REALISMO POLÍTICO. AUTONOMÍA DE LA POLÍTICA. ÉTICA DE LOS RESULTADOS. “Quien entra en política, pacta con el diablo”. Max Weber “La ciencia como profesión, la política como profesión”, Editorial Epasa Calpe, Madrid, 1992


La política es considerada como una actividad autónoma por la mayoría de los autores que suscriben la visión realista. Como ejemplos se puede mencionar a Nicolás Maquiavelo y Max Weber. Para ambos autores la política se rige por cánones distintos a la moral corriente.

Max Weber en “La política como profesión” plantea su análisis respecto de la autonomía de la política estructurando su argumento a partir de las diferencias que existen entre el ámbito de la política y el ámbito de la religión cristiana. En efecto, el punto eje de su reflexión es que “el que entra en política hace un pacto con el diablo”.[1]

Todo está determinado por el medio específico utilizado por la política, es decir, la violencia.  Y, en efecto, como señala Max Weber “lo que determina la singularidad de todos los problemas éticos de la política es ese medio específico de la violencia legítima como tal en manos de las asociaciones humanas”.[2]  Y todo esto sólo es comprensible al aceptar que la política tiene su propia lógica interna, alejada, y en muchos casos contrapuesta, a los valores religiosos y sentimentales, por ello es que Weber afirma que “quien busque la salvación de su alma y la de otras almas no la busque por el camino de la política, que tiene otras tareas muy distintas, que sólo se pueden cumplir con la violencia”.[3]   Este hecho hace que el espíritu de la política permanezca en tensa relación con el dios del amor o el dios cristiano en su manifestación eclesiástica. Así pues, este conflicto interno y subyacente puede tornarse irresoluble, producto de que las leyes éticas que rigen a uno y otro ámbito de la realidad no son compatibles. Desde esta perspectiva, quien quiera involucrarse en la política y con la política, ejerciéndola como profesión, debe ser consciente de tal paradoja, es decir, de esa tensa relación entre la política y el ámbito del sentir humano que involucra aspectos tales como el sentimiento religioso, que aspira a alcanzar la salvación del alma.

En definitiva, los vínculos entre la política y los poderes diabólicos son un hecho desde el momento en que se asume, de modo realista y consciente, que El Poder, al cual aspira toda persona que se involucra en política, es ejercido, en última instancia, a partir del control de la violencia. Y esta última no se ciñe a valores éticos de índole religiosos o a otros aspectos relacionados con la convicción. La pregunta que en estas circunstancias se plantea Weber es “¿Qué papel ha de ocupar la ética en la actividad política?”, para lo cual responde que “aquí chocan, por supuesto, distintas concepciones del mundo entre sí, entre las que, en último término, hay que elegir”.[4] Esto quiere decir que la política no puede ser sometida a los parámetros éticos de los otros ámbitos de la realidad humana. En efecto, para Weber son tres las directrices fundamentales del ejercicio de la política como profesión. Y estas son: pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de la distancia. Estos tres elementos, en perfecto equilibrio, hacen que el político no se convierta en un mero hombre enceguecido por sus ansias de alcanzar el poder, y tampoco un soñador apasionado que pretenda llevar a cabo sus ideales sin tener en cuenta la realidad circundante.

Ahora bien, lo que propone Weber es que no puede medirse con la vara de la ética religiosa los actos relacionados con la política. En estas circunstancias afirma que no es posible aplicar la verdad contenida en los evangelios o específicamente en el sermón de la Montaña a los encargados de asumir la política como su profesión. ¿Cómo se le podría pedir a un gobernante que ponga su otra mejilla cuando su patria o él mismo ha sido ofendido?, ¿de qué modo podría considerarse plausible que un mandatario de gobierno no resista a la violencia con violencia?.[5] Pensar en estas posibilidades implica soslayar el hecho de que el medio específico de la política es la violencia. No la aplicación de ésta en sí misma, sino el control de ella y el derecho a aplicarla cuando las circunstancias así lo demanden. Cuando el sentido de la responsabilidad indique que es necesario recurrir a la violencia, aunque esta se encuentre fuera de cánones ético-religiosos, ya que no son estos últimos los que guían el quehacer político. Con ello nos acercamos a una afirmación desprendida de los escritos de Nicolás  Maquiavelo: Se recurrirá a la violencia cuando el fin lo justifique.[6] Cuando el político acepta esta realidad hace un pacto con el diablo, pues acepta desprenderse de ataduras éticas-religiosas, que en casos extremos pudieran derivar en mandamientos tan absolutos como “ama a tus enemigos”, “ofrece la otra mejilla”, “no respondas la violencia con violencia”, etc.

En esencia, los planteamientos de Weber respecto de la autonomía de la política sostienen que ésta posee una ética distinta, que en muchos casos entra en conflicto y se contrapone a la ética absoluta de la religión cristiana. En efecto, como señala Weber, la ética evangélica dice que “no hay que resistir el mal con la fuerza“, pero para el político vale que hay que resistir el mal con la fuerza, pues de lo contrario hay que hacerse responsable del triunfo del mal.[7]

Ahora bien, en la obra de Nicolás Maquiavelo, específicamente en los Discursos, vemos muy claramente que la acción política no está sometida a cánones éticos comunes, es decir, no está regida por éticas como la religiosa. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el capítulo 9 del libro primero, donde Maquiavelo justifica plenamente el fratricidio cometido por Rómulo, llegando a señalar: “ningún hombre sabio censurará el empleo de algún procedimiento extraordinario para fundar un reino u organizar una república; pero conviene al fundador que, cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y que si este es bueno como sucedió en caso de Rómulo siempre se le absolverá. Digna de censura es la violencia que destruye, no la que reconstruye”.[8] Es claro que para Maquiavelo la ética con la que se mide la política está alejada de la ética religiosa-cristiana, en esta última, el mandamiento de “no matarás” no está sometido a circunstancias, sino que posee un valor absoluto,[9] en cambio, como se aprecia, para el florentino los resultados obtenidos pueden llegar a justificar los medios o procedimientos utilizados. El asesinato no deja de ser asesinato, ni el mal deja de ser mal, pero cometer el primero y utilizar el segundo son justificados por Maquiavelo cuando la necesidad lo demanda, en este ámbito se comprende la sentencia “cuando los hechos te acusen, que el resultado te excuse”.

Hemos expuesto hasta aquí argumentos que se orientan a destacar el carácter autónomo de la política a partir de los planteamientos de Max Weber y hemos señalado algunos ámbitos en los cuales, efectivamente, es posible identificar en los escritos de Nicolás Maquiavelo el aspecto autónomo de la política.

Un contrapunto a lo anteriormente señalado lo plantea don Luis Oro al momento de bosquejar una definición tentativa de “la política”. Oro afirma que “la política es una actividad parcialmente autónoma que tiene por finalidad regir la sociedad, mediante el poder soberano, y los interesados en llevar a cabo tal propósito intentan, de manera legítima o ilegítima, conquistar o incidir sobre dicho poder, recurriendo para ello a estrategias de conflicto y cooperación”.[10]

Luis Oro sostiene que la política es parcialmente autónoma, porque a pesar de que posee su propia racionalidad, esta es vulnerable a las dinámicas que provienen de otros campos, esto es a las influencias que proceden de otros dominios de la realidad que también poseen sus propias valoraciones, por ejemplo aspectos teológicos y económicos.

No obstante, de inmediato, Luis Oro reconoce que a pesar de que valoraciones e intereses provenientes de otros ámbitos inundan la política, esta mantiene su especificidad y cierto grado de independencia. En estos aspectos radicaría, entonces, la relativa autonomía de la política.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Max Weber plantea esta idea tres veces a lo largo del escrito, instando a sus interlocutores a no olvidar tal premisa: Weber, Max, La política como profesión, Editorial Epasa, Calpe, Madrid, 1992: 1. “quien se mete con el poder y la violencia como medios, firma un pacto con los poderes diabólicos y sabe que para sus acciones no es verdad que del bien solo salga el bien y del mal solo el mal, sino con frecuencia todo lo contrario”, página 1562.  “quien quiera hacer política en general, y quien quiera ejercerla sobre todo como profesión, tiene que ser consiente de esas paradojas éticas y de que es responsable de lo que él mismo pueda llegar a ser bajo la presión de éstas. Repito que tendrá que comprometerse con los poderes diabólicos que acechan en toda acción violenta”, página 160; 3. “(todos los objetivos) a los que se aspira con una acción política que opera con medios violentos y por el camino de la ética de la responsabilidad, pone en peligro la salvación del alma…si se quiere alcanzar los objetivos con una pura ética de convicciones dentro de una lucha religiosa, estos objetivos pueden sufrir daño y desacreditarse para muchas generaciones porque falta la responsabilidad por las consecuencias, ya que el actor sigue sin ser consciente de aquellos poderes diabólicos que están en juego”. Página 161.

[2] Weber, Max, Ob. Cit., página 159

[3] Weber, Max, Ob. Cit., página 160

[4] Weber, Max, Ob. Cit., página 150

[5] Lucas 6, 27-29: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quite lo tuyo, no se lo reclames”

[6] Ejemplos del uso de la violencia justificada la encontramos en  Discursos I, capítulo 9 y 22

[7] Weber, Max, Ob. Cit., página 152

[8] Discursos I, Capítulo 9. (Página 86). El subrayado y las cursivas son nuestras.

[9] Éxodo, 20, 13 – Mateo 5, 21 – Santiago, 2, 11 – Deuteronomio 5, 17.

[10] Oro, Luis, ¿Qué es la política?, Ril Editores, Santiago de Chile, 2003. Página 161. La cursiva es nuestra

Autor: Ana Henríquez Orrego, 2006.

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Acerca de Ana Henríquez Orrego

Docente de la carrera Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica UDLA. Magíster en Historia, Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Geografía y Cs. Sociales por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Directora General de Asuntos Académicos, Vicerrectoría Académica UDLA.
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  1. quien entra en política pacta con el diablo!!!!! rescatando una presentación realizada en el curso “REALISMO POLÍTICO”, dictado por Luis Oro Tapia….. quien nos pedía traer por escrito la explicación de ciertas ideas fundamentales de textos leídos…. textos que a la primera nos dejaban más enredados e ignorantes que antes de leerlos, pero que al masticarlos 10 veces llegabas a algo… este fue uno de esos textos… (clase compartida con sólo un compañero César Espinoza )

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