DOCUMENTOS DEL SIGLO SIGLO XX


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TOTALITARISMO



 

 

 

 

 

Hitler Caricatura británica del Pacto Germano Soviético 1939 Stalin

TEMARIO:

Regimenes políticos siglo xx concepto totalitarismo caracterización regimenes de Hitler y Stalin a partir de documentos escritos y discursos proferidos por ellos.

¿Qué significa Totalitarismo?
Se entiende por Totalitarismo al régimen político caracterizado por la concentración de poderes en un partido único y en su jefe, la abolición de los derechos individuales y la pretensión del Estado de dirigir y controlar todas las facetas de la vida social y privada. Los dos modelos representativos de estos regímenes de gobierno son el Hitleriano en Alemania y Stalinista en la URSS.

DOCUMENTO 1:

Los regímenes políticos en el siglo XX

A diferencia del Estado liberal que tiene la misión de administrar una sociedad de manera que puedan desarrollarse los individuos, los grupos y la economía sin limitación de la libertad, el Estado totalitario pretende, mediante la coerción, organizar la sociedad para evitar los defectos y las fallas del liberalismo… El Fascismo italiano sitúa su ideal en un Estado todopoderoso, cuyos intereses deben prevalecer por encima de los intereses individuales… a las gentes desprovistas así de sus esquemas habituales de organización, el régimen propone un ideal de unión en el Estado: en lugar de las luchas sociales, la colaboración de las clases mediante estructuras corporativas, en vez de la lucha de los partidos, un ideal moral de espíritu de sacrificio a favor de la comunidad nacional; en lugar de la fe religiosa, la mística comunitaria, de la cual el partido fascista es la encarnación y el sustento.
El caso de la Alemania nazi es a la vez parecido y distinto. La voluntad de unificación de la comunidad nacional es idéntica, pero en este caso es la raza lo que constituye el punto de encuentro, mientras que el Estado solo es el instrumento de los objetivos raciales.

Fuente: Berstein, Los regímenes políticos del silo XX. En: J. Gonzáles, Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Edebe, Barcelona 2002, p. 181.

Documento 2:

El Concepto Totalitarismo

(…) Una característica específica del totalitarismo es la movilización total del cuerpo social, con la destrucción de todas las líneas entre el aparato político y la sociedad… la acción totalitarista penetra en la sociedad hasta sus células más escondidas, la envuelve totalmente. Los elementos constitutivos del totalitarismo son la ideología, el partido único, el dictador, el terror. La ideología totalitaria es la critica radical a la situación existente y una guía para su transformación también radical y orientan su acción hacia un objetivo sustancial: la supremacía de la raza elegida o la sociedad comunista… El partido único, animado por la ideología, se opone y se sobrepone a la organización del Estado, trastornando la autoridad y el comportamiento regular, politiza a todos lo grupos y a las diversas actividades sociales. El dictador totalitario ejerce un poder absoluto sobre la organización del régimen, haciendo fluctuar a su gusto la jerarquías, sobre la ideología, de cuya interpretación y aplicación el dictador es el depositario exclusivo. El terror totalitario inhibe toda oposición y aun las criticas más débiles y genera coercitivamente la adhesión y el apoyo activo de las masas al régimen y al jefe personal.
Los factores que hicieron posible el totalitarismo son la formación de la sociedad industrial de masas, la persistencia de un ámbito mundial dividido y el desarrollo de la tecnología moderna. .. Un ámbito internacional inseguro y amenazador permite y favorece la penetración y movilización total del cuerpo social. Por otro lado esta el impacto del desarrollo tecnológico sobre los instrumentos de violencia, los medios de comunicación las técnicas organizativas y las de supervisión permiten un grado máximo de control, sin precedentes en la historia.
La política totalitaria se llevó a cabo en la Rusia Stalinista y en Alemania Hitleriana… pero el concepto totalitarismo no se puede aplicar a todos los regímenes comunistas ni a todos los sistemas fascistas. .. no es totalitario el fascismo Italiano, aunque algunos lo consideran entre los totalitarismos.
En Italia la penetración y movilización de la sociedad nunca se pudo comparar con la alcanzada por el régimen hitleriano o stalinista. …El partido fascista fue más débil, frente al cual la burocracia del estado, la magistratura y el ejército conservaron gran parte de su autonomía, el adoctrinamiento ideológico fue limitado y entró en negociaciones con la Iglesia católica. El terror totalitario casi estuvo ausente. Lo que sí estuvo presente fue la personificación del poder, aunque no se llegó a socavar la institución monarquía… Mussolini nunca reunió en sus manos un poder comparable al de Hitler o Stalin.
En síntesis el concepto totalitarismo designa a un modo extremo de hacer política más que a cierta organización institucional. Este modo extremo de hacer política que penetra y moviliza a toda la sociedad, destruyendo su autonomía, se encarnó en dos regímenes políticos únicos, temporalmente circunscritos… sin duda esta forma de hacer política dejó una huella indeleble en la historia y la conciencia de los hombres del siglo XX.

Fuente: adaptación del concepto totalitarismo de Norberto Bobbio, Diccionario de Política, 10ª Edición, Siglo XXI Editores, tomo 2, páginas 1586-1587.

DOCUMENTO 3:

¿TOTALITARISMO?

Como para toda palabra, el sentido del término “totalitarismo” es convencional. En cada caso, ese sentido depende de alguno de los variados usos, a menudo oscilantes, que en la comunicación lingüística le brinden sus ocasionales locutores. Estos usos responden, primordialmente, a dos grandes tipos de sentidos…Por un lado, en formulaciones del lenguaje corriente: artículos periodísticos, conceptualizaciones políticas poco cuidadosas, etc., se acostumbra aplicar dicho término a toda clase de regímenes que no son de tipo democrático-liberal. Sin perjuicio de que aquellos suelen ser calificados también con otras palabras: dictadura, autoritarismo, etc. Muchos de esos regimenes poseen rasgos totalitarios, pero aplicar el concepto a cada uno de estos regimenes políticos implica desvirtuar su significado.

En: http://www.iidh.ed.cr/siii/index_fl.htm

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En los documentos que leerás a continuación podrás conocer algunos aspectos de los regímenes políticos de Stalin y Hitler. Te proponemos leerlos atentamente y compararlos con las definiciones de totalitarismo ya analizadas.

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DOCUMENTO: Las depuraciones y «purgas» estalinistas
«Desde mis años jóvenes había comenzado mi trabajo bajo la dirección de Vladimir llich Lenin; me instruía a su lado, desempeñaba las tareas que él me encomendaba. Y he aquí que en 1937, camaradas, yo corrí la suerte de muchos. Ocupaba un puesto de dirección en el comité regional del Partido en Leningrado y, naturalmente, fui arrestado también; sentí un inmenso terror no por mí mismo, sino por el Partido. No podía comprender por qué motivo se arrestaba a los viejos bolcheviques.
Ni al instante, ni durante dos años y medio de prisión, ni cuando se me envió luego deportado a un campo (donde he pasado 17 años)… había acusado entonces a Stalin (…) Apreciaba a Stalin, sabía que él había poseído grandes méritos antes de 1934, y lo defendía.
Camaradas, heme aquí de vuelta, enteramente rehabilitado. Era el momento justo en el que se desarrollaba el XX Congreso del Partido. Fue aquí donde supe, por primera vez, la cruel verdad sobre Stalin. El gran mal causado por Stalin no estaba solamente en el hecho de que muchos de nuestros mejores (miembros) hubiesen desaparecido, sino en que reinaba la arbitrariedad, en que se fusilaba sin juicio, en que los inocentes eran arrojados a la prisión. Toda la atmósfera creada entonces en el Partido era contraria al espíritu de Lenin, era su disonancia.»

Testimonio de un prisionero. XX Congreso del PC de la URSS. En Cahiers du comunismo,
1 diciembre de 1961.

DOCUMENTO : ¿Qué hacer con los pueblos conquistados?
Nuestro deber es extraer de estos territorios todo lo que podamos, esos no tienen otro deber que servirnos en el terreno económico. Deben estar comprometidos a enviarnos sus productos agrícolas y a trabajar en nuestras minas y fabricas de armamentos…
Nuestros comisarios tendrán cuidado de vigilar y dirigir la economía de los pueblos conquistados…; y sobre todo de la idea de nuestros pedagogos, que tienen la manía de educar a los pueblos inferiores… todo aquello que los rusos, ucranianos puedan aprender, aunque sea solo a leer y a escribir, acabaría volviéndose contra nosotros. Un cerebro iluminado por algunas nociones de la historia llegaría a concebir algunas ideas políticas y esto no nos serviría nada. Lo mejor es instalar un altavoz en cada pueblo, dar algunas noticias a la población y sobre todo distraerla…
En cuanto a la higiene de los pueblos sometidos, es perfectamente inútil que se beneficien de nuestros conocimientos… habrá médicos tan solo en las colonias alemanas y solamente para curar a los alemanes.

Declaraciones de Hitler, 11 de abril de 1942

 

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REVOLUCIÓN RUSA


BREVE RESEÑA

Entre 1905 y 1917, Rusia fue escenario del triunfo de la primera revolución socialista del mundo. Al contrario de los que había pensado Marx, esta revolución tuvo lugar en una sociedad deficientemente industrializada, donde la mayoría de la población estaba dedicada a la agricultura.Lenin, líder de los bolcheviques, dirigió el primer gobierno de la Rusia soviética, que aprobó el reparto de las tierras entre los campesinos y el control de las fábricas por los obreros, y que en 1922 constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La última etapa de la Revolución fue llevada a cabo por Stalin, que convirtió a la URSS en una gran potencia industrial a costa de eliminar libertades constitucionales y establecer un régimen totalitario.

DOCUMENTOS
1. Situación del campesino ruso en la época zarista
2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.
3. El domingo sangriento,
4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II, febrero 1905
5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso
6. Trotski: Revolución de 1905
7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905
8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano
9. El poder ara los soviets
10. El soviets de Petrogrado
11. Satlin: «Un partido fuerte»
12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas
13. Una economía planificada
14. Los planes quinquenales
15. La colectivización de la agricultura

I. RUSIA ZARISTA

1. Situación del campesino ruso en la época zarista
«Aunque los campesinos pagaron su liberación, no lograron ser hombres libres; siguieron estando atados por veinte años más; se les redujo a la más ínfima condición y así han estado hasta hoy: podían ser azotados, tenían que pagar impuestos especiales, no tenían derecho a salir libremente de la comuna semifeudal, ni disponer a su albedrío de sus tierras y menos aún establecerse en cualquier otro territorio del Estado ruso.»
LENIN, Apud HILL, Christopher: La revolución rusa.» Arici, Barcelona, 1969.

2. Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905.

«¡Señor! Nosotros, obreros de San Petersburgo, nuestras mujeres, hijos y ancianos inválidos, llegamos ante ti para impetrar justicia y protección. Estamos en la Miseria, oprimidos y cargados con trabajo excesivo, tratados como esclavos que deben soportar pacientemente su amarga suerte y callar.Creemos ser preferible morir que prolongar insoportables sufrimientos. Hemos abandonado el trabajo y declarado a los patronos nuestro propósito de no reintegrarnos al mismo hasta que satisfagan nuestras demandas. Pedimos pocas cosas. Nuestra primera petición es que los patronos examinen con nosotros las Peticiones. Esto ha sido rechazado, así como el derecho de hablar de nuestras necesidades (…).

También han considerado ilegal nuestro deseo de disminuir el horario de trabajo hasta las ocho horas diarias, de convenir el salario (…), de que se mejoren las condiciones de trabajo. Según los patronos, todo es ilegal; nuestras demandas, un crimen,

¡Señor! Estamos aquí Más de 300 000 hombres solamente por sus apariencias y aspecto. Cualquiera que entre nosotros intente elevar su voz para defender los intereses de la clase obrera será aprisionado y deportado (…).

¡Señor!, ¿Esto es conforme con las leyes divinas, en cuya virtud gobernáis? Por esto, nos hemos congregado cerca de los muros de tu palacio. Es aquí donde buscamos el último saludo. No rehúses proteger a tu pueblo. Sácale de la tumba de la arbitrariedad, de la miseria Y de la ignorancia.

Ordena inmediatamente convocar a los «representantes de todas las clases y órdenes del pueblo ruso. Y para esto, manda que las elecciones a la Asamblea Constituyente se hagan según el sufragio universal, secreto e igual. Es nuestra petición más importante.»

Apud. VOILLIARD Y otros: «Documents d’Histoire, II, Armand Colia, París, 1964, págs. 102-103. EN: J.. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p.152

3. El domingo sangriento

«Domingo, 22 de enero, Un día penoso. Se han producido grandes desórdenes en San Petersburgo por que unos obreros querían subir Palacio de Invierno. Las tropas han abierto fuego en varios lugares de la ciudad; ha habido muchos muertos y heridos. ¡Dios mío, qué penoso y que triste! Mamá ha llegado de la ciudad y ha ido directamente a misa. (…)

Diario de Nicolás II. Apud MARTINEZ DEGRAIN: “Los días rojos”. Historia 16, Nº 7. Madrid, 1976.

4. Del Extremo Oriente. El rescripto de Nicolás II. 1905

He aquí ese documento:

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En: SUCESOS Nº 131 del 24-2-1905, páginas 36-38. Nº 132 del 3-3-1905,
páginas 36-38

5. La revolución de 1905 en el Imperio Ruso

La guerra ruso-japonesa de 1904-1905, que convirtió al Japón en la primera potencia del Extremo Oriente, fue causa de grandes trastornos en la Rusia zarista, que preludiaron la revolución bolchevique de 1917. A la agitación de carácter político-social emprendida por los partidarios de una liberalización del régimen, se unió la revuelta de los elementos alógenos del Imperio contra la opresión nacional y los intentos de rusificación que sufrían. El diplomático francés Maurice Bompard legó de aquellos acontecimientos el siguiente testimonio.“Los desórdenes fueron multiplicándose en Rusia en el transcurso del verano de 1905; al llegar el otoño, se extendían a todo el Imperio, variando de carácter y de intensidad según las regiones.

En Finlandia, el movimiento era puramente político. Finlandia no estaba ligada a Rusia más que a través de un vínculo personal, dado que el Emperador era su Gran Duque. La autonomía de Finlandia había siempre sido respetada, al igual que su constitución independiente. Nicolás, con miras a una mayor unidad, decidió subordinar la dieta de Finlandia al Consejo del Imperio y someter a los finlandeses al servicio militar ruso. La indignación cundió por doquier. El gobernador, general Bobrikof, adoptó severas medidas en contra de los recalcitrantes y acabó siendo asesinado en junio de 1904, en las escalinatas del Palacio del Gobierno. Desde entonces el descontento y los desórdenes fueron en aumento y, periódicamente, se producían graves disturbios.

El Cáucaso estaba ensangrentado por las luchas que oponían a los tártaros y los armenios. En Bakú, se enzarzaban en verdaderas batallas que ocasionaban centenares de víctimas. Las explotaciones petrolíferas de la península de Apseron estaban en llamas. Fue necesario destacar tropas para que abriesen una brecha con el fin de que el Sha de Persia, procedente de San Petersburgo, pudiese reintegrarse a sus Estados.

En Transcaucasia, los tártaros habían puesto el cerco a Choucha donde se habían refugiado numerosos armenios. También tenían lugar numerosos disturbios en las zonas rurales de Georgia, donde el régimen feudal mantenía unas huellas que resultaban insoportables para las poblaciones campesinas de nuestra época.

En Polonia, los disturbios adoptaban las formas más variadas. En los centros industriales, los obreros se declaraban en huelga una y otra vez, y dichas huelgas, las más de las veces, cobraban un sesgo revolucionario e iban acompañadas de desórdenes en la vía pública. En el campo, se producían violentas manifestaciones dirigidas contra la desmesurada extensión de las propiedades de la nobleza y esas manifestaciones degeneraban, a menudo, en actos de violencia. En cuanto a la burguesía, ésta arremetía contra el régimen ruso y, a este respecto, hallaba el asenso general…

En las provincias bálticas, las perturbaciones revistieron aún mayor gravedad. Si bien eran de carácter agrario, como en Rusia propiamente dicha, no ofrecían exactamente el mismo cariz ya que se complicaban con la cuestión de las nacionalidades. Los letones que pueblan esas provincias han sido desposeídos de sus tierras en el curso de los siglos anteriores por los caballeros teutónicos y, en la época de la cual hablo, menos de doscientas familias alemanas detentaban aún las tres cuartas partes del suelo, en tanto que los letones autóctonos no poseían más que el veinticinco por ciento restante. Cuarenta años antes que los mujiks de Rusia, habían sido liberados de su condición de siervos por Alejandro I, pero sin que les fuese concedida tierra alguna, de tal suerte que formaban un inmenso proletariado agrícola. Poseídos de un odio atávico en contra de los propietarios, los campesinos letones se comportaban con el mayor salvajismo. Prendían fuego a los castillos y a sus dependencias, robaban el ganado, asolaban las plantaciones y mataban a los barones baltos que caían entre sus manos… Al gobierno ruso no se le ocurrió más solución que la de instituir un Gobierno General para las tres provincias bálticas y asambleas provinciales elegidas, análogas a los Zemstvos de Rusia Central”.

MAURICE BOMPARD: : Mon ambassade en Russie (París 1908), Págs. 182-186.

6. Trotski: Revolución de 1905

Bajo las condiciones contemporáneas rusas la preponderancia social de la población industrial sobre la rural es incomparablemente mayor que en ningún momento de las viejas revoluciones europeas y, además, un proletariado industrial claramente definido ha reemplazado a las caóticas plebes. Sin embargo hay algo que no ha cambiado: sólo un partido que tiene tras de sí a las masas revolucionarias urbanas y que no tiene miedo -por devoto respeto a la propiedad privada burguesa- de revolucionar la propiedad feudal puede confiaren el campesinado en tiempos de revolución. En la actualidad sólo el partido socialdemócrata se encuentra en tales condiciones.

En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe, Barcelona 2001, p. 152.

7. La naturaleza de la revolución rusa. 1905

En lo que a sus tareas directas e indirectas concierne, la rusa es una revolución ‘burguesa» porque se propone liberar a la sociedad burguesa de las cadenas y grilletes fiel absolutismo y de la propiedad feudal. Pero la principal fuerza conductora de la revolución rusa es la clase obrera y por ello es una revolución proletaria en lo que a su método respecta. Muchos pedantes que insisten en determinar el papel histórico del proletariado por medio de cálculos aritmético o estadísticos o en establecerlo mediante analogías históricas formales, se han mostrado incapaces de digerir esta contradicción. Ven a la burguesía como el líder de la revolución rusa, enviada por la providencia. Intentan envolver al proletariado, que de hecho marchó á la cabeza de los acontecimientos en todos los estadios de los levantamientos revolucionarios, en los pañales de su propia inmadurez teórica. Para esos pedantes, la historia de una nación capitalista repite la historia de otra con algunas divergencias más o menos importantes. Hoy son incapaces de ver el proceso unificado del desarrollo del mundo capitalista, que se traga a todos los países que encuentra a su paso y que crea, de las exigencias nacionales y generales del capitalismo, una amalgama cuya naturaleza no puede comprenderse mediante la aplicación de clihés, sino únicamente mediante el análisis materialista.No puede haber analogía de desarrollo histórico entre Inglaterra, pionera del capitalismo, que ha estado creando nuevas formas sociales durante siglos y que también ha creado una poderosa burguesía como expresión de estas nuevas formas y, por otro lado, las colonias de la actualidad, a las que el capital europeo envía carriles, coches dormitorios, tuercas y cerrojos, para uso de la administración colonial, y después, con rifles y bayonetas, conduce directamente a los nativos de su medio ambiente primitivo a la civilización capitalista: no puede haber analogía de desarrollo histórico, por cierto, pero existe una profunda conexión interna entre ambos.

(…)

La gran Revolución Francesa ha sido verdaderamente una revolución nacional. Pero más aún: aquí, dentro de un marco nacional, la lucha mundial del orden burgués por la dominación, por el poder y por el triunfo total encontró su clásica expresión.

En 1848 la burguesía ya era incapaz de desempeñar un papel similar. No quería y no podía asumir la responsabilidad de una liquidación revolucionaria del orden social que obstruía el camino de su propia dominación. Su tarea consistió en introducir en el viejo orden ciertas garantías esenciales, no de su propia dominación política, sino sólo del poder compartido con las fuerzas del pasado. No sólo fracasó en conducir a las masas al asalto del antiguo orden: utilizó a éste como defensa contra las masas que intentaban impulsarlo. Su conciencia se rebeló contra las condiciones objetivas de su dominio. Las instituciones democráticas se reflejaban en su mente no como meta y propósito de su lucha sino como amenaza a su bienestar. La revolución no podía ser hecha por la burguesía sino contra ella. Por eso, una revolución triunfante en 1848 hubiese necesitado una clase capaz de marchar a la cabeza de los acontecimientos a pesar de la burguesía, una clase preparada no sólo para impulsar a la burguesía por la fuerza de su presión sino también, en el momento decisivo, para apartar de su camino el cadáver político de la burguesía.

Ni la pequeña burguesía ni el campesinado estaban capacitados para hacerlo. La pequeña burguesía era hostil no sólo al pasado inmediato sino también al futuro posible, al mañana. Se encontraba todavía encadenada por relaciones medievales incapaz de resistir a la ‘libre’ industria; todavía se centraba en las ciudades pero rendía su influencia a la media y alta burguesía; sumergida en sus prejuicios, ensordecida por el rugir de los acontecimientos, explotadora y explotada codiciosa e impotente en su codicia, la pequeña burguesía provinciana era incapaz de dirigir los acontecimientos mundiales.

El Campesinado: se encontraba privado de iniciativa independiente en un grado aún mayor. Disperso, alejado de las ciudades que eran los centros nerviosos de la política y la cultura, mentalmente embotado, con los horizontes intelectuales cercados como sus praderas y campos, indiferente hacia todo lo que las ciudades habían creado mediante la invención y el pensamiento, el campesinado no podía tener ninguna significación dirigente. Satisfecho en cuanto le quitaron de los hombros la carga de los diezmos feudales, les pagó a las ciudades -que habían luchado por sus derechos- con ingratitud: los campesinos liberados se volvieron fanáticos del «orden».

El intelectual democrático: desprovisto de fuerza de clase, trotaba detrás de la burguesía liberal como si ésta fuese su hermana mayor. Actuaba simplemente como su furgón de cola. La abandonó en los momentos de crisis. Sólo le reveló su propia impotencia. Fue confundido por sus contradicciones –que aun no habían madurado plenamente- y llevó consigo esta confusión a todos los sitios donde fue.

El Proletariado: era demasiado débil y contaba con muy poca organización experiencia y conocimiento. El desarrollo capitalista había llegado lo suficientemente lejos como para necesitar la destrucción de las antiguas relaciones feudales pero no como para promover a las clases trabajadoras –producto de la nuevas relaciones de producción- a la posición de una fuerza política decisiva. El antagonismo entre el proletariado y la burguesía había ido demasiado lejos para permitir que la burguesía asumiera el papel de liderazgo nacional sin temor, pero no para permitir al proletariado asumir dicho papel.
Trotski: La Revolución de 1905, Pág. 59-60

II. REVOLUCION 19178. Lenin y su concepción de la revolución

«La peculiaridad del momento actual en Rusia es el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia de clases y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de los sectores pobres de los campesinos, Este paso se caracteriza, por una parte, por un máximo de legalidad (Rusia es actualmente de todos los países beligerantes, el más libre del mundo); por otra por la falta de violencia contra las masas, y finalmente por la confianza irreflexiva de estas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo Esta situación peculiar exige de nosotros capacidad para adaptamos a las condiciones especiales de la labor del partido entre grandes masas del proletariado que, nunca vistas hasta ahora, acaban de despertar a la vida política»
Vladimir Ilich Lenin «Tesis de Abril 1917».
En: j. González Fernández, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Edebe,
Barcelona 2001, p. 154.

8. Lenin visto por J. Reed, periodista norteamericano

«Eran justamente las ocho y cuarenta cuando una tempestad de aplausos anunció la entrada de la presidencia con Lenin, el gran Lenin. Una silueta rechoncha, concentrada: una gran cabeza redonda, calva, hundida entre los hombros; unos ojillos, una nariz roma, la boca grande y generosa, la mandíbula pesada… Estaba perfectamente afeitado, pero su barba, tan conocida antes y que en adelante sería eterna, empezaba ya a despuntar en su rostro. El traje raído, el pantalón demasiado largo. Poco agraciado físicamente para ser el ídolo de la multitud, fue amado y venerado, sin embargo, como Pocos jefes en el curso de la Historia. Un extraño jefe popular; jefe por el único poder del espíritu. Sin brillantez, sin humor, intransigente y distante, sin ninguna particularidad pintoresca, pero con el poder de explicar ideas profundas en términos simples, de analizar concretamente situaciones y en posesión de la más grande audacia intelectual (…). Por fin, Lenin se levantó. Apoyándose en el borde de la tribuna, pasea sobre la concurrencia sus ojuelos parpadeantes, aparentemente insensible a la inmensa ovación (…). Cuando ésta se terminó, dijo sencillamente:– Ahora pasamos a la edificación del orden socialista.
Nuevamente estalló en la sala una formidable borrasca humana.
– En primer lugar, es necesario adoptar medidas prácticas para realizar la paz.»

(John Reed: Diez días que estremecieron al mundo. Barcelona, los libros de Pion, 1 982. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, dit. Anaya, Madrid, 1996. p. 67)

9. El poder para los soviets

El paso del poder a los soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Renunciar a la insurrección armada equivaldría a renunciar a la consigna más importante del bolchevismo “todo el poder a los soviets” y a todo internacionalismo proletario-revolucionario en general. Pero la insurrecci6n armada es un aspecto especial de la lucha política sometido a leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas (…).Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones, en lo que a la insurrección armada se refiere, citando las palabras de Danton, el mayor maestro de táctica revolucionaria que hasta hoy se conoce: «¡De l’audace, de llaudace, encare de l’audace!»
Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir:

– Ofensiva simultánea, y lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado, ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Reval, de Cronstandt, ofensiva de toda la flota y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas contra nuestra “guardia burguesa”. (Los junkers) formada por unos 15.000 o 20.000 hombres (acaso más) contra las tropas de nuestra «Vendeé» (una parte de los cosacos), etc.

– Combinar nuestras tres fuerzas principales, la flota, los obreros y las unidades militares, de tal modo, que por encima de todo, podamos ocupar y conservar, cualquiera que sea el número de bajas que cueste: a), la central de teléfonos; b), la central de telégrafos; c), las estaciones ferroviarias, y d), los puentes, en primer término.

– Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras «tropas de choque» y a la juventud obrera, así como a los mejores marinos) y formar con ellos pequeños destacamentos destinados a ocupar los puntos más importantes y a participar en todos los sitios en las operaciones de más importancia, como por ejemplo:

Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la flota, los obreros y las tropas: he aquí una misi6n que requiere habilidad y triple audacia.

Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y bombas de mano para atacar y cercar los ‘centros» del enemigo (escuelas militares, centrales de telégrafos y teléfonos, etc.).

La consigna de estos elementos debe ser: antes perecer todos que dejar pasar al enemigo.

El triunfo de la revolución rusa y de la revoluci6n mundial depende de dos o tres días de lucha.»

(Consejos de un ausente. Carta de Lenin al Comité Central, 8 de octubre de 1 917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69

10. El «soviet» de Petroqrado

«Camaradas proletarios, trabajadores de todos los países (…).
Nosotros, soldados y obreros rusos, unidos en el seno del Soviet de los diputados de obreros y soldados, os enviamos nuestros saludos calurosos y os informamos de un gran suceso. La democracia rusa ha derribado el despotismo de los zares y ha entrado totalmente en la familia de las naciones como miembro igual a las demás y como una poderosa fuerza en el combate para nuestra liberación. Nuestra victoria es una gran victoria para la libertad y la democracia. El pilar de la reacción en el mundo, el «gendarme de Europa», ha desaparecido. Ha de ser enterrado para siempre. Viva la libertad. Viva la solidaridad internacional del proletariado y viva su combate para la victoria ¡¡no¡ (…).
Los pueblos de Rusia expresarán su voluntad en una Asamblea constituyente, que será pronto convocada sobre la base de¡ sufragio universal, directo, igual y secreto. Se puede ya predecir con confianza que una república democrática se instaurará en Rusia. El pueblo ruso posee ahora una libertad total (…).

Trabajadores de todos los países: tendiendo nuestras manos como hermanos por encima de las montañas de los cuerpos de nuestros muertos (…) os hacemos un llamamiento para restaurar la unidad internacional (…).

¡Proletarios de todos los países, uníos!
El Soviet de los diputados de obreros y soldados de Petrogrado.»

(Declaraci6n del Soviet de Petrogrado a todos los pueblos, 27 de marzo de 1917.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 69

III. STALIN CONSOLIDA LA REVOLUCIÓN11. Satlin: «Un partido fuerte»

«La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposible sin un partido fuerte por su cohesión y su férrea disciplina. Pero la férrea disciplina dentro del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción completa y absoluta de todos sus miembros.De aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del partido y con su férrea disciplina. Huelga demostrar que la existencia de fracciones conduce a la existencia de diversos centros y que la existencia de diversos centros significa la ausencia de un centro general dentro del partido, el quebrantamiento de la unidad de la voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente los partidos de la Segunda Internacional, que luchan contra la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios al poder, pueden permitirse ese liberalismo que supone la libertad de existencia de fracciones, pues ellos no necesitan parta nada una disciplina férrea. Pero los partidos de la Internacional Comunista, que basan todo su trabajo en la tarea de la conquista de la dictadura del proletariado y de su consolidación, no pueden admitir ni el liberalismo ni la libertad de existencia de fracciones. El partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionamiento y toda división de poderes dentro del partido»
José Stalin, Los Fundamentos del Leninismo. 1924. En. Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid, 1996, p. 70

12. Las depuraciones y «purgas» estalinistas

«Desde mis años jóvenes había comenzado mi trabajo bajo la dirección de Vladimir llich Lenin; Me instruía a su lado, desempeñaba las tareas que él me encomendaba (…). Y he aquí que en 1937, camaradas, yo corrí la suerte de muchos. Ocupaba un puesto de dirección en el comité regional del Partido en Leningrado y, naturalmente, fui arrestado también (…); sentí un inmenso terror no por mí mismo, sino por el Partido. No podía comprender por qué motivo se arrestaba a los viejos bolcheviques (…).Ni al instante, ni durante dos años y medio de prisi6n, ni cuando se me envió luego deportado a un campo (donde he pasado 17 años), había acusado entonces a Stalin (…). Apreciaba a Stalin, sabía que él había poseído grandes méritos antes de 1934, y lo defendía.

Camaradas, heme aquí de vuelta, enteramente rehabilitado. Era el momento justo en el que se desarrollaba el XX Congreso del Partido. Fue aquí donde supe, por primera vez, la cruel verdad sobre Stalin.

El gran mal causado por Stalin no estaba solamente en el hecho de que muchos de nuestros mejores (miembros) hubiesen desaparecido, sino en que reinaba la arbitrariedad, en que se fusilaba sin juicio, en que los inocentes eran arrojados a la prisión. Toda la atmósfera creada entonces en el Partido era contraria al espíritu de Lenin, era su disonancia.»

(Testimonio de un prisionero. XX Congreso del PC de la URSS. En Cahiers du comunismo, 1 diciembre de 1961.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 71)

13. Una economía planificada
A. Los planes quinquenales

«La tarea esencial del plan quinquenal consistía en transformar a la URSS en un país industrial para eliminar hasta el final a los elementos capitalistas, extender el frente de las formas socialistas de la economía y crear una base económica para la supresión de las clases en la URSS, para la construcción de una sociedad socialista.La labor esencial del plan quinquenal consistía en crear en nuestro país una industria capaz de reequipar y reorganizar, sobre la base del socialismo no solamente la industria en su conjunto, sino también los transportes así como la agricultura.

La tarea esencial del plan quinquenal consistía en hacer pasar la pequeña economía rural parcelada a la vía de la gran economía colectivizada, asegurar de este modo también la base económica del socialismo en el campo y liquidar así la posibilidad de restauración del capitalismo en la URSS.

Finalmente, la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias para aumentar al máximo la capacidad de defensa, para permitirle organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención armada, a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quiera que vengan.»
(J. Stalin: Doctrine de l´URSS. París, 1938.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 72

La colectivización de la agricultura

«Stalin decidió en 1928 la liquidación del kulak (campesino como clase) y de la colectivización de los campesinos pobres y medios. Los kulaks se resistieron y se entabló una lucha feroz. Durante el invierno de 1929-1930, la sexta parte del mundo conocido soportó una verdadera guerra civil. Centenares de millares de familias fueron desposeídos de sus bienes y desterradas al norte.

En los pueblos, los que permanecían se adherían en masa a los koljoses, pero primeramente sacrificaban sus animales antes de cederlos a las granjas colectivas. El valor de esta experiencia comunista era casi nulo; puesto que no se inscribían en los koljoses sino obligados y forzados bajo una formidable presión económica y administrativa.

Allá donde se producía alguna vacilación se enviaba a la tropa, junto a agitadores. Hubo centenares de revueltas, mucho más graves en el Cáucaso y Siberia (…).

Más del 600/o de las familias campesinas están hoy día agrupadas en koljoses; En las tierras más productivas, como el Kouban, no quedan. Por decirlo así, más explotadores individuales. Estos koljoses son, en su mayoría, artels, es decir, asociaciones sólo de los medios de producción: Tierra, útiles, animales de labor y mano de obra son puestos en común, conservando cada familia su casa y su cercado.»
(G. Lucían: Six ans ó Moscou. París, 1937. En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p.72)

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DOCUMENTOS: FASCISMO Y NAZISMO


ESQUEMA EXPLICATIVO

FUENTES SINTETIZADAS HITLER Y MUSSOLINI

En los siguientes documentos podrás conocer algunos aspectos del Fascismo a partir de la concepción que de él tenían sus máximos exponentes: Mussolini y Hitler.

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DOCUMENTO 1: Violencia y fascismo
Se habla mucho de la actividad violenta de los fascistas. Nos reservamos el derecho de controlarla… entre tanto y mientras lo consideremos necesario, seguiremos golpeando con menor o mayor intensidad los cráneos de nueStros enemigos, es decir hasta que la verdad haya penetrado en ellos… el programa de la política exterior del fascismo comprende una sola palabra: expansionismo.
Benito Mussolini, fragmento de un discurso pronunciado en 1921.

DOCUEMNTO 2: Fascismo y Estado
Ni agrupaciones ni individuos fuera del Estado. El fascismo es opuesto al socialismo, que reduce la historia a la lucha de clases y que ignora la unidad del Estado… Por las mismas razones, el fascismo es enemigo del sindicalismo… El fascismo quiere un Estado fuerte y es el Estado el único que puede resolver las dramáticas contradicciones del capitalismo.
Benito Mussolini, fragmento de un discurso pronunciado en 1922.

DOCUEMNTO 3: Leyes de Nuremberg del 15 de septiembre de 1935
Se prohíben los matrimonios entre judíos y súbditos de sangre alemana o asimilada. 2. Se prohíben las relaciones extramatrimoniales entre judíos y súbditos de sangre alemana o asimilada. Se prohíbe que los judíos contraten a empleadas de hogar de sangre alemana o asimilada, mayores de cuarenta y cinco años.
Se prohíbe a los judíos enarbolar o engalanar con los colores alemanes nacionales. En cambio pueden hacerlo con los colores judíos; el ejercicio de este derecho está garantizado por el Estado. Las infracciones al número 1 se sancionaran con pena de reclusión. Las infracciones al número 2, con pena de prisión o reclusión.»
(E.R. Tannenbaum: La experiencia fascista. Sociedad y cultura fascistas.
Madrid, 1975.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 87

DOCUMENTO 4: Hitler y Mussolini
Se nos ha obligado a ser espectadores y no es que el pueblo alemán lo haya aceptado, sino que al estar sin armas no podía participar en la acción…Hemos aprendido en estos años a despreciar a los demócratas del mundo. En esta época hemos encontrado solo a un estado entre las potencias europeas, y a la cabeza de este Estado a un solo hombre que haya sido comprensivo con el desastre de nuestro pueblo: es mi gran amigo Benito Mussolini.
Discurso de Hitler, 1936.

ITALIA DE MUSSOLINI

1. Doctrina del fascismo italiano
2. El Estado fascista
3. La educación de la juventud italiana
4. La guerra y la paz en la ideología fascista de Mussolini – 1932
5. El Duce Mussolini declara la guerra a Etiopía – 1935
6. Manifiesto antibolchevique
7. El fascismo, definido por Mussolini
8. Rechazo del socialismo marxista
9. Anti-liberalismo fascista

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HITLER: EL ESTADO RACISTA

1. El Estado racista según Hitler
2. Invocaciones de los niños en las comidas
3. Leyes de Nuremberg del 1 5 de septiembre de 1 93 5
4. El Racismo Hitleriano

ITALIA DE MUSSOLINI
1. Doctrina del fascismo italiano

«El fascismo, como toda concepción política sólida, es acción y pensamiento (…). Es, pues, una concepción espiritualista, nacida, también ella, de la reacción operada en este siglo, contra el menguado y materialista positivismo del siglo xix; concepción antipositivista, pero positiva, no escéptica ni agnóstica, ni pesimista, ni tampoco pasivamente optimista como son, por regla general, las doctrinas (todas ellas negativas) que colocan el centro de la vida fuera del hombre, el cual con su libre voluntad puede y debe crearse su mundo. El fascismo quiere al hombre activo y entregado con todas sus energías a la acción; le quiere varonilmente consciente de las dificultades con que ha de tropezar, y dispuesto a enfrentarse con ellas; concibe la vida como una lucha, persuadido de que al hombre incumbe conquistar una vida que sea verdaderamente digna de él, creando ante todo en su persona el instrumento (físico, moral, intelectual) necesario para construirla. Y esto rige no sólo para el individuo, sino también para la nación y para la humanidad. De aquí el gran valor de la cultura en todas sus formas (arte, religión, ciencia) y la importancia grandísima de la educación. De aquí también el valor esencial del trabajo, con el cual el hombre vence a la naturaleza y plasma el mundo humano.»

(Benito Mussolini: Doctrina del fascismo, 1932.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 85

2. El Estado fascista

«Poco a poco los defectos desaparecen y el fascismo se presenta llamado a dirigir los destinos del pueblo italiano. Es la fuerza nueva, que señala el advenimiento de los tiempos nuevos. Llevamos esta soberbia confianza en nuestro espíritu, sentimos que regula el ritmo de nuestro coraz6n y no ignoramos que con el fascismo trabaja la juventud más sana, más bella, más ardiente de Italia (…)Muy pronto los conceptos de fascismo de Italia se confundirán en un mismo pensamiento. Porque nuestra fórmula, creación de un régimen político nuevo, es la que sigue: «Todo en el Estado, todo por el Estado, nada fuera del Estado”. Además, aportando a la vida todo lo que sería un grave error confinar en la política, crearemos ( ) la generación nueva. Cada uno cumplirá un deber determinado. A veces me sonríe la idea de ( ) la creación de clases: una clase de guerreros presta a morir, una clase de jueces competentes y rectos, una clase de gobernadores enérgicos y autoritarios, una clase de explotadores inteligentes y atrevidos, una clase de soberbios capitanes de industria. Únicamente por esta selección metódica y sistemática se crean las grandes categorías, las cuales a su vez crean los grandes imperios.»

(Benito Mussolini: El fascismo expuesto por Mussolini. Madrid, 1934.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 85

3. La educación de la juventud italiana
«El centro de actividades de la GIL (Giuventó Italiana del Littorio) estaba en la asamblea obligatoria de todos los sábados por la tarde, desde las tres y media a las seis, durante el año escolar, el llamado «sabato fascista». Todos los que asistían tenían que vestir su uniforme: las chicas llevaban blusas blancas y faldas plisadas negras, mientras que el uniforme de los chicos recordaba al de los Boy Scouts, con la diferencia de que sus camisas y calcetines eran negros, y llevaban fez en la cabeza.La sesión comenzaba pasando lista y desfilando. Luego todos los jóvenes realizaban ejercicios gimnásticos y otros ejercicios de grupo. Además, a los chicos se les daba instrucción militar. En las ciudades más grandes estas actividades se desarrollaban en terrenos próximos a los colegios, a los que asistían los chicos durante la semana, y los instructores regulares de la GIL enseñaban también educación física en el mismo colegio. La instalación de escuelas vecinales (…) tendía a mantener separadas a las clases media y baja; sólo en las comunidades más pequeñas se mezclaban con más libertad los chicos pertenecientes a las diferentes clases sociales.»
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 86

4. La guerra y la paz en la ideología fascista de Mussolini – 1932

«Ante todo, el fascismo, en lo que concierne en general al futuro y al desarrollo de la humanidad, y dejando aparte toda consideración de política actual, no cree en la posibilidad ni en la utilidad de la paz perpetua. Por esa razón rechaza el pacifismo, el cual en el fondo esconde una renuncia a la lucha y una cobardía ante el sacrificio. Únicamente la guerra lleva a su punto máximo de tensión todas las energías humanas e imprime un sello de nobleza a los pueblos que poseen la valentía de enfrentarse a ella. Las restantes experiencias son sólo sucedáneos que no colocan nunca al hombre frente a él mismo, ante la alternativa de la vida o la muerte. Es por ello que una doctrina que parta del postulado previo de la paz es ajena al fascismo. Así como son aje nos al fascismo, aunque se hayan aceptado por lo que puedan tener de útiles en ciertas situaciones políticas, todas las construcciones internacionales y societarias, las cuales, como bien ha demostrado la historia, pueden disgregarse en el viento en cuanto que ciertos elementos sentimentales, ideales o prácticos, agitan el corazón de los pueblos.»
Mussolini, 1932

5. El Duce Mussolini declara la guerra a Etiopía – 1935

«¡Camisas negras de la revolución! ¡Hombres y mujeres de toda Italia! ¡Italianos, habitantes de todas las regiones del mundo, más allá de las montañas y los océanos! ¡Escuchad!Una hora solemne en la historia de la patria está a punto de sonar. Veinte millones de italianos están en estos momentos reunidos en las plazas de Italia. Es la más grande manifestación de toda la historia del género humano. Veinte millones de italianos, pero un único corazón, una única voluntad, una sola decisión. Esta manifestación demuestra que la identidad de Italia y el fascismo es perfecta, absoluta e inalterable. Sólo cerebros reblandecidos en ilusiones pueriles o aturdidos por la profunda de las ignorancias pueden pensar lo contrario, porque ignoran lo que es la Italia fascista de 1935.

En la Sociedad de Naciones, en vez de reconocer el justo derecho de Italia, se atreven a hablar de sanciones. (…) Hasta que no se demuestre lo contrario, me niego a creer que el pueblo de Gran Bretaña, el verdadero, quiera verter su sangre y empujar a Europa por la vía de la catástrofe, por defender a un país africano, universalmente reconocido como bárbaro e indigno de figurar entre los pueblos civilizados.
Sin embargo, no podemos fingir ignorar las eventualidades del mañana. A las sanciones económicas, nosotros responderemos con nuestra disciplina, con nuestra sobriedad, con nuestro espíritu de sacrificio.»
Discurso de Mussolini difundido por radio el 2 de octubre de 1935

6. Manifiesto antibolchevique

Todo bolchevique es enemigo de Italia
Es bolchevique:
Cualquiera que aspire al advenimiento de la dictadura soviético-comunista, que es la disgregadora de las nacionalidades y de las razas y la realizadora del odio de casta acumulado en el transcurso de los siglos; la forja de la mayor injusticia humana tragigrotesca; la anulación de todo ideal social; la resurrección de la, servidumbre de las inteligencias y la restauración de métodos punitivos bárbaros que prohíben la libertad, la vida y el pensamiento.
Es Bolchevique:
Cualquiera que disminuya la victoria y la grandeza de Italia mediante desconfianza irónica, la burla, el pesimismo; con las palabras, los actos, los escritos.
Cualquiera que se emplee por todos los medios para retrasar el inevitable renacimiento italiano en la industria, el comercio, las artes.
Cualquiera que sabotee las energías de resistencia de los ciudadanos.
Cualquiera que les haga padecer hambre por afán de lucro y porque goza de impunidad.
Cualquiera que, sin tener aptitudes para ello, asume la responsabilidad de ocupar altos cargos en el funcionamiento de la máquina estatal.
Cualquiera que se alegre de toda trasgresión de los derechos y de las aspiraciones de la nación.
Cualquiera que, siendo miembro de todo poder establecido, no se inspire en la libertad y no la respete en los demás.
Cualquiera que, guiado por sus intereses personales, atente, deformándolo, contra el pensamiento de los apóstoles de cada sociedad.
Cualquiera que desconozca sistemáticamente los poderes intelectuales de quienes colaboran en el rejuvenecimiento de la cultura y de las tradiciones menoscabadas.
Cualquiera que no exalte, anime y sostenga por todos los medios los descubrimientos estéticos y científicos.
Cualquiera que se alegre de su fosilización y de la de los demás en prejuicios e ideas inadaptadas a nuestra época, que arde en fiebre de alcanzar el porvenir.
Cualquiera que niegue a las masas evolucionadas la sanción de las aspiraciones polítíco-socioeconómicas adecuadas para proporcionar esa independencia de juicio y de movimiento que permitiría desarrollar su deseo de un porvenir mas digno.
Es bolchevique:
Cualquiera que renuncie a los derechos y aspiraciones de las mayorías.
Cualquiera que forme parte de pandillas y «camorras», funestas para el desarrollo de la nación.
Cualquiera que se obstine, contra los votos de desconfianza de la nación en querer manipular los poderes del Estado.
Es bolchevique:
Cualquiera que no vea en el trabajo interrumpido y en la superproducción industrial, la sola y única fuerza viva redentora de Italia.
Llevaremos a cavo una lucha sin tregua contra todos los Bolcheviques.

Fuente: París, Orígenes del Fascismo “I Nemici d’Italia. Settimanale antibolscevico” (Milán), Núm. 1, 10 de Agosto de 1919, p.1”

7. El fascismo, definido por Mussolini

La crisis económica de la posguerra, la frustración nacionalista, el temor de las clases dirigentes y la debilidad de los partidos tradicionales ante el empuje socialista, facilitaron el acceso al poder de Benito Mussolini y la implantación del fascismo en Italia (1922-1945). Al margen de los gestos y de la retórica, el fascismo fue un sistema político basado en la divinización del jefe, el partido único con eliminación de toda oposición política, un nacionalismo a ultranza y un corporativismo que, so pretexto de conciliar las clases sociales, sirvió los intereses del gran capitalismo.“El fascismo, como toda concepción política sólida, es acción y es pensamiento; acción que tiene inmanente una doctrina, y doctrina que mientras emana de un determinado sistema de fuerzas históricas, queda incorporada en el mismo, y en él opera de dentro para fuera. Su forma es, pues, adaptable a las contingencias de lugar y de tiempo, pero tiene a la vez un ideario que le eleva a la categoría de fórmula de verdad en la historia superior del pensamiento. No hay en el mundo fuerza alguna que obre espiritualmente como voluntad humana dominadora de voluntades, sin un concepto no sólo de la realidad transeúnte y particular sobre la cual es necesario obrar, sino también de la realidad permanente y universal en la que la primera tiene su ser y su vida. Para conocer a la humanidad hay que conocer al hombre, y para conocer al hombre es necesario conocer la realidad y sus leyes. No existe concepto alguno del Estado, que a la vez no sea fundamentalmente concepto de la vida: será filosofía o intuición, será un sistema de ideas que se desarrolla en una construcción lógica o se concentra en una visión o en una fe; pero siempre es, al menos virtualmente, una concepción orgánica del mundo.

Según esto, el fascismo, en muchas de sus actitudes prácticas, como organización de partido, como sistema de educación, como disciplina, no se comprendería si no se mirase a la luz de su modo general de concebir la vida, a saber, de un modo espiritual. El mundo, en el sentir del fascismo, no es este mundo material que aparece en la superficie y en el que el hombre es un individuo separado de todos los demás y con ser propio, y es gobernado por una ley natural que instintivamente le lleva a vivir una vida de placer egoísta y momentánea. El hombre del fascismo es un individuo que encarna en sí la nación y la patria, sometido a una ley moral que ata a individuos y a generaciones, vinculándolos a una tradición y a una misión que suprime el instinto de la vida encerrada en el breve circuito del placer, para instaurar otra vida, en la esfera del deber, una vida superior, sin límites de tiempo y de espacio, una vida en la que el individuo, por medio de la propia abnegación, del sacrificio de sus intereses particulares, de la muerte misma, realiza aquella existencia totalmente espiritual en la que estriba su valía de hombre.

Es, pues, una concepción espiritualista, nacida, también ella, de la reacción operada en este siglo, contra el menguado y materialista positivismo del siglo XIX; concepción antipositivista, pero positiva; No escéptica, ni agnóstica, ni pesimista, ni tampoco pasivamente optimista, como son, por regla general, las doctrinas (todas ellas negativas) que colocan el centro de la vida fuera del hombre, el cual con su libre voluntad puede y debe crearse su mundo. El fascismo quiere al hombre activo y entregado con todas sus energías a la acción: le quiere varonilmente consciente de las dificultades con que ha de tropezar, y dispuesto a enfrentarse con ellas; concibe la vida como una lucha, persuadido de que al hombre incumbe conquistar una vida que sea verdaderamente digna de él, creando ante todo en su persona el instrumento (físico, moral, intelectual) necesario para construirla. Y esto rige no sólo para cada individuo, sino también para la nación y para la humanidad. De aquí el gran valor de la cultura en todas sus formas (arte, religión, ciencia) y la importancia grandísima de la educación. De aquí también el valor esencial del trabajo, con el cual el hombre vence a la naturaleza y plasma el mundo humano (económico, político, moral e intelectual).

BENITO MUSSOLINI. Doctrina del fascismo (1932). En: WILLIAM EBENSTEIN: Los grandes pensadores políticos. De Platón hasta hoy. Trad. de Enrique Tierno Galván (Madrid 1965), Págs. 748-749.

8. Rechazo del socialismo marxista

Os digo que nos opondremos con todas nuestras fuerzas a las tentativas de socialización, de estatificación, de colectivización. Basta ya de socialismo de Estado. Tampoco hemos de renunciar a la lucha, que quisiera llamar doctrinal, contra vuestras doctrinas, que ni son verdaderas ni, sobre todo, son fatales.Negamos que existan dos clases, porque existen muchas más; negamos que se pueda explicar toda la historia humana por el determinismo económico.

Negamos vuestro internacionalismo, porque el internacionalismo es una mercancía de lujo sólo asequible a los ricos, mientras el pueblo está desesperadamente unido a la tierra natal.

Pero no es esto sólo. Nosotros afirmamos, basándonos en recientes e irrecusables libros socialistas, que precisamente ahora comienza la verdadera historia del capitalismo, pues este no es tan sólo, como decís, un sistema de opresión, sino también una selección de valores, una coordinación de jerarquías y un sentido más amplio de la responsabilidad personal. Hasta tal punto es esto cierto que Lenin, después de haber instituido los consejos de fábricas, los abolió y ha colocado en ellas a dictadores, después de haber nacionalizado el comercio, lo hizo volver al régimen de libertad, y -vosotros que habéis estado en Rusia lo sabéis- después de haber suprimido, incluso físicamente a los burgueses, hoy los llama de todas partes, porque sin el capitalismo, sin sus sistemas técnicos de producción, Rusia no se levantaría jamás.
Mussolini B., el Primer discurso a la Cámara, el día 2 de Junio e 1921. Recogido en el Espíritu de la Revolución Fascista, Ed. Vizcaína, Bilbao, 1940, p. 56.

9. Anti-liberalismo fascista

Hemos sepultado el viejo Estado democrático, liberal, agnóstico y paralítico, el viejo Estado que en homenaje a los inmortales principios deja que la lucha de clases se convierta en una catástrofe social. A este viejo Estado que enterramos con funerales de tercera, lo hemos sustituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina, que armoniza y guía los intereses de todas las clases, igualmente tuteladas. Y mientras antes, en la época del régimen demoliberal, la masa laboriosa miraba con desconfianza al Estado, y estaba fuera de él, en contra de él, considerándolo cada día y cada hora como un enemigo, hoy no existe un sólo trabajador italiano que no busque su sitio en las Corporaciones, en las Federaciones, que no quiera ser una molécula viva de ese grande, inmenso organismo que es el Estado nacional corporativo fascista.
Mussolini B., Al pueblo de Roma en el XXVIII octubre 1926. En Espíritu de la Revolución…, p 144.

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HITLER: EL ESTADO RACISTA

1. El Estado racista según Hitler
2. Invocaciones de los niños en las comidas
3. Leyes de Nuremberg del 1 5 de septiembre de 1 93 5
4. El Racismo Hitleriano

1. El Estado racista según Hitler

«El Estado no es un fin en sí mismo sino un medio. El Estado condiciona el desarrollo de una civilización humana superior, pero no es la causa directa. Aquélla reside esencialmente en la existencia de una raza apta para la civilización.
Nosotros los nacional-socialistas debemos establecer una distinción bien marcada entre el Estado, que es el continente, y la raza, que es el contenido. El continente no tiene razón de ser si no es capaz de conservar y de preservar su contenido. También el fin supremo del Estado racista debe ser el asegurar la conservación de los representantes de la raza primitiva, creadora de la civilización que hace la belleza y el valor de una humanidad superior.El Estado racista habrá cumplido su papel supremo de formador y educador cuando haya grabado en el corazón de la juventud que le ha sido confiada, el espíritu y el sentimiento de la raza. Es preciso que ni un solo muchacho o muchacha pueda dejar la escuela sin estar plenamente instruido de la pureza de la sangre (…).

Juzgamos que hasta hoy la civilización humana, todas las realizaciones del arte, de la ciencia, y la técnica, son casi exclusivamente frutos del genio creador del Ario. Lo que permite recíprocamente concluir que es el único fundador de una humanidad superior y por consiguiente representa el prototipo de lo que entendemos por la palabra «hombre» (…).

La existencia de tipos humanos inferiores ha sido siempre una condición previa esencial para la formación de civilizaciones superiores(…). El (judío), en lo que concierne a la civilizaci6n, contamina el arte y la literatura, envilece los sentimientos naturales, oscurece todos los conceptos de belleza, de dignidad.»

Hitler: Mi lucha, 1924.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 87

2. Invocaciones de los niños en las comidas

Antes de la comida:
«¡Fürher, mi Fürher, concedido a mí por el Señor!, ¡Protégeme y resguárdame mientras viva!
Tú has salvado a Alemania de la más profunda aflicción. Hoy te doy gracias por mi pan cotidiano.
Estate mucho tiempo junto a mí, no me desampares. ¡Fürher, mi Führer, mi fe y mi luz!. Heil, mein Fürher.»
Después de la comida:
«Gracias a ti por esta generosa comida. ¡Protector de la juventud y de los ancianos! Sé que tiene desvelos, pero no inquietudes. Estoy contigo día y noche, descansa tu cabeza en mi regazo. ¡Ten, mi Fürher, la seguridad de que eres grande!
¡Heil, mein Fürher!»
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p.

3. Leyes de Nuremberg del 1 5 de septiembre de 193 5

Se prohíben los matrimonios entre judíos y súbditos de sangre alemana o asimilada.
Se prohíben las relaciones extramatrimoniales entre judíos y súbditos de sangre alemana o asimilada.
Se prohíbe que los judíos contraten a empleadas de hogar de sangre alemana o asimilada, mayores de cuarenta y cinco años.
Se prohíbe a los judíos enarbolar o engalanar con los colores alemanes nacionales. En cambio pueden hacerlo con los colores judíos; el ejercicio de este derecho está garantizado por el Estado.
(E.R. Tannenbaum: La experiencia fascista. Sociedad y cultura fascistas.
Madrid, 1975.) En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 87

4. El racismo Hitleriano

«La política exterior del Estado racista tiene que asegurar a la raza que abarca ese Estado los medios de subsistencia, estableciendo una relación natural, vital y sano, entre el aumento de su población y la extensión y la calidad del suelo que habita.Sólo un territorio suficientemente amplio puede garantizar a un pueblo la libertad de su vida (…). Hacía siglos que Rusia se había mantenido gracias al núcleo germánico de sus esferas superiores, núcleo del cual se puede decir que hoy está exterminado completamente. En su lugar se ha puesto el judío; pero así como es imposible que el pueblo ruso sacuda por sí solo el yugo israelita, no es menos imposible que los judíos logren sostener, a la larga, bajo su poder, el gigantesco organismo ruso. El judío mismo no es elemento de organización, sino fermento de descomposición. El coloso del Este está maduro para el derrumbamiento. Y el fin de la dominación judaica en Rusia será al mismo tiempo el fin de Rusia como Estado. Estamos predestinados a ser testigos de una catástrofe que constituirá la prueba más formidable para la verdad de nuestra teoría racista.»

Hitler: Mi lucha, 1924.)
En: Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996. p. 90.

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DOCUMENTOS FUNDAMENTALES PARA ANALIZAR LA GUERRA FRÍA


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BREVE RESEÑA

La Guerra Fría fue un conflicto de carácter político, económico y social entre el capitalismo y el comunismo, cuyos antecedentes se remontan a 1917, con el triunfo de la Revolución comunista en Rusia. Esta lucha se mantuvo latente por casi tres décadas, alcanzando su máxima expresión una vez que los líderes indiscutidos de cada uno de los bandos -EEUU y URSS- se instalaron en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo; allí, hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis.Una vez derrotado el enemigo común en 1945, ya no hubo razones para llegar a acuerdos, cada bando afianzó su poder e influencia en las áreas ocupadas y se estabilizó de ese modo la bipolarización del mundo, la cual sólo se derrumbó con la caída del Muro de Berlín ydefinitivamente con el fin de la URSS en 1991.

Ver:  Análisis pormenorizado de cada etapa de la Guerra Fría

DISCURSOS

  1. Discurso de Stalin en Moscú. 9 de febrero de 1946.
  2. La Doctrina Truman. 1947
  3. Discurso de Churchill en Fulton. 5 de marzo de 1946
  4. Stalin responde el discurso de Churchill.
  5. Discurso de Churchill en Zurich. 19 de septiembre de 1946
  6. George Kennan: Los orígenes del comportamiento soviético. Julio de 1947.
  7. El Plan Marshall. 6 de junio 1947
  8. El informe Jdanov. 22 de septiembre 1947
  9. La Doctrina Truman y el Plan Marshall desde el punto de vista soviético 1947.

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DISCURSOS 1.-Discurso de Stalin en Moscú. 9 de febrero de 1946. (Ver análisis del discurso)

Stalin habló el 9 de febrero en el teatro Bolshói, uno de los monumentos más famosos de Rusia desde su reconstrucción en 1854 (…) las 4.000 localidades estaban ocupadas por un público de miembros del Partido, oficiales del ejército o funcionarios: la clase superior, en una palabra, de la primera nación sin clases (…)
«Camaradas», empezó Stalin con su tono «blando y monótono» y su fuerte acento georgiano de erres demasiado arrastradas (…)
(…) cuando los presentes oyeron que Stalin decía que «nuestra victoria significa, en primer lugar, que nuestro sistema soviético ha vencido»; no «Rusia», ni «los aliados» (…) Stalin no dedicaba ninguna expresión de gratitud a los demás aliados, ni a la Gran Bretaña ni a los Estados Unidos (…) no sólo no fueron mencionados los aliados sino que Stalin evitó cuidadosamente cualquier comentario susceptible de sugerir que existieran (…) Al comienzo del discurso Stalin explicó que la última guerra estalló «como resultado ineluctable del desarrollo de las fuerzas económicas y políticas mundiales sobre la base del moderno capitalismo monopolista», puesto que, al fin y al cabo, «el desarrollo del capitalismo mundial no se produce como un avance continuo y tranquilo, sino a través de las crisis y de la guerra» (…)
La primera consecuencia del reciente conflicto era que (como se apuntó antes) demostraba que el sistema social soviético podía prevalecer (…) La guerra no sólo había demostrado que el sistema soviético era «una forma de organización perfecta mente viable y estable», sino también que era «una forma de organización superior a todas las demás» (…)
En segundo lugar, continuó Stalin, «nuestra victoria demuestra que nuestro Estado soviético ha vencido, que nuestro Estado multinacional soviético ha resistido todas las pruebas de la guerra y ha demostrado su viabilidad» (…)
Lo tercero que demostraba la victoria, prosiguió Stalin, era que el Ejército Rojo, cuya capacidad había sido puesta por muchos en tela de juicio cinco años atrás, había superado las adversidades de la guerra. La guerra había barrido todas aquellas dudas «injustificadas» y «ridículas»: ahora sería «imposible dejar de admitir que el Ejército Rojo» era un ejército de primera clase, de cuyos éxitos se podía aprender mucho. (…)
En lo tocante al desarrollo económico, Stalin prosiguió diciendo que «nuestro Partido se propone la organización de un nuevo salto adelante de la economía nacional que nos permitirá, por ejemplo, triplicar nuestra capacidad industrial en comparación con el nivel de antes de la guerra»; y ahí llegó la frase clave de todo el discurso, en opinión de muchos observadores extranjeros: «Sólo en estas condiciones podemos considerar asegurado nuestro país contra cualquier eventualidad, aunque ello exigirá quizá tres nuevos Planes Quiquenales, o quizá más».
Stalin concluyó con una pequeña comedia irónica de las que, viniendo de él, uno nunca sabía cómo tomarse, incluyendo algunos aspavientos de falsa modestia: «ante las elecciones, el Partido Comunista desde luego se manifestaba dispuesto a aceptar el veredicto del pueblo» (…)
El oyente o el lector precavido habría observado otros tres detalles más apuntados en ese discurso, aunque implícitamente.
En primer lugar, el programa anunciado significaba que se iba a reforzar el Partido y su ideología. (…)
En segundo lugar era evidente que se iba a hablar menos de patriotismo y de Rusia(…)
Tercero, que no se iba a hablar nada de los grandes mariscales y generales que habían ganado la guerra. De las armas, los productos de una fructífera industrialización, sí. Del mariscal Zhúkov, no.
Comentario periodístico sobre el discurso de StalinMoscú9 de Febrero de 1946

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2.- La Doctrina Truman. 1947. (Ver análisis del documento)

Uno de los objetivos fundamentales de la política exterior de Estados Unidos es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción. Esta fue una de las causas fundamentales de la guerra con Alemania y el Japón. Nuestra victoria se logró sobre países que pretendían imponer su voluntad y su modo de vivir a otras naciones. Para asegurar el desenvolvimiento pacífico de las naciones libres de toda coacción, Estados Unidos ha tomado parte preponderante en las Naciones Unidas. Estas están destinadas a posibilitar el mantenimiento de la libertad y la soberanía de todos sus miembros. Sin embargo, no alcanzaremos nuestros objetivos a menos que estemos dispuestos a ayudar a los pueblos libres a preservar sus instituciones libres y su integridad nacional frente a los movimientos agresivos que tratan de imponerles regímenes totalitarios. Esto es simplemente reconocer con franqueza que los regímenes totalitarios impuestos a los pueblos libres, por agresiones directas o indirectas, socavan los fundamentos de la paz internacional y, por tanto, la seguridad de los Estados Unidos. En la presente etapa de la historia mundial casi todas las naciones deben elegir entre modos alternativos de vida. Con mucha frecuencia, la decisión no suele ser libre. En varios países del mundo, recientemente, se han implantado por la fuerza regímenes totalitarios, contra la voluntad popular. El gobierno de los Estados Unidos ha levantado frecuentes pro testas contra las coacciones y las intimidaciones realizadas en Polonia, Rumania y Bulgaria, violando el acuerdo de Yalta. Debo afirmar también que en otros países han ocurrido hechos semejantes.
Uno de dichos modos de vida se basa en la voluntad de la mayoría y se distingue por la existencia de instituciones libres, un gobierno representativo, elecciones limpias, garantías a la libertad individual, libertad de palabra y religión y el derecho a vivir sin opresión política.
El otro se basa en la voluntad de una minoría impuesta mediante la fuerza a la mayoría. Descansa en el terror y la opresión, en una prensa y radio controladas, en elecciones fraudulentas y en la supresión de las libertades individuales. Creo que la política de los Estados Unidos debe ayudar a los pueblos que luchan contra las minorías armadas o contra las presiones exteriores que intentan sojuzgarlos. Creo que debemos ayudar a los pueblos libres a cumplir sus propios destinos de la forma que ellos mismos decidan. Creo que nuestra ayuda debe ser principalmente económica y financiera, que es esencial para la estabilidad económica y política. El mundo no es estático y el statu quo no es sagrado. Pero no podemos permitir cambios en el statu quo que violen la Carta de las Naciones Unidas por métodos como la coacción o subterfugios como la infiltración política. Ayudando a las naciones libres e independientes a conservar su independencia, Estados Unidos habrá de poner en práctica los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Basta mirar un mapa para comprender que la supervivencia e integridad de la nación griega tiene gran importancia dentro del marco más amplio de la política mundial. Si Grecia fuera a caer bajo el poder de una minoría armada, el efecto sobre su vecino Turquía, sería inmediato y grave. La confusión y el desorden podrían fácil mente extenderse por todo el Medio Oriente (…).
Si dejáramos de ayudar a Grecia y Turquía en esta hora decisiva, las consecuencias, tanto para Occidente como Orienta, serían de profundo alcance. Debemos pro ceder resuelta e inmediatamente (…). Por lo tanto, pido al Congreso autorización para ayudar a estos dos países con la cantidad de cuatrocientos millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948. Además de dichos fondos, pido al Congreso que apruebe el envío de personal norteamericano civil y militar, a Grecia y Turquía, a petición de aquellos países, para cooperar en la tarea de la re construcción y con el fin de que supervise la utilización de la ayuda financiera y material que lleguen a ser otorgadas (…).
Si vacilamos en nuestra misión de conducción podemos hacer peligrar la paz del mundo y, sin lugar a dudas arriesgaremos el bienestar de nuestra propia nación.
Discurso del presidente Truman ante el Congreso de EE.UU.Washington, 12 de marzo de 1947

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3.- Discurso de Churchill en Fulton 5 de marzo de 1946 (Ver análisis del documento)

Negarse a admitirla, o dejarla marchitarse, nos haría incurrir durante mucho tiempo en los reproches de la posteridad (…) la edad de piedra puede presentarse bajo las alas deslumbrantes de la ciencia (…) Tened cuidado, os digo, es posible que apenas quede tiempo (…)
Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental (…), todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú (…) Por ‘cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad (…) Es preciso que los pueblos de lengua inglesa se unan con urgencia para impedir a los rusos toda tentativa de codicia o aventura.
Westminster College, Fulton, Missouri5 de marzo de 1946

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4.- Stalin responde al discurso de Fulton de Churchill 13 de marzo de 1946
(…) Churchill está tomando ahora el camino de los belicistas, y en este Churchill no está solo. Él tiene amigos no sólo en Gran Bretaña, sino también en Estados Unidos
Una puntualización debe ser hecha con respecto a Churchill y sus amigos, pues tiene un impresionante parecido a Hitler y sus amigos (…) Churchill parece haber desencadenado una guerra con su teoría sobre la raza, afirmando que sólo las naciones de habla inglesa son naciones superiores, y que ellas están llamadas a decidir los destinos del mundo entero (…)
Las siguientes circunstancias no pueden ser olvidadas. Los alemanes hicieron la invasión de la URSS a través de Finlandia, Polonia, Rumania, Bulgaria y Hungría. Los alemanes pudieron hacer la invasión a través de estos países, porque al mismo tiempo tenían gobiernos hostiles a la Unión Soviética. Como resultado de la invasión alemana, en la lucha y a través de la importación de ciudadanos soviéticos como servidumbre alemana, la Unión Soviética perdió un total de siete millones de personas.
En otras palabras, la Unión Soviética perdió vidas que juntas representan más que las de Gran Bretaña y Estados Unidos. Posiblemente en algunos lugares existe una inclinación en el sentido de olvidar estos colosales sacrificios del pueblo soviético, con el fin de asegurar la liberación de Europa del yugo hitleriano. Pero la Unión Soviética no puede olvidarlo. Y así es sorprendente que se critique el hecho de que la Unión Soviética, ansiosa por un futuro seguro, esté intentando que existan en estos países gobiernos leales a las actitudes de la Unión Soviética. ¿Cómo puede cualquiera, que no ha tenido en cuenta estos sentimientos, describir estas aspiraciones pacíficas de la Unión Soviética como tendencias expansionistas en esta parte de nuestro Estado?
No sé de calumnia, descortesía y falta de tacto, si él y sus amigos van a lograr organizar una nueva campaña armada contra la Europa oriental tras la Segunda Guerra Mundial; pero silo logran —cosa poco agradable, porque millones de personas velan por la paz— podemos afirmar con entera confianza que serán aplastados como lo fue ron hace veintisiete años.
Discurso de Stalin13 de Marzo de 1946

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5.- Discurso de Churchill en Zurich 19 de septiembre de 1946 (Ver análisis)

Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa. Este noble continente, que abarca las regiones más privilegiadas y cultivadas de la tierra, que disfruta de un clima templado y uniforme, es la cuna de todas las razas originarias del mundo. Es la cuna de la fe y la ética cristiana. Es el origen de casi todas las culturas, artes, filosofía y ciencias, tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfruta rían sus tres o cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites. Y sin embargo, es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado esta serie de horribles guerras nacionales, originadas por las naciones teutonas, que hemos conocido durante este siglo XX, e incluso durante nuestra existencia, que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad.
¿Y cuál es la situación a la que ha sido reducida Europa? Es cierto que algunos pequeños Estados se han recuperado rápidamente, pero en grandes áreas, una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror. Entre los vencedores hay una gran confusión de voces agitadas; entre los vencidos, el sombrío silencio de la desesperación. Eso es lo que han conseguido los europeos, agrupados en tantos antiguos Estados y naciones, eso es todo lo que ha obtenido el poder germano, destrozándose unos a otros en pedazos, y propagando estragos por todas partes. A no ser porque la gran República del otro lado del océano Atlántico se ha dado cuenta finalmente de que el caos o la esclavitud de Europa, acabarían comprometiendo su propio destino, y nos ha tendido las manos para socorro y guía, los malos tiempos hubieran vuelto con toda su crueldad. Y todavía puede volver.
A pesar de todo, aún hay un remedio que si se adoptara de una manera general y espontánea, podría cambiar todo el panorama como por ensalmo, y en pocos años podría convertir a Europa, o a la mayor parte de ella, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea, o al menos todo lo que se pueda de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especia de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena. El proceso es sencillo. Todo lo que se necesita es el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones.
Mucho se ha trabajado en este sentido a través de las gestiones de la Unión Paneuropea, que tanto debe al conde Coudenhove-Kalergi y que recurrió a los servicios del famoso patriota y hombre de Estado francés Aristide Briand. Existe también ese inmenso cuerpo de doctrina y procedimiento, construido para servir a las grandes esperanzas después de la Primera Guerra Mundial, que es la Sociedad de Naciones. La Sociedad de Naciones no fracasó debido a sus principios o concepciones, sino que los habían creado. Falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo. Este desastre no debe repetirse. Hay, pues, muchos conocimientos y material con que construir, y también la amarga y cara experiencia de las vidas que ha costado.
Me agradó mucho leer en los periódicos hace dos días que mi amigo el presidente Truman ha expresado su interés y simpatía por este gran proyecto. No hay razón para que una organización regional europea deba enfrentarse de ninguna forma con la organización mundial de las Naciones Unidas. Todo lo contrario, creo que las mayores síntesis sólo sobrevivirán si se fundamentan sobre agrupaciones coherentes y naturales. Ya hay una agrupación natural en el Hemisferio Occidental. Los británicos tenemos nuestra propia Comunidad de Naciones, Estas organizaciones no debilitan, sino que por el contrario fortalecen a la organización mundial. De hecho, por su principal apoyo. ¿Y por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente, y por qué no podía ocupar su adecuada posición con otras agrupaciones, para perfilar los destinos de los hombres? Para que esto se realice, debe darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas.
Todos sabemos que las dos guerras mundiales que hemos pasado, surgieron por la vana pasión de una Alemania recién unida, que quería actuar como parte dominante del mundo. En esta última contienda se han cometido crímenes y masacres sin igual desde la invasión de los mongoles en el siglo XV. Los culpables deben ser castigados. Alemania debe ser privada del poder de volver a armarse y hacer otra guerra agresiva. Pero cuando se haya realizado todo esto, y se realizará, y se está haciendo, debe. Haber un final para la retribución. Tienen que haber lo que Mr. Gladstone llamó hace muchos años «un bendito acto de olvido». Tenemos que volver la espalda a los horrores del pasado. Debemos mirar hacia el futuro. No podemos permitirnos el arrastrar a través de los años aquello que puede traer de nuevo los odios y las venganzas que se desprenden de las injurias del pasado. Si hay que salvar a Europa de la in finita miseria, y por supuesto de la condena final, tiene que darse un acto de fe en la familia europea y un acto de olvido hacia los crímenes y locuras del pasado.
¿Pueden los pueblos de Europa elevarse a la altura de estas resoluciones del alma e instintos del espíritu humano? Si pueden hacerlo, los errores y las injurias que se han infringido se lavarán en todas partes por las miserias que se han tenido que soportar. ¿Hay alguna necesidad de que haya más abundancia de agonías? ¿Acaso la única lección de la historia es que la humanidad es imposible de educar? Que haya justicia y libertad. Los pueblos sólo tienen que quererlo, y todos alcanzarán el deseo de su corazón.
Ahora voy a decir algo que les sorprenderá. El primer paso en la recreación de la familia europea de no ser una asociación entre Francia y Alemana. Sólo de este modo puede Francia recuperar la primacía moral de Europa. No puede haber un renacimiento de Europa sin una Francia grande espiritualmente y una Alemania grande espiritualmente. La estructura de los Estados Unidos de Europa, si se construyen bien y de verdad, será de tal manera que haga menos importante la fuerza material de un Estado. Las pequeñas naciones contarán tanto como las grandes y ganarán su honor por su contribución a la causa común. Los estados y principados de Alemania, unidos libremente por conveniencia mutua en un sistema federal, ocuparán cada uno su lugar entre los Estados Unidos de Europa. No trataré de hacer un programa detalla do para cientos de millones de personas que quieren ser felices y libres, prósperos y seguras, que desean disfrutar de las cuatro libertades de las que habló el Presidente Roosevelt, y vivir de acuerdo con los principios incorporados en la Carta del Atlántico. Si este es su deseo, no tiene más que decirlo, con la seguridad de que se encontrarán los medios y se establecerán los instrumentos necesarios para llevar este deseo a su plena realización.
Pero tengo que hacerles una advertencia: el tiempo se nos puede echar encima. Actualmente contamos sólo con un espacio de respiro. Los cañones han dejado de disparar, la lucha ha cesado, pero no se han detenido los peligros. Si queremos construir los Estados Unidos de Europa, cualquiera que sean el nombre y la forma que tomen, debemos empezar ahora.
En nuestros días vivimos extraña y precariamente bajo el escudo y protección de la bomba atómica. La bomba atómica está aún en manos de un Estado y nación que sabemos que nunca la usará, excepto a favor del derecho y la libertad. Pero puede ser que dentro de unos años este terrible agente de destrucción se extienda ampliamente y la catástrofe que provocaría su uso por varias naciones guerreras no sólo acabaría con todo lo que llamamos civilización, sino que posiblemente desintegraría el mismo globo.
Debo ahora resumir las propuestas que tienen ante ustedes. Nuestro constante propósito debe ser fortificar la fuerza de la Organización de Naciones Unidas. Bajo, y en el seno de este concepto del mundo, debemos volver a crear la familia europea con una estructura regional llamada, quizás, los Estados Unidos de Europa. El primer paso en crear un Consejo de Europa. Si al principio todos los Estados de Europa no están dispuestos o capacitados para integrase en la Unión, debemos proceder, no obstante, a unir y combinar a aquellos que quieren y pueden. La salvación de la gente normal de cada raza y de cada país, del peligro de la guerra o esclavitud, tiene que establecerse sobre sólidos fundamentos deben estar protegidos por la voluntad de todos los hombres y mujeres de morir, antes de someterse a la tiranía. En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntas la cabeza. Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética —y entonces todo sería perfecto— deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo ¡Levantemos Europa!

Zurich, Suiza19 de septiembre de 1946

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6.- George Kennan: Los orígenes del comportamiento soviético. Julio de 1947(Ver análisis)

La personalidad política de la potencia soviética, tal y como hoy la conocemos, es el producto de las circunstancias y de la ideología: una ideología heredada por los líderes soviéticos actuales del movimiento que constituyó su origen político y unas circunstancias del poder que ya llevan ejerciendo en Rusia casi tres décadas (…)
Actualmente, la circunstancia sobresaliente en el régimen soviético es que hasta el día de hoy este proceso de consolidación política nunca ha sido completado y que los hombres del Kremlin han seguido estando predominantemente absortos en una lucha por asegurar y hacer absoluto el poder que usurparon en noviembre de 1917. Han seguido asegurándolo fundamentalmente contra fuerzas dentro del país, dentro de la sociedad soviética misma. Pero también se han esforzado en asegurarlo contra el mundo exterior. Porque, como hemos visto, la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras. (…)
De la misma manera se ha puesto mucho énfasis en la tesis original comunista de un básico antagonismo entre el mundo capitalista y socialista. Está claro, como nos lo señalan muchos indicios, que este énfasis no está fundado en la realidad. Los hechos reales relativos a ellos han sido confundidos con la existencia en el extranjero de un auténtico resentimiento provocado por la filosofía y tácticas soviéticas, y ocasional mente con la existencia de grandes centros de poder militar, como fueron el régimen nazi en Alemania y el gobierno japonés de finales de los treinta, quienes albergaban intenciones agresivas contra la Unión Soviética. Pero hay evidencias abundantes de que la importancia que Moscú da a la amenaza a la que la sociedad soviética está so metida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país.
Ahora bien, la perpetuación de este esquema de poder soviético, a saber: la búsqueda de una autoridad sin límites en el ámbito interno, acompañado por el cultivo de un cuasimito de una implacable hostilidad extranjera, ha influido mucho a la hora de modelar la actual maquinaria del poder soviético tal y como hoy la conocemos.
(…)
Esto es todo lo que podemos decir, en lo que a antecedentes históricos se refiere. Pero ¿qué papel juega en la personalidad política del poder soviético que hoy conocemos?
De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado (…)
El primero de estos conceptos es el del innato antagonismo entre capitalismo y socialismo (…) Invariablemente debe asumirse en Moscú que los objetivos del mundo capitalista son antagónicos con los del régimen soviético y, por lo tanto, a los intereses de los pueblos que controla (…)
Básicamente, el antagonismo subsiste, es necesario y de él derivan muchos de los fenómenos que vemos como desestabilizadores en la conducta del Kremlin en política exterior. El secretismo, la falta de franqueza, la duplicidad, la cautelosa desconfianza y la básica enemistad de propósito. Estos fenómenos están llamados a permanecer en el futuro previsible (…)
Esto quiere decir que vamos a seguir encontrando que es difícil negociar con los soviéticos (…)
Esto nos lleva al segundo de los conceptos importantes en la perspectiva soviética contemporánea, esto es, la infalibidad del Kremlin. El concepto soviético de poder, que no permite ningún centro de posible organización fuera del partido, requiere que los dirigentes del partido sean, en teoría, los únicos depositarios de la verdad (…)
Sobre el principio de infalibilidad descansa la disciplina férrea del Partido Comunista. De hecho, los dos conceptos se apoyan mutuamente. La disciplina perfecta requiere el reconocimiento de la infalibilidad, ésta requiere la observancia de la disciplina (…) pero su efecto no puede ser comprendido sin tener en cuenta un tercer factor; es decir, el hecho de que la clase dirigente tiene libertad para plantear, por motivos tácticos, cualquier tesis concreta que considere útil a la causa en un momento dado y para pedir a los miembros del movimiento, considerados como un todo, que acepten sin discusiones y fielmente la nueva tesis. Esto significa que la verdad no es una constante, sino que es creada para todas las intenciones y propósitos por los líderes soviéticos mismos. (…)
Estas consideraciones convierten a la diplomacia soviética en más fácil y a la vez más difícil para negociar que la diplomacia de líderes agresivos, como fueron Napoleón y Hitler. Por un lado, es más sensible a las fuerzas contrarias, está más dispuesta a ceder en sectores concretos del frente diplomático cuando esas fuerzas son sentidas con demasiada intensidad y, por tanto, es más racional en la lógica y retórica del poder. Por el otro lado, no se le puede derrotar o disuadir fácilmente con una sola victoria de sus oponentes. Y la persistente paciencia que le anima se traduce en que no puede ser efectivamente contrarrestada con factores esporádicos que representan momentáneos caprichos de la opinión democrática, sino sólo por políticas inteligentes, a largo plazo, llevadas a cabo por los adversarios de Rusia; políticas no menos firmes en sus propósitos y no menos variadas y llenas de recursos a la hora de su aplicación que las de la Unión Soviética.
En estas circunstancias, está claro que el elemento principal de cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión. (…) Por esta razón, es una condición sine qua non para llevar a cabo una negociación fructífera y con éxito con Rusia que el Gobierno extranjero en cuestión permanezca en todo momento sosegado y unido y que sus demandas a la parte rusa sean presentadas de manera que su puesta en práctica no perjudique demasiado el prestigio soviético.
A la luz de lo arriba afirmado, se verá claramente que la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarreste en una serie de puntos geográficos y políticos que constantemente se encuentren a la deriva y que corresponden a las maniobras y virajes de la política soviética, pero que no pueden esfumarse o borrarse del mapa. (…)
En definitiva, el futuro del poder soviético puede resultar menos seguro de lo que la capacidad rusa para el autoengaño puede hace creer a los hombres del Kremlin. Que son capaces de conservar el poder, lo han demostrado. Mientras tanto, los malos momentos de su Gobierno y las vicisitudes de la vida internacional han restado mucho de la fuerza y a la esperanza del gran pueblo sobre el que se sostiene el poder. (…)
Es claro que los Estados Unidos no pueden albergar, en un futuro previsible, de disfrutar de una intimidad política con el régimen soviético, Deben seguir considerando a la Unión Soviética como un rival en la arena política y no como un socio. Deben seguir esperando que la política soviética continúe sin reflejar ningún amor abstracto hacia la paz, ninguna fe sincera en la posibilidad de una permanente y feliz coexistencia entre los mundos socialista y capitalista, sino que, más bien, es probable que siga existiendo una cauta y persistente presión para quebrar y debilitar toda influencia y poder rival.
Frente a esto, tenemos la realidad de una Rusia que, opuesta al mundo occidental en general, continúa siendo, con diferencia, la parte más débil; que la política soviética es altamente flexible y que la sociedad soviética probablemente tiene defectos que eventualmente mermarán su propio potencial global. Esto, de por sí, daría garantías suficientes a los Estados Unidos para iniciar con razonable confianza una política firme de contención, diseñada para hacer frente a los rusos con una inalterable fuerza de reacción en todos aquellos puntos donde se detectan signos de que están intentando introducirse en contra del interés de un mundo pacífico y más estable.
Pero en la actualidad las posibilidades de la política americana no deben reducirse a mantener a raya a los rusos y esperar que ocurra lo mejor. Está totalmente al alcance de los Estados Unidos el influenciar con sus acciones los acontecimientos internacionales en Rusia y en todo el movimiento comunista internacional, quien determina, en gran medida, la política rusa (…) Es más bien una cuestión de hasta qué punto pueden los Estados Unidos crear en la mente de los pueblos del mundo la impresión general de que es un país que sabe lo que quiere, que hace frente con éxito a sus problemas internos y a sus responsabilidades de potencia mundial y que tiene una vitalidad espiritual capaz de mantener su ideología entre las corrientes de pensamiento de mayor importancia de su tiempo. En la medida en que se consiga crear y mantener esta impresión, los objetivos de la Rusia comunista deben aparecer como estériles y quijotescos, deben hacer el entusiasmo y las esperanzas de los partidarios de Moscú, y mayor presión deberá imponerse sobre la política exterior del Kremlin (…)
Sería exagerado decir que el comportamiento americano, por sí solo y sin ayuda, puede ejercer un poder decisivo sobre el movimiento comunista y que puede acelerar la caída del poder soviético en Rusia. Pero lo que sí tienen los Estados Unidos en su mano es el poder para someter a una gran presión a la Unión Soviética, lo que la obligaría a una determinada política, forzando al Kremlin a aplicar un grado de moderación y circunspección mucho mayor que el observado en los últimos años y de esta manera promocionar las tendencias que deberán algún día buscar su expresión bien con la ruptura o bien durante la progresiva maduración del poder soviético (…)
Por tanto, la decisión recaerá realmente, y en gran medida, sobre este país. La cuestión de las relaciones soviético-americanas es esencialmente una prueba del poder global de los Estados Unidos como nación entre naciones (…)
Seguramente nunca existió una prueba más acertada para calibrar la calidad de una nación que ésta (…) (la cual) experimentará cierta gratitud hacia la Providencia, quien, al asignar al pueblo americano este reto implacable, ha hecho depender su seguridad como nación de su habilidad para mantenerse unido y para aceptar las responsabilidades del liderazgo moral y político que la historia le ha encomendado.

Fuente: George Kennan Foreign Affairs,1947.

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7.- El Plan Marshall (Ver análisis del documento)
6 de junio de 1947
No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (…). Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea (…).
La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave.
El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tienen que tener capacidad y voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté constantemente en cuestión.
Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos. Es lógico que los Estados Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis. Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura antes que un simple paliativo.
Cualquier gobierno que esté dispuesto a ayudar en la tarea de la recuperación, encontrará, estoy seguro de ello, plena cooperación por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Cualquier gobierno que maniobre para bloquear la recuperación de otros países no puede esperar apoyo de nosotros. Más aún, los gobiernos, partidos políticos o grupos que traten de perpetuar la miseria humana al objeto de aprovecharse de ella políticamente o de otra manera, encontrarán la oposición de los Estados Unidos.
Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida por este Gobierno. No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.
Parte esencial de cualquier acción afortunada por parte de los Estados Unidos es que el pueblo de América comprenda, por su parte. el carácter del problema y los re medios a aplicar. La pasión política y los prejuicios no deben intervenir. Con previsión, y con la voluntad de nuestro pueblo de enfrentarse con la ingente responsabilidad que la historia ha puesto claramente sobre nuestro país, las dificultades que he subrayado pueden ser superadas, y lo serán.

Fuente: Discurso de George MarshallUniversidad de Harvard6 de Junio de 1947.

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8.Informe Jdanov 22 de septiembre de 1947(Ver análisis del documento)


La terminación de la segunda guerra mundial ha producido cambios esenciales en el conjunto de la situación mundial (…)
El resultado principal de la segunda guerra mundial fue la derrota militar de Alemania y del Japón, los dos países más militaristas y agresivos del capitalismo. Los elementos reaccionarios e imperialistas del mundo entero, y particularmente de Inglaterra, de los Estados Unidos y de Francia, habían depositado ciertas esperanzas en Alemania y en el Japón (…)
En consecuencia, el sistema capitalista mundial, en su conjunto, ha sufrido nuevamente un duro revés (…) el resultado de la última contienda, con el aplastamiento del fascismo, con la pérdida de las posiciones mundiales del capitalismo y con el robustecimiento del movimiento antifascista, ha sido la separación del sistema capita lista de toda una serie de países de la Europa central y sudoriental (…)
La importancia y la autoridad de la URSS han aumentado considerablemente después de la guerra. La URSS ha sido la cabeza rectora y el alma del aplastamiento militar de Alemania y Japón. Las fuerzas democráticas progresistas del mundo entero están agrupadas en torno a la Unión Soviética. (…)
La finalidad que se plantea la nueva corriente expansionista de los Estados Unidos es el establecimiento de la dominación universal del expansionismo americano. Esta nueva corriente apunta a la consolidación de la situación de monopolio de los Estados Unidos sobre los mercados internacionales, monopolio que se ha establecido como consecuencia de la desaparición de sus dos mayores competidores —Alemania y Japón— y por la debilidad de los socios capitalistas de los Estados Unidos: Inglaterra y Francia.
Esta nueva corriente cuenta con un amplio programa de medidas de orden militar, económico y político, cuya aplicación establecería sobre todos los países a los que apunta el expansionismo de los Estados Unidos, la dominación política y económica de estos últimos reduciría a estos países al estado de satélites de los Estados Unidos e instauraría unos regímenes interiores que eliminarían todo obstáculo por parte del movimiento obrero y democrático para la explotación de estos países por el capital americano. Los Estados Unidos de América persiguen actualmente la aplicación de esta nueva corriente política no sólo a los enemigos de guerra de ayer o a los Estados neutrales, sino también y de manera cada vez mayor, a los aliados de guerra de los Estados Unidos de América.
Se concede una atención especial a la utilización de las dificultades económicas de Inglaterra, aliada y al mismo tiempo rival capitalista y competidora de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. La corriente expansionista americana tiene como punto de partida la consideración de que no sólo será necesario no aflojar la tenaza de la dependencia económica respecto a los Estados Unidos, dependencia en la que Inglaterra ha caído durante la guerra, sino, al contrario, hacer más intensa la presión sobre Inglaterra a fin de arrebatarle sucesivamente su control sobre las colonias, eliminarla de sus esferas de influencia y reducirla progresivamente a una situación de vasallaje. (…)
Pero en el camino de sus aspiraciones a la dominación mundial, los Estados Unidos se han encontrado con la URSS, con su creciente influencia internacional, que constituye un bastión de la política antifascista y antiimperialista de los países de nueva democracia que han escapado al control del imperialismo anglo norteamericano; con los obreros de todos los países, comprendidos los de la misma América, que no desean una nueva guerra imperialista en provecho de sus propios opreso res. (…)
Los profundos cambios operados en la situación internacional y en la de los distintos países al terminar la guerra, han modificado enteramente el tablero político del mundo. Se ha originado una nueva distribución de las fuerzas políticas. A medida que nos vamos alejando del final de la contienda, más netamente aparecen señaladas las dos principales direcciones de la política internacional de la posguerra, correspondientes a la distribución de las fuerzas políticas en dos campos opuestos: el campo imperialista y antidemocrático, de una parte, y el campo antiimperialista y democrático, de otra. Los Estados Unidos representan el primero, ayudados por Inglaterra y Francia (…)
Las fuerzas antiimperialistas y antifascistas forman el otro campo. La URSS y los pueblos de la nueva democracia son su fundamento. Los países que han roto con el imperialismo y que resueltamente se han incorporado a la democracia, como Rumania, Hungría, Finlandia, forman parte de este campo, al que se han añadido, además, Indochina, el Vietnam y la India. Egipto y Siria son simpatizantes.

Fuente: Andrei Jdanov: Discurso en la sesión inaugural de la Kominform Szklarska Poreba (Polonia) 22 de septiembre de 1947.

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9.- La Doctrina Truman y el Plan Marshall desde el punto de vista soviético 1947

Sirvió de pretexto para intensificar la expansión del imperialismo norteamericano en Europa y proclamara abiertamente una política antisoviética la decisión del Gobierno inglés, tomada en febrero de 1947, de retirar sus tropas de Grecia y cesar el apoyo financiero a los círculos gobernantes reaccionarios de Turquía (…)
El 12 de marzo de 1947, Truman solicitó al Congreso norteamericano (…) prestar urgentemente «ayuda» a Grecia y Turquía (…) No trató siquiera de ocultar el carácter militar de la proyectada «ayuda» ni la aspiración de EE.UU. a instalarse en los países beneficiarios de la misma (…)
El mensaje del presidente norteamericano lleno de calumnias groseras contra los países socialistas, llamaba prácticamente a los EE.UU. a asumir el papel de gendarme mundial, o sea, a intervenir en los asuntos de todas las naciones al lado de la re acción y de la contrarrevolución, contribuyendo a la represión del movimiento liberador de todos los pueblos y oponiéndose abiertamente a la revolución y al desarrollo socialista de los Estados (…)
El carácter antisoviético y antisocialista de la política exterior formulada en la «Doctrina Truman» era evidente desde el principio (…)
El Gobierno y la prensa soviética denunciaron enérgicamente la naturaleza imperialista de la «Doctrina Truman». El periódico Pravda señaló en aquellos días que esa «doctrina» significaba una nueva intervención en la vida de otros Estados y que las pretensiones de EE.UU. al papel dirigente de los asuntos internacionales aumentaban al tiempo que crecían las apetencias de los círculos norteamericanos interesados (…)
El 5 de junio de 1947, el Secretario de Estado norteamericano George Marshall señaló, al hacer uso de la palabra en la Universidad de Harvard, que la economía de muchos países de Europa se encontraba en una situación penosa y que los EE.UU. deseaban ayudar a su restablecimiento (…)
Aquel discurso no contenía datos concretos sobre las proporciones de la ayuda a los países europeos, ni sobre las condiciones en que se concedería. Dejaba oculta, claro está, la verdadera razón de ser del nuevo plan norteamericano (…)
Una gran parte de la burguesía de los países europeos, asustada por el crecimiento de las fuerzas del socialismo y de la democracia, aplaudió el discurso. Análoga fue la reacción de los líderes socialistas de derecha (…), pero la Unión Soviética se daba perfectamente cuenta de lo que aquélla significaba en realidad, de cuánto valían las aseveraciones del Gobierno de los EE.UU. respecto a su deseo de ayudar al restablecimiento de los países perjudicados por la guerra. (…)
El Gobierno de los EE.UU. se proponía utilizar sus recursos económicos en la postguerra con fines ajenos a una colaboración internacional equitativa (…)
En 1947, Washington (…) quiso asegurar, por medio de la ayuda prometida, la influencia económica, política y militar dominante de los EE.UU. en los países de Europa Occidental, arruinados por la guerra, detener, valiéndose de la intervención, el ascenso del movimiento revolucionario, que se observaba en muchos de esos países, así como aislar a la URSS y hacer retomar a los cauces del desarrollo capitalista a todos los Estados democrático-populares o, por lo menos, algunos de ellos (…)
Los autores del «Plan Marshall» le asignaban desde el primer momento un papel esencial en el restablecimiento del militarismo alemán, como importante elemento del bloque militar que se creaba, bajo la égida de los EE.UU. dirigido contra la URSS y otros países socialistas. (…)
El Gobierno soviético hacía ver con insistencia que los objetivos del «Plan Marshall» estaban en pugna con la paz y la independencia de los pueblos (…)
Los Gobiernos de los países de democracia popular condenaron a su vez los peligrosos objetivos del imperialismo norteamericano, encubiertos con la apariencia «filantrópica» del «Plan Marshall».

Fuente: Historia de la Política Exterior de la URSS 1974.

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