IDEARIO POLÍTICO DIEGO PORTALES – COMPARADO CON EDITORIALES DE "EL ARAUCANO"


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NOTA INTRODUCTORIA

Uno de los rasgos más característicos de Portales fue su ascendiente sobre los hombres de su generación, lo que le permitió influir en el gobierno de Prieto y en la conducta pública de algunos contemporáneos como Bello, Egaña, Garrido, Tocornal, etc. En la política interna su participación fue protagónica… El hecho es que sus consejos fueron escuchados con atención, y normalmente primaron y dieron el tono a dicha administración”.[1]

La hipótesis que pretendemos verificar a través de la siguiente investigación es la siguiente: Sin ser el periódico oficial, El Araucano se convirtió en el portavoz de los valores políticos del Gobierno instituido tras la revolución de 1829 y en su discurso es posible identificar fuertes vinculaciones con el ideario político de Diego Portales.

Nuestro principal objetivo será identificar las ideas fuerza o lineamientos directrices de las ideas socializadas en El Araucano para luego contrastarlas y compararlas con el ideario político de Diego Portales.

Compararemos y contrastaremos el pensamiento político de Portales con las “ideas fuerza” desarrolladas en El Araucano. Utilizaremos como límites cronológicos el inicio de esta publicación periódica (17 de septiembre de 1830) y la fecha de promulgación de la Constitución reformada (25 de mayo de 1833). La razón que fundamenta este encuadre cronológico es que la Constitución de 1833, podría considerarse como la concretización de las ideas de portales sobre como debía ser el Estado en Chile, puesto que como afirma Bernardino Bravo “la constitución de 1833 no se dictó para establecer un régimen de Gobierno, sino para consolidar uno ya establecido”.[2]

En cuanto a los límites documentales, el objetivo primario será analizar la socialización de ideas y valores políticos a través de las páginas de El Araucano, en contraste y comparación con el ideario político que Diego Portales esbozó a través de su correspondencia.

Para ello partimos de dos premisas:

Primero que El Araucano, sin ser el periódico oficial se convirtió en portavoz del Gobierno establecido en Chile tras la revolución de 1829-30. Segundo que Diego Portales, sin llegar a ocupar la presidencia del país, fue el hombre que mayor influencia tuvo en la organización y estabilización de la naciente República.

Por lo anterior, las fuentes primarias que se analizarán en la presente investigación se remiten, esencialmente, a los mensajes editoriales del periódico El Araucano, incluyendo en algunos casos, otras secciones de dicha publicación. Con el objeto de contrastar con la información anterior se ha llevado a cabo una selección de las principales cartas de Diego Portales en las que expresa su opinión respecto del acontecer político del país.

El material bibliográfico en que hemos sostenido nuestro análisis es diverso y en muchos casos contradictorio, ello se explica a partir de las controversias que ha generado en el mundo historiográfico la figura de Diego Portales, estimado u odiado, constructor de un nuevo orden o tirano, y todo tipo de epítetos referidos a su acción política desfilan entre las páginas dedicadas a su persona. No es nuestra intención forjar un nuevo juicio histórico hacia este “personaje”, por ello es que procuraremos esbozar las principales visiones historiográfica que se han hecho cargo de su análisis, pero nuestro objeto final se remitirá a analizar en qué medida su pensamiento e ideario político se encuentra reflejado en las ideas socializadas en el periódico El Araucano, es decir, de qué modo sus percepciones respecto del gobierno, del tipo de gobernante, del tipo de justicia, del tipo de ciudadano idóneo se refleja en los planteamientos de los redactores de dicho periódico.

Entre los autores que guiarán nuestro análisis se encuentra principalmente Ramón Sotomayor Valdés con su libro “Historia de Chile bajo el Gobierno del general Joaquín Prieto”, Alberto Edwards con “La fronda aristocrática”, Alejandro Guzmán con “Portales y el Derecho”, Raúl Silva con “Ideas y confesiones de Portales”, Bernardino Bravo (compilador) con “Portales, el Hombre y su obra”, Simon Collier con “La construcción de una República 1830-1865”, Gabriel Salazar con “Construcción de Estado en Chile”, Sergio Villalobos “Portales una falsificación histórica”, entre otros.

Para cumplir los objetivos señalados, la investigación ha sido estructurada en cuatro capítulos. En el primero de ellos titulado “El rol de Diego Portales en la Génesis del Estado en Chile”. En este apartado expondremos la síntesis de los planteamientos de los principales investigadores que se han abocado al estudio de Portales, pero sólo destacando aquellos aspectos que nos parezcan relevantes en lo referido a la configuración del Estado.

En el segundo capítulo, titulado “Diego Portales y la instauración de un gobierno fuerte y autoritario” nos proponemos delinear y exponer la esencia del ideario político de Diego Portales, acudiendo a sus epístolas como fuente principal de donde podremos desentrañar su pensamiento. Así, una vez que conozcamos, en esencia, el ideario político de Diego Portales será posible adentrarnos, netamente, en el análisis comparativo de tales ideas y de su posible socialización a través de “El Araucano”.

Para llevar a cabo tal empresa investigativa partimos de las siguientes premisas: Por una parte, que este periódico vendría a ser la concreción de una propuesta del propio Portales, quien manifestó su interés por promover la transparencia de la marcha del Gobierno[3] y, por otra parte, que la “dominante” personalidad de Portales se trasformó en el referente de los hombres comprometidos con el Gobierno Conservador. A partir de lo expuesto, el problema que se nos plantea es el siguiente: si Diego Portales es el hombre más influyente y decisivo en la instauración del Gobierno Conservador tras el triunfo de éstos en Lircay[4] ¿En qué medida y en qué aspectos tal influencia puede verse reflejada en el principal medio de difusión que respaldó al Gobierno a partir de septiembre de 1830?.

Ante estas circunstancias, nos adentramos en el estudio y análisis de “El Araucano” con el objeto de, en primer término, conocer los ejes directrices entorno a los cuales estructura su mensaje y su discurso, para luego, contrastarlo con el ideario político de Diego Portales. En definitiva, buscaremos conocer las ideas fuerza (conceptos) que pretenden ser socializados por “El Araucano”, y a través de éstas consideramos que será posible perfilar las características del Estado instaurado en Chile a partir de 1830, es decir, podremos conocer y constatar, desde el punto de vista conceptual, las bases sobre las que se cimentó la génesis de nuestro Estado.
Para ello en el tercer capítulo, titulado “El Araucano: periódico portavoz del Gobierno Conservador”, presentaremos una caracterización general del periódico, desde el punto de vista estructural y conceptual, subrayando las principales líneas temáticas abordadas en el periodo analizado (septiembre de 1830 a junio de 1833), en este capítulo también se explicará la vinculación del periódico con el Gobierno y las razones por las cuales es difusa su catalogación de periódico oficial.

En el cuarto y último capítulo, titulado “Ideas fuerza de El Araucano en contraste con el ideario político de Diego Portales”, se presenta el resultado del análisis sistemático de los contenidos conceptuales desarrollados por El Araucano en el período en cuestión. Será en este capítulo donde se apreciará, netamente, nuestras técnicas de levantamiento de información, las cuales, en esencia, consistieron en extraer en fichas temáticas la síntesis de las principales ideas contenidas en los mensajes editoriales y en la sección dedicada a los documentos gubernamentales. A partir de tales fichas se elaboraron cuadros de síntesis y un cuadro estadístico en que se expone la frecuencia con que cada temática es tratada a lo largo del periodo investigado. Considerando tales parámetros se identificarán las ideas fuerza socializadas por El Araucano y luego se contrastarán con el ideario político de Diego Portales, intentando establecer similitudes y diferencias.
Finalmente, es preciso señalar que el presente estudio es el producto del Seminario de “Génesis del Estado en Chile” del Programa de Magíster en Historia de la PUCV, dirigido por el profesor Santiago Lorenzo, a quien se agradece la oportunidad de explorar estos interesantes ámbitos de la investigación histórica.

Capítulo I
El rol de Diego Portales en la génesis del Estado en Chile

¿Qué elementos conceptuales y fácticos primaron en la formación y génesis del Estado en Chile?. Tal es la interrogante que intentaremos dilucidar a lo largo del presente capítulo. Para cumplir tal objetivo expondremos y contrastaremos diversas posiciones historiográficas, que nos permitirán formarnos un panorama general respecto de la problemática planteada.

Si bien, puede ponerse en discusión la problemática respecto de cuándo se encuentra realmente instituido el Estado de Chile, nuestro objetivo se aleja de tales conjeturas, puesto que lo que delinearemos en el presente capítulo son algunas de las vertientes interpretativas respecto del rol de Diego Portales en la génesis de nuestro Estado.

Como se desmostará a lo largo del presente trabajo, Portales no fue, ni pretendió ser, un teórico de doctrinas políticas, ni filosóficas, por tanto, el rol que ha de haber desempeñado en la instauración del Estado de Chile no se relaciona con esos ámbitos, sino que se liga a la gran preponderancia y ascendiente que logró tener entre los círculos de poder de su época. En relación a esto, Alberto Edwards dirá: “su concepción política pasó a ser patrimonio común de todo el mundo”.[5]

Partiendo entonces, de tal premisa o tal supuesto, nos adentramos en el estudio y análisis del rol político de Diego Portales en la génesis del Estado de Chile. En estas circunstancias volvemos a retomar nuestra pregunta inicial: ¿Cuáles son los elementos conceptuales y fácticos que delineas la configuración del Estado de Chile?.

Para dar respuesta a esta amplia pregunta, expondremos en este apartado la síntesis de los planteamientos de los principales investigadores que se han abocado al estudio de Portales, pero sólo destacando aquellos aspectos que nos parezcan relevantes en lo referido a la configuración del Estado.
Entre los principales investigadores que se han propuesto conocer y en algunos casos, enjuiciar el rol político de Diego Portales contamos durante el siglo XIX a los liberales José Victorino Lastarria (1861), Benjamín Vicuña Mackena (1863), Isidoro Errázuriz (1877) y Barros Arana (1896). Los conservadores Ramón Sotomayor Valdés (1875) y Carlos Walker (1879). Mientras que en el siglo XX entre los más destacados investigadores de Portales figuran Alberto Edwards (1927), Francisco Encina (1934), Mario Góngora (1982), Sergio Villalobos (1989), y una obra colectiva compilada por Bernardino Bravo Lira (1989). Las últimas obras referidas (tangencialmente) al rol político de Portales pertenecen a Simon Collier y Gabriel Salazar, ambas publicadas en el 2005.

La historiografía liberal, vinculada de una u otra forma a los derrotados de Lircay, fueron los primeros y más numerosos en emprender la tarea de estudiar y enjuiciar el rol de Portales en la política nacional. Así por ejemplo, Lastarria en su obra “Don Diego Portales. Juicio Histórico”, considera que Portales no es más que el jefe y representante de la reacción colonial, y que el único rol desempeñado fue detener la revolución de la independencia que establecería una república democrática.[6] Por su parte, Vicuña Mackenna, en su obra, supuestamente dedicada a estudiar el gobierno de Montt, termina perfilando lo que a juicio de varios historiadores (entre ellos Enrique Brahm y Sergio Villalobos) se constituye como una obra seria, sistemática y detallada de Portales, en quien Vicuña Mackenna encontraba el origen del delineamiento del gobierno fuerte y autoritario de Manuel Montt. Para Vicuña Mackenna, Portales no fue –como afirmaba Lastarria- el jefe de la reacción colonial iniciada en 1829, de hecho, habría actuado como contrapeso entre el carácter de esta última y el desenfrenado optimismo democrático reinante en Chile hasta 1829.[7] En ambos autores liberales se delinea como principal característica del régimen instaurado por Portales, la dureza, la severidad, la arbitrariedad; mientras que el rasgo positivo que destacan es el patriotismo y la falta de ambición.

La interpretación conservadora del rol político de Portales, la entregó, por primera vez, Ramón Sotomayor Valdés en su obra “Historia de Chile bajo el Gobierno del General don Joaquín Prieto” (1875). Sotomayor entrega en su obra una interpretación positiva y justifica los actos que la historiografía liberal, hasta entonces, había condenado.

Los medios utilizados son justificados por los resultados, especialmente por haber entregado al país una organización, un orden y especialmente un alto grado de respeto a la autoridad. Con objetivos concretos, fuertemente conciente de la realidad, aplicó con métodos fuertes, a veces arbitrarios un tipo de gobierno fecundo y creador.[8]

Según Sotomayor Valdés, Portales logró comprender la fuerza de la comunidad, el poder de la ley, el derecho, la razón de la autoridad, no mirando en los individuos, sino en los instrumentos, o mejor dicho, los servidores accidentales de aquellos principios. Bajo este punto de vista, el sistema de Portales tendió a la impersonalidad, importándole muy poco el bien o mal adquirido prestigio de los hombres de la época.[9]

Un aspecto primordial del “nuevo orden” establecido por Portales fue la severidad contra la criminalidad y contra todo tipo de desorden. Ello tendía a establecer una diferenciación radical con el gobierno derrocado, por ello “a la contemporización sistemática debía suceder el rigor sistemático”.[10] El objetivo último fue, a juicio de Sotomayor Valdés, establecer, el orden, la paz pública y la moralización de la administración, y para ello lo esencial fue fortalecer el principio de autoridad en nombre de la paz pública y del progreso de las ideas, de la industria y de la moralidad. “Tal llego a ser el programa político del partido conservador y la justificación del movimiento revolucionario de 1829”.[11]

Terminando el siglo XIX, otro liberal, Diego Barros Arana, imprime sus apreciaciones respecto de Diego Portales, pero sus aseveraciones y conclusiones parecen estar más cercanas a Sotomayor Valdés que a sus compañeros ideológicos (Lastarria y Vicuña Mackenna). No acepta la tesis de la reacción colonial y juzga de modo severo los desordenes, revueltas y derramamientos de sangre producidos entre la caída de O´Higgins y 1829.[12] Consideró que con Portales “se imponía un sistema político que siendo severo y restrictivo, llevaba el sello de seriedad y de firmeza, que no habían podido imprimir a sus actos los gobiernos que venían sucediéndose desde 1823”.[13]

Pero las conclusiones de Barros Arana sufrieron un vuelco pocos años después, cuando publica su obra “Un decenio de la Historia de Chile (1841-1851)”. En este escrito se perfila con mayor claridad la filiación liberal de Barros Arana, al poner énfasis en el carácter represivo del régimen portaliano y además en afirmar que la obra de Portales no era más que la reacción colonial que había puesto freno a los impulsos liberales y democráticos.[14]

Como señala Enrique Brahm, la historiografía portaliana durante el siglo XX, tendió a alejarse de interpretaciones partidistas e ideologizadas,[15] pretendiendo, más bien buscar respuestas profundas que permitieran llegar a comprender cuales eran los principales sustentos del gobierno y el Estado generado a partir de Portales, o bien, recurriendo a palabras de Portales ¿cuál ha de haber sido el principal resorte de la máquina?.[16]

El primer autor que destacó en el siglo XX fue Alberto Edwards, para quien Portales ejerció una labor restauradora, vinculada esencialmente a la idea de recuperar una herencia colonial de un poder fuerte y duradero superior al prestigio de un caudillo o a la fuerza de una facción. “Restauró la monarquía no en sus principios dinásticos, sino en sus fundamentos espirituales, fuerza conservadora del orden y las instituciones”.[17] Desde esta perspectiva, Edwards llega a afirmar que el principal resorte de la máquina es la “autoridad tradicional”, es decir, el gobierno obedecido, respetable y respetado, eterno, inmutable, superior a los partidos y a los prestigios personales. “El país siguió obedeciendo no a Prieto, Bulnes o Montt, sino al Gobierno. Como antes se obedeció no a Carlos III o Carlos IV, sino al rey”.[18] Esto hacía del Gobierno una institucionalidad impersonal, que se convirtió –a juicio de Edwards- en el rasgo característico de la creación de Portales. Restauración de la autoridad e impersonalismo son entonces los rasgos principales del Estado portaliano.[19]

Otro de los autores que destacamos en esta revisión historiográfica respecto del rol de Portales en la génesis del Estado en Chile es Bernardino Bravo Lira, quien manteniendo la línea interpretativa de Alberto Edwards sostiene que “el llamado régimen portaliano y el llamado Estado portaliano no son, en último término, sino una nueva versión, actualizada, del régimen y el Estado indiano”.[20] Lo importante de la obra portaliana, según Bravo Lira, fue el establecimiento de un régimen de gobierno. Bravo Lira llega a afirmar que los liberales que lo criticaron, estuvieron más cerca de comprender a Portales al tacharlo de reaccionario.[21] Pero no todo fue restauración, sino que a ésta se agrega y se conjuga con el constitucionalismo, que hizo que el gobierno fuerte y eficaz al estilo indiano pudiera ser conjugado con la institución parlamentaria. “Portales reestableció el gobierno identificado con los grandes intereses de la patria, sobre la base de las instituciones indianas que persistían y bajo una forma constitucional”.[22]

Reconociendo un profundo respeto y admiración por la obra de Alberto Edwards, el historiador Mario Góngora contradice dos de sus planteamientos fundamentales. En primer lugar, para Góngora, la creación portaliana es moderna, no una restauración, como lo es para Edwards.[23] Tampoco es impersonal.[24] El rechazo de la impersonalidad, no significa que Góngora considere que la obra portaliana sea personalista, sino que se apoya en una aristocracia, que por definición no puede ser impersonal. Góngora identifica el resorte principal de la máquina portaliana en un elemento psicológico: identificación de buenos y malos.

Los dos últimos autores que reseñaremos en esta revisión historiográfica son Sergio Villalobos y Gabriel Salazar. Ambos autores manifiestan una visión crítica y negativa del rol político de Portales. El primero de estos, intentando desmitificar la figura de Portales escribe su “Portales: una falsificación histórica” (1989), poniendo en tela de juicio la probidad de Portales en aspectos de su vida privada y destacando sobre todo aspectos arbitrarios del ejercicio político de su protagonista. Con todo, para Villalobos el resorte principal de la máquina es la voluntad y la dureza de los hombres de Gobierno y del sector social que representaban, manifestada concretamente en aspectos tiránicos y represivos.[25] Desestima la concepción tradicional de atribuir a Portales el mérito de haber establecido en Chile un régimen político estable basado en el derecho y la institucionalidad. Y considera que también es parte del mito la idea de que en Portales se encuentran las claves de la génesis del Estado chileno. Le atribuye rasgos personalistas, destacando, a partir del análisis de sus cartas, el desprecio a la constitución y a las leyes.[26]

Del libro de Sergio Villalobos se desprende un frustrado intento de desmitificar la figura de Portales atacando su probidad en asuntos personales y subrayando aspectos arbitrarios, tachándolo de tirano y dictador, cuestión que desarrolla ampliamente en su último libro Gabriel Salazar.
Salazar en su libro “Construcción de Estado en Chile” (2005), considera que los fundamentos del “régimen o Estado portaliano se caracterizaron desde su fundación en 1830 hasta avanzado el siglo XX, por el autoritarismo local de los intendentes, gobernadores, subdelegados e inspectores, que a menudo llegó a ser más drástico que el del gobierno central. Y fue ese autoritarismo el que, en definitiva destruyó la democracia local de los cabildos, la autonomía de los pueblos y la soberanía relativa de las provincias”.[27]

En definitiva, de todos los capítulos que Salazar dedica al rol político de Portales se desprenden los siguientes planteamientos: Dictadura de origen golpista, autoritaria, arbitraria, represiva, que ejerció la violación de derechos civiles y humanos, orden público dictatorial, justicia dictatorial, maquillaje constitucional con esqueleto dictatorial, tiranía, represión, despotismo, al margen de la ley, de la constitución, abuso de facultades extraordinarias, brutal política policial, dictadura de Portales, terror, poderes absolutos, negación de la constitución, dureza, arbitrariedad, justicia sumaria, Consejos de Guerra sin apelación, dictadura civil de Portales, etc.

Finalmente, Salazar sostiene que si es real que el “orden portaliano” o “estado portaliano” duró hasta 1860 o 1891 o hasta hoy: es preciso observar para qué sirvió, en los hechos reales, ese orden. “El mito del orden portaliano, fue en esencia un orden policial y militar, se basa sólo en una sinrazón si no se prueba que ese orden fue beneficioso para todos los chilenos”.[28] En esencia, la crítica de Salazar es que ni siquiera los fines o resultados obtenidos, justifican los medios utilizados, puesto que el orden en sí mismo, no puede ser considerado un fin. He ahí que la represión y la dureza de las medidas gubernamentales no se justifican por la necesidad de mantener la tranquilidad en el país.

Como hemos visto, todos los historiadores analizados, liberales o conservadores, simpatizantes y detractores, coinciden en señalar que la dureza del régimen establecido fue uno de los rasgos fundamentales. La distinción está en la justificación o reprobación de los medios utilizados. Las diferencias radican en interpretar si la obra portaliana es una creación moderna o bien una restauración y en dilucidar si el régimen entrañaba el personalismo o el impersonalismo.

Expuesta una panorámica general respecto de los fundamentos portalianos vinculados a la génesis y conformación del Estado de Chile, en los siguientes capítulos nos proponemos delinear y exponer la esencia del ideario político de Diego Portales, acudiendo a sus epístolas como fuente principal de donde podremos desentrañar su pensamiento. Así también, compararemos y contrastaremos el pensamiento político de Portales con las “ideas fuerza” desarrolladas en El Araucano. Utilizaremos como límites cronológicos el inicio de esta publicación periódica (17 de septiembre de 1830) y la fecha de promulgación de la Constitución reformada (25 de mayo de 1833). La razón que fundamenta este encuadre cronológico es que la Constitución de 1833, podría considerarse como la concretización de las ideas de portales sobre como debía ser el Estado en Chile, puesto que como afirma Bernardino Bravo “la constitución de 1833 no se dictó para establecer un régimen de Gobierno, sino para consolidar uno ya establecido”.[29]

Capítulo II
El ideario político de Diego Portales

Pragmatismo de Diego Portales

Diego Portales no despreciaba por sí mismo el ideal democrático, pero según su concepción, en Chile aún no estaban dadas las condiciones necesarias para aplicarlo en todas sus manifestaciones. Consciente de la realidad circundante, que compromete tanto el contexto político de Chile, como las características propias de la identidad de los chilenos, propone como necesidad básica organizar la república a partir de sólidas bases que permitieran instaurar el orden y la estabilidad, con una República fuerte, centralizada y autoritaria. Como idea, como proyecto o como simple opinión, este pensamiento está claramente delineado en la famosa carta que escribe Portales a su amigo y socio José Manuel Cea en marzo de 1822.

“A mi las cosas políticas no me interesan, pero como buen ciudadano puedo opinar con toda libertad y aún censurar los actos del Gobierno. La Democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República. La Monarquía no es tampoco el ideal americano: salimos de una terrible para volver a otra ¿y qué ganamos? La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe como yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado venga el gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos. Esto es lo que yo pienso y todo hombre de mediano criterio pensará igual”.[30]

La claridad y simpleza con la que Portales expone en esta carta sus ideas, ha llevado a que todos quienes se han interesado en analizar el proyecto o ideario político de Portales la consignen como fundamental, y por cierto, nosotros no hemos sido la excepción. No obstante, conscientes de que esta carta solo es un esbozo del pensamiento político de Portales, estimamos necesario incorporar en este análisis, al menos la selección más relevante de epístolas en que nuestro personaje fue delineando sus apreciaciones respecto de la marcha del Gobierno.

Si bien la misiva que Portales envía a Cea es muy clarificadora en cuanto al ideal de Gobierno que debería ser establecido en Chile, ésta no pasa de ser una simple apreciación de un comerciante chileno que se halla en Lima probando suerte mercantil. Lo verdaderamente relevante desde el punto de vista del rol histórico desarrollado por Portales en la construcción o génesis del Estado en Chile es su participación directa en los quehaceres gubernamentales, los cuales podríamos, perfectamente circunscribir entre abril de 1830 y junio de 1837, es decir, desde el momento en que conforme con el nombramiento expedido por José Tomás Ovalle, llega por primera vez al Ministerio del Interior, hasta el día en que es asesinado en Valparaíso. Esto no implica ignorar que durante el período que va desde el 31 de agosto de 1831 al 21 de septiembre de 1835 Portales se mantuvo separado del Gobierno, en cuanto no desempeñó cargos ministeriales, ni aceptó ser el Vicepresidente de la República. No obstante, su prolífica correspondencia deja ver que, incluso en los momentos en que estuvo distanciado del Gobierno, nunca se despreocupó de la cosa pública. Lo buscaban, lo instaban a pronunciarse -a veces incluso contra su voluntad- respecto de diversos temas políticos, y a través de su correspondencia se aprecia que daba consejos acerca de todo tipo de materias: censuraba la debilidad del gobierno, impregnaba a sus amigos y conocidos sus propias ideas y conceptos, muchos de ellos de una naturaleza tan simple como avasalladora, como por ejemplo, la idea de identificar siempre (para poder separarlos) al “bueno” y al “malo”, aconsejando dar “biscochuelos” a uno y “palos” al otro.[31]

A continuación esperamos precisar con mayor claridad las ideas expuestas. Para ello estructuraremos nuestro discurso a partir de algunas de las principales epístolas escritas por Portales, así como también algunos decretos y artículos periodísticos de su autoría.

Diego Portales en el Gobierno

El primero de abril de 1830 la presidencia fue asumida por José Tomás Ovalle. El 6 de abril fue nombrado Diego Portales como Ministro de Relaciones Exteriores, de Interior y de Guerra y Marina. A sólo veinte días de su designación, el triministro aseguraba “…de cinco horas destinadas al sueño, el resto de las veinticuatro no son mías”.[32]

Al parecer, había llegado el tiempo en que sus apreciaciones respecto del tipo y forma de gobierno que debía generarse en Chile podía llevarlos a la práctica. Ya no era sólo un comerciante opinando desde lejanas tierras, ahora estaba en el Gobierno mismo y desde allí habría de aplicar sus fundamentos políticos.

Portales afirma ser consciente de la realidad circundante y frente a ella en concreto manifiesta sus “opiniones políticas”, opiniones que, sin duda, van mucho más allá, para convertirse en consejos, reprimendas o decisiones. Su influencia entre los contemporáneos era tal que le buscaban, le exigían pronunciarse, se le intentó retener al lado del Gobierno, pero se alejó en agosto de 1831 a atender sus negocios para reincorporarse solo en septiembre de 1835.

Ideario político de Diego Portales

A continuación expondremos, en términos generales, las ideas fundamentales contenidas en el ideario político de Diego Portales, las cuales serán abordadas y profundizadas en el capítulo IV de la presente investigación, cuando se contraste las afirmaciones de Portales en sus epístolas y otros documentos (decretos – artículos de prensa) con las ideas fuerza desarrolladas por El Araucano.

Los buenos y los malos

A juicio de Portales, el secreto para gobernar bien era saber distinguir el bueno del malo. Si esto no era hecho con acierto, oportunidad y constancia, se originaba el “descontento de los buenos… su desfallecimiento”. Este tipo de afirmaciones prolifera en sus epístolas. A su amigo Antonio Garfias le decía “El peor mal que encuentro yo en no apalear al malo, es que los hombres se apuran poco en ser buenos, porque lo mimo sacan de serlo como de ser malos”.[33] En otra de sus cartas, en tono de consejo y también de crítica al proceder del Presidente Prieto, le dice a Ramón Cavareda el 7 de marzo de 1833 “…sólo puede tenerse confianza en el hombre de honor, y que toda distinción al malo es lo mismo que criar cuervos y sólo sirve para hacer desmayar al bueno… Si usted examina bien el origen de los males que nos amenazan y amenazaban, lo encontrará en las consideraciones indebidas que han merecido a nuestro Presidente muchas personas que sólo merecían un presidio; y, sobre todo, en su conducta tan poco pronunciada”.[34] Una semana más tarde insiste con la misma idea afirmando que “(Cuando el Gobierno) abra bien los ojos para distinguir a los hombres honrados de los que no los son, entonces verá usted alegres y exaltados a todos los buenos, y a los malos metidos en un rincón, convirtiéndose en buenos y sin ánimos para intentonas como la presente”.[35] Como corroboración de que este pensamiento fue una constante de Portales a lo largo de todo su desempeño en el Gobierno (directo o indirecto) llega hasta nosotros la famosa sentencia de “palos y biscochuelos”, aconsejada a Urizar Garfias en abril de 1837 (a pocos meses de su asesinato), donde le señala “Veo que tiene usted la prudencia y la firmeza, y que entiende el modo más útil de conducir al bien a los pueblos y a los hombres. Palos y bizcochuelos, justa y oportunamente administrados, son los específicos con los que se cura cualquier pueblo, por inveteradas que sean sus malas costumbres”.[36]

Tanto le molestaba la falta de rigor ante los delincuentes, que protestaba contra la imposibilidad de dejar caer todo el peso de la ley sobre los “malos”. Por ejemplo, el 6 de diciembre de 1834, luego de consultar a Mariano Egaña acerca del derecho que concede la Constitución para detener a individuos sin contar con orden competente de un juez, pero contando con la certeza de que conspiran y planean disturbios, Portales escribe a su amigo Antonio Garfias “Mariano me ha contestado no una carta, sino un informe, no un informe sino un tratado, sobre la ninguna facultad que puede tener el Gobierno para detener sospechosos por sus movimientos políticos. Me ha hecho una historia tan larga, con tanta citas, que he quedado en la mayor confusión; y como si el papelote que me ha remitido fuera poco me ha facilitado un libro sobre el habeas corpus. En resumen; de seguir el criterio del jurisperito Egaña, frente a la amenaza de un individuo para derribar la autoridad, el Gobierno debe cruzarse de brazos, como dice él, no sea sorprendido infraganti… Con los hombres de ley no puede uno entenderse; y así, ¡Para qué carajo! Sirven las Constituciones y papeles, si son incapaces de poner remedio a un mal que se sabe existe, que se va a producir, y que no puede conjurarse de antemano tomando las medidas que pueden cortarlo, pues es preciso esperar que el delito sea infraganti… En Chile la ley no sirve para otra cosa que no sea para producir la anarquía, la ausencia de sanción, el libertinaje, el pleito eterno, el compadrazgo y la amistad. Si yo, por ejemplo apreso un individuo que está urdiendo una conspiración violo la ley. Maldita ley, entonces, si no deja al brazo del gobierno proceder libremente en el momento oportuno! Para proceder, llegado el caso del delito infraganti se agotan las pruebas y las contrapruebas, se reciben testigos, que muchas veces no saben lo que van a declarar, se complica la causa y el juez queda perplejo. Este respeto por el delincuente o presunto delincuente, acabará con el país en rápido tiempo… los jóvenes aprenden que el delincuente merece mas consideración que el hombre probo; por eso los abogados que he conocido son cabezas dispuestas a la conmiseración en un grado que los hace ridículos”.[37]

Testimonios como estos son los que han llevado a algunos historiadores a considerar que Portales despreciaba la ley y la constitución.[38] No obstante, y concordando con los planteamientos de Alejandro Guzmán,[39] creemos que ésta es otra evidencia del gran realismo que manifiesta Diego Portales ante las circunstancias concretas y no la prueba del desprecio a hacia la legalidad en sí misma.[40] En efecto, el 15 de marzo de 1833, en carta enviada a su amigo, Ramón Cavareda, Portales afirma: “Yo he estado y estoy muy lejos de querer medidas violentas, soy muy decidido por los trámites legales cuando las circunstancias lo permiten: lo que he querido decir es que desalienta ver castigar a los pícaros por sediciosos y ver, al mismo tiempo, al Gobierno acompañándose del Coronel López que no es menos pícaro ni menos sedicioso que los demás”.[41]

Ahora bien, la concepción maniqueísta de la sociedad, se transformó en algo crucial a la hora de emprender la organización del Estado. La identificación de “los buenos” y “los malos” debía servir como base para sustentar y consolidar el Gobierno, ya que según las apreciaciones expuestas por Portales, a partir de tal distinción sería posible saber con quines se contaba y con quienes no, para saber claramente a quienes era necesario separar de la sociedad (encarcelándolos, fusilándolos o expatriándolos). Tan relevante ha sido este tema (el cual pudiera parecer a simple vista como trivial y carente de conceptualización), que autores tan prominentes como Mario Góngora le han llegado a considerar “el principal resorte de la máquina”. En efecto, Góngora señala en su obra “Ensayo Histórico Sobre la Noción de Estado en Chile” que “el principal resorte de la Máquina era la distinción entre los que el llamaba en sus cartas los buenos y los malos. Los buenos son los hombres de orden, los hombres de juicio y que piensan, de conocido juicio y de notorio amor al país y de las mejores intenciones. Los malos, sobre los que debe recaer el rigor absoluto de la ley son los forajidos, los lesos y bellacos, aludiendo sin duda a los pipiolos y conspiradores de cualquier bando. Los malos no le tienen respeto al Gobierno”.[42] Lo relevante desde la perspectiva de análisis de Mario Góngora es que tales concepciones pasaron a formar parte del subconsciente de la clase política de Chile.

Quizás, no sea esta distinción entre buenos y malos “el principal resorte de la máquina” (quizá dependiendo de la circunstancia el resorte principal variaba, o quizá eran varios los resortes principales), no obstante, como afirma Gonzalo Rojas, es indudable que tal distinción fue uno de los principios fundamentales sobre los que se sostuvo el Estado gestado por Portales.[43]

La marcha conocida:
Que los funcionarios públicos sepan cumplir el deber imparcialmente

Dos cartas implacables nos servirán para delinear el pensamiento de Portales respecto de las características de los funcionarios públicos. La primera dirigida a su amigo Joaquín Tocornal y la segunda a Miguel Dávila, ambas epístolas son la respuesta de Portales ante la petición de consejos. Con reticencia, y no sin antes manifestar su aversión a seguir involucrándose en los quehaceres políticos, Portales esboza con claridad y simpleza su “ideal” de hombre público. Ideal que no se queda en la mera idealidad, sino que se encarna en personas concretas, de carne y hueso, en definitiva, aquellos hombres que en palabras de Portales estaban llamados a convertirse en “modelos de virtud”.

Habiendo sido designado Joaquín Tocornal como Ministro del Interior en reemplazo de Ramón Errázuriz, Tocornal dirige una carta a Portales pidiendo consejos o esperando, sin duda, la aprobación de su amigo. Pero ante tal petitorio, Portales mantiene sus inmutables ideas “¿Qué consejos, qué advertencias mías podrán ayudar a su acierto? ¿Qué podré hacer cuando me falta la capacidad, el tiempo y tal vez la voluntad de hacer?. Usted no puede formarse idea del odio que tengo a los negocios públicos, y la incomodad que me causa oir sólo hablar sobre ellos… lo cierto es que existe esa aversión de que yo me felicito y que otros forman crítica… convengamos, pues, desde ahora en que usted sólo puede contar conmigo para todo lo que sea en su servicio personal… Sin embargo, no concluiré esta carta sin decirle con la franqueza que acostumbro, que mi opinión es que usted, sin hacer nada en el ministerio, hace más que cualquier otro que pretendiera hacer mucho. Todos confían en que usted no hará mal ni permitirá que se haga… por otra parte, el bien no se hace sólo tirando decretos y causando innovaciones que, la más veces, no producen efectos o los surten perniciosos… en cada resolución, en cada consejo, etc., dará usted un buen ejemplo de justificación, de imparcialidad, de orden, de respeto a la ley, etc. Etc., que insensiblemente ira fijando una marcha conocida en el Gobierno”.[44]

El 6 de febrero de 1833, en carta a Miguel Dávila, desarrolló una completa lección de conducta funcionaria. Su reflexión se fundamentaba en una fórmula clave: “El plan de conducta único que puedo y debo señalara Usted, es, pues, el siguiente: cumpla escrupulosamente con las obligaciones de su cargo sin consideración alguna a las personas cuando estas se presenten con intereses opuestos a la razón o a la justicia… yo bien veo que siguiendo esta máxima se granjeará muchos enemigos, principalmente cuando sea a consecuencia de algunas disposiciones generales que se vea obligado a tomar en obsequio del buen orden; pero crea usted firmemente que estos lo serán sólo en aquellos momentos en que no consulten otra cosa que su interés particular, y que en su corazón harán a usted luego la justicia que se merezca. Estos actos, a medida que se repitan darán a usted mayor respetabilidad, y los ataques que se le dirijan harán por consiguiente menos impresión en el pueblo y al fin no se les dará importancia alguna… En suma, no presente usted flanco alguno por donde puedan atacarle con justicia, y ríase de todo lo demás”.[45] Sin lugar a dudas, en estas ideas y en estos consejos se va dibujando y construyendo a esos hombres “verdaderos modelos de virtud y patriotismo” descritos en la carta enviada desde Lima a su amigo y socio Cea en 1822. Para Portales, este tipo de hombres, con este tipo de conductas serían los únicos capaces y los indicados para sustentar y construir ese “Gobierno fuerte, centralizador y moralizador”.
En definitiva, de ambas cartas se desprende que el comportamiento esencial es la imparcialidad y el cumplimiento inescrupuloso del deber. Esta actitud de los funcionarios sería la que iría creando y diseñando la “marcha conocida del gobierno”.

Además, Portales encarnó un tipo de servidor público muy singular (que al parecer no intentó imponer ni recomendar a sus congéneres). Portales no aceptó retribuciones económicas de sus labores en el Gobierno y ni siquiera se atrevió a cobrar una deuda impaga a las arcas fiscales, aun estando en graves aprietos económicos. Cuando sus amigos le insinuaron cobrar deudas impagas por más de 6000 pesos, su respuesta fue tajante: “primero consentiría en perder un brazo o enterrarme en el barro que en consentir que se cobrase un peso al fisco”.[46]

La oposición honesta

En carta dirigida a José Manuel Cea (Lima, marzo de 1822) encontramos la primera formulación del concepto portaliano de “oposición política”. En aquella oportunidad afirmaba “…como buen ciudadano puedo opinar con libertad y aun censurar los actos del Gobierno”. Diez años después, desde Valparaíso y comentando las contingencias políticas de la actualidad, expresa las siguientes consideraciones en referencia a la publicación de “El Hurón” (periódico portavoz de la tertulia portaliana): “Si querían batir al Ministerio, ¿por qué hacerlo escondiéndose tras un interrogatorio y tan indefinidamente?… Si no hay causa para atacarlo, silencio, y si las hay, echarlas a la luz con sus pelos y sus lanas. Usted me había dicho que el ministro se había opuesto a la suscripción del periódico. ¿Habría asunto más lindo para un artículo de importancia y un ataque victorioso? ¿Qué diría el Ministro cuando se le preguntase si quería marchar sin posición, cualquiera que fuese su marcha? cuando se le dijese que se trataba de hacer una oposición decente, moderada… 1° (para) encaminarle a obrar en el sentido de la opinión; 2° el de comenzar a establecer en el país un sistema de oposición que no sea tumultuario, indecente, anárquico, injurioso, degradante al país y al Gobierno, etc. Etc.; que lo que se desea es la continuidad del Gobierno, y que para conseguirla no hay mejor medio que los cambios de ministerio cuando los Ministros no gozan de la aceptación pública por sus errores, por su falsa política o por otros motivos; que la oposición cesa cuando sucede el cambio y , en fin, que queremos aproximarnos a la Inglaterra en cuanto sea posible en el modo de hacer oposición; que el decreto que autoriza al Gobierno para suscribirse a los periódicos con el objeto de fomentar la prensa y los escritores, no excluye a los de la oposición; que siempre que esta se haga sin faltar a las leyes, ni a la decencia, el buen gobierno debe apetecerla y que esa intolerancia del Ministerio, sólo puede encontrarse en un mal Ministro que tiene que temer, etc. Etc.; añadiendo que es una pretensión muy vana el querer marchar sin oposición… Urizar podría escribir este artículo dándole usted estos apuntes”.[47]

Como se ve, Portales pedía a sus amigos que la oposición fuera hecha sin faltar a las leyes de la decencia, que debía ser siempre ponderada y prudente, pero no se callaran cuando había “verdades” que decir, y éstas debían ser expuestas con sus pelos y sus lanas, pues ese era el mejor correctivo para todo Gobierno. Respecto de este punto es obvio que no podemos quedarnos con la idea general de que Portales aprobaba la existencia de “oposición”, pues al parecer, y así lo manifiestan los hechos concretos, la mano implacable de la ley se orientó también a mantener a raya a quienes intentaron levantar la voz disidente. Según su concepción, aquellos no han de haber cumplido con las leyes de la decencia, como el día en que (al parecer) José Joaquín de Mora publicó en uno de los periódicos de oposición, “El Trompeta”, la siguiente composición poética:

“El uno subió al poder
Con la intriga y la maldad
Y el otro sin saber cómo,
Lo sentaron donde está.
El uno cubiletea
Y el otro firma no más;
El uno se llama Diego,
Y el otro José Tomás
El uno sabe que en breve
Todo en humo parará;
El otro cree que en la silla
Tiene su inmortalidad.
El uno lucha y se afana,
El otro es hombre de paz;
El uno se llama Diego,
Y el otro José Tomás.
El uno hace los pasteles
Con su pimienta y su sal;
El otro hasta en los rebuznos
Tiene cierta gravedad.
El uno es barbi-lampiño,
Pero el otro es mustafá:
El uno se llama Diego,
El otro José Tomás.
El uno tiene en la bolsa
Reducido su caudal;
Y el otro tiene una vacas
Y un grandísimo sandial…
El uno saldrá al galope
Y el otro se quedará:
El uno se llama Diego
Y el otro José Tomás.
El uno es sutil y flaco
Que parece hilo de olan;
Y el otro con su barriga
Tiene algo de monacal.
El uno especula en grande:
El otro cobra el mensual:
El uno se llama Diego
Y el otro José Tomás.
De uno y otro nos reiremos
Antes que llegue San Juan;
Uno y otro en aquel tiempo
Sabe Dios donde estarán.
Quitándonos el sombrero,
Gritaremos a la par:
Felices noches don Diego,
Abur, don José Tomás”[48]

La reacción de Portales ante tal afrenta fue el destierro de Joaquín de Mora junto con su colaborador el doctor Pasaman y el editor de la imprenta en que se publicaba el periódico, don Antonio Gundian.[49]

Con todo, al parecer, el reclamo a favor del derecho de la “necesaria oposición” se proclamaba en instancias en las cuales él mismo y sus amigos tenían algo que reprochar al Gobierno, pues todo rastro de apoyo al gobierno anterior “pipiolo” fue aplacado con vehemencia.

Renuencia a cargos gubernamentales

Múltiples documentos expedidos por Diego Portales dan cuenta de su sincera renuencia a participar en los quehaceres gubernamentales. El documento oficial más nítido de tal actitud es la renuncia al cargo de Vicepresidente presentada al Congreso en junio de 1831.

“Señor: llamado por el voto de los pueblos a la Vice Presidencia de la República creo mi deber expresarle por el órgano de la Representación Nacional mi profunda gratitud por este lisonjero testimonio de confianza y de su aprobación a los pequeños servicios que he podido prestar a la patria.
Pero penetrado de mi insuficiencia para ejercer las funciones de la primera magistratura ejecutiva, si por algún accidente llegare a vacar, y obligado a volver dentro de breve tiempo a la vida privada, a donde me llaman urgentemente consideraciones que no puedo desatender me hallo en la posición de suplicar, como suplico al Congreso Nacional, se sirva aceptar la formal y solemne renuncia que hago en sus manos.
La nación y el Congreso, me harán sin duda la justicia de creer que no he tomado esta resolución sino porque después del mas detenido y maduro examen la he creído absolutamente necesaria y congruentemente irrevocable”.[50]
Santiago, Junio 13 1831
Diego Portales

Ante ello, la Cámara de Senadores votó por unanimidad contra la petición de Portales, la cual recién fue aceptada luego de reiterada petición el 31 de agosto de 1831, dejando así también sus cargos de Ministro de Estado.

En el epistolario de Portales también encontramos variadas manifestaciones de sincera reticencia hacia el poder político. El 29 de febrero 1832 afirmaba que “No ha podido retraerme de permanecer en Valparaíso ni el puncetón de Don Joaquín Tocornal, de que mis amigos se ofenderán de mi resistencia. Ellos son justos y racionales, y no pueden ofenderse de que rehúse un sacrificio estéril, cuando saben que estoy dispuesto a hacer cualquiera (como no sea el de mandar) cuando la necesidad lo exija. Señálenme una cosa, un bien que yo pueda hacer y que no lo pueda el Gobierno, y me verán volar a cualquiera costa a prestar tal servicio, siempre que no pueda hacerlo desde aquí”.[51] Así también, manifiesta en otra oportunidad a su confidente Antonio Garfias que con gusto viviría y disfrutaría de los placeres y comodidades que puede brindar Santiago “pero no podría gozarlos con tranquilidad, porque estaría en continua guerra para no tomar parte en las cosas públicas y, al fin, quien sabe si insensiblemente me metía, para sacar desazones e incomodidades sin fruto, lo que se evita estando aquí (Valparaíso), porque con contestar a cada llamado un NO QUIERO IR, salgo del paso: este desahogo es sólo para usted, y se cerró el paréntesis”.[52] A los amigos que no cesaban de intentar mantenerlo cerca e involucrado con la marcha del Gobierno, les asegura, y a veces con vehemencia, que no posee el más mínimo interés en “mandar al país” y que tras esa actitud no se esconden aspiraciones aun más elevadas. El 13 de marzo y nuevamente en carta dirigida a Antonio Garfias asevera que “he asegurado mil veces que no mandaré al país… ¿No se deja conocer que no me hago la más pequeña violencia para aborrecer el mando: que este es el resultado de una racional meditación y de una experiencia bien aprovechada?…”.[53]

Muchas de las epístolas dirigidas a sus amigos, gran parte de las cuales son una respuesta o un consejo requerido por éstos, testimonian que Portales no tiene ni el deseo, ni la intensión, ni el tiempo, ni la capacidad de transformarse en el guía y la lumbrera de los hombres del Gobierno. A su amigo Joaquín Tocornal, por ejemplo, luego de decirle “convengamos, pues, desde ahora en que usted sólo puede contar conmigo para todo lo que sea en su servicio personal”,[54] enseguida procede a describirle extensamente su “consejo”, que le guiará en sus labores de nuevo Ministro de Estado: “cumpla escrupulosamente con las obligaciones de su cargo sin consideración alguna a las personas cuando estas se presenten con intereses opuestos a la razón o a la justicia… En suma, no presente usted flanco alguno por donde puedan atacarle con justicia, y ríase de todo lo demás”.[55]

Como podemos apreciar en el epistolario se manifiestan los sinceros deseos de Portales de mantenerse al margen del Gobierno. Pero sus amigos insistían constantemente en “no dejarlo tranquilo”, le instaron constantemente a volver a defender la integridad de la organización política que era su obra.[56] En efecto, en respuesta a F. Elizalde, J. Tocornal y M. Gandarillas el 29 de febrero de 1832 les señala que estaba “dispuesto a hacer cualquiera cosa (como no sea el de mandar) cuando la necesidad lo exija. Señálenme una cosa, un bien que yo pueda hacer y que no lo pueda el Gobierno, y me verán volar a cualquiera costa a prestar tal servicio, siempre que no pueda hacerlo desde aquí”.[57] Al parecer, la necesidad de “volar para prestar servicios” sólo sobrevino el 21 de septiembre de 1835 cuando hubo que asegurar la continuidad de Prieto en la presidencia frente al grupo “philopolita” que eran los que se habían identificado con la publicación de El Philopolita, donde redactaban, entre otros, Gandarillas, Benavente y Ramón Rengifo, quienes estaban incubando ideas presidenciales a favor de Manuel Rengifo. Pero la vuelta de Portales hizo imposible cualquier tentativa de lucha contra la reelección de Prieto para un nuevo periodo presidencial, hecho que se consagró por la abrumadora mayoría el 30 de agosto de 1836.[58]

Ahora bien, pese al declarado desinterés de Portales respecto de “mandar” o estar cerca de los que “mandan”, es indiscutible que sin llegar a ocupar la Primera Magistratura, en gran medida, mantuvo el control del devenir político nacional. Frente a tal situación es que Gandarillas, quien hubiera sido uno de sus amigos, compañero de tertulias y el redactor de El Araucano, llega a afirmar que a Portales, en realidad, lo que interesa es mandar a los que mandan. Tal afirmación molestó tanto a Portales que le lleva a escribir a su amigo Antonio Garfias que:

“El pobre tuerto G. (Gandarillas) está en El Monte hecho una fiera conmigo. Su estupidez y ceguedad llegan hasta el extremo de figurarse y estar cerrada de que yo soy el autor de los artículos de El Mercurio, y dice que lo sabe positivamente. Compadezcamos a este pobre hombre y deseemos que reestablezca su salud para alivio de su familia. Dice que yo quiero algo más que mandar, pues pretendo mandar al que manda”.[59]

Para autores tales como Gabriel Salazar, quien manifiesta en su obra “Construcción de Estado en Chile”, una severa crítica ética-moral hacia el Gobierno instaurado en 1830, efectivamente, el verdadero y casi único manipulador de las circunstancias fue, sin dudas, Diego Portales, a quien califica como el “dictador” que contó como acompañante a Joaquín Prieto, un General títere al que llaman Presidente.[60] Implacables epítetos son los utilizados por este autor para describir las características del “régimen portaliano”, el cual evidentemente reprueba y condena.

En efecto, a través de los capítulos que dedica al análisis del “gobierno portaliano” (como él gusta denominarlo) se nos presenta un escenario histórico cargado de juicios de valor muy duros de entre los que destacamos las siguientes ideas: “Dictadura de origen golpista, caracterizada por arbitrariedad, represión, violación de derechos civiles y humanos, autoritarismo, orden público dictatorial, justicia dictatorial, maquillaje constitucional con esqueleto dictatorial, tiranía, represión, despotismo, al margen de la ley y de la constitución, abuso de facultades extraordinarias, brutal política policial, terror, poderes absolutos, negación de la constitución, dureza, arbitrariedad, justicia sumaria, Consejos de Guerra sin apelación, dictadura civil de Portales, etc.”.[61]

Es innegable la ideologización del análisis que nos presenta Salazar en su más reciente obra.[62] No obstante, nos parece un interesante contrapunto respecto del juicio histórico del periodo que marcó la génesis de nuestro Estado, así como también la implacable condena hacia su principal gestor, es decir, Diego Portales. En las páginas de la citada obra de Salazar, se continúa corroborando el innegable rol que ocupó Portales en el origen del Estado chileno, pero tal desempeño se esboza con una aplastante crítica hacia los métodos utilizados, a los cuales cataloga de maquiavélicos,[63] en el más pueril y vulgar sentido de la palabra, pero luego, incluso niega el maquiavelismo portaliano al afirmar que con el “orden público atemorizador” (construido con las armas y la represión), no fue alcanzado ninguno de los objetivos que deben primar en un Estado, es decir, el desarrollo global y la justicia social.[64] Con ello, entonces, los medios utilizados ni siquiera podrían ser justificados con los fines alcanzados.

Ahora que ya conocemos, en esencia, el ideario político de Diego Portales es posible adentrarnos, netamente, en el análisis comparativo de tales ideas y de su posible socialización a través de “El Araucano”, considerado como “periódico oficial”[65] del Gobierno Conservador. Para llevar a cabo tal empresa investigativa partimos de las siguientes premisas: Por una parte, que este periódico vendría a ser la concreción de una propuesta del propio Portales, quien manifestó su interés por promover la transparencia de la marcha del Gobierno[66] y, por otra parte, que la “dominante” personalidad de Portales se trasformó en el referente de los hombres comprometidos con el Gobierno Conservador. Así pues, como afirma Don Santiago Lorenzo, “uno de los rasgos más característicos de Portales fue su ascendiente sobre los hombres de su generación, lo que le permitió influir en el gobierno de Prieto y en la conducta pública de algunos contemporáneos como Bello, Egaña, Garrido, Tocornal, etc. En la política interna su participación fue protagónica… El hecho es que sus consejos fueron escuchados con atención, y normalmente primaron y dieron el tono a dicha administración”.[67]

A partir de lo expuesto, el problema que se nos plantea es el siguiente: si Diego Portales es el hombre más influyente y decisivo en la instauración del Gobierno Conservador tras el triunfo de éstos en Lircay[68] ¿En qué medida y en qué aspectos tal influencia puede verse reflejada en el principal medio de difusión que respaldó al Gobierno a partir de septiembre de 1830?.

Ante estas circunstancias, nos adentramos en el estudio y análisis de “El Araucano” con el objeto de, en primer término, conocer los ejes directrices entorno a los cuales estructura su mensaje y su discurso, para luego, contrastarlo con el ideario político de Diego Portales. En definitiva, buscaremos conocer las ideas fuerza (conceptos) que pretenden ser socializados por “El Araucano”, y a través de éstas consideramos que será posible perfilar las características del Estado instaurado en Chile a partir de 1830, es decir, podremos conocer y constatar, desde el punto de vista conceptual, las bases sobre las que se cimentó la génesis de nuestro Estado.

 

Capítulo III
El Araucano: periódico portavoz del Gobierno Conservador


Caracterización general de “El Araucano”

Un intento serio, tendente a caracterizar El Araucano, lo encontramos en Raúl Silva Castro “Prensa y periodismo en Chile 1812-1956”, en el capítulo IV de esta obra señala que El Araucano fue un periódico semanal al que se confió desde el primer instante la misión de hacer la defensa y el esclarecimiento de las medidas gubernativas, en artículos ponderados, serios, escritos con circunspección y elegancia de forma.[69] Un aspecto relevante de la explicación de Silva Castro es que la creación de El Araucano responde netamente a una propuesta de Diego Portales, incluso afirma que el primer redactor, Manuel Gandarillas, fue elegido por el Ministro Portales para desempeñar tales labores.[70]

Los otros ámbitos de la caracterización presentada por Silva Castro versan sobre la filiación que tuvo el periódico con el Gobierno y los cambios en el grupo redactor. El primero de estos puntos lo analizaremos en el siguiente aparatado, mientras que el segundo aspecto puede resumirse en las siguientes palabras

“Fue fundado por el ministro de la Suprema corte de Justicia don Manuel Gandarillas el 17 de septiembre de 1830, el cual hasta el año 1835, redactó la parte interior y política, estando la exterior y literaria a cargo de don Andrés Bello. Después que el fundador cesó en la redacción de este periódico, continuó con ella el señor Bello, por mucho tiempo más, unas veces en el todo y en otras en parte; escribieron también en el Araucano, entre otros (aunque este no es el orden preciso en que se sucedieron) don Juan Francisco Meneses, como unos 9 meses el año 35, don Ventura Marín, unos cuatro números sobre política el año 36, don José Indelicato, don José Joaquín Pérez, don Ramón Rengifo, don Felipe Pardo, don Salvador Sanfuente durante la Guerra con el Perú, don Rafael Minvielle que redactó el editorial del número 812 y 815, don Santiago Lindsay que lo llevó el año de 1851 y don Aniceto Cordovés el año 58, siendo el que actualmente lo dirige Don Ambrosio Montt”.[71]

Sucedió a Montt, Manuel Miquel que se encargó de la redacción entre 1863 hasta su muerte en 1864. Después de esta época se suprimieron los mensajes editoriales “ya no se hacían campañas ni sentaban cátedra exclusiva en materias constitucionales y de derecho de gentes como en el periodo de Bello”.[72]

En 1876, siendo Ministro del Presidente Errázuriz, don José Victorino Lastarria, decidió reemplazar aquel periódico por uno netamente oficial, y para ello dicto un decreto para reorganizar la Imprenta Nacional, que hasta entonces se encargaba de la impresión de El Araucano y para reglamentar las publicaciones que se harían en el nuevo periódico. Dio a este último el nombre de Diario Oficial, con lo que se despejaron las dudas respecto de su índole.[73]

En suma, El Araucano tuvo una duración de 46 años, 5 meses y 9 días. Mantuvo una estructura de 4 páginas que se dividían en dos secciones:

Exterior:
ü Especialmente noticias de Europa y América Latina. De carácter político o literario.
ü Se incorporaban extractos de periódicos extranjeros, de libros destacados, o bien se exponían extensos comentarios de los mismos.

Interior:
ü Documentos oficiales: decretos, misivas internas, estados de cuentas de la Hacienda, lista de detenidos y sentenciados.
ü Mensaje Editorial: Se comenta la noticia de mayor interés o que mayores repercusiones puedan tener en el acontecer nacional. Las veces en que se omite esta sección se da por explicación que no existe nada que sea realmente importante para el desenvolvimiento político o cultural de Chile, y que no escribirán por escribir, como hacen otros periódicos que gustan de los “chismes”, “inventos” y “mentiras”.
ü Avisos: oferta de mercaderías u ofertas educacionales de profesores particulares.

Caracterización general de contenidos abordados
(17 de septiembre 1830 – 1 de junio 1833)

Puesto que nuestro ámbito de estudio se reduce al marco cronológico que va entre la fundación del diario, en septiembre de 1830, hasta la promulgación de la constitución en 1833, procederemos a continuación a delinear un esbozo general respecto de las temáticas abordadas durante este período.

En los primeros seis meses se pone mucho énfasis en la necesidad de imponer el orden aplacando toda escaramuza de anarquía o rebelión. Varios mensajes editoriales del año 1830 son dedicados a justificar la restricción de la libertad de imprenta.

En el primer semestre de 1831 los temas que se reiteran son la necesidad de modificar la constitución y la administración de justicia, la cual debiera tener como principal medio de transparencia la publicación de los juicios.

Se describen los peligros de la prensa indiscriminada que se trasforma en foco de disidencia, discordia y desorden. Pero también comienzan a surgir ideas respecto de la “justa y decente oposición” e incluso, contraponiéndose a las ideas vertidas en el primer mensaje editorial, se propone la necesidad de que se estructuren “partidos”, aunque se hace la salvedad de que bajo ninguna circunstancia deberían derivar en “facciones”.

A partir de mayo de 1831 se exponen los privilegios de ser un país ordenado y sin peligros reales de nuevas tensiones internas. Desmienten enérgicamente los comentarios aparecidos en El Mercurio Peruano, donde se exponen las disensiones al interior del Gobierno y las posibilidades de que Joaquín Prieto le de la espalda a los triunfadores de la revolución de 1829. Muchos mensajes editoriales del primer semestre de 1831 comentan la necesidad de que el Gobierno se haga cargo de la incorporación de enseñanzas de ciencias que sean útiles al Progreso nacional. Por ejemplo, ciencias naturales, clases de química y matemática que puedan ser de toda utilidad para la agricultura y la industria del país.

En septiembre de de 1831 uno de los temas en torno al cual se estructura el discurso corresponden a los proyectos para modificar la Constitución de 1828. Uno de los aspectos que mayor atención merece es el constante interés de remarcar la necesidad de “reformar” el código anterior, no de hacer uno nuevo. Es así que muchos mensajes contienen una cargada crítica hacia la Convención Constitucional, cuestión que le valdrá a El Araucano tener que defenderse frente a los ataques de El Mercurio, quien critica que se haya hecho de la antigua carta constitucional “un ídolo”, mientras que la Convención Constituyente se haya convertido en blanco de “injustos ataques”. Frente a tal acusación El Araucano desmiente que se haya atacado y mucho menos difamado a los componentes de la Convención.

La temática que más se reitera a partir de este momento hasta mayo de 1833 es la necesidad de que la carta reformada permita consolidar al Gobierno prestándoles amplios poderes que permitan enfrentar y superar la adversidad cuando las circunstancias lo requieran. En definitiva se defiende la idea de un Gobierno fuerte, que cuente con “facultades extraordinarias”, ya que de no contar con éstas o se verá obligado a quebrantar la constitución cuando las circunstancias lo requieran o se verá obligado a sucumbir. Otra temática constitucional de relevancia es la restricción del derecho a sufragio, con el objeto que sólo lo obtenga gente capaz de utilizarlo de manera “decente y consciente”.

La relación de El Araucano con el Gobierno

A través de El Araucano observaremos la historia desde la perspectiva oficial del Gobierno, y ello no significa ignorar que este periódico no era el “oficial”, pues no hubo ninguno que tuviera tal denominación hasta 1876. No obstante, los editores fueron hombres que se dispusieron a dar respaldo al régimen establecido en 1830 y por ello, sin ser el diario o periódico “oficial”, publicaron los documentos relevantes del Gobierno, tanto los referidos a materias internas como externas, así también se propusieron defender las posturas oficiales cuando hubo la necesidad de hacerlo, sobre todo cuando otras publicaciones, declaradas adversas, exponían severas críticas y recriminaciones hacia el Gobierno en general o hacia alguno de sus líderes en particular. Pero esta cercanía e identificación con el Gobierno no siempre fue tan evidente, y ello es explicado por sus propios redactores en diversas ediciones.

Por ejemplo, en la primera edición se “advierte” a los lectores las características del periódico, señalando que su objeto, no será entrar en rivalidades inútiles y destructivas, sino que cuando sea necesario se entregarán las opiniones a modo de sugerencia o consejo que permitan al Gobierno mantenerse firme y consecuente.

Bajo el epígrafe “ADVERTENCIA” se consignó lo siguiente:

“El objeto de El Araucano es comunicar a Chile toda clase de noticias importantes que puedan adquirir de las demás naciones y presentar esta los datos por donde puedan juzgar del estado de nuestra política, moralidad, instrucción y adelantamiento en todos los ramos. Se copiarán los documentos oficiales más importantes, para dar seguridad a las relaciones y una crítica veraz y severa, pero sin mordacidad, analizará todas las providencias administrativas que no sean ajustadas a los principios y a la justicia
Los editores prometen no entrar jamás en controversias de partido… sus páginas se franquearán sólo a remitidos sobre puntos científicos o cualesquiera otro de utilidad general. Sin embargo pueden verse precisados alguna vez a sostener providencias del Gobierno o a defender su comportación y lo previenen para que en ningún momento lo tachen de inconsecuentes”[74].

En otra oportunidad (8 de febrero 1833), los editores de El Araucano precisan la naturaleza del periódico en respuesta a una supuesta “guerra de insultos” de los periódicos oficiales de Chile y Bolivia en contra de Perú. Si bien, en primer lugar este mensaje editorial tiene por objeto desmentir que Chile esté llevando a cabo una campaña anti peruana a través de su periódico “supuestamente oficial”, en segundo lugar, lo que se precisa es la intención de los editores de El Araucano por subrayar la independencia con la que desarrollan sus labores de redacción.

“Perú desconfía de una supuesta alianza entre Bolivia y Chile… no nos desgastaremos en desvanecer tan absurda insinuación.
Se nos atribuye actitud hostil por los insultos y las acusaciones injustas que los periódicos oficiales de una y otra república prodigan a la administración peruana. El Araucano es el único de los periódicos chilenos que tiene conexión con el Gobierno y ésta se reduce a la inserción de las leyes y demás documentos que interesan al público. Pero sabido es que en sus columnas se ha IMPUGNADOS repetidas veces, aunque con MODERACIÓN y RESPETO las opiniones de la administración actual…”[75]

Como se puede ver, aquí los editores desmienten ser el periódico oficial del Gobierno, afirmando que la supuesta oficialidad sólo se remite al interés que ha puesto El Araucano en publicar los documentos y leyes más relevantes expedidos por el Gobierno, pero ello se complementa con una posición crítica orientada a encausar por medio de la opinión moderada y respetuosa los actos del Gobierno.

No obstante lo anterior, la perspectiva tradicional de análisis de El Araucano, ha considerado que este periódico es indiscutiblemente la voz del Gobierno y por ello el diario oficial, así por ejemplo lo considera Ernesto de la Cruz, afirmando que El Araucano es la materialización de una idea de Diego Portales, referida a la necesidad de publicar los documentos y decisiones oficiales del Gobierno. Portales “quería que se pusieran en transparencia hasta los pensamientos de los hombres del poder, seguro como estaba de la honorabilidad de la manera de proceder de sus compañeros de trabajo… a esto obedeció la creación de El Araucano, periódico oficial con largos años de existencia”.[76]

La ambigüedad respecto de si es o no, El Araucano, el diario oficial del gobierno podemos aclararla con algunas aseveraciones de Raúl Silva Castro y Diego Barros Arana. El primero de estos, afirma que al haber nacido El Araucano bajo los auspicios de Diego Portales, era innegable que se transformara en el defensor y promotor de ideas gubernamentales, pero al mantener independencia respecto de su grupo redactor, este a través de los mensajes editoriales podía sustentar propuestas distintas a lo propiamente gubernamentales.[77] Pero el rasgo de oficialidad, solo lo vino a tomar a partir del 23 de febrero de 1850, cuando por decisión gubernamental –según señala Barros Arana- el Araucano comenzaría a publicarse tres veces por semana, con el objeto de publicar sin tardanza exagerada los documentos oficiales, tendría, además un redactor designado por el Presidente de la República y este trataría las cuestiones concernientes a la administración del Estado, para explicar algunos puntos o para desvanecer los cargos que se le hiciesen. Tal propuesta del Gobierno demandaba gastos que causaron amplios debates en el Senado. No obstante, como señala Barros Arana, estos cambios se mantuvieron poco tiempo en vigencia y al cabo de dos años ya se había vuelto a las antiguas prácticas de periódico subvencionado con fondos fiscales.[78] Y así se mantuvo hasta 1876, cuando desapareció en forma definitiva, dejando paso a la creación del “Diario Oficial”, el nombre ya no dejaba lugar a dudas.

 

Capítulo IV
Ideas fuerza socializadas en El Araucano en contraste con el ideario político de Diego Portales

De un total de 142 ediciones analizadas, 32 de ellas no contaban con mensaje editorial, o bien la temática abordada no se relacionaba con la presente investigación, por tanto, la cantidad neta de ediciones tabuladas en los cuadros sinópticos son 110.
A continuación se presenta el cuadro de síntesis de las tabulaciones de los ejes temáticos:

CUADRO DE SÍNTESIS DE EJES TEMÁTICOS DE “EL ARAUCANO”
(17 de Septiembre 1830 – 01 de junio de 1833)

Nota: Síntesis elaborada a partir de los cuadros sinópticos de las temáticas abordadas en El Araucano entre el 17 de septiembre de 1830 al 1 de junio de 1833. (Ver cuadros estadísticos incorporados en la parte final de los anexos)

EJES DIRECTRICES DEL DISCURSO SOCIALIZADO EN EL ARAUCANO[79]

A través del análisis del contenido del periódico El Araucano desde su fecha de creación (17 de septiembre de 1830) hasta la publicación de la Reforma Constitucional (25 de mayo de 1833) es posible identificar tres ejes directrices fundamentales:

En primer lugar se encuentran los problemas o dificultades que enfrenta el Gobierno, los cuales, según el análisis expresado en el periódico, son la herencia del caótico estado de turbulencias, anarquía y licencia del periodo anterior, liderado por los “pipiolos”.

El segundo eje temático se relaciona con la reflexión respecto de los medios, métodos y estrategias necesarias y eficaces para lograr superar los problemas identificados.

El último eje directriz corresponde a los objetivos a los que Chile como República independiente debe aspirar. Tales objetivos se estructuran en las más diversas temáticas, entre ellas el tipo de gobierno que se debe establecer, las características del código fundamental que lo debe regir, la forma en que debe ser administrada la justicia, los valores y las características que deben identificar tanto a los hombres públicos como a los ciudadanos en general. Pero por sobre todas estas ideas, la que más se reitera es la necesidad de establecer el Orden y la Tranquilidad.

Presentaremos ahora una visión panorámica de estos tres ejes temáticos que nos sirven como directrices para ejecutar nuestro análisis. Posteriormente nos detendremos en el análisis de las ideas fuerza socializadas por El Araucano y su relación con el ideario político de Diego Portales –el cual ya fue reseñado en el segundo capítulo del presente trabajo-.

1. Problemas y dificultades

Los problemas descritos en El Araucano, en sus tres primeros años de existencia, abarcan los siguientes ámbitos: la criminalidad y el bandolerismo esparcido por toda la República; la inmoralidad producida por falta de educación; las acciones subversivas lideradas por antiguos pipiolos que no aceptan su derrota y la deficiencia de medios para aplacar tales problemas.

Así por ejemplo, se afirma el 29 de enero de 1831 que “El Gobierno recibe frecuentes y amargas quejas de varios pueblos de la República por la continua alarma en que pone a sus vecinos la repetición de cuantiosos asesinatos y robos inaudito”, para luego agregar: “se encuentra derramado en todos los pueblos el germen de la inmoralidad que difundió el desorden de algunos años. Cada revolución política arroja una lava de malhechores que por mucho tiempo permanecen cometiendo depravaciones y atentados horribles”.[80]

En este ámbito, la temática de la banda de los Pincheira fue ampliamente tratada entre la publicación N° 17 y la N° 83, es decir, entre el 8 de enero de 1831 hasta el 14 de abril de 1832. Al tratar la temática de los Pincheira se aludía dos ámbitos. Por una parte se destacaba lo reprochable de este tipo de criminales, que se concertaban para emprender sus correrías y usurpaciones, aterrorizando a las poblaciones del sur, pero por otro lado, se ponía hincapié en señalar que la instauración del orden y la tranquilidad en la Republica no era puesta en peligro por éstos bandoleros, en quienes los pipiolos aun creían ver a agentes restauradores del régimen desordenado que ellos pregonaban.

Así pues, el 8 de enero del ´31 en el mensaje editorial de El Araucano se sostenía: “Los opositores del Gobierno ven los satélites de Pincheira los restauradores del desorden y a los protectores de sus intereses ¡qué puede esperarse de hombres que se entregan a la alegría de los conflictos de la patria porque piensan que ellos pueden proporcionarles la satisfacción de sus deseos!… La República no puede por ahora usar sus recursos para exterminar a esta clase de enemigos y los más que puede hacer el Gobierno es tomar medidas de precaución para prevenir sus depredaciones… El Intendente y demás autoridades de la Provincia han manifestado todo el celo del patriotismo y toda la actitud del verdadero interés público para libertarla de las invasiones de Pincheira. A pesar de las inquietudes que causa este malvado a los pueblos y habitantes cercanos a las cordilleras, la situación política de la República es la mejor que se ha conocido de mucho tiempo atrás. Si esta verdad es tan notoria ¿cómo podrá oscurecerse por el dicho desacreditado de un tan corto N° de desorganizadores?”.[81]

El desenlace de este problema, en el que se ponían en juego los fundamentos del nuevo régimen -establecimiento del orden y la tranquilidad aplicando la severidad contra los criminales- se produjo en enero de 1832, cunado se comunicó al Gobierno la eliminación de la banda de forajidos en los siguientes términos:

“Jornada admirable… se ha reducido a la nada a la gavilla de bandidos que se acampaba en aquellos puntos, unidos con los bárbaros Pehuenches. De los primeros han sido afusilados los principales sanguinarios como eran Pablo Pincheira, Hermosilla Fuente, y otros por sus crímenes tenían merecida esta pena… muy luego pretendo aprender a José Antonio Pincheira que pudo escapar con 12 hombres a favor de su caballo… los Pehuenches quedaron en el campo despedazados, muertos y prisioneros con sus familias casi en su totalidad… muertos sus caciques. Con esto se terminarán las incursiones constantes a las Provincias argentinas, nuestras hermanas.
Sírvase Usted poner en conocimiento del Excelentísimo Señor Presidente… congratulaciones por un triunfo que afianza la quietud de la República”.[82]
J. Antonio Villagrán

La otra problemática que debía enfrentar el Gobierno eran las escaramuzas rebeldes que seguían patrocinando los pipiolos desterrados. Respecto de estas, El Araucano señala que no son más que rumores promovidos por los refugiados en Lima, que no aceptan abandonar sus quiméricos proyectos para perturbar el orden.[83] Aquellos entes, liderados por Ramón Freire, pretenden trastornar el país, matar, saquear, reducir a desiertos espantos poblaciones regularmente organizadas y regidas por la moralidad y la civilización. Esta es la imagen que trasmiten los mensajes editoriales respecto de los pipiolos derrotados y apartados del país: “Sobre todo Ramón Freire no deja de conjurar contra su patria. Levanta calumnias contra el actual gobierno de Chile, falsifica el relato de los hechos, publica intrigas e improperios en Lima”.[84]

Como ya se ha señalado, desde las páginas de El Araucano se dibuja una imagen del “OTRO”, del enemigo, del ente peligroso, cristalizado en dos ámbitos: por una parte están los malhechores faltos de civilización, que pueden, por vías de la educación o el escarmiento subsanar su conducta. Pero al lado de estos, y muchas veces, liderándolos o instándolos a mantenerse en estados de revueltas, están los entes abominables, lo cuales no verán reformada su conducta porque su propiedad característica es su desapego a la tranquilidad y el orden, estos son los reductos pipiolos que conjuran y mantienen vivas sus intentonas tendentes a derrocar al Gobierno.[85]

2. Medios, métodos y estrategias

La pregunta que debe contestar el nuevo Gobierno es: ¿Qué hacer ante los problemas?, o bien, ¿qué medios utilizar para alcanzar los objetivos?.

Las respuestas que se desprenden de los mensajes editoriales se presentan como propuestas o consejos que delinean un deber ser del Gobierno y que a su vez justifican las acciones y medidas que éste va tomando ante las circunstancias concretas.

Así, por ejemplo, se argumenta a favor de la severidad en la aplicación de las penas, la transparencia y publicación de los juicios, la restricción de la libertad de imprenta, la necesidad y legitimidad de posesión y aplicación de poderes extraordinarios en las manos del Gobierno.

En el ámbito de la severidad se argumenta respecto de lo inútil de moderar la pena a los delincuentes con la esperanza de que se enmienden, puesto que los acostumbrados a vivir del robo y el salteo deben tener lo que se merece. Esta temática fue ampliamente desarrollada a propósito de la invasión y saqueo que sufrió Copiapó por los fugados de Juan Fernández. En esta oportunidad, 104 reos se embarcaron en un bergantín y llegaron a Copiapó el 30 de diciembre de 1831. al desembarcar, saquearon y mataron a 12 personas. Según el editorialista de El Araucano, las lecciones que deben quedar para el país son las siguientes:

– “El saqueo de Copiapó indica la necesidad de organizar en todo el país las Guardias Cívicas para que los pueblos estén a cubiertos de cualquier invasión… los copiapinos se presentaron gustosos a defender su pueblo, pero el valor solo nada podía contra los criminales, a quienes la corrupción de los jueces ha salvado la vida.
– La inutilidad de moderar la pena a los grandes delincuentes con la esperanza de que se enmienden. Son hombres acostumbrados a vivir del robo y del salteo”. [86]

En este ámbito, también se explican las críticas al sistema judicial que insiste en moderar las penas a los delincuentes. El ejemplo que se más llama la atención es el referido a un ladrón que asaltó la Iglesia la Merced en Santiago, a quien en primera instancia se condenó a presidio en Juan Fernández y luego el Tribunal Superior rebajo dicha pena para que cumpliera labores de profesor en Copiapó.[87] El argumento esgrimido por el tribunal y rechazado por El Araucano es la condición anterior del delincuente, quien en Argentina llegó a ser miembro de la Cámara de Justicia de Mendoza.[88]

La propuesta de El Araucano para mejorar la administración de justicia pasa por dos ámbitos: en primer lugar transparentar los procedimientos judiciales publicando las sentencias y en segundo lugar reformar los códigos de justicia para extirparles todo lo inútil y engorroso que arrastran desde tiempos de la colonia. Con respecto al primer ámbito se afirma “nada congenia más con el despotismo que el misterio. Necesidad que las acciones de los mandatarios también sean públicas”.[89] Mientras que la reforma se justifica por la necesidad de contar con códigos de legislación acordes con realidad nacional, puesto que no basta con compilar y ordenar las leyes de Castilla e Indias, ya que no responden al contexto republicano y constitucional.[90]

Los últimos dos elementos que destacaremos en esta reseña respecto de los medios necesarios para enfrentar los problemas y alcanzar los objetivos son la restricción del libertinaje de imprenta y la necesidad de fortalecer los poderes y atribuciones del Gobierno. Respecto de la imprenta se afirma que es necesario restringir su libertad por convertirse esta en subversiva y foco de desordenes, puesto que insiste en mantener vivas viejas pasiones y rencores.[91] La restricción, según el editorialista de El Araucano, permitiría recuperar la dignidad de este instrumento de ilustración.[92]

El último elemento que vendría a configurar el ámbito de elementos o instrumentos necesarios para poder llevar a cabo las labores de Gobierno es el fortalecimiento de sus atribuciones, dotándolo de poderes extraordinario. Y esto vendía a responder a una demanda de los pueblos que desean gozar de una libertad organizada y exigen de un sistema de administración firme, estable y vigoroso que no les exponga a esas alteraciones que frecuentemente los inquietan.[93] En estas circunstancias, se argumenta a favor de los poderes extraordinarios. En El Araucano se justifican y defienden los derechos extraordinarios concedidos por el Congreso de Plenipotenciarios al nuevo gobierno. Se publican, por ejemplo, documento secretos que facultan al presidente para separar el país a los desorganizadores que promueven desorden y ruina de la república de Chile.[94] En efecto, se afirma que “hubo conflictos en que el gobierno tuvo que pedir facultades extraordinarias y si el Congreso de Plenipotenciarios lo hubiese negado habría sido preciso dejar perecer el país por falta de autoridad, o proceder autoritariamente por falta de autorización del código”.[95]

La constatación de la necesidad de que en ciertas circunstancias extremas el Gobierno debe aplicar con medidas enérgicas, se propone y se insta a los miembros de la Convención Constitucional tener presente que el Gobierno debe contar con MEDIOS eficaces para conservar la PAZ y el ORDEN PÚBLICO.[96] Y esta necesidad de subrayó desde el comienzo, puesto que ya en diciembre de 1830 se afirmaba que “la constitución debía haber tenido un título en que se facultase al Gobierno para proceder en casos extraordinarios a fin de imponer silencio a los opositores que prevalidos de la insuficiencia de la ley, procuran introducir el desorden, y ponen al Gobierno en el conflicto de salvar la patria, como ellos dicen, contra la ley… La constitución debe dar reglas para proceder en casos extraordinarios y para evitar las convulsiones populares.[97]

Si bien ya hemos delineado los fines que esperaban alcanzarse con estos medios enérgicos -catalogados por algunos como: autoritarios, dictatoriales, crueles, faltos de ética[98]-, pasaremos ahora a esbozar lo que para El Araucano constituían los “fines” u “objetivos” del Gobierno instituido tras el triunfo de Lircay.

3. Objetivos

De entre todos los objetivos propuestos por El Araucano, que en este aspecto, se transforma en el portavoz del Gobierno, las ideas que más destacan, son las del Orden y la Tranquilidad.[99] Para enfatizar estos dos ámbitos, se recurre reiteradamente a la comparación con el periodo anterior, llegando a afirmar que “nadie puede gustar todas las delicias que produce el bien sin haber pasado antes por todas las amarguras que ocasionó el mal.[100] Así pues, al poco tiempo de establecido el Gobierno, en 1830, se comienza a señalar los méritos de lograr estabilizar la república logrando un completo triunfo de la tranquilidad y el orden en los distintos procesos eleccionarios que se llevan a cabo en los Cabildos y Asambleas.[101] Así los que antes había sido teatro de espantosos tumultos y reyertas ahora se convierte en orden y paz.[102]
Se destaca también el triunfo de la legitimidad y la estabilidad. La legitimidad se manifiesta, sobre todo, con ocasión de la elección de Joaquín Prieto, quien luego del “ordenado” proceso eleccionario “se constituirá en un gobernante rigurosamente legítimo. Ha triunfado la opinión pública y el país va a ser regido por los ciudadanos que tuvieron la dicha de cooperar al establecimiento del orden”.[103] Mientras que la máxima muestra de estabilidad habría sido alcanzada con la reapertura de la Cámaras del Congreso Nacional por segunda vez consecutiva en forma ordenada y como la legislación lo estipula previamente. Por el sólo imperio de la ley, sin convocatoria, sin elecciones y sin turbulencia.[104]
Con el objeto de subrayar esta idea del Orden y la Tranquilidad, y demostrar que es una temáticas reiterada durante todo el periodo analizado (septiembre de 1830 a junio de 1833), presentamos algunos extractos de mensajes editoriales en que se destacan tales ideas:

“El gobierno de Chile sigue el sistema de conservar el orden, asegurar la tranquilidad y alejar del territorio a todo osado que intente perturbarla”.[105]
“La quietud y tranquilidad domina en el interior nada llama la atención”.[106]
“Dos años de orden y quietud después del movimiento popular de 1829”.[107]
“Vigésimo segundo aniversario de la libertad con toda majestuosidad y alegría que corresponde otros objetos que inflaman el corazón de los chilenos con la CONSERVACIÓN DEL ORDEN, el progreso de la prosperidad pública, mejora y reforma de las instituciones, la armonía de los poderes y los trabajos constantes de la administración en general”.[108]
“No hay alteraciones que en tiempos pasados ponían a los pueblos en inquietud y a los gobiernos en angustias. La administración sigue la senda de la franqueza y la rectitud que le han proporcionado el crédito del que goza”.[109]

Como elemento culmine y ratificador de todo lo expuesto, las palabras con que el Presidente Joaquín Prieto da la bienvenida a la Constitución reformada, ratifican el compromiso con el Orden y la Tranquilidad, situando ambos elementos en calidad de fines y objetivos. Así pues, el 25 de mayo de 1833, Prieto manifiesta ante las Cámaras reunidas:

CONCIUDADANOS:
“Acaba de ser jurada por todos los magistrados la Constitución reformada por la Gran Convención… seré el más severo observador de sus disposiciones y el mas cuidadoso centinela de su cumplimiento.
(Los reformadores) no han tenido en cuenta más que nuestros interés, su único objeto es dar a la administración reglas adecuadas.
Despreciando teorías tan alucinadoras como impracticables, sólo han fijado su atención en los medios de asegurar para siempre el ORDEN y la TRANQUILIDAD pública.
Contra los riesgos de vaivenes de partidos a que han estado expuestos. La reforma no es más que el modo de poner fin a las revoluciones y disturbios a que daba origen el desarreglo del sistema político en que nos colocó el triunfo de la Independencia.
(tareas imposibles de no estar deslindadas con exactitud facultades del Gobierno y se hubiese puesto DIQUES a las LICENCIAS)
CONCIUDADANOS:
No omitiré sacrificios para hacerla respetar, porque en su veneración considero que se destruirá para siempre el móvil de las variaciones que hasta ahora os ha mantenido en inquietud.
Lo haré cumplir valiéndome de todos los medios que él me proporciona por rigurosos que parezcan”.[110]

En este contexto se entiende la crítica que presenta Gabriel Salazar, ya que pareciera ser que el Orden, al convertirlo en objetivo, no se trasforma en un bien para la República.[111] Esta idea la contradice Ana Stuben, al sostener que la idea de orden estuvo siempre ligada a la idea de progreso, cuestión que daría sentido a la insistente necesidad de mantenerlo con medidas enérgicas.[112]

IDEAS FUERZA SEMEJANTES AL IDEARIO POLÍTICO DE DIEGO PORTALES

1. Orden y tranquilidad

Atendiendo a las estadísticas elaboradas a partir de la información editorial, entregada por El Araucano entre el 17 de septiembre de 1830 y el 1 de junio de 1833, los conceptos de “orden” y “tranquilidad” son los que evidencian mayor presencia y reiteración. De las 110 editoriales fichadas, 77 de ellas se encargan de ponderar, resaltar, explicar y fomentar el “orden” como un elemento esencial con el que debe contar todo Gobierno y todo Estado. Así también el concepto y la idea de “tranquilidad” es ampliamente expuesta y desarrollada por los redactores de El Araucano, apareciendo su tratamiento de forma nítida en 50 de 110 editoriales.

En El Araucano los conceptos de “orden” y “tranquilidad” son ponderados, especialmente cuando se analiza la situación de Chile poniendo en paralelo la realidad imperante antes y después del triunfo de las fuerzas conservadoras en Lircay. Así, por ejemplo, en la décimo quinta edición de El Araucano se afirma que “nadie puede gustar todas las delicias que produce el bien sin haber pasado antes por todas las amarguras que ocasionó el mal”.[113] Se sostiene, además, que el estado actual de la República es el más próspero y tranquilo que podrá esperase después de un movimiento tan general y enérgico como el que sufrió desde fines del año pasado. Esta última idea es reiterada a lo largo de todo el período analizado.

El triunfo obtenido en el campo de batalla comienza a consolidarse y afianzarse, netamente, cuando el Gobierno Conservador logra dotar de legitimidad su desempeño. Y ésta legitimidad se obtuvo cuando los resultados electorales de 1831 dieron por ganador a Joaquín Prieto (General victorioso de Lircay) y como Vicepresidente, fue electo Diego Portales. En efecto, estos resultados fueron dados a conocer de modo triunfalista como afianzamiento definitivo de la “legitimidad” y del “orden”:

“Por el resultado de los escrutinios de los colegios electorales de Coquimbo, Aconcagua, Colchagua y Santiago se sabe que han obtenido votos para la presidencia de la República los señores General don Joaquín Prieto y el Ministro del Interior y Guerra don Diego Portales, a saber 119 el señor Prieto y 117 el señor Portales… La uniformidad de estas votaciones hace ver que ha desaparecido del territorio de Chile el genio de la discordia que en las elecciones anteriores le había convertido en un teatro de los más espantosos tumultos y de las más incontroladas reyertas. El interés público ha influido en todos los ánimos; se ha expresado la voluntad general con toda la amplitud que puede desearse para constituir un gobernante rigurosamente legítimo. Ha triunfado la opinión pública y el país va a ser regido por los ciudadanos que tuvieron la dicha de cooperar al establecimiento del orden”.[114]

Lo que se manifiesta en estas palabras no sólo es la idea triunfalista del “nuevo orden”, sino que también, de inmediato se advierte ese reiterado interés por comparar las características del anterior periodo “pipiolo” con el actual periodo conducido por los triunfadores de Lircay. Y tal característica, es, en esencia, la desaparición de la discordia tumultuosa, generadora de múltiples problemas intestinos.

A partir de septiembre de 1831, momento en que Joaquín Prieto asume el mando presidencial, logramos advertir un discurso editorial que tiene dos vertientes. Por un lado está la insistencia en que “la tranquilidad” y “el orden” reinan en nuestro país, destacando continuamente la diferenciación con la época anterior; pero a su vez, también se insiste en que todo los conatos de desórdenes deben ser severamente aplastados, que la delincuencia (asesinatos, robos, salteos) que proliferan en los pueblos del país están siendo y serán erradicados del país aplicando severas medidas que conduzcan al establecimiento del “orden” definitivo. Así, por ejemplo, se afirma que “el gobierno de Chile sigue el sistema de conservar el orden, asegurar la tranquilidad y alejar del territorio a todo osado que intente perturbarla”.[115] Y para explicar la ausencia de mensajes editoriales se dice que “la quietud y tranquilidad domina en el interior, nada llama la atención”[116], por tanto, no hay nada relevante que informar al público. Por su parte, cuando resurgen conatos de rebelión se informa que “la heroica empresa de eliminación de los facinerosos progresa todos los días. El objetivo es librar a Chile de los perversos corruptores de la paz y la armonía”.[117]

En este contexto, son de gran elocuencia las palabras del Presidente de la República, el cual se encarga de plasmar en sus discursos la idea “del triunfo del orden y la tranquilidad”. El 2 de junio de 1832, en ocasión de la apertura de las sesiones del Congreso Nacional, los editorialistas de El Araucano alaban el hecho de que por primera vez las Cámaras legislativas de Chile tienen oportunidad de reunirse por segunda vez consecutiva sin necesidad de convocatoria, elecciones, ni turbulencia, y ante ellas el Presidente Prieto afirma: “Grato es tener que felicitaros por la permanencia de la tranquilidad interior y por las señales manifiestas de consolidación que presenta nuestro sistema político. Las tentativas que se han hecho para turbarlo han servido sólo para poner más al descubierto el firme apoyo sobre que reposa, que no puede ser otra que la confianza nacional… La tranquilidad ha sucedido a las convulsiones intestinas en todas las nuevas repúblicas, y es probable que sus gobiernos se dedicaran ahora a cimentar las relaciones que deban unirlas como miembros de un gran cuerpo…”.[118]
Prosiguiendo con el mismo ánimo, y ahora en el contexto de la celebración de las festividades patrias de la República de Chile en 1832, en El Araucano se afirma “(llegado el) Vigésimo segundo aniversario de la libertad con toda majestuosidad y alegría que corresponde otros objetos que inflaman el corazón de los chilenos con la CONSERVACIÓN DEL ORDEN, el progreso de la prosperidad pública, mejora y reforma de las instituciones, la armonía de los poderes y los trabajos constantes de la administración en general”.[119]

Ahora bien, como contrapunto de los ideales de orden y tranquilidad que desean instaurar los triunfadores de Lircay, están las características de los que se oponen al Gobierno. Desde las páginas de El Araucano, surge una imagen del “otro”, en quien se encarnan todos los antivalores proclamados por el Gobierno. Por ejemplo, de la prensa opositora que logró mantenerse en funcionamiento se dice que sólo utilizan el papel para “injuriar, mentir y llamar al desorden”. Que además, “la experiencia ha manifestado que la imprenta no produce ningún efecto cuando se usa sin verdad y decoro. Los autores de esas inmundas producciones hacen esfuerzos para desconocer la ignominia que les agobia y para disimular el sentimiento de la deshonra que se ha causado por sí mismos”.[120] Se afirma que a los partidarios del régimen anterior les irrita la paz pública, el orden y la tranquilidad y que publican solo injurias.

Los redactores de El Araucano acusan a la oposición (que en esencia, son los liberales derrotados en Lircay), de apoyar cuantos conatos de desórdenes e inestabilidad se desarrollen en el país. Por ejemplo, se les acusa de estar ligados a la banda de forajidos de “Los Pincheira”, debido a que ven en éstos a los restauradores del desorden y a los protectores de sus intereses.[121]

Así también, a todos aquellos hombres que fueron expatriados y que se refugiaron, esencialmente en Lima, se les mira con recelo, ya que constantemente surgieron rumores respecto de la posibilidad de que estos llevasen a cabo una invasión hacia Chile buscando derrocar al Gobierno. En la vigésimo novena edición se afirma que “los refugiados en Lima son posibles invasores que pretenden trastornar el país, matar, saquear, reducir a desiertos espantos poblaciones regularmente organizadas y regidas por la moralidad y la civilización”.[122]

En definitiva, todos aquellos identificados o tildados de “opositores” son considerados elementos nocivos que deben ser mantenidos a raya con el objeto de conservar y mantener la “paz pública”, el “orden” y la “tranquilidad interior”. Dejarlos existir en el territorio nacional es contradictorio según los editorialistas de El Araucano debido a que nunca podrán conformarse con la quietud y el orden.[123] En este contexto, la idea que más se reitera en el primer semestre de 1833 es la “ausencia de alteraciones que en tiempos pasados ponían a los pueblos en inquietud y a los gobiernos en angustias. La administración sigue la senda de la franqueza y la rectitud que le han proporcionado el crédito del que goza”.[124]
De este contrapunto de las ideas de orden y tranquilidad expuestas por el Gobierno Conservador con las ideas de “desorden, tumulto, inestabilidad” proclamadas y emprendidas por los opositores del Gobierno se puede avizorar con claridad la relación con uno de los elementos más característicos del ideario político de Diego Portales, es decir, la identificación clara de “los buenos y los malos”, con el objeto de poder separarlos, premiando a unos y castigando a otros. El objeto era saber claramente quienes eran los agentes perturbadores de ese, tan anhelado, “orden”, hacia el cual Portales afirma estar ligado imperturbablemente.[125]

A juicio de Portales, el secreto para gobernar bien era saber distinguir el bueno del malo. Si esto no era hecho con acierto, oportunidad y constancia, se originaba el “descontento de los buenos… su desfallecimiento”. Este tipo de afirmaciones prolifera en sus epístolas. A su amigo Antonio Garfias le decía “El peor mal que encuentro yo en no apalear al malo, es que los hombres se apuran poco en ser buenos, porque lo mismo sacan de serlo como de ser malos”.[126] En otra de sus cartas, en tono de consejo y también de crítica al proceder del Presidente Prieto, le dice a Ramón Cavareda el 7 de marzo de 1833 “…sólo puede tenerse confianza en el hombre de honor, y que toda distinción al malo es lo mismo que criar cuervos y sólo sirve para hacer desmayar al bueno… Si usted examina bien el origen de los males que nos amenazan y amenazaban, lo encontrará en las consideraciones indebidas que han merecido a nuestro Presidente muchas personas que sólo merecían un presidio; y, sobre todo, en su conducta tan poco pronunciada”.[127] Una semana más tarde insiste con la misma idea afirmando que “(Cuando el Gobierno) abra bien los ojos para distinguir a los hombres honrados de los que no los son, entonces verá usted alegres y exaltados a todos los buenos, y a los malos metidos en un rincón, convirtiéndose en buenos y sin ánimos para intentonas como la presente”.[128]

Como precisamos en el segundo capítulo del presente trabajo, tal era el grado de importancia esta distinción portaliana entre “buenos y malos” que historiadores tan prominentes como Mario Góngora han llegado a sostener que “el principal resorte de la Máquina era la distinción entre los que el llamaba en sus cartas los buenos y los malos. Los buenos son los hombres de orden, los hombres de juicio y que piensan, de conocido juicio y de notorio amor al país y de las mejores intenciones. Los malos, sobre los que debe recaer el rigor absoluto de la ley son los forajidos, los lesos y bellacos, aludiendo sin duda a los pipiolos y conspiradores de cualquier bando. Los malos no le tienen respeto al Gobierno”.[129]

Solo en el primer grupo de hombres puede confiarse –según la perspectiva portaliana- para emprender la tarea instauradora del orden y la tranquilad. Sobre el segundo grupo debía recaer la dureza de una ley implacable, que no debía vacilar ante ninguna antigua investidura de prestigio o mérito, puesto que los honores pasados no pueden ni deben borrar las faltas presentes.

2. Ley implacable (delincuentes comunes y opositores políticos)

La implacabilidad de la ley es la tercera idea fuerza en orden de preponderancia desarrollada por la línea editorial de El Araucano, abarcando su tratamiento 58 de 110 mensajes editoriales. Se expone, por ejemplo, la inutilidad de moderar las penas a los delincuentes y las características despóticas de aplicar el indulto, puesto que, ello significa pasar por sobre la sentencia decretada por tribunales, ¿dónde queda la separación de poderes?, es la pregunta que se plantea en El Araucano.

Ahora bien, una de las primeras medidas tomadas por José Tomás Ovalle (Vice-Presidente) y Diego Portales (Triministro), se relaciona de modo directo con la necesidad de aplicar implacablemente todo el rigor de la ley a los perturbadores del orden. Así pues, el 14 de junio de 1830 se solicitó al Congreso de Plenipotenciarios la adopción de medidas para reprimir el bandolerismo, arguyendo lo siguiente:

“Demostrada por la frecuencia de los delitos y la rarísima aplicación de las penas, la ineficacia de nuestro sistema judicial, el Vice-Presidente encargado del poder ejecutivo cree que debe dirigir la atención del Congreso de Plenipotenciarios al pronto y eficaz remedio de un mal tan vivamente sentido de todas las clases, y en especial de la población rústica en cuyo bienestar se interesa tanto la prosperidad de la República.
Remover en cuanto es posible las causas que favorecen la impunidad de los malhechores, o que se ponen a que la perpetración del delito sea seguida inmediatamente de la ejecución del castigo, es el objeto que el Vicepresidente propone a la consideración del Congreso.
La práctica de otras naciones en circunstancias semejantes ha sido establecer comisiones fijas o ambulante en los países infestados por bandidos, revistiéndolas de la autoridad indispensable para la sumaria sustanciación de las causas y para la inmediata ejecución de la sentencia…
El Gobierno cree que no podrá asegurar la paz interior mientras fermenten en el seno de la sociedad tantos elementos de desorden. Cree también que la frecuencia de crímenes es ya llegado el tiempo de hacerla desaparecer, restituyendo a las costumbres chilenas su antigua y nativa pureza.
Las medidas que el Vice-Presidente tiene el honor de proponer con este motivo al Congreso le parecen urgentemente necesarias. El Vice-Presidentese lisonjea de que la Representación Nacional las creerá de bastante importancia para darles una consideración preferente, aun en medio de los graves objetos que la ocupan”.[130]

En apoyo de estas medidas enérgicas, en El Araucano se cuestiona la posibilidad de rebajar o moderar la pena con la esperanza de que se enmienden, ya que los acostumbrados a vivir del robo y el salteo deben tener lo que se merecen. Estas afirmaciones se desarrollaron, por ejemplo, a propósito de la invasión y saqueo que sufrió Copiapó con los fugados de Juan Fernández.[131]

Así también se establece una amplia reticencia hacia la posibilidad de indultar a quienes ya se ha comprobado sus inclinaciones hacia el delito. Se afirma que los indultos son propios de un gobierno despótico, y con ello se va en contra de la facultad que tiene el Congreso para indultar, puesto que ello significa detener el brazo de la justicia, lo cual, en resumidas cuentas es un abuso de poder y verdadera tiranía que antena contra la sociedad:

“El Congreso concede indultos pero solo está abierto unos pocos meses en el año, un corto número de reos gozará del derecho de revisión de la sentencia, la vida o la muerte dependerá de coincidencia fortuita… si todos tuvieran derecho a esta súplica el Congreso se convertiría en Tribunal de apelaciones… se echaría por tierra la independencia constitucional de los juzgados.
De indultar a uno se debe indultar a todos los casos análogos. No hacer del indulto un acto arbitrario”[132].

La idea que se desprende de los mensajes editoriales de El Araucano, y que se encuentra en perfecta consonancia con el ideario político de Diego Portales es que la aplicación de la ley y la justicia no debe titubear ante nadie, ni siquiera ante los que antiguamente hayan lucido medallas de honor que ratifiquen antiguas contribuciones hacia el bien de la República de Chile. Esto último en relación a los opositores políticos, entre los cuales se encontraban antiguos próceres de la independencia, entre los que se contaban a Ramón Freire.

Así pues, opositores políticos y delincuentes comunes eran considerados bajo los mismos parámetros de perturbadores del orden y por tanto dentro de la conceptualización portaliana quedaban consignados en la categoría de los “malos”, sobre los cuales había que dejar caer el brazo implacable de la ley. Esta es una de los aspectos que de modo jocoso resalta Gabriel Salazar, quien afirma que lo único democrático en el gobierno portaliano fue el trato brindado a delincuentes comunes y presos políticos.[133]

Un claro ejemplo de la implacable actitud de Portales respecto de la severidad e imparcialidad de la aplicación de justicia la vemos manifestada en la respuesta que da a dos extranjeros, Guillermo Blest y Santiago Ingram, quienes habían intentado interceder a favor de Enrique Paddok, un norteamericano que había asesinado a 3 individuos y herido a 8 en Valparaíso.[134]

Para aquel entonces, Portales ejercía el cargo de Gobernador de Valparaíso y logra sintetizar claramente su percepción respecto de lo implacable de la ley respondiendo a Blest e Ingram: “mi celo por la buena administración de justicia y por el cumplimiento de las leyes no llega ni puede llegar hasta el extremo de precipitarme en injusticias, ni excitarme la sed de sangre… soy naturalmente compasivo, pero más amante de las leyes, del buen orden y del honor de mi pobre y desgraciado país. Bajo estos principios aseguro a ustedes, que debo mucho y aprecio en sumo grado a mis amigos queridos Blest e Ingram; pero si desgraciadamente alguno de ellos se encontrase en el caso del capitán Paddok y su suerte pendiera de mi mano, ya estaría yo llorando sobre su tumba… no desconozco la buena intensión que les ha movido a escribirme la carta que les dejo contestada; les soy agradecido por ella… con la suspensión que se ha hecho hoy de la ejecución de la sentencia, no se oye decir otra cosa entre ciertas gentes que si el reo fura chileno ya estaría olvidado. Así se disponen los ánimos insensiblemente, y un día, al hacer fusilar a un roto, puede levantarse el grito de que para ellos solo hay justicia, y armarse una fiesta en que tal vez me toque morir defendiendo a los señores que hoy me critican”.[135]

En lo concreto, la sentencia fue aplicada en el muelle de Valparaíso ante los espectadores, que podían apreciar con ello la severidad y el rigor de la autoridad.
En consecuencia, la propuesta de Portales, que como hemos demostrado, se encuentra netamente reflejada en las ideas fuerza socializadas en el Araucano, consistía en que la pena debía aplicarse inflexiblemente e impersonalmente, y sobre todo que ella debía alcanzar por igual a los infractores, independiente del rango o consideraciones de cualquier índole. En este contexto nos parece muy reveladora la frase que Vicuña Mackenna atribuye a Portales: “si mi padre conspirara a mi padre fusilaría”.[136] En este contexto se entienden, también, los consejos dados a Antonio Garfias: “El peor mal que encuentro yo en no apalear al malo, es que los hombres se apuran poco en ser buenos, porque lo mimo sacan de serlo como de ser malos”.[137] O bien, cuando señala a Urizar Garfias “palos y bizcochuelos, justa y oportunamente administrados, son los específicos con los que se cura cualquier pueblo, por inveteradas que sean sus malas costumbres”.[138]

3. Restricción del libertinaje de la imprenta y oposición digna

De un total de 110 mensajes editoriales analizados entre el 17 de septiembre de 1831 y 6 de junio de 1833, en 12 de ellos se abordó la necesidad de no permitir el libertinaje de la imprenta, debido a que este medio, mal utilizado puede llegar a ser motor de revueltas, desórdenes e inestabilidades intestinas. En ningún momento se argumenta contra la libertad de prensa, de hecho ésta última se pondera y se plantean lo beneficioso que puede llegar a ser para los países una libertad de prensa, “bien encausada”. Esto último es clave para relacionar la “libertad de imprenta” con la idea de la “oposición digna”, temática tratada con claridad en 15 mensajes editoriales.

La idea que se desprende de El Araucano es que la imprenta puede llegar a convertirse en un vehículo de oposición, y ésta en sí misma no posee caracteres negativos, mientras se mantenga en los límites de la decencia y la responsabilidad. De hecho, a los editorialistas de El Araucano, incluso les parece digno que les consideren como parte de una oposición “decente” y “bien encausada”, ya que de ese modo explican sus posturas críticas y en algunos casos divergentes respecto del Gobierno.

Así pues, se argumentará a favor de la necesidad de restringir la libertad de imprenta por convertirse esta en subversiva y foco de desordenes,[139] y que tal medida contra el libertinaje logrará recuperar la dignidad de ese instrumento de ilustración.[140] En este contexto, El Araucano expone sus propias características como medio de difusión de noticias e ideas, afirmando que “Para escribir al público se necesitan datos seguros y que sean asuntos de trascendencia general. No son suficientes los rumores. Así, El Araucano se encuentra interesado en todo lo que tenga utilidad pública, en todo aquello que pueda alterar la tranquilidad pública o desconcierten la marcha del gobierno… Nuestro empeño es instruir a nuestros lectores en cuestiones relativas al orden de la administración y de los principales sucesos del mundo civilizado.”.[141]

Si bien es cierto, en El Araucano se percibe una clara defensa de la restricción de la libertad de imprenta y difusión, también es cierto que los editorialistas insistieron en que tampoco se debía exagerar con el tema de la prohibición de textos de utilidad general, los cuales estaban siendo prohibidos innecesariamente. Ante ello se reclama y se opone resistencia argumentando en varias oportunidades el error en que esta incurriendo el Gobierno al permitir que se prohíban obras que, en esencia, no van directamente contra la moral, ni tampoco se transforman directamente en promotoras del desorden.[142]

La idea de la oposición decente en el ideario político de Portales se relaciona, también de modo directo con la prensa. Ya que uno de los argumentos más claros en defensa de la libertad de imprenta la manifiesta en relación a la publicación de un periódico denominado “El Hurón”, en el cual también se encontraba Gandarillas (el mismo redactor editorial de El Araucano) como principal promotor. En carta escrita a su amigo Antonio Garfias le manifiesta la necesidad de que el Gobierno se acostumbre a Gobernar en “sentido de la opinión”. ¿Qué opinión?, según palabras de Portales, una opinión decente que logre formar una oposición que no se convierta en tumultuaria, indecente, anárquica, injuriosa, “añadiendo que es una pretensión muy vana el querer marchar sin oposición…”.[143] Desde esta perspectiva, es preciso tener en cuenta que “Portales, fue periodista en diferente épocas de su vida, y de allí que pusiera empeño muy especial en que las indicaciones de la prensa no fueran desestimadas por el Gobierno”, [144] siendo uno de los decretos mas famosos el que expidió Portales el 14 de junio de 1830:

Decreto de ordenanza a los empleados públicos
Sincerarse de los cargos que les haga la prensa
Santiago, 14 de junio de 1830
Considerando que la imprenta bien dirigida es un de los medios más poderoso para mantener la regularidad y pureza de los empleados en el desempeño de sus funciones públicas;
Considerando que el escandaloso abuso que se ha hecho de ella, convirtiéndola en un instrumento de pasiones maléficas, la incapacita para ejercitar este saludable influjo, y la hace más a propósito para extraviar que para dirigir la opinión, que aun las acusaciones fundadas que se lanzan por la imprenta contra aquellos que abusa de sus facultades en daños del público, no exitarán la atención que debieran, vertiéndose por un órgano habitualmente deprabado; que los acusados se escudan con la licenciosidad de la prensa para no sincerar su conducta; y que este orden de cosas, confundiendo a los buenos servidores de Estado con los prevaricadores, compromete igualmente el honor de todos ellos y cede en desdoro del Gobierno.
He venido en decretar y decreto:
1° todo funcionario público cuya conducta en o que toca en servicio de su empleo, fuere atacada por la imprenta, debe acusar por sí o por apoderado, al autor o editor de impreso, ante el tribunal competente y en el término de la ley.
2° el que así no lo hiciere, queda suspenso de hecho en el ejercicio de su empleo, y el fiscal le acusará con el mismo impreso ante el tribunal competente.
3° el Ministro del Interior queda encargado del cumplimiento de este decreto. Imprímase para que llegue a noticia de todos
Ovalle
Diego Portales

Así pues, con este decreto, la causa era dejada en Tribunales. A los funcionarios públicos los ponía en la obligación de tener que defenderse de los ataques y a los atacantes los obligaba a tener que contar con pruebas fehacientes para llegar a establecer alguna crítica o acusación.
Ahora bien, como señalamos en el segundo capítulo del presente trabajo, la libertad de imprenta y la idea de oposición digna que defendida tanto por los editorialistas de El Araucano como por el propio Diego Portales. Pero los límites de ambos estaban, al parecer, circunscritos al hecho de que la oposición y la libertad de manifestar opiniones divergentes al gobierno eran “benéficas”, siempre que surgieran en el seno de la tertulia portaliana. Portales apela a la idea de la justa y digna oposición cuando no es parte del gobierno, por ejemplo, en 1822, cuando afirmaba “A mi las cosas políticas no me interesan, pero como buen ciudadano puedo opinar con toda libertad y aún censurar los actos del Gobierno”.[145] O cuando en 1832, comentando a sus amigos respecto a El Hurón dice a sus amigos “¿Qué diría el Ministro cuando se le preguntase si quería marchar sin posición, cualquiera que fuese su marcha? cuando se le dijese que se trataba de hacer una oposición decente, moderada… 1° (para) encaminarle a obrar en el sentido de la opinión; 2° el de comenzar a establecer en el país un sistema de oposición que no sea tumultuario, indecente, anárquico, injurioso, degradante al país y al Gobierno, etc. Etc”.[146]

Pero cuando estuvo en el Gobierno fue implacable, puesto que la oposición, ligada a los antiguos pipiolos, fue siempre considerada en el grupo de los “malos” sobre los que había que aplicar las sanciones para lograr mantenerlos a raya, impidiendo que se transformaran en perturbadores del orden y la tranquilidad del país. Incluso aquella voz disidente que surgió en el alero del Gobierno, el grupo Philopolita, también se vio aplastado por la mano dura o por la sola presencia de Portales, una vez que regresó a ocupar, por segunda vez, cargos ministeriales en 1835.

4. Facultades extraordinarias

18 mensajes editoriales defienden la necesidad de que el Presidente pueda contar, llegada la necesidad, con facultades extraordinarias que le permitan sobreponerse a la adversidad, asegurando la pervivencia del orden, la tranquilidad y la estabilidad. Se justificó, por ejemplo, la concesión de facultades extraordinarias por parte del Congreso de Plenipotenciarios al Gobierno instituido en 1830. En la vigésimo cuarta edición se publicaron los documentos secretos que “facultaron al presidente para separar el país a los desorganizadores que promueven desorden y ruina de la república de Chile”.[147] De este modo se respondía a las constantes quejas presentadas por la oposición en periódicos como El Valdiviano Federal, que insistían en que el Gobierno no contaba con la atribución de expatriar a ningún ciudadano y que por tanto se transgredía la Constitución que decían defender.

Ante esta situación debemos recordar que los triunfadores de Lircay siempre mantuvieron la posición de afirmar que su movimiento revolucionario se comprometía con la defensa de la Constitución de 1828, ello explica las palabras de Alberto Edwards quien afirma que “al leer los documentos originales de esa época interesantísima (1829 en adelante), he sentido siempre la sensación de encontrarme ante un poder legítimo, restaurado después de larga usurpación, y que desea borrar hasta el recuerdo de la anarquía”.[148] Pero es indudable que en este caso, son las apreciaciones de Sotomayor Valdés las que grafican con mayor nitidez la realidad imperante a partir de 1830. Este autor afirma que para el Gobierno Conservador “la situación es anómala y contradictoria al invocar una constitución que tenían necesidad de quebrantar a cada paso para sostenerse… la legitimación del poder revolucionario no se hallará en la letra de ninguna ley preexistente”.[149]

El Araucano criticó la debilidad del Gobierno anterior, la escasa y nula posibilidad e intención de aplacar las revueltas y desordenes, los cuales proliferaban casi al alero del Gobierno. De este modo en la edición N° 12 se afirma “la constitución debía haber tenido un título en que se facultase al Gobierno para proceder en casos extraordinarios a fin de imponer silencio a los opositores que prevalidos de la insuficiencia de la ley, procuran introducir el desorden, y ponen al Gobierno en el conflicto de salvar la patria, como ellos dicen, contra la ley… La constitución debe dar reglas para proceder en casos extraordinarios y para evitar las convulsiones populares”.[150] Desde esta perspectiva se defiende fuertemente la necesidad de contar con tales facultades, puesto que “hubo conflictos en que el gobierno tuvo que pedir facultades extraordinarias y si el Congreso de Plenipotenciarios lo hubiese negado habría sido preciso dejar perecer el país por falta de autoridad, o proceder autoritariamente por falta de autorización del código”.[151]

Ahora bien, esta idea la vemos presente ampliamente en el epistolario de Diego Portales, pero su argumento, en consonancia con el pragmatismo, no lo basa en facultades constitucionales, simplemente demuestra su irritación ante las amarras e impedimentos a los que el Gobierno se ve sometido con el objeto de tener que respetar las disposiciones constitucionales. En ese contexto es que es posible comprender afirmaciones tan tajantes como “a esa Señora que llaman Constitución, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas”.[152] O bien, cuando reflexionando respecto de los argumentos legislativos entregados por Mariano Egaña, se enfurece debido a que la ley pareciera estar más preocupada de defender a los delincuentes que procurar conservar el orden. En estos términos Portales afirma “Con los hombres de ley no puede uno entenderse; y así, ¡Para qué carajo! Sirven las Constituciones y papeles, si son incapaces de poner remedio a un mal que se sabe existe, que se va a producir, y que no puede conjurarse de antemano tomando las medidas que pueden cortarlo, pues es preciso esperar que el delito sea infraganti… En Chile la ley no sirve para otra cosa que no sea para producir la anarquía, la ausencia de sanción, el libertinaje, el pleito eterno, el compadrazgo y la amistad. Si yo, por ejemplo apreso un individuo que está urdiendo una conspiración violo la ley. Maldita ley, entonces, si no deja al brazo del gobierno proceder libremente en el momento oportuno!…”.[153] Como se ve, para Portales era preciso que el Gobierno contara con los instrumentos suficientes para mantener a toda costa el orden interno, la estabilidad y la tranquilidad. Pero como afirma el propio Portales, ello no implicaba un desdeño por la legalidad o por la constitución en sí misma, sino que todo estaba en relación al contexto, en ello manifiesta su pragmatismo –o como algunos han llamado, realismo político-. en reilación a este último aspecto, en carta a su amigo Ramón Cavareda Portales señaló “(Veo que no nos entendemos). Yo he estado y estoy muy lejos de querer medidas violentas, soy muy decidido por los trámites legales cuando las circunstancias lo permiten: lo que he querido decir es que desalienta ver castigar a los pícaros por sediciosos y ver, al mismo tiempo, al Gobierno acompañándose del Coronel López que no es menos pícaro ni menos sedicioso que los demás”.[154]

Como se puede ver, lo que prima en Portales es el pragmatismo en que algunos han visto un alto grado de realismo político. El estado de excepción es visto por Portales como una necesidad ante circunstancias extremas que puedan poner en peligro el orden y la estabilidad interna del Estado. Por tanto, la necesidad de tener que recurrir a los métodos adecuados cuando las circunstancias así lo requiera, son justificadas por el objetivo, por el “fin”. Por ello, cuando el orden público del Estado se ve amenazado, se genera una situación que autoriza la ejecución de medidas extraordinarias, que pueden estar fuera o ir contra la legalidad.[155]

La solución legal para no contravenir a la constitución es que ella misma contemple la posibilidad de recurrir a medidas extraordinarias en circunstancias extraordinarias. En El Araucano se reafirma esta situación al momento en que se explica y defiende el deber y derecho que tuvo el Congreso de Plenipotenciarios para conceder en 1830 facultades extraordinarias al Gobierno. En relación a ello se afirma “si tales facultades se hubiesen negado al gobierno, habría sido preciso dejar perecer el país por falta de autoridad, o proceder autoritariamente por falta de autorización del código”.[156]

5. Transparencia y publicidad de los juicios

Otra de las temáticas de amplio desarrollo y tratamiento en El Araucano fue lo relativo a la administración de justicia, pareciendo claramente abordado en 23 mensajes editoriales, pero aludido tangencialmente cuando se abordan los temas relativos al orden y tranquilidad. La transparencia y publicidad de los juicios se aborda en el ámbito de los consejos y recomendaciones que los editorialistas proporcionan al Gobierno. En estos asuntos es donde mayor crítica se hace al desempeño de la administración, ya que se inculpa a los jueces de no aplicar “como es debido” las penas y sanciones, pero pronto aparece la justificación a tales errores, es decir, la “mala legislación” existente en nuestro país, la cual se ha heredado de la monarquía española y en torno a este punto versarán gran parte de las recriminaciones, proponiendo la urgente necesidad de reformar o rehacer los reglamentos que nos rigen, con el objeto de clarificarlos y extirpar de ellos todo lo que halla de inútiles e improcedente: “Mientras estemos sujetos a una legislación tan viciosa, no podríamos quejarnos con justicia de los errores de nuestros jueces”.[157]

En primer lugar se propone la necesidad de leyes imparciales y eficaces, pero se advierte que éstas de nada sirven si no se observan. Así también, otra de las recomendaciones más reiteradas es la necesidad de publicar los juicios puesto que “nada congenia más con el despotismo que el misterio. La publicidad de todas las acciones de los mandatarios del pueblo es el carácter propio de los gobiernos populares y libres, y ¿en cuál será más conveniente o necesario el freno de la opinión pública que en la de aquellos funcionarios en cuya custodia están encomendadas las vidas, la hacienda, el honor de los ciudadanos? ¿y bajo qué protesta querría el magistrado mostrar parte alguna de sus actos a la inspección del público?… la publicidad de los juicios es el único preservativo seguro de la arbitrariedad y prevaricaciones”.[158]

Una de las quejas y recriminaciones más significativas entregadas por El Araucano a la administración de justicia tuvo lugar cuando el Tribunal superior que rebajó pena impuesta a un delincuente que había cometido un robo en la Iglesia la Merced, a quien se cambió la pena de presidio en Juan Fernández a Profesor de Copiapó. Ante esta situación El Araucano expone su queja y argumenta que no se vaya a incriminar al Gobierno si decide tomar cartas en el asunto para invalidar la rebaja de la pena:

“… fue sentenciado por el juez a presidio en Juan Fernández por un año y medio, luego se revocó esa sentencia y se destinó a la villa de Copiapó 3 años para servicios de enseñanza de la juventud.
El juez ha faltado a lo dispuesto por las leyes, mitigando excesivamente l pena establecida contra delitos de esta naturaleza. El tribunal superior, abusando de la facultad que una ley de partida le concede para proporcionar los castigos a las circunstancias y clases de los delincuentes no solamente anuló la pena sino que decretó un premio a favor del ladrón y se arrogó la autoridad de asignarle renta que sólo corresponde al cuerpo legislativo…
Se disculpan diciendo que el sujeto es un miembro respetable por haber sido miembro de la Cámara de justicia de Mendoza… pero sabemos por los compatriotas de este desgraciado que salió de su país fugado o expulsado porque más de una vez había cometido delitos iguales
Tampoco los jóvenes podrían tributarle el respeto que se debe a un profesor en cuanto sepan el suceso que les ha colocado bajo su dirección.
Nos consideramos obligados a publicar el caso referido para que no se acrimine al gobierno, si como debe impide la ejecución de esta sentencia. La Constitución le manda velar para que se ejecuten las sentencias judiciales, pero también le hace responsable de la conservación de la moral pública y de la observancia de la constitución. Faltaría a ambos si permitiese que la juventud de Copiapó fuese educada por un delincuente”.[159]

Si comparamos estas afirmaciones con el ideario político de Diego Portales veremos la absoluta consonancia en el análisis. En El Araucano y en el epistolario de Portales observamos una severa crítica hacia la administración de justicia, y sobre todo a la debilidad que se demuestra al manifestar benevolencia hacia los delincuentes. En ambos casos se propone la transparencia judicial con el objeto de evitar el despotismos y animar a los jueces a hacer “bien” su trabajo, en el fondo, para que aprendan a cumplir inescrupulosamente con su deber, cuestión majadera en los consejos de Portales a sus amigos. Muy interesante son las apreciaciones de Portales cuando se le comunica que se comenzará a publicar un periódico que servirá de portavoz para sus amigos de tertulias. En carta a su amigo Antonio Garfias afirma que “El país necesita de un buen papel al lado el monótono Araucano: el silencio de nuestra prensa puede interpretarse a lo lejos por opresión en que las mantiene el Gobierno. Encárgueles que siempre publiquen las sentencias y trabajos de los tribunales, que interesan a todos; que es el modo de estimular a los jueces al trabajo y de contener sus arbitrariedades y disimulos reprensibles”.[160]

ÚNICA IDEA FUERZA QUE SE ALEJA AUNQUE NO CONTRADICE EL IDEARIO POLÍTICO DE PORTALES

Optimismo constitucionalista

Si bien, la información con la que contamos indica que Gandarillas fue el redactor de los mensajes editoriales desde el origen de El Araucano hasta 1835, podemos afirmar que existen dicotomías respecto del optimismo constitucional. En algunos mensajes se demuestra un amplio entusiasmo y casi una “idolatría” al tema constitucional, mientras que en otras ocasiones se llama a la prudencia y a la observancia de que no son las constituciones las que arreglan los Estados.

En esencia, lo que aconteció fue, como señala Ramón Sotomayor, “la revolución convertida en régimen gubernativo, llegó a ser incompatible con la Constitución que por otro lado pretendía sostener. El dilema era claro: o se reformaba la ley fundamental, o se continuaba en un régimen provisional e incalificable, que recibía la luz de la constitución de un lado para proyectar sombras en el otro”.[161] Desde esta perspectiva, y utilizando la metáfora de Sotomayor Valdés “El Gobierno desde 1830 cubrió su desnudez con el ropaje de unas leyes que no habían sido cortadas ara su talle, y que por lo tanto debía desgarrarse y saltar en jirones en los bruscos movimientos de una lucha encarnizada. Así quedó pendiente de sus hombros, pero destrozada la constitución de 1828, y así se explica la contradictoria mezcla de legalidad y de arbitrariedad que caracterizó la primitiva política de aquel gobierno”.[162]

La necesidad imperiosa, entonces, fue argumentar en favor de la “reforma” de la constitución. Y precisamente esto es lo que hace El Araucano en 29 de sus mensajes editoriales entre el 17 de septiembre de 1830 y el 25 de mayo de 1833. En El Araucano se insiste sobre la necesidad de mejorar las falencias del código de 1828, suprimiendo sus elementos más perjudiciales, como eran la extendida facultad de sufragar y la poca claridad de división y jerarquización de autoridades; e incorporando nuevos elementos como las facultades extraordinarias que brindaran al Ejecutivo la autoridad suficiente para enfrentar la adversidad perturbadora del “orden”.

Así pues, entre los problemas detectados se encuentra “la demasiada extensión del derecho a sufragio y la multitud de elecciones populares que abren campo a las maquinaciones de los partidos, la ambigüedad de muchos artículos fomenta el choque de las opiniones y dispone los caminos a sentimientos odiosos y la mala organización del régimen interior pone a los funcionarios subalternos en combate con el gobierno supremo entorpece la marcha de la administración y quita al poder la mayor parte de la fuerza gubernativa”.[163] Además, la constitución de 1828 quitaba al jefe supremo una gran parte de la energía necesaria para gobernar bien y haciendo dificultosa su responsabilidad.[164]

La propuesta de El Araucano estuvo orientada a promover la restricción del derecho a sufragio y la necesidad de establecer facultades extraordinarias al ejecutivo para usarlas cuando sea necesario. Pero sobre todo se enfatizó que la Convención tuviera presente que no se buscaba hacer un nuevo código, sino que sólo “reformar” el anterior. Tal insistencia le valió a El Araucano una disputa con El Mercurio quien le acusó de transformar a la Constitución del 28 en un “ídolo”, cuestión que el editorialista de El Araucano negó fuertemente.[165]

El argumento para restringir el derecho a sufragio se da en los siguientes términos: “El derecho a sufragio solamente debería concedérsele a los individuos que sean capaces de apreciarlo en su justo valor y no dispuestos a prestarse a los abusos de un intrigante, ni a ser engañados por alguien corruptor, ni sometidos a voluntad ajena. Circunscribiendo este derecho a los que tengan alguna propiedad que les produzca para una subsistencia decente y cómoda… Esta limitación del derecho a sufragio a más de evitar los abusos en las elecciones, produce la singular ventaja de estímulos a los hombres al trabajo para hacerse digno de disponer de los destinos del país”.[166]

Se promueve la necesidad de establecer un gobierno fuerte con máxima autoridad para aplicar los conatos de desorden e inestabilidad, se defiende la idea de una administración firme, estable y vigorosa. Ante ello, el tema de las facultades extraordinarias surge como crucial, llegando a sostenerse que la falta de autoridad del Ejecutivo es la principal falencia de la constitución de 1828. En la décimo segunda edición de El Araucano se sostiene que “la constitución debía haber tenido un título en que se facultase al Gobierno para proceder en casos extraordinarios a fin de imponer silencio a los opositores que prevalidos de la insuficiencia de la ley, procuran introducir el desorden, y ponen al Gobierno en el conflicto de salvar la patria, como ellos dicen, contra la ley… La constitución debe dar reglas para proceder en casos extraordinarios y para evitar las convulsiones populares”.[167] Teniendo en cuenta lo anterior, en El Araucano se defiende la idea de que lo principal que debe tener la Constitución reformada es que el Gobierno cuente con los MEDIOS eficaces para conservar la PAZ y el ORDEN PÚBLICO.[168]

Optimismo y realismo

Como hemos explicado, en los mensajes editoriales de El Araucano, aparece subrayado un exacerbado optimismo constitucional, que luego se modera con observaciones relacionadas con la necesidad de no creer que la carta fundamental solucionará todos los problemas. Así, afirmaciones tales como “en él Código se va a sancionar la quietud perpetua, o a expedir una orden para que se renueven los disturbios sofocados a fuerza de sacrificios aún no conocidos”.[169] Pero en dos ediciones más adelante se reconoce que la constitución no es la solución de los abetares de las repúblicas ya que muchas constituciones son las que han existido en América, pero todas han durado poco tiempo. Ello debido a que “no son las constituciones por sí mismas las que establecen el orden. Es necesario que la carta constitucional esté en armonía con el resto de la legislación para que pueda afianzarse el orden”.[170]

Pareciera ser que cuando en El Araucano se pone énfasis en el optimismo constitucional, los editores están haciendo eco de las palabras del propio Presidente Joaquín Prieto, quien al momento de afirmarse la Gran Convención Constituyente señala:

“Reformar la gran carta es la obra destinada a vuestra sala. Vais a registrar los derechos y deberes no de millón y medio de hombres que pueblan hoy a Chile, sino de las generaciones que habrán de formar algún día la gran nación de América, y como pende de vosotros la dicha o la desgracia de los mortales y dignos vais a mecer la execración a las bendiciones de todos los siglos. Concentrad todo vuestro amor patrio, fijar en el estado y necesidad del preciso suelo que les vio nacer, recordad a cada momento que sois legisladores para Chile y que el fin de las leyes es la ventura de los hombres y de los rublos y no la ostentación de los principios: Haceos y hacednos dichosos, y contad con las bendiciones de los cielos y de los hombres”.[171]

“Haceos y hacednos dichosos”, tal afirmación demuestra un exacerbado optimismo, pero esta actitud también tuvo sus matices en el propio Joaquín Prieto, puesto que el día en que fue jurada y promulgada la Constitución expresó que “(los reformadores) no han tenido en cuenta más que nuestros interés, su único objeto es dar a la administración reglas adecuadas… Despreciando teorías tan alucinadoras como impracticables, sólo han fijado su atención en los medios de asegurar para siempre el ORDEN y la TRANQUILIDAD pública… La reforma no es más que el modo de poner fin a las revoluciones y disturbios a que daba origen el desarreglo del sistema político en que nos colocó el triunfo de la Independencia”.[172]

En cuanto al escepticismo o “realismo” de análisis respecto de la Constitución se puede evidenciar la influencia del ideario político de Portales, para quien en muchos casos las Constituciones sólo eran una atadura para el Gobierno, ya que les restringía la posibilidad de tomar cuando fuera necesario, medidas excepcionales, drásticas contra los perturbadores del orden. Bajo este prima un día afirma “esa señora que llaman constitución, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas”[173]. O cuando refiriéndose directamente al proyecto de reforma constitucional le dice a su amigo Garfias “no me tomaré la pensión de observar el proyecto de reforma. Usted sabe que ninguna obra de esta clase es absolutamente buena, ni absolutamente mala; pero ni la mejor, ni ninguna servirá para nada cuando está descompuesto el principal resorte de la máquina”.[174]

El pragmatismo de Portales le lleva a entregar afirmaciones que a simple vista podrían ser calificadas de inclinaciones anticonstitucionales o antilegalistas, pero como lo explicitamos en el capítulo II, se debe tener presente que tales apreciaciones se hacen tendiendo presente contextos extremos, es decir, convulsiones o disturbios desestabilizadores que puedan ocasionar la ruina del Gobierno y la República. Por ello es que en la epístola enviada a Ramón Cavareda Portales afirma: “Yo he estado y estoy muy lejos de querer medidas violentas, soy muy decidido por los trámites legales cuando las circunstancias lo permiten”.[175]

La pregunta que se desprende del análisis de la epístola enviada a Garfias es ¿cuál era para Portales el principal resorte de la maquina?. Y a nosotros la interrogante que se nos genera es ¿tendrá razón Alberto Edwards al sostener que el resorte principal era “autoridad tradicional”, el gobierno obedecido, respetable y respetado, eterno, inmutable, superior a los partidos y a los prestigios personales?.[176] O será más bien, como señala Mario Góngora, que para Portales el principal resorte de la máquina era la distinción entre los que el llamaba en sus cartas “los buenos” y “los malos”.[177] Pero el propio Góngora pone en jaque su teoría del resorte principal al decir –sólo en unos párrafos más delante de la afirmación anterior- que la preferencia del orden público al caos es el principal resorte de la máquina.

La metáfora del resorte principal de la maquina, se refiere al elemento fundamental que hace que el Gobierno, la República o el Estado, funcionen como es debido. Es evidente que ningún elemento (resorte) por sí mismo son suficientes para el buen funcionamiento de la máquina, sino la conjunción de varios, o tal vez la preponderancia alternada de cada uno de ellos. Por ejemplo, sin duda, es esencial que el Gobierno logre distinguir a la gente con quien cuenta para llevar a cabo sus labores, pero también, para lograr el establecimiento del Estado, fue crucial dotarlo de una gran energía que le permitiera sobreponerse a los avatares y adversidades, tales como las turbulencias intestinas y las insurgencias que intentaban derrocarle. Por nuestra parte, consideramos que el principal soporte del sistema gubernamental establecido bajo los auspicios de Diego Portales, fue la consolidación de un Gobierno fuerte y en muchos casos autoritario, que pretendía establecer el orden, la tranquilidad y la estabilidad en la República de Chile. Esta idea es la que se desprende del ideario político de Diego Portales y de las ideas socializadas a través de El Araucano, periódico portavoz del Gobierno institucionalizado por los triunfadores de Lircay.

 

CONCLUSIÓN

A través de la presente investigación nos propusimos verificar las afirmaciones tradicionales que señalan a Diego Portales como el hombre más destacado en el ámbito de la configuración y establecimiento del Estado Chileno. Es claro que uno de los principales medios de socialización de sus ideas y pensamientos políticos fue la epístola y las tertulias en que con sus amigos y camarillas compartía inquietudes y juicios. No obstante, la pregunta en torno a la que estructuramos nuestro trabajo fue ¿en qué medida y de qué forma ese ideario –nítidamente delineado en su epistolario- pudo llegar a constituirse en ideas fuerza que pudieran ser traspasadas al resto de la población a través de El Araucano?. Como se explicitó en el tercer capítulo, este medio de difusión periódica, sin contar con el rango de periódico oficial, se transformó en el portavoz del Gobierno, por tanto, es legítimo intentar buscar en sus páginas y mensajes editoriales el proyecto político y, en general, el proyecto de sociedad que se pretendía establecer en Chile.

Para llegar a responder a tal interrogante emprendimos un largo itinerario que nos condujo primero a esbozar una reseña de los estudios bibliográficos que han abordado el rol político de Portales en relación a la configuración del Estado. Los resultados de esta tarea los expusimos en el primer capítulo, del cual se desprende que todos los historiadores analizados, liberales o conservadores, simpatizantes y detractores, coinciden en señalar que la dureza del régimen establecido fue uno de los rasgos fundamentales. La distinción está en la justificación o reprobación de los medios utilizados. Así también, las diferencias radican en interpretar si la obra portaliana es una creación moderna o bien una restauración y finalmente en dilucidar si el régimen entrañaba el personalismo o el impersonalismo.

En cuanto a la discusión establecida en torno a Portales, más que señalar nuestra adhesión a uno u otro autor, preferimos esbozar nuestras particulares apreciaciones, y con esto, también nos adentramos en la síntesis de las ideas expuestas en el segundo capítulo de la presente investigación. En el epistolario de Portales vemos una propuesta política cargada de pragmatismo. Sus aseveraciones respecto de la necesidad de tener presente las circunstancias o el tipo concreto de ciudadanos con los que cuenta la naciente República de Chile, explican sus apreciaciones realistas y pragmáticas –en el sentido del desapego a los sueños quiméricos previos a 1829-.

Portales no es un ideólogo, ni un especialista en teorías políticas, por ello sus reflexiones tienen siempre puntos de partida muy concretos. Frente a la realidad dada y frente a problemáticas específicas manifiesta sus juicios, consejos o reprimendas. En definitiva, Portales no soñaba con “Repúblicas aéreas”, ni se engolosinaba con fantásticas teorías democráticas, ni tampoco creía en la bondad o maldad intrínseca de las leyes. Pero ello no implica un desdén hacia la democracia en sí misma, ni hacia las leyes. En este contexto se comprende aseveraciones tales como “La Democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República… Cuando se hayan moralizado venga el gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos”.[178] Así también, se deben comprender sus apreciaciones respecto de las leyes y la Constitución, cuando respecto de las primeras afirma “no hay ley buena si se descuidan los encargados de hacerla cumplir, y avanzaremos que los buenos encargados hacen buenas las leyes, pues vemos que con unas mismas se administra bien y mal la justicia”,[179] mientras que de la constitución llega a decir frases como “esa señora que llaman constitución hay que violarla cuando las circunstancias sean extremas”.[180]

Es evidente que para Portales los medios utilizados encuentran su justificación en los objetivos. Y su objetivo declarado era el establecimiento del orden y la tranquilidad en el país. Las “circunstancias extremas” a las que se refiere Portales son todas aquellas perturbaciones que puedan lograr poner en jaque la tranquilidad, la estabilidad y en suma, la existencia del Estado, como ente aglutinante y organizador de la República. La implacabilidad de las medidas tendentes a terminar con los conatos de desordenes y perturbaciones, se explica por su visión ejemplificadoras de las penas. Identificar claramente a “los buenos y los malos” fue un consejo reiterado en sus cartas, y el objeto de tal identificación era lograr saber con quienes contaba el Gobierno para ejercer su labor y sobre quienes debía recaer la dureza del castigo, o bien, recurriendo a la metáfora portaliana “palos y biscochuelos” son los que deben aprender a administrar los servidores públicos.

Delineado el eje fundamental del pensamiento político de Portales, que a juicio nuestro, es la severa aplicación de las sanciones sobre los perturbadores del orden y la tranquilidad de la República, nos adentramos en el estudio y análisis de El Araucano propiamente tal. Este periódico, como señalamos en el tercer capítulo, sin contar con la categoría de oficial sino hasta 1850, se propuso ser el portavoz del ideario político del Gobierno, pero ello no implicó que en ocasiones se criticara sus acciones y determinaciones, y de esta última característica se felicitaban sus propios redactores.[181]

Ahora bien, como resultado de la ardua tarea de extraer, sintetizar, catalogar y tabular la información contenida en los mensajes editoriales de El Araucano, entre el 17 de septiembre de 1830 (fecha de fundación del periódico) y el 25 de junio de 1833 (fecha de promulgación de la Constitución reformada), logramos establecer que las temáticas abordadas son, esencialmente trece: Orden, tranquilidad, estabilidad, implacabilidad de la ley, reforma constitucional, facultades extraordinarias, restricción del derecho a sufragio, restricción del libertinaje de imprenta, centralismo, moralización, oposición digna, transparencia y publicidad de juicios y conatos subversivos.

Con el objeto de ordenar y encausar nuestro análisis establecimos tres ejes directrices a partir de los cuales podemos vislumbrar un ordenador de las ideas y conceptos mencionados.

En primer lugar se encuentran los problemas o dificultades que enfrenta el Gobierno, los cuales, según el análisis expresado en el periódico, son la herencia del caótico estado de turbulencias, anarquía y licencia del periodo anterior, liderado por los “pipiolos”.
El segundo eje temático se relaciona con la reflexión respecto de los medios, métodos y estrategias necesarias y eficaces para lograr superar los problemas identificados.
El último eje directriz corresponde a los objetivos a los que Chile como República independiente debe aspirar. Tales objetivos se estructuran en las más diversas temáticas, entre ellas el tipo de gobierno que se debe establecer, las características del código fundamental que lo debe regir, la forma en que debe ser administrada la justicia, los valores y las características que deben identificar tanto a los hombres públicos como a los ciudadanos en general. Pero por sobre todas estas ideas, la que más se reitera es la necesidad de establecer el Orden y la Tranquilidad.

En síntesis, la propuesta que surge de entre las páginas de El Araucano es que ante los males evidentes (desordenes, fechorías, delincuencia, sublevaciones) deben ser aplicadas medidas enérgicas e implacables (entre las cuales se contemplan las facultades extraordinarias), que permitan, por un lado cortar de raíz los problemas y por otro ejemplificar y moralizar a la población circundante. El objetivo o el fin que se proponía el Gobierno, era, sin duda, el establecimiento del Orden y la Tranquilidad interior y ambas ideas o conceptos son los más preponderantes a lo largo de todo el periodo analizado, ocupando la idea de orden 77 editoriales, mientras que el concepto de la tranquilidad se desarrolla en 50.

Al contrastar las ideas y conceptos socializados por El Araucano con el ideario político de Portales logramos constatar una casi completa consonancia entre ambos, excepto en el exacerbado optimismo constitucional que se desprende de algunos mensajes editoriales. No obstante, incluso ese optimismo es matizado, llamando a veces a tener presente que la Constitución no será la solución de todos los problemas del país, porque no sólo de ella depende la buena marcha del Gobierno. Como expresamos en el apartado final del último capítulo de la presente investigación, incluso en el Presidente Prieto se reflejó una moderación en cuanto a las exacerbadas expectativas que cifraba en la reforma constitucional.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Bravo, Lira, De Portales a Pinichet, Ed. Jurídica de Chile, Santiago, 1985.
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    De la Cruz, E. – Feliz. G., Epistolario de don Diego Portales, Santiago, 1937 – 1938, (3 volúmenes).
  • Edwards, Alberto, La fronda aristocrática, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 2005.
  • Góngora, Mario, Ensayo Histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 2003.
  • Guerra, Hugo, Portales y Rosas, Editorial del Pacífico, Santiago de Chile 1958.
    Guzman, Alejandro, Portales y el derecho, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1988.
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  • Sotomayor Valdés, Ramón, Historia de Chile bajo el Gobierno del General don Joaquín Prieto, Fondo Histórico del Presidente Joaquín Prieto, Santiago de Chile 1962. Volumen I.
  • Stuven, Ana, La seducción de un orden, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 2000.
  • Vicuña Mackena, Don Diego Portales, Obras completas, volumen VI, Edit. Universidad de Chile, Santiago 1937.
  • Vicuña, Mackena, Introducción a la historia de los diez años de la administración Montt. D. Diego Portales, Santiago, 1863.
  • Villalobos, Sergio, Portales una falsificación histórica, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2005.

 

Fuente documental:
Periódico El Araucano
En la actualidad es posible localizar esta fuente documental en las siguientes bibliotecas:
– Biblioteca Nacional de Chile, sección periódicos. Microfilm.
– Biblioteca Budge de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Casa Central.

Acceso directo a los 25 tomos.
– Biblioteca del Archivo Histórico de Viña del Mar. Microfilm (1830-1837)

NOTAS
[1] Lorenzo Schiaffino, Santiago, “Portales y la política internacional”. En: Bravo Lira, Bernardino, Portales: El Hombre y su obra la consolidación del gobierno civil, Editorial Jurídica de Chile, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile 1989. Página 281
[2] Bravo, Lira, De Portales a Pinochet, Ed. Jurídica de Chile, Santiago, 1985. página 28
[3] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 149; Ernesto de la Cruz y Guillermo Feliz Cruz, Epistolario de Don Diego Portales, Tomo III, página 47.
[4] La influencia de Portales y su protagonismo ha sido afirmado tanto por la historiografía conservadora como liberal, o simplemente, tanto por quienes se sienten identificados con Diego Portales como por sus detractores.
[5] Edwards, Alberto, La fronda aristocrática, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 2005, página 60
[6] Lastarria, José Victorino, Don Diego Portales, Juicio Histórico, Valparaíso, 1861. Página 39 – 43
[7] Vicuña, Mackena, Introducción a la historia de los diez años de la administración Montt. D. Diego Portales, Santiago, 1863. página 18
[8] Sotomayor Valdés, Ramón, Historia de Chile bajo el Gobierno del General don Joaquín Prieto, Fondo Histórico del Presidente Joaquín Prieto, Santiago de Chile 1962. Volumen I. Página 79
[9] Ibidem, página 9
[10] Ibidem, página 20
[11] Ibidem, página 50
[12] Barros, Arana, Diego, Historia General de Chile, Santiago, 1884. 1902. Volumen XVI, página 60.
[13] Barros, Arana, Diego, Ob. Cit., página 622
[14] Barros, Arana, Diego, Un decenio de la Historia de Chile (1941-1951), Santiago, 1905-1906. página 21
[15] No podemos afirmar lo mismo respeto de la obra de Gabriel Salazar, Construcción de Estado en Chile, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile 2005.
[16] Brahm, Enrique, “Portales en la Historiografía”. En: Bravo Lira, Bernardino, Portales: El Hombre y su obra la consolidación del gobierno civil, Editorial Jurídica de Chile, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile 1989. Página 464
[17] Edwards, Alberto, Ob. Cit., página 62
[18] Ibidem, 68 – 69
[19] Edwards, Alberto, Ob. Cit: “(con Prieto) Se inauguró un gobierno impersonal, serio, estable, regularmente elegido, y que la masa del país obedecía y respetaba; vencedor en su lucha contra la anarquía. En septiembre de 1831, Portales había llegado a la cumbre del éxito y del poderío. Consecuente con principios de desinterés y patriotismo, Portales abandona el poder y los honores y vuelve a Valparaíso”. Página 69
[20] Bravo, Lira, Bernardino, De Portales…, Ob. Cit., página 18
[21] Ibidem, página 25
[22] Bravo, Lira, Bernardino, Historia de las Instituciones políticas de Chile e Hispanoamérica, Ed. Jurídica de Chile, Santiago, 1986.
[23] Góngora, Mario, Ob. Cit.: “Es una creación “moderna”, nada semejante al mundo hispánico colonial, más bien centralizadora a la francesa, con toda fragilidad de estados recién nacidos en el siglo XIX, sin ningún sentido sagrado como los reinos medievales. Con todo ese régimen duró 60 años. (En torno a esa idea matriz se formó la clase política chilena, lo que Isidoro Errázuriz llama “casta sacerdotal”: Montt, Errázuriz Zañartu, Santa María, Varas, Máximo Mujica, Francisco Echaurren”. Página 81
[24] Góngora, Mario, Ob. Cit.: “El régimen de Portales no era impersonal o abstracto, sino que el gobierno tenía que apoyarse en una aristocracia –de terratenientes, no de señores feudales-, pero esa clase debería estar sujeta obedientemente al Gobierno por su propio interés en el orden público. Lo impersonal es propio de una burguesía o de un proletariado industrial, nunca de una aristocracia”. Página 80
[25] Villalobos, Sergio, Portales una falsificación histórica, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2005. Página 120
[26] Ver: Epistolario, vol. II, 203, 298, 302, 303, 378, 410.
[27] Salazar, Gabriel, Construcción de Estado en Chile, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile 2005. Página 378
[28] Ibidem, página 519

[29] Bravo, Lira, De Portales a Pinochet, Ed. Jurídica de Chile, Santiago, 1985. página 28
[30] De la Cruz, E. – Feliz. G., Epistolario de don Diego Portales, Santiago, 1937 – 1938, (3 volúmenes). Volumen I, N° 5, p. 176 y siguientes.
[31] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 58. (Carta de Portales a Urízar Garfias, 1 de abril de 1837)
[32] Epistolario, I, página 306, N° 113, carta de Diego Portales a E. Newman, Santiago, 25 de abril de 1830.
[33] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 77. Valparaíso, 14 de enero de 1832. A Antonio Garfias
[34] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 48. Valparaíso, 7 de marzo de 1833. A Ramón Cavareda
[35] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 50. Valparaíso, 13 de marzo de 1833. A Ramón Cavareda
[36] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 58. Santiago, 1 de abril de 1837. A Urizar Garfias
[37] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 57 – 58. Valparaíso, 6 de diciembre de 1834. A Antonio Garfias.
[38] Entre los más recientes se cuenta a Sergio Villalobos y Gabriel Salazar. Ver obras citadas.
[39] Ver: Guzmán, Alejandro, Portales y el derecho, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1988. Capítulo I: “Las ideas jurídicas de Diego Portales”.
[40] Son múltiples las reflexiones que nos surgen en relación con el Realismo Político de Diego Portales, las cuales, si bien escapan a los objetivos de la presente investigación, subyacen en nuestro análisis histórico del personaje y su contexto. En la presente investigación nada ha constatado ni desmentido la posibilidad de que Portales haya tenido acceso a los textos de Nicolás Maquiavelo, no obstante, incluso ante la posibilidad de que jamás se haya instruido en sus dictámenes, quizás “el maquiavelismo” (en el más cabal sentido del concepto), se sustenta en bases tan prácticas y lógicas que cualquiera que tenga clara conciencia de la realidad, que se vincule con el poder y que rechace las utópicas ideas de construir repúblicas aéreas, logre llegar a las mismas conclusiones. No obstante, hay algo que lo aleja, netamente, de los postulados de Maquiavelo, y es su “completo desinterés” por guardar para sí mismo el poder. En Portales, el poder era algo que lo perseguía, y ante el cual en variadas oportunidades se vio en la necesidad de demostrar su “sublime” reticencia. Muy interesante sería llevar a cabo una investigación cuyo tema versara en el contraste de “Portales y Maquiavelo”.
[41] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 50
[42] Góngora, Mario, Ob. Cit., página 78
[43] Rojas, Gonzalo, “Portales y la seguridad Interior del Estado”. En. Bravo, Bernardino, Ob. Cit., página 58
[44] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 40, 41 y 42. Valparaíso, 26 de julio de 1832. A Joaquín Tocornal.
[45] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 46 – 47. Valparaíso, 6 de febrero de 1833. A Miguel Dávila.
[46] Guerra, Hugo, Ob. Cit., página 117. Valparaíso, 9 de noviembre de 1831
[47] Silva, Raúl, Ob. Cit., Páginas 32 – 33. Valparaíso, 16 de marzo de 1832. A Antonio Garfias.
[48] Guerra, Hugo, Ob. Cit., páginas 96 – 97
[49] Idem
[50] El Araucano, Santiago de Chile, 13 de junio de 1831, N° 46, página 3, columna 3.
[51] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 77
[52] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 31. Valparaíso, 4 de marzo de 1832. A Antonio Garfias
[53] Silva Castro, Ob. Cit., páginas 31 – 32. Valparaíso, 13 de marzo de 1832. A Antonio Garfias
[54] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 40. Valparaíso, 26 de julio de 1832. A Joaquín Tocornal.
[55] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 46 – 47. Valparaíso, 6 de febrero de 1833. A Miguel Dávila.
[56] Guerra, Hugo, Portales y Rosas, Editorial del Pacífico, Santiago de Chile 1958. página 120
[57] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 77
[58] Guerra, Hugo, Ob. Cit., página 171
[59] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 56
[60] Salazar, Gabriel, Ob. Cit., página 382
[61] Ver: Salazar, Gabriel, Ob. Cit., Capítulo VI, páginas 315 – 419
[62] En este caso nos parece muy acertada la siguiente afirmación de Sergio Villalobos, ob. Cit., página 12: “Un historiador como cualquier persona es el resultado de sus circunstancias, en sus ideas confluyen la educación recibida, la cultura, sus experiencias personales y de grupo… el estudioso del pasado, como sujeto cognoscente está expuesto, así, a toda clase de errores. Es subjetivo y en su obra expresa invariablemente su ideología y mentalidad, aun cuando no se lo proponga y haga el mayor esfuerzo de objetividad”. Ninguno de los lectores de la obra de Gabriel Salazar podría negar que sus recargados juicios respecto de Portales y su obra están eclipsados por la experiencia de represión y exilio que experimentó este autor durante el Gobierno de Augusto Pinochet.
[63] Salazar, Gabriel, Ob. Cit., página 518
[64] Ibidem, página 519
[65] En el capítulo siguiente se acotará el concepto de periódico oficial.
[66] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 149; Ernesto de la Cruz y Guillermo Feliz Cruz, Epistolario de Don Diego Portales, Tomo III, página 47.
[67] Lorenzo Schiaffino, Santiago, “Portales y la política internacional”. En: Bravo Lira, Bernardino, Portales: El Hombre y su obra la consolidación del gobierno civil, Editorial Jurídica de Chile, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile 1989. Página 281
[68] La influencia de Portales y su protagonismo ha sido afirmado tanto por la historiografía conservadora como liberal, o simplemente, tanto por quienes se sienten identificados con Diego Portales como por sus detractores.
[69] Silva, Castro, Raúl, Prensa y periodismo en Chile 1812-1956, Ed. Universidad de Chile, Santiago 1958. Página 167
[70] Idem
[71] Briceño Ramón, Estadística Bibliográfica, Santiago, Chile, 1862. Vol. I. (En: portada de El Araucano, fondos documentales de Biblioteca Budge de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso)

[72] Silva, Castro, Raúl, Prensa y Periodismo…, Ob. Cit., página 173
[73] Ibidem, página 174
[74] El Araucano, Santiago de Chile, 17 de septiembre de 1830, N° 1, página 1, columna 2.
[75] El Araucano, Santiago de Chile, 8 de febrero de 1833, N° 126, página 3, columna 3. (Las mayúsculas son nuestras)
[76] De la Cruz, Ernesto, Epistolario de don Diego Portales, Página 46
[77] Silva, Castro, Raúl, Prensa y Periodismo…, Ob. Cit., página 174
[78] Barros, Arana, Diego, Un decenio de la Historia de Chile (1941-1951), Santiago, 1905-1906.Tomo II, páginas 368 – 369.
[79] Ver: Cuadros de síntesis de las temáticas abordadas en El Araucano expuestas en el anexo 1 de la presente investigación.
[80] El Araucano, 29 de enero de 1831, N° 20. Página 2, columna 2. (Documento del Ministerio del Interior, 15 de enero de 1831)
[81] El Araucano, 8 de enero 1831, N° 17. Página 3, columna 1.
[82] El Araucano, 21 de enero 1832, N° 71. Página 1, columna 3.
[83] El Araucano, 2 de abril de 1831, N° 29. Página 4, columna 2
[84] El Araucano, 21 de abril 1832, N° 84. Página 4, columna 1
[85] El Araucano, 15 de marzo de 1833, N° 131. Página 4, columna 3
[86] El Araucano, 14 de enero 1832, N° 70. Página 3, columna 2
[87] El Araucano, 5 de noviembre 1831, N° 60. Página 4, columna 1 y 2
[88] Como se verá más adelante este tipo de argumentos son los que rechaza Portales cuando defiende la imparcialidad en la aplicación de la justicia, sin miramientos a la calidad anterior de los imputados.
[89] El Araucano, 11 de noviembre 1830, N° 9. Página 4, columna 1
[90] El Araucano, 13 de agosto 1831 N° 47. Página 2, columna 1. (Para Portales, el problema más que estar en las leyes está en quines las aplican, puesto que es evidente que las mismas leyes que antes sirvieron para condenar a los delincuentes, ahora sirven para ampararlos. Ver: Artículo publicado en El Mercurio, 17 de enero de 1832. “Administración de justicia criminal”. En: Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 143 – 146)
[91] El Araucano, 5 de febrero 1831, N° 21. Página 4, columna 1
[92] El Araucano, 16 de abril 1831, N° 31. Página 4, columna 1
[93] El Araucano, 4 de diciembre 1830, N° 12. Página 4, columna 2
[94] El Araucano, 26 de febrero 1831, N° 24. Página 3, columna 3
[95] El Araucano, 12 de mayo 1832, N° 87. Página 4, columna 2
[96] El Araucano, 14 de diciembre 1832, N° 118. Página 4, columna 1
[97] El Araucano, 4 de diciembre 1830, N° 12. Página 4, columna 2
[98] Ver: Salazar, Gabriel, Ob. Cit. Capítulo VI: “Culminación de los procesos revolucionarios (1828-1837)”.
[99] Como se puede ver en el cuadro estadístico de la página 40, estas ideas se reiteran y desarrollan concretamente en 77 y 50 editoriales respectivamente.
[100] El Araucano, 25 diciembre 1830, N° 15. Página 3, columna 1
[101] El Araucano, 5 de marzo 1831, N° 25. Página 4, columna 1
[102] El Araucano, 14 de mayo 1831, N° 31. Página 4, columna 2
[103] El Araucano, 16 de abril 1831, N° 31. Página 4, columna 1
[104] El Araucano, 2 de junio 1832, N° 90. Página 4, columna 2
[105] El Araucano, 23 de mayo 1831, N° 37. Página 4, columna 3
[106] El Araucano, 12 de noviembre 1831, N° 61. página 4, columna 4
[107] El Araucano, 21 de abril 1832, N° 84. página 4, columna 1
[108] El Araucano, 21 de septiembre 1832, N° 106. página 4, columna 2
[109] El Araucano, 22 de febrero 1833, N° 128. Página 4, columna 3
[110] El Araucano, 1 junio 1833, N° 142. Pagina 1, columna 3
[111] Salazar, Gabriel, Ob. Cit., página 519
[112] Stuven, Ana, La seducción de un orden, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 2000. páginas 47 -52.
[113] El Araucano, 25 diciembre 1830, N° 15. Página 3, columna 1.
[114] El Araucano, 16 de abril de 1831, N° 31, página 4, columna 1.
[115] El Araucano, 23 de mayo 1831, N° 37, página 4, columna 3.
[116] El Araucano, 17 de diciembre de 1831, N° 66, página 4. columna 2
[117] El Araucano, 18 de febrero 1832, N° 75, página 4, columna 3.
[118] El Araucano, 2 de junio 1832, N° 90, página 3, columna 2.
[119] El Araucano, 21 de septiembre 1832, N° 106, página 4, columna 2.
[120] El Araucano, 25 de diciembre de 1830, N° 15. Página 4, columna 1
[121] El Araucano, 8 de enero de 1831, N° 17. Página 2, columna 3
[122] El Araucano, 2 de abril de 1832, N° 29. Página 4, columna 2
[123] El Araucano, 15 de marzo 1833, N° 131. Página 4, columna 3
[124] El Araucano, 22 de febrero 1833, N° 128. Página 4, columna 3
[125] Silva, Raúl, Ob. Cit.: “mis inseparables deseos de orden, mi genial inclinación al bien público, mi absoluta falta de aspiraciones, ni a gloria, ni a brillo, ni a empleos de ninguna clase, no pueden infundir recelo alguno: soy un mentecato por el entusiasmo en una decente consecuencia y por la concordancia de mis palabras con mis obras: he asegurado mil veces que no mandaré al país… ¿No se deja conocer que no me hago la más pequeña violencia para aborrecer el mando: que este es el resultado de una racional meditación y de una experiencia bien aprovechada?”. Páginas 31 – 32. Valparaíso, 13 de marzo 1832. A Antonio Garfias
[126] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 77. Valparaíso, 14 de enero de 1832. A Antonio Garfias
[127] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 48. Valparaíso, 7 de marzo de 1833. A Ramón Cavareda
[128] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 50. Valparaíso, 13 de marzo de 1833. A Ramón Cavareda
[129] Góngora, Mario, Ob. Cit., página 78
[130] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 107-108
[131] El Araucano, 14 de enero 1832, N° 70. Página 3, columna 2
[132] El Araucano, 28 de septiembre de 1832, N° 107. Página 3, columna 2.
[133] Salazar, Gabriel, Ob. Cit., página 379
[134] Los hechos son narrados en El Araucano, 28 de diciembre 1832 (página 4, columna 2), N° 120: “El público ya informado por el Mercurio y correspondencia de Valparaíso de los horrendos asesinatos cometidos en aquella ciudad el 21 del corriente por Enrique Paddock, capitán de un buque ballenero, y no sin justicia se ha conmovido su indignación contra el autor de una catástrofe tan espantosa… en pocos instantes fueron matados tres individuos y heridos gravemente 8… un crimen sin igual en Chile. No podría menos que excitar el celo de nuestros magistrados para aniquilar prontamente a esta fiera en figura humana… En 22 horas se le formó causa por el juez de primera instancia de Valparaíso quien le condenó a ser afusilido y puesto el cadáver a la expectación pública, cuya sentencia fue confirmada por la Ilustrísima corte de apelaciones… sin embargo no ha tenido efecto todavía dicha sentencia por haber interpuesto el defensor del delincuente recurso de nulidad, por cuyo motivo se ve hoy la causa por la corte suprema en reunión extraordinaria. La celeridad con que han procedido los jueces acredita un horror a la impunidad, y merece la consideración respetuosa de todos los ciudadanos… no puede creerse que un hombre hallándose en pleno goce y ejercicio de sus facultades intelectuales, pueda arrojarse a estos atentados sin motivo y sin objeto”.

[135] Epistolario, Vol. II, N° 332.
[136] Encina, Francisco, Portales, Ob. Cit., página 212
[137] Epistolario, Vol. I, N° 160, página 389. (a Antonio Garfias, Valparaíso, 14 de enero de 1832)
[138] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 58. (a Urizar Garfias, Santiago, 1 de abril de 1837)
[139] El Araucano, 5 de febrero 1831, N° 21. Página 4, columna 2
[140] El Araucano, 16 de abril 1831, N° 31. Página 4, columna 2
[141] El Araucano, 17 de diciembre de 1831, N° 66. Página 4, columna 2
[142] Ver: Mensajes editoriales de El Araucano, N° 84, 85, 115 y 139.
[143] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 32. Valparaíso, 16 de marzo de 1832. A Antonio Garfias.
[144] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 106
[145] Epistolario, Volumen I, N° 5, página 177
[146] Silva, Raúl, Ob. Cit., Páginas 32 – 33. Valparaíso, 16 de marzo de 1832. A Antonio Garfias.

[147] El Araucano, 26 de febrero 1831, N° 24. Página 3, columna 3.
[148] Edwards, Alberto, Ob. Cit., página 68
[149] Sotomayor Valdés, Ramón, Historia de Chile bajo el Gobierno del General don Joaquín Prieto, Fondo Histórico del Presidente Joaquín Prieto, Santiago de Chile 1962. Volumen I. Página 48
[150] El Araucano, 4 de diciembre 1830, N° 12. Página 4, columna 2.
[151] El Araucano, 12 de mayo 1832, N° 87. Página 4, columna 2.
[152] Epistolario, Vol. III, página 378
[153] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 57 – 58. Valparaíso, 6 de diciembre de 1834. A Antonio Garfias.
[154] Epistolario, Vol. II, N° 331, página 374. Valparaíso, 15 de marzo de 1833. A Ramón Cavareda. (el subrayado es nuestro)

[155] Aspectos explicativos y tendentes a justificar el pensamiento político de Portales respecto de la legalidad y la constitución han sido desarrollados por Alejandro Guzmán, Portales y el Derecho, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1988. (primera parte: Ideas jurídicas de Portales)
[156] El Araucano, 12 de mayo 1832, N° 87., página 4, columna 2
[157] El Araucano, 3 de septiembre 1831, N° 51. Página 4, columna 2
[158] El Araucano, 11 de noviembre de 1830, N° 9. Página 4, columna 2.
[159] El Araucano, 5 de noviembre de 1831, N° 60. Página 4, columna 1 y 2.
[160] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 29 – 30. Valparaíso, 4 de marzo de 1832. A Antonio Garfias.
[161] Sotomayor, Ramón, Ob. Cit., página 61
[162] Sotomayor, Ramón, Ob. Cit., página 51
[163] El Araucano, 27 de noviembre 1830, N° 11. Página 4, columna 2.
[164] El Araucano, 4 de diciembre 1830, N° 12. Página 4, columna 2.
[165] El Araucano, 17 de diciembre de 1831, N° 66. Página 4, columna 2.
[166] El Araucano, 27 de noviembre 1830, N° 11. Página 4, columna 2.
[167] El Araucano, 4 de diciembre 1830, N° 12. Página 4, columna 3
[168] El Araucano, 14 de diciembre 1832, N° 118. Página 4, columna 1
[169] El Araucano, 12 de mayo 1832, N° 87. Página 4, columna 2
[170] El Araucano, 26 de mayo 1832, N° 89. Página 4, columna 2
[171] El Araucano, Santiago de Chile, 22 de octubre de 1831, N° 58, página 4, columna 1.
[172] El Araucano, 1 junio de 1833, N° 142. Página 1, columna 3.
[173] Epistolario, volumen III, página 379
[174] Epistolario, volumen II, página 203
[175] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 50
[176] Edwards, Alberto, Ob. Cit., página 68
[177] Góngora, Mario, Ob. Cit., página 78
[178] De la Cruz, E. – Feliz. G., Epistolario de don Diego Portales, Santiago, 1937 – 1938, (3 volúmenes). Volumen I, N° 5, p. 176 y siguientes.
[179] Silva, Raúl, Ob. Cit., Página 143 – 146
[180] Epistolario, Vol. III, N° 508, página 378
[181] Ver: Mensajes editoriales de El Araucano N° 1 y N° 126

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ARTE ISLÁMICO: LA MEZQUITA DE CÓRDOBA


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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

INSTITUTO DE HISTORIA

PROGRAMA DE MAGISTER EN HISTORIA

HISTORIA DEL ARTE Y LA CULTURA

Primer semestre 2005

 

«EL ARTE ISLÁMICO ANÁLISIS DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA»

.

Profesor: Romolo Trebbi

Alumna: Ana Henríquez Orrego

TEMARIO

Introducción

Reseña de la presencia islámica en España

El mensaje de la nueva religió

Proceso expansivo del Islam

La mezquita como elemento arquitectónico del Islam

La Gran Mezquita de Córdoba como ejemplo de la arquitectura hispano-árabe

Historia del ensanchamiento arquitectónico de la Mezquita

La importancia de los arcos de herradura en la construcción de la mezquita: elementos visigodos en sus antecedentes

BibliografíaI. Introducción

La presencia de la arquitectura musulmana en España responde a hechos históricos relacionados con el proceso expansivo del Islam. No obstante, lo que esperamos comprobar en el presente trabajo es que bajo ninguna circunstancia se puede considerar este tipo de arte como un simple trasplante de elementos orientales – arábigos hacia tierras occidentales.

Si bien es cierto, las peculiaridades del arte musulmán en España como en todas las regiones que abarcó el Islam, se encuentran impregnadas por los elementos de la religiosidad musulmana, la arquitectura islámica presente en la península ibérica es el fruto de la síntesis entre elementos visigodos, con sus rasgos bizantinos y germánicos y su fuerte cuota del legado cultural provincial romano y los elementos traídos por los musulmanes desde oriente. En efecto, entre los elementos traídos por los musulmanes también se encuentran presentes los elementos bizantinos y clásicos.

Para comprobar tales afirmaciones el trabajo que aquí presentamos ha sido estructurado de la siguiente manera:

En primer lugar, elaboraremos una breve reseña histórica que abarca las peculiaridades de la nueva religión nacida en el corazón de la Arabia, las características del progresivo avance por el mediterráneo, hasta llegar finalmente a las costas africanas, desde donde parten las expediciones que a principios del siglo VIII convertirán a la península ibérica en un enclave musulmán.

En segundo lugar hemos centrado nuestro análisis en el elemento arquitectónico más representativo del mundo musulmán: la Mezquita. A partir de los planteamientos ofrecidos por Oleg Grabar, especialista en el arte musulmán, hemos desarrollado un análisis de la evolución arquitectónica del edificio destinado a la oración comunitaria del día viernes. En este apartado se señalan las principales directrices de la configuración de un modelo arquitectónico particular, a pesar de la no existencia de cánones preestablecidos.

Finalmente el trabajo se concentra en el análisis de la Gran Mezquita de Córdoba, considerado el elemento más representativo de la arquitectura musulmana en España. Conoceremos las principales características de su progresivo ensanchamiento, llegando incluso a señalar las razones de la incorporación de una catedral cristiana en su centro. Si bien señalaremos las diversas peculiaridades que constituyen la arquitectura de la mezquita así como sus elementos decorativos, el foco de atención será el análisis de los arcos de herradura, como elemento heredado del mundo visigodo, pero que luego adquiere identidad propia en la evolución arquitectónica musulmana, enriqueciéndose a lo largo de los siglos con diversas añadiduras compositivas que irán complicando y estilizando el primitivo arco de herradura pre-islámico. Este ultimo apartado a sido elaborado, principalmente, a partir de las obras de Oleg Grabar, Marianne Barrucand, Markus Hattstein y John Hoags.

II. Breve reseña histórica: Ocho siglos de presencia árabe en la península ibérica
El mensaje religioso

Las tropas que ingresan a la península ibérica a principios del siglo VIII y que logran apoderarse del control de casi toda la península hasta el siglo XV, forman parte del movimiento expansivo llevado cabo por el Islam. Fue este un movimiento religioso nacido en el corazón de la Arabia, que con una rapidez impresionante logró extender su influencia religiosa y política por amplios territorios del mundo mediterráneo, llegando a instalarse a principios del siglo VIII en el extremo más occidental de Europa: la península ibérica.

Mahoma comenzó a darse a conocer en la Meca a principios del siglo VII su mensaje monoteísta e igualitario de la salvación eterna a través del Islam, la resignación ante la voluntad de Dios, encontró rápido eco, que lo elevó una posición excepcional. El Corán, texto sagrado de esta nueva religión, es la Palabra de Dios. Le fue revelada a Mahoma por medio del Arcángel Gabriel, para que la propague entre los hombres. El nuevo mensaje promete a todos los hombres salvación eterna siempre y cuando crean en Alá, Dios único y misericordioso, y cumplan sus preceptos. Y estos últimos constituyen los cinco pilares de la religión:

* La profesión de fe: “Solo Dios es Dios y Mahoma es su profeta”
* Oración cinco veces al día
* El impuesto religioso
* Observación del mes de ayuno
* Peregrinaje a la Meca una vez en la vida

Esta nueva religión venía a sobreponerse a un extendido politeísmo reinante en Arabia. Una de los elementos que llama la atención acerca de las ofertas entregadas por esta nueva religión era la promesa de ingreso directo al Paraíso a los caídos en la Guerra Santa contra los infieles. El éxito de las prédicas le obligó a Mahoma a huir de la Meca el año 622, refugiándose en el Oasis Yatrib, unos 360 kilómetros al norte. Con posterioridad el oasis recibió el nombre de Medina.[1] Este hecho es considerado por los musulmanes como el punto de partida de su calendario.

Con el asentamiento en Medina, puede considerarse fundado el primer Estado Islámico, a cuya cabeza se ubicaba el profeta, quien ostentó a la vez el poder espiritual y el temporal. Desde este lugar comienza la irradiación del nuevo mensaje religioso al resto de la comunidad árabe, así también, la palabra de Dios, revelada al profeta estaba escrita en Árabe, con lo que se aseguraba la preponderancia de los árabes en la nueva religión que aspiraba a una universalización.[2]

Proceso expansivo del Islam

La expansión islámica no respondió a un plan previamente establecido desde la administración centralizada, no hubo, por así decirlo, una planificación de guerra en sentido moderno. Más bien avanzó debido a los impulsos de las mismas tribus que se iban incorporando a la órbita musulmana. En un principio se avanzó hacia el norte y hacia el este, es decir hacia Siria e Irak-Irán. Entre el 640 642 fue tomado Egipto. En el año 698 fue tomada la Cartago bizantina y a principios del siglo VIII los ejércitos árabes y beréberes aliados avanzaron sobre Argelia Hacia Maruecos. La conducción de los ejércitos combinados estaba en manos árabes.[3]

A partir de este momento ya tenemos toda la fuerza musulmana instalada frente a la península Ibérica. A través de saltos sucesivos, atravesando mares y desiertos, la nueva religión nacida en el corazón del desierto arábigo, prepara su avance y arremetida contra la zona más occidental de Europa, la península ibérica.

Al otro lado del estrecho, le aguardaba un mundo en descomposición. Las intrigas políticas del Reino Visigodo le estaban ahogando en luchas intestinas que enfrentaban a las facciones con el fin de apoderarse del poder. El problema esencial, según señala Marianne Barrucand, al parecer radicaba en el carácter no hereditario de la monarquía, lo cual, sumado a una serie de problemas económicos y sociales, habían llevado a la nobleza visigoda a mantener un estado permanente de lucha. Ese era el panorama de la península ibérica a principios del siglo VIII.[4] Ahora bien, a todo lo anterior, falta, además, sumar un último elemento, que será el que pondrá en forma definitiva a los musulmanes en las tierras hispanas. Hacia fines del siglo VII los herederos pretendientes al trono comenzaron a volver sus ojos a poderes externos, con el fin e realizar sus ambiciones. Atanagildo llamó a los bizantinos en su ayuda, Sisenando acudió a los francos, Froya a los vascos y finalmente en el año 711 Akhila y sus hermanos, pidieron ayuda a los musulmanes del norte de África para luchar contra el rey Rodrigo. Este hecho facilitó las cosas a los musulmanes, quienes instalados en las costas de África, ya habían puesto en España su próximo objetivo.[5]

En los mapas que se presentan a continuación se evidencia el proceso expansivo del Islam. En los dos tipos de mapas que hemos incorporado se puede apreciar en su amplitud el proceso de avance del Islam sobre las diversas zonas geográficas que rodean el mediterráneo, así como también su avance progresivo hacia el corazón del Asia.

Expansión del Islam hacia el año 750

Fuente: Atlas Universal, Editorial Antártica, Santiago de Chile 1991, Página 68

El mundo árabe en el siglo X

Fuente: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981. Página 11

La invasión y conquista de la península ibérica

La presencia musulmana en España ocupa un espacio, tanto cronológico como territorial con un principio y un fin muy concretos, ocho siglos, del VIII al XV de tiempo absoluto, limitados por dos hechos históricos o políticos muy concretos: el año 711, el de la primera invasión árabe a la península, y el 1492, momento en que el último reducto árabe, Granada, es entregado a los Reyes Católicos.El problema surge cuando se intenta fijar el tiempo relativo del arte islámico en España, es decir en qué momento la totalidad de la cultura aceptó los cambios que la transformaron y se definió el arte claramente como suyo propio. Este problema de cronología lo estudia ampliamente Oleg Grabar en La formación del Arte Islámico,[6] imprescindible manual para tratar el tema que nos ocupa.

Dividida en diferentes etapas: emirato, califato, reinos taifas, almorávides y almohades y reino nazarí, la presencia árabe en España, imprimió al territorio andalusí,[7] a nivel artístico, unos matices propios, unos caracteres particulares, que harían del arte árabe un conjunto de heterogeneidades dentro de su homogeneidad, modificando radicalmente el carácter de la península ibérica. No obstante, un aspecto que se destacará a lo largo del presente trabajo, es que si bien, el arte musulmán en España responde a un conjunto de caracteres propios de su cultura traída de oriente, no puede obviarse el hecho de que el arte musulmán en España, o más específicamente, la arquitectura musulmana en España, responde a una fusión que unificó elementos visigodos, romano-ibéricos, romano-sirios, bizantinos y árabes en un estilo nuevo e independiente. [8]
Durante ocho siglos en territorio hispano, convivieron dos mundos, cristiano y musulmán muy distintos culturalmente, y enemigos política y religiosamente, con constantes enfrentamientos, pero en continuo contacto entre ambos, lo que permitió un enriquecimiento cultural del que se beneficiaron uno y otro.

Es el Islam el movimiento fundamentalmente religioso, y como consecuencia artístico, que más rápidamente y en mayor espacio se difundirá a lo largo de la historia. Su propagación por Oriente había sido veloz y eficiente, pero quedaba una asignatura pendiente: su difusión hacia Occidente.

A continuación se presenta una síntesis histórica que sólo pretende esbozar los rasgos más genéricos y esenciales de la presencia musulmana en España. Consideramos pertinente precisar que nuestro objetivo y por tanto nuestro interés no se centra en la indagación del proceso expansivo del Islam en occidente, sino que lo incorporamos por considerarlo imprescindible para contextualizar el tema que realmente nos ocupa: la arquitectura musulmana en España.

El mapa que se presenta a continuación ilustra la presencia y el dominio del Islam en la península ibérica, es su periodo de consolidación entre fines del siglo X y comienzos del XI.

Presencia islámica en la península ibérica

Según la documentación musulmana, en el año 710 se envió a la península una expedición de tanteo, encabezada por Tarif junto con setecientos hombres más. Desembarcaron en Tarifa, y de allí pasaron a Algeciras, con ayuda del Conde Don Julián, aliado de Witiza, y enemigo del rey Rodrigo. Será el año siguiente, el 711, una fecha a recordar: con el califa omeya Walid I y siendo Musà ibn Nusayr gobernador en Ifriqiyya, su lugarteniente Tariq ben Ziyad, viendo el estado de composición del reino visigodo, cruza el estrecho de Gibraltar con setenta mil hombres.[9] Comienza aquí la historia del Islam en Europa.Avisado el rey Rodrigo en Pamplona, baja hasta el Sur y se enfrenta con Tariq en Guadalete. Es éste el primer enfrentamiento militar entre árabes y cristianos, la primera derrota frente al Islam y la desaparición de don Rodrigo.

Se toma Écija, Córdoba, Granada, Málaga, Orihuela, el centro de la meseta de Toledo, Guadalajara, Zaragoza y Tarragona. En el verano del año 712, Musà se traslada a España con dieciocho mil hombres, iniciando una segunda penetración hacia el Norte, conquistando sin mucha resistencia Medina Sidonia, Carmona, Sevilla, Mérida, Toledo, donde está Tariq, y luego Galicia y León. Es sorprendente la rapidez con la que avanza la conquista.

Diez años después, en el 722, se registran conflictos con Pelayo en los Montes Cántabros, en la batalla de Covadonga se hace frente al Islam y sus incursiones, considerándose el primer hecho antiislam. Las fuentes árabes y cristianas coinciden en la importancia de esta batalla, aparece en las Crónicas de Alfonso III, hablando de “ciento ochenta y siete mil hombres árabes vencidos”; las fuentes musulmanas, al contrario, hablan de la anécdota de Covadonga, haciendo referencia a “trescientos asnos salvajes”, respecto a los cristianos (Crónica de al-Moggari).

En el año 732 se pasan los Pirineos y son derrotados en Poitiers por Carlos Martel, cerrando la posibilidad de expansión por el Norte. Significa esto el final de la penetración en Europa del Islam.

Desde esta fecha del 711 hasta el 756 está asentado el Emirato dependiente del Califato de Damasco. La capital en principio estuvo en Sevilla, luego pasó a Córdoba. A partir del año 741, con la península convertida en provincia omeya, comienza una etapa de lucha por el poder entre los jefes militares desplazados a la península, acrecentado por un cierto carácter racial, ya que en las distintas invasiones habían participado diferentes grupos: por una parte, una aristocracia árabe del califato; por otra, los Bereberes llegados del Norte de África como mercenarios del Moro Almanzor; y un tercer conjunto, el formado por esclavos de origen cristiano, esclavos manumitidos, sometidos por Almanzor, una población hispana que se islamizó.

En el año 750 se produce la exterminación violenta de la dinastía Omeya por parte de la dinastía Abbasida. Constituye este hecho uno de los más sangrientos crímenes políticos de la historia.[10] Damasco fue abandonada como capital y Bagdad pasó a ocupar su lugar. El único príncipe Omeya que se salvó de la matanza fue Abd al-Rahman ibn Muawiya, Abd al-Rahman I, que llega a Túnez, en el 756 llega a Al-Andalus, desembarca en Almuñécar (Granada), haciéndose con el poder, y poniendo fin a la inestabilidad política que mantenía al-Andalus, comenzó con Abd al-Rahman I el emirato independiente de Córdoba (756-929). Durante este período del emirato omeya, al-Andalus se convertirá en el enclave más importante del Islam occidental, Córdoba se erigirá como el “crisol de lo oriental y de lo occidental”, siendo respetada como verdadera potencia política y cultural por musulmanes, judíos, bizantinos y cristianos. Este momento de esplendor no sólo lo fue en el ámbito político-administrativo y comercial, también la cultura fue adquiriendo un carácter propio, siempre conectada con el resto del mundo islámico, pero creándose su debida identidad, gracias, en parte a las relaciones que seguía manteniendo con el mundo cristiano.

Del 929 al 1031 dura el califato cordobés. En los motivos de su larga duración, tomaron parte aspectos de diversa índole, pero fundamentalmente fueron las relaciones comerciales con el Mogreb fatimí, los enfrentamientos por dominar las principales rutas, las causantes. Los bereberes se rebelarán, destruyendo la magnífica ciudad real de Madinat al-Zahra y la sede administrativa Madinat al-Zahira. Este hecho, la Fitna, supone el inicio de la desintegración en numerosos reinos, cada vez más debilitados, los reinos taifas (tawaif significa desmembramiento). Pero a su debilidad política y militar no se correspondió la cultural, ya que todos estos pequeños Estados decidieron convertir su capital en “una pequeña Córdoba”.

Alfonso VI aprovecha bien la debilidad y comienza una serie de campañas contra Toledo y Valencia. Los reyes taifas, muy debilitados, se hacen vasallos del rey y tributarios. Esta situación tan crítica, que a punto estuvo de acabar con el poder islámico en la península, se sucede hasta el 1086, año en que los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz solicitan ayuda a los almorávides (al-Murabitun), bereberes del Sahara, de estricta ortodoxia religiosa, militares que habían dominado los reinos y emiratos del Mogreb. Las expediciones de los reinos cristianos avanzaban por tierras de al-Andalus, frenando los intentos almorávides de reinstaurar el puritanismo islámico.

Éstos vencen a Alfonso VI en la Batalla de Sagrajas, e intentan imponerse a los taifas, consiguiéndolo en el 1090 con Tasufin, monarca almorávide que se hace con todo el territorio árabe y que acaba con el caos. Al-Andalus pasa a convertirse en una provincia de los almorávides hasta 1145, fecha en la que aprovechando su decadencia, y con el objetivo de hacer frente a la reconquista que avanzaba con gran rapidez, invaden la península los almohades (al-Muwahhidun) haciéndose con el poder, y situando la capital en Sevilla. Este período durará hasta 1212, año en que son derrotados los almohades por las tropas cristianas en la batalla de las Navas de Tolosa. Con este hecho se pone fin no sólo a la pervivencia de los almohades en la península, sino también a la presencia del Islam en tierras hispánicas.

Sólo un reducto queda del mundo árabe, el reino que fundó en Granada, en 1238, Muhhamad ibn Nasr, perteneciente a una familia noble que da origen a la dinastía Nazarí y que pervive hasta el 1492. En este año el rey Fernando de Aragón e Isabel de Castilla entraran en la Alhambra, tomando la que había sido la última ciudad islámica en la península, Granada. Terminaba con este hecho la presencia política del poder musulmana en la península ibérica, no sucedió lo mismo con su presencia cultural y arquitectónica, parte de esta última pasaremos a analizar a continuación.

III. La Mezquita como principal elemento arquitectónico del mundo islámico.La palabra Mezquita deriva del árabe maschid, que significa “un lugar donde uno se postra frente a Dios”.[11] Respecto del surgimiento de la Mezquita como lugar sagrado de oración, Oleg Grabar, realiza un interesante análisis acerca de la palabra y su probable vinculación con el texto sagrado, El Corán. Llega a la conclusión de que en lo específico el Corán no manifiesta ningún indicio concreto acerca de la necesidad de construir algún tipo de edificación especial. No obstante el Corán instituyó para todos los musulmanes una regla que tiene una importancia crucial para la historia arquitectónica de la Mezquita: la obligación de efectuar plegarias. Y estas últimas se clasificaban en dos tipos. Por una parte estaba la plegaria individual y por otra la plegaria colectiva con la comunidad. En estricto rigor, respecto de la oración sólo es esto último lo que establece el texto sagrado de los musulmanes. Lo demás fue fruto de la práctica y consecuencia de la vida de la comunidad musulmana entre el 622 y el 632.[12] durante este periodo, la comunidad fue cimentando un ritual de plegaria, a las 5 oraciones diarias que el individuo debía realizar, se sumaba la plegaria colectiva el día viernes a medio día. En esta última, el profeta o su representante, asumía el rol de conductor de la oración colectiva. Ambas plegarias estaban precedidas por solemnes llamados a la oración, realizado este último desde el tejado del lugar de oración.

Según señala Oleg Grabar, no existe claridad respecto de los primitivos lugares destinados para la reunión de la comunidad orante. Algunos antecedentes se pueden extraer de la casa particular del profeta en Medina, que fue convertida en lugar de oración. Su característica principal parece haber sido un patio amplio con dos zonas cubiertas. Una hacia el sur consistía en dos hileras de troncos de palmera con tejado de paja; aunque servía para indicar la orientación de la plegaria, probablemente su función original era solo la sombra. En el este se hallaban las habitaciones de las esposas del profeta, que daban directamente al patio.

Ahora bien, existen escasas pruebas de que la casa del profeta haya sido un santuario durante la vida de éste, fue la historia la que lo convirtió en tal. Ello responde, tal vez, al deseo de Mahoma y el primitivo Islam, por evitar la existencia de un clero, que era la institución que se ligaba férreamente a la idea de un santuario. Lo importante de destacar en este punto, es la relación que puede extraerse en este primitivo modelo de edificio religiosos musulmán: lo que tenemos es un amplio espacio abierto con dos zonas cubiertas en sus extremos opuestos.[13] Para el arqueólogo, historiador u otro investigador que desee buscar las primitivas directrices de los templos musulmanes, estos datos son insuficientes, no obstante respecto de las Mezquitas primitivas no existe mayor información. Lo concreto era que no existió ninguna ordenación establecida respecto de la forma y elementos constitutivos del lugar de oración de la comunidad.

Existía una visión muy general respecto del significado del maschid o lugar donde se veneraba a Dios. La Meca fue una singularidad como lugar específicamente destinado a la oración. Respecto de la oración lo que se fue estableciendo, ya desde el principio, fue lo siguiente: la manifestación concreta de la oración era lo que separaba a los musulmanes de los no musulmanes. La oración privada no estaba ligada a un lugar determinado, sino a una orientación: La “Quiblah”. Mientras que la oración colectiva iba unida a una llamada solemne, un “iman” que hablaba desde el “minbar”. Dentro de estos primeros elementos que pueden considerarse como constitutivos de la posterior evolución de las Mezquitas musulmanas se encuentra la transformación de la casa del profeta en Medina en un lugar donde acontecieron la mayoría de los hechos que terminaron las decisiones litúrgicas y políticas del Islam. La casa adquirió un cierto carácter sagrado y se convirtió en lo que podríamos llamar el primer maschid, “Mezquita”.[14]

Como se puede apreciar, todos los elementos que se han citado son cuestiones que tienen que ver más bien con la práctica, no con una determinación de formas arquitectónicas para edificios religiosos destinados a la comunidad islámica. A pesar de ello, es decir, de los superficiales requisitos y las mínimas características materiales que parece demandar el lugar de oración de los musulmanes, en la práctica, esta religión dio origen a un singular tipo de construcción que aparece en todos los territorios de población musulmana. Dos de los máximos ejemplos de Mezquitas islámicas primitivas son la Mezquita de Damasco y la de Córdoba. Esta última como ha sido precisado en la introducción será objeto de nuestro análisis.

Características generales de las mezquitas

Entre las características generales que se desprenden del análisis comparado de Mezquitas, realizado por Oleg Grabar,[15] se encuentran las siguientes: las mezquitas de cada ciudaad se ajustaban físicamente a la necesidad de tener un espacio único para la oración comunitaria, otros aspecto a destacar es que la Mezquita no era concebida como una entidad material completa, es decir, no existía un tipo arquitectónico ideal. Otro aspecto que se generalizó en la construcción de mezquitas fue el sistema hipóstilo de construcción, éste pareció ser el mejor sistema flexible que permitía pensar el conjunto del edificio como una entidad factible de ser ampliada fácilmente adhiriendo mas columnas. El sistema hipóstilo consistía en un elemento simple que se podía multiplicar a voluntad en cualquier dirección necesaria. Las columnas constitutivas de los edificios primitivos, en muchos casos como en Damasco, Jerusalén y también en Córdoba, las columnas fueron tomadas de edificios romanos o cristianos. A las columnas de segunda mano se unieron también columnas elaboradas para el propio edificio, eso sucedía en caso de que el edificio en construcción demandara demasiadas columnas, como en el caso de Córdoba.[16]

Respecto de las explicaciones existentes para la incorporación del sistema hispóstilo en las construcciones musulmanas, Oleg Grabar señala que muchas de las teorías que han intentado explicar el hecho, son insuficientes, por ejemplo la herencia de la tradición egipcia, mesopotámica o romana; también esta la explicación de la imitación de la casa del profeta que estaba constituida en su patio central por un conjunto de palmeras cubiertas con paja, esta explicación considera que la imitación de las palmeras produjo el sistema hipóstilo. No obstante, Grabar propone una cuarta explicación: ante la necesidad de un edificio amplio que permitiera a la población reunirse en comunidad a orar los días viernes, se optó en la construcción de las primeras mezquitas por una solución practica, construir un espacio techado, utilizando materiales de otras construcciones, columnas romanas o cristianas. Estas primitivas construcciones no eran edificios con un prototipo formal de significado sagrado, sino simples cobertizos.[17]

En la evolución de la Mezquita como elemento arquitectónico fueron apareciendo una serie de espacios a los que se les fue atribuyendo significados especiales. Estos elemeetos se fueron situando dentro del amplio sistema hipóstilo que contituía la mezquita primitiva, y se les puede considerar como genéricos porque irán apareciendo en la mayoría de las construcciones musulmanas destinadas a la oración colectiva:
* El minbar, pero este ya existía en tiempos del profeta. Era el lugar o púlpito oficial.
1. Minarete. Finalidad oficial era llamar a los fieles a la oración y sus forma era una alta torre unida directamente a la mezquita. Los primitivos minaretes eran cuadrados, pero luego aparecieron los minaretes en espiral. En los tiempos más primitivos la llamada a la oración se hacía desde el techo del edificio, luego adquirió forma arquitectónica y se trasformo en una torre.
2. Mihrab. Consiste en un nicho, habitualmente cóncavo y profusamente decorado, que se encuentra en la pared de la mezquita que está orientada hacia la Meca. (en Córdba el mihrab lo constituye toda una habitación). La explicación genérica dice que la razón de ser del mihrab es ordenar hacia la Meca. No obstante debido a razones tales como que este elemento arquitectónico no es visible desde gran parte del interior de la mezquita, no puede ser esa su misión. Al parecer conmemora la presencia del Profeta Mahoma, ya que en ese lugar se ubicaba para dirigirse a los fieles.
3. maqsurah. Espacio reservado al príncipe cerca del Mihrab, pero no constituyen característica tipológica ya que solo están presentes en Damasco y Córdoba.
4. Bayt al-mal. Elemento cubierto por una cúpula situado en el patio. Tampoco se convirtió en tipología de las mezquitas, pero donde existe, se interpreta como la casa del tesoro de la primitiva comunidad musulmana
5. Muro de la quiblah. Indica la orientación de la meca, lugar hacia donde debían mirar.

Estos elementos, sumados a la característica hipostila de las mezquitas fueron producto del desarrollo histórico de la religión y de las necesidades que iban surgiendo en la medida que crecía y se multiplicaba la población musulmana. Lo interesante, es que a pesar de la ausencia de un clero, de una liturgia y de una preconcepción de la naturaleza del edificio, de todos modos apareció un cierto prototipo posible de identificar en todas las regiones donde penetró y se instaló el Islam.[18]

Esta forma arquitectónica que nació sin requisitos preestablecidos se fue cimentando como prototipo y alcanzó este grado una vez que los Omeyas ya a principios del siglo VIII habían adquirido de forma sistemática la actividad de construcción de Mezquitas, lo que contribuyó a estandarizar las características que habían ido surgiendo productos de las necesidades y la tradición.

Un aspecto interesante de la mezquita es su limitado número de símbolos. El Islam evitaba los símbolos, así como también se mostró muy reacio a las imágenes. De todos los elementos constitutivos de la mezquita, solo el mirhrab aparece como un símbolo religioso de importancia, “pero por fastuosa que pudiera ser su decoración, nunca en la historia del Islam primitivo aparece como punto focal en el plano de la mezquita, de la manera en que estaba un altar en una iglesia cristiana”[19]

Construcción y decoración de la mezquita

Los muros eran, casi sin excepción gruesos y macizos, y rara vez estaban decorados en el exterior. En raras ocasiones se encuentra en el exterior símbolos que indicaran la naturaleza del edificio. Las puertas o pórticos empiezan a aparecer en las mezquitas a finales del siglo IX.

Pilares y columnas se encuentran presentes en la composición interna del edificio. Ninguno de ellos es aporte islámico. En general las columnas fueron tomadas de edificios antiguos, romanos o cristianos. Los pilares, generalmente anchos se confunden con paredes del edificio. La mayoría de los soportes está coronado por arcos, la mayor parte de ellos de medio punto, es decir, semicirculares. La utilización de estos arcos también se ajustan a los métodos primitivos. Las innovaciones respecto de los arcos, evidenciadas en Córdoba y que analizaremos con detención en el siguiente apartado, son una excepción, que tampoco puede ser considerada una invención plenamente musulmana, por sus raíces y conexiones directas con la arquitectura hispano-visigoda presente en la península antes de la llegada del Islam.
Decoración interior. La característica más notable de la decoración interior es su variedad. Abundan los mosaicos. En la Mezquita de Córdoba y Damasco existen pruebas de que sus artífices llegaron desde Constantinopla, con lo que queda probado que l bizantino no solo es influencia e inspiración, sino aporte directo.[20] La carpintería tallada y pintada, así como el estuco, se utilizaron para realzar las principales líneas arquitectónicas. La madera era de uso frecuente en la en la construcción y decoración de mihrabs, minbars y maqsurah. La piedra esculpida es más escasa, pero está presente en la Mezquita de Córdoba. El vidrio se utilizaba en las ventanas. Probablemente se utilizaron alfombras y tejidos. Se sabe por algunos textos que en las Mezquitas abundaban las cortinas en distintas partes de la Mezquita. La diversidad de técnicas y la no existencia de un canos n establecido de decoración es relevante ya que nos permite afirmar que en esta etapa primitiva del Islam no existía asociación entre la mezquita y las técnicas de decoración.

Un aspecto relevante respecto de la decoración de las mezquitas es lo que señala Oleg Grabar acerca de si es o no posible interpretar esta ornamentación como símbolos o solo deben ser consideradas como elementos embellecedores del conjunto arquitectónico. La respuesta entregada por este investigador apunta a sostener que la ornamentación de las mezquitas en esta etapa del Islam solo cumplían un rol ornamental.[21] Respecto de esto se puede señalar que en las Mezquitas es posible identificar dos tipos de decoración, una que apuntaba a resaltar algún aspecto de la construcción otorgándole así mayor importancia, y otra decoración que más bien cumplía un objetivo unificador, es decir, aspiraba a brindarle un aspecto homogéneo en su interior, soslayando con ello las continuas modificaciones o ampliaciones a las que una mezquita se veía sometida. Estas dos funciones son distintas y contradictorias: unifican o diferencian.

La escritura es otro aspecto de la decoración: una de los motivos más comunes en la decoración de la mezquita era a escritura de distintos textos árabes; la mayor parte procedía del Corán, pero también se incluían en algunos casos estadísticas que tenían que ver con el edificio en cuestión. Según señala Oleg Grabar, la utilización de la escritura árabe en los monumentos sí constituía un elemento mucho más que decorativo, expresaba significados concretos de la fe islámica. Incluso, según este autor es factible comparar el significado de la escritura con el significado de las imágenes de la cristiandad.[22]

Al principio, a utilización de la escritura no era algo generalizado en la arquitectura musulmana, ello se debe que en esta etapa los elementos provenientes de otras culturas eran los que predominaban en la composición, ello no solo desde el punto de vista de inspiración estilística, sino de un modo directo, como hemos mencionado, gran cantidad del material constitutivo de las Mezquitas más antiguas del Islam, incluida la Mezquita de Córdoba, objeto de nuestro estudio, está formada por material de acarreo proveniente del mundo pre-islámico. El rechazo a lo antiguo se producía sólo cuando era considerado como un mal para su integridad religiosa.

La mezquita: creación significativa del mundo musulmán

Como se ha expuesto, la mezquita hipóstila se convirtió en un tipo arquitectónico que tendió a repetirse en todo el mundo musulmán. Sus cualidades respondía a las demandas básicas de la ración comunitaria, facilitando futuros ensanchamientos de ser estos requeridos por el crecimiento poblacional. El prototipo original de tal edificio tal vez haya sido la casa del profeta, pero eso aun solo es una hipótesis, lo cierto es que cánones establecidos para la construcción de mezquitas no existen en el mundo islámico primitivo. El único requisito evidente que demandaba la religión musulmana al lugar de oración era que fuera un gran espacio capaz de albergar a la comunidad. Las demás características se fueron añadiendo como producto de necesidades y demandas históricas o bien como forma de ir dando forma arquitectónica a un conjunto de tradiciones, pero ninguna de las demás características cuneta con la característica de “esencial”.La decoración que fue añadiéndose a la Mezquita no denota carácter originales la mayor parte de las veces se dio nueva lectura a técnicas preexistentes, por ejemplo los mosaicos, tan característicos del mundo bizantino. Lo que predominó no fue la innovación sino la relectura de formas existentes. “La única verdadera novedad del período islámico primitivo fue la lenta aparición de la caligrafía como vehículo para la estética y significado de los símbolos”.[23]

Finalmente, respecto de los símbolos nos parece necesario precisar que el Islám primitivo parece haberse alejado de los símbolos visuales que lo identificaran de forma clara y precisa. Ya sea por reacción hacia el arete cristiano o por razones netamente internas, la nueva religión nacida en el corazón de la Arabia, no dotó sus formas de significados litúrgicos o simbólicos, o más bien no impuso esos significados sobre el grupo social.

La posibilidad de proyectar nuestro análisis de la arquitectura musulmana a partir del estudio de una de estas obras la sustentamos a partir de las afirmaciones que todos los autores consultados, coinciden en señalar que la Mezquita de Córdoba es el mejor ejemplo para conocer la evolución de la arquitectura islámica en España, que para efectos del presente trabajo es nuestro foco de atención. Desde esta perspectiva, podemos tomar como punto de partida de nuestra investigación la siguiente afirmación: “La Gran Mezquita de Córdoba ilustra, como ningún otro edificio de al Andalus, la historia del arte islámico de construcción en España, con sus diversas peculiaridades estilísticas”.[24] No obstante lo anterior, y considerando el análisis realizado por Emilio Camps[25], es preciso comprender que si bien la Mezquita de Córdoba permite analizar el arte musulmán en España, no es menos cierto que en esta mezquita se encuentran muchos elementos singulares que no encuentran proyección en otras obras arquitectónicas del al Andalus.

IV. La Gran Mezquita de Córdoba como ejemplo representativo de la historia del arte islámico en España

Historia del ensanchamiento arquitectónico de la Mezquita (785-988)

Como ha sido precisado en el apartado anterior, la mezquita del viernes es la construcción más importante de una ciudad islámica. Todos los creyentes varones adultos deben encontrase allí los viernes al medio día para realizar el servicio religioso comunitario, y el gobernante o su representante pronuncia el sermón, con lo cual la función sacra se combina con la función política. “En efecto, la Mezquita del viernes es como el estandarte de la dinastía, y la expresión personal y monumental del poder político”.[26] Se considera a la Mezquita como una de las construcciones más espléndidas de Córdoba, fue encargada por el emir Abd al Rhman I en el año 785, tras haber escogido Córdoba como la capital emirato y luego del califato. Así también es la más antigua de las obras del arte sacro andalusí que se conservan hasta nuestros días.[27] Algunas hipótesis dicen que fue construida sobre las antiguas bases de la iglesia San Vicente. Corroboran esta hipótesis las excavaciones realizadas e 1930 al interior de la Mezquita. A través de los siglos sufrió muchas modificaciones, pero cada ampliación islámica respetaba la construcción original y reproducía sus formas, desde esta perspectiva se puede afirmar que Abd al Rhman I dejó su impronta en la totalidad del arte hispano-árabe.[28] No obstante como será analizado en el apartado siguiente, si bien las ampliaciones conservaron gran parte del legado arquitectónico precedente, la construcción evidencia una evolución significativa, sobre todo si se toma como punto de análisis las modificaciones sufridas por las arquerías.

La construcción de la Mezquita de Córdoba se levantó en un año comenzó en el 785 y concluyó en el 786 u 787, a las orillas del Guadalquivir. La rapidez es posible de explicar por dos factores: primero por que Abd al Raman deseaba contar pronto con una Mezquita a acorde con su dignidad y segundo ello fue posible porque en su construcción fueron utilizados diversos elementos extraídos de construcciones preexistentes, sobre todo columnas de templos romanos y visigodos.[29] Estas últimas habían pasado a manos musulmanas luego de las victoriosas campañas emprendidas contra los cristianos.

En el plano que se presenta a continuación se evidencian los continuos ensanchamientos de la Mezquita, desde su edificación en el año 785 hasta su última ampliación en el 988. La planta de la Mezquita es un amplio rectángulo de 175 por 128 metros y fue el resultado de un proceso histórico que había comenzado en el 785.

La mezquita de Córdoba, tal como aparece al final del siglo X, fue el resultado de un proceso histórico que comenzó en 785. La primera Mezquita, cuya base se presenta de color anaranjado en el plano que se expone a continuación, se construyó con once naves de 12 divisiones cada una, esta mezquita se alargó dos veces, en el 833-48 y el 965-66, ilustrado esto último con los colores Rosado y café, respectivamente. En el 987-88, considerando la imposibilidad de seguir alargando el edificio, lo que se hizo fue ensancharlo hacia el lado este, color celeste. Un aspecto que se aprecia claramente en el plano es que todas las ampliaciones respetaron la disposición original de arcos y columnas, con lo que se confiere al edificio una unidad arquitectónica. La costumbre de ampliar las mezquita, parece haber estado bastante extendida que son bastantes los ejemplos de ensanchamientos: Kufah, Basrah y Bagdad, en Medina, Amr y al-Azhar en Egipto, y en Nayin en el Irán.[30] En todos los casos los motivos de las modificaciones es el mismo: un cambio en la densidad de población de la ciudad.

PLANO MEZQUITA DE CÓRDOBA


Ahora bien, uno de los elementos más significativos de la mezquita desde el punto de vista actual es el hecho singular de que en su interior se aloje una Catedral Cristiano-católica. Este hecho se produjo a principios del siglo XVI, cuando el cabildo de Córdoba ordenó la construcción de una catedral al interior de la Mezquita, ello en el contexto de la reconquista realizada por el cristianismo y la expulsión de las fuerzas musulmanas de la península ibérica. Se afirma que para llevar a cabo tal decisión se tuvo que contar con la venia del emperador Carlos V, el cual, no obstante, cuando conoció la obra terminada, se dice que declaró las siguientes palabras: “Si hubiera sabido lo que había, no me habría atrevido nunca a tocar el viejo edificio. ¡Habéis destruido algo único en el mundo para colocar en su lugar algo que hay en todas parte!.”[31]

En las siguientes imágenes obsérvese el resultado de esta extraña mezcla entre la arquitectura musulmana y cristiana.

IMAGEN PANORÁMICA MEZQUITA


En la siguiente imagen se presenta la perspectiva general de la planta de la Mezquita de Córdoba tras la intervención cristiana. Como se puede ver, en el centro de la mezquita fue incrustada la Catedral con sus típicas formas: una nave central exaltada por una bóveda de crucería, que deja como rastro simbólico la forma de la cruz en su planta.

IMAGEN PLANO DE LA CATEDRAL CATÓLICA QUE FUE INCORPORADA EN LA MEZQUITA EN L SIGLO XVI

 

La composición de la mezquita en su interior y fachada será analizada en el apartado siguiente. Aquí nos referiremos a las peculiaridades decorativas del interior de la mezquita. Los adornos vegetal izados abundan en la Mezquita, así como también el revestimiento de arabescos. Según señala Barrucand, la decoración vegetalizada en ningún caso pude ser considerada como un simple transplante desde oriente. En este campo España contaba con una amplia tradición romana y visigoda.[32] Los muros de la mezquita están hechos de piedra labrada de color claro, los ladrillos solo fueron utilizados en las combinaciones que se hacían en las arquerías, otorgándole su máxima característica a la mezquita, ese matiz rojizo intercalado en sus arcos.

Lo más probable, aunque aun no se ha comprobado, es que la mezquita primitiva de Córdoba, no contó con alminar, pero ello era ago usual en las mezquitas de aquella época.
Respecto de la influencia de formas sirias, trasplantadas desde oriente, no se puede negar su importancia, no obstante, la Mezquita de Córdoba cuenta con una amplia influencia de elementos visigodos y romanos. Por una parte, como se ha precisado en apartados anteriores, ello se debe en forman directa a la utilización de columnas y capiteles españoles pre-islámicos en las construcciones más lujosas y representativas de las dinastía Omeya en España. Ello evidencia claramente la admiración de ciertas formas decorativas que asumirán como herencia de la España pre-islámica.

Ampliaciones de la Mezquita

Durante el reinado de Abderramán II (821-852) la ciudad goza de paz y prosperidad, convirtiéndose en la gran ciudad que nos describen las crónicas musulmanas. En el año 833 añadió ocho tramos más a la mezquita de Abderramán I, ampliándola considerablemente hacia el sur. Las columnas, también aprovechadas y por lo general visigodas, se utilizan sin bases. Aparecen en ella los primeros capiteles árabes que se han formado a partir de un modelo corintio.[33]

Al-Hakan II (961-976) vuelve a ampliar la mezquita de sus antepasados realizando los trabajos con gran rapidez. El aumento consistió en alargar doce tramos a la sala de oración. Las arquerías repiten el modelo de Abderramán I. De ellas hay que destacar la cúpula de la antigua capilla de Villaviciosa, así como la que precede al mihrab, recubierta de rico mosaico. El lujo de la decoración se concentra en la capilla del mihrab, destacando los mosaicos artísticos. El interior del mihrab se cubre con una enorme concha de yeso de gran valor decorativo. Inscripciones en alabanza del califa fechan esta obra en 965. A pesar de que es relevante la continuación de las formas y la unidad del edificio un aspecto que debe ser destacado y que será analizado con detención en el apartado siguiente son las innovaciones de esta etapa de ampliación. Con Al-Hakam, las arquerías intercalaron disposiciones nuevas, como las capillas lucernario, aparecen los arcos entrecruzados que aseguraban la estabilidad del edificio, también en esta etapa aparece por primera vez el arco lobulado, los cuales se entramaron en complicadas combinaciones. Sobre estas soluciones entrecruzadas aparecen las cúpulas enervadas que forman polígonos estrellados, es decir, las mismas arquerías entrecruzadas se proyectan hacia la cúpula y le dan forma y sostén.

La ampliación de Al-Hakan II es la que más explotó la riqueza decorativa del Islam en España, al parecer los precedentes están en Medina al Zahara. No obstante, como esta última fue destruida, el más impresionante testimonio del arte arquitectónico del califato se encuentra en la actualidad en la mezquita mayor de Córdoba.[34] Durante el periodo de Al-Hakan II se introduce además un material nuevo, el yeso, cuyas posibilidades se iban a explotar al infinito en las construcciones españolas. El aporte bizantino en esta etapa de la ampliación es concreto y se releja en el envió de artistas por parte del emperador Niceforo Phocas, para que se encargaran del adorno de las partes más relevantes de la Mezquita, la fachada del mirhrab y ala cúpula de su capilla.[35]

La ampliación de Almanzor, llevada a cabo entre 987 y 990, fue la última y más extensa de todas, no ofreciendo ya novedades arquitectónicas al edificio. La ampliación, por causa de la proximidad del río Guadalquivir, se hizo hacia el oriente, por lo que el mihrab quedó en el futuro descentrado. Parece ser que la ampliación de Almanzor es más que nada un alarde, hecho, con miras políticas y para afirmar su poder. En efecto, como señala, Fernando Chueca, cundo Almanzor comenzó su empresa constructiva de ampliación de la mezquita, la historia del monumento como emblema de creación artística ya había terminado. Su aporte, o mas bien su ampliación solo fue una mera repetición de formas preexistentes.[36]

Hasta ahora hemos analizado aspectos generales que caracterizan la arquitectura islámica en general y la composición de la mezquita de Córdoba en particular. A continuación centraremos nuestro análisis en uno de los aspectos que nos parece más relevantes para comprender las particularidades de la Mezquita, así como también uno de los elementos que pasará a constituirse en característica de la arquitectura musulmana en España. Nos referimos al arco de herradura.

Evolución arquitectónica del arco de herradura

El arco de herradura ha pasado a constituir una de las características de la arquitectura islámica en la península ibérica, no obstante, como se demostrará en el presente apartado, sus orígenes se encuentran no en la tradición islámica, si no en la península ibérica y sus artífices fueron los visigodos.Desde el punto de vista teórico, el arco de herradura, considerado como forma arquitectónica tiene un valor decorativo dominante, producto de su peculiar prolongación más abajo del diámetro horizontal. No obstante como señala Emilio Camps, su valor constructivo no tiene nada que ver con su trazado interno, sino que es simplemente igual más o menos peraltado.[37] En todos los casos la curva reentrante de la herradura no pasa de ser un mero recorte de las dovelas o sillares bajos, sin valor constructivo.

Precedentes visigodos: la primera presentación española, al parecer, de un arco de herradura se da en la puerta de ingreso hacia el interior desde el pórtico de Santa Eulalia de Bóveda, cerca de Lugo, construcción de época bajo romana, fechada a finales del siglo III después de Cristo.

Santa Eulalia, puerta del pórtico y su trazado geométrico

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página iiiEl que tenemos aquí es un arco de herradura, cuya prolongación es ¼ del radio.

La arquitectura hispano-visigoda tienen el arco de herradura como elemento favorito. Y su uso se reduce a un aspecto decorativo, no constructivo. “A esta idea de fragilidad responde el que cuanto más grandes y constructivos son los arcos, menor es su prolongación en herradura y más se acercan al de medio punto, mientras que se trata de arcos pequeños o decorativos, la herradura se prolonga por bajo del diámetro horizontal en más de la proporción típica de un tercio del radio”.[38]

Otro ejemplo de arco visigodo lo tenemos en la Iglesia de San Juan de Baños.

Iglesia de San Juan de Baños en Cerrato

Esta Iglesia se encuentra ubicada en Cerrato, cerca de la estación de Venta de Baños, en la Provincia de Palencia. Es el ejemplo más seguro de la arquitectura hispano-visigoda, debido a que en ella se conserva la inscripción dedicatoria del monarca Recesvinto, que la fecha en el año 661.[39] Como se puede apreciar en la imagen, en la puerta de entrada y en su parte superior se encuentran presentes en forma clara los arcos de herradura, los cuales se hacen aun más nítidos en su interior.

Desde el punto de vista constructivo, y según nos señala Emilio Camps, los arcos de herradura presentes en esta Iglesia, prolongan su curva de intradós (parte interna del arco), en 1/3 de su radio. La relevancia de este hecho radica en que en los primitivos arcos de herradura presentes en la Mezquita de Córdoba, repite exactamente el modelo visigodo.[40]

Interior de la Iglesia San Juan de Baños

En: http://www.arteguías.com/

Trazado esquemático de los arcos de herradura de la Iglesia San Juan de Baños

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página v

 

Arquerías primitivas de la mezquita de Córdoba

Como se ha dicho, los antecedentes inmediatos de los arcos de herradura presentes en la Mezquita de Córdoba se encuentran en la arquitectura hispano-visigoda. Por ello, si bien la herradura, como elemento arquitectónico pasó a constituirse en una característica de la arquitectura musulmana en España, nunca ha de olvidarse que no es un elemento creado en el seno del Islam, ni algo trasplantado desde el oriente.No obstante lo anterior, la originalidad con que la arquitectura islámica dotó al arco de herradura, no radica e su invención, sino en su modo de utilización. Por todo el recinto de la Mezquita de Córdoba proliferan los arcos de herradura, pero estos no sostienen nada, es decir ningún muro descansa sobre ellos. Hasta ese momento, siempre el arco había sido concebido en función del muro que sostenía. “Ni en los grandes arcos de triunfo romanos, ni en los acueductos en que los arcos se tendían entre pilares, se habían dejado su trasdós, parte externa del arco, al aire”.[41] Obsérvense las siguientes fotografías que nos revelan el interior de la mezquita desde distintas perspectivas, destacan esencialmente la composición de las arquerías y su peculiaridad de sobreposición de arcos de medio punto sobre arcos de herradura.


Obsérvese ahora la estructura esquemática del trazado del sistema compositivo de los arcos de la Mezquita de Córdoba.

Mezquita de Córdoba. Trazado geométrico de las arquerías primitivas

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página xiii

En este esquema se aprecia claramente la sobreposición de dos tipos de arcos: medio punto y herradura. El primero de los cuales se encuentra ubicado en la parte superior y su característica principal es que su punto de apoyo corta exactamente la circunferencia interior por la mitad. El arco inferior, en cambio, proyecta su prolongación inferior en 1/3 del radio por debajo del diámetro horizontal.Según las apreciaciones de Emilio Camps, al momento en que el arco adquirió existencia independiente del muro, se abrió las puertas para las futuras evoluciones que experimentaría el arco en la arquitectura califal cordobesa.[42] Desde esta perspectiva, si bien el arco de herradura utilizado en la parte primitiva de la mezquita de Córdoba no denota mayores innovaciones respecto de los arcos de herradura utilizado por la arquitectura hispano-visigoda, si manifiesta un amplio alcance innovador al hacer uso por primera vez de un arco cuya función básica dejaba de ser el sostén de un muro.

Los arcos de herradura en la Mezquita de Córdoba, si bien no cumplen una simple función decorativa, tampoco son parte fundamental de la estructura general, ya que su función se remite a ser un elemento de entibo (puntal, viga), mientras que los arcos constructivos propiamente tales son los semicirculares que van en lo alto. En las imágenes precedentes se evidencia claramente la diferencia entre estos dos tipos de arcos. Los superiores son arcos de medio punto, es decir, su base la constituye su radio. Mientras que los arcos inferiores, prolongan su curva por debajo del radio, en una proporción de 1/3, cuestión que recuerda la semejanza con los arcos visigodos. Respecto a esto último, Emilio Camps señala que la persistencia de caracteres constructivos desde lo hispano visigodo no debe ser una sorpresa, ya que la rapidez con que se hizo la parte primitiva de la Mezquita llevaron, por una parte, al empleo abundante de material preexistente, así como también e mano de obra e incluso tracistas peninsulares.[43]

Ahora bien, en las 5 fotografías anteriores, así como en el esquema explicativo, es posible evidenciar la peculiaridad de la construcción interna de la mezquita. La doble arquería que la constituye, fue la solución a un problema que tenía que ver con la altura. Los españoles carecían de una cantidad de grandes columnas que les permitieran sostener un edificio como el que pretendían proyectar. Los pequeños soportes que encontraron en la España visigoda no satisfacían estos planteamientos y no se ajustaban al enorme espacio de la mezquita. Era necesario encontrar la manera de elevar el edificio. Esta búsqueda condujo al sistema de arcos dobles.[44] La composición misma de arcos dobles, no puede ser considerada como original ya que existía previamente en Damasco el ejemplo de arcos sobrepuestos, pero la naturaleza de estos últimos es muy distinta. Obsérvese la siguiente fotografía y nótese que las arcadas superiores más bien parecen constituir un muro con aperturas en forma de arcos. Además, el efecto visual es que el sistema de arcos inferiores produce una base plana sobre el cual se sostienen los arcos superiores que están de orden 2 es a 1.

Damasco. Interior de la mezquita Omeya

Fuente: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981. Página 117

Nacimiento del arco califal

La llamada “Puerta de San Estaban”, primitiva fachada de la Mezquita Cordobesa, construida en tiempos de Abd al-Rahman ofrece los más antiguos restos de decoración arquitectónica musulmana en España. A pesar de la disputa mantenida entre los arqueólogos acerca de la data real de la puerta, al parecer coinciden en señalar que el arco superior se remonta como mínimo al año 855 de la era cristiana.[45] Según los autores consultados, entre ellos, Fernando Chueca y Emilio Camps, esta puerta marca el paso entre las primitivas formas del arco de herradura, conectadas en forma directa y evidente con las formas hsipanovisigodas, y las formas califales del arco de herradura. “Es el primer arco de herradura musulmán plenamente codificado que ha llegado hasta nosotros”.[46]

Mezquita de Córdoba, Puerta de San Esteban

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

Las características del arco de herradura presentas en esta puerta marcan las bases de los futuros arcos de herradura utilizados por los musulmanes en España.La prolongación de la parte interior del arco, es decir su intrados, llega hasta la mitad del radio por debajo del diámetro horizontal, con lo cual, la curva se circunscribe a un triangulo equilátero.

Arcos de lóbulos en la Mezquita de Córdoba

Mezquita de Córdoba, Sala de oración. Siglo IX

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

El origen del arco de lóbulos al parecer se encuentra en oriente y concretamente en Mesopotamia. En España aparece por primera vez en Medina Azzahra y luego en las ampliaciones de la Mezquita de Córdoba por Al-Hakam II.[47]Los primeros arcos lobulados se tratan de arcos pequeños de tres lóbulos, cuyo eje central es un triángulo equilátero y donde el lóbulo central tiene mayor desarrollo que los otros, todos ellos enmarcados sobre un arco de herradura. Según indica Emilio Camps, al parecer estos tipos de arcos aparecieron por primera vez en la península en Medina Azzahra.[48] En la Mezquita encontramos varios ejemplos de estos arcos, la imagen inferior corresponde a la parte superior del Mihrab, datada en el siglo X.

En la imagen adjunta encontramos un pleno desarrollo del arco lobulado en la Mezquita de Córdoba. En ésta los caracteres esenciales son los siguientes: enmarcado sobre un gran arco de herradura, se ubican 11 lóbulos, de los cuales el central se ensancha levemente sobre respecto de los demás.

Arcos cruzados en la Mezquita de Córdoba

Los arcos cruzados y las bóvedas sobre los arcos son la más legítima muestra de la gloria de la arquitectura califal cordobesa: su principal valor es la originalidad.[49] En los arcos cruzados, según señala Emilio Camps, se proyectan todas las posibles innovaciones que podían derivarse del hecho de haber separado del muro la existencia de los arcos, entendidos a partir de la primera etapa de construcción de la Mezquita de Córdoba, como entidades independientes, con un valor no meramente contractivo.

Una peculiaridad de los arcos cruzados es que le otorgan un ritmo especial a la composición, ya que los ejes laterales de los arcos, pasivos, se transforman en ejes activos en la totalidad del conjunto arquitectónico. En la actualidad la Mezquita preserva 4 tipos de arcos cruzados, al parecer existió un quinto modelo de arco cruzado, pero las reformas realizadas para construir la Catedral Católica en el siglo XV, la sacó del mapa constructivo.

Mezquita de Córdoba, Tramo de arcos cruzados delante del mihrab

Fuente: http://www.legadoandalusi.com/

 

Mezquita de Córdoba.

Traza geométrica del tramo de arcos cruzados delante del mirhab.

Fuente: Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953. Página LXIX

En la estructura de arcos cruzados que se muestra en la fotografía encontramos los siguientes elementos: en la parte superior tres arcos de herradura; bajo ellos se entrecruzan dos arcos de lóbulos que a su vez se proyectan hacia los costados, dando la impresión de continuidad.Esta arquería que se ubica frente al mirhrab y en el costado norte de la llamada Capilla de San Pedro, sostiene la nave central de la Mezquita.

A simple vista lo que se observa desde abajo hacia arriba son tres arcos de herradura con tres lóbulos, de los cuales el central es notoriamente más grande. Sobre éstos lo que se evidencia es un entramado de lóbulos que adquieren casi un sentido horizontal. Entre este último elemento horizontal y los tres arcos inferiores se observan pequeños huecos que separan los lóbulos de la columna. Finalmente en la parte superior se ubican tres arcos de herradura simples, de los cuales la parte superior de su espacio interno se encuentra despejado, mientras que la parte inferior se cubre con la masa de lóbulos horizontales.

Desde el punto de vista estético, las características explicadas y evidenciadas en la imagen hacen afirmar a arquitectos y críticos del arte que esta arquería cruzada es “desgraciada, por la no identificación de las dos ramas del arco en su cruce en el lóbulo central, con lo que este resulta doble y deformado. Esto último es lo que produce la impresión de un gran bloque central, con predominio de masas casi horizontales”[50]

Mezquita de Córdoba, Arcos cruzados en el arranque de las arquerías colaterales y perpendiculares a la fachada del mirhrab

Fuente: http://www.arteguías.com/

Segundo tipo de arcos cruzados en la Mezquita. Arcos cruzados en el arranque de las arquerías colaterales y perpendiculares a la fachada del mirhrab. Estos arcos cruzados de la Mezquita utilizan el mismo trazado anterior, pero ahora el lóbulo doble del centro, ya no existe, el problema ha sido solucionado, lo cual evidentemente indica una evolución respecto del anterior. Los cambios en la composición, le otorgan individualidad a cada una de las ramas de los arcos, con ello se produce una impresión armónica que le da claridad tanto a los arcos lobulados como a los arcos superiores de herradura.Para una mayor claridad, exponemos a continuación las dos imágenes al unísono con el fin de que se perciban tanto las semejanzas como las diferencias entre ambas composiciones de arcos cruzados.

Como se observa, en los arcos cruzados de la imagen inferior, lo que se ha conseguido es liminar el efecto distorsionador del doble lóbulo central de los arcos. Con ello desaparece la impresión de masa continua de lóbulos en medio de la composición.

Lo que se hizo fue incorporara medio lóbulo en la parte superior del arco inferir, con el fin de que este medio lóbulo se transforme en el lóbulo de arranque de los arcos laterales. De este modo se hacen crecer los espacios vacíos entre las columnas y los lóbulos exteriores de los arcos, generando una impresión más estilizada del conjunto.

Conclusión

La fuerza expansiva del Islam, que llevó a la nueva religión, nacida en el corazón de la Arabia a principios del siglo VII, a ocupar amplias zonas del mediterráneo y de Asia, en menos de un siglo, condujo a los musulmanes hasta el extremo más occidental de Europa: la península ibérica. A los apetitos expansivos de los pueblos recién convertidos al Islam, se sumaron una serie de problemas intestinos de la península ibérica, que le hacían propensa a caer fácilmente ante una arremetida musulmana. Esto último fue efectivamente lo que sucedió. Un reino visigodo acorralado con intrigas internas producidas por los conflictos generados en la nobleza que aspiraba a hacerse con el trono de la monarquía, facilitó la empresa de conquista a los musulmanes, que ya estaban a principios del siglo VIII, instalados en las costas africanas frente a España.

Como fue explicado en el primer apartado del trabajo, la historia musulmana en la península ibérica abarca un período de tiempo muy definido que va desde el 711 al 1492. durante esta etapa, el mundo islámico y el cristiano se vieron obligados a enfrentarse y a convivir, continuas campañas bélicas mantuvieron en movimiento las fronteras que dividían a cristianos y musulmanes. El territorio ocupado por estos últimos en España adquirió el nombre de Al-Andalus, cuyo significado, aunque discutido, al parecer deriva de la arabización de la designación que los visigodos daban a esas tierras: “Landahlauts” (Tierra de sorteo). No obstante, desde le punto de vista geográfico y administrativo el territorio del Al-Andalus, hoy en día correspondería a la región sureste de España, que comprende las provincias de Almérida, Málaga, Cadiz, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Originalmente Al Andalus comprendía la totalidad de la España islámica, que entre los siglos VIII y X ocupaba la mayor parte de la Península Ibérica.

Luego de analizar el aspecto geográfico de la expansión islámica, fue preciso conocer algunos de los elementos constitutivos de la nueva religión, entre los cuales destacan:

1. La profesión de fe: “Solo Dios es Dios y Mahoma es su profeta”
2. Oración cinco veces al día; oración comunitaria una vez a la semana.
3. El impuesto religioso
4. Observación del mes de ayuno
5. Peregrinaje a la Meca una vez en la vida

A estos elementos, sumamos la importancia de la Mezquita como elemento arquitectónico característico del mundo musulmán. El reducido número de preceptos religiosos establecidos por el Islam y la evolución arquitectónica del lugar destinado a la oración comunitaria, tienen una relación directa, ya que como fue analizado en el tercer apartado del trabajo, el origen y surgimiento de un modelo de mezquita musulmana, obedece a la necesidad de concretizar dichos preceptos, y por ello la Mequita no responde a un canon estructuralmente establecido, sino que es producto de la evolución histórica del Islam.

Del análisis de la Mezquita como elemento arquitectónico característico del Islam, obtuvimos que sus principales características son las siguientes:

Es un edificio hipóstilo, es decir, sostenido en su interior por columnas. La mezquita hipóstila se convirtió en un tipo arquitectónico que tendió a repetirse en todo el mundo musulmán. Sus cualidades respondía a las demandas básicas de la oración comunitaria, facilitando futuros ensanchamientos de ser estos requeridos por el crecimiento poblacional. El prototipo original de tal edificio tal vez haya sido la casa del profeta, pero eso aun solo es una hipótesis, lo cierto es que cánones establecidos para la construcción de mezquitas no existen en el mundo islámico primitivo. El único requisito evidente que demandaba la religión musulmana al lugar de oración era que fuera un gran espacio capaz de albergar a la comunidad. Las demás características se fueron añadiendo como producto de necesidades y demandas históricas o bien por necesidad de ir dando forma arquitectónica a un conjunto de tradiciones, pero ninguna de las demás características cuenta con la característica de “esencial”.

Entre éstas características, que se repiten en gran parte de las mezquitas se encuentran las siguientes:

1. Minbar. Era el lugar o púlpito oficial.
2. Minarete. Finalidad oficial era llamar a los fieles a la oración y sus forma era una alta torre unida directamente a la mezquita. Los primitivos minaretes eran cuadrados, pero luego aparecieron los minaretes en espiral. En los tiempos más primitivos la llamada a la oración se hacía desde el techo del edificio, luego adquirió forma arquitectónica y se trasformo en una torre.
3. Mihrab. Consiste en un nicho, habitualmente cóncavo y profusamente decorado, que se encuentra en la pared de la mezquita que está orientada hacia la Meca. (en Córdba el mihrab lo constituye toda una habitación). La explicación genérica dice que la razón de ser del mihrab es ordenar hacia la Meca. No obstante debido a razones tales como que este elemento arquitectónico no es visible desde gran parte del interior de la mezquita, no puede ser esa su misión. Al parecer conmemora la presencia del Profeta Mahoma, ya que en ese lugar se ubicaba para dirigirse a los fieles.
4. Maqsurah. Espacio reservado al príncipe cerca del Mihrab, pero no constituyen característica tipológica ya que solo están presentes en Damasco y Córdoba.
5. Bayt al-mal. Elemento cubierto por una cúpula situado en el patio. Tampoco se convirtió en tipología de las mezquitas, pero donde existe, se interpreta como la casa del tesoro de la primitiva comunidad musulmana
6. Muro de la quiblah. Indica la orientación de la meca, lugar hacia donde debían mirar.

Finalmente, Respecto de la decoración interna de las mezquitas, esta no denota carácter original. La mayor parte de las veces se dio nueva lectura a técnicas preexistentes, por ejemplo los mosaicos, tan característicos del mundo bizantino. Lo que predominó no fue la innovación sino la relectura de formas existentes. “La única verdadera novedad del período islámico primitivo fue la lenta aparición de la caligrafía como vehículo para la estética y significado de los símbolos”. [51]

Así pues, luego de obtener una panorámica general del significado de la Mezquita, nos adentramos en el análisis de la Mezquita de Córdoba, entendida esta última como una de las obras maestras de la presencia islámica en la península ibérica. A partir de su historia evolutiva, pudimos conocer sus principales características, muchas de las cuales son muestra de la evolución del arte islámico en toda la región del Al-Andalus. No obstante, también hicimos notar las particularidades que son propias de la Mezquita y que no encontraron proyecciones en otras edificaciones.

El principal elemento en el cual fue centrada nuestra atención fue la relevancia del arco de herradura como elemento arquitectónico singular de la arquitectura musulmana en España y las peculiares soluciones e innovaciones que tuvieron su origen en las sucesivas ampliaciones de la Mezquita. Así pues comprobamos que el arte arquitectónico musulmán en España, no significa bajo ningún punto de vista un mero traslado del mundo oriental arábigo a tierras occidentales. Las características esenciales de la religiosidad musulmana impregnan todas las obras andaluzas, pero ello no significa que las creaciones hispano-musulmanas sean meras repeticiones de modelos preexistentes en oriente.

En el caso emblemático del arco de herradura, pudimos comprobar que éste es de origen peninsular, específicamente visigodo, ya que los vestigios arquitectónicos de esa época así lo corroboran. Lo que hicieron los musulmanes fue recoger este elemento y dotarlo de peculiaridades singulares, tales como la magnifica solución encontrada para elevar el techo de la Mezquita aun sabiendo que las columnas con las que contaban eran de muy escasa altura. Lo que hicieron fue generar un sistema de doble arcada, de las cuales la inferior retoma el antiguo arco de herradura visigodo, mientras que el superior es diseñado como arco de medio punto. El aporte musulmán aquí es notable, ya que por primera vez el arco queda al descubierto, es decir, en su parte superior no sostiene ningún muro. Como vimos, este hecho puede tener también sus precedentes en la Mezquita de Damasco, pero las diferencias son muchas para restarle originalidad a la Mezquita de Córdoba. El ejemplo de Damasco no deja el arco descubierto, sino que genera un pequeño soporte horizontal sobre el que se sitúa el sistema de arcadas superiores, las cuales más se parecen a un muro entreabierto que aun conjunto de arcadas sobrepuestas.

Ahora bien, la evolución experimentada por el sistema de arcadas de la mezquita a lo largo de sus sucesivas ampliaciones es notable, alcanzando cada vez mayores grados de complejidades. Se crea, por ejemplo, las arcadas lobuladas, que luego pasan a ser arcadas lobuladas entrecruzadas, las cuales evidencian también una evolución estilística notable. Las primeras arcadas entrecruzadas lobuladas tenían la apariencia de masas confusas, poco estilizadas y complicadas de poco sentido estético. Luego estas arcadas evolucionaron y alcanzaron un alto grado de armonía estética, eliminando la sobrecarga de masa lobulada, y logrando hacer coincidir los múltiples lóbulos entrecruzados en lóbulos concéntricos que permitían despejar los espacios interiores de los arcos de herradura donde se enmarcaba toda la composición. (todos estos elementos están claramente esquematizados e ilustrados en el último apartado del trabajo)

Los aportes recogidos de las culturas pre-islámicas occidentales son múltiples y se reflejan en aspectos tales como la utilización de materiales de construcción cristianos y romanos, sobre todo columnas y capiteles extraído de edificios peninsulares. Por otra parte también se encuentra el hecho que concretamente participaran en la construcción y decoración del edificio personas y especialistas enviados desde Bizancio. Con ello se puede afirmar que los elementos preexistentes son recogidos por el mundo musulmán y le otorgan una nueva lectura y una nueva significación. Solo en aquellos casos donde los elementos vayan directamente en contra de su religiosidad, los aportes extra-musulmanes fueron rechazados. Esto último por ejemplo se evidencia en la reticencia de los musulmanes primitivos a incorporar signos y símbolos visibles como elementos institucionalmente establecidos en la composición de sus construcciones religiosas. En efecto, como fue analizado el tema de la Mezquita en el mundo musulmán, ésta no obedeció nunca a cánones estrictos previamente preconcebidos desde un poder central. Si en la práctica se generalizó la composición de la mezquita y sus elementos característicos, esto obedeció más bien a un desarrollo histórico y al interés de las dinastías reinantes por la proliferación de edificios dignos para realizar los actos piadosos obligatorios.

Bibliografía

Chueca, Fernando, Historia de la arquitectura occidental, editorial Dossat, Madrid 1979.

Camps, Emilio, Módulo, proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953.

Barrucand Marianne, Arquitectura Islámica en Andalucía, Editorial Taschen, Italia 1992.

Hattstein, Markus, El Islam: el arte y arquitectura, Editorial Konemann, Barcelona 2000.

Hoag, John D., Arquitectura islámica, Editorial Aguilar, Madrid 1976.Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981.

NOTAS
[1] Barrucand Marianne, Arquitectura Islámica en Andalucía, Editorial Taschen, Italia 1992. Página 22-23
[2] Ibidem, Página 23
[3] Ibidem, Página 25
[4] Ibidem, Página 21
[5] Hattstein, Markus, El Islam: el arte y arquitectura, Editorial Konemann, Barcelona 2000. Página 208
[6] Ver: Grabar, Oleg, La Formación del arte Islámico, Editorial Cátedra, Madrid 1981.
[7] Desde el punto de vista geográfico y administrativo, el nombre de Andalucía designa en la actualidad la región suroeste de España, que comprende las provincias de Almérida, Málaga, Cadiz, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Originalmente Al Andalus comprendía la totalidad de la España islámica, que entre los siglos VIII y X ocupaba la mayor parte de la Península Ibérica. El origen del nombre Al Andalus fue hasta hace poco un misterios. Apareció por primera vez cinco años después de la conquista islámica en una moneda bilingüe con la inscripción latinia “Span_(nia)” y la árabe “Al Andalus”. Heinz Halm ha demostrado recientemente que “Al Andalus” es simplemente una arabización del nombre visigodo de la antigua provincia romana Bética: los visigodos dominaron esas tierras desde 468 hasta 711 antes de la conquista islámica. Se repartieron las tierras por sorteo. Los premios y las tierras se denominaban “Sortes Gothica” (El reino godo en su conjunto). Resulta posible suponer que la correspondiente designación goda “Landahlauts” (Tierra de sorteo) se transformó en AL-ANDALUS, con ello queda aclarada también la incorporación del artículo árabe “Al”. En: Barrucand Marianne, Ob. Cit., Página 11 -13
[8] Barrucand Marianne, Ob. Cit., Página 11
[9] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 209
[10] Chueca, Fernando, Historia de la arquitectura occidental, Editorial Dossat, Madrid 1979. Página 293
[11] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 111
[12] Ibidem, Página 112
[13] Ibidem, Página 115
[14] Ibidem, Página 116
[15] Ibidem, Página 122-150
[16] Ibidem, Página 124
[17] Ibidem, Página 128
[18] Ibidem, 137
[19] Ibidem, Página 139
[20] Ibidem, Página 143
[21] Ibidem, Página 146
[22] Ibidem, Página 147-148
[23] Ibidem, Página 149
[24] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 218
[25] Camps, Emilio, Módulo, Proporciones y composición en la arquitectura califal cordobesa, Editorial Instituto Diego Velásquez, Madrid 1953.
[26] Barrucand Marianne, Ob.Cit., Página 40
[27] Ibidem, Página 39
[28] Idem
[29] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 22
[30] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 122
[31] Hattstein, Markus, Ob. Cit., Página 222

[32] Barrucand Marianne, Ob.Cit., Página 44
[33] Ibidem, Página 45
[34] Ibidem, Página 70

[35] Chueca, Fernaando, Ob. Cit., Página 311
[36] Idem
[37] Camps, Emilio, Ob. Cit., Página 19
[38] Ibidem, Página 21
[39] Ibidem, Página 62
[40] Iibidem, Página 63
[41] Ibidem, Página 23
[42] Ibidem, Página 24
[43] Ibidem, Página 24
[44] Grabar, Oleg, Ob. Cit., Página 142
[45] Chueca, Fernando, Ob. Cit., Página 28
[46] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 28
[47] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 39; Chueca, Fernando, Ob. Cit., Página 307.
[48] Camps, Emilio, Ob. Cit. Página 40
[49] Ibidem, Página 47
[50] Ibidem, Página 51
[51] Ibidem, Página 149

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. Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende
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Ana Henríquez Orrego

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¿GUERRA DE COREA?. 1950-1953


gf

Temario:

  1. Todo sobre Guerra Fría.
  2. Antecedentes históricos del conflicto de Corea.
  3. Documentos soviéticos y occidentales sobre la Guerra de Corea.

A CONTINUACIÓN ENCONTRARÁS 3 DOCUMENTOS QUE DESCRIBEN Y ANALIZAN LA GUERRA DE COREA DESDE LA PERSPECTIVA SOVIÉTICA Y OCCIDENTAL.

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NIÑOS REFUGIADOS EN LA GUERRA DE COREA
  • DOCUMENTO 1: El inicio de la Guerra de Corea. La interpretación Soviética. Libro: Historia de la Política Exterior de la URSS, Moscú 1974. (Varios autores).
  • DOCUMENTO 2: Henry Kissinger explica la Guerra de Corea. Libro: Kissinger Henry, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000. páginas 459-485.
  • DOCUMENTO 3: Rafael Aracil explica la Guerra de Corea. Libro: Rafael Aracil, El Mundo Actual de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Publicaciones de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 1998. Página 116-119.

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DOCUMENTO 1: El inicio de la Guerra de Corea. La interpretación Soviética

La derrota del Japón imperialista (en la Segunda Guerra Mundial), la entrada del Ejército Soviético en el Noroeste de China y su llegada a las fronteras de Corea facilitaron la heroica lucha del pueblo coreano por la independencia nacional, que venía librando desde hacía varios decenios. Se abrieron perspectivas para llevar a cabo transformaciones sociales apremiantes en ese país. Sin embargo, los círculos gobernantes de los EE.UU. se apresuraron a ocupar el lugar del militarismo nipón derrotado, asentando sus reales en Corea del Sur.
La política exterior de los Estados Unidos en Asía tenía por objeto entorpecer, mediante una agresión abierta, el desarrollo de la lucha de liberación nacional y resguardar las posiciones del capitalismo en esa importante región (…) La República Democrática Popular de Corea (RDPC) surgió como fruto de la victoria del pueblo coreano en la lucha por la independencia y el desarrollo democrático de su país (…)
A fines de 1948 el Gobierno soviético retiró sus tropas de Corea, demostrando su fidelidad a los principios de reconocimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación y de respeto a la soberanía. Pero las autoridades norteamericanas se negaron a acatar la voluntad de la Asamblea Nacional Suprema de Corea, que les pidió retirar sus tropas de Corea del Sur (…)
El gobierno reaccionario de Singman Rhee (líder de Corea del Sur), empezó a preparar la agresión a la RDPC, desde su llegada al poder. El 24 de agosto de 1948 se concertó entre los EE.UU. y Corea del Sur un acuerdo militar secreto sobre la formación de un ejército surcoreano bajo el control de la misión militar norteamericana (…)
Durante los preparativos de la agresión, los EE.UU. y sus agentes surcoreanos se esforzaron por crear un ambiente de tirantez en las relaciones con la RDPC. No pasaba un día sin que la camarilla militar de Corea del Sur provocara choques en la zona del paralelo 38. Desde 1949 hasta abril de 1950, sus tropas y policía efectuaron 1.274 incursiones al territorio de la RDPC (…)
El 25 de junio de 1950, las tropas de Corea del Sur, en cumplimiento de los designios norteamericanos agredieron a la República Democrática Popular de Corea, desencadenando una guerra civil, y lograron penetrar en varios lugares en su territorio. Para rechazar la agresión y garantizar la seguridad de la República, el Gobierno de la RDPC ordenó a sus tropas pasar a la contraofensiva, repeler al enemigo y perseguirlo en el territorio de Corea del Sur. (…)
La diplomacia de los EE.UU. se las ingenió para encubrir su intervención armada, dirigida contra Corea del Norte, con la bandera de la Organización de Naciones Unidas, aprovechando la situación creada en el Consejo de Seguridad (…)
El 4 de julio de 1950, el Gobierno de la URSS publicó una declaración a propósito de la intervención armada de los EE.UU. en Corea, en la que aducían hechos irrefutables de que las autoridades norteamericanas habían preparado de antemano el ataque a la RDPC, y se demandaba el carácter ilegal de la resolución del Consejo de Seguridad (…) El Gobierno soviético hacía énfasis en que «el Gobierno de los Estados Unidos de América ha cometido un acto hostil contra la paz y carga con la responsabilidad por las consecuencias de la agresión armada». La URSS se pronunció por el cese incondicional de la intervención militar norteamericana y la retirada inmediata de las fuerzas armadas extranjeras en Corea.
Libro: Historia de la Política Exterior de la URSS, Moscú 1974. (Varios autores).

DOCUMENTO 2: Henry Kissinger explica la Guerra de Corea
El 25 de junio de 1950 Estados Unidos se encuentra ante la ambigüedad. Una agresión de un sustituto de los comunistas a un país que Washington había declarado fuera de sus perímetros de defensa y del cual se había retirado el año anterior. Declaraciones oficiales habían puesto a Corea fuera del perímetro de defensa y los comunistas de Moscú y Pyongyyan (Capital de Corea del Norte), así lo habían creído.
Obviamente no habían comprendido que las repetidas declaraciones norteamericanas que proclamaban la resistencia a la agresión comunista como un deber moral tenía mucho más peso entre los políticos norteamericanos que ningún análisis estratégico.
De este modo la guerra de Corea surgió de un doble equívoco. Los comunistas, analizando la región por un interés para los Estados Unidos, no creyeron probablemente que estos resistieran en la extremidad de una península cuando ya habían cedido la mayor parte del Asia continental (China), mientras que los Estados Unidos, percibiendo el desafío como cuestión de principios, se preocuparon menos por la importancia geopolítica de Corea, que los dirigentes norteamericanos habían negado públicamente, que por lo simbólico de tolerar que una agresión comunista no encontrara ninguna oposición.
Estados Unidos se encontraba en un país remoto en que habían declarado no tener ningún interés estratégico… su interés principal era demostrar que toda agresión sería castigada.
Los Estados Unidos suponían que se enfrentaban a una conspiración comunista gobernada desde Moscú… pero la realidad era distinta. Stalin consistió en el ataque norcoreano después que Kun II Sung (líder comunista de Corea del Norte), le aseguró que significaría poco riesgo de guerra… la guerra de Corea no fue un artificio del kremlin para atraer a Estados Unidos a Asia y poder entonces atacar a Europa…
Dada la disparidad de fuerzas nucleares, Stalin tenía mucho más que perder en una guerra general que los Estados Unidos… era muy improbable que Stalin se arriesgara una guerra por Corea.
Pero Stalin no buscaba la Tercera Guerra Mundial. Si hubiese buscado un enfrentamiento, en Europa tenía suficientes pretextos. No es de sorprender que en ningún momento de la guerra amenazara con intervenir o emprender acción militar.
Además, dada la capacidad nuclear de Estados Unidos, era la Unión Soviética la que tenía todo que perder en una guerra general. Pero los analistas de Estados Unidos creyeron lo contrario…
El mundo armonioso postulado por el pensamiento norteamericano de tiempos de guerra se había transformado en dos bandos armados, cada uno motivado por temores infundados. Los gobernantes norteamericanos creyeron ver en la Guerra de Corea una estrategia soviética para atraer a los Estaos Unidos a distantes conflictos en Asia y facilitar así un ataque soviético a la posición aliada en Europa.
… Al mismo tiempo, Stalin no interpretó la concentración de fuerzas occidentales como una medida defensiva, que en realidad era, sino como un pretexto para el choque que el siempre había previsto y que con tanto empeño trató de evitar. Ambos bandos estaban preparándose, en realidad, para lo que ninguno quería: un desafío directo y total.
Stalin retrocedió siempre ante la posibilidad de un conflicto militar con los Estados Unidos.
Libro: Kissinger Henry, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000. páginas 459-485

DOCUMENTO 3: Rafael Aracil explica la Guerra de Corea.

Corea conforme a las decisiones de Postdam (última conferencia interaliada de la Segunda Guerra Mundial) fue ocupada al norte del paralelo 38º por los soviéticos y al sur por los norteamericanos, pero su futuro quedó en suspenso.
La Guerra Fría también se extendió a Asia…
El enfrenamiento se registró en Corea. En 1950 Corea, antigua posesión japonesa, aun se mantenía dividida en dos. Corea del Norte era próxima a la URSS y Corea del Sur a los Estados Unidos. Kim Il Sung, líder de Corea del Norte, quería unificar el país absorbiendo a Corea del Sur. Consideraba improbable que los Estados Unidos tomaran por esta pequeña península los riesgos que rechazaron para mantener la inmensa China (que el 1º de octubre e 1949 había sido proclamada República Popular). En junio de 1950, la ofensiva del ejército norcoreano derrotó con facilidad a las tropas surcoreanas. Sin embargo la respuesta de los Estados Unidos fue rápida. Consiguió que la ONU condenara la agresión y decidiera, conforme a los principios de su carta, acudir en ayuda de un país agredido. La Unión Soviética no pudo ejercer su derecho de veto, ya que boicoteaba esta organización como protesta por el rechazo de la mayoría de la asamblea al reconocimiento de la China Comunista y por no confiar a ésta el sitio reservado a China en el Consejo de Seguridad. De este modo la ONU pudo mandar tropas a rechazar a los invasores.
… La URSS se abstuvo de participar directamente en el conflicto. Mao (líder de la China Comunista), decidió enviar más de 500.000 voluntarios a Corea. Las tropas norteamericanas tuvieron que retroceder, estabilizándose el frente a partir de noviembre de 1951, cerca del paralelo 38º, el límite de la frontera entre el norte y el Sur. El conflicto duró tres años. El general MacArthur, a cargo de las tropas norteamericanas, propuso bombardear China, incluso con la bomba atómica. Sin embargo se impuso la estrategia de la contención. Después de interminables negociaciones, en julio de 1953, se firmó el armisticio, que consagraba el retorno a status quo de 1950. “Cerca de cinco millones de personas murieron para nada”.

Libro: Rafael Aracil, El Mundo Actual de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Publicaciones de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 1998. Página 116-119.

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Extractos recopilados en el contexto de la tesis «Propuesta didàctica para la enseñanza de la Guerra Fría», PUCV, 2005.  Para optar al grado de Licenciada en Educación y Profesora de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Ana Henrìquez Orrego. Guiada por Nelson Vàsquez Lara y Armando Barrìa Slako.

 

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GUERRA FRIA: 8 DEFINICIONES DEL CONCEPTO


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AQUÍ ENCONTRARÁS 8 DEFINICIONES DE LA GUERRA FRÍA Y UNA CARACTERIZACIÓN GENERAL

Documento Nº 1
“La Guerra Fría es la forma procedente del agresivo comunismo mundial, de la confrontación político-espiritual y psicológico-propagandística con el mundo no-comunista. En la Guerra Fría, el comunismo mundial quiere, en primer lugar, dominar la conciencia de las masas. Por tanto, el mismo trata de que su influencia penetre en todos los ámbitos vitales de la sociedad en los Estados no-comunistas. La meta suprema de la guerra fría radica en el completo dominio, descubierto u oculto, del mundo no comunista. A tal efecto se utilizan preferentemente medios no-militares. No obstante, de vez en cuando también puede recurrirse a medios militares. Los éxitos comunistas en la Guerra Fría pueden conducir a situaciones revolucionarias”
Fuente: Manual de Temas Militares de la República Federal Alemana, Alemania Federal, 1963. (En: Pereira Castañeda, Juan, Ob. Cit., Página 13)

Documento Nº 2
“La Guerra Fría constituye un rumbo político agresivo que tomaron los círculos reaccionarios de las potencias imperialistas, bajo la dirección de Estados Unidos e Inglaterra, a raíz de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945 (…) La Guerra Fría esta orientada a no permitir la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes sistemas sociales, a agudizar la tensión internacional y a crear las condiciones para el desencadenamiento de una nueva guerra mundial (…) En la práctica la política de Guerra Fría se ha hecho patente en la creación de bloques político-militares agresivos, en la carrera de armamentos, en el establecimiento de bases militares en el territorio de otros Estados, en la histeria de la guerra, en la intimidación de los pueblos amantes de la paz (…), en la desorganización de las relaciones económicas pacíficas, en los intentos de sustituir por la violencia y la dictadura las normas generalmente reconocidas de las relaciones diplomáticas entre los Estados”.
Fuente: Gran Enciclopedia Soviética, Moscú 1970. (En: Pereira Castañeda, Juan, Ob. Cit., Página 16)

Documento Nº 3
La Guerra Fría es el enfrentamiento entre soviéticos y norteamericanos, motivado por sus ambiciones e intereses contrapuestos, por el choque entre dos ideologías de pretensión universal, encarnadas cada una de ellas en un estado con poder suficiente para hacer de él un candidato a la hegemonía.La Guerra Fría es la mayor guerra de todos los tiempos. No ciertamente la que ha costado más vidas, Gracias a Dios, aunque su pretendida frialdad no debe deslumbrarnos, es la primera en la que se ha puesto en juego el dominio del mundo entero e incluso del espacio circundante, la primera que ha enfrentado, por encima de interese y pasiones a dos recetas de una bondad automática y universal.

Sería ridículo plantearla como una lucha entre el bien y el mal.
…Cada uno se ha ido acostumbrando a ver en el adversario un fuera de la ley contra quien todos los golpes estaban permitidos. El milagro es que haya podido establecerse entre estos dos mundos así enfrentados, una especie de coexistencia y que paulatinamente el diálogo y el esfuerzo de comprensión, hayan ido suplantando al ataque. Hay que reconocer que el mérito corresponde especialmente a los armamentos nucleares.

La guerra fría ha cortado en dos pedazos ciudades y países, ha creado y destruido naciones, ha puesto las armas en manos de decenas de millones de hombres, ha acabado con centenares de miles de ellos, ha suscitado entusiasmo, sufrimientos y miedos… sin duda no podría haber sido evitada.
Fuente: Andre Fontaine, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970. Página 8.
(El autor de la obra es francés y la primera publicación de esta obra se realizó en Francia el año 1970)

Documento Nº 4
“El concepto Guerra Fría es de origen norteamericano. Lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su uso en un discurso del senador Barnard Baruch. Lo recogió otro periodista Walter Lipman que lo popularizó en una recopilación de sus artículos titulada La Guerra Fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos. A finales de los años cuarenta la expresión había ganado carta de naturaleza y se utilizaba para designar al complejo sistema de relaciones internacionales de la posguerra, la pugna entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial y la aparición de un abismo de hostilidad y temor entre los dos grandes bloques geopolíticos”
Fuente: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998.
Página 7

Documento 5: La Guerra Fría
Los cuarenta y cinco años transcurridos entre la explosión de las bombas atómicas (1945) y el fin de la Unión soviética (1991) no constituyen un periodo de la historia homogéneo y único… Sin embargo, la historia de este periodo en su conjunto siguió un patrón único marcado por la peculiar situación internacional que lo dominó hasta la caída de la URSS: El enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la segunda guerra mundial, la denominada Guerra Fría.
“La guerra no consiste sólo en batallas, o en la acción de luchar sino que es un lapso de tiempo durante el cual la voluntad de entrar en combate es suficientemente conocida” (Hobbes, capítulo 13)
La guerra fría entre Estados Unidos y la URSS fue un periodo de tiempo con esas características. Generaciones enteras crecieron bajo la amenaza de un conflicto nuclear global que, tal como creían muchos, podía estallar en cualquier momento y arrasar a la humanidad.
La singularidad e la guerra fría estribaba en que, objetivamente hablando, no había ningún peligro inminente de guerra mundial. Más aun: pese a la retórica apocalíptica de ambos bandos, sobre todo del lado norteamericano, los gobiernos de ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas establecido al final de la segunda guerra mundial. La URSS dominaba o ejercía una influencia preponderante en una parte del globo: la zona ocupada por el ejército rojo y otras fuerzas armadas comunistas al final de la guerra, sin intentar extender más allá su esfera de influencia por la fuerza de las armas. Los Estados Unidos controlaban y dominaban el resto del mundo capitalista, además del hemisferio occidental y los océanos, asumiendo los restos de la vieja hegemonía imperial de las antiguas potencias coloniales. En contrapartida, no intervenían en la zona aceptada como hegemonía soviética
La delimitación de influencias estaba clara en Europa y en Japón…
La disputa por la influencia se manifestaría en los antiguos imperios coloniales, que para1945, en el caso de Asia ya se avizoraban síntomas de desintegración. Como la orientación futura de los nuevos estados poscoloniales no estaba clara, fue en esta zona donde las dos superpotencias siguieron compitiendo en busca de apoyo e influencia durante toda la guerra fría, allí era donde resultaban más probables los conflictos armados que acabaron por estallar (Corea y Vietnam son los más característicos)
… La paz se mantuvo durante la guerra fría porque a pesar de la retórica utilizada por ambas parte, ninguna de ellas estaba dispuesta a llegar al enfrentamiento directo, por tanto, una de las premisas durante este periodo era que la coexistencia pacífica entre ambas potencias era posible.
… Como ejemplos claros de esta situación tenemos la Guerra de Corea en 1950-53 y la crisis de los misiles en Cuba en 1962. En ambos casos las partes no se arriesgaron a comenzar el enfrentamiento directo porque conocían los riesgos que ello significaba. En el caso de Corea, Estados Unidos participó directamente, mientras que la URSS lo hizo de manera encubierta a través de los Chinos. Esa situación la sabían los norteamericanos, pero se mantuvo en secreto porque se dedujo que lo último que quería Moscú era un enfrentamiento abierto. En la crisis de los misiles en 1962 ambas partes retrocedieron y lograron salir del problema sin verse involucrados en la guerra directa.
… La URSS aprendió durante la guerra fría que los llamamientos de Estados Unidos a “hacer retroceder al comunismo” no eran más que propaganda, ya que lo que primaba realmente era el respeto a la esfera de influencia soviética
Una vez que la URSS se hizo con armas nucleares, atómica 1949, hidrógeno 1953, ambas superpotencias dejaron de utilizar la guerra como arma política en sus relaciones mutuas, pues era el equivalente a un pacto suicida. Sin embargo, ambas superpotencias se sirvieron de la amenaza nuclear… la confianza de que no se utilizarían parecía estar justificada, pero al precio de desquiciar los nervios de varias generaciones. El ejemplo más significativo es la crisis de los misiles cubanos.

Libro: Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 229-233

Documento Nº 6
“La Guerra fría fue una pugna por la influencia mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Los dos países emplearon diversos métodos, aunque nunca llegaron a lanzar un ataque directo y total contra sus respectivos territorios. La creación de alianzas rivales, la presentación de ayuda militar y económica a los estados que eran clientes suyos y a los que aspiraban a serlo, una masiva y costosa carrera armamentista, las campañas de propaganda, el espionaje, la guerra de guerrillas, la lucha contra la subversión y los asesinatos políticos fueron los métodos que usaron.
La Guerra Fría fue uno de los conflictos más largos de la historia de la humanidad, ya que duró más de setenta años (1917-1991), con algunos períodos en los que disminuyó la hostilidad. Fue también la guerra con mayor alcance de las que ha habido en el mundo: se hizo en todos los continentes del globo, y teniendo en cuenta la carrera del espacio, también se hizo por encima de ellos. Asimismo, fue uno de los conflictos más costosos, no sólo por el número de vidas que se perdieron, sino también por los recursos que se consumió. Al final, la unión Soviética se derrumbó, y el comunismo expiró, al menos la forma de comunismo que existía en dicho país. Pero, como señala Mijail Gorvachov, ambos bandos sufrieron numerosas pérdidas. Estados Unidos perdió muchas vidas y, además, consumió enormes recursos económicos, y los principios democráticos en los que se fundamentaba la nación norteamericana corrieron peligro”.
Fuente: Ronald Powaski, La Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 9. (El autor de la obra es inglés)Documento Nº 7
“La Guerra Fría presenta tres rasgos principales: una incompatibilidad total entre dos sistemas agrupados alrededor de dos ciudadelas, Estados Unidos, escudo del mundo occidental, y la URSS, defensora de las comunidades socialistas; una imposibilidad de desarrollar hasta el fin la lógica del conflicto, a partir del momento en que los dos sistemas centrales están equipados con armas nucleares; una propensión a utilizar estrategias indirectas para desestabilizar al otro. La Guerra Fría no desemboca, como los conflictos anteriores, en la eliminación del adversario (…)”
Fuente: J. Gonzáles, Historia del mundo contemporáneo, Editorial Edebe, Barcelona 2001, página 235. (El autor es español)

Documento 8:
La Guerra Fría fue un largo y complejo periodo, entre 1947 y 1991, que cambió la fisonomía de buena parte del planeta. Se trata de un conflicto global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques antagónicos, liderados respectivamente, por Estados Unidos y por la URSS. La Guerra Fría mantuvo un estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue directa, sino que se hizo a través de terceros países en zonas próximas a los límites de ambos bloques.

Fuente: Joaquín Prats, Historia del Mundo Contemporáneo, Editorial Anaya, Barcelona 2002. Página 303. (El autor es español)

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CARACTERÍSTICAS DE LA GUERRA FRÍA
1.
Se organizó un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países agrupados entorno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión Soviética. El mundo de la pos guerra había sido preparado para contemplar la hegemonía de los tres grandes, pero el agotamiento del Reino Unido y los graves problemas que le acarreó su proceso descolonizador le forzaron a descargar paulatinamente sus responsabilidades internacionales en los norteamericanos que se convirtieron en los gendarmes occidentales frente al bloque liderado por la URSS.

2. La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la Segunda Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra. La necesidad de una reafirmación permanente del liderazgo de las dos superpotencias, el forzado alineamiento de las demás naciones y el continuo rearme militar e ideológico, son las consecuencias más importantes de la búsqueda del equilibrio, que haya en la carrera nuclear su máxima expresión.

3. Se establece una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil, pero evitando provocar un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes (Corea, Berlín, Cuba, et.) , Donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuesto a volver a las negociaciones cuando los riesgos fueran excesivos para ambos. La incertidumbre ante las intenciones y la capacidad de resistencia del adversario forzaban a un continuo incremento de la capacidad ofensiva de los bloques, ya que el último riesgo a asumir, presente en los planes de los estados mayores, sería la Tercera Guerra Mundial.

4. El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios. Pese a los efectos negativos del veto, el Directorio Mundial que representaban los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y el creciente protagonismo de la asamblea General y del Secretario, convirtieron a la ONU en una vital plataforma de diálogo en unos años en los que el lenguaje internacional parecía cargado de connotaciones bélicas.

Fuente: Julio Pecharramán, La Guerra Fría, La OTAN Frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI, Madrid 1998. Página 8

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. Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

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LA GUERRA FRÍA EN CHILE


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La Guerra Fría y sus dos principales actores, Estados Unidos y la Unión Soviética no fueron los causantes de los problemas que aquejaron a Chile en la década del 70, pero no se puede negar su alto grado de influencia. Por una parte Estados Unidos y su política interventora a través de la CIA canalizó alrededor de 7 millones de dólares para apoyar las fuerzas anticomunistas, mientras que la URSS significó para la izquierda chilena y especialmente para los comunistas la fuente de inspiración. Los documentos hasta ahora desclasificados, confirman el hecho de que la URSS no siguió en Chile una política interventora como sí lo hizo Estados Unidos.Chile no fue un títere de las fuerzas generadas por las potencias dominantes de la Guerra Fría, sino que fue un actor con fuerzas y dinámicas propias, con actores propios, los cuales no se mantuvieron al margen de las tendencias globales del devenir de la política internacional. Ejemplo de ello es la impotencia que sintieron los políticos norteamericanos ante la imposibilidad de poder dirigir los destinos de nuestro país.

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EN ESTE COMPENDIO ENCONTRARÁS LOS SIGUIENTES DOCUMENTOS

DOCUMENTO 1:
Memorias de Henry Kissinger. El intento de EEUU por evitar la elección de Salvador Allende

DOCUMENTO 2:
Nikolai Lenov, Ex Vice Director de la KGB, La URSS y Chile.

DOCUMENTO 3:
“¿Peón o actor? Chile en la Guerra Fría (1962-1973)”. Joaquín Fermandois

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DOCUMENTO 1:

Memorias de Henry Kissinger. El intento de EEUU por evitar la elección de Salvador Allende


La elección de Allende era un desafío a nuestro interés nacional no podíamos reconciliarnos con un segundo estado comunista en el Hemisferio Occidental. Estábamos persuadidos que pronto estaría incitando políticas antinorteamericanas, atacando la solidaridad del hemisferio, haciendo causa común con Cuba, y antes o después, estableciendo estrechas relaciones con la Unión Soviética.
Lo que nos preocupaba acerca de Allende era su proclamada hostilidad a los Estados Unidos y su patente intención de crear efectivamente otra Cuba.
Nuestra preocupación por Allende estaba basada en la seguridad nacional, no en la economía.
La nacionalización de las propiedades de los norteamericanos no fue el problema.
En estas circunstancias, no era moral ni políticamente injustificado que los Estado Unidos apoyaran a aquellas fuerzas políticas internas que buscaban mantener un contrapeso democrático al dominio radical. No había nada de siniestro en el deseo de los Estados Unidos de hacer posible que los partidos democráticos mantuvieran periódicos o canales de radio y televisión competitivos. Las mismas consideraciones habían inducido a las administraciones Kennedy y Johnson a disponer más de tres millones de dólares entre 1962 y 1964 para la campaña del oponente de Allende, el reformista y capaz Eduardo Frei.
Dos administraciones anteriores habían llegado a la conclusión de que Salvador Allende y las fuerzas que lo respaldaban, constituían una amenaza suficiente a nuestros intereses para justificar nuestra oposición en la elección de 1964, con casi tres millones de dólares; ya en 1968 varios cientos de miles de dólares fueron destinados secretamente por nuestros predecesores para ayudar a vencer a las fuerzas de Allende en las elecciones legislativas chilenas de marzo de 1969. Nuestra ayuda oficial a Chile durante el gobierno de Frei totalizó mucho más de mil millones, el mayor programa per cápita hasta entonces en América Latina, en parte para fortalecer las fuerzas democráticas contra Allende. Era sabiduría convencional cuando asumió Nixon que el gobierno de Allende amenazaba nuestros intereses nacionales.
Frei no podía ser reelecto por estipulaciones constitucionales. Había muchos avisos de tormenta en 1969)
La creciente tendencia izquierdista de los demócratas cristianos chilenos y su menguante base popular hacían improbable que los partidos no revolucionarios pudieran unirse en torno a un único candidato como lo habían hecho e 1964. La perspectiva era una carrera muy pareja entre tres candidatos (un conservador, un débil demócrata cristiano y izquierdista radical Allende) y una decisión final del congreso. Pero en 1969, la Casa Blanca estaba preocupada con Vietnam y su agitación doméstica, las relaciones soviéticas, Europa Occidental, las negociaciones con Japón, y los comienzos de la iniciativa china. Yo sabía muy poco acerca de Chile para contradecir a los expertos.
En 1970 no había un candidato demócrata reformista aceptable que apoyar; el partido estaba dividido, su candidato era débil y jugaba con la izquierda radical. Si Allende había de ser detenido, tendría que ser con el Conservador Alessandri.
El 25 de marzo de 1970 se logró someter al “Comité 40” un programa conjunto de deterioro contra Allende. Consistía en la ayuda norteamericana para la preparación de carteles, panfletos y anuncios oponiéndose a Allende sin sostener a Alesandri. La enorme suma de 135.000 dólares fue recomendada y aprobada. Pero el Departamento de Estado circunscribió el gasto de estos fondos aún más con la severa advertencia a efectos de que, si cualquiera de las actividades secretas tendían a respaldar a Alessandri, el apoyo del Departamento de Estado sería retirado inmediatamente… la consignación y la advertencia se anulaban mutuamente.
En la elección del 4 de septiembre de 1970, como se dijo, el porcentaje de Allende presentó una disminución del porcentaje que había recibido en 1964 cuando perdió con Frei, excepto que en 1970 el aún mas alto voto contra Allende estaba dividido sin esperanza. Según la Constitución de Chile, dado que ningún candidato tenía la mayoría, el Congreso en sesión conjunta decidiría entre dos candidatos cincuenta días más tarde, el 24 de octubre
El 5 de septiembre, en una conferencia de prensa, Allende aclamó su victoria y se comprometo a poner en práctica el radicalizado programa de la Unidad Popular sobre el que había hecho su campaña.
La reacción de Washington, donde durante todo el verano todos se habían refugiado en encuestas consoladoras, fue una sorpresa aturdidora.
Nixon estaba fuera de sí. Por más de una década había criticado duramente las administraciones demócratas por permitir el establecimiento del poder comunista en Cuba. Y ahora lo que él percibía como otra Cuba había surgido a la vida durante su propia administración sin que a él se le hubiera dado la oportunidad de tomar una decisión.
Sin verdadera convicción decidimos instruir al embajador Corrí para que preparara una valuación a sangre fría de la posibilidad y probabilidad de un golpe militar y de los pro y contra involucrados en la organización de una futura y efectiva oposición chilena a Allende.
El 9 de septiembre revivió la posibilidad de detener a Allende cuando Alessandri anunció que no se retiraría de la pugna en el Congreso y que si era elegido por éste, renunciaría y se llamaría a nuevas elecciones. Ello significaba para los norteamericanos que Frei podía ser constitucionalmente elegido como candidato.
Los planes Via I y Via II, aún los más complicados que involucraban a los militares, fueron ideados para producir una nueva elección que iba a probar en una confrontación de dos hombres si el pueblo chileno quería un presidente democrático o un confesadamente leninista. Es casi una certeza que, en una carrera de dos hombres, los chilenos seguramente habrían elegido al reformista demócrata Eduardo Frei.
Para el 18 de octubre todos los intentos de golpe habían sido abandonados. Envié un memorando al presidente que no puede dejar duda de que al más alto nivel todos los pensamientos de golpe habían sido abandonados: “ahora parece cierto que Allende será elegido presidente de Chile en las elecciones legislativas del 24 de octubre”
Creo que estábamos en lo cierto en nuestra evaluación de los peligros para nuestros intereses y para el hemisferio occidental representados por la asunción de Alle+nde a la presidencia. La solución que buscábamos era promover una bien definida elección popular entre las fuerzas democráticas y las totalitarias. Ayudar a tales fines me parecía bien entonces y me parece bien ahora.
El esfuerzo fue un esfuerzo de aficionados, improvisado en medio del pánico y ejecutado en la confusión. Las operaciones secretas jamás llegaron a levantar el vuelo; en contraste con 1964, hicimos muy poco y actuamos demasiado tarde. Allende asumió, no hubo golpe; no tuvimos más contactos destinados a organizar uno después de octubre de 1971. cuando Allende fue finalmente derrocado fue por su propia incompetencia e intransigencia; los líderes militares sin consultarlo fueron contra él por su propia iniciativa, porque estaban convencidos de que intentaba apoderarse de todo el poder y estaba a punto de organizar su propio golpe con ese fin.
El hecho es que varias de las medidas de Allende fueron declaradas inconstitucionales y fuera de la ley por la Suprema Corte Chilena el 26 de mayo de 1973, por el Contralor General el 2 de julio de 1973 y por la Cámara de Diputados el 22 de agosto de 1973. en su concepción, planificación y ejecución nosotros no desempeñamos el más mínimo papel.
En 1970 habíamos sido incapaces de evitar el acceso de Allende al poder.

Fuente: Henry Kissinger, Mis Memorias, Páginas 456-474

DOCUMENTO 2:

Nikolai Lenov, Ex Vice Director de la KGB, La URSS y Chile.

¿Qué significó Chile para la Unión Soviética y en qué medida la victoria de Salvador Allende afectó la visión que tenía de Chile la Unión Soviética?
Gran relevancia en todo el mundo, por aquello de la vía chilena al socialismo. Chile presentaba una oportunidad única para demostrar al mundo que el socialismo era capaz de triunfar usando la vía electoral, pacífica. En esto consistía su atracción y su importancia política para todo el mundo, especialmente para las fuerzas de izquierda.
La instauración del socialismo siempre antes había estado ligada con el empleo de la fuerza, con la violencia, con la revolución y la guerra civil. Así fue en la Unión Soviética con la Revolución de Octubre. En China, el triunfo de la revolución fue en gran parte hechura de la Unión Soviética, porque les dimos territorios liberados de los japoneses, les dimos armamento en abundancia: armamento que cogimos como botín en la Segunda Guerra Mundial. Y en Europa Oriental fue el ejército soviético el que, persiguiendo a los nazis, estableció regímenes socialistas en esos países.
En América Latina habían dos grandes ejemplos. Cuba que había alcanzado el socialismo sin la intervención extranjera y Chile que lo había alcanzado por la vía pacífica. Allende conservó la antigua máquina gubernamental, el ejército, el sistema judicial.
Claro, todas nuestras simpatías estaban con este experimento, y por eso seguimos con mucha atención el caso chileno. Pero no creíamos en su éxito, porque lo de Chile contradecía en todo lo que estaba escrito y habíamos aprendido.
¿Qué hicieron ustedes para ayudar al gobierno de la Unidad Popular o, más bien, por qué lo dejaron caer? ¿O fue como una revolución de los claveles o de los cocodrilos? ¿Qué pasó exactamente?
Mire, estoy seguro de que la correlación de fuerzas en aquel entonces era desfavorable para el experimento de Salvador Allende. Como les expliqué antes, en esa época los rusos enfrentaban conflictos con China, con Estados Unidos, y el debilitamiento del sistema socialista al lado [en Europa del Este]; además, los recursos materiales ya estaban agotados en gran parte.
Teniendo un respeto profundo hacia el experimento político, hacia este país, debo decir que no había forma ni decisión para intervenir en zonas tan lejanas, tan profundas, cuando las correlaciones de fuerza, incluso en Chile, eran absolutamente desfavorables. Las inversiones norteamericanas aquí alcanzaban a mil millones de dólares. Estados Unidos tenía aquí intereses en grandes cantidades, y a esos intereses estaban ligados muchos chilenos. Los rusos no tenían en Chile ningún apoyo que no fuese el del Partido Comunista chileno o de alguno que otro sindicato. Esto tenía un carácter emotivo, ideológico, pero no era una cosa concreta, material.
Para ese entonces la URSS estaba muy agotada, y los norteamericanos tenían en Chile interese económicos muy fuertes.
Aportes concretos de la URRS al gobierno de Allende:
Los rusos hicieron lo máximo que pudieron en aquel entonces.
Aparte de la ayuda política, moral, se dieron créditos. Al principio hubo un crédito de 57 millones de dólares, después se otorgó otro. Se enviaron aquí tres barcos pesqueros para que pescaran en aguas chilenas y surtieran con su producción a la población. Cuando aquí se produjo el terremoto en 1971, con sus devastadoras secuelas, la Unión Soviética regaló una fábrica con capacidad para construir 70 mil metros cuadrados de viviendas prefabricadas al año. En febrero de 1972 llegó el primer barco, el ‘Lunacharsky’, con equipamiento para la fábrica. En enero de 1973 fue terminado el montaje, y en julio de 1973 se construyeron los primeros dos edificios de 48 departamentos cada uno.
A fines de 1971, a las costas chilenas llegaron los primeros tres barcos factorías, ‘Promyslovik’, ‘Sumy’ y ‘Yantar’. Eran fábricas flotantes, funcionaron hasta el mismo día del golpe entregando a los chilenos 17 mil toneladas de pescado congelado y 2,5 toneladas de harina de pescado. Allende apreciaba mucho la ayuda de estos barcos.
Durante la administración de Allende suministramos a Chile 3.100 tractores, y teníamos previsto construir una fábrica de producción de lubricantes, que empezaría a funcionar en 1975 para que en 1980 alcanzara tal nivel de producción que hubiera cubierto todas las necesidades del país.
Se habló de un crédito para el envío de armamento soviético, a petición de Salvador Allende —creo que lo pedía [el general] Prats. …Bueno, nadie pensaba cobrar estos créditos después.
… Porque ya se avecinaba la cosa trágica, y por los informes que se recibieron a través de la CIA —donde nosotros teníamos fuentes, ya que ellos eran siempre el objetivo número uno para nosotros —, teníamos datos seguros de que se produciría un golpe de Estado, que éste ya estaba prácticamente preparado. Entonces, para que no fueran tanques soviéticos los que salieran a la plaza y dispararan contra el Palacio de la Moneda, se dio a los barcos la orden de virar, de cambiar el rumbo y desembarcar el armamento en otros lugares, donde fue vendido.
Dentro de nuestras posibilidades comerciales, se envió aquí bastante comestible: trigo, cerca de 74.000 toneladas; más de un millón de latas de leche condensada, bastante carne congelada, lo que nosotros sacábamos de las relativamente parcas reservas que teníamos. En fin, se hizo lo posible. Pero no se puede decir que los dejamos a merced, porque realmente la correlación de fuerzas económicas, financieras, militares y todas las demás estaban en contra del gobierno de la Unidad Popular.
Pero ya no había nada que hacer. Además Allende no estaba de acuerdo con aplicar nuestras sugerencias, un cierto grado de violencia y firmeza. Lo quería hacer todo dentro de la democracia —de la democracia burguesa o representativa, como nosotros decimos.

Fuente: Nikolai Lenov, La Inteligencia Soviética en América Latina Durante la Guerra Fría. En Estudios Públicos Nº 73, verano 1999 Páginas 32-63. (Nicolai Llenov es General Soviético. Ex Vice director de la KGB o Comité de Seguridad del Estado de la ex URSS entre 1983 y 1991. Charla realizada en Centro de Estudios Públicos el 22 de septiembre de 1998.

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DOCUMENTO 3:

“¿Peón o actor? Chile en la Guerra Fría (1962-1973)”. Joaquín Fermandois


Chile fue testigo y parte de las tensiones ideológicas del siglo XX. Esto explica, señala
Fermandois, que en la polarización de los años sesenta y comienzos de los setenta, norteamericanos y soviéticos se multiplicaran en sus esfuerzos por promover en Chile políticas que estuvieran acordes con la lectura que hacían de sus propios intereses. Pero los actores chilenos no eran meros peones; estaban convencidos de que en esos términos —“socialismo”, “libertad”, “mundo libre”, “antiimperialismo” — se jugaban sus propios intereses.
Pero en Chile no había una ocupación extranjera ni una guerra civil.
Eran las propias fuerzas políticas chilenas las que constituyeron polos de atracción que emulaban, en lo ideológico, al gran marco de la confrontación global.
Chile es un actor, no un títere de fuerzas externas. No es el imperialismo sea cual sea su color el que conduce nuestros destinos.
De los años cuarenta a los ochenta, el país se encontró en el ojo del huracán de la Guerra Fría. Escasamente se debió a la importancia estratégica de Chile. El cobre ha sido importante, pero en caso de emergencia las potencias occidentales no se iban a poner de rodillas por no comprarlo en Chile. Había otras razones generales, de pugna mundial, que justificaban esta acción norteamericana. Se trataba de la gran confrontación de Estados y de creencias o ideologías que sentó las bases de la Guerra Fría.
Los documentos desclasificados constituyen elocuente prueba del sentimiento de impotencia de los norteamericanos por no poder influir en el desenlace del país austral, a pesar de los recursos y las esperanzas colocados en sus políticas.
EEUU y la URSS en Chile
Además de la espectacularidad del Chile de la Unidad Popular, y del Chile de la “antiutopía” del gobierno militar, se añadió ahora el papel pasivo, pero de cierto protagonismo, que desempeñó en la crisis política norteamericana de los setenta. Esto culmina, en los medios de comunicación de masas, con la referencia a Chile en el debate presidencial televisado de septiembre de 1976 entre el retador Jimmy Carter y el Presidente Gerald Ford. El demócrata le enrostra a Ford la situación de Chile como producto de las políticas de la Casa Blanca.
Que “la CIA desestabilizó a Allende”, como explicación final, pasó a ser un supuesto de la conversación acerca de Chile. El “acoso” norteamericano parecía ser la principal fuente de la crisis que llevó a la caída de Allende. Los militares, en último término, habrían actuado movidos por los hilos manipulados desde Washington.
El embajador pronostica, según sus recuerdos, el triunfo de Allende. Aconseja, entonces, la política que Washington debe seguir ¡que es la que efectivamente siguió la administración Nixon después de los coqueteos con Track I y Track II! Estos —Track I y Track II— fueron los intentos de provocar por medios constitucionales (pero abusivos) una nueva elección en la que Frei se pudiera presentar como candidato (I), y de provocar un golpe militar que “llamara a nuevas elecciones” (II).
El único valor de Chile frente a los norteamericanos era el “valor de demostración”. El valor como modelo a seguir, como alternativa.
Lo que nos confirman los documentos y testimonios de Corry son la frustración norteamericana ante la incapacidad de poder conducir los acontecimientos de un país tan pequeño como Chile.
Con la caída de la URSS se han abierto muchos de los archivos que pueden aportar información valiosa respecto de la política exterior soviética para con los países latinoamericanos y en espacial con Chile. La cantidad de información soviética es menor que la norteamericana porque los archivos norteamericanos se abrieron con mucha anterioridad, pero en ambos casos queda mucho por saber.
Pero los soviéticos tenían escasa influencia en el curso de los acontecimientos en Chile, y es probable que su grado de persuasión sobre los comunistas, en políticas concretas, no fuera alto. El asunto era más bien al revés. Los comunistas criollos desarrollaron un alto grado de fidelidad a Moscú, y la fijación en el modelo soviético y en el marxismo ortodoxo operó como un pesado lastre en el juego político nacional.
Al igual que “los gringos”, los soviéticos no crearon de la nada al comunismo criollo.
Lo apoyaron, claro está. Esto ayuda a comprender el poderoso aparato desarrollado por el partido a lo largo del país, y el sustento humilde, pero decoroso y mínimo, que le permitía mantener a sus militantes. Por cierto, el comunismo también reunía recursos al interior del país, y no había dependencia unilateral de Moscú. Pero los soviéticos debían de cuidar a quienes todavía creían a machamartillo en ellos.
Aparte del hecho de que todavía falta mucho papel que desempolvar, se podría decir que la URSS no seguía la política interventora de los norteamericanos.
Aunque felices de crearles un problema a los norteamericanos, no estaban dispuestos a arriesgar un choque frontal con éstos, ni menos a entrar en la obligación de subsidiar a la economía chilena como lo hacían con la cubana.
El comunismo fue un actor chileno, así como también eran chilenos aquellos que sostenían sus esfuerzos políticos con recursos canalizados a través de la CIA. Sus elecciones fueron básicamente producto de la historia chilena, a la que le era y le es inherente un alto grado de identificación con fuerzas globales.

Fuente: Joaquín Fermandois, ¿Peón o actor? Chile en la Guerra Fría (1962-1973). Estudios Públicos, 72. Primavera 1998. Páginas 151-171

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005

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