LA POLÍTICA…


“La política real, no aquella que se lee y escribe, se piensa y se imagina, sino la que se vive y practica día a día, tiene poco que ver con las ideas, los valores y la imaginación, con las visiones teleológicas (la sociedad ideal que quisiéramos construir) y, para decirlo con toda crudeza, con la generosidad, la solidaridad y el idealismo. Está hecha casi exclusivamente de maniobras e intrigas, conspiraciones, pactos y paronoias, traiciones, mucho cálculo, no poco cinismo y toda clase de malabares. Porque el político profesional, sea de centro izquierda o derecha, lo que en verdad lo moviliza, excita y mantiene en actividad es el poder: llegar a él, quedarse en él o volver a ocuparlo cuanto antes. Hay excepciones, desde luego, pero son eso: excepciones. Muchos políticos empiezan animados por sentimientos altruistas (cambiar la sociedad, conseguir la justicia, impulsar el desarrollo, moralizar la vida pública), pero, en esa práctica menuda y pedestre que es la política diaria, esos hermosos objetivos van dejando de serlo, se vuelven meros tópicos de discurso y declaraciones y, al final, lo que prevalece en ellos es el apetito crudo y a veces inconmensurable de poder. Quien no es capaz de sentir esa atracción obsesiva, casi física, por el poder, difícilmente llega a ser un político exitoso”.

Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2006, pp. 102-103.

(fragmento enviado por LUIS ORO TAPIA)

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LA DEMOCRACIA RESILIENTE, ENTREVISTA A LUIS ORO TAPIA


La Democracia Resiliente
Entrevista a Luis Oro Tapia

Por estos días se ha reinstalado en el debate político la cuestión de la índole de de la democracia. La polémica ha sido atizada por el apoyo que el Partido Comunista brindó a la candidatura de Eduardo Frei. La Coalición por el Cambio reprocha a los comunistas su obsecuencia con la dictadura cubana. El régimen castrista, según las Naciones Unidas, no es democrático ni respeta los derechos humanos. Por su parte, la Concertación acusa a la candidatura de Sebastián Piñera de ser retrograda y la izquierda más radical la califica de antidemocrática.
Es evidente que tanto la Concertación como la Coalición aspiran a apropiarse y monopolizar los beneficios que irroga la palabra democracia. Pero en la guerra de las declaraciones, ni la un a ni la otra se encarga de explicitar qué entienden por democracia.
Para aclarar qué se entiende por democracia, recurrimos al cientista político Luis Oro Tapia. Nuestro entrevistado es magíster en ciencia política y doctor en filosofía política. Es, además, autor de tres libros y de una decena de artículos publicados en revistas académicas chilenas y extranjeras. El profesor Oro es oriundo de nuestra región (ex-alumno del liceo Gregorio Cordovez) y actualmente reside en Santiago.

¿Qué entiende usted por democracia?
Personalmente defino la democracia de manera amplia, para incluir la de los antiguos y los modernos, como un método de toma de decisiones de carácter vinculante —vale decir, obligatorias para toda la comunidad— en cuya elaboración participan, de manera directa o indirecta, los ciudadanos que van a ser afectado por tales resoluciones.

¿Ha variado el concepto de democracia con el tiempo?
Sí ha cambiado y muchísimo. Tanto es así que casi se puede llegar a afirmar que entre la democracia antigua y la contemporánea solo existe una coincidencia de nombres, es decir, una mera homonimia. La democracia griega era directa y la nuestra es indirecta o representativa. Los griegos no concibieron la noción de representación política. Los atenienses gestionaban los asuntos públicos en primera persona. Cada ciudadano participaba personalmente en la asamblea y para ello bastaba con que pidiera la palabra y ésta fuese escuchaba sin amplificaciones, ni artificios técnicos, por la concurrencia.

¿Y qué se puede decir, al respecto, de la democracia de hoy en día?
La democracia contemporánea es representativa. Ninguno de nosotros participa de manera directa en los debates legislativos. Nosotros participamos solo indirectamente (a través de nuestros representantes: diputados y senadores) en la elaboración de las leyes y otras decisiones de carácter vinculante. La representación política es una invención tardía de la Ilustración. De hecho, fue ideada en Inglaterra y Francia a finales del siglo XVIII. Ella fue concebida atendiendo, básicamente, a dos tipos de razones: demográficas y territoriales.

¿Podría explicar, brevemente, cada una de ellas?
¡Claro que sí! En cuanto a la primera razón, cabe consignar que desde mediados del siglo XIX el número de personas que adquieren derechos políticos (los ciudadanos) es cada vez mayor. No sólo por la expansión del derecho a sufragio, sino que además por el crecimiento natural de la población. En cuanto a la segunda, no hay que olvidar que el Estado Moderno, aún el más pequeño, es de una dimensión geográfica ostensiblemente mayor que el territorio de cualquier polis de la antigüedad clásica.

Entonces, ¿cuál sería, según usted, una de las mayores diferencias entre la democracia griega y la contemporánea?
Hay una diferencia crucial: los griegos no concibieron la idea de representación política ni aceptaron, intelectualmente, la idea de partido político. Cuando de hecho se articulaban partidos, o si un conato de partido irrumpía en el escenario político, ello era motivo de pavor y espanto. El partido era una realidad digna de ser temida y evitada. Los griegos denominaban esa realidad con la palabra stásis que simultáneamente significa partido, facción, revolución, guerra civil. Es una palabra que casi siempre tenía una connotación negativa.

¿Por qué se temía tanto a la stásis?
Porque la stásis constituía un síntoma inequívoco de que la polis estaba fracturada de tal manera que corría peligro de destruirse. Desde este punto de vista, los partidos surgen sólo cuando la sociedad está partida, es decir, cuando ha perdido el consenso normativo, la concordia y amistad cívica.
Tras las diferencias, anteriormente señaladas, subyace una diferente concepción de la libertad. Nosotros nos sentimos más libres en la medida que tenemos un mayor margen de maniobra en nuestra esfera privada; mientras más lejos esté de nuestras vidas el gobierno experimentamos una mayor sensación de libertad. En cambio, para los griegos la libertad consiste en participar activamente en la gestión de los asuntos públicos, en los negocios la polis, en el quehacer de la comunidad política.
No obstante las diferencias consignadas, la democracia griega y la moderna tienen un punto en común. En ambas los ciudadanos participan (de manera directa en el primer caso e indirecta en el segundo) en la toma de aquellas decisiones que van afectar sus propios intereses, sus propias vidas y su destino como comunidad política. Por eso, se puede decir que en la fórmula democrática de gobierno la opinión de los ciudadanos, de los gobernados, pesa mucho más que en cualquier otro tipo de régimen político.

¿Por qué 1973 no fue un buen año para la democracia en Chile?
No es del todo aventurado afirmar, en mi opinión, que hacia mediados de 1973 ningún partido tenía aspiraciones genuinamente democráticas. Por diversas razones casi todos los partidos estaban más interesados en destruir la democracia (que ya era precaria) que en preservarla. Síntoma de ello es la intolerancia ideológica. Ésta indujo a los partidos a negarse recíprocamente “la sal y el agua”.
Otro síntoma, es la virulencia verbal que progresivamente fue pasando de las bravatas retóricas a hechos concretos de violencia. Más aún, algunos partidos llegaron al extremo de abominar de la pluralidad social y política y a cifrar su éxito en la posibilidad de evaporar a los partidos y grupos sociales que no eran compatibles con su visión de mundo. En definitiva, la figura del adversario fue reemplazada por la del enemigo.

¿Qué fue lo que exacerbó tanto los antagonismos?
Su pregunta tiene varias respuestas. Si se analiza el conflicto desde el punto de vista del liderazgo político, la polarización prevaleciente se explica (en medida no menor) por el predominio de un discurso ideológico que alentó aspiraciones maximalistas y un tipo de liderazgo político que menospreciaba el pragmatismo. Todo ello incitó a los partidos a renegar de la negociación política y de la búsqueda de consensos. De una u otra manera todos querían “avanzar sin transar”. Por ello, los partidos en vez de llevar a cabo estrategias de cooperación optaron por llevar a cabo jugadas de suma cero. Ellas, más temprano que tarde, resultaron ser nocivas para la democracia y para toda la sociedad.

¿Es Chile un país democrático?
No ha existido y probablemente nunca no va existir una sociedad plenamente democrática. Por eso, en mi opinión, la democracia es un ideal con marcados rasgos utópicos. No olvidemos que todos los ideales de perfección son tan exigentes que terminan, tarde o temprano, difamando a la realidad y maldiciendo a la naturaleza humana.

¿Cuál ha sido, en su opinión, la época más democrática en Chile?
Creo que Chile ha tenido dos momentos en que el juego político se ha acercado más, aunque a bastante distancia, al ideal democrático. El primer momento, a mi modo de ver, sería uno de los períodos de la historia de Chile que paradójicamente es más cuestionado. Me refiero a la República Parlamentaria. En tal período el juego político de las alianzas y de la alternancia en el poder se llevó a cabo con bastante fluidez. Además existía tolerancia por las opiniones disidentes. También en ese período se formaron la mayoría de los partidos políticos que tuvieron un rol protagónico en el siglo veinte.
Por supuesto que lo que digo, si se mira de manera aislada, puede parecer insostenible. Pero si se compara dicho período con lo ocurrido en las décadas de 1960 y 1970, es evidente que durante ellas comienza a perfilarse una progresiva intolerancia ideológica e intransigencia políticas. Ambas actitudes no tardaron en alentar conductas reacias a la negociación y a la búsqueda de consensos. También algunos partidos políticos optaron por la estrategia del camino propio en desmedro de los restantes partidos. Incluso algunos partidos optaron explícitamente por la vía violenta. Vista así las cosas, la tan denostaba República Parlamentaria arroja uno que otro destello de luz democrática.

¿Y cuál sería el segundo momento?
Creo que el segundo momento es el actual. Entre otras cosas, porque la negociación política no es vista como una traición a la pureza de los principios. Por eso, ha surgido y prosperado una la política de alianzas. Ella no sólo ha dado estabilidad política al país, sino que además ha creado una cultura de búsqueda de consensos, en la cual el otro es visto como un adversario razonable con el que es posible dialogar. Incluso se puede decir que es visto como un mero oponente verbal. Pero en ningún caso como a un enemigo al cual hay que poner fuera de la ley, encarcelar o destruir físicamente.
No obstante, la brecha entre el ideal y la realidad sigue siendo grande. Aún quedan asignaturas pendientes. Como, por ejemplo, el ejercicio responsable de la libertad de expresión y erradicar ciertos resabios de clientelismo y caudillismo. Pero por sobre todas las cosas falta democratizar a los principales actores de la vida democrática: los partidos políticos.

¿Está consolida la democracia en Chile?
Sí, porque los sistemas alternativos de gobierno están desacreditados, principalmente en la variante autoritaria y después, aunque en menor grado, la opción populista. Pero el indicador más claro, en mi opinión, es que en la actualidad ya no es necesario elaborar un sofisticado discurso, con afilados argumentos intelectuales, para defender la democracia como forma de gobierno.
Cuando una formula política requiere de mucha explicaciones es porque no está afianzada. Las cosas que son evidentes no requieren de mayores explicaciones. Por eso, en la actualidad (a nivel del ciudadano corriente) no es necesario dar mayores argumentos para sostener que el régimen democrático es el menos malo de los sistemas de gobierno. Sin embargo, no hay que olvidar que el más mínimo sentido histórico nos dice que toda conquista, por muy consolidada que aparezca, es siempre frágil, aunque se nos presente con visos de eternidad.

¿Cuál es, en su opinión, el futuro de la democracia en Chile?
Hacer diagnósticos a largo plazo siempre es demasiado aventurado. La realidad sociopolítica y el azar siempre se complacen en sorprendernos. No obstante se puede decir, que en la actualidad la democracia en Chile goza de buena salud y que su pronóstico para la década que está por comenzar es alentador.

Luis R. Oro Tapia
Santiago, 30 de diciembre de 2009.

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FOTOGRAFÍAS LANZAMIENTO LIBRO


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Ana Henríquez Orrego

Docente de la Universidad de Las Américas, Viña del Mar

Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica

 www.udla.cl

 Fono Admisión:   800 242 800

 

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO «JOSÉ FRANCISCO VERGARA: GUERRA DEL PACÍFICO Y LIBERALISMO» POR DON SANTIAGO LORENZO SCHIAFFINO.


Don Santiago Lorenzo Schiaffino, Presenta el libro JFV

audiolibro aqui


PRESENTACIÓN DEL LIBRO
“José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo”
De Ana Henríquez Orrego

             Con particular agrado vengo en presentar el libro de Ana Henríquez Orrego titulado “José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y liberalismo”. Su autora fue una alumna distinguida en los programas de Pedagogía y de Magíster en Historia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ya egresada de la Universidad, mi querida amiga Eugenia Garrido, con muy buen criterio, la nombra como investigadora del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, circunstancia que la pone en contacto con parte importante de la documentación acerca de José Francisco Vergara, personaje que ha investigado con particular interés desde el año 2005, lo que se ha traducido en la elaboración de varios artículos acerca de Vergara y de la historia de Viña del Mar. De algún modo, el libro en comento constituye la culminación de los trabajos emprendidos por Ana Henríquez Orrego desde el año 2005, por cual no podemos sino celebrar que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes haya financiado la publicación de esta obra que contribuye de manera importante a nuestra historiografía y a nuestra cultura, en general.

PORTADA LIBRO: «José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo»

El libro es la biografía más completa y mejor fundamentada acerca de Francisco Vergara, a la vez que un estudio en que se destaca su controvertida participación en la Guerra del Pacífico así como sus esfuerzos para que en el país triunfen los principios del liberalismo, que, desde su perspectiva, habrían sido traicionado por quienes fueron sus mentores, particularmente por Domingo Santa María.

En la parte propiamente biográfica, con la que se inicia la obra, se nos indica que José Francisco Vergara, llega a Valparaíso en 1853, cuando contaba con diecinueve años, para hacer su práctica como agrimensor, en calidad de ingeniero ayudante en las obras del ferrocarril de Valparaíso a Santiago. En 1856, reorienta su vocación técnica por la agricultura, arrendando la Hacienda de Viña del Mar a Dolores Pérez de Álvarez, decisión que marcará su vida en consideración de que tres años más tarde casa con Mercedes Álvarez nieta y heredera de doña Dolores, con quien tuvo dos hijos, Blanca y Salvador. Esta circunstancia, que le convierte en un hombre de fortuna, su incorporación al partido radical de Valparaíso, del que es fundador en 1863, y luego su ingreso a la masonería en 1864, así como sus innegables méritos personales son, según la autora, claves para entender la trayectoria de Vergara como político y hombre público. La obra indica que si bien Vergara no fue un masón activo y observante, se identifico plenamente con los principios propios de la masonería, lo que se reflejaría en sus cartas, memorias y discursos que evidencian su inspiración masónica. Este hecho los lectores lo podrán comprobar al leer la cartas de Vergara a su hijo, las que escribe con motivo de la guerra y las cartas políticas que publica en la prensa bajo el seudónimo Severo Perpena, en las que expresa su compromiso con el amor, la justicia, la laboriosidad y servicio a la humanidad. La percepción que nos queda de Vergara por medio de sus cartas y por sus actuaciones durante su vida, coinciden con los juicios que tuvieron de él sus amigos y colaboradores, quienes lo presentan como un hombre virtuoso. Para los historiadores Gonzalo Bulnes y Francisco Antonio Encina, Vergara representaba la máxima expresión de la virtud y el patriotismo; Teodoro Lowey que por treinta años trabaja a sus ordenes, asegura no haber conocido a “persona más correcta, más cumplidora, más honrada y más humana” que Vergara. Antonio Bisana, por su parte, nos lo presenta como “la personificación del deber, de la abnegación y de la grandeza moral más elevada”.

Se advierte en la obra, que dado que Vergara queda huérfano de padre cuando era un niño, lo que le privó de su consejo, se propuso que su hijo Salvador no sufriera ese vacío, transformándose de por vida en su tutor. En este sentido, la obra de Ana Henríquez tiene un mérito adicional, permite conocer importantes aspectos de la vida familiar en el siglo XIX, los que conocemos por medio de los consejos que transmite epistolarmente a su hijo durante los años que este permanece en Francia por motivos de estudio. Los consejos que Vergara da a Salvador nos permiten tener nuevos antecedentes acerca de la formación que los padres de la elite daban a sus hijos entonces y conocer los valores y principios que se trata de inculcarles, información que nos trajo al recuerdo las Instrucciones que da Manuel Riesco a su amado hijo Miguel, publicadas en la Revista Chilena de Historia y Geografía.. En las cartas a Salvador le insiste en la necesidad de que sea “virtuoso, honorable e instruido”, es decir, que haga suyos una serie de valores caros al mismo José Francisco Vergara. Respecto de la religión, a pesar de que Vergara era agnóstico, le recomienda a tratar con el mayor respeto las cosas religiosas, indicándole “que no es lícito a ninguna persona y por consiguiente mucho menos a un niño hablar con ligereza e irrespetuosamente de la religión y de sus ministros”. Incluso, le recomienda que es más prudente no hablar de religión, y actuar teniendo siempre presente las leyes morales, porque en su opinión la verdadera religión consiste “en ser bueno, siempre bueno y siempre bueno”.

En las cartas de José Francisco Vergara a su hijo Salvador también se advierte un interés por orientarlo en cuanto a la profesión que debería seguir. Como percibe en su hijo un interés por la carrera militar, opción que no comparte, trata de desalentarlo pintando con tonos lúgubres la profesión de las armas. Cuando estábamos a un año del inicio de la Guerra del Pacífico, le dice: “Veo que te apasionan e interesan mucho las cosas de guerras y aunque esto sea una tendencia natural, no la fomentes porque es para nosotros uno de los gustos más estériles”. Le expresa que los soldados sobran, pero que faltan hombres que puedan guiar a los demás en el camino de la civilización, asegurándole que éstos “son los verdaderos héroes de la humanidad”, proponiéndole: “tu no puedes hacer un mejor servicio a tu patria que instruyéndote y preparándote para contribuir dignamente a su sostén y a su progreso”. Respecto de este punto, la autora concluye con muy buenos argumentos que los consejos de Vergara a su hijo reflejan su personalidad, pues se trataba de un hombre que creía en el progreso, amaba el conocimiento, no dejaba para mañana lo que podía hacer hoy, porque estaba convencido que el tiempo era oro y que había que invertirlo tanto en beneficio propio como en el de los demás.

Paradójicamente, este hombre que se mostraba tan despectivo con la carrera militar, a la que llega a calificar como un gusto estéril, tendrá un papel protagónico durante la Guerra del Pacífico al ser nombrado por el gobierno, primero, como delegado ante el comandante en jefe Erasmo Escala en 1879; luego Comandante General de las fuerzas de caballería en 1880, durante las campañas de Tarapacá y Tacna, y más tarde ministro de guerra en campaña, luego de ser nombrado Ministro de Guerra y Marina en 1880, participando en calidad de tal en las batallas de Chorrillos y Miraflores en 1881. Enfrentado a estas nuevas circunstancias, Vergara cambia su punto de vista en relación con la guerra, por lo menos respecto del patriotismo. Un año antes decía que la guerra era uno de los “gustos más estériles”, que el patriotismo se manifestaba haciendo progresar al país y que los hombres que guiaban a los demás en el caminos de la civilización eran los verdaderos héroes de la humanidad, Ahora reconoce que los héroes también se forjan en la guerra; de ahí que se empeña por estar a la altura de las circunstancias, apreciándose por medio de su correspondencia que también desea destacar en la guerra, tanto por una cuestión de honor, que llevaba a flor de piel, como por el país y para que su actuación sirviera de ejemplo a su hijo. El libro analiza con maestría el desempeño de Vergara en la guerra, que por cierto fue muy destacado, a pesar que se le responsabiliza de la derrota sufrida en Tarapacá el 26 de noviembre de 1879, por no haber dado datos fidedignos acerca de las fuerzas enemigas. Sin embargo, el gobierno continuó respaldándolo hasta convertirlo, dice Ana Henríquez “en punta lanza del gobierno frente a los mandos militares”, o más bien, como señalaba Santa María en carta a Vergara, en el encargado de “enderezar entuertos” y “aconsejar a los generales”. Se aprecia a través de la obra, que el cometido cumplido por Vergara hirió el amor propio de la oficialidad del ejército, particularmente del alto mando, por desempeñar tareas estimadas propios de soldados profesionales y no de civiles, y porque Vergara se muestra muy critico respecto la conducción de la guerra , difundiendo urbi et orbi que los éxitos militares conseguidos eran mucho más resultado de la valentía de los soldados, o de deficiencias en el adversario, que de la aplicación de acertadas tácticas o estrategias, lo que se habría traducido en un costo en vidas mucho mayor que el esperado. Además, Vergara se muestra crítico del triunfalismo ambiente, restándole el carácter épico que se le había asignado a algunas batallas. El libro describe muy bien los hechos que mencionamos, tanto que el lector no podrá dejar de vivir el ambiente de tensión que se vivía en el campo de batalla como consecuencia de las críticas de Vergara. Este ambiente alcanza su apogeo cuando Vergara es nombrado Ministro de Guerra y Marina, nombramiento que fue muy discutido en el Congreso y recibido como una bomba por el alto mando del ejército. En carta a su hijo Salvador, le confiesa que su designación como Ministro de Guerra y Marina fue impugnado por el Congreso “porque se decía que mi nombramiento era un desafío al ejército donde era yo muy mal mirado por los jefes a quienes había ofendido con mi injerencia en las operaciones militares”. También fue impugnado, como era de esperar, por el ejército. Tan es así que el secretario del general Baquedano, Máximo Lira, en carta al presidente Aníbal Pinto le dice que cuando se supo del nombramiento de Vergara “hubo, con ese motivo, en el ejército un verdadero alboroto, que se tradujo en murmuraciones violentas y en censuras acres contra los cucalones, nombre que se complacían en dar al señor Vergara”. En fin, esta parte del libro, aunque no corresponde a la parte medular de la investigación, está muy bien lograda y aporta información inédita en un tema que, lamentablemente, sigue estando en el tapete.

La última parte del libro se refiere a la intensa actividad política desarrollada por José Francisco Vergara al final de la guerra y después de ésta, que es, a mi parecer, la parte central del libro. Se refiere a como Vergara declina ser candidato a la presidencia de la Republica para apoyar la candidatura de Domingo Santa María, quien en retribución le nombra ministro del Interior en su primer gabinete. Sin embargo, a los pocos meses, por motivos que la historiografía no ha logrado establecer claramente, y respecto de los cuales la autora tampoco tiene un juicio definitivo, Vergara renuncia al cargo y se enemista con Santa María. (El presidente le rechaza a Vergara la proposición que éste le hace de candidatos del gobierno al Congreso atribuyéndole a Vergara cierto nepotismo a favor de candidatos radicales. Según Edwards Santa María habría desestimado los parlamentarios propuestos por tratarse de gente ingobernable, cuando lo que él deseaba era un congreso disciplinado.). Cualquiera haya sido el motivo del quiebre entre el presidente y su ministro del interior, el caso es que desde entonces Vergara se convierte en el Catón de la administración Santa María en defensa de un verdadero liberalismo.

Este último capítulo, titulado:”José Francisco Vergara: Defensor de los principios liberales”, que corresponde a las últimas 100 páginas del libro, abarca un tema que ha interesado a la actual generación de historiadores preocupados por establecer que significa ser liberal o conservador en el siglo XIX, algo que al parecer no se ha logrado dilucidar totalmente, como lo demuestra el hecho de que Brahm hable de un conservantismo liberal, Jocelyn Holt de liberales moderados y Ana María Stuven asegure que la diferencia entre liberales y conservadores era sólo una cuestión de grado en el siglo. El libro en comento aporta nuevos elementos de juicio para esclarecer el tema, ya que José Francisco Vergara que era muy ortodoxo en cuanto a sus principios, creía saber que significaba ser liberal en el siglo XIX o, por lo menos, poder establecer que actos u omisiones de un gobierno eran contrarios al liberalismo. De ahí que a partir de su salida del gabinete, herido en su amor propio y por una cuestión de principios, (la autora piensa que más por principios y por un cierto idealismo político) Vergara enviste en contra en contra de muchos de sus antiguos camaradas que habían sido mentores del liberalismo, particularmente en contra de Santa María, de quien afirma había traicionado el liberalismo al gobernar al estilo de los viejos pelucones, no cumplir como era debido con la laicización de las instituciones y oponerse a la separación de la Iglesia del Estado. Según Ana Henríquez, desde la perspectiva de Vergara, Santa María y quienes lo acompañaron en el gobierno convirtieron al liberalismo en una simple bandera electoral, usaron las leyes laicas como “instrumento de desquite”, en lugar de la expresión de un auténtico liberalismo, y evitaron que el proceso de laicización de las instituciones culminara en la separación de la Iglesia del Estado, como tendría que haber acontecido. Señala que en este caso Santa María boicoteó la separación para mantener su poder, por conveniencia, sin importarle que esto traicionara sus ideas y principios. También Vergara le critica que habiendo luchado contra la intervención electoral ahora la propicie, acusándolo, nepotismo y de inmoralidad administrativa.

Según la autora, cree que no corresponde acusar a Santa María de “falta de línea” o de que haya traicionado sus principios, porque desde su perspectiva, Santa María era un político pragmático o, más bien, un político a secas, que actuaba según las circunstancias, lo que demuestra citando cartas del propio Santa María a Vergara, donde le indica que a veces la rigidez de principios de un mandatario pueden dañar al país; y en otra, sin el menor pudor, le insta a usar la intervención electoral para ocupar un cargo en el Senado. Como José Francisco Vergara era enemigo de estos procedimientos, Santa María le confiesa a un amigo que “José Francisco no ha nacido para la vida política, ni se ha educado para ella”. Según Ana Henríquez, Santa María estaba en lo cierto al confesar lo recién expresado, ya que Vergara era un idealista actuando en política, un hombre de principios que tenía como paradigma un ideal humano elevado y perfecto al cual trataba de acomodar su conducta, de ahí que en las postrimerías de su vida el mismo confiese que el tener ese ideal es lo que lo “ha hecho tan poco indulgente y equitativo con las faltas de los demás o con lo que yo he creído sus errores políticos”. Esta frase explica gran parte de sus actuaciones en la guerra, en la política y en los consejos a su hijo.

En fin, recomiendo muy particularmente el libro de Ana Henríquez Orrego, «José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo”, por la importancia de los temas que trata; por los aportes que hace a los mismos; por la seriedad de la investigación; por la novedad de la documentación utilizada, particularmente las cartas de Vergara a su hijo Salvador y las cartas políticas que escribió bajo el seudónimo de Severo Perpena, una antología de las cuales forman parte del apéndice documental del libro.

Termino felicitando a Anny por un trabajo que no ha hecho sino confirmar lo que hasta ahora ha sido su trayectoria académica. Felicito también al Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar a través de la persona de mi amiga Eugenia Garrido Álvarez de la Rivera, porque al alero de ese archivo se llevó a cabo gran parte de esta investigación. Felicito por último al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes por haber financiado la publicación de esta obra que constituye un gran aporte a la historiografía chilena y a nuestra cultura en general.
Muchas gracias

Santiago Lorenzo Schiaffino
Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla
Miembro de número de la Academia Chilena de la Historia
Director de Bachillerato y Humanidades de Universidad Gabriela Mistral
Profesor de posgrado Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Ver más sobre la investigación  sobre José Francisco Vergara:

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LANZAMIENTO DEL LIBRO «JOSÉ FRANCISCO VERGARA: GUERRA DEL PACÍFICO Y LIBERALISMO», 7 DIC. 2009


Lanzamiento del libro «José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y liberalismo» de la autora Ana Henríquez Orrego.Lugar: Palacio Vergara (Quinta Vergara, Viña del Mar)

ANA HENRIQUEZ ORREGO, LANZAMIENTO DEL LIBRO

Autoridades UDLA Viña de Mar en lanzamiento del libro JOSÉ FRANCISCO VERGARA. Rodrigo Torres, Jeanette Rivera, Gonzalo Vallejo Berenguer.

DON SANTIAGO LORENZO SCHIAFFINO PRESENTANDO LIBRO DE JOSÉ FRANCISCO VERGARA

SANTIAGO LORENZO SCH. PRESENTANDO LIBRO «JOSÉ FRANCISCO VERGARA»

Gonzalo Vallejo Berenguer (Director de Geestión Académica UDLA Viña del Mar) – Ana Henríquez Orrego

DON SANTIAGO LORENZO Y ANA HENRIQUEZ, LIBRO JOSÉ FRANCISCO VERGARA

Invitados al lanzamiento libro JOSÉ FRANCISCO VERGARA

VICERRECTOR UDLA, RODRIGO TORRES ARENAS.

LANZAMIENTO LIBRO «JOSÉ FRANCISCO VERGARA»

Don Santiago Lorenzo Sch. Presenta libro de Ana Henríquez

Doña Eugenia Garrido entregando palabras de Bienvenida en lanzamiento del libro

Rodrigo Torres (Vicerrector Universidad de Las Américas), Gonzalo Vallejo Berenguer (Director Gestión Académica UDLA), Jeanette Rivera (Directora de Carreras UDLA) y Ana Henríquez Orrego (Docente UDLA). Viña del Mar

LANZAMIENTO LIBRO «JOSÉ FRANCISCO VERGARA: GUERRA DEL PACÍFICO Y LIBERALISMO»

Blanca Vergara, Ana Henríquez y Santiago Lorenzo. LANZAMIENTO DEL LIRBO JFV.

Lanzamiento libro JFV. Patricia Gomez, Víctor Salazar, Edwin Cartagena y Ana Henríquez

Javiera Vargas, Lorena Brassea, Ana Hnríquez, Matías González y Carolina Miranda (Unidad de Patrimonio)

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