LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y LA GUERRA FRÍA


palabras claves de este documento: Revolución Rusa, comunismo de Guerra NEP, Plan Quinquenal, planificación, Segunda Guerra Mundial…. etc

ANTECEDENTES PARA LA COMPRENSIÓN DE LA GUERRA FRÍA

La Guerra Fría es un conflicto de orden mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los cuales en el trascurso del siglo XX se instalaron en la cúspide del poder, alcanzando ambos la categoría de superpotencias. Tradicionalmente se considera que este peculiar conflicto tuvo su punto de partida tras la Segunda Guerra Mundial, una vez que los dos principales vencedores de la misma no lograron compatibilizar sus tan disímiles puntos de vista respecto de los destinos que habrían de seguir los territorios que habían sido asolados por la guerra y que acababan de ser liberados y a la vez ocupados por sus tropas. No obstante, como ya ha sido precisado en el primer capítulo del presente trabajo, no es posible comprender el conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir de 1945, si no se tiene presente el origen de las desavenencias entre ambas entidades políticas, es decir, el año 1917, cuando se produjo la Revolución Bolchevique en Rusia.Conocer los elementos constitutivos de dicha revolución, sus planteamientos y objetivos, permite comprender que la Guerra Fría no es simplemente una lucha de poder entre dos Estados, aunque también tiene añadido tales elementos. Esta peculiar guerra es un enfrentamiento entre dos tipos de sociedades con planteamientos profundamente diferentes respecto de la organización social, política y económica.

Es una lucha que alcanza su concreción máxima una vez que ambas entidades políticas se instalan en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo, allí hasta donde sus tropas habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis. Desde esta perspectiva, la Segunda Guerra Mundial sólo viene a constituir el último paso que hará de la Guerra Fría un conflicto de orden mundial. Así la alianza forjada entre la Unión Soviética y los países occidentales, sólo habría significado un paréntesis en la historia de la Guerra Fría. Para el historiador británico Eric Hobsbawm la Alianza de Guerra contra Hitler constituye un hecho insólito y temporal, y a la vez “un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo, excepto en el breve período de antifascismo, las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable”.[1] En efecto, esto último será clave para comprender los acontecimientos que se suscitaron tras el fin de la guerra. Aquella “insólita alianza” no logró sobrevivir una vez que el enemigo común había sido derrotado.

GUERRA FRÍA ENCUBIERTA (1917-1945)

Síntesis histórica:

Desarrollo interno de la Unión Soviética y de sus relaciones internacionales con Occidente entre 1917 y 1945.


Las primeras medidas del régimen soviético

Tras la Revolución de 1917, Rusia se convirtió en el primer país en que un partido obrero alcanzaba el poder, por lo que carecía de experiencias previas sobre la construcción de una sociedad socialista.

En los días siguientes a su constitución, el Consejo de Comisarios del Pueblo promulgó una serie de decretos que pretendían satisfacer las principales reivindicaciones de las clases populares y conseguir su adhesión: el decreto sobre el final de la guerra proponía una paz sin anexiones ni indemnizaciones; el decreto sobre la tierra expropiaba sin contrapartida económica, las grandes propiedades, que pasaban a manos de comités agrarios; el decreto sobre empresas industriales ponía las fábricas bajo control de obreros y empleados; el decreto sobre las nacionalidades declaraba el derecho de los pueblos de Rusia a disponer libremente de su destino.[2]

En enero de 1918 se reunió la Asamblea Constituyente, prevista ya por los gobiernos anteriores a la revolución de octubre. Los bolcheviques eran minoritarios en ella, frente a una mayoría de los militantes del partido Socialista Revolucionario. Para Lenin, la Asamblea representaba el modelo político burgués frente a la democracia más profunda, la de los soviets, y precedió a su disolución. De este modo el poder soviético y la dictadura del proletariado se convirtieron en los pilares básicos de la Rusia revolucionaria. Paulatinamente, la oposición fue silenciada.[3]

En julio de 1918, el Congreso de los Soviets aprobó la primera constitución soviética, en la que se declaraba la decisión de construir el socialismo sin clases sociales ni Estado, y se confirmaba a los soviets como base del poder revolucionario.

Para el gobierno se convirtió en primer objetivo la desvinculación de la guerra.[4] En diciembre de 1917 se firmó un armisticio con Alemania y Austria-Hungría, y se abrieron negociaciones sobre la paz. Dentro del partido bolchevique, Lenin defendía la necesidad de alcanzar la paz a cualquier precio como única forma de asegurar la pervivencia de la revolución. La facción más radical, Trotski a la cabeza, se pronunciaba por la continuación de la guerra como forma de exportar la revolución a otros países.

Las presiones del ejército alemán forzaron al partido bolchevique (que a partir del 7 de marzo de 1918 adoptó el nombre de comunista), y al Gobierno a aceptar las duras condiciones impuestas por Alemania. La paz se firmó en la ciudad de Brest-Litovk el 3 de marzo de 1918. Rusia perdía 780.000 kilómetros cuadrados, perdía también 56.000.000 de personas, un tercio de la longitud de su red de ferrocarriles, un 73% de su producción de hierro, así como su provisión de carbón en un 89%.[5]

La Guerra Civil y el comunismo de Guerra

Entre 1918 y 1920, el nuevo régimen se enfrentó a una guerra civil que asoló el país, promovida por las fuerzas antirrevolucionarias y por la intervención extranjera.[6] Sin embargo, el régimen comunista se consolidó con la creación de la URSS.

Francia, Reino Unido y Japón intentando frenar el contagio revolucionario y castigar al nuevo régimen establecido en Rusia, que había expropiado todas las grandes inversiones de capitales extranjeros y que se negaba a devolver los empréstitos de la época zarista, enviaron cuerpos expedicionarios, pero sobre todo aportaron capitales y armas a los ejércitos antirrevolucionarios, conocidos como “Blancos”, enfrentaron a los revolucionarios del ejército Rojo.

Como ya fue señalado en el capítulo I, fue el año 1917 el que marcó el punto de inflexión en la relación entre Estados Unidos y Rusia. En este año la Revolución Bolchevique instauró en Rusia un nuevo tipo de gobierno, que comprendía también un nuevo tipo de sociedad. Un modelo que pretendía desplazar al actual modelo capitalista, liberal y burgués que predominaba hasta ese momento en el mundo. En efecto, “Cuando los bolcheviques subieron al poder en Rusia en noviembre de 1917, esperaban, como marxistas devotos, que los trabajadores del mundo, incluidos los norteamericanos, siguieran la iniciativa rusa y derrocaran a sus gobiernos dominados por el capital. Los capitalistas del mundo, incluidos los de Estados Unidos, temían que esa posibilidad se hiciera realidad”.[7]

La Revolución Bolchevique se llevó a cabo en Rusia mientras se desarrollaba la Primera Guerra Mundial. En esta última, Francia, Gran Bretaña y Rusia luchaban desde 1914 en el mismo bando contra los Imperios Centrales, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Pero como se dijo, el año 1917 se produjo un giro crucial en los acontecimientos. Estados Unidos, que hasta entonces había proclamado su neutralidad, cambió de parecer y el 2 de abril de 1917 el Congreso declaró la guerra a Alemania. Mientras tanto, en ese mismo año, las desastrosas consecuencias de la guerra, produjeron en Rusia el derrocamiento de la monarquía zarista.

Así, tras un breve período de gobierno provisional (desde marzo a noviembre de 1917), triunfó en Rusia la revolución bolchevique. Los revolucionarios habían explotado muy bien la decisión del gobierno provisional acerca de mantener la participación Rusa en la guerra y habían alentado a la población a levantarse y exigir cambios radicales.

Pero la Rusia Bolchevique no encajaba con el mundo que quería diseñar el presidente Norteamericano, W. Wilson, tras la Primera Gran Guerra, ese mundo ideal que tenía por fundamento, aspectos tales como la cooperación internacional, la seguridad colectiva, los mercados abiertos y la autodeterminación de los pueblos. Esta última, según Wilson implicaba casi de forma automática la adhesión a los sistemas democráticos, por tanto, el concepto democracia también venía a añadirse al conjunto de características con las que debía contar ese mundo que surgiría tras la conflagración mundial.[8]

Efectivamente, todos esos conceptos formaban parte vertebral de los denominados “14 puntos de Wilson”, los cuales había presentado ante el pueblo norteamericano y ante los aliados europeos como imprescindibles dentro del nuevo orden internacional que debía surgir una vez que acabara la gran conflagración comenzada en 1914. “Obviamente, en el nuevo orden internacional que preveía Wilson no había ningún lugar para los bolcheviques comprometidos con el derrocamiento violento del capitalismo y la democracia”.[9] Desde esta perspectiva, en el nuevo orden mundial que vendría tras la guerra no habría habido lugar ni para la autárquica Rusia zarista, ni para la dictadura comunista que pretendía instaurar la revolución de 1917.

Por todo los expuesto, W. Wilson se negó a reconocer el gobierno Bolchevique, y, además, autorizó el envío de ayuda económica encubierta a las fuerzas antibolcheviques de Rusia, mientras que las otras dos grandes potencias capitalistas, Francia y Gran Bretaña, se decidieron a actuar de un modo más directo, con participación efectiva en la Guerra Civil Rusa, apoyando a las fuerzas antibolcheviques. No obstante, los objetivos de las potencias capitalistas se vieron frustrados, ya que “La intervención militar de las potencias capitalistas no hizo más que reafirmar los temores de los bolcheviques de que los objetivos principales eran ellos y no los alemanes. Aun cuando no logró derribar el régimen soviético, la intervención militar occidental en la guerra civil rusa sembró en la mente de los líderes soviéticos el temor eterno a un cerco capitalista y la creencia de que la guerra entre el comunismo y el capitalismo era inevitable.[10] Desde este momento se empiezan a configurar los elementos que van marcando el derrotero de las relaciones entre el mundo capitalista y el mundo comunista. Ha aparecido en escena un nuevo tipo de sociedad, a la que J. Fermandois ha denominado “Sociedad Revolucionaria”, incompatible en esencia con el tipo de sociedad tradicional encarnada en los países occidentales.[11]

En la guerra civil, el Ejercito Rojo, dirigido por Trotski, adquirió una rígida disciplina y una notable eficacia que le permitió acabar con los ejércitos blancos a fines de 1919. En los años siguientes los soviéticos recuperaron Ucrania, el Caucaso y Asia central. La consolidación del poder soviético se manifestó con la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas soviéticas (URSS) en diciembre de 1922. La guerra civil contribuyó a la radicalización del régimen y a la supresión de todo tipo de oposición política.[12]

Como se dijo, W. Wilson no reconoció al gobierno bolchevique y esa actitud la preservaron los gobiernos norteamericanos hasta 1933, cuando el Presidente F. Roosevelt decide cambiar la política seguida por sus antecesores respecto de la Unión Soviética. Entre 1933-34 se produjo el reconocimiento del gobierno soviético y el establecimiento de las relaciones diplomáticas. Recordemos las ya citadas memorias de George Kennan, quien tuvo la posibilidad de ser participe directo de aquel acercamiento.[13]

Como señala Powaski, Roosevelt creyó firmemente en la posibilidad de poder llegar a acercamientos y acuerdos fructíferos con Stalin, sobretodo después de 1941, cuando Alemania había comenzado la invasión de la Unión Soviética. “Roosevelt creyó que el ejército soviético podría tener inmovilizado a la mayor parte del ejercito alemán, con lo cual salvaría a Gran Bretaña y posiblemente evitaría la necesidad de que Estados Unidos participara directamente en la guerra. Así pues, Roosevelt hizo cuanto pudo por evitar una derrota soviética, incluido el envío de ayuda por el valor de miles de millones de dólares al amparo de la Ley de Prestamos y Arriendos. A partir de la entrada en guerra de Estados Unidos en diciembre de 1941, Roosevelt se esforzó mucho por mantener la Gran Alianza”.[14]

En efecto, Roosevelt manifestó siempre un gran interés por mantener en pie la Gran alianza, no obstante, su muerte se produjo justo al momento en que la guerra en Europa tocaba su fin, y como diría H. Kissinger, su sueño de las 4 grandes potencias gobernando el mundo no llegó a sobrevivirle[15]. Y es que terminada la lucha contra el enemigo común ya no había razones para seguir soslayando el sinfín de diferencias entre ambas entidades, más aún cuando tanto Estados Unidos como la Unión Soviética, sabíanse y sentíanse enormemente poderosos, de hecho, la guerra los había convertido en las principales o las únicas potencias militares del mundo. En Europa, vencedores y perdedores estaban exhaustos, mientras que en Asia, Japón había sido completamente derrotado y China retomaba los caminos hacia la guerra civil.

La URSS: Consolidación de un nuevo sistema económico y un nuevo tipo de sociedadLa Nueva Política Económica

La revolución había triunfado, pero los costes habían sido enormes. Al acabar la guerra civil, el país estaba agotado; el hambre, las enfermedades y la guerra habían causado millones de muertos; la producción agrícola era equivalente a dos tercios, respecto de la anterior a la guerra mundial; la industria se había reducido a una séptima parte; y las privaciones y el descontento eran generales.

Entre 1921 y 1927, la Nueva Política Económica (NEP) significó un giro radical en la política económica y social de la URSS. La idea fundamental de la NEP era reinstaurar, por breve tiempo, un capitalismo limitado con el fin de reconstruir la economía. Como señala Powaski, el objetivo de la NEP era salvar al país del desastre económico fomentando temporalmente el desarrollo de la empresa privada e intentando atraer inversiones y tecnologías extranjeras. Lenin arguyó que sólo después de que Rusia recuperase la salud económica sería posible reanudar la socialización de la economía.[16]

La economía se liberalizó en parte: se restableció la libertad de comercio interior; los campesinos, que habían pagado sus impuestos en especie, podían vender libremente los excedentes, se permitió la existencia de pequeñas empresas privadas en la industria y en los servicios; y se autorizó la entrada de capital extranjero. Pero el Estado siguió reservándose el control del crédito y de los sectores clave de la economía: ferrocarriles y otros medios de transporte, las grandes empresas, bancos y el comercio exterior. Al mismo tiempo, se introdujeron mejoras en la gestión de las empresas socializadas, que copiaron los procedimientos capitalistas, y se fomentó el cooperativismo en el comercio interior y en el campo.[17]

El Periodo Stalinista

Stalin protagonizó el segundo período de la historia de la URSS. Instauró una dictadura personal, consolidó el régimen soviético y convirtió la URSS en una gran potencia. Los pilares sobre los que se basó la época stalinista fueron la socialización de la tierra y la planificación económica.

Cuando Lenin se retiró del poder a causa de una enfermedad en 1923 no había claridad de quien sería su sucesor. En estas circunstancias quedó en manos del Comité central del Partido la elección del nuevo líder. Dos eran los candidatos principales: León Trotski y Stalin. El primero había sido Director del Soviet de San Petersburgo en 1905, organizador de la Revolución de Octubre y creador del Ejército Rojo. Stalin había tenido un papel activo en la Revolución de 1905 y estuvo deportado hasta 1917. Formó parte del Gobierno Bolchevique y ocupó la Secretaria General del Partido en 1922. Frente al pensamiento de Trotski, que insistía en la idea de la revolución mundial, Stalin defendía la tesis del ”socialismo en un solo país”. Esta posición era mayoritaria, teniendo en cuenta los sacrificios llevados a cabo desde 1917.[18] Desde la muerte de Lenin, la posición de Trotski se fue debilitando. Perdió los cargos que acumulaba, fue detenido y deportado a Siberia, y finalmente en 1929 fue expulsado de la URSS.

Socialización y planificación

El período comprendido entre 1927 y 1939 se caracterizó, desde le punto de vista económico y social, por la planificación de la economía y la colectivización del campo. La NEP fue oficialmente abandonada en abril de 1929, y la planificación estatal de la economía fue presentada como la respuesta de la economía socialista frente al liberalismo capitalista.[19] La planificación suponía la implantación de las directrices económicas, que sólo podían ser alcanzadas mediante el control de la producción industrial y la colectivización de la tierra.

Según las propias palabras de Stalin el objetivo de los planes quinquenales consistía en transformar a la URSS en un país industrial para eliminar hasta el final los elementos capitalistas, extender el frente de las formas socialistas de la económica y crear una base económica para la supresión de las clases en la URSS, para la construcción de una sociedad socialista. En esencia, el pan quinquenal debía convertir la pequeña economía rural en una gran economía colectivizada. Finalmente la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias par aumentar al máximo la capacidad de defensa, para permitir organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quieran que vengan. [20]

El Primer Plan Quinquenal se inició el 1 de octubre de 1928. Sus principales objetivos eran la desaparición del sector privado, que había resurgido con la NEP, la autofinanciación de las grandes inversiones industriales ante la falta de empréstitos exteriores, la formación, a gran escala, de técnicos y mano de obra especializada, y el desarrollo de la industria pesada, así como la construcción de gigantescas obras publicas, que debían permitir a la URSS superar su atraso histórico. Como señala Powaski, el objetivo de Stalin al aplicar El Primer Plan Quinquenal era adoptar una política que consistía en emplear capital nacional, en vez de extranjero, para industrializar la Unión Soviética. El Primer Plan Quinquenal recurría a los contratos para adquirir ayuda técnica extranjera. Con este hecho, por primera vez desde la Revolución Bolchevique, empezaron a llegar a la Unión Soviética, grandes cantidades de artículos y ayuda técnica norteamericana. Durante el Primer Plan Quinquenal hasta mil ingenieros norteamericanos trabajaron en la Unión Soviética en virtud de contratos individuales, y muchos más llegaron a Rusia a trabajar para compañías estadounidenses que habían firmado contratos.[21]

Para alcanzar estos objetivos enormemente ambiciosos, se movilizó a la población de forma casi militar y se obtuvieron unos resultados espectaculares. El número de obreros industriales se doblo en cinco años, igual que la producción de carbón y hierro. La producción eléctrica se quintuplicó; pero los resultados en el campo fueron mucho menores, como consecuencia, sobre todo, de los aspectos negativos de la colectivización.[22]

El campo constituía uno de los principales problemas del gobierno stalinista, ya que la transformación que disfrutó durante la NEP, iba en contra de las ideas comunistas de eliminar la propiedad privada. Por el contrario algunos campesinos, los kulaks, se habían enriquecido y podían ser un peligro por su creciente poder económico. Una serie de medidas pusieron en marcha el proceso de colectivización, que acabó en una guerra abierta contra los propietarios agrarios. Pero la férrea voluntad de Stalin de acabar con la propiedad privada se impuso. En 1928 solo el 5% de las tierras formaban parte de las cooperativas (Koljoses) y de las granjas del estado (Sovjoses), en 1937 ambas agrupaban el 37%.[23]

La colectivización acabó con los Kulaks, pero con un coste enorme: Centenares de miles de campesinos murieron en una deportación inhumana. “Centenares de millares de familias fueron desposeídas de sus bienes y desterradas al norte… haya donde se producía alguna vacilación se enviaba a la tropa. Hubo centenares de revueltas como especialmente en el Caucaso y Siberia.[24] La producción ganadera se hundió por un período de tiempo muy largo, y el campo se quedó sin sus trabajadores más calificados.

El segundo plan quinquenal se llevó a cabo entre 1933 y 1937. Su balance final fue igualmente espectacular. La producción industrial se dobló, y la agraria aumento en un 50%. Las condiciones de vida de la población mejoraron y la sociedad soviética lograba su consolidación. El tercer plan quinquenal (1937-1942) tuvo que ser modificado para atender las necesidades de la guerra.

En 1939 en vísperas del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad soviética era muy diferente a la de 1917. El poder soviético se había consolidado y el partido comunista dominaba todos los aspectos de la vida de la URSS. La propiedad privada había sido abolida y la interpretación soviética del Marxismo se había hecho realidad. El país se había industrializado y las ciudades habían crecido de forma considerable.[25]

La Segunda Guerra Mundial

Desde el punto de vista del desarrollo de la Guerra Fría, la Segunda Guerra Mundial viene a constituir el hito fundamental que en definitiva se encargó de dejar frente a frente a Estados Unidos y la URSS. No es el objetivo del presente trabajo, ahondar en el desarrollo de este conflicto, sino señalar en qué medida esta conflagración se transformó en el último eslabón que condujo hacia la Guerra Fría Abierta.[26]

Un punto crucial en el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial estuvo dado por la firma del Pacto de No Agresión Germano Soviético. Stalin, al verse rechazado por los ingleses y los franceses, hizo un trato con Hitler el 23 Agosto de 1939 y firmó el Pacto de no-agresión Germano- Soviético. El pacto permitió a Hitler empezar la Segunda Guerra Mundial, mientras la Unión Soviética empezaba a ocupar los estados Bálticos y el Este de Polonia. La actitud de Stalin convenció a la mayoría de los norteamericanos que no se podía confiar en él.[27] Como Señala Henry Kissinger este hecho demostró un fuerte realismo político por parte del Gobierno Nazi y Soviético, pues a pesar de la fuerte carga ideológica a partir de la cual se constituían ambos sistemas, al final lo que primó fue el cálculo de los beneficios. En efecto, el interés geopolítico fue un nexo poderoso que atrajo a los viejos enemigos: Hitler y Stalin.[28] Hitler necesitaba contar con la neutralidad del coloso del Este para llevar a cabo sus planes, y a pesar de haber tildado abiertamente a Rusia como un pueblo “inferior dominado por los judíos” se buscó la negociación con la URSS. Para Stalin, Hitler era la muestra más extrema de la belicosidad intrínseca de las fuerzas capitalistas y así lo corroboraba a partir de la expansión alemana sobre Austria y Checoslovaquia.[29] No obstante ello, ambos líderes terminaron sellando su unión en Moscú en agosto de 1939. En la imagen que se presenta a continuación Vyacheslav Molotov (Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS) firma el pacto bajo la mirada de Von Ribentropp (Ministros De Relaciones Exteriores de Alemania) y un sonriente Stalin.
Stalin utilizó el contexto mundial a su favor y anexó los territorios aledaños, además de Estonia, Letonia y Lituania, en Julio de 1940 también incorporó Besarabia y Bukovina, a expensas de Rumania. Comenzaba en estos territorios una brutal sovietización, implantando la dictadura comunista de partido único, y la nacionalización de fabricas, bancos, minas.[30]

Stalin esperaba que la guerra en Europa fuera larga, pero Holanda, Bélgica, Dinamarca y Noruega ya habían sido ocupadas en Junio de 1940, mientras que la resistencia francesa se venía abajo. Según señala Robert Service, si bien es cierto que Stalin y sus generales habían pensado ya en la posibilidad de una invasión alemana a la URSS, cuando ésta se produjo ,el 22 de julio de 1941, Stalin sufrió un colapso y el encargado de entregar el discurso para coger las armas fue Molotov. Para compensar el fracaso en Inglaterra, Alemania había roto el pacto de no-agresión, confiando en que su guerra relámpago, que ya tantos triunfos le había dado, aplastaría a los desprevenidos ejércitos soviéticos en breve plazo.[31]

La invasión alemana ponía fin a la cooperación entre Hitler y Stalin. Como señala Ronald Powaski, este hecho se produjo en momentos en que Estados Unidos seguía tomando medidas para que Gran Bretaña continuase luchando contra Alemania.[32] En efecto, debido a la brutal conquista de Polonia por parte de Alemania, la opinión norteamericana era cada vez más favorable a la idea de ayudar a los aliados, aunque sin llegar a una intervención militar directa de Estados Unidos. En noviembre de 1939, el Presidente Roosevelt logró que el Congreso modificara la Ley de Neutralidad, se sustituía el embargo de armas y se daba la posibilidad de que las potencias beligerantes pudieran adquirir armas en Norteamérica si ellas mismas se hacían cargo de su traslado. Este fue el primer paso significativo de Estados Unidos en la ayuda de los países que luchaban contra Hitler. No obstante como se podrá ver a partir del Mapa Nº 1, tales medidas no impidieron a Hitler hacer caer bajo las botas nazis a casi toda Europa. En pocas semanas, el ejército alemán invadió Dinamarca, Noruega, Bélgica, Luxemburgo, los países bajos y Francia. Como se ve en el Mapa Nº 1, el armisticio firmado por los franceses el 22 de junio dejó la mitad de Francia en poder de los alemanes, pero permitió a los franceses instaurar un gobierno en Vichy, que controlaba el sur del país. Aunque a decir verdad, este último también estaba bajo una fuerte influencia alemana.[33]

Con Francia fuera de combate, Gran Bretaña quedó sola ante la arremetida alemana. Ante tales circunstancias, el Congreso norteamericano volvió a tomar medidas cruciales para apoyar la causa británica. En marzo de 1941, la “Ley de Préstamos y Arriendos” autorizaba al presidente a vender, traspasar, intercambiar, arrendar o prestar envíos de municiones, alimentos, armas y otros artículos defensivos a cualquier nación cuya defensa, el presidente juzgase importante para la seguridad de Estados Unidos.[34]

Al principio la opinión pública norteamericana y el Congreso se resistieron a la idea de prestar ayuda a los soviéticos. No obstante, en septiembre de 1941 el gobierno norteamericano presentó al Congreso un segundo proyecto de ley de Prestamos y Arriendos, en él no se mencionaba específicamente la ayuda a la URSS pero tampoco se excluía.[35] El proyecto fue aprobado el 10 de octubre de 1941 y una semana después el Presidente Roosevelt hizo saber a Stalin que Estados Unidos proporcionaría a la Unión Soviética material por valor de 1.000 millones de dólares al amparo de la “Ley de Prestamos y Arriendos”. A cambio, los soviéticos accedieron a devolver el dinero en un periodo de 10 años, sin intereses.[36] Como señala Ronald Powaski, la aprobación de la Ley de Prestamos y Arriendos convirtió a Estados Unidos en Aliado de facto de Gran Bretaña y la URSS, cuestión que pasó a concretizarse tras el ataque perpetrado por Japón contra las bases norteamericanas instaladas en Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.[37]

A partir de los mapas que se presentan continuación se muestra el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, sintetizada en tres etapas:

1. El avance progresivo de Alemania Nazi sobre Europa.
2. La arremetida Aliada contra las tropas Nazis.
3. Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Mapa Nº 1

En el primer mapa se observa la expansión del Eje entre 1939 y 1942. Con el color verde oscuro, se identifica el territorio alemán antes de la guerra, las siguientes dos degradaciones del tono verde indican, por una parte, los territorios anexados a Alemania antes de 1939 (Austria y Checoslovaquia); mientras que la tonalidad verde más clara muestra la expansión de las tropas nazis por medio de los triunfos en la guerra. Como se puede apreciar, estos últimos alcanzan gran parte del territorio europeo: mas de la mitad de Francia ha caído en manos alemanas, Polonia ha sido ocupada en su totalidad y la URSS ha sido conquistada hasta la línea que corre de norte a sur entre Leningrado y Stalingrado, bordeando los límites de Moscú.

Mapa Nº 2

Con el color verde se muestran los territorios ocupados por el Eje (Alemania y sus Aliados) en su máxima expansión. A través de las flechas de color café se indica el avance de las tropas soviéticas, mientras que las flechas de color anaranjado señalan el avance de las tropas occidentales, lideradas por Estados Unidos y Gran Bretaña. Como se puede apreciar, la ofensiva anti-nazi en el Este de Europa estuvo en manos de la URSS, mientras que la liberación del oeste estuvo en manos de las dos principales potencias occidentales, EEUU y Gran Bretaña.

Mapa Nº 3

En este mapa se evidencian dos cambios fundamentales producidos por la Segunda Guerra Mundial: por una parte se observa, con el color amarillo, el ensanchamiento de la frontera soviética hacia el Oeste a costa de los países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y también la anexión de Besarabia y Bukovina, a expensas de Rumania; en segundo lugar, la transformación importante producida por la Segunda Guerra Mundial fue la división de Alemania en dos zonas, que posteriormente, en el año 1949 pasaron a constituir la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA). Con la división de Alemania queda delineada la frontera de las zonas de influencias occidental y soviética, las cuales vinieron a significar la concreción de una línea divisoria esbozada por el avance de las tropas aliadas en la arremetida contra las tropas nazis. En efecto, como señala Rafael Aracil, en las conferencias interaliadas se estableció el mapa político de Europa, pero antes del fin de las hostilidades, la división política de Europa ya se había delineado y las esferas de influencia se había demarcado. Fue en las Conferencias de Yalta y Postdam donde se produjeron las modificaciones territoriales, pero ellas sólo confirmaron una situación de hecho, cimentada a partir de la relación de fuerza entre los aliados en 1945.

En el mapa también se pueden ver los lugares donde se realizaron las dos últimas Conferencias Interaliadas durante la Segunda Guerra Mundial (recuadros anaranjados). La primera de éstas se llevó a cabo en la costa Sur de Crimea, al sur de la Unión Soviética, en la ciudad de Yalta, entre el 4 y el 11 de febrero de 1945. La última Conferencia se realizó en Postdam, ubicada al norte de Berlín, entre el 17 de julio al 2 de agosto de 1945.

NOTAS
[1] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 17
[2] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 27.
[3] Service, Robert, Ob. Cit., Página 52
[4] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 17.
[5] Ibidem., Página 22.
[6] Ver: Ibidem, página 25 -42
[7] Ibidem, Página 360
[8] Ver Kissinger, Henry, Ob. Cit., Capítulo IX: “La Nueva cara de la diplomacia: Wilson y El Tratado de Versalles”.
[9] Powaski, Ob. Cit., Página 360.
[10] Idem
[11] Fermandois, Joaquín, La Guerra Fría, Documentos Universitarios, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 1975. Página 9
[12] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 42
[13] Ver páginas 25-28 del presente trabajo
[14] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 362
[15] Ver Kissinger, Ob.Cit., Capítulo XVI, “Tres enfoques a la paz: Roosevelt, Stalin y Churchill en la Segunda Guerra Mundial”
[16] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 43
[17] Ibidem, Página 44.
[18] Idem
[19] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 45
[20] J. Stalin, Doctrine de L´URSS Paris 1938. En: Prats, Joaquim, Historia del Mundo Contemporáneo, Ed. Anaya, Madrid 1996, Página 72.
[21] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 45.
[22] Service, Robert, Ob. Cit. Página 48.
[23] Service, Robert, Ob. Cit. Página 53.
[24] Luciani, G, Six ans a Moscow, Paris 1937. En: Prats, Joaquim, Ob. Cit., Página 207.
[25] Service, Robert, Ob. Cit., Página 232
[26] Ver eje cronológico, página 60
[27] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 361
[28] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 316
[29] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 60
[30] Service, Robert, Ob. Cit., Página 246.
[31] Ibidem, Página 247
[32] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 64
[33] Idem
[34] Idem
[35] Ibidem, Página 68
[36] Ibidem, Página 69
[37] Idem

* EXTRACTO: Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005.

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BIBLIOGRAFÍA GUERRA FRÍA


A continuación se presenta la bibliografía utilizada para elaborar la tesis «Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría«, de la autora Ana Henríquez Orrego. Gran parte del material expuesto en esta página constituyen extractos de dicha tesis, presentada en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso de Chile, año 2005.

Bibliografía

  1. Academia de Ciencias de la URSS, Instituto de Historia, Compendio de Historia de la URSS, Segunda parte, Editorial Progreso, Moscú 1966.
  2. Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998.
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  20. Palma Castillo, Luis La confrontación ideológica en la Guerra Fría, Ril Editores, Santiago de Chile 2003
  21. Pecharromán, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998.
  22. Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Editorial Istmo S.A., Madrid 1989.
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Bibliografía para el tratamiento del área Didáctica

Libros

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Hernández F. Xavier, Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia, Editorial Grao, España 2002.

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Iber. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Diseño y Unidades Didácticas. Numero 4, año II, abril 1995. Edita Grao Educación de Serveis Pedagogics, Barcelona.

Artículos

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Rafael Valls Montés, Los estudios sobre los manuales escolares de historia y sus nuevas perspectivas. Universitat de València (publicado en Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales: 15, 2001, 23-36) (En: http://www.histodidáctica.es/ )

Rafael Valls Montés, Las imágenes en los manuales escolares españoles de Historia, ¿ilustraciones o documentos?. Universitat de Valencia. (En: IBER Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Número 4. Barcelona: Abril, 1995. p. 105-119)

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Juan Mainer, ¿Nuevos libros para Reformar la enseñanza?. en: IBER Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Número 4. Barcelona: Abril, 1995. (51-76)

J. Prats y J. Santacana. “Ciencias Sociales”. En: ENCICLOPEDIA GENERAL DE LA EDUCACIÓN. Barcelona: Océano Grupo Editorial., 1998. (Vol. 3). (En: http://www.histodidáctica.es/ )

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Antonia Fernández, La pintura como fuente histórica e instrumento didáctico, en: IBER Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Número 4. Barcelona: Abril, 1995. (83-88)

Cristofol Trrepat, Agustí Alcpberro, Procedimientos en Historia. Secuenciación y enseñanza, en: IBER Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Número 4. Barcelona: Abril, 1995. (31-51)

Textos de estudio

1. A. Fernández, M. García, C. Garcell, J. Pons, Tiempo 4, Ciencias Sociales Geografía e Historia, Vicens Vives, Educación Secundaria Segundo Ciclo Cuarto Curso Opción B. Barcelona 1997.

2. Castillo Contreras, Viviana – Fernández Labbé, Marcos – Iturriaga Echeverría, Jorge, Historia y Ciencias Sociales, Cuarto Medio. Editorial Don Bosco S.A., Edebé, Santiago de Chile, 2002.

3. Fernández, Antonio, Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Vicens Vives, Barcelona 1998.

4. González, J – Montaño, D. – Planas, E., Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Edebe, Barcelona 2001.

5. Historia y Geografía Hoy, 8 año básico. Santillana, Santiago de Chile 1990.

6. Joaquín Prats, Ciencias sociales, Geografía e Historia, Madrid Segundo Ciclo, Editorial Anaya, Madrid 1999.

7. Nancy Duchens, Sergio Sepúlveda, Historia y Geografía, Segundo Educación Media, Editorial Santillana, Santiago, Tercera edición 1987.

8. Patricia Jiménez Rodríguez, Diana Salgado Suazo, Fernando Soto Concha, Historia Universal Educación Media, Editorial Sanillana, Santiago 1996.

9. Prats, Joaquín, Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Anaya, Barcelona 2002.

10. Santacana, Joan – Zaragoza Gonzalo, Historia Milenio, Segundo Ciclo, Secundaria, Historia y Ciencias Sociales, Editorial S.M., Madrid 1998.

11. Viviana Castillo Contreras, Marcos Fernández Labé, Jorge Iturriaga Echeverría, Historia y Ciencias sociales 4º año Medio, Editorial, Don Bosco S.A., Santiago de Chile 2002.

Páginas Web

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Historia1Imagen

Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

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CRISIS DE LOS MISILES


CARICATURA 1: “Crisis de los Misiles 1962”
Schmid, Heinz-Dieter: Geschtliches Arbeitsbuch fur Sekundastufe I. Band 4. Die Welt im 20. Jahrhundert. Frankfurt am Main, 1984. EN:Fischer Ferenc, A megosztott világ Torténelmi – Politikai Atlasza, 1941-1991, Budapest Hungría 1996. Página 23

Crisis de los MisilesDurante la Guerra Fría, la Unión Soviética y Estados Unidos evitaron una confrontación armada directa en su disputa por la supremacía ideológica y territorial. Más aun, a partir de 1953 había comenzado una nueva fase caracterizada por diversos gestos de buena voluntad que tendieron a suavizar las relaciones entre el Este y el Oeste. Como ya se ha dicho, a esta etapa se ha denominado “coexistencia pacífica”, haciendo referencia al concepto utilizado por Nikita Kruschev respecto de la nueva política internacional que pretendía implementar. Sin embargo, durante dos tensas semanas de octubre de 1962 las superpotencias se enfrentaron cara a cara y casi provocaron una guerra nuclear. A este período se ha denominado “Crisis de los misiles”. Esta crisis empezó el 14 de octubre, cuando un avión espía estadounidense detectó instalaciones balísticas soviéticas en la isla de Cuba, a sólo 145 kilómetros de Estados Unidos.

En la caricatura Nº 1 se ven reflejados los principales aspectos que se manifestaron en esta crisis. Los líderes de las grandes potencias, (Nikita Kruschev y J.F. Kennedy), frente a frente, midiendo sus fuerzas y a un paso de hacerse volar mutuamente en mil pedazos, ya que cada uno de ellos se encuentra sentado sobre misiles nucleares cuyo control depende del adversario. Con esto último se hace referencia a los misiles norteamericanos instalados en Turquía desde el año 1957 y los instalados en Cuba en octubre de 1962. En la caricatura se ve a cada uno de los personajes con el dedo sobre el botón.
En el mapa que se presenta a continuación se refleja el radio de alcance de los misiles instalados en Turquía y Cuba.

Mapa: Radio de alcance de los misiles instalados en Cuba y Turquía. 1962

 

Fuente: Fischer Ferenc, A megosztott világ Torténelmi – Politikai Atlasza, 1941-1991, Budapest Hungría 1996. Página 23

Antecedentes y perspectivas general de la crisis

Cuba había sido un país estrechamente ligado a los intereses norteamericanos desde su independencia de España en 1898. La revolución de Fidel Castro en 1959, que en un principio no se definía como comunista, pero que tenía una clara orientación nacionalista, comenzó a tomar medidas que lesionaban los intereses estadounidenses.[1] La reacción de Washington fue inmediata: Rompió relaciones con Cuba en 1961, le impuso un bloqueo, fue excluida de la OEA (Organización de Estados Americanos) y organizó, mediante operaciones secretas de la CIA, una fallida invasión de emigrados anticastristas en Bahía de Cochinos o Playa Girón en abril de 1961.
En ese contexto, el régimen de Fidel Castro viró hacia el alineamiento con el bloque soviético y el establecimiento de una dictadura comunista en la isla. En efecto, tras la aplicación de las medidas norteamericanas contra el régimen instalado en Cuba, la Unión Soviética estrechó cada vez más sus lazos con Fidel Castro, pasando a constituirse la URSS en la principal importadora de azúcar cubana.[2]

Ahora bien, el 14 de octubre de 1962, aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas en Cuba. Luego de múltiples conversaciones con sus asesores más cercanos, el Presidente Kennedy decide dar a conocer los acontecimientos a la opinión pública. El 22 de octubre, Kennedy toma una medida de gran dureza: establece una «cuarentena defensiva», es decir, un bloqueo de la isla, desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a Cuba. Si los navíos soviéticos intentaran forzar el bloqueo, el conflicto armado entre las dos superpotencias sería inminente.

Fue el momento de la Guerra Fría en que más cerca se estuvo del enfrentamiento directo entre la URSS y EEUU y de la destrucción nuclear. Finalmente, tras negociaciones secretas, Kruschev lanza una propuesta aceptada por Kennedy: La URSS retiraría sus misiles de Cuba a cambio del compromiso norteamericano de no invadir la isla y de la retirada de los misiles Júpiter que EE.UU. tenía desplegados en Turquía. El mes siguiente la URSS desmonta y repatría su material bélico y EE.UU. levantó el bloqueo. 5 meses más tarde Estados Unidos retiró los misiles de Turquía, pero esta transacción fue secreta.

Los acontecimientos descritos serán analizados con mayor detenimiento a partir de los siguientes documentos:

Ø La perspectiva occidental de la Crisis será estudiada, esencialmente, a partir de los archivos norteamericanos desclasificados en 1996, referidos a las conversaciones secretas sostenidas por el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional y las declaraciones de McNamara en una entrevista a la BBC de Londres el 11 de octubre del 2002.
Ø La visión soviética la abordaremos a partir de las cartas enviadas por Kruschev a Kennedy y a Fidel Castro Durante la Crisis. y las declaraciones de Carlos Lechuga en una entrevista a la BBC de Londres el 11 de octubre del 2002.La Crisis de los Misiles a través de los documentos

Archivos norteamericanos desclasificados a fines de 1996.
Revista Que Pasa 1382 (Chile)7 al 13 de octubre de 1997

Archivos desclasificados del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EX-COMM) 16 de octubre al 26 de octubre
16 de octubre:
George Bundy, consejero del Presidente Kennedy en materia de seguridad informa al mandatario sobre el hallazgo de bases misilísticas en Cuba. El presidente exige ver las fotografías. «Se ven como pelotas en una cancha de fútbol», comenta. Los misiles tienen un alcance de 1. 100 millas y sus objetivos son algunas de las ciudades más pobladas de los Estados Unidos. Kennedy programó una serie de reuniones con sus asesores de confianza. Más tarde, el grupo recibiría el nombre de Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EX-COMM)
Reunión de EX- COMM en la Casa Blanca
Robert McNamara (secretario de Defensa): ¿Qué cambia con la introducción de esas armas a Cuba en la situación militar de los Estados Unidos frente a la URSS? Un misil es un misil. El problema no es militar, es político.John Kennedy -JFK-(presidente de los Estados Unidos): ¿Qué puede pesar más sobre la Alianza (OTAN)?¿Nuestro ataque contra Cuba? La mayoría de los aliados estima que se trata de una fijación de Estados Unidos y no de una amenaza militar seria. Nos consideran un poco neuróticos en esa cuestión.
Pero, un bloqueo no bastaría. No sabemos cuántos misiles hay.

Robert Kennedy (procurador general): Otro argumento contra el bloqueo, es que es una muerte muy lenta. Lleva meses y durante todo ese tiempo tendremos un máximo de agitación:
inspeccionar barcos rusos, derribar los aviones rusos que intenten aterrizar.

Lewellyn Thompson (ex embajador norteamericano en Moscú): Si se hace el bombardeo se mataría a muchos militares rusos. Yo prefiero el bloqueo.

18 DE OCTUBRE:
Para no despertar sospechas en la administración soviética, Kennedy se reúne con el ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Andrei Gromyko. Este volvió convencido a su país de que en el gobierno norteamericano nadie sabía acerca de los misiles.

11 horas.
George Ball (subsecretario de Estado): Creo que su posición dentro de la Alianza será más fuerte si se le da a Kruschev la posibilidad de hacer algo.

John McCone (director de la CIA): Me inclino por la idea de que Kruschev nos llevará a negociaciones y que quedaremos bloqueados.

JFK: La única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía.

George Bundy (consejero de Kennedy en asuntos de seguridad): Eso es igualmente válido si bombardeamos por sorpresa. Pienso que sin duda es importante que Kruschev tenga en ese momento en sus manos un mensaje que diga que estamos dispuestos a desmantelar nuestra base turca.

McNamara: Creo que debemos hacernos la idea de que vamos a matar a varios cientos de ciudadanos soviéticos, ¿qué tipo de respuestas nos dará Kruschev? Sólo puede ser una respuesta contundente. La verdadera interrogante es ésta: ¿Estamos dispuestos para librarnos de esos misiles a pagar un precio alto?.

Ball: Desde acá, tenemos tendencia a subestimar las reacciones sensatas en los países aliados si actuamos por sorpresa. A Kruschev hay que dejarle una puerta de salida, aunque sea ilusoria.
Actuar por sorpresa es un nuevo Pearl Harbor.

Douglas Dillon (secretario del Tesoro): La única ventaja es que el resto del mundo lo vea con buenos ojos. Actúa «pour la galarie» -para la galería.

JFK: Creo que hay que enviarle un mensaje a Kruschev y decirle que si la instalación de misiles continúa, nosotros por nuestro lado declararemos el bloqueo. Si no se detienen, los destruimos. No declararemos la guerra, no necesitamos una declaración de guerra si no hay invasión.

Thompson: No creo que quiera iniciar una acción militar en Cuba. Es demasiado arriesgado para él.

JFK: Imaginemos que la situación se haya invertido y que haga, a propósito de los misiles en Turquía, una declaración parecida a la que haga yo. Si estamos dispuestos a ir, debemos pensar que la cosa sucederá de esta manera: mañana en la tarde anunciamos la existencia de los misiles y después convocamos al Congreso. Desde ese ángulo no es un Pearl Harbor. Les habremos avisado a todos y después, bueno, vamos el sábado. Y los destruimos y anunciamos que los destruimos. Y si todavía quedan… los tiramos a todos!

Bundy: ¿Y los aeropuertos?.

JFK: Los aeropuertos también

Ball (incrédulo): ¿Destruiríamos mañana también los aeropuertos?.

JFK: Así es la carrera contra esos misiles. La ventaja es que todos estarán informados de que están ahí antes de que ataquemos y sea cual fuere la solidaridad (de nuestros aliados) que eso nos aporte.

Robert Kennedy: ¿Qué clase de país somos? Se lo hacemos a un país pequeño. Es una carga pesada de sobrellevar.

Thompson: La ventaja de esta advertencia es que (Kruschev) tendrá que remitirse a sus colegas. Si rechazan toda negociación, juegan a la ruleta rusa que podría terminar en una Guerra Mundial.

JFK: La invasión de la que hablamos es arriesgada, requiere equipos importantes, matarán a muchos americanos en Cuba y estaremos en un apuro mayor que si nos contentamos con bombardearlos.

McNamara: Lo mínimo que nos costará una intervención militar es el fin de los misiles de Turquía e Italia porque los rusos los destruirán. Y corremos un grave riesgo de división dentro de la Alianza. Y ésa me parece la mejor situación que podría seguir a una acción militar. Para mí la ventaja de un bloqueo es que a la Alianza le vendrá bien, que aceptará retirar algunos misiles de Turquía e Italia y que los soviéticos aceptarán por su parte retirar los suyos de Cuba.

Bundy: Siempre pensé que (Castro) tenía tendencias suicidas, y hay que ayudarlo a que lo haga.

19 DE OCTUBRE:
John Kennedy se reúne con los Jefes del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. El Ejército está convencido de que un ataque aéreo y una invasión terrestre a Cuba, es la única solución a la crisis.

9:45 horas
JFK: Si atacáramos Cuba, estaríamos dándoles un buen pretexto para tomar Berlín. Nos juzgarían como los americanos de gatillo fácil responsables de la pérdida de Berlín. Nuestros aliados no nos apoyarían. Cuba les importa un rábano.

General Le May (jefe de la Fuerza Aérea): La única opción posible es una intervención militar directa. No comparto su punto de vista, si neutralizamos a Cuba, no tomarán Berlín.

JFK: Para ustedes, ¿cuáles serán las represalias?.

George Anderson (jefe de la Marina): Si no atacamos en Cuba lo tomarán como una señal de debilidad.

JFK: Cabe esperar una reacción. No pueden quedarse de brazos cruzados mirando cómo destruimos sus misiles y matamos a centenares de rusos. Es evidente que van a tratar de tomar Berlín.

Le May: Creo que la historia demuestra lo contrario. Siempre que se les mostró determinación, retrocedieron.

Earle Wheeler (jefe del Ejército): Kruschev ya tiene misiles balísticos intercontinentales pero en número limitado (… ) y por lo tanto, tengo la sensación de que desde un punto de vista militar, la acción menos peligrosa es la gama completa de acciones militares nuestras.

David Shoup (comandante del cuerpo de Marines): Lo que me preocupa es que cada día somos más vulnerables, nos obligan a movilizar en torno de este problema medios cada vez más importantes. Hay que ir por una victoria decisiva lo más rápido posible.

JFK: El razonamiento lógico es que no es imprescindible invadir Cuba. Es simplemente el tipo de problema con el que debemos aprender a convivir en la vida, como convivimos con la Unión Soviética y China. Pienso que la existencia de esos misiles no crea peligros nuevos.

20 DE OCTUBRE:
El Presidente Kennedy sigue cumpliendo rigurosamente su agenda política y viaja al interior de Estados Unidos. Su hermano Robert es el encargado de dirigir el EX-COMM y llega por fin a un consenso. El mandatario es obligado a retornar para elegir entre dos opciones: un ataque aéreo quirúrgico o un bloqueo.

21 DE OCTUBRE:
El general Walter Sweeney, quien dirige a los Comandos del Aire Estatégicos (SAC) es el encargado de dar el balance en caso que se tomara la decisión de intervenir militarmente. «Los heridos y los muertos -entre civiles y militares- se estiman entre 10 mil y 20 mil», asegura Sweeney. Después de ese veredicto la única opción razonable, a juicio del Presidente Kennedy, era el bloqueo.

22 DE OCTUBRE:
Por primera vez la opinión pública se entera de lo que está ocurriendo. Kennedy anuncia en un discurso televisado la existencia de misiles nucleares en Cuba y el inminente bloqueo a la Isla. Ante cualquier intento bélico de Castro, JFK había aprobado un plan de invasión alternativo. El encargado de detallar ante el Congreso el plan alternativo de intervención fue el secretario de Estado, Robert McNamara.

11:45 horas McNamara: Esta invasión debe ser precedida de importantes ataques aéreos. Sé que puedo contar con ustedes para conservar en secreto la cifra de 2. 000 misiones de bombarderos. El presidente nos dio la orden de preparar la invasión hace meses. Señor presidente, creo que fue en noviembre pasado y elaboramos planes muy detallados.

JFK: Si invadimos Cuba, debemos entender perfectamente que tomamos la hipótesis de que esos misiles apuntados a nosotros no necesariamente serán utilizados. Es una apuesta que debemos aceptar. El problema es que es riesgosa.

Richard Russel (senador demócrata): Pero, ¿no prevé que algún día Berlín sea tomada como rehén?.

JFK: Sin duda.

Russel: Podríamos igualmente retirarnos de Europa y ahorrar entre US$ 15 mil y 25 mil millones al año…

William Fullbright (presidente de la Comisión de RR. EE. del Senado): Lo que yo propongo es una invasión total lo más rápido posible.

JFK: Cuando habla de invasión excluye el riesgo de que los misiles sean disparados. Hay allí siete u ocho mil rusos y habrá que dispararles. Y si hablamos de una guerra nuclear, la escalada debería estar de todos modos bajo un mínimo de control. No importa lo que decidamos: en Estados Unidos siempre habría gente que diría ‘vamos, bombardeemos’; se soltarían las bombas y se borrarían quince ciudades del mapa aquí. Entonces considerarían que estaban equivocados.

23DE OCTUBRE:
Kennedy ordena a seis jets sobrevolar la Isla a muy baja altura para dar con otras bases de misiles. La Organización de Estados Americanos aprobó en forma unánime el bloqueo a Cuba. Cualquier barco que estuviera a 800 millas de Cuba puede ser detenido e inspeccionado.

24 DE OCTUBRE:
Buques rusos se acercan a la frontera del bloqueo. Pero, a pocos kilómetros cambian de ruta.
10:00 horas McCone: Señor presidente acabamos de recibir esta información: los seis barcos soviéticos identificados en aguas cubanas frenaron o dieron media vuelta.

JFK: Si esta información es correcta, no haremos nada con respecto a esos barcos frente a Cuba. No los vamos a interceptar.

McNamara: No abordaremos ningún barco que vaya rumbo a Cuba.

JFK: Me parece que hay que dejarles la posibilidad de dar media vuelta. No queremos que en Moscú digan que en cuanto se dieron vuelta, les hundimos brutalmente un barco. Hay que mantenerse en contacto con el Essex (el portaaviones). Dígales que esperen una hora para ver si ese barco da vuelta.

26 DE OCTUBRE:
Aún no se descarta el plan de invasión a Cuba. El Presidente Kennedy y Adlai Stevenson, embajador ante la ONU, demuestran una actitud moderada. Por otro lado, Fidel Castro envía un mensaje desesperado a Kruschev temiendo la invasión. El hombre fuerte de Cuba ignora que existen negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

10 horas JFK: Deberíamos establecer un plan de emergencia en caso de que llegáramos a la invasión y ver con qué cubanos contamos para establecer un gobierno civil.

Bundy: Las organizaciones paramilitares, el gobierno civil, todo eso es lo que debemos orquestar.

JFK: También habrá que movilizar a la comunidad cubana en Miami, por ejemplo, los médicos que serían útiles en caso de invasión.

Stevenson: Los objetivos de la ONU eran interrumpir las entregas de armas a Cuba; frenar la construcción de las bases rusas y que nosotros suspendiéramos el bloqueo durante las dos o tres semanas de negociaciones.

McCone: No estoy para nada de acuerdo señor presidente.
Creo que el nudo del problema son esos misiles apuntando directamente a nuestros corazones. Es imprescindible que esa amenaza desaparezca. Si levantamos el bloqueo nunca más podremos volver a establecerlo.

JFK: El bloqueo en sí no va a librarnos de las armas. Para eso, sólo tenemos dos soluciones: negociar su retiro o cambiarlas por otra cosa, y la otra es destruirlas.

Fuente: http://www.quepasa.cl/

Análisis del Documento

El documento corresponde a la trascripción de las grabaciones desclasificadas de los archivos Kennedy, realizadas a fines de 1996. Esta información ha permitido conocer el manejo que J.F. Kennedy tuvo durante los momentos más críticos de su administración. Los fragmentos que hemos expuesto corresponden a las grabaciones realizadas por el presidente norteamericano a espaldas de sus asesores en las reuniones del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (ExCom), durante el mes de octubre del año 1962. Desclasificaciones parciales de estas grabaciones ya habían conocido la luz el año 1982, pero sólo daban cuenta de los primeros días de reuniones del ExCom.[3]

Los Miembros de este Consejo nacional de Seguridad eran: Dean Rusk, Secretario de Estado; Robert McNamara, Secretario de Defensa; Doglas Dillon, Secretario del Tesoro; Robert Kennedy, hermano del Presidente y Ministro de Justicia; el vicepresidente Lindón Johnson, el Presidente del Comité de Jefes de Estado Mayor, general Maxwell Taylor, así como varios consejeros del Presidente, diplomáticos y altos funcionarios como el director de la CIA, el Embajador ante las Naciones Unidas Adlai Stevenson y el antiguo Embajador en Moscú, Llewllyn Thompson.

Como se puede apreciar a partir de las opiniones y propuestas de cada uno de los integrantes del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, las alternativas para reaccionar ante la provocación soviética eran esencialmente dos: el bloqueo de Cuba o el ataque inmediato. Ante tales alternativas, Kennedy terminó inclinándose hacia el bloqueo naval de Cuba. Las razones esgrimidas por el Presidente Kennedy expresaban su preocupación respecto de la peligrosidad que implicaría optar por un ataque inmediato a las instalaciones de misiles en la isla cubana. Se tenía bastante presente la posibilidad de que un ataque frontal a Cuba podía instar a los soviéticos a atacar Berlín. El 19 de octubre, Kennedy sostuvo ante el Consejo de Seguridad Nacional: Si atacáramos Cuba, estaríamos dándoles un buen pretexto para tomar Berlín. Nos juzgarían como responsables de la pérdida de Berlín. Nuestros aliados no nos apoyarían. Cuba les importa un rábano. En este punto debemos recordar que paralelamente aún estaba en pie la Crisis de Berlín, en la cual Kruschev, luego de tres años de amenazas y ultimátum había decidido construir un muro que dividía la ciudad de Berlín, impidiendo de ese modo la fuga de los alemanes orientales hacia la zona controlada por los occidentales. Respecto de este punto Richard Neustadt señala que, en efecto, unas de las teorías que se barajaba en la ExCom era que la instalación de los misiles estuviera siendo utilizada por Moscú, sólo como un pretexto para desviar la preocupación norteamericana desde Berlín a Cuba, “en los primeros días de reuniones, el Secretario de Estado Dean Rusk habla de la combinación Suez-Hungría, aludiendo a 1956, cuando la preocupación occidental por Suez había facilitado a los soviéticos utilizar tanques para aplastar una revolución en Hungría.”[4] Al parecer esta es la teoría a la que adhiere el historiador Henry Kissinger, pues para éste, la Crisis de los misiles en Cuba sólo forma parte de la Crisis de Berlín, como una de las últimas apuestas “desesperadas” de Kruschev para lograr conseguir de golpe lo que no había logrado luego de 4 años de amenazas y ultimátum.[5]

Ahora bien, como señala Bob McNamara (Secretario de Defensa), en una entrevista a la BBC Mundo (11-10-2002), el Presidente encargó al Comité de Seguridad nacional plantear las posibles alternativas, mientras él estaba ausente: El presidente Kennedy dijo a su Comité Ejecutivo y al organismo encargado de la defensa de la nación: “No le digan a nadie excepto a 2 o 3 de sus asociados. Discutan sobre como deberíamos responder a esta acción… yo no voy a estar presente cuando lo discutan, sólo espero que me traigan una recomendación unánime sobre qué debemos hacer. Y si no llegan a una conclusión unánime, entonces quiero una alternativa”.[6]

Finalmente la propuesta presentada por el Comité de Seguridad Nacional era una recomendación dividida. Un grupo recomendó un bloqueo, el otro un ataque inmediato. La elección del Presidente fue el bloqueo y decidió dirigirse a la ciudadanía el 22 de octubre para comunicarlo. En esta oportunidad se dio a conocer por primera vez el problema ante la opinión pública. Ante las cámaras de televisión J. Kennedy afirmó que la Unión Soviética había estado mintiendo desde hacía tres meses, ya que estaba estableciendo una capacidad de ataque nuclear en Cuba. Kennedy hacía a través de la televisión un llamamiento a Nikita Kruschev para que retirara los misiles bajo el control de las Naciones Unidas.Las razones de su elección, Kennedy las manifiesta claramente en una de las reuniones sostenidas por el Consejo de Seguridad, el mismo 22 de octubre por la mañana, es decir, antes de la elocución televisiva realizada ese mismo día por la noche. Ante el Consejo, Kennedy Sostiene: Hay allí siete u ocho mil rusos y habrá que dispararles. Y si hablamos de una guerra nuclear, la escalada debería estar de todos modos bajo un mínimo de control. No importa lo que decidamos: en Estados Unidos siempre habría gente que diría “vamos, bombardeemos”; se soltarían las bombas y se borrarían quince ciudades del mapa aquí. Entonces considerarían que estaban equivocados. Así, el Presidente norteamericano optó por la alternativa que al menos permitía a los soviéticos dar marcha atrás. Haber elegido la otra opción habría implicado dar comienzo a una guerra nuclear, pues improbablemente, la Unión Soviética se habría cruzado de brazos ante aquella acción.
A partir de este momento comienzan las horas más críticas de la crisis. El 24 de octubre a las 10 horas entró en vigor el bloqueo, al que se denominó “cuarentena” aplicando así un término sanitario a la operación que se llevaría a cabo contra Cuba. Ese día, 16 destructores, tres cruceros, un portaviones y ciento cincuenta navíos de apoyo cierran el acceso a Cuba, hacia donde se dirigían 25 navíos soviéticos escoltados por submarinos.
El 25 noviembre el embajador de EE.UU. ante la ONU, Adlai Stevenson, mantiene un duro enfrentamiento con su homólogo soviético, Valerian Zorin, a quien le exige que responda a la denuncia de que la URSS desplegó misiles balísticos en Cuba. En la fotografía se muestra el momento en que Stevenson da a conocer la evidencia fotográfica ante la Asamblea de Naciones Unidas. Este mismo día, naves estadounidenses interceptan al petrolero soviético Bucarest, pero le permiten continuar rumbo, ya que no llevaba armamento. En efecto, la marina norteamericana tenía la orden de detener todo nuevo misil que fuera hacia Cuba.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 303
[2] Ibidem, Página 304
[3] Neustadt, Richard – May Ernest, Los Usos de la Historia en la toma de decisiones, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Ares 1986. Página 27
[4] Ibidem, Página 30

Según la percepción de McNamara, el sábado 27 de octubre fue el día crítico. Kruschev no había respondido al bloqueo retirando sus misiles o declarando que los retiraría. Por lo tanto la pregunta que debía responder el Consejo era: “¿qué vamos a hacer?”. En ese momento, la CIA no creía que las ojivas nucleares para los misiles hubieran llegado a Cuba. Creían que los primeros 20 llegarían en 3 o 4 días. Además, los vuelos de reconocimiento demostraron que los misiles no estaban operativos todavía, eso tomaría unos 3 o 4 días más. Bajo estas circunstancias, McNamara señala que “A las cuatro de la tarde, del sábado 27, le recomendamos de forma unánime al presidente que atacáramos en 48 horas, (o sea el lunes 29). El ataque aéreo para el primer día fue planeado, e iba a ser un ataque gigante… Movilizamos 180 tropas desde puertos americanos en el sudeste y los transportamos hacia Cuba”.[1]

No obstante, la percepción norteamericana estaba equivocada, ya que efectivamente en ese momento los soviéticos tenían ya 162 ojivas nucleares en suelo cubano. Cuestión que la opinión pública sólo supo en enero de 1992, en una reunión en La Habana, que presidió Fidel Castro. Según señala McNamara en la entrevista dada a la BBC de Londres en el año 2002, lo peor que podría haber sucedido era la aplicación de la decisión que el Consejo de Seguridad estaba proponiendo al Presidente Kennedy, pues se basaba en una premisa errada. En estas circunstancias se entiende la actitud de Kruschev, pues él si sabía lo que los norteamericanos ignoraban. El Secretario General de la URSS buscó la forma de dar a conocer su decisión de retirar los misiles de una forma rápida y expedita: el 28 de octubre, en lugar de usar los canales diplomáticos usuales (que hubieran tardado unas 6 horas) decidió usar la radio pública para transmitir el mensaje. Por el canal diplomático tardaría mucho más, porque hay que escribir el mensaje, traducirlo, codificarlo, decodificarlo y mandarlo a la Casa Blanca. Khrushchev tenía temor de que atacáramos mientras el mensaje llegaba, por lo que envió a un asistente a la transmisora pública de radio y le dijo: «mantén el canal abierto que quiero enviar un mensaje».[2] Así, la forma en que el Gobierno Norteamericano se enteró de la decisión de retirar los misiles, fue la trasmisión de una radio pública. El 28 de octubre la crisis había terminado. Como señala Richard Neustadt y Ernest May, el mérito de que la crisis no condujese a la guerra nuclear radica por un parte en la deliberada prolongación que el Presidente norteamericano dio a la crisis al escoger la alternativa que permitía ganar tiempo dándole a Kruschev la posibilidad de dar marcha atrás y llegar a un acuerdo pacífico; mientras que por otra parte también el mérito lo tuvo el Secretario General de la URSS al apresurarse a comunicar a EEUU su disposición de retirar los misiles, trasmitiendo su decisión de la forma más rápida posible[3].

Un aspecto que nos parece interesante de destacar es el hecho de que desde el comienzo de la crisis, los altos mandos estadounidenses habían considerado el trueque del desmantelamiento de los misiles norteamericanos instalados en Turquía por los de Cuba. Así que la medida ya había sido asimilada cuando fue puesta sobre la mesa por Kruschev. En efecto, ya el 18 de octubre Kennedy había planteado que “la única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía”. Esto se proponía como instrumento negociador que permitiera a Kruschev considerar los medios diplomáticos para poner fin a la crisis. No obstante como veremos a continuación, a través de las cartas enviadas por Nikita Kruschev a J.F. Kennedy, y sus correspondientes respuestas por parte del Presidente Norteamericano, el trueque de los misiles instalados en Turquía no fue dado a conocer a la opinión pública, considerándose más pertinente discutir tales cuestiones a nivel secreto entre el Embajador Soviético, Dobrynin y Robert Kennedy, hermano del Presidente.

Cartas del Secretario General del Partido Comunista Soviético durante la Crisis de los misiles

A continuación se presenta una selección de las cartas enviadas por Nikita Kruschev durante la Crisis de los misiles. 4 de los documentos están dirigidos a J.F. Kennedy los días 26, 27 y 28 de octubre, mientras que uno está dirigido a Fidel Castro el día 28.

En los documentos enviados a Kennedy podremos apreciar las demandas del líder soviético y las condiciones para proceder al desmantelamiento de las bases instaladas en Cuba, mientras que la misiva enviada a Castro subraya esencialmente la preocupación de Kruschev por guardar prudencia y evitar que las acciones del líder Cubano precipiten a un conflicto nuclear.

Documento 1: 26 de octubre 1962

Autor: Nikita Kruschev
Título del documento o tema central: Carta de Nikita Kruschev al Presidente Kennedy.
Identificación espacial y temporal: Enviada desde Moscú el 26 de octubre de 1962
Tipo de documento: Carta
Destinatario: Presidente Norteamericano J.F. Kennedy.

Khruschev a Kennedy
Moscú, 26 de octubre de 1962, 7 p.m.
Estimado Sr. Presidente:
Yo he recibido su carta del 25 de octubre. De su carta yo recibí el sentimiento que usted tiene un poco de comprensión de la situación que se ha desarrollado y el sentido de responsabilidad. Yo valoro esto.
Ahora nosotros ya hemos intercambiado públicamente nuestras evaluaciones de los eventos alrededor de Cuba, y cada uno de nosotros ha puesto su explicación y su comprensión de estos eventos. Por consiguiente, yo juzgaría que al parecer una continuación de intercambio de opiniones a tal distancia, incluso en la forma de cartas confidenciales, apenas agregará algo a cada lado de lo que ya ha dicho al otro.
Yo pienso que usted me entenderá correctamente, si usted está muy interesado sobre el bienestar del mundo.
…………………
En el nombre del Gobierno soviético y el pueblo soviético, yo lo aseguro que sus conclusiones con respecto a las armas ofensivas en Cuba son infundadas. Está claro de lo que usted me ha escrito, que nuestras concepciones son diferentes en eso, o más bien, nosotros tenemos consideraciones diferentes de éstos, o esos medios militares. De hecho, en la realidad, las mismas formas de armas pueden tener interpretaciones diferentes.
Usted es un hombre militar, y yo espero me entenderá. Permítanos tomar un cañón simple por ejemplo. Qué clase de medios es esto: ¿ofensiva o defensivo? Un cañón es un medios defensivos si es fijo a defender límites o una área fortificada. Pero si uno concentra la artillería, y agrega a él un número necesario de tropas, entonces los mismos cañones se vuelven un medios ofensivos.
Cómo puede uno, por consiguiente, dar tal interpretación completamente incorrecta como usted está dando ahora, de que algunos clases de medios en Cuba son ofensivos. Todos los medios localizados allí, y yo le aseguro de esto, tienes un carácter defensivo, están solamente en Cuba para los propósitos de defensa, y nosotros los hemos enviado a Cuba a demanda del Gobierno cubano. Usted, sin embargo, dice que éstos son medios ofensivos.
¿Pero, Sr. Presidente, usted piensa muy en serio que Cuba puede atacar a los Estados Unidos, y que incluso nosotros junto con Cuba podemos atacarlo desde territorio de Cuba? ¿Usted realmente puede pensar así? ¿Cómo esto es posible?
Nosotros no entendemos esto. Tiene algo tan nuevo aparecido en estrategia militar, que uno puede pensar que es posible atacar así. Yo digo el ataque precisamente, y no destruir, desde los bárbaros, las personas que han perdido su sentido, destruyan.
Yo creo que usted no tiene ninguna base para pensar de esta manera. Usted puede considerarnos con desconfianza, pero en cualquier caso, usted puede estar tranquilo en esta consideración, que nosotros somos de buen juicio, y entendemos absolutamente bien que si nosotros lo atacamos, usted responderá de la misma manera. Pero usted también recibirá lo mismo que usted lanza contra nosotros. Y yo pienso que usted también entiende esto. Mi conversación con usted en Viena me da el derecho para hablar con usted esta manera. Esto indica que nosotros somos personas normales, que nosotros entendemos correctamente y correctamente evaluamos la situación. Por consiguiente, ¿cómo nosotros podemos permitir las acciones incorrectas que usted atribuye a nosotros? Sólo locos o suicidas que quieren perecer y destruir el mundo entero antes de que ellos se mueran, podría hacer esto. Nosotros, sin embargo, queremos vivir y no queremos destruir su país. Nosotros queremos algo bastante diferente, competir con su país en una base pacífica. Nosotros reñimos con usted, nosotros tenemos diferencias ideológicas. Pero nuestra vista del mundo consiste en esto, esas cuestiones ideológicas, así como los problemas económicos, no debe resolverse por medio del ejército, ellos deben resolverse en base a la competencia pacífica, es decir, como esto se entiende en la sociedad capitalista, en base a la competencia. …………. ……………
Usted ha proclamado ahora medidas piráticas que eran empleada en la Edad Media, cuando barcos procediendo en las aguas internacionales están agredidos, y usted ha llamado esto » una cuarentena » alrededor de Cuba. Nuestros barcos, al parecer, entrarán pronto en la zona que su Armada está patrullando. Yo lo aseguro que estos barcos, ahora limitados para Cuba, están llevando la más inocente carga pacífica.
¿Usted realmente piensa que nosotros sólo nos ocupamos con el transporte de armas ofensivas llamadas atómica y bombas de hidrógeno? Aunque quizás su personal militar imaginan que es eso, alguna clase de tipo especial de armas, yo lo aseguro que son los más ordinarios pacíficos productos.
Por consiguiente, Sr. Presidenta, permítanos mostrar el buen sentido. Yo lo aseguro que en esas naves que van rumbo a Cuba, no hay ninguna arma en absoluto. Las armas que eran necesaria para la defensa de Cuba ya están allí. Yo no quiero decir que no había cualquier embarque de armas en absoluto. No, había tales embarques. Pero ahora Cuba ya ha recibido los medios necesarios de defensa…
Permítanos normalizar las relaciones. Nosotros hemos recibido una apelación del Secretario General de la ONU, U Thant, con sus propuestas. Yo ya le he contestado. Sus propuestas son, – que nuestro lado no debe transportar armamentos de cualquier tipo a Cuba durante un cierto periodo de tiempo, mientras están dirigiéndose las negociaciones – y nosotros estamos listos entrar en tales negociaciones – y el otro lado no debe emprender cualquier clase de acciones pirata contra barcos en la navegación en alta mar. Yo considero estas propuestas razonable. Ésta sería una manera de salir de la situación que se ha creado, qué le daría la posibilidad de respirar serenamente a las gentes. ¿Usted ha preguntado lo que pasó, lo que evocó la entrega de armas a Cuba? Usted ha hablado sobre esto a nuestro Ministro de Asuntos Extranjeros. Yo le diré, Sr. Presidente, lo que francamente lo evocó.
Nosotros estábamos muy apesadumbrado por el hecho (yo hablé sobre él en Viena), que un desembarco tuvo lugar. que el ataque cometido en Cuba, dio como resultado de que muchos cubanos perecieran. Usted me dijo entonces que ese había sido un error. Yo respeté esa explicación. Usted lo repitió a mí varias veces, señalando que no todos los que ocupan una posición alta, reconocerían sus errores como usted había hecho. Yo valoro tal franqueza. Por mi parte yo le dije, que nosotros también tenemos no menos valor; nosotros también reconocimos esos errores que se habían cometido durante la historia de nuestro estado, y no sólo los reconozco, sino que grandemente los condeno.
¿Por qué nosotros hemos procedido ayudar a Cuba en lo militar y la ayuda económica? La respuesta es: Nosotros hemos procedido tan sólo por razones humanitarias. Una vez nuestros pueblos tenía una revolución, cuando la Rusia todavía era un país retrogrado. Nosotros fuimos atacados entonces. Nosotros éramos el blanco de ataque por muchos países. EE.UU. participó en esa aventura. Esto se ha registrado por los participantes de la agresión contra nuestro país. Un libro entero ha sido escrito sobre esto por las Tumbas Generales, que en ese momento comandaba a los Cuerpos Expedicionarios americanos. Las tumbas lo llamaron «La Aventura americana en Siberia».
Nosotros sabemos cual difícil es lograr una revolución, y cual difícil es reconstruir un país en nuevas fundaciones. Nosotros simpatizamos sinceramente con Cuba, y el pueblo cubano, pero nosotros no estamos interfiriendo en las cuestiones de estructura doméstica, nosotros no estamos interfiriendo en sus asuntos. La Unión Soviética desea ayudar a los cubanos a construir su vida, como ellos la deseen, y que otros no deben impedirlos.
Usted dijo una vez que los Estados Unidos no estaban preparando una invasión. Pero usted también declaró que usted simpatizaba con los emigrantes contra-revolucionarios cubanos, que usted los apoya, y ayudaría para que ellos emprendieran sus planes contra el Gobierno actual de Cuba.
Tampoco es un secreto para cualquiera, que la amenaza de ataque armado, la agresión constantemente, ha continuado y continúa encima de Cuba. Era sólo esto que nos impelió responder a la demanda del Gobierno cubano, para proveer la ayuda de fortalecer la capacidad defensiva de su país.
Si las seguridades fueran dadas por el Presidente y el Gobierno de los Estados Unidos, que el propio EE.UU. no participaría en un ataque a Cuba y refrenaría a otros de acciones de esta clase, si usted revocara su flota, esto cambiaría todo inmediatamente. Yo no estoy hablando por Fidel Castro, pero yo pienso que él y el Gobierno de Cuba, evidentemente declararían la desmovilización y recurrirían al pueblo para empezar la labor pacífica.
Entonces también la cuestión de armamentos desaparecería, desde que si no hay ninguna amenaza, entonces los armamentos son una carga para cada pueblo. Entonces también la cuestión de la destrucción, no sólo de los armamentos que usted llama ofensivo, sino también de todos los otros armamentos.
Yo hablé en nombre del Gobierno soviético en los Naciones Unidas, e introduje una propuesta para disolver todos los ejércitos, y para la destrucción de todos los armamentos. ¿Cómo yo entonces, puedo contar ahora en esos armamentos?
Los armamentos traen sólo desastres. Cuando uno los aumenta, esto daña la economía, y si uno los pone a usar, entonces ellos destruyen a las personas en ambos lados. Por consiguiente, sólo un loco puede creer que los armamentos son los medios principales en la vida de la sociedad. No, ellos son una pérdida de energía humana, y lo que son para la destrucción de hombre aun más. Si las personas no muestran sabiduría, entonces en el último análisis, ellos vendrán en un choque, como los topos ciegos, y entonces el exterminio recíproco empezará.
Permítanos por consiguiente mostrar la sabiduría del estadista. Yo propongo: Nosotros por nuestra parte, declararemos que nuestras naves, destinadas para Cuba, no llevarán ningún tipo de armamentos. Usted declararía que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus fuerzas y no apoyarán cualquier clase de fuerzas que podrían pensar llevar a cabo una invasión de Cuba. Entonces la necesidad para la presencia de nuestros especialistas militares en Cuba desaparecería.
Sr. Presidente, yo recurro a usted para pesar bien las acciones agresivas piráticas que usted ha declarado, EE.UU. piensan llevar a cabo en las aguas internacionales. Usted sabe que cualquier hombre sensato simplemente no puede estar de acuerdo con esto, no puede reconocer su derecho a tales acciones.
Si usted hiciera esto como el primer paso hacia provocar la guerra, bien, entonces es evidente que nada más se deja a nosotros, sino para aceptar este desafío suyo.
Sin embargo, si usted no ha perdido su auto dominio, y sensiblemente ha concebido lo que esto podría causar, entonces Sr. Presidente, nosotros y usted no han de tirar de los extremos de la soga en que usted ha atado ahora el nudo de la guerra, porque el más de nosotros dos de el tirón, más firme ese nudo se atará.
Y un momento puede venir cuando ese nudo se atará tan firme, que incluso quién lo ató no tendrá la fuerza para desatarlo, y entonces será necesario cortar ese nudo, y lo que eso significaría no es para mí explicar a usted, porque usted entiende perfectamente de qué fuerzas terribles nuestros países disponen.
Por consiguiente, si no hay ninguna intención para apretar ese nudo y condenar el mundo a la catástrofe de guerra termonuclear, entonces no sólo permítanos relajar las fuerzas que tiran de los extremos de la soga, permítanos tomar las medidas para desatar ese nudo. Nosotros estamos listos para esto.
Nosotros damos la bienvenida a todas las fuerzas que están de pie en las posiciones de paz. Por consiguiente, yo expresé la gratitud a Sr. Bertrand Russell, quién manifestó alarma y preocupación por el destino del mundo, y yo respondí prontamente a la apelación del Secretaria General de la ONU, U Thant.
Ahí, Sr. Presidente, es mis pensamientos, que si usted estuviera de acuerdo con ellos, podría acabar con esta tensa situación que está perturbando a todas las gentes.
Estos pensamientos se dictan por un deseo sincero de relevar la situación, quitar la amenaza de guerra.

Respetuosamente suyo,
N. Khruschev.

Documento 2: 27 de octubre de 1962

Khruschev a Kennedy
Moscú, 27 de octubre de 1962.
Estimado Sr.. Presidente, yo he estudiado con gran satisfacción su contestación a Sr. Thant acerca de las medidas que deben tomarse para evitar el contacto entre nuestros navíos, y por eso evitar consecuencias irreparables y fatales. Este razonable paso de su parte, fortalece mi creencia que usted está mostrando la preocupación para preservar la paz, y que yo noto con satisfacción. Yo ya he dicho que nuestro pueblo, nuestro Gobierno, y yo personalmente como Presidente del Concilio de Ministros, nos preocupamos solamente por tener nuestro país desarrollado, y ocupar un lugar digno entre todos los pueblos del mundo, en la competencia económica, en el desarrollo de la cultura y las artes, y aumentando el nivel de vida del pueblo. Éste es el campo más noble y necesario para la competencia, y el vencedor y los vencimos solo derivaremos en beneficio de él, porque eso significa paz y un aumento en los medios por los cuales el hombre vive y encuentra regocijo.
En su declaración usted expresó la opinión que el objetivo principal simplemente no era llegar a un acuerdo y tomar medidas para prevenir el contacto entre nuestros navíos, y por consiguiente pudo ahondar la crisis, que como resultado de ese contacto, crear la chispa de un conflicto militar, que después todas las negociaciones serían superfluas, porque otras fuerzas y otras leyes entrarían entonces en el juego, las leyes de guerra.
Yo estoy de acuerdo con usted que éste es sólo el primer paso. La cosa principal que debe hacerse es normalizar y estabilizar la situación de paz entre los estados y entre los pueblos.
Yo entiendo su preocupación por la seguridad de los Estados Unidos, Sr. Presidente, porque éste es el primer deber de un Presidente. Pero nosotros también nos perturbamos sobre estas mismas cuestiones; yo llevo esas mismas obligaciones como Presidente del Concilio de Ministros de la U.S.S.R. Usted ha estado alarmado por el hecho que nosotros hemos ayudado a Cuba con las armas para fortalecer su capacidad de defensa, porque cualquier armas que pueda poseer Cuba, no puede igualarse con usted, ya que la diferencia en magnitud es muy grande, particularmente en vista a los medios modernos de destrucción.
Nuestro objetivo ha sido y es ayudar a Cuba, y nadie puede disputar la humanidad de nuestros motivos, que se orientan hacia permitirle a Cuba vivir apaciblemente y desarrollarse de la manera que el pueblo desee.
Usted desea garantizar la seguridad de su país, y esto es entendible. Pero Cuba también quiere la misma cosa; todos los países quieren mantener su seguridad. Pero cómo es que nosotros, la Unión Soviética, nuestro Gobierno, evaluar sus acciones que se expresan en el hecho que usted ha rodeado a la Unión Soviética con bases militares; rodeado a nuestros aliados con bases militares; bases militares puestas literalmente alrededor de nuestro país, y estacionó sus armamentos del proyectil allí. Esto no es secreto. personal americano responsables declaran abiertamente para que es.
Sus proyectiles se localizan en Bretaña, se localizan en Italia, y apuntan contra nosotros. Sus proyectiles se localizan en Turquía.
Usted se perturba sobre Cuba. Usted dice que esto lo perturba porque es a 90 millas por el mar de la costa de los Estados Unidos de América. Pero Turquía nos une; nuestros centinelas patrullan de un lado a otro y nos ven. ¿Usted considera entonces, que usted tiene el derecho para exigir la seguridad por su país, y el quitar las armas que usted llama ofensivas, pero no otorga el mismo derecho a nosotros?
Usted ha puesto armas de proyectil destructivos que usted llama ofensivas, en Turquía, literalmente al lado de nosotros. ¿Cómo entonces puede reconocerse que nuestras capacidades militares se reconcilien con tales relaciones desiguales entre nuestros grandes estados? Esto es irreconciliable.
Es bueno, Sr. Presidente, que usted ha estado de acuerdo en que nuestros representantes se encuentren y empiecen a hablar, al parecer a través de la mediación de U Thant, el Secretario General de las Naciones Unidas. Por consiguiente, él ha asumido el papel de un mediador hasta cierto punto, y nosotros consideramos que él podrá cubrir responsablemente con esta misión, con tal de que, por supuesto, que cada parte despliegue en esta controversia buena voluntad.
Yo pienso que sería posible acabar la controversia rápidamente y normalizar la situación, y entonces los pueblos podrían respirar más fácilmente, considerando que los estadistas cumplieron con la responsabilidad, que son de mente sobria y tienen un conocimiento de su responsabilidad, combinado con la habilidad de resolver cuestiones complejas, y no traer las cosas a una catástrofe militar.
Por consiguiente yo hago esta propuesta: Nosotros estamos dispuestos a quitar de Cuba los medios que usted considera ofensivo. Nosotros estamos dispuesto llevar a cabo esto y hacer esta garantía en las Naciones Unidas. Sus representantes harán una declaración al efecto, que los Estados Unidos por su parte, considerado la inquietud y ansiedad del Estado soviético, quitarán sus medios análogos de Turquía.
Permítanos alcanzar el acuerdo acerca del periodo de tiempo necesitado por usted y por nosotros para producir esto. Y después de eso, personas asignadas por el Concilio de Seguridad de Naciones Unidas, podrían inspeccionar en el lugar que el cumplimiento de las garantías se hizo.
Por supuesto, el permiso de los Gobiernos de Cuba y Turquía es necesario para la entrada en esos países de estos representantes, y para la inspección del cumplimiento de la garantía hecha por cada lado. Claro, sería mejor si estos representantes disfrutaran la confianza del Concilio de Seguridad como del suyo y mío (los Estados Unidos y la Unión Soviética), y también el de Turquía y Cuba.
Yo no pienso que sería difícil de seleccionar a las personas que disfrutarían la confianza, y respeto de todas las partes involucradas.
Nosotros haciendo este compromiso en el orden de dar satisfacción y esperanza a los pueblos de Cuba y Turquía, y fortalecer la confianza en su seguridad, haremos una declaración dentro del edificio del Concilio de Seguridad, al efecto de: que el Gobierno soviético da una solemne promesa de respetar la inviolabilidad de las fronteras y soberanía de Turquía, no interferir en sus asuntos interiores, no invadir Turquía, no hacer disponible nuestro territorio como una cabeza de puente para una invasión, y que también refrenaría aquéllos que contemplan cometer una agresión contra Turquía del territorio de la Unión Soviética o del territorio de los otros estados vecinos de Turquía.
El Gobierno de Estados Unidos hará una declaración similar dentro del Concilio de Seguridad con respecto a Cuba. Declarará que los Estados Unidos respetarán la inviolabilidad de las fronteras de Cuba y su soberanía, garantizaran no interferir en sus asuntos interiores, no invadir Cuba, o hacer su territorio disponible como una cabeza de puente para una invasión, y también refrenarán aquéllos que podrían contemplar cometer una agresión contra Cuba desde el territorio de los Estados Unidos, o del territorio de los otros estados vecinos a Cuba.
Por supuesto, para esto nosotros tendríamos que venir a un acuerdo con usted, y especificar un cierto límite de tiempo. Permítanos aceptar algún periodo de tiempo, pero sin el retraso innecesario.
Los medios situados en Cuba de que usted habla y qué lo perturba, como usted ha declarado, está en las manos de oficiales soviéticos. Por consiguiente, cualquier uso accidental de ellos en detrimento de los Estados Unidos se excluye.
Estos medios se sitúan en Cuba a la demanda del Gobierno cubano, y sólo son para los propósitos de la defensa. Por consiguiente, si no hay ninguna invasión a Cuba, o se ataca a la Unión Soviética, o cualquiera de nuestros otros aliados, entonces claro estos medios no son y no serán una amenaza para nadie. Porque ellos no son para los propósitos de ataque.
Si usted está conforme con mi propuesta, Sr. Presidente, entonces nosotros enviaríamos a nuestros representantes a Nueva York, a las Naciones Unidas, y les daríamos instrucciones para alcanzar rápidamente. Si usted también selecciona a su personal, y les da las instrucciones correspondientes, entonces esta cuestión puede resolverse rápidamente.
¿Por qué me gustaría hacer esto? Porque el mundo entero esta ahora temeroso, y espera acciones sensatas de nosotros. La más gran alegría para todas las gentes, sería el anuncio de nuestro acuerdo y la erradicación de la controversia que ha surgido.
Yo concedo gran importancia en cuanto a este acuerdo, que podría servir como un buen principio, y podría hacer en particular, más fácil para alcanzar un acuerdo en prohibir las pruebas del armas nucleares. La cuestión de las pruebas podría resolverse en forma paralela, sin conectar uno con el otro, porque éstos son problemas diferentes. Sin embargo, es importante que el acuerdo se alcance en ambos de estos problemas, para presentar a la humanidad un buen regalo, y también para alegrarlo con las noticias que el acuerdo se ha alcanzado en la cesación de pruebas nucleares, y que por consiguiente la atmósfera ya no se envenenará. Nuestra posición y la suya en este tema, están muy unidas.
Todos esto posiblemente podrían servir como un ímpetu bueno, hacia el hallazgo de acuerdos mutuamente aceptables en otros problemas polémicos, en que usted y yo hemos estado intercambiando puntos de vista. Estos problemas no han estado hasta ahora resueltos, pero ellos están esperando solución urgente, que aclararía la atmósfera internacional. Nosotros estamos preparado para esto.
Éstas son mis propuestas, Sr. Presidente.

Respetuosamente suyo,
N. Khruschev

Documento 3: 28 de octubre de 1962

De Kruschev a Fidel Castro
28 de octubre de 1962

Estimado Camarada Fidel Castro:
En nuestro mensaje de octubre 27 al Presidente Kennedy, permitió establecer la pregunta en su favor, defender Cuba de una invasión, e impedir la guerra.
La contestación de Kennedy que usted aparentemente también sabe, ofrece las seguridades que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus propias fuerzas, y no dará permiso a sus aliados para llevar a cabo una invasión. De esta manera el presidente de los Estados Unidos ha contestado mis mensajes del 26 y 27 de octubre de 1962 positivamente. Nosotros hemos terminado el borrador de nuestra contestación al mensaje del presidente,… el cual está siendo ahora trasmitido por la radio.
Con este motivo me gustaría recomendar ahora a usted, en este momento de cambio en la crisis, no ser llevado por sentimiento, y mostrar nuestra firmeza.
Yo debo decir que entiendo su sentimiento de indignación hacia las acciones agresivas y violaciones de normas elementales de ley internacional por parte de los Estados Unidos. Pero ahora, en lugar de la ley, lo que prevalece es la insensatez de los militaristas del Pentágono. Ahora que un acuerdo está en vista, el Pentágono está buscando un pretexto para frustrar este acuerdo. Esto es por qué están organizando los vuelos provocativos. Ayer usted derribó uno de éstos, mientras antes usted no lo hizo cuando ellos sobrevolaron su territorio. Los agresores se aprovecharán de semejante paso para sus propios propósitos. Por consiguiente me gustaría aconsejarlo de una manera amistosa, el de mostrar paciencia, firmeza y más firmeza. Naturalmente, si hay una invasión será necesario rechazarla por todos los medios. Pero nosotros no debemos permitir llevarnos lejos por las provocaciones, porque los militaristas desenfrenados del Pentágono ahora que la solución al conflicto está en la vista, y al parecer en su favor (de Cuba), mientras creando una garantía contra la invasión a Cuba, están intentando frustrar el acuerdo, y lo provocan a Ud. en acciones que podrían usarse en su contra. Yo le pido que no dé el pretexto para que hagan eso. De nuestra parte, nosotros haremos todo posible para estabilizar la situación en Cuba, defenderemos Cuba contra una invasión, y le aseguramos las posibilidades para construir una pacifica sociedad socialista.
Le envío mis saludos, extensivo a todo el grupo de su dirigencia.

N. Khruschev.

Documento 4: 28 de octubre de 1962

Kruschev a Kennedy
Moscú, 28 de octubre de 1962.

Estimado Sr. Presidente. Yo he recibido su mensaje del 27 de octubre. Yo expreso mi satisfacción y le agradezco el sentido de proporción que usted ha expuesto para la preservación de la paz del mundo.
Yo considero con gran comprensión su preocupación, y la preocupación del pueblo de Estados Unidos, en relación con el hecho que las armas que usted describe como ofensivas, son de hecho armas temibles. Usted y nosotros entendemos qué tipo de armas son:
En orden de eliminar tan rápidamente como sea posible el conflicto que pone en peligro la causa de la paz, para dar seguridad a todos los pueblos que piden paz, y para tranquilizar a las personas americanas, que yo también estoy seguro quieren paz, como hace el pueblo de la Unión Soviética y el Gobierno soviético, además de las instrucciones dadas anteriormente en la interrupción de trabajo en los sitios de construcción de armas, he dado una nueva orden para desmantelar las armas que usted describió como ofensivas, y regresarlas a la Unión Soviética.
Sr. Presidente, me gustaría repetir lo que yo ya había escrito a usted en mis anteriores mensajes, que el Gobierno soviético ha dado la ayuda económica a la República de Cuba, así como las armas, porque Cuba constantemente estaba bajo la amenaza continua de una invasión.
Un barco pirata había bombardeado La Habana. Ellos dicen que este bombardeo se hizo por emigrantes cubanos irresponsables. No obstante, la pregunta es, desde dónde ellos dispararon. Es un hecho que estos cubanos no tienen ningún territorio, ellos son fugitivos de su país, y ellos no tienen ningún medios para dirigir operaciones militares.
Esto significa que alguien puso en sus manos estas armas para bombardear La Habana, y para la piratería en el Caribe, en las aguas territoriales cubanas.
Es imposible en este tiempo, no darse cuenta de una nave pirata, considerado la concentración en el Caribe de naves americanas, de que todo puede verse y puede observarse. En estas condiciones, naves piratas vaguen libremente alrededor de Cuba y hagan ataques piratas a naves con carga pacíficas. Se sabe incluso, que ellos bombardearon una nave de carga británica. En una palabra, Cuba estaba bajo la amenaza continua de fuerzas agresivas que no ocultaron su intención para invadir su territorio.
El pueblo cubano quieren construir su vida en sus propios intereses, sin la interferencia externa. Éste es su derecho, y ellos no pueden culparse de querer ser amos de su propio país y disponer de los frutos de su propia labor.
Sr. Presidente, me gustaría decir más claramente otra vez, que nosotros no pudiéramos permanecer indiferentes a esto. El Gobierno soviético decidió dar la ayuda a Cuba con los medios de defensa contra la agresión, sólo con los medios para los propósitos de la defensa.
Yo considero con respeto y confía, en la declaración que usted hizo en su mensaje del 27 de octubre de 1962, que no habría ningún ataque, ninguna invasión a Cuba, y no sólo por parte de los Estados Unidos, pero también por parte de otras naciones del Hemisferio Occidental, como usted dijo en su mismo mensaje. Entonces los motivos que nos indujeron dar ayuda de tal tipo a Cuba desaparecen.
Es por esta razón que nosotros instruimos a nuestros oficiales, que ya yo le había informado anteriormente a Ud., que están en las manos de los oficiales soviéticos, tomaran las medidas apropiadas para discontinuar la construcción de los medios mencionado, desmantelarlos, y, para devolverlos al Unión Soviética.
Como yo le había informado en la carta del 27 de octubre, nosotros nos preparamos alcanzar el acuerdo para permitirles a los Representantes de las Naciones Unidas, verificar el desmantelando de estos medios.
Así que en vista de la seguridad que usted ha dado, y nuestras instrucciones en desmantelar, hay la condición por eliminar el conflicto presente.
Yo noto con satisfacción que usted ha respondido al deseo que yo expresé con respecto a la eliminación de la peligrosa situación mencionada, así como con respecto a mantener las condiciones para una apreciación más pensativa de la situación interior, cargada como está con los grandes peligros en nuestra era de armas termonucleares, cohetes, naves espaciales, cohetes globales, y otras armas mortales. Todas las personas están interesadas en asegurar la paz.
Por consiguiente, vestidos con confianza y gran responsabilidad, nosotros no debemos permitir agravar la situación, y debemos sellar los centros dónde una situación peligrosa cargada con graves consecuencias para la causa de paz han surgido. Si nosotros junto con usted, y con la ayuda de otras personas de buena voluntad, tenemos éxito eliminando esta tensa atmósfera, nosotros también debemos hacer cierto que ningún otro conflicto peligroso surgiría, que podría llevar a una catástrofe nuclear mundial.
En conclusión, me gustaría decir algo sobre una relajación entre la OTAN y el Tratado de Varsovia, que usted ha mencionado. Nosotros hemos hablado sobre esto, y estamos preparado continuar intercambiando puntos de vistas en esta cuestión con usted, y encontrar una solución razonable. A nosotros nos gustaría continuar el intercambio de puntos de vistas en la prohibición de armas atómicas y termonucleares, desarme general, y otros problemas que se relacionan a la relajación de tensión internacional.
Señor Presidente, yo doy fe a su declaración, pero, por otro lado, hay gentes irresponsables que querrían efectuar una invasión a Cuba y desencadenar así la guerra. Nosotros damos pasos prácticos y declaramos que vamos a desmontar y evacuar los medios correspondientes de Cuba, pero al obrar así, queremos infundir al pueblo cubano la seguridad de que nos encontramos a su lado y no nos eximimos de prestar ayuda al pueblo cubano.
Estamos convencidos de que los pueblos de todos los países, lo mismo que Usted Señor Presidente, me comprenderán acertadamente. No amenazamos, queremos solamente paz. Nuestro país se encuentra ahora en auge. Nuestro pueblo saborea los frutos del pacífico trabajo. Ha alcanzado enormes éxitos después de la revolución de octubre, ha creado grandiosos valores materiales, espirituales y culturales. Nuestro pueblo disfruta estos valores y quiere seguir desarrollando sus éxitos, quiere asegurar con su tenaz trabajo el sucesivo avance por el camino de la paz y el progreso social.
Me gustaría recordarle a Ud., Sr. Presidente, que aviones de reconocimiento militares han violado las fronteras de la Unión Soviética. En relación con esto ha habido conflictos entre nosotros y notas intercambiadas. En 1960 nosotros derribamos un avión U-2, cuyo vuelo de reconocimiento encima de la URSS, arruinó la conferencia de la cumbre en París. En ese momento usted tomó una posición correcta, y denunció ese acto criminal de la Administración americana anterior. Pero durante su período como Presidente, otra violación de nuestra frontera ha ocurrido, un avión U-2 americano en el área de Sakhalin. Nosotros le escribimos sobre la violación del 30 de agosto. En ese momento usted contestó que esa violación había ocurrido como resultado de un mal tiempo, y dio seguridad que esto no se repetiría. Nosotros confiamos en su palabra, porque el tiempo en ese momento estaba de hecho pobre en esa área.
Pero no tenía sus aviones ordenes para volar sobre nuestro territorio. La conclusión es que esto se está haciendo con el conocimiento del Pentágono, que pisotea las normas internacionales, y violan las fronteras de otros estados.
Un caso aun más peligroso ocurrió el 28 octubre, cuando uno de sus aviones de reconocimiento incursionó encima de las fronteras soviéticas, en el área de Chukotka, Península al norte, y voló encima de nuestro territorio. La pregunta es, Sr. Presidente: ¿Cómo nosotros debemos considerar esto? Que es esto: ¿Una provocación?
Uno de sus aviones viola nuestra frontera durante este ansioso tiempo que nosotros dos estamos experimentando, cuando todo se ha puesto en la prontitud del combate.
¿No es un hecho que fácilmente un avión americano intruso, pudiera tomarse fácilmente como un bombardero nuclear, que podría empujarnos a un paso fatal? Y más desde que el Gobierno americano y el Pentágono, declararon hace tiempo que ustedes están manteniendo una continua patrulla de bombardero nuclear. Por consiguiente, usted puede imaginar la responsabilidad que usted está asumiendo, especialmente ahora, cuando nosotros estamos viviendo a través de tiempos ansiosos.
Me gustaría expresar el siguiente deseo, que concierne al pueblo cubano. Usted no tiene relaciones diplomáticas con Cuba, pero a través de mis funcionarios en Cuba, yo tengo los informes que los aviones americanos están haciendo vuelos encima de Cuba.
Nosotros estamos interesados que no debe haber ninguna guerra en el mundo, y que el pueblo cubano deben vivir en paz. Y además, Sr. Presidente, no es ningún secreto que nosotros tenemos nuestro personal en Cuba. Bajo un tratado con el Gobierno cubano, nosotros hemos enviado a funcionarios, instructores, principalmente personal civil: especialistas, agrónomos, técnicos del parque zoológico, regadíos, especialistas en la tierra, obreros civiles, chóferes de tractor, y otros. Nosotros nos preocupamos por ellos. Me gustaría que usted considerara, Sr. Presidente, que la violación de espacio aéreo cubano por aviones americanos, también podría llevar a consecuencias peligrosas. Y si usted no quiere que esto suceda, se haría bien no dar ninguna causa para que una situación peligrosa surja.
Nosotros debemos tener ahora cuidado, y debemos contener cualquier paso que no sería útil a la defensa de los estados involucrado en el conflicto, y que solo podría causar irritación, e incluso podría servir como una provocación para un paso fatal. Por consiguiente, nosotros debemos desplegar juicio, razón, y retener semejantes pasos. Nosotros valoramos la paz, quizás más aun que otras gentes, porque nosotros llevamos a cabo una guerra terrible con Hitler. Pero nuestras gentes no vacilarán ante cualquier prueba.
Nuestras gentes confían en su Gobierno, y nosotros aseguramos a nuestras gentes y a la opinión pública mundial, que el Gobierno Soviético no permitirá el mismo ser provocado. Pero si los provocadores liberan una guerra, ellos no evadirán su responsabilidad. Pero nosotros estamos seguros que la razón triunfará, que esa guerra no se liberará, y la paz y la seguridad de las gentes se garantizará.
En relación con las negociaciones actuales entre el Secretario General U Thant, y representantes del Unión Soviética, los Estados Unidos, y la República de Cuba, el Gobierno soviético ha enviado al Primer Diputado de Relaciones Extranjeras V. V. Kuznetsov a Nueva York, para ayudar U. Thant en sus nobles esfuerzos de eliminar la situación peligrosa presente.
Respetuosamente suyo,

N. Kruschev
En: Documentos sobre la amistad soviético-cubana, Ediciones Pravda, Moscú 1963. Páginas 356 -361

Documento 5: 28 de octubre de 1962

Khruschev a Kennedy
Moscú, 28 de octubre de 1962.


Estimado Sr. Presidente, el Embajador Dobrynin me ha informado de su conversación con Robert Kennedy que tuvo lugar el 27 de octubre. En esta conversación, Robert Kennedy dijo que es en la actualidad algo difícil para usted discutir la cuestión de eliminar los proyectiles americanos basados en Turquía, debido al hecho que esas bases en Turquía se formalizó a través de la OTAN. La prontitud para estar de acuerdo en este problema que yo llevé en mi mensaje a usted del 27 de octubre, también fue enfatizado. En este contexto Robert Kennedy dijo que quitar esas bases de Turquía tomaría de 4 a 5 meses. Además, un deseo fue expresado en los intercambios de vistas en este asunto entre usted y yo, que deberían continuar a través de Robert Kennedy y el Embajador soviético, y que estos intercambios debieran ser considerados confidenciales.
Yo me siento que debo decir a usted, que yo entiendo la delicadeza que involucra para usted una consideración abierta del problema de eliminar los proyectiles americanos basados en Turquía. Yo tengo en cuenta la complejidad de este asunto, y creo que usted tiene razón sobre no desear discutirlo públicamente. Yo estoy de acuerdo que nuestra discusión de este asunto se siga confidencialmente a través de Robert Kennedy y el Embajador soviético en Washington.
Usted puede haber notado eso en mi mensaje a usted del 28 de octubre, qué sería publicado inmediatamente, que yo no planteé esta cuestión precisamente porque yo estaba atento a su deseo de ser llevado a través de Robert Kennedy. Pero todas las propuestas que yo presenté en ese mensaje, tuvieron en cuenta el hecho que usted había estado de acuerdo en resolver el asunto de sus proyectiles basados en Turquía, consistente con lo que yo había dicho en mi mensaje del 27 de octubre, y qué usted declaró a través de Robert Kennedy en su reunión con el Embajador Dobrynin ese mismo día. Yo expreso mi gran apreciación a usted haber instruido su hermano R. Kennedy, que llevara esos pensamientos.

Yo espero, Sr. Presidente, que el acuerdo en este asunto, también no será un paso pequeño que adelanta la causa de relajación de tensiones internacionales, y las tensiones entre nuestros dos poderes. Y que a su vez puede proporcionar un ímpetu bueno a resolver otros problemas que involucran la seguridad de Europa y la situación internacional en conjunto.
Sr. Presidente, la crisis por la que nosotros hemos pasado puede repetirse de nuevo. Esto significa que nosotros necesitamos dirigirnos a los problemas que contienen demasiado material explosivo, por supuesto no en seguida. Al parecer, tardará algún tiempo para que las pasiones se calmen. Pero nosotros no podemos tardar la solución a estos temas, para la continuación de esta situación… con tantas incertidumbres y peligros.
Atentamente,
N. Khruschev.

Análisis de los documentos:

Carta 26 de Octubre: Carta a Kennedy.
La primera carta que hemos expuesto, manifiesta el primer indicio de poner fin a la crisis por parte de la Unión Soviética. En esta extensa misiva, Kruschev expone de un modo muy conmovedor el panorama generado a raíz de la presencia de misiles en Cuba. En primer lugar, se pone énfasis en las razones que llevaron a la URSS a proporcionar misiles a Cuba son netamente defensivas y en ningún caso ello indica el comienzo de una arremetida contra Estados Unidos: Todos los medios localizados allí, y yo le aseguro de esto, tienen un carácter defensivo, están solamente en Cuba para los propósitos de defensa, y nosotros los hemos enviado a Cuba a demanda del Gobierno cubano. Usted, sin embargo, dice que éstos son medios ofensivos. Enseguida, Kruschev afirma que está plenamente conciente que si la URSS decidiera atacar, el Gobierno norteamericano reaccionaría de inmediato y ello desencadenaría una conflagración de magnitudes insospechadas debido al amplio poder destructivo de las armas que ambos bandos poseen. En este punto el Secretario General de la URSS vuelve sobre su discurso acerca de la “coexistencia pacífica”, que implica la necesidad de coexistir a pesar de las amplias diferencias entre ambos mundos: Nosotros, sin embargo, queremos vivir y no queremos destruir su país. Nosotros queremos algo bastante diferente, competir con su país en una base pacífica. Nosotros reñimos con usted, nosotros tenemos diferencias ideológicas. Pero nuestra vista del mundo consiste en esto, esas cuestiones ideológicas, así como los problemas económicos, no debe resolverse por medio del ejército, ellos deben resolverse en base a la competencia pacífica, es decir, como esto se entiende en la sociedad capitalista, en base a la competencia.
El segundo aspecto que destaca Kruschev es su condena a las medidas adoptadas por EEUU, refiriéndose al bloqueo o “cuarentena”, como una acto de piratería, no acorde con las leyes internacionales vigentes. Respecto de esto, Kruschev señala que los barcos soviéticos que marchan en dirección a Cuba no transportan armamentos: Yo le aseguro que estos barcos, ahora limitados para Cuba, están llevando la más inocente carga pacífica… Las armas que eran necesarias para la defensa de Cuba ya están allí. Yo no quiero decir que no había cualquier embarque de armas en absoluto. No, había tales embarques. Pero ahora Cuba ya ha recibido los medios necesarios de defensa. Enseguida Kruschev pasa a explicar las razones históricas que motivaron a la Unión Soviética a ayudar a Cuba a mantener en pie su movimiento revolucionario. La principal razón esgrimida se pone en paralelo a la realidad soviética de los primeros años de la revolución, donde se tuvo que enfrentar el ataque de fuerzas externas que pretendían aplacar y eliminar la revolución. En este punto enrostra a Estados Unidos su participación en aquellos conflictos. Desde ese punto de vista, la URSS sentía hacia Cuba una responsabilidad fraternal, que implicaba ayudar militar y económicamente a la joven República Revolucionaria.
Ahora bien, luego de explicar todas sus intenciones “pacificas” y las razones por las que se estaba ayudando a Cuba e instalando misiles en aquel lugar, Kruschev pasa a proponer una alternativa de solución para la Crisis: Yo propongo: Nosotros por nuestra parte, declararemos que nuestras naves, destinadas para Cuba, no llevarán ningún tipo de armamentos. Usted declararía que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus fuerzas y no apoyarán cualquier clase de fuerzas que podrían pensar llevar a cabo una invasión de Cuba. Entonces la necesidad para la presencia de nuestros especialistas militares en Cuba desaparecería.
Los últimos párrafos de la carta se dedican a hacer una proyección en caso de que Estados Unidos no acoja favorablemente la propuesta y en cambio decida arriesgarse a dar comienzo al conflicto armado. El panorama es lúgubre, pues como al principio de la carta Kruschev señala que él tiene claro que si la URSS decidiera dar el primer paso de agresividad, Estados Unidos respondería, éste último también debe tener presente que cualquier acto de agresión será respondido con la misma firmeza. En estas circunstancias, Kruschev pone fin a la carta dando a conocer su disposición a evitar la catástrofe nuclear y atender también a las gestiones realizadas por la ONU a través de su Secretario General U. Than.
Carta 27 Octubre: Carta a Kennedy.

Antes de que J.F. Kennedy diera respuesta a la carta enviada por Kruschev el día 26 de octubre, el Secretario General del Partido Comunista de la URSS, envía una segunda misiva. En ésta, Kruschev comienza poniendo de relieve su interés por poner fin a la crisis, e insiste en el carácter defensivo de las armas otorgadas por la Unión Soviética a Cuba. No obstante, la diferencia esencial entre ambas cartas radica en que en esta oportunidad Kruschev agrega una segunda demanda para proceder al retiro de los misiles de Cuba: Nosotros estamos dispuestos a quitar de Cuba los medios que Usted considera ofensivos. Nosotros estamos dispuestos llevar a cabo esto y hacer esta garantía en las Naciones Unidas. Sus representantes harán una declaración al efecto, que los Estados Unidos por su parte, considerado la inquietud y ansiedad del Estado soviético, quitarán sus medios análogos de Turquía.
En el mapa que se presenta a continuación se evidencia la situación esbozada por Kruschev en la carta del 27 de octubre. En primer término, afirma reconocer la preocupación expresada por Estados Unidos y comprender la actitud de Kennedy como Presidente de los norteamericanos, ya que su principal deber es velar por la seguridad de su país. Pero de inmediato pasa a enrostrar a Kennedy el hecho que esa misma situación es la que afecta a la Unión Soviética, es decir, que también se siente asediada y rodeada de bases militares enemigas, las cuales no sólo se encuentran ubicadas cerca de las fronteras de la URSS, sino que están instaladas en territorios colindantes: Usted se perturba sobre Cuba. Usted dice que esto lo perturba porque está a 90 millas por el mar de la costa de los Estados Unidos de América. Pero Turquía nos une; nuestros centinelas patrullan de un lado a otro y nos ven. ¿Usted considera entonces, que usted tiene el derecho para exigir la seguridad por su país, y el quitar las armas que usted llama ofensivas, pero no otorga el mismo derecho a nosotros?. (VER MAPA ANTERIOR)

NOTAS
[1] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm
[2] Idem
[3] Neustadt, Richard – May Ernest, Ob. Cit., Página 32
[5] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 870
[6] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm

A través de esta carta, se estaba manifestando concretamente lo que el Comité Nacional de Seguridad norteamericano ya había previsto: la exigencia de un trueque de misiles. En efecto, el día 18 de octubre en una de las reuniones del ExCom, Kennedy afirma: “La única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida pacífica sería levantar nuestros misiles de Turquía”. Ante ello, el Consejero de Kennedy en asuntos de seguridad, George Bundy, sostiene: “…pienso que sin duda es importante que Kruschev tenga en ese momento en sus manos un mensaje que diga que estamos dispuestos a desmantelar nuestra base turca”.[1] No obstante, como señala Charles Zorgbibe, esta propuesta no podía ser objeto de debate público, ya que si bien los misiles instalados en Turquía eran considerados obsoletos, aceptar públicamente su retirada a petición de la URSS habría significado dar a Moscú un derecho de fiscalización en los asuntos de la Alianza Atlántica. Robert Kennedy propone ignorar la segunda carta y responder sólo a la primera.[2] El asunto de los misiles instalados en Turquía, formó parte de los acuerdos soviético-norteamericanos, pero se llevó a cabo en conversaciones secretas entre el Embajador de la Unión Soviética, Dobrynin y el hermano del Presidente, Robert Kennedy.

Carta 28 Octubre: Carta a Fidel Castro

Según el propio contenido de la carta, ésta fue escrita al momento en que se daba a conocer a Estados Unidos, a través de comunicación radiofónica, la decisión de retirar y repatriar a la URSS los misiles instalados en Cuba. En esta misiva muy breve, Nikita Kruschev insta a Fidel Castro a ser prudente y no llevar a cabo actos que pudieran ser considerados por Estados Unidos como una provocación. En primer lugar, el Secretario General del PCUS expone a Fidel Castro los avances que se han logrado en las negociaciones con Estados Unidos y las garantías de las que se ha beneficiado Cuba a raíz de estas mismas. En efecto, Nikita Kruschev dice a Castro: La contestación de Kennedy que usted aparentemente también sabe, ofrece las seguridades que los Estados Unidos no invadirán Cuba con sus propias fuerzas, y no dará permiso a sus aliados para llevar a cabo una invasión. De esta manera el presidente de los Estados Unidos ha contestado mis mensajes del 26 y 27 de octubre de 1962 positivamente.
En forma clara, Kruschev está reprochando a Castro haber derribado un avión norteamericano, no obstante procura darle a la carta un tono de recomendación y no de orden, sólo “aconseja” al líder cubano ser más prudente, ya que según su apreciación “Ahora que un acuerdo está en vista, el Pentágono está buscando un pretexto para frustrar este acuerdo. Esta es la razón por la qué están organizando los vuelos provocativos”. Esta carta puede ser considerada como una de las evidencias de la sincera intención de Kruschev por mantener el conflicto bajo control y evitar el peligro de una conflagración nuclear. No obstante, de todos modos, en las últimas líneas de la carta, Kruschev comunica la intención de seguir defendiendo a Cuba contra toda invasión y su solidaridad para con la construcción de un régimen socialista en la isla del caribe, pero insiste en no provocar con actos hostiles al coloso norteamericano: si hay una invasión será necesario rechazarla por todos los medios. Pero nosotros no debemos permitir llevarnos lejos por las provocaciones, porque los militaristas desenfrenados del Pentágono ahora que la solución al conflicto está en la vista… están intentando frustrar el acuerdo.

La buena voluntad también estuvo dada por parte de Kennedy. Pues como señalan Richard Neustadt y Ernest May, hubiese sido bastante fácil, e incluso natural ver el derribo del avión U2, como una señal que confirmaba la agresividad soviética. No obstante, el Presidente Kennedy decidió esperar y no atender a algunos de sus consejeros que le instaban a tomar represalias inmediatas.[3] Desde esta perspectiva, efectivamente, podemos dar crédito a las afirmaciones realizadas por Carlos Lechuga, Embajador Cubano, ante la ONU durante la crisis de los misiles. Al igual que Bob McNamara, accedió a dar una entrevista a la BBC Mundo en octubre del 2002, es decir a 40 años de la crisis. En esta oportunidad Carlos Lechuga señala “Ninguno de los dos gobierno hubiera asumido la responsabilidad de desatar una guerra mundial”.[4] No obstante, afirma que durante la crisis el temor fue real de parte de ambos bandos y el momento más crítico fue el día en que se derribó el avión norteamericano mientras sobrevolaba Cuba.

Carta 28 Octubre: Carta a Kennedy. Dada a conocer previamente por trasmisión radiofónica.

El documento en cuestión fue dado a conocer a través de un mensaje radiofónico, por medio del cual, Nikita Kruschev, se encargó de comunicar al gobierno norteamericano su disposición de retirar los misiles de Cuba. Como señala Bob McNamara en una entrevista a la BBC Mundo (11 de octubre del 2002), el mensaje de Kruschev puede ser considerado como el factor que detuvo lo que pudo haberse convertido en la tercera gran conflagración del siglo XX.[5] En efecto, el mensaje radiofónico enviado por Nikita Kruschev, al Presidente de Estados Unidos, J.F. Kennedy, el 28 de octubre de 1962, es considerado como el hito que pone fin a la crisis de los misiles,[6] pues concretamente el líder de la URSS manifiesta la voluntad de retirar y repatriar el armamento soviético instalado en Cuba, a cambio de la promesa que J. Kennedy había dado a conocer en una carta el día anterior.
El escenario era el siguiente: el día 27 de octubre el Comité de Seguridad Nacional (ExCom) había recomendado en forma unánime atacar en 48 horas a Cuba, pues el bloqueo no estaba consiguiendo los resultados esperados, es decir, la desmantelación de los misiles. Respecto de esto, McNamara afirma: El ataque aéreo para el primer día fue planeado, e iba a ser un ataque gigante… Movilizamos 180 tropas desde puertos americanos en el sudeste, los transportamos hacia Cuba. No fue sino 29 años más tarde, en enero de 1992, que supimos en una reunión en La Habana, que presidió Castro, que en ese momento en que estábamos recomendando atacar, ¡los soviéticos tenían ya 162 ojivas nucleares en suelo cubano!.[7]. Teniendo en cuenta este contexto, la decisión tomada por Kruschev cobra una gran relevancia, ya que con su declaración detuvo los preparativos organizados por el ExCom y marca el comienzo del fin de la crisis. Por su parte, el gobierno norteamericano ordenó ese mismo día la interrupción de los vuelos de reconocimiento sobre la isla y también permitió la libre circulación de los buques soviéticos. Tales medidas y la respuesta al mensaje trasmitido por Kruschev, fueron dadas a conocer el mismo día 28 de octubre a través de la carta enviada por Kennedy al líder soviético.

El mensaje de Nikita Kruschev consta de la siguiente estructura:
Ø Dar a conocer voluntad de desmantelar y repatriara la URSS las armas instaladas en Cuba.
Ø Reiterar las intenciones pacíficas de la ayuda soviética a Cuba
Ø Aceptar la promesa de Estados Unidos de no invadir Cuba.
Ø Deseo de acercamiento diplomáticos con el fin de evitar confrontaciones futuras y catástrofes nucleares.
Ø Enrostrar a Estados Unidos las violaciones cometidas en contra de la URSS y en contra de Cuba.
Ø Finalmente se insiste en las intenciones pacificas de la URSS, pero también se subraya la voluntad de mantenerse firme ante cualquier ataque perpetrado contra la URSS o contra su protegida, Cuba.
En gran medida el documento viene a reiterar las ideas ya expresadas por Kruschev en las cartas del 26 y 27 de octubre, poniendo énfasis en el carácter defensivo de la ayuda soviética a Cuba, no obstante la importancia crucial del mensaje está dada a partir de la declaración expresa del comienzo de la retirada de los misiles. Dirigiéndose a Kennedy, afirma: “Yo considero con respeto y confianza la declaración que usted hizo en su mensaje del 27 de octubre de 1962, que no habría ningún ataque, ninguna invasión a Cuba, y no sólo por parte de los Estados Unidos, pero también por parte de otras naciones del Hemisferio Occidental, como usted dijo en su mismo mensaje. Entonces los motivos que nos indujeron dar ayuda de tal tipo a Cuba desaparecen”. Como se puede apreciar la razón esgrimida es que se ha considerado suficiente la promesa de Kennedy de no invadir la isla. Así, ante la peligrosidad de la situación, la crisis finalizaba sobre la base de una promesa y sin la firma de ningún tratado. Esta situación es recordada por Carlos Lechuga, Embajador Cubano ante la ONU, como una de las muestras de la debilidad soviética ante la presión norteamericana. En efecto, Lechuga afirma: los soviéticos se conformaron con «una promesa de Kennedy (de no invadir Cuba) -sin ningún valor porque nunca se firmó un documento”.[8]
El mensaje de Kruschev conoció los siguientes canales de difusión: en primer lugar fue trasmitido radiofónicamente por la radio Moscú, luego se remitió una copia al Presidente Norteamericano, otra copia al secretario General interino de la ONU, U. Thant y la publicación en el periódico Pravda de Moscú.[9]

Carta 28 Octubre: Carta a Kennedy. Acuerdos secretos sobre los misiles instalados en Turquía.

El mismo día en que Kruschev hacía pública su decisión de retirar los misiles soviéticos instalados en Cuba, envió una misiva de carácter secreto al Presidente J.F. Kennedy, en la que trataba el tema de los misiles instalados en Turquía. El tema de la transacción de los misiles de Cuba por los de Turquía había sido puesto sobre la mesa a través de la carta enviada por Kruschev el 27 de octubre. En ésta, el líder soviético había agregado a la demanda de no invadir Cuba, la exigencia de retirar los misiles instalados en Turquía, por significar éstos un peligro equivalente al que Estados Unidos esgrimía sentir por parte de las armas instaladas en Cuba. Ante esta situación debemos recordar que la propuesta dada por Robert Kennedy (hermano del presidente), fue responder a la primera exigencia e ignorar la segunda, es decir, asegurar que Estados Unidos no procedería a la invasión de Cuba, pero no hacer mención al tema de los misiles instalados en Turquía. Como señala Charles Zorgbibe, si bien, los misiles instalados en Turquía eran considerados obsoletos, no se podía admitir públicamente la intromisión de Moscú en la política exterior norteamericana, ni su derecho a fiscalizar los asuntos de la Alianza Atlántica.[10]

Ahora bien, el significado de los misiles instalados en Turquía para Estados Unidos queda claramente reflejado en uno de los informes diarios de las reuniones del ExCom (Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad):

Minuta de la ExCom[11]: 27 de octubre 1962
El presidente recordó que hace más de un año deseábamos sacar los misiles Júpiter de Turquía porque se habían tornado obsoletos y de poco valor militar. Si los misiles en Cuba añadían 50% a la capacidad nuclear soviética, entonces trocar esos misiles por otros en Turquía sería de gran valor militar. Pero ahora estamos en la posición de arriesgar la guerra en Cuba y en Berlín por los misiles en Turquía, que son de poco valor militar. Desde el punto de vista político, sería difícil obtener apoyo para un ataque aéreo en contra de Cuba porque muchos pensaron que podríamos hacer un buen negocio si ofreciéramos sacar los misiles de Turquía en el caso de que los rusos aceptaran remover los misiles de Cuba. Estamos en una mala posición si parecemos estar atacando a Cuba Con el fin de mantener inútiles misiles en Turquía. Nosotros… debemos afrontar la posibilidad de cierta clase de negociación por los misiles.

En el documento expuesto se evidencia la voluntad de J.F. Kennedy de llegar a un acuerdo razonable con el líder soviético respecto de los misiles instalados en Turquía. No obstante, como se puede apreciar a partir de las discusiones sostenidas en el seno de la ExCom, no había unanimidad acerca del tema de Turquía. Quienes se ponían a la transacción, esgrimían, esencialmente, que los turcos protestarían y que los otros gobiernos de la OTAN tampoco aprobarían tal medida.[12] Ante tales problemas, finalmente se opta por tratar el tema de los misiles turcos en un nivel secreto y no mencionarlo como parte de los acuerdos y conversaciones con los soviéticos.

En efecto, esta situación es la que vemos esbozada a partir de la carta enviada por Nikita Kruschev el 28 de octubre a J.F. Kennedy. En primer lugar reconoce la legitimidad de la exigencia norteamericana de tratar el tema sólo en el ámbito confidencial a través del Embajador soviético Dorbrynin y el hermano del Presidente, Robert Kennedy. Pone énfasis en el hecho de no haber mencionado el tema de los misiles turcos en el mensaje radiofónico en el que anunció la retirada del armamento instalados en Cuba. La carta en cuestión, finaliza reiterando la voluntad de mejorar las relaciones diplomáticas con el fin de no volver a enfrentarse a peligros como los suscitados durante el mes de octubre a raíz de los misiles instalados en Cuba.

Ahora bien, las conversaciones se siguieron desarrollando a nivel confidencial. En éstas, Robert Kennedy prometió que los misiles norteamericanos saldrían de Turquía en cuatro o cinco meses. También dijo que no sólo negaría haber hecho nunca tal promesa sino que, si algún ruso la revelaba, se cancelaría toda negociación. Así pues, en el acuerdo no se hizo referencia alguna de una transacción, y sólo se mencionó que el retiro de los misiles soviéticos en Cuba se realizaría a cambio de que los Estados Unidos no invadirían Cuba. Cinco meses más tarde salieron los misiles norteamericanos de Turquía.[13]

El fin de la Crisis de los misiles

La crisis concluyó sin la necesidad de llegar a la utilización de las armas. En octubre de 1962 el mundo estuvo a un paso de dar comienzo a la tercera gran conflagración del siglo XX, no obstante, en el momento de máxima tensión las partes encontraron el modo de dar marcha atrás en el camino hacia la hecatombe mundial. Ambas partes estaban conscientes del enorme poder destructor de las armas que estaban en su poder y sabían que haber dado el primer paso hacia la guerra, implicaba también sentenciar a muerte a gran parte de la población del propio país. Desde esta perspectiva, como señala Henry Kissinger, las inhibiciones catastróficas de la era nuclear hicieron posible que el mundo bipolar generado a partir de la Guerra Fría se salvara de verse envuelto en una guerra general.[14] En esta misma línea, las palabras de Andre Fontaine, además de conmovedoras, nos parecen muy acertadas, ya que logran reflejar claramente el significado de este momento de máxima tensión:

Los grandes de la tierra podrían aniquilar naciones enteras con solo pulsar un botón, pero saben que tendrían todas las posibilidades de contarse ellos mismo entre el número de las víctimas de la tempestad así desencadenada. Y si, por milagro, uno u otro lograra escapar, su victoria sólo le permitiría contemplar un reino de ruinas perdiéndose en la distancia y una raza minada en su descendencia por la atroz enfermedad de las radiaciones.
No hay nada que compense este riesgo. Tienen pues que renunciar a la guerra abierta, como medio de hacer prevalecer sus ambiciones e intereses.[15]

Si bien es cierto, con estas palabras, Fontaine está caracterizando el conflicto de la Guerra Fría en su totalidad, su significado pareciera estar haciendo referencia concreta al conflicto suscitado en 1962. En este punto debemos tener presente que Fontaine Escribe su libro acerca de la Guerra Fría entre enero de 1962 y noviembre de 1965, por tanto, la crisis de los misiles no sólo formó parte de su objeto de estudio, sino que también, él mismo se cuenta entra las posibles víctimas de la hecatombe mundial que podría haber generado la conflagración directa entre las dos potencias nucleares.

Ahora bien, como señala Eric Hobsbawm, el resultado de esta fase de amenazas mutuas fue la estabilización del sistema internacional y el acuerdo tácito por parte de ambas superpotencias de no asustarse mutuamente ni asustar al resto del mundo, cuyo símbolo fue la instalación del teléfono rojo que entonces (1963) conectó la Casa Blanca con el Kremlin.[16] En efecto, la crisis de Cuba resultó demasiado peligrosa para ambos bandos. Además de la instalación del teléfono rojo, produjo algunas negociaciones con el fin de suavizar la amenaza nuclear. El primer resultado fue el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas Atómicas de 1963, que puso fin a las pruebas nucleares en la atmósfera. Después de Cuba, las dos superpotencias nunca más llegaron a una situación en la que se arriesgaran a un enfrentamiento directo. Aunque esto no impidió que siguieran participando e interviniendo en los conflictos suscitados en la periferia o “Tercer Mundo”, pero su participación en ellos se limitó a proporcionar adiestramiento y material a los amigos, o bien, como señala Lawrence Freedman, a luchar contra los amigos del otro bando.[17]

Como se puede apreciar, esta segunda fase de la Guerra Fría (1953-1962), concluye al momento en que las superpotencias manifiestan concretamente su voluntad de abstenerse de llegar a enfrentarse directamente. Así, el período que comenzó con la voluntad de suavizar los conflictos, conoció su máxima tensión en octubre de 1962, momento en el cual las amenazas y contra amenazas terminaron siendo reemplazas por la manifestación concreta de la voluntad de no arriesgarse a producir un conflicto nuclear. El líder soviético lo manifestó por medio de sus comunicados y declaraciones del 28 de octubre, mientras que el Presidente Norteamericano encontró el modo de contener las fuerzas agresivas de algunos de sus asesores, optando por las recomendaciones más prudentes: ante la opción de la invasión o el bloqueo de Cuba, eligió el bloqueo; ante el derribo del avión norteamericano, optó por esperar antes de considerar aquello como una afrenta. Y en efecto, como señala Richard Neustadt y Ernest May, el Presidente Kennedy manifestó expresamente su interés de no pasar a ser parte de la historia como el hombre que condujo al mundo hacia la tercera Gran Guerra del siglo, sino que esperaba pasar a ser parte de la historia como el hombre que hizo todo lo posible por mantener la paz.[18]

NOTAS
[1] Grabaciones desclasificadas de los archivos Kennedy realizadas a fines de 1996. En: http://www.quepasa.cl/
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 310
[3] Nustadt, Richard – May, Ernest, Ob. Cit., Página 40
[4] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2304000/2304241.stm (Entrevista a Carlos Lechuga, embajador Cubano ante la ONU)
[5] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm (Entrevista a Bob McNamara)
[6] Nustadt, Richard – May, Ernest, Ob. Cit., Página 32
[7] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2297000/2297953.stm (Entrevista a Bob McNamara)
[8] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_2304000/2304241.stm (Entrevista a Carlos Lechuga, 12 octubre 2002)
[9] Documentos sobre a Amistad Soviético Cubana, Los Pueblos de la URSS y Cuba marcharán siempre juntos, Ediciones Pravda, Moscú, 1963. Páginas 356
[10] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 310
[11] Neustadt, Richard- May, Ernest, Ob. Cit., Página 42
[12] Ibidem, Página 41
[13] Ibidem, Página 42
[14] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 222
[15] Fontaine, Andre, Ob. Cit., Página 5
[16] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 247
[17] Freedman, Lawrence, El enfrentamiento de las superpotencias, 1945-1990. En: Historia Oxford Del Siglo XX, Ob. Cit., Página 260
[18] Neustadt, Richard- May, Ernest, Ob. Cit., Página 43

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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. Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende
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Ana Henríquez Orrego

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CARRERA DE ARMAMENTOS DURANTE LA GUERRA FRÍA


CONCEPTOS CLAVES: Carrera de armamentos – Temor nuclear – Equilibrio del terror – Disuasión atómica
Una de las características de la Guerra Fría fue el fortalecimiento de la carrera de armamentos. Cada una de las dos principales potencias se preocuparon de acrecentar sus arsenales bélicos y especialmente los nucleares.
En el año 1945, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagazaki fueron utilizadas en combate las primeras bombas atómicas. A partir de entonces, EEUU realizó mejoras en el potencial de sus bombas. En 1952 hizo explotar una bomba de Hidrógeno, con un poder destructivo mil veces superior a las utilizadas en 1945.
En 1949 la Unión Soviética fabricó su primera bomba atómica y en 1953 su primera bomba de hidrógeno. Posteriormente consiguieron fabricar armas atómicas Francia, Gran Bretaña, China y la India.
Cualquiera de esos países estaba en condiciones de utilizar el arma atómica y causar destrucciones inmensas a un posible enemigo. Como el mundo estaba dividido en bloques, todo ataque nuclear hubiera causado la respuesta del bloque contrario y una serie de reacciones en cadena que hubieran llegado a acabar con la existencia humana.
Si bien es cierto, desde hoy resulta fácil afirmar que ninguna de las partes en disputa (EEUU – URSS), estaba dispuesta a llevar a cabo una confrontación directa de carácter nuclear, el temor a ese tipo de enfrentamiento fue real, y así podrán comprobarlo a partir de los diversos documentos que analizarán a continuación.
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Durante la Guerra Fría, generaciones enteras tuvieron que vivir con el temor a una guerra nuclear. Cada uno de los bandos se esforzó por no quedarse atrás en la carrera de armamentos, aunque ninguno de ellos estaba dispuesto a comenzar la guerra… haber comenzado la guerra nuclear hubiera significado sentenciar a muerte a la humanidad” (A.H.O)
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A CONTINUACIÓN ENCONTRARÁS 7 DOCUMENTOS REFERIDOS AL TEMOR NUCLEAR Y A LA CARRERA DE ARMAMENTOS DURANTE LA GUERRA FRÍA.
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DOCUMENTO 1:
Aprender a vivir con la Bomba.
¡Usted puede sobrevivir!. Usted puede sobrevivir a un ataque con bombas atómicas y no le hará falta equipos especiales, ni ropa de protección, ni un adiestramiento especial para lograrlo (…) ¿Cuáles son sus posibilidades? Si una moderna bomba cae sobre su ciudad sin previo aviso esta misma noche, sus posibilidades de sobrevivir serían aproximadamente éstas: si Ud. Fuera uno de los desafortunados que se encontraba justamente debajo de la bomba, no hay prácticamente esperanzas de sobrevivir. De hecho, en cualquier lugar a media milla del centro de la explosión sus posibilidades son de 1 sobre 10. por otra parte, y esto es muy importante, de media milla a una milla de distancia del centro, sus posibilidades son de 50 por ciento. De una milla a una y media, la posibilidad de morir es sólo de 15 por ciento. Y en todos los puntos que distan desde la milla y media a las dos millas, las muertes descienden muchísimo, hasta sólo 2 o 3 de cada 100. más allá de las dos millas, la explosión no causará casi ningún fallecimiento.Naturalmente sus posibilidades de ser herido son mucho mayores que las de resultar muerto. Pero hasta las heridas por radioactividad no significan que Usted quede lisiado o condenado a una muerte temprana. Sus probabilidades de conseguir una plena recuperación son más o menos iguales a las de los accidentes cotidianos. Estas estimaciones son válidas ara bombas atómicas modernas lanzadas sin aviso.No se deje engañar por habladurías irresponsables sobre “super-super bombas” (…)
Fuente: Folleto repartido por el gobierno norteamericano en las escuelas, 1950-1951. (En: Francisco Veiga, La Paz Simulada, 1941-1991, Alianza Editorial, Madrid 1998)
DOCUMENTO2:
La carrera de armamentos
El régimen de Brezhnev (Secretario General del Partido Comunista de la URSS entre 1964-1982), había empezado a arruinarse solo al emprender un programa de armamento que elevó los gastos en defensa en un promedio anual de 4 a 5% durante los 20 años posteriores a 1964. La carrera había sido absurda, aunque le proporcionó a la URSS la satisfacción de poder decir que había alcanzado la paridad con los Estados Unidos en lanzadoras de misiles en 1971, y una superioridad del 25% en 1976. Hasta el pequeño arsenal atómico soviético había disuadido a los Estados Unidos durante las crisis de Cuba, y hacia tiempo que ambos bandos podían convertir el uno al otro en un montón de escombros.
…Otra consecuencia de la guerra fría fue haber llenado al mundo de armas. Ese fue el resultado de cuarenta años de competencia constante entre los grandes Estados industriales por armarse a sí mismos para una gran guerra que podía estallar en cualquier momento; Cuarenta años en que las superpotencias compitieron por ganar amigos e influencias repartiendo armas por todo el planeta, por no hablar de cuarenta años de conflicto de baja intensidad con estallidos esporádicos de guerras de importancia.

Libro: Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 250-251
DOCUMENTO 3:
El mérito de las armas nucleares
Los grandes de la tierra podrían aniquilar naciones enteras con solo pulsar un botón, pero saben que tendrían todas las posibilidades de contarse ellos mismo entre el número de las víctimas de la tempestad así desencadenada. Y si, por milagro, uno u otro lograra escapar, su victoria sólo le permitiría contemplar un reino de ruinas perdiéndose en la distancia y una raza minada en su descendencia por la otros enfermedad de las radiaciones.
No hay nada que compense este riesgo. Tienen pues que renunciar a la guerra abierta, como medio de hacer prevalecer sus ambiciones e intereses. Los planteamientos tradicionales de la política mundial se han visto trastornados en el mismo momento en que empezaban a enfrentarse en un duelo sin precedentes dos ideologías de pretensión universal, encarnadas cada una de ellas en un Estado con poder suficiente para hacer de él un candidato a la hegemonía.
La Guerra Fría es la mayor guerra de todos los tiempos. No ciertamente la que ha costado más vidas, Gracias a Dios, aunque su pretendida frialdad no debe deslumbrarnos, es la primera en la que se ha puesto en juego el dominio del mundo entero e incluso del espacio circundante, la primera que ha enfrentado, por encima de interese y pasiones a dos recetas de una bondad automática y universal.
Sería ridículo plantearla como una lucha entre el bien y el mal.
…Cada uno se ha ido acostumbrando a ver en el adversario un fuera de la ley contra quien todos los golpes estaban permitidos. El milagro es que haya podido establecerse entre estos dos mundos así enfrentados, una especie de coexistencia y que paulatinamente el diálogo y el esfuerzo de comprensión, hayan ido suplantando a la invectiva (ataque). Hay que reconocer que el mérito corresponde especialmente a los armamentos nucleares.
Libro: Andre Fontaine, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970. (Autor francés. El libro se terminó de escribir en 1965)
DOCUMENTO 4:
La paz asegurada por el equilibrio del terror
(Tras la Segunda Guerra Mundial) La situación hacia prever un tercer conflicto mundial, pero éste no se produjo. La explicación de esto va ligada a la introducción de un factor radicalmente nuevo en las relaciones internacionales: gracias a los más sorprendentes progresos tecnológicos que la historia humana jamás haya conocido, se ha sobrepasado por primera vez el límite de destrucción total. Cada una de las dos potencias hostiles, posee la capacidad de destrucción casi completa de su adversario, pero no tienen ningún medio para impedir que dicho adversario lo destruya a su vez totalmente.
Aunque uno de los dos atacase primero, el otro conservaría los suficientes medios de represalia, gracias a la dispersión de las bases, a los submarinos equipados, etc., para destruir casi por completo al agresor.
Así se llegó a la siguiente situación:
1. El empleo de la fuerza como último recurso de la política ya no tiene ningún sentido, puesto que este último recurso equivaldría a un suicidio colectivo.
2. En consecuencia las armas ya no se fabrican para ganar la guerra sino para disuadir al adversario de hacerla.
3. Esta situación de paz por el terror mutuo sería tranquilizadora para la humanidad si estuviera segura de que los responsables de los dos Grandes actuarán siempre de modo racional. Por desgracia, el acto de locura, el accidente que desencadenaría un cataclismo sin precedentes en la historia de la humanidad, no queda absolutamente descartado.
4. Por otra parte, tan sólo los grandes están casi completamente protegidos por este riesgo total. Probablemente sus aliados lo están, pero con menos certidumbre. Los otros pueden aun tener entre ellos conflictos armados convencionales en la medida en que estos conflictos armados queden localizados. Pero en cuanto un conflicto local corra el riesgo de quedar englobado en el conflicto Este-Oeste, se le bloquea inmediatamente (Ej. Suez)
Lo singular es que las dos grandes potencias se auto limitan por temor al Apocalipsis.
Libro: Duroselle, Jean, Europa de 1815 a nuestros días, vida política y relaciones internacionales, Editorial Labor, S.A., Barcelona 1978. Páginas 106-112
DOCUMENTO 5:
Exhortación del Papa Juan XXIII para trabajar por la Paz y evitar la III Guerra Mundial.
A los venerables hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y otros Ordinarios en paz y comunión con la Sede Apostólica, al clero y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad.
La carrera de armamentos y el desarme
109. Vemos, con gran dolor, cómo en las naciones económicamente más desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todavía, enormes armamentos, dedicando a su construcción una suma inmensa de energías espirituales y materiales. Con esta política resulta que, mientras los ciudadanos de tales naciones se ven obligados a soportar sacrificios muy graves, otros pueblos, en cambio, quedan sin las ayudas necesarias para su progreso económico y social.
110. La razón que suele darse para justificar tales preparativos militares es que hoy día la paz, así dicen, no puede garantizarse sí no se apoya en una paridad de armamentos. Por lo cual, tan pronto como en alguna parte se produce un aumento del poderío militar, se provoca en otras una desenfrenada competencia para aumentar también las fuerzas armadas. Y si una nación cuenta con armas atómicas, las demás procuran dotarse del mismo armamento, con igual poder destructivo.
111. La consecuencia es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico. Y, además, aunque el poderío monstruoso de los actuales medios militares disuada hoy a los hombres de emprender una guerra, siempre se puede, sin embargo, temer que los experimentos atómicos realizados con fines bélicos, si no cesan, pongan en grave peligro toda clase de vida en nuestro planeta.
112. Por lo cual la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas; que, por último, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simultáneo, controlado por mutuas y eficaces garantías. No se debe permitir -advertía nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII- que la tragedia de una guerra mundial, con sus ruinas económicas y sociales y sus aberraciones y perturbaciones morales, caiga por tercera vez sobre la humanidad.
113. Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes.
114. Es, en primer lugar, una exigencia dictada por la razón. En realidad, como todos saben, o deberían saber, las relaciones internacionales, como las relaciones individuales, han de regirse no por la fuerza de las armas, sino por las normas de la recta razón, es decir, las normas de la verdad, de la justicia y de una activa solidaridad.
115. Decimos, en segundo lugar, que es un objetivo sumamente deseable. ¿Quién, en efecto, no anhela con ardentísimos deseos que se eliminen los peligros de una guerra, se conserve incólume la paz y se consolide ésta con garantías cada día más firmes?
116. Por último, este objetivo es extraordinariamente fecundo en bienes, porque sus ventajas alcanzan a todos sin excepción, es decir, a cada persona, a los hogares, a los pueblos, a la entera familia humana. Como lo advertía nuestro predecesor Pío XII con palabras de aviso que todavía resuenan vibrantes en nuestros oídos: Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra.
117. Por todo ello, Nos, como vicario de Jesucristo, Salvador del mundo y autor de la paz, interpretando los más ardientes votos de toda la familia humana y movido por un paterno amor hacia todos los hombres, consideramos deber nuestro rogar y suplicar a 1a humanidad entera, y sobre todo a los gobernantes, que no perdonen esfuerzos ni fatigas hasta lograr que el desarrollo de la vida humana concuerde con la razón y la dignidad del hombre.
118. Que en las asambleas más previsoras y autorizadas se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos.
119.Por nuestra parte, Nosotros no cesaremos de rogar a Dios para que su sobrenatural ayuda dé prosperidad fecunda a estos trabajos
Convicciones y esperanzas de la hora actual
126. Se ha ido generalizando cada vez más en nuestros tiempos la profunda convicción de que las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no con las armas, sino por medio de negociaciones y convenios.
127. Esta convicción, hay que confesarlo, nace, en la mayor parte de los casos, de la terrible potencia destructora que los actuales armamentos poseen y del temor a las horribles calamidades y ruinas que tales armamentos acarrearían. Por esto, en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado.
128. Sin embargo, vemos, por desgracia, muchas veces cómo los pueblos se ven sometidos al temor como a ley suprema, e invierten, por lo mismo, grandes presupuestos en gastos militares. Justifican este proceder -y no hay motivo para ponerlo en duda- diciendo que no es el propósito de atacar el que los impulsa, sino el de disuadir a los demás de cualquier ataque.
129. Esto no obstante, cabe esperar que los pueblos, por medio de relaciones y contactos institucionalizados, lleguen a conocer mejor los vínculos sociales con que la naturaleza humana los une entre sí y a comprender con claridad creciente que entre los principales deberes de la común naturaleza humana hay que colocar el de que las relaciones individuales e internacionales obedezcan al amor y no al temor, porque ante todo es propio del amor llevar a los hombres a una sincera y múltiple colaboración material y espiritual, de la que tantos bienes pueden derivarse para ellos.
…La organización de las Naciones Unidas
142. Como es sabido, e1 26 de junio de 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas, conocida con la sigla ONU, a la que se agregaron después otros organismos inferiores, compuestos de miembros nombrados por la autoridad pública de las diversas naciones; a éstos les han sido confiadas misiones de gran importancia y de alcance mundial en lo referente a la vida económica y social, cultural, educativa y sanitaria. Sin embargo, el objetivo fundamental que se confió a la Organización de las Naciones Unidas es asegurar y consolidar la paz internacional, favorecer y desarrollar las relaciones de amistad entre los pueblos, basadas en los principios de igualdad, mutuo respeto y múltiple colaboración en todos los sectores de la actividad humana.
143. Argumento decisivo de la misión de la ONU es la Declaración universal de los derechos del hombre, que la Asamblea general ratificó el 10 de diciembre de 1948. En el preámbulo de esta Declaración se proclama como objetivo básico, que deben proponerse todos los pueblos y naciones, el reconocimiento y el respeto efectivo de todos los derechos y todas las formas de la libertad recogidas en tal Declaración.
145. Deseamos, pues, vehementemente que la Organización de las Naciones Unidas pueda ir acomodando cada vez mejor sus estructuras y medios a la amplitud y nobleza de sus objetivos. ¡Ojalá llegue pronto el tiempo en que esta Organización pueda garantizar con eficacia los derechos del hombre!, derechos que, por brotar inmediatamente de la dignidad de la persona humana, son universales, inviolables e inmutables. Tanto mas cuanto que hoy los hombres, por participar cada vez más activamente en los asuntos públicos de sus respectivas naciones, siguen con creciente interés la vida de los demás pueblos y tienen una conciencia cada día más honda de pertenecer como miembros vivos a la gran comunidad mundial.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día de jueves Santo, 11 de abril del año 1963, quinto de nuestro pontificado

Fuente: Fragmento de la Encíclica publicada por Juan XXIII Pacem in Terris el año 1963. “Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”
DOCUMENTO 6:
Carrera de armamento nuclear: una característica de la Guerra Fría.
Durante la Guerra Fría se empleó la diplomacia nuclear… Para los norteamericanos, la superioridad nuclear no era solo un requisito de la seguridad nacional, sino una cuestión de supremacía nacional. Para los soviéticos, la superioridad nuclear norteamericana amenazaba su existencia.
Todos los gobiernos norteamericanos de la posguerra fueron objeto de presiones para que fabricaran más armas nucleares…
Con el fin de conseguir más apoyo del Congreso al incremento de los gastos de defensa, el complejo militar-industrial aprovechó repetidas veces el miedo de los ciudadanos de la Unión Soviética, para lo cual hizo estimaciones exageradas de las capacidades soviéticas.
Los soviéticos se sintieron obligados a mantenerse a la altura de su adversario, más avanzado en el campo de la tecnología, y con el tiempo lograron igualar en número, aunque no en calidad, prácticamente todas las principales armas nucleares de Estados Unidos. Se dio la paradoja de que el resultado final de este ciclo de acción-reacción fue un incremento de la inseguridad tanto norteamericana como soviética. Cuantas más armas norteamericanas apuntaban a la Unión Soviética, más armas nucleares soviéticas apuntaban a Estados Unidos

Libro: Ronald Powaski, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000.
DOCUMENTO 7:
Comenzar una Guerra nuclear era firmar un pacto suicida
La paz se mantuvo durante la Guerra Fría porque a pesar de la retórica utilizada por ambas parte, ninguna de ellas estaba dispuesta a llegar al enfrentamiento directo, por tanto, una de las premisas durante este periodo era que la coexistencia pacífica entre ambas potencias era posible.
Como ejemplos claros de esta situación tenemos la Guerra de Corea en 1950-53 y la crisis de los misiles en Cuba en 1962. En ambos casos las partes no se arriesgaron a comenzar el enfrentamiento directo porque conocían los riesgos que ello significaba. En el caso de Corea, Estados Unidos participó directamente, mientras que la URSS lo hizo de manera encubierta a través de los Chinos. Esa situación la sabían la norteamericanos, pero se mantuvo en secreto porque se dedujo que lo último que quería Moscú era un enfrentamiento abierto. En la crisis de los misiles en 1962 ambas partes retrocedieron y lograron salir del problema sin verse involucrados en la guerra directa.
La URSS aprendió durante la Guerra Fría que los llamamientos de Estados Unidos a “hacer retroceder al comunismo” no eran más que propaganda, ya que lo que primaba realmente era el respeto a la esfera de influencia soviética
Una vez que la URSS se hizo con armas nucleares, atómica 1949, hidrógeno 1953, ambas superpotencias dejaron de utilizar la guerra como arma política en sus relaciones mutuas, pues era el equivalente a un pacto suicida. Sin embargo, ambas superpotencias se sirvieron de la amenaza nuclear… la confianza de que no se utilizarían parecía estar justificada, pero al precio de desquiciar los nervios de varias generaciones. El ejemplo más significativo es la crisis de los misiles cubanos.
Durante la Guerra Fría se desplazó el enfrentamiento desde el ámbito de la razón al de la emoción. Tanto el gobierno soviético como el gobierno norteamericano satanizaron a su enemigo global, pero el gobierno soviético no tenía que preocuparse por ganarse los votos de los congresistas o por las elecciones presidenciales y legislativas, al contrario que el gobierno de los Estados Unidos. En esas circunstancias fue que el anticomunismo apocalíptico se volvió útil y tentador.
Un enemigo exterior que amenazase a Estados Unidos le resultaba práctico a los gobiernos norteamericanos, que habían llegado a la acertada conclusión de que los Estados Unidos eran ahora una potencia mundial. Como fantasma y como uno de los mayores obstáculos internos se encontraba el aislacionismo. Si los mismísimos Estados Unidos no estaban a salvo, entonces no podían renunciar a las responsabilidades y recompensas del liderazgo mundial, igual que hicieron al termino de la primera gran guerra.
… Las armas atómicas no se usaron, pese a que las potencias nucleares participaron en tres grandes guerras, aunque sin llegar a enfrentarse. Se involucraron en Corea, Vietnam y Afganistán, pero en ninguno de ellos el éxito estuvo de su parte, por ello los costosos equipamientos militares propios de la rivalidad entre las superpotencias demostraron ser ineficaces. Más evidentes resultan las consecuencias políticas de la Guerra Fría, que, casi de inmediato, polarizó el mundo dominado por las superpotencias en dos bandos claramente divididos.
Libro: Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 16-26
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