REVOLUCIÓN RUSA (DOCUMENTOS)


 En este cartel de propaganda soviético se refleja con claridad los objetivos de la Revolución Rusa, dirigida en primera instancia (1917-1924) por Lenin, quien aparece barriendo del mundo a las monarquías, los capitalistas y los representantes de la Iglesia. 

BREVE RESEÑA
Entre 1905 y 1917, Rusia fue escenario del triunfo de la primera revolución socialista del mundo. Al contrario de los que había pensado Marx, esta revolución tuvo lugar en una sociedad deficientemente industrializada, donde la mayoría de la población estaba dedicada a la agricultura. Lenin, líder de los bolcheviques, dirigió el primer gobierno de la Rusia soviética, que aprobó el reparto de las tierras entre los campesinos y el control de las fábricas por los obreros, y que en 1922 constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La última etapa de la Revolución fue llevada a cabo por Stalin, que convirtió a la URSS en una gran potencia industrial a costa de eliminar libertades constitucionales y establecer un régimen totalitario.

TEXTOS:

1. Situación del campesino ruso en la época zarista
2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.
3. El domingo sangriento,
4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II, febrero 1905
5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso
6. Trotski: Revolución de 1905
7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905
8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano
9. El poder ara los soviets
10. El soviets de Petrogrado
11. Satlin: «Un partido fuerte»
12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas
13. Una economía planificada
14. Los planes quinquenales
15. La colectivización de la agricultura

I. RUSIA ZARISTA

1. Situación del campesino ruso en la época zarista
«Aunque los campesinos pagaron su liberación, no lograron ser hombres libres; siguieron estando atados por veinte años más; se les redujo a la más ínfima condición y así han estado hasta hoy: podían ser azotados, tenían que pagar impuestos especiales, no tenían derecho a salir libremente de la comuna semifeudal, ni disponer a su albedrío de sus tierras y menos aún establecerse en cualquier otro territorio del Estado ruso.»
LENIN, Apud HILL, Christopher: La revolución rusa.» Arici, Barcelona, 1969.

2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.

«¡Señor! Nosotros, obreros de San Petersburgo, nuestras mujeres, hijos y ancianos inválidos, llegamos ante ti para impetrar justicia y protección. Estamos en la Miseria, oprimidos y cargados con trabajo excesivo, tratados como esclavos que deben soportar pacientemente su amarga suerte y callar.

Creemos ser preferible morir que prolongar insoportables sufrimientos. Hemos abandonado el trabajo y declarado a los patronos nuestro propósito de no reintegrarnos al mismo hasta que satisfagan nuestras demandas. Pedimos pocas cosas. Nuestra primera petición es que los patronos examinen con nosotros las Peticiones. Esto ha sido rechazado, así como el derecho de hablar de nuestras necesidades (…).

También han considerado ilegal nuestro deseo de disminuir el horario de trabajo hasta las ocho horas diarias, de convenir el salario (…), de que se mejoren las condiciones de trabajo. Según los patronos, todo es ilegal; nuestras demandas, un crimen,

¡Señor! Estamos aquí Más de 300 000 hombres solamente por sus apariencias y aspecto. Cualquiera que entre nosotros intente elevar su voz para defender los intereses de la clase obrera será aprisionado y deportado (…).

¡Señor!, ¿Esto es conforme con las leyes divinas, en cuya virtud gobernáis? Por esto, nos hemos congregado cerca de los muros de tu palacio. Es aquí donde buscamos el último saludo. No rehúses proteger a tu pueblo. Sácale de la tumba de la arbitrariedad, de la miseria Y de la ignorancia.

Ordena inmediatamente convocar a los «representantes de todas las clases y órdenes del pueblo ruso. Y para esto, manda que las elecciones a la Asamblea Constituyente se hagan según el sufragio universal, secreto e igual. Es nuestra petición más importante.»

Apud. VOILLIARD Y otros: «Documents d’Histoire, II, Armand Colia, París, 1964, págs. 102-103. EN: J.. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p.152

3. El domingo sangriento

«Domingo, 22 de enero, Un día penoso. Se han producido grandes desórdenes en San Petersburgo por que unos obreros querían subir Palacio de Invierno. Las tropas han abierto fuego en varios lugares de la ciudad; ha habido muchos muertos y heridos. ¡Dios mío, qué penoso y que triste! Mamá ha llegado de la ciudad y ha ido directamente a misa. (…)

Diario de Nicolás II. Apud MARTINEZ DEGRAIN: “Los días rojos”. Historia 16, Nº 7. Madrid, 1976.

4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II. 1905

He aquí ese documento:

Nos. Conformándonos a las últimas y sagradas voluntades de nuestros antepasados que nos han precedido en el trono, y pensando sin cesar en la felicidad del Imperio que Dios nos ha confiado, observaremos sin modificar en nada os principios inquebrantables sobre los cuales está fundado el Imperio, y consideramos como deber de nuestro gobierno consagrar nuestros esfuerzos, dedicar sin descanso nuestra solicitud a los necesitados del país, distinguiendo lo que responde realmente a los intereses del pueblo ruso, de las tendencias que con demasiada frecuencia se orientan a las falsas direcciones y sufren el influjo de pasajeras circunstancias.

Si la necesidad de tal o cual innovación se comprueba con certidumbre. Nos consideramos entonces como necesario proceder a su realización, aún cuando esta medida provoque la entrada en la legislación de innovaciones esenciales.

Nos no dudamos que, en lo que queda de una empresa tan compleja, nos encontraremos en comunión de sentimientos con aquellos de nuestros súbditos que penetrados de leales pensamientos, vean con perspicacia donde se encuentre realmente la prosperidad de la patria, queremos decir, en la conservación de la pública tranquilidad y en la constante satisfacción de las cotidianas necesidades del pueblo.

Nuestra más viva solicitud va primeramente a la clase mas numerosa de los que compones nuestros pueblo, a la clase se campesinos que queremos organizar para bien de sus intereses y de su bienestar. Nos queremos hacer saber que esta cuestión está en estudio. Ha sido entregada a un examen concienzudo, lo mismo que los primitivos proyectos del Ministerio del Interior, cuya detallada indicación ha sido dada en su lugar respectivo.

En este momento se toman deliberaciones en las que tercian los miembros más eminentes y los más competentes de la administración y se refieren a las cuestiones más importantes que interesan a los campesinos. Estas cuestiones se dilucidan a la luz de su ciencia y según los datos de investigaciones hechas sobre las necesidades generales de la clase agrícola por las comisiones locales.

Nos hemos dispuesto que estos trabajos que constituyen una legislación que toca a los campesinos sean incorporados a la legislación general del imperio. Así será facilitada a tarea de asegurar de modo permanente, la seguridad de esta clase a la que una ordenanza imperial reconoce la independencia y la plenitud de sus derechos de ciudadanos libres.

Examinando después el segundo grupo de reivindicaciones populares verdaderamente dignas, Nos reconocemos como urgente para regularizar y vigorizar la administración del estado para la seguridad de la vida pública.

1º tomar medidas eficaces para la protección de las leyes y su cumplimiento sin reservas, atendido que las leyes son lemas firme sostén del trono en un imperio autocrático. A este efecto, Nos consideramos como el primero de los deberes para todas las autoridades que Nos están sometidas y sobre todos loa territorios sobre los cuales Nos reinamos, la aplicación integral e igual de estas leyes para con todos.
Quien quiera que nos las aplique será legalmente responsable de estos arbitrarios procederes.

Para ello se facilitará quienes sean víctimas de estros tratamientos arbitrarios, los medios de obtener justicia.

2º confiar a las instituciones locales y municipales el cuidado de tomar la mayor parte posible en la administración, haciendo justicia a las reivindicaciones locales de diversos órdenes y concediendo, por otra parte, a las localidades, la independencia, necesaria dentro de los límites fijados por la ley, y de convocar en comisiones análogas, a formar parte de estas instituciones a los representantes de todas las fracciones de la población interesadas en los negocios locales, a fin de dar satisfacción, en la más amplia manera posible, a los deseos de esta población; de crear a demás de los zemstvos del Gobierno y de los zemstvos del distrito y en estrecha relación con ellos, instituciones públicas que se ocupen en la administración local y e la prosperidad de los negocios sobre territorios de corta extensión.

3º a fin de conservar y de hacer observar la igualdad de toda clase de persona delante de los tribunales, introducir en la administración judicial la unidad necesaria de asegurar a las instituciones jurídicas la estabilidad e independencia indispensables.

4º con el propósito de favorecer la extensión de las medidas ya tomadas para mejorar la suerte de los obreros de fábricas, talleres y todo linaje de industrias, trabajar por instituir en su favor un seguro por el Estado.

5º revisar las leyes de excepción dictadas en un tiempo en que los enemigos del orden público desplegaban una actividad criminal sin ejemplo, y cuya promulgación había sido acompañada de una extensión considerable de poderes arbitrarios de las autoridades administrativas, y a esforzarse en restringir lo más posible los territorios a los cuales ellos se aplican y , de igual modo, limitar a los únicos casos en que la seguridad de Estado sea realmente amenazada, las restricciones que por esas leyes se hace a los derechos particulares.

6º proceder a una revisión de las leyes que conciernen a los derechos de disidentes y súbditos que pertenecen a religiones heterodoxas o no cristianas, o a cualquiera otra religión. Nos deseamos afirmar con nueva fuerza el vivo deseo que en nuestro manifiesto de 11 de marzo de 1903, manifestábamos desde el fondo de nuestro corazón, de proteger y hacer inviolable por leyes fundamentales del imperio, la tolerancia en asuntos de creencias, y de tomar desde luego,, en el orden administrativo los medios convenientes para hacer desaparecer toas las limitaciones ala libertad religiosa que no están directamente indicadas en la ley.

7º de ordenar una revisión de las ordenanzas existentes que limitan los derechos de los extranjeros y en ciertos puntos del imperio, de los nacionales. Aquellas disposiciones subsistían, que en el porvenir sean exigidas por los intereses actuales del imperio y por el bien del pueblo ruso.

8º de hacer desaparecer de las ordenanzas en actual vigor que afectan a la prensa, las restricciones superfluas y dará la palabra impresa los límites claramente especificados por la ley: así será acordada a la prensa nacional facultad de cumplir dignamente su noble misión y de ser la verdadera intérprete de los esfuerzos nacionales para bien da la Rusia.
Nos prescribiremos en un porvenir muy próximo y apoyándonos sobre estos principios, una serie de grandes innovaciones interiores, una parte de la cual preparada conforme a las instrucciones por Nos precedentemente dadas, está ya presta a ser sometida a un examen preliminar. Nos juzgamos útil someter los programas que acaban de ser formulados, a un examen que debe versar sobre los medios más propios para asegurar su rápida y completa realización y su incorporación a la serie de nuestras instituciones políticas; y sobre el modo de hacer más estrecha la unión de las diversas partes de la administración.
La comisión de ministros debe examinar todos los puntos tratados aquí, buscar el mejor medio de realizar nuestras intenciones y prestarnos el más breve plazo posible las decisiones sobre la dirección que debe darse a las medidas de que se trata en la presente ordenanza de los asuntos que nos hemos señalado.- NICOLAS II>>

En: SUCESOS Nº 131 del 24-2-1905, páginas 36-38. Nº 132 del 3-3-1905,
páginas 36-38

En: SUCESOS Nº 131 del 24-2-1905, páginas 36-38. Nº 132 del 3-3-1905,
páginas 36-38

5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso

La guerra ruso-japonesa de 1904-1905, que convirtió al Japón en la primera potencia del Extremo Oriente, fue causa de grandes trastornos en la Rusia zarista, que preludiaron la revolución bolchevique de 1917. A la agitación de carácter político-social emprendida por los partidarios de una liberalización del régimen, se unió la revuelta de los elementos alógenos del Imperio contra la opresión nacional y los intentos de rusificación que sufrían. El diplomático francés Maurice Bompard legó de aquellos acontecimientos el siguiente testimonio.

“Los desórdenes fueron multiplicándose en Rusia en el transcurso del verano de 1905; al llegar el otoño, se extendían a todo el Imperio, variando de carácter y de intensidad según las regiones.

En Finlandia, el movimiento era puramente político. Finlandia no estaba ligada a Rusia más que a través de un vínculo personal, dado que el Emperador era su Gran Duque. La autonomía de Finlandia había siempre sido respetada, al igual que su constitución independiente. Nicolás, con miras a una mayor unidad, decidió subordinar la dieta de Finlandia al Consejo del Imperio y someter a los finlandeses al servicio militar ruso. La indignación cundió por doquier. El gobernador, general Bobrikof, adoptó severas medidas en contra de los recalcitrantes y acabó siendo asesinado en junio de 1904, en las escalinatas del Palacio del Gobierno. Desde entonces el descontento y los desórdenes fueron en aumento y, periódicamente, se producían graves disturbios.

El Cáucaso estaba ensangrentado por las luchas que oponían a los tártaros y los armenios. En Bakú, se enzarzaban en verdaderas batallas que ocasionaban centenares de víctimas. Las explotaciones petrolíferas de la península de Apseron estaban en llamas. Fue necesario destacar tropas para que abriesen una brecha con el fin de que el Sha de Persia, procedente de San Petersburgo, pudiese reintegrarse a sus Estados.

En Transcaucasia, los tártaros habían puesto el cerco a Choucha donde se habían refugiado numerosos armenios. También tenían lugar numerosos disturbios en las zonas rurales de Georgia, donde el régimen feudal mantenía unas huellas que resultaban insoportables para las poblaciones campesinas de nuestra época.

En Polonia, los disturbios adoptaban las formas más variadas. En los centros industriales, los obreros se declaraban en huelga una y otra vez, y dichas huelgas, las más de las veces, cobraban un sesgo revolucionario e iban acompañadas de desórdenes en la vía pública. En el campo, se producían violentas manifestaciones dirigidas contra la desmesurada extensión de las propiedades de la nobleza y esas manifestaciones degeneraban, a menudo, en actos de violencia. En cuanto a la burguesía, ésta arremetía contra el régimen ruso y, a este respecto, hallaba el asenso general…

En las provincias bálticas, las perturbaciones revistieron aún mayor gravedad. Si bien eran de carácter agrario, como en Rusia propiamente dicha, no ofrecían exactamente el mismo cariz ya que se complicaban con la cuestión de las nacionalidades. Los letones que pueblan esas provincias han sido desposeídos de sus tierras en el curso de los siglos anteriores por los caballeros teutónicos y, en la época de la cual hablo, menos de doscientas familias alemanas detentaban aún las tres cuartas partes del suelo, en tanto que los letones autóctonos no poseían más que el veinticinco por ciento restante. Cuarenta años antes que los mujiks de Rusia, habían sido liberados de su condición de siervos por Alejandro I, pero sin que les fuese concedida tierra alguna, de tal suerte que formaban un inmenso proletariado agrícola. Poseídos de un odio atávico en contra de los propietarios, los campesinos letones se comportaban con el mayor salvajismo. Prendían fuego a los castillos y a sus dependencias, robaban el ganado, asolaban las plantaciones y mataban a los barones baltos que caían entre sus manos… Al gobierno ruso no se le ocurrió más solución que la de instituir un Gobierno General para las tres provincias bálticas y asambleas provinciales elegidas, análogas a los Zemstvos de Rusia Central”.

MAURICE BOMPARD: : Mon ambassade en Russie (París 1908), Págs. 182-186.

6. Trotski: Revolución de 1905

Bajo las condiciones contemporáneas rusas la preponderancia social de la población industrial sobre la rural es incomparablemente mayor que en ningún momento de las viejas revoluciones europeas y, además, un proletariado industrial claramente definido ha reemplazado a las caóticas plebes. Sin embargo hay algo que no ha cambiado: sólo un partido que tiene tras de sí a las masas revolucionarias urbanas y que no tiene miedo -por devoto respeto a la propiedad privada burguesa- de revolucionar la propiedad feudal puede confiaren el campesinado en tiempos de revolución. En la actualidad sólo el partido socialdemócrata se encuentra en tales condiciones.

En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p. 152.

7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905

En lo que a sus tareas directas e indirectas concierne, la rusa es una revolución ‘burguesa» porque se propone liberar a la sociedad burguesa de las cadenas y grilletes fiel absolutismo y de la propiedad feudal. Pero la principal fuerza conductora de la revolución rusa es la clase obrera y por ello es una revolución proletaria en lo que a su método respecta. Muchos pedantes que insisten en determinar el papel histórico del proletariado por medio de cálculos aritmético o estadísticos o en establecerlo mediante analogías históricas formales, se han mostrado incapaces de digerir esta contradicción. Ven a la burguesía como el líder de la revolución rusa, enviada por la providencia. Intentan envolver al proletariado, que de hecho marchó á la cabeza de los acontecimientos en todos los estadios de los levantamientos revolucionarios, en los pañales de su propia inmadurez teórica. Para esos pedantes, la historia de una nación capitalista repite la historia de otra con algunas divergencias más o menos importantes. Hoy son incapaces de ver el proceso unificado del desarrollo del mundo capitalista, que se traga a todos los países que encuentra a su paso y que crea, de las exigencias nacionales y generales del capitalismo, una amalgama cuya naturaleza no puede comprenderse mediante la aplicación de clihés, sino únicamente mediante el análisis materialista.

No puede haber analogía de desarrollo histórico entre Inglaterra, pionera del capitalismo, que ha estado creando nuevas formas sociales durante siglos y que también ha creado una poderosa burguesía como expresión de estas nuevas formas y, por otro lado, las colonias de la actualidad, a las que el capital europeo envía carriles, coches dormitorios, tuercas y cerrojos, para uso de la administración colonial, y después, con rifles y bayonetas, conduce directamente a los nativos de su medio ambiente primitivo a la civilización capitalista: no puede haber analogía de desarrollo histórico, por cierto, pero existe una profunda conexión interna entre ambos.

(…)

La gran Revolución Francesa ha sido verdaderamente una revolución nacional. Pero más aún: aquí, dentro de un marco nacional, la lucha mundial del orden burgués por la dominación, por el poder y por el triunfo total encontró su clásica expresión.

En 1848 la burguesía ya era incapaz de desempeñar un papel similar. No quería y no podía asumir la responsabilidad de una liquidación revolucionaria del orden social que obstruía el camino de su propia dominación. Su tarea consistió en introducir en el viejo orden ciertas garantías esenciales, no de su propia dominación política, sino sólo del poder compartido con las fuerzas del pasado. No sólo fracasó en conducir a las masas al asalto del antiguo orden: utilizó a éste como defensa contra las masas que intentaban impulsarlo. Su conciencia se rebeló contra las condiciones objetivas de su dominio. Las instituciones democráticas se reflejaban en su mente no como meta y propósito de su lucha sino como amenaza a su bienestar. La revolución no podía ser hecha por la burguesía sino contra ella. Por eso, una revolución triunfante en 1848 hubiese necesitado una clase capaz de marchar a la cabeza de los acontecimientos a pesar de la burguesía, una clase preparada no sólo para impulsar a la burguesía por la fuerza de su presión sino también, en el momento decisivo, para apartar de su camino el cadáver político de la burguesía.

Ni la pequeña burguesía ni el campesinado estaban capacitados para hacerlo. La pequeña burguesía era hostil no sólo al pasado inmediato sino también al futuro posible, al mañana. Se encontraba todavía encadenada por relaciones medievales incapaz de resistir a la ‘libre’ industria; todavía se centraba en las ciudades pero rendía su influencia a la media y alta burguesía; sumergida en sus prejuicios, ensordecida por el rugir de los acontecimientos, explotadora y explotada codiciosa e impotente en su codicia, la pequeña burguesía provinciana era incapaz de dirigir los acontecimientos mundiales.

El Campesinado: se encontraba privado de iniciativa independiente en un grado aún mayor. Disperso, alejado de las ciudades que eran los centros nerviosos de la política y la cultura, mentalmente embotado, con los horizontes intelectuales cercados como sus praderas y campos, indiferente hacia todo lo que las ciudades habían creado mediante la invención y el pensamiento, el campesinado no podía tener ninguna significación dirigente. Satisfecho en cuanto le quitaron de los hombros la carga de los diezmos feudales, les pagó a las ciudades -que habían luchado por sus derechos- con ingratitud: los campesinos liberados se volvieron fanáticos del «orden».

El intelectual democrático: desprovisto de fuerza de clase, trotaba detrás de la burguesía liberal como si ésta fuese su hermana mayor. Actuaba simplemente como su furgón de cola. La abandonó en los momentos de crisis. Sólo le reveló su propia impotencia. Fue confundido por sus contradicciones –que aun no habían madurado plenamente- y llevó consigo esta confusión a todos los sitios donde fue.

El Proletariado: era demasiado débil y contaba con muy poca organización experiencia y conocimiento. El desarrollo capitalista había llegado lo suficientemente lejos como para necesitar la destrucción de las antiguas relaciones feudales pero no como para promover a las clases trabajadoras –producto de la nuevas relaciones de producción- a la posición de una fuerza política decisiva. El antagonismo entre el proletariado y la burguesía había ido demasiado lejos para permitir que la burguesía asumiera el papel de liderazgo nacional sin temor, pero no para permitir al proletariado asumir dicho papel.
Trotski: La Revolución de 1905, Pág. 59-60

II. REVOLUCION 19178. Lenin y su concepción de la revolución«La peculiaridad del momento actual en Rusia es el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia de clases y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de los sectores pobres de los campesinos, Este paso se caracteriza, por una parte, por un máximo de legalidad (Rusia es actualmente de todos los países beligerantes, el más libre del mundo); por otra por la falta de violencia contra las masas, y finalmente por la confianza irreflexiva de estas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo Esta situación peculiar exige de nosotros capacidad para adaptamos a las condiciones especiales de la labor del partido entre grandes masas del proletariado que, nunca vistas hasta ahora, acaban de despertar a la vida política»
Vladimir Ilich Lenin «Tesis de Abril 1917».
En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe,
Barcelona 2001, p. 154.

8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano

«Eran justamente las ocho y cuarenta cuando una tempestad de aplausos anunció la entrada de la presidencia con Lenin, el gran Lenin. Una silueta rechoncha, concentrada: una gran cabeza redonda, calva, hundida entre los hombros; unos ojillos, una nariz roma, la boca grande y generosa, la mandíbula pesada… Estaba perfectamente afeitado, pero su barba, tan conocida antes y que en adelante sería eterna, empezaba ya a despuntar en su rostro. El traje raído, el pantalón demasiado largo. Poco agraciado físicamente para ser el ídolo de la multitud, fue amado y venerado, sin embargo, como Pocos jefes en el curso de la Historia. Un extraño jefe popular; jefe por el único poder del espíritu. Sin brillantez, sin humor, intransigente y distante, sin ninguna particularidad pintoresca, pero con el poder de explicar ideas profundas en términos simples, de analizar concretamente situaciones y en posesión de la más grande audacia intelectual (…). Por fin, Lenin se levantó. Apoyándose en el borde de la tribuna, pasea sobre la concurrencia sus ojuelos parpadeantes, aparentemente insensible a la inmensa ovación (…). Cuando ésta se terminó, dijo sencillamente:

– Ahora pasamos a la edificación del orden socialista.
Nuevamente estalló en la sala una formidable borrasca humana.
– En primer lugar, es necesario adoptar medidas prácticas para realizar la paz.»

(John Reed: Diez días que estremecieron al mundo. Barcelona, los libros de Pion, 1 982. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, dit. Anaya, Madrid, 1996. p. 67)

9. El poder para los soviets

El paso del poder a los soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Renunciar a la insurrección armada equivaldría a renunciar a la consigna más importante del bolchevismo “todo el poder a los soviets” y a todo internacionalismo proletario-revolucionario en general. Pero la insurrecci6n armada es un aspecto especial de la lucha política sometido a leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas (…).

Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones, en lo que a la insurrección armada se refiere, citando las palabras de Danton, el mayor maestro de táctica revolucionaria que hasta hoy se conoce: «¡De l’audace, de llaudace, encare de l’audace!»
Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir:

– Ofensiva simultánea, y lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado, ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Reval, de Cronstandt, ofensiva de toda la flota y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas contra nuestra “guardia burguesa”. (Los junkers) formada por unos 15.000 o 20.000 hombres (acaso más) contra las tropas de nuestra «Vendeé» (una parte de los cosacos), etc.

– Combinar nuestras tres fuerzas principales, la flota, los obreros y las unidades militares, de tal modo, que por encima de todo, podamos ocupar y conservar, cualquiera que sea el número de bajas que cueste: a), la central de teléfonos; b), la central de telégrafos; c), las estaciones ferroviarias, y d), los puentes, en primer término.

– Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras «tropas de choque» y a la juventud obrera, así como a los mejores marinos) y formar con ellos pequeños destacamentos destinados a ocupar los puntos más importantes y a participar en todos los sitios en las operaciones de más importancia, como por ejemplo:

Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la flota, los obreros y las tropas: he aquí una misi6n que requiere habilidad y triple audacia.

Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y bombas de mano para atacar y cercar los ‘centros» del enemigo (escuelas militares, centrales de telégrafos y teléfonos, etc.).

La consigna de estos elementos debe ser: antes perecer todos que dejar pasar al enemigo.

El triunfo de la revolución rusa y de la revoluci6n mundial depende de dos o tres días de lucha.»

(Consejos de un ausente. Carta de Lenin al Comité Central, 8 de octubre de 1 917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69


10. El «soviet» de Petroqrado

«Camaradas proletarios, trabajadores de todos los países (…).
Nosotros, soldados y obreros rusos, unidos en el seno del Soviet de los diputados de obreros y soldados, os enviamos nuestros saludos calurosos y os informamos de un gran suceso. La democracia rusa ha derribado el despotismo de los zares y ha entrado totalmente en la familia de las naciones como miembro igual a las demás y como una poderosa fuerza en el combate para nuestra liberación. Nuestra victoria es una gran victoria para la libertad y la democracia. El pilar de la reacción en el mundo, el «gendarme de Europa», ha desaparecido. Ha de ser enterrado para siempre. Viva la libertad. Viva la solidaridad internacional del proletariado y viva su combate para la victoria ¡¡no¡ (…).

Los pueblos de Rusia expresarán su voluntad en una Asamblea constituyente, que será pronto convocada sobre la base de¡ sufragio universal, directo, igual y secreto. Se puede ya predecir con confianza que una república democrática se instaurará en Rusia. El pueblo ruso posee ahora una libertad total (…).

Trabajadores de todos los países: tendiendo nuestras manos como hermanos por encima de las montañas de los cuerpos de nuestros muertos (…) os hacemos un llamamiento para restaurar la unidad internacional (…).

¡Proletarios de todos los países, uníos!
El Soviet de los diputados de obreros y soldados de Petrogrado.»

(Declaraci6n del Soviet de Petrogrado a todos los pueblos, 27 de marzo de 1917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69

III. STALIN CONSOLIDA LA REVOLUCIÓN11. Satlin: «Un partido fuerte»De aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del partido y con su férrea disciplina. Huelga demostrar que la existencia de fracciones conduce a la existencia de diversos centros y que la existencia de diversos centros significa la ausencia de un centro general dentro del partido, el quebrantamiento de la unidad de la voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente los partidos de la Segunda Internacional, que luchan contra la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios al poder, pueden permitirse ese liberalismo que supone la libertad de existencia de fracciones, pues ellos no necesitan parta nada una disciplina férrea. Pero los partidos de la Internacional Comunista, que basan todo su trabajo en la tarea de la conquista de la dictadura del proletariado y de su consolidación, no pueden admitir ni el liberalismo ni la libertad de existencia de fracciones. El partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionamiento y toda división de poderes dentro del partido»
José Stalin, Los Fundamentos del Leninismo. 1924. En. Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid, 1996, p. 70

«La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposible sin un partido fuerte por su cohesión y su férrea disciplina. Pero la férrea disciplina dentro del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción completa y absoluta de todos sus miembros.

12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas

«Desde mis años jóvenes había comenzado mi trabajo bajo la dirección de Vladimir llich Lenin; Me instruía a su lado, desempeñaba las tareas que él me encomendaba (…). Y he aquí que en 1937, camaradas, yo corrí la suerte de muchos. Ocupaba un puesto de dirección en el comité regional del Partido en Leningrado y, naturalmente, fui arrestado también (…); sentí un inmenso terror no por mí mismo, sino por el Partido. No podía comprender por qué motivo se arrestaba a los viejos bolcheviques (…).

Ni al instante, ni durante dos años y medio de prisi6n, ni cuando se me envió luego deportado a un campo (donde he pasado 17 años), había acusado entonces a Stalin (…). Apreciaba a Stalin, sabía que él había poseído grandes méritos antes de 1934, y lo defendía.

Camaradas, heme aquí de vuelta, enteramente rehabilitado. Era el momento justo en el que se desarrollaba el XX Congreso del Partido. Fue aquí donde supe, por primera vez, la cruel verdad sobre Stalin.

El gran mal causado por Stalin no estaba solamente en el hecho de que muchos de nuestros mejores (miembros) hubiesen desaparecido, sino en que reinaba la arbitrariedad, en que se fusilaba sin juicio, en que los inocentes eran arrojados a la prisión. Toda la atmósfera creada entonces en el Partido era contraria al espíritu de Lenin, era su disonancia.»

(Testimonio de un prisionero. XX Congreso del PC de la URSS. En Cahiers du comunismo, 1 diciembre de 1961.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 71)

13. Una economía planificada
A. Los planes quinquenales

«La tarea esencial del plan quinquenal consistía en transformar a la URSS en un país industrial para eliminar hasta el final a los elementos capitalistas, extender el frente de las formas socialistas de la economía y crear una base económica para la supresión de las clases en la URSS, para la construcción de una sociedad socialista.

La labor esencial del plan quinquenal consistía en crear en nuestro país una industria capaz de reequipar y reorganizar, sobre la base del socialismo no solamente la industria en su conjunto, sino también los transportes así como la agricultura.

La tarea esencial del plan quinquenal consistía en hacer pasar la pequeña economía rural parcelada a la vía de la gran economía colectivizada, asegurar de este modo también la base económica del socialismo en el campo y liquidar así la posibilidad de restauración del capitalismo en la URSS.

Finalmente, la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias para aumentar al máximo la capacidad de defensa, para permitirle organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención armada, a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quiera que vengan.»
(J. Stalin: Doctrine de l´URSS. París, 1938.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 72

La colectivización de la agricultura

«Stalin decidió en 1928 la liquidación del kulak (campesino como clase) y de la colectivización de los campesinos pobres y medios. Los kulaks se resistieron y se entabló una lucha feroz. Durante el invierno de 1929-1930, la sexta parte del mundo conocido soportó una verdadera guerra civil. Centenares de millares de familias fueron desposeídos de sus bienes y desterradas al norte.

En los pueblos, los que permanecían se adherían en masa a los koljoses, pero primeramente sacrificaban sus animales antes de cederlos a las granjas colectivas. El valor de esta experiencia comunista era casi nulo; puesto que no se inscribían en los koljoses sino obligados y forzados bajo una formidable presión económica y administrativa.

Allá donde se producía alguna vacilación se enviaba a la tropa, junto a agitadores. Hubo centenares de revueltas, mucho más graves en el Cáucaso y Siberia (…).

Más del 600/o de las familias campesinas están hoy día agrupadas en koljoses; En las tierras más productivas, como el Kouban, no quedan. Por decirlo así, más explotadores individuales. Estos koljoses son, en su mayoría, artels, es decir, asociaciones sólo de los medios de producción: Tierra, útiles, animales de labor y mano de obra son puestos en común, conservando cada familia su casa y su cercado.»
(G. Lucían: Six ans ó Moscou. París, 1937. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p.72)

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REVOLUCIÓN RUSA


 

 En este cartel de propaganda soviético se refleja con claridad los objetivos de la Revolución Rusa, dirigida en primera instancia (1917-1924) por Lenin, quien aparece barriendo del mundo a las monarquías, los capitalistas y los representantes de la Iglesia.

 

 

 

BREVE RESEÑA
Entre 1905 y 1917, Rusia fue escenario del triunfo de la primera revolución socialista del mundo. Al contrario de los que había pensado Marx, esta revolución tuvo lugar en una sociedad deficientemente industrializada, donde la mayoría de la población estaba dedicada a la agricultura. Lenin, líder de los bolcheviques, dirigió el primer gobierno de la Rusia soviética, que aprobó el reparto de las tierras entre los campesinos y el control de las fábricas por los obreros, y que en 1922 constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La última etapa de la Revolución fue llevada a cabo por Stalin, que convirtió a la URSS en una gran potencia industrial a costa de eliminar libertades constitucionales y establecer un régimen totalitario.

 

 

TEXTOS:

1. Situación del campesino ruso en la época zarista
2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.
3. El domingo sangriento,
4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II, febrero 1905
5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso
6. Trotski: Revolución de 1905
7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905
8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano
9. El poder ara los soviets
10. El soviets de Petrogrado
11. Satlin: «Un partido fuerte»
12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas
13. Una economía planificada
14. Los planes quinquenales
15. La colectivización de la agricultura

I. RUSIA ZARISTA

1. Situación del campesino ruso en la época zarista
«Aunque los campesinos pagaron su liberación, no lograron ser hombres libres; siguieron estando atados por veinte años más; se les redujo a la más ínfima condición y así han estado hasta hoy: podían ser azotados, tenían que pagar impuestos especiales, no tenían derecho a salir libremente de la comuna semifeudal, ni disponer a su albedrío de sus tierras y menos aún establecerse en cualquier otro territorio del Estado ruso.»
LENIN, Apud HILL, Christopher: La revolución rusa.» Arici, Barcelona, 1969.

2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.

«¡Señor! Nosotros, obreros de San Petersburgo, nuestras mujeres, hijos y ancianos inválidos, llegamos ante ti para impetrar justicia y protección. Estamos en la Miseria, oprimidos y cargados con trabajo excesivo, tratados como esclavos que deben soportar pacientemente su amarga suerte y callar.

Creemos ser preferible morir que prolongar insoportables sufrimientos. Hemos abandonado el trabajo y declarado a los patronos nuestro propósito de no reintegrarnos al mismo hasta que satisfagan nuestras demandas. Pedimos pocas cosas. Nuestra primera petición es que los patronos examinen con nosotros las Peticiones. Esto ha sido rechazado, así como el derecho de hablar de nuestras necesidades (…).

También han considerado ilegal nuestro deseo de disminuir el horario de trabajo hasta las ocho horas diarias, de convenir el salario (…), de que se mejoren las condiciones de trabajo. Según los patronos, todo es ilegal; nuestras demandas, un crimen,

¡Señor! Estamos aquí Más de 300 000 hombres solamente por sus apariencias y aspecto. Cualquiera que entre nosotros intente elevar su voz para defender los intereses de la clase obrera será aprisionado y deportado (…).

¡Señor!, ¿Esto es conforme con las leyes divinas, en cuya virtud gobernáis? Por esto, nos hemos congregado cerca de los muros de tu palacio. Es aquí donde buscamos el último saludo. No rehúses proteger a tu pueblo. Sácale de la tumba de la arbitrariedad, de la miseria Y de la ignorancia.

Ordena inmediatamente convocar a los «representantes de todas las clases y órdenes del pueblo ruso. Y para esto, manda que las elecciones a la Asamblea Constituyente se hagan según el sufragio universal, secreto e igual. Es nuestra petición más importante.»

Apud. VOILLIARD Y otros: «Documents d’Histoire, II, Armand Colia, París, 1964, págs. 102-103. EN: J.. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p.152

3. El domingo sangriento

«Domingo, 22 de enero, Un día penoso. Se han producido grandes desórdenes en San Petersburgo por que unos obreros querían subir Palacio de Invierno. Las tropas han abierto fuego en varios lugares de la ciudad; ha habido muchos muertos y heridos. ¡Dios mío, qué penoso y que triste! Mamá ha llegado de la ciudad y ha ido directamente a misa. (…)

Diario de Nicolás II. Apud MARTINEZ DEGRAIN: “Los días rojos”. Historia 16, Nº 7. Madrid, 1976.

4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II. 1905

He aquí ese documento:

Nos. Conformándonos a las últimas y sagradas voluntades de nuestros antepasados que nos han precedido en el trono, y pensando sin cesar en la felicidad del Imperio que Dios nos ha confiado, observaremos sin modificar en nada os principios inquebrantables sobre los cuales está fundado el Imperio, y consideramos como deber de nuestro gobierno consagrar nuestros esfuerzos, dedicar sin descanso nuestra solicitud a los necesitados del país, distinguiendo lo que responde realmente a los intereses del pueblo ruso, de las tendencias que con demasiada frecuencia se orientan a las falsas direcciones y sufren el influjo de pasajeras circunstancias.

Si la necesidad de tal o cual innovación se comprueba con certidumbre. Nos consideramos entonces como necesario proceder a su realización, aún cuando esta medida provoque la entrada en la legislación de innovaciones esenciales.

Nos no dudamos que, en lo que queda de una empresa tan compleja, nos encontraremos en comunión de sentimientos con aquellos de nuestros súbditos que penetrados de leales pensamientos, vean con perspicacia donde se encuentre realmente la prosperidad de la patria, queremos decir, en la conservación de la pública tranquilidad y en la constante satisfacción de las cotidianas necesidades del pueblo.

Nuestra más viva solicitud va primeramente a la clase mas numerosa de los que compones nuestros pueblo, a la clase se campesinos que queremos organizar para bien de sus intereses y de su bienestar. Nos queremos hacer saber que esta cuestión está en estudio. Ha sido entregada a un examen concienzudo, lo mismo que los primitivos proyectos del Ministerio del Interior, cuya detallada indicación ha sido dada en su lugar respectivo.

En este momento se toman deliberaciones en las que tercian los miembros más eminentes y los más competentes de la administración y se refieren a las cuestiones más importantes que interesan a los campesinos. Estas cuestiones se dilucidan a la luz de su ciencia y según los datos de investigaciones hechas sobre las necesidades generales de la clase agrícola por las comisiones locales.

Nos hemos dispuesto que estos trabajos que constituyen una legislación que toca a los campesinos sean incorporados a la legislación general del imperio. Así será facilitada a tarea de asegurar de modo permanente, la seguridad de esta clase a la que una ordenanza imperial reconoce la independencia y la plenitud de sus derechos de ciudadanos libres.

Examinando después el segundo grupo de reivindicaciones populares verdaderamente dignas, Nos reconocemos como urgente para regularizar y vigorizar la administración del estado para la seguridad de la vida pública.

1º tomar medidas eficaces para la protección de las leyes y su cumplimiento sin reservas, atendido que las leyes son lemas firme sostén del trono en un imperio autocrático. A este efecto, Nos consideramos como el primero de los deberes para todas las autoridades que Nos están sometidas y sobre todos loa territorios sobre los cuales Nos reinamos, la aplicación integral e igual de estas leyes para con todos.
Quien quiera que nos las aplique será legalmente responsable de estos arbitrarios procederes.

Para ello se facilitará quienes sean víctimas de estros tratamientos arbitrarios, los medios de obtener justicia.

2º confiar a las instituciones locales y municipales el cuidado de tomar la mayor parte posible en la administración, haciendo justicia a las reivindicaciones locales de diversos órdenes y concediendo, por otra parte, a las localidades, la independencia, necesaria dentro de los límites fijados por la ley, y de convocar en comisiones análogas, a formar parte de estas instituciones a los representantes de todas las fracciones de la población interesadas en los negocios locales, a fin de dar satisfacción, en la más amplia manera posible, a los deseos de esta población; de crear a demás de los zemstvos del Gobierno y de los zemstvos del distrito y en estrecha relación con ellos, instituciones públicas que se ocupen en la administración local y e la prosperidad de los negocios sobre territorios de corta extensión.

3º a fin de conservar y de hacer observar la igualdad de toda clase de persona delante de los tribunales, introducir en la administración judicial la unidad necesaria de asegurar a las instituciones jurídicas la estabilidad e independencia indispensables.

4º con el propósito de favorecer la extensión de las medidas ya tomadas para mejorar la suerte de los obreros de fábricas, talleres y todo linaje de industrias, trabajar por instituir en su favor un seguro por el Estado.

5º revisar las leyes de excepción dictadas en un tiempo en que los enemigos del orden público desplegaban una actividad criminal sin ejemplo, y cuya promulgación había sido acompañada de una extensión considerable de poderes arbitrarios de las autoridades administrativas, y a esforzarse en restringir lo más posible los territorios a los cuales ellos se aplican y , de igual modo, limitar a los únicos casos en que la seguridad de Estado sea realmente amenazada, las restricciones que por esas leyes se hace a los derechos particulares.

6º proceder a una revisión de las leyes que conciernen a los derechos de disidentes y súbditos que pertenecen a religiones heterodoxas o no cristianas, o a cualquiera otra religión. Nos deseamos afirmar con nueva fuerza el vivo deseo que en nuestro manifiesto de 11 de marzo de 1903, manifestábamos desde el fondo de nuestro corazón, de proteger y hacer inviolable por leyes fundamentales del imperio, la tolerancia en asuntos de creencias, y de tomar desde luego,, en el orden administrativo los medios convenientes para hacer desaparecer toas las limitaciones ala libertad religiosa que no están directamente indicadas en la ley.

7º de ordenar una revisión de las ordenanzas existentes que limitan los derechos de los extranjeros y en ciertos puntos del imperio, de los nacionales. Aquellas disposiciones subsistían, que en el porvenir sean exigidas por los intereses actuales del imperio y por el bien del pueblo ruso.

8º de hacer desaparecer de las ordenanzas en actual vigor que afectan a la prensa, las restricciones superfluas y dará la palabra impresa los límites claramente especificados por la ley: así será acordada a la prensa nacional facultad de cumplir dignamente su noble misión y de ser la verdadera intérprete de los esfuerzos nacionales para bien da la Rusia.
Nos prescribiremos en un porvenir muy próximo y apoyándonos sobre estos principios, una serie de grandes innovaciones interiores, una parte de la cual preparada conforme a las instrucciones por Nos precedentemente dadas, está ya presta a ser sometida a un examen preliminar. Nos juzgamos útil someter los programas que acaban de ser formulados, a un examen que debe versar sobre los medios más propios para asegurar su rápida y completa realización y su incorporación a la serie de nuestras instituciones políticas; y sobre el modo de hacer más estrecha la unión de las diversas partes de la administración.
La comisión de ministros debe examinar todos los puntos tratados aquí, buscar el mejor medio de realizar nuestras intenciones y prestarnos el más breve plazo posible las decisiones sobre la dirección que debe darse a las medidas de que se trata en la presente ordenanza de los asuntos que nos hemos señalado.- NICOLAS II>>

En: SUCESOS Nº 131 del 24-2-1905, páginas 36-38. Nº 132 del 3-3-1905,
páginas 36-38

En: SUCESOS Nº 131 del 24-2-1905, páginas 36-38. Nº 132 del 3-3-1905,
páginas 36-38

5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso

La guerra ruso-japonesa de 1904-1905, que convirtió al Japón en la primera potencia del Extremo Oriente, fue causa de grandes trastornos en la Rusia zarista, que preludiaron la revolución bolchevique de 1917. A la agitación de carácter político-social emprendida por los partidarios de una liberalización del régimen, se unió la revuelta de los elementos alógenos del Imperio contra la opresión nacional y los intentos de rusificación que sufrían. El diplomático francés Maurice Bompard legó de aquellos acontecimientos el siguiente testimonio.

“Los desórdenes fueron multiplicándose en Rusia en el transcurso del verano de 1905; al llegar el otoño, se extendían a todo el Imperio, variando de carácter y de intensidad según las regiones.

En Finlandia, el movimiento era puramente político. Finlandia no estaba ligada a Rusia más que a través de un vínculo personal, dado que el Emperador era su Gran Duque. La autonomía de Finlandia había siempre sido respetada, al igual que su constitución independiente. Nicolás, con miras a una mayor unidad, decidió subordinar la dieta de Finlandia al Consejo del Imperio y someter a los finlandeses al servicio militar ruso. La indignación cundió por doquier. El gobernador, general Bobrikof, adoptó severas medidas en contra de los recalcitrantes y acabó siendo asesinado en junio de 1904, en las escalinatas del Palacio del Gobierno. Desde entonces el descontento y los desórdenes fueron en aumento y, periódicamente, se producían graves disturbios.

El Cáucaso estaba ensangrentado por las luchas que oponían a los tártaros y los armenios. En Bakú, se enzarzaban en verdaderas batallas que ocasionaban centenares de víctimas. Las explotaciones petrolíferas de la península de Apseron estaban en llamas. Fue necesario destacar tropas para que abriesen una brecha con el fin de que el Sha de Persia, procedente de San Petersburgo, pudiese reintegrarse a sus Estados.

En Transcaucasia, los tártaros habían puesto el cerco a Choucha donde se habían refugiado numerosos armenios. También tenían lugar numerosos disturbios en las zonas rurales de Georgia, donde el régimen feudal mantenía unas huellas que resultaban insoportables para las poblaciones campesinas de nuestra época.

En Polonia, los disturbios adoptaban las formas más variadas. En los centros industriales, los obreros se declaraban en huelga una y otra vez, y dichas huelgas, las más de las veces, cobraban un sesgo revolucionario e iban acompañadas de desórdenes en la vía pública. En el campo, se producían violentas manifestaciones dirigidas contra la desmesurada extensión de las propiedades de la nobleza y esas manifestaciones degeneraban, a menudo, en actos de violencia. En cuanto a la burguesía, ésta arremetía contra el régimen ruso y, a este respecto, hallaba el asenso general…

En las provincias bálticas, las perturbaciones revistieron aún mayor gravedad. Si bien eran de carácter agrario, como en Rusia propiamente dicha, no ofrecían exactamente el mismo cariz ya que se complicaban con la cuestión de las nacionalidades. Los letones que pueblan esas provincias han sido desposeídos de sus tierras en el curso de los siglos anteriores por los caballeros teutónicos y, en la época de la cual hablo, menos de doscientas familias alemanas detentaban aún las tres cuartas partes del suelo, en tanto que los letones autóctonos no poseían más que el veinticinco por ciento restante. Cuarenta años antes que los mujiks de Rusia, habían sido liberados de su condición de siervos por Alejandro I, pero sin que les fuese concedida tierra alguna, de tal suerte que formaban un inmenso proletariado agrícola. Poseídos de un odio atávico en contra de los propietarios, los campesinos letones se comportaban con el mayor salvajismo. Prendían fuego a los castillos y a sus dependencias, robaban el ganado, asolaban las plantaciones y mataban a los barones baltos que caían entre sus manos… Al gobierno ruso no se le ocurrió más solución que la de instituir un Gobierno General para las tres provincias bálticas y asambleas provinciales elegidas, análogas a los Zemstvos de Rusia Central”.

MAURICE BOMPARD: : Mon ambassade en Russie (París 1908), Págs. 182-186.

6. Trotski: Revolución de 1905

Bajo las condiciones contemporáneas rusas la preponderancia social de la población industrial sobre la rural es incomparablemente mayor que en ningún momento de las viejas revoluciones europeas y, además, un proletariado industrial claramente definido ha reemplazado a las caóticas plebes. Sin embargo hay algo que no ha cambiado: sólo un partido que tiene tras de sí a las masas revolucionarias urbanas y que no tiene miedo -por devoto respeto a la propiedad privada burguesa- de revolucionar la propiedad feudal puede confiaren el campesinado en tiempos de revolución. En la actualidad sólo el partido socialdemócrata se encuentra en tales condiciones.

En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p. 152.

7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905

En lo que a sus tareas directas e indirectas concierne, la rusa es una revolución ‘burguesa» porque se propone liberar a la sociedad burguesa de las cadenas y grilletes fiel absolutismo y de la propiedad feudal. Pero la principal fuerza conductora de la revolución rusa es la clase obrera y por ello es una revolución proletaria en lo que a su método respecta. Muchos pedantes que insisten en determinar el papel histórico del proletariado por medio de cálculos aritmético o estadísticos o en establecerlo mediante analogías históricas formales, se han mostrado incapaces de digerir esta contradicción. Ven a la burguesía como el líder de la revolución rusa, enviada por la providencia. Intentan envolver al proletariado, que de hecho marchó á la cabeza de los acontecimientos en todos los estadios de los levantamientos revolucionarios, en los pañales de su propia inmadurez teórica. Para esos pedantes, la historia de una nación capitalista repite la historia de otra con algunas divergencias más o menos importantes. Hoy son incapaces de ver el proceso unificado del desarrollo del mundo capitalista, que se traga a todos los países que encuentra a su paso y que crea, de las exigencias nacionales y generales del capitalismo, una amalgama cuya naturaleza no puede comprenderse mediante la aplicación de clihés, sino únicamente mediante el análisis materialista.

No puede haber analogía de desarrollo histórico entre Inglaterra, pionera del capitalismo, que ha estado creando nuevas formas sociales durante siglos y que también ha creado una poderosa burguesía como expresión de estas nuevas formas y, por otro lado, las colonias de la actualidad, a las que el capital europeo envía carriles, coches dormitorios, tuercas y cerrojos, para uso de la administración colonial, y después, con rifles y bayonetas, conduce directamente a los nativos de su medio ambiente primitivo a la civilización capitalista: no puede haber analogía de desarrollo histórico, por cierto, pero existe una profunda conexión interna entre ambos.

(…)

La gran Revolución Francesa ha sido verdaderamente una revolución nacional. Pero más aún: aquí, dentro de un marco nacional, la lucha mundial del orden burgués por la dominación, por el poder y por el triunfo total encontró su clásica expresión.

En 1848 la burguesía ya era incapaz de desempeñar un papel similar. No quería y no podía asumir la responsabilidad de una liquidación revolucionaria del orden social que obstruía el camino de su propia dominación. Su tarea consistió en introducir en el viejo orden ciertas garantías esenciales, no de su propia dominación política, sino sólo del poder compartido con las fuerzas del pasado. No sólo fracasó en conducir a las masas al asalto del antiguo orden: utilizó a éste como defensa contra las masas que intentaban impulsarlo. Su conciencia se rebeló contra las condiciones objetivas de su dominio. Las instituciones democráticas se reflejaban en su mente no como meta y propósito de su lucha sino como amenaza a su bienestar. La revolución no podía ser hecha por la burguesía sino contra ella. Por eso, una revolución triunfante en 1848 hubiese necesitado una clase capaz de marchar a la cabeza de los acontecimientos a pesar de la burguesía, una clase preparada no sólo para impulsar a la burguesía por la fuerza de su presión sino también, en el momento decisivo, para apartar de su camino el cadáver político de la burguesía.

Ni la pequeña burguesía ni el campesinado estaban capacitados para hacerlo. La pequeña burguesía era hostil no sólo al pasado inmediato sino también al futuro posible, al mañana. Se encontraba todavía encadenada por relaciones medievales incapaz de resistir a la ‘libre’ industria; todavía se centraba en las ciudades pero rendía su influencia a la media y alta burguesía; sumergida en sus prejuicios, ensordecida por el rugir de los acontecimientos, explotadora y explotada codiciosa e impotente en su codicia, la pequeña burguesía provinciana era incapaz de dirigir los acontecimientos mundiales.

El Campesinado: se encontraba privado de iniciativa independiente en un grado aún mayor. Disperso, alejado de las ciudades que eran los centros nerviosos de la política y la cultura, mentalmente embotado, con los horizontes intelectuales cercados como sus praderas y campos, indiferente hacia todo lo que las ciudades habían creado mediante la invención y el pensamiento, el campesinado no podía tener ninguna significación dirigente. Satisfecho en cuanto le quitaron de los hombros la carga de los diezmos feudales, les pagó a las ciudades -que habían luchado por sus derechos- con ingratitud: los campesinos liberados se volvieron fanáticos del «orden».

El intelectual democrático: desprovisto de fuerza de clase, trotaba detrás de la burguesía liberal como si ésta fuese su hermana mayor. Actuaba simplemente como su furgón de cola. La abandonó en los momentos de crisis. Sólo le reveló su propia impotencia. Fue confundido por sus contradicciones –que aun no habían madurado plenamente- y llevó consigo esta confusión a todos los sitios donde fue.

El Proletariado: era demasiado débil y contaba con muy poca organización experiencia y conocimiento. El desarrollo capitalista había llegado lo suficientemente lejos como para necesitar la destrucción de las antiguas relaciones feudales pero no como para promover a las clases trabajadoras –producto de la nuevas relaciones de producción- a la posición de una fuerza política decisiva. El antagonismo entre el proletariado y la burguesía había ido demasiado lejos para permitir que la burguesía asumiera el papel de liderazgo nacional sin temor, pero no para permitir al proletariado asumir dicho papel.
Trotski: La Revolución de 1905, Pág. 59-60

II. REVOLUCION 19178. Lenin y su concepción de la revolución«La peculiaridad del momento actual en Rusia es el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia de clases y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de los sectores pobres de los campesinos, Este paso se caracteriza, por una parte, por un máximo de legalidad (Rusia es actualmente de todos los países beligerantes, el más libre del mundo); por otra por la falta de violencia contra las masas, y finalmente por la confianza irreflexiva de estas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo Esta situación peculiar exige de nosotros capacidad para adaptamos a las condiciones especiales de la labor del partido entre grandes masas del proletariado que, nunca vistas hasta ahora, acaban de despertar a la vida política»
Vladimir Ilich Lenin «Tesis de Abril 1917».
En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe,
Barcelona 2001, p. 154.

8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano

«Eran justamente las ocho y cuarenta cuando una tempestad de aplausos anunció la entrada de la presidencia con Lenin, el gran Lenin. Una silueta rechoncha, concentrada: una gran cabeza redonda, calva, hundida entre los hombros; unos ojillos, una nariz roma, la boca grande y generosa, la mandíbula pesada… Estaba perfectamente afeitado, pero su barba, tan conocida antes y que en adelante sería eterna, empezaba ya a despuntar en su rostro. El traje raído, el pantalón demasiado largo. Poco agraciado físicamente para ser el ídolo de la multitud, fue amado y venerado, sin embargo, como Pocos jefes en el curso de la Historia. Un extraño jefe popular; jefe por el único poder del espíritu. Sin brillantez, sin humor, intransigente y distante, sin ninguna particularidad pintoresca, pero con el poder de explicar ideas profundas en términos simples, de analizar concretamente situaciones y en posesión de la más grande audacia intelectual (…). Por fin, Lenin se levantó. Apoyándose en el borde de la tribuna, pasea sobre la concurrencia sus ojuelos parpadeantes, aparentemente insensible a la inmensa ovación (…). Cuando ésta se terminó, dijo sencillamente:

 

– Ahora pasamos a la edificación del orden socialista.
Nuevamente estalló en la sala una formidable borrasca humana.
– En primer lugar, es necesario adoptar medidas prácticas para realizar la paz.»

(John Reed: Diez días que estremecieron al mundo. Barcelona, los libros de Pion, 1 982. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, dit. Anaya, Madrid, 1996. p. 67)

9. El poder para los soviets

El paso del poder a los soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Renunciar a la insurrección armada equivaldría a renunciar a la consigna más importante del bolchevismo “todo el poder a los soviets” y a todo internacionalismo proletario-revolucionario en general. Pero la insurrecci6n armada es un aspecto especial de la lucha política sometido a leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas (…).

Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones, en lo que a la insurrección armada se refiere, citando las palabras de Danton, el mayor maestro de táctica revolucionaria que hasta hoy se conoce: «¡De l’audace, de llaudace, encare de l’audace!»
Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir:

– Ofensiva simultánea, y lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado, ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Reval, de Cronstandt, ofensiva de toda la flota y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas contra nuestra “guardia burguesa”. (Los junkers) formada por unos 15.000 o 20.000 hombres (acaso más) contra las tropas de nuestra «Vendeé» (una parte de los cosacos), etc.

– Combinar nuestras tres fuerzas principales, la flota, los obreros y las unidades militares, de tal modo, que por encima de todo, podamos ocupar y conservar, cualquiera que sea el número de bajas que cueste: a), la central de teléfonos; b), la central de telégrafos; c), las estaciones ferroviarias, y d), los puentes, en primer término.

– Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras «tropas de choque» y a la juventud obrera, así como a los mejores marinos) y formar con ellos pequeños destacamentos destinados a ocupar los puntos más importantes y a participar en todos los sitios en las operaciones de más importancia, como por ejemplo:

Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la flota, los obreros y las tropas: he aquí una misi6n que requiere habilidad y triple audacia.

Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y bombas de mano para atacar y cercar los ‘centros» del enemigo (escuelas militares, centrales de telégrafos y teléfonos, etc.).

La consigna de estos elementos debe ser: antes perecer todos que dejar pasar al enemigo.

El triunfo de la revolución rusa y de la revoluci6n mundial depende de dos o tres días de lucha.»

(Consejos de un ausente. Carta de Lenin al Comité Central, 8 de octubre de 1 917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69


10. El «soviet» de Petroqrado

«Camaradas proletarios, trabajadores de todos los países (…).
Nosotros, soldados y obreros rusos, unidos en el seno del Soviet de los diputados de obreros y soldados, os enviamos nuestros saludos calurosos y os informamos de un gran suceso. La democracia rusa ha derribado el despotismo de los zares y ha entrado totalmente en la familia de las naciones como miembro igual a las demás y como una poderosa fuerza en el combate para nuestra liberación. Nuestra victoria es una gran victoria para la libertad y la democracia. El pilar de la reacción en el mundo, el «gendarme de Europa», ha desaparecido. Ha de ser enterrado para siempre. Viva la libertad. Viva la solidaridad internacional del proletariado y viva su combate para la victoria ¡¡no¡ (…).

Los pueblos de Rusia expresarán su voluntad en una Asamblea constituyente, que será pronto convocada sobre la base de¡ sufragio universal, directo, igual y secreto. Se puede ya predecir con confianza que una república democrática se instaurará en Rusia. El pueblo ruso posee ahora una libertad total (…).

Trabajadores de todos los países: tendiendo nuestras manos como hermanos por encima de las montañas de los cuerpos de nuestros muertos (…) os hacemos un llamamiento para restaurar la unidad internacional (…).

¡Proletarios de todos los países, uníos!
El Soviet de los diputados de obreros y soldados de Petrogrado.»

(Declaraci6n del Soviet de Petrogrado a todos los pueblos, 27 de marzo de 1917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69

III. STALIN CONSOLIDA LA REVOLUCIÓN11. Satlin: «Un partido fuerte»De aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del partido y con su férrea disciplina. Huelga demostrar que la existencia de fracciones conduce a la existencia de diversos centros y que la existencia de diversos centros significa la ausencia de un centro general dentro del partido, el quebrantamiento de la unidad de la voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente los partidos de la Segunda Internacional, que luchan contra la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios al poder, pueden permitirse ese liberalismo que supone la libertad de existencia de fracciones, pues ellos no necesitan parta nada una disciplina férrea. Pero los partidos de la Internacional Comunista, que basan todo su trabajo en la tarea de la conquista de la dictadura del proletariado y de su consolidación, no pueden admitir ni el liberalismo ni la libertad de existencia de fracciones. El partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionamiento y toda división de poderes dentro del partido»
José Stalin, Los Fundamentos del Leninismo. 1924. En. Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid, 1996, p. 70

«La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposible sin un partido fuerte por su cohesión y su férrea disciplina. Pero la férrea disciplina dentro del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción completa y absoluta de todos sus miembros.

 

12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas

«Desde mis años jóvenes había comenzado mi trabajo bajo la dirección de Vladimir llich Lenin; Me instruía a su lado, desempeñaba las tareas que él me encomendaba (…). Y he aquí que en 1937, camaradas, yo corrí la suerte de muchos. Ocupaba un puesto de dirección en el comité regional del Partido en Leningrado y, naturalmente, fui arrestado también (…); sentí un inmenso terror no por mí mismo, sino por el Partido. No podía comprender por qué motivo se arrestaba a los viejos bolcheviques (…).

Ni al instante, ni durante dos años y medio de prisi6n, ni cuando se me envió luego deportado a un campo (donde he pasado 17 años), había acusado entonces a Stalin (…). Apreciaba a Stalin, sabía que él había poseído grandes méritos antes de 1934, y lo defendía.

Camaradas, heme aquí de vuelta, enteramente rehabilitado. Era el momento justo en el que se desarrollaba el XX Congreso del Partido. Fue aquí donde supe, por primera vez, la cruel verdad sobre Stalin.

El gran mal causado por Stalin no estaba solamente en el hecho de que muchos de nuestros mejores (miembros) hubiesen desaparecido, sino en que reinaba la arbitrariedad, en que se fusilaba sin juicio, en que los inocentes eran arrojados a la prisión. Toda la atmósfera creada entonces en el Partido era contraria al espíritu de Lenin, era su disonancia.»

(Testimonio de un prisionero. XX Congreso del PC de la URSS. En Cahiers du comunismo, 1 diciembre de 1961.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 71)

13. Una economía planificada
A. Los planes quinquenales

«La tarea esencial del plan quinquenal consistía en transformar a la URSS en un país industrial para eliminar hasta el final a los elementos capitalistas, extender el frente de las formas socialistas de la economía y crear una base económica para la supresión de las clases en la URSS, para la construcción de una sociedad socialista.

La labor esencial del plan quinquenal consistía en crear en nuestro país una industria capaz de reequipar y reorganizar, sobre la base del socialismo no solamente la industria en su conjunto, sino también los transportes así como la agricultura.

La tarea esencial del plan quinquenal consistía en hacer pasar la pequeña economía rural parcelada a la vía de la gran economía colectivizada, asegurar de este modo también la base económica del socialismo en el campo y liquidar así la posibilidad de restauración del capitalismo en la URSS.

Finalmente, la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias para aumentar al máximo la capacidad de defensa, para permitirle organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención armada, a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quiera que vengan.»
(J. Stalin: Doctrine de l´URSS. París, 1938.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 72

La colectivización de la agricultura

«Stalin decidió en 1928 la liquidación del kulak (campesino como clase) y de la colectivización de los campesinos pobres y medios. Los kulaks se resistieron y se entabló una lucha feroz. Durante el invierno de 1929-1930, la sexta parte del mundo conocido soportó una verdadera guerra civil. Centenares de millares de familias fueron desposeídos de sus bienes y desterradas al norte.

En los pueblos, los que permanecían se adherían en masa a los koljoses, pero primeramente sacrificaban sus animales antes de cederlos a las granjas colectivas. El valor de esta experiencia comunista era casi nulo; puesto que no se inscribían en los koljoses sino obligados y forzados bajo una formidable presión económica y administrativa.

Allá donde se producía alguna vacilación se enviaba a la tropa, junto a agitadores. Hubo centenares de revueltas, mucho más graves en el Cáucaso y Siberia (…).

Más del 600/o de las familias campesinas están hoy día agrupadas en koljoses; En las tierras más productivas, como el Kouban, no quedan. Por decirlo así, más explotadores individuales. Estos koljoses son, en su mayoría, artels, es decir, asociaciones sólo de los medios de producción: Tierra, útiles, animales de labor y mano de obra son puestos en común, conservando cada familia su casa y su cercado.»
(G. Lucían: Six ans ó Moscou. París, 1937. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p.72)

 

 

 

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REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (DOCUMENTOS)


planella_tejedoraDOCUMENTOS SOBRE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Estimados lectores:

A continuación presentamos una serie de documentos relacionados con el proceso histórico denominado Revolución Industrial.

Invitamos a leer y analizar los documentos, teniendo en cuenta lo siguiente:

  1. identificar autor, país, año.
  2. leer e identificar ideas centrales de cada párrafo.
  3. identificar tipo de documento (académico, religioso, periodístico, etc.)
  4. identificar intensión y motivaciones del autor.
  5. contextualizar históricamente los documentos.
  6. buscar otras explicaciones sobre las consecuencias de la Revolución Industrial.
  7. contrastar con explicaciones bibliográficas y/o con otras fuentes de información.
  8. al finalizar explicar comparativamente los documentos expuestos.

Documentos:

  1. Los niveles de vida durante la Revolución Industrial.
  2. Fragmento del relato de un obrero hecho ante una comisión de trabajo en las industrias, que se realizó en Inglaterra en el año 1832
  3. El aumento de la población.
  4. La pasarela de la miseria.
  5. Informe de la comisión formada en la cámara de los comunes 1806.
  6. EL trabajo de los niños.

 1.    Los niveles de vida durante la Revolución Industrial

Ningún historiador niega que la Revolución Industrial elevara a la larga los niveles de vida de los trabajadores. La población obrera y campesina de los países que se industrializaron consumía más a fines del siglo XIX que en el siglo XVIII. Tenía una mayor esperanza de vida y también había logrado una mejor educación y sanidad. Sin embargo, un tema muy debatido por los historiadores es si esa elevación del bienestar se dio o no durante las primeras décadas de la Revolución Industrial. Dos tendencias han surgido en relación con este tema: la «pesimista» y la «optimista». Los historiadores pesimistas sostienen que los trabajadores disminuyeron su nivel de vida durante los primeros tiempos de la Revolución Industrial. Afirman que los salarios bajaron. Que las condiciones de trabajo en las fábricas eran más penosas que en los talleres artesanales o en el campo. Que en las fábricas trabajaban 14 o 15 horas diarias mujeres y niños de corta edad. Que las ciudades eran insalubres y la población de los barrios obreros vivía hacinada en sus hogares. La escuela pesimista sostiene, pues, que el aumento de la renta nacional durante las primeras décadas de la industrialización benefició exclusivamente a los capitalistas y a las clases medias. La mayor riqueza se había concentrado de este modo en manos de una minoría de la población. 

La tendencia optimista mantiene puntos de vista contrarios. Admitiendo que el nivel de vida de los trabajadores era muy bajo, algunos historiadores piensan que los salarios subieron. Que las condiciones de trabajo en las fábricas eran similares a las que antes existían en los talleres y hogares campesinos, donde también hombres, mujeres y niños trabajaban muchas horas. Que la mortalidad disminuyó en las ciudades pese a su insalubridad, lo que demostraría que la vida en el campo antes de la Revolución Industrial no era precisamente bucólica. La escuela optimista sostiene, pues que el aumento de la renta nacional durante las primeras décadas de la industrialización benefició a capitalistas y clases medias más que a trabajadores, pero que éstos también elevaron algo su nivel de vida.

El debate entre pesimistas y optimistas no ha concluido, porque es muy difícil medir el nivel de vida durante los inicios de la Revolución Industrial. La primera dificultad procede de la escasa información todavía disponible sobre la evolución de los salarios reales (…) Otras dificultades provienen de la escasa información existente sobre los precios o sobre los niveles de desempleo. Tampoco se sabe lo suficiente sobre las condiciones de trabajo en talleres artesanales y en hogares campesinos anteriores a la Revolución Industrial.

No se puede, por tanto, emitir un juicio definitivo sobre si esas condiciones fueron peores o similares en las fábricas. Aumentara o disminuyera el nivel de vida, lo cierto es que los trabajadores que vivieron la primera fase de la Revolución Industrial participaron muy escasamente del aumento del aumento de la riqueza. Sobre ellos recayó la peor parte de la industrialización: salarios de subsistencia, condiciones de trabajo a menudo inhumanas, mayor que otras clases sociales y ruptura de sus modos de vida tradicionales. Nada de esto puede negarse. Pero también es cierto que las clases trabajadoras de los países que se industrializaron lograron a la larga un nivel de vida muy superior al de las sociedades preindustriales. Este acceso a un mayor bienestar no fue sólo resultado del aumento de la productividad y de la riqueza, sino de una mejor distribución de la renta gracias a las conquistas sociales de los trabajadores.

FUENTE: Antonio Escudero, La Revolución Industrial, Editorial Anaya, Madrid 1988, páginas 102 a 105

2. Fragmento del relato de un obrero hecho ante una comisión de trabajo en las industrias, que se realizó en Inglaterra en el año 1832:

Tenía yo 7 años cuando empecé a hilar lana en una fábrica. La jornada de trabajo duraba desde las cinco de la mañana hasta las 8 de la noche, con un único descanso de treinta minutos a medio día para comer.

Teníamos que tomar la comida como pudiéramos, de pie o apoyados de cualquier manera. Así pues, a los siete años yo realizaba catorce horas y media de trabajo efectivo.

En aquella fábrica había alrededor de cincuenta niños, más o menos de mi edad, que con mucha frecuencia caían enfermos. Cada día había al menos media docena de ellos que estaban indispuestos por culpa del excesivo trabajo.

 3. El aumento de la población.

Un tejedor manual muy bueno, de 25 a 30 años de edad, podría tejer por semana dos piezas de 9 octavos de tela de camisa, de 24 yardas de longitud cada una, y de una trama de 100 hilos por pulgada.

En 1823 un tejedor de 15 años que atendiera dos telares mecánicos, podría tejer 7 piezas semejantes en solo una semana.

En 1826, un tejedor de 15 años, al frente de dos telares mecánicos podría hilar por semana 12 piezas semejantes; y algunos podrían hacer hasta 15.

En 1833, un tejedor de 15 a 20 años, ayudado por una niña de 12 años, al frente de 4 telares mecánicos, podría hilar en una semana 18 piezas de este tipo; y algunos increíblemente pueden llegar hasta 20.

FUENTE: Baines, Historia de la Manufactura de Gran Bretaña, 1835. Página 240.

 4. La pasarela de la miseria

Me situé en la calle Oxford de Manchester y observé a los obreros en el momento en que abandonaban las fábricas, a las 12 en punto. Los niños tenían casi todos mal aspectos, eran pequeños, enfermizos; iban descalzos y mal vestidos. Muchos no aparentaban tener más de 7 años. Los hombres de 16 a 24 en general, ninguno de ellos de edad avanzada, estaban casi tan pálidos y delgados como los niños. Las mujeres eran las que tenían apariencia más respetable, pero entre ellas no vi ninguna que tuviera un aspecto lozano o bello. Vi, o creí ver una estirpe degenerada, seres humanaos mal desarrollados y debilitados, hombres y mujeres que no llegarían a viejos, niños que jamás serían adultos saludables. Era un triste espectáculo.

FUENTE: Turner Thakrah: Informe del médico, 1831.

5. Informe de la comisión formada en la cámara de los comunes 1806.
(Encargada de estudiar la expansión de la industria lanera y los diferentes aspectos de la Industrialización)

Con gran satisfacción, esta Comisión nombrada por ustedes, puede iniciar su relación informando que la industria lanera ha ido poco a poco creciendo en casi todas las diversas partes de Inglaterra en las que es practicada; hasta el punto de que, mientras que el consumo interior ha aumentado con el crecimiento de la población y de la riqueza de nuestro país, las exportaciones de productos laneros han alcanzado, en el cómputo oficial, la inmensa cifra de 6.000.000 de libras esterlinas o, en valor real, de casi 8.000.000 de libras esterlinas.

Es universalmente conocido el rápido y milagroso desarrollo, en estos últimos años, de las industrias y del comercio de este nuestro país, como son también conocidos los efectos de ese progreso sobre la renta y sobre la fuerza de la nación; y si se consideran las causas inmediatas de ese incremento, resultará claro que, después de al favor de la providencia, deberá ser atribuido sobre todo al espíritu de empresa y a la industriosa actividad difundidos en un pueblo libre e instruido, al cual se le ha permitido ejercitar sin restricciones sus talentos en el empleo de un vasto capital; impulsando al máximo el principio de la división del trabajo; poniendo en contribución todos los recursos de la investigación científica y de la ingeniosidad mecánica; y, en fin, valiéndose de todos los beneficios a extraer de las visitas a países extranjeros, no sólo para estrechar nuevas relaciones comerciales y consolidar las antiguas, sino también para obtener conocimiento personal de las necesidades, del gusto, de las costumbres, de los descubrimientos y de las mejoras técnicas, mediante hechos y sugerencias traídos del extranjero, perfeccionar las industrias existentes, añadiendo otras nuevas a nuestra producción de nuestra actividad industrial y comercial y adquiriendo fama de proveedores especializados. Solamente así, hay que repetirlo, y sobre todo porque las máquinas han mejorado la calidad y reducido el coste de fabricación de diversos artículos a exportar, solamente así nuestras industrias y nuestro comercio han progresado. Se ha producido también un continuo crecimiento del peso de los impuestos y un progresivo aumento de los precios de las mercancías y de los géneros de mantenimiento, con repercusiones sin duda notables sobre los salarios. Pero con todo ello, el incremento industrial y comercial ha superado los cálculos y las previsiones más de color de rosa de los mejores publicistas…

FUENTE: VALERIO CASTRONOVO: La revolución industrial. Nova Terra, Barcelona, 1975. Págs. 121-122: (En: Antonio Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Vicens Vives, 1994. página 18)

6. El trabajo de los niños.

«En 1832, Elizabeth Bentley, que por entonces tenía 23 años, testificó ante un comité parlamentario inglés sobre su niñez en una fábrica de lino. Había comenzado a la edad de 6 años, trabajando desde las seis de la mañana hasta las siete de la tarde en temporada baja y de cinco de la mañana a nueve de la noche durante los seis meses de mayor actividad en la fábrica. Tenía un descanso de 40 minutos a mediodía, y ese era el único de la jornada. Trabajaba retirando de la máquina las bobinas llenas y reemplazándolas por otras vacías. Si se quedaba atrás, «era golpeada con una correa» y aseguró que siempre le pegaban a la que terminaba en último lugar. A los diez años la trasladaron al taller de cardado, donde el encargado usaba correas y cadenas para pegar a las niñas con el fin de que estuvieran atentas a su trabajo. Le preguntaron ¿se llegaba a pegar a las niñas tanto para dejarles marcas en la piel?, Y ella contestó «Sí, muchas veces se les hacían marcas negras, pero sus padres no se atrevían a ir a al encargado, por miedo a perder su trabajo». El trabajo en el taller de cardado le descoyuntó los huesos de los brazos y se quedó «considerablemente deformada… a consecuencias de este trabajo».

FUENTE: Bonnni Anderson, Historia de las mujeres: una historia propia, volumen 2, Editorial Crítica, Barcelona, 1991, Pág. 287- 288

Atte.

Ana Henríquez Orrego. Directora de Escuela de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica, Universidad de Las Américas. 

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REVOLUCIÓN INDUSTRIAL


1. DOCUMENTOS ESCRITOS SOBRE REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
2. ESQUEMAS REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

GUÍAS DE APRENDIZAJE SOBRE REVOLUCIÓN INDUSTRIAL:

REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (WIKIPEDIA)

La Revolución industrial es un periodo histórico comprendido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en el que el Reino Unido en primer lugar, y el resto de la Europa continental después, sufren el mayor conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales de la Historia de la humanidad, desde el Neolítico.
La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manufactura. La Revolución comenzó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril. Las innovaciones tecnológicas más importantes fueron la máquina de vapor y la denominada Spinning Jenny, una potente máquina relacionada con la industria textil. Estas nuevas máquinas favorecieron enormes incrementos en la capacidad de producción. La producción y desarrollo de nuevos modelos de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX facilitó la manufactura en otras industrias e incrementó también su producción.

Tabla de contenidos

  1. Causas
  2. El comercio internacional
  3. Etapas de la Revolución industrial
  4. Impacto social
  5. Principios fundamentales de la industria
  6. Véase también

Ir a artíiculo original: http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_Industrial

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REVOLUCIÓN FRANCESA (DOCUMENTOS)


Es sabido que Napoleón entendía el arte como instrumento de propaganda política y de sí mismo.

David quiso expresar con lealtad los grandes objetivos de Napoleón.
En este caso
David ha representado la mentira iconográfica. Se conmemora el triunfo de las tropas imperiales de 1800 en Marengo. Era una batalla contra el imperio austríaco. No fue tan grande el triunfo ya que la batalla fue muy cruel y hubo muchísimas bajas debido a las numerosas muertes. Napoleón fue el culpable de muchos de los desastres, su inoperancia quedó patente, pero, gracias a sus generales no se llegó a la desgracia absoluta. Napoleón para engrandecerse quiso que David lo representara triunfante sobre un corcel agitado que representara la revolución, mientras él como sereno jinete, personificara la paz. Napoleón quiso mitificarse al modo de los antiguos héroes clásicos, tales como Carlo Magno o Aníbal. El nombre de éste último aparece escrito debajo del de «Bonaparte» en una roca del ángulo inferior izquierdo de la composición. David representa a Napoleón con los atributos de los antiguos monarcas. Le capta en el momento en que se dispone a subir las rocas del monte de S.Bernardo en un brioso corcel. Se sabe que Napoleón pasó los Alpes sobre un pobre burro, en cambio, él quiso representarse a lomos de un caballo árabe de origen español que le había regalado Carlos IV. Se llamaba El Jornalero y era un pura sangre blanco.
DOCUMENTOS

1. Abolición del régimen feudal.
2. Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano.
3. El Imperio de Napoleón.
4. El bloqueo continental. 1806
5. Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano.
6. Consideraciones sobre Francia.
7. Definición del modelo revolucionario
8. El Congreso de Viena, 1814-1815
9. Nacionalidad contra legitimidad

1. Abolición del régimen feudal.

Art. 1. La Asamblea Nacional suprime enteramente el régimen feudal y decreta que los derechos y deberes, tanto feudales como censales,… la servidumbre personal y los que los representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados redimibles, y que el precio y el modo de la redención serán fijados por la Asamblea NacionalArt. 3. El derecho de caza y coto abierto queda de igual forma abolido…

Art. 4. Todas las justicias señoriales son suprimidas sin ninguna indemnización..

Art. 5. Los diezmos de cualquier tipo y los censos a que dieran lugar bajo cualquier denominación con que sean conocidos y percibidos, incluso por abono, poseídos por los cuerpos regulares y seculares, como sus beneficios, los edificios y todo tipo de manos muertas, incluso de la Orden de Malta y otras órdenes religiosas y militares…, serán abolidos.

Art. 7. La justicia será gratuita (…)

Art. 11. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, podrán ser admitidos a todos los empleos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares, y ninguna profesión útil reportará deshonra.
Decreto del 4 de agosto1789de la Asamblea Nacional Francesa.

2. Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano.

«Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, para que esta declaración, constantemente presente a todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; para que los actos del poder legislativo y los del poder ejecutivo, pudiendo en cada instante ser comparados con el objetivo de toda institución política, sean más respetados; para que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora sobre principios simples e indiscutibles, redunden siempre en el mantenimiento de la Constitución y en la felicidad de todos. En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del ser Supremo, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.

Artículo 2. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo 3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 4. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no dañe a un tercero; por tanto, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que aseguren a los demás miembros de la sociedad el disfrute de estos mismos derechos. Estos límites no pueden ser determinados más que por la ley.

Artículo 5. La ley no tiene derecho de prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad. Todo lo que no está prohibido por la ley, no puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer lo que ella no ordena.

Artículo 6. La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir personalmente, o por medio de sus representantes, a su formación. La ley debe ser idéntica para todos, tanto para proteger como para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante sus ojos, son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad, y sin otra distinción que la de sus virtudes y talentos.

Artículo 7. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado ni detenido, si no es en los casos determinados por la ley, y según las formas por ella prescritas. Los que solicitan, expiden, ejecutan o hacen ejecutar órdenes arbitrarias deben ser castigados, pero todo ciudadano llamado o designado en virtud de la ley, debe obedecer en el acto: su resistencia le hace culpable.

Artículo 8. La ley no debe establecer más que penas estrictas y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito y legalmente aplicada.

Artículo 9. Todo hombre ha de ser considerado inocente mientras no sea declarado culpable, y si se juzga indispensable el detenerlo, todo rigor que no fuere necesario para asegurarse de su persona será severamente reprimido por la ley,

Artículo 10. Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, con tal de que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley.

Artículo 11. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre. Todo ciudadano puede pues hablar, escribir, imprimir libremente, salva la obligación de responder del abuso de esta libertad en los casos fijados por la ley.

Artículo 12. La garantía de los Derechos del Hombre y del Ciudadano necesita de una fuerza pública; esta fuerza queda instituida para el bien común y no para utilidad particular de aquellos a quienes está confiada.

Artículo 13. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, es indispensable una contribución común. Esta contribución debe ser repartida por igual entre todos los ciudadanos, según sus facultades.

Artículo 14. Todos los ciudadanos tienen el derecho de comprobar por sí mismos o por sus representantes la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su cuantía, su asiente, cobro y duración.

Artículo 15. La sociedad tiene el derecho de pedir cuentas de su administración, a todo agente público.

Artículo 16. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución.

Artículo 17. Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, si no es en los casos en que la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija evidentemente, y bajo la condición de una indemnización justa.
(Asamblea Nacional Constituyente de Francia, 26 de agosto 1789)».

3. El Imperio de Napoleón.El sueño Napoleónico de someter a Europa bajo su autoridad, se enfrentó a la resistencia de los países que, organizados en sucesivas coaliciones, mantuvieron a Francia en un permanente y desgastador pie de guerra. (…)Como Inglaterra era la única potencia europea que se mantenía invencible frente a Napoleón, el emperador decretó contra ella el bloqueo continental, es decir, la prohibición a todos los países de Europa de comerciar con la isla. Portugal se negó a cumplir el decreto, ya que le significaba la parálisis económica, por lo que Napoleón emprendió una campaña contra este país. Esto obligó al emperador a firmar un tratado con España que le permitiera cruzar con sus tropas por territorio hispano, pero en la Entrevista de Bayona se apoderó de la corona española que cedió a su hermano mayor José Bonaparte. La resistencia española le significó a Francia seis años de desgastadoras campañas y con ella, la suerte de Napoleón comenzó a decaer.

En el otro extremo del escenario europeo, Alejandro I, zar de Rusia, organizó con Inglaterra la Sexta Coalición. La fracasada campaña contra Moscú le significó pérdidas de las que jamás se pudo recuperar el ejército francés. El gran desastre lo obligó a abandonar el suelo español. En la batalla de Leipzig de 1813, conocida también como la de las seis naciones, los ejércitos aliados de Austria, Rusia y Prusia llegaron hasta París, y Napoleón fue desterrado a la isla de Elba. En Francia se restableció la dinastía borbónica con el reinado de Luis XVIII, y la Europa vencedora se preparaba en Viena para restaurar el orden del Antiguo Régimen.

En 1815, Napoleón huyó de la isla Elba y regresó triunfante a París provocando la huida de Luis XVIII. El retorno solo duró cien días, ya que las tropas francesas fueron aplastadas por el general inglés Wellington en Bélgica, en la batalla de Waterloo. Confinado en la isla Santa Elena, Napoleón murió en 1821.

Con el retorno de Luis XVIII para restaurar la monarquía absoluta en Francia y la definitiva caída del Imperio de Napoleón I, desaparecía el primer gran ensayo de establecer un orden internacional en el mundo contemporáneo.
Patricia Jiménez, Historia Universal, Edit. Santillana, Santiago 1996, p.241

4. El bloqueo continental. 1806Dueño de la Europa continental, Napoleón se decide por la guerra económica contra Inglaterra. Desde Berlín decreta el bloqueo continental.Artículo 1. Se declara a la Islas Británicas en estado de bloqueo.

Artículo 2. Se prohíbe todo comercio y toda correspondencia con las Islas Británicas.

Artículo 3. Todo súbdito de Inglaterra, de cualquier condición que sea, que se encuentre en los países ocupados por nuestras tropas o por las de nuestros aliados, será hecho prisionero de guerra.

Artículo 4. Todo almacén, toda mercancía, toda propiedad, perteneciente a un súbdito de Inglaterra, se incautará.

Artículo 5. El comercio de las mercancías inglesas queda prohibido, y toda mercancía perteneciente a Inglaterra, o proveniente de sus fábricas y de sus colonias, se declara incautada.

Artículo 7. Ningún buque directamente procedente de Inglaterra o de las colonias inglesas, o que haya estado allí después de la publicación del presente decreto, será recibido en ningún puerto.

Artículo 8. Todo barco que, por medio de una falsa declaración, contravenga la disposición precedente, será aprehendido; y el navío y la carga se confiscarán como si fuesen propiedad inglesa.

Artículo 10. Se dará comunicación del presente decreto, por nuestro ministro de Relaciones exteriores, a los reyes de España, de Nápoles, de Holanda y de Etruria, y a los demás aliados nuestros, cuyos súbditos son víctimas, como los nuestros de la injusticia y de la barbarie de la legislación marítima inglesa.
NAPOLEÓN BONAPARTE. Berlín, 21 de Noviembre de 1806.

5. Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano. (FRAGMENTO)

«Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, para que esta declaración, constantemente presente a todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes (…) Artículo 1.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.
Artículo 2.- El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
Artículo 3.- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 16.: Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución.

(Asamblea Nacional Constituyente de Francia, 26 de agosto 1789)».

6. Consideraciones sobre Francia.1º Ninguna constitución es el resultado de una deliberación; los derechos de los pueblos no están nunca escritos, (…) los derechos escritos sólo son títulos declarativos de derechos anteriores, de los que sólo pueden decirse que existen porque existen (…).3º Los derechos e los pueblos parten de las concesiones de los soberanos, pero los derechos de los soberanos ni de la aristocracia no tienen fecha, , no autor.

7º Ninguna Nación puede darse la libertad sino la tiene (…)

10º La Libertad ha sido siempre un don de los reyes (…)

De Maistre, J. 1815. (Teórico de la Restauración) En: J. González Fernández
Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 1998, p. 49.

7. Definición del modelo revolucionario

Ahora existe un modelo, revolucionario que oponer al conservadurismo: el ejemplo francés. Según este modelo, es posible la existencia de una sociedad no estamental y la abolición del régimen señorial, y es posible también que funcione un sistema económico sin gremios y cofradías, que se exprese la soberanía nacional, que se reconozcan los derechos individuales y que exista un Estado no confesional. Una grana parte de Europa había entrado en contacto con esta realidad porque la «Gran Nación» y, después, el Gran Imperio extendió las conquistas revolucionarias a casi toda Europa. La abolición de los derechos feudales, la proclamación de los Derechos del Hombre, la instauración del régimen constitucional, la difusión del Código Civil y del Concordato, fueron las semillas de lo que había de ser enseguida el liberalismo del siglo XIX. Además, al difundir por todas partes el principio de la soberanía nacional y el derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos, la «Gran Nación» hizo tomar conciencia a los pueblos del principio de las nacionalidades. Pueblos que tenían la misma nacionalidad y se hallaban divididos entre distintas soberanías querían unirse para formar un solo Estado. Pueblos que pertenecían a distintas nacionalidades, sometidos a un único Estado, deseaban, en cambio, separarse. La reivindicación nacionalista iba de la mano, generalmente, de la reivindicación liberal.Frente a este modelo se estableció teoría Contrarrevolucionaria, auspiciada principalmente por Metternich, quien lideró el Congreso de Viena.

fuente: Michelet Peronet, Del Siglo de la Luces a la Santa Alianza, página 296.

8. El Congreso de Viena, 1814-1815

Una vez derrotado Napoleón, los reyes y gobernantes de las potencias vence­doras quisieron restaurar el Antiguo Régimen anulando las reformas revoluciona­rias. Las potencias victoriosas estaban decididas a restaurar el antiguo orden y a contener las fuerzas políticas que la revolución había liberado en Europa Para ello, los monarcas convocaron un Congreso en Viena, que se inicio en septiembre de 1814 y terminó en Julio de 1815.El periodo de la historia de Europa occidental que abarca los años posteriores al Congreso de Viena recibe el nombre de Restauración, porque la dinastía de Borbón había sido restaurada en el trono de Francia (el nuevo rey fue Luis XVIII). También, de manera similar, recuperaron sus tronos todos los monarcas que ha­bían sido desposeídos por Napoleón y restablecieron la monarquía absoluta en sus Estados. Sin embargo, Luis XVIII mantuvo algunos de los principios de li­bertad política y social establecidos por la Revolución, por ejemplo decidió conservar la carta constitucional del año 1814, que garantizaba la libertad de culto, de prensa y las garantías individuales. Mantuvo también los códigos y la administración administrativa y judicial creada por Napoleón. ¡No todo estuvo perdido después de la Restauración!

No obstante, si bien los demás países de Europa se vieron sometidos a los dictámenes más duros de la restauración (sobre todo en España con el regreso de Fernando VII), no todo estaba perdido para los ideales establecidos por la revolución, pues las guerras y la revolución no solo habían transformado a la sociedad Francesa, sino a toda Europa durante la era Napoleónica. Francia se había encargado de transmitir y extender al mundo los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, soberanía popular, junto a los derechos naturales del hombre, como propiedad, seguridad y opinión. Asimismo permitió la transformación de la Monarquía absoluta en monarquía constitucional y el establecimiento de los aspectos básicos del gobierno republicano.

9. Nacionalidad contra legitimidad

Si dejamos aparte su extremidad occidental, Francia, Portugal y España, la Europa de 1815 era un desafío al sentimiento nacional que había surgido en todas partes motivado, a la vez, por la difusión de las ideas de la Revolución y por el odio contra el conquistador francés. El sentimiento nacional obliga a que la comunidad de hombres a la cual se pertenece tenga su propio gobierno. Sin embargo, cuando hay que definir la comunidad nacional, las opiniones difieren.Una primera escuela, principalmente alemana, considera la nacionalidad como un producto de los fenómenos inconscientes e involuntarios: en esencia, la lengua materna y las tradiciones populares. La lengua materna es la única que se aprende «involuntariamente». Si la nación se define por su lengua, todos los que hablen francés deben pertenecer a Francia, todos los que hablen alemán a Alemania, tanto si quieren como si no. Esta teoría fue creada por Herder en el siglo XVIII. Pero mientras que Herder se preocupaba poco del Estado y hablaba en términos de naciones culturales, sus sucesores pretenden la identificación Estado-nación basado en la lengua.

La segunda escuela es principalmente francesa. Considera que la nacionalidad se funda sobre un fenómeno consciente y voluntario: el deseo de pertenecer a tal nación o a tal otra, deseo expresado de diversas maneras: plebiscitos, elecciones, votos de los representantes de la población. La fiesta de la Federación, el 14 de julio de 1790, estableció así la nación francesa. Si se sigue la teoría alemana o romántica, Alsacia, que habla un dialecto germánico, debe ser alemana; el país valón y la Suiza francesa deben ser franceses.

Si se sigue la teoría francesa o clásica, Alsacia es francesa porque ha demostrado su voluntad de pertenecer a Francia; a la inversa, la Suiza francesa, al rechazar su anexión a Francia, como lo manifestó en 1814, no es francesa sino Suiza.

Bélgica constituye un ejemplo excelente. Cuando en 1830 se sublevó contra los Países Bajos (que englobaban artificialmente a neerlandeses y belgas), algunos de sus habitantes habrían aceptado su anexión a Francia. La oposición de los británicos, hizo imposible la solución, y Luis Felipe, rey de los franceses, prefirió aceptar este punto de vista antes que arriesgarse a la guerra. De este modo, el nacionalismo belga, que ya existía, pudo darse a sí mismo libre curso y conseguir la creación de un pequeño estado independiente. Es notable el hecho de que este Estado haya sido formado por habitantes que hablan dos lenguas, el francés y el neerlandés. La revuelta contra la dominación holandesa partió de ambos grupos que acogieron con satisfacción la independencia. La nación belga es, pues, el resultado de la voluntad popular y no de la lengua. Bélgica y Suiza son naciones con varias lenguas. A pesar de las querellas lingüísticas del siglo XX en Bélgica, se trata, en ambos casos, de dos naciones sólidas en el pleno sentido de la palabra.

De este modo se comprende mejor el carácter antinacional de la Europa de 1815, basada, como hemos visto, en el principio de la legitimidad y en el equilibrio europeo. Dos naciones, la alemana y la Italiana, están divididas, la una en 39 Estados y la segunda en 7. Hay además dos grandes Estados históricos plurinacionales: el Imperio austriaco y el Imperio otomano.

En el primero, aparte de los austriacos de habla alemana, encontramos a checos, eslovacos, polacos, eslavos del Sur (eslovenos, croatas, serbios), húngaros, rumanos e italianos. En el segundo, aparte los turcos, encontramos a griegos, búlgaros, eslavos del Sur (sobre todo serbios), albaneses y rumanos. . .Finalmente, en todo el resto del continente existen nacionalidades sometidas: Irlanda al Reino Unido, Noruega a Suecia, alemanes al reino de Dinamarca, los finlandeses, los bálticos y los polacos a la Rusia zarista. Otros polacos están sometidos a Prusia.

Así, pues, el sentimiento nacional se ha convertido en una fuerza política. En todas partes los pueblos sometidos aspiran a la independencia; incluso en los Balcanes, donde el nivel de vida es más bajo y el analfabetismo más extendido, reaparece el orgullo de pertenecer a un gran pueblo. Los poetas exaltan la nacionalidad, los historiadores reencuentran las glorias pasadas, los filólogos depuran la lengua y restauran su nobleza. Al movimiento intelectual se sobreponen los movimientos políticos reformistas o revolucionarios. En resumen, por todas partes surge una potencia nueva, y todos los que miran hacia el futuro consideran con simpatía este estremecimiento de la libertad y de la dignidad humana.

Veremos cómo la Europa de 1815, construida contra la hegemonía francesa, chocará no contra una Francia cada vez más resignada y satisfecha, sino contra nuevas fuerzas que rechazan con horror el viejo principio de legitimidad convertido en mantenedor de una situación que juzgan intolerable.

Fuente: Jean Duroselle, Europa de 1815 a Nuestros Días, Editorial Labor, Barcelona, 1981. P. 22-24

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