GUERRA FRIA FASE 2: LA COEXISTENCIA PACÍFICA.


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Todo sobre Guerra Fría

Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964

GUERRA FRIA FASE 2: 1953 – 1962. LA COEXISTENCIA PACÍFICATras la Guerra de Corea, las tensiones entre los bloques tendieron a calmarse. Comenzaba una nueva etapa en las relaciones internacionales a la que se ha denominado “coexistencia pacífica”. Ésta se habría conseguido, esencialmente, gracias a lo que Jean Duroselle ha denominado “equilibrio del terror”.[1] Éste último se explica a partir del hecho que la tecnología militar utilizada por ambos bandos logró sobrepasar por primera vez los límites de la destrucción total. Ante tales condiciones, dar comienzo a un conflicto directo, habría significado sentenciar a muerte a la propia población, cuestión a la que ninguno de los dos bandos en pugna llegó a arriesgarse.

El primer cambio que destacamos estuvo dado a partir del ascenso de nuevos líderes políticos tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética. El General D. Eisenhower sucedió a H. Truman en la presidencia norteamericana, asumiendo el cargo entre 1953 y 1960. Mientras que en la URSS, tras la muerte de Stalin (5 de marzo de 1953), la lucha por la sucesión se inclinó a favor de los sectores más renovadores del aparato estatal soviético, de entre los que destacan Malenkov, Bulganin y Kruschev.[2] En este punto se debe recordar que desde 1917 la Unión Soviética no había establecido código de sucesión.

Tras la muerte de Stalin, la URSS dio comienzo a una nueva etapa en las relaciones internacionales. Kruschev como el nuevo líder político de la URSS, luego de lograr sobreponerse al resto de la camarilla política que aspiraba a suceder a Stalin, propició una nueva política exterior que va a denominar “coexistencia pacífica”. Este nuevo concepto significaba básicamente que la URSS no sólo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era inevitable.
La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento. El candidato norteamericano Eisenhower había criticado duramente la política de «contención» de Truman, mientras que Foster Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante la campaña electoral de 1952 hacer retroceder a los Soviéticos a sus posiciones de partida.
Tras el triunfo de Eisenhower, Estados Unidos se embarcó en una política que se vino a denominar la doctrina de las «represalias masivas». Con ella, como señala Kissinger, se pretendía explotar teóricamente la ventaja nuclear de Estados Unidos. Pero lo contradictorio era que esta formulación se elaboró cuando la ventaja estaba a punto de desaparecer.[3] Se suponía que la posibilidad de una represalia masiva disuadiría a los soviéticos de toda agresión y evitaría estancamientos como los de Corea.

No obstante, la guerra nuclear general pareció ser un remedio desproporcionado para la mayoría de las crisis que sobrevinieron en el período. Así lo confirmaron los hechos, pues la política exterior norteamericana no implementó su estrategia de “represalias masivas”. Al contrario mostró una gran moderación y en definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las palabras, una vez más, no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa.

Así pues, como señala Charles Zorgbibe con la nueva directiva soviética comenzó un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong en 1953, que ponía fin a la guerra de Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización.[4]

Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran su hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación, la represión de la revolución Húngara en 1956 o las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza a los gobiernos progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en Guatemala en 1954, son la muestra de que cada uno de los bandos estaba decidido a mantener la cohesión de su respectivo bloque. Como señala Kissinger, también en este aspecto se subrayó el hecho de que cada bloque guardó respeto por las esferas de influencias ya delimitadas. Esto último, se manifestó, esencialmente, en la nula reacción manifestada por el bloque occidental ante la violenta represión que sufrió el levantamiento Húngaro en 1956 por parte de las tropas soviéticas.[5]

Ahora bien, el nuevo marco de coexistencia pacífica no significó el fin del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS. Si bien es cierto, como ya hemos analizado, el ámbito de influencias en Europa había sido estabilizado nítidamente a partir de la consolidación económica y militar de cada uno de los bloques, no ocurría lo mismo en áreas periféricas. En estas últimas, las potencias siguieron manifestando sus rivalidades. En el período de la coexistencia pacífica se produjeron graves crisis que pusieron en peligro el mantenimiento de la paz mundial. Entre ellas destacamos la crisis de Berlín y la crisis del Caribe que estuvo a punto de llevar a la “guerra caliente” a soviéticos y norteamericanos.

Con ello se puede apreciar que a pesar de los intentos de coexistencia, el clima de desconfianza entre las potencias no había desaparecido, lo que dio lugar a crisis tan graves como las de Berlín a partir de 1958 y la de los misiles en Cuba en 1962.
Entre los acontecimientos destacados de esta fase de la Guerra Fría se encuentran los siguientes:

Ø Armisticio de Corea. 27 julio 1953
Ø Canciller de Alemania Occidental (Adenauer) fue recibido en capital soviética. 13 de junio de 1955
Ø Conferencia de Ginebra. 26 abril a 21 de julio de 1954
Ø La firma del Pacto de Varsovia. 14 de Mayo de 1955
Ø La celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 25 de Febrero 1956
Ø La Crisis de Suez. 26 de Julio 1956
Ø Revolución Húngara. Octubre-Noviembre de 1956
Ø La Crisis de Berlín. Entre 1958 a 1963
Ø La Crisis de los misiles en Cuba. Octubre 1962

De los hechos mencionados, a continuación profundizaremos en el análisis de los siguientes: el Informe Secreto entregado por Kruschev en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (1956), la Crisis de Berlín (1958-1963) y la Crisis de los Misiles (1962).

NOTAS
[1] Duroselle, Jean, Ob. Cit., Página 112
[2] Service, Robert, Ob. Cit., Página 313
[3] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 843
[4] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 199
[5] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826

1. Informe secreto de Kruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Autor: Nikita Kruschev. Líder Soviético entre 1953-1964
Título del documento o tema central: Informe Secreto sobre el culto a la personalidad
Identificación espacial y temporal:Moscú, 24 y 25 de febrero de 1956
Tipo de documento: Discurso ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS

Informe Secreto sobre el culto a la personalidad. XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. 24 y 25 de Febrero 1956

¡Camaradas! En el informe del Comité Central del Partido ante el Vigésimo Congreso, en algunos discursos de delegados al Congreso, así como anteriormente, durante las sesiones plenarias del CC/PCUSD, mucho se ha dicho sobre el culto del individuo y sus dañosas consecuencias.
Después de la muerte de Stalin, el Comité Central del Partido comenzó a emplear la política de explicar, concisamente y concretamente, que es ilícito y extraño al espíritu de marxismo y del leninismo elevar a una persona, transformarla en un superhombre dotado de características sobrenaturales, comparables a las de un dios (…)
Entre nosotros se cultivó durante muchos años esa creencia en torno a un hombre, y especialmente en torno a Stalin.
El objeto del presente informe no es una valoración exhaustiva de la vida y la actividad de Stalin. (…) Ahora nos encontramos frente a una cuestión de inmensa importancia para el Partido en el presente y en el futuro (…) se trata de cómo el culto de la persona de Stalin fue creciendo gradualmente; ese culto que en determinado momento se convirtió en la fuente de toda una serie de perversiones unánimemente graves y serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido, de la legalidad revolucionaria (…)
Cuando analizamos las prácticas de Stalin en cuanto a la conducción del Partido y la nación, cuando nos detenemos a considerar cualquier acto de Stalin, debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido (…)
Stalin no actuó mediante la persuasión, la explicación y la cooperación paciente con las personas, sino imponiendo sus conceptos y exigiendo obediencia absoluta a su opinión. Quien se oponía a ello, o procuraba probar su punto de vista y la exactitud de su posición, quedaba sentenciado a la exclusión del mando colectivo y a la correspondiente aniquilación moral y física.(…)
Debemos afirmar que el Partido libró una severa lucha contra los trostskistas, los derechistas, los burgueses nacionalistas, y que desarmó ideológicamente a todos los enemigos de Lenin. Esta lucha ideológica se llevó a cabo con éxito, y así el Partido se vigorizó y templó. En esto Stalin representó un papel positivo (…)
Stalin inventó el concepto “enemigo del pueblo”. Este término hizo automáticamente innecesario que se probaran los errores ideológicos de un hombre u hombres dispuestos a la discusión; este término hizo posible el uso de la más cruel represión, la violación. todas las normas de la legalidad revolucionaria contra cualquiera que,. en una u otra forma, estuviera en desacuerdo con Stalin; contra todo sospechoso de intención hostil; contra cualquier hombre de mala reputación. Este concepto “enemigo del pueblo” eliminó radicalmente la posibilidad de cualquier clase de lucha ideo lógica, y la posibilidad de dar a conocer opiniones personales sobre tal o cual punto, aún sobre cuestiones de carácter práctico. En verdad, la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado(…)
Ese enfermizo recelo creaba en él una desconfianza general, aun con respeto a eminentes trabajadores del Partido a quienes habíamos conocido durante años enteros. Por doquier veía «enemigos», «espías» y «traidores». Dueño de un poder ilimitado, su despotismo no conoció límites y fue capaz de aniquilar a los hombres moral y físicamente (…)
Así Stalin sancionaba en nombre del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique) la más brutal violación de la legalidad socialista, la tortura y la opresión (…) La obstinación de Stalin se mostró asimismo no solo en decisiones concernientes a la política interior del país, sino también en las relaciones internacionales de la Unión Soviética (…)
En este sentido, Stalin se popularizó enérgicamente a sí mismo como gran líder; de varios modos trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro (…) No Stalin, pero si el Partido como conjunto, el Gobierno soviético, nuestro heroico ejército, sus talentosos líderes y valientes soldados, la nación soviética sola, éstos son los únicos que aseguraron la victoria en la Gran Guerra patriótica(…)
Las magníficas y heroicas acciones de millares de millones de hombres de Occidente y Oriente durante la lucha contra la amenaza del yugo fascista que pendía sobre nosotros perdurará durante centurias y milenios en el recuerdo de la agradecida humanidad (…)
¡Camaradas! Debemos abolir el culto del individuo decisivamente, de una vez por todas; debemos sacar las conclusiones acertadas sobre la labor ideológica-teórica y práctica. Para ello es necesario: Primero, seguir la norma bolchevique, condenar y desarraigar el culto al individuo como ajeno al marximo-leninismo y opuesto a los principios del mando del Partido y sus normas de vida, y luchar inexorablemente contra todo intento de volver a implantar esta práctica en una forma u otra (…)
En segundo término, debemos continuar sistemáticamente y con persistencia la obra del Comité Central durante los últimos años (…) de los principios leninistas del mando del Partido, y caracterizada, sobre todo, por el principio dominante el mando colectivo, por el respeto de las normas de vida del Partido descritas en los estatutos de nuestro Partido y, en suma, por la amplia práctica de la crítica y la autocrítica.
En tercer término, restaurar completamente los principios leninistas de democracia soviético-socialista, expresadas en la Constitución de la Unión Soviética, para combatir la arbitrariedad de individuos que abusen del poder. (…)
¡Camaradas! El Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética ha manifestado con nueva energía la inconmovible unidad de nuestro Partido, su cohesión en torno al Comité Central, su firme voluntad de cumplir la gran tarea de construir el comunismo.

Kruschev»Informe Secreto» sobre el culto a la personalidad

Análisis del DocumentoAutor del Documento y contexto histórico

Nikita Kruschev accedió al Comité Central del PCUS en 1934. Durante la Segunda Guerra Mundial, denominada por la Unión Soviética como “Guerra Patria”, alcanzó el grado de General. Tras la muerte de Stalin, accedió al cargo de Secretario General del partido y producto de diversas maniobras consiguió apartar a sus competidores, entre ellos Beria y Malenkov. Respecto de esto último, Robert Service señala que Kruschev maniobró hábilmente, creando una comisión investigadora de crímenes de los años ’30 y ’40, poniendo especial énfasis en las purgas de Leningrado, ello debido a que en éstas la participación de Malenkov había sido importante y podía utilizar la investigación para desprestigiarle.[1] Así, producto de la pérdida de prestigio y autoridad, Malenkov fue obligado a dimitir del cargo de Presidente del Consejo de Ministros en el año 1955.

Entre las primeras medidas políticas de relevancia en el ámbito de las relaciones internacionales destacan, en primer lugar, el acercamiento y reconciliación con Yugoslavia, que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955; y en segundo lugar la firma del “Pacto de Varsovia” el 14 de mayo de 1945. Éste último venía a ser la respuesta a dos necesidades evidenciadas por la URSS. Por una parte era la respuesta al refuerzo de la Alianza Atlántica, donde se había permitido el ingreso de la República Federal Alemana a la organización y su consecuente remilitarización, pero por otra parte también respondía a la necesidad de legalizar la subordinación de las Fuerzas Armadas de las Democracias Populares al mando soviético. Como señala Charles Zorgbibe, con esto se daba base jurídica al estacionamiento de las fuerzas soviéticas en Hungría y Rumania, las cuales según el tratado de paz de 1947 debían retirarse al día siguiente de la firma de un tratado de paz con Austria.[2] Y éste, como ya se dijo anteriormente, fue firmado el 15 de mayo de 1955, es decir, un día después de la firma del Pacto de Varsovia.

Ahora bien, el 20 de febrero de 1956 se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, para éste, Kruschev propuso realizar un discurso acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias. La propuesta de Kruschev tuvo que enfrentar a Molotov, quien proponía como tema “Stalin continuador de la obra de Lenin”. No obstante, como señala Zorgbibe, la postura de Kruschev prevaleció debido al apoyo que tenía en el Presidium.[3] En términos generales, durante el XX Congreso del PCUS, Kruschev denunció los crímenes de Stalin en su «informe secreto» e inició el proceso que se ha denominado desestalinización.Destinatario, lugar y fecha:

El “Informe secreto” o “discurso sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”, fue dado a conocer a puerta cerrada a los 1.436 delegados soviéticos asistentes al XX Congreso del Partido Comunista de la URSS. EL Congreso se realizó en Moscú en febrero de 1956.

Contenido del documento:

El 25 de febrero Kruschev dio a conocer su informe a una sesión cerrada al público, solo los delegados del Partido comunista de la URSS pudieron escucharle. Stalin constituía el tema central del discurso, y en él se destacan los siguientes aspectos:

Ø En 1923 Lenin pidió que se apartara a Stalin del cargo de Secretario General: “debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, que en época de Lenin eran sólo incipientes, se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro Partido”

Ø Necesidad de eliminar el culto a la personalidad por ser contrario al marxismo leninismo.

Ø Abusos, represión y violación a toda la legalidad soviética. Kruschev destaca la ilegalidad de los métodos mediante los cuales se juzgaba y condenaba a los acusados: “la única prueba de culpabilidad empleada (contra todas las normas de ciencia legal) fue la «confesión» del propio acusado; y como lo demostró la investigación ulterior, se obtuvieron «confesiones» por medio de torturas físicas contra el acusado”.

Ø Stalin como asesino e incompetente frente al ataque alemán. Se desmitifica y niega el rol protagónico que intentó abrogarse Stalin en el triunfo sobre los alemanes: “trató de imponer al pueblo la versión de que todas las victorias ganadas por la nación soviética durante la Gran Guerra Patriótica se debían al coraje, la osadía y el genio de Stalin y de ningún otro”.Entre otras de las faltas del stalinismo se menciona la deportación de pueblos enteros durante la Gran Guerra Patria, por el solo hecho de ser sospechosos de colaborar con el enemigo.

Ahora bien, lo que se debe tener presente es que en el informe entregado por Kruschev el ataque está dirigido contra Stalin no contra el sistema soviético. Lo que se proponía era regresar al Marxismo Leninismo, conservando intacto el Estado y la preeminencia del Partido Comunista como único partido.

En el informe se nombra pocas veces a miembros del Presidium y no se culpa a los miembros del Politburó. Según señala Robert Service, Kruschev había ayudado a organizar las purgas de Moscú y Ucrania entre 1937-38,[4] pero en el informe ese aspecto no es mencionado. En efecto, y como señala este mismo autor, el propio Krsuchev reconocía ante sus colaboradores más cercanos del Presidium, que realmente los argumentos eran prácticos y no morales: “si no decimos la verdad en el Congreso nos veremos en la obligación de decirla en el futuro y entonces no seremos los que hagamos el discurso, sino que estaremos bajo investigación”.[5] Desde este punto de vista, la política implementada por Kruschev se nos presenta como una maniobra para poder, en primer lugar, apartar de los altos mandos a los hombres cercanos a Stalin y en segundo lugar exculpar la propia responsabilidad frente a los abusos cometidos por el régimen stalinista, aún cuando el propio Kruschev había formado parte de él.

Proyecciones históricas del informe secreto

A partir del contenido del discurso, occidente llamó a la política de Kruschev “Desestalinización”. Ahora bien, la difusión del documento en occidente se produjo por una parte por medio de las copias que la Propia KGB hizo llegar a la CIA y también una versión completa conoció la luz en el periódico “Observer” de Londres. En la Unión Soviética, el Presidium se resistía a publicar el informe, temiendo por los efectos que pudiera producir, finalmente la prensa publicó sólo breves resúmenes, ya que las copias del informe fueron destruidas antes de su distribución y sólo se publicaron con el asenso de Gorvachov al poder.[6]

Los temores del Presidium no eran infundados. El informe de Kruschev podía encender la llama de los levantamientos tanto al interior de la URSS como en los países de Europa del Este. Las razones eran que a través del informe se estaba quitando la “poca legitimidad” del liderazgo soviético sobre los países del Pacto de Varsovia, los cuales en términos concretos se encontraban sometidos a las órdenes del Kremlin.

Ahora bien, ante los atónitos delegados comunistas, Kruschev afirmaba que Stalin era un asesino de masas, denunciaba sus crímenes y el «culto a la personalidad», que había caracterizado hasta ese momento a la dictadura soviética. Con ello, quedaba en evidencia el giro que Kruschev pretendía dar a la política exterior, la cual, como ya hemos mencionado, se dio en llamar “coexistencia pacífica”. Ésta implicaba también la aceptación en el terreno teórico de la existencia de diversos caminos para la construcción de un sistema socialista.
Esta relativa apertura tuvo su primer reflejo en Polonia. Impulsado por las manifestaciones obreras, Gomulka, un comunista que había sido purgado por Stalin en 1948 retornaba al poder. Su reiterada fidelidad a la URSS y a las bases del sistema comunista de las «democracias populares» permitió que Moscú aceptara el nuevo giro en la política polaca. Pero la situación fue bien distinta en Hungría, donde se constató trágicamente las limitaciones de la nueva política de Kruschev.

En Hungría la resistencia de los dirigentes más stalinistas hizo que las protestas populares degeneraran en una verdadera insurrección popular el 24 de octubre de 1956. Un comunista abierto y liberal, Imre Nagy, accedió al poder y se puso al frente de la revolución húngara. Enfrentado a un levantamiento que se extendía por el país, Nagy decidió encabezarlo y dio dos pasos decisivos: la aceptación de la libertad de asociación política, lo que destruía el monopolio comunista del poder, y, lo que fue mucho más grave, la proclamación de la neutralidad de Hungría y su abandono del recién creado Pacto de Varsovia.
La respuesta del Kremlin fue inmediata: las tropas soviéticas aplacaron la revolución húngara de 1956. La dirección soviética había puesto claramente los límites a los que podía llegar el proceso de desestalinización. Como señala Henry Kissinger, en Hungría quedó en evidencia la delimitación de los bloques de influencia y la renuncia de Estados Unidos a enfrentarse a una guerra por suprimir el control comunista del Este de Europa. Ésta había sido la política explícita de Estados Unidos desde hacía una década.[7] La actitud pasiva demostrada por el gobierno norteamericano subrayaba la premisa básica de la “Contención”, según ésta, la liberación de Europa del Este se confiaba a la erosión del tiempo y no comprometía desafiar frontalmente el control soviético. En este punto, también se debe considerar que para Occidente la preocupación principal en este momento era poner fin a la crisis de Suez, en la cual los propios aliados políticos de Estados Unidos (Francia y Gran Bretaña) estuvieron a punto de desencadenar una conflagración de magnitudes insospechadas. Estados Unidos, manifestó, por una parte su no disposición de secundar a sus aliados en aventuras militares que implicaran un enfrentamiento directo con la URSS, así como también sus disímiles puntos de vista respecto a la defensa de los intereses coloniales. Esto condujo a que EEUU votara en la ONU junto a la URSS contra sus aliados directos, es decir contra Francia y Gran Bretaña, a los cuales el 2 de Noviembre de 1956 se les exigió poner fin a las hostilidades emprendidas contra Egipto.[8] La Crisis de Suez y la humillación a la que se vieron expuestos Gran Bretaña y Francia era una muestra evidente de la debilidad de los países Europeos frente al poderío norteamericano.

Hasta este momento se puede decir que la segunda fase de la Guerra Fría se encuentra en un estado de calma. Es decir, la rivalidad entre los bloques no se ha manifestado en forma latente y aun abundan los gestos de buena voluntad por parte ambos bloques. Será a partir del año 1958 con el desencadenamiento de la crisis de Berlín, que la Guerra Fría entró en una de sus etapas más álgidas, alcanzando el límite con la Crisis de los Misiles en Cuba el año 1962.2. Crisis de Berlín
El 27 de noviembre de 1958, Kruschev lanzó un ultimátum a las potencias occidentales. Envió notas formales a Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia declarando nulo el acuerdo de las cuatro potencias sobre Berlín, insistiendo en que Berlín Occidental fuera transformada en una ciudad libre y desmilitarizada. Si no se llegaba a un acuerdo, en 6 meses la URSS firmaría un tratado de paz con Alemania Oriental y cedería sus derechos de ocupación y rutas de acceso a la RDA. Ello equivalía a un ultimátum a los aliados occidentales
Según señala Henry Kissinger, una de las razones principales que explica esta actitud de Kruschev está dada por la necesidad que tuvo éste de conseguir una manifestación concreta de la supuesta superioridad alcanzada por la URSS en el aspecto militar. Tras la puesta en órbita del Sputnik en 1957, la URSS consideró que ello era prueba de superioridad científica y militar y hasta en occidente llegó a considerarse así. El Secretario General de la Unión Soviética, se lanzó a ofensivas diplomáticas para convertir la supuesta superioridad de los mísiles soviéticos en algún tipo de avance diplomático.[9] Desde esta perspectiva, en Berlín habría de ser demostrada la preeminencia militar soviética. Por su parte Eric Hobsbawm señala que Kruschev, pese a sus intenciones pacíficas, se vio forzado a adoptar en público una actitud más intransigente hacia Occidente, esto esencialmente debido a la crítica realizada por China Comunista quién acusaba a la URSS de haber suavizado su actitud respecto al capitalismo.[10]

Ahora bien, con el ultimátum dado por Kruschev el 27 de noviembre de 1958, se ponía a los países occidentales ante la opción de reconocer a Alemania oriental o ir a la guerra por la cuestión técnica de quién habría de firmar los documentos de tránsito. Como se puede apreciar, el problema que resurge en esta oportunidad tiene que ver, esencialmente, con Alemania y el estado indeterminado en que quedó tras la Segunda Guerra Mundial. Ya fue analizado anteriormente el problema suscitado entre 1948 y 1949 producto del bloqueo de las rutas hacia Berlín por parte de la Unión Soviética. Ahora, 10 años después, el problema alemán es puesto nuevamente sobre la mesa.
¿Cuál es la razón de fondo que insta a Kruschev a poner su diplomacia en pie de guerra?. Según la perspectiva oficial soviética, la razón estaba dada por el hecho de que “Berlín Occidental se ha convertido en un nido de espionaje internacional y de actividad subversiva contra la RDA”. Debido a ello, el Gobierno de la URSS estimaba que la mejor solución del problema debería reflejarse en el tratado de paz que transformara a Berlín occidental en una ciudad libre, exenta de toda ocupación extranjera y ligada en el aspecto económico tanto con el Oeste como con el Este.[11] No obstante, como señala Kissinger, eso no podía ser más que una excusa para ocultar la gran debilidad de la Unión Soviética. Alemania Oriental estaba perdiendo mano de obra debido a que centenares de miles de ciudadanos huían hacia Alemania Occidental a través de Berlín.[12] En estas circunstancias, lo que Jruschev buscaba era pasar el control de Berlín a la RDA, con ello el punto de fuga de los alemanes se eliminaría, pues al parecer esperaba que los occidentales entregaran a la RDA su parte de Berlín.
En la Crisis de Berlín quedó demostrado que la estrategia diseñada durante la Presidencia de Eisenhower no era aplicable, no se utilizaría una “represalia masiva” por causa de Berlín, ni mucho menos por las razones que Kruschev estaba presionando. En efecto, como señala Kissinger al comienzo de la crisis de Berlín, Eisenhower decidió que era más importante calmar al público norteamericano que dar un susto a los gobernantes soviéticos. En una conferencia de prensa el 18 de febrero de 1959, Eisenhower afirmó: “desde luego, no vamos a entablar una guerra en Europa” y para no dejar dudas también excluyó toda defensa de Berlín con armas nucleares: “No sé como podríamos liberar nada con armas nucleares”.[13]
Ahora bien, Eisenhower llegó al final de su gobierno sin lograr avances significativos respecto de la crisis de Berlín. J.F. Kennedy asumió la presidencia cuando la crisis de Berlín casi llevaba tres años. El paso del tiempo había reducido la credibilidad de la amenaza, pero las negociaciones y el encuentro entre Kennedy y Kruschev en Viena en 1961 no sirvieron para mover la posición occidental expresada por el presidente norteamericano en julio de 1961: mantenimiento de la presencia occidental en Berlín, mantenimiento del derecho de acceso y libre elección del régimen político.
La aceleración del ritmo de huidas a la zona occidental precipitó que el 13 de agosto de 1961 se iniciara la construcción de un muro que separaba ambas zonas de la ciudad y aislaba completamente al Berlín occidental. El “Muro de la Vergüenza”, como le llamó Kennedy, indignó a la opinión pública occidental, desacreditó la postura soviética y se convirtió en el doloroso símbolo de la Guerra Fría. El muro pronto se convirtió en un muro de cemento de 5 metros de alto, coronado con alambre y espino, vigilado por torres con guardias armados y minas. Este complejo sistema de muros, vallas electrificadas y fortificaciones se extendió a lo largo de 120 kilómetros, separando a la ciudad y rodeando completamente a Berlín occidental.

NOTAS
[1] Service Robert, Ob. Cit., Página 317
[2] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 204
[3] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 319
[4] Service, Robert, Ob. Cit., Página 320
[5] Ibidem, Página 319
[6] Ibidem, Página 321
[7] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 826
[8] Ibidem, Página 590
[9] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 837
[10] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 247
[11] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 369
[12] Kisinger, Henry, Ob. Cit., Página 840
[13] Ibidem, Página 843

Mapa: El Muro de Berlín

Ante la Construcción del Muro, Estados Unidos mantuvo su código de conducta, es decir no entabló un enfrentamiento directo con la URSS. Y si bien, Kennedy alzó la voz para criticar y abominar su construcción, también se encargó de manifestar públicamente que estaba descartada toda posibilidad de llegar a una guerra por causa de Berlín: “…si yo voy a amenazar a Rusia con una guerra nuclear, tendría que ser por razones mucho más grandes e importantes… que el acceso a una autopista”.[1]

En estas circunstancias, el concepto “equilibrio del terror” comienza a ser comprendido en su magnitud. ¿Qué causa habría justificado comenzar una guerra en que ambos bandos tenían la certeza de ser aniquilados? Hasta este momento (1961), ninguna razón había hecho que las superpotencias consideraran seriamente comenzar una guerra para oponerse a su rival. Cualquier enfrentamiento directo entre ambas potencias tendría que haber sido necesariamente atómico, ya que ambas contaban con arsenales nucleares factibles de ser utilizados. Como señala Hobsbawm, el enfrentamiento entre la URSS y EEUU habría significado un pacto suicida,[2] ante el cual los líderes de ambos bandos finalmente terminaron dando marcha atrás, pues se encontraban atrapados en el dilema nuclear.
Proyecciones de la crisis de Berlín

La crisis finalizó sin ningún acuerdo entre las partes. Según la perspectiva oficial de la Unión Soviética, ante la negativa occidental para firmar un tratado de paz con Alemania, la URSS decidió finalmente, tras los fracasos reiterados de los intentos diplomáticos, levantar un muro en la ciudad de Berlín con el fin de que se transformara en una “barrera insuperable interceptando el camino de los espías, saboteadores y especuladores procedentes del Oeste”.[3]

Ahora bien, después de tres años de ultimátum y amenazas, Kruschev terminó levantando un muro que consolidaba definitivamente la creación de los bloques. Desde este momento el Muro de Berlín pasó a constituirse en el principal símbolo de la Guerra Fría y la consecuente división del mundo en dos bloques. Según la perspectiva de Kissinger, con el fin de romper el estancamiento y no dejar en tanta evidencia su inoperante política de amenazas y ultimátum, Kruschev decidió instalar misiles en Cuba.[4] Así, cuando aun la Crisis de Berlín no tocaba su fin, una crisis aun más peligrosa viene a ocupar la escena internacional.

NOTAS
[1] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 858
[2] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 233
[3] Academia de Ciencias de la URSS, Ob. Cit., Página 370
[4] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 870

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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Historia1Imagen

Guerra FríaDiego Portales Nicolás Maquiavelo José Francisco Vergara Francis Fukuyama Didáctica de la Historia Salvador Allende

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BIBLIOGRAFÍA GUERRA FRÍA



A continuación se presenta la bibliografía utilizada para elaborar la tesis «Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría«, de la autora Ana Henríquez Orrego. Gran parte del material expuesto en esta página constituyen extractos de dicha tesis, presentada en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso de Chile, año 2005.

Ver: Todo sobre Guerra Fría

Bibliografía

  1. Academia de Ciencias de la URSS, Instituto de Historia, Compendio de Historia de la URSS, Segunda parte, Editorial Progreso, Moscú 1966.
  2. Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998.
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LA RESOLUCIÓN VANDENBERG Y LA ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLÁNTICO NORTE (1949)


La OTAN 1949

La Resolución Vandenberg y la Organización del Tratado del Atlántico Norte

La Alianza del Atlántico Norte y la Organización del Tratado del Atlántico Norte no son lo mismo, pero es común que los conceptos sean utilizados indistintamente. La firma del Tratado del Atlántico Norte se realizó en Washington el 4 de abril de 1949, a él adhirieron 12 países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal). La constitución de la OTAN o Tratado del Atlántico Norte se llevó a cabo en 1950 tras el desencadenamiento de la Guerra de Corea, con el fin de crear una estructura militar permanente.

Ahora bien, el factor principal que hizo posible que Estados Unidos pudiera adherirse a Alianzas Militares permanente viene dado a partir de la Resolución Vandenberg, aprobada por el Congreso Norteamericano el 11 de junio de 1948, mediante esta resolución que se conoce por el nombre del presidente republicano de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, se permitía al poder ejecutivo concluir alianzas en tiempos de paz. Con ella se marcaba el fin del aislacionismo norteamericano.

Documento : Tratado del Atlántico Norte Washington, 4 de abril de 1949

Tratado del Atlántico Norte Washington, 4 de abril de 1949
Los Estados Partes en este Tratado:
Reafirmando su fe en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los Gobiernos;
Decididos a salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de sus pueblos, fundadas en los principios de democracia, libertades individuales e imperio de la ley;
Deseosos de favorecer el bienestar y la estabilidad en la región del Atlántico Norte;
Resueltos a unir sus esfuerzos para su defensa colectiva y la conservación de la paz y la seguridad
Han convenido en el siguiente Tratado del Atlántico Norte:
Art. 1. Las Partes se comprometen, tal y como está establecido en la Carta de las Naciones Unidas, a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicadas, de modo que la paz y la seguridad internacionales, así como la justicia, no se pongan en peligro, y a abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en cualquier forma que sea incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.
Art. 2. Las Partes contribuirán al desarrollo de las relaciones internacionales pacíficas y amistosas reforzando sus instituciones libres, asegurando una mejor comprensión de los principios en que se basan esas instituciones y favoreciendo las condiciones propias para asegurar la estabilidad y el bienestar. Tratarán de eliminar cualquier conflicto en sus políticas económicas internacionales y estimularán la colaboración económica entre algunas de las Partes o entre todas ellas.
Art. 3. A fin de lograr más eficazmente la realización de los fines del presente Tratado, las Partes, actuando individual y conjuntamente de manera continua y efectiva mediante el esfuerzo propio y la ayuda mutua, mantendrán y acrecerán su capacidad individual y colectiva de resistencia al ataque armado.
Art. 4. Las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuere amenazada.
Art. 5. Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. Todo ataque armado de esta naturaleza y toda medida adoptada en consecuencia se pondrán inmediatamente en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales.
Art 6. A efectos del art. 5 se considera ataque armado contra una o varias de las Partes, un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia, contra las fuerzas de ocupación de cualquiera de las Partes en Europa, contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las Partes en la región del Atlántico Norte al Norte del Trópico de Cáncer o contra los buques o aeronaves de cualquiera de las Partes en la citada región.
Art. 7. El presente Tratado no afecta ni se podrá interpretar que afecte de modo alguno, a los derechos y obligaciones derivados de la Carta para las Partes que son miembros de las Naciones Unidas, ni a la responsabilidad primordial del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales.
Art. 8. Cada una de las Partes declara que ninguno de los compromisos internacionales actualmente en vigor entre ella y cualquiera otra Parte o cualquier tercer Estado está en contradicción con las disposiciones del presente Tratado y asume la obligación de no adquirir ningún compromiso internacional en contradicción con el Tratado.
Art. 9. Las Partes establecen por la presente disposición un Consejo, en el que cada una de ellas estará representada, para conocer de las cuestiones relativas a la aplicación del Tratado. El Consejo estará organizado de manera que pueda reunirse rápidamente en cualquier momento. El Consejo establecerá cuantos órganos subsidiarios puedan ser necesarios, y en especial establecerá inmediatamente un Comité de defensa que recomendará las medidas apropiadas para la aplicación de los artículos tercero y quinto.
Art. 10. Las Partes pueden, por acuerdo unánime, invitar a adherirse al Tratado a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de favorecer el desarrollo de los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la región del Atlántico Norte. Cualquier Estado así invitado puede pasar a ser parte en el Tratado depositando su instrumento de adhesión ante el Gobierno de los Estados Unidos de América. Este informará a cada una de las Partes del depósito de cada instrumento de adhesión.
Art. 11. Este Tratado será ratificado y sus disposiciones aplicadas por las Partes conforme a sus preceptos constitucionales respectivos. Los instrumentos de ratificación se depositarán, tan pronto como sea posible, ante el Gobierno de los Estados Unidos de América, quien informará a los Gobiernos de las otras Partes del depósito de cada instrumento de ratificación. El Tratado entrará en vigor entre los Estados que lo hayan ratificado, en cuanto se hayan depositado las ratificaciones de la mayoría de los signatarios, comprendidas las de Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido. Y entrará en vigor para los demás signatarios el día del depósito de sus ratificaciones.
Art. 12. Pasados diez años de vigencia del Tratado, o en cualquier fecha ulterior, las Partes se consultarán, a petición de cualesquiera de ellas, con el fin de revisar el Tratado, teniendo en cuenta los factores que afecten en aquel momento a la paz y a la seguridad en la región del Atlántico Norte, incluido el desarrollo de los acuerdos, tanto universales como regionales, concluidos conforme a la Carta de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
Art. 13. Pasados veinte años de vigencia del Tratado, cualquier Parte podrá, en lo que a ella concierna, poner fin al Tratado, un año después de haber notificado su denuncia al Gobierno de los Estados Unidos de América, el cual informará a los Gobiernos de las demás Partes del depósito de cada notificación de denuncia.
Art. 14. Este Tratado, cuyos textos en francés e inglés hacen igualmente fe, se depositará en los archivos del Gobierno de los Estados Unidos de América. Este Gobierno remitirá copias debidamente certificadas a los Gobiernos de los demás Estados signatarios.

Washington, 4 de abril de 1949

Análisis del documento

El autor del documento:

Los autores del documento son los doce Países firmantes: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal.

Destinatarios, lugar y fecha:

La firma del Tratado del Atlántico Norte se realizó en Washington, Estados Unidos, el 4 de abril de 1949. Los destinatarios del documento son los 12 países firmantes y de entre ellos destaca Estados Unidos, en cuyos archivos de gobierno fue depositado el texto original.

Antecedentes Históricos:
La Alianza Atlántica está constituida por países ubicados en ambos lados del Atlántico Norte. Así también, los antecedentes de dicha alianza hemos de buscarlos en ambas regiones. Por una parte nos encontramos con la aproximación y cohesión demostrada por los países de Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y por otro con el giro experimentado por la política exterior norteamericana, al acceder a comprometerse en una alianza permanente en tiempos de paz
En 1947, franceses y británicos habían firmado el Tratado de Dunquerque teniendo aún como objetivo Alemania. En marzo 1948, tras el golpe de Praga y bajo el consejo norteamericano, se firma el Tratado de Bruselas firmado por Francia, Gran Bretaña y los países del Benelux. Por este tratado, ya claramente dirigido contra la amenaza soviética, nació la Unión Europea Occidental. Con la unión manifestada por los países de Europa Occidental, se cumplía también con unos de los requisitos exigidos por EEUU para prestar la ayuda económica para la reconstrucción de Europa. Así pues será los propios líderes de los países europeos los que se encargarán de hacer saber a EEUU que si bien ellos tenían la disposición de unirse y organizarse, su propia fuerza era insuficiente, por tanto invitaban al gobierno norteamericano a formar parte activa de la defensa de Europa Occidental contra toda agresión.[1]

En términos concretos el Pacto de Bruselas estaba destinado a rechazar todo intento de fuerza por derrocar un gobierno democrático. Con esto debemos recordar los hechos acontecidos en Checoslovaquia, donde las fuerzas comunistas habían logrado imponerse tras haber realizado un golpe de Estado. El Golpe de Estado Checo había hecho surgir temores de que los soviéticos pudieran fomentar otras tomas similares.[2] No obstante, como señala Kissinger, todo análisis indicaba que Europa occidental no tenían fuerzas suficientes para cumplir tales objetivos. De allí surgió la necesidad de comprometer a Estados Unidos en la defensa de Europa Occidental.[3]
Ahora bien, para que Estados Unidos pudiera dar una respuesta positiva al llamado de los países Europeos era necesario que se produjeran ciertos cambios fundamentales. En primer lugar debía reconocerse el fin de la tradicional política de aislacionismo llevada a cabo por Estados Unidos. En efecto, en este punto debemos recordar que la actitud norteamericana tras el Primer Gran Conflicto Bélico, había sido regresar a su aislacionismo, manifestando concretamente esta actitud a partir de la no ratificación de los acuerdos de Versalles y la no incorporación de Estados Unidos a las Naciones Unidas.[4]

Este cambio se produjo el 11 de junio de 1948 cuando el Congreso norteamericano aprobó la resolución Vandemberg, la cual permitía al poder ejecutivo concluir alianzas en tiempos de paz. Con ésta se estaba marcando el fin del aislacionismo norteamericano. Esta resolución, que lleva el nombre del Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, permitía al Jefe de Gobierno norteamericano comprometerse en alianzas colectivas regionales para la defensa individual y colectiva, “conforme a los objetivos, principios y disposiciones de la carta de las Naciones Unidas”.[5] Estados Unidos podrá asociarse en acuerdos que estén fundados en la autoasistencia y una ayuda mutua permanente, de conformidad a su proceso constitucional y en la medida en que su seguridad nacional esté afectada.

A partir de este momento, el camino hacia la constitución de la Alianza Atlántica estaba cimentado. El Gobierno Norteamericano estaba facultado para responder afirmativamente al llamamiento realizado por los países de Europa Occidental. Así pues, durante el año 1948, al mismo tiempo en que se desarrollaba la crisis de Berlín, se realizaron las negociaciones entre el Gobierno norteamericano, el Gobierno de Canadá y las naciones europeas. Estas negociaciones finalizaron con la firma del Tratado del Atlántico Norte, llevada a cabo en Washington el 4 de Abril de 1949. El tratado original fue firmado por doce países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal), dejándose expresamente abierta la posibilidad de posteriores incorporaciones: “Las Partes pueden, por acuerdo unánime, invitar a adherirse al Tratado a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de favorecer el desarrollo de los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la región del Atlántico Norte”
Un aspecto que nos resulta interesante de destacar es la forma en que la Alianza Atlántica fue defendida en Estados Unidos. Con una fuerte tradición reticente a comprometerse en alianzas de tipo tradicional, en defensa de intereses geopolíticos y estratégicos, los promotores de la Alianza Atlántica en Estados Unidos, hicieron uso de una retórica típicamente norteamericana. Como señala Henry Kissinger, los portavoces del gobierno de Truman se esforzaron por demostrar que la Organización Atlántica no era una alianza tradicional, por tanto, hicieron todo lo posible por impregnarla de elementos valóricos y morales.[6] Insistieron en que se estaban defendiendo principios y no territorios, con ello se impregnaba a la alianza con un ideal superior, factible de ser aceptado por la mentalidad norteamericana. Como señala Kissinger “los Estados Unidos harían cualquier cosa por la alianza, excepto llamarla alianza”. Esto último queda fielmente reflejado en las palabras proferidas por el Senador Connally en el Senado de Estados Unidos, ante el Comité de Relaciones Exteriores, el 28 de abril de 1949.

Senador Connally: en realidad este tratado no es, en ningún sentido, una alianza militar general. Se limita a la defensa contra un ataque armado… es lo opuesto a una alianza militar. Es una alianza contra una ataque armado, es una alianza contra la Guerra, y no comparte lo esencial de las obligaciones básicas de una alianza militar, tal como conocemos las alianzas militares.[7]

Contenido del documento:

En el preámbulo del Tratado se indican los objetivos generales de paz, la fidelidad a los postulados de la Carta de las Naciones Unidas y la disposición de las partes firmantes a defender el área del Atlántico Norte.

Los artículos 1º y 2º prescriben que se regulen por medios pacíficos las diferencias que surjan entre las partes, así como que se estimulen las buenas relaciones económicas entre ellas, y el artículo 3º indica que las partes firmantes, de modo individual o colectivo, actuarán para acrecentar su capacidad individual o colectiva de resistencia a un ataque armado.

En articulo 4º se disponen consultas mutuas cuando alguna de las partes se considere amenazada en su integridad territorial, independencia política o seguridad.

El artículo 5º es el clave del tratado. En el se estipula: Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. Todo ataque armado de esta naturaleza y toda medida adoptada en consecuencia se pondrán inmediatamente en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales.

El artículo 5º es considerado como el más importante del Tratado, ya que en él se estipula la reacción que tendrán las partes firmantes ante los posibles ataques armados que pudieran sufrir los territorios protegidos por la alianza. Ahora bien, un aspecto importante que debe destacarse es la manifestación expresa del respeto a la soberanía de las partes, ya que en última instancia, el tratado no arrastra automáticamente a ningún conflicto bélico, sino que la decisión última queda en manos de los órganos debidamente estipulados por cada uno de los Estados. En el caso de Estados Unidos, la última palabra siguió estando en manos del Congreso. Así pues en éste artículo se destaca el hecho de que cada parte adoptará “las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte”. Además se pone énfasis en que la Alianza guarda completo respeto a la Organización de las Naciones Unidas, pues las acciones tomadas cesarán una vez que el Consejo de Seguridad haya adoptado las medidas necesarias.

El artículo 6º precisa el ámbito geográfico de aplicación del tratado: A efectos del Art. 5º se considera ataque armado contra una o varias de las Partes, un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia, contra las fuerzas de ocupación de cualquiera de las Partes en Europa, contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las Partes en la región del Atlántico Norte al Norte del Trópico de Cáncer o contra los buques o aeronaves de cualquiera de las Partes en la citada región.

El Articulo 7º subraya la no contradicción del convenio con las obligaciones debidas a las naciones Unidas, y el 8º hace lo mismo respecto de otros compromisos internacionales. En articulo 9º, se estipula la creación de un Consejo, con representación de todos los Estados firmantes para desarrollar la aplicación de todo lo prescrito, estableciendo enseguida un Comité de Defensa para la organización militar.

El artículo 10º indica la posibilidad de incorporación al pacto de otros Estados por acuerdo unánime de los firmantes y los últimos, del 11º al 14º, se refieren a las condiciones re ratificación, revisión (desde los diez años siguientes), vigencia (veinte años, en principio), conservación y denuncia del tratado.

En síntesis, el aspecto relevante del tratado es el rasgo jurídico que destaca el respeto a la soberanía nacional de sus miembros, no se contempla una réplica militar automática a la agresión, lo que dejaba al Gobierno norteamericano un margen de apreciación sobre la gravedad de los conflictos y de la respuesta más adecuada.
Proyecciones de la Alianza Atlántica

Tras la firma del tratado se desenvolvió el proceso de aplicación e institucionalización del mismo, es decir, la creación de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El Congreso norteamericano no sólo ratificó el pacto, sino que aprobó un basto programa de ayuda militar solicitado por su Gobierno.[8] Una reunión del Consejo Atlántico en Nueva York, el 15 de septiembre de 1950, produjo una primera definición general de la estrategia de la Alianza, y la creación del Comité militar permanente y de un mando unificado. El cargo recayó en el general Dwight Eisenhower, cuyo cuartel general se situó en las proximidades de Versalles.
El proceso de nacimiento y organización de la OTAN se había desarrollado frente a fuertes protestas soviéticas, que denunciaban su carácter manifiestamente agresivo y el que estuviera en contradicción con los acuerdos interaliados de la guerra mundial (Yalta y Potsdam), con otros tratados bilaterales y con la Carta de Naciones Unidas.

La reacción de la URSS no contempló una organización militar similar a la OTAN, sino que se concentró en la consolidación lo los regímenes comunistas en el oeste de Europa. Como ya ha sido analizado, a través de la Kominform se mantuvo la coordinación ideológica de los países de la órbita soviética. Y esta última se fue consolidando a partir de pactos bilaterales entre los países de Europa Oriental y Moscú. Esta política de Pactos bilaterales comenzó durante la guerra. El 12 de diciembre de 1943 se firmó con Checoslovaquia un tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua, y al término de la guerra mundial se estableció otro semejante con el gobierno de Polonia, el 21 de abril de 1945. Ahora bien, en la medida en que el conflicto con los países occidentales iba en aumento, la Unión Soviética procuró acelerar este proceso de acercamiento o sometimiento de la Europa del Este. Así pues, en 1948 hubo tratados bilaterales con Rumania (el 4 de febrero), Hungría (18 de febrero) y Bulgaria (18 de marzo).
Otro lazo común del bloque comunista lo constituyó desde enero de 1949, el Consejo Económico de Asistencia Mutua COMECON, un organismo de coordinación económica dirigido por Moscú. La unidad de acción se manifestaba especialmente con motivo de las reuniones periódicas de los ministros del Exterior comunista, a la que seguían declaraciones respaldando la política soviética y criticando la occidental.

Como se puede apreciar, hacia el año 1949 la consolidación de los bloques estaba en marcha y la división del mundo estaba quedando claramente delimitada en Europa, y así se mantuvo hasta el fin de la Guerra Fría. Así pues, La Guerra Fría tuvo sus comienzos en Europa, pero una vez que se estabilizaron las fronteras que limitaban las zonas de influencia soviéticas de la norteamericana, la confrontación entre ambas potencias se desplazó hacia la periferia, especialmente a Asia, que tras la Segunda Guerra Mundial comenzó el proceso de descolonización. En aquellos territorios se manifestó el interés de las potencias por acrecentar su ámbito de influencias.

Como señala Eric Hobsbawm, la disputa por la influencia se manifestaría en los antiguos imperios coloniales, que para 1945, en el caso de Asia ya se avizoraban síntomas de desintegración. Como la orientación futura de los nuevos estados poscoloniales no estaba clara, fue en esta zona donde las dos superpotencias siguieron compitiendo en busca de apoyo e influencia durante toda la Guerra Fría, allí era donde resultaban más probables los conflictos armados que acabaron por estallar.[9]

NOTAS
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 110
[2] Kissinger, Ob. Cit., Página 444
[3] Ibidem, Página 447
[4] Ver: Kssinger, Ob. Cit. Páginas 214-242. (Capítulo IX “La nueva cara de la Diplomacia: Wilson y el Tratado de Versalles”)
[5] Resolución Vandemberg (en: www.historiasiglo20.org/docuemntos/resoluciónvandenberg)
[6] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 447
[7] Testimonio del Embajador Warren Austin, 28 de abril de1949, en Senado de los Estados Unidos, Comité de Relaciones Exteriores, Comité de Relaciones Exteriores, The North Atlantic Treaty, Hearings, 81 Congreso, 1º sesión. (Washington, 1949) Parte I. Pagina 150. En: Kissinger, Henry, Ob- Cit., Página 447
[8] Gil, Julio, Ob. Cit., Página 65
[9] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 231

EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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GUERRA FRÍA: BLOQUEO DE BERLÍN (1948-1949)


Mapa. Alemania y Berlín tras la Segunda Guerra Mundial

Fuente: Presentaciones PowerPoint, Editorial SM. (http://www.sm.es/)

El Bloqueo de Berlín. 24 de Junio de 1948 al 12 de mayo de 1949Los antecedentes: La división de Alemania y Berlín en zonas de ocupación

La crisis de Berlín fue el primer gran conflicto de la Guerra Fría. Para comprenderlo, en primer lugar explicaremos la situación política en que se encontraba Berlín en 1948. Los acuerdos interaliados, habían estipulado que la antigua capital del Reich, así como el resto de Alemania sería ocupada y administrada provisionalmente por las tropas aliadas. En efecto, en el Comunicado Final de la Conferencia de Yalta, el 11 de febrero de 1945, se establecía la partición de Alemania y Berlín, atribuyéndose las zonas de ocupación según avance de las tropas aliadas en territorio alemán. En este punto es preciso destacar la incorporación de Francia en el reparto de las zonas de ocupación. Si bien es cierto, Francia no había sido invitada a la Conferencia, finalmente fue contemplada por los líderes Aliados, Churchill, Roosevelt y Stalin, como uno de los países vencedores, que merecía y debía hacerse cargo del futuro de Alemania. Respecto de este punto, Charles Zorgbibe señala que si bien la Francia de De Gaulle había sido excluida de la Conferencia Interaliada, principalmente porque Roosevelt no reconocía la total legitimidad del gobierno establecido en ese país, la alusión a las zonas de ocupación llevó a los líderes aliados a tratar sobre el papel de Francia en Alemania. Churchill deseaba atribuir una zona de ocupación a Francia, que sería constituida a partir de las zonas americana y británica; Stalin desaprobó la idea, pero cedió cuando Roosevelt intervino a favor de la propuesta de Churchill, sosteniendo que “las fuerzas americanas no podrán permanecer más de dos años en Europa… Gran Bretaña no puede asumir sola el esfuerzo de ocupación”.[1]

La Conferencia de Potsdam celebrada entre el 17 de junio y el 2 de agosto de 1945, ratificó la partición de Alemania entre las cuatro potencias vencedoras. Berlín no era considerado parte de Alemania, ni de la occidental ni de la oriental, sino que se encontraba oficialmente bajo el régimen de las cuatro aliados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. Los soviéticos ocupaban un gran sector de la parte oriental de la ciudad, los norteamericanos tenían un sector en el sur, los británicos en el oeste y los franceses en el norte. En estas circunstancias, Berlín había sido dividida en cuatro zonas de ocupación y se hallaba situada en el corazón de la zona de ocupación soviética.

En el mapa que se presenta a continuación se puede apreciar claramente la situación de Alemania y Berlín tras la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se hicieron cargo de la ocupación de la Alemania Occidental; mientras que la Unión Soviética ocupó la oriental. En este punto debemos recordar la situación de Polonia frente a los territorios alemanes. Este país extendió su frontera hacia el oeste sobre territorio alemán, pero no como país ocupante, sino que concretamente se produjo el desplazamiento de su frontera. El ensanchamiento de la frontera polaca esta reflejado en el mapa con el color amarillo. Esta frontera fue establecida en 1945, la demarcación sigue los ríos Oder y el Neisse occidental desde el mar Báltico hasta la entonces frontera checoslovaca. Esta nueva frontera venía a compensar a Polonia por sus pérdidas en el este en beneficio de la URSS (línea Curzon).[2] Los aliados occidentales con reticencias aceptaron en Yalta y Potsdam esta nueva frontera de forma provisional hasta que se firmara un tratado de paz con Alemania.

Como se puede ver, Berlín se hallaba en medio de la zona de ocupación soviética. En la ciudad también se manifiesta la misma distribución de ocupación, es decir, el área oriental de la ciudad fue atribuida a la Unión Soviética, mientras que la occidental fue repartida entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

FUENTE
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 24 a 26
[2] Ibidem, Página 31

El Bloqueo de Berlín y el Puente aéreo: 1948-1949

Las crecientes discrepancias entre los antiguos aliados hicieron de la cuestión de Berlín uno de los temas clave de la Guerra Fría. Abandonadas las negociaciones para acordar un status político común para la Alemania, los representantes de EE.UU., Gran Bretaña y Francia se reunieron y firmaron los Acuerdos de Londres (abril-junio de 1948) para iniciar un proceso constituyente en sus zonas de ocupación.

El 18 de junio de 1948, los aliados occidentales dieron un paso más, creando una nueva moneda para sus zonas de ocupación: el Deutschemark. Los soviéticos reaccionaron aplicando una reforma en su zona en la que incluyeron a la ciudad de Berlín, a la que consideraban parte integrante de la zona soviética. Cuando los occidentales trataron de introducir el Deutschemark en sus zonas de ocupación de Berlín, las protestas soviéticas se tornaron en actos: se inició el “Bloqueo de Berlín”. Mediante la interrupción de toda comunicación terrestre entre las zonas de ocupación occidentales y Berlín occidental. Como señala Charles Zorgbibe, el 24 de junio, con el pretexto de restaurar algunos puentes sobre el Elba, queda suspendida la circulación en la autopista, los ferrocarriles y los canales que unían Berlín con la Alemania del oeste.[1] El factor principal que permitió que se llevara a cabo el bloqueo de Berlín por parte de la Unión soviética estuvo dado, esencialmente a partir del hecho que entre las cuatro potencias ocupantes nunca se habían negociado acuerdos acerca del acceso a Berlín, no se habían convenido explícitamente los mecanismos de paso.[2]

Según la perspectiva soviética, la que nosotros conocemos a través del Compendio de Historia de la URSS (1966), las razones del bloqueo se explican esencialmente a partir de la conducta de las potencias occidentales, al poner fin a los acuerdos de Potsdam, referidos al control cuatripartito de Alemania. Esta situación se habría manifestado en la aplicación de la reforma monetaria llevada a cabo separadamente en junio de 1948. “El 20 de junio se anunció inesperadamente la reforma monetaria separada en las tres zonas occidentales, preparada secretamente. Los viejos marcos alemanes, desvalorizados fluyeron inmediatamente a Alemania Oriental, creando el peligro de causar enorme daño a la economía de esta zona. Ante ello las autoridades soviéticas tuvieron que adoptar medidas urgentes. Con el objeto de cerrar el paso a los especuladores se instauró el control de mercancías y viajeros procedentes de Alemania Occidental. La administración militar soviética dispuso que se le encargara de todo el abastecimiento de Berlín Occidental, en lo que a víveres se refería, para que la población no sufriera privaciones. Pero las autoridades de ocupación occidental se opusieron a ello”.[3]

Desde esta perspectiva, “el puente aéreo” organizado por los Estados Unidos habría sido una mera maquinaria propagandística, ya que era innecesario, pues, la Unión Soviética había estado presta a ofrecer el abastecimiento al Berlín Occidental.

Ante el bloqueo de Berlín la reacción occidental no se hizo esperar. Los norteamericanos, con una pequeña ayuda británica, organizaron un puente aéreo que durante once meses y mediante más de 275.000 vuelos consiguió abastecer a la población sitiada. Al mismo tiempo, la Casa Blanca hacía saber al Kremlin que no dudaría en usar la fuerza para hacer respetar los «corredores aéreos» que unían Berlín con la Alemania occidental. En este momento la crisis de Berlín se convierte en un típico conflicto de la Guerra Fría. En él, ambas partes midieron su fuerza y decisión. Los soviéticos midieron la voluntad occidental, mientras que los EEUU dieron prueba de firmeza. Rehusaron abandonar Berlín, pero no hicieron ningún gesto directamente agresivo contra la URSS.[4] En efecto, este tipo de ofensivas y reacciones se seguirá repitiendo durante toda la Guerra Fría. Cada una de las partes barajó un conjunto de riesgos calculados, procurando dar pie atrás cada vez que el riesgo de un conflicto abierto y directo estuvo próximo a suscitarse.

El 12 de mayo de 1949, Stalin levantó el bloqueo de Berlín. Pero la división definitiva de la ciudad ya había comenzado a tomar forma. El 8 de mayo de 1949 se adoptó la ley fundamental de la futura República Federal de Alemania. Esta constitución estableció un sistema liberal democrático y contó con el visto bueno de las potencias occidentales. En Septiembre de aquel mismo año, Konrad Adenauer fue elegido su Canciller. Por su parte, la URSS, respondió el 7 de octubre de 1949, con la proclamación de la constitución de la República Democrática de Alemania, un estado creado siguiendo el modelo de las «democracias populares». Terminada la crisis, la indefinición respecto de la autoridad legal acerca del acceso a Berlín siguió siendo igual de indefinida, ya que nunca se llevaron a cabo acuerdos entre las partes.

Esta partición de Alemania era la concreción en el corazón de Europa de la división bipolar del mundo: sólo unos días antes, el 4 de abril de 1949, se firmaba en Washington el Tratado del Atlántico Norte, con el que se emprende el último paso para consolidar los bloques, ahora desde el punto de vista militar.

FUENTE
[1] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 86
[2] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 834
[3] Academia de Ciencias de la URSS, Instituto de Historia, Ob. Cit., Página 306
[4] Aracil, Rafael, Ob. Cit., Página 117

EXTRACTO: Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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¿GUERRA FRÍA?


LA GUERRA FRÍA
Contenido: La Guerra Fría y el surgimiento de un nuevo orden
Fuente: Extracto tesis Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005.

LA GUERRA FRÍA, EL FIN DE LA GUERRA FRÍA Y EL SURGIMIENTO DE UN NUEVO ORDEN[1]

Un mundo Bipolar
La Guerra Fría fue un conflicto de orden mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.[2] Estos países en el transcurso del siglo XX se instalaron en la cúspide del poder, alcanzando ambos la categoría de superpotencias. Tradicionalmente se considera que este peculiar conflicto tuvo su punto de partida tras la Segunda Guerra Mundial, una vez que los dos principales vencedores no lograron compatibilizar sus tan disímiles puntos de vista respecto de los destinos que habrían de seguir los territorios que habían sido asolados por la guerra.[3] Sin embargo, no es posible comprender el conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir de 1945, si no se tiene presente el origen de las desavenencias entre ambas entidades políticas, es decir, el año 1917, cuando se produjo la Revolución Bolchevique en Rusia.[4] A partir de este momento el comunismo se presenta como una seria alternativa frente al capitalismo.

La Guerra Fría fue una lucha que alcanzó su concreción máxima, una vez que ambas entidades políticas -EEUU y URSS- se instalaron en la cúspide del escenario internacional, quedando frente a frente en mitad del continente Europeo; allí, hasta donde sus ejércitos habían logrado llegar en la arremetida contra las tropas nazis. Desde esta perspectiva, la Segunda Guerra Mundial sólo vino a constituir el último paso que hizo de la Guerra Fría un conflicto de orden mundial. Así, la alianza forjada entre la Unión Soviética y los países occidentales a partir de 1941, sólo habría significado un paréntesis en la historia de la Guerra Fría. Como señala el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Alianza de Guerra contra Hitler constituyó un hecho insólito y temporal, y a la vez “un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo, excepto en el breve período de antifascismo, las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable”.[5] En efecto, esto último es clave para comprender los acontecimientos que se suscitaron tras el fin de la guerra. Aquella “insólita alianza” no logró sobrevivir una vez que el enemigo común había sido derrotado. De la guerra no salió un mundo unido, sino uno bipolar. A partir de 1945 la victoria había hecho desaparecer el único lazo que unía a los aliados.[6] Tras la Guerra se encontraron frente a frente dos sistemas opuestos de organización de recursos, el Socialismo y el Capitalismo.
La Guerra Fría se manifestó inicialmente en Europa, donde se produjeron las primeras fricciones entre las dos superpotencias,[7] no obstante, pronto cada una aceptó, tácitamente, la esfera de influencia de su oponente y así se estabilizó, o más bien se congeló la división de Europa durante todo el período que abarca la Guerra Fría, desde 1945 hasta 1989-1991.[8] Este último factor fue la causa para que la Guerra Fría se extendiera hacia la periferia, especialmente, a aquellos lugares donde la delimitación de las influencias aún no estaba definida. Como ejemplo crucial se encuentra Asia, con la excepción de Japón, que tras su derrota pasó a ser controlada exclusivamente por Estados Unidos.[9]
La Guerra Fría fue un conflicto global de carácter económico, político, ideológico y cultural entre dos bloques antagónicos, liderados por Estados Unidos y por la URSS. Tal conflicto mantuvo un estado permanente de tensión internacional; la confrontación este-oeste no fue directa, sino que se hizo a través de terceros países.
Entre las principales características de este conflicto podemos consignar las siguientes[10]:
– Insolubles diferencias de los modelos políticos y económicos auspiciados por cada uno de los contendientes (capitalismo y democracia liberal v/s socialismo y democracia popular)
– Manifestación de las hostilidades a partir del apoyo económico y militar a terceros países.
– Peligro atómico como factor fundamental para no arriesgarse a sostener una guerra directa.

Crisis y colapso de la URSS: fin de la Guerra Fría
Si bien es cierto, el fin de la Guerra Fría fue confirmado durante la presidencia de George Bush en Estados Unidos, el proceso que condujo al fin de este conflicto estuvo liderado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. A George Bush sólo le correspondió presenciar la estocada final de la Guerra Fría. Al principio de su mandato se derrumbó el comunísimo en Europa del este (1989) y se desintegró la Unión Soviética (1991), estos dos hechos confirmaron de forma innegable el fin de la Guerra Fría.
No obstante, el proceso que condujo al fin de la Guerra Fría tuvo como principales protagonistas a Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov. Como señala Henry Kissinger, ambos mandatarios estaban convencidos de la victoria del propio bando. No obstante, el primero comprendió bien las fuentes de su sociedad, mientras que Gorvachov precipitó la caída de su sistema al exigir una reforma para la cual no estaba preparado.[11]
La Guerra Fría llegó a su fin, esencialmente, por dos causas: por una parte puede ser considerado como factor importante la presión económica ejercida por el rearme auspiciado durante el primer período de Ronald Reagan y por otra las transformaciones internas experimentadas por la Unión Soviética durante el proceso de reformas emprendidas por Mijaíl Gorvachov. No obstante, el factor fundamental, estuvo dado por los efectos concretos que provocaron las reformas aplicadas en la URSS durante la década de los `80: Éstas no lograron reactivar la alicaída economía soviética y a la vez contribuyeron a destruir el sustento político e ideológico del régimen soviético.[12]
Ahora bien, el largo periodo de enfrentamientos sostenido entre EEUU y la URSS provocó que hacia mediados de la década de 1980, la Unión Soviética se viera enfrentada al desgaste y la asfixia suscitados por una carrera de armamentos que había consumido sus recursos económicos durante décadas.[13] Ante tal situación, el último de los líderes soviéticos, Mijael Gorvachov, emprendió un profundo programa de reformas, conocido como Perestroika (reestructuración) y Glasnost (transparencia). Pero la URSS no logró sobrevivir a los planes de reformas. La Perestroika y la Glasnost esperaban dar una respuesta a los múltiples problemas que aquejaban al sistema soviético, pero mientras más duraba el proceso de reforma, más demostraba su ineficacia.

A partir de 1987 comienza a ser una realidad la necesidad de una reforma radical de la economía. En la reunión Plenaria del Comité Central del PCUS en junio de 1987 se adoptaron los “principios de reestructuración radical de la gestión económica”.[14] A partir de estas políticas, la planificación fue reemplazada por mecanismos de desarrollo auto sostenido, es decir, se crearon mecanismos que entregaron autonomía de gestión a las empresas soviéticas, además de un circuito de incentivos a la productividad, con ello la Perestroika trató de hacer eficiente y competitivo el grupo de empresas estatales. Desde ese momento se esperaba que las empresas se dirigieran según el principio de que la producción debe cubrir los costes, junto con el hecho de que las empresas debían financiar sus actividades sin subsidios gubernamentales. Por otra parte, uno de los primeros pasos legislativos de la Perestroika también estuvo dado por la ley sobre trabajo individual (noviembre de 1986), dirigida a estimular la iniciativa de los individuos para realizar una serie de actividades económicas ligadas al sector de pequeños servicios.[15] Como señala Rafael Aracil, se esperaba que estos cambios estimularan a las empresas soviéticas para que se volvieran competitivas y se alcanzaran así los objetivos propuestos por la Perestroika.[16]
Desde el punto de vista político, la Perestroika contemplaba una reestructuración tendente a democratizar la Unión Soviética. Respecto de este punto, en su libro Perestroika, Gorvachov afirma:

Estamos firmemente convencidos de que solamente a través del desarrollo constante de formas democráticas intrínsecas al socialismo y a través de la expansión del autogobierno, podemos hacer progresos en la producción, la ciencia y la tecnología, la cultura y el arte y en todas las esferas sociales… la perestroika misma solo puede alcanzarse a través de la democracia… al obtener libertades democráticas, las masas trabajadoras llegan al poder… la reestructuración radical y completa también debe desarrollar el potencial total de la democracia.”[17]

Ahora Bien, en el ámbito internacional, la postura de Gorbachov fue más allá de un mero repliegue táctico. La Perestroika contemplaba la apertura total a occidente, a través de la adopción de una nueva política exterior que buscaba el entendimiento y el fin de las tensiones. Consciente de la imposibilidad de conjugar la Guerra Fría y la solución de los graves problemas que aquejaban a la economía y la sociedad soviética, el líder soviético, proclamó en el XXVII Congreso del PCUS en 1986 lo que denominó un “nuevo pensamiento político”: el nuevo mundo se caracterizaba por la “interdependencia global”, en adelante, había que olvidarse de la lógica de la Guerra Fría y buscar la cooperación y el consenso en la dirección de las relaciones internacionales. Se trataba de buscar “una acción recíproca, constructiva y creador al mismo tiempo… para impedir la catástrofe nuclear y para que la civilización pueda sobrevivir».[18] Del mismo modo, esta idea la expresa con claridad en su libro Perestroika (1987):
Desde luego, seguirá habiendo distinciones. Pero, ¿debemos entablar un duelo por su causa? ¿No sería mejor pasar sobre las cosas que nos dividen, en nombre del interés de toda la humanidad, en nombre de la vida en la tierra? Hemos hecho nuestra elección, afirmado nuestra visión política, a la vez mediante declaraciones y mediante acciones y hechos específicos. La gente está cansada de tanta tensión y enfrentamiento. Prefiere buscar un mundo más seguro y confiable, un mundo en que cada quien conservará sus propias opiniones filosóficas, políticas e ideológicas, y su modo de vida.[19]

Desde esta perspectiva, la URSS se preparaba para un gran repliegue, tanto en su competencia con los EE.UU. como en los compromisos internacionales que había ido adquiriendo a lo largo de la Guerra Fría.[20] Al constatar la realidad de la situación soviética, Gorvachov se dio cuenta de la necesidad de reducir las obligaciones en el Tercer Mundo y evitar contraer nuevos compromisos. Decidió reducir la ayuda soviética a las fuerzas marxistas en Nicaragua, Camboya, Angola y Etiopía, así como poner fin a la costosa intervención militar en Afganistán. En efecto, a fines de 1988, la URSS de Mijaíl Gorvachov se había desecho ampliamente de los conflictos que sostenía en los distintos continentes.[21]

Gorvachov intentó superar los problemas aplicando un amplio programa de reformas conocidos como Glasnost y Perestrika. No obstante, el líder soviético no logró sus objetivos, pues como señala Henry Kissinger, mientras más duraba la Perestroika y la Glasnost, más aislado quedaba y más confianza perdía. Cada reforma resultó una medida a medias que aceleró la decadencia soviética.[22] En el intento por reformar el comunismo, y en particular su esfuerzo por instituir una democracia limitada tanto en la Europa del Este como en la Unión Soviética, permitió que los críticos del comunísimo negaran su legitimidad. Desde esta perspectiva, una vez que fue abandonado el comunismo, que era el aglutinante que mantenía unido al imperio soviético, tanto los países de Europa del Este como las repúblicas que constituían la Unión Soviética aprovecharon la oportunidad para seguir su propio camino.[23]

Ante este panorama, la presión norteamericana viene a sumarse a todos los problemas internos de la Unión Soviética,[24] pero no es en sí la causa primaria del colapso de la URSS. En este punto debemos señalar que los objetivos declarados del gobierno de Ronald Reagan fueron utilizar la carrera de armamentos para someter la economía soviética a una presión que la llevase a la quiebra. En sus memorias Reagan afirma: “me proponía hacer saber a los soviéticos que íbamos a gastar lo que hubiera que gastar para llevarle la delantera en la carrera de armamentos”.[25] No obstante, como señala Hobsbawm, no fue la cruzada emprendida por Reagan, contra lo que él llamaba “Imperio del Mal”, la que produjo el colapso soviético, fueron los propagandistas norteamericanos los que afirmaron que su caída se había debido a una activa campaña de acoso y derribo. “Pero no hay la menor señal de que el gobierno de los Estados Unidos contemplara el hundimiento inminente de la URSS o de que estuviera preparado para ello llegado el momento. Si bien tenían la esperanza de poner en aprieto a la economía soviética, el gobierno norteamericano había sido informado, erróneamente por sus propios servicios de inteligencia de que la URSS se encontraba en buena forma y con capacidad de mantener la carrera de armamentos. A principios de los ochenta, todavía se creía que la URSS estaba librado una firme ofensiva global”.[26]

El fracaso de las reformas y el fin del bloque comunista

El proyecto de Gorbachov implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las “democracias populares” tal como se habían configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La Perestroika y la Glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este. La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del “imperio soviético” fue simple: no hacer nada para defender los regímenes del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses. En definitiva, como señala Kissinger, la actitud de Gorvachov era la renuncia explícita a la “Doctrina Brezhnev”, según la cual la URSS tenía el derecho y deber de aplacar los levantamientos e insurrecciones en la Europa del Este. Gorvachov no aplicó la doctrina Brezhnev y la liberalización demostró ser incompatible con los gobiernos comunistas.[27]

Ya en septiembre de 1988, Gorbachov había clausurado el Comité de Enlace con los países socialistas en el PCUS, una señal de que el Kremlin abandonaba la Doctrina Breznev. En diciembre de ese mismo año anunció solemnemente en la Asamblea General de la ONU un recorte unilateral de más de medio millón de soldados, de los que la mitad se retirarían con más de cinco mil tanques de la Europa del Este.[28] La actitud de Moscú era cada vez más claramente conciliadora hacia la reforma en las “democracias populares”.

A continuación se presenta una síntesis de las sucesivas revoluciones que sacudieron a Europa del Este, las cuales produjeron el fin de la esfera de influencia soviética. (1989)

Polonia:
Polonia fue el país que inició el proceso revolucionario. Tras una serie de huelgas en el verano de 1988, el gobierno comunista, dirigido por el general Jaruselzski, tuvo que sentarse a negociar con el sindicato Solidaridad. Los acuerdos de abril de 1989 significaron el reconocimiento legal del sindicato y la apertura de un proceso de transición democrática. Con este hecho se producía un acuerdo histórico, ya que por primera vez desde 1946, se organizaron elecciones libres en el Este de Europa, aunque desde el punto de vista práctico la libertad sería controlada y limitada (el Sindicato Solidaridad se comprometía a conceder el 65% de las 460 actas de la Dieta al Partido Comunista, mientras que las actas del Senado serían objetos de una competencia real, pero este solo tenia el poder de rechazar las leyes votadas por la Dieta).[29] De este modo Polonia entraba en un proceso de transición cuya duración estaba prevista en 4 años, tras los cuales, la elección de las dos cámaras sería libre. En las elecciones de junio de 1989 el partido comunista fue duramente derrotado (99 de las 100 plazas del Senado fueron ocupadas por Solidaridad, la restante la ocupó un candidato independiente).[30] Frente a esta situación, el Partido Comunista propuso la constitución de un gobierno de unidad nacional con la participación de Solidaridad, cuestión rechazada por el sindicato. Al final el general Jaruzelski consideró que no tenía otra solución que permitir la formación de un gobierno, cuyo Primer Ministro sería Mazowiecki, dirigente de Solidaridad. Se formaba así el primer gobierno no comunista en Europa Oriental desde 1945. La rápida descomposición del régimen comunista, permitió que Lech Walesa (líder del movimiento obrero “Solidaridad”), fuera elegido presidente del país en 1990.
Una muestra concreta de los cambios experimentados en la Unión Soviética fue la negativa de Gorvachov a usar tropas soviéticas para anular los resultados de las elecciones en Polonia, con ello demostraba concretamente que la doctrina Brezhnev, que había sido formulada para justificar la intervención en Checoslovaquia el año 1968, había muerto de verdad.[31]

Hungría:
El Partido Comunista Húngaro trató de emular el programa de reformas de Gorvachov, con el mismo fin de salvar el comunismo, pero fue en vano.[32] El 11 de enero de 1989 el Parlamento Húngaro, que estaba dominado por los comunistas, legalizó la libertad de reunión y asociación para los grupos no comunistas, un mes más tarde legalizó los partidos políticos independientes. El 8 de abril Janos Kadar, que había asumido la dirección del partido comunista después de la revolución de 1956, fue expulsado del poder. El 2 de mayo Hungría se transformó en el primer país del bloque soviético en abrir la frontera con la Europa Occidental. En septiembre el gobierno comunista y los recién creados partidos de la oposición acordaron participar en elecciones libres, que se programaron para marzo de 1990, la cual permitió al partido democrático de la oposición establecer un gobierno no comunista bajo la dirección de Jozef Antall.[33] (El partido comunista, que para entonces había adoptado el nombre de Partido Socialista, sólo obtuvo el 9% de los votos)

República Democrática de Alemania
El cambio en Hungría tuvo una enorme repercusión exterior. La decisión de las autoridades de Budapest (capital de Hungría), de abrir su frontera con Austria en septiembre de 1989 abrió una “brecha” en el telón de acero por el que decenas de miles de habitantes de la República Democrática de Alemania huyeron hacia la República Federal de Alemania, atravesando Checoslovaquia, Hungría y Austria. Al éxodo de la población se le unió pronto una oleada de manifestaciones a lo largo de toda Alemania Oriental.[34]
El líder de la RDA, Eric Honnecker, que acababa de felicitar públicamente al embajador chino por la represión en la plaza de Tiananamen, estaba convencido de que las reformas provocarían el hundimiento del régimen.[35] A partir de aquí los acontecimientos se precipitaron, Honnecker fue sustituido por un comunista reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la celebración de elecciones libres.[36] En un primer momento el nuevo líder de la RDA, intentó detener el éxodo de alemanes del Este poniendo fin a las restricciones que impedían viajar a Occidente, pero la medida sólo sirvió para fomentar la fuga de mas alemanes orientales. En vista de esta situación, el 9 de noviembre se produjo el hecho que pasará a constituirse en símbolo del “fin” de la Guerra Fría, ese día se produjo la apertura del muro de Berlín. Centenares de miles de alemanes del Este pasaron inmediatamente al Berlín Occidental.
El rápido derrumbamiento de la RDA abrió un proceso de negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y la RFA, dirigida por un canciller, Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad histórica que se le abría a Alemania. En un primer momento, los soviéticos intentaron impedir la unificación proponiendo reavivar las instituciones de ocupación alemana por las cuatro potencias vencedoras, no obstante, luego el objetivo soviético pasó a intentar evitar que una futura Alemania unificada fuese miembro de la OTAN. Antes esta situación los aliados occidentales propusieron celebrar las conversaciones de “Dos mas Cuatro”, es decir, los dos Estados Alemanes, más Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética.[37] Finalmente el 14 de julio de 1990 Gorvachov aceptó la unificación Alemana, así como su pertenencia a la OTAN. A cambio, el canciller de Alemania Occidental, Helmut Col, prometió conceder grandes empréstitos y otras formas de ayuda económica a la Unión Soviética. También accedió a limitar las fuerzas militares de Alemania reunificada a 370.000 personas y aseguró a Gorvachov que no habría armas biológicas, nucleares, ni químicas en el arsenal alemán. También se prometió aportar con 8.000 millones de dólares para el mantenimiento y la retirada de las fuerzas soviéticas de Alemania. Por su parte Gorvachov prometió retirar las fuerzas soviéticas de Alemania Oriental en un plazo de cuatro años.[38]
Como señala Ronald Powaski, con la concreción de los acuerdos de la unificación alemana, se estaba llevando a cabo el último tratado pendiente de la Segunda Guerra Mundial en Europa. El 23 de agosto el parlamento de Alemania oriental fijó el 3 de octubre como fecha para la fusión con la República Federal. El 12 de septiembre de 1990 las cuatro potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial y las dos Alemanias firmaron el “Tratado sobre la Resolución Final con Respecto a Alemania”. El 1 de octubre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial renunciaban oficialmente a sus derechos y responsabilidades sobre Alemania y Berlín. El 3 de octubre Alemania quedaba reunificada.[39]

Checoslovaquia: el 17 de noviembre de 1989, miles de jóvenes se congregaron en la principal plaza de Praga para exigir el reconocimiento de sus derechos. Dos días después, aproximadamente 200.000 personas se manifestaron en la capital para exigir elecciones libres y la dimisión de los líderes comunistas. El 24 de noviembre dimitió el Secretario General del Partido Comunista, Milos Jakes. Luego de 4 días, después de una huelga general, el gobierno permitió organizar partidos no comunistas. El 10 de diciembre un nuevo gabinete, en el cual los no comunitas eran mayoría, prestó juramento. El 29 de diciembre de 1989 se creó un gobierno provisional con Vaclav Havel como presidente. El nuevo gobierno convocó a elecciones libres para junio de 1990 y abrió la frontera con Austria. En las elecciones el partido comunista obtuvo el 14% de los votos, el democristiano el 12% y el Foro Cívico (liderado por Havel), el 47%. Este último procedió a crear un gobierno de coalición con el nuevo partido democristiano y en el nuevo gobierno no hubo cabida para ningún comunista.[40]

Bulgaria: también se vio afectada por los acontecimientos del resto de Europa del Este. El 9 de noviembre de 1989, el día en que se produjo la apertura del Muro de Berlín, el Politburó comunista de Bulgaria destituyó a Todor Zhikov, que había sido líder del Partido desde 1961. En su lugar quedó Mladenov, con mayor propensión a llevar a cabo las reformas, no obstante, después de un año el comunismo también era vencido en las urnas.[41]

Rumania: en este país la transición del comunismo a la democracia fue más sangrienta. En diciembre de 1989 las fuerzas de seguridad del estado mataron en la ciudad de Timisoara a centenares de rumanos que se manifestaron contra el intento del gobierno de desahuciar a un sacerdote disidente. La matanza provocó aun más manifestaciones. El 22 de diciembre el líder comunista rumano, Nicolae Ceausescu, intentó huir del país al darse cuenta que las unidades militares comenzaron a apoyar a los manifestantes. No obstante, fue apresado y ejecutado sumariamente por el ejército el 25 de diciembre.[42]

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo. Con esto se puede apreciar que los intentos de reformar el comunismo en la Europa del Este, terminaron causando su caída y finalmente la propia desintegración de la Unión Soviética.[43] Como señala Robert Service, el desenlace fue espectacular. A principios de 1989 los comunistas gobernaban todos los países europeos al Este del Río Elba. Al acabar el año, el único Estado Comunista que quedaba al Oeste de la URSS era Albania, y Albania había sido hostil hacia la URSS desde el gobierno de Kruschov.[44]
La Guerra Fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, va a terminar por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiarán radicalmente el mundo. Para el historiador británico, Eric Hobsbawm, la Guerra Fría terminó antes que la Unión Soviética se desintegrara, pero el fin del conflicto se hizo evidente sólo cuando éste último había dejado de existir:

«La guerra fría acabó cuando una de las superpotencias, o ambas, reconocieron lo siniestro y absurdo de la carrera de armamentos atómicos, y cuando una, o ambas, aceptaron que la otra deseaba sinceramente acabar con esa carrera… La verdadera Guerra Fría, como resulta fácil ver desde nuestra perspectiva actual, terminó con la cumbre de Washington en 1987, pero no fue posible reconocer que había acabado hasta que la URSS dejó se ser una superpotencia, o una potencia a secas… pero los engranajes de la maquinaria de guerra continuaron girando en ambos bandos. Los servicios secretos, profesionales de la paranoia, siguieron sospechando que cualquier movimiento del otro lado no era más que un astuto truco para hacer bajar la guardia al enemigo y derrotarlo mejor. El hundimiento del imperio soviético en 1989, la desintegración y disolución de la propia URSS en 1989-1991, hizo imposible pretender que nada había cambiado y, menos aun creerlo».[45]

Dentro de esta lógica, Henry Kissinger señala que el fin de la Guerra Fría se produjo al momento en que la Unión Soviética emprendió la transformación interna de su régimen. Este proceso se desarrolló a lo largo de todo el período liderado por Gorvachov, es decir, a partir de 1985, no obstante, la manifestación más concreta, según Kissinger, se produjo en el XXVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1986). En esta oportunidad se abandonó por completo la teoría de la inevitable lucha de clases y se proclamó la coexistencia como un fin en sí mismo.[46] Desde la perspectiva de análisis de Henry Kissinger, este hecho venia a ratificar la teoría propuesta por Kennan en 1946, acerca de la necesidad de que Estados Unidos mostrara una actitud de contención frente a las fuerzas comunistas y frente a la URSS, hasta que ésta hubiere experimentado un cambio radical en sus estructuras internas. Teniendo presente lo anterior, se puede afirmar que la Guerra Fría termina durante los gobiernos de Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov, pues entre 1985 y 1989 el ambiente de tensión y crisis intermitentes, característicos de la Guerra Fría, dan paso a un tipo de relaciones internacionales basados en la búsqueda del entendimiento.

En definitiva, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov y las revoluciones democráticas en Europa del Este las que llevaron al colapso del bloque soviético, el cual, a su vez, también se desintegraba intestinalmente, ya que las aspiraciones separatistas de las Repúblicas se habían comenzado a manifestar a través de las demandas de “democracia” y “autodeterminación nacional”. Como señala Robert Service, en algunos casos como en los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), estas demandas respondían a un compromiso con esos valores, pero en la mayor parte de las demás repúblicas, esas demandas no eran más que el intento de las elit locales del Partido Comunista por mantener el poder. Declarando la independencia esperaban aislar a sus respectivas repúblicas de la injerencia cotidiana de Moscú.[47]

La Guerra Fría terminó antes que la URSS conociera su fin. No obstante, sólo fue evidente cuando uno de los contendientes había dejado de existir. La Guerra Fría terminó por estocadas sucesivas. Los engranajes se fueron deteniendo y lo que empezó con una retórica pacifista, continuó con anuncios concretos como el discurso de Gorvachov ante la ONU, dando a conocer la reducción unilateral de su ejército y la retirada del mismo de Europa del Este, prosiguió con una serie de gestos diplomáticos a partir de los cuales el acercamiento hacia occidente fue quedando en evidencia.[48] La sentencia de muerte de la Guerra Fría fue declarada por Gorvachov y Bush. No obstante, a este último sólo le correspondió dar la estocada final a un ente moribundo.

El 8 diciembre de 1991 en los acuerdos de Minsk (Capital bielorusa) se decretó la muerte de uno de los contendientes de la Guerra Fría, declarando solemnemente que “Nosotros las Repúblicas de Bielorrusia, la Federación Rusa (RSFSR) y Ucrania como Estados fundadores de la URSS, firmantes del tratado de la Unión de 1922, en lo sucesivo denominadas altas partes contratantes, constatamos que la URSS como sujeto de derecho Internacional y realidad geopolítica, deja de existir”.[49] Tras el derrumbe soviético sólo quedaba en pie el enorme imperio norteamericano. Desde este punto de vista es legítimo afirmar que el ganador de esta peculiar Guerra fue EEUU.
La Guerra Fría había terminado. En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, en el proceso de finalización de la Guerra Fría, uno de los actores sucumbió y se desintegró, dejado a su oponente en calidad de única gran superpotencia. Este es el tema desarrollado por el Historiador Británico Eric Hobsbawm, en su articulo publicado en Le Monde Diplomatique “Después de Ganar la Guerra”, en el que afirma: “Efectivamente, el colapso de la Unión Soviética dejó a los Estados Unidos como el único superpoder, que ningún otro poder podía o quería desafiar”.[50] Con la desintegración de la Unión Soviética se confirmó el fin de la Guerra Fría. De este modo, el peculiar conflicto que caracterizó el desenvolvimiento de las Relaciones Internacionales durante 45 años tocaba su fin con la caída de uno de sus contendientes. El colapso de uno de sus protagonistas, dio paso a un mundo liderado indiscutiblemente por Estados Unidos, en calidad de superpotencia económica y militar.

NOTAS
[1] La síntesis histórica que se expone en este capítulo es el resultado de intensas y extensas reflexiones respecto del significado de La Guerra Fría, que la autora del presente trabajo ha desarrollado a lo largo de varios años y que ha visto su concreción en la tesis de pre-grado de: Henríquez Orrego, Ana, Propuesta didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría: Las principales características del mundo bipolar configurado entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2005, (582 páginas). Profesores Guías: Armando Barría Slako y Nelson Vásquez Lara. En: Biblioteca del Instituto de Historia de la PUCV.
[2] Acerca del origen del concepto Guerra Fría: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “El concepto Guerra Fría es de origen norteamericano. Lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su uso en un discurso del senador Barnard Baruch. Lo recogió otro periodista Walter Lipman que lo popularizó en una recopilación de sus artículos titulada La Guerra Fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos. A finales de los años cuarenta la expresión había ganado carta de naturaleza y se utilizaba para designar al complejo sistema de relaciones internacionales de la posguerra, la pugna entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial y la aparición de un abismo de hostilidad y temor entre los dos grandes bloques geopolíticos”. Página 7
[3] Ver: Aracil, Rafael, El Mundo Actual, de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, Universitat de Barcelona, Barcelona 1998; Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998; Kissinger Henry, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000; Pereira, Juan, Los Orígenes de la Guerra Fría, Editorial Arco, Madrid 1997. (interpretaciones tradicionales de la Guerra Fría)
[4] Ver: Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000; Fontaine, Andre, Historia de la Guerra Fría, Editorial Luis Caralt, Barcelona 1970; Fermandois, Joaquín, La Guerra Fría, Documentos Universitarios, Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 1975. (interpretaciones no tradicionales de la Guerra Fría)
[5] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 17
[6] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 22
[7] En Europa las primeras fricciones entre el comunismo soviético y el capitalismo occidental se manifestaron en las guerras intestinas de Grecia y Turquía (1947); otro punto álgido sobrevino a la hora de aplicarse el Plan Marshal (1947), considerado por la URSS como ofensiva del capitalismo norteamericano y finalmente con el bloqueo de Berlín (1948), emprendido por la URSS con el objeto de impedir la entrada de suministros al Berlín Occidental.
[8] Estos dos años marcan la crisis y el colapso del sistema comunista liderado por la URSS.
[9] Entre los conflictos más característicos de la Guerra Fría en las zonas extra-europeas se encuentran: La Guerra de Corea (1950 – 1953), la crisis de los mísiles cubanos (octubre de 1962), la Guerra de Vietnam (1945-1975) y la Guerra de Afganistán (1979-1989). Para Juan Pereira Castañeda, estos cuatro conflictos marcan el punto máximo de tensión durante la Guerra Fría. Ver: Pereira, Juan, Historia y Presente de la Guerra Fría, Editorial Istmo S.A., Madrid 1989. Página 33 y siguientes.
[10] Una caracterización más extensa de la situación internacional durante el período de la Guerra Fría la encontramos en: Gil, Julio, La Guerra Fría: La OTAN frente al Pacto de Varsovia, Editorial Siglo XXI Madrid 1998: “(La Guerra Fría se caracterizó por) La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países agrupados entorno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión Soviética; La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la Segunda Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra; Una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil, pero evitando provocar un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes (Corea, Berlín, Cuba, etc.), donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuesto a volver a las negociaciones cuando los riesgos fueran excesivos para ambos; El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios”. Página 10
[11] Ibidem, Página 758
[12] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[13] Hobsbawn, Eric, Ob. Cit.: “Mucho antes de que los propagandista norteamericanos explicaran, a posteriori, como los Estados Unidos se lanzaron a ganar la guerra fría arruinando a su antagonista, el régimen de Brezhnev había empezado a arruinarse él solo al emprender un programa de armamento que elevó los gastos en defensa en un promedio anual de 4 a 5% durante los 20 años posteriores a 1964. La carrera había sido absurda, aunque le proporcionó a la URSS la satisfacción de poder decir que había alcanzado la paridad con los Estados Unidos en lanzadoras de misiles en 1971, y una superioridad del 25% en 1976”. Página 250
[14] Gorvachov Míjaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987, Página 35
[15] Aracil, Rafael, Ob. Cit. Página 667
[16] Idem
[17] Gorvachov Míjaíl, Ob. Cit., Página 34
[18] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 644
[19] Gorvachov Míjaíl, Perestroika: New Trinking for Our Country and the World, Nueva York, 1987, Página 139. En: Kissinger, La Diplomacia, Fondo de Cultura Económica de México, México 2000. Página 784
[20] Powaski, Ronald, La guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 316
[21] Ibidem, Página 310
[22] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 798
[23] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 357
[24] El Propio análisis de Gorvachov ilustra la magnitud de la crisis en la que se encontraba sumida la URSS a mediados de los ´80. Gorvachov, Mijaíl, Perestroika, Editorial Emece, Buenos Aires 1987: “… al analizar la situación descubrimos una desaceleración del crecimiento económico. En los últimos 15 años, la tasa de crecimiento de la renta nacional declinó en más de la mitad y para comienzo de los ochenta había caído a un nivel cercano al estancamiento económico. Un país que alguna vez se había acercado rápidamente a las naciones avanzadas del mundo comenzó a perder posiciones. Además la brecha en la eficiencia en la eficiencia de producción, calidad de los productos, desarrollo científico y tecnológico, la producción de tecnología de punta y el uso de técnicas avanzadas, comenzó a extenderse y no en favor nuestro… Tras largos años de estancamiento, la economía se hallaba al borde de la bancarrota y la sociedad soviética se encontraba inmersa en una verdadera crisis moral caracterizada por la falta de compromiso ideológico y el escepticismo general. La conducción del Partido se relajó y perdió la iniciativa de los principales procesos sociales”. Páginas 17 y 18
[25] Ronald Reagan, An American Life, 1990, p. 267. En: Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 287
[26] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., página 252
[27] Kissinger, Henry, Ob. Cit., Página 791
[28] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[29] Ibidem, página 648
[30] Idem
[31] Powaski, Ronald, Ob. Cit., página 327
[32] Idem
[33] Ibidem, Página 329
[34] Ibidem, Página 328
[35] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 652
[36] Idem
[37] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 660
[38] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 338
[39] Idem
[40] Zorgbibe, Charles Ob. Cit., Página 653
[41] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 329
[42] Ibidem, Página 330
[43] Powaski, Ronald, Ob. Cit., Página 327
[44] Service, Robert, Historia de Rusia en el Siglo XX, Editorial Crítica, Barcelona 2000. Página 447
[45] Hobsbawm, Eric, Ob. Cit., Página 255
[46] Kissinger, Henry, Ob Cit., Página 784 y 798
[47] Service, Robert, Ob. Cit., Página 453
[48] Zorgbibe, Charles, Ob. Cit., Página 646
[49] Acuerdo de Minsk entre Rusia, Bielorrusia y Ucrania sobre la creación de la C.E.I. (En: www.historiasiglo20.org/acuerdosmisnk )
[50] Eric Hobsbawm en su articulo “Después de la Guerra”, publicado en la revista Lemonde Diplomatique presenta un interesante ensayo respecto de las proyecciones de Estados Unidos después de la Guerra Fría, destacando su nuevo rol de única superpotencia económica y militar

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EXTRACTO: tesis de pregrado Henríquez, Orrego, Ana, Propuesta Didáctica para la enseñanza de la Guerra Fría, PUCV, Viña del Mar, 2005.

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