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2. Los mapas en la enseñanza de la historia

3. Las películas en la enseñanza de la Historia

4. Los documentos escritos en la enseñanza de la Historia

5. Gráficos y estadísticas en la enseñanza de la Historia

Páginas recomendadas

1. http://www.odisea.ucv.cl/ aquí encontrarás gran cantidad de guías de aprendizaje y documentos referidos a las temáticas a bordadas desde 1º a 4º Medio (Chile). Geografía, economía, política, historia de Chile, Historia Universal.

2. http://www.profes.net/
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SÁTIRA POLÍTICA EN EL GOBIERNO DE SALVADOR ALLENDE. ANÁLISIS DE DIARIO TRIBUNA DURANTE LA VISITA DE FIDEL CASTRO A CHILE


  • Profesor Guía: Santiago Lorenzo Schiaffino
  • Comisión de examen: Eduardo Araya Leupín
  • Autora:: Ana Henríquez Orrego

PORTADA INVESTIGACIÒN: VISITA DE FIDEL A CHILE

INTRODUCCIÒN

El sentido del humor, en sus diversas manifestaciones: chistes, caricaturas y sátiras, ha sido un elemento que ha acompañado el devenir histórico de nuestra República. En efecto, se podría afirmar que forma parte de nuestra alma nacional . Así también, tal sentido del humor ha dejado huella concreta en diversos documentos a partir de los cuales es posible conocer el desarrollo de los procesos políticos, económicos y sociales de la historia de Chile.

Nuestra atención será centrada en el humor político desarrollado en Chile desde el origen de la República hasta 1973. El objeto de visualizar este amplio panorama, es lograr dilucidar con claridad las peculiaridades que tuvo el humor o sátira política desarrollada en Chile durante el Gobierno de la Unidad Popular. Estimamos que conociendo algunas de las principales características del humor o sátira política elaborada durante el siglo XIX y en la primera mitad del XX podremos apreciar de mejor modo las singulares características que adoptó el humor político chileno entre 1970 y 1973.

En el presente trabajo nos proponemos analizar concretamente la sátira política desarrollada por el diario Tribuna, medio periodístico publicado entre 1971 y 1973, con el objeto de lograr conocer el modo en que este diario se convirtió en un instrumento cuyo propósito principal fue fomentar el descrédito y la desestabilización del Gobierno de Salvador Allende, explotando al máximo sus cualidades satíricas.

Para llevar a cabo la investigación, en primer lugar, procuramos aproximarnos al estudio de la sátira política desde la perspectiva historiográfica, cuestión que nos condujo a considerar como pilares fundamentales obras tales como “La Sátira política en Chile” de Ricardo Donoso, y el libro “El que ríe al último…, Caricatura y poesía en la prensa humorística chilena del siglo XIX” de Maximiliano Salinas y otros. Así también, otras de las obras que contribuyeron a elaborar el presente análisis fueron: “Reseña de una Sonrisa: Los Comienzos de la Caricatura en Chile Decimonónico, 1858-1868”, de Isabel Cruz; “Visto y no visto”, de Peter Burke y “Caricatura y Agitación Política en Chile Durante a Unidad Popular. 1970-1973”, de Ángel Soto.

Tales obras permitieron la elaboración del marco teórico que hizo posible adentrarnos en el análisis del diario Tribuna, el cual constituye la fuente de información primaria del presente trabajo. El acceso a la colección completa de este diario sólo fue posible encontrarla en la Biblioteca Nacional de Chile, sección periódicos, donde la lectura y revisión del diario debe ser realizada exclusivamente a través de microfilmaciones. No obstante, un interesante compendio de 6 tomos se encuentra localizable en la “Biblioteca Chile-América”, de la Municipalidad de Viña del Mar , cuyo libre acceso y disponibilidad inmediata, permite fotografiar o escanear el material seleccionado.

La estructura a partir de la cual ha sido elaborado nuestro trabajo consta de cuatro capítulos. En el primer capítulo analizaremos desde una perspectiva conceptual la instrumentalización política del sentido del humor, adentrándonos en las definiciones del chiste, la caricatura y la sátira. Dentro de esta panorámica conceptual, elaboraremos un breve esbozo de la historia de la sátira política en Chile, cuyo fin será identificar las peculiaridades de la sátira anterior a 1970. A continuación se presentará una propuesta de análisis histórico que pretende esbozar los parámetros que deben ser estimados a la hora de considerar las diversas manifestaciones del sentido del humor como documento histórico.

Puesto que, una de las cuestiones fundamentales a la hora de considerar como documento histórico a la sátira, es conocer el contexto cultural en que fue producida, el segundo capítulo de la presente investigación se abocará a analizar las peculiaridades del Gobierno de la Unidad Popular, desde una perspectiva global, que implicará conocer el significado del concepto Guerra Fría. Esto nos permitirá dilucidar los efectos que tuvo para Chile haberse transformado en escenario y protagonista de la contienda global entre el capitalismo y el comunismo.

El tercer capítulo estará destinado a indagar y exponer las principales características de la sátira política desarrollada en el diario Tribuna. Ahora bien, para poder considerar a este medio de prensa como fuente de información histórica, será preciso someterlo a un riguroso estudio que contemple entre sus elementos, el análisis externo y el análisis interno. El primer aspecto contempla la necesidad de dilucidar cuáles fueron los móviles de los fundadores del diario, de dónde provinieron los recursos de financiamiento, qué tendencias políticas tenían los editores y periodistas, etc. Mientras que el segundo ámbito implica analizar el contenido propiamente dicho, lo cual significa conocer los parámetros de composición estructural del diario, las secciones que los componen, su distribución interna, el tipo de narrativa desarrollada, las características de la iconografía (caricaturas, comic, chistes, fotografías), etc..

Luego de que se realice este análisis general, será preciso generar una tabla o catálogo de las temáticas mayormente abordadas y explotadas por el diario, que nos permitirá conocer las directrices o “ideas fuerza” de este medio periodístico. Sólo después de llevar a cabo esta tarea, consideramos pertinente realizar la selección de la temática específica en la que se profundizará la investigación.

El cuarto y último capítulo estará destinado a analizar la visita de Fidel Castro a Chile a partir del diario Tribuna. El criterio de selección se basó, esencialmente, en que la mayor parte de las “ideas fuerza” desarrolladas por Tribuna se ven reflejadas en este período. Por ejemplo, el desabastecimiento, las colas, las alzas, las protestas, la crítica a la jerarquía eclesiástica, la ridiculización del Presidente y sus ministros, etc. Pero sobre todo, el móvil que nos instó a seleccionar esta temática fue que en este período se refleja con claridad la característica satírica del diario Tribuna.

Finalmente, es preciso señalar que el presente estudio es el producto del Seminario de Sátira Política del Programa de Magíster en Historia de la PUCV, dirigido por el profesor Santiago Lorenzo, a quien se agradece la oportunidad de explorar estos interesantes ámbitos de la investigación histórica.

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Investigaciòn: «La sátira política, análisis de la visita de Fidel Castro a Chile», 98 páginas.

 

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SALVADOR ALLENDE: LA VIA CHILENA AL SOCIALISMO.


ALLENDE

«La vía chilena hacia el socialismo: Análisis de los planteamientos teóricos esbozados por los líderes de la Unidad Popular»

Descargar artículo publicado en DIALNET

 

INTRODUCCIÓN

¿En qué consistió la llamada Vía Chilena al Socialismo?. El concepto Vía chilena al socialismo se refiere al proyecto político de la Unidad Popular para acceder al objetivo del socialismo dentro de los marcos de sufragio, a través del uso de la institucionalidad vigente, de democracia, el pluralismo y la libertad[1]. Pero es necesario precisar que éste fue el nombre con el que Salvador Allende se refería al proyecto socialista chileno, ya que los demás miembros de la Unidad Popular preferían otro tipo de clasificaciones, tales como Vía Pacífica, Vía no armada, Vía no insurreccional, etc.[2]En la presente investigación tenemos por objetivo conocer y analizar los planteamientos teóricos y tácticos de la Vía Chilena al socialismo, considerando las diversas perspectivas presentadas al interior de la Unidad Popular, así como los análisis retrospectivos elaborados por sus principales protagonistas.

Todos los autores consultados,[3] los cuales formaron parte activa de la Unidad Popular, o bien, se identificaban con el movimiento de izquierda chileno, coinciden en señalar que las formulaciones teóricas referidas a la vía socialista que se llevó a cabo en Chile desde fines de 1970 hasta septiembre de 1973 eran muy deficientes.

No obstante, al comenzar nuestra investigación constatamos que tal deficiencia no se refiere a la falta de formulaciones teóricas en sí, sino a la vaguedad de sus postulados. Por ejemplo, si abordamos el estudio de los planteamientos sostenidos por el Partido Comunista chileno, podemos constatar la multiplicidad de documentos en los que se menciona, define y explica lo que ellos entendían por Vía Chilena al Socialismo[4]. Pero, como afirma Sergio Bitar, la gran mayoría de las referencias explicativas o definitorias, hacían más bien hincapié en los objetivos y no en las estrategias que se emprenderían una vez alcanzado el poder[5]. Esto queda evidenciado en el propio Programa de Gobierno de la Unidad Popular[6], en él se estipulan las metas a las que se pretende llegar y los cambios que se implementarán para establecer en Chile una economía socialista, pero no se mencionan estrategias claras, ni métodos, sólo se insiste en que serán utilizadas las vías institucionales.

Siguiendo la propuesta de autores tales como Sergio Bitar, Tomás Moulian, Manuel Garreton y Luis Corvalán, para lograr establecer una línea de investigación coherente respecto del significado de la vía socialista seguida por la izquierda chilena, es preciso analizar los postulados teóricos previos al asenso de la Unidad Popular al poder, y luego los postulados presentados durante su gobierno. Respecto al período anterior a 1970 la investigación nos conducirá de manera clara hacia los documentos elaborados por los líderes del Partido Comunista, ya que desde 1958 en adelante, en este partido se comenzó a formular planteamientos teóricos sistemáticos respecto de las particularidades de la vía elegida por la izquierda chilena para acceder al poder[7].

Ahora bien, una vez alcanzado el poder en 1970, el análisis debe encausarse con mayor atención hacia los planteamientos que el Presidente Salvador Allende fue estipulando a lo largo de su mandato a través de sus discursos[8]. Si bien es cierto, casi la totalidad de sus alocuciones dan luces respecto del significado atribuido a la llamada Vía Chilena al Socialismo, para efectos de la presente investigación se han seleccionado aquellos en los que con mayor profundidad se refirió al tema en cuestión:

  • Discurso de la Victoria, 4 de septiembre 1970
  • Discurso de toma de posición, 5 de noviembre 1970
  • Mensaje al Congreso, 21 de mayo 1971
  • La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual, 18 de marzo 1972.

Para lograr llevar a cabo la investigación hemos seguido una metodología de trabajo que contempla entre sus fundamentos el análisis de documentos escritos referidos a la vía chilena hacia el socialismo, entre ellos destacan: discursos, folletos, informes y artículos publicados en diversas revistas de Izquierda. Junto al estudio de los documentos primarios, en la investigación se contemplan las apreciaciones y análisis elaborados retrospectivamente por destacados líderes del la Unidad Popular, entre ellos destacan Joan Garcés y Luis Corvalán. También se incorporan las apreciaciones de Sergio Bitar, Manuel Garretón y Tomás Moulian.

Finalmente, para lograr comprender el contexto histórico en el que se desarrollan y ponen en práctica los planteamientos referidos a La Vía Chilena al Socialismo incorporamos el análisis de bibliografía general referida al Gobierno de Salvador Allende.

La investigación que aquí se presenta fue organizada en dos capítulos, el primero de ellos titulado “Líneas directrices respecto del significado de la vía chilena al socialismo”, en éste se precisarán las principales características de las fuentes de información en las que se basa nuestro trabajo.

El segundo capítulo se titula “Bases teóricas de la Vía Chilena al Socialismo” y estará plenamente destinado a analizar el significado de la vía chilena al socialismo. En primer lugar, nos referiremos a los postulados teóricos elaborados por el Partido Comunista de Chile entre los años 1958 y 1970, luego se exponen las principales características del Programa de Gobierno de la Unidad Popular y finalmente se examinan 4 discursos de Salvador Allende en los que expresa sus ideas respecto del significado de “la vía chilena al socialismo”. Este último apartado será acompañado del análisis de las probables causas que condujeron a la crisis y colapso del Gobierno de la Unidad Popular.

CAPÍTULO I
Líneas directrices respecto del significado de la vía chilena al socialismo

¿Hacia dónde dirigir nuestra búsqueda?

Tal como se ha precisado en la introducción del presente trabajo, las directrices respecto del significado de la “Vía Chilena al Socialismo”, hemos de sistematizarlas en 3 grupos. Por una parte, buscaremos las reseñas de las particularidades de la vía adoptada por la izquierda chilena antes del triunfo de la Unidad Popular, en segundo lugar analizaremos el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, y finalmente haremos referencia a las explicaciones que Salvador Allende, como Presidente de Chile, se encargó de hacer a lo largo de los tres años de su mandato.

Formulaciones teóricas previas al asenso de la Unidad Popular

Como afirman Tomás Moulián y Manuel Garretón, un completo compendio de documentos referidos a la vía socialista chilena, elaborados antes del asenso de Salvador Allende al poder, se encuentra en el libro Camino de Victoria, escrito por Luis Corvalán[9]. El libro es una recopilación de documentos elaborados entre 1958 y 1970. Éstos son artículos, discursos o declaraciones oficiales emitidos por el Partido Comunista a lo largo del período mencionado, y en su gran mayoría, el redactor directo o el encargado de proferir las alocuciones fue Luis Corvalán, quien era el máximo líder del Partido Comunista chileno, ocupando el cargo de Secretario General. Respecto de esto, el propio Luis Corvalán señala en una de sus publicaciones más recientes (2003), que en Chile, fue el Partido Comunista el primero en propiciar una vía alternativa, que tenía como principal característica no recurrir a las armas para alcanzar el poder[10]. Cuyo objetivo no era sólo formar parte de una coalición de Gobierno, como fue la participación del partido Comunista y Socialista en el Frente Popular.
Una explicación detallada de los diversos aspectos de la definición propuesta por el Partido comunista chileno, será abordada en el capítulo II del presente trabajo. Ahora baste decir que las principales temáticas desarrolladas por este partido fueron las siguientes: se pone énfasis en precisar que la vía adoptada por la izquierda chilena no contradice ni a Marx ni a Lenin; que a pesar de que la vía chilena se defina, esencialmente, por ser no armada, ello no implica abandonar la revolución; y finalmente que lo único que se descarta como estrategia es la Guerra Civil.

Programa de Gobierno de la Unidad Popular

Como afirma Sergio Bitar, para lograr comprender el significado de la vía socialista chilena, es preciso interpretar el programa de Gobierno de la Unidad Popular[11]. En este documento se encuentra una completa formulación de los objetivos que se proponía alcanzar la UP, en él se exponen las transformaciones que sufrirán las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales. En el fondo, es la precisión del significado que tendría para Chile asumir el socialismo.

El rasgo más importante del Programa radica en declarar, expresamente, que todas las trasformaciones estructurales serán realizadas dentro de la legalidad vigente, y que si esa legalidad debe ser transformada, ello se llevará a cabo siguiendo los conductos regulares y democráticos[12].

Los demás aspectos fundamentales se analizan el capítulo II.

Discursos de Salvador Allende

Como ya hemos afirmado, la denominación “Vía Chilena al socialismo”, fue el nombre con el que Salvador Allende se refería a la estrategia adoptada por la izquierda chilena. De este concepto se desprendían las particularidades en los métodos y estrategias adoptados para lograr alcanzar el poder y desde allí aplicar las transformaciones necesarias para hacer de Chile una sociedad socialista.

La concepción que Allende tenía acerca de la “Vía Chilena al socialismo” se encuentra contenida en los discursos proferidos durante los tres años que duró su mandato. Para efecto del presente trabajo fueron seleccionados 4 discursos. De los cuales, los dos primeros (4 de septiembre y 5 de noviembre), consignan los objetivos que pretende alcanzar la UP, declarando especialmente el ánimo de respetar la institucionalidad vigente.

El tercer documento corresponden al Primer Mensaje Presidencial ante el Congreso, el día 21 de mayo de 1971. En este discurso podremos evidenciar las formas concretas en que el socialismo fue tomando forma en Chile. Allende va perfilando y esbozando el significado de la “Vía Chilena al Socialismo”.

Finalmente, el discurso que más luces nos entrega respecto de la visión de Allende acerca de la vía socialista chilena, es el proferido en marzo de 1972 ante el Congreso pleno del Partido Socialista. En este discurso, Allende es enfático en contradecir los postulados del Partido Socialista, dirigido por Carlos Altamirano. A través de este discurso, podremos evidencias que la vía chilena, entendida como vía pacífica y no armada, no era una de las verdades consagradas dentro de la Unidad Popular.

CAPÍTULO II
Bases teóricas de la Vía Chilena al Socialismo

Si bien es cierto, la izquierda chilena formó parte de coaliciones de gobierno a partir de 1938, tal participación no conllevaba ni comprometía una opción concreta de alcanzar el poder. El año en que la izquierda comienza a barajar concretamente la posibilidad de alcanzar el poder a partir de la vía electoral es 1952. Año en que se produce el primero de los cuatro intentos por llevar a la Presidencia a Salvador Allende, militante del Partido Socialista. No obstante, como señala Tomás Moulian, las elecciones del ´52 no conllevaban expectativas de triunfo, fue más bien el modo de manifestar su oposición hacia Carlos Ibañez[13]. En cambio, las elecciones de 1958 y 1964, tuvieron otro cariz. En estas se pensó fehacientemente en la posibilidad de triunfar en las urnas. Los resultados de 1958 generaron muchas expectativas[14], y casi un total convencimiento de que en 1964 sería alcanzada al menos la mayoría relativa. De esto dan cuenta los diversos análisis publicados por el Partido Comunista a partir de 1958[15], los cuales pasamos a revisar a continuación.

1. Propuesta teórica del Partido Comunista

Los documentos que pasamos a analizara a continuación reflejan la propuesta que el Partido Comunista presentó respecto de las particularidades que tenía el significado de la vía adoptada por la izquierda chilena. Como se verá, el concepto desarrollado fue la “Vía Pacífica”. No obstante, como señala Luis Corvalán, tal denominación fue confundida con los siguientes conceptos: Vía no armada, vía no violenta, vía no insurreccional, vía política, vía electoral, vía institucional, vía democrática, vía constitucional, y vía chilena[16]. Tales confusiones, según Corvalán, llevaron al partido comunista a elaborar una serie de documentos que precisaran el significado de la “vía pacífica”.

a. Nuestra vía revolucionaria: Acerca de a vía pacífica (artículo publicado en revista Principios, enero 1961)

En Este documento, emanado del seno del Partido Comunista y firmado por su Secretario General, Luis Corvalán, se perfila una propuesta de análisis que tiene por objetivo señalar las peculiaridades de la estrategia adoptada por la izquierda chilena. El primer aspecto a destacar es el título del artículo, el cual parte con la afirmación de que la “vía pacífica” se encuentra dentro de los márgenes de la revolución. Ello, esencialmente, porque el motor de ambas vías es la lucha de clases, la diferencia de la vía pacífica sólo radica en que se descarta la Guerra Civil como medio para alcanzar el poder[17].

El artículo parte sosteniendo que la vía pacífica es, en esencia, también revolucionaria, se enmarca dentro de la tradición marxista-leninista y está acorde con los postulados convenidos en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, celebrado en 1956[18]. Por otra parte, también se puede considerar como una proyección concreta de los frentes populares que en Francia, España y Chile “dejaron claro que la clase obrera encabezada por su vanguardia pueden forjar un frente obrero y popular amplio y con ello conquistar el poder con la vía pacífica”[19]. En efecto, Luis Corvalán es enfático en señalar que la izquierda chilena, encabezada por el Partido Comunista y Socialista, desde finales de la década del ´30 optaron por recorrer el camino de la vía pacífica y que en efecto, el llamado realizado por el XX Congreso del PCUS vino a ratificar una realidad que en Chile era latente desde hacía décadas[20].

¿Por qué es posible el triunfo pacífico de la izquierda?. El documento en cuestión señala como primer factor, el fracaso evidente del capitalismo, el cual gana cada día más enemigos, abriendo paso a la consolidación de grupos anticapitalistas, dirigidos por la vanguardia revolucionaria[21]. A esta animosidad anticapitalista se suman las condiciones concretas del aumento del apoyo electoral que evidenció la izquierda Chilena el año 1958. En las elecciones de ese año, Salvador Allende, que se presentaba por segunda vez como candidato a la Presidencia, obtuvo sólo 30.000 votos menos que el vencedor, Jorge Alessandri. Esta situación lleva al Partido Comunista a afirmar que en 1958 “el movimiento popular estuvo a punto de conquistar el poder por la vía electoral, de originar un Gobierno popular y democrático con la representación básica de los partidos Comunista y Socialista”[22].

Según señalan, Tomás Moulian y Manuel Garretón, los resultados de las elecciones de 1958 hicieron que dentro de la izquierda proliferaran análisis auspiciosos respecto de las posibilidades de triunfar a través de la vía pacífica[23]. Tales análisis, como ya hemos afirmado, provinieron principalmente del Partido Comunista, y entre ellos figuran los artículos que estamos analizando.

Otros de los temas destacados en el documento “Nuestra vía revolucionaria: la vía pacífica”, son el carácter democrático de las dos vías existentes en el socialismo, es decir, la vía violenta y la vía pacífica[24]; la diferenciación entre la vía pacífica y la coexistencia pacífica, pues la primera es de carácter interno, y hace alusión al modo de alcanzar el poder, mientras que la otra se refiere al tipo de relación sostenida por los Estados socialistas y capitalistas[25].

Finalmente, el documento señala la necesidad de tener en cuenta las palabras de Lenin respeto de atender a las condiciones particulares de cada país. Es esto último lo que llevaría a entender que no existen contradicciones entre las experiencias socialistas llevadas a cabo por la vía violenta, de las emprendidas por la vía pacífica, es decir, concretamente entre la experiencia cubana y la experiencia de la izquierda chilena. Se enfatiza en lo irrepetible de las diversas experiencias socialistas, sosteniendo, por ejemplo que “Nada más pernicioso en el movimiento popular tratar de copiar mecánicamente los procesos revolucionarios que tienen lugar en otras partes”[26]. Destacando esta perspectiva, se reafirma el carácter revolucionario de la vía pacífica, recurriendo nuevamente a algunos escritos en que Lenin y Marx, habían previsto la posibilidad de que en ciertos países el triunfo del socialismo se produjese por la vía pacífica. Por ejemplo, respecto de Lenin, se cita el documento “El extremismo, enfermedad infantil del comunismo”, donde se señala que la violencia no es algo propio e intrínseco al comunismo, que ella se ocupa allí donde no son posibles otros canales de acción, como por ejemplo, las luchas electorales[27]. Respecto de Marx se cita un discurso pronunciado en Ámsterdam el año 1872, donde habría señalado la posibilidad de que el proletariado lograra llegar al poder sin el recurso de las armas.[28]

b. La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta (Artículo publicado en Principios, octubre de 1961)

En octubre de 1961, el Congreso Pleno del Comité Central del Partido Comunista se planteó como objetivo elaborar una definición más precisa del significado de la vía pacífica, intentando responder, principalmente a las siguientes preguntas: ¿por qué en Chile el socialismo se debe alcanzar por la vía pacífica?, ¿cómo manifiesta esta vía el carácter revolucionario?[29].

El documento que respondió a estas preguntas fue publicado en octubre de 1961 en la revista Principios, bajo el título “La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta”. Se parte afirmando que en Chile existen las condiciones políticas para que el poder sea conquistado a partir de la vía electoral, pero no de la forma en que fue pensada por Lenin o posteriormente por el XX Congreso del PCUS. Según éstos la vía pacífica significaba que las masas conquistarían el poder parlamentario[30]. Mientras que en Chile, según el análisis presentado por el Partido Comunista, lo más probable era que el poder pudiera ser alcanzado a través de una elección presidencial, puesto que la Constitución Política del Estado chileno, es esencialmente, presidencialista, concediendo al Presidente amplios poderes y atribuciones y situando de ese modo el cargo presidencial como el más importante dentro del contexto político nacional[31].

Ahora bien, la vía pacífica es, según este análisis, una vía revolucionaria porque no desmoviliza a las masas, su participación en el proceso es esencial y son ellas las que deben evidenciar la lucha entre las clases. En efecto, en el documento se sostiene que “se debe dejar claro que dicha vía solo excluye la guerra civil o la insurrección armada y no otras formas agudas de lucha, que se puede utilizar por diversos canales y no solo por la utilización del parlamento; que se basa en la acción de las masas; que su contenido es esencialmente revolucionario y que se debe estar preparado para cualquier cambio de situación y por tanto para emprender otra vía”[32].

Todo este conjunto de apreciaciones va encaminada a contravenir las críticas que ciertos sectores de la izquierda, liderados, por ejemplo, por Clotario Blets, han ido realizando a la “vía pacífica”. Estos sectores insisten en afirmar que lo propio de la fuerza popular está en la insurrección y en la violencia. Ante ello, el Partido Comunista responde afirmando que “El proletariado y su partido, nunca han sido partidarios de la violencia por la violencia, están por el camino menos dolorosos, por evitar en lo posible los derramamientos de sangre y las destrucciones de los bienes materiales y culturales… Antes se ponía énfasis en la violencia porque las condiciones difícilmente daban para conseguir otro camino”[33].

La vía pacífica es una forma de la revolución (artículo publicado en Nuestra Época, diciembre 1963

Otro de los documentos relevantes elaborados por el Partido Comunista acerca del significado de la vía socialista chilena, es el emitido en diciembre de 1963, publicado en la revista Nuestra Época[34]. La relevancia de este documento radica en que él nos muestra la percepción del partido Comunista en vista a la próxima elección presidencial (1964). En este documento se muestra un análisis detallado de las condiciones concretas que permitirían a los partidos de izquierda conquistar el poder.

Se parte sosteniendo que el Frente de Acción Popular (FRAP), que agrupa a los partidos Comunista, Socialista, Democrático Nacional y otras colectividades, luchará resueltamente por la conquista del poder político[35]. En la contienda electoral del año 1964 se enfrentaron Salvador Allende por el FRAP, Julio Durán por el Partido Conservador, Liberal y Radical y Eduardo Frei por la Democracia Cristiana. Las posibilidades de que Allende llegara a triunfar, según el análisis presentado en este artículo, eran amplias, y se basaban esencialmente en los siguientes aspectos:

“el FRAP es una sólida coalición de partidos, cuyo programa antiimperialista y antifeudal responde a las exigencias objetivas del desarrollo social y a los intereses y aspiraciones de la mayoría de la población.
El sistema político electoral chileno a pesar de sus limitaciones, permite hacer de las elecciones presidenciales una coyuntura decisiva para la generación de un gobierno popular.
La mayoría nacional está por los cambios revolucionarios a través de la vía no armada.
Las tradiciones democráticas burguesas y la lucha del pueblo por defensa y ampliación de libertades públicas gravitan contra propósitos antidemocráticos de la ultra reacción y favorecen la lucha contra sus tentativas golpistas”[36]

Como se puede ver, se confiaba en la fuerza que adquiría la amplia coalición de partidos que conformaban el FRAP, en las características del sistema político electoral, en la buena acogida que tenía entre la población la propuesta de provocar los cambios estructurales necesarios para hacer de Chile una sociedad socialista a través de la vía pacífica y, finalmente, se confiaba en la tradición democrática de la burguesía chilena, lo cual no hacía factible una reacción golpista ante el eminente triunfo de Salvador Allende.

Los temas abordados en el documento en cuestión son los siguientes:

En primer lugar, se expresa que el conjunto de partidos que componen el FRAP aceptan participar de la vía electoral, como mecanismo para acceder al poder por la vía pacífica, aunque ante ello se señala que las elecciones no son la única posibilidad de alcanzar el poder sin violencia[37]. Luego, se sostiene y se reitera uno de los temas más extensamente tratados a lo largo de todos los documentos del Partido Comunista entre 1958 y 1970, es decir, el carácter revolucionario de la vía pacífica. Se afirma que la vía elegida por la izquierda chilena es, esencialmente, revolucionaria y que tiene por fundamento la movilización de las masas. Esto último, en respuesta a las críticas del Partido Comunista chino hacia la estrategia desarrollada por su homólogo chileno. Según el PC chino, la vía pacífica significa conciliación entre las clases y aceptación del imperialismo capitalista. En consecuencia, se reprocha al PC de Chile desvirtuar la esencia de la lucha de clases[38].

El último aspecto que se aborda en el documento, “La vía pacífica es una forma de la revolución”, es la plena disposición del FRAP a aceptar la institucionalidad y la legalidad vigente en Chile[39]. Este tema, según expresa aclaración de su firmante, Luis Corvalan, “es la respuesta a las difamaciones aparecidas en El Mercurio y El Ilustrado. Las páginas de los diarios reaccionarios objetan la posibilidad de la vía pacífica, niegan la posibilidad de alcanzar el poder sin recurrir a las armas, predican a tontas y a locas que usaremos la violencia armada”[40].

Ahora bien, entre los años 1963 y 1964 proliferaron los documentos (artículos y discursos) en los que el Partido Comunista daba a conocer su confianza en la posibilidad de triunfar en las urnas[41]. Se pensó concretamente en que Salvador Allende lograría imponerse a los otros candidatos. No obstante, las elecciones de 1964 terminaron siendo la tercera derrota consecutiva de Allende. Ante tal situación la formulación teórica de la vía pacífica entró en crisis, “sólo el Partido Comunista no cayó en la fantasía épica de la lucha armada, que proliferó en los sectores socialistas y otros grupos de izquierda extremos”[42].

2. La vía pacífica en crisis

Tras la tercera derrota consecutiva de Salvador Allende como candidato a la Presidencia, cundió el desánimo en la izquierda chilena[43]. Algunos grupos se mostraron pesimistas frente a la vía electoral. En efecto, empezaron a desarrollar discursos críticos sobre el electoralismo y el parlamentarismo. Apareció la propaganda de las acciones armadas, cuyo foco principal fue la Revista Punto Final. Por otra parte, apareció El MIR (Movimiento de izquierda revolucionario), “constituyendo un grupo de jóvenes que afirmaban y enrostraban a sus mayores que la revolución no se hacia entre los decorados neoclásicos del Parlamento, ni tampoco con masas indefensas”[44].

El proceso que llevó a la formación de un nuevo pacto entre los diversos grupos de izquierda fue complejo. La posición extremista de varios líderes del socialismo (entre ellos Carlos Altamirano), hacían difícil la comunicación con el Partido Comunista.[45] Arduo fue el proceso que llevó finalmente a proclamar como candidato a Salvador Allende, quien por cuarta vez consecutiva intentaría llegar a la presidencia.

3. La vía socialista chilena en el Programa de Gobierno de la UP

En el Programa de la Unidad Popular se establecieron los objetivos que la coalición de partidos de Izquierda de Chile pretendía alcanzar una vez obtenido el control del Estado[46]. Los principios básicos que regían el Programa se encuentran contenidos en los siguientes conceptos: Democracia, pluralismo y libertad.

Respecto de la Democracia, se afirma que el triunfo del poder popular tiene por objetivo cumplir la doble tarea de “preservar, hacer más efectivos y profundos los derechos democráticos las conquistas de los trabajadores” y “transformar las actuales instituciones para instaurar un nuevo Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”[47]. En el Programa se evidencia la consagración del respeto al pluralismo y la libertad, afirmando que se respetará plenamente el pluripartidismo y las diversas libertades propias del ciudadano, tales como la libertad de culto y expresión[48].

Teniendo en cuenta tales principios, la Unidad Popular proponía llevar a cabo profundas y radicales transformaciones, las cuales se encargarían de hacer de Chile una sociedad socialista[49]. Las particularidades de la propuesta de la izquierda Chilena, radicaba, esencialmente, en los métodos para alcanzar los objetivos. Es decir, la forma en que Chile llegaría a transformarse en una sociedad socialista. Como se explicó en el apartado anterior, el proyecto político de la Unidad Popular no puede ser entendido sin tener en cuenta que éste venía a significar la cuarta vez consecutiva en que una colación de partidos de izquierda intentaba llevar a la Presidencia a Salvador Allende. Desde 1952 la izquierda chilena se había propuesto como una meta seria la posibilidad de alcanzar el control del Estado por la “vía electoral”, para ello fue necesario aceptar y someterse a las reglas del juego[50]. Esta aceptación de reglas, se expresa concretamente en el Programa de Gobierno, ya que en éste se afirma la absoluta voluntad de respetar la institucionalidad y legalidad vigente. Sin embargo, como también se sostiene en el Programa, la finalidad última era lograr generar una nueva institucionalidad, que permitiera márgenes mucho más amplios y acordes con una sociedad socialista. Para ello, el principal paso que debía darse era crear una nueva Constitución Política[51].

Ahora bien, las profundas transformaciones que se planteaban en el Programa de la UP, tenían como punto de partida la constatación de los problemas y la crisis estructural en la que se encontraba sumida la economía nacional[52]. Según este diagnóstico, la sociedad chilena enfrentaba una crisis global, que sólo podía superarse mediante transformaciones profundas de su estructura. Entre las principales transformaciones que señala el Programa se encuentra la necesidad de poner fin al latifundio, a los monopolios y al control externo de las riquezas básicas para abrir el camino a la construcción socialista[53]. Estas características, hicieron que el Programa tuviera como líneas directrices de las transformaciones el anti-imperialismo, el anti-monopolismo y el anti-capitalismo[54].

Según los planteamientos del Programa, el factor fundamental que permitiría el paso al socialismo eran las transformaciones en la estructura económica. En el Programa se propone la socialización de los medios de producción, esto implicaba “construir un área estatal dominante, formada por las empresas que actualmente posee el Estado, más las empresas que se expropien. Como primera medida se nacionalizarán las riquezas básicas, que como la gran minería del cobre, hierro, salitre y otras están en poder de capitales extranjeros y de los monopolios internos”[55]. Lo anterior involucraba nacionalizar la gran minería, el sistema financiero, el comercio exterior, las grandes empresas y monopolios, y en general todas aquellas actividades que se consideraban estratégicas para el desarrollo del país, como es la energía eléctrica, los transportes, las comunicaciones, etc. A estas medidas se unía la aceleración del proceso de Reforma Agraria, que venía a completar el proceso de transformaciones estructurales de la economía nacional.

Los otros aspectos tratados en el Programa de Gobierno de la UP son “las tareas sociales”[56], las tareas en el área de la “cultura y educación”[57] y finalmente el tipo de “relaciones internacionales”[58] que establecería el Gobierno Popular.
Como se puede ver, el proyecto socialista expuesto en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular implicaba llevar a cabo una profunda reestructuración de la economía, de la sociedad y la institucionalidad, todo ello dentro de los márgenes de la legalidad vigente que tenía como principios básicos mantener y fortalecer el respeto a las libertades, el pluralismo y la democracia.

4. Salvador Allende y la Vía Chilena al Socialismoa. Análisis de los discursos de Salvador Allende
Como hemos señalado, los discursos de Salvador Allende son una fuente fundamental para lograra dilucidar el significado de la “Vía Chilena al Socialismo”, en todas sus alocuciones, pero primordialmente en las que pasamos a analizar en el presente apartado dio a conocer los elementos característicos que hacían de la vía socialista chilena algo único y diferente a las otras vías revolucionarias.

Discurso de la Victoria, 4 de septiembre 1970

Conocidos los resultados que le dan la primera mayoría relativa en las elecciones presidenciales[59], el líder de la UP se dirige a miles de partidarios reunidos en la Alameda, desde el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile, expresando que el proceso de reformas sociales recién comienza.

Confiando en que el Congreso ratificaría su victoria, Allende se presenta ante sus adherente como el Presidente de Chile. En este primer discurso, Allende pone énfasis en que su Gobierno respetará los derechos de todos los chilenos, pero así también declara que los objetivos propuestos en el Programa de la UP no serán transados y serán cumplidos[60]. En primer lugar se pondrá fin al dominio de capital foráneo sobre la economía nacional, acabando con los monopolios, llevando a cabo una profunda Reforma Agraria y un amplio programa de nacionalizaciones[61].

Así también, hace hincapié en señalar que el Gobierno tendrá un carácter revolucionario, pero revolución, dice Allende, “no implica destruir, sino construir; no implica arrasar, sino edificar… El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Aquellos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y responsabilidad de ustedes”[62].

Como se puede apreciar en este primer discurso se reitera los propósitos señalados en el Programa de la UP, lo cual implica asumir una vía revolucionaria que permita reestructurar por completo la economía, pero cuya principal característica habría de basarse en el respeto al orden legal vigente en Chile.

Discurso de toma de posición, 5 de noviembre 1970

Este discurso fue pronunciado por Salvador Allende en el Estadio Nacional al tomar posesión del Gobierno, el 5 de noviembre de 1970.

Comienza el discurso presentando el lúgubre panorama económico que caracteriza a Chile, reiterando el análisis expuesto al comienzo del Programa de Gobierno de la UP. Es decir, una economía caracterizada por la explotación, la desigualdad y la opresión. Ante ello, Salvador Allende procede a dar respuesta a la siguiente interrogante ¿cuál es el Chile que heredamos. La respuesta es catastrófica: “Nuestra herencia es una economía herida por la inflación, que mes tras mes va recortando el mísero salario de los Heredamos una sociedad lacerada por las desigualdades sociales. Una sociedad dividida en clases antagónicas de explotadores y explotados. Una sociedad en que la violencia está incorporada a las instituciones mismas, y que condena a los hombres a la codicia insaciable, a las más inhumanas formas de crueldad e independencia frente al sufrimiento ajeno. Nuestra herencia es una sociedad sacrificada por el desempleo, flagelo que lanza a la cesantía forzosa y a la marginalidad a masas crecientes de la ciudadanía; masas que no son un fenómeno de superpoblación, como dicen algunos, sino las multitudes que testimonian, con su trágico destino, la incapacidad del régimen para asegurar a todos el derecho elemental al trabajo”[63].

Ahora bien, la vía socialista chilena propone dar solución a estas problemáticas llevando a cabo una nueva política económica, orientada a satisfacer los intereses populares, acabar con la dependencia del capital foráneo y con la actual distribución que sólo favorece a las clases dominantes.

El primer punto que enfatiza respecto de la vía socialista de Chile es que este camino se emprenderá por la vía pacífica, es decir sin la necesidad de recurrir a las armas, pues la mayoría en las urnas ha ratificado su ascenso[64]. Con notorio orgullo, Allende rememora el largo camino pacífico a partir del cual se ha llevado a cabo en Chile la conquista del poder. Insiste en recordar a sus adherentes que esta vía, la “Vía Chilena hacia el Socialismo” rechaza las luchas fratricidas. En efecto, llama a hacer un esfuerzo conciente por mantener la estabilidad republicana, que ya es algo propio de la República de Chile, y cuyas breves interrupciones ha sido provocada por las clases dominantes, “no por el pueblo de Chile”[65].

Allende afirma que la vía pacífica a partir de la cual el pueblo de Chile llega al poder tendrá por objetivo primario superar el sistema capitalista que las explota. Esa será la tarea que asumirá la Unidad Popular, pero todos los cambios se esperan realizar manteniendo la vigencia y el respeto de los valores democráticos y el reconocimiento de la voluntad mayoritaria. Ello implica buscar las metas revolucionarias teniendo en cuenta y siendo concientes de la realidad nacional, es decir, reconociendo las particularidades y diferencias con otras experiencias socialistas desarrolladas en el mundo. En estas circunstancias, Allende señala que Chile constituye un ejemplo para el mundo respecto de la posibilidad de que el movimiento anticapitalista llegue al poder por la vía electoral y sin que ello signifique alejarse de la teoría de los clásicos (Marx, Lenin y Engels). Recordemos pues, que al momento de formular la teoría de la vía al socialismo prescindiendo de la violencia, se tuvo principal interés en señalar que ni Marx, ni Engels ni Lenin fueron detractores de esta posibilidad.
Así pues, en este discurso en concreto, Salvador Allende cita las siguientes palabras de Engels: “Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución, se puede hacer lo que desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación”[66]. Según Allende esta es la realidad de Chile, por tanto es posible emprender la Vía Chilena al Socialismo, que implica en esencia no verse enfrentado a la necesidad de emprender una Guerra Civil.

Respecto de los ámbitos concretos que abarcará la vía chilena al socialismo, Allende vuelve a reiterar que se acabará con los monopolios, se nacionalizará el crédito, se acabará con los latifundios, realizando una profunda reforma agraria, se nacionalizarán las riquezas fundamentales, es decir las grandes minas del cobre, de carbón, de hierro, de salitre. Pero vuelve a señalar, el camino que se emprende, es el explicitado en el Programa de la Unidad Popular: El camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad[67].

Por tanto, la vía socialista implicaba superar el atraso económico y los problemas teniendo en cuenta las tradiciones democráticas de chile, por ejemplo el respeto al pluripartidismo, la libertad de conciencia y expresión.

En estas circunstancias, Allende finaliza el discurso dedicando algunas palabras a los extranjeros asistentes, invitándoles a hablar en sus respectivos países acerca de la vía chilena hacia el socialismo, a la cual también pueden refriese como vía democrática hacia el socialismo[68].

Primer mensaje al Congreso, 21 de mayo 1971

Sin duda, este es el documento que de mejor forma nos permite conceptualizar el significado de la Vía Chilena al socialismo. En él se establecen propósitos y lineamientos más claros y con un mayor grado de precisión. Se exponen en este informe los parámetros que ha seguido el Gobierno de la Unidad Popular para construir el Socialismo durante los 6 meses transcurridos desde la toma de posición, y las expectativas que se tienen para el futuro. Se subrayan las peculiaridades de esta vía Revolucionaria, cuyo principal fundamento se basa en el respeto de la democracia, el pluralismo y la libertad. Se enfatiza la necesidad de generar nuevas instituciones acordes con los objetivos socialistas que pretenden acabar con la pobreza, la dependencia y el subdesarrollo, teniendo conciencia de que no hay precedentes y que Chile es un pionero en este ámbito, sin que ello signifique negar o contradecir el planteamiento de los clásicos del marxismo-leninismo[69].

Allende sostiene en este discurso que lo fundamental de la Vía Chilena al Socialismo puede ser sistematizado en cuatro puntos: la legalidad, las libertades políticas, la violencia y la socialización de los medios de producción. Todos ellos habrían de transformarse en la base del proyecto revolucionario de carácter socialista chileno.

1. El principio de la legalidad

Una de las afirmaciones primarias del proyecto socialista expuesto en el Programa de Gobierno de la UP sostiene que será respetada la legalidad vigente. Esto vuelve a ser ratificado por Salvador Allende en este primer mensaje al Congreso. No obstante, es enfático en señalar que esta legalidad debe ser transformada, pues no responde a los intereses de la nueva sociedad que pretende construir el socialismo[70].

Superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, implica, según señala Allende ante el Congreso Pleno, reemplazar la actual Constitución, de fundamento liberal, por una Constitución de orientación socialista. Y el sistema bicameral en funciones, por la Cámara Única. Pero tales trasformaciones deben encausarse por las vías legales vigentes, lo cual implica un llamado a los miembros del Congreso para que colaboren con la vía revolucionaria socialista, que pretende respetar el Estado de Derecho vigente en Chile.

2. Las libertades políticas

El segundo punto que contempla la vía socialista chilena es el respeto de las libertades políticas, las cuales son reconocidas como una de los logros positivos heredados del período anterior. También han de ser respetadas la libertad de conciencia y de todos los credos profesados por los chilenos[71].

Evitar la violencia

Puesto que el camino hacia la construcción del socialismo no ha nacido de la lucha contra el despotismo monárquico o de otro tipo, sino contra las restricciones de una democracia liberal, no fue necesario recurrir a la violencia, al quiebre sangriento de la sociedad ni a una guerra civil, Allende declara como uno de los principios básicos del proyecto socialista chileno, la no aceptación de la violencia como medio para cimentar el poder popular. Señala que el socialismo será establecido sin generar ningún tipo de forma autoritaria de Gobierno. Así también se confía en el rol que habrían de desempeñar las Fuerzas Armadas y Carabineros, a quienes se encomienda la tarea de velar por el orden y la estabilidad interna de Chile. Desde esta perspectiva, Allende sostiene que sólo si la violencia es evitada, los objetivos socialistas serán alcanzados dentro de los márgenes de la democracia, el pluralismo y la libertad[72].

5. Socialización de los medios de producción

Partiendo de la base marxista de que los fundamentos de toda sociedad están establecidos en las estructuras económicas, el proyecto emprendido en Chile por la Unidad Popular considera fundamental la reestructuración de la economía, cuestión que permitiría transitar desde la economía capitalista hacia la socialista.

En su Primer Mensaje al Congreso, Allende expone los avances que se han realizado respecto de las transformaciones económicas. Se presenta como logros de los primeros meses del Gobierno Popular, la nacionalización del cobre y el hierro; la incorporación de cuantiosas empresas al área de propiedad social; la aceleración de la Reforma Agraria y la estatización de 9 bancos. Así también, destaca el logro de haber aumentado el poder adquisitivo de los trabajadores y haber mantenido bajos los niveles de inflación[73].

En este ámbito, Allende finaliza afirmando que “instaurar el socialismo significa reemplazar el modo de producción capitalista mediante un cambio cualitativo de las relaciones de propiedad y una redefinición de las relaciones de producción”[74].

La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual, 18 de marzo 1972.

Este documento corresponde al informe leído el 18 de marzo en el Pleno Nacional del PS efectuado en la localidad de Algarrobo. Publicado como folleto por el Departamento Nacional de educación Política del PS, abril de 1972[75].

Desde el punto de vista del análisis conceptual del significado de la vía chilena al socialismo, este documento resulta muy interesante debido a que en él vemos reflejada las disputas respecto de las tácticas a seguir en este proyecto. Mientras que Salvador Allende insiste en presentar el respeto a la legalidad y la institucionalizada de Chile y encausar las transformaciones dentro de sus márgenes, el Partido Socialista, da a conocer un informe en el que se expresa que el objetivo es destruir la institucionalidad vigente. Ante esto, Allende reacciona airadamente y en el documento que analizamos a continuación percibimos sus apreciaciones.

En primer lugar señala, que el Estado ha sido conquistado por el poder popular por la vía electoral y que actualmente se ha transformado en el medio a partir del cual se están llevando a cabo las transformaciones estructurales que harían de Chile una sociedad Socialista. Por tanto es un grave error que el Partido Socialista apruebe un informe donde se afirme que el paso siguiente sea destruir el Estado. Mucho menos, el informe puede definir el Estado como una herramienta del poder burgués, con un contenido de clase ni más ni menos que burgués. Ante ello, Allende sostiene “¿Quién puede suponer que un partido que cuenta entre sus militantes al ministro del Interior y al Presidente de la República debe proponerse la destrucción, la quiebra del aparato coercitivo del Estado?”[76].

Allende es enfático al señalar que es demagógico seguir afirmando que hay que destruir el Estado burgués, pues lo que debe hacerse es generar procedimientos y métodos claros para seguir avanzando hacia el socialismo, pero dentro de los márgenes institucionales y legales[77]. El Presidente recuerda a sus camaradas de Partido Socialista, que las bases de la sociedad descansan en la estructura económica y que son éstas las que deben ser modificadas, por tanto está lejos de ser el objetivo, la quiebra violeta del aparato estatal. Este aparato debe también ser modificado, pero no destruyéndolo, sino modificándolo, pero tal modificación también debe realizarse dentro de los márgenes legales[78].

Así pues, el documento constituye un fuerte llamado de atención hacia los integrantes del Partido Socialista, que insisten en teorizar respecto de la necesidad de destruir la institucionalidad vigente. Allende les señala que el pilar fundamental del camino socialista que ha emprendido Chile, se encuentra en el apoyo popular que confió en la propuesta pacífica para alcanzar el socialismo[79]. Así pues, Allende termina el documento sosteniendo que “nuestro camino hacia el socialismo no se ha iniciado sobre las piedras derruidas y humeantes del anterior aparato administrativo, sino que por el contrario, hemos llegado al gobierno con la administración pública organizada. Mal organizada desde el punto de vista de la revolución, por eso debemos reestructurarla… En Chile tenemos una administración en funcionamiento, que con todas sus deficiencias, limitaciones y obstáculos, está equipada material, técnica y profesionalmente para el manejo del Estado. No aprovecharla sería absurdo”[80].

Síntesis explicativa del conceoto “Vía Chilena al Socialismo”

Ahora bien, al proceder al análisis de los documentos elaborados por el Partido Comunista y los discursos de Salvador Allende, se puede afirmar que la definición del concepto “Vía Chilena al Socialismo” se centra en la modalidad en que el socialismo alcanzaría el poder en Chile. Lo esencial es la socialización de los medios de producción, la gestión del Estado por parte de los trabajadores, y un sistema de valores culturales que permitan la convivencia solidaria.

Su definición teórica contempla tres aspectos: una justificación negativa, una justificación de su posibilidad teórica y su viabilidad histórica y un conjunto de elementos que configuran la definición positiva.

DEFINICIÓN NEGATIVA:

Según esta perspectiva, la vía chilena es aquella que no sigue los caminos tradicionales de anteriores procesos socialistas: ella no utiliza la violencia física, no realiza una ruptura violenta con el orden social existente, es decir, no es una vía armada; no se basa en una forma dictatorial o autoritaria de Gobierno y no contempla la exigencia de un partido único de Gobierno[81].

LA JUTIFICACIÓN TEÓRICA:

Por un lado se encuentra la posibilidad teórica prevista por los clásicos de la teoría marxista (Marx y Lenin). Donde puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde, de acuerdo a la Constitución, se pude hacer lo que se desee, desde el momento que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación[82].

Para lograr el socialismo sin el recurso de las armas, deben existir ciertas condiciones, las que en el caso chileno eran:

– La existencia de un Estado de estructura primordialmente burguesa, con separación de poderes y régimen presidencial con Ejecutivo fuerte, con creciente intervención en la vida económica, dotado de un conjunto de mecanismos, legitimados, entre ellos el sistema electoral, para resolver los conflictos[83].
– Un desarrollo democrático relativamente amplio que haya configurado un conjunto de condiciones políticas, entre las que se cuentan la sólida organización política y sindical de las clases obreras y las masas populares con la consagración de su poder de presión, la existencia de partidos políticos organizados que representen la ideología de las diversas clases sociales, el ejercicio real de la libertad, un sistema de elecciones libres y periódicas con alta participación y un sistema jurídico abierto[84].

A lo anterior se agrega la experiencia de una prolongada crisis económica con el fracaso histórico de los modelos de desarrollo dentro del sistema capitalista. Sistema que excluía la intervención de potencias extranjeras y finalmente, el factor subjetivo constituido por la fuerte conciencia política y revolucionaria de los sectores más significativos del proletariado. Estos elementos se evidencian en el análisis expuesto en la introducción del Programa de la UP, donde se expone el lúgubre panorama de la economía nacional y las causas que la mantienen en un estado deplorable[85]. La confianza en el poder intrínseco que contenían los movimientos de masas se encuentran ampliamente expuestos en los documentos elaborados y publicados por el Partido Comunista entre 1958 y 1970[86].

LA DEFINICIÓN POSITIVA. Abarca principalmente los siguientes ámbitos: el Rol de la institucionalidad, el papel del movimiento popular, las tareas programáticas, la definición en torno a las libertades públicas y el sistema de expresión política y el rol de la violencia y las Fuerzas Armadas.

En primer lugar la vía chilena al socialismo habría de iniciarse con la conquista de poder Ejecutivo, por parte del movimiento popular, conducido por los partidos de izquierda. El Gobierno aparece como elemento estratégico en la lucha por el poder político de los trabajadores y del pueblo en general. A partir de él se puede iniciar la transformación social que conduce al socialismo. Pero como la conquista el Gobierno no alteró el conjunto de la institucionalidad vigente y, por lo tanto, son dentro de sus marcos que deberían realizarse estas transformaciones. La meta es crear una nueva institucionalidad y una nueva legalidad a partir de la existente, culminando en una nueva constitución aprobada según las normas prescritas en la Constitución vigente.

La propuesta de la Unidad Popular implicaba no destruir la institucionalidad, sino servirse de ella para transformarla. Según el análisis expuesto por Salvador Allende en sus discursos, históricamente esta institucionalidad había sido usada por los grupos sociales dominantes para la perpetuación del sistema y sus posiciones y dominio, mientras que la vía chilena al socialismo pretendería usarla al servicio de los intereses de las clases populares y de su proyecto de construcción de un nuevo tipo de sociedad, lo que implica un cambio del contenido de clase en el aparato normativo y organizacional del Estado. En esto radica la característica de gradualidad de la vía chilena al socialismo, por lo que el conjunto de la institucionalidad y del Estado sería transformada progresivamente por el movimiento popular a partir de su conquista del gobierno.

Así pues, desde la óptica de los líderes de la UP, la conservación de la sociedad no está en la sociedad misma, sino en el poder económico y en las relaciones sociales establecidas por los grupos dominantes[87]. El primer aspecto que debía concretarse para alcanzar la vía chilena al socialismo era una consolidación de una amplia alianza de clases en torno a ellos, especialmente de las llamadas capas medias, que solo excluía a los denominados enemigos fundamentales de la revolución chilena, es decir, la gran burguesía monopólica y agraria, y sus representantes políticos[88].

Entre las tareas básicas que se proponía alcanzar la vía Chilena al Socialismo se encontraba la realización de tareas destinadas a satisfacer las necesidades materiales de las masas trabajadoras y a ampliar las bases económicas sociales y culturales de la democracia política, y las tareas destinadas a promover las reformas socioeconómicas que modificaran el sistema capitalista. En este ámbito, se subrayó que lo primordial era asegurar la distribución masiva del ingreso a favor de los sectores populares y asegurar a la propiedad social de los medios de producción fundamentales, los cuales, se encontraban hasta el momento en poder de los grupos monopólicos[89].

Siguiendo los discursos de Salvador Allende, uno de los principales objetivos propuestos considerados en la Vía Chilena al Socialismo se encontraba la socialización de los medios de producción. En este ámbito, el Estado se convertía en el objetivo político a conquistar y, al mismo tiempo, en un medio a partir del cual se podrían satisfacer intereses inmediatos de las masas populares. Estos elementos fueron los que Allende enrostró a los líderes del Partido Socialista, que seguían insistiendo en la necesidad de destruir el Estado, sin aceptar que era este el medio a partir del cual se llevarían a cabo las reformas necesarias.

Desde el punto de vista estratégico, la formulación teórica de la Vía Chilena al Socialismo implicaba alcanzar los objetivos socialistas manteniendo la democracia, el pluralismo y la libertad. Se puso énfasis en sostener que se mantendría el sistema democrático vigente, se mantendrían y ampliarían las libertades individuales y colectivas y su expresión política en el régimen de partidos. Garantiza la existencia y el pluralismo de los partidos de oposición. También acepta la existencia de la multiplicidad de partidos de gobierno, y en ningún caso se iría contra las libertades religiosas imperantes en Chile[90].

La principal singularidad de la vía Chilena al Socialismo, era la exclusión de la violencia física y abierta como medio de lucha política. Este tema se subrayó en todas las formulaciones teóricas desarrolladas con anterioridad al asenso de Salvador Allende al poder. El Partido Comunista elaboró una gran cantidad de documentos donde expuso el significado de la vía chilena, denominándola “Vía Pacífica o Vía no armada”, esto implicaba poner de relieve la diferencia de la experiencia socialista chilena con las demás experiencias socialistas del mundo, por ejemplo la soviética, la china y la cubana[91]. No obstante, como señaló Allende en su primer Mensaje a Congreso el 21 de mayo de 1971, “el desarrollo violento de la revolución que busca ser evitado, sólo es admitido como una posibilidad de respuesta a la violencia que ejerzan contra el gobierno sus enemigos políticos”[92].

Finalmente, respecto de la definición de la Vía Chilena al Socialismo debemos señalar que fue objeto de grandes controversias. Desde sectores de derecha se planteó la incompatibilidad fundamental entre democracia y socialismo. Sólo la consideran como la utilización por parte del movimiento comunista internacional del lenguaje propio del sistema político chileno, con el fin de encubrir el acceso al poder total del Partido Comunista y la instalación de la dictadura del proletariado. Esta situación, se desarrolló ampliamente en los análisis políticos de El Mercurio, donde se exponían las incompatibilidades entre el socialismo y la democracia[93].

Tampoco en la izquierda hubo consenso en el concepto. Para algunos, el concepto era inadecuado por apartarse de las leyes que rigen los procesos revolucionarios socialistas. Mientras que otros sectores de izquierda que no participaban del gobierno, cuestionaban la existencia de la vía chilena al socialismo que excluía, por definición, el enfrentamiento armado y la destrucción violenta del Estado y la institucionalidad. Para estos, el carácter burgués del estado generaba contradicciones insuperables con el movimiento revolucionario, lo que conduce necesariamente al conflicto violento. Estas visiones fueron expresadas, principalmente en la revista Punto Final que recogía la posición del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Perspectiva general de la crisis y colapso del proyecto socialista chileno

Tras 3 intentos fallidos por alcanzar el poder presidencial, Salvador Allende logró triunfar en las urnas el 4 de septiembre de 1970, obteniendo 1.075.616 votos, lo cual significó un 36,3% del total[94]. Ello implicaba que comenzaría su gobierno con una evidente minoría de apoyo, que también se reflejaba en la composición del Congreso. No obstante, el carácter doblemente minoritario del gobierno no era anormal en Chile: González Videla, Ibáñez y Alessandri habían sido ratificados por el Congreso sin alcanzar mayoría absoluta. Incluso Alessandri obtuvo porcentaje más bajo que Allende. Así también, la mayor parte de los presidentes chilenos no tuvieron mayoría en ambas Cámaras y a veces ni siquiera en una de ellas[95].

Así pues, como señala Tomás Moulian, la falta de apoyo en el Congreso era recurrente en el sistema político chileno. Por ello en este aspecto no puede radicar la esencia de la explicación de la crisis y colapso de la institucionalidad política de Chile en 1973. Lo que sucede es que un presidente con minoría en ambas Cámaras no podía pretender realizar un amplio programa de reformas. Estaba obligado a una política de compromisos y negociaciones. Que en algún minuto se intentó llevar a cabo a partir de un acercamiento hacia la Democracia Cristiana, pero tal objetivo fracasó[96].

El problema fue que la UP llevó a cabo su amplio programas de reformas a través de una estrategia de cambios extraparlamentaria usando mecanismos que aumentaban las facultades presidenciales[97]. Se buscaron y utilizaron todos aquellos elementos o resquicios legales que pudieran servir a los fines propuestos en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular. Por ejemplo, para eludir al Congreso, donde no tenia mayoría, el Gobierno recurrió a un viejo decreto-ley, dictado durante la República Socialista de 1932 (DL N° 520). Este autorizaba la requisición, intervención o expropiación de cualquier empresa privada que produjera o distribuyera artículos básicos o de primera necesidad y que no respetara las leyes que regulaban el control de precios o sancionaban la especulación; la acumulación de stocks previendo alzas en los precios oficiales de ciertas mercaderías; la interrupción de la producción; y la negativa de operar a plena capacidad[98].

Bajo esta circunstancia, en el sector agrícola e industrial, los trabajadores comenzaron a ocupar las fábricas y fundos, o a declararse en huelga para que estos fueran rápidamente nacionalizados o expropiados mediante la aplicación del decreto-ley 520. No obstante, la situación de poder de la UP no permitía planear la realización rápida del programa de reformas. Ya que si bien era frecuente la existencia de un gobierno minoritario, era imposible pretender reorganizar la economía y la sociedad sin buscar un apoyo mayoritario. Se evadía que una parte importante de la sociedad podía cuestionar la legalidad formal de los procedimientos usados.

Si bien es cierto, hubo posibilidades de acuerdos con la DC, las negociaciones no fructificaron. Además en la UP no existía mucha sensibilidad a las limitaciones institucionales, puesto que se apostaba a la movilización como receta mágica para ampliar su margen de maniobra. Se creía ingenuamente en el poder de la combatividad de las masas. Esta situación se evidencia en la mayoría de los análisis teóricos elaborados por el Partido Comunista antes y durante el Gobierno de Salvador Allende. En estos documentos se sostenía que las manifestaciones populares, las marchas y las grandes concentraciones de obreros y campesinos serían la principal arma contra los intentos de sabotear el Gobierno popular[99]. No se asumió con realismo que no era posible realizar las reformas que la Unidad Popular proponía sin formar un amplio bloque político, que le diera no sólo legitimidad al régimen, sino que también le concediera poder político real en el Congreso.

Entre mayo y junio del 72 se estuvo a punto de llegar a un acuerdo DC-UP, pero este fracasó y la DC terminó por entenderse con los sectores de derecha, entregando ahora base popular a una aposición que esperaba el derrumbe del régimen. Oposición que en octubre de 1972 se embarcó en un largo paro de camineros, comerciantes, empleados, médicos, cuyo objetivo era demostrar el carácter ingobernable de la sociedad y la ilegitimidad práctica del gobierno.

La crisis económica con alta inflación, desabastecimiento y caída de la producción, que había sido el fantasma que rondaba al Gobierno de la UP desde marzo de 1971, se hizo evidente en 1972[100].

Lo concreto fue que para llegar a alcanzar una negociación fructífera con otros sectores políticos, la UP, debería haber estado dispuesta a transar, pero dentro de la UP había un sector insensible a la necesidad de negociar, que creía que había que agudizar las contradicciones y llegar hasta los puntos límites. Este era el sector que seguía creyendo en la fuerza mística de las masas. En estos grupos se encontraban personas como Carlos Altamirano y grupos radicalizados como el MIR y el Mapu[101].

En definitiva, el cuadro de crisis política, inestabilidad, polarización, crisis económica, con su característico desabastecimiento, las colas y las alzas, fue el resultado de intentar llevar a cabo un radical programa de reestructuración económica sin contar con el apoyo suficiente en el Congreso, lo que implicó aumentar los rasgos de ilegitimidad, que fue ampliamente explotado por la prensa adversaria de la UP. Al actuar por medios o resquicios legales, se creyó estar encausando la estructura económica hacia el socialismo, pero al mismo tiempo se perfiló una sensación de abuso de poder que pretendía obviar su condición de minoría política en el Congreso.

El desenlace del proyecto político llevado a cabo por la Unidad Popular entre el 70 y el 73, escapa a los márgenes de nuestra investigación, no obstante, vale decir que la denominada “Vía Chilena al Socialismo” llegó a su fin el 11 de septiembre de 1973 con la abrupta intervención de las Fuerzas Armadas y Carabineros, en la cual se conjugaron los factores de polarización y crisis interna con los intereses e intervención de fuerzas foráneas, en forma directa la de EEUU a través de la CIA que se encargó de canalizar y asesorar las fuerzas anti-allendistas[102] y la URSS en forma menos nítida, pero también significativa, apoyando económicamente y asesorando al partido comunista[103].

Al respecto, podemos señalar que no se cumplió uno de los supuestos básicos para que la Vía Chilena al Socialismo pudiera consolidarse, es decir, la no beligerancia de las Fuerzas Armadas y de Orden, las cuales según los postulados de Allende habrían de haberse transformado en el valuarte de la defensa de la institucionalidad chilena. Así también, otro de los supuestos necesarios era la no intervención de fuerzas externas. Ninguno de los dos supuestos se cumplió y el proyecto socialista chileno sólo duro tres años.

CONCLUSIÓN

El proyecto socialista emprendido por la izquierda chilena tuvo como principal característica haber propuesto alcanzar los objetivos socialistas dentro de los márgenes de la legalidad vigente en Chile, lo cual implicaba, fundamentalmente, respetar los principios de la libertad, el pluralismo y la democracia.

Como se pudo apreciar a través de la presente investigación, la teorización respecto del significado de la vía socialista chilena llevada a cabo durante el Gobierno de la Unidad Popular (noviembre de 1970 – septiembre de 1973), se remonta al año 1958, cuando el Partido Comunista de Chile comienza a elaborar una serie de documentos referidos a la “Vía Pacífica”. En este año, el Partido Comunista vuelve al escenario político, luego de haber permanecido una década en la ilegalidad producto de la aplicación de la ““Ley Para la Defensa Permanente de la Democracia”. A partir de este momento y hasta 1970, fue el Partido Comunista el que con mayor énfasis se encargó de esclarecer el significado de la vía adoptada por la izquierda chilena. Un segundo ámbito de análisis lo constituyó el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, en el cual se exponen los objetivos que pretenden ser alcanzados por la coalición de partidos compuesta por el Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente. Finalmente, constatamos que fueron los discursos de Salvador Allende en los que con mayor precisión fue expuesto el significado concreto de la Vía Chilena al Socialismo desde el punto de vista estratégico.

Teniendo en cuenta este panorama, en primer lugar, dirigimos nuestro análisis hacia la documentación elaborada por el Partido Comunista entre 1958 y 1970. De estos documentos se desprende que entre los principales objetivos que tuvo el Partido Comunista estaba la necesidad de precisar que la vía adoptada por la izquierda chilena no contradecía ni a Marx ni a Lenin, lo cuales habían previsto la posibilidad de que en ciertos lugares fuera viable avanzar hacia el socialismo sin la necesidad de recurrir a la Vía Armada. Así también, se señala que la vía chilena está en consonancia con los postulados del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, celebrado en 1956, donde también se teorizó respecto de las posibilidades de que el socialismo pudiera acceder al poder por la vía electoral. Por otra parte, también se señala, enfáticamente, que a pesar de que la vía chilena se defina, por ser no armada, ello no implicaba abandonar la revolución, pues el carácter revolucionario radicaba en los objetivos, no en sus tácticas. Y el objetivo seguía siendo transformar las estructuras socio-económicas de Chile. Finalmente, en cada uno de estos documentos es enfático en señalar que lo único que se descarta como estrategia es la guerra civil y no las otras formas de revolución tales como la huelga general, la toma de terrenos, las luchas callejeras e incluso la conquista de la tierra por los campesinos en algunas partes[104].

Otro de los aspectos que cabe destacar de estos documentos es que se encargaron de precisar la correcta denominación de la vía socialista chilena. Pues si bien, proliferaron muchas designaciones tales como: Vía no armada, vía no violenta, vía no insurreccional, vía política, vía electoral, vía institucional, vía democrática o vía constitucional, lo correcto, según Luis Corvalán (Secretario General del Partido Comunista), era denominar esta vía como Vía Pacífica, la cual descarta que los cambios revolucionarios se alcanzaran por medio de la insurrección o guerra civil[105].

Ahora bien, entre las elecciones de 1958 y 1964 se produjo un gran optimismo respecto de las posibilidades de triunfar en los próximos comicios, puesto que los resultados obtenidos en la contienda presidencial de 1958 fueron auspiciosos y prometedores para la izquierda chilena, ya que Allende en su segunda candidatura, sólo quedó atrás de la primara mayoría por 30.000 votos. No obstante, como señala Manuel Garretón y Tomás Moulián, la “Vía pacífica” entró en crisis luego del tercer fracaso consecutivo de Allende en las elecciones Presidenciales. Cundió el desánimo en la izquierda, sobre todo en el Partido Socialista y en ciertos grupos revolucionarios extremistas como el MIR. Estaba, además, la muestra concreta de triunfo por la vía armada en Cuba. Ante ello, proliferaron las dificultades para volver a formar una colación de partidos para la siguiente contienda electoral. No obstante, luego de difíciles acuerdos, el Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular fue aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago. En este documento se expusieron los objetivos que implicaba llevar a cabo el proyecto socialista. En el programa se propone realizar una profunda reestructuración de la economía, de la sociedad y la institucionalidad chilena, todo ello dentro de los márgenes de la legalidad vigente que tenía como principios básicos mantener y fortalecer el respeto a las libertades, el pluralismo y la democracia.

No obstante, en el programa lo que se evidencia son sólo objetivos, no hay métodos ni estrategias, estas deben ser buscadas en los discursos de Salvador Allende. Si bien, como explicamos en el segundo capítulo de nuestro trabajo, todos los discursos de Salvador Allende explicitan el significado de la Vía Chilena al Socialismo, podemos afirmar que cuatro de ellos, se constituyen como fundamentales a la hora de dilucidar el significado de la vía socialista seguida por chile: el discurso de la victoria (4 de septiembre de 1970), el discurso de toma de posesión (5 de noviembre de 1970), el Primer Mensaje al Congreso (21 de mayo 1971) y La vía Chilena al socialismo y el aparato del Estado actual (18 de marzo 1972).

En todos estos discursos se expone que el objetivo último es cumplir cabalmente el Programa de Gobierno, y para ello, lo fundamental es respetar la legalidad vigente, para dentro de sus márgenes emprender el proceso de reestructuración social y económica, que requiere a su vez generar un nuevo tipo de institucionalidad, con una nueva constitución acorde con los principios socialistas. Se estipula la consagración del respeto a las libertades políticas y religiosas, así como también la aceptación del pluripartidismo. Ahora bien, para que estos objetivos puedan ser alanzados, lo esencial era evitar la violencia, pues ésta habría de poner en jaque el proyecto de la Vía Chilena al Socialismo, el cual era contrario a todo tipo de vía armada que pudiere derivar en una guerra intestina. En este ámbito el rol de las Fuerzas Armadas y de orden era fundamental, ya que en ellas descansaba la responsabilidad de velar por el mantenimiento de la estabilidad institucional.

Todo este conjunto de elementos eran los imprescindibles para lograr llevar a cabo el gran objetivo de la reestructuración de la economía. La cual, según los lineamientos establecidos por Allende constituían el pilar fundamental de la vía chilena al socialismo, pues en concordancia con la teoría marxista, señalaba que eran las relaciones económicas las que determinaban el ordenamiento social. Así pues, lo primordial era llevar a cabo la socialización de los medios de producción, que comprometía emprender un profundo programa de nacionalización de las riquezas estratégicas, una ampliación radical de la Reforma Agraria, la nacionalización de los bancos, la creación de una amplia área de propiedad social, etc.

En este ámbito, el Estado se convertía en el objetivo político a conquistar y, al mismo tiempo, en un medio a partir del cual se podrían satisfacer intereses inmediatos de las masas populares. Estos elementos fueron los que Allende enrostró a los líderes del Partido Socialista, que seguían insistiendo en la necesidad de destruir el Estado, sin aceptar que era éste el medio a partir del cual se llevarían a cabo las reformas necesarias para hacer de Chile una sociedad socialista. Se proponía pues, destruir la sociedad capitalista vigente, pero no por la violencia, sino por vías institucionales que mantuvieran las libertades, la democracia y el pluralismo.

El proyecto socialista llevado a cabo en Chile conoció su abrupto fin, luego de tres años de existencia. Dos de los supuestos básicos para su concreción no se cumplieron: la no beligerancia de las Fuerzas Armadas y la no intervención de fuerzas externas. Así pues, el experimento socialista chileno, único en el mundo por sus métodos, sucumbió bajo las botas de los generales.

Bibliografía específica:

1. Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001.
2. Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971
3. Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974
4. Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993.
5. Poliéster, Patricia, Altamirano, Ediciones Melquíades, Santiago de Chile, 1989.
6. Salvador Allende, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989

FUENTES:
DISCURSOS DE SALVADOR ALLENDE

1. DISCURSO DE LA VICTORIA
Balcones de la Federación de Estudiantes, 04 de septiembre de 1970.
(En: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989)

LA GRAN TAREA
Discurso en el estadio nacional al tomar posesión del gobierno, 5 de noviembre de 1970. (En: http://www.bicentenariochile.com/ )

3. PRIMER MENSAJE AL CONGRESO PLENO
21 de mayo de 1971
(En: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989. Páginas 77-102)

LA VÍA CHILENA AL SOCIALISMO Y EL APARATO DEL ESTADO ACTUAL
Informe leído el 18 de marzo en el Pleno Nacional del PS efectuado en la localidad de Algarrobo. (Publicado como folleto por el Departamento Nacional de educación Política del PS, abril de 1972)

Bibliografía chile 1970-1973

1. Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001.
2. Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971
3. Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974
4. Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993.
5. Poliéster, Patricia, Altamirano, Ediciones Melquíades, Santiago de Chile, 1989.
6. Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-19763), Editorial Crítica, Barcelona 1989
7. Veneros, Diana, Allende, Editorial Sudamericana Señales, Santiago de Chile, 2003.
8. Verdugo, Patricia, Allende, cómo la Casa Blanca provocó su muerte, Editorial Catalonia, Santiago de Chile, 2003.
9. Verdugo, Patricia, Interferencia Secreta, 11 de septiembre de 1973, Editorial Sudamérica, Santiago de Chile, 1998.

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Ana Henríquez Orrego
historia1imagen@gmail.com 

NOTAS
[1] La Vía Chilena al socialismo, elementos de una definición. Artículo preparado por Manuel Garreton y Felipe Agüero para el diccionario de Ciencias sociales de la UNESCO, 1974. En: Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago De Chile 1993. Página 184
[2] El Partido Comunista desde 1960, comienza a conceptualizar y explicar en diversos artículos, discursos y declaraciones el significado de la Vía socialista que se esta emprendiendo en Chile, refiriéndose a ésta como Vía no armada.
[3] Joan Garcés, Luis Corvalán, Sergio Bitar, Tomás Mulían, Manuel Garretón, entre otros.
[4] Un compendio significativo de documentos del partido comunista referidos a la definición de la Vía Chilena al Socialismo se encuentran en: Corvalán, Luis, Camino de victoria, Impresora Horizonte, Santiago, 1972
[5] Bitar, Sergio, Chile 1970-1973, Asumir la Historia para construir el futuro, Editorial Pehuen, Santiago de Chile 2001, página 62
[6] Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: http://www.bicentenariochile.com/
[7] Cuestión que estuvo ligada directamente a la prescripción de la Ley de Defensa a la Democracia, que se produjo el último año de gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1958), y que implicó que el Partido Comunista podía volver a la legalidad.
[8] Los discursos utilizados en el presente trabajo fueron extraídos de: Allende, Salvador, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989; Allende, Salvador, Nuestro camino al socialismo: la vía chilena, Ediciones Papiro, Buenos Aires, 1971 y http://www.bicentenariochile.com/
[9] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, Ediciones Chile América CESOC y LOM Ediciones, Santiago de Chile 1993. Página 185
[10] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende, Editorial Lom, Santiago de Chile, 2003. Página 125
[11] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 57
[12] Programa Básico de la Unidad Popular, probado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. página 5. En: http://www.bicentenario.cl/
[13] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit.,Página 196
[14] Alessandri, 387.000; Allende 354.00; Frei 255.0000, Bossay 191.000 y Zamorano 41.000
[15] Año en que se deroga la “Ley de defensa a la Democracia” y le es permitido al Partido Comunista volver a participar de las contiendas electorales.
[16] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125
[17] Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit.: “Tanto la vía pacífica como la vía de la violencia son revolucionarias y exigen una tenaz lucha de clases, la movilización activa de las masas, la alianza obrera y campesina, la unión y la lucha de las más amplias fuerzas populares alrededor del proletariado, un gran partido comunista, la conquista de la hegemonía por la clase obrera… Cuando hablamos de la revolución por la vía pacífica sólo estamos señalando la posibilidad de cambios revolucionarios sin recurrir a la insurrección armada o a la guerra civil y no estamos descartando otras posibles formas de violencia en menor escala. La huelga general, la toma de terrenos, las luchas callejeras e incluso la conquista de la tierra por los campesinos en algunas partes”. Página 33- 34
[18] Ibidem, Página 25.
[19] Idem
[20] Ibidem: “En la práctica el movimiento popular chileno en virtud de las condiciones históricas concretas de nuestro país, ha venido desenvolviéndose por la vía pacífica desde hace varias décadas, desde los tiempos del frente Popular, es decir, desde hace casi 25 años, desde mucho antes que se planteara con fuerza la tesis sobre la posibilidad del desarrollo pacífico de la revolución en XX Congreso del PCUS”. Página 31
[21] Ibidem: “El capitalismo se hace cada día más odiado, los monopolios se apoderan del Estado, utilizan el poder para colocar toda la economía a su servicio, hieren a la burguesía no monopolista y se crean con ello condiciones objetivas para que la clase obrera, bajo la dirección de los partidos revolucionarios, promuevan y lleven a cabo una política de alianzas muy amplia con todos los sectores que están en contra de los monopolios, por el progreso la paz y la independencia de las naciones”. Página 29
[22] Ibidem, Página 30
[23] Garretón Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 201.
[24] Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit.: “Están equivocados los que equiparan la vía pacífica con la vía democrática, por que la vía de la violencia también es democrática, puesto que ambas se conciben en base a la voluntad, la lucha y la movilización de las masas”. Página 31
[25] Ibidem: “Tampoco vía pacífica es coexistencia pacífica. La política de coexistencia pacífica se refiere a las relaciones entre Estados de diferentes sistemas sociales y no a las relaciones entre las clases al interior de un país dado… Nosotros estamos por la vía pacífica en lo nacional y por la coexistencia pacífica en los internacional. La vía pacífica presupone lucha de clases y no colaboración de clases, no una existencia amigable entre explotadores y explotados, ni la renuncia al derecho a tomar las armas si ello fuera necesario. La coexistencia pacífica es también una forma de la lucha de clases en el plano internacional, limitada al terreno económico, político e ideológico y envuelve el compromiso entre las partes de no dirimir el pleito entre capitalismo y socialismo por el medio de la guerra y de dejar que cada pueblo determine por él mismo el régimen que prefiere”. Páginas 32-33
[26] Ibidem, Página 36
[27] Idem
[28] Idem
[29] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 124
[30] Corvalán, Luis, Camino de Victoria… Ob. Cit., Página 39
[31] Ibidem: “En Chile, si el poder político se ha de conquistar a través de un proceso electoral es más probable que ello ocurra entorno a una elección presidencial que a una elección de parlamentarios o de municipales. En Chile el poder ejecutivo tiene más atribuciones que el legislativo, está más identificado con el poder político y se pude conquistar con sólo obtener la primera mayoría relativa en las urnas. Una vez conquistado el poder ejecutivo se crearían mejores condiciones para obtener mayoría absoluta en el parlamento y por tanto de transformar a este de instrumento al servicio de las clases reaccionarias instrumento al servicio de la liberación de nuestro pueblo”. Página 41
[32] Ibidem, Página 39
[33] Ibidem, Página 50
[34] La importancia de este documento la señala Tomás Mulian y Manuel Garreton en: Garretón, Manuel – Moulian, Tomas, Ob. Cit., Página 9; también el Secretario del Partido Comunista de Chile en: Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125
[35] La vía pacífica es una forma de la revolución, artículo publicado en Nuestra Época, diciembre 1963. En: Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 51
[36] Ibidem, Página 52
[37] Ibidem: “La vía pacífica no está obligatoriamente vinculada a las elecciones. Desde la Revolución de febrero Lenin concibió posibilidad pacífica mediante la consigna “Todo el poder a los Sioviet” y la conquista de la mayoría dentro de ellos. Allí no consistía en elecciones, sino en la designación de delegados por las masas de obreros, campesinos, soldados y marineros en medio de una situación revolucionaria. Como se ve es posible el desarrollo de una revolución por el desarrollo de la vía pacífica sin elecciones, en condiciones de profunda crisis política, utilizando otras formas y medios de lucha”. Páginas 54 y 55
[38] Ibidem: “Los dirigentes chinos están muy equivocados cuando asocian la tesis o la práctica de la vía pacífica a la desmovilización de las masas y a la conciliación con el imperialismo y los reaccionarios internos… La vía pacífica es una vía revolucionaria de masas. Lo único que la vía pacífica descarta es la guerra civil o insurrección armada. La lucha es revolucionaria si se desenvuelve a través de la acción de las masas, si los objetivos que se plantean tienden a la conquista del poder político por el pueblo y a producir transformaciones revolucionarias en todos los órdenes, es decir si conduce a la revolución y no al reformismo”. Página 59
[39] “Aunque no somos hinchas de la actual constitución, estamos dentro de ella, de la ley y de la tradición… Queremos los cambios revolucionarios que Chile necesita sin sangre ni violencia. Pero también la reacción debe saber que no tiene el camino libre”. Página 84 y 85
[40] Ibidem, Página 86
[41] De este hecho da cuenta la amplia recopilación de documentos referidos a la vía pacífica contenida en el libro “Camino de Victoria” de Luis Corvalan.
[42] Garretón, Manuel – Moulian, Tomas, Ob. Cit., Página 206
[43] Ibidem, Página 203
[44] Ibidem, Pagina 204
[45] Idem
[46] El programa fue aprobado por los partidos: comunista, socialista, radical y social-demócrata, el movimiento de acción popular unificado (MAPU), y la acción popular independiente (API), el 17 de diciembre de 1969 en Santiago de Chile.
[47] Programa Básico de la Unidad Popular, página 2. En: http://www.bicentenario.cl/
[48] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “El Gobierno Popular garantizará el ejercicio de los derechos democráticos y respetará las garantías individuales y sociales de todo el pueblo. La libertad de conciencia, de palabra, de prensa y de reunión, la inviolabilidad del domicilio y los derechos de sindicalización y de organización regirán efectivamente sin las cortapisas con que los limitan actualmente las clases dominantes
…El Gobierno Popular será pluripartidista. Estará integrado por todos los partidos, movimientos y corrientes revolucionarias. Será así un ejecutivo verdaderamente democrático, representativo y cohesionado.
El Gobierno Popular respetará los derechos de la oposición que se ejerza dentro de los marcos legales”. Páginas 4 y 5.
[49] Manuel Garretón y Tomás Moulian consideran que la radicalización de las propuestas de la Unidad Popular se explican directamente por la necesidad de diferenciarse de las propuestas establecidas en el Programa Democratacristiano, en el cual, también, se evidenciaba claramente el interés por profundizar las reformas llevadas a cabo durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva. En: Carretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., p. 206
[50] Corvalán, Luis, La Vía Pacífica, alternativa de la Vía Violenta, Revista Principios, 1961. En. Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 39
[51] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “A través de un proceso de democratización en todos los niveles y de una movilización organizada de las masas se construirá desde la base la nueva estructura del poder. Una nueva Constitución Política institucionalizará la incorporación masiva pueblo al poder estatal. Se creará una organización única del Estado estructurada a nivel nacional, regional y local que tendrá a la Asamblea del Pueblo como órgano superior de poder. La Asamblea del Pueblo será la Cámara Única que expresará nacionalmente la soberanía popular.
En ella confluirán y se manifestarán las diversas corrientes de opinión.
Este sistema permitirá suprimir de raíz los vicios de que han adolecido en Chile tanto el presidencialismo dictatorial, como el parlamentarismo corrompido. Normas específicas determinarán y coordinarán las atribuciones y responsabilidades del Presidente de la República, ministros, Asamblea del Pueblo, organismos regionales y locales de poder y partidos políticos con el fin, de asegurar la operatividad legislativa, la eficiencia del gobierno y, sobre todo, el respeto a la voluntad mayoritaria”. Página 5.
[52] Ibidem: “Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la
pobreza generalizada y en las postergaciones de todo orden que sufren los obreros, campesinos y demás capas explotadas, así como en las crecientes dificultades que enfrentan empleados, profesionales, empresarios pequeños y medianos y en las mínimas oportunidades de que disponen la mujer y la juventud. Los problemas en Chile se pueden resolver. Nuestro país cuenta con grandes riquezas como el cobre y otros minerales, un gran potencial hidroeléctrico, vastas extensiones de bosques, un largo litoral rico en especies marinas, una superficie agrícola más que suficiente, etc.; cuenta, además, con la voluntad de trabajo y progreso de los chilenos, junto con su capacidad técnica y profesional. ¿Qué es entonces lo qué ha fallado?. Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente”. Página 1
[53] Ibidem: “La única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el Gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile”. Página 3
[54] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 58
[55] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. Página 3. En: http://www.bicentenario.cl/
[56] Programa Básico de la Unidad Popular, 17 de diciembre 1969. En: http://www.bicentenario.cl/: “Las aspiraciones sociales del pueblo chileno son legítimas y posibles de satisfacer. Quiere, por ejemplo, viviendas dignas sin reajustes que esquilmen sus ingresos; escuelas y universidades para sus hijos; salarios suficientes; que terminen de una vez las alzas de precio; trabajo estable; atención médica oportuna; alumbrado público, alcantarillado, agua potable, calles y aceras pavimentadas; una previsión social sin privilegios, justa y operante, sin pensiones de hambre; teléfonos, policías, jardines infantiles, canchas deportivas; turismo y balnearios populares, etc.”. Pagina 7
[57] Ibidem: “El nuevo Estado procurará la incorporación de las masas a la actividad intelectual y artística, tanto a través de un sistema educacional radicalmente transformado, como a través del establecimiento de un sistema nacional de cultura popular. Una extensa red de Centros Locales de Cultura Popular impulsará la organización de las masas para ejercer su derecho a la cultura…”. Página 9
[58] Ibidem: “La política internacional del Gobierno Popular estará dirigida a: Afirmar la plena autonomía política y economía de Chile. Existirán relaciones con todos los países del mundo, independiente de su posición ideológica y política, sobre la base del respeto a la autodeterminación y a los intereses del pueblo Chile (…)”. Página 11
[59] Salvador Allende obtuvo una ventaja del 1,4 por ciento de la votación, es decir de 39.338 votos sobre el candidato independiente don Jorge Alessandri, que obtuvo un millón 36 mil 278 sufragios, o sea el 34,9 por ciento de la votación. En un tercer lugar, muy distanciado de los dos primeros, quedó el candidato de la Democracia Cristiana, don Radomiro Tomic con 824.849 votos.
[60]Salvador Allende, Obras escogidas (1970-1973), Editorial Crítica, Barcelona 1989: “Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro, y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de Unidad Popular”. Página 56
[61] Ibidem: “Pero yo sé que ustedes, que hicieron que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra… Hemos triunfado para derrotar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una seria y profunda reforma agraria, para controlar el comercio de importación y exportación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo”. Página 57
[62]Ibidem. Página 58[63] Salvador Allende, Discurso de la Victoria, Página 1. En: http://www.bicentenariochile.com/
[64] Ibidem: “Vivimos un momento histórico: la gran transformación de las instituciones políticas de Chile. El instante en que suben al poder, por la voluntad mayoritaria, los partidos y movimientos portavoces de los sectores sociales más negados… Si nos detenemos a meditar un momento y miramos hacia atrás en nuestra historia, los chilenos estamos orgullosos de haber logrado imponernos por vía política, triunfado sobre la violencia”. Página 2
[65] Ibidem: “Esta tradición republicana y democrática llega así a formar parte de nuestra personalidad, impregnando la conciencia colectiva de los chilenos. El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos… Y, cuando dentro de esta continuidad institucional y en las normas políticas fundamentales surgen los antagonismos y contradicciones entre las clases, esto ocurre en forma esencialmente política. Nunca nuestro pueblo ha roto esta línea histórica… Las pocas quiebras institucionales fueron siempre determinadas por las clases dominantes… Fueron siempre poderosos quienes desencadenaron la violencia, los que vertieron la sangre de chilenos interrumpiendo la normal evolución del país. Así ocurrió cuando Balmaceda, consciente de sus deberes y defensor de los intereses nacionales, actuó con la dignidad y el patriotismo que la posteridad ha reconocido”. Página 3

[66] Idem
[67] Ibidem, Página 5
[68] Ibidem, Página 8
[69] Salvador Allende, Obras escogidas, Ob. Cit.: “Como Rusia, entonces, Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada. Chile es hoy la primera nación de la Tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista… modelando la primera sociedad socialista edificada según un modelo democrático, pluralista y libertario”. Página 78
[70] Ibidem: “El principio de legalidad rige hoy en Chile. Ha sido impuesto tras una lucha de muchas generaciones contra el absolutismo y la arbitrariedad en el ejercicio del poder del Estado. Es una conquista irreversible mientras exista diferencia entre gobernantes y gobernados… No es el principio de legalidad lo que denuncian los movimientos populares… Protestamos contra una ordenación legal cuyos postulados reflejan un régimen social opresor… Nuestra normativa jurídica, las técnicas ordenadoras de las relaciones sociales entre chilenos responden hoy a las exigencias del sistema capitalista. En el régimen de transición al socialismo, las normas jurídicas responderán a las necesidades de un pueblo esforzado en edificar una nueva sociedad. Pero legalidad habrá… Nuestro sistema legal debe ser modificado. De ahí la gran responsabilidad de las Cámaras en la hora presente: contribuir a que no se bloquee la transformación de nuestro sistema jurídico. Del realismo del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socioeconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que, responsablemente, queremos evitar”. Página s 84 y 85

[71] Ibidem: “Es importante recordar que, para nosotros, representantes de las fuerzas populares, las libertades políticas son una conquista del pueblo en el penoso camino por su emancipación. Son parte de lo que hay de positivo en el período histórico que dejamos atrás. Y, por lo tanto, deben permanecer. De ahí también nuestro respeto por la libertad de conciencia y de todos los credos… Las libertades políticas son una conquista de toda la sociedad chilena en cuanto Estado… Todos estos principios de acción, que se apoyan en nuestra teoría política revolucionaria, que responden a la realidad del país en el momento presente, que están contenidas en el Programa de Gobierno de la Unidad Popular, los he ratificado plenamente como Presidente de la República”. Página 86
[72] Ibidem: “Si la violencia, interna o externa, la violencia en cualquiera de sus formas, física, económica, social o política llegara a amenazar nuestro normal desarrollo, y las conquistas de los trabajadores, correrían el más serio peligro la continuidad institucional, el Estado de derecho, las libertades políticas y el pluralismo… con legítimo orgullo y realismo histórico denominamos la vía chilena hacia el socialismo. La resuelta actitud del Gobierno, la energía revolucionaria del pueblo, la firmeza democrática de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, velarán porque Chile avance con seguridad por el camino de su liberación… Si la violencia no se desata contra el pueblo, podremos transformar las estructuras básicas donde se asienta el sistema capitalista en democracia, pluralismo y libertad”. Página 88
[73] Ibidem: “Hemos acelerado la reforma agraria, hemos llevado a cabo la expropiación de 1000 latifundios. Y el proceso se conduce de acuerdo a la legislación vigente y cautelando los interés del pequeño y mediano agricultor… La estatización bancaria ha sido un paso decisivo con respeto absoluto de los pequeños accionistas, hemos estatizado 9 bancos… Estas han sido nuestras primeras actuaciones para iniciar el cambio esencial de nuestra economía… aumentó poder adquisitivo de los trabajadores, la tasa de inflación es la más baja de los últimos años, etc.… Enviamos ley al Congreso que establece aumento de remuneraciones para el sector público equivalente al 100 por 100 del alza del coste de la vida, y subimos en mayor escala los salarios mínimos del sector privado… Habemos de profundizar la reforma agraria, modificando la ley si es menester, porque si el cobre es el sueldo de Chile, la tierra es el pan”. Página 91- 94
[74] Ibidem, Página 95
[75] En: Allende, Salvador, Obras escogidas…, Ob. Cit., Páginas 157 a 168
[76] Ibidem, Página 161
[77] Ibidem, Página 158
[78] Ibidem: “No es en la institucionalidad chilena donde descansa el poder de la burguesía, sino en su poder económico y en la compleja trama de relaciones sociales establecidas en el régimen de propiedad capitalista… No está en la destrucción, en la quiebra violenta del aparato estatal el camino que la revolución chilena tiene por delante. El camino que el pueblo chileno ha abierto le lleva a aprovechar las condiciones creadas por nuestra historia para reemplazar el vigente régimen institucional, de fundamento capitalista, por otro distinto que se adecue a la nueva realidad social de Chile. Se trata de transformar el aparato burocrático, el aparato del Estado como totalidad, la propia carta fundamental, en su sentido de clase y, también, manifestaciones institucionales, individualmente consideradas. Lo hemos afirmado desde hace años, esta en el programa de gobierno y lo estamos llevando a cabo… El partido socialista debe tener plena conciencia de que si el pueblo llegó al Gobierno el 4 de noviembre de 1970, en la forma regular que lo hizo, fue precisamente a causa de nuestro régimen institucional. Si éste hubiera estado corrompido o carcomido la quiebra de la institucionalidad se hubiera producido en ese momento y Chile hubiese entrado en estado de violencia desatada… Las instituciones no son un ente abstracto. La institucionalidad responde a la fuerza social que le da vida…”. Páginas 159 -163
[79] Ibidem: “Los militantes del Partido Socialista deben ser concientes que contrariamente a lo que el Informe Político sostiene, el camino más corto a las transformaciones cualitativas del sistema político actual no pasa por a quiebra y la destrucción de la institucionalidad vigente… la manifestación de voluntad del pueblo permitió hace seis meses que los trabajadores organizados conquistaran el Gobierno… nada impide que en un año los trabajadores conquisten también el Congreso. Ese es el camino más corto hacia el cambio cualitativo del aparato del Estado. El nuestro, es un régimen institucional que reposa en el principio de la legalidad. Transformar la legalidad implica transformar el régimen institucional. Es, por consiguiente una perspectiva desviada señalar hoy el régimen institucional del Estado actual como el obstáculo estratégico del que depende el futuro de la revolución”. Página 166-167

[80] Ibidem, Página 168
[81] Estas ideas son desarrolladas por Salvador Allende en su discursos del 5 de noviembre de 1970, y en Primer y segundo Mensaje al Congreso, 21 de mayo de 1971 y 1972
[82] Engels, citado por Allende en Discurso del 5 de noviembre de 1970
[83] Garcés, Joan, El estado y los problemas tácticos en el gobierno de Allende, Editorial Siglo XXI S.A., Madrid 1974. Página 104
[84] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 87
[85] Ver: Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular, aprobado por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Acción Popular Independiente, el 17 de Diciembre de 1969, en Santiago de Chile. En: http://www.bicentenariochile.com/
[86] La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta (Artículo publicado en Principios, octubre de 1961). En: Corvalan, Luis, Ob. Cit., Páginas 39 y siguientes.

[87] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 189
[88] Ideas expuestas en el Programa de Gobierno de la UP.
[89] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 190
[90] Ver: Discurso de Salvador Allende, 5 de noviembre 1971.
[91] Corvalán, Luis, Camino de Victoria, Soc. Impresora Horizonte, Santiago de Chile 1971. Página 30-34
[92] Allende, mensaje al Congreso 21 de mayo de 1971. Véase también Garcés, Joan, Ob. Cit., Página 108
[93] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 199
[94] El Mercurio, Santiago de Chile, 6 de septiembre 1970. En: Gonzáles, Miguel – Fontaine, Arturo, Los mil días de Allende, CEP, Santiago de Chile, 1997. Página 11
[95]Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit , Página 206
[96] Ibidem, Página 207
[97] Idem
[98] Veneros, Diana, Allende, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile, Página 326.
[99] Corvalán, Luis, Camino de Victoria…, Ob. Cit., Página 34
[100] Bitar, Sergio, Ob. Cit., Página 183 y SS.
[101] Garretón, Manuel – Moulian, Tomás, Ob. Cit., Página 210
[102] Para profundizar estos ámbitos de análisis ver: Kornbluh, Peter, Los EEUU y el derrocamiento de Allende, una historia desclasificada, Ediciones B, Chile S.A., Santiago de Chile, 2003.
[103]Ver: Uliánova, Olga; Fediakova, Eugenia. Algunos aspectos de la ayuda financiera del PC de la URSS al comunismo chileno durante la Guerra Fría. Estudios Públicos, 72 (1998).

[104] Nuestra vía revolucionaria: Acerca de a vía pacífica. En: Corvalán, Luis, Camino de…, Ob. Cit., Página 33
[105] Corvalán, Luis, El Gobierno de Salvador Allende…, Ob. Cit., Página 125

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HISTORIA DE CHILE


GRANDES TEMAS DE LA HISTORIA DE CHILE

 Diego Portales (su pensamiento político y la construcción del Estado en Chile)

1.1 pensamiento político de Diego Portales y su cristalización en el Periódico El Araucano.»La creación de un gobierno fuerte y autoritario»

ver trabajo completo (por Ana Henríquez)

1.2 Textos publicados en la Web sobre Diego Portales
1.2.1 El Ministro Portales, por Ramón Sotomayor Valdés, 1903.
1.2.2 Memoria sobre el asesinato del Ministro Portales
1.2.3 Diego Portales, Juicio Histórico, por José Victorino Latarria
1.2.4 Ideas y confesiones de Diego Portales (extracto de cartas)
1.2.5 La ideas políticas de Diego Portales, por Alejandro Juzmán
1.2.6 La ideología de Don Diego Portales, por Alberto Edward en «La Fronda Aristocrática»
1.2.7 Más libros sobre Diego Portales

2. El Gobierno de Salvador Allende

2.1 La vía Chilena al Socialismo definida por la izquierda chilena
2.1 La sátira política en Chile. «La Visita de Fidel Castro a Chile a través del Diario Tribuna».

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REALISMO POLÍTICO EN NICOLÁS MAQUIAVELO


.CONJETURAS SOBRE REALISMO POLÍTICO EN NICOLÁS MAQUIAVELO:
ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERO DE LOS DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO


Autor: Ana Henríquez Orrego

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“Libros como los Discursos y el Príncipe no revelan su total significado, tal como se lo propuso el autor, a no ser que se piense sobre ello “día y noche” durante largo tiempo. El lector que está adecuadamente preparado ha de tropezarse con sugerencias que se niegan a ser expresadas. La pluma o la máquina de escribir, por no hablar de la mano o de la lengua, niegan sus servicios. El lector llega a así a comprender la verdad de que lo que no debe decirse, no puede decirse…”
(Strauss, Leo, Meditación sobre Maquiavelo, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964. página 209)
“Ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”
(Maquiavelo, Nicolás, Obras políticas, Editorial El Ateneo Pedro García S. A., Buenos Aires 1957. Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I. Capítulo 9. Página 86. )

NOTA INTRODUCTORIA

En el presente escrito se tendrá por objetivo esclarecer la posibilidad de catalogar a Nicolás Maquiavelo entre los autores que adhieren al realismo político. Para lograr tal propósito, en primer lugar, se expondrán algunas definiciones que han tenido por pretensión catalogar o delinear los fundamentos o principios del realismo político. En la última etapa de esta aproximación conceptual bosquejaremos una conceptualización tentativa en la que se precisarán 4 indicadores básicos a partir del cuales se puede definir el realismo político.

Teniendo presentes los cuatro indicadores tentativos del realismo político nos adentraremos en el análisis propiamente tal de un escrito de Nicolás Maquiavelo. El escrito seleccionado es “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”. Ahora bien, de este escrito sólo analizaremos el libro I, dedicado netamente a las problemáticas internas de la república de Roma.

El propósito esencial será constatar o descartar la presencia de los elementos característicos del realismo político en el escrito de Nicolás Maquiavelo, recurriendo para ello a un análisis minucioso de cada uno de los capítulos constitutivo de los “Discursos”.[1]

CAPÍTULO I
REALISMO POLÍTICO: CONFIGURACIÓN DE UN CONCEPTO

Rodrigo Borja en su enciclopedia de la Política nos aproxima al concepto de realismo político, en primer lugar, definiendo las características del político realista y luego esbozando una reseña histórica del concepto realpolitik.

Respecto del político realista señala que “es el que percibe la realidad social como ella es y no como él quisiera que fuera. El que obra con los pies en la tierra. Que sabe que el hombre no tiene alas. Que se mueve en el escenario que es y no en el imaginario. Que da la misma importancia a la fealdad que a la belleza, a lo sucio que a lo limpio, a lo normal que a lo aberrante, porque todos ellos son elementos de la realidad social”. [2] Desde este punto de vista, la característica esencial de un político realista es que tiene siempre presente la realidad, la objetividad, ante esto dirá Borja, la política debe ser la ciencia y el arte de lo posible, de lo dado, de lo real. En este sentido se habla de realismo político. [3] Sólo un político que tenga los pies bien puestos en la tierra, que despliegue toda su capacidad de percibir las cosa tal como son y no como él quisiera que fueran, puede ser catalogado como un político realista.

Respecto del realismo político, Borja señala que es la castellanización de la realpolitik, término acuñado por el escritor alemán Ludwig von Rochau en 1853, al criticar la falta de realismo en la política instrumentada por los liberales germanos durante el proceso revolucionario de 1848-1849. Puede traducirse al castellano como política realista, para designar una política que tenga contacto con la realidad, que no se nutra de fantasías, que vea al mundo social como es, y no como quisiéramos que fuera.[4] Como se ve, Borja vuelve a proponer las mismas ideas anteriores, agregando ahora un ámbito cronológico y espacial en que tal concepto fue generado.

¿Nicolás Maquiavelo y el realismo político? Podemos afirmar que casi se acepta como verdad dada el hecho de que Maquiavelo es uno de los precursores del realismo político. Pero al respecto no encontramos mayores elucubraciones analíticas, sino que sólo se afirma que en los textos del florentino es evidente el apego a la realidad, a los hechos, a la evidencia fáctica, alejada de elucubraciones fantasiosas, y ello en última instancia atribuiría a Maquiavelo la calidad de realista político.[5] Otros autores, como Jean Touchad, observan en la defensa irrestricta que hace Maquiavelo a favor de la Razón de Estado aspectos claros de realismo político.[6] O bien se establece, como lo hace Chevalliere, que todos los políticos que adhieren al realismo se declaran emparentados abiertamente con Maquiavelo y el Príncipe.[7] Pero la relación concreta entre realismo político y Maquiavelo no se establece desde un punto de vista sistemático, sólo se acepta como algo dado.

Dilucidar tal relación es nuestro objetivo en el presente trabajo. Para alcanzarlo, en seguida reflexionaremos respecto de los 6 principios del realismo político establecidos por Hans Morgenthau y posteriormente presentaremos una conceptualización tentativa del realismo político, a partir de la cual llevaremos a cabo un análisis minucioso del libro primero de los Discursos de Nicolás Maquiavelo.

SEIS PRINCIPIOS DEL REALISMO POLÍTICO SEGÚN MORGENTHAU

En este apartado se intentará nominar y describir los 6 principios del realismo político planteados por Morgenthau en su libro “Escritos sobre política internacional”.

La primera dificultad que encontramos a la hora de intentar asir la catalogación de presentada por Morgentahau es el hecho de que ninguno de los principios está nominado, pues su identificación sólo se restringe a una enumeración. La ausencia de nominación también se une a la escasa nitidez con que cada principio se diferencia de los demás. En efecto, como se evidenciará más adelante, muchas ideas vertidas en la explicación de cada principio se transforma en idea transversal que se menciona y desglosa en varias oportunidades.

Con todo, el siguiente es un intento de nominación de los 6 principios del realismo político establecidos por Morgenthau.

1. Empirismo. Según este principio el realismo político funda todo su conocimiento a partir de la realidad fáctica, es decir, el analista se interesa por los hechos concretos, verificables a partir de la observación. El realismo político se presenta como una teoría racional basada en la experiencia, en los hechos reales y sus consecuencias evidentes.

2. Interés como principio rector del quehacer político. Según el argumento planteado por Morgenthau, este principio es el que perfila a la política como una esfera independiente de acción y comprensión. Si bien consideramos que esta premisa teórica nos permite delimitar el ámbito de lo político, consideramos que Morgenthau sobredimensiona las posibilidades instrumentales de esta herramienta al sostener que tal instrumento puede permitir prever los pasos o determinaciones que adoptarían los estadistas ante circunstancias dadas.[8] Esto solo sería posible si nuestros objetos de estudio, el estadista al que estamos observando o investigando, actuara siempre bajo este parámetro racional.[9]

3. Lo variable y lo permanente en el concepto de interés. Antes de definir este principio debemos señalar que, de todos los principios enunciados por Morgenthau, este es el que mayor dificultad presenta al momento de intentar asirlo para pretender una nominación. Pareciera ser que en este tercer principio la idea central vuelve a girar en torno al interés definido como poder. Consideramos que este principio constituye la ampliación del anterior, en cuanto sostiene la esencia inalterable del interés como móvil de la acción política. Pero no queda clara la razón por la cual tal profundización no se desarrolla en el principio anterior. Lo único que se agrega en este principio es la perennidad de la noción de interés como esencia de la política no afectada por circunstancias de tiempo ni lugar.[10] En esencia, el interés es lo permanente, mientras que el contenido o el motivo de tal interés es lo que cambia.4. Ética de los resultados. De los principios enumerados por Morgenthau, podemos afirmar que éste es el que se esboza con una mayor claridad y delimitación, puesto que su argumento no deja lugar a dudas respecto de que la política posee un ámbito ético propio. En efecto, Morgentau señala “el realismo sostiene que los principios morales universales no pueden ser aplicados a las acciones de los estados en su formulación universal abstracta, sino que deben ser filtrados a través de circunstancias concretas de tiempo y lugar”.[11] En esencia, en este principio se argumenta que el Estado -entidad política por excelencia- no debe exponerse a sacrificios en pos del mantenimiento de preceptos morales. En última instancia, la vara con la que se mide el actuar político no radica en el ámbito de las motivaciones, sino en el ámbito de los resultados obtenidos. Esto último es lo que lleva a Morgenthau a afirmar que en política la máxima virtud es la prudencia, la cual implica una sabia ponderación de las consecuencias.

Muy clarificador para comprender este principio es la siguiente afirmación de Nicolás Maquiavelo:

“Ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”.[12]

Este ejemplo no es usado por Morgenthau, pero nos parece muy atinente para los propósitos de la presente investigación, puesto que podemos ir avizorando elementos que nos permiten encauzar nuestro análisis respecto de Nicolás Maquiavelo y su posible catalogación como realista político. El fragmento expuesto en el párrafo anterior bosqueja con claridad uno de los postulados con el que comúnmente se identifica el pensamiento de Maquiavelo, es decir, aquel en que se afirma que los medios utilizados deben ser juzgados a partir de logros obtenidos (resultados-fines), de ahí que los resultados obtenidos puedan excusar los actos que desde ciertos prismas morales, éticos- religiosos, puedan parecer como condenables o reprobables.

5. Rechazo de la existencia de una moral universal. Según este principio, el realismo político no presupone leyes morales que gobiernen el universo. Al concebir este principio, el realismo político deshecha la pretensión de justificar las acciones y aspiraciones arrogando la posesión de cualidades éticas universales. En este punto Morgenthau señala que es imprescindible tener presente el concepto de interés definido como poder, puesto que en último término este es el móvil o motor que impulsa el actuar de las naciones.

6. Especificidad de la política. La política reclama un ámbito particular dentro de la esfera de la realidad humana. Esto implica analizar el actuar político a partir de criterios generados en el ámbito de la política, cuestión que subraya la emancipación de la política de otras esferas como la religión o la moral.

CUATRO PRINCIPIOS DEL REALISMO POLÍTICO SEGÚN FUKUYAMA[13]

Solo con el objeto de tener presente un contrapunto respecto del paradigma realista de análisis político nos parece interesante exponer los planteamientos de Francis Fukuyama, quien rechaza el realismo político como metodología de análisis de las relaciones internacionales. No obstante, su rechazo no se elabora en términos absolutos, sino que lo plantea partiendo de la premisa de que este modelo de análisis fue válido en un mundo dominado por fuerzas antagónicas que se regían por el equilibrio de poder, y ese mundo puede ser avizorado históricamente en el siglo XIX y también durante el periodo en que se extendió la Guerra Fría, pero luego de que esta culminó, el paradigma realista no sería aplicable.

Tales planteamientos hunden sus raíces en los supuestos que subyacen en la tesis del “Fin de la Historia”, según los cuales, tras el fin de la Guerra Fría (1989) y de la Unión Soviética (1991), el mundo ingresaba a una etapa en que los conflictos internacionales darían paso a la cooperación y entendimiento entre las potencias, las cuales estarían abocadas netamente a solucionar cuestiones del ámbito económico. Toda rencilla o atisbo de conflicto, según Fukuyama no serían más que resabios del mundo histórico.[14]

Las reglas sobre las que se sostiene el realismo político, según Francis Fukuyama, son las siguientes:

Equilibrio de fuerzas con los enemigos potenciales.
Necesidad de elegir entre amigos y enemigos, tendiendo en cuenta primordialmente su poder y no su ideología o el carácter del régimen interno.
Al evaluar las amenazas exteriores los hombres de Estado deben mirar más de cerca la capacidad militar que las intenciones.
Necesidad de excluir la moral de la política exterior.

El rechazo de tales principios se explica a partir de la supuesta “paz permanente” que se establecería entre las grandes naciones una vez alcanzado el fin de la historia, es decir, el triunfo de la idea democrática y liberal. Esta idea contradice uno de los supuestos básicos del realismo político: que el conflicto es un elemento constitutivo de las relaciones políticas.

CONFIGURACIÓN TENTATIVA DEL CONCEPTO REALISMO POLÍTICO

1. Concepción trágica de la naturaleza humana

El realismo político concibe al ser humano atrapado en un conflicto de valoraciones contrapuestas. Acepta que el hombre no es un ser completamente racional, puesto que una parte importante de sus comportamientos hunde sus raíces en el componente emocional, cuyo motor son las pasiones, entendidas éstas como el primado de lo irracional por sobre lo racional. Tales contradicciones internas dificultan la toma de decisiones, ya que constantemente el hombre debe elegir entre valores divergentes. Esto lleva a que constantemente el hombre esté enfrentado a dilemas insolubles, en los que se oponen por una parte sentimientos altruistas (simpatía, piedad, compasión) y, por otra, sentimientos derivados del miedo (vulnerabilidad, precariedad e inseguridad).

El realismo político, además de concebir al hombre como un ser no plenamente racional, también lo considera potencialmente riesgoso. Esto porque el realismo sostiene que los individuos y colectividades compiten, perennemente, estimulados por el miedo y la ambición. Ambos sentimientos instan al individuo a intentar procurarse medios que les provean seguridad, puesto que la desconfianza que se siente respecto de los congéneres insta a buscar medios que mantengan a raya la vulnerabilidad frente a los demás. Se siente miedo frente a peligros evidentes y presentes, que demandan ser conjurados; se ambicionan medios con el objeto de proveer seguridad futura frente a males o enemigos potenciales.

Como se ha señalado, el realismo político no acepta la idea de que el hombre es un ser naturalmente bondadoso y equilibrado, por el contrario, concibe al hombre inmerso en una tragedia en la que sentimientos y valoraciones luchan por ser satisfechos, este factor es lo que le daría un aspecto trágico a la naturaleza humana. Así, en el hombre confluyen la razón y las pasiones. Pero se debe tener presente que la razón no necesariamente conduce a la armonía, ni la pasión al desequilibrio, esto porque el factor racional, perfectamente puede ser el impulsor de actitudes agresivas, debido a que la razón podría prever futuros peligros y de ese modo instar al hombre a conjurarlos de antemano; mientras que en las pasiones también se encuentran todo ese conjunto de sentimientos derivados del altruismo (simpatía, piedad, compasión). En definitiva, la esencia del hombre no es buena ni mala, y el realismo político reconoce esa calidad humana en la que ambas categorías (maldad-bondad) se encuentran presentes en el ser humano, pero están en potencia, pujando por satisfacer sus demandas y atribuyéndole al hombre la cualidad de un ser riesgoso.

A continuación nos referiremos sucintamente a la posibilidad de percibir la concepción trágica de la naturaleza humana en Nicolás Maquiavelo, pero no ahondaremos en el análisis de sus escritos, sino que más bien expondremos y cuestionaremos algunas reflexiones expresadas por Tomas Chuaqui[15] y Oscar Godoy[16]. El primero de estos autores, afirma no ver en Maquiavelo una preconcepción de la naturaleza humana, señalando que “En mi opinión, Maquiavelo no utiliza una concepción de la naturaleza humana como un fundamento estable para su concepción de lo político y de la historia. Más bien, me parece más adecuado caracterizar el gesto en forma inversa: Maquiavelo destila de la observación cuidadosa de la historia ciertas generalizaciones relativas al comportamiento de los seres humanos”, enseguida afirma que “Maquiavelo tiene una opinión muy negativa de las motivaciones humanas, pero ésta no es el resultado de una suerte de antropología filosófica o teoría psicológica anterior al análisis histórico y político, sino que se derivan de él y lo nutren. En mi opinión, no es acertado atribuirle a Maquiavelo una teoría antropológica previa a partir de la cual se construirían principios de lo político, y ha sido notado por varios comentaristas lo poco sofisticada y superficial que es, en general, su perspectiva psicológica”.[17]

En este punto, Tomas Chuaqui dice no concordar con Oscar Godoy, quien sostiene que “Maquiavelo posee una visión muy pesimista de la naturaleza humana; piensa que los hombres son malos y que siempre están dispuestos a emplear su malignidad”.[18]

No obstante, sin que sea nuestro propósito ahondar en el examen de los escritos de Nicolás Maquiavelo, podemos señalar que al analizar el primer libro de los Discursos, nos damos cuenta que, según Maquiavelo, los hombres no son, como afirma Godoy, siempre malos. De hecho en tres capítulos de este libro Maquiavelo reitera su apreciación respecto de que los hombres no son nunca completamente malos ni completamente bueno.[19] Con esto también desechamos la propuesta de Chuaqui, quien afirma que Maquiavelo no posee una preconcepción respecto de la naturaleza humana.

Sírvanos de ejemplo el capítulo 27 que lleva por título “Rarísimas veces son los hombres completamente buenos o malos”: En este capítulo se ejemplifica con un hecho concreto que los hombres nunca son completamente malvados o completamente buenos: En 1505 siendo el propósito del papa Julio II despojar de su poderío a todos los tiranos que gobernaban en tierras de la Iglesia, llegado el momento de enfrentar a Juan Pablo Baglioni, este último no supo aprovechar el momento de matar al pontífice y despojar a sus acompañantes de sus joyas. “era increíble que dejara de hacerlo como acto de benevolencia o por escrúpulos pues ningún sentimiento de piadoso respeto cabía en hombre tan malvado, que abusaba de su hermana y había muerto, para reinar, a sus primos y sobrinos. De esto se deduce que los hombres no saben ser completamente criminales o perfectamente buenos”.[20]

Desde esta perspectiva, según Maquiavelo, ni siquiera los malos son capaces de comportarse siempre a la altura de su malignidad.

Podemos decir que Oscar Godoy para elaborar su reflexión ha de haberse quedado con la afirmación que Maquiavelo vierte en el capítulo III del primer libro de los Discursos, donde señala:

“Quien funda un estado y les da leyes debe suponer a todos los hombres malos y dispuestos a emplear su malignidad natural siempre que la ocasión lo permita”.[21]

Evidentemente en esta afirmación se advierte una contradicción o al menos una tensión, puesto que en un primer momento Maquiavelo sostiene que el fundador de un estado debe suponer que todos los hombres son malos y luego sostiene que éstos hombres son naturalmente malos. ¿En qué quedamos? ¿La maldad del hombre solo es un supuesto que debe servir como instrumento previsor para el fundador o la maldad del hombre es una propiedad intrínseca a la especie humana?. Estimamos que la respuesta la entrega el mismos Maquiavelo en los tres capítulos en que especifica que los hombres nunca son completamente malos ni completamente buenos, puesto que ni los malos ni los buenos son capaces de comportarse invariablemente a la altura de sus propiedades benignas ni malignas.

2. Equilibrio de poder

En el ámbito de las relaciones internacionales el equilibrio de poder consiste en evitar que un Estado alcance un grado tal de fuerza frente a sus vecinos de manera que le permita subyugarlos. Así, como señala Henry Kissinger, por lo general el equilibrio de poder es el resultado de un proceso de frustrar el intento de un país determinado por gobernar y sobreponerse a los demás.[22]

Quienes abogan por una política realista se inclinan a considerar beneficioso para la comunidad internacional la existencia de una pluralidad de centros de poder, sin que ninguno de estos pueda dominar de manera absoluta, ni imponer sus intereses unilateralmente a los demás.[23]

De lo afirmado se deduce que la teoría del equilibrio de poder implica un constante juego en que los actores internacionales (Estados) deben estar alerta frente a las posibles amenazas de pretensiones de hegemonía absoluta. Puesto que el país que pretenda tal hegemonía, inevitablemente, estará contraviniendo el equilibrio establecido.

La búsqueda del equilibrio del poder es contraria a la búsqueda de la seguridad absoluta, puesto que quien pretenda alcanzar tal seguridad, generará la inseguridad de todos los demás miembros de la comunidad internacional y termina por destruir lo que pretende alcanzar: la paz. Partiendo de esta premisa, es la inseguridad relativa la que contribuye a mantener la paz, puesto que ninguna de las partes se siente lo suficientemente fuerte como para atentar contra otra. Kissinger explica esta situación arguyendo la necesidad de que exista un tercero autoexcluido y dispuesto a arrojar sobre la balanza la fuerza necesaria para evitar que un país se vuelva tan poderoso que se vea tentado a sobreponerse sobre los débiles. Desde esta perspectiva, para el tercero autoexcluido, el equilibrio de poder consiste en evitar el engrandecimiento desmesurado del poderío de una potencia, contribuyendo a brindarle apoyo y fuerza a las entidades políticas que manifiesten debilidad.[24] Desde esta perspectiva podemos afirmar que el equilibrio de poder puede ser concebido como un armisticio tolerable. En efecto, el sistema de equilibrio de poder no pretende establecer de una vez y para siempre la paz, sino que muestra su disposición a estar alerta con el objeto de limitar los conflictos y evitar las crisis generales.

3. Carácter inevitable del conflicto

Los autores que sostienen un enfoque realista afirman que el conflicto es inherente a la actividad política, aunque no han desarrollado una teoría empírica (científica) del conflicto político propiamente tal. A pesar de esta escasa sistematización de las reflexiones respecto del conflicto, los analistas que adhieren al realismo político consideran a éste como un elemento intrínseco de las relaciones humanas.[25]

Uno de estos analistas es Max Weber, para quien la política es básicamente una lucha por el poder, el cual es un medio para alcanzar fines ideales o materiales, individuales o grupales.[26] Y el medio específico de la política es la violencia.[27] Al aceptar que la violencia el medio específico de la política se acepta también que el conflicto es algo inherente de las relaciones sociales en general y de las relaciones políticas en particular.

El carácter inevitable del conflicto hunde sus raíces también en la naturaleza humana que ha sido descrito en el primer indicador del realismo político. Como se señaló anteriormente, en el ser humano confluyen vertientes de pulsiones contrapuestas, entre las que se encuentran el miedo y la ambición. Ambas emociones conducen en último término a que los individuos procuren arrogarse elementos que les permitan sentir seguridad ante el peligro evidente (causado por el miedo) y el temor proyectado en el futuro (que en última instancia le conduce a la ambición). La seguridad es alcanzada, en último término, solo cuando se enfrenta y elimina la causa del miedo (presente) y el temor (futuro), y ello finalmente generará relaciones conflictivas.

Sólo con el objeto de ir aproximándonos al análisis de los escritos de Maquiavelo, bosquejaremos sucintamente las percepciones de este autor respecto del conflicto y la discordia. En el primer libro de los Discursos apreciamos que Maquiavelo presenta una visión positiva respecto del carácter conflictivo en las relaciones entre el pueblo y el Senado. De hecho, sostiene que fue, efectivamente, esta desunión, el conflicto y los tumultos que de ella devinieron, los que causaron la grandeza de Roma y fortalecieron su libertad.[28] En efecto, en el capítulo IV del primer libro de los Discursos Maquiavelo expresa concretamente que la división social es propia del orden político, incluso señala que esa división social no sólo la ha conducido a darse leyes favorables a la libertad sino que la considera como la causa principal de la libertad de Roma:

“Sostengo que quienes censuran los conflictos entre la nobleza y el pueblo, condenan lo que fue primera causa de la libertad de Roma, teniendo más en cuenta los tumultos y desórdenes ocurridos que los buenos ejemplos que produjeron… todas las leyes que se hacen a favor de la libertad nacen del desacuerdo entre estos dos partidos (pueblo y nobles), y fácilmente se verá que así sucedió en Roma”.[29]

En esta alabanza que Maquiavelo hace del conflicto, vemos con claridad que para el florentino la vara con la que deben ser medidas las acciones políticas radica en los resultados obtenidos, y cuando éstos son buenos pueden justificar los medios utilizados. Así, los tumultos, desórdenes, enfrentamientos y el conflicto declarado entre la plebe y el senado, es bien ponderado por Maquiavelo ya que de ellos se generaron leyes que favorecieron la libertad romana, por ejemplo la creación de los tribunos de la plebe.[30]

4. Autonomía de la política.

La política es considerada como una actividad autónoma por la mayoría de los autores que suscriben la visión realista. Como ejemplos se puede mencionar a Nicolás Maquiavelo y Max Weber. Para ambos autores la política se rige por cánones distintos a la moral corriente.

Max Weber en “La política como profesión” plantea su análisis respecto de la autonomía de la política estructurando su argumento a partir de las diferencias que existen entre el ámbito de la política y el ámbito de la religión cristiana. En efecto, el punto eje de su reflexión es que “el que entra en política hace un pacto con el diablo”.[31]

Todo está determinado por el medio específico utilizado por la política, es decir, la violencia. Y, en efecto, como señala Max Weber “lo que determina la singularidad de todos los problemas éticos de la política es ese medio específico de la violencia legítima como tal en manos de las asociaciones humanas”.[32] Y todo esto sólo es comprensible al aceptar que la política tiene su propia lógica interna, alejada, y en muchos casos contrapuesta, a los valores religiosos y sentimentales, por ello es que Weber afirma que “quien busque la salvación de su alma y la de otras almas no la busque por el camino de la política, que tiene otras tareas muy distintas, que sólo se pueden cumplir con la violencia”.[33] Este hecho hace que el espíritu de la política permanezca en tensa relación con el dios del amor o el dios cristiano en su manifestación eclesiástica. Así pues, este conflicto interno y subyacente puede tornarse irresoluble, producto de que las leyes éticas que rigen a uno y otro ámbito de la realidad no son compatibles. Desde esta perspectiva, quien quiera involucrarse en la política y con la política, ejerciéndola como profesión, debe ser conciente de tal paradoja, es decir, de esa tensa relación entre la política y el ámbito del sentir humano que involucra aspectos tales como el sentimiento religioso, que aspira a alcanzar la salvación del alma.

En definitiva, los vínculos entre la política y los poderes diabólicos son un hecho desde el momento en que se asume, de modo realista y consciente, que El Poder, al cual aspira toda persona que se involucra en política, es ejercido, en última instancia, a partir del control de la violencia. Y esta última no se ciñe a valores éticos de índole religiosos o a otros aspectos relacionados con la convicción. La pregunta que en estas circunstancias se plantea Weber es “¿Qué papel ha de ocupar la ética en la actividad política?”, para lo cual responde que “aquí chocan, por supuesto, distintas concepciones del mundo entre sí, entre las que, en último término, hay que elegir”.[34] Esto quiere decir que la política no puede ser sometida a los parámetros éticos de los otros ámbitos de la realidad humana. En efecto, para Weber son tres las directrices fundamentales del ejercicio de la política como profesión. Y estas son: pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de la distancia. Estos tres elementos, en perfecto equilibrio, hacen que el político no se convierta en un mero hombre enceguecido por sus ansias de alcanzar el poder, y tampoco un soñador apasionado que pretenda llevar a cabo sus ideales sin tener en cuenta la realidad circundante.

Ahora bien, lo que propone Weber es que no puede medirse con la vara de la ética religiosa los actos relacionados con la política. En estas circunstancias afirma que no es posible aplicar la verdad contenida en los evangelios o específicamente en el sermón de la Montaña a los encargados de asumir la política como su profesión. ¿Cómo se le podría pedir a un gobernante que ponga su otra mejilla cuando su patria o él mismo ha sido ofendido?, ¿de qué modo podría considerarse plausible que un mandatario de gobierno no resista a la violencia con violencia?.[35] Pensar en estas posibilidades implica soslayar el hecho de que el medio específico de la política es la violencia. No la aplicación de ésta en sí misma, sino el control de ella y el derecho a aplicarla cuando las circunstancias así lo demanden. Cuando el sentido de la responsabilidad indique que es necesario recurrir a la violencia, aunque esta se encuentre fuera de cánones ético-religiosos, ya que no son estos últimos los que guían el quehacer político. Con ello nos acercamos a una afirmación desprendida de los escritos de Nicolás Maquiavelo: Se recurrirá a la violencia cuando el fin lo justifique.[36] Cuando el político acepta esta realidad hace un pacto con el diablo, pues acepta desprenderse de ataduras éticas-religiosas, que en casos extremos pudieran derivar en mandamientos tan absolutos como “ama a tus enemigos”, “ofrece la otra mejilla”, “no respondas la violencia con violencia”, etc.

En esencia, los planteamientos de Weber respecto de la autonomía de la política sostienen que ésta posee una ética distinta, que en muchos casos entra en conflicto y se contrapone a la ética absoluta de la religión cristiana. En efecto, como señala Weber, la ética evangélica dice que «no hay que resistir el mal con la fuerza», pero para el político vale que hay que resistir el mal con la fuerza, pues de lo contrario hay que hacerse responsable del triunfo del mal.[37]

Ahora bien, en la obra de Nicolás Maquiavelo, específicamente en los Discursos, vemos muy claramente que la acción política no está sometida a cánones éticos comunes, es decir, no está regida por éticas como la religiosa. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el capítulo 9 del libro primero, donde Maquiavelo justifica plenamente el fratricidio cometido por Rómulo, llegando a señalar: “ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”.[38] Es claro que para Maquiavelo la ética con la que se mide la política está alejada de la ética religiosa-cristiana, en esta última, el mandamiento de “no matarás” no está sometido a circunstancias, sino que posee un valor absoluto,[39] en cambio, como se aprecia, para el florentino los resultados obtenidos pueden llegar a justificar los medios o procedimientos utilizados. El asesinato no deja de ser asesinato, ni el mal deja de ser mal, pero cometer el primero y utilizar el segundo son justificados por Maquiavelo cuando la necesidad lo demanda, en este ámbito se comprende la sentencia “cuando los hechos te acusen, que el resultado te excuse”.
Hemos expuesto hasta aquí argumentos que se orientan a destacar el carácter autónomo de la política a partir de los planteamientos de Max Weber y hemos señalado algunos ámbitos en los cuales, efectivamente, es posible identificar en los escritos de Nicolás Maquiavelo el aspecto autónomo de la política.

Un contrapunto a lo anteriormente señalado lo plantea don Luis Oro al momento de bosquejar una definición tentativa de “la política”. Oro afirma que “la política es una actividad parcialmente autónoma que tiene por finalidad regir la sociedad, mediante el poder soberano, y los interesados en llevar a cabo tal propósito intentan, de manera legítima o ilegítima, conquistar o incidir sobre dicho poder, recurriendo para ello a estrategias de conflicto y cooperación”.[40]

Luis Oro sostiene que la política es parcialmente autónoma, porque a pesar de que posee su propia racionalidad, esta es vulnerable a las dinámicas que provienen de otros campos, esto es a las influencias que proceden de otros dominios de la realidad que también poseen sus propias valoraciones, por ejemplo aspectos teológicos y económicos.

No obstante, de inmediato, Luis Oro reconoce que a pesar de que valoraciones e interese provenientes de otros ámbitos inundan la política, esta mantiene su especificidad y cierto grado de independencia. En estos aspectos radicaría, entonces, la relativa autonomía de la política.

CAPÍTULO II
ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERO DE LOS DISCURSOS SOBRE LA PRIMERA DÉCADA DE TITO LIVIO

En este apartado omitiremos reseñas históricas y biográficas puesto que nuestro objetivo se circunscribe netamente a desentrañar los elementos que puedan comprobar o desmentir la posibilidad de catalogar a Nicolás Maquiavelo en el ámbito del realismo político.

Bástenos con tener presente que Maquiavelo nació en Florencia en 1469, que en esa época era una república, bajo el gobierno de la familia Médicis y que sus dos obras más destacadas desde el punto de vista político son El Príncipe y los Discursos sobre los primera década de Tito Livio.[41]

El análisis que se desarrolla a lo largo este trabajo se restringe al primer libro de los Discursos y a partir del contenido de los 60 capítulos de este libro esperamos constatar o desmentir la posibilidad de catalogar a Maquiavelo como un realista político.

Desde el punto de vista estructural, las Discursos están divididos en 3 libros, de los cuales, el primero de ellos está dedicado a los asuntos internos de Roma; el segundo libro trata los asuntos de los romanos, tanto privados como públicos; mientras que el último libro aborda los asuntos de los romanos, tanto privados como públicos, que eran tramitados sobre la base del consejo privado.[42]

1. CONCEPCIÓN TRÁGICA SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

En el prólogo de los Discursos, Maquiavelo manifiesta su pensamiento respecto de la existencia de cualidades humanas imperecederas al afirmar que “El cielo, el sol, los elementos, los hombres, tienen hoy el mismo orden, movimiento y poder que en la antigüedad”[43]. Se deduce de ello que para Maquiavelo la naturaleza humana posee cualidades invariables e inmutables, intrínsecas a todos los hombres de la antigüedad y del presente. En efecto, esta premisa es la que hace posible poder buscar en el pasado algunas enseñanzas útiles y aplicables en la actualidad. Para Maquiavelo es una falencia y una debilidad no tener presente las experiencias pasadas de las sociedades, y respecto de ello afirma “no se encuentran ni soberanos, ni repúblicas, ni capitanes, ni ciudadanos que acudan a ejemplos de la antigüedad; lo que en mi opinión procede, no tanto de la debilidad producida por los vicios de nuestra actual educación, ni de los males que el ocio orgulloso ha ocasionado a muchas naciones y ciudades cristianas, como de no tener perfecto conocimiento de la historia, o de no comprender, al leerla, su verdadera sentido ni el espíritu de sus enseñanzas”.[44]

Existe, por tanto, una premisa básica en los escritos de Maquiavelo, y ésta es la existencia de una naturaleza humana que es la misma para todos los hombres, independiente del tiempo y el lugar.[45] La pregunta que se nos plantea es ¿qué características tiene, según Maquiavelo, esta naturaleza humana?.

Del libro primero de los Discursos se deduce que una de las principales características de esta naturaleza humana imperecedera, a la que se refiere Maquiavelo, está constituida por la ambición.[46] Esta pulsión interna, según Maquiavelo, subyace en la mayoría de las actitudes de los hombres y los inclina hacia actitudes hostiles que tienen por objeto arrogarse la cosa ambicionada, que puede estar constituida por innumerables elementos, pero entre ellos destacan los honores y las riquezas.[47] Un claro ejemplo respecto de lo que piensa Maquiavelo acerca de la ambición, lo tenemos en el capítulo 37 del primer libro de los Discursos, donde afirma:

“En efecto; cuando los hombres no combaten por necesidad, combaten por ambición, la cual es tan poderosa en el alma humana, que jamás la abandona, cualquiera que sea el rango a que el ambicioso llegue. Causa de esto es haber creado la naturaleza al hombre de tal suerte que todo lo puede desear y no todo conseguir; de modo que siendo siempre mayor el deseo que los medios de lograrlo, lo poseído ni satisface el ánimo, ni detiene las aspiraciones.”[48]

Vemos que en este fragmento Maquiavelo sostiene que dos son los motivos que pueden provocar en el hombre actitudes hostiles: la necesidad y la ambición. No obstante, subyace en ambos sentimientos un elemento único que es el miedo. La necesidad de las que nos habla Maquiavelo puede ser entendida como un miedo evidente, un miedo provocado por un factor presente que insta al hombre a buscar medios para defenderse. Mientras que la ambición, como fue analizado en el primer capítulo de este trabajo, surge o hunde sus raíces en un temor percibido, pero que no se presenta como algo concreto en el presente, sino que se avizora en el futuro. De ahí que la ambición también pude estar, en última instancia, relacionada con el miedo.

Ahora bien, además de la ambición como elemento constitutivo de la naturaleza humana, observamos en la obra de Maquiavelo que el hombre no puede ser catalogado, a priori ni como un ser absolutamente malo, ni como un ser irrestrictamente bueno. Es más bien lo uno y lo otro en potencia.[49] Esto porque ni el hombre considerado como malvado logra comportarse siempre a la medida de su malignidad, ni el catalogado como bueno es invariablemente bondadoso.

Si bien, esta es nuestra posición frente a la concepción de la naturaleza humana en la obra de Nicolás Maquiavelo. No podemos dejar de señalar que hay quienes no perciben esta ambivalencia, esta pugna, esta tragedia interna en la concepción del hombre en Maquiavelo. Por ejemplo Oscar Godoy, simplemente se queda con las afirmaciones en que Maquiavelo concibe al hombre como un ser imperturbablemente inclinado al mal, y por tanto deduce de ello que el florentino concibe que el hombre es naturalmente malo.[50] A favor de las deducciones de Godoy están las afirmaciones en que Maquiavelo sostiene que el hombre posee una malignidad natural[51] o bien cuando señala que todos los hombres cometen demasías cuando no hay nada que los contenga, lo que en definitiva significa que cuando los hombres poseen medios y libertad para ejecutar el mal, lo ejecutan. [52]

Por nuestra parte, percibimos que Maquiavelo concibe una naturaleza humana trágica, en la que el egoísmo, la ambición y la agresividad se transforman en elementos constitutivos del comportamiento humano. Pero explícitamente Maquiavelo declara que los hombres no son ni buenos ni malos,[53] y esto nos basta para continuar afirmando que en Maquiavelo el ser humano posee características dicotómicas, en las que se despliega un constante conflicto entre la razón y la pasión.

2. EL EQUILIBRIO DEL PODER

Si bien la teoría del equilibrio del poder ha sido desarrollada, tradicionalmente, a partir del ámbito de las relaciones internacionales, procederemos en este capítulo a transplantar dicho análisis al ámbito de las relaciones internas de la república romana.[54] Esta situación se explica por el hecho básico de que nuestro objeto de estudio se restringe al primer libro de los Discursos, y éste, como ya ha sido señalado, está dedicado a describir y analizar los asuntos internos de la república romana.

Ahora bien, en el libro primero de los Discursos es posible percibir la inclinación de Maquiavelo hacia la ponderación del equilibrio de poder en cuanto se muestra abiertamente favorable a la creación de repúblicas mixtas, donde se mezcla la aristocracia, el principado y el gobierno popular, generando un régimen estable, puesto que todos los actores de la sociedad encuentran su lugar en la institucionalidad. En el capítulo 2 Maquiavelo afirma “que todas las demás formas de gobierno son perjudiciales, las tres que calificamos como buenas por su escasa duración (monárquica, aristocrática y democrática), y las otras tres por la malignidad de su índole (tiranía, oligarquía y licencia). Un legislador prudente que conozca estos defectos, huirá de ellas, estableciendo un régimen mixto que de todas participe, el cual será más firme y estable; porque en una constitución donde coexista la monarquía, la aristocracia y la democracia, cada uno de estos poderes vigila y contrarresta los abusos de los otros”.[55]

En esencia, el equilibrio de poder propone que el orden y la paz es el fruto de un constante juego en el que los actores mantienen la preocupación de no permitir que ninguno se trasforme en lo suficientemente fuerte como para verse tentado a avasallar a los demás. Ahí radica el equilibrio. Pero el proceso mediante el cual se alcanza tal equilibrio no descarta fricciones y conflictos, éstos son connaturales a las relaciones humanas, por tanto no es la eliminación de tales rencillas las que busca el equilibrio de poder, sino la limitación o extirpación de crisis generalizadas donde uno de los actores logre imponerse irrevocablemente por sobre los demás. El equilibrio de poder busca mantener la fuerza distribuida de manera que cada una de las partes sirva de contrapeso para las demás.

En el análisis desarrollado por Maquiavelo en el libro primero de los Discursos este sistema de equilibrio se evidencia netamente en la propuesta de Maquiavelo a favor de la constitución de repúblicas mixtas, que permitió nada menos que establecer una república perfecta, donde la desunión y conflicto entre el pueblo y el senado desempeñó un rol de suma relevancia.[56]

La salvedad que propone Maquiavelo respecto de la fundación de repúblicas mixtas, donde el fundamento radica en el constante equilibrio y contrapeso de las partes constitutivas, está dado por la corrupción de la sociedad. Cuando la corrupción ha erosionado la médula de la sociedad es difícil o imposible la tarea de organizar una república estable sobre las bases de una constitución mixta. Es así, que en el capítulo 18 Maquiavelo señala que quien quisiera fundar una república sobre cimientos corrompidos, quien quisiera crear instituciones republicanas sobre una población desacostumbrada a la libertad, quien pretendiera lograr a través del equilibrio de los poderes la convivencia entre clases empapadas por odios arraigados durante décadas, ése príncipe, ese fundador, estaría condenado al fracaso. Como lo estaría también aquel que, conquistando una ciudad libre, no se decidiera ni a destruirla por completo, ni a instalarse en ella ni a conservarle su libertad. Es evidente, entonces, para Maquiavelo que hay circunstancias en que el equilibrio entre el pueblo y los nobles no puede hacerse descansar en instituciones. Es casi imposible crear una república en una ciudad corrupta. [57]

3. CARÁCTER INEVITABLE DEL CONFLICTO

En el libro primero de los Discursos de Maquiavelo se evidencia que Roma era constantemente sacudida por el conflicto entre su insolente nobleza y su ambiciosa plebe.[58]
Ahora bien, además de aceptar Maquiavelo el conflicto como algo propio de las sociedades humanas, elabora en su escrito una alabanza de la discordia, puesto que ve en ésta una de las causas de la grandeza y libertad romana.[59]

El conflicto en las relaciones humanas hunde sus raíces en lo que ya hemos descrito en el primer indicador como “naturaleza humana”, ésta última caracterizada por un conflicto interior manifestado en la conciencia de los hombres, en la que sentimientos como el miedo y la ambición conducen a desencadenar acciones que llevan al enfrentamiento entre los congéneres. En efecto en el capítulo 37 Maquiavelo señala:

“Cuando los hombres no combaten por necesidad, combaten por ambición, la cual es tan poderosa en el alma humana, que jamás la abandona, cualquiera que sea el rango a que el ambicioso llegue. Causa de esto es haber creado la naturaleza al hombre de tal suerte que todo lo puede desear y no todo conseguir; de modo que siendo siempre mayor el deseo que los medios de lograrlo, lo poseído ni satisface el ánimo, ni detiene las aspiraciones.”[60]

A la aceptación del conflicto como algo natural y propio de la sociedad, se suma la alabanza y dignificación de estas relaciones, debido a que según el análisis de Maquiavelo, en éstas deben ser buscadas las causas de la grandeza romana, en efecto esta desunión y lucha entre la nobleza y la plebe otorgó a Roma instituciones beneficiosas para la libertad y para el engrandecimiento.[61]
Antes de llegar a elaborar esta alabanza de los disturbios romanos, Maquiavelo se propuso demostrar la grandeza y debilidades de otras organizaciones políticas. Ello porque debía sustentar su opinión favorable a los disturbios. En el capítulo 2 del primer libro de los Discursos la aceptación y alabanza del conflicto se sustenta en el hecho de que ellos dieron la posibilidad de perfeccionar la constitución original de la república. La perfectibilidad de la constitución debe ser algo a lo que deben aspirar las organizaciones políticas cuando no han tenido la posibilidad de que sea una sola persona la que de una vez y para siempre les otorgue una institucionalidad perfecta. Este último fue el caso de Esparta donde Licurgo la organizó de tal suerte que distribuyó la autoridad entre el rey, los grandes y el pueblo, creando un régimen de más de ochocientos años de duración, brindándole perfecta estabilidad al Estado.[62] La alabanza y reconocimiento que hace Maquiavelo a la organización política de Esparta radica, esencialmente, en haber generado un régimen Mixto y estable. El otro ejemplo entregado es el de Atenas, donde Solón estableció una constitución puramente democrática, que tuvo por característica la inestabilidad y la corta duración. Maquiavelo critica este último régimen por no haber sido capaz de encauzar los conflictos entre los distintos actores de la sociedad.

Como se ve, Maquiavelo pondera positivamente el régimen establecido en Esparta por Licurgo, pero enseguida señala que Roma no habiendo contado con un legislador como el espartano, tuvo que encauzar la perfectibilidad de su constitución a los buenos resultados de las relaciones conflictivas entre la nobleza y la plebe.[63]

Respecto de la alabanza de la discordia que percibimos en el primer libro de los Discursos, son muy interesantes los argumentos entregados por Maquiavelo en el capítulo 6, titulado “si era posible organizar en Roma un gobierno que terminara la rivalidad entre el pueblo y el Senado”. Para establecer su opinión Maquiavelo se propone estudiar las repúblicas que sin tales tumultos han vivido largo tiempo libremente. Escoge para tales fines dos ejemplos, uno antiguo (Esparta) y uno contemporáneo (Venecia). Esparta cerró las fronteras a los extranjeros, con ello se evitaba la corrupción de las costumbres; mientras que en Venecia no se educa al pueblo para la guerra.[64] Ante esto la sentencia de Maquiavelo es la siguiente: para mantener la tranquilidad en Roma, los legisladores romanos debían hacer una de estas dos cosas. Hicieron precisamente lo contrario, aumentando con ello el número y el poder de la plebe y las ocasiones de tumultos que infinitas veces perturbaron la tranquilidad. “Pero al desear Roma disminuir la causa del alboroto, destruiría también la causa de su engrandecimiento… Si quieres tener un pueblo numeroso y armado para engrandecer el imperio, lo has de organizar de tal suerte que no siempre puedas manejarlo a tu gusto”.[65] El razonamiento de este capítulo nos dice en primer lugar que toda República que desee expandirse debe necesariamente confiar su libertad a la plebe: en ello reside simultáneamente la causa del desorden y la causa del engrandecimiento. En esencia lo que se pondera son los buenos frutos de la discordia.

En este ámbito, un último elemento que destacamos de la omnipresencia del conflicto es la necesidad de que existan cauces que permitan canalizarlo. Ello lo evidenciamos en Maquiavelo en el capítulo 7, titulado “De cómo las acusaciones son necesarias en la república para mantener la libertad”. Aquí Maquiavelo da toda su relevancia a la canalización institucional del conflicto ineludible entre la plebe y los nobles, partiendo del hecho de que la división es propia de la vida de la ciudad, llega a sostener que la república más estable será aquella que logre dar una expresión institucional al conflicto, aquella que logre canalizar el conflicto de manera pública a fin de evitar el accionar faccioso. En este capítulo se sostiene que los guardianes de la libertad deben tener facultad de acusar ante el pueblo o ante un magistrado o consejo a los ciudadanos que de algún modo infringen las libertades públicas. Maquiavelo señala que cuando las antipatías no tienen medio ordinario de manifestación se apela a los extraordinarios, arruinando la república. Es necesario que las opiniones que agitan los ánimos encuentren vías legales de manifestación.[66] Lo que destaca Maquiavelo es la necesidad de que los conflictos, disputas, tumultos, discordias, logren encontrar su cauce en la propia institucionalidad de la organización política respectiva. Y ello solo se logra si se acepta previamente que el conflicto es algo propio de la vida en sociedad. Aceptando esto, se pueden prever e institucionalizar canales legítimos de manifestación del descontento. Por ello, es que Maquiavelo pondera positivamente el hecho de que a pesar de haber existido tantos disturbios causados por la rivalidad de la plebe y el senado, en ningún caso ni el Senado ni la plebe, ni ciudadano particular alguno, intentó valerse de fuerzas exteriores, pues teniendo el remedio en casa, no necesitaban buscarlo fuera de ella.[67]

4. LA AUTONOMÍA DE LA POLÍTICA

En el primer libro de los Discursos de Nicolás Maquiavelo es posible percibir claramente la autonomía de la política respecto de otras esferas, como la religiosa,[68] cuando se evidencia que Maquiavelo considera excusable el fratricidio cometido por el fundador de Roma[69] y los asesinatos perpetrados por el Curiacio vencedor.[70]

El “no matarás” bíblico no está sujeto a condicionantes, sino que posee un valor absoluto.[71] Pero en Maquiavelo siempre está presente la idea de que los objetivos y los resultados son los que pueden absolver de culpas como la criminal. No es en sí mismo el crimen el que se justifica, sino la razón por el que tal acto se cometió.

Así, por ejemplo, en el acto criminal cometido por uno de los Curiacios, matando a sus contrincantes, los Horacios, se absuelve de la culpa debido a que el objetivo era defender a Roma, pero cuando el mismo hombre mata a su hermana, a pesar de todos sus honores, fue juzgado puesto que este segundo acto criminal no poseía ningún móvil superior que pudiera justificar su acción.[72]

Al analizar el libro primero de los Discursos percibimos que Maquiavelo reclama una especificidad ética propia de lo político, que acepta como permisibles actos de engaño y crueldad. A través de su obra, Maquiavelo demuestra que en lo político se hace y se ha hecho el mal, llegando a sostener que en el ámbito político existen ocasiones en que se debe hacer el mal porque la necesidad lo demanda. En efecto, a lo largo de su escrito se advierte una nítida defensa de métodos extraordinarios en el ámbito de lo político, lo que nos lleva a afirmar que innegablemente en Maquiavelo se defiende la autonomía de la política.

En definitiva, dos son los principales factores que nos llevan a sostener que en Maquiavelo se reclama la autonomía de la política. Por una parte su constante inclinación a defender la idea de que el fin (objetivo-resultado) es capaz de justificar los medios utilizados y, por otra, la indiferencia respecto de los postulados religiosos (cristianos).

El primero de estos factores se evidencia con nitidez al momento en que Maquiavelo señala que Rómulo queda absuelto de su culpa por el resultado superior al que se supeditaron los asesinatos cometidos:

“Ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye… que Rómulo mereciese perdón por la muerte del hermano y del colega y que lo hizo por el bien común y no por propia ambición, lo demuestra el hecho de haber organizado inmediatamente un Senado que le aconsejara, y a cuyas opiniones ajustaba sus actos”.[73]

Es indudable que, de afirmaciones como éstas, podemos claramente deducir el principio desprendido de las enseñanzas de Maquiavelo, respecto de que el fin, si es bueno, logra justificar los medios utilizados. Maquiavelo piensa que el ámbito de lo político tiene principios éticos propios, distintos a los que debieran regir el resto de la vida humana. Es decir, en lo político es permisible, recomendable, e incluso admirable, llevar a cabo, en ciertas circunstancias, actos que no serían aceptables en ningún otro ámbito de la vida humana, y que francamente serían reprochables. Estos actos incluyen las más diversas expresiones del engaño, la violencia y la crueldad, pero la vara con la que se mide estos actos, son los resultados obtenidos. No se trata de que Maquiavelo niegue la categoría del bien y el mal, pero legitima el mal y lo excusa cuando subyace una necesidad política. En definitiva, puede ser excusable la utilización de medios malos, si los fines son buenos.

El segundo elemento en que concebimos la autonomía de la política está dado por la indiferencia de Maquiavelo respecto de la verdad religiosa. Ahora bien, la autonomía de la política respecto de la religión, en Maquiavelo, no implica ignorar el rol que cumple o puede llegar a cumplir la religión en la sociedad.[74] En este ámbito entra en juego la utilización de la religión, a la cual Maquiavelo concibe como un buen instrumento de control y sometimiento de la población.[75]

Refiriéndose Maquiavelo a la religión de los romanos, señala que los buenos principios religiosos lograron generar y mantener el orden social. [76] Maquiavelo afirma que los romanos temían más faltar a sus juramentos que a las leyes, como todos los que tienen en más el poder de Dios que el de los hombres. Siendo conciente de esto, los gobernantes romanos utilizaron la religión para convencer al pueblo a aceptar determinaciones o para convencer a éste a actuar. Por ejemplo Numa simuló estar inspirado por una ninfa para establecer nuevas y desconocidas reglas.[77] Así también, la religión fue utilizada para inspirar confianza en los ejércitos[78] o para instar al pueblo a tomar una decisión.[79]

Ahora bien, Maquiavelo propone que para convertir la religión en un buen instrumento político, sus fundamentos deben estar sanos y la sociedad incorrupta, puesto que de lo contrario sus preceptos no son respetados, llamando al descreimiento de la población. En este contexto se entiende la fuerte crítica que Maquiavelo manifiesta hacia la Sede Pontificia, a quien acusa de no haber sido capaz de mantener los fundamentos religiosos y a además ser la causa de los males de Italia, ya que a lo largo de los siglos no logró ser suficientemente fuerte para unificar el territorio, ni lo suficientemente débil como para desaparecer.[80]

Como queda demostrado, en el primer libro de los Discursos de Maquiavelo, efectivamente se evidencia la autonomía de la esfera política, ya que en este escrito se expresan variados argumentos que tienen por objeto reclamar y declarar que la ética política no es la misma ética religiosa. En la primera esfera es posible justificar e incluso defender actitudes que en la otra son absolutamente reprobables. Esto debido a que la vara con la que se mide el actuar político, según Maquiavelo, radica en los resultados obtenidos, he aquí que la máxima que dice “cuando los hechos te acusen, que los resultados te excusen”[81], cobra todo su valor.

REFLEXIONES FINALES

En el presente escrito se ha tenido por objetivo esclarecer la posibilidad de identificar a Nicolás Maquiavelo como un realista político. Para alcanzar tal propósito, en primer lugar, se expuso una aproximación conceptual en la que nos planteamos críticamente frente a algunas definiciones tentativas del realismo político, poniendo especial énfasis en el análisis de los 6 principios expuestos por Hans Morgenthau. Respecto de éstos señalamos nuestras aprensiones y disconformidades, debido a que el intento clasificatorio de Morgenthau no satisface la necesidad de delinear con claridad los elementos constitutivos del realismo político. Ninguno de sus principios es nominado y no delinea los límites entre cada uno de ellos. A pesar de ello, presentamos un intento de nominación y explicación de cada uno de los principios. Así, nuestra propuesta de nominación arrojó por resultado lo siguiente:

1. Empirismo.
2. Interés como principio rector del quehacer político.
3. Lo variable y lo permanente en el concepto de interés.
4. Ética de los resultados.
5. Rechazo de la existencia de una moral universal.
6. Especificidad de la política.

Frente a la propuesta de Morgenthau, expusimos también una visión crítica del realismo político, en la que Francis Fukuyama deshecha esta metodología de análisis debido a no aceptar dos de sus principales postulados: el carácter inevitable del conflicto y el equilibrio de poder. La incorporación de estos planteamientos sólo tuvo por objeto enriquecer la panorámica general respecto de la configuración del concepto y sus ejes directrices.

En el apartado final de la primera etapa del trabajo expusimos una conceptualización tentativa del realismo político, delineada a partir de cuatro indicadores fundamentales: Percepción trágica de la naturaleza humana, equilibrio de poder, carácter inevitable del conflicto y autonomía de la política. Tales indicadores fueron establecidos partiendo de la premisa de que estos elementos son considerados como básicos para la mayoría de los analistas que adhieren a la escuela del realismo político. La definición de cada uno de estos elementos nos permitió construir una herramienta de análisis a partir de cual nos adentramos en el estudio minucioso del libro primero de los Discursos de Nicolás Maquiavelo.

Percepción trágica de la naturaleza humana: respecto de este indicador precisamos que el realismo político concibe que el hombre se caracteriza por estar constantemente sometido a conflictos interiores en el que emociones divergentes luchan por satisfacer sus demandas. Así, la maldad y la bondad, están presentes en el ser humano y permanecen en un estado potencial prestas a entrar en juego en cualquier instante. En esencia, el realismo político concibe que el hombre no es bueno ni malo, sino que ambas cosas al mismo tiempo y en ello radica el carácter trágico de su naturaleza.

Equilibrio de poder: los autores que adhieren al realismo político se muestran favorables al establecimiento del equilibrio de poder entre los actores políticos. Este equilibrio, implica, esencialmente, que el orden y la paz surgen como resultado del constante interés y preocupación por mantener equilibrada la balanza del poder, es decir, que ninguno de los actores (Estados en el ámbito internacional) logre alcanzar un grado tal de fuerza que pueda verse tentado a avasallar, aplastar y someter a los demás. El equilibrio de poder no garantiza la paz perenne, pero sí puede lograr evitar las crisis generalizadas.

Carácter inevitable del conflicto: en el realismo político, el conflicto se concibe como una propiedad connatural de las relaciones humanas y las razones por las que éste puede surgir son tan variadas, que difícilmente pueden ser clasificadas, puesto que la convergencia o la divergencia de objetivos puede conducir a un conflicto, es decir, por que se desea (ambiciona) una misma cosa o porque se desean cosas contrapuestas.

Autonomía de la política: el realismo político reclama y declara autonomía del quehacer político, reflejando en sus postulados una ética particular y autónoma, no sujeta a éticas de carácter religioso. La autonomía no implica desestimar que la política está constantemente influida por otras esferas como la religión o la economía.

A partir de la configuración de estos cuatro indicadores, nos adentramos en el capítulo II con el objeto de verificar o descartar en el escrito de Nicolás Maquiavelo dichos elementos constitutivos del realismo político. Como se pudo apreciar a lo largo de todo este capítulo, en el primer libro de los Discursos de Maquiavelo, efectivamente se encuentran presentes los cuatro indicadores básicos del realismo político. Por tanto, podemos decir con propiedad, que Maquiavelo puede ser considerado un realista político.

En el primer libro de los Discursos de Maquiavelo se bosqueja una percepción trágica de la naturaleza humana, donde las pulsiones internas de la maldad y la bondad se encuentran omnipresentes y en conflictividad. Vimos que algunas aseveraciones de Maquiavelo pueden llevarnos a deducir que para él los hombres son “naturalmente” malos, pero en el libro analizado son más las veces en que se afirma que el hombre no es, y no sabe ser, completamente bueno ni malo, pero que la ambición –cualidad permanente en todo hombre- lo inclina a comportamientos agresivos.[82]

Acerca del equilibrio de poder, podemos afirmar que Maquiavelo, efectivamente, se muestra favorable a este tipo de orden político. En el libro primero esto se manifiesta en las apreciaciones de Maquiavelo respecto de la constitución de régimen Mixto. Según Maquiavelo, fue beneficioso para Roma haber logrado organizar una institucionalidad en la que la monarquía, la aristocracia y la democracia encontraran cabida en su constitución, puesto que el equilibrio y el contrapeso ejercido por estas tres entidades habrían conferido a Roma la grandeza y la libertad.[83]

El carácter natural del conflicto es el elemento de mayor notoriedad en el primer libro de los Discursos. Maquiavelo sostiene que al ser la ambición una característica propia de todo hombre y todo grupo humano, ésta lo conduce a mantener una actitud hostil que puede desembocar en tumultos, desordenes y enfrentamientos declarados. Ahora bien, este reconocimiento de la naturalidad del conflicto va más allá para transformarse incluso en una alabanza de la discordia, puesto que Maquiavelo llega a afirmar –reiteradas veces- que la causa principal de la libertad de los romanos y de la grandeza romana, radica en los enfrentamientos que se produjeron entre la plebe y los nobles, ya que de tales disturbios se obtuvo por resultados el perfeccionamiento de la institucionalidad y la creación de leyes beneficiosas.[84] En definitiva, los buenos resultados justifican los medios utilizados para obtenerlos.

Finalmente debemos señalar que la autonomía de la política respecto de otras esferas de la vida humana constituye en Maquiavelo un eje estructurante de todo su argumento. Es evidente que para Maquiavelo el actuar político no se mide con la misma vara con la que se miden otras esferas de la realidad. En efecto, el instrumento con el que deben, según Maquiavelo, sopesarse las acciones políticas son los resultados obtenidos. Y cuando estos son buenos, los medios utilizados para alcanzarlos son justificados.[85] Por ello es que el homicidio es justificable cuando un fin superior lo justifica, así también ocurre con el engaño, la mentira, la crueldad, etc.

NOTAS

[1] Tradicionalmente se designa con este nombre la obra en Nicolás Maquiavelo se dedicó a analizar la primera década de Tito Livio. Así también será referida tal obra a lo largo del presente trabajo.
[2] Borja, Rodrigo, Enciclopedia de la Política, Fondo de Cultura Económica, México, 1997. Página 815
[3] Idem
[4] Ibidem, Página 816
[5] Ibidem, página 615.
[6] Touchad, Jean, Historia de las Ideas Políticas, Editorial Tecnos, Madrid, 1998. Página 203
[7] Chevaliere, Los grandes textos políticos desde Maquiavelo a nuestros días, Aguilar S.A. Ediciones, Madrid 1998. Página 34

[8] Morgenthau, Hans, Escritos sobre política internacional, Editorial Tecnos, Madrid, 1990: “Consideramos que los estadistas piensan y actúan en términos de interés definidos como poder, y la evidencia histórica confirma esta suposición. Esta suposición nos permite seguir y prever, por así decirlo, los pasos que un estadista –pasado, presente o futuro- ha tomado o tomará en la escena política. Miramos por encima de su hombro cuando escribe sus notas; escuchamos sus conversaciones con otros estadistas, y leemos y prevemos sus mismos pensamientos. Pensando en términos de interés definido como poder, pensamos como él lo hace, como observadores desinteresados comprendemos sus pensamientos y acciones quizás mejor que él mismo actor en la escena política”. Página 5
[9] Morgenthau acepta esta contradicción y ante ello sostiene que la teoría política que pretenda ser racional haga abstracción de los elementos irracionales. Incluso ilustra con el ejemplo de la guerra llevada a cabo en Indochina por Estados Unidos, proponiendo 5 principios de irracionalidad política: “aplicación al mundo empírico de un cuadro simplista y apriorístico del mundo derivado del folklore y de presunciones ideológicas; la negativa a corregir dicho cuadro del mundo a partir de la experiencia; la persistencia de una política exterior derivada de la percepción incorrecta de la realidad y el uso de la inteligencia no para adoptar la política a la realidad, sino para reinterpretar la realidad haciéndola coincidir con la política; la vanidad de los políticos que aumenta la distancia entre percepción y política, de un lado y realidad, del otro; y la necesidad de disminuir esa distancia al menos subjetivamente a través de la acción, cualquier tipo de acción que cree la ilusión de control sobre la realidad”. Morgenthau, Hans, Ob., Cit., Página 49
[10] Morgenthau, Hans, Escritos sobre política internacional, Editorial Tecnos, Madrid, 1990. Página 51
[11] Morgenthau, Hans, Ob. Cit., Página 54
[12] Maquiavelo, Nicolás, Obras políticas, Editorial El Ateneo Pedro García S. A., Buenos Aires 1957. Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I. Capítulo 9. (Página 86). Las siguientes referencias de la obra citada se harán sólo como “Discursos”, indicando el libro, capítulo y Nº de página.
[13] Francis Fukuyama nació en el seno de una familia de origen japonés en 1952, en la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Creció en Nueva York y se graduó en Harvard. Durante su carrera escribió sobre democratización y política económica internacional, especializándose en la política exterior de la ex Unión Soviética. También trabajó para el Departamento de Estado de los Estados Unidos. En la actualidad es miembro del Consejo Presidencial sobre la Bioética y catedrático de Economía Política Internacional en la Universidad Johns Hopkins en Washington, DC. (Rechaza el Realismo político como metodología de análisis para las relaciones internacionales tras la Guerra Fría)

[14] Fukuyama, Francis, El Fin de la historia y el último hombre, Editorial Planeta, Barcelona 1992. Página 343
[15] TOMÁS A. CHUAQUI. Ph. D. Politics, Princeton University. Profesor Auxiliar del Instituto de Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile.
[16] OSCAR GODOY ARCAYA. Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de Teoría Política y Director del Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Miembro de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Consejero del
Centro de Estudios Públicos.
[17] Chuaqui, Tomas, “La ética política de Maquiavelo, gloria, poder y los usos del mal”, Estudios Públicos, N° 79, invierno 2000. página 417
[18] Godoy, Oscar, “Antología del pensamiento de Maquiavelo”, Estudios Públicos, N° 73, 1994. Página 393
[19] Discursos I, Capítulo 26, 27 y 30
[20]Discursos, I. Capítulo 27. (Página 128)
[21] Ibidem, página 67. (Disc., I, Capítulo 3). La cursiva es nuestra.
[22] Kissinger, Henry, Diplomacia, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1995. página 62
[23] Kissinger desarrolla ampliamente esta temática en su obra Un Mundo Restaurado (Editorial, FCE, México, 1973). En ésta describe y analiza el complejo sistema de alianzas generado en Europa a partir del Congreso de Viena, que puso fin a la convulsión derivada de la Revolución Francesa.
[24] Este complejo sistema es el que explica Kissinger en su libro “Un Mundo Restaurado” (Fondo de Cultura Económica, México, 1973). Tras el Congreso de Viena que aplacó la convulsión revolucionaria francesa, las potencias europeas, se propusieron mantener la paz y para ello se recurrió al establecimiento de un sistema de equilibrio de poder, donde el objeto fue mantener a raya los apetitos expansivos de Francia, pero ello se logró fortaleciendo los países circundantes, y en este complejo juego, Inglaterra se transformó en el tercero autoexcluido, dispuesto a mantener en equilibrio la balanza del poder.
[25] Oro, Luis, ¿Qué es la política?, Ril Editores, Santiago de Chile, 2003. Página 15
[26] Weber, Max, Ob. Cit., páginas 94 y 95
[27] Weber, Max, Ob. Cit., páginas 154
[28] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6. (Páginas 61-69, 74-79)
[29] Discursos, I. Capítulo 4 (Página 69)
[30] Discursos, I. Capítulo 3. (Página 68)
[31] Max Weber plantea esta idea tres veces a lo largo del escrito, instando a sus interlocutores a no olvidar tal premisa: Weber, Max, La política como profesión, Editorial Epasa, Calpe, Madrid, 1992: 1. “quien se mete con el poder y la violencia como medios, firma un pacto con los poderes diabólicos y sabe que para sus acciones no es verdad que del bien solo salga el bien y del mal solo el mal, sino con frecuencia todo lo contrario”, página 156; 2. “quien quiera hacer política en general, y quien quiera ejercerla sobre todo como profesión, tiene que ser consiente de esas paradojas éticas y de que es responsable de lo que él mismo pueda llegar a ser bajo la presión de éstas. Repito que tendrá que comprometerse con los poderes diabólicos que acechan en toda acción violenta”, página 160; 3. “(todos los objetivos) a los que se aspira con una acción política que opera con medios violentos y por el camino de la ética de la responsabilidad, pone en peligro la salvación del alma…si se quiere alcanzar los objetivos con una pura ética de convicciones dentro de una lucha religiosa, estos objetivos pueden sufrir daño y desacreditarse para muchas generaciones porque falta la responsabilidad por las consecuencias, ya que el actor sigue sin ser consciente de aquellos poderes diabólicos que están en juego”. Página 161.
[32] Weber, Max, Ob. Cit., página 159
[33] Weber, Max, Ob. Cit., página 160
[34] Weber, Max, Ob. Cit., página 150
[35] Lucas 6, 27-29: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quite lo tuyo, no se lo reclames”
[36] Ejemplos del uso de la violencia justificada la encontramos en Discursos I, capítulo 9 y 22
[37] Weber, Max, Ob. Cit., página 152
[38] Discursos I, Capítulo 9. (Página 86). El subrayado y las cursivas son nuestras.
[39] Éxodo, 20, 13 – Mateo 5, 21 – Santiago, 2, 11 – Deuteronomio 5, 17.
[40] Oro, Luis, ¿Qué es la política?, Ril Editores, Santiago de Chile, 2003. Página 161. La cursiva es nuestra

[41] Para precisar ámbitos contextuales ver: Vallespín, Fernando, Historia de la Teoría Política, Alianza Editorial, Madrid, 1990. Páginas 60 y siguientes.
[42] Strauss, Leo, Ob. Cit., página 115
[43] Discursos, I, Prólogo. (Página 54)
[44] Discursos I. Prólogo. (Página 55)
[45] En el capítulo 39 del libro I de los Discursos vuelve a exponer explícitamente la idea de una naturaleza humana imperecedera: “Quien estudia las cosas presentes y antiguas se da cuenta que en todas las ciudades y todos los pueblos han existido y existen los mismos deseos y las mismas pasiones”. Página 155.
[46] Discursos, I. Capítulos 1, 5, 9, 20, 29, 35, 37, 42, 43, 46, 52, 55. Respecto de esta situación Chevalliere sostiene que los Discursos de Maquiavelo constituyen la historia de un pueblo ambicioso, mientras que El Príncipe es la historia de un hombre ambicioso. Ob. Cit., página 9

[47] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[48] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[49] Discursos, I. Capítulo 27 y 30
[50] Godoy, Oscar, Ob. Cit. Página 393
[51] Discursos, I. Capítulo 3. (Página 67)
[52] Discursos, I. Capítulo 3 y 58. (Páginas 68 y 196). En el capítulo XVIII de El Príncipe también se encuentra un claro ejemplo que puede inducir a pensar que para Maquiavelo, los hombres son naturalmente “malos”: “si los hombres fueran buenos, este principio no sería válido, pero como son perversos y no mantienen lo que prometen, tampoco uno debe mantenerlo”. Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, Editorial Planeta, Barcelona, 1999. Página 82.
[53] Discursos, I. Capítulo 27 y 30
[54] Como ejemplo de analista político que construye su estudio de las relaciones internacionales teniendo como base el equilibrio de poder, podemos citar a Henry Kissinger: Un Mundo Restaurado (Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1973) y Diplomacia, (Fondo de Cultura Económica, México 2000). En la primera de estas obras, Kissinger analiza la configuración del concierto europeo tras el Congreso de Viena y el modo en que las potencias logran mantener la paz, recurriendo al equilibrio de poder. En la segunda obra Kissinger extiende su análisis hasta la etapa final de la Guerra Fría.
[55] Discursos, I. Capítulo 2. (Pagina 65)
[56] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 67)
[57] Discursos, I Capítulo 18: “Gran dificultad o imposibilidad de conservar o fundar de nuevo una república en ciudad corrompida. Para organizar gobierno se deberá acudir mejor a instituciones monárquicas que populares, a fin de que los hombres cuya insolencia no pueden corregir la leyes, sean frenadas por un poder casi regio. Querer hacerlos buenos por otro camino sería empresa cruelísima o imposible”. Página 115
[58] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6.
[59] Discursos, I. Capítulo 4: “En el caso del análisis de la República romana, los tumultos y desordenes que se produjeron debido al enfrentamiento entre el senado y la plebe, los cuales muchos, consideran perjudiciales, son, en realidad, la causa de la creación de leyes y reglamentos que beneficiaron la libertad pública”. Página 70
[60] Discursos, I. Capítulo 37. (Página 148)
[61] Discursos, I. Capítulo 6. “Para mantener la tranquilidad en Roma, los legisladores romanos debían hacer una de estas dos cosas: o no educar la plebe para la guerra, como los venecianos, o cerrar las fronteras a los extranjeros, como los espartanos. Hicieron precisamente lo contrario, aumentando con ello el número y el poder de la plebe y las ocasiones de tumultos que infinitas veces perturbaron la tranquilidad… Pero al desear Roma disminuir la causa del alboroto, destruiría también la causa de su engrandecimiento… Si quiere tener un pueblo numeroso y armado para engrandecer el imperio, lo has de organizar de tal suerte que no siempre puedas manejarlo a tu gusto”. Páginas 78 y 79
[62] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 65)
[63] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 66)
[64] Discursos, I. Capítulo 6. (Página 76)
[65] Discursos, I Capítulo 6. (Página 76)
[66] Discursos, I Capítulo 7. (Página 79)
[67] Discursos, I. Capítulo 7. (Página 82)
[68] En este caso nos referimos a la religión cristiana, que es la atmósfera religiosa en la que se desenvuelve Maquiavelo. Este ámbito de indiferencia religiosa y desapego de los mandamientos bíblicos son expuestos claramente por Leo Straus: Meditaciones sobre maquiavelo (Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964, Capítulo IV: “La doctrina de Maquiavelo”): “Maquiavelo no habla a menudo de temas teológicos, tales como la Biblia, personajes bíblicos, sucesos bíblicos, o el cristianismo. Este hecho no demuestra necesariamente indiferencia o ignorancia… vamos a aceptar que la ciencia política es autónoma en su esfera y puede ser tratada sin ninguna atención a la enseñanza de la Biblia misma… basta para verlo recordar simultáneamente lo que dice Maquiavelo sobre el carácter excusable del fratricidio cometido por el fundador de la ciudad de Roma y lo que dice la Biblia sobre el fratricidio cometido por el primer fundador de la primera ciudad…(Maquiavelo) silenciosamente hace que los lectores superficiales olviden la doctrina de la Biblia…”. Páginas 211 y 212.
[69] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86)
[70] Discursos, I. Capítulo 22. (Página 121)
[71] Éxodo, 20, 13 – Mateo 5, 21 – Santiago, 2, 11 – Deuteronomio 5, 17.
[72] Discursos, I. Capítulo 22: “al volver Horacio vencedor a Roma, encontró a una hermana suya casada con uno de los Curiacios muertos llorando la perdida de su marido y la mató”. Tras este hecho Horacio fue sometido a juicio por su delito, y fue absuelto, más por los ruegos de su padre que por los méritos de vencedor de los albanos… En un pueblo bien gobernado nunca se compensan los actos criminales con los meritorios”. Página 120
[73] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86 – 87)
[74] Leo Straus al comentar esta actitud sostiene que “no dudamos en afirmar, como otros muchos han afirmado antes que nosotros, y como trataremos de probar más adelante, que la doctrina de Maquiavelo es inmoral e irreligiosa. (los que opinan lo contrario) está convencidos de que Maquiavelo era amigo de la religión porque subrayaba la utilidad y el carácter indispensable de la religión. No tienen en cuanta el hecho de que su alabanza de la religión es solo el reverso de lo que podemos llamar provisionalmente su completa indiferencia a la verdad de la religión”. Straus, Leo, Meditación sobre maquiavelo, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1964. Página 12
[75] Discursos, I. Capítulos 10, 11, 12, 13, 14 y 15
[76] Discursos, I. Capítulo 11. (Página 93)
[77] Discursos, I. Capítulo 11. (Página 94)
[78] Discursos I. Capítulo 14: “Jamás se comenzaban una expedición belicosa sin haber persuadido a los soldados de que los dioses les prometían la victoria”, pero “muchas veces se dio orden de batalla sin sospechar el ejército que estaba en desacuerdo con lo que ordenaba su religión, pedíanse los auspicios para inspirar a los soldados la confianza que casi siempre es garantía de la victoria, y por ello hubo esta costumbre entre los romanos y entre los otros pueblos”. Página 104
[79] Discursos, I. Capítulo 13: Frente a la nueva creación de los tribunos, los patricios utilizaron algunos prodigios para decir que los dioses estaban llenos de ira por haber usado mal Roma la majestad del imperio. Por ello “el pueblo que era muy religioso, asustado por lo que se decía de los dioses, eligió a todos los tribunos de la clase patricia”. Página 100
[80] Discursos, I. Capítulo 12. (Página 98)
[81] Discursos, I. Capítulo 9. (Página 86)
[82] Discursos, I. Capítulos 1, 5, 9, 20, 29, 35, 37, 42, 43, 46, 52, 55.
[83] Discursos, I. Capítulo 2. (Página 67)
[84] Discursos, I. Capítulos 2, 3, 4 y 6.
[85] Discursos, I. Capítulo 9, 22.

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