GUERRA FRÍA: EL PLAN MARSHALL. 6 DE JUNIO DE 1947


George Marshall. (1880-1959). Secretario de Estados entre 1947 y 1949. Secretario de Defensa entre 1950 y 1951.

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Programa de Recuperación económica, conocido como Plan Marshall

Discurso de George Marshall. Universidad de Harvard. 6 de Junio de 1947
No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (…). Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea (…).
La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave. El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté constantemente en cuestión.
Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos. Es lógico que los Estados Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis. Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura antes que un simple paliativo.
Cualquier gobierno que esté dispuesto a ayudar en la tarea de la recuperación, encontrará, estoy seguro de ello, plena cooperación por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Cualquier gobierno que maniobre para bloquear la recuperación de otros países no puede esperar apoyo de nosotros. Más aún, los gobiernos, partidos políticos o grupos que traten de perpetuar la miseria humana al objeto de aprovecharse de ella políticamente o de otra manera, encontrarán la oposición de los Estados Unidos.
Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida por este Gobierno. No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.
Parte esencial de cualquier acción afortunada por parte de los Estados Unidos es que el pueblo de América comprenda, por su parte el carácter del problema y los remedios a aplicar. La pasión política y los prejuicios no deben intervenir. Con previsión, y con la voluntad de nuestro pueblo de enfrentarse con la ingente responsabilidad que la historia ha puesto claramente sobre nuestro país, las dificultades que he subrayado pueden ser superadas, y lo serán.

Análisis del Documento

El autor del documento:

El autor del documento es George Marshall (1880-1959). Entró en la Academia militar de Virginia en 1897. En 1902 recibió su despacho de Segundo Teniente de Infantería. Participó en la Primera Guerra Mundial en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial se encargó de la instrucción, formación y equipamiento del ejército de Estados Unidos. En 1944 alcanzó el grado de General. Representó a los jefes de estado mayor del ejército de EUU en todas las Conferencias que tuvieron lugar durante y después de la Segunda guerra Mundial, dimitiendo de su cargo al concluir ésta. A petición del Presidente Harry Truman fue de intermediario a la guerra civil China. En 1947 fue nombrado Secretario de Estado, propulsando el plan de reconstrucción europea que lleva su nombre, así como también la ayuda a Grecia y a Turquía. Por motivos de salud, dimitió de su cargo en 1949. En 1950 fue nombrado Secretario de Defensa y preparó al ejército para la guerra de Corea. En 1953 recibió e premio Nobel de la Paz.[1]

Destinatarios, lugar y fecha:

Tres meses después de que el Presidente Harry Truman anunciara su política de Contención del Comunismo y la ayuda a los pueblos libres, George Marshall dio a conocer en público el Programa de Recuperación Europea, generalmente conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, en mayo de 1947, Dean Acheson[2] había expuesto las ideas principales del Plan de Recuperación Económica, ante un numeroso grupos de granjeros en el Sur de EEUU, la promulgación oficial del Programa se realizó el 6 de junio de 1947 en la Universidad de Harvard, centro al que había sido invitado el General Marshall para ser investido Doctor Honoris Causa.

Contenido del documento:

Ante la deplorable situación económica que aquejaba a Europa, Estados Unidos promueve un Plan de Recuperación Económica, conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, el Gobierno norteamericano había concedido a Europa Occidental desde final de la guerra una ayuda de más de 4.500 millones de dólares, más otros 6.800 millones en forma de créditos, éstos no habían sido suficientes para poder mejorar la situación económica de los países asolados por la guerra.[3] Según los datos entregados por Rafael Aracil,[4] el panorama europeo en 1947 era el siguiente: los europeos no podían organizar el flujo de mercancías debido a las pérdidas sufridas por su marina mercante, el déficit de oro y divisas alcanzaba 8.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, al nivel interno se planteaban problemas de producción, de transportes de mercancías y de mano de obra. Excepto en Gran Bretaña, la producción agrícola era inferior a la de 1938 a causa de la disminución de superficies y de rendimientos, así como también por la desaparición de una parte del ganado. Mientras tanto, el desabastecimiento alimenticio y la falta de productos de consumo obligaban a mantener un severo racionamiento y favorecían las fuertes subidas de los precios.

Así pues, George Marshall parte su discurso poniendo énfasis en la preocupante crisis económica que afectaba a Europa, afirmando que la devastación de la economía europea hacía imposible que esos países lograran solventar sus gastos sin la ayuda externa: “las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave”. Ante tal situación, la sociedad americana no puede cerrar los ojos, ya que según Marshall, los problemas económicos que están afectando a Europa no son independientes del desenvolvimiento económico mundial, por tanto, Estados Unidos debe estar atento, pues su economía puede verse directamente afectada.

La tarea que propuso George Marshall fue elaborar un plan de ayuda que permitiera devolver la salud económica al mundo, y con ello también construir bases sólidas donde cimentar la paz. En este punto, Marshall subraya el carácter altruista de la política económica que está proponiendo al afirmar que “Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres”. De esta afirmación se desprende la posibilidad de que el plan también hubiere estado destinado a los países de la Europa oriental. No obstante, como se verá posteriormente, el plan fue rechazado por la Unión Soviética y obligó a la órbita de países ubicados bajo su esfera de influencias a rechazarlo.

En el discurso, George Marshall destaca la necesidad de que la petición de ayuda provenga de los países europeos, es decir, son éstos los que deben evaluar sus necesidades y organizarse para solicitar la ayuda que Estados Unidos está dispuesto a entregar: “La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa… El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas”. De este modo el discurso pronunciado ante el auditorio de la Universidad de Harvard, tiene también como principales destinatarios a los líderes de los países europeos, a quines hace un llamado para que busquen los mejores mecanismos de organización, a partir de los cuales puedan coordinar las peticiones de ayuda a los Estados Unidos.

La respuesta por parte de los países europeos no se hizo esperar. Tras un primer intercambio de puntos de vista entre franceses, británicos y soviéticos, se decidió responder a la propuesta norteamericana convocando una reunión en París el 27 de junio. En esta reunión quedó en evidencia que la URSS rechazaba la ayuda norteamericana por las condiciones que el gobierno norteamericano exigía. Stalin consideró que si aceptaba la ayuda de los Estados Unidos se acrecentaría la influencia de este país en las zonas bajo su dominio. “Vio en este plan de ayuda una verdadera máquina de guerra capaz de distender los lazos entre la Unión Soviética los países de Europa Central y Oriental”.[5] Por su parte, el conjunto de países occidentales que sí habían aceptado la ayuda propuesta por Estados Unidos, en julio se constituyeron un Comité Europeo de Cooperación Económica (CECE), encargado de elaborar un informe sobre las demandas que desde Europa se podrían hacer a Estados Unidos. En septiembre de 1947 se presentó “el Informe de París”. En él se establecían cuatro objetivos: a) aumento de la productividad agrícola e industrial hasta alcanzar los niveles de antes de la guerra; b) estabilidad financiera; c) cooperación económica entre países participantes y d) solución al problema del déficit en dólares a través de la expansión de las exportaciones.[6]

Ante las peticiones europeas, el Congreso de Estados Unidos, aprobó el 3 de abril de 1948 el Foreign assistance act, más conocido como el Programa de Recuperación Europeo. Entre 1948 y 1952 dieciséis países se beneficiaron de la ayuda económica del Plan Marshall, quedaron excluidos España y Finlandia por razones políticas, mientras que la Unión Soviética no lo aceptó y obligó a los países de su órbita a rechazarlo. En el mapa que se presenta a continuación puede verse claramente el delineamiento de la frontera generada a partir de la distribución del Plan Marshall.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Pagina 727
[2] Dean Acheson era el subsecretario del Departamento de Estado Norteamericano a partir de 1945. en 1947 formuló la llamada Doctrina Truman. Fue nombrado Secretario de Estado en sustitución del general Marshall el año 1949, promovió la Organización del Tratado del Atlántico Norte y decidió el rearme de la República Federal de Alemania, la intervención de Estados Unidos en orea y el aislamiento de la China de Mao.
[3] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 38
[4] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 63 – 70
[5] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 112
[6] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 38

Mapa de distribución del Plan Marshall

En el mapa se puede visualizar la línea de demarcación que se generó a partir de la distribución del Plan Marshall. Toda el área controlada por la Unión Soviética se mantuvo al margen de la ayuda económica prestada por Estados Unidos, en el mapa esta área está coloreada con amarillo, y de ella forman parte los siguiente países: Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Albania. Posteriormente, producto de la ruptura entre la Unión Soviética y Yugoslavia, este último también pasa a ser parte de los países beneficiados por la ayuda económica de Estados Unidos, pero no se encuentra directamente incluido en el Plan Marshall.Entre los países de Europa occidental, solo España se mantuvo al margen del Programa de Recuperación Económica. A través de la tabla estadística que se incorpora a continuación se puede apreciar la distribución de la ayuda por países.

Reparto de la ayuda norteamericana en donaciones.
Entre los países europeos (abril 1948- junio 1951)

1. Reino Unido 2.826
2. Francia 2.444,8
3. Italia 1.315,7
4. Alemania Occ. 1.297,3
5. Países Bajos* 877,2
6. Austria 560,8
7. Belg. Lux. 546,6
8. Grecia 515,1
9. Pago UEP 350,0
10. Dinamarca 257,4
11. Noruega 236,7
12. Turquía 152,5
13. Irlanda 146,2
14. Suecia 118,5
15. Portuga l60,5
16. Triste 32,5
17. Yugoslavia ** 29,0
18. Islandia 23,7

11.780,5

* Sin Indonesia, acreditada con 101,4 millones de dólares
**Yugoslavia no formaba parte del plan Marshall, pero en 1950 la ayuda económica norteamericana se transfirió a través del ECA (administración De Cooperación Económica)
Fuente: BOOSSUAT, G.: “Plan Marshall”, en AZEMA, J.O.: BESARIDA, F.: 1938-1948 Les annees de tourmente, de Munich a Prague. Dictionarie critique. París, Flamariosn, 1995, p. 229. EN: Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 67.

¿Cuáles fueron los principales efectos del Plan Marshall?

Como señala Rafael Aracil, más allá de los aspectos económicos, el Plan Marshall tuvo importancia en el ámbito geopolítico ya que consolidó la división del continente en dos ámbitos de hegemonías, la occidental bajo la tutela de los Estados Unidos y la oriental sometida a la influencia de la Unión Soviética. De esta forma contribuiría a la formación de los bloques.[1] En efecto, esa es la situación que vemos reflejada en el mapa. A partir de este momento se puede afirmar que el “Telón de Hierro” descrito por Wiston Churchill comienza a solidificarse.

Desde este punto de vista podemos afirmar que los objetivos y consecuencias del Plan Marshall se configuran esencialmente en dos ámbitos: políticos y económicos. Si tenemos presente las propias declaraciones de George Marshall, el plan pretendía impedir la amenaza de una recesión de la economía norteamericana, restablecer el circuito normal de intercambios exteriores, instar a los europeos a armonizar sus esfuerzos por conseguir el restablecimiento de la economía y a unirse para crear un mercado amplio. Pero también, otro de los propósitos declarados, era oponerse al progreso del comunismo, cuyo desarrollo se creía que era fruto del descontento y de la miseria.[2] Teniendo presente estas circunstancias podemos afirmar que efectivamente “el Plan Marshall” viene a ratificar el comienzo de la Guerra Fría, si por ésta entendemos la manifestación concreta de la división del mundo en dos bloques.

En resumen, los efectos políticos se manifestaron en la división de Europa en dos bloques claramente delimitados. Mientras que los efectos económicos se reflejaron en la rápida recuperación económica experimentada por los países beneficiados por la ayuda prestada por Estados Unidos. En los 5 años de aplicación (1948-1953), ascendió a un total de 13.150 millones de dólares (equivalentes a unos 80.000 millones de dólares actuales). Al principio la demanda más grande era de alimentos y fertilizante, pero en 1951 la mitad de los productos recibidos a través del plan eran materias primas, bienes semielaborados y maquinaria.[3]

La valoración del Pan Marshall, desde el punto de vista económico y financiero fue positiva, ya que la inyección de capitales norteamericanos permitió la recuperación rápida de los países beneficiados. No obstante, en los aspectos sociales la valoración es diferente. Ya que si bien es cierto uno de los aspectos destacados por la propaganda que promovió al Plan Marshall, destacaba entre sus objetivos la necesidad de mejorar la situación social de los trabajadores, éstos no se contaban entre las primeras prioridades de la Recuperación Económica.[4] Esto se ponía en evidencia a través de la presión que los administradores norteamericanos ejercían sobre los gobiernos europeos para que adoptasen una política de saneamiento basada en la contracción del gasto público, el equilibrio de los presupuestos, la estabilidad monetaria, establecimiento de unos márgenes elevados de beneficios a favor de los inversores, y finalmente, un sistema fiscal que estimulara los beneficios y las inversiones; las consecuencias de estas políticas fueron la reducción de los gastos en servicios sociales, las rentas bajas y los bajos niveles de consumo para las clases trabajadoras. Por tanto, lo que hizo el Plan Marshall fue poner de pie la desgajada economía de la Europa Occidental, lo que no significó que todos sus objetivos proclamados se hayan cumplido.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 69
[2] Ibidem, Página 65
[3] Ibidem, Página 67
[4] Estudio realzado por G. Mammarella, Citado por Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 69

*EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

 

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Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

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GUERRA FRIA FASE 1: 1947-1953. SURGIMIENTO Y ESTABILIZACIÓN DE UN MUNDO BIPOLAR. CONFLICTO TIPO: LA GUERRA DE COREA


Harry Truman. Presidente Nº 33 de EEUU entre 1945 y 1952

FASE 1: 1947-1953. SURGIMIENTO Y ESTABILIZACIÓN DE UN MUNDO BIPOLAR
CONFLICTO TIPO: LA GUERRA DE COREAEsta primera fase de la Guerra Fría comienza en 1947, con la proclamación de la Doctrina Truman y el Plan Marshall por parte de Estados Unidos y el anuncio de la Doctrina Jdanov por parte de La Unión Soviética; prosigue con el Golpe Comunista en Checoslovaquia y el bloqueo de Berlín en 1948, terminando con la Guerra de Corea como conflicto tipo, es decir, como momento cúlmine en el que se estuvo a un paso de llevar a cabo un enfrentamiento directo entre EEUU y la URSS.

El Comienzo de la Guerra Fría:
La Doctrina Truman, el Plan Marshall, la Doctrina Jdanov y el bloqueo de Berlín

La Doctrina Truman y El Plan Marshall

Tras la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se propusieron abandonar su política de aislamiento continental, asumiendo responsabilidades mundiales. Su objetivo fue al principio asegurar los fundamentos económicos de la paz, pero después, al compás de la Guerra Fría, se atribuyeron la misión de defender a todos los pueblos que querían preservar las instituciones y los valores de la democracia liberal, dando la imagen de un país que encarnaba la libertad, distribuyendo mucho dinero entre los países aliados que iban a ser también sus clientes.[1] Tales objetivos se pusieron de manifiesto a partir de la Doctrina Truman y el Plan Marshall, los cuales se analizan a continuación.

[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 41

LA DOCTRINA TRUMAN
EE.UU. Washington, 12 de marzo de 1947

«Uno de los objetivos fundamentales de la política exterior de Estados Unidos es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción. Esta fue una de las causas fundamentales de la guerra con Alemania y el Japón. Nuestra victoria se logró sobre países que pretendían imponer su voluntad y su modo de vivir a otras naciones. Para asegurar el desenvolvimiento pacífico de las naciones libres de toda coacción, Estados Unidos ha tomado parte preponderante en las Naciones Unidas. Estas están destinadas a posibilitar el mantenimiento de la libertad y la soberanía de todos sus miembros. Sin embargo, no alcanzaremos nuestros objetivos a menos que estemos dispuestos a ayudar a los pueblos libres a preservar sus instituciones libres y su integridad nacional frente a los movimientos agresivos que tratan de imponerles regímenes totalitarios. Esto es simplemente reconocer con franqueza que los regímenes totalitarios impuestos a los pueblos libres, por agresiones directas o indirectas, socavan los fundamentos de la paz internacional y, por tanto, la seguridad de los Estados Unidos. En la presente etapa de la historia mundial casi todas las naciones deben elegir entre modos alternativos de vida. Con mucha frecuencia, la decisión no suele ser libre. En varios países del mundo, recientemente, se han implantado por la fuerza regímenes totalitarios, contra la voluntad popular. El gobierno de los Estados Unidos ha levantado frecuentes protestas contra las coacciones y las intimidaciones realizadas en Polonia, Rumanía y Bulgaria, violando el acuerdo de Yalta. Debo afirmar también que en otros países han ocurrido hechos semejantes. Uno de dichos modos de vida se basa en la voluntad de la mayoría y se distingue por la existencia de instituciones libres, un gobierno representativo, elecciones limpias, garantías a la libertad individual, libertad de palabra y religión y el derecho a vivir sin opresión política.
El otro se basa en la voluntad de una minoría impuesta mediante la fuerza a la mayoría. Descansa en el terror y la opresión, en una prensa y radio controladas, en elecciones fraudulentas y en la supresión de las libertades individuales. Creo que la política de los Estados Unidos debe ayudar a los pueblos que luchan contra las minorías armadas o contra las presiones exteriores que intentan sojuzgarlos. Creo que debemos ayudar a los pueblos libres a cumplir sus propios destinos de la forma que ellos mismos decidan. Creo que nuestra ayuda debe ser principalmente económica y financiera, que es esencial para la estabilidad económica y política. El mundo no es estático y el statu quo no es sagrado. Pero no podemos permitir cambios en el statu quo que violen la Carta de las Naciones Unidas por métodos como la coacción o subterfugios como la infiltración política. Ayudando a las naciones libres e independientes a conservar su independencia, Estados Unidos habrá de poner en práctica los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Basta mirar un mapa para comprender que la supervivencia e integridad de la nación griega tiene gran importancia dentro del marco más amplio de la política mundial. Si Grecia fuera a caer bajo el poder de una minoría armada, el efecto sobre su vecino Turquía, sería inmediato y grave. La confusión y el desorden podrían fácilmente extenderse por todo el Medio Oriente (…).
Si dejáramos de ayudar a Grecia y Turquía en esta hora decisiva, las consecuencias, tanto para Occidente como Oriente, serían de profundo alcance. Debemos proceder resuelta e inmediatamente (…). Por lo tanto, pido al Congreso autorización para ayudar a estos dos países con la cantidad de cuatrocientos millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948. Además de dichos fondos, pido al Congreso que apruebe el envío de personal norteamericano civil y militar, a Grecia y Turquía, a petición de aquellos países, para cooperar en la tarea de la reconstrucción y con el fin de que supervise la utilización de la ayuda financiera y material que lleguen a ser otorgadas (…). Si vacilamos en nuestra misión de conducción podemos hacer peligrar la paz del mundo y, sin lugar a dudas arriesgaremos el bienestar de nuestra propia nación
«.

Discurso del presidente Truman ante el Congreso de EE.UU. Washington, 12 de marzo de 1947

Análisis del documento

El autor del documento:

El autor del documento es Harry Truman. Político demócrata estadounidense y vicepresidente de la nación en 1944. Tras la muerte de Roosevelt, accedió a la presidencia de los Estados Unidos. Durante su mandato, ordenó el lanzamiento de la primera bomba atómica en Hiroshima y Nagazaki. En 1947 Promovió la ayuda económica a Grecia y a Turquía, impulsó el Plan Marshall, la creación de la OTAN y la intervención en la guerra de Corea. En 1949 comienza su período de presidente electo, el que finaliza en 1953.

Destinatarios, lugar y fecha:

El discurso fue dado a conocer por el Presidente Harry Truman, ante el Congreso Norteamericano, el 12 de marzo de 1947.

Contenido del documento:

1947 es considerado por gran parte de la historiografía como el año de inicio de la Guerra Fría y la Doctrina Truman como su primera manifestación concreta. En efecto, en este año se pasa de las advertencias a los hechos. Ante la renuncia de Inglaterra a la tutela sobre Grecia y Turquía, cuya defensa contra el avance comunista el gobierno norteamericano considerará fundamental, el Presidente norteamericano, Harry Truman, se dirige al congreso para sostener la necesidad de “ayudar a las naciones libres e independientes a mantener su libertad”.[1]

El 12 de marzo de 1947 el Presidente norteamericano Harry Truman, se dirigió al Congreso de EEUU para anunciar un cambio importante en los objetivos y estrategias de la política exterior. La idea central del discurso versaba, esencialmente, entorno a la responsabilidad que debían adoptar los Estados Unidos en defensa del mundo libre frente al asedio de los regímenes totalitarios. En términos concretos, se estaba pidiendo al Congreso la autorización de apoyar económicamente a Grecia y Turquía frente al avance comunista. “Uno de los objetivos fundamentales de la política de EEUU es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción(…) debemos estar dispuestos a ayudar a los pueblos libres al mantenimiento de sus instituciones libres y su integridad nacional (…)”
“Si dejamos de ayudar a Grecia y a Turquía en esta hora decisiva las consecuencias, tanto para Occidente como Oriente serían de profundo alcance (…) Pido al Congreso la cantidad de 400 millones de dólares durante el período que termina el 30 de junio de 1948”
Según señala Juan Ocaña, “el senador republicano Arthur Vandenberg, partidario de aprobar la ayuda, aconsejó a Truman que para conseguir el apoyo del Congreso debía «asustar de muerte al pueblo norteamericano». Esto fue lo que Truman intentó hacer dibujando en su discurso un mundo dividido en dos tipos de vida, una basada en la libertad y otra en la tiranía”.[2] El Congreso finalmente aprobó una ayuda que se convirtió en el primer acto de la política de «contención» norteamericana.

El discurso viene a significar un hito crucial en el cambio experimentado por las relaciones internacionales. Por una parte el compromiso que Estados Unidos está asumiendo en defensa de Grecia significa el reconocimiento de la inminente decadencia del último país europeo que podría haber jugado como contrapeso en el período de posguerra, este es Gran Bretaña. En este punto debemos recordar que en febrero de 1947, el Ministro de Asuntos Exteriores Británico, Ernest Bevin, hizo saber al Gobierno Norteamericano que Gran Bretaña no podía soportar más la carga que había asumido de ayudar financiera y militarmente a Grecia y a Turquía.[3] Por otra parte, en el discurso se esboza la política que va a caracterizar todo el período abarcado por la Guerra Fría, es decir, la Contención. A través del contenido del discurso podemos evidenciar el modo en que aquellos postulados teóricos propuestos por George Kennan van tomando forma concreta, a través de la política de ayuda económica propuesta por el Presidente Norteamericano, en defensa de los países que se encuentran asediados por la presión comunista. En el discurso concretamente se refiere a Grecia y Turquía. En Grecia se desarrollaba una guerra civil entre un gobierno conservador pro-occidental y guerrillas comunistas, mientras que Turquía se encontraba bajo la presión soviética. Así, con los planteamientos de Truman se ponía en marcha la estrategia de “Contención del Comunismo”.

Según señala Juan Pereira, las reacciones frente al discurso de Truman fueron diversas, no obstante, giraron en torno de la reserva y la oposición. En la ONU no fue bien acogido porque la situación de Grecia estaba siendo sometida a examen en el Consejo de Seguridad, mientras que en Europa la reacción fue de reserva y oposición.[4] Los partidos comunistas de los diversos países de Europa Occidental levantaron la voz de protesta, pero la oposición más contundente llegó desde Moscú.

En el Compendio de Historia de la URSS, la Doctrina Truman es descrita de la siguiente manera: “En 1947 el Presidente Truman proclamó el derecho de los Estados Unidos a inmiscuirse en los asuntos internos de otros países. La primera aplicación práctica de dicha doctrina tuvo lugar en Grecia, donde los fascistas y Monárquicos recibieron una generosa ayuda norteamericana. El segundo campo de aplicación de la Doctrina fue Turquía, que linda con la URSS. Walter Lipman escribía en 1947: No hemos elegido a Turquía y Grecia porque estos países tengan una necesidad especial de ayuda, ni por ser ejemplos brillantes de democracia y libertad, sino porque constituyen la puerta estratégica, que da acceso al Mar Negro y al corazón de la Unión Soviética”.[5] Además, según se señala en la “Historia de la Política Exterior de la URSS”, el discurso de Truman fue entendido como una arremetida militar, donde no se escatimaron “groseras calumnias contra los países socialistas”, por otra parte, también se subrayó el carácter interventor que asumiría EEUU, quien se atribuía a sí mismo “el papel de gendarme mundial”, es decir, reconocía su intención de “intervenir en los asuntos de todas las naciones al lado de la reacción y de la contrarrevolución, contribuyendo a la represión del movimiento liberador de todos los pueblos y oponiéndose abiertamente a la revolución y al desarrollo socialista de los Estados”. Todas estas apreciaciones quedaron expresamente manifestadas en las publicaciones del periódico Pravda, donde se puso énfasis en el carácter antisoviético y antisocialista de la política exterior formulada en la «Doctrina Truman» y también que el carácter concreto de aquella “estaba íntimamente ligado a las apetencias de los círculos económicos interesados”.

Como se puede apreciar, con la Doctrina Truman comienza a perfilarse concretamente la división del mundo en dos bloques. Uno de ellos contó con el apoyo norteamericano, mientras que el otro se enmarcó dentro del campo de influencia soviético. Frente a esto, podemos decir que ambos mundos ya se habían delimitado con el establecimiento de la ocupación militar de pos guerra, no obstante, en 1947 esa ocupación comienza a consolidarse y los campos de influencia se demarcan con claridad en el ámbito europeo. Esto último se hará aun más evidente con la aplicación del Plan de Recuperación Económica conocido como Plan Marshall, el que será analizado a continuación.

NOTAS
[1] Zorgbibe, Ob. Cit., p. 78
[2] En: www.historiasiglo20.org/GLOS/doctrinatruman.htm (El autor de ésta página es Juan Carlos Ocaña, quien es Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Catedrático de Enseñanza Secundaria de Geografía e Historia en el IES Parque de Lisboa de Alcorcón (Madrid))
[3] Aracil, Rafael, Ob. Cit, Página 42
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 37
[5] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 301

*EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

 

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FASES DE LA GUERRA FRIA ABIERTA


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Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

 

FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA
1947: EL COMIENZO DE LA GUERRA FRÍA

La Guerra Fría es un proceso de larga duración, cuya fecha de inicio es discutida por la historiografía especializada, incluso hay quienes sostienen que esta peculiar guerra tiene por punto de partida el año 1917, es decir, el momento en que en Rusia las fuerzas revolucionarias llegaron al poder. No obstante, según el planteamiento pedagógico desarrollado a lo largo del trabajo, los acontecimientos ocurridos entre 1917 y 1945 serán considerados como antecedentes de la Guerra Fría, la cual tiene como punto de partida indiscutible 1947, año en que comienza la consolidación concreta de los bloques, liderados por EEUU y la URSS respectivamente. Como se dejó en evidencia en el apartado anterior, el año 1946 fue marcando el camino hacia el quiebre definitivo de la efímera Alianza de guerra. No obstante, es en 1947 cuando las palabras dan paso a los hechos. Cada una de las potencias comenzó el proceso de consolidación de su respectiva esfera de influencia.

Así pues, como señala Rafael Aracil, la Guerra Fría ya estaba latente entre los años 1945 y 1946, pero alcanzó su manifestación concreta sólo en 1947, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, se dejaron llevar por la escalada de desconfianza recíproca que les condujo a la ruptura.[1] Según esta perspectiva, la Guerra Fría habría sido provocada por el estado de paranoia y persecución de cada uno de los bandos, más que por amenazas y peligros reales. “La Guerra Fría encontró su origen, menos en la agresividad efectiva de los adversarios, que dieron pruebas en realidad de una gran prudencia, que en la escalada de sus desconfianzas recíprocas”.[2] Cada actor vio en el actuar de su oponente una provocación directa para iniciar el enfrentamiento. Aracil destaca un fuerte componente psicológico en las motivaciones que provocaron el comienzo de la Guerra Fría. Teniendo presente este punto de vista, se pueden explicar las divergencias interpretativas de cada uno de los bloques, ya que cada uno veía en el otro a un agresor, dispuesto a recurrir a todo tipo de estrategias y armas para ampliar su esfera de influencia e ir derrotando así, progresivamente a su rival.

La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias, no obstante, pronto cada una aceptó tácitamente la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que barca la Guerra Fría, desde 1947 hasta 1989-1991. Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida, como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.

LAS FASES DE LA GUERRA FRÍA ABIERTA

Para abordar el estudio histórico del desarrollo de la Guerra Fría, nos ha parecido interesante desarrollar el esquema explicativo propuesto por Juan Pereira. Para este autor, en la historia de la Guerra Fría se pueden distinguir claramente 4 fases, cada una de las cuales estaría caracterizada por un conflicto tipo que la identifica:

Fase 1: 1947/1948-1950/1953: Conflicto tipo: La Guerra de Corea
Fase 2: 1953-1962: Conflicto tipo: Los mísiles cubanos
Fase 3: 1962-1973/1975: Conflicto tipo: La Guerra de Vietnam
Fase 4: 1973-1988/1989: Conflicto tipo: La Guerra de Afganistán

Según señala Juan Pereira, cada una de estas fases posee los siguientes elementos constitutivos: “se inicia con un primer período de distensión, moderación en el enfrentamiento, disminución de los conflictos y utilización de un lenguaje sereno y constructivo. En un segundo momento irán a pareciendo signos de tensión que se apreciarán en primer lugar, en el lenguaje que utilizarán los líderes y representantes políticos y militares de ambos bloques; a continuación se intensificarán los conflictos localizados y los presupuestos militares e incluso se romperán negociaciones o acuerdos. La tensión culminará con el estallido de un conflicto tipo, con un momento de máximo enfrentamiento en el que se estará al borde del enfrentamiento bélico directo”.[3]

Pereira en su libro “Los orígenes de la Guerra Fría” esboza este esquema desarrollando sólo el primero de los períodos identificados. En el presente apartado se abordará el estudio de cada uno de estos períodos, poniendo especial énfasis en los conflictos “tipos” de cada una de las fases señaladas. Para alcanzar tales objetivos serán analizadas diversas fuentes: documentos escritos, fílmicos, iconográficos, etc.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 109
[2] Ibidem, Página 110
[3] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 33

EXTRACTO: Tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005।
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Historia1Imagen

Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

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ORÍGENES DE LA GUERRA FRÍA. WISTON CHURCHILL "EL TELÓN DE HIERRO". 5 DE MARZO 1946


 

Wiston Churchill. Con su firmeza, oratoria, capacidad de trabajo y ánimo inquebrantables, consiguió sacar adelante a Gran Bretaña en uno de los episodios más difíciles de su historia, la Segunda Guerra Mundial, siendo su Primer Ministro.

El Telón de Acero. W. Churchill
Estoy contento de haber venido al Westminister College esta tarde, y también de que me hagan el honor de concederme el doctorado…
Hoy los Estados Unidos se encuentran en el pináculo de la torre del poder. Es un momento solemne para la Democracia americana. Porque esa primacía de poder está acompañada de una impresionante responsabilidad de futuro. Si miran a su alrededor, no sólo deberán tener el sentimiento del deber cumplido, sino que habrán de sentir el temor de no alcanzar todo lo que se han propuesto… es necesario que el espíritu constante, el propósito inmutable y la gran sencillez en las decisiones guíen y gobiernen en la paz como e la guerra, la conducta de los pueblos que hablan en inglés. En esta obligación debemos demostrar que somos iguales, y creo que lo vamos a hacer.
Tengo una propuesta práctica y concreta que hacer. Se pueden nombrar tribunales y jueces, pero no pueden funcionar sin sheriff ni policías. La Organización de la Naciones Unidas debe empezar inmediatamente a proveerse de un ejército internacional… propongo que se invite a todas las potencias y a todos los Estados a que deleguen un número determinado de sus escuadrones aéreos para e servicio de la Organización mundial… se podría empezar a escala modesta, para que creciera a medida que lo hiciera la confianza. Querría haber visto que se hacía cuando terminó la Primera Guerra Mundial, y confío de todo corazón que se pueda hacer inmediatamente.
No obstante, sería un error y una imprudencia confiar los conocimientos secretos o la experiencia de la bomba atómica, que hoy comparten los Estados Unidos, Gan Bretaña y Canadá, a la Organización Internacional mientras esta se encuentre en su infancia… Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, esos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos. Dios ha querido que no ocurra así y disponemos al menos de un tiempo para respirar y poner la casa en orden antes de enfrentarnos a este peligro; e incluso entonces, si no se ahorran esfuerzos seguiremos poseyendo una superioridad tan formidable que bastará para disuadir de forma efectiva de que los utilicen o amenacen con hacerlo.
… y ahora hablaré del segundo peligro de estos maleantes que amenazan la finca, la casa y a la gente corriente; es decir, la tiranía. No podemos estar ciegos ante el hecho de que las libertades de que goza cada uno de los ciudadanos de todo el Imperio Británico no existen en número considerable de países, algunos de los cuales son grandes potencias. En estos Estados se controla a la gente corriente mediante diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo…
Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra. Pero nunca debemos dejar de proclamar sin miedo los grandes principios de la libertad y los derechos del hombre, que son la herencia común del mundo de habla inglesa que, a través de la Carta Magna, la Carta de Derechos, el Habeas Corpus, el juicio y el jurado, y el derecho Común Inglés, tienen su más famosa expresión en la Declaración de Independencia Americana.
Todo esto significa que las personas de cualquier país tienen derecho, y deberían tener la capacidad reconocida por la Constitución de elegir o cambiar, mediante elecciones libres, sin restricciones y secretas el carácter o la forma de gobierno por el que se rijan; que debe imperar la libertada de expresión y de pensamiento; que los tribunales de justicia, independientes del poder ejecutivo y de cualquier partido apliquen las leyes que hayan recibido el consentimiento amplio de la mayoría o estén consagradas por el tiempo y la costumbre. Ello representa el título de propiedad de la libertad que debe existir en todos los hogares. Ahí está el mensaje que los pueblos americanos e ingles dirigen a la humanidad.
No se podrá evitar la guerra de forma segura ni podrá progresar de forma continuada la Organización Mundial sin lo que he denominado la asociación fraterna de los pueblos de habla inglesa… la asociación fraterna no solo exige el desarrollo de la amistad y la comprensión mutua de nuestros dos sistemas de sociedad, muy amplios, pero similares, sino la continuidad de relación estrecha entre nuestros asesores militares, que conduzca al estudio común de los posibles peligros, la semejanza de las armas y los manuales de instrucción y al intercambio de oficiales y cadetes en los centros de formación.
Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuales son los límites si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista. Siento una gran admiración y tengo una gran estima al valeroso pueblo ruso y al que fue mi camarada en la guerra, el Mariscal Stalin. En Gran Bretaña (y no dudo que también en Estados Unidos) existe una profunda simpatía y buena voluntad hacia todos los pueblos de Rusia y una disposición a perseverar, a partir de las muchas diferencias y los muchos desaires, en el establecimiento de una amistad duradera. Comprendemos la necesidad que tiene Rusia de asegurar sus fronteras occidentales para alejar cualquier posibilidad de agresión por parte de los alemanes. Damos la bienvenida a Rusia al lugar que le corresponde entre las principales naciones del mundo. Damos la bienvenida a su bandera e los mares. Y sobre todo nos alegramos de los contactos constantes, frecuentes y cada vez más numerosos entre el pueblo ruso y nuestro propio pueblo de ambos lados del Atlántico. Sin embargo s mi obligación, porque estoy seguro que desean que les diga las cosas como las veo, exponerles algunos hechos sobre la posición actual de Europa.
Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas. Únicamente Atenas es libre de elegir su futro en unas elecciones bajo la supervisión de Ingleses, americanos y franceses. El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad. Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes. Los gobiernos policiales prevalecen en casi todos los casos y, de momento, salvo en Checoslovaquia no existe una autentica democracia.
La seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa, de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente. Las guerras de las que hemos sido testigo o las que ocurrieron en tiempos anteriores, nacieron de las disputas entre pueblos a los que unen fuertes vínculos… dos veces Estados Unidos ha tenido que enviar a la guerra al otro lado del Atlántico a varios millones de sus jóvenes; y hoy la guerra puede sorprender a cualquier nación de cualquier lugar entre oriente y Occidente. No hay duda de que debemos trabajar en la pacificación de toda Europa, dentro de la estructura de Naciones Unidas y de acuerdo con su carta.
…en un gran número de países, lejos de las fronteras rusas y por todo el mundo, se establecen quintas columnas comunistas que trabajan en perfecta Unión y total obediencia a las directrices que reciben del centro comunista.
Pesé que tenía la obligación de mostrar la sombra que, tanto en oriente como en occidente, se cierne sobre el mundo. Era alto ministro en tiempos del Tratado de Versalles y amigo íntimo del Señor Lloyd George, que fue el jefe de la delegación Británica en Versalles. Yo no estaba de acuerdo en muchas cosas que se hicieron, pero tengo muy grabada en la mente aquella situación y me duele tenerla que cotejar con lo que ocurre hoy. En aquellos días se tenia mucha esperanza y una confianza sin límites en que las guerras se habían terminado y en que la Liga de Naciones sería todopoderosa. En el enfermizo mundo de hoy no veo ni siento la misma confianza, ni siquiera las mismas esperanzas.
Por otro lado, rechazo la idea de que es inevitable una nueva guerra, y mucho más la de que sea inminente. Estoy seguro de que nuestros destinos siguen en nuestras manos… por eso me siento obligado a hablar ahora que tengo la oportunidad de hacerlo. No creo que la Rusia Soviética desee la guerra. Lo que quieren son los frutos de la guerra y la expansión indefinida de su poder y de sus doctrinas. Pero lo que debemos considerar hoy aquí mientras hay tiempo es la prevención permanente de la guerra y el establecimiento de las condiciones de liberad y democracias lo antes posible en todos los países… las dificultades y peligros no desaparecerán porque cerremos los ojos…
Por ‘cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad especialmente la debilidad militar. Por esta razón la vieja doctrina del equilibrio de poder es perjudicial. Si las naciones occidentales se mantienen juntas en el respeto estricto de la Carta de las Naciones Unidas, su influencia en el fomento de esos principios será inmensa (…)
La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en a historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro. Es evidente que no debemos permitir que vuelva a ocurrir.
Y esto sólo se puede conseguir si hoy en 1946, alcanzamos un buen acuerdo con Rusia en todas las cuestiones bajo la autoridad general de la Organización de las Naciones Unidas y con el mantenimiento de ese acuerdo a lo largo de muchos años de paz mediante este instrumento mundial apoyado por todas las fuerzas del mundo de habla inglesa y todos los países relacionados con él. Ahí esta la solución que con todo respeto les propongo en esta Alocución a la que he dado el título de “Los Pilares de la Paz”.

DISCURSO: Westminster College, Fulton, Missouri. 5 de marzo de 1946

Análisis del documento

El autor del documento:

Wiston Churchill había sido Primer Ministro Británico entre los años 1940 y 1945. Le correspondió dirigir a su país en el momento más crítico de la Segunda Guerra Mundial. En ese período logró organizar un gobierno de coalición que tocó su fin al momento en que la victoria de las fuerzas Aliadas se hacía evidente. En 1945 se realizaron elecciones generales en Gran Bretaña, en las que su partido, el Conservador, fue derrotado por los laboristas. Bajo estas circunstancias, en 1946 Wiston Churchill era el líder de la oposición del gobierno británico.

Destinatarios, lugar y fecha:

El discurso en cuestión, “Las Pilares de la Paz” o “el telón de acero”, fue pronunciado en el Westminster College, Fulton, Missouri el 5 de marzo de 1946. La razón por la que se encuentra en ese lugar, es porque allí iba a ser investido con el título de Doctor Honoris Causa junto al presidente Harry Truman.

Contenido del documento:

Wiston Chuchill comienza su discurso agradeciendo la investidura de doctor ofrecida por el Westminster College, pero de inmediato procede a referirse a las tareas que deben asumir los norteamericanos y los británicos. La Gran Guerra ha terminado, pero la paz no se observa como un fruto fácil de conseguir, al contrario, las dificultades para conseguirla parecen ser múltiples y es ahí donde la unión de los pueblos de “habla inglesa” debe demostrar su compromiso y fortaleza.

Las decisiones deben ser tomadas en el marco estructurante de la Organización de las Naciones Unidas. La propuesta de Churchill apunta a subrayar la necesidad de fortalecer la organización mundial dotándola de un instrumento militar factible de desempeñar su tarea pacificadora. En este punto comienza a quedar en evidencia su percepción respecto de las diferencias que separan a los pueblos de habla inglesa de la Rusia Soviética. Bajo ninguna circunstancia deberá confiarse los conocimientos acerca de la bomba atómica a la Organización internacional, ello principalmente porque reconoce que las cualidades de naciones pacíficas sólo se restringen a los países occidentales, mientras que coloca a la Unión Soviética y a los países fascistas en la misma categoría de naciones belicosas: “Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, estos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos”.

A continuación el discurso de Churchill se orienta a denunciar el segundo peligro que amenaza la paz, este es la Tiranía, caracterizada por la subyugación de las libertades personales a un indiscriminado poder del estado que regula y controla a la gente con diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo. Respecto de este punto destaca que su denuncia no implica un llamado a hacer la guerra para eliminar la tiranía: “Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra”. Si no que está cumpliendo con su deber y derecho de proclamar los principios de la libertad y los derechos del hombre, los cuales están ampliamente protegidos en las diversas legislaciones estipuladas por los pueblos de habla inglesa. En efecto, según Churchill este es el mensaje que los pueblos americano y británico dirigen a la humanidad. El discurso pone énfasis en las virtudes y valores que caracterizan a los pueblos de habla inglesa y sobre todo enfatiza las tareas que deben asumir frente a la construcción y mantenimiento de la paz.

Hasta aquí podemos decir que Churchill ha elaborado un preámbulo o introducción a su análisis de los principales problemas que afectan el mantenimiento de la paz. En los párrafos siguientes, elabora un análisis acerca de los problemas concretos que han surgido tras la victoria de las fuerzas aliadas: “Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuales son los límites, si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista”. No obstante, en forma seguida dedica un párrafo completo a destacar las bondades y potencialidades de una relación amistosa con Rusia Soviética y su líder, Stalin. Relación que había demostrado su máximo esplendor durante la guerra, pero que tras la victoria comenzaba a evidenciar los desencuentros entre la sociedad soviética y los países occidentales.

En este punto comienza la denuncia de los hechos que afectan a Europa: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas”. Con estas palabras Churchill pone en evidencia toda la realidad que afecta a la Europa Oriental, la que ha sido liberada de los nazis por el Ejército Rojo. La liberación prontamente pasó a significar ocupación, pues la influencia soviética se extendió en Europa al mismo ritmo que el avance del ejército Rojo.[1] Así pues, la línea que delimita el área ocupada por las tropas soviéticas del área ocupada por los países occidentales, pasará a conocerse de ahora en adelante como Telón de Hierro o Telón de acero, dependiendo de la traducción.[2]

Enseguida, Churchill subraya la irregularidad de la extensión de la frontera polaca a expensas de territorio alemán: “El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad”. Debemos recordar que tal situación significó extensos debates en la Conferencia de Yalta, donde la cuestión polaca era uno de los temas principales en discusión. Los problemas en disputa pasaban, esencialmente, por el gobierno polaco que sería reconocido y por los límites que se establecerían como frontera de Polonia. En ambos casos, la posición de Stalin terminó prevaleciendo, ya que el Gobierno que se instaló finalmente fue el que había auspiciado Stalin y no el que se había cobijado en Gran Bretaña durante la guerra. Mientras que la frontera polaca terminó extendiéndose en el oeste sobre territorio Alemán. Lo anterior entrañaba dos posibilidades, millones de alemanes quedarían sometidos a un gobierno polaco o bien, se produciría el desplazamiento de la población alemana. Finalmente, según indica Charles Zorgbibe, los occidentales terminaron cansándose ante la obstinada posición de Stalin y cedieron respecto de la extensión de la frontera polaca sobre territorio alemán. Además, los territorios en cuestión formaban parte de la ocupación atribuida a la URSS.[3] Esto último llevó al presidente Truman a sostener que la ocupación de Alemania estaba a cargo de 5 países: Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, la Unión Soviética y Polonia. En el mapa que se presenta a continuación vemos claramente la extensión de la frontera polaca sobre territorio alemán, mientras que en la fotografía se puede apreciar el traslado de la población alemana hacia territorios del oeste.

Mapa de ocupación de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial

Mapa: Ocupación de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Editorial S.M. (www.profes.net)

Otro de los aspectos que pone en evidencia en su discurso es el rápido asenso de los Partidos Comunistas en todos los países ubicados al este del “Telón de Hierro”: “Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes”. En efecto, la Unión Soviética convirtió su avance militar contra las tropas nazis como el primer paso hacia la creación de una esfera de influencias, a partir de la cual Stalin pensaba defender sus intereses territoriales, organizando una glacis territorial y política de seguridad, ello implicó el asenso progresivo de los partidos comunistas locales bajo el control de Moscú. Dicho asenso constó esencialmente de dos etapas. En primer lugar, la estrategia implementada se basaba en la constitución de gobiernos de coalición en los que se encontraban representadas las diversas tendencias políticas, éstos fueron los llamados “frentes populares”. La excepción se produjo en Yugoslavia y Albania, donde los comunistas se impusieron directamente en el poder. La segunda etapa estuvo marcada por lo que ha venido a denominarse como “democracias populares”, donde los gobiernos ya estaban presididos por un sólo partido, el comunista. En estos tipos de gobierno, las elecciones se siguieron realizando, no obstante, sólo venían a significar un voto de aprobación al gobierno.

Frente a esta situación, Churchill realiza un llamado de atención, primero a los dos principales países de habla inglesa y luego a toda Europa, ya que según su apreciación “la seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente”. En este punto podemos visualizar la idea de Churchill acerca de la necesidad de no excluir en forma permanente a Alemania del concierto internacional.

Para Churchill, el verdadero peligro que debe preocupar a las naciones pacíficas es la expansión del comunismo, y no sólo aquel que avanzó junto a las botas del ejercito rojo sino que también aquella expansión que se produce por todo el mundo a través de los partidos comunistas, los cuales según su apreciación constituyen “un creciente reto y peligro para la civilización cristiana”.

El énfasis que Churchill pone en la certeza de sus análisis, queda subrayado al recordar sus propuestas de la década del 30,cuando según él aún era posible poner atajo a la Guerra que se desencadenó en 1939. En el párrafo final del discurso pronunciado en Fulton, afirma: “La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en la historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro”. Frente a esto, se debe recordar que Churchill era un férreo opositor de la política de apaciguamiento aplicada por los países occidentales y especialmente por Gran Bretaña frente a Hitler, pero como señala Henry Kissinger, la principal característica de Churchil fue haber tenido cualidades de profeta respecto del devenir de las Relaciones Internacionales, no obstante, los profetas son reconocidos como tales, sólo cuando sus visiones han pasado a ser experiencia, es decir, cuando poco o nada se puede hacer para revertir la situación. En efecto, “el destino de Churchill fue ser rechazado por sus conciudadanos, salvo durante un breve período de tiempo, cuando la supervivencia misma de éstos estaba en juego. Durante los años treinta había pedido a su país que se armara mientras que sus contemporáneos intentaban negociar; En los años cuarenta y cincuenta pidió un encuentro diplomático, mientras sus contemporáneos estaban más interesados en reforzarse”. Cuando en la década del treinta, Churchill hacía notar la imperiosa necesidad de armarse para hacer frente al peligro nazi, fue acusado de belicoso y sus advertencias fueron desatendidas, y por el contrario, fueron llevados a cabo los acuerdos de Munich en 1938, los que en términos generales, vinieron a ratificar que las Democracias Occidentales se cruzaban de brazos ante el comienzo de la expansión nazi. En 1946 estaba advirtiendo acerca de todos los peligros que significaba para las democracias occidentales cerrar los ojos ante la amenaza soviética. Pero en 1946 su propuesta no contemplaba el enfrentamiento directo con el enemigo: “no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra”, sino que su propuesta apuntaba a la necesidad de alcanzar un acuerdo razonable con la Unión Soviética. No obstante, esta vez tampoco sus advertencias fueron atendidas, pues cada uno de los bandos se encaminó hacia la intransigencia haciéndose cada vez más imposible llegar a un acuerdo. A este hecho hay que agregar que el mismo discurso de Churchill fue considerado por Stalin como una amenaza de guerra, la cual inmediatamente fue replicada.

NOTAS
[1] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 23
[2] En castellano la terminología a quedado consagrada como “Telón de acero”, pero Churchill siempre se refirió a un “iron curtain”, es decir, telón o cortina de hierro. (Esta nota aclaratoria se encuentra incorporada en las notas del Traductor de la obra de Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 41)
[3] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 31

EXTRACTO: Tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Viña del Mar, 2005.

 

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ORIGEN DE LA GUERRA FRIA: ANÁLISIS DEL TELEGRAMA LARGO DE GEORGE KENNAN, FEBRERO 1946


 

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ANÁLISI DEL TELEGRÁMA LARGO DE KENNAN

El Telegrama Largo. G. Kennan

La política soviética se ha orientado siempre hacia un fin último que es la revolución mundial y la dominación del mundo por los comunistas. La política soviética no ha cambiado nunca a este respecto y, por tanto, es posible prever que no cambiará en el futuro (…). Las vituperaciones de los hombres de Estado y de la prensa soviéticas contra el imperialismo, la agresión, la iniciación de la guerra, la injerencia en los asuntos internos y todas las pretendidas tentativas de dominación del mundo, son tan fiel reflejo de las costumbres, procedimientos y propósitos de la Unión Soviética que a veces nos preguntamos por qué Moscú tiene tanto empeño en llamar la atención sobre ello.
La táctica soviética a menudo ha sido modificada en el curso de los últimos veinte años, pero cuanto más se estudian las declaraciones y la política de la URSS, más nos damos cuenta hasta qué punto los principios de base del leninismo-stalinismo son intangibles y hasta qué punto son opuestos a los objetivos, los deseos y las vías de la democracia occidental. Se advertirá al leer las declaraciones realizadas desde hace dos decenios por los jefes y los portavoces del régimen en las reuniones del Partido que no hay una solución de continuidad en el pensamiento soviético, y la consigna que se mantiene siempre es: la hostilidad fundamental a la democracia occidental, al capitalismo, al liberalismo, a la socialdemocracia y a todos los grupos y elementos que no estén completamente sometidos al Kremlin. Este propósito inmutable fue subrayado por Stalin en el discurso que pronunció en 1927 con ocasión del décimo aniversario de la revolución. La Unión Soviética, dijo, debía convertirse en «el prototipo de amalgama futura de los trabajadores de todos los países en una sola economía mundial».
En 1927, igualmente, Stalin declaró a una delegación obrera americana: «En el curso del desarrollo futuro de la revolución internacional, se formarán dos centros mundiales: el centro socialista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al socialismo, y el centro capitalista, que atraerá hacia él a todos los países que graviten en torno al capitalismo. La lucha librada entre estos dos centros por la conquista de la economía mundial decidirá la suerte del capitalismo y del socialismo en el mundo entero» (…)
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético se encontraba en una encrucijada. No sólo la Unión Soviética había adquirido el respeto y ya no solo el temor como potencia, sino que además se aceptaba la legitimidad de su régimen. Casi por todas partes en el mundo se estaba dispuesto a dar pruebas de toda la buena voluntad posible hacia ella. La Unión Soviética muy bien podría haber continuado viviendo en paz satisfecha de las conquistas y de las victorias logradas durante la guerra y de las cuales debía gran parte a sus reconocidos y confiados aliados. Si hubiera querido dar muestra de un espíritu de cooperación actuando honestamente en el juego internacional, estos beneficios no habrían sido inferiores a aquellos que había obtenido en definitiva y los habrían logrado con mucha más seguridad en un mundo relativamente en calma y pacífico
«.

George Kennan: Los orígenes del comportamiento soviético. julio de 1947

«La personalidad política de la potencia soviética, tal y como hoy la conocemos, es el producto de las circunstancias y de la ideología: una ideología heredada por los líderes soviéticos actuales del movimiento que constituyó su origen político y unas circunstancias del poder que ya llevan ejerciendo en Rusia casi tres décadas (…)Actualmente, la circunstancia sobresaliente en el régimen soviético es que hasta el día de hoy este proceso de consolidación política nunca ha sido completado y que los hombres del Kremlin han seguido estando predominantemente absortos en una lucha por asegurar y hacer absoluto el poder que usurparon en noviembre de 1917. Han seguido asegurándolo fundamentalmente contra fuerzas dentro del país, dentro de la sociedad soviética misma. Pero también se han esforzado en asegurarlo contra el mundo exterior. Porque, como hemos visto, la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras. (…)

De la misma manera se ha puesto mucho énfasis en la tesis original comunista de un básico antagonismo entre el mundo capitalista y socialista. Está claro, como nos lo señalan muchos indicios, que este énfasis no está fundado en la realidad. Los hechos reales relativos a ellos han sido confundidos con la existencia en el extranjero de un auténtico resentimiento provocado por la filosofía y tácticas soviéticas, y ocasionalmente con la existencia de grandes centros de poder militar, como fueron el régimen nazi en Alemania y el gobierno japonés de finales de los treinta, quienes albergaban intenciones agresivas contra la Unión Soviética. Pero hay evidencias abundantes de que la importancia que Moscú da a la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país.

Ahora bien, la perpetuación de este esquema de poder soviético, a saber: la búsqueda de una autoridad sin límites en el ámbito interno, acompañado por el cultivo de un cuasimito de una implacable hostilidad extranjera, ha influido mucho a la hora de modelar la actual maquinaria del poder soviético tal y como hoy la conocemos.

(…)

Esto es todo lo que podemos decir, en lo que a antecedentes históricos se refiere. Pero ¿qué papel juega en la personalidad política del poder soviético que hoy conocemos?

De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado (…)

El primero de estos conceptos es el del innato antagonismo entre capitalismo y socialismo (…) Invariablemente debe asumirse en Moscú que los objetivos del mundo capitalista son antagónicos con los del régimen soviético y, por lo tanto, a los intereses de los pueblos que controla (…)

Básicamente, el antagonismo subsiste, es necesario y de él derivan muchos de los fenómenos que vemos como desestabilizadores en la conducta del Kremlin en política exterior. El secretismo, la falta de franqueza, la duplicidad, la cautelosa desconfianza y la básica enemistad de propósito. Estos fenómenos están llamados a permanecer en el futuro previsible (…)

Esto quiere decir que vamos a seguir encontrando que es difícil negociar con los soviéticos (…)

Esto nos lleva al segundo de los conceptos importantes en la perspectiva soviética contemporánea, esto es, la infalibilidad del Kremlin. El concepto soviético de poder, que no permite ningún centro de posible organización fuera del partido, requiere que los dirigentes del partido sean, en teoría, los únicos depositarios de la verdad (…)

Sobre el principio de infalibilidad descansa la disciplina férrea del Partido Comunista. De hecho, los dos conceptos se apoyan mutuamente. La disciplina perfecta requiere el reconocimiento de la infalibilidad, ésta requiere la observancia de la disciplina (…) pero su efecto no puede ser comprendido sin tener en cuenta un tercer factor; es decir, el hecho de que la clase dirigente tiene libertad para plantear, por motivos tácticos, cualquier tesis concreta que considere útil a la causa en un momento dado y para pedir a los miembros del movimiento, considerados como un todo, que acepten sin discusiones y fielmente la nueva tesis. Esto significa que la verdad no es una constante, sino que es creada para todas las intenciones y propósitos por los líderes soviéticos mismos. (…)

Estas consideraciones convierten a la diplomacia soviética en más fácil y a la vez más difícil para negociar que la diplomacia de líderes agresivos, como fueron Napoleón y Hitler. Por un lado, es más sensible a las fuerzas contrarias, está más dispuesta a ceder en sectores concretos del frente diplomático cuando esas fuerzas son sentidas con demasiada intensidad y, por tanto, es más racional en la lógica y retórica del poder. Por el otro lado, no se le puede derrotar o disuadir fácilmente con una sola victoria de sus oponentes. Y la persistente paciencia que le anima se traduce en que no puede ser efectivamente contrarrestada con factores esporádicos que representan momentáneos caprichos de la opinión democrática, sino sólo por políticas inteligentes, a largo plazo, llevadas a cabo por los adversarios de Rusia; políticas no menos firmes en sus propósitos y no menos variadas y llenas de recursos a la hora de su aplicación que las de la Unión Soviética.

En estas circunstancias, está claro que el elemento principal de cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión. (…) Por esta razón, es una condición sine qua non para llevar a cabo una negociación fructífera y con éxito con Rusia que el Gobierno extranjero en cuestión permanezca en todo momento sosegado y unido y que sus demandas a la parte rusa sean presentadas de manera que su puesta en práctica no perjudique demasiado el prestigio soviético.

A la luz de lo arriba afirmado, se verá claramente que la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos y políticos que constantemente se encuentren a la deriva y que corresponden a las maniobras y virajes de la política soviética, pero que no pueden esfumarse o borrarse del mapa. (…)

En definitiva, el futuro del poder soviético puede resultar menos seguro de lo que la capacidad rusa para el autoengaño puede hacer creer a los hombres del Kremlin. Que son capaces de conservar el poder, lo han demostrado. Mientras tanto, los malos momentos de su Gobierno y las vicisitudes de la vida internacional han restado mucho de la fuerza y a la esperanza del gran pueblo sobre el que se sostiene el poder. (…)

Es claro que los Estados Unidos no pueden albergar, en un futuro previsible, de disfrutar de una intimidad política con el régimen soviético, Deben seguir considerando a la Unión Soviética como un rival en la arena política y no como un socio. Deben seguir esperando que la política soviética continúe sin reflejar ningún amor abstracto hacia la paz, ninguna fe sincera en la posibilidad de una permanente y feliz coexistencia entre los mundos socialista y capitalista, sino que, más bien, es probable que siga existiendo una cauta y persistente presión para quebrar y debilitar toda influencia y poder rival.

Frente a esto, tenemos la realidad de una Rusia que, opuesta al mundo occidental en general, continúa siendo, con diferencia, la parte más débil; que la política soviética es altamente flexible y que la sociedad soviética probablemente tiene defectos que eventualmente mermarán su propio potencial global. Esto, de por sí, daría garantías suficientes a los Estados Unidos para iniciar con razonable confianza una política firme de contención, diseñada para hacer frente a los rusos con una inalterable fuerza de reacción en todos aquellos puntos donde se detectan signos de que están intentando introducirse en contra del interés de un mundo pacífico y más estable.

Pero en la actualidad las posibilidades de la política americana no deben reducirse a mantener a raya a los rusos y esperar que ocurra lo mejor. Está totalmente al alcance de los Estados Unidos el influenciar con sus acciones los acontecimientos internacionales en Rusia y en todo el movimiento comunista internacional, quien determina, en gran medida, la política rusa (…) Es más bien una cuestión de hasta qué punto pueden los Estados Unidos crear en la mente de los pueblos del mundo la impresión general de que es un país que sabe lo que quiere, que hace frente con éxito a sus problemas internos y a sus responsabilidades de potencia mundial y que tiene una vitalidad espiritual capaz de mantener su ideología entre las corrientes de pensamiento de mayor importancia de su tiempo. En la medida en que se consiga crear y mantener esta impresión, los objetivos de la Rusia comunista deben aparecer como estériles y quijotescos, deben hacer el entusiasmo y las esperanzas de los partidarios de Moscú, y mayor presión deberá imponerse sobre la política exterior del Kremlin (…)

Sería exagerado decir que el comportamiento americano, por sí solo y sin ayuda, puede ejercer un poder decisivo sobre el movimiento comunista y que puede acelerar la caída del poder soviético en Rusia. Pero lo que sí tienen los Estados Unidos en su mano es el poder para someter a una gran presión a la Unión Soviética, lo que la obligaría a una determinada política, forzando al Kremlin a aplicar un grado de moderación y circunspección mucho mayor que el observado en los últimos años y de esta manera promocionar las tendencias que deberán algún día buscar su expresión bien con la ruptura o bien durante la progresiva maduración del poder soviético (…)

Por tanto, la decisión recaerá realmente, y en gran medida, sobre este país. La cuestión de las relaciones soviético-americanas es esencialmente una prueba del poder global de los Estados Unidos como nación entre naciones (…)

Seguramente nunca existió una prueba más acertada para calibrar la calidad de una nación que ésta (…) (la cual) experimentará cierta gratitud hacia la Providencia, quien, al asignar al pueblo americano este reto implacable, ha hecho depender su seguridad como nación de su habilidad para mantenerse unido y para aceptar las responsabilidades del liderazgo moral y político que la historia le ha encomendado».
fuente: George Kennan. Foreign Affairs, 1947.Fuente: X, The Sources of Soviet Conduct, en Foreing Affairs, vd. 25, número 4, Julio 1947.

Análisis del documento

El autor del documento:

George Kennan se especializó en el estudio de la lengua y cultura rusa antes de ingresar en el servicio diplomático norteamericano. Tras permanecer un tiempo en Riga, ciudad letona donde se dedicaba a estudiar la prensa soviética, fue enviado a la embajada en Moscú en 1933, cuando EE.UU. reconoció al gobierno comunista, y allí permaneció hasta 1937. En 1944 fue enviado otra vez a Moscú como alto consejero del embajador Averell Arriman.[1]

Producto de sus estudios, George Kennan se transformó en un conocedor del sistema soviético, llegando, también, a hablar a la perfección el idioma ruso. En el transcurso de tiempo que va desde el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS (1933) y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), Kennan trabajó para el servicio exterior norteamericano en varios países, no obstante en los últimos meses de la guerra encontrábase nuevamente en Moscú, estaba a cargo de la embajada, por tanto, vivió desde allí el triunfo de las fuerzas aliadas. Para aquel entonces y producto a los estudios que había realizado de la prensa soviética durante varios años, se sentía conocedor del espíritu soviético y podía prever las dificultades que sobrevendrían una vez que finalizara la guerra.[2]Destinatarios, lugar y fecha:

“Telegrama Largo”:
En febrero de 1946, George Kennan recibe un telegrama del Departamento de Estado Norteamericano en el que se le informa que los Rusos se están negando a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. En su libro “Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”, Kennan recuerda este hecho de la siguiente manera: “El telegrama del departamento refleja cierto desconcierto acerca de las razones de esta actitud. ¿Por qué habrían los rusos de negarse a participar? ¿Cómo lo explicaría yo?”.[3] Ante tales preguntas, George Kennan comienza a escribir un telegrama dirigido al Departamento de Estado Norteamericano. Ese telegrama es el que hoy conocemos como “Telegrama Largo”, por contener de 8.009 palabras.

“Las fuentes de la Conducta Soviética”:
En julio de 1947, en la Revista norteamericana -Foreign Affairs se publica un artículo titulado “las fuentes de la Conducta soviética”, cuyo autor se oculta bajo el seudónimo de Mister X. Este artículo corresponde a una adaptación literaria del Telegrama enviado por Kennan desde Moscú.

Contenido del documento:

A fines de febrero de 1946, dos semanas más tarde del discurso de Stalin, un largo telegrama de dieciséis páginas fue enviado a Washington desde la embajada norteamericana en Moscú. Había sido redactado por George Kennan, principal experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado.

En el telegrama, George Kennan intentaba explicar al gobierno norteamericano las motivaciones profundas que guiaban el actuar de los soviéticos y las razones por las que se estaba produciendo el quiebre de la alianza. En el documento enviado desde Moscú analizó con detalle el discurso de Stalin y la política soviética desde 1945. Además, en el texto se hacía un minucioso estudio de los objetivos en política interior y exterior de la URSS, destacando cómo los soviéticos estaban elaborando un plan muy preciso de acción internacional, eso se apreciaba a partir de las ayudas a los partidos comunistas de Europa Central y Oriental.[4]

El telegrama de Kennan es recurrentemente citado por la historiografía especializada en la Guerra Fría, ya que es considerado el promotor de la política que posteriormente el Presidente norteamericano Harry Truman estableció como línea directriz del comportamiento norteamericano frente a los soviéticos, nos referimos a la “Contención”.

Ahora bien, como se ha podido apreciar, en el presente estudio se han incorporado dos documentos de George Kennan, el Telegrama enviado al Departamento de Estado y un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, los cuales serán analizados en forma conjunta, ya que básicamente en ambos documentos, el autor, expone el mismo análisis, subrayando la necesidad de “contener con paciencia y firmeza las tendencias de la expansión soviética”.

El objetivo de Kennan al escribir el telegrama era explicar la imposibilidad de poder transar o llegar a acuerdos de estilo tradicional con la potencia soviética, esencialmente, porque ésta no compartía ni los parámetros ni los valores occidentales: “De la ideología originaria nada ha sido oficialmente abandonado… sobre todo el antagonismo entre el capitalismo y el socialismo”. En efecto, según indica Kennan, la ideología comunista impregnaba el actuar soviético y ello era la base para comprender sus decisiones respecto de temas tales como su negativa a unirse al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Para ellos este tipo de instituciones, no podía ser otra cosa que instrumentos del mundo capitalista.

Antes de profundizar en el análisis de los documentos, nos parece interesante recordar lo señalado por el propio Kennan en su libro“Al Final de un siglo, Reflexiones, 1982-1995”. En éste, el autor narra los hechos intentando ponerse en el momento en que acontecieron. Respecto del Telegrama y los objetivos con los que fue escrito, Kennan dice lo siguiente: “Me llena de impaciencia y disgusto esta ingenuidad. Durante dos años he estado tratando de persuadir a la gente de Washington de que el régimen de Stalin es el mismo que conocimos antes de la guerra, el mismo que realizó las purgas, el mismo que concluyó el pacto de no-agresión con los nazis; De que sus líderes no son nuestros amigos. He tratando de persuadir a Washingrton de que los sueños de una feliz colaboración con este régimen en la posguerra son enteramente irreales; de que nuestro problema es más profundo que eso; de que Stalin y sus socios están ahora fascinados con sus recientes éxitos militares y políticos y creen ver perspectivas favorables para la extensión de su influencia política por toda Europa, mediante tácticas de infiltración y subversión. Sostengo que mientras no dejen de lado estas esperazas de color rosa será inútil suponer que participarán en planes idealistas para la colaboración mundial bajo nuestro liderazgo, sobre todo en áreas tales como las de economía y finanzas, donde sus compromisos ideológicos son enteramente diferentes de los nuestros”[5]. En esencia son esas las ideas que fueron vertidas en su respuesta al Departamento de Estado.

A través del telegrama, Kennan explicó que la hostilidad a las democracias era inherente a la estructura soviética y por ello no fructificarían los esfuerzos conciliatorios de occidente: “la ideología les enseñó que el mundo exterior era hostil y que eventualmente su deber era el de derrocar las fuerzas políticas más allá de sus fronteras”. La tensión con el mundo exterior era parte de la naturaleza misma de la filosofía comunista, no obstante, según el análisis presentado por Kennan esta proclamada hostilidad con el exterior y sobre todo con el mundo capitalista, era más bien un instrumento del aparato gubernamental soviético, ya que inventando la existencia de un mundo exterior en constante hostilidad, los métodos represivos y tiránicos pueden ser justificados: “la amenaza a la que la sociedad soviética está sometida por el mundo exterior está fundada no sobre las realidades de un antagonismo internacional, sino en la necesidad de explicar el mantenimiento de una autoridad dictatorial en el país”. Por tanto, el comportamiento de los soviéticos se explicaba a partir de la necesidad que tenían sus gobernantes por mantener en sus manos el poder alcanzado mediante la Revolución de 1917. Por ello, Kennan advertía, el gobierno soviético trataría de continuar su política expansionista hacia Europa occidental, poniendo en grave peligro la seguridad de EE.UU.

Ante tales peligros Kennan sostenía que Estados Unidos tenían la misión global de detener el avance comunista, deteniendo las tendencias expansivas de la Unión Soviética: “Cualquier política de los Estados Unidos respecto a la Unión Soviética debe ser a largo plazo, paciente, firme, pero vigilante en la contención de las tendencias rusas a la expansión… la presión soviética sobre las instituciones libres del mundo occidental es algo que sólo puede pararse mediante la hábil y vigilante aplicación de una fuerza que la contrarrestare en una serie de puntos geográficos ”.Según señala Henry Kissinger, la propuesta de Kennan vino a ser la respuesta que los políticos norteamericanos andaban buscando ante la pregunta ¿Qué hacer ante la expansión soviética?.[6] En definitiva el valor del telegrama fue que no sólo respondió extensamente a las preguntas concretas que el Departamento de Estado estaba realizando (¿por qué la negativa soviética a ingresar al FMI y al Banco Mundial?), sino que se trasformó en el eje estructurante de la política exterior norteamericana durante toda la Guerra Fría. Así, la contención de la expansión comunista en todos los puntos donde intentara penetrar, se convirtió en el eje a partir del cuál se fueron diseñando las distintas políticas aplicadas por Estados Unidos, partiendo por las decisiones auspiciadas por el Presidente Truman y sus colaboradores.

¿Qué significaba concretamente la Contención?. Según la propuesta de Kennan, Contención significaba hacer frente a la ofensiva soviética allí donde ésta se produjese. En términos concretos se estaba apostando por el inmovilismo, ya que tácitamente se aceptaba la presencia soviética allí donde se encontraba hasta ese momento, es decir la Europa oriental y central. Para Henry Kissinger, “la contención fue una teoría extraordinaria: al mismo tiempo empecinada e idealista, profunda en la evaluación de las motivaciones soviéticas, y sin embargo curiosamente abstracta en sus percepciones, profanadamente norteamericana en su utopismo, presupuso que un adversario totalitario podría transformarse en forma esencialmente benigna. Auque esta doctrina se formuló en la cúspide del poderío absoluto norteamericano, predicaba la relativa debilidad de Estados Unidos. Postulando un gran encuentro diplomático en el momento de su culminación, la Contención no daba ningún papel a la diplomacia hasta su escena final en que los buenos aceptaban la conversión de los malos”.[7] En efecto, la contención proponía una actitud de espera, ya que se reaccionaría ante las actitudes expansionistas de la URSS y se esperaría a que la transformación de aquel sistema y su cambio de actitud se produjese luego de una evolución interna. Esta actitud fue ampliamente reprochada par Walter Lipman, periodista conocido por sus estudios sobre la Guerra Fría y también considerado uno de sus principales teóricos. Según Liman, la política norteamericana debía ser guiada caso por caso, mediante un análisis de los intereses de los Estados Unidos y no por principios generales que se suponían eran universalmente aplicables. Desde la perspectiva de Lipman, la Contención propuesta por Kennan implicaba la división indefinida de Europa, mientras que el verdadero interés de Estados Unidos debía encontrarse en expulsar el poderío soviético del centro del continente Europeo.[8]

Un aspecto interesante de destacar de estos dos teóricos de la Guerra Fría es que finalmente la historia y el desenvolvimiento de los procesos propios de este período, les dio la razón a ambos. Por una parte Kennan estaba en lo cierto y el régimen soviético sucumbió sin la necesidad de una ofensiva bélica que habría significado desencadenar la Tercera Guerra Mundial. No obstante, para ver cumplidas las predicciones de Kennan, la humanidad tuvo que esperar 45 años, cuando se produjo el derrumbe de la esfera soviética y la desintegración de la URSS. Walter Lipman, por su parte, también estuvo en lo cierto al sostener que la política de contención era muy ambigua y desapegada a los intereses estratégicos, lo cual condujo a Estados Unidos a defender territorios periféricos que difícilmente comprometían el interés nacional de los Estados Unidos, tales son los casos emblemáticos de Corea y Vietnam.

Ahora bien, subrayando la relevancia histórica de los documentos analizados, ésta estuvo dada a partir de los efectos que provocó en EEUU la recepción del telegrama enviado por G. Kennan. “El telegrama circula por todo el Washington oficial, llega a los otros departamentos y a la Casa Blanca. Se convierte incluso en lectura obligada para centenares de altos oficiales militares”.[9] Las cúpulas gubernamentales hacen del telegrama un objeto de análisis, transformando el informe de Kennan en una de las bases sobre las que se fundamentó la política norteamericana durante todo el período en que se prolongó la Guerra Fría. En efecto, y sobre todo si tenemos presente el análisis que plantea Henry Kissinger, Estados Unidos aplicó durante cuarenta años la teoría de la Contención propuesta por George Kennan, e incluso el final del conflicto se produjo de manera muy parecida a sus predicciones,[10] es decir, por la transformación interna del sistema soviético sin la necesidad de llegar a enfrentamiento directo en algún campo de batalla. Esto último habría significado haber comenzado la Tercera Guerra Mundial, con sus nefastas consecuencias para toda la humanidad.

NOTAS
[1] Ver: Kennan, George, Ob. Cit., Páginas 33 a 42.
[2] Ibidem, Página 35
[3] Ibidem, Página 41
[4] Pereira, Juan, Ob. Cit., Página 27
[5] Kennan, George, Ob. Cit., p. 42
[6] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 434
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 459
[8] Ibidem, Página 452
[9] Kennan, George, Ob. Cit., Página 42
[10] Kissinger, Henry, Ob Cit., Pagina 798

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