosotros tendríamos que venir a un acuerdo con usted, y especificar un cierto límite de tiempo. Permítanos aceptar algún periodo de tiempo, pero sin el retraso innecesario.
Los medios situados en Cuba de que usted habla y qué lo perturba, como usted ha declarado, está en las manos de oficiales soviéticos. Por consiguiente, cualquier uso accidental de ellos en detrimento de los Estados Unidos se excluye.
Estos medios se sitúan en Cuba a la demanda del Gobierno cubano, y sólo son para los propósitos de la defensa. Por consiguiente, si no hay ninguna invasión a Cuba, o se ataca a la Unión Soviética, o cualquiera de nuestros otros aliados, entonces claro estos medios no son y no serán una amenaza para nadie. Porque ellos no son para los propósitos de ataque.
Si usted está conforme con mi propuesta, Sr. Presidente, entonces nosotros enviaríamos a nuestros representantes a Nueva York, a las Naciones Unidas, y les daríamos instrucciones para alcanzar rápidamente. Si usted también selecciona a su personal, y les da las instrucciones correspondientes, entonces esta cuestión puede resolverse rápidamente.
¿Por qué me gustaría hacer esto? Porque el mundo entero esta ahora temeroso, y espera acciones sensatas de nosotros. La más gran alegría para todas las gentes, sería el anuncio de nuestro acuerdo y la erradicación de la controversia que ha surgido.
Yo concedo gran importancia en cuanto a este acuerdo, que podría servir como un buen principio, y podría hacer en particular, más fácil para alcanzar un acuerdo en prohibir las pruebas del armas nucleares. La cuestión de las pruebas podría resolverse en forma paralela, sin conectar uno con el otro, porque éstos son problemas diferentes. Sin embargo, es importante que el acuerdo se alcance en ambos de estos problemas, para presentar a la humanidad un buen regalo, y también para alegrarlo con las noticias que el acuerdo se ha alcanzado en la cesación de pruebas nucleares, y que por consiguiente la atmósfera ya no se envenenará. Nuestra posición y la suya en este tema, están muy unidas.
Todos esto posiblemente podrían servir como un ímpetu bueno, hacia el hallazgo de acuerdos mutuamente aceptables en otros problemas polémicos, en que usted y yo hemos estado intercambiando puntos de vista. Estos problemas no han estado hasta ahora resueltos, pero ellos están esperando solución urgente, que aclararía la atmósfera internacional. Nosotros estamos preparado para esto.
Éstas son mis propuestas, Sr. Presidente.

Respetuosamente suyo,
N. Khruschev

Documento 3: 28 de octubre de 1962

De Kruschev a Fidel Castro
28 de octubre de 1962

Estimado Camarada Fidel Castro:
En nuestro mensaje de octubre 27 al Presidente Kennedy, permitió establecer la pregunta en su favor, defender Cuba de una invasión, e impedir la guerra.
La contestación de Kennedy que usted aparentemente también sabe, ofrece las seguridades que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus propias fuerzas, y no dará permiso a sus aliados para llevar a cabo una invasión. De esta manera el presidente de los Estados Unidos ha contestado mis mensajes del 26 y 27 de octubre de 1962 positivamente. Nosotros hemos terminado el borrador de nuestra contestación al mensaje del presidente,… el cual está siendo ahora trasmitido por la radio.
Con este motivo me gustaría recomendar ahora a usted, en este momento de cambio en la crisis, no ser llevado por sentimiento, y mostrar nuestra firmeza.
Yo debo decir que entiendo su sentimiento de indignación hacia las acciones agresivas y violaciones de normas elementales de ley internacional por parte de los Estados Unidos. Pero ahora, en lugar de la ley, lo que prevalece es la insensatez de los militaristas del Pentágono. Ahora que un acuerdo está en vista, el Pentágono está buscando un pretexto para frustrar este acuerdo. Esto es por qué están organizando los vuelos provocativos. Ayer usted derribó uno de éstos, mientras antes usted no lo hizo cuando ellos sobrevolaron su territorio. Los agresores se aprovecharán de semejante paso para sus propios propósitos. Por consiguiente me gustaría aconsejarlo de una manera amistosa, el de mostrar paciencia, firmeza y más firmeza. Naturalmente, si hay una invasión será necesario rechazarla por todos los medios. Pero nosotros no debemos permitir llevarnos lejos por las provocaciones, porque los militaristas desenfrenados del Pentágono ahora que la solución al conflicto está en la vista, y al parecer en su favor (de Cuba), mientras creando una garantía contra la invasión a Cuba, están intentando frustrar el acuerdo, y lo provocan a Ud. en acciones que podrían usarse en su contra. Yo le pido que no dé el pretexto para que hagan eso. De nuestra parte, nosotros haremos todo posible para estabilizar la situación en Cuba, defenderemos Cuba contra una invasión, y le aseguramos las posibilidades para construir una pacifica sociedad socialista.
Le envío mis saludos, extensivo a todo el grupo de su dirigencia.

N. Khruschev.

Documento 4: 28 de octubre de 1962

Kruschev a Kennedy
Moscú, 28 de octubre de 1962.

Estimado Sr. Presidente. Yo he recibido su mensaje del 27 de octubre. Yo expreso mi satisfacción y le agradezco el sentido de proporción que usted ha expuesto para la preservación de la paz del mundo.
Yo considero con gran comprensión su preocupación, y la preocupación del pueblo de Estados Unidos, en relación con el hecho que las armas que usted describe como ofensivas, son de hecho armas temibles. Usted y nosotros entendemos qué tipo de armas son:
En orden de eliminar tan rápidamente como sea posible el conflicto que pone en peligro la causa de la paz, para dar seguridad a todos los pueblos que piden paz, y para tranquilizar a las personas americanas, que yo también estoy seguro quieren paz, como hace el pueblo de la Unión Soviética y el Gobierno soviético, además de las instrucciones dadas anteriormente en la interrupción de trabajo en los sitios de construcción de armas, he dado una nueva orden para desmantelar las armas que usted describió como ofensivas, y regresarlas a la Unión Soviética.
Sr. Presidente, me gustaría repetir lo que yo ya había escrito a usted en mis anteriores mensajes, que el Gobierno soviético ha dado la ayuda económica a la República de Cuba, así como las armas, porque Cuba constantemente estaba bajo la amenaza continua de una invasión.
Un barco pirata había bombardeado La Habana. Ellos dicen que este bombardeo se hizo por emigrantes cubanos irresponsables. No obstante, la pregunta es, desde dónde ellos dispararon. Es un hecho que estos cubanos no tienen ningún territorio, ellos son fugitivos de su país, y ellos no tienen ningún medios para dirigir operaciones militares.
Esto significa que alguien puso en sus manos estas armas para bombardear La Habana, y para la piratería en el Caribe, en las aguas territoriales cubanas.
Es imposible en este tiempo, no darse cuenta de una nave pirata, considerado la concentración en el Caribe de naves americanas, de que todo puede verse y puede observarse. En estas condiciones, naves piratas vaguen libremente alrededor de Cuba y hagan ataques piratas a naves con carga pacíficas. Se sabe incluso, que ellos bombardearon una nave de carga británica. En una palabra, Cuba estaba bajo la amenaza continua de fuerzas agresivas que no ocultaron su intención para invadir su territorio.
El pueblo cubano quieren construir su vida en sus propios intereses, sin la interferencia externa. Éste es su derecho, y ellos no pueden culparse de querer ser amos de su propio país y disponer de los frutos de su propia labor.
Sr. Presidente, me gustaría decir más claramente otra vez, que nosotros no pudiéramos permanecer indiferentes a esto. El Gobierno soviético decidió dar la ayuda a Cuba con los medios de defensa contra la agresión, sólo con los medios para los propósitos de la defensa.
Yo considero con respeto y confía, en la declaración que usted hizo en su mensaje del 27 de octubre de 1962, que no habría ningún ataque, ninguna invasión a Cuba, y no sólo por parte de los Estados Unidos, pero también por parte de otras naciones del Hemisferio Occidental, como usted dijo en su mismo mensaje. Entonces los motivos que nos indujeron dar ayuda de tal tipo a Cuba desaparecen.
Es por esta razón que nosotros instruimos a nuestros oficiales, que ya yo le había informado anteriormente a Ud., que están en las manos de los oficiales soviéticos, tomaran las medidas apropiadas para discontinuar la construcción de los medios mencionado, desmantelarlos, y, para devolverlos al Unión Soviética.
Como yo le había informado en la carta del 27 de octubre, nosotros nos preparamos alcanzar el acuerdo para permitirles a los Representantes de las Naciones Unidas, verificar el desmantelando de estos medios.
Así que en vista de la seguridad que usted ha dado, y nuestras instrucciones en desmantelar, hay la condición por eliminar el conflicto presente.
Yo noto con satisfacción que usted ha respondido al deseo que yo expresé con respecto a la eliminación de la peligrosa situación mencionada, así como con respecto a mantener las condiciones para una apreciación más pensativa de la situación interior, cargada como está con los grandes peligros en nuestra era de armas termonucleares, cohetes, naves espaciales, cohetes globales, y otras armas mortales. Todas las personas están interesadas en asegurar la paz.
Por consiguiente, vestidos con confianza y gran responsabilidad, nosotros no debemos permitir agravar la situación, y debemos sellar los centros dónde una situación peligrosa cargada con graves consecuencias para la causa de paz han surgido. Si nosotros junto con usted, y con la ayuda de otras personas de buena voluntad, tenemos éxito eliminando esta tensa atmósfera, nosotros también debemos hacer cierto que ningún otro conflicto peligroso surgiría, que podría llevar a una catástrofe nuclear mundial.
En conclusión, me gustaría decir algo sobre una relajación entre la OTAN y el Tratado de Varsovia, que usted ha mencionado. Nosotros hemos hablado sobre esto, y estamos preparado continuar intercambiando puntos de vistas en esta cuestión con usted, y encontrar una solución razonable. A nosotros nos gustaría continuar el intercambio de puntos de vistas en la prohibición de armas atómicas y termonucleares, desarme general, y otros problemas que se relacionan a la relajación de tensión internacional.
Señor Presidente, yo doy fe a su declaración, pero, por otro lado, hay gentes irresponsables que querrían efectuar una invasión a Cuba y desencadenar así la guerra. Nosotros damos pasos prácticos y declaramos que vamos a desmontar y evacuar los medios correspondientes de Cuba, pero al obrar así, queremos infundir al pueblo cubano la seguridad de que nos encontramos a su lado y no nos eximimos de prestar ayuda al pueblo cubano.
Estamos convencidos de que los pueblos de todos los países, lo mismo que Usted Señor Presidente, me comprenderán acertadamente. No amenazamos, queremos solamente paz. Nuestro país se encuentra ahora en auge. Nuestro pueblo saborea los frutos del pacífico trabajo. Ha alcanzado enormes éxitos después de la revolución de octubre, ha creado grandiosos valores materiales, espirituales y culturales. Nuestro pueblo disfruta estos valores y quiere seguir desarrollando sus éxitos, quiere asegurar con su tenaz trabajo el sucesivo avance por el camino de la paz y el progreso social.
Me gustaría recordarle a Ud., Sr. Presidente, que aviones de reconocimiento militares han violado las fronteras de la Unión Soviética. En relación con esto ha habido conflictos entre nosotros y notas intercambiadas. En 1960 nosotros derribamos un avión U-2, cuyo vuelo de reconocimiento encima de la URSS, arruinó la conferencia de la cumbre en París. En ese momento usted tomó una posición correcta, y denunció ese acto criminal de la Administración americana anterior. Pero durante su período como Presidente, otra violación de nuestra frontera ha ocurrido, un avión U-2 americano en el área de Sakhalin. Nosotros le escribimos sobre la violación del 30 de agosto. En ese momento usted contestó que esa violación había ocurrido como resultado de un mal tiempo, y dio seguridad que esto no se repetiría. Nosotros confiamos en su palabra, porque el tiempo en ese momento estaba de hecho pobre en esa área.
Pero no tenía sus aviones ordenes para volar sobre nuestro territorio. La conclusión es que esto se está haciendo con el conocimiento del Pentágono, que pisotea las normas internacionales, y violan las fronteras de otros estados.
Un caso aun más peligroso ocurrió el 28 octubre, cuando uno de sus aviones de reconocimiento incursionó encima de las fronteras soviéticas, en el área de Chukotka, Península al norte, y voló encima de nuestro territorio. La pregunta es, Sr. Presidente: ¿Cómo nosotros debemos considerar esto? Que es esto: ¿Una provocación?
Uno de sus aviones viola nuestra frontera durante este ansioso tiempo que nosotros dos estamos experimentando, cuando todo se ha puesto en la prontitud del combate.
¿No es un hecho que fácilmente un avión americano intruso, pudiera tomarse fácilmente como un bombardero nuclear, que podría empujarnos a un paso fatal? Y más desde que el Gobierno americano y el Pentágono, declararon hace tiempo que ustedes están manteniendo una continua patrulla de bombardero nuclear. Por consiguiente, usted puede imaginar la responsabilidad que usted está asumiendo, especialmente ahora, cuando nosotros estamos viviendo a través de tiempos ansiosos.
Me gustaría expresar el siguiente deseo, que concierne al pueblo cubano. Usted no tiene relaciones diplomáticas con Cuba, pero a través de mis funcionarios en Cuba, yo tengo los informes que los aviones americanos están haciendo vuelos encima de Cuba.
Nosotros estamos interesados que no debe haber ninguna guerra en el mundo, y que el pueblo cubano deben vivir en paz. Y además, Sr. Presidente, no es ningún secreto que nosotros tenemos nuestro personal en Cuba. Bajo un tratado con el Gobierno cubano, nosotros hemos enviado a funcionarios, instructores, principalmente personal civil: especialistas, agrónomos, técnicos del parque zoológico, regadíos, especialistas en la tierra, obreros civiles, chóferes de tractor, y otros. Nosotros nos preocupamos por ellos. Me gustaría que usted considerara, Sr. Presidente, que la violación de espacio aéreo cubano por aviones americanos, también podría llevar a consecuencias peligrosas. Y si usted no quiere que esto suceda, se haría bien no dar ninguna causa para que una situación peligrosa surja.
Nosotros debemos tener ahora cuidado, y debemos contener cualquier paso que no sería útil a la defensa de los estados involucrado en el conflicto, y que solo podría causar irritación, e incluso podría servir como una provocación para un paso fatal. Por consiguiente, nosotros debemos desplegar juicio, razón, y retener semejantes pasos. Nosotros valoramos la paz, quizás más aun que otras gentes, porque nosotros llevamos a cabo una guerra terrible con Hitler. Pero nuestras gentes no vacilarán ante cualquier prueba.
Nuestras gentes confían en su Gobierno, y nosotros aseguramos a nuestras gentes y a la opinión pública mundial, que el Gobierno Soviético no permitirá el mismo ser provocado. Pero si los provocadores liberan una guerra, ellos no evadirán su responsabilidad. Pero nosotros estamos seguros que la razón triunfará, que esa guerra no se liberará, y la paz y la seguridad de las gentes se garantizará.
En relación con las negociaciones actuales entre el Secretario General U Thant, y representantes del Unión Soviética, los Estados Unidos, y la República de Cuba, el Gobierno soviético ha enviado al Primer Diputado de Relaciones Extranjeras V. V. Kuznetsov a Nueva York, para ayudar U. Thant en sus nobles esfuerzos de eliminar la situación peligrosa presente.
Respetuosamente suyo,

N. Kruschev
En: Documentos sobre la amistad soviético-cubana, Ediciones Pravda, Moscú 1963. Páginas 356 -361

Documento 5: 28 de octubre de 1962

Khruschev a Kennedy
Moscú, 28 de octubre de 1962.


Estimado Sr. Presidente, el Embajador Dobrynin me ha informado de su conversación con Robert Kennedy que tuvo lugar el 27 de octubre. En esta conversación, Robert Kennedy dijo que es en la actualidad algo difícil para usted discutir la cuestión de eliminar los proyectiles americanos basados en Turquía, debido al hecho que esas bases en Turquía se formalizó a través de la OTAN. La prontitud para estar de acuerdo en este problema que yo llevé en mi mensaje a usted del 27 de octubre, también fue enfatizado. En este contexto Robert Kennedy dijo que quitar esas bases de Turquía tomaría de 4 a 5 meses. Además, un deseo fue expresado en los intercambios de vistas en este asunto entre usted y yo, que deberían continuar a través de Robert Kennedy y el Embajador soviético, y que estos intercambios debieran ser considerados confidenciales.
Yo me siento que debo decir a usted, que yo entiendo la delicadeza que involucra para usted una consideración abierta del problema de eliminar los proyectiles americanos basados en Turquía. Yo tengo en cuenta la complejidad de este asunto, y creo que usted tiene razón sobre no desear discutirlo públicamente. Yo estoy de acuerdo que nuestra discusión de este asunto se siga confidencialmente a través de Robert Kennedy y el Embajador soviético en Washington.
Usted puede haber notado eso en mi mensaje a usted del 28 de octubre, qué sería publicado inmediatamente, que yo no planteé esta cuestión precisamente porque yo estaba atento a su deseo de ser llevado a través de Robert Kennedy. Pero todas las propuestas que yo presenté en ese mensaje, tuvieron en cuenta el hecho que usted había estado de acuerdo en resolver el asunto de sus proyectiles basados en Turquía, consistente con lo que yo había dicho en mi mensaje del 27 de octubre, y qué usted declaró a través de Robert Kennedy en su reunión con el Embajador Dobrynin ese mismo día. Yo expreso mi gran apreciación a usted haber instruido su hermano R. Kennedy, que llevara esos pensamientos.

Yo espero, Sr. Presidente, que el acuerdo en este asunto, también no será un paso pequeño que adelanta la causa de relajación de tensiones internacionales, y las tensiones entre nuestros dos poderes. Y que a su vez puede proporcionar un ímpetu bueno a resolver otros problemas que involucran la seguridad de Europa y la situación internacional en conjunto.
Sr. Presidente, la crisis por la que nosotros hemos pasado puede repetirse de nuevo. Esto significa que nosotros necesitamos dirigirnos a los problemas que contienen demasiado material explosivo, por supuesto no en seguida. Al parecer, tardará algún tiempo para que las pasiones se calmen. Pero nosotros no podemos tardar la solución a estos temas, para la continuación de esta situación… con tantas incertidumbres y peligros.
Atentamente,
N. Khruschev.

Análisis de los documentos:

Carta 26 de Octubre: Carta a Kennedy.
La primera carta que hemos expuesto, manifiesta el primer indicio de poner fin a la crisis por parte de la Unión Soviética. En esta extensa misiva, Kruschev expone de un modo muy conmovedor el panorama generado a raíz de la presencia de misiles en Cuba. En primer lugar, se pone énfasis en las razones que llevaron a la URSS a proporcionar misiles a Cuba son netamente defensivas y en ningún caso ello indica el comienzo de una arremetida contra Estados Unidos: Todos los medios localizados allí, y yo le aseguro de esto, tienen un carácter defensivo, están solamente en Cuba para los propósitos de defensa, y nosotros los hemos enviado a Cuba a demanda del Gobierno cubano. Usted, sin embargo, dice que éstos son medios ofensivos. Enseguida, Kruschev afirma que está plenamente conciente que si la URSS decidiera atacar, el Gobierno norteamericano reaccionaría de inmediato y ello desencadenaría una conflagración de magnitudes insospechadas debido al amplio poder destructivo de las armas que ambos bandos poseen. En este punto el Secretario General de la URSS vuelve sobre su discurso acerca de la “coexistencia pacífica”, que implica la necesidad de coexistir a pesar de las amplias diferencias entre ambos mundos: Nosotros, sin embargo, queremos vivir y no queremos destruir su país. Nosotros queremos algo bastante diferente, competir con su país en una base pacífica. Nosotros reñimos con usted, nosotros tenemos diferencias ideológicas. Pero nuestra vista del mundo consiste en esto, esas cuestiones ideológicas, así como los problemas económicos, no debe resolverse por medio del ejército, ellos deben resolverse en base a la competencia pacífica, es decir, como esto se entiende en la sociedad capitalista, en base a la competencia.
El segundo aspecto que destaca Kruschev es su condena a las medidas adoptadas por EEUU, refiriéndose al bloqueo o “cuarentena”, como una acto de piratería, no acorde con las leyes internacionales vigentes. Respecto de esto, Kruschev señala que los barcos soviéticos que marchan en dirección a Cuba no transportan armamentos: Yo le aseguro que estos barcos, ahora limitados para Cuba, están llevando la más inocente carga pacífica… Las armas que eran necesarias para la defensa de Cuba ya están allí. Yo no quiero decir que no había cualquier embarque de armas en absoluto. No, había tales embarques. Pero ahora Cuba ya ha recibido los medios necesarios de defensa. Enseguida Kruschev pasa a explicar las razones históricas que motivaron a la Unión Soviética a ayudar a Cuba a mantener en pie su movimiento revolucionario. La principal razón esgrimida se pone en paralelo a la realidad soviética de los primeros años de la revolución, donde se tuvo que enfrentar el ataque de fuerzas externas que pretendían aplacar y eliminar la revolución. En este punto enrostra a Estados Unidos su participación en aquellos conflictos. Desde ese punto de vista, la URSS sentía hacia Cuba una responsabilidad fraternal, que implicaba ayudar militar y económicamente a la joven República Revolucionaria.
Ahora bien, luego de explicar todas sus intenciones “pacificas” y las razones por las que se estaba ayudando a Cuba e instalando misiles en aquel lugar, Kruschev pasa a proponer una alternativa de solución para la Crisis: Yo propongo: Nosotros por nuestra parte, declararemos que nuestras naves, destinadas para Cuba, no llevarán ningún tipo de armamentos. Usted declararía que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus fuerzas y no apoyarán cualquier clase de fuerzas que podrían pensar llevar a cabo una invasión de Cuba. Entonces la necesidad para la presencia de nuestros especialistas militares en Cuba desaparecería.
Los últimos párrafos de la carta se dedican a hacer una proyección en caso de que Estados Unidos no acoja favorablemente la propuesta y en cambio decida arriesgarse a dar comienzo al conflicto armado. El panorama es lúgubre, pues como al principio de la carta Kruschev señala que él tiene claro que si la URSS decidiera dar el primer paso de agresividad, Estados Unidos respondería, éste último también debe tener presente que cualquier acto de agresión será respondido con la misma firmeza. En estas circunstancias, Kruschev pone fin a la carta dando a conocer su disposición a evitar la catástrofe nuclear y atender también a las gestiones realizadas por la ONU a través de su Secretario General U. Than.
Carta 27 Octubre: Carta a Kennedy.

Antes de que J.F. Kennedy diera respuesta a la carta enviada por Kruschev el día 26 de octubre, el Secretario General del Partido Comunista de la URSS, envía una segunda misiva. En ésta, Kruschev comienza poniendo de relieve su interés por poner fin a la crisis, e insiste en el carácter defensivo de las armas otorgadas por la Unión Soviética a Cuba. No obstante, la diferencia esencial entre ambas cartas radica en que en esta oportunidad Kruschev agrega una segunda demanda para proceder al retiro de los misiles de Cuba: Nosotros estamos dispuestos a quitar de Cuba los medios que Usted considera ofensivos. Nosotros estamos dispuestos llevar a cabo esto y hacer esta garantía en las Naciones Unidas. Sus representantes harán una declaración al efecto, que los Estados Unidos por su parte, considerado la inquietud y ansiedad del Estado soviético, quitarán sus medios análogos de Turquía.
En el mapa que se presenta a continuación se evidencia la situación esbozada por Kruschev en la carta del 27 de octubre. En primer término, afirma reconocer la preocupación expresada por Estados Unidos y comprender la actitud de Kennedy como Presidente de los norteamericanos, ya que su principal deber es velar por la seguridad de su país. Pero de inmediato pasa a enrostrar a Kennedy el hecho que esa misma situación es la que afecta a la Unión Soviética, es decir, que también se siente asediada y rodeada de bases militares enemigas, las cuales no sólo se encuentran ubicadas cerca de las fronteras de la URSS, sino que están instaladas en territorios colindantes: Usted se perturba sobre Cuba. Usted dice que esto lo perturba porque está a 90 millas por el mar de la costa de los Estados Unidos de América. Pero Turquía nos une; nuestros centinelas patrullan de un lado a otro y nos ven. ¿Usted considera entonces, que usted tiene el derecho para exigir la seguridad por su país, y el quitar las armas que usted llama ofensivas, pero no otorga el mismo derecho a nosotros?. (VER MAPA ANTERIOR)

NOTAS
[1] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm
[2] Idem
[3] Neustadt, Richard – May Ernest, Ob. Cit., Página 32
[5] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 870
[6] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm

A través de esta carta, se estaba manifestando concretamente lo que el Comité Nacional de Seguridad norteamericano ya había previsto: la exigencia de un trueque de misiles. En efecto, el día 18 de octubre en una de las reuniones del ExCom, Kennedy afirma: “La única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía”. Ante ello, el Consejero de Kennedy en asuntos de seguridad, George Bundy, sostiene: “…pienso que sin duda es importante que Kruschev tenga en ese momento en sus manos un mensaje que diga que estamos dispuestos a desmantelar nuestra base turca”.[1] No obstante, como señala Charles Zorgbibe, esta propuesta no podía ser objeto de debate público, ya que si bien los misiles instalados en Turquía eran considerados obsoletos, aceptar públicamente su retirada a petición de la URSS habría significado dar a Moscú un derecho de fiscalización en los asuntos de la Alianza Atlántica. Robert Kennedy propone ignorar la segunda carta y responder sólo a la primera.[2] El asunto de los misiles instalados en Turquía, formó parte de los acuerdos soviético-norteamericanos, pero se llevó a cabo en conversaciones secretas entre el Embajador de la Unión Soviética, Dobrynin y el hermano del Presidente, Robert Kennedy.

Carta 28 Octubre: Carta a Fidel Castro

Según el propio contenido de la carta, ésta fue escrita al momento en que se daba a conocer a Estados Unidos, a través de comunicación radiofónica, la decisión de retirar y repatriar a la URSS los misiles instalados en Cuba. En esta misiva muy breve, Nikita Kruschev insta a Fidel Castro a ser prudente y no llevar a cabo actos que pudieran ser considerados por Estados Unidos como una provocación. En primer lugar, el Secretario General del PCUS expone a Fidel Castro los avances que se han logrado en las negociaciones con Estados Unidos y las garantías de las que se ha beneficiado Cuba a raíz de estas mismas. En efecto, Nikita Kruschev dice a Castro: La contestación de Kennedy que usted aparentemente también sabe, ofrece las seguridades que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus propias fuerzas, y no dará permiso a sus aliados para llevar a cabo una invasión. De esta manera el presidente de los Estados Unidos ha contestado mis mensajes del 26 y 27 de octubre de 1962 positivamente.
En forma clara, Kruschev está reprochando a Castro haber derribado un avión norteamericano, no obstante procura darle a la carta un tono de recomendación y no de orden, sólo “aconseja” al líder cubano ser más prudente, ya que según su apreciación “Ahora que un acuerdo está en vista, el Pentágono está buscando un pretexto para frustrar este acuerdo. Esta es la razón por la qué están organizando los vuelos provocativos”. Esta carta puede ser considerada como una de las evidencias de la sincera intención de Kruschev por mantener el conflicto bajo control y evitar el peligro de una conflagración nuclear. No obstante, de todos modos, en las últimas líneas de la carta, Kruschev comunica la intención de seguir defendiendo a Cuba contra toda invasión y su solidaridad para con la construcción de un régimen socialista en la isla del caribe, pero insiste en no provocar con actos hostiles al coloso norteamericano: si hay una invasión será necesario rechazarla por todos los medios. Pero nosotros no debemos permitir llevarnos lejos por las provocaciones, porque los militaristas desenfrenados del Pentágono ahora que la solución al conflicto está en la vista… están intentando frustrar el acuerdo.

La buena voluntad también estuvo dada por parte de Kennedy. Pues como señalan Richard Neustadt y Ernest May, hubiese sido bastante fácil, e incluso natural ver el derribo del avión U2, como una señal que confirmaba la agresividad soviética. No obstante, el Presidente Kennedy decidió esperar y no atender a algunos de sus consejeros que le instaban a tomar represalias inmediatas.[3] Desde esta perspectiva, efectivamente, podemos dar crédito a las afirmaciones realizadas por Carlos Lechuga, Embajador Cubano, ante la ONU durante la crisis de los misiles. Al igual que Bob McNamara, accedió a dar una entrevista a la BBC Mundo en octubre del 2002, es decir a 40 años de la crisis. En esta oportunidad Carlos Lechuga señala “Ninguno de los dos gobierno hubiera asumido la responsabilidad de desatar una guerra mundial”.[4] No obstante, afirma que durante la crisis el temor fue real de parte de ambos bandos y el momento más crítico fue el día en que se derribó el avión norteamericano mientras sobrevolaba Cuba.

Carta 28 Octubre: Carta a Kennedy. Dada a conocer previamente por trasmisión radiofónica.

El documento en cuestión fue dado a conocer a través de un mensaje radiofónico, por medio del cual, Nikita Kruschev, se encargó de comunicar al gobierno norteamericano su disposición de retirar los misiles de Cuba. Como señala Bob McNamara en una entrevista a la BBC Mundo (11 de octubre del 2002), el mensaje de Kruschev puede ser considerado como el factor que detuvo lo que pudo haberse convertido en la tercera gran conflagración del siglo XX.[5] En efecto, el mensaje radiofónico enviado por Nikita Kruschev, al Presidente de Estados Unidos, J.F. Kennedy, el 28 de octubre de 1962, es considerado como el hito que pone fin a la crisis de los misiles,[6] pues concretamente el líder de la URSS manifiesta la voluntad de retirar y repatriar el armamento soviético instalado en Cuba, a cambio de la promesa que J. Kennedy había dado a conocer en una carta el día anterior.
El escenario era el siguiente: el día 27 de octubre el Comité de Seguridad Nacional (ExCom) había recomendado en forma unánime atacar en 48 horas a Cuba, pues el bloqueo no estaba consiguiendo los resultados esperados, es decir, la desmantelación de los misiles. Respecto de esto, McNamara afirma: El ataque aéreo para el primer día fue planeado, e iba a ser un ataque gigante… Movilizamos 180 tropas desde puertos americanos en el sudeste, los transportamos hacia Cuba. No fue sino 29 años más tarde, en enero de 1992, que supimos en una reunión en La Habana, que presidió Castro, que en ese momento en que estábamos recomendando atacar, ¡los soviéticos tenían ya 162 ojivas nucleares en suelo cubano!.[7]. Teniendo en cuenta este contexto, la decisión tomada por Kruschev cobra una gran relevancia, ya que con su declaración detuvo los preparativos organizados por el ExCom y marca el comienzo del fin de la crisis. Por su parte, el gobierno norteamericano ordenó ese mismo día la interrupción de los vuelos de reconocimiento sobre la isla y también permitió la libre circulación de los buques soviéticos. Tales medidas y la respuesta al mensaje trasmitido por Kruschev, fueron dadas a conocer el mismo día 28 de octubre a través de la carta enviada por Kennedy al líder soviético.

El mensaje de Nikita Kruschev consta de la siguiente estructura:
Ø Dar a conocer voluntad de desmantelar y repatriara la URSS las armas instaladas en Cuba.
Ø Reiterar las intenciones pacíficas de la ayuda soviética a Cuba
Ø Aceptar la promesa de Estados Unidos de no invadir Cuba.
Ø Deseo de acercamiento diplomáticos con el fin de evitar confrontaciones futuras y catástrofes nucleares.
Ø Enrostrar a Estados Unidos las violaciones cometidas en contra de la URSS y en contra de Cuba.
Ø Finalmente se insiste en las intenciones pacificas de la URSS, pero también se subraya la voluntad de mantenerse firme ante cualquier ataque perpetrado contra la URSS o contra su protegida, Cuba.
En gran medida el documento viene a reiterar las ideas ya expresadas por Kruschev en las cartas del 26 y 27 de octubre, poniendo énfasis en el carácter defensivo de la ayuda soviética a Cuba, no obstante la importancia crucial del mensaje está dada a partir de la declaración expresa del comienzo de la retirada de los misiles. Dirigiéndose a Kennedy, afirma: “Yo considero con respeto y confianza la declaración que usted hizo en su mensaje del 27 de octubre de 1962, que no habría ningún ataque, ninguna invasión a Cuba, y no sólo por parte de los Estados Unidos, pero también por parte de otras naciones del Hemisferio Occidental, como usted dijo en su mismo mensaje. Entonces los motivos que nos indujeron dar ayuda de tal tipo a Cuba desaparecen”. Como se puede apreciar la razón esgrimida es que se ha considerado suficiente la promesa de Kennedy de no invadir la isla. Así, ante la peligrosidad de la situación, la crisis finalizaba sobre la base de una promesa y sin la firma de ningún tratado. Esta situación es recordada por Carlos Lechuga, Embajador Cubano ante la ONU, como una de las muestras de la debilidad soviética ante la presión norteamericana. En efecto, Lechuga afirma: los soviéticos se conformaron con “una promesa de Kennedy (de no invadir Cuba) -sin ningún valor porque nunca se firmó un documento”.[8]
El mensaje de Kruschev conoció los siguientes canales de difusión: en primer lugar fue trasmitido radiofónicamente por la radio Moscú, luego se remitió una copia al Presidente Norteamericano, otra copia al secretario General interino de la ONU, U. Thant y la publicación en el periódico Pravda de Moscú.[9]

Carta 28 Octubre: Carta a Kennedy. Acuerdos secretos sobre los misiles instalados en Turquía.

El mismo día en que Kruschev hacía pública su decisión de retirar los misiles soviéticos instalados en Cuba, envió una misiva de carácter secreto al Presidente J.F. Kennedy, en la que trataba el tema de los misiles instalados en Turquía. El tema de la transacción de los misiles de Cuba por los de Turquía había sido puesto sobre la mesa a través de la carta enviada por Kruschev el 27 de octubre. En ésta, el líder soviético había agregado a la demanda de no invadir Cuba, la exigencia de retirar los misiles instalados en Turquía, por significar éstos un peligro equivalente al que Estados Unidos esgrimía sentir por parte de las armas instaladas en Cuba. Ante esta situación debemos recordar que la propuesta dada por Robert Kennedy (hermano del presidente), fue responder a la primera exigencia e ignorar la segunda, es decir, asegurar que Estados Unidos no procedería a la invasión de Cuba, pero no hacer mención al tema de los misiles instalados en Turquía. Como señala Charles Zorgbibe, si bien, los misiles instalados en Turquía eran considerados obsoletos, no se podía admitir públicamente la intromisión de Moscú en la política exterior norteamericana, ni su derecho a fiscalizar los asuntos de la Alianza Atlántica.[10]

Ahora bien, el significado de los misiles instalados en Turquía para Estados Unidos queda claramente reflejado en uno de los informes diarios de las reuniones del ExCom (Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad):

Minuta de la ExCom[11]: 27 de octubre 1962
El presidente recordó que hace más de un año deseábamos sacar los misiles Júpiter de Turquía porque se habían tornado obsoletos y de poco valor militar. Si los misiles en Cuba añadían 50% a la capacidad nuclear soviética, entonces trocar esos misiles por otros en Turquía sería de gran valor militar. Pero ahora estamos en la posición de arriesgar la guerra en Cuba y en Berlín por los misiles en Turquía, que son de poco valor militar. Desde el punto de vista político, sería difícil obtener apoyo para un ataque aéreo en contra de Cuba porque muchos pensaron que podríamos hacer un buen negocio si ofreciéramos sacar los misiles de Turquía en el caso de que los rusos aceptaran remover los misiles de Cuba. Estamos en una mala posición si parecemos estar atacando a Cuba Con el fin de mantener inútiles misiles en Turquía. Nosotros… debemos afrontar la posibilidad de cierta clase de negociación por los misiles.

En el documento expuesto se evidencia la voluntad de J.F. Kennedy de llegar a un acuerdo razonable con el líder soviético respecto de los misiles instalados en Turquía. No obstante, como se puede apreciar a partir de las discusiones sostenidas en el seno de la ExCom, no había unanimidad acerca del tema de Turquía. Quienes se ponían a la transacción, esgrimían, esencialmente, que los turcos protestarían y que los otros gobiernos de la OTAN tampoco aprobarían tal medida.[12] Ante tales problemas, finalmente se opta por tratar el tema de los misiles turcos en un nivel secreto y no mencionarlo como parte de los acuerdos y conversaciones con los soviéticos.

En efecto, esta situación es la que vemos esbozada a partir de la carta enviada por Nikita Kruschev el 28 de octubre a J.F. Kennedy. En primer lugar reconoce la legitimidad de la exigencia norteamericana de tratar el tema sólo en el ámbito confidencial a través del Embajador soviético Dorbrynin y el hermano del Presidente, Robert Kennedy. Pone énfasis en el hecho de no haber mencionado el tema de los misiles turcos en el mensaje radiofónico en el que anunció la retirada del armamento instalados en Cuba. La carta en cuestión, finaliza reiterando la voluntad de mejorar las relaciones diplomáticas con el fin de no volver a enfrentarse a peligros como los suscitados durante el mes de octubre a raíz de los misiles instalados en Cuba.

Ahora bien, las conversaciones se siguieron desarrollando a nivel confidencial. En éstas, Robert Kennedy prometió que los misiles norteamericanos saldrían de Turquía en cuatro o cinco meses. También dijo que no sólo negaría haber hecho nunca tal promesa sino que, si algún ruso la revelaba, se cancelaría toda negociación. Así pues, en el acuerdo no se hizo referencia alguna de una transacción, y sólo se mencionó que el retiro de los misiles soviéticos en Cuba se realizaría a cambio de que los Estados Unidos no invadirían Cuba. Cinco meses más tarde salieron los misiles norteamericanos de Turquía.[13]

El fin de la Crisis de los misiles

La crisis concluyó sin la necesidad de llegar a la utilización de las armas. En octubre de 1962 el mundo estuvo a un paso de dar comienzo a la tercera gran conflagración del siglo XX, no obstante, en el momento de máxima tensión las partes encontraron el modo de dar marcha atrás en el camino hacia la hecatombe mundial. Ambas partes estaban conscientes del enorme poder destructor de las armas que estaban en su poder y sabían que haber dado el primer paso hacia la guerra, implicaba también sentenciar a muerte a gran parte de la población del propio país. Desde esta perspectiva, como señala Henry Kissinger, las inhibiciones catastróficas de la era nuclear hicieron posible que el mundo bipolar generado a partir de la Guerra Fría se salvara de verse envuelto en una guerra general.[14] En esta misma línea, las palabras de Andre Fontaine, además de conmovedoras, nos parecen muy acertadas, ya que logran reflejar claramente el significado de este momento de máxima tensión:

Los grandes de la tierra podrían aniquilar naciones enteras con solo pulsar un botón, pero saben que tendrían todas las posibilidades de contarse ellos mismo entre el número de las víctimas de la tempestad así desencadenada. Y si, por milagro, uno u otro lograra escapar, su victoria sólo le permitiría contemplar un reino de ruinas perdiéndose en la distancia y una raza minada en su descendencia por la atroz enfermedad de las radiaciones.
No hay nada que compense este riesgo. Tienen pues que renunciar a la guerra abierta, como medio de hacer prevalecer sus ambiciones e intereses.[15]

Si bien es cierto, con estas palabras, Fontaine está caracterizando el conflicto de la Guerra Fría en su totalidad, su significado pareciera estar haciendo referencia concreta al conflicto suscitado en 1962. En este punto debemos tener presente que Fontaine Escribe su libro acerca de la Guerra Fría entre enero de 1962 y noviembre de 1965, por tanto, la crisis de los misiles no sólo formó parte de su objeto de estudio, sino que también, él mismo se cuenta entra las posibles víctimas de la hecatombe mundial que podría haber generado la conflagración directa entre las dos potencias nucleares.

Ahora bien, como señala Eric Hobsbawm, el resultado de esta fase de amenazas mutuas fue la estabilización del sistema internacional y el acuerdo tácito por parte de ambas superpotencias de no asustarse mutuamente ni asustar al resto del mundo, cuyo símbolo fue la instalación del teléfono rojo que entonces (1963) conectó la Casa Blanca con el Kremlin.[16] En efecto, la crisis de Cuba resultó demasiado peligrosa para ambos bandos. Además de la instalación del teléfono rojo, produjo algunas negociaciones con el fin de suavizar la amenaza nuclear. El primer resultado fue el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas Atómicas de 1963, que puso fin a las pruebas nucleares en la atmósfera. Después de Cuba, las dos superpotencias nunca más llegaron a una situación en la que se arriesgaran a un enfrentamiento directo. Aunque esto no impidió que siguieran participando e interviniendo en los conflictos suscitados en la periferia o “Tercer Mundo”, pero su participación en ellos se limitó a proporcionar adiestramiento y material a los amigos, o bien, como señala Lawrence Freedman, a luchar contra los amigos del otro bando.[17]

Como se puede apreciar, esta segunda fase de la Guerra Fría (1953-1962), concluye al momento en que las superpotencias manifiestan concretamente su voluntad de abstenerse de llegar a enfrentarse directamente. Así, el período que comenzó con la voluntad de suavizar los conflictos, conoció su máxima tensión en octubre de 1962, momento en el cual las amenazas y contra amenazas terminaron siendo reemplazas por la manifestación concreta de la voluntad de no arriesgarse a producir un conflicto nuclear. El líder soviético lo manifestó por medio de sus comunicados y declaraciones del 28 de octubre, mientras que el Presidente Norteamericano encontró el modo de contener las fuerzas agresivas de algunos de sus asesores, optando por las recomendaciones más prudentes: ante la opción de la invasión o el bloqueo de Cuba, eligió el bloqueo; ante el derribo del avión norteamericano, optó por esperar antes de considerar aquello como una afrenta. Y en efecto, como señala Richard Neustadt y Ernest May, el Presidente Kennedy manifestó expresamente su interés de no pasar a ser parte de la historia como el hombre que condujo al mundo hacia la tercera Gran Guerra del siglo, sino que esperaba pasar a ser parte de la historia como el hombre que hizo todo lo posible por mantener la paz.[18]

NOTAS
[1] Grabaciones desclasificadas de los archivos Kennedy realizadas a fines de 1996. En: http://www.quepasa.cl/
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 310
[3] Nustadt, Richard – May, Ernest, Ob. Cit., Página 40
[4] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2304000/2304241.stm (Entrevista a Carlos Lechuga, embajador Cubano ante la ONU)
[5] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm (Entrevista a Bob McNamara)
[6] Nustadt, Richard – May, Ernest, Ob. Cit., Página 32
[7] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm (Entrevista a Bob McNamara)
[8] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2304000/2304241.stm (Entrevista a Carlos Lechuga, 12 octubre 2002)
[9] Documentos sobre a Amistad Soviético Cubana, Los Pueblos de la URSS y Cuba marcharán siempre juntos, Ediciones Pravda, Moscú, 1963. Páginas 356
[10] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 310
[11] Neustadt, Richard- May, Ernest, Ob. Cit., Página 42
[12] Ibidem, Página 41
[13] Ibidem, Página 42
[14] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 222
[15] Fontaine, Andre, Ob. Cit., Página 5
[16] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 247
[17] Freedman, Lawrence, El enfrentamiento de las superpotencias, 1945-1990. En: Historia Oxford Del Siglo XX, Ob. Cit., Página 260
[18] Neustadt, Richard- May, Ernest, Ob. Cit., Página 43

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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GUERRA FRIA FASE 2: LA COEXISTENCIA PACÍFICA.

5 06 2007

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Todo sobre Guerra Fría

Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964

GUERRA FRIA FASE 2: 1953 – 1962. LA COEXISTENCIA PACÍFICATras la Guerra de Corea, las tensiones entre los bloques tendieron a calmarse. Comenzaba una nueva etapa en las relaciones internacionales a la que se ha denominado “coexistencia pacífica”. Ésta se habría conseguido, esencialmente, gracias a lo que Jean Duroselle ha denominado “equilibrio del terror”.[1] Éste último se explica a partir del hecho que la tecnología militar utilizada por ambos bandos logró sobrepasar por primera vez los límites de la destrucción total. Ante tales condiciones, dar comienzo a un conflicto directo, habría significado sentenciar a muerte a la propia población, cuestión a la que ninguno de los dos bandos en pugna llegó a arriesgarse.

El primer cambio que destacamos estuvo dado a partir del ascenso de nuevos líderes políticos tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética. El General D. Eisenhower sucedió a H. Truman en la presidencia norteamericana, asumiendo el cargo entre 1953 y 1960. Mientras que en la URSS, tras la muerte de Stalin (5 de marzo de 1953), la lucha por la sucesión se inclinó a favor de los sectores más renovadores del aparato estatal soviético, de entre los que destacan Malenkov, Bulganin y Kruschev.[2] En este punto se debe recordar que desde 1917 la Unión Soviética no había establecido código de sucesión.

Tras la muerte de Stalin, la URSS dio comienzo a una nueva etapa en las relaciones internacionales. Kruschev como el nuevo líder político de la URSS, luego de lograr sobreponerse al resto de la camarilla política que aspiraba a suceder a Stalin, propició una nueva política exterior que va a denominar “coexistencia pacífica”. Este nuevo concepto significaba básicamente que la URSS no sólo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era inevitable.
La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento. El candidato norteamericano Eisenhower había criticado duramente la política de “contención” de Truman, mientras que Foster Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante la campaña electoral de 1952 hacer retroceder a los Soviéticos a sus posiciones de partida.
Tras el triunfo de Eisenhower, Estados Unidos se embarcó en una política que se vino a denominar la doctrina de las “represalias masivas”. Con ella, como señala Kissinger, se pretendía explotar teóricamente la ventaja nuclear de Estados Unidos. Pero lo contradictorio era que esta formulación se elaboró cuando la ventaja estaba a punto de desaparecer.[3] Se suponía que la posibilidad de una represalia masiva disuadiría a los soviéticos de toda agresión y evitaría estancamientos como los de Corea.

No obstante, la guerra nuclear general pareció ser un remedio desproporcionado para la mayoría de las crisis que sobrevinieron en el período. Así lo confirmaron los hechos, pues la política exterior norteamericana no implementó su estrategia de “represalias masivas”. Al contrario mostró una gran moderación y en definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las palabras, una vez más, no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa.

Así pues, como señala Charles Zorgbibe con la nueva directiva soviética comenzó un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong en 1953, que ponía fin a la guerra de Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización.[4]

Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran su hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación, la represión de la revolución Húngara en 1956 o las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza a los gobiernos progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en Guatemala en 1954, son la muestra de que cada uno de los bandos estaba decidido a mantener la cohesión de su respectivo bloque. Como señala Kissinger, también en este aspecto se subrayó el hecho de que cada bloque guardó respeto por las esferas de influencias ya delimitadas. Esto último, se manifestó, esencialmente, en la nula reacción manifestada por el bloque occidental ante la violenta represión que sufrió el levantamiento Húngaro en 1956 por parte de las tropas soviéticas.[5]

Ahora bien, el nuevo marco de coexistencia pacífica no significó el fin del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS. Si bien es cierto, como ya hemos analizado, el ámbito de influencias en Europa había sido estabilizado nítidamente a partir de la consolidación económica y militar de cada uno de los bloques, no ocurría lo mismo en áreas periféricas. En estas últimas, las potencias siguieron manifestando sus rivalidades. En el período de la coexistencia pacífica se produjeron graves crisis que pusieron en peligro el mantenimiento de la paz mundial. Entre ellas destacamos la crisis de Berlín y la crisis del Caribe que estuvo a punto de llevar a la “guerra caliente” a soviéticos y norteamericanos.

Con ello se puede apreciar que a pesar de los intentos de coexistencia, el clima de desconfianza entre las potencias no había desaparecido, lo que dio lugar a crisis tan graves como las de Berlín a partir de 1958 y la de los misiles en Cuba en 1962.
Entre los acontecimientos destacados de esta fase de la Guerra Fría se encuentran los siguientes:

Ø Armisticio de Corea. 27 julio 1953
Ø Canciller de Alemania Occidental (Adenauer) fue recibido en capital soviética. 13 de junio de 1955
Ø Conferencia de Ginebra. 26 abril a 21 de julio de 1954
Ø La firma del Pacto de Varsovia. 14 de Mayo de 1955
Ø La celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 25 de Febrero 1956
Ø La Crisis de Suez. 26 de Julio 1956
Ø Revolución Húngara. Octubre-Noviembre de 1956
Ø La Crisis de Berlín. Entre 1958 a 1963
Ø La Crisis de los misiles en Cuba. Octubre 1962

De los hechos mencionados, a continuación profundizaremos en el análisis de los siguientes: el Informe Secreto entregado por Kruschev en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (1956), la Crisis de Berlín (1958-1963) y la Crisis de los Misiles (1962).

NOTAS
[1] Duroselle, Jean, Ob. Cit., Página 112
[2] Service, Robert, Ob. Cit., Página 313
[3] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 843
[4] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 199
[5] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826

1. Informe secreto de Kruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Autor: Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964
Título del documento o tema central: Informe Secreto sobre el culto a la personalidad
Identificación espacial y temporal:Moscú, 24 y 25 de febrero de 1956
Tipo de documento: Discurso ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Informe Secreto sobre el culto a la personalidad. XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 24 y 25 de Febrero 1956

¡Camaradas! En el informe del Comité Central del Partido ante el Vigésimo Congreso, en algunos discursos de delegados al Congreso, así como anteriormente, durante las sesiones plenarias del CC/PCUSD, mucho se ha dicho sobre el culto del individuo y sus dañosas consecuencias.
Después de la muerte de Stalin, el Comité Central del Partido comenzó a emplear la política de explicar, concisamente y concretamente, que es ilícito y extraño al espíritu de marxismo y del leninismo elevar a una persona, transformarla en un superhombre dotado de características sobrenaturales, comparables a las de un dios (…)
Entre nosotros se cultivó durante muchos años esa creencia en torno a un hombre, y especialmente en torno a Stalin.
El objeto del presente informe no es una valoración exhaustiva de la vida y la actividad de Stalin. (…) Ahora nos encontramos frente a una cuestión de inmensa importancia para el Partido en el presente y en el futuro (…) se trata de cómo el culto de la persona de Stalin fue creciendo gradualmente; ese culto que en determinado momento se convirtió en la fuente de toda una serie de perversiones unánimemente graves y serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido, de la legalidad revolucionaria (…)
Cuando analizamos las prácticas de Stalin en cuanto a la conducción del Partido y la nación, cuando nos detenemos a considerar cualquier acto de Stalin, debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido (…)
Stalin no actuó mediante la persuasión, la explicación y la cooperación paciente con las personas, sino imponiendo sus conceptos y exigiendo obediencia absoluta a su opinión. Quien se oponía a ello, o procuraba probar su punto de vista y la exactitud de su posición, quedaba sentenciado a la exclusión del mando colectivo y a la correspondiente aniquilación moral y física.(…)
Debemos afirmar que el Partido libró una severa lucha contra los trostskistas, los derechistas, los burgueses nacionalistas, y que desarmó ideológicamente a todos los enemigos de Lenin. Esta lucha ideológica se llevó a cabo con éxito, y así el Partido se vigorizó y templó. En esto Stalin representó un papel positivo (…)
Stalin inventó el concepto “enemigo del pueblo”. Este término hizo automáticamente innecesario que se probaran los errores ideológicos de un hombre u hombres dispuestos a la discusión; este término hizo posible el uso de la más cruel represión, la violación. todas las normas de la legalidad revolucionaria contra cualquiera que,. en una u otra forma, estuviera en desacuerdo con Stalin; contra todo sospechoso de intención hostil; contra cualquier hombre de mala reputación. Este concepto “enemigo del pueblo” eliminó radicalmente la posibilidad de cualquier clase de lucha ideo lógica, y la posibilidad de dar a conocer opiniones personales sobre tal o cual punto, aún sobre cuestiones de carácter práctico. En verdad, la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado(…)
Ese enfermizo recelo creaba en él una desconfianza general, aun con respeto a eminentes trabajadores del Partido a quienes habíamos conocido durante años enteros. Por doquier veía «enemigos», «espías» y «traidores». Dueño de un poder ilimitado, su despotismo no conoció límites y fue capaz de aniquilar a los hombres moral y físicamente (…)
Así Stalin sancionaba en nombre del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique) la más brutal violación de la legalidad socialista, la tortura y la opresión (…) La obstinación de Stalin se mostró asimismo no solo en decisiones concernientes a la política interior del país, sino también en las relaciones internacionales de la Unión Soviética (…)
En este sentido, Stalin se popularizó enérgicamente a sí mismo como gran líder; de varios modos trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro (…) No Stalin, pero si el Partido como conjunto, el Gobierno soviético, nuestro heroico ejército, sus talentosos líderes y valientes soldados, la nación soviética sola, éstos son los únicos que aseguraron la victoria en la Gran Guerra patriótica(…)
Las magníficas y heroicas acciones de millares de millones de hombres de Occidente y Oriente durante la lucha contra la amenaza del yugo fascista que pendía sobre nosotros perdurará durante centurias y milenios en el recuerdo de la agradecida humanidad (…)
¡Camaradas! Debemos abolir el culto del individuo decisivamente, de una vez por todas; debemos sacar las conclusiones acertadas sobre la labor ideológica-teórica y práctica. Para ello es necesario: Primero, seguir la norma bolchevique, condenar y desarraigar el culto al individuo como ajeno al marximo-leninismo y opuesto a los principios del mando del Partido y sus normas de vida, y luchar inexorablemente contra todo intento de volver a implantar esta práctica en una forma u otra (…)
En segundo término, debemos continuar sistemáticamente y con persistencia la obra del Comité Central durante los últimos años (…) de los principios leninistas del mando del Partido, y caracterizada, sobre todo, por el principio dominante el mando colectivo, por el respeto de las normas de vida del Partido descritas en los estatutos de nuestro Partido y, en suma, por la amplia práctica de la crítica y la autocrítica.
En tercer término, restaurar completamente los principios leninistas de democracia soviético-socialista, expresadas en la Constitución de la Unión Soviética, para combatir la arbitrariedad de individuos que abusen del poder. (…)
¡Camaradas! El Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética ha manifestado con nueva energía la inconmovible unidad de nuestro Partido, su cohesión en torno al Comité Central, su firme voluntad de cumplir la gran tarea de construir el comunismo.

Kruschev”Informe Secreto” sobre el culto a la personalidad

Análisis del DocumentoAutor del Documento y contexto histórico

Nikita Kruschev accedió al Comité Central del PCUS en 1934. Durante la Segunda Guerra Mundial, denominada por la Unión Soviética como “Guerra Patria”, alcanzó el grado de General. Tras la muerte de Stalin, accedió al cargo de Secretario General del partido y producto de diversas maniobras consiguió apartar a sus competidores, entre ellos Beria y Malenkov. Respecto de esto último, Robert Service señala que Kruschev maniobró hábilmente, creando una comisión investigadora de crímenes de los años ’30 y ’40, poniendo especial énfasis en las purgas de Leningrado, ello debido a que en éstas la participación de Malenkov había sido importante y podía utilizar la investigación para desprestigiarle.[1] Así, producto de la pérdida de prestigio y autoridad, Malenkov fue obligado a dimitir del cargo de Presidente del Consejo de Ministros en el año 1955.

Entre las primeras medidas políticas de relevancia en el ámbito de las relaciones internacionales destacan, en primer lugar, el acercamiento y reconciliación con Yugoslavia, que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955; y en segundo lugar la firma del “Pacto de Varsovia” el 14 de mayo de 1945. Éste último venía a ser la respuesta a dos necesidades evidenciadas por la URSS. Por una parte era la respuesta al refuerzo de la Alianza Atlántica, donde se había permitido el ingreso de la República Federal Alemana a la organización y su consecuente remilitarización, pero por otra parte también respondía a la necesidad de legalizar la subordinación de las Fuerzas Armadas de las Democracias Populares al mando soviético. Como señala Charles Zorgbibe, con esto se daba base jurídica al estacionamiento de las fuerzas soviéticas en Hungría y Rumania, las cuales según el tratado de paz de 1947 debían retirarse al día siguiente de la firma de un tratado de paz con Austria.[2] Y éste, como ya se dijo anteriormente, fue firmado el 15 de mayo de 1955, es decir, un día después de la firma del Pacto de Varsovia.

Ahora bien, el 20 de febrero de 1956 se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, para éste, Kruschev propuso realizar un discurso acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias. La propuesta de Kruschev tuvo que enfrentar a Molotov, quien proponía como tema “Stalin continuador de la obra de Lenin”. No obstante, como señala Zorgbibe, la postura de Kruschev prevaleció debido al apoyo que tenía en el Presidium.[3] En términos generales, durante el XX Congreso del PCUS, Kruschev denunció los crímenes de Stalin en su “informe secreto” e inició el proceso que se ha denominado desestalinización.Destinatario, lugar y fecha:

El “Informe secreto” o “discurso sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”, fue dado a conocer a puerta cerrada a los 1.436 delegados soviéticos asistentes al XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. EL Congreso se realizó en Moscú en febrero de 1956.

Contenido del documento:

El 25 de febrero Kruschev dio a conocer su informe a una sesión cerrada al público, solo los delegados del Partido comunista de la URSS pudieron escucharle. Stalin constituía el tema central del discurso, y en él se destacan los siguientes aspectos:

Ø En 1923 Lenin pidió que se apartara a Stalin del cargo de Secretario General: “debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido”

Ø Necesidad de eliminar el culto a la personalidad por ser contrario al marxismo leninismo.

Ø Abusos, represión y violación a toda la legalidad soviética. Kruschev destaca la ilegalidad de los métodos mediante los cuales se juzgaba y condenaba a los acusados: “la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado”.

Ø Stalin como asesino e incompetente frente al ataque alemán. Se desmitifica y niega el rol protagónico que intentó abrogarse Stalin en el triunfo sobre los alemanes: “trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro”.Entre otras de las faltas del stalinismo se menciona la deportación de pueblos enteros durante la Gran Guerra Patria, por el solo hecho de ser sospechosos de colaborar con el enemigo.

Ahora bien, lo que se debe tener presente es que en el informe entregado por Kruschev el ataque está dirigido contra Stalin no contra el sistema soviético. Lo que se proponía era regresar al Marxismo Leninismo, conservando intacto el Estado y la preeminencia del Partido Comunista como único partido.

En el informe se nombra pocas veces a miembros del Presidium y no se culpa a los miembros del Politburó. Según señala Robert Service, Kruschev había ayudado a organizar las purgas de Moscú y Ucrania entre 1937-38,[4] pero en el informe ese aspecto no es mencionado. En efecto, y como señala este mismo autor, el propio Krsuchev reconocía ante sus colaboradores más cercanos del Presidium, que realmente los argumentos eran prácticos y no morales: “si no decimos la verdad en el Congreso nos veremos en la obligación de decirla en el futuro y entonces no seremos los que hagamos el discurso, sino que estaremos bajo investigación”.[5] Desde este punto de vista, la política implementada por Kruschev se nos presenta como una maniobra para poder, en primer lugar, apartar de los altos mandos a los hombres cercanos a Stalin y en segundo lugar exculpar la propia responsabilidad frente a los abusos cometidos por el régimen stalinista, aún cuando el propio Kruschev había formado parte de él.

Proyecciones históricas del informe secreto

A partir del contenido del discurso, occidente llamó a la política de Kruschev “Desestalinización”. Ahora bien, la difusión del documento en occidente se produjo por una parte por medio de las copias que la Propia KGB hizo llegar a la CIA y también una versión completa conoció la luz en el periódico “Observer” de Londres. En la Unión Soviética, el Presidium se resistía a publicar el informe, temiendo por los efectos que pudiera producir, finalmente la prensa publicó sólo breves resúmenes, ya que las copias del informe fueron destruidas antes de su distribución y sólo se publicaron con el asenso de Gorvachov al poder.[6]

Los temores del Presidium no eran infundados. El informe de Kruschev podía encender la llama de los levantamientos tanto al interior de la URSS como en los países de Europa del Este. Las razones eran que a través del informe se estaba quitando la “poca legitimidad” del liderazgo soviético sobre los países del Pacto de Varsovia, los cuales en términos concretos se encontraban sometidos a las órdenes del Kremlin.

Ahora bien, ante los atónitos delegados comunistas, Kruschev afirmaba que Stalin era un asesino de masas, denunciaba sus crímenes y el “culto a la personalidad”, que había caracterizado hasta ese momento a la dictadura soviética. Con ello, quedaba en evidencia el giro que Kruschev pretendía dar a la política exterior, la cual, como ya hemos mencionado, se dio en llamar “coexistencia pacífica”. Ésta implicaba también la aceptación en el terreno teórico de la existencia de diversos caminos para la construcción de un sistema socialista.
Esta relativa apertura tuvo su primer reflejo en Polonia. Impulsado por las manifestaciones obreras, Gomulka, un comunista que había sido purgado por Stalin en 1948 retornaba al poder. Su reiterada fidelidad a la URSS y a las bases del sistema comunista de las “democracias populares” permitió que Moscú aceptara el nuevo giro en la política polaca. Pero la situación fue bien distinta en Hungría, donde se constató trágicamente las limitaciones de la nueva política de Kruschev.

En Hungría la resistencia de los dirigentes más stalinistas hizo que las protestas populares degeneraran en una verdadera insurrección popular el 24 de octubre de 1956. Un comunista abierto y liberal, Imre Nagy, accedió al poder y se puso al frente de la revolución húngara. Enfrentado a un levantamiento que se extendía por el país, Nagy decidió encabezarlo y dio dos pasos decisivos: la aceptación de la libertad de asociación política, lo que destruía el monopolio comunista del poder, y, lo que fue mucho más grave, la proclamación de la neutralidad de Hungría y su abandono del recién creado Pacto de Varsovia.
La respuesta del Kremlin fue inmediata: las tropas soviéticas aplacaron la revolución húngara de 1956. La dirección soviética había puesto claramente los límites a los que podía llegar el proceso de desestalinización. Como señala Henry Kissinger, en Hungría quedó en evidencia la delimitación de los bloques de influencia y la renuncia de Estados Unidos a enfrentarse a una guerra por suprimir el control comunista del Este de Europa. Ésta había sido la política explícita de Estados Unidos desde hacía una década.[7] La actitud pasiva demostrada por el gobierno norteamericano subrayaba la premisa básica de la “Contención”, según ésta, la liberación de Europa del Este se confiaba a la erosión del tiempo y no comprometía desafiar frontalmente el control soviético. En este punto, también se debe considerar que para Occidente la preocupación principal en este momento era poner fin a la crisis de Suez, en la cual los propios aliados políticos de Estados Unidos (Francia y Gran Bretaña) estuvieron a punto de desencadenar una conflagración de magnitudes insospechadas. Estados Unidos, manifestó, por una parte su no disposición de secundar a sus aliados en aventuras militares que implicaran un enfrentamiento directo con la URSS, así como también sus disímiles puntos de vista respecto a la defensa de los intereses coloniales. Esto condujo a que EEUU votara en la ONU junto a la URSS contra sus aliados directos, es decir contra Francia y Gran Bretaña, a los cuales el 2 de Noviembre de 1956 se les exigió poner fin a las hostilidades emprendidas contra Egipto.[8] La Crisis de Suez y la humillación a la que se vieron expuestos Gran Bretaña y Francia era una muestra evidente de la debilidad de los países Europeos frente al poderío norteamericano.

Hasta este momento se puede decir que la segunda fase de la Guerra Fría se encuentra en un estado de calma. Es decir, la rivalidad entre los bloques no se ha manifestado en forma latente y aun abundan los gestos de buena voluntad por parte ambos bloques. Será a partir del año 1958 con el desencadenamiento de la crisis de Berlín, que la Guerra Fría entró en una de sus etapas más álgidas, alcanzando el límite con la Crisis de los Misiles en Cuba el año 1962.2. Crisis de Berlín
El 27 de noviembre de 1958, Kruschev lanzó un ultimátum a las potencias occidentales. Envió notas formales a Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia declarando nulo el acuerdo de las cuatro potencias sobre Berlín, insistiendo en que Berlín Occidental fuera transformada en una ciudad libre y desmilitarizada. Si no se llegaba a un acuerdo, en 6 meses la URSS firmaría un tratado de paz con Alemania Oriental y cedería sus derechos de ocupación y rutas de acceso a la RDA. Ello equivalía a un ultimátum a los aliados occidentales
Según señala Henry Kissinger, una de las razones principales que explica esta actitud de Kruschev está dada por la necesidad que tuvo éste de conseguir una manifestación concreta de la supuesta superioridad alcanzada por la URSS en el aspecto militar. Tras la puesta en órbita del Sputnik en 1957, la URSS consideró que ello era prueba de superioridad científica y militar y hasta en occidente llegó a considerarse así. El Secretario General de la Unión Soviética, se lanzó a ofensivas diplomáticas para convertir la supuesta superioridad de los mísiles soviéticos en algún tipo de avance diplomático.[9] Desde esta perspectiva, en Berlín habría de ser demostrada la preeminencia militar soviética. Por su parte Eric Hobsbawm señala que Kruschev, pese a sus intenciones pacíficas, se vio forzado a adoptar en público una actitud más intransigente hacia Occidente, esto esencialmente debido a la crítica realizada por China Comunista quién acusaba a la URSS de haber suavizado su actitud respecto al capitalismo.[10]

Ahora bien, con el ultimátum dado por Kruschev el 27 de noviembre de 1958, se ponía a los países occidentales ante la opción de reconocer a Alemania oriental o ir a la guerra por la cuestión técnica de quién habría de firmar los documentos de tránsito. Como se puede apreciar, el problema que resurge en esta oportunidad tiene que ver, esencialmente, con Alemania y el estado indeterminado en que quedó tras la Segunda Guerra Mundial. Ya fue analizado anteriormente el problema suscitado entre 1948 y 1949 producto del bloqueo de las rutas hacia Berlín por parte de la Unión Soviética. Ahora, 10 años después, el problema alemán es puesto nuevamente sobre la mesa.
¿Cuál es la razón de fondo que insta a Kruschev a poner su diplomacia en pie de guerra?. Según la perspectiva oficial soviética, la razón estaba dada por el hecho de que “Berlín Occidental se ha convertido en un nido de espionaje internacional y de actividad subversiva contra la RDA”. Debido a ello, el Gobierno de la URSS estimaba que la mejor solución del problema debería reflejarse en el tratado de paz que transformara a Berlín occidental en una ciudad libre, exenta de toda ocupación extranjera y ligada en el aspecto económico tanto con el Oeste como con el Este.[11] No obstante, como señala Kissinger, eso no podía ser más que una excusa para ocultar la gran debilidad de la Unión Soviética. Alemania Oriental estaba perdiendo mano de obra debido a que centenares de miles de ciudadanos huían hacia Alemania Occidental a través de Berlín.[12] En estas circunstancias, lo que Jruschev buscaba era pasar el control de Berlín a la RDA, con ello el punto de fuga de los alemanes se eliminaría, pues al parecer esperaba que los occidentales entregaran a la RDA su parte de Berlín.
En la Crisis de Berlín quedó demostrado que la estrategia diseñada durante la Presidencia de Eisenhower no era aplicable, no se utilizaría una “represalia masiva” por causa de Berlín, ni mucho menos por las razones que Kruschev estaba presionando. En efecto, como señala Kissinger al comienzo de la crisis de Berlín, Eisenhower decidió que era más importante calmar al público norteamericano que dar un susto a los gobernantes soviéticos. En una conferencia de prensa el 18 de febrero de 1959, Eisenhower afirmó: “desde luego, no vamos a entablar una guerra en Europa” y para no dejar dudas también excluyó toda defensa de Berlín con armas nucleares: “No sé como podríamos liberar nada con armas nucleares”.[13]
Ahora bien, Eisenhower llegó al final de su gobierno sin lograr avances significativos respecto de la crisis de Berlín. J.F. Kennedy asumió la presidencia cuando la crisis de Berlín casi llevaba tres años. El paso del tiempo había reducido la credibilidad de la amenaza, pero las negociaciones y el encuentro entre Kennedy y Kruschev en Viena en 1961 no sirvieron para mover la posición occidental expresada por el presidente norteamericano en julio de 1961: mantenimiento de la presencia occidental en Berlín, mantenimiento del derecho de acceso y libre elección del régimen político.
La aceleración del ritmo de huidas a la zona occidental precipitó que el 13 de agosto de 1961 se iniciara la construcción de un muro que separaba ambas zonas de la ciudad y aislaba completamente al Berlín occidental. El “Muro de la Vergüenza”, como le llamó Kennedy, indignó a la opinión pública occidental, desacreditó la postura soviética y se convirtió en el doloroso símbolo de la Guerra Fría. El muro pronto se convirtió en un muro de cemento de 5 metros de alto, coronado con alambre y espino, vigilado por torres con guardias armados y minas. Este complejo sistema de muros, vallas electrificadas y fortificaciones se extendió a lo largo de 120 kilómetros, separando a la ciudad y rodeando completamente a Berlín occidental.

NOTAS
[1] Service Robert, Ob. Cit., Página 317
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 204
[3] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 319
[4] Service, Robert, Ob. Cit., Página 320
[5] Ibidem, Página 319
[6] Ibidem, Página 321
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826
[8] Ibidem, Página 590
[9] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 837
[10] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 247
[11] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 369
[12] Kisinger, Henry, Ob. Cit., Página 840
[13] Ibidem, Página 843

Mapa: El Muro de Berlín

Ante la Construcción del Muro, Estados Unidos mantuvo su código de conducta, es decir no entabló un enfrentamiento directo con la URSS. Y si bien, Kennedy alzó la voz para criticar y abominar su construcción, también se encargó de manifestar públicamente que estaba descartada toda posibilidad de llegar a una guerra por causa de Berlín: “…si yo voy a amenazar a Rusia con una guerra nuclear, tendría que ser por razones mucho más grandes e importantes… que el acceso a una autopista”.[1]

En estas circunstancias, el concepto “equilibrio del terror” comienza a ser comprendido en su magnitud. ¿Qué causa habría justificado comenzar una guerra en que ambos bandos tenían la certeza de ser aniquilados? Hasta este momento (1961), ninguna razón había hecho que las superpotencias consideraran seriamente comenzar una guerra para oponerse a su rival. Cualquier enfrentamiento directo entre ambas potencias tendría que haber sido necesariamente atómico, ya que ambas contaban con arsenales nucleares factibles de ser utilizados. Como señala Hobsbawm, el enfrentamiento entre la URSS y EEUU habría significado un pacto suicida,[2] ante el cual los líderes de ambos bandos finalmente terminaron dando marcha atrás, pues se encontraban atrapados en el dilema nuclear.
Proyecciones de la crisis de Berlín

La crisis finalizó sin ningún acuerdo entre las partes. Según la perspectiva oficial de la Unión Soviética, ante la negativa occidental para firmar un tratado de paz con Alemania, la URSS decidió finalmente, tras los fracasos reiterados de los intentos diplomáticos, levantar un muro en la ciudad de Berlín con el fin de que se transformara en una “barrera insuperable interceptando el camino de los espías, saboteadores y especuladores procedentes del Oeste”.[3]

Ahora bien, después de tres años de ultimátum y amenazas, Kruschev terminó levantando un muro que consolidaba definitivamente la creación de los bloques. Desde este momento el Muro de Berlín pasó a constituirse en el principal símbolo de la Guerra Fría y la consecuente división del mundo en dos bloques. Según la perspectiva de Kissinger, con el fin de romper el estancamiento y no dejar en tanta evidencia su inoperante política de amenazas y ultimátum, Kruschev decidió instalar misiles en Cuba.[4] Así, cuando aun la Crisis de Berlín no tocaba su fin, una crisis aun más peligrosa viene a ocupar la escena internacional.

NOTAS
[1] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 858
[2] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 233
[3] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 370
[4] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 870

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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BIBLIOGRAFÍA GUERRA FRÍA

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A continuación se presenta la bibliografía utilizada para elaborar la tesis “Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría“, de la autora Ana Henríquez Orrego. Gran parte del material expuesto en esta página constituyen extractos de dicha tesis, presentada en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso de Chile, año 2005.

Ver: Todo sobre Guerra Fría

Bibliografía

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Artículos

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Guerra FríaDiego Portales - Nicolás Maquiavelo - José Francisco Vergara - Francis Fukuyama - Didáctica de la Historia - Salvador Allende

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LA RESOLUCIÓN VANDENBERG Y LA ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLÁNTICO NORTE (1949)

5 06 2007

La OTAN 1949

La Resolución Vandenberg y la Organización del Tratado del Atlántico Norte

La Alianza del Atlántico Norte y la Organización del Tratado del Atlántico Norte no son lo mismo, pero es común que los conceptos sean utilizados indistintamente. La firma del Tratado del Atlántico Norte se realizó en Washington el 4 de abril de 1949, a él adhirieron 12 países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal). La constitución de la OTAN o Tratado del Atlántico Norte se llevó a cabo en 1950 tras el desencadenamiento de la Guerra de Corea, con el fin de crear una estructura militar permanente.

Ahora bien, el factor principal que hizo posible que Estados Unidos pudiera adherirse a Alianzas Militares permanente viene dado a partir de la Resolución Vandenberg, aprobada por el Congreso Norteamericano el 11 de junio de 1948, mediante esta resolución que se conoce por el nombre del presidente republicano de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, se permitía al poder ejecutivo concluir alianzas en tiempos de paz. Con ella se marcaba el fin del aislacionismo norteamericano.

Documento : Tratado del Atlántico Norte Washington, 4 de abril de 1949

Tratado del Atlántico Norte Washington, 4 de abril de 1949
Los Estados Partes en este Tratado:
Reafirmando su fe en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los Gobiernos;
Decididos a salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de sus pueblos, fundadas en los principios de democracia, libertades individuales e imperio de la ley;
Deseosos de favorecer el bienestar y la estabilidad en la región del Atlántico Norte;
Resueltos a unir sus esfuerzos para su defensa colectiva y la conservación de la paz y la seguridad
Han convenido en el siguiente Tratado del Atlántico Norte:
Art. 1. Las Partes se comprometen, tal y como está establecido en la Carta de las Naciones Unidas, a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicadas, de modo que la paz y la seguridad internacionales, así como la justicia, no se pongan en peligro, y a abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en cualquier forma que sea incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.
Art. 2. Las Partes contribuirán al desarrollo de las relaciones internacionales pacíficas y amistosas reforzando sus instituciones libres, asegurando una mejor comprensión de los principios en que se basan esas instituciones y favoreciendo las condiciones propias para asegurar la estabilidad y el bienestar. Tratarán de eliminar cualquier conflicto en sus políticas económicas internacionales y estimularán la colaboración económica entre algunas de las Partes o entre todas ellas.
Art. 3. A fin de lograr más eficazmente la realización de los fines del presente Tratado, las Partes, actuando individual y conjuntamente de manera continua y efectiva mediante el esfuerzo propio y la ayuda mutua, mantendrán y acrecerán su capacidad individual y colectiva de resistencia al ataque armado.
Art. 4. Las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuere amenazada.
Art. 5. Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. Todo ataque armado de esta naturaleza y toda medida adoptada en consecuencia se pondrán inmediatamente en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales.
Art 6. A efectos del art. 5 se considera ataque armado contra una o varias de las Partes, un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia, contra las fuerzas de ocupación de cualquiera de las Partes en Europa, contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las Partes en la región del Atlántico Norte al Norte del Trópico de Cáncer o contra los buques o aeronaves de cualquiera de las Partes en la citada región.
Art. 7. El presente Tratado no afecta ni se podrá interpretar que afecte de modo alguno, a los derechos y obligaciones derivados de la Carta para las Partes que son miembros de las Naciones Unidas, ni a la responsabilidad primordial del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales.
Art. 8. Cada una de las Partes declara que ninguno de los compromisos internacionales actualmente en vigor entre ella y cualquiera otra Parte o cualquier tercer Estado está en contradicción con las disposiciones del presente Tratado y asume la obligación de no adquirir ningún compromiso internacional en contradicción con el Tratado.
Art. 9. Las Partes establecen por la presente disposición un Consejo, en el que cada una de ellas estará representada, para conocer de las cuestiones relativas a la aplicación del Tratado. El Consejo estará organizado de manera que pueda reunirse rápidamente en cualquier momento. El Consejo establecerá cuantos órganos subsidiarios puedan ser necesarios, y en especial establecerá inmediatamente un Comité de defensa que recomendará las medidas apropiadas para la aplicación de los artículos tercero y quinto.
Art. 10. Las Partes pueden, por acuerdo unánime, invitar a adherirse al Tratado a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de favorecer el desarrollo de los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la región del Atlántico Norte. Cualquier Estado así invitado puede pasar a ser parte en el Tratado depositando su instrumento de adhesión ante el Gobierno de los Estados Unidos de América. Este informará a cada una de las Partes del depósito de cada instrumento de adhesión.
Art. 11. Este Tratado será ratificado y sus disposiciones aplicadas por las Partes conforme a sus preceptos constitucionales respectivos. Los instrumentos de ratificación se depositarán, tan pronto como sea posible, ante el Gobierno de los Estados Unidos de América, quien informará a los Gobiernos de las otras Partes del depósito de cada instrumento de ratificación. El Tratado entrará en vigor entre los Estados que lo hayan ratificado, en cuanto se hayan depositado las ratificaciones de la mayoría de los signatarios, comprendidas las de Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido. Y entrará en vigor para los demás signatarios el día del depósito de sus ratificaciones.
Art. 12. Pasados diez años de vigencia del Tratado, o en cualquier fecha ulterior, las Partes se consultarán, a petición de cualesquiera de ellas, con el fin de revisar el Tratado, teniendo en cuenta los factores que afecten en aquel momento a la paz y a la seguridad en la región del Atlántico Norte, incluido el desarrollo de los acuerdos, tanto universales como regionales, concluidos conforme a la Carta de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
Art. 13. Pasados veinte años de vigencia del Tratado, cualquier Parte podrá, en lo que a ella concierna, poner fin al Tratado, un año después de haber notificado su denuncia al Gobierno de los Estados Unidos de América, el cual informará a los Gobiernos de las demás Partes del depósito de cada notificación de denuncia.
Art. 14. Este Tratado, cuyos textos en francés e inglés hacen igualmente fe, se depositará en los archivos del Gobierno de los Estados Unidos de América. Este Gobierno remitirá copias debidamente certificadas a los Gobiernos de los demás Estados signatarios.

Washington, 4 de abril de 1949

Análisis del documento

El autor del documento:

Los autores del documento son los doce Países firmantes: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal.

Destinatarios, lugar y fecha:

La firma del Tratado del Atlántico Norte se realizó en Washington, Estados Unidos, el 4 de abril de 1949. Los destinatarios del documento son los 12 países firmantes y de entre ellos destaca Estados Unidos, en cuyos archivos de gobierno fue depositado el texto original.

Antecedentes Históricos:
La Alianza Atlántica está constituida por países ubicados en ambos lados del Atlántico Norte. Así también, los antecedentes de dicha alianza hemos de buscarlos en ambas regiones. Por una parte nos encontramos con la aproximación y cohesión demostrada por los países de Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y por otro con el giro experimentado por la política exterior norteamericana, al acceder a comprometerse en una alianza permanente en tiempos de paz
En 1947, franceses y británicos habían firmado el Tratado de Dunquerque teniendo aún como objetivo Alemania. En marzo 1948, tras el golpe de Praga y bajo el consejo norteamericano, se firma el Tratado de Bruselas firmado por Francia, Gran Bretaña y los países del Benelux. Por este tratado, ya claramente dirigido contra la amenaza soviética, nació la Unión Europea Occidental. Con la unión manifestada por los países de Europa Occidental, se cumplía también con unos de los requisitos exigidos por EEUU para prestar la ayuda económica para la reconstrucción de Europa. Así pues será los propios líderes de los países europeos los que se encargarán de hacer saber a EEUU que si bien ellos tenían la disposición de unirse y organizarse, su propia fuerza era insuficiente, por tanto invitaban al gobierno norteamericano a formar parte activa de la defensa de Europa Occidental contra toda agresión.[1]

En términos concretos el Pacto de Bruselas estaba destinado a rechazar todo intento de fuerza por derrocar un gobierno democrático. Con esto debemos recordar los hechos acontecidos en Checoslovaquia, donde las fuerzas comunistas habían logrado imponerse tras haber realizado un golpe de Estado. El Golpe de Estado Checo había hecho surgir temores de que los soviéticos pudieran fomentar otras tomas similares.[2] No obstante, como señala Kissinger, todo análisis indicaba que Europa occidental no tenían fuerzas suficientes para cumplir tales objetivos. De allí surgió la necesidad de comprometer a Estados Unidos en la defensa de Europa Occidental.[3]
Ahora bien, para que Estados Unidos pudiera dar una respuesta positiva al llamado de los países Europeos era necesario que se produjeran ciertos cambios fundamentales. En primer lugar debía reconocerse el fin de la tradicional política de aislacionismo llevada a cabo por Estados Unidos. En efecto, en este punto debemos recordar que la actitud norteamericana tras el Primer Gran Conflicto Bélico, había sido regresar a su aislacionismo, manifestando concretamente esta actitud a partir de la no ratificación de los acuerdos de Versalles y la no incorporación de Estados Unidos a las Naciones Unidas.[4]

Este cambio se produjo el 11 de junio de 1948 cuando el Congreso norteamericano aprobó la resolución Vandemberg, la cual permitía al poder ejecutivo concluir alianzas en tiempos de paz. Con ésta se estaba marcando el fin del aislacionismo norteamericano. Esta resolución, que lleva el nombre del Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, permitía al Jefe de Gobierno norteamericano comprometerse en alianzas colectivas regionales para la defensa individual y colectiva, “conforme a los objetivos, principios y disposiciones de la carta de las Naciones Unidas”.[5] Estados Unidos podrá asociarse en acuerdos que estén fundados en la autoasistencia y una ayuda mutua permanente, de conformidad a su proceso constitucional y en la medida en que su seguridad nacional esté afectada.

A partir de este momento, el camino hacia la constitución de la Alianza Atlántica estaba cimentado. El Gobierno Norteamericano estaba facultado para responder afirmativamente al llamamiento realizado por los países de Europa Occidental. Así pues, durante el año 1948, al mismo tiempo en que se desarrollaba la crisis de Berlín, se realizaron las negociaciones entre el Gobierno norteamericano, el Gobierno de Canadá y las naciones europeas. Estas negociaciones finalizaron con la firma del Tratado del Atlántico Norte, llevada a cabo en Washington el 4 de Abril de 1949. El tratado original fue firmado por doce países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal), dejándose expresamente abierta la posibilidad de posteriores incorporaciones: “Las Partes pueden, por acuerdo unánime, invitar a adherirse al Tratado a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de favorecer el desarrollo de los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la región del Atlántico Norte”
Un aspecto que nos resulta interesante de destacar es la forma en que la Alianza Atlántica fue defendida en Estados Unidos. Con una fuerte tradición reticente a comprometerse en alianzas de tipo tradicional, en defensa de intereses geopolíticos y estratégicos, los promotores de la Alianza Atlántica en Estados Unidos, hicieron uso de una retórica típicamente norteamericana. Como señala Henry Kissinger, los portavoces del gobierno de Truman se esforzaron por demostrar que la Organización Atlántica no era una alianza tradicional, por tanto, hicieron todo lo posible por impregnarla de elementos valóricos y morales.[6] Insistieron en que se estaban defendiendo principios y no territorios, con ello se impregnaba a la alianza con un ideal superior, factible de ser aceptado por la mentalidad norteamericana. Como señala Kissinger “los Estados Unidos harían cualquier cosa por la alianza, excepto llamarla alianza”. Esto último queda fielmente reflejado en las palabras proferidas por el Senador Connally en el Senado de Estados Unidos, ante el Comité de Relaciones Exteriores, el 28 de abril de 1949.

Senador Connally: en realidad este tratado no es, en ningún sentido, una alianza militar general. Se limita a la defensa contra un ataque armado… es lo opuesto a una alianza militar. Es una alianza contra una ataque armado, es una alianza contra la Guerra, y no comparte lo esencial de las obligaciones básicas de una alianza militar, tal como conocemos las alianzas militares.[7]

Contenido del documento:

En el preámbulo del Tratado se indican los objetivos generales de paz, la fidelidad a los postulados de la Carta de las Naciones Unidas y la disposición de las partes firmantes a defender el área del Atlántico Norte.

Los artículos 1º y 2º prescriben que se regulen por medios pacíficos las diferencias que surjan entre las partes, así como que se estimulen las buenas relaciones económicas entre ellas, y el artículo 3º indica que las partes firmantes, de modo individual o colectivo, actuarán para acrecentar su capacidad individual o colectiva de resistencia a un ataque armado.

En articulo 4º se disponen consultas mutuas cuando alguna de las partes se considere amenazada en su integridad territorial, independencia política o seguridad.

El artículo 5º es el clave del tratado. En el se estipula: Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. Todo ataque armado de esta naturaleza y toda medida adoptada en consecuencia se pondrán inmediatamente en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales.

El artículo 5º es considerado como el más importante del Tratado, ya que en él se estipula la reacción que tendrán las partes firmantes ante los posibles ataques armados que pudieran sufrir los territorios protegidos por la alianza. Ahora bien, un aspecto importante que debe destacarse es la manifestación expresa del respeto a la soberanía de las partes, ya que en última instancia, el tratado no arrastra automáticamente a ningún conflicto bélico, sino que la decisión última queda en manos de los órganos debidamente estipulados por cada uno de los Estados. En el caso de Estados Unidos, la última palabra siguió estando en manos del Congreso. Así pues en éste artículo se destaca el hecho de que cada parte adoptará “las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte”. Además se pone énfasis en que la Alianza guarda completo respeto a la Organización de las Naciones Unidas, pues las acciones tomadas cesarán una vez que el Consejo de Seguridad haya adoptado las medidas necesarias.

El artículo 6º precisa el ámbito geográfico de aplicación del tratado: A efectos del Art. 5º se considera ataque armado contra una o varias de las Partes, un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia, contra las fuerzas de ocupación de cualquiera de las Partes en Europa, contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las Partes en la región del Atlántico Norte al Norte del Trópico de Cáncer o contra los buques o aeronaves de cualquiera de las Partes en la citada región.

El Articulo 7º subraya la no contradicción del convenio con las obligaciones debidas a las naciones Unidas, y el 8º hace lo mismo respecto de otros compromisos internacionales. En articulo 9º, se estipula la creación de un Consejo, con representación de todos los Estados firmantes para desarrollar la aplicación de todo lo prescrito, estableciendo enseguida un Comité de Defensa para la organización militar.

El artículo 10º indica la posibilidad de incorporación al pacto de otros Estados por acuerdo unánime de los firmantes y los últimos, del 11º al 14º, se refieren a las condiciones re ratificación, revisión (desde los diez años siguientes), vigencia (veinte años, en principio), conservación y denuncia del tratado.

En síntesis, el aspecto relevante del tratado es el rasgo jurídico que destaca el respeto a la soberanía nacional de sus miembros, no se contempla una réplica militar automática a la agresión, lo que dejaba al Gobierno norteamericano un margen de apreciación sobre la gravedad de los conflictos y de la respuesta más adecuada.
Proyecciones de la Alianza Atlántica

Tras la firma del tratado se desenvolvió el proceso de aplicación e institucionalización del mismo, es decir, la creación de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El Congreso norteamericano no sólo ratificó el pacto, sino que aprobó un basto programa de ayuda militar solicitado por su Gobierno.[8] Una reunión del Consejo Atlántico en Nueva York, el 15 de septiembre de 1950, produjo una primera definición general de la estrategia de la Alianza, y la creación del Comité militar permanente y de un mando unificado. El cargo recayó en el general Dwight Eisenhower, cuyo cuartel general se situó en las proximidades de Versalles.
El proceso de nacimiento y organización de la OTAN se había desarrollado frente a fuertes protestas soviéticas, que denunciaban su carácter manifiestamente agresivo y el que estuviera en contradicción con los acuerdos interaliados de la guerra mundial (Yalta y Potsdam), con otros tratados bilaterales y con la Carta de Naciones Unidas.

La reacción de la URSS no contempló una organización militar similar a la OTAN, sino que se concentró en la consolidación lo los regímenes comunistas en el oeste de Europa. Como ya ha sido analizado, a través de la Kominform se mantuvo la coordinación ideológica de los países de la órbita soviética. Y esta última se fue consolidando a partir de pactos bilaterales entre los países de Europa Oriental y Moscú. Esta política de Pactos bilaterales comenzó durante la guerra. El 12 de diciembre de 1943 se firmó con Checoslovaquia un tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua, y al término de la guerra mundial se estableció otro semejante con el gobierno de Polonia, el 21 de abril de 1945. Ahora bien, en la medida en que el conflicto con los países occidentales iba en aumento, la Unión Soviética procuró acelerar este proceso de acercamiento o sometimiento de la Europa del Este. Así pues, en 1948 hubo tratados bilaterales con Rumania (el 4 de febrero), Hungría (18 de febrero) y Bulgaria (18 de marzo).
Otro lazo común del bloque comunista lo constituyó desde enero de 1949, el Consejo Económico de Asistencia Mutua COMECON, un organismo de coordinación económica dirigido por Moscú. La unidad de acción se manifestaba especialmente con motivo de las reuniones periódicas de los ministros del Exterior comunista, a la que seguían declaraciones respaldando la política soviética y criticando la occidental.

Como se puede apreciar, hacia el año 1949 la consolidación de los bloques estaba en marcha y la división del mundo estaba quedando claramente delimitada en Europa, y así se mantuvo hasta el fin de la Guerra Fría. Así pues, La Guerra Fría tuvo sus comienzos en Europa, pero una vez que se estabilizaron las fronteras que limitaban las zonas de influencia soviéticas de la norteamericana, la confrontación entre ambas potencias se desplazó hacia la periferia, especialmente a Asia, que tras la Segunda Guerra Mundial comenzó el proceso de descolonización. En aquellos territorios se manifestó el interés de las potencias por acrecentar su ámbito de influencias.

Como señala Eric Hobsbawm, la disputa por la influencia se manifestaría en los antiguos imperios coloniales, que para 1945, en el caso de Asia ya se avizoraban síntomas de desintegración. Como la orientación futura de los nuevos estados poscoloniales no estaba clara, fue en esta zona donde las dos superpotencias siguieron compitiendo en busca de apoyo e influencia durante toda la Guerra Fría, allí era donde resultaban más probables los conflictos armados que acabaron por estallar.[9]

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 110
[2] Kissinger, Ob. Cit., Página 444
[3] Ibidem, Página 447
[4] Ver: Kssinger, Ob. Cit. Páginas 214-242. (Capítulo IX “La nueva cara de la Diplomacia: Wilson y el Tratado de Versalles”)
[5] Resolución Vandemberg (en: www.historiasiglo20.org/docuemntos/resoluciónvandenberg)
[6] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 447
[7] Testimonio del Embajador Warren Austin, 28 de abril de1949, en Senado de los Estados Unidos, Comité de Relaciones Exteriores, Comité de Relaciones Exteriores, The North Atlantic Treaty, Hearings, 81 Congreso, 1º sesión. (Washington, 1949) Parte I. Pagina 150. En: Kissinger, Henry, Ob- Cit., Página 447
[8] Gil, Julio, Ob. Cit., Página 65
[9] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 231

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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GUERRA FRÍA: BLOQUEO DE BERLÍN (1948-1949)

5 06 2007

 

Mapa. Alemania y Berlín tras la Segunda Guerra Mundial

Fuente: Presentaciones PowerPoint, Editorial SM. (http://www.sm.es/)

El Bloqueo de Berlín. 24 de Junio de 1948 al 12 de mayo de 1949Los antecedentes: La división de Alemania y Berlín en zonas de ocupación

La crisis de Berlín fue el primer gran conflicto de la Guerra Fría. Para comprenderlo, en primer lugar explicaremos la situación política en que se encontraba Berlín en 1948. Los acuerdos interaliados, habían estipulado que la antigua capital del Reich, así como el resto de Alemania sería ocupada y administrada provisionalmente por las tropas aliadas. En efecto, en el Comunicado Final de la Conferencia de Yalta, el 11 de febrero de 1945, se establecía la partición de Alemania y Berlín, atribuyéndose las zonas de ocupación según avance de las tropas aliadas en territorio alemán. En este punto es preciso destacar la incorporación de Francia en el reparto de las zonas de ocupación. Si bien es cierto, Francia no había sido invitada a la Conferencia, finalmente fue contemplada por los líderes Aliados, Churchill, Roosevelt y Stalin, como uno de los países vencedores, que merecía y debía hacerse cargo del futuro de Alemania. Respecto de este punto, Charles Zorgbibe señala que si bien la Francia de De Gaulle había sido excluida de la Conferencia Interaliada, principalmente porque Roosevelt no reconocía la total legitimidad del gobierno establecido en ese país, la alusión a las zonas de ocupación llevó a los líderes aliados a tratar sobre el papel de Francia en Alemania. Churchill deseaba atribuir una zona de ocupación a Francia, que sería constituida a partir de las zonas americana y británica; Stalin desaprobó la idea, pero cedió cuando Roosevelt intervino a favor de la propuesta de Churchill, sosteniendo que “las fuerzas americanas no podrán permanecer más de dos años en Europa… Gran Bretaña no puede asumir sola el esfuerzo de ocupación”.[1]

La Conferencia de Potsdam celebrada entre el 17 de junio y el 2 de agosto de 1945, ratificó la partición de Alemania entre las cuatro potencias vencedoras. Berlín no era considerado parte de Alemania, ni de la occidental ni de la oriental, sino que se encontraba oficialmente bajo el régimen de las cuatro aliados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. Los soviéticos ocupaban un gran sector de la parte oriental de la ciudad, los norteamericanos tenían un sector en el sur, los británicos en el oeste y los franceses en el norte. En estas circunstancias, Berlín había sido dividida en cuatro zonas de ocupación y se hallaba situada en el corazón de la zona de ocupación soviética.

En el mapa que se presenta a continuación se puede apreciar claramente la situación de Alemania y Berlín tras la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se hicieron cargo de la ocupación de la Alemania Occidental; mientras que la Unión Soviética ocupó la oriental. En este punto debemos recordar la situación de Polonia frente a los territorios alemanes. Este país extendió su frontera hacia el oeste sobre territorio alemán, pero no como país ocupante, sino que concretamente se produjo el desplazamiento de su frontera. El ensanchamiento de la frontera polaca esta reflejado en el mapa con el color amarillo. Esta frontera fue establecida en 1945, la demarcación sigue los ríos Oder y el Neisse occidental desde el mar Báltico hasta la entonces frontera checoslovaca. Esta nueva frontera venía a compensar a Polonia por sus pérdidas en el este en beneficio de la URSS (línea Curzon).[2] Los aliados occidentales con reticencias aceptaron en Yalta y Potsdam esta nueva frontera de forma provisional hasta que se firmara un tratado de paz con Alemania.

Como se puede ver, Berlín se hallaba en medio de la zona de ocupación soviética. En la ciudad también se manifiesta la misma distribución de ocupación, es decir, el área oriental de la ciudad fue atribuida a la Unión Soviética, mientras que la occidental fue repartida entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

FUENTE
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 24 a 26
[2] Ibidem, Página 31

El Bloqueo de Berlín y el Puente aéreo: 1948-1949

Las crecientes discrepancias entre los antiguos aliados hicieron de la cuestión de Berlín uno de los temas clave de la Guerra Fría. Abandonadas las negociaciones para acordar un status político común para la Alemania, los representantes de EE.UU., Gran Bretaña y Francia se reunieron y firmaron los Acuerdos de Londres (abril-junio de 1948) para iniciar un proceso constituyente en sus zonas de ocupación.

El 18 de junio de 1948, los aliados occidentales dieron un paso más, creando una nueva moneda para sus zonas de ocupación: el Deutschemark. Los soviéticos reaccionaron aplicando una reforma en su zona en la que incluyeron a la ciudad de Berlín, a la que consideraban parte integrante de la zona soviética. Cuando los occidentales trataron de introducir el Deutschemark en sus zonas de ocupación de Berlín, las protestas soviéticas se tornaron en actos: se inició el “Bloqueo de Berlín”. Mediante la interrupción de toda comunicación terrestre entre las zonas de ocupación occidentales y Berlín occidental. Como señala Charles Zorgbibe, el 24 de junio, con el pretexto de restaurar algunos puentes sobre el Elba, queda suspendida la circulación en la autopista, los ferrocarriles y los canales que unían Berlín con la Alemania del oeste.[1] El factor principal que permitió que se llevara a cabo el bloqueo de Berlín por parte de la Unión soviética estuvo dado, esencialmente a partir del hecho que entre las cuatro potencias ocupantes nunca se habían negociado acuerdos acerca del acceso a Berlín, no se habían convenido explícitamente los mecanismos de paso.[2]

Según la perspectiva soviética, la que nosotros conocemos a través del Compendio de Historia de la URSS (1966), las razones del bloqueo se explican esencialmente a partir de la conducta de las potencias occidentales, al poner fin a los acuerdos de Potsdam, referidos al control cuatripartito de Alemania. Esta situación se habría manifestado en la aplicación de la reforma monetaria llevada a cabo separadamente en junio de 1948. “El 20 de junio se anunció inesperadamente la reforma monetaria separada en las tres zonas occidentales, preparada secretamente. Los viejos marcos alemanes, desvalorizados fluyeron inmediatamente a Alemania Oriental, creando el peligro de causar enorme daño a la economía de esta zona. Ante ello las autoridades soviéticas tuvieron que adoptar medidas urgentes. Con el objeto de cerrar el paso a los especuladores se instauró el control de mercancías y viajeros procedentes de Alemania Occidental. La administración militar soviética dispuso que se le encargara de todo el abastecimiento de Berlín Occidental, en lo que a víveres se refería, para que la población no sufriera privaciones. Pero las autoridades de ocupación occidental se opusieron a ello”.[3]

Desde esta perspectiva, “el puente aéreo” organizado por los Estados Unidos habría sido una mera maquinaria propagandística, ya que era innecesario, pues, la Unión Soviética había estado presta a ofrecer el abastecimiento al Berlín Occidental.

Ante el bloqueo de Berlín la reacción occidental no se hizo esperar. Los norteamericanos, con una pequeña ayuda británica, organizaron un puente aéreo que durante once meses y mediante más de 275.000 vuelos consiguió abastecer a la población sitiada. Al mismo tiempo, la Casa Blanca hacía saber al Kremlin que no dudaría en usar la fuerza para hacer respetar los “corredores aéreos” que unían Berlín con la Alemania occidental. En este momento la crisis de Berlín se convierte en un típico conflicto de la Guerra Fría. En él, ambas partes midieron su fuerza y decisión. Los soviéticos midieron la voluntad occidental, mientras que los EEUU dieron prueba de firmeza. Rehusaron abandonar Berlín, pero no hicieron ningún gesto directamente agresivo contra la URSS.[4] En efecto, este tipo de ofensivas y reacciones se seguirá repitiendo durante toda la Guerra Fría. Cada una de las partes barajó un conjunto de riesgos calculados, procurando dar pie atrás cada vez que el riesgo de un conflicto abierto y directo estuvo próximo a suscitarse.

El 12 de mayo de 1949, Stalin levantó el bloqueo de Berlín. Pero la división definitiva de la ciudad ya había comenzado a tomar forma. El 8 de mayo de 1949 se adoptó la ley fundamental de la futura República Federal de Alemania. Esta constitución estableció un sistema liberal democrático y contó con el visto bueno de las potencias occidentales. En Septiembre de aquel mismo año, Konrad Adenauer fue elegido su Canciller. Por su parte, la URSS, respondió el 7 de octubre de 1949, con la proclamación de la constitución de la República Democrática de Alemania, un estado creado siguiendo el modelo de las “democracias populares”. Terminada la crisis, la indefinición respecto de la autoridad legal acerca del acceso a Berlín siguió siendo igual de indefinida, ya que nunca se llevaron a cabo acuerdos entre las partes.

Esta partición de Alemania era la concreción en el corazón de Europa de la división bipolar del mundo: sólo unos días antes, el 4 de abril de 1949, se firmaba en Washington el Tratado del Atlántico Norte, con el que se emprende el último paso para consolidar los bloques, ahora desde el punto de vista militar.

FUENTE
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 86
[2] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 834
[3] Academia de Ciencias de la URSS, Instituto de Historia, Ob. Cit., Página 306
[4] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 117

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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Ana Henríquez Orrego
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¿GUERRA FRÍA?

4 06 2007

LA GUERRA FRÍA
Contenido: La Guerra Fría y el surgimiento de un nuevo orden
Fuente: Extracto tesis Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005.

LA GUERRA FRÍA, EL FIN DE LA GUERRA FRÍA Y EL SURGIMIENTO DE UN NUEVO ORDEN[1]

Un mundo Bipolar
La Guerra Fría fue un conflicto de orden mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.[2] Estos países en el transcurso del siglo XX se instalaron en la cúspide del poder, alcanzando ambos la categoría de superpotencias. Tradicionalmente se considera que este peculiar conflicto tuvo su punto de partida tras la Segunda Guerra Mundial, una vez que los dos principales vencedores no lograron compatibilizar sus tan disímiles puntos de vista respecto de los destinos que habrían de seguir los territorios que habían sido asolados por la guerra.[3] Sin embargo, no es posible comprender el conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir de 1945, si no se tiene presente el origen de las desavenencias entre ambas entidades políticas, es decir, el año 1917, cuando se produjo la Revolución Bolchevique en Rusia.[4] A partir de este momento el comunismo se presenta como una seria alternativa frente al capitalismo.

La Guerra Fría fue una lucha que alcanzó su concreción máxima, una vez que ambas entidades políticas -EEUU y URSS- se instalaron en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo; allí, hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis. Desde esta perspectiva, la Segunda Guerra Mundial sólo vino a constituir el último paso que hizo de la Guerra Fría un conflicto de orden mundial. Así, la alianza forjada entre la Unión Soviética y los países occidentales a partir de 1941, sólo habría significado un paréntesis en la historia de la Guerra Fría. Como señala el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Alianza de Guerra contra Hitler constituyó un hecho insólito y temporal, y a la vez “un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo, excepto en el breve período de antifascismo, las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable”.[5] En efecto, esto último es clave para comprender los acontecimientos que se suscitaron tras el fin de la guerra. Aquella “insólita alianza” no logró sobrevivir una vez que el enemigo común había sido derrotado. De la guerra no salió un mundo unido, sino uno bipolar. A partir de 1945 la victoria había hecho desaparecer el único lazo que unía a los aliados.[6] Tras la Guerra se encontraron frente a frente dos sistemas opuestos de organización de recursos, el Socialismo y el Capitalismo.
La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias,[7] no obstante, pronto cada una aceptó, tácitamente, la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó, o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que abarca la Guerra Fría, desde 1945 hasta 1989-1991.[8] Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente, a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida. Como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón, que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.[9]
La Guerra Fría fue un conflicto global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques antagónicos, liderados por Estados Unidos y por la URSS. Tal conflicto mantuvo un estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue directa, sino que se hizo a través de terceros países.
Entre las principales características de este conflicto podemos consignar las siguientes[10]:
- Insolubles diferencias de los modelos políticos y económicos auspiciados por cada uno de los contendientes (capitalismo y democracia liberal v/s socialismo y democracia popular)
- Manifestación de las hostilidades a partir del apoyo económico y militar a terceros países.
- Peligro atómico como factor fundamental para no arriesgarse a sostener una guerra directa.

Crisis y colapso de la URSS: fin de la Guerra Fría
Si bien es cierto, el fin de la Guerra Fría fue confirmado durante la presidencia de George Bush en Estados Unidos, el proceso que condujo al fin de este conflicto estuvo liderado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. A George Bush sólo le correspondió presenciar la estocada final de la Guerra Fría. Al principio de su mandato se derrumbó el comunísimo en Europa del este (1989) y se desintegró la Unión Soviética (1991), estos dos hechos confirmaron de forma innegable el fin de la Guerra Fría.
No obstante, el proceso que condujo al fin de la Guerra Fría tuvo como principales protagonistas a Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. Como señala Henry Kissinger, ambos mandatarios estaban convencidos de la victoria del propio bando. No obstante, el primero comprendió bien las fuentes de su sociedad, mientras que Gorvachov precipitó la caída de su sistema al exigir una reforma para la cual no estaba preparado.[11]
La Guerra Fría llegó a su fin, esencialmente, por dos causas: por una parte puede ser considerado como factor importante la presión económica ejercida por el rearme auspiciado durante el primer período de Ronald Reagan y por otra las transformaciones internas experimentadas por la Unión Soviética durante el proceso de reformas emprendidas por Mijaíl Gorvachov. No obstante, el factor fundamental, estuvo dado por los efectos concretos que provocaron las reformas aplicadas en la URSS durante la década de los `80: Éstas no lograron reactivar la alicaída economía soviética y a la vez contribuyeron a destruir el sustento político e ideológico del régimen soviético.[12]
Ahora bien, el largo periodo de enfrentamientos sostenido entre EEUU y la URSS provocó que hacia mediados de la década de 1980, la Unión Soviética se viera enfrentada al desgaste y la asfixia suscitados por una carrera de armamentos que había consumido sus recursos económicos durante décadas.[13] Ante tal situación, el último de los líderes soviéticos, Mijael Gorvachov, emprendió un profundo programa de reformas, conocido como Perestroika (reestructuración) y Glasnost (transparencia). Pero la URSS no logró sobrevivir a los planes de reformas. La Perestroika y la Glasnost esperaban dar una respuesta a los múltiples problemas que aquejaban al sistema soviético, pero mientras más duraba el proceso de reforma, más demostraba su ineficacia.

A partir de 1987 comienza a ser una realidad la necesidad de una reforma radical de la economía. En la reunión Plenaria del Comité Central del PCUS en junio de 1987 se adoptaron los “principios de reestructuración radical de la gestión económica”.[14] A partir de estas políticas, la planificación fue reemplazada por mecanismos de desarrollo auto sostenido, es decir, se crearon mecanismos que entregaron autonomía de gestión a las empresas soviéticas, además de un circuito de incentivos a la productividad, con ello la Perestroika trató de hacer eficiente y competitivo el grupo de empresas estatales. Desde ese momento se esperaba que las empresas se dirigieran según el principio de que la producción debe cubrir los costes, junto con el hecho de que las empresas debían financiar sus actividades sin subsidios gubernamentales. Por otra parte, uno de los primeros pasos legislativos de la Perestroika también estuvo dado por la ley sobre trabajo individual (noviembre de 1986), dirigida a estimular la iniciativa de los individuos para realizar una serie de actividades económicas ligadas al sector de pequeños servicios.[15] Como señala Rafael Aracil, se esperaba que estos cambios estimularan a las empresas soviéticas para que se volvieran competitivas y se alcanzaran así los objetivos propuestos por la Perestroika.[16]
Desde el punto de vista político, la Perestroika contemplaba una reestructuración tendente a democratizar la Unión Soviética. Respecto de este punto, en su libro Perestroika, Gorvachov afirma:

Estamos firmemente convencidos de que solamente a través del desarrollo constante de formas democráticas intrínsecas al socialismo y a través de la expansión del autogobierno, podemos hacer progresos en la producción, la ciencia y la tecnología, la cultura y el arte y en todas las esferas sociales… la perestroika misma solo puede alcanzarse a través de la democracia… al obtener libertades democráticas, las masas trabajadoras llegan al poder… la reestructuración radical y completa también debe desarrollar el potencial total de la democracia.”[17]

Ahora Bien, en el ámbito internacional, la postura de Gorbachov fue más allá de un mero repliegue táctico. La Perestroika contemplaba la apertura total a occidente, a través de la adopción de una nueva política exterior que buscaba el entendimiento y el fin de las tensiones. Consciente de la imposibilidad de conjugar la Guerra Fría y la solución de los graves problemas que aquejaban a la economía y la sociedad soviética, el líder soviético, proclamó en el XXVII Congreso del PCUS en 1986 lo que denominó un “nuevo pensamiento político”: el nuevo mundo se caracterizaba por la “interdependencia global”, en adelante, había que olvidarse de la lógica de la Guerra Fría y buscar la cooperación y el consenso en la dirección de las relaciones internacionales. Se trataba de buscar “una acción recíproca, constructiva y creador al mismo tiempo… para impedir la catástrofe nuclear y para que la civilización pueda sobrevivir”.[18] Del mismo modo, esta idea la expresa con claridad en su libro Perestroika (1987):
Desde luego, seguirá habiendo distinciones. Pero, ¿debemos entablar un duelo por su causa? ¿No sería mejor pasar sobre las cosas que nos dividen, en nombre del interés de toda la humanidad, en nombre de la vida en la tierra? Hemos hecho nuestra elección, afirmado nuestra visión política, a la vez mediante declaraciones y mediante acciones y hechos específicos. La gente está cansada de tanta tensión y enfrentamiento. Prefiere buscar un mundo más seguro y confiable, un mundo en que cada quien conservará sus propias opiniones filosóficas, políticas e ideológicas, y su modo de vida.[19]

Desde esta perspectiva, la URSS se preparaba para un gran repliegue, tanto en su competencia con los EE.UU. como en los compromisos internacionales que había ido adquiriendo a lo largo de la Guerra Fría.[20] Al constatar la realidad de la situación soviética, Gorvachov se dio cuenta de la necesidad de reducir las obligaciones en el Tercer Mundo y evitar contraer nuevos compromisos. Decidió reducir la ayuda soviética a las fuerzas marxistas en Nicaragua, Camboya, Angola y Etiopía, así como poner fin a la costosa intervención militar en Afganistán. En efecto, a fines de 1988, la URSS de Mijaíl Gorvachov se había desecho ampliamente de los conflictos que sostenía en los distintos continentes.[21]

Gorvachov intentó superar los problemas aplicando un amplio programa de reformas conocidos como Glasnost y Perestrika. No obstante, el líder soviético no logró sus objetivos, pues como señala Henry Kissinger, mientras más duraba la Perestroika y la Glasnost, más aislado quedaba y más confianza perdía. Cada reforma resultó una medida a medias que aceleró la decadencia soviética.[22] En el intento por reformar el comunismo, y en particular su esfuerzo por instituir una democracia limitada tanto en la Europa del Este como en la Unión Soviética, permitió que los críticos del comunísimo negaran su legitimidad. Desde esta perspectiva, una vez que fue abandonado el comunismo, que era el aglutinante que mantenía unido al imperio soviético, tanto los países de Europa del Este como las repúblicas que constituían la Unión Soviética aprovecharon la oportunidad para seguir su propio camino.[23]

Ante este panorama, la presión norteamericana viene a sumarse a todos los problemas internos de la Unión Soviética,[24] pero no es en sí la causa primaria del colapso de la URSS. En este punto debemos señalar que los objetivos declarados del gobierno de Ronald Reagan fueron utilizar la carrera de armamentos para someter la economía soviética a una presión que la llevase a la quiebra. En sus memorias Reagan afirma: “me proponía hacer saber a los soviéticos que íbamos a gastar lo que hubiera que gastar para llevarle la delantera en la carrera de armamentos”.[25] No obstante, como señala Hobsbawm, no fue la cruzada emprendida por Reagan, contra lo que él llamaba “Imperio del Mal”, la que produjo el colapso soviético, fueron los propagandistas norteamericanos los que afirmaron que su caída se había debido a una activa campaña de acoso y derribo. “Pero no hay la menor señal de que el gobierno de los Estados Unidos contemplara el hundimiento inminente de la URSS o de que estuviera preparado para ello llegado el momento. Si bien tenían la esperanza de poner en aprieto a la economía soviética, el gobierno norteamericano había sido informado, erróneamente por sus propios servicios de inteligencia de que la URSS se encontraba en buena forma y con capacidad de mantener la carrera de armamentos. A principios de los ochenta, todavía se creía que la URSS estaba librado una firme ofensiva global”.[26]

El fracaso de las reformas y el fin del bloque comunista

El proyecto de Gorbachov implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las “democracias populares” tal como se habían configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La Perestroika y la Glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este. La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del “imperio soviético” fue simple: no hacer nada para defender los regímenes del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses. En definitiva, como señala Kissinger, la actitud de Gorvachov era la renuncia explícita a la “Doctrina Brezhnev”, según la cual la URSS tenía el derecho y deber de aplacar los levantamientos e insurrecciones en la Europa del Este. Gorvachov no aplicó la doctrina Brezhnev y la liberalización demostró ser incompatible con los gobiernos comunistas.[27]

Ya en septiembre de 1988, Gorbachov había clausurado el Comité de Enlace con los países socialistas en el PCUS, una señal de que el Kremlin abandonaba la Doctrina Breznev. En diciembre de ese mismo año anunció solemnemente en la Asamblea General de la ONU un recorte unilateral de más de medio millón de soldados, de los que la mitad se retirarían con más de cinco mil tanques de la Europa del Este.[28] La actitud de Moscú era cada vez más claramente conciliadora hacia la reforma en las “democracias populares”.

A continuación se presenta una síntesis de las sucesivas revoluciones que sacudieron a Europa del Este, las cuales produjeron el fin de la esfera de influencia soviética. (1989)

Polonia:
Polonia fue el país que inició el proceso revolucionario. Tras una serie de huelgas en el verano de 1988, el gobierno comunista, dirigido por el general Jaruselzski, tuvo que sentarse a negociar con el sindicato Solidaridad. Los acuerdos de abril de 1989 significaron el reconocimiento legal del sindicato y la apertura de un proceso de transición democrática. Con este hecho se producía un acuerdo histórico, ya que por primera vez desde 1946, se organizaron elecciones libres en el Este de Europa, aunque desde el punto de vista práctico la libertad sería controlada y limitada (el Sindicato Solidaridad se comprometía a conceder el 65% de las 460 actas de la Dieta al Partido Comunista, mientras que las actas del Senado serían objetos de una competencia real, pero este solo tenia el poder de rechazar las leyes votadas por la Dieta).[29] De este modo Polonia entraba en un proceso de transición cuya duración estaba prevista en 4 años, tras los cuales, la elección de las dos cámaras sería libre. En las elecciones de junio de 1989 el partido comunista fue duramente derrotado (99 de las 100 plazas del Senado fueron ocupadas por Solidaridad, la restante la ocupó un candidato independiente).[30] Frente a esta situación, el Partido Comunista propuso la constitución de un gobierno de unidad nacional con la participación de Solidaridad, cuestión rechazada por el sindicato. Al final el general Jaruzelski consideró que no tenía otra solución que permitir la formación de un gobierno, cuyo Primer Ministro sería Mazowiecki, dirigente de Solidaridad. Se formaba así el primer gobierno no comunista en Europa Oriental desde 1945. La rápida descomposición del régimen comunista, permitió que Lech Walesa (líder del movimiento obrero “Solidaridad”), fuera elegido presidente del país en 1990.
Una muestra concreta de los cambios experimentados en la Unión Soviética fue la negativa de Gorvachov a usar tropas soviéticas para anular los resultados de las elecciones en Polonia, con ello demostraba concretamente que la doctrina Brezhnev, que había sido formulada para justificar la intervención en Checoslovaquia el año 1968, había muerto de verdad.[31]

Hungría:
El Partido Comunista Húngaro trató de emular el programa de reformas de Gorvachov, con el mismo fin de salvar el comunismo, pero fue en vano.[32] El 11 de enero de 1989 el Parlamento Húngaro, que estaba dominado por los comunistas, legalizó la libertad de reunión y asociación para los grupos no comunistas, un mes más tarde legalizó los partidos políticos independientes. El 8 de abril Janos Kadar, que había asumido la dirección del partido comunista después de la revolución de 1956, fue expulsado del poder. El 2 de mayo Hungría se transformó en el primer país del bloque soviético en abrir la frontera con la Europa Occidental. En septiembre el gobierno comunista y los recién creados partidos de la oposición acordaron participar en elecciones libres, que se programaron para marzo de 1990, la cual permitió al partido democrático de la oposición establecer un gobierno no comunista bajo la dirección de Jozef Antall.[33] (El partido comunista, que para entonces había adoptado el nombre de Partido Socialista, sólo obtuvo el 9% de los votos)

República Democrática de Alemania
El cambio en Hungría tuvo una enorme repercusión exterior. La decisión de las autoridades de Budapest (capital de Hungría), de abrir su frontera con Austria en septiembre de 1989 abrió una “brecha” en el telón de acero por el que decenas de miles de habitantes de la República Democrática de Alemania huyeron hacia la República Federal de Alemania, atravesando Checoslovaquia, Hungría y Austria. Al éxodo de la población se le unió pronto una oleada de manifestaciones a lo largo de toda Alemania Oriental.[34]
El líder de la RDA, Eric Honnecker, que acababa de felicitar públicamente al embajador chino por la represión en la plaza de Tiananamen, estaba convencido de que las reformas provocarían el hundimiento del régimen.[35] A partir de aquí los acontecimientos se precipitaron, Honnecker fue sustituido por un comunista reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la celebración de elecciones libres.[36] En un primer momento el nuevo líder de la RDA, intentó detener el éxodo de alemanes del Este poniendo fin a las restricciones que impedían viajar a Occidente, pero la medida sólo sirvió para fomentar la fuga de mas alemanes orientales. En vista de esta situación, el 9 de noviembre se produjo el hecho que pasará a constituirse en símbolo del “fin” de la Guerra Fría, ese día se produjo la apertura del muro de Berlín. Centenares de miles de alemanes del Este pasaron inmediatamente al Berlín Occidental.
El rápido derrumbamiento de la RDA abrió un proceso de negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y la RFA, dirigida por un canciller, Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad histórica que se le abría a Alemania. En un primer momento, los soviéticos intentaron impedir la unificación proponiendo reavivar las instituciones de ocupación alemana por las cuatro potencias vencedoras, no obstante, luego el objetivo soviético pasó a intentar evitar que una futura Alemania unificada fuese miembro de la OTAN. Antes esta situación los aliados occidentales propusieron celebrar las conversaciones de “Dos mas Cuatro”, es decir, los dos Estados Alemanes, más Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética.[37] Finalmente el 14 de julio de 1990 Gorvachov aceptó la unificación Alemana, así como su pertenencia a la OTAN. A cambio, el canciller de Alemania Occidental, Helmut Col, prometió conceder grandes empréstitos y otras formas de ayuda económica a la Unión Soviética. También accedió a limitar las fuerzas militares de Alemania reunificada a 370.000 personas y aseguró a Gorvachov que no habría armas biológicas, nucleares, ni químicas en el arsenal alemán. También se prometió aportar con 8.000 millones de dólares para el mantenimiento y la retirada de las fuerzas soviéticas de Alemania. Por su parte Gorvachov prometió retirar las fuerzas soviéticas de Alemania Oriental en un plazo de cuatro años.[38]
Como señala Ronald Powaski, con la concreción de los acuerdos de la unificación alemana, se estaba llevando a cabo el último tratado pendiente de la Segunda Guerra Mundial en Europa. El 23 de agosto el parlamento de Alemania oriental fijó el 3 de octubre como fecha para la fusión con la República Federal. El 12 de septiembre de 1990 las cuatro potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial y las dos Alemanias firmaron el “Tratado sobre la Resolución Final con Respecto a Alemania”. El 1 de octubre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial renunciaban oficialmente a sus derechos y responsabilidades sobre Alemania y Berlín. El 3 de octubre Alemania quedaba reunificada.[39]

Checoslovaquia: el 17 de noviembre de 1989, miles de jóvenes se congregaron en la principal plaza de Praga para exigir el reconocimiento de sus derechos. Dos días después, aproximadamente 200.000 personas se manifestaron en la capital para exigir elecciones libres y la dimisión de los líderes comunistas. El 24 de noviembre dimitió el Secretario General del Partido Comunista, Milos Jakes. Luego de 4 días, después de una huelga general, el gobierno permitió organizar partidos no comunistas. El 10 de diciembre un nuevo gabinete, en el cual los no comunitas eran mayoría, prestó juramento. El 29 de diciembre de 1989 se creó un gobierno provisional con Vaclav Havel como presidente. El nuevo gobierno convocó a elecciones libres para junio de 1990 y abrió la frontera con Austria. En las elecciones el partido comunista obtuvo el 14% de los votos, el democristiano el 12% y el Foro Cívico (liderado por Havel), el 47%. Este último procedió a crear un gobierno de coalición con el nuevo partido democristiano y en el nuevo gobierno no hubo cabida para ningún comunista.[40]

Bulgaria: también se vio afectada por los acontecimientos del resto de Europa del Este. El 9 de noviembre de 1989, el día en que se produjo la apertura del Muro de Berlín, el Politburó comunista de Bulgaria destituyó a Todor Zhikov, que había sido líder del Partido desde 1961. En su lugar quedó Mladenov, con mayor propensión a llevar a cabo las reformas, no obstante, después de un año el comunismo también era vencido en las urnas.[41]

Rumania: en este país la transición del comunismo a la democracia fue más sangrienta. En diciembre de 1989 las fuerzas de seguridad del estado mataron en la ciudad de Timisoara a centenares de rumanos que se manifestaron contra el intento del gobierno de desahuciar a un sacerdote disidente. La matanza provocó aun más manifestaciones. El 22 de diciembre el líder comunista rumano, Nicolae Ceausescu, intentó huir del país al darse cuenta que las unidades militares comenzaron a apoyar a los manifestantes. No obstante, fue apresado y ejecutado sumariamente por el ejército el 25 de diciembre.[42]

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo. Con esto se puede apreciar que los intentos de reformar el comunismo en la Europa del Este, terminaron causando su caída y finalmente la propia desintegración de la Unión Soviética.[43] Como señala Robert Service, el desenlace fue espectacular. A principios de 1989 los comunistas gobernaban todos los países europeos al Este del Río Elba. Al acabar el año, el único Estado Comunista que quedaba al Oeste de la URSS era Albania, y Albania había sido hostil hacia la URSS desde el gobierno de Kruschov.[44]
La Guerra Fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, va a terminar por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiarán radicalmente el mundo. Para el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Guerra Fría terminó antes que la Unión Soviética se desintegrara, pero el fin del conflicto se hizo evidente sólo cuando éste último había dejado de existir:

“La guerra fría acabó cuando una de las superpotencias, o ambas, reconocieron lo siniestro y absurdo de la carrera de armamentos atómicos, y cuando una, o ambas, aceptaron que la otra deseaba sinceramente acabar con esa carrera… La verdadera Guerra Fría, como resulta fácil ver desde nuestra perspectiva actual, terminó con la cumbre de Washington en 1987, pero no fue posible reconocer que había acabado hasta que la URSS dejó se ser una superpotencia, o una potencia a secas… pero los engranajes de la maquinaria de guerra continuaron girando en ambos bandos. Los servicios secretos, profesionales de la paranoia, siguieron sospechando que cualquier movimiento del otro lado no era más que un astuto truco para hacer bajar la guardia al enemigo y derrotarlo mejor. El hundimiento del imperio soviético en 1989, la desintegración y disolución de la propia URSS en 1989-1991, hizo imposible pretender que nada había cambiado y, menos aun creerlo”.[45]

Dentro de esta lógica, Henry Kissinger señala que el fin de la Guerra Fría se produjo al momento en que la Unión Soviética emprendió la transformación interna de su régimen. Este proceso se desarrolló a lo largo de todo el período liderado por Gorvachov, es decir, a partir de 1985, no obstante, la manifestación más concreta, según Kissinger, se produjo en el XXVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1986). En esta oportunidad se abandonó por completo la teoría de la inevitable lucha de clases y se proclamó la coexistencia como un fin en sí mismo.[46] Desde la perspectiva de análisis de Henry Kissinger, este hecho venia a ratificar la teoría propuesta por Kennan en 1946, acerca de la necesidad de que Estados Unidos mostrara una actitud de contención frente a las fuerzas comunistas y frente a la URSS, hasta que ésta hubiere experimentado un cambio radical en sus estructuras internas. Teniendo presente lo anterior, se puede afirmar que la Guerra Fría termina durante los gobiernos de Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov, pues entre 1985 y 1989 el ambiente de tensión y crisis intermitentes, característicos de la Guerra Fría, dan paso a un tipo de relaciones internacionales basados en la búsqueda del entendimiento.

En definitiva, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov y las revoluciones democráticas en Europa del Este las que llevaron al colapso del bloque soviético, el cual, a su vez, también se desintegraba intestinalmente, ya que las aspiraciones separatistas de las Repúblicas se habían comenzado a manifestar a través de las demandas de “democracia” y “autodeterminación nacional”. Como señala Robert Service, en algunos casos como en los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), estas demandas respondían a un compromiso con esos valores, pero en la mayor parte de las demás repúblicas, esas demandas no eran más que el intento de las elit locales del Partido Comunista por mantener el poder. Declarando la independencia esperaban aislar a sus respectivas repúblicas de la injerencia cotidiana de Moscú.[47]

La Guerra Fría terminó antes que la URSS conociera su fin. No obstante, sólo fue evidente cuando uno de los contendientes había dejado de existir. La Guerra Fría terminó por estocadas sucesivas. Los engranajes se fueron deteniendo y lo que empezó con una retórica pacifista, continuó con anuncios concretos como el discurso de Gorvachov ante la ONU, dando a conocer la reducción unilateral de su ejército y la retirada del mismo de Europa del Este, prosiguió con una serie de gestos diplomáticos a partir de los cuales el acercamiento hacia occidente fue quedando en evidencia.[48] La sentencia de muerte de la Guerra Fría fue declarada por Gorvachov y Bush. No obstante, a este último sólo le correspondió dar la estocada final a un ente moribundo.

El 8 diciembre de 1991 en los acuerdos de Minsk (Capital bielorusa) se decretó la muerte de uno de los contendientes de la Guerra Fría, declarando solemnemente que “Nosotros las Repúblicas de Bielorrusia, la Federación Rusa (RSFSR) y Ucrania como Estados fundadores de la URSS, firmantes del tratado de la Unión de 1922, en lo sucesivo denominadas altas partes contratantes, constatamos que la URSS como sujeto de derecho Internacional y realidad geopolítica, deja de existir”.[49] Tras el derrumbe soviético sólo quedaba en pie el enorme imperio norteamericano. Desde este punto de vista es legítimo afirmar que el ganador de esta peculiar Guerra fue EEUU.
La Guerra Fría había terminado. En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, en el proceso de finalización de la Guerra Fría, uno de los actores sucumbió y se desintegró, dejado a su oponente en calidad de única gran superpotencia. Este es el tema desarrollado por el Historiador Británico Eric Hobsbawm, en su articulo publicado en Le Monde Diplomatique “Después de Ganar la Guerra”, en el que afirma: “Efectivamente, el colapso de la Unión Soviética dejó a los Estados Unidos como el único superpoder, que ningún otro poder podía o quería desafiar”.[50] Con la desintegración de la Unión Soviética se confirmó el fin de la Guerra Fría. De este modo, el peculiar conflicto que caracterizó el desenvolvimiento de las Relaciones Internacionales durante 45 años tocaba su fin con la caída de uno de sus contendientes. El colapso de uno de sus protagonistas, dio paso a un mundo liderado indiscutiblemente por Estados Unidos, en calidad de superpotencia económica y militar.

NOTAS
[1] La síntesis histórica que se expone en este capítulo es el resultado de intensas y extensas reflexiones respecto del significado de La Guerra Fría, que la autora del presente trabajo ha desarrollado a lo largo de varios años y que ha visto su concreción en la tesis de pre-grado de: Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005, (582 páginas). Profesores Guías: Armando Barría Slako y Nelson Vásquez Lara. En: Biblioteca del Instituto de Historia de la PUCV.
[2] Acerca del origen del concepto Guerra Fría: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “El concepto Guerra Fría es de origen norteamericano. Lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su uso en un discurso del senador Barnard Baruch. Lo recogió otro periodista Walter Lipman que lo popularizó en una recopilación de sus artículos titulada La Guerra Fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos. A finales de los años cuarenta la expresión había ganado carta de naturaleza y se utilizaba para designar al complejo sistema de relaciones internacionales de la posguerra, la pugna entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial y la aparición de un abismo de hostilidad y temor entre los dos grandes bloques geopolíticos”. Página 7
[3] Ver: Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998; Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998; Kissinger Henry, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000; Pereira, Juan, Los Orígenes de la Guerra Fría, Editorial Arco, Madrid 1997. (interpretaciones tradicionales de la Guerra Fría)
[4] Ver: Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000; Fontaine, Andre, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970; Fermandois, Joaquín, La Guerra Fría, Documentos Universitarios, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 1975. (interpretaciones no tradicionales de la Guerra Fría)
[5] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 17
[6] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 22
[7] En Europa las primeras fricciones entre el comunismo soviético y el capitalismo occidental se manifestaron en las guerras intestinas de Grecia y Turquía (1947); otro punto álgido sobrevino a la hora de aplicarse el Plan Marshal (1947), considerado por la URSS como ofensiva del capitalismo norteamericano y finalmente con el bloqueo de Berlín (1948), emprendido por la URSS con el objeto de impedir la entrada de suministros al Berlín Occidental.
[8] Estos dos años marcan la crisis y el colapso del sistema comunista liderado por la URSS.
[9] Entre los conflictos más característicos de la Guerra Fría en las zonas extra-europeas se encuentran: La Guerra de Corea (1950 – 1953), la crisis de los mísiles cubanos (octubre de 1962), la Guerra de Vietnam (1945-1975) y la Guerra de Afganistán (1979-1989). Para Juan Pereira Castañeda, estos cuatro conflictos marcan el punto máximo de tensión durante la Guerra Fría. Ver: Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Editorial Istmo S.A., Madrid 1989. Página 33 y siguientes.
[10] Una caracterización más extensa de la situación internacional durante el período de la Guerra Fría la encontramos en: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “(La Guerra Fría se caracterizó por) La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países agrupados entorno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión Soviética; La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la Segunda Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra; Una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil, pero evitando provocar un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes (Corea, Berlín, Cuba, etc.), donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuesto a volver a las negociaciones cuando los riesgos fueran excesivos para ambos; El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios”. Página 10
[11] Ibidem, Página 758
[12] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[13] Hobsbawn, Eric, Ob. Cit.: “Mucho antes de que los propagandista norteamericanos explicaran, a posteriori, como los Estados Unidos se lanzaron a ganar la guerra fría arruinando a su antagonista, el régimen de Brezhnev había empezado a arruinarse él solo al emprender un programa de armamento que elevó los gastos en defensa en un promedio anual de 4 a 5% durante los 20 años posteriores a 1964. La carrera había sido absurda, aunque le proporcionó a la URSS la satisfacción de poder decir que había alcanzado la paridad con los Estados Unidos en lanzadoras de misiles en 1971, y una superioridad del 25% en 1976”. Página 250
[14] Gorvachov Míjaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987, Página 35
[15] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 667
[16] Idem
[17] Gorvachov Míjaíl, Ob. Cit., Página 34
[18] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 644
[19] Gorvachov Míjaíl, Perestroika: New Trinking for Our Country and the World, Nueva York, 1987, Página 139. En: Kissinger, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000. Página 784
[20] Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 316
[21] Ibidem, Página 310
[22] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[23] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 357
[24] El Propio análisis de Gorvachov ilustra la magnitud de la crisis en la que se encontraba sumida la URSS a mediados de los ´80. Gorvachov, Mijaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987: “… al analizar la situación descubrimos una desaceleración del crecimiento económico. En los últimos 15 años, la tasa de crecimiento de la renta nacional declinó en más de la mitad y para comienzo de los ochenta había caído a un nivel cercano al estancamiento económico. Un país que alguna vez se había acercado rápidamente a las naciones avanzadas del mundo comenzó a perder posiciones. Además la brecha en la eficiencia en la eficiencia de producción, calidad de los productos, desarrollo científico y tecnológico, la producción de tecnología de punta y el uso de técnicas avanzadas, comenzó a extenderse y no en favor nuestro… Tras largos años de estancamiento, la economía se hallaba al borde de la bancarrota y la sociedad soviética se encontraba inmersa en una verdadera crisis moral caracterizada por la falta de compromiso ideológico y el escepticismo general. La conducción del Partido se relajó y perdió la iniciativa de los principales procesos sociales”. Páginas 17 y 18
[25] Ronald Reagan, An American Life, 1990, p. 267. En: Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 287
[26] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., página 252
[27] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 791
[28] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[29] Ibidem, página 648
[30] Idem
[31] Powaski, Ronald, Ob. Cit., página 327
[32] Idem
[33] Ibidem, Página 329
[34] Ibidem, Página 328
[35] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 652
[36] Idem
[37] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 660
[38] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 338
[39] Idem
[40] Zorgbibe, Charles Ob. Cit., Página 653
[41] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 329
[42] Ibidem, Página 330
[43] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 327
[44] Service, Robert, Historia de Rusia en el Siglo XX, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 447
[45] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 255
[46] Kissinger, Henry, Ob Cit., Página 784 y 798
[47] Service, Robert, Ob. Cit., Página 453
[48] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[49] Acuerdo de Minsk entre Rusia, Bielorrusia y Ucrania sobre la creación de la C.E.I. (En: www.historiasiglo20.org/acuerdosmisnk )
[50] Eric Hobsbawm en su articulo “Después de la Guerra”, publicado en la revista Lemonde Diplomatique presenta un interesante ensayo respecto de las proyecciones de Estados Unidos después de la Guerra Fría, destacando su nuevo rol de única superpotencia económica y militar

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EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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GUERRA FRÍA: INFORME JDANOV. 22 DE SEPTIEMBRE DE 1947

4 06 2007
Andrei Alexandrovich Jdanov. Miembro del Politburó desde 1938. en 1947 Promovió la creación de la Cominform.

Autor: Andrei Alexandrovich Jdanov. Miembro del Politburó desde 1938. en 1947 Promovió la creación de la Cominform.
Título del documento o tema central
: Doctrina Jdanov. Discurso inaugural de la Cominform
Identificación espacial y temporal: Szklarska Poreba (Polonia), el 22 de septiembre de 1947.
Tipo de documento: Discurso
Destinatario: Líderes de 9 Partidos Comunistas de Europa (URSS, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Yugoslavia, Francia e Italia).

Informe Jdanov. 22 de septiembre de 1947
La terminación de la segunda guerra mundial ha producido cambios esenciales en el conjunto de la situación mundial (…)
El resultado principal de la segunda guerra mundial fue la derrota militar de Alemania y del Japón, los dos países más militaristas y agresivos del capitalismo. Los elementos reaccionarios e imperialistas del mundo entero, y particularmente de Inglaterra, de los Estados Unidos y de Francia, habían depositado ciertas esperanzas en Alemania y en el Japón (…)
En consecuencia, el sistema capitalista mundial, en su conjunto, ha sufrido nuevamente un duro revés (…) el resultado de la última contienda, con el aplastamiento del fascismo, con la pérdida de las posiciones mundiales del capitalismo y con el robustecimiento del movimiento antifascista, ha sido la separación del sistema capitalista de toda una serie de países de la Europa central y sudoriental (…)
La importancia y la autoridad de la URSS han aumentado considerablemente después de la guerra. La URSS ha sido la cabeza rectora y el alma del aplastamiento militar de Alemania y Japón. Las fuerzas democráticas progresistas del mundo entero están agrupadas en torno a la Unión Soviética. (…)
La finalidad que se plantea la nueva corriente expansionista de los Estados Unidos es el establecimiento de la dominación universal del expansionismo americano. Esta nueva corriente apunta a la consolidación de la situación de monopolio de los Estados Unidos sobre los mercados internacionales, monopolio que se ha establecido como consecuencia de la desaparición de sus dos mayores competidores —Alemania y Japón— y por la debilidad de los socios capitalistas de los Estados Unidos: Inglaterra y Francia.
Esta nueva corriente cuenta con un amplio programa de medidas de orden militar, económico y político, cuya aplicación establecería sobre todos los países a los que apunta el expansionismo de los Estados Unidos, la dominación política y económica de estos últimos reduciría a estos países al estado de satélites de los Estados Unidos e instauraría unos regímenes interiores que eliminarían todo obstáculo por parte del movimiento obrero y democrático para la explotación de estos países por el capital americano. Los Estados Unidos de América persiguen actualmente la aplicación de esta nueva corriente política no sólo a los enemigos de guerra de ayer o a los Estados neutrales, sino también y de manera cada vez mayor, a los aliados de guerra de los Estados Unidos de América.
Se concede una atención especial a la utilización de las dificultades económicas de Inglaterra, aliada y al mismo tiempo rival capitalista y competidora de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. La corriente expansionista americana tiene como punto de partida la consideración de que no sólo será necesario no aflojar la tenaza de la dependencia económica respecto a los Estados Unidos, dependencia en la que Inglaterra ha caído durante la guerra, sino, al contrario, hacer más intensa la presión sobre Inglaterra a fin de arrebatarle sucesivamente su control sobre las colonias, eliminarla de sus esferas de influencia y reducirla progresivamente a una situación de vasallaje. (…)
Pero en el camino de sus aspiraciones a la dominación mundial, los Estados Unidos se han encontrado con la URSS, con su creciente influencia internacional, que constituye un bastión de la política antifascista y antiimperialista de los países de nueva democracia que han escapado al control del imperialismo anglonorteamericano; con los obreros de todos los países, comprendidos los de la misma América, que no desean una nueva guerra imperialista en provecho de sus propios opresores. (…)
Los profundos cambios operados en la situación internacional y en la de los distintos países al terminar la guerra, han modificado enteramente el tablero político del mundo. Se ha originado una nueva distribución de las fuerzas políticas. A medida que nos vamos alejando del final de la contienda, más netamente aparecen señaladas las dos principales direcciones de la política internacional de la posguerra, correspondientes a la distribución de las fuerzas políticas en dos campos opuestos: el campo imperialista y antidemocrático, de una parte, y el campo antiimperialista y democrático, de otra. Los Estados Unidos representan el primero, ayudados por Inglaterra y Francia (…)
Las fuerzas antiimperialistas y antifascistas forman el otro campo. La URSS y los pueblos de la nueva democracia son su fundamento. Los países que han roto con el imperialismo y que resueltamente se han incorporado a la democracia, como Rumania, Hungría, Finlandia, forman parte de este campo, al que se han añadido, además, Indochina, el Vietnam y la India. Egipto y Siria son simpatizantes.
DOC: Andrei Jdanov: Discurso en la sesión inaugural de la Kominform. Szklarska Poreba (Polonia). 22 de septiembre de 1947

Análisis del documento

El autor del documento:

Andrei Alexandrovich Jdanov (1896-1948). Hijo de profesor, ingresó en el Partido Bolchevique en 1915 y en los primeros años revolucionarios (1918-22) fue responsable de la organización de la zona de los Urales. En 1934 fue nombrado Secretario del Partido para Leningrado, desde ese momento se convirtió en el auxiliar indispensable de Stalin. A partir de 1938 pasó a ser miembro del Politburó, como Presidente de la Comisión de la Política Exterior tomó parte en la firma del Pacto Germano Soviético e influyó decisivamente en la guerra contra Finlandia (1939). Dirigió la resistencia de Leningrado durante el asedio de los alemanes entre los años 1942 y 1943 y, junto a Melenkov, promovió la creación de la Kominform en 1947.
Desde su puesto de secretario del Comité Central del Partido Comunista dedicó sus últimos años a perseguir cualquier tipo de desviación burguesa en las artes y las letras.[1]

Destinatarios, lugar y fecha:

El discurso fue pronunciado en ocasión de la fundación de la Oficina de Información de los Partidos Comunistas (Kominform), llevada a cabo en Szklarska Poreba (Polonia), el 22 de septiembre de 1947. Los asistentes a la reunión eran los máximos dirigentes de 9 Partidos Comunistas de 9 países europeos: URSS, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Yugoslavia, Francia e Italia.

Contenido del documento:

El discurso de Jdanov fue pronunciado en la inauguración de la Kominform (Oficina de Información Comunista). Tanto el discurso como la creación misma de la Kominform, vienen a ser la respuesta de la Unión Soviética frente a la Doctrina Truman y el Plan Marshall. Ésto, debido a que al igual que Harry Truman temía la expansión del comunismo, Stalin consideró que si aceptaba la ayuda de los Estados Unidos, sobre todo la derivada del Plan Marshall, aumentaría la influencia norteamericana en Europa Oriental. En efecto, como señala Rafael Aracil, Stalin vio en este plan de ayuda una verdadera máquina de guerra capaz de aflojar los lazos entre la Unión Soviética y los países de Europa Central y Oriental.[2] De este modo y como señala Julio Gil, en el discurso de Jdanov se consignan casi los mismos argumentos esgrimidos por Truman en su doctrina, pero ahora vistos desde el punto de vista soviético, es decir, el mundo está divido en dos, uno de ellos con cualidades pacíficas y democráticas, el otro caracterizado por tendencias belicistas y antidemocráticas.[3] Por supuesto, desde el punto de vista soviético, las características pacíficas y democráticas pertenecen al mundo socialista liderado por la URSS, al cual se agrega una tercera característica, el antiimperialismo. El otro mundo está liderado por Estados Unidos, quien tras la guerra es el líder indiscutido del capitalismo mundial.

El discurso es considerado como el primer texto en el que se analiza la Guerra Fría y su significado desde la perspectiva soviético-marxistas. A través de él vemos perfilado el análisis soviético del nuevo escenario político surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Jdanov parte su discurso realizando un análisis acerca de las transformaciones políticas producidas por causa de la Segunda Guerra Mundial. Destaca, esencialmente, que la correlación de las fuerzas ha sido modificada a favor del campo socialista en detrimento del campo capitalista: “Con la terminación de la Segunda Guerra Mundial se han producido cambios esenciales en el conjunto de la situación mundial… el sistema capitalista mundial, en su conjunto, ha sufrido nuevamente un duro revés… mientras que el robustecimiento del movimiento antifascista, ha permitido la separación del sistema capitalista a toda una serie de países de la Europa central y sudoriental”. Con esto, Jdanov va poniendo de manifiesto la escisión que se ha producido en Europa tras el fin de la guerra, a la vez que pone un especial énfasis en destacar la elevada posición que ha adquirido la URSS tras el Conflicto: La importancia y la autoridad de la URSS han aumentado considerablemente después de la guerra.

Ante tal situación, Jdanov señala que el imperialismo norteamericano había adoptado un conjunto de medidas con el fin de poner en marcha una política de dominación mundial, que le permitiera consolidar el dominio imperialista, que ha alcanzado su característica monopólica luego de que sus dos principales competidores capitalistas, Alemania y Japón, fueron derrotados: Esta nueva corriente apunta a la consolidación de la situación de monopolio de los Estados Unidos sobre los mercados internacionales, monopolio que se ha establecido como consecuencia de la desaparición de sus dos mayores competidores —Alemania y Japón.— Además, Jdanov destaca el hecho que Inglaterra y Francia ya no podían significar una competencia para EEUU, debido a que éstas se encontraban exangües tras el conflicto.
Jdanov enfatiza la idea de la división del mundo en dos bloques, el campo imperialista dirigido por los Estados Unidos y el campo antiimperialista y democrático conducido por la Unión Soviética. Según el análisis de Jdanov, el campo liderado por Estados Unidos se ha embarcado en una actitud expansionista, para la cual está utilizando diversas estrategias, entre las que se cuentan especialmente medidas de orden militar y económico, a partir de las cuales los Estados que acepten la intromisión norteamericana se verán sometidos a su dominio: “la dominación política y económica reduciría a estos países al estado de satélites de los Estados Unidos e instauraría unos regímenes interiores que eliminarían todo obstáculo por parte del movimiento obrero y democrático para la explotación de estos países por el capital americano”. Como se puede apreciar, con esta afirmación se está haciendo clara referencia al plan de ayuda económica ofrecido por Estados Unidos a los países europeos. Como ya se dijo anteriormente, este plan fue rechazado por Stalin por considerarlo un instrumento de expansión norteamericana. Por está razón los países de la Europa Oriental que en un primer momento habían aceptado la ayuda, se vieron obligados por la presión soviética a retractarse. Según Jdanov, Estados Unidos está aprovechándose de los problemas económicos que aquejan a las zonas asoladas por la guerra, convirtiendo la ayuda económica en un arma para controlar y dominar “no sólo a los enemigos de guerra de ayer o a los Estados neutrales, sino también y de manera cada vez mayor, a los aliados de guerra de los Estados Unidos de América”, con esto destaca, esencialmente, la dependencia creciente de Gran Bretaña y Francia, que en definitiva, fueron los mayores destinatarios de los dólares norteamericanos (Reino Unido recibió 2.826 millones de dólares, mientras que Francia recibió 2.444).

Los postulados sostenidos por Jdanov en su discurso tenían, esencialmente, una finalidad geoestratégica. El mensaje concreto que se dirigía a los asistentes era rechazar el Plan Marshall y permanecer fieles a las indicaciones de Moscú. Según sostiene Jdanov, la URSS a la cabeza del campo antiimperialista y democrático estaba presta a luchar contra la amenaza de nuevas guerras de expansión, para la consolidación de la democracia y para la extirpación de los restos del fascismo. En esta tarea los partidos comunistas debían ponerse a la cabeza de la resistencia contra los planes imperialistas de expansión y de agresión dirigidos por el campo liderado por Estados Unidos. Así pues, con el objetivo de organizar el intercambio de experiencias entre Partidos y, si hubiera necesidad, coordinar su actividad sobre la base del acuerdo mutuo, se creó la Kominform. Como señala Juan Pereira, desde la Kominform se puso en marcha una operación bien planificada para sovietizar, de forma rápida, la Europa Central y Oriental. Sovietización que se imponía por la fuerza de las circunstancias internas o a través de la presión, manifestada por ejemplo, en el rechazo de la ayuda que EEUU ofrecía a través del Plan Mashall.[4]

Así pues, con la Doctrina Jdanov se había marcado el punto de no retorno en la conversión forzada de la Europa central y oriental al modelo configurado por Stalin en la URSS. Una tras otra las naciones dominadas por el Ejército Rojo fueron constituyéndose en lo que se vino a denominar “democracias populares”, caracterizadas por: partido único, colectivización de la tierra, planificación económica centralizada, prioridad a la industria de base, persecución de cualquier tipo de disidencia. Como señala Jean Duroselle, en este tipo de democracias tan sólo el Partido Comunista presenta candidatos, o bien se trata de una coalición de partidos comunistas y de sus partidarios. El elector no tiene facultad de elegir entre varias tendencias, en general su voto no es secreto.[5] Según Robert Service, el concepto “Democracia Popular” fue inventado con el fin de poner énfasis en el hecho de que en Europa del Este, los comunistas habían alcanzado el poder sin que hubieran sido necesarias las guerras civiles ocurridas en Rusia.[6] Con la implantación de las Democracias Populares, la URSS extendía su modelo en su área de influencia, dejando claro que los Estados de Europa del Este se enmarcaban bajo su dominio.
En ese rápido proceso que duró pocos meses, el momento clave lo constituyó el “Golpe de Praga” en febrero de 1948, cuando el líder comunista Gottwald, con la aprobación de Stalin, hace un llamamiento a la huelga general que se ve apoyada por “milicias de trabajadores”. En pocos días, la democracia checoslovaca se vio convertida en otra “democracia popular”.
A diferencia de otros países ocupados por el Ejército Rojo, hubo que esperar más de tres años para que se estableciera una “democracia popular” en Checoslovaquia. El relato de los sucesos acontecidos en Checoslovaquia los conocemos a partir de R. Service, quien señala: A principios de 1948, Benes presidía un gobierno de coalición entre los comunistas, que habían obtenido un 38% de los votos en las elecciones de 1945, y diversos partidos demócratas. El gobierno estaba presidido por un socialdemócrata y entre los ministros destacaba Jan Masaryk, hijo del héroe de la independencia nacional, quien detentaba la cartera de Exteriores. Sin embargo, la agudización de las tensiones internacionales y la evidencia que en las elecciones que se iban a celebrar en la primavera de 1948 el Partido Comunista iba a perder apoyo de forma significativa precipitaron el golpe de estado comunista.[7]

Así pues, con la aprobación de Stalin, el líder comunista checoslovaco Klement Gottwald declaró el 24 de febrero la huelga general. Se crearon “Comités de Acción” por todo el país apoyados por una “Milicia de Trabajadores”. El 25 de febrero, Benes tuvo que aceptar la constitución de un nuevo gobierno dominado por los comunistas. El 10 de mayo, Jan Masaryk cae por una ventana y muere. ¿Asesinato político? O ¿Suicidio? Aún no se ha dado una respuesta. Benes abandonó la presidencia en mayo y en junio de 1948 los liberales fueron expulsados del gobierno. Checoslovaquia era ya una “democracia popular”.

Como se ha podido apreciar, entre 1947 y 1948 la división del mundo se ha puesto en marcha, y ha comenzado por la delimitación concreta de las esferas de influencia en Europa. Con la Doctrina Truman y el Plan Marshall comenzó a consolidarse la esfera de influencia norteamericana, mientras que la Doctrina Jdanov y la Cominform están manifestando los primeros pasos hacia la consolidación de la esfera soviética. Posteriormente esta delimitación se hará aun más patente con la militarización de los bloques, con la OTAN en 1949 y el Pacto de Varsovia en 1955.

Así pues, el conjunto de iniciativas y respuestas por parte de norteamericanos y soviéticos indicaban que se había llegado a un punto de no retorno. A partir de este momento varios conflictos comenzaron a estallar en Europa y en el resto del mundo. En nuestro análisis destacamos por su relevancia el Golpe Comunista en Checoslovaquia en 1948, el bloqueo de Berlín (1948-1949) y la Guerra de Corea (1950-1953).

NOTAS
[1] Gil, Julio, Ob. Cit., Página 9
[2] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 112
[3] Gil, Julio, Ob. Cit., Página 8
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 44
[5] Duroselle, Jean, Ob. Cit., Página 83
[6] Service, Robert, Ob. Cit., Página 293
[7] Ibidem, Página 295

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.





GUERRA FRÍA: EL PLAN MARSHALL. 6 DE JUNIO DE 1947

4 06 2007

George Marshall. (1880-1959). Secretario de Estados entre 1947 y 1949. Secretario de Defensa entre 1950 y 1951.

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Programa de Recuperación económica, conocido como Plan Marshall

Discurso de George Marshall. Universidad de Harvard. 6 de Junio de 1947
No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (…). Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea (…).
La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave. El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté constantemente en cuestión.
Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos. Es lógico que los Estados Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis. Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura antes que un simple paliativo.
Cualquier gobierno que esté dispuesto a ayudar en la tarea de la recuperación, encontrará, estoy seguro de ello, plena cooperación por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Cualquier gobierno que maniobre para bloquear la recuperación de otros países no puede esperar apoyo de nosotros. Más aún, los gobiernos, partidos políticos o grupos que traten de perpetuar la miseria humana al objeto de aprovecharse de ella políticamente o de otra manera, encontrarán la oposición de los Estados Unidos.
Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida por este Gobierno. No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.
Parte esencial de cualquier acción afortunada por parte de los Estados Unidos es que el pueblo de América comprenda, por su parte el carácter del problema y los remedios a aplicar. La pasión política y los prejuicios no deben intervenir. Con previsión, y con la voluntad de nuestro pueblo de enfrentarse con la ingente responsabilidad que la historia ha puesto claramente sobre nuestro país, las dificultades que he subrayado pueden ser superadas, y lo serán.

Análisis del Documento

El autor del documento:

El autor del documento es George Marshall (1880-1959). Entró en la Academia militar de Virginia en 1897. En 1902 recibió su despacho de Segundo Teniente de Infantería. Participó en la Primera Guerra Mundial en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial se encargó de la instrucción, formación y equipamiento del ejército de Estados Unidos. En 1944 alcanzó el grado de General. Representó a los jefes de estado mayor del ejército de EUU en todas las Conferencias que tuvieron lugar durante y después de la Segunda guerra Mundial, dimitiendo de su cargo al concluir ésta. A petición del Presidente Harry Truman fue de intermediario a la guerra civil China. En 1947 fue nombrado Secretario de Estado, propulsando el plan de reconstrucción europea que lleva su nombre, así como también la ayuda a Grecia y a Turquía. Por motivos de salud, dimitió de su cargo en 1949. En 1950 fue nombrado Secretario de Defensa y preparó al ejército para la guerra de Corea. En 1953 recibió e premio Nobel de la Paz.[1]

Destinatarios, lugar y fecha:

Tres meses después de que el Presidente Harry Truman anunciara su política de Contención del Comunismo y la ayuda a los pueblos libres, George Marshall dio a conocer en público el Programa de Recuperación Europea, generalmente conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, en mayo de 1947, Dean Acheson[2] había expuesto las ideas principales del Plan de Recuperación Económica, ante un numeroso grupos de granjeros en el Sur de EEUU, la promulgación oficial del Programa se realizó el 6 de junio de 1947 en la Universidad de Harvard, centro al que había sido invitado el General Marshall para ser investido Doctor Honoris Causa.

Contenido del documento:

Ante la deplorable situación económica que aquejaba a Europa, Estados Unidos promueve un Plan de Recuperación Económica, conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, el Gobierno norteamericano había concedido a Europa Occidental desde final de la guerra una ayuda de más de 4.500 millones de dólares, más otros 6.800 millones en forma de créditos, éstos no habían sido suficientes para poder mejorar la situación económica de los países asolados por la guerra.[3] Según los datos entregados por Rafael Aracil,[4] el panorama europeo en 1947 era el siguiente: los europeos no podían organizar el flujo de mercancías debido a las pérdidas sufridas por su marina mercante, el déficit de oro y divisas alcanzaba 8.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, al nivel interno se planteaban problemas de producción, de transportes de mercancías y de mano de obra. Excepto en Gran Bretaña, la producción agrícola era inferior a la de 1938 a causa de la disminución de superficies y de rendimientos, así como también por la desaparición de una parte del ganado. Mientras tanto, el desabastecimiento alimenticio y la falta de productos de consumo obligaban a mantener un severo racionamiento y favorecían las fuertes subidas de los precios.

Así pues, George Marshall parte su discurso poniendo énfasis en la preocupante crisis económica que afectaba a Europa, afirmando que la devastación de la economía europea hacía imposible que esos países lograran solventar sus gastos sin la ayuda externa: “las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave”. Ante tal situación, la sociedad americana no puede cerrar los ojos, ya que según Marshall, los problemas económicos que están afectando a Europa no son independientes del desenvolvimiento económico mundial, por tanto, Estados Unidos debe estar atento, pues su economía puede verse directamente afectada.

La tarea que propuso George Marshall fue elaborar un plan de ayuda que permitiera devolver la salud económica al mundo, y con ello también construir bases sólidas donde cimentar la paz. En este punto, Marshall subraya el carácter altruista de la política económica que está proponiendo al afirmar que “Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres”. De esta afirmación se desprende la posibilidad de que el plan también hubiere estado destinado a los países de la Europa oriental. No obstante, como se verá posteriormente, el plan fue rechazado por la Unión Soviética y obligó a la órbita de países ubicados bajo su esfera de influencias a rechazarlo.

En el discurso, George Marshall destaca la necesidad de que la petición de ayuda provenga de los países europeos, es decir, son éstos los que deben evaluar sus necesidades y organizarse para solicitar la ayuda que Estados Unidos está dispuesto a entregar: “La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa… El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas”. De este modo el discurso pronunciado ante el auditorio de la Universidad de Harvard, tiene también como principales destinatarios a los líderes de los países europeos, a quines hace un llamado para que busquen los mejores mecanismos de organización, a partir de los cuales puedan coordinar las peticiones de ayuda a los Estados Unidos.

La respuesta por parte de los países europeos no se hizo esperar. Tras un primer intercambio de puntos de vista entre franceses, británicos y soviéticos, se decidió responder a la propuesta norteamericana convocando una reunión en París el 27 de junio. En esta reunión quedó en evidencia que la URSS rechazaba la ayuda norteamericana por las condiciones que el gobierno norteamericano exigía. Stalin consideró que si aceptaba la ayuda de los Estados Unidos se acrecentaría la influencia de este país en las zonas bajo su dominio. “Vio en este plan de ayuda una verdadera máquina de guerra capaz de distender los lazos entre la Unión Soviética los países de Europa Central y Oriental”.[5] Por su parte, el conjunto de países occidentales que sí habían aceptado la ayuda propuesta por Estados Unidos, en julio se constituyeron un Comité Europeo de Cooperación Económica (CECE), encargado de elaborar un informe sobre las demandas que desde Europa se podrían hacer a Estados Unidos. En septiembre de 1947 se presentó “el Informe de París”. En él se establecían cuatro objetivos: a) aumento de la productividad agrícola e industrial hasta alcanzar los niveles de antes de la guerra; b) estabilidad financiera; c) cooperación económica entre países participantes y d) solución al problema del déficit en dólares a través de la expansión de las exportaciones.[6]

Ante las peticiones europeas, el Congreso de Estados Unidos, aprobó el 3 de abril de 1948 el Foreign assistance act, más conocido como el Programa de Recuperación Europeo. Entre 1948 y 1952 dieciséis países se beneficiaron de la ayuda económica del Plan Marshall, quedaron excluidos España y Finlandia por razones políticas, mientras que la Unión Soviética no lo aceptó y obligó a los países de su órbita a rechazarlo. En el mapa que se presenta a continuación puede verse claramente el delineamiento de la frontera generada a partir de la distribución del Plan Marshall.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Pagina 727
[2] Dean Acheson era el subsecretario del Departamento de Estado Norteamericano a partir de 1945. en 1947 formuló la llamada Doctrina Truman. Fue nombrado Secretario de Estado en sustitución del general Marshall el año 1949, promovió la Organización del Tratado del Atlántico Norte y decidió el rearme de la República Federal de Alemania, la intervención de Estados Unidos en orea y el aislamiento de la China de Mao.
[3] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 38
[4] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 63 – 70
[5] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 112
[6] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 38

Mapa de distribución del Plan Marshall

En el mapa se puede visualizar la línea de demarcación que se generó a partir de la distribución del Plan Marshall. Toda el área controlada por la Unión Soviética se mantuvo al margen de la ayuda económica prestada por Estados Unidos, en el mapa esta área está coloreada con amarillo, y de ella forman parte los siguiente países: Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Albania. Posteriormente, producto de la ruptura entre la Unión Soviética y Yugoslavia, este último también pasa a ser parte de los países beneficiados por la ayuda económica de Estados Unidos, pero no se encuentra directamente incluido en el Plan Marshall.Entre los países de Europa occidental, solo España se mantuvo al margen del Programa de Recuperación Económica. A través de la tabla estadística que se incorpora a continuación se puede apreciar la distribución de la ayuda por países.

Reparto de la ayuda norteamericana en donaciones.
Entre los países europeos (abril 1948- junio 1951)

1. Reino Unido 2.826
2. Francia 2.444,8
3. Italia 1.315,7
4. Alemania Occ. 1.297,3
5. Países Bajos* 877,2
6. Austria 560,8
7. Belg. Lux. 546,6
8. Grecia 515,1
9. Pago UEP 350,0
10. Dinamarca 257,4
11. Noruega 236,7
12. Turquía 152,5
13. Irlanda 146,2
14. Suecia 118,5
15. Portuga l60,5
16. Triste 32,5
17. Yugoslavia ** 29,0
18. Islandia 23,7

11.780,5

* Sin Indonesia, acreditada con 101,4 millones de dólares
**Yugoslavia no formaba parte del plan Marshall, pero en 1950 la ayuda económica norteamericana se transfirió a través del ECA (administración De Cooperación Económica)
Fuente: BOOSSUAT, G.: “Plan Marshall”, en AZEMA, J.O.: BESARIDA, F.: 1938-1948 Les annees de tourmente, de Munich a Prague. Dictionarie critique. París, Flamariosn, 1995, p. 229. EN: Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 67.

¿Cuáles fueron los principales efectos del Plan Marshall?

Como señala Rafael Aracil, más allá de los aspectos económicos, el Plan Marshall tuvo importancia en el ámbito geopolítico ya que consolidó la división del continente en dos ámbitos de hegemonías, la occidental bajo la tutela de los Estados Unidos y la oriental sometida a la influencia de la Unión Soviética. De esta forma contribuiría a la formación de los bloques.[1] En efecto, esa es la situación que vemos reflejada en el mapa. A partir de este momento se puede afirmar que el “Telón de Hierro” descrito por Wiston Churchill comienza a solidificarse.

Desde este punto de vista podemos afirmar que los objetivos y consecuencias del Plan Marshall se configuran esencialmente en dos ámbitos: políticos y económicos. Si tenemos presente las propias declaraciones de George Marshall, el plan pretendía impedir la amenaza de una recesión de la economía norteamericana, restablecer el circuito normal de intercambios exteriores, instar a los europeos a armonizar sus esfuerzos por conseguir el restablecimiento de la economía y a unirse para crear un mercado amplio. Pero también, otro de los propósitos declarados, era oponerse al progreso del comunismo, cuyo desarrollo se creía que era fruto del descontento y de la miseria.[2] Teniendo presente estas circunstancias podemos afirmar que efectivamente “el Plan Marshall” viene a ratificar el comienzo de la Guerra Fría, si por ésta entendemos la manifestación concreta de la división del mundo en dos bloques.

En resumen, los efectos políticos se manifestaron en la división de Europa en dos bloques claramente delimitados. Mientras que los efectos económicos se reflejaron en la rápida recuperación económica experimentada por los países beneficiados por la ayuda prestada por Estados Unidos. En los 5 años de aplicación (1948-1953), ascendió a un total de 13.150 millones de dólares (equivalentes a unos 80.000 millones de dólares actuales). Al principio la demanda más grande era de alimentos y fertilizante, pero en 1951 la mitad de los productos recibidos a través del plan eran materias primas, bienes semielaborados y maquinaria.[3]

La valoración del Pan Marshall, desde el punto de vista económico y financiero fue positiva, ya que la inyección de capitales norteamericanos permitió la recuperación rápida de los países beneficiados. No obstante, en los aspectos sociales la valoración es diferente. Ya que si bien es cierto uno de los aspectos destacados por la propaganda que promovió al Plan Marshall, destacaba entre sus objetivos la necesidad de mejorar la situación social de los trabajadores, éstos no se contaban entre las primeras prioridades de la Recuperación Económica.[4] Esto se ponía en evidencia a través de la presión que los administradores norteamericanos ejercían sobre los gobiernos europeos para que adoptasen una política de saneamiento basada en la contracción del gasto público, el equilibrio de los presupuestos, la estabilidad monetaria, establecimiento de unos márgenes elevados de beneficios a favor de los inversores, y finalmente, un sistema fiscal que estimulara los beneficios y las inversiones; las consecuencias de estas políticas fueron la reducción de los gastos en servicios sociales, las rentas bajas y los bajos niveles de consumo para las clases trabajadoras. Por tanto, lo que hizo el Plan Marshall fue poner de pie la desgajada economía de la Europa Occidental, lo que no significó que todos sus objetivos proclamados se hayan cumplido.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 69
[2] Ibidem, Página 65
[3] Ibidem, Página 67
[4] Estudio realzado por G. Mammarella, Citado por Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 69

*EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

 

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Historia1Imagen

Guerra FríaDiego Portales - Nicolás Maquiavelo - José Francisco Vergara - Francis Fukuyama - Didáctica de la Historia - Salvador Allende

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