
En el ámbito educativo, la integración de la inteligencia artificial generativa ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Existe una reticencia basada en la creencia de que la IA puede deshumanizar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Por un lado, se encuentran quienes temen que la dependencia excesiva de la tecnología disminuya la capacidad crítica de los estudiantes y reduzca el valor de la interacción humana, esencial para el desarrollo cognitivo y emocional. Además, la implementación de IA plantea dudas sobre la privacidad y el manejo ético de los datos de los estudiantes, así como la equidad en el acceso a estas tecnologías. También están los “alarmistas” que plantean el temor al desplazamiento laboral de los docentes, presentando a la IA como una amenaza a los roles tradicionales de educador. Se preguntan algunos, a partir de las muestras de las habilidades que tienen ciertas IAs, como, por ejemplo, lo mostrado en lanzamiento de GPT-4o, si seguirán siendo necesarios los docentes. Desde mi perspectiva, seguiremos siendo necesarios, pero con roles y habilidades diferentes a las que fuimos formados o, para quienes no son profesores de formación, distintas a las acostumbradas en el ejercicio de la docencia.
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