
La docencia universitaria se desarrolla hoy en un escenario caracterizado por la convergencia de avances disciplinares, exigencias pedagógicas, marcos normativos, sistemas de aseguramiento de la calidad y transformaciones tecnológicas que inciden directamente en el ejercicio profesional del cuerpo académico. Enseñar en la universidad implica articular conocimiento actualizado de la disciplina, decisiones didácticas fundamentadas y responsabilidad institucional respecto de los procesos formativos. En este contexto, la docencia se consolida como una función estratégica para la calidad académica y para el logro efectivo de los resultados de aprendizaje. (ver aquí la presentación)
Los avances disciplinares constituyen un primer eje estructurante del quehacer docente. La actualización permanente del conocimiento, la evolución de los campos profesionales, la creciente especialización y, al mismo tiempo, la necesidad de enfoques interdisciplinarios, demandan una docencia capaz de traducir saber experto en experiencias formativas pertinentes, comprensibles y relevantes para los estudiantes. El dominio disciplinar, lejos de ser un requisito estático, se configura como una dimensión dinámica que dialoga con la didáctica, la evaluación y el contexto profesional.
A este eje se suman las exigencias derivadas de los sistemas de aseguramiento de la calidad, que sitúan al cuerpo docente como un componente central del proceso formativo. En el caso chileno, los criterios y estándares de acreditación enfatizan la idoneidad disciplinar y pedagógica, el perfeccionamiento continuo, la evaluación periódica del desempeño, la inclusión, la gestión del aprendizaje y la evidencia de impacto en los resultados formativos. Estas exigencias se materializan no solo en políticas institucionales, sino también en instancias de verificación concreta, donde se evalúa la coherencia entre lo declarado y lo que efectivamente ocurre en el aula.
De manera complementaria, los modelos educativos institucionales y los sistemas internos de calidad demandan una docencia alineada, consistente y trazable. El rol docente se vincula directamente con la implementación del proyecto educativo, la gestión de la progresión estudiantil, el cierre de brechas formativas y el uso sistemático de información para la mejora continua. La docencia universitaria se comprende, así, como una práctica situada dentro de un sistema institucional más amplio, que requiere articulación, seguimiento y responsabilidad compartida.
Un eje particularmente relevante en el escenario actual corresponde a los avances tecnológicos, y de manera específica, al impacto de la inteligencia artificial generativa en la enseñanza y la evaluación. Este contexto interpela al docente a revisar críticamente el diseño de tareas, los instrumentos de evaluación y los criterios de logro, promoviendo experiencias de aprendizaje auténticas que fortalezcan el razonamiento, la argumentación, el juicio disciplinar y la metacognición. La incorporación de tecnologías y de IA en docencia se plantea como una decisión pedagógica consciente, orientada al aprendizaje y al desarrollo de capacidades que no pueden ser delegadas.
Asimismo, las demandas del entorno laboral y social refuerzan la necesidad de una docencia pertinente, contextualizada y conectada con situaciones reales. La formación universitaria requiere preparar a los estudiantes para escenarios profesionales complejos, cambiantes y éticamente desafiantes. A ello se suman los requerimientos asociados a inclusión, equidad y convivencia, que interpelan directamente la acción docente y su capacidad para generar ambientes de aprendizaje respetuosos, accesibles y coherentes con los principios institucionales.
Desde este conjunto de exigencias, se configura con claridad lo que hoy se espera del docente universitario. Se trata de un profesional con dominio disciplinar actualizado, competencias pedagógicas sólidas, capacidad de diseño y gestión de la enseñanza, manejo de estrategias de evaluación para el aprendizaje, uso pedagógico de tecnologías e inteligencia artificial, y una disposición permanente a la reflexión crítica y a la mejora de su práctica. El docente es, además, un agente clave en la gestión de la progresión estudiantil y en el aseguramiento del logro del perfil de egreso.
En coherencia con este diagnóstico, se hace necesario avanzar hacia propuestas de acción estratégicas que fortalezcan la docencia universitaria de manera sistemática. Entre ellas destacan el desarrollo de sistemas de formación continua vinculados a resultados e impacto, evaluaciones docentes con sentido formativo y consecuencias reales, una cultura institucional basada en evidencia y la promoción de prácticas de innovación pedagógica sustentadas en análisis y reflexión sistemática. Un desafío central en este marco es el tránsito hacia evaluaciones auténticas y resilientes frente a la inteligencia artificial, capaces de resguardar la validez del aprendizaje y la integridad académica.
Con el propósito de aportar a esta reflexión y apoyar la toma de decisiones académicas, dejo a disposición el documento “Desafíos de la docencia universitaria”, que sistematiza marcos de referencia, exigencias de calidad, desafíos asociados a la inteligencia artificial y rutas de acción estratégica para la docencia. Este material busca servir como insumo para equipos directivos, unidades académicas y docentes, orientado a fortalecer una comprensión compartida del escenario actual y a promover decisiones pedagógicas e institucionales coherentes con los desafíos de la educación superior contemporánea.
Ans Henriquez Orrego





