FASES DE LA GUERRA FRIA ABIERTA


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Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

 

FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA
1947: EL COMIENZO DE LA GUERRA FRÍA

La Guerra Fría es un proceso de larga duración, cuya fecha de inicio es discutida por la historiografía especializada, incluso hay quienes sostienen que esta peculiar guerra tiene por punto de partida el año 1917, es decir, el momento en que en Rusia las fuerzas revolucionarias llegaron al poder. No obstante, según el planteamiento pedagógico desarrollado a lo largo del trabajo, los acontecimientos ocurridos entre 1917 y 1945 serán considerados como antecedentes de la Guerra Fría, la cual tiene como punto de partida indiscutible 1947, año en que comienza la consolidación concreta de los bloques, liderados por EEUU y la URSS respectivamente. Como se dejó en evidencia en el apartado anterior, el año 1946 fue marcando el camino hacia el quiebre definitivo de la efímera Alianza de guerra. No obstante, es en 1947 cuando las palabras dan paso a los hechos. Cada una de las potencias comenzó el proceso de consolidación de su respectiva esfera de influencia.

Así pues, como señala Rafael Aracil, la Guerra Fría ya estaba latente entre los años 1945 y 1946, pero alcanzó su manifestación concreta sólo en 1947, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, se dejaron llevar por la escalada de desconfianza recíproca que les condujo a la ruptura.[1] Según esta perspectiva, la Guerra Fría habría sido provocada por el estado de paranoia y persecución de cada uno de los bandos, más que por amenazas y peligros reales. “La Guerra Fría encontró su origen, menos en la agresividad efectiva de los adversarios, que dieron pruebas en realidad de una gran prudencia, que en la escalada de sus desconfianzas recíprocas”.[2] Cada actor vio en el actuar de su oponente una provocación directa para iniciar el enfrentamiento. Aracil destaca un fuerte componente psicológico en las motivaciones que provocaron el comienzo de la Guerra Fría. Teniendo presente este punto de vista, se pueden explicar las divergencias interpretativas de cada uno de los bloques, ya que cada uno veía en el otro a un agresor, dispuesto a recurrir a todo tipo de estrategias y armas para ampliar su esfera de influencia e ir derrotando así, progresivamente a su rival.

La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una aceptó tácitamente la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que barca la Guerra Fría, desde 1947 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida, como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.

LAS FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA

Para abordar el estudio histórico del desarrollo de la Guerra Fría, nos ha parecido interesante desarrollar el esquema explicativo propuesto por Juan Pereira. Para este autor, en la historia de la Guerra Fría se pueden distinguir claramente 4 fases, cada una de las cuales estaría caracterizada por un conflicto tipo que la identifica:

Fase 1: 1947/1948-1950/1953: Conflicto tipo: La Guerra de Corea
Fase 2: 1953-1962: Conflicto tipo: Los mísiles cubanos
Fase 3: 1962-1973/1975: Conflicto tipo: La Guerra de Vietnam
Fase 4: 1973-1988/1989: Conflicto tipo: La Guerra de Afganistán

Según señala Juan Pereira, cada una de estas fases posee los siguientes elementos constitutivos: “se inicia con un primer período de distensión, moderación en el enfrentamiento, disminución de los conflictos y utilización de un lenguaje sereno y constructivo. En un segundo momento irán a pareciendo signos de tensión que se apreciarán en primer lugar, en el lenguaje que utilizarán los líderes y representantes políticos y militares de ambos bloques; a continuación se intensificarán los conflictos localizados y los presupuestos militares e incluso se romperán negociaciones o acuerdos. La tensión culminará con el estallido de un conflicto tipo, con un momento de máximo enfrentamiento en el que se estará al borde del enfrentamiento bélico directo”.[3]

Pereira en su libro “Los orígenes de la Guerra Fría” esboza este esquema desarrollando sólo el primero de los períodos identificados. En el presente apartado se abordará el estudio de cada uno de estos períodos, poniendo especial énfasis en los conflictos “tipos” de cada una de las fases señaladas. Para alcanzar tales objetivos serán analizadas diversas fuentes: documentos escritos, fílmicos, iconográficos, etc.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 109
[2] Ibidem, Página 110
[3] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 33

EXTRACTO: Tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005।
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ORÍGENES DE LA GUERRA FRÍA. WISTON CHURCHILL "EL TELÓN DE HIERRO". 5 DE MARZO 1946


 

Wiston Churchill. Con su firmeza, oratoria, capacidad de trabajo y ánimo inquebrantables, consiguió sacar adelante a Gran Bretaña en uno de los episodios más difíciles de su historia, la Segunda Guerra Mundial, siendo su Primer Ministro.

El Telón de Acero. W. Churchill
Estoy contento de haber venido al Westminister College esta tarde, y también de que me hagan el honor de concederme el doctorado…
Hoy los Estados Unidos se encuentran en el pináculo de la torre del poder. Es un momento solemne para la Democracia americana. Porque esa primacía de poder está acompañada de una impresionante responsabilidad de futuro. Si miran a su alrededor, no sólo deberán tener el sentimiento del deber cumplido, sino que habrán de sentir el temor de no alcanzar todo lo que se han propuesto… es necesario que el espíritu constante, el propósito inmutable y la gran sencillez en las decisiones guíen y gobiernen en la paz como e la guerra, la conducta de los pueblos que hablan en inglés. En esta obligación debemos demostrar que somos iguales, y creo que lo vamos a hacer.
Tengo una propuesta práctica y concreta que hacer. Se pueden nombrar tribunales y jueces, pero no pueden funcionar sin sheriff ni policías. La Organización de la Naciones Unidas debe empezar inmediatamente a proveerse de un ejército internacional… propongo que se invite a todas las potencias y a todos los Estados a que deleguen un número determinado de sus escuadrones aéreos para e servicio de la Organización mundial… se podría empezar a escala modesta, para que creciera a medida que lo hiciera la confianza. Querría haber visto que se hacía cuando terminó la Primera Guerra Mundial, y confío de todo corazón que se pueda hacer inmediatamente.
No obstante, sería un error y una imprudencia confiar los conocimientos secretos o la experiencia de la bomba atómica, que hoy comparten los Estados Unidos, Gan Bretaña y Canadá, a la Organización Internacional mientras esta se encuentre en su infancia… Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, esos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos. Dios ha querido que no ocurra así y disponemos al menos de un tiempo para respirar y poner la casa en orden antes de enfrentarnos a este peligro; e incluso entonces, si no se ahorran esfuerzos seguiremos poseyendo una superioridad tan formidable que bastará para disuadir de forma efectiva de que los utilicen o amenacen con hacerlo.
… y ahora hablaré del segundo peligro de estos maleantes que amenazan la finca, la casa y a la gente corriente; es decir, la tiranía. No podemos estar ciegos ante el hecho de que las libertades de que goza cada uno de los ciudadanos de todo el Imperio Británico no existen en número considerable de países, algunos de los cuales son grandes potencias. En estos Estados se controla a la gente corriente mediante diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo…
Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra. Pero nunca debemos dejar de proclamar sin miedo los grandes principios de la libertad y los derechos del hombre, que son la herencia común del mundo de habla inglesa que, a través de la Carta Magna, la Carta de Derechos, el Habeas Corpus, el juicio y el jurado, y el derecho Común Inglés, tienen su más famosa expresión en la Declaración de Independencia Americana.
Todo esto significa que las personas de cualquier país tienen derecho, y deberían tener la capacidad reconocida por la Constitución de elegir o cambiar, mediante elecciones libres, sin restricciones y secretas el carácter o la forma de gobierno por el que se rijan; que debe imperar la libertada de expresión y de pensamiento; que los tribunales de justicia, independientes del poder ejecutivo y de cualquier partido apliquen las leyes que hayan recibido el consentimiento amplio de la mayoría o estén consagradas por el tiempo y la costumbre. Ello representa el título de propiedad de la libertad que debe existir en todos los hogares. Ahí está el mensaje que los pueblos americanos e ingles dirigen a la humanidad.
No se podrá evitar la guerra de forma segura ni podrá progresar de forma continuada la Organización Mundial sin lo que he denominado la asociación fraterna de los pueblos de habla inglesa… la asociación fraterna no solo exige el desarrollo de la amistad y la comprensión mutua de nuestros dos sistemas de sociedad, muy amplios, pero similares, sino la continuidad de relación estrecha entre nuestros asesores militares, que conduzca al estudio común de los posibles peligros, la semejanza de las armas y los manuales de instrucción y al intercambio de oficiales y cadetes en los centros de formación.
Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuales son los límites si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista. Siento una gran admiración y tengo una gran estima al valeroso pueblo ruso y al que fue mi camarada en la guerra, el Mariscal Stalin. En Gran Bretaña (y no dudo que también en Estados Unidos) existe una profunda simpatía y buena voluntad hacia todos los pueblos de Rusia y una disposición a perseverar, a partir de las muchas diferencias y los muchos desaires, en el establecimiento de una amistad duradera. Comprendemos la necesidad que tiene Rusia de asegurar sus fronteras occidentales para alejar cualquier posibilidad de agresión por parte de los alemanes. Damos la bienvenida a Rusia al lugar que le corresponde entre las principales naciones del mundo. Damos la bienvenida a su bandera e los mares. Y sobre todo nos alegramos de los contactos constantes, frecuentes y cada vez más numerosos entre el pueblo ruso y nuestro propio pueblo de ambos lados del Atlántico. Sin embargo s mi obligación, porque estoy seguro que desean que les diga las cosas como las veo, exponerles algunos hechos sobre la posición actual de Europa.
Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas. Únicamente Atenas es libre de elegir su futro en unas elecciones bajo la supervisión de Ingleses, americanos y franceses. El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad. Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes. Los gobiernos policiales prevalecen en casi todos los casos y, de momento, salvo en Checoslovaquia no existe una autentica democracia.
La seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa, de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente. Las guerras de las que hemos sido testigo o las que ocurrieron en tiempos anteriores, nacieron de las disputas entre pueblos a los que unen fuertes vínculos… dos veces Estados Unidos ha tenido que enviar a la guerra al otro lado del Atlántico a varios millones de sus jóvenes; y hoy la guerra puede sorprender a cualquier nación de cualquier lugar entre oriente y Occidente. No hay duda de que debemos trabajar en la pacificación de toda Europa, dentro de la estructura de Naciones Unidas y de acuerdo con su carta.
…en un gran número de países, lejos de las fronteras rusas y por todo el mundo, se establecen quintas columnas comunistas que trabajan en perfecta Unión y total obediencia a las directrices que reciben del centro comunista.
Pesé que tenía la obligación de mostrar la sombra que, tanto en oriente como en occidente, se cierne sobre el mundo. Era alto ministro en tiempos del Tratado de Versalles y amigo íntimo del Señor Lloyd George, que fue el jefe de la delegación Británica en Versalles. Yo no estaba de acuerdo en muchas cosas que se hicieron, pero tengo muy grabada en la mente aquella situación y me duele tenerla que cotejar con lo que ocurre hoy. En aquellos días se tenia mucha esperanza y una confianza sin límites en que las guerras se habían terminado y en que la Liga de Naciones sería todopoderosa. En el enfermizo mundo de hoy no veo ni siento la misma confianza, ni siquiera las mismas esperanzas.
Por otro lado, rechazo la idea de que es inevitable una nueva guerra, y mucho más la de que sea inminente. Estoy seguro de que nuestros destinos siguen en nuestras manos… por eso me siento obligado a hablar ahora que tengo la oportunidad de hacerlo. No creo que la Rusia Soviética desee la guerra. Lo que quieren son los frutos de la guerra y la expansión indefinida de su poder y de sus doctrinas. Pero lo que debemos considerar hoy aquí mientras hay tiempo es la prevención permanente de la guerra y el establecimiento de las condiciones de liberad y democracias lo antes posible en todos los países… las dificultades y peligros no desaparecerán porque cerremos los ojos…
Por ‘cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad especialmente la debilidad militar. Por esta razón la vieja doctrina del equilibrio de poder es perjudicial. Si las naciones occidentales se mantienen juntas en el respeto estricto de la Carta de las Naciones Unidas, su influencia en el fomento de esos principios será inmensa (…)
La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en a historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro. Es evidente que no debemos permitir que vuelva a ocurrir.
Y esto sólo se puede conseguir si hoy en 1946, alcanzamos un buen acuerdo con Rusia en todas las cuestiones bajo la autoridad general de la Organización de las Naciones Unidas y con el mantenimiento de ese acuerdo a lo largo de muchos años de paz mediante este instrumento mundial apoyado por todas las fuerzas del mundo de habla inglesa y todos los países relacionados con él. Ahí esta la solución que con todo respeto les propongo en esta Alocución a la que he dado el título de “Los Pilares de la Paz”.

DISCURSO: Westminster College, Fulton, Missouri. 5 de marzo de 1946

Análisis del documento

El autor del documento:

Wiston Churchill había sido Primer Ministro Británico entre los años 1940 y 1945. Le correspondió dirigir a su país en el momento más crítico de la Segunda Guerra Mundial. En ese período logró organizar un gobierno de coalición que tocó su fin al momento en que la victoria de las fuerzas Aliadas se hacía evidente. En 1945 se realizaron elecciones generales en Gran Bretaña, en las que su partido, el Conservador, fue derrotado por los laboristas. Bajo estas circunstancias, en 1946 Wiston Churchill era el líder de la oposición del gobierno británico.

Destinatarios, lugar y fecha:

El discurso en cuestión, “Las Pilares de la Paz” o “el telón de acero”, fue pronunciado en el Westminster College, Fulton, Missouri el 5 de marzo de 1946. La razón por la que se encuentra en ese lugar, es porque allí iba a ser investido con el título de Doctor Honoris Causa junto al presidente Harry Truman.

Contenido del documento:

Wiston Chuchill comienza su discurso agradeciendo la investidura de doctor ofrecida por el Westminster College, pero de inmediato procede a referirse a las tareas que deben asumir los norteamericanos y los británicos. La Gran Guerra ha terminado, pero la paz no se observa como un fruto fácil de conseguir, al contrario, las dificultades para conseguirla parecen ser múltiples y es ahí donde la unión de los pueblos de “habla inglesa” debe demostrar su compromiso y fortaleza.

Las decisiones deben ser tomadas en el marco estructurante de la Organización de las Naciones Unidas. La propuesta de Churchill apunta a subrayar la necesidad de fortalecer la organización mundial dotándola de un instrumento militar factible de desempeñar su tarea pacificadora. En este punto comienza a quedar en evidencia su percepción respecto de las diferencias que separan a los pueblos de habla inglesa de la Rusia Soviética. Bajo ninguna circunstancia deberá confiarse los conocimientos acerca de la bomba atómica a la Organización internacional, ello principalmente porque reconoce que las cualidades de naciones pacíficas sólo se restringen a los países occidentales, mientras que coloca a la Unión Soviética y a los países fascistas en la misma categoría de naciones belicosas: “Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, estos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos”.

A continuación el discurso de Churchill se orienta a denunciar el segundo peligro que amenaza la paz, este es la Tiranía, caracterizada por la subyugación de las libertades personales a un indiscriminado poder del estado que regula y controla a la gente con diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo. Respecto de este punto destaca que su denuncia no implica un llamado a hacer la guerra para eliminar la tiranía: “Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra”. Si no que está cumpliendo con su deber y derecho de proclamar los principios de la libertad y los derechos del hombre, los cuales están ampliamente protegidos en las diversas legislaciones estipuladas por los pueblos de habla inglesa. En efecto, según Churchill este es el mensaje que los pueblos americano y británico dirigen a la humanidad. El discurso pone énfasis en las virtudes y valores que caracterizan a los pueblos de habla inglesa y sobre todo enfatiza las tareas que deben asumir frente a la construcción y mantenimiento de la paz.

Hasta aquí podemos decir que Churchill ha elaborado un preámbulo o introducción a su análisis de los principales problemas que afectan el mantenimiento de la paz. En los párrafos siguientes, elabora un análisis acerca de los problemas concretos que han surgido tras la victoria de las fuerzas aliadas: “Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuales son los límites, si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista”. No obstante, en forma seguida dedica un párrafo completo a destacar las bondades y potencialidades de una relación amistosa con Rusia Soviética y su líder, Stalin. Relación que había demostrado su máximo esplendor durante la guerra, pero que tras la victoria comenzaba a evidenciar los desencuentros entre la sociedad soviética y los países occidentales.

En este punto comienza la denuncia de los hechos que afectan a Europa: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas”. Con estas palabras Churchill pone en evidencia toda la realidad que afecta a la Europa Oriental, la que ha sido liberada de los nazis por el Ejército Rojo. La liberación prontamente pasó a significar ocupación, pues la influencia soviética se extendió en Europa al mismo ritmo que el avance del ejército Rojo.[1] Así pues, la línea que delimita el área ocupada por las tropas soviéticas del área ocupada por los países occidentales, pasará a conocerse de ahora en adelante como Telón de Hierro o Telón de acero, dependiendo de la traducción.[2]

Enseguida, Churchill subraya la irregularidad de la extensión de la frontera polaca a expensas de territorio alemán: “El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad”. Debemos recordar que tal situación significó extensos debates en la Conferencia de Yalta, donde la cuestión polaca era uno de los temas principales en discusión. Los problemas en disputa pasaban, esencialmente, por el gobierno polaco que sería reconocido y por los límites que se establecerían como frontera de Polonia. En ambos casos, la posición de Stalin terminó prevaleciendo, ya que el Gobierno que se instaló finalmente fue el que había auspiciado Stalin y no el que se había cobijado en Gran Bretaña durante la guerra. Mientras que la frontera polaca terminó extendiéndose en el oeste sobre territorio Alemán. Lo anterior entrañaba dos posibilidades, millones de alemanes quedarían sometidos a un gobierno polaco o bien, se produciría el desplazamiento de la población alemana. Finalmente, según indica Charles Zorgbibe, los occidentales terminaron cansándose ante la obstinada posición de Stalin y cedieron respecto de la extensión de la frontera polaca sobre territorio alemán. Además, los territorios en cuestión formaban parte de la ocupación atribuida a la URSS.[3] Esto último llevó al presidente Truman a sostener que la ocupación de Alemania estaba a cargo de 5 países: Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, la Unión Soviética y Polonia. En el mapa que se presenta a continuación vemos claramente la extensión de la frontera polaca sobre territorio alemán, mientras que en la fotografía se puede apreciar el traslado de la población alemana hacia territorios del oeste.

Mapa de ocupación de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial

Mapa: Ocupación de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Editorial S.M. (www.profes.net)

Otro de los aspectos que pone en evidencia en su discurso es el rápido asenso de los Partidos Comunistas en todos los países ubicados al este del “Telón de Hierro”: “Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes”. En efecto, la Unión Soviética convirtió su avance militar contra las tropas nazis como el primer paso hacia la creación de una esfera de influencias, a partir de la cual Stalin pensaba defender sus intereses territoriales, organizando una glacis territorial y política de seguridad, ello implicó el asenso progresivo de los partidos comunistas locales bajo el control de Moscú. Dicho asenso constó esencialmente de dos etapas. En primer lugar, la estrategia implementada se basaba en la constitución de gobiernos de coalición en los que se encontraban representadas las diversas tendencias políticas, éstos fueron los llamados “frentes populares”. La excepción se produjo en Yugoslavia y Albania, donde los comunistas se impusieron directamente en el poder. La segunda etapa estuvo marcada por lo que ha venido a denominarse como “democracias populares”, donde los gobiernos ya estaban presididos por un sólo partido, el comunista. En estos tipos de gobierno, las elecciones se siguieron realizando, no obstante, sólo venían a significar un voto de aprobación al gobierno.

Frente a esta situación, Churchill realiza un llamado de atención, primero a los dos principales países de habla inglesa y luego a toda Europa, ya que según su apreciación “la seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente”. En este punto podemos visualizar la idea de Churchill acerca de la necesidad de no excluir en forma permanente a Alemania del concierto internacional.

Para Churchill, el verdadero peligro que debe preocupar a las naciones pacíficas es la expansión del comunismo, y no sólo aquel que avanzó junto a las botas del ejercito rojo sino que también aquella expansión que se produce por todo el mundo a través de los partidos comunistas, los cuales según su apreciación constituyen “un creciente reto y peligro para la civilización cristiana”.

El énfasis que Churchill pone en la certeza de sus análisis, queda subrayado al recordar sus propuestas de la década del 30,cuando según él aún era posible poner atajo a la Guerra que se desencadenó en 1939. En el párrafo final del discurso pronunciado en Fulton, afirma: “La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en la historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro”. Frente a esto, se debe recordar que Churchill era un férreo opositor de la política de apaciguamiento aplicada por los países occidentales y especialmente por Gran Bretaña frente a Hitler, pero como señala Henry Kissinger, la principal característica de Churchil fue haber tenido cualidades de profeta respecto del devenir de las Relaciones Internacionales, no obstante, los profetas son reconocidos como tales, sólo cuando sus visiones han pasado a ser experiencia, es decir, cuando poco o nada se puede hacer para revertir la situación. En efecto, “el destino de Churchill fue ser rechazado por sus conciudadanos, salvo durante un breve período de tiempo, cuando la supervivencia misma de éstos estaba en juego. Durante los años treinta había pedido a su país que se armara mientras que sus contemporáneos intentaban negociar; En los años cuarenta y cincuenta pidió un encuentro diplomático, mientras sus contemporáneos estaban más interesados en reforzarse”. Cuando en la década del treinta, Churchill hacía notar la imperiosa necesidad de armarse para hacer frente al peligro nazi, fue acusado de belicoso y sus advertencias fueron desatendidas, y por el contrario, fueron llevados a cabo los acuerdos de Munich en 1938, los que en términos generales, vinieron a ratificar que las Democracias Occidentales se cruzaban de brazos ante el comienzo de la expansión nazi. En 1946 estaba advirtiendo acerca de todos los peligros que significaba para las democracias occidentales cerrar los ojos ante la amenaza soviética. Pero en 1946 su propuesta no contemplaba el enfrentamiento directo con el enemigo: “no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra”, sino que su propuesta apuntaba a la necesidad de alcanzar un acuerdo razonable con la Unión Soviética. No obstante, esta vez tampoco sus advertencias fueron atendidas, pues cada uno de los bandos se encaminó hacia la intransigencia haciéndose cada vez más imposible llegar a un acuerdo. A este hecho hay que agregar que el mismo discurso de Churchill fue considerado por Stalin como una amenaza de guerra, la cual inmediatamente fue replicada.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 23
[2] En castellano la terminología a quedado consagrada como “Telón de acero”, pero Churchill siempre se refirió a un “iron curtain”, es decir, telón o cortina de hierro. (Esta nota aclaratoria se encuentra incorporada en las notas del Traductor de la obra de Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 41)
[3] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 31

EXTRACTO: Tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005.

 

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ORIGEN DE LA GUERRA FRIA: ANÁLISIS DEL TELEGRAMA LARGO DE GEORGE KENNAN, FEBRERO 1946


 

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ANÁLISI DEL TELEGRÁMA LARGO DE KENNAN

El Telegrama Largo. G. Kennan

La política soviética se ha orientado siempre hacia un fin último que es la revolución mundial y la dominación del mundo por los comunistas. La política soviética no ha cambiado nunca a este respecto y, por tanto, es posible prever que no cambiará en el futuro (…). Las vituperaciones de los hombres de Estado y de la prensa soviéticas contra el imperialismo, la agresión, la iniciación de la guerra, la injerencia en los asuntos internos y todas las pretendidas tentativas de dominación del mundo, son tan fiel reflejo de las costumbres, procedimientos y propósitos de la Unión Soviética que a veces nos preguntamos por qué Moscú tiene tanto empeño en llamar la atención sobre ello.
La táctica soviética a menudo ha sido modificada en el curso de los últimos veinte años, pero cuanto más se estudian las declaraciones y la política de la URSS, más nos damos cuenta hasta qué punto los principios de base del leninismo-stalinismo son intangibles y hasta qué punto son opuestos a los objetivos, los deseos y las vías de la democracia occidental. Se advertirá al leer las declaraciones realizadas desde hace dos decenios por los jefes y los portavoces del régimen en las reuniones del Partido que no hay una solución de continuidad en el pensamiento soviético, y la consigna que se mantiene siempre es: la hostilidad fundamental a la democracia occidental, al capitalismo, al liberalismo, a la socialdemocracia y a todos los grupos y elementos que no estén completamente sometidos al Kremlin. Este propósito inmutable fue subrayado por Stalin en el discurso que pronunció en 1927 con ocasión del décimo aniversario de la revolución. La Unión Soviética, dijo, debía convertirse en «el prototipo de amalgama futura de los trabajadores de todos los países en una sola economía mundial».
En 1927, igualmente, Stalin declaró a una delegación obrera americana: «En el curso del desarrollo futuro de la revolución internacional, se formarán dos centros mundiales: el centro socialista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al socialismo, y el centro capitalista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al capitalismo. La lucha librada entre estos dos centros por la conquista de la economía mundial decidirá la suerte del capitalismo y del socialismo en el mundo entero» (…)
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético se encontraba en una encrucijada. No sólo la Unión Soviética había adquirido el respeto y ya no solo el temor como potencia, sino que además se aceptaba la legitimidad de su régimen. Casi por todas partes en el mundo se estaba dispuesto a dar pruebas de toda la buena voluntad posible hacia ella. La Unión Soviética muy bien podría haber continuado viviendo en paz satisfecha de las conquistas y de las victorias logradas durante la guerra y de las cuales debía gran parte a sus reconocidos y confiados aliados. Si hubiera querido dar muestra de un espíritu de cooperación actuando honestamente en el juego internacional, estos beneficios no habrían sido inferiores a aquellos que había obtenido en definitiva y los habrían logrado con mucha más seguridad en un mundo relativamente en calma y pacífico
«.

George Kennan: Los orígenes del comportamiento soviético. julio de 1947

«La personalidad política de la potencia soviética, tal y como hoy la conocemos, es el producto de las circunstancias y de la ideología: una ideología heredada por los líderes soviéticos actuales del movimiento que constituyó su origen político y unas circunstancias del poder que ya llevan ejerciendo en Rusia casi tres décadas (…)Actualmente, la circunstancia sobresaliente en el régimen soviético es que hasta el día de hoy este proceso de consolidación política nunca ha sido completado y que los hombres del Kremlin han seguido estando predominantemente absortos en una lucha por asegurar y hacer absoluto el poder que usurparon en noviembre de 1917. Han seguido asegurándolo fundamentalmente contra fuerzas dentro del país, dentro de la sociedad soviética misma. Pero también se han esforzado en asegurarlo contra el mundo exterior. Porque, como hemos visto, la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras. (…)

De la misma manera se ha puesto mucho énfasis en la tesis original comunista de un básico antagonismo entre el mundo capitalista y socialista. Está claro, como nos lo señalan muchos indicios, que este énfasis no está fundado en la realidad. Los hechos reales relativos a ellos han sido confundidos con la existencia en el extranjero de un auténtico resentimiento provocado por la filosofía y tácticas soviéticas, y ocasionalmente con la existencia de grandes centros de poder militar, como fueron el régimen nazi en Alemania y el gobierno japonés de finales de los treinta, quienes albergaban intenciones agresivas contra la Unión Soviética. Pero hay evidencias abundantes de que la importancia que Moscú da a la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país.

Ahora bien, la perpetuación de este esquema de poder soviético, a saber: la búsqueda de una autoridad sin límites en el ámbito interno, acompañado por el cultivo de un cuasimito de una implacable hostilidad extranjera, ha influido mucho a la hora de modelar la actual maquinaria del poder soviético tal y como hoy la conocemos.

(…)

Esto es todo lo que podemos decir, en lo que a antecedentes históricos se refiere. Pero ¿qué papel juega en la personalidad política del poder soviético que hoy conocemos?

De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado (…)

El primero de estos conceptos es el del innato antagonismo entre capitalismo y socialismo (…) Invariablemente debe asumirse en Moscú que los objetivos del mundo capitalista son antagónicos con los del régimen soviético y, por lo tanto, a los intereses de los pueblos que controla (…)

Básicamente, el antagonismo subsiste, es necesario y de él derivan muchos de los fenómenos que vemos como desestabilizadores en la conducta del Kremlin en política exterior. El secretismo, la falta de franqueza, la duplicidad, la cautelosa desconfianza y la básica enemistad de propósito. Estos fenómenos están llamados a permanecer en el futuro previsible (…)

Esto quiere decir que vamos a seguir encontrando que es difícil negociar con los soviéticos (…)

Esto nos lleva al segundo de los conceptos importantes en la perspectiva soviética contemporánea, esto es, la infalibilidad del Kremlin. El concepto soviético de poder, que no permite ningún centro de posible organización fuera del partido, requiere que los dirigentes del partido sean, en teoría, los únicos depositarios de la verdad (…)

Sobre el principio de infalibilidad descansa la disciplina férrea del Partido Comunista. De hecho, los dos conceptos se apoyan mutuamente. La disciplina perfecta requiere el reconocimiento de la infalibilidad, ésta requiere la observancia de la disciplina (…) pero su efecto no puede ser comprendido sin tener en cuenta un tercer factor; es decir, el hecho de que la clase dirigente tiene libertad para plantear, por motivos tácticos, cualquier tesis concreta que considere útil a la causa en un momento dado y para pedir a los miembros del movimiento, considerados como un todo, que acepten sin discusiones y fielmente la nueva tesis. Esto significa que la verdad no es una constante, sino que es creada para todas las intenciones y propósitos por los líderes soviéticos mismos. (…)

Estas consideraciones convierten a la diplomacia soviética en más fácil y a la vez más difícil para negociar que la diplomacia de líderes agresivos, como fueron Napoleón y Hitler. Por un lado, es más sensible a las fuerzas contrarias, está más dispuesta a ceder en sectores concretos del frente diplomático cuando esas fuerzas son sentidas con demasiada intensidad y, por tanto, es más racional en la lógica y retórica del poder. Por el otro lado, no se le puede derrotar o disuadir fácilmente con una sola victoria de sus oponentes. Y la persistente paciencia que le anima se traduce en que no puede ser efectivamente contrarrestada con factores esporádicos que representan momentáneos caprichos de la opinión democrática, sino sólo por políticas inteligentes, a largo plazo, llevadas a cabo por los adversarios de Rusia; políticas no menos firmes en sus propósitos y no menos variadas y llenas de recursos a la hora de su aplicación que las de la Unión Soviética.

En estas circunstancias, está claro que el elemento principal de cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión. (…) Por esta razón, es una condición sine qua non para llevar a cabo una negociación fructífera y con éxito con Rusia que el Gobierno extranjero en cuestión permanezca en todo momento sosegado y unido y que sus demandas a la parte rusa sean presentadas de manera que su puesta en práctica no perjudique demasiado el prestigio soviético.

A la luz de lo arriba afirmado, se verá claramente que la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos y políticos que constantemente se encuentren a la deriva y que corresponden a las maniobras y virajes de la política soviética, pero que no pueden esfumarse o borrarse del mapa. (…)

En definitiva, el futuro del poder soviético puede resultar menos seguro de lo que la capacidad rusa para el autoengaño puede hacer creer a los hombres del Kremlin. Que son capaces de conservar el poder, lo han demostrado. Mientras tanto, los malos momentos de su Gobierno y las vicisitudes de la vida internacional han restado mucho de la fuerza y a la esperanza del gran pueblo sobre el que se sostiene el poder. (…)

Es claro que los Estados Unidos no pueden albergar, en un futuro previsible, de disfrutar de una intimidad política con el régimen soviético, Deben seguir considerando a la Unión Soviética como un rival en la arena política y no como un socio. Deben seguir esperando que la política soviética continúe sin reflejar ningún amor abstracto hacia la paz, ninguna fe sincera en la posibilidad de una permanente y feliz coexistencia entre los mundos socialista y capitalista, sino que, más bien, es probable que siga existiendo una cauta y persistente presión para quebrar y debilitar toda influencia y poder rival.

Frente a esto, tenemos la realidad de una Rusia que, opuesta al mundo occidental en general, continúa siendo, con diferencia, la parte más débil; que la política soviética es altamente flexible y que la sociedad soviética probablemente tiene defectos que eventualmente mermarán su propio potencial global. Esto, de por sí, daría garantías suficientes a los Estados Unidos para iniciar con razonable confianza una política firme de contención, diseñada para hacer frente a los rusos con una inalterable fuerza de reacción en todos aquellos puntos donde se detectan signos de que están intentando introducirse en contra del interés de un mundo pacífico y más estable.

Pero en la actualidad las posibilidades de la política americana no deben reducirse a mantener a raya a los rusos y esperar que ocurra lo mejor. Está totalmente al alcance de los Estados Unidos el influenciar con sus acciones los acontecimientos internacionales en Rusia y en todo el movimiento comunista internacional, quien determina, en gran medida, la política rusa (…) Es más bien una cuestión de hasta qué punto pueden los Estados Unidos crear en la mente de los pueblos del mundo la impresión general de que es un país que sabe lo que quiere, que hace frente con éxito a sus problemas internos y a sus responsabilidades de potencia mundial y que tiene una vitalidad espiritual capaz de mantener su ideología entre las corrientes de pensamiento de mayor importancia de su tiempo. En la medida en que se consiga crear y mantener esta impresión, los objetivos de la Rusia comunista deben aparecer como estériles y quijotescos, deben hacer el entusiasmo y las esperanzas de los partidarios de Moscú, y mayor presión deberá imponerse sobre la política exterior del Kremlin (…)

Sería exagerado decir que el comportamiento americano, por sí solo y sin ayuda, puede ejercer un poder decisivo sobre el movimiento comunista y que puede acelerar la caída del poder soviético en Rusia. Pero lo que sí tienen los Estados Unidos en su mano es el poder para someter a una gran presión a la Unión Soviética, lo que la obligaría a una determinada política, forzando al Kremlin a aplicar un grado de moderación y circunspección mucho mayor que el observado en los últimos años y de esta manera promocionar las tendencias que deberán algún día buscar su expresión bien con la ruptura o bien durante la progresiva maduración del poder soviético (…)

Por tanto, la decisión recaerá realmente, y en gran medida, sobre este país. La cuestión de las relaciones soviético-americanas es esencialmente una prueba del poder global de los Estados Unidos como nación entre naciones (…)

Seguramente nunca existió una prueba más acertada para calibrar la calidad de una nación que ésta (…) (la cual) experimentará cierta gratitud hacia la Providencia, quien, al asignar al pueblo americano este reto implacable, ha hecho depender su seguridad como nación de su habilidad para mantenerse unido y para aceptar las responsabilidades del liderazgo moral y político que la historia le ha encomendado».
fuente: George Kennan. Foreign Affairs, 1947.Fuente: X, The Sources of Soviet Conduct, en Foreing Affairs, vd. 25, número 4, Julio 1947.

Análisis del documento

El autor del documento:

George Kennan se especializó en el estudio de la lengua y cultura rusa antes de ingresar en el servicio diplomático norteamericano. Tras permanecer un tiempo en Riga, ciudad letona donde se dedicaba a estudiar la prensa soviética, fue enviado a la embajada en Moscú en 1933, cuando EE.UU. reconoció al gobierno comunista, y allí permaneció hasta 1937. En 1944 fue enviado otra vez a Moscú como alto consejero del embajador Averell Arriman.[1]

Producto de sus estudios, George Kennan se transformó en un conocedor del sistema soviético, llegando, también, a hablar a la perfección el idioma ruso. En el transcurso de tiempo que va desde el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS (1933) y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), Kennan trabajó para el servicio exterior norteamericano en varios países, no obstante en los últimos meses de la guerra encontrábase nuevamente en Moscú, estaba a cargo de la embajada, por tanto, vivió desde allí el triunfo de las fuerzas aliadas. Para aquel entonces y producto a los estudios que había realizado de la prensa soviética durante varios años, se sentía conocedor del espíritu soviético y podía prever las dificultades que sobrevendrían una vez que finalizara la guerra.[2]Destinatarios, lugar y fecha:

“Telegrama Largo”:
En febrero de 1946, George Kennan recibe un telegrama del Departamento de Estado Norteamericano en el que se le informa que los Rusos se están negando a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. En su libro “Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”, Kennan recuerda este hecho de la siguiente manera: “El telegrama del departamento refleja cierto desconcierto acerca de las razones de esta actitud. ¿Por qué habrían los rusos de negarse a participar? ¿Cómo lo explicaría yo?”.[3] Ante tales preguntas, George Kennan comienza a escribir un telegrama dirigido al Departamento de Estado Norteamericano. Ese telegrama es el que hoy conocemos como “Telegrama Largo”, por contener de 8.009 palabras.

“Las fuentes de la Conducta Soviética”:
En julio de 1947, en la Revista norteamericana -Foreign Affairs se publica un artículo titulado “las fuentes de la Conducta soviética”, cuyo autor se oculta bajo el seudónimo de Mister X. Este artículo corresponde a una adaptación literaria del Telegrama enviado por Kennan desde Moscú.

Contenido del documento:

A fines de febrero de 1946, dos semanas más tarde del discurso de Stalin, un largo telegrama de dieciséis páginas fue enviado a Washington desde la embajada norteamericana en Moscú. Había sido redactado por George Kennan, principal experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado.

En el telegrama, George Kennan intentaba explicar al gobierno norteamericano las motivaciones profundas que guiaban el actuar de los soviéticos y las razones por las que se estaba produciendo el quiebre de la alianza. En el documento enviado desde Moscú analizó con detalle el discurso de Stalin y la política soviética desde 1945. Además, en el texto se hacía un minucioso estudio de los objetivos en política interior y exterior de la URSS, destacando cómo los soviéticos estaban elaborando un plan muy preciso de acción internacional, eso se apreciaba a partir de las ayudas a los partidos comunistas de Europa Central y Oriental.[4]

El telegrama de Kennan es recurrentemente citado por la historiografía especializada en la Guerra Fría, ya que es considerado el promotor de la política que posteriormente el Presidente norteamericano Harry Truman estableció como línea directriz del comportamiento norteamericano frente a los soviéticos, nos referimos a la “Contención”.

Ahora bien, como se ha podido apreciar, en el presente estudio se han incorporado dos documentos de George Kennan, el Telegrama enviado al Departamento de Estado y un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, los cuales serán analizados en forma conjunta, ya que básicamente en ambos documentos, el autor, expone el mismo análisis, subrayando la necesidad de “contener con paciencia y firmeza las tendencias de la expansión soviética”.

El objetivo de Kennan al escribir el telegrama era explicar la imposibilidad de poder transar o llegar a acuerdos de estilo tradicional con la potencia soviética, esencialmente, porque ésta no compartía ni los parámetros ni los valores occidentales: “De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado… sobre todo el antagonismo entre el capitalismo y el socialismo”. En efecto, según indica Kennan, la ideología comunista impregnaba el actuar soviético y ello era la base para comprender sus decisiones respecto de temas tales como su negativa a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Para ellos este tipo de instituciones, no podía ser otra cosa que instrumentos del mundo capitalista.

Antes de profundizar en el análisis de los documentos, nos parece interesante recordar lo señalado por el propio Kennan en su libro“Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”. En éste, el autor narra los hechos intentando ponerse en el momento en que acontecieron. Respecto del Telegrama y los objetivos con los que fue escrito, Kennan dice lo siguiente: “Me llena de impaciencia y disgusto esta ingenuidad. Durante dos años he estado tratando de persuadir a la gente de Washington de que el régimen de Stalin es el mismo que conocimos antes de la guerra, el mismo que realizó las purgas, el mismo que concluyó el pacto de no-agresión con los nazis; De que sus líderes no son nuestros amigos. He tratando de persuadir a Washingrton de que los sueños de una feliz colaboración con este régimen en la posguerra son enteramente irreales; de que nuestro problema es más profundo que eso; de que Stalin y sus socios están ahora fascinados con sus recientes éxitos militares y políticos y creen ver perspectivas favorables para la extensión de su influencia política por toda Europa, mediante tácticas de infiltración y subversión. Sostengo que mientras no dejen de lado estas esperazas de color rosa será inútil suponer que participarán en planes idealistas para la colaboración mundial bajo nuestro liderazgo, sobre todo en áreas tales como las de economía y finanzas, donde sus compromisos ideológicos son enteramente diferentes de los nuestros”[5]. En esencia son esas las ideas que fueron vertidas en su respuesta al Departamento de Estado.

A través del telegrama, Kennan explicó que la hostilidad a las democracias era inherente a la estructura soviética y por ello no fructificarían los esfuerzos conciliatorios de occidente: “la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras”. La tensión con el mundo exterior era parte de la naturaleza misma de la filosofía comunista, no obstante, según el análisis presentado por Kennan esta proclamada hostilidad con el exterior y sobre todo con el mundo capitalista, era más bien un instrumento del aparato gubernamental soviético, ya que inventando la existencia de un mundo exterior en constante hostilidad, los métodos represivos y tiránicos pueden ser justificados: “la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país”. Por tanto, el comportamiento de los soviéticos se explicaba a partir de la necesidad que tenían sus gobernantes por mantener en sus manos el poder alcanzado mediante la Revolución de 1917. Por ello, Kennan advertía, el gobierno soviético trataría de continuar su política expansionista hacia Europa occidental, poniendo en grave peligro la seguridad de EE.UU.

Ante tales peligros Kennan sostenía que Estados Unidos tenían la misión global de detener el avance comunista, deteniendo las tendencias expansivas de la Unión Soviética: “Cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión… la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos ”.Según señala Henry Kissinger, la propuesta de Kennan vino a ser la respuesta que los políticos norteamericanos andaban buscando ante la pregunta ¿Qué hacer ante la expansión soviética?.[6] En definitiva el valor del telegrama fue que no sólo respondió extensamente a las preguntas concretas que el Departamento de Estado estaba realizando (¿por qué la negativa soviética a ingresar al FMI y al Banco Mundial?), sino que se trasformó en el eje estructurante de la política exterior norteamericana durante toda la Guerra Fría. Así, la contención de la expansión comunista en todos los puntos donde intentara penetrar, se convirtió en el eje a partir del cuál se fueron diseñando las distintas políticas aplicadas por Estados Unidos, partiendo por las decisiones auspiciadas por el Presidente Truman y sus colaboradores.

¿Qué significaba concretamente la Contención?. Según la propuesta de Kennan, Contención significaba hacer frente a la ofensiva soviética allí donde ésta se produjese. En términos concretos se estaba apostando por el inmovilismo, ya que tácitamente se aceptaba la presencia soviética allí donde se encontraba hasta ese momento, es decir la Europa oriental y central. Para Henry Kissinger, “la contención fue una teoría extraordinaria: al mismo tiempo empecinada e idealista, profunda en la evaluación de las motivaciones soviéticas, y sin embargo curiosamente abstracta en sus percepciones, profanadamente norteamericana en su utopismo, presupuso que un adversario totalitario podría transformarse en forma esencialmente benigna. Auque esta doctrina se formuló en la cúspide del poderío absoluto norteamericano, predicaba la relativa debilidad de Estados Unidos. Postulando un gran encuentro diplomático en el momento de su culminación, la Contención no daba ningún papel a la diplomacia hasta su escena final en que los buenos aceptaban la conversión de los malos”.[7] En efecto, la contención proponía una actitud de espera, ya que se reaccionaría ante las actitudes expansionistas de la URSS y se esperaría a que la transformación de aquel sistema y su cambio de actitud se produjese luego de una evolución interna. Esta actitud fue ampliamente reprochada par Walter Lipman, periodista conocido por sus estudios sobre la Guerra Fría y también considerado uno de sus principales teóricos. Según Liman, la política norteamericana debía ser guiada caso por caso, mediante un análisis de los intereses de los Estados Unidos y no por principios generales que se suponían eran universalmente aplicables. Desde la perspectiva de Lipman, la Contención propuesta por Kennan implicaba la división indefinida de Europa, mientras que el verdadero interés de Estados Unidos debía encontrarse en expulsar el poderío soviético del centro del continente Europeo.[8]

Un aspecto interesante de destacar de estos dos teóricos de la Guerra Fría es que finalmente la historia y el desenvolvimiento de los procesos propios de este período, les dio la razón a ambos. Por una parte Kennan estaba en lo cierto y el régimen soviético sucumbió sin la necesidad de una ofensiva bélica que habría significado desencadenar la Tercera Guerra Mundial. No obstante, para ver cumplidas las predicciones de Kennan, la humanidad tuvo que esperar 45 años, cuando se produjo el derrumbe de la esfera soviética y la desintegración de la URSS. Walter Lipman, por su parte, también estuvo en lo cierto al sostener que la política de contención era muy ambigua y desapegada a los intereses estratégicos, lo cual condujo a Estados Unidos a defender territorios periféricos que difícilmente comprometían el interés nacional de los Estados Unidos, tales son los casos emblemáticos de Corea y Vietnam.

Ahora bien, subrayando la relevancia histórica de los documentos analizados, ésta estuvo dada a partir de los efectos que provocó en EEUU la recepción del telegrama enviado por G. Kennan. “El telegrama circula por todo el Washington oficial, llega a los otros departamentos y a la Casa Blanca. Se convierte incluso en lectura obligada para centenares de altos oficiales militares”.[9] Las cúpulas gubernamentales hacen del telegrama un objeto de análisis, transformando el informe de Kennan en una de las bases sobre las que se fundamentó la política norteamericana durante todo el período en que se prolongó la Guerra Fría. En efecto, y sobre todo si tenemos presente el análisis que plantea Henry Kissinger, Estados Unidos aplicó durante cuarenta años la teoría de la Contención propuesta por George Kennan, e incluso el final del conflicto se produjo de manera muy parecida a sus predicciones,[10] es decir, por la transformación interna del sistema soviético sin la necesidad de llegar a enfrentamiento directo en algún campo de batalla. Esto último habría significado haber comenzado la Tercera Guerra Mundial, con sus nefastas consecuencias para toda la humanidad.

NOTAS
[1] Ver: Kennan, George, Ob. Cit., Páginas 33 a 42.
[2] Ibidem, Página 35
[3] Ibidem, Página 41
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 27
[5] Kennan, George, Ob. Cit., p. 42
[6] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 434
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 459
[8] Ibidem, Página 452
[9] Kennan, George, Ob. Cit., Página 42
[10] Kissinger, Henry, Ob Cit., Pagina 798

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GUERRA FRIA ABIERTA (1945-1989)


Ver: Todo sobre Guerra Fría

Cartel de propaganda Soviético, durante la Segunda Guerra Mundial

Palabras claves: Discurso de Stalin «Nuevo plan quinquenal»

GUERRA FRÍA ABIERTA: 1945-1989 (1991)Desde el punto de vista cronológico, este período abarca gran parte de la segunda mitad del siglo XX, teniendo como punto de partida el final de la Segunda Guerra Mundial y como etapa culminante la desintegración de la Unión Soviética entre los años 1989 y 1991. Para el historiador británico Eric Hobsbawm “este período en su conjunto siguió un patrón único marcado por la peculiar situación internacional que lo dominó hasta la caída de la URSS: el enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial, la denominada Guerra Fría”.[1]

Respecto de la fecha de inicio de este período, algunos autores consideran que ya en las últimas conferencias sostenidas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, es posible evidenciar los síntomas de la inevitable ruptura entre los aliados.[2] No obstante, como señala Juan Pereira, es en el año 1946 cuando comienza a trazarse el camino hacia la Guerra Fría, la cual tiene su punto de partida en 1947 con la aplicación de la Doctrina Truman. El distanciamiento y las infranqueables diferencias entre los mundos liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética fueron quedando en evidencia a partir de una serie de discursos y otro tipo de documentos en los que ambas partes fueron manifestando sus percepciones acerca del otro y también delineando las directrices en que se fundamentaría su política exterior.

En este contexto se enmarcan los documentos que se analizan a continuación. A través de George Kennan y Wiston Churchill conoceremos la perspectiva occidental acerca del nuevo escenario que surge tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que a partir de los discursos de José Stalin conoceremos las percepciones soviéticas.

1946: EL CAMINO HACIA LA GUERRA FRÍA

A partir de los siguientes documentos podremos constatar, que en el período inmediatamente posterior al término de la Segunda Guerra Mundial, se va produciendo el quiebre de la alianza entre los soviéticos y los países occidentales. A través de estos escritos se van perfilando las posiciones que cada uno de los bandos adoptó en el período de la posguerra.

Documentos que se analizan en el presente apartado:

1. Discurso de Stalin: “Nuevo Plan Quinquenal para Rusia”. 9 de febrero de 1946
2. Telegrama de George Kennan: El “Telegrama Largo”. Febrero de 1946
3. Discurso de Wiston Churchill en Fulton: El “Telón de Hierro”. 5 de marzo de 1946
4. Respuesta de Stalin al Discurso de Churchill. 13 de marzo de 1946

Como se constatará a partir de los siguientes documentos, 1946 es el año en que comienza a quedar en evidencia la separación del mundo en dos bloques, o como diría Henry Kissinger, el sueño de Roosevelt de un mundo gobernado en armonía por las Grandes potencias, comienza a resquebrajarse.[3] En febrero de 1946, Stalin pronunció un duro discurso en Moscú en el que no dudó en afirmar que el capitalismo y el comunismo eran “incompatibles” y que la URSS debía prepararse para un período de rearme, ya que según su análisis la próxima guerra era inevitable. Dos semanas después, George Kennan, experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado norteamericano, envió un telegrama a Washington. Este telegrama de dieciséis páginas contenía su análisis respecto de las verdaderas intenciones de la Unión Soviética: “La URSS era un estado irrevocablemente hostil a Occidente que continuaría con su política expansionista”. El 5 de marzo del mismo año, Wiston Churchill visitó los EE.UU. y pronunció un célebre discurso en la universidad de Fulton, en el estado de Missouri. En su discurso, Churchill consagró la expresión “telón de hierro” para referirse a la frontera que separaba a la Europa dominada por el ejército soviético de la Europa dominada por los países occidentales. Por su parte, Stalin no tardó en responder al discurso de Churchill, comparándole con Hitler y advirtiendo que ante una próxima guerra, los países en nombre de los cuales hablaba (Gran Bretaña y Estaos Unidos), correrían la misma suerte que los nazis.
En definitiva, el año 1946 supuso el fin del entendimiento entre los aliados y esto se puso en evidencia a partir de diversas declaraciones por parte de ambos bandos. A continuación se analizan fragmentos significativos de los documentos mencionados.

 

NOTAS
[1] Hobsbawn, Eric, Ob. Cit., Página 230.
[2] Freedman, Lawrence, El Enfrentamiento de las superpotencias, 1945-1990. Página 249. En: Michael Howard, Historia de Oxford del Siglo XX, Editorial Planeta, España 1999.
[3] Ver Kissinger, Ob.Cit., Capítulo XVI, “Tres enfoques a la paz: Roosevelt, Stalin y Churchill en la Segunda Guerra Mundial”

 

 

Documento 1: Discurso de Iósif Stalin. 9 de febrero 1946.

Extracto:

(…) Ocho años han pasado desde las anteriores elecciones al Soviet Supremo. Éste fue un período repleto con eventos de decisiva naturaleza. Cinco años fueron de intenso trabajo en cumpliendo del Tercer Plan Quinquenal. Seis años cobijaron eventos de guerra contra alemán y Japoneses agresores… Indudablemente, la guerra fue el principal evento durante este período.“Ahora, la victoria significa ante todo, que nuestro sistema social soviético ha ganado; que el sistema social ha pasado la prueba de fuego de la guerra y ha probado su completa vitalidad (…). El sistema social soviético ha demostrado ser más capaz de vivir y ser más estable que un sistema social no soviético (…). El sistema social soviético es una forma mejor de la organización de la sociedad que ningún sistema social no soviético.

(…) Nuestros marxistas declaran que el sistema capitalista de economía mundial entraña elementos de crisis y de guerra; que el desarrollo del capitalismo mundial no sigue un camino firme y uniforme hacia delante, sino que procede mediante crisis y catástrofes. El desigual desarrollo de los países capitalistas conduce, con el tiempo, a grandes disturbios en sus relaciones, y los grupos de países que se consideran inadecuadamente provistos de materias primas y mercados de exportación suelen tratar de modificar esta situación y de cambiar su posición mediante la fuerza armada”

“Si nosotros proporcionamos a nuestros sabios la ayuda necesaria, sabrán no solo alcanzar, sino también adelantar, en un próximo futuro, los resultados logrados por la ciencia, más allá de las fronteras de nuestro país”

“Nuestro Partido se propone la organización de un nuevo salto adelante de la economía nacional que nos permitirá, por ejemplo, triplicar nuestra capacidad industrial en comparación con el nivel de antes de la guerra”
“La tarea es duplicar la producción de hierro colado, multiplicar por 15 la producción de acero, cuadriplicar la producción petrolera… solo en estas condiciones quedará nuestro país asegurado contra toda eventualidad. Tal vez esto requiera de tres nuevos planes quinquenales, si es que más. Pero se puede hacer y debemos hacerlo”

Fuente: De Folleto Colección, J. Stalin, Discursos Entregaron a Reuniones de Electores De Stalin Electoral District, Moscú, Extranjero Idiomas Editorial, Moscú, 1950, Pp. 19-44.

Análisis del Documento

El autor del documento:

José Stalin, (1879-1953). Máximo dirigente de la URSS tras la muerte de Lenin. Miembro destacado del Parido Bolchevique desde su juventud, desempeñó puestos importantes a partir de la Revolución de Octubre de 1917. Ocupó la Secretaría General del Partido en 1922. después de la muerte de Lenin en 1924, eliminó a sus adversarios, logrando un poder indiscutido que le permitió instaurar una férrea dictadura personal hasta 1953.

Destinatarios, lugar y fecha:

Con ocasión de la elección del Sioviet Supremo, Stalin habló el 9 de febrero de 1946 en el teatro Bolshói, uno de los monumentos más famosos de Rusia desde su reconstrucción en 1854. Las 4.000 localidades estaban ocupadas por un público de miembros del Partido, oficiales del ejército y funcionarios.

Como señala, Kissinger, el contexto en que Stalin pronunció el discurso era el siguiente: los ministros de asuntos exteriores de la Alianza aún se reunían regularmente y las tropas norteamericanas se estaban retirando a toda prisa de Europa.[1]

Contenido del documento:

Ante la inevitabilidad de la guerra que se produciría por causa del choque de los intereses capitalistas, era necesario que la URSS se preparara para ello, promoviendo la industria pesada y la colectivización de la agricultura. A través del discurso Stalin demuestra el endurecimiento ideológico, y por los observadores será percibido como el toque de la alarma de la guerra.[2] Al describir las causas de la guerra, Stalin afirmó que ésta no había sido causada por Hitler, sino por el funcionamiento del sistema capitalista. Con esto seguía sosteniendo que un mal intrínseco del capitalismo son las fuerzas agresivas que conducen a las inevitables guerras. Tarde o temprano sería inevitable un nuevo conflicto, y lo que la Unión Soviética estaba experimentando era un armisticio y no una verdadera paz, la guerra civil capitalista era inevitable. Ante eso lo único que quedaba a la Unión Soviética era fortificarse.[3]

En su análisis del conflicto que acababa de terminar, Stalin no dedicó ninguna expresión de gratitud a los demás aliados, ni a la Gran Bretaña ni a los Estados Unidos. No sólo no fueron mencionados los aliados sino que Stalin evitó cuidadosamente cualquier comentario susceptible de sugerir que existieran. Al comienzo del discurso Stalin explicó que la última guerra estalló “como resultado ineluctable del desarrollo de las fuerzas económicas y políticas mundiales sobre la base del moderno capitalismo monopolista”, puesto que, al fin y al cabo, “el desarrollo del capitalismo mundial no se produce como un avance continuo y tranquilo, sino a través de las crisis y de la guerra”.
La primera consecuencia del reciente conflicto era que demostraba que el sistema social soviético podía prevalecer. La guerra no sólo había demostrado que el sistema soviético era “una forma de organización perfectamente viable y estable”, sino también que era “una forma de organización superior a todas las demás”. Prosiguiendo con estas ideas, Stalin afirmó: “nuestra victoria demuestra que nuestro Estado soviético ha vencido, que nuestro Estado multinacional soviético ha resistido todas las pruebas de la guerra y ha demostrado su viabilidad”
Lo tercero que demostraba la victoria, prosiguió Stalin, era que el Ejército Rojo, cuya capacidad había sido puesta por muchos en tela de juicio cinco años atrás, había superado las adversidades de la guerra. La guerra había barrido todas aquellas dudas “injustificadas” y “ridículas”: ahora sería “imposible dejar de admitir que el Ejército Rojo era un ejército de primera clase, de cuyos éxitos se podía aprender mucho”.

En lo tocante al desarrollo económico, Stalin prosiguió diciendo que “Nuestro Partido se propone la organización de un nuevo salto adelante de la economía nacional que nos permitirá, por ejemplo, triplicar nuestra capacidad industrial en comparación con el nivel de antes de la guerra”; y ahí llegó la frase clave de todo el discurso: “Sólo en estas condiciones podemos considerar asegurado nuestro país contra cualquier eventualidad, aunque ello exigirá quizá tres nuevos Planes Quiquenales, o quizá más”. Con el discurso Stalin estaba restableciendo una política de confrontación con Occidente. Por muchos observadores fue percibido como “el toque de alarma de Guerra”.[4]

NOTAS
[1] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 426
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit. Página 75
[3] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 427
[4] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 76

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GUERRA DE VIETNÁM (1945-1975)


Es una de las fotos que han marcado el siglo XX. Una imagen que congeló para siempre el sufrimiento de una niña y el horror de la guerra. El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. Cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nick Ut registró la famosa imagen y salvó su vida. El fotógrafo tenía 20 años cuando captó la imagen que recorrió el mundo y cambió la percepción de la guerra en Vietnam.

Los Conflictos en la era de la “distensión”
La Guerra de Vietnam, conflicto tipo de la tercera fase de la Guerra Fría

Como se ha venido afirmando a lo largo del presente trabajo, la Guerra Fría es la disputa entre 2 sistemas políticos, sociales y económicos, cada uno de los cuales estuvo liderado por Estados Unidos y la Unión Soviética respectivamente. Las rivalidades entre ambos sistemas se pusieron en evidencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las razones que habían inducido a generar la Gran Alianza entre la URSS y los países Occidentales liderados por EEUU, había dejado de existir. En estas circunstancias, Europa fue el primer escenario de la Guerra Fría, y allí se manifestaron las primeras fricciones entre las potencias. No obstante, una vez que cada una de las partes logró consolidar su bloque respectivo, a partir de iniciativas económicas y militares, las rivalidades se trasladaron a la periferia, en especial allí donde la delimitación de influencias aún era difusa o simplemente no existía.[1] Desde esta perspectiva, la región de Asia entra a formar parte de la Guerra Fría. El primer gran símbolo de esta disputa por la delimitación de zonas de influencia lo constituyó la Guerra de Corea (1950-1953), que luego de tres años de confrontación entre las fuerzas capitalistas y las comunistas, solo logró ratificar en forma permanente la línea de demarcación existente antes de la guerra, es decir, el paralelo 38º.

El segundo foco de disputa en Asia lo constituyó Vietnam, donde se llevó a cabo la conflagración más larga de la Guerra Fría, y que ha pasado a ser considerado como uno de los hitos más significativos de este período. A continuación se presenta un eje cronológico en el que se evidencian las distintas fases de la Guerra de Vietnam, delimitando la etapa en que la guerra se enmarcó dentro de una crisis de tipo colonial y el momento en que la guerra pasa netamente a entronizarse en el desarrollo de la Guerra Fría. La primera etapa se encuentra identificada en el eje con el color verde y corresponde al período en que la conflagración se sostuvo, esencialmente, entre Francia y los movimientos insurgentes de Vietnam, mientras que las siguientes etapas están marcadas por la participación progresiva de Estados Unidos en el conflicto, pasando primero por una etapa de apoyo a Vietnam del Sur que va desde 1954 a 1965, para luego a partir de este último año comenzar una escalada que llega a sobrepasar los 500.000 soldados norteamericanos. Esta fase se extiende hasta 1973, año en que la firma de los Acuerdos de París confirmaba la retirada de Estados Unidos del conflicto. Más, como señala Ronald Powaski, tras la firma de los acuerdos, Vietnam del Norte siguió tan decidido como siempre a conquistar el sur, y por ende no tenía ninguna intención de cumplir lo pactado. Para los nordvietnamitas la “Paz con honor”, buscada por Nixon, representó sólo una fase de su lucha de treinta años por el dominio de Vietnam.[2] Así, como se aprecia en el eje cronológico, el conflicto continuó hasta 1975, año en que Vietnam del Sur se rindió incondicionalmente a las tropas comunistas del norte.

La Guerra de Vietnam como parte del proceso de descolonización (1946-1954)

La Guerra de Vietnam parte siendo un conflicto de tipo colonial en el cual, Francia se enfrenta a las fuerzas de liberación que aspiran a obtener la independencia. La primera etapa de la guerra, como queda graficado en el eje cronológico expuesto anteriormente, se extiende entre 1946 y 1954. Para comprender esta etapa del conflicto es preciso remontarnos a las consecuencias provocadas por la Segunda Guerra Mundial en Asia. La derrota de Francia durante esta guerra, permitió la solidificación de un movimiento nacional de independencia. En estas circunstancias, el Partido Comunista vietnamita, creado en la década del 20, aportó la estructura capaz de organizar un programa de liberación, fundado sobre las bases de eliminar la opresión económica y social como elementos intrínsecos de una efectiva independencia.[3]

Ahora bien, finalizada la ocupación japonesa, el Partido Comunista vietnamita organizó otros movimientos tendientes a formar un frente de resistencia común. Nace así la Liga para la Independencia de Vietnam, movimiento más conocido con el nombre de Vietminh, dirigido por Nguyen Van Tanh (Ho Chi Minh).

El dos de septiembre de 1945 el líder Comunista Ho Chi Minh declaró la creación de la República democrática de Vietnam, estableciendo la capital de su gobierno en Hanoi. Afirmaba de ese modo su independencia de Francia.[4] Ahora bien, a pesar del reconocimiento de la República democrática de Vietnam por los acuerdos de Hanoi el 5 de marzo de 1946, Francia procedió a realizar un referéndum popular con el objeto de determinar si la región de la Cochichina (ubicada al sur), aceptaba formar parte de Vietnam o prefería la autonomía. En estas circunstancias el 1º de junio de 1946, el comisario francés Thierry d’ Argelieu notificaba a su gobierno que se había decidido reconocer a la República de Cochinchina como estado independiente. En este momento el Ejército de HoChi Mminh o Vietminh extendió su lucha de guerrillas por todo el territorio.Como se puede ver, la etapa francesa de la guerra de Vietnam comienza en 1946 y se extiende hasta 1954. El 26 de abril de este año, las fuerzas del Vietminh rodearon a la guarnición francesa de Dien Bien Phu (zona ubicada al noreste de Vietnam), la cual cayó en manos comunistas el 7 de mayo de 1954. Con esta derrota los franceses se dieron cuenta que la independencia de los estados de Indochina era inevitable. En vista de ello, participaron en las conversaciones de Ginebra, cuya fase dedicada a Indochina comenzó el 8 de mayo. No obstante, como señala Ronal Powaski, la Conferencia de Ginebra, sólo puso fin momentáneamente al conflicto de Vietnam.[5]

Extracto de los acuerdos de Ginebra sobre Indochina[6]

Declaración final de la Conferencia sobre el problema del restablecimiento de la paz en Indochina en la que han participado los representantes de Camboya, Estado del Vietnam, Estados Unidos de América, Francia, Laos, República Democrática del Vietnam, República Popular de China, Reino Unido y Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas:

1. La Conferencia toma nota de los acuerdos que ponen fin a las hostilidades en Camboya, Laos y Vietnam, y que organizan el control internacional de la vigilancia para la ejecución de las disposiciones de estos acuerdos.


2. La Conferencia se felicita del fin de las hostilidades en Camboya, Laos Vietnam. Expresa la convicción que la puesta en práctica de las disposiciones previstas en la presente declaración y en los acuerdos sobre el cese de las hostilidades permitirá a Camboya, Laos y Vietnam asumir en el provenir, en plena independencia soberanía, su papel en la comunidad pacífica de naciones.


3. La Conferencia toma nota de las declaraciones hechas por los Gobiernos de Camboya y Laos, sobre su voluntad de adoptar medidas permitiendo a todos los ciudadanos ocupar su lugar en la comunidad nacional, principalmente participando en las próximas elecciones generales que, conforme a la Constitución de cada uno de estos países, tendrán lugar en el corriente año de 1955, al escrutinio secreto y en respeto de las libertades fundamentales.


4. La Conferencia toma nota de las cláusulas del acuerdo sobre el cese de la hostilidades en el Vietnam, prohibiendo la entrada de tropas y de personal militar extranjero, así como toda clase de armas y municiones. (…)


5. La Conferencia toma nota de las cláusulas del acuerdo cobre el cese de hostilidades en el Vietnam en los términos en los cuales ninguna base militar dependiendo de un estado extranjero podrá ser establecidas en las zonas de reagrupamiento de las dos partes; éstas deberá velar para que las zonas que les son atribuidas no formar parte de ninguna alianza militar y no sean utilizadas para la reanudación de las hostilidades o al servicio de una política agresiva. (…)


6. La Conferencia comprueba que el acuerdo relativo al Vietnam tiene por fin esencial el solucionar las cuestiones militares en vista a poner fin a las hostilidades, y que la línea de demarcación militar en una línea provisional y que de ninguna manera puede ser interpretada como constituyendo un límite político o territorial. Expresa la convicción que la puesta en práctica de las disposiciones previstas en la presente declaración y en el acuerdo sobre el cese de las hostilidades eran las premisas necesarias para la realización en un próximo porvenir de la solución política en el Vietnam.


7. La Conferencia declara que en lo que concierne al Vietnam, la solución de los problemas políticos, puestos en práctica sobre la base del respeto de los principios de independencia, unidad e integridad territorial, deberá permitir al pueblo vietnamita gozar de las libertades fundamentales, garantizadas por instituciones democráticas como consecuencia de elecciones generales con escrutinio secreto. A fin de que el restablecimiento de la paz haya hecho progresos suficientes y que sean reunidas todas las condiciones necesarias para permitir la libre expresión de la voluntad nacional, las elecciones generales tendrán lugar en julio de 1958, bajo control de una Comisión Internacional compuesta de representantes de los Estados miembros de la Comisión Internacional para la vigilancia y el control relativos al acuerdo sobre el cese de las hostilidades. A este respecto tendrá lugar consultas entre las autoridades representativas competentes de las dos zonas a partir del 20 de julio de 1955. (…)


10. La Conferencia toma nota, de la declaración del Gobierno de la República francesa , según la cual éste está dispuesto a retirar sus tropas de los territorios de Camboya, Laos y Vietnam a petición de los Gobiernos interesados y en los plazo que serán fijados por acuerdo entre las partes, a excepción de los casos en que, por acuerdo de las dos partes, una cierta cantidad de tropas francesas pueda ser dejadas en los puntos fijados y por un tiempo convenido.


11. La Conferencia toma nota de la declaración del Gobierno francés, según la cual éste, para la solución de todos los problemas ligados al restablecimiento de la paz en Camboya, Laos y Vietnam, se basará en el respeto de la independencia y soberanía, y de la unidad e integridad territorial de Camboya, Laos y Vietnam.


12. En sus relaciones con Camboya, Laos y Vietnam, cada uno de los participantes en la Conferencia de Ginebra se compromete a respetar la soberanía, independencia, unidad e integridad territorial de los Estados mencionados y en abstener se de toda injerencia en sus asuntos interiores.

Como señala Henry Kissinger, en la práctica todo se redujo a poner fin a las hostilidades, dividir Vietnam y confiar el futuro a resultados políticos. El acuerdo fue muy ambiguo y sólo resolvió lo que podía resolver.[7] Por medio de estos acuerdos, Francia reconoció la independencia de Vietnam, Camboya y Laos. En el artículo 11º, el gobierno de la República francesa reconoce la soberanía de estos tres territorios. Mientras que en el artículo 6º se consigna que Vietnam quedaba dividido por una línea provisional hasta que se celebraran elecciones con el fin de escoger un gobierno para todo el país. Los comunistas dominarían la zona situada al norte del paralelo 17º, mientras que el territorio situado al sur de dicho paralelo siguió bajo el dominio del emperador Bao Dai. En el acuerdo de Ginebra también se dispuso que se celebraran elecciones nacionales en Laos y Camboya y prohibía a los estados indochinos ingresar en una alianza militar o permitir que su suelo se instalaran bases militares extranjeras.

Ahora bien, lo paradójico de los acuerdos de Ginebra estuvo dado por la ausencia de partes contratantes. Francia, Gran Bretaña, La Unión Soviética, China y Vietnam del Norte accedieron a aprobar los acuerdos oralmente, mientras que Estados Unidos y Vietnam del Sur se negaron a dar conformidad a los acuerdos de Ginebra.[8] En estas circunstancias, lo único que ratificaban los acuerdos era la retirada definitiva de Francia del Conflicto Indochino, que se había extendido por 10 años, sin lograr los resultados esperados.

Si bien es cierto, en esta etapa, fue Francia la que cargó con el peso de las armas, en esta tarea no estuvo sola. En efecto, como señala Henry Kissinger, ya en 1950, el gobierno de Truman había concluido que la seguridad del mundo libre exigía que Indochina no cayera en manos de comunistas; Lo que en la práctica significaba abandonar los principios anticoloniales de los Estados Unidos y apoyar la lucha francesa en Indochina.[9] En 1952 un tercio de los gastos de Francia en Indochina estaban siendo subsidiados por Estados Unidos. La participación norteamericana en esta etapa no fue directa y pretendió encausar su lucha contra el comunismo a través del ejército francés. No obstante, para evitar ser tildados de colonialistas, también se preocuparon de instar a Francia para que prometiera la independencia de aquellos territorios, con ello se pretendía reconciliar las convicciones estratégicas con las anticoloniales.[10]

La preocupación norteamericana por el conflicto de Indochina ya se evidenciaba a partir del Gobierno de Truman. Según el análisis norteamericano, el equilibrio global era atacado por Vietnam del Norte, supuestamente controlado desde Beijin, el cual a su vez se consideraba controlado por Moscú. Desde esta perspectiva el comunismo representaba una amenaza global controlada desde la Unión Soviética.[11] Debemos recordar que en este período el Presidente Norteamericano, Harry Truman, ya había dado a conocer la “Teoría de la Contención”, según la cual, Estados Unidos debía resistir al avance comunista allí donde éste se produjese, favoreciendo así la libertad de las naciones. Argumentando en esos postulados, Estados Unidos se había involucrado en los conflictos griegos en 1947 y estaba participando de la guerra de Corea desde 1950. No obstante, el argumento norteamericano para inmiscuirse en los asuntos de Vietnam, al principio no tuvo como punto de partida los parámetros morales, sino que se puso en términos geopolíticos. En efecto se equiparó la seguridad de Vietnam con la seguridad de Norteamérica e incluso con la seguridad global

En estas circunstancias, en 1952 el Consejo Nacional de Seguridad elaboró “la teoría del Dominó”, según la cual la caída de Indochina, provocaría la alineación de toda Asia en manos comunistas, poniendo en peligro a Japón e incluso a Europa occidental.[12] Teniendo en cuenta esta situación era legítimo desde el punto de vista norteamericano instar a este país a proseguir la lucha en Indochina y colaborar con la causa francesa a través de apoyo militar, financiero y logístico.

La Guerra de Vietnam como conflicto tipo de la Guerra Fría

El conflicto que comenzó como una crisis de carácter colonial, pronto fue entronizado en los parámetros de la Guerra Fría. Entre los actores principales del conflicto se encuentra, en primer lugar, Estados Unidos, quien consideró a Vietnam como la zona donde debía ser demostrada la resolución norteamericana de resistir al avance comunista. Por otra parte nos encontramos con la Unión Soviética y la República Popular China, ambas con disposición declarada de apoyar los movimientos de liberación nacional.

El objetivo declarado por la Unión Soviética era su disposición a favorecer las fuerzas del socialismo y de los movimientos de liberación nacional. Esto se evidencia a través de las afirmaciones y discursos de sus líderes (Kruschev: Los comunistas apoyan toda clase de guerras justas, por convicción interior; marchan en primera línea junto con los pueblos que luchan por una causa justa”[13]), así como también a partir de la interpretación oficial elaborada por la Unión Soviética, por ejemplo, en “La Historia de la Política Exterior de la URSS” o en el “Compendio de Historia de la URSS”. En este último libro se afirma: “La Unión Soviética apoya moral y materialmente a los pueblos que luchan por su liberación… la revolución liberadora de los pueblos de las colonias cuenta con el apoyo creciente de la clase obrera y de todos los trabajadores de la URSS”.[14] Este tipo de declaraciones eran las que confirmaban a Estados Unidos el interés soviético por acrecentar su esfera de influencia, haciendo avanzar el comunismo por las distintas regiones del mundo.

Las declaraciones chinas apuntaban hacia el mismo objetivo, es decir, apoyar las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos por los lazos del colonialismo. En efecto, respecto de la Guerra de Vietnam, Chu en lai declaraba: “en la actualidad, la Guerra de Vietnam es el modelo de una nueva clase de guerra para todos los pueblos hambrientos contra los viejos saciados, de las naciones oprimidas contra el imperialismo”.[15]

Ahora bien, además de las declaraciones de buena voluntad proferidas por las dos potencias comunistas, el apoyo a Vietnam del norte se manifestó concretamente a través de ayuda económica y militar. Par hacer la guerra, Vietnam del Norte contaba con la ayuda militar y económica de soviéticos y chinos. Entre 1965 y 1968 la ayuda total que prestaron las dos rebasó los 2.000 millones de dólares. Además entre 1962 y 1968 aproximadamente 300.000 soldados chinos sirvieron en Vietnam del norte, de los cuales murieron 4.000, aunque no participaron en combates terrestres, ayudaron a manejar las armas antiaéreas y las instalaciones de comunicación.[16]

La implicación americana se remonta a inicios de los cincuenta cuando apoyaron los intentos de Francia por mantener su presencia colonial en Indochina frente a las fuerzas comunistas del Vietminh. La derrota francesa en Dien Bien Phu y los Acuerdos de Ginebra de 1954, que consagraron la partición de Vietnam en dos, llevaron a que Washington volcara su apoyo en el régimen anticomunista de Vgo Dinh Diem en Vietnam del Sur, que hacía frente al Vietnam del Norte comunista, este último apoyado por la URSS y China. A partir de este momento se puede afirmar que comienza la etapa americana de la guerra de Vietnam. Este período también estará constituido por distintas fases, las cuales pueden ser distinguidas a partir de los distintos planteamientos que tuvieron frente a la guerra los gobiernos norteamericanos. Ya hemos visto que en la etapa francesa de la Guerra (1946-1954), el Gobierno de Harry Truman se hizo parte del conflicto indirectamente, otorgando un programa de ayuda militar y financiera a Francia. A continuación analizaremos el desarrollo del conflicto durante los gobiernos de D. Eisenhower, J. Kennedy, L. Johnson y R. Nixon.

Proceso de americanización de la Guerra de Vietnam

D. Eisenhower (1953-1961)

Tras la Conferencia de Ginebra, Eisenhower continuó sostenido que Indochina era clave para el equilibrio del poder asiático e incluso global. En contra de las estipulaciones de los acuerdos de Ginebra prestó ayuda militar a Vietnam del sur. Como señala Ronald Powaski, cuando las últimas unidades francesas salieron de Vietnam a comienzos de 1956, Estados Unidos ya había reemplazado a Francia como protector de Vietnam del Sur. En noviembre de 1954 asesores militares norteamericanos empezaron a preparar al ejército sudvietnamita, llamado Ejército de la República de Vietnam. Entre 1954 y 1959 la ayuda norteamericana a Vietnam del Sur ascendía a 1.200 millones de dólares y financiaba alrededor del 80% de sus gastos militares y casi el 50% de sus gastos no militares. [17]

Para generar un marco legal donde apoyar la ayuda prestada a Vietnam del Sur, Estados Unidos comenzó una ofensiva diplomática anticomunista, con el fin de estar preparados ante el estallido de un nuevo conflicto.[18] En septiembre de 1954 se creo la SEATO (Organización del Tratado del Sud Este de Asia), los Estados firmantes eran Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Nueva Zelanda, Tailandia, Filipinas y Pakistan, y se comprometían a cooperar para impedir que el comunismo se propagara por el sudeste de Asia. Aunque los acuerdos de Ginebra prohibían que Laos, Camboya y Vietnam del Sur ingresaran en alianzas militares, un protocolo del tratado de la SEATO hacía extensiva su protección a dichos estados.[19] Con esto último, Estados Unidos contaba con un marco legal para poder aplicar su teoría de la contención del comunismo en el sudeste de Asia.Por otra parte, Washington alentó a Ngo Donh Diem (líder Político de Vietnam del Sur), a cancelar las elecciones que debían celebrarse por todo el país en 1956. En vez de elecciones generales, Diem organizó un referéndum nacional restringido a Vietnam del sur durante octubre de 1955. En éste supuestamente el 98% de la población aprobó la destitución del emperador Bao Dai y la instauración de la República de Vietnam, cuyo presidente sería Diem. El gobierno de Eisenhower se apresuró a reconocer al nuevo régimen e intentó convertir el paralelo 17 en una frontera internacional entre dos estados vietnamitas independientes, en lugar de una línea de demarcación provisional que exigían los acuerdos de Ginebra.[20]

En estas circunstancias, el rechazo de Diem a convocar las elecciones previstas en los acuerdos de Ginebra, desató el inicio de las hostilidades entre las dos zonas. En 1959 las guerrillas hicieron su aparición en el sur y en diciembre de 1960 se anunció la creación del Frente de Liberación Nacional del Sur, que será conocido como Vietcong, integrado por comunistas y cuyo objetivo era la sustitución del régimen americano-diemista.[21] Al inicio de la década de los sesenta la guerra de indochina había renacido, y en esta oportunidad, Estados Unidos se encontraba ampliamente comprometido en ella, pero el paso definitivo hacia la americanización de la guerra aún no se daba, pues aún no se comprometía la participación directa de tropas norteamericanas. En efecto, los datos que proporciona Powaski indican que en 1960 habían en Vietnam alrededor de 700 hombres en calidad de consejeros militares,[22] mientras que Kissinger señala que para 1961 éstos habían aumentado a 3.164.[23] Estas cifras permiten sostener que efectivamente al momento en que J.F. Kennedy asume la presidencia, la participación norteamericana en la guerra aun no era irreversible.

J. Kennedy (1961-1963)
Al igual que sus dos antecesores, Kennedy consideró esencial a Indochina como eslabón en la geopolítica de Estados Unidos. Como Truman y Eisenhower creyó que impedir el triunfo comunista era vital y también consideró que los comunistas Vietnamitas se encontraban bajo las maquinaciones de la Unión Soviética, por tanto, lo que verdaderamente estaba en juego era la lucha contra el avance de las fuerzas comunistas.[24] Kennedy también adhería a la teoría del Dominó, y consideraba al igual que Eisenhower que el derribo de la primera pieza por las fuerzas comunistas, pondría en peligro al resto de Asia.[25]

La propuesta de Kennedy para hacer frente a la avanzada comunista consistió en apoyar las fuerzas anticomunistas de Vietnam del Sur. Desde esta perspectiva la misión de Estados Unidos era “convertir a Vietnam del Sur en una nación, social, política, económica y militarmente, para así poder derrotar a los guerrilleros sin arriesgar vidas norteamericanas”.[26] En este punto se debe tener presente que simultáneamente, J. Kennedy estaba enfrentando la crisis de Berlín, que se prolongaba desde 1958. Bajo estas circunstancias, Kennedy creyó en la posibilidad de preparar a los Sud Vietnamitas para enfrentar la guerrilla comunista, pues no consideró apropiado comenzar una guerra, pero tampoco retirarse. Creyó en la posibilidad de formar sentimiento anticomunista.[27]

Para ratificar tales apreciaciones, Kennedy envió a Vietnam, en marzo de 1961, al vicepresidente Johnson. Según el informe de Johnson las posibilidades de Estados Unidos eran apoyar a Diem o retirarse, para salvar a Vietnam del Sur era necesario intervenir pronta y decisivamente.[28] Teniendo en cuenta lo anterior, el 11 mayo 1961 el Consejo Nacional de Seguridad estableció el objetivo nacional de Estados Unidos: “Impedir la dominación comunista en Vietnam del Sur” y para ello “la estrategia sería crear una sociedad viable y cada vez más democrática por medios de acciones militares, económicas, psicológicas…” Ante esta situación, como señala Zorgbibe, Kennedy se decidió a establecer una alianza limitada con Vietnam del Sur, esto significaba que la ayuda americana no sería incondicional, y Diem debería lograr el apoyo de la población por medio de reformas políticas y sociales.[29] Kennedy insistiendo en la reforma hizo que los norteamericanos participaran cada vez más en política interna de Vietnam del Sur.

Con el fin de apoyar la reforma y la creación de un sólido dique contra las fuerzas comunistas, durante la presidencia de Kennedy, fueron enviados a Vietnam 17.700 consejeros militares, a los cuales también se les permitió participar en los combates contra las fuerzas vietnamitas del norte.[30] La labor desempeñada por este personal consistió esencialmente en lo siguiente: organizar unidades que permitieran localizar al enemigo comunista en la jungla, para ello disponían de 300 aviones, blindados y helicópteros, napalm y defoliadores; contribuyeron también a la construcción de aldeas estratégicas donde se agrupaban a los campesinos para ser protegidos por soldados. Estas aldeas en teoría debían ser la base para la futura organización democrática, pues se esperaba que en cada una de ellas se llevaran a cabo elecciones de consejos municipales, que aplicaran reformas agrarias, organizaran sistemas educativos y sanitarios. En el año 1962, 3.500 aldeas habían sido edificadas.[31]

Hacia el año 1963 el fracaso de los objetivos norteamericanos era evidente, como señala Kissinger, llevar a cabo la democratización de un país en medio de una guerra es una tarea imposible, más aun si se consideraba la creciente impopularidad del gobierno de Diem.[32] Las manifestaciones en contra del gobierno se multiplicaron y el 1 de noviembre de 1963 tuvo lugar un golpe militar en el que fueron asesinados Diem y su familia; el 8 de noviembre Estados Unidos reconoció la nueva Junta Militar. Esto sucedió veinte días antes del asesinato del Propio J. Kennedy, quien legaba a su sucesor un fuerte compromiso con Vietnam del Sur:Como se puede apreciar, hacia 1963 el análisis norteamericano acerca de la participación en Vietnam ya no sólo se sostenía a partir del problema estratégico que implicaría el efecto dominó, sino que se agregaba también el aspecto idealista y wilsoniano, que implicaba comprometerse con la defensa de valores como la libertad y la democracia. No obstante, como señala Kissinger, estos valores no eran características de las que pudiera hacer gala la sociedad vietnamita, por tanto, el discurso justificativo de la defensa de Vietnam no giraba en torno de la defensa de esos valores, sino entorno a la necesidad de crear y fomentar los valores democráticos.[33] Por supuesto, al señalar tales explicaciones, debemos tener presente que lo que estamos haciendo es considerar las apreciaciones de un norteamericano que vivió y padeció, desde un nivel diplomático, el conflicto de Vietnam.

L. Johnson (1963-1969)
Lindon Johnson heredó de J. Kennedy un amplio programa de ayuda y alrededor de 17.700 hombres instalados como consejeros militares en Vietnam. Ante el rápido desmoronamiento de Vietnam del Sur el nuevo presidente norteamericano decidió emprender una decisiva escalada militar. En 1964, la situación parecía desesperada para Vietnam del Sur. Aprovechando un dudoso ataque de una torpedera vietnamita contra dos destructores norteamericanos en el Golfo de Tonkin, en agosto de 1964, Johnson logró que el Congreso aprobara una resolución que le autorizaba a “tomar todas las medidas necesarias para repeler cualquier ataque armado contra las fuerzas de Estados Unidos e impedir nuevas agresiones contra Vietnam del Sur y contra cualquier miembro de la Organización del Tratado del Sudeste de Asia”.[34] Como señala, Ronald Powaski, esto fue lo máximo que se acercó a una declaración de guerra contra Vietnam del Norte. La resolución fue aprobada el 7 de agosto, por 416 votos a favor y ninguno en contra en la Cámara de Representantes y por 81 a favor y dos en contra en el Senado.En febrero de 1965 un ataque a un cuartel de asesores norteamericanos desencadenó la represalia contra Vietnam del Norte, que pronto se convirtió en sistemática campaña de bombardeo llamada trueno rodante. Se enviaron unidades de combate completas hasta llegar en 1969 a 543.000.[35] Aunque Johnson consultó con los líderes del Congreso antes de enviar unidades de combate a Vietnam, no pidió otra resolución del Congreso que le autorizara a ello. A partir de 1965 los aviones bombardearon día y noche Vietnam del norte, de 25.000 ataques aéreos en 1965 se pasó a 108.000 en 1967, pasando el tonelaje de bombas de 3.000 a 226.000. No obstante, de todos modos Vietnam del norte seguía en pie, en gran parte gracias a los envíos soviéticos de armamentos y los socorros alimenticios chinos.[36] En este punto es preciso tener presente que par hacer la guerra, Vietnam del Norte contaba con la ayuda militar y económica de soviéticos y chinos. Entre 1965 y 1968 la ayuda total que prestaron las dos, rebasó los 2.000 millones de dólares. Además entre 1962 y 1968 aproximadamente 300.000 soldados chinos sirvieron en Vietnam del norte, de los cuales murieron 4.000, aunque no participaron en combates terrestres, ayudaron a manejar las armas antiaéreas y las instalaciones de comunicación.[37]

En la medida en que Johnson asume que la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam no está logrando los resultados, intentó poner fin a la guerra. El 29 de septiembre de1967 propuso la fórmula de San Antonio, presentada en un discurso en esa ciudad: “Los Estados Unidos están dispuestos a suspender todo bombardeo aéreo y naval al Vietnam del Norte si esto da lugar prontamente a unas discusiones productivas. Por supuesto, suponemos que mientras avanzan las discusiones, Vietnam del Norte no aprovechará el cese o la limitación de los bombardeos”.[38] Este intento de salida negociada al conflicto no logró los resultados esperados. La causa esencial de este fracaso estuvo dada por las discrepancias en las condiciones que ambos ponían para poner alto al fuego. Los nordvietnamitas exigían un alto al fuego como condición para entablar negociaciones y también exigían la promesa de que todas las tropas norteamericanas serían retiradas de Vietnam del Sur. Por su parte Estados Unidos exigía la retirada total de las tropas nordvietnamitas de Vietnam del Sur y que se excluyera al Vietcong de cualquier solución política de la guerra.[39]

En Estados Unidos el apoyo popular a la guerra decreció en forma notable y poco a poco la opinión norteamericana se volvió contra el gobierno. A finales de 1967 el número de muertos alcanzó 13.500, y la televisión se encargaba de llevar hasta los hogares el horror de la guerra. En estas circunstancias, los estudiantes universitarios se levantaron contra la guerra y la oposición al conflicto también creció en el Congreso. Entre algunos de los ejemplos de la desaprobación de la política exterior norteamericana tenemos los siguientes:

NBC : “¿Valía la pena pulverizar Vietnam para salvarlo?”
TIME: “El año 1968 ha hecho comprender que la victoria en Vietnam simplemente puede estar fuera del alcance de la mayor potencia mundial”
Senador Mansfield: “Estamos donde no debiéramos… entablando un tipo de guerra que no es nuestro”
Senador Fulbright: “¿cuál es la autoridad del gobierno para extender la guerra sin consentimiento del congreso y sin debate o consideración del congreso?”
[40]

Mientras se estaban llevando a cabo los intentos de negociación, ambas partes prosiguieron su lucha. En 1967 el gobierno norteamericano aprobó el envío de 50.000 soldados a Vietnam, mientras que los norvietnamitas y sus aliados del Vietcong intensificaban la actividad guerrillera en el Sur.[41] Una maniobra decisiva tuvo lugar el 30 de enero de 1968, con el ataque sorpresa en la ofensiva del Tet (año nuevo lunar). Cada año se había concedido una tregua en el año nuevo lunar, pero los comunistas lanzaron una gran ofensiva contra 30 capitales de las provincias sudvietnamitas. Resultó ser una sorpresa total. Esta fue la primera vez que las guerrillas salieron a terreno descubierto. Las fuerzas norteamericanas casi acabaron con la estructura guerrillera pues quedó expuesta al amplio poder destructor de las armas norteamericanas. Con ello se confirmaba la doctrina militar norteamericana, pero fue una victoria psicológica para Hanoi (capital de Vietnam del Norte).[42] 72 horas después, Vietnam del Norte acepó la oferta de negociación con base en la Formula de San Antonio. Por su parte, Johnson el 31 marzo de 1968 se dirigió a todo el país por televisión y dijo que no enviaría más soldados a Vietnam del Sur y ordenaría una suspensión parcial de los bombardeos contra Vietnam del Norte, que sería seguido por un alto total de los bombardeos en cuanto empezaran las negociaciones concretas.[43] Además, Johnson anuncio que no se presentaría para la reelección residencial. Con ello el presidente que había mandado a 500.000 hombres al Asia le dejaría el problema a otro.[44]

Los nordvietnamitas aceptaron ofrecimiento de negociar la paz y las conversaciones oficiales comenzaron en París en mayo de 1968. Pero el estancamiento y la poca o nula disposición de los bandos a ceder en sus requerimientos, hicieron que las conversaciones se estancaran, cada una de las partes siguió insistiendo de manera implacable en sus postulados: Jhonson no había abandonado su objetivo de preservar un gobierno no comunista en Vietnam del Sur. Mientras que los nordvietnamitas tampoco habían abandonado su objetivo de reunificar Vietnam bajo su liderzazo.[45] En estas circunstancias, las conversaciones de Paris siguieron realizándose durante el resto del mandato de Johnson, pero sin llegar a ningún resultado concreto. De este modo, Johnson heredó a su sucesor un enorme compromiso bélico en una guerra cuyas conversaciones de paz habían comenzado, pero se encontraban estancados producto de las amplias discrepancias en las exigencias de cada uno de los bandos. En una guerra no-ganada no pueden imponerse acuerdos a un no-vencido, más aun cuando el no vencido tiene la firme convicción de seguir luchando hasta el final.

R. Nixon. (1969-1974)
Richard Nixon asumió la presidencia cuando la guerra de Vietnam se encontraba en un estado de estancamiento. Las conversaciones entre las partes habían comenzado, pero ninguna de ellas estaba dispuesta a ceder ante las demandas de la otra. Nixon había propuesto en su campaña presidencial poner fin a la participación norteamericana en la guerra de Vietnam, no obstante, ésta sólo se produjo 4 años después de que asumió la presidencia. Las razones de ello están dadas esencialmente por los objetivos de Nixon, para éste era primordial sacar a Estados Unidos de Vietnam, pero no humillado, por ello se buscaba lo que pasó a conocerse como “la paz con honor”, tarea en la cual estuvo apoyado estrechamente por Henry Kissinger, quien en 1969 presidía el Consejo de Seguridad Nacional. A éste último, el presidente le encargó la tarea de formular una estrategia que permitiese a Estados Unidos poner fin “con honor” a su participación en el conflicto de Vietnam.[46]

Nixon escogió el camino de la “vietnamización” e hizo expandir las actividades norteamericanas a Laos y Camboya para intentar bloquear las líneas de abastecimiento de los enemigos. La vietnamización consistía en trasladar progresivamente la conducción de la guerra a las fuerzas de Vietnam del Sur, ello implicaba por parte de Estados Unios que la retirada de las tropas norteamericanas tendría como contrapartida una mayor ayuda a las fuerzas armadas vietnamitas, las cuales según señala Zorgbibe, recibirían ochocientas cincuenta mil toneladas de armamento, sobrepasarían el millón de hombres y estarían dotadas de la cuarta aviación del mundo.[47] Con esto se demostraba, que si bien Nixon tenía interés en sacar a Estados Unidos de Vietnam, no tenia intención de abandonar a Vietnam del Sur. Quería una paz que justificase los sacrificios que habían hecho los norteamericanos durante los 20 años de compromisos directos e indirectos con la guerra de Vietnam. Por esta razón Nixon insistió en reforzar al ejercito sudvietnamita antes de firmar un acuerdo de paz. Por otra parte, los ataque sobre Camboya, según la justificación de Nixon, contribuían a asegurar la supervivencia de Vietnam del Sur tras la retirada de las tropas americanas, ya que con eso se debilitaban las bases estratégicas de los comunistas.[48]

A finales de los sesenta la protesta estudiantil era un fenómeno mundial y en Estados Unidos era agravado por la Guerra de Vietnam y el problema social. El 25 de enero de 1969, Nixon decidió la retirada progresiva del ejército de tierra, retirada incondicional que no sería objeto de negociación con el adversario. En diciembre de 1971 solo quedarán 171.000 soldados americanos en Vietnam.[49] Por su parte, Ho Chi Min (líder comunista de Vietnam del Norte), pensaba en alcanzar una victoria incondicional, las propuestas de paz no eran oídas, exigía plazo fijo e incondicional para la retirada de Estados Unidos y el reemplazo del gobierno de Saigon por un régimen comunista.[50] Desde esta perspectiva, el gobierno de Saigon se había convertido en un obstáculo para la paz. Nixon se negó a derribar a un gobierno aliado, pero Vietnam del Sur tendría que defenderse sólo. A comparación de Europa y Corea, el caso de Vietnam era distinto ya que en los dos primeros, fuerzas norteamericanos permanecieron resguardando a sus aliados. En Vietnam del Sur, presionados por la división interna, Estados Unidos aceptó no dejar fuerzas residuales.[51]

Tras una compleja fase de negociaciones y enfrentamientos militares, se firmó en París en enero de 1973 un acuerdo de paz. En agosto de 1973, el Congreso norteamericano prohibió cualquier reanudación de la intervención norteamericana. La retirada de las tropas estadounidenses hizo que el régimen de Vietnam del Sur sucumbiera ante la presión comunista. La ofensiva final comunista tuvo lugar en la primavera de 1975. El 30 de abril de 1975 Vietnam del Sur se rindió incondicionalmente a las tropas comunistas.[52] La guerra había terminado y el 25 de abril de 1946 los dos Vietnam se unieron para formar la República Socialista de Vietnam.

NOTAS
[1] Aracil, Rafel, Ob. Cit., Página 109
[2] Powaski, Ronald. Ob. Cit., Página 234
[3] Historia Mundial desde 1939, Editorial Salvat, Barcelona 1979,página 109
[4] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 26
[5] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Páginas 138-139
[6] En: www.historiasigloxx.org/acuerdosginebra
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 626
[8] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Pagina 139
[9] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 617
[10] Ibidem, Página 622
[11] Ibidem, Página 620
[12] Ibidem, Página 620
[13] Pereira, Castañeda, Historia y Presente de la Guerra Fría, Editorial Istmo, Madrid 1989, Página 385
[14] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 377
[15] En: Pereira, Juan, Ob. Cit. Página 386
[16] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 197
[17] Ibidem, Página 139
[18] Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Página 387
[19] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 140
[20] Ibidem, Página 140
[21] Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Página 388
[22] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 186
[23] Kissinger, Henry, Ob. Cit. Página 645
[24] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 440
[25] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 186
[26] Kissinger, Henry, Ob. Cit. Página 636
[27] Ibidem, Página 641
[28] Ibidem, Página 642
[29] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 443
[30] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 186
[31] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 443
[32] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 645
[33] Ibidem, Página 650
[34] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 195
[35] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 652
[36] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 445
[37] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 197
[38] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 657
[39] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 198
[40] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 661
[41] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 200
[42] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 661
[43] Powaski, Ronald, Ob. Cit., página 202
[44] Kissinger, Henry, Ob. Cit., página 667
[45] Powaski, Ronald, Ob. Cit., página 202
[46] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 220
[47] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Pagina 447
[48] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 221
[49] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Pagina 447
[50] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 681
[51] Ibidem, Página 683
[52] Pereira Castañeda, Historia y Presente de la Guerra Fría, Ob. Cit., Página 391

Extracto: tesis de pregrado Henríquez, Ana, Propuesta didáctica de la Guerra Fría, Instituto de HIstoria, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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