PRESENTACIÓN DEL LIBRO “JOSÉ FRANCISCO VERGARA: GUERRA DEL PACÍFICO Y LIBERALISMO” POR DON SANTIAGO LORENZO SCHIAFFINO.


Don Santiago Lorenzo Schiaffino, Presenta el libro JFV


PRESENTACIÓN DEL LIBRO
“José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo”
De Ana Henríquez Orrego

             Con particular agrado vengo en presentar el libro de Ana Henríquez Orrego titulado “José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y liberalismo”. Su autora fue una alumna distinguida en los programas de Pedagogía y de Magíster en Historia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ya egresada de la Universidad, mi querida amiga Eugenia Garrido, con muy buen criterio, la nombra como investigadora del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, circunstancia que la pone en contacto con parte importante de la documentación acerca de José Francisco Vergara, personaje que ha investigado con particular interés desde el año 2005, lo que se ha traducido en la elaboración de varios artículos acerca de Vergara y de la historia de Viña del Mar. De algún modo, el libro en comento constituye la culminación de los trabajos emprendidos por Ana Henríquez Orrego desde el año 2005, por cual no podemos sino celebrar que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes haya financiado la publicación de esta obra que contribuye de manera importante a nuestra historiografía y a nuestra cultura, en general.

PORTADA LIBRO: “José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo”

El libro es la biografía más completa y mejor fundamentada acerca de Francisco Vergara, a la vez que un estudio en que se destaca su controvertida participación en la Guerra del Pacífico así como sus esfuerzos para que en el país triunfen los principios del liberalismo, que, desde su perspectiva, habrían sido traicionado por quienes fueron sus mentores, particularmente por Domingo Santa María.

En la parte propiamente biográfica, con la que se inicia la obra, se nos indica que José Francisco Vergara, llega a Valparaíso en 1853, cuando contaba con diecinueve años, para hacer su práctica como agrimensor, en calidad de ingeniero ayudante en las obras del ferrocarril de Valparaíso a Santiago. En 1856, reorienta su vocación técnica por la agricultura, arrendando la Hacienda de Viña del Mar a Dolores Pérez de Álvarez, decisión que marcará su vida en consideración de que tres años más tarde casa con Mercedes Álvarez nieta y heredera de doña Dolores, con quien tuvo dos hijos, Blanca y Salvador. Esta circunstancia, que le convierte en un hombre de fortuna, su incorporación al partido radical de Valparaíso, del que es fundador en 1863, y luego su ingreso a la masonería en 1864, así como sus innegables méritos personales son, según la autora, claves para entender la trayectoria de Vergara como político y hombre público. La obra indica que si bien Vergara no fue un masón activo y observante, se identifico plenamente con los principios propios de la masonería, lo que se reflejaría en sus cartas, memorias y discursos que evidencian su inspiración masónica. Este hecho los lectores lo podrán comprobar al leer la cartas de Vergara a su hijo, las que escribe con motivo de la guerra y las cartas políticas que publica en la prensa bajo el seudónimo Severo Perpena, en las que expresa su compromiso con el amor, la justicia, la laboriosidad y servicio a la humanidad. La percepción que nos queda de Vergara por medio de sus cartas y por sus actuaciones durante su vida, coinciden con los juicios que tuvieron de él sus amigos y colaboradores, quienes lo presentan como un hombre virtuoso. Para los historiadores Gonzalo Bulnes y Francisco Antonio Encina, Vergara representaba la máxima expresión de la virtud y el patriotismo; Teodoro Lowey que por treinta años trabaja a sus ordenes, asegura no haber conocido a “persona más correcta, más cumplidora, más honrada y más humana” que Vergara. Antonio Bisana, por su parte, nos lo presenta como “la personificación del deber, de la abnegación y de la grandeza moral más elevada”.

Se advierte en la obra, que dado que Vergara queda huérfano de padre cuando era un niño, lo que le privó de su consejo, se propuso que su hijo Salvador no sufriera ese vacío, transformándose de por vida en su tutor. En este sentido, la obra de Ana Henríquez tiene un mérito adicional, permite conocer importantes aspectos de la vida familiar en el siglo XIX, los que conocemos por medio de los consejos que transmite epistolarmente a su hijo durante los años que este permanece en Francia por motivos de estudio. Los consejos que Vergara da a Salvador nos permiten tener nuevos antecedentes acerca de la formación que los padres de la elite daban a sus hijos entonces y conocer los valores y principios que se trata de inculcarles, información que nos trajo al recuerdo las Instrucciones que da Manuel Riesco a su amado hijo Miguel, publicadas en la Revista Chilena de Historia y Geografía.. En las cartas a Salvador le insiste en la necesidad de que sea “virtuoso, honorable e instruido”, es decir, que haga suyos una serie de valores caros al mismo José Francisco Vergara. Respecto de la religión, a pesar de que Vergara era agnóstico, le recomienda a tratar con el mayor respeto las cosas religiosas, indicándole “que no es lícito a ninguna persona y por consiguiente mucho menos a un niño hablar con ligereza e irrespetuosamente de la religión y de sus ministros”. Incluso, le recomienda que es más prudente no hablar de religión, y actuar teniendo siempre presente las leyes morales, porque en su opinión la verdadera religión consiste “en ser bueno, siempre bueno y siempre bueno”.

En las cartas de José Francisco Vergara a su hijo Salvador también se advierte un interés por orientarlo en cuanto a la profesión que debería seguir. Como percibe en su hijo un interés por la carrera militar, opción que no comparte, trata de desalentarlo pintando con tonos lúgubres la profesión de las armas. Cuando estábamos a un año del inicio de la Guerra del Pacífico, le dice: “Veo que te apasionan e interesan mucho las cosas de guerras y aunque esto sea una tendencia natural, no la fomentes porque es para nosotros uno de los gustos más estériles”. Le expresa que los soldados sobran, pero que faltan hombres que puedan guiar a los demás en el camino de la civilización, asegurándole que éstos “son los verdaderos héroes de la humanidad”, proponiéndole: “tu no puedes hacer un mejor servicio a tu patria que instruyéndote y preparándote para contribuir dignamente a su sostén y a su progreso”. Respecto de este punto, la autora concluye con muy buenos argumentos que los consejos de Vergara a su hijo reflejan su personalidad, pues se trataba de un hombre que creía en el progreso, amaba el conocimiento, no dejaba para mañana lo que podía hacer hoy, porque estaba convencido que el tiempo era oro y que había que invertirlo tanto en beneficio propio como en el de los demás.

Paradójicamente, este hombre que se mostraba tan despectivo con la carrera militar, a la que llega a calificar como un gusto estéril, tendrá un papel protagónico durante la Guerra del Pacífico al ser nombrado por el gobierno, primero, como delegado ante el comandante en jefe Erasmo Escala en 1879; luego Comandante General de las fuerzas de caballería en 1880, durante las campañas de Tarapacá y Tacna, y más tarde ministro de guerra en campaña, luego de ser nombrado Ministro de Guerra y Marina en 1880, participando en calidad de tal en las batallas de Chorrillos y Miraflores en 1881. Enfrentado a estas nuevas circunstancias, Vergara cambia su punto de vista en relación con la guerra, por lo menos respecto del patriotismo. Un año antes decía que la guerra era uno de los “gustos más estériles”, que el patriotismo se manifestaba haciendo progresar al país y que los hombres que guiaban a los demás en el caminos de la civilización eran los verdaderos héroes de la humanidad, Ahora reconoce que los héroes también se forjan en la guerra; de ahí que se empeña por estar a la altura de las circunstancias, apreciándose por medio de su correspondencia que también desea destacar en la guerra, tanto por una cuestión de honor, que llevaba a flor de piel, como por el país y para que su actuación sirviera de ejemplo a su hijo. El libro analiza con maestría el desempeño de Vergara en la guerra, que por cierto fue muy destacado, a pesar que se le responsabiliza de la derrota sufrida en Tarapacá el 26 de noviembre de 1879, por no haber dado datos fidedignos acerca de las fuerzas enemigas. Sin embargo, el gobierno continuó respaldándolo hasta convertirlo, dice Ana Henríquez “en punta lanza del gobierno frente a los mandos militares”, o más bien, como señalaba Santa María en carta a Vergara, en el encargado de “enderezar entuertos” y “aconsejar a los generales”. Se aprecia a través de la obra, que el cometido cumplido por Vergara hirió el amor propio de la oficialidad del ejército, particularmente del alto mando, por desempeñar tareas estimadas propios de soldados profesionales y no de civiles, y porque Vergara se muestra muy critico respecto la conducción de la guerra , difundiendo urbi et orbi que los éxitos militares conseguidos eran mucho más resultado de la valentía de los soldados, o de deficiencias en el adversario, que de la aplicación de acertadas tácticas o estrategias, lo que se habría traducido en un costo en vidas mucho mayor que el esperado. Además, Vergara se muestra crítico del triunfalismo ambiente, restándole el carácter épico que se le había asignado a algunas batallas. El libro describe muy bien los hechos que mencionamos, tanto que el lector no podrá dejar de vivir el ambiente de tensión que se vivía en el campo de batalla como consecuencia de las críticas de Vergara. Este ambiente alcanza su apogeo cuando Vergara es nombrado Ministro de Guerra y Marina, nombramiento que fue muy discutido en el Congreso y recibido como una bomba por el alto mando del ejército. En carta a su hijo Salvador, le confiesa que su designación como Ministro de Guerra y Marina fue impugnado por el Congreso “porque se decía que mi nombramiento era un desafío al ejército donde era yo muy mal mirado por los jefes a quienes había ofendido con mi injerencia en las operaciones militares”. También fue impugnado, como era de esperar, por el ejército. Tan es así que el secretario del general Baquedano, Máximo Lira, en carta al presidente Aníbal Pinto le dice que cuando se supo del nombramiento de Vergara “hubo, con ese motivo, en el ejército un verdadero alboroto, que se tradujo en murmuraciones violentas y en censuras acres contra los cucalones, nombre que se complacían en dar al señor Vergara”. En fin, esta parte del libro, aunque no corresponde a la parte medular de la investigación, está muy bien lograda y aporta información inédita en un tema que, lamentablemente, sigue estando en el tapete.

La última parte del libro se refiere a la intensa actividad política desarrollada por José Francisco Vergara al final de la guerra y después de ésta, que es, a mi parecer, la parte central del libro. Se refiere a como Vergara declina ser candidato a la presidencia de la Republica para apoyar la candidatura de Domingo Santa María, quien en retribución le nombra ministro del Interior en su primer gabinete. Sin embargo, a los pocos meses, por motivos que la historiografía no ha logrado establecer claramente, y respecto de los cuales la autora tampoco tiene un juicio definitivo, Vergara renuncia al cargo y se enemista con Santa María. (El presidente le rechaza a Vergara la proposición que éste le hace de candidatos del gobierno al Congreso atribuyéndole a Vergara cierto nepotismo a favor de candidatos radicales. Según Edwards Santa María habría desestimado los parlamentarios propuestos por tratarse de gente ingobernable, cuando lo que él deseaba era un congreso disciplinado.). Cualquiera haya sido el motivo del quiebre entre el presidente y su ministro del interior, el caso es que desde entonces Vergara se convierte en el Catón de la administración Santa María en defensa de un verdadero liberalismo.

Este último capítulo, titulado:”José Francisco Vergara: Defensor de los principios liberales”, que corresponde a las últimas 100 páginas del libro, abarca un tema que ha interesado a la actual generación de historiadores preocupados por establecer que significa ser liberal o conservador en el siglo XIX, algo que al parecer no se ha logrado dilucidar totalmente, como lo demuestra el hecho de que Brahm hable de un conservantismo liberal, Jocelyn Holt de liberales moderados y Ana María Stuven asegure que la diferencia entre liberales y conservadores era sólo una cuestión de grado en el siglo. El libro en comento aporta nuevos elementos de juicio para esclarecer el tema, ya que José Francisco Vergara que era muy ortodoxo en cuanto a sus principios, creía saber que significaba ser liberal en el siglo XIX o, por lo menos, poder establecer que actos u omisiones de un gobierno eran contrarios al liberalismo. De ahí que a partir de su salida del gabinete, herido en su amor propio y por una cuestión de principios, (la autora piensa que más por principios y por un cierto idealismo político) Vergara enviste en contra en contra de muchos de sus antiguos camaradas que habían sido mentores del liberalismo, particularmente en contra de Santa María, de quien afirma había traicionado el liberalismo al gobernar al estilo de los viejos pelucones, no cumplir como era debido con la laicización de las instituciones y oponerse a la separación de la Iglesia del Estado. Según Ana Henríquez, desde la perspectiva de Vergara, Santa María y quienes lo acompañaron en el gobierno convirtieron al liberalismo en una simple bandera electoral, usaron las leyes laicas como “instrumento de desquite”, en lugar de la expresión de un auténtico liberalismo, y evitaron que el proceso de laicización de las instituciones culminara en la separación de la Iglesia del Estado, como tendría que haber acontecido. Señala que en este caso Santa María boicoteó la separación para mantener su poder, por conveniencia, sin importarle que esto traicionara sus ideas y principios. También Vergara le critica que habiendo luchado contra la intervención electoral ahora la propicie, acusándolo, nepotismo y de inmoralidad administrativa.

Según la autora, cree que no corresponde acusar a Santa María de “falta de línea” o de que haya traicionado sus principios, porque desde su perspectiva, Santa María era un político pragmático o, más bien, un político a secas, que actuaba según las circunstancias, lo que demuestra citando cartas del propio Santa María a Vergara, donde le indica que a veces la rigidez de principios de un mandatario pueden dañar al país; y en otra, sin el menor pudor, le insta a usar la intervención electoral para ocupar un cargo en el Senado. Como José Francisco Vergara era enemigo de estos procedimientos, Santa María le confiesa a un amigo que “José Francisco no ha nacido para la vida política, ni se ha educado para ella”. Según Ana Henríquez, Santa María estaba en lo cierto al confesar lo recién expresado, ya que Vergara era un idealista actuando en política, un hombre de principios que tenía como paradigma un ideal humano elevado y perfecto al cual trataba de acomodar su conducta, de ahí que en las postrimerías de su vida el mismo confiese que el tener ese ideal es lo que lo “ha hecho tan poco indulgente y equitativo con las faltas de los demás o con lo que yo he creído sus errores políticos”. Esta frase explica gran parte de sus actuaciones en la guerra, en la política y en los consejos a su hijo.

En fin, recomiendo muy particularmente el libro de Ana Henríquez Orrego, “José Francisco Vergara: Guerra del Pacífico y Liberalismo”, por la importancia de los temas que trata; por los aportes que hace a los mismos; por la seriedad de la investigación; por la novedad de la documentación utilizada, particularmente las cartas de Vergara a su hijo Salvador y las cartas políticas que escribió bajo el seudónimo de Severo Perpena, una antología de las cuales forman parte del apéndice documental del libro.

Termino felicitando a Anny por un trabajo que no ha hecho sino confirmar lo que hasta ahora ha sido su trayectoria académica. Felicito también al Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar a través de la persona de mi amiga Eugenia Garrido Álvarez de la Rivera, porque al alero de ese archivo se llevó a cabo gran parte de esta investigación. Felicito por último al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes por haber financiado la publicación de esta obra que constituye un gran aporte a la historiografía chilena y a nuestra cultura en general.
Muchas gracias

Santiago Lorenzo Schiaffino
Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla
Miembro de número de la Academia Chilena de la Historia
Director de Bachillerato y Humanidades de Universidad Gabriela Mistral
Profesor de posgrado Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Ver más sobre la investigación  sobre José Francisco Vergara:

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Acerca de Ana Henríquez Orrego

Magíster en Historia, Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Geografía y Cs. Sociales por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Directora de Escuela de Historia de Universidad de Las Américas.
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16 respuestas a PRESENTACIÓN DEL LIBRO “JOSÉ FRANCISCO VERGARA: GUERRA DEL PACÍFICO Y LIBERALISMO” POR DON SANTIAGO LORENZO SCHIAFFINO.

  1. STANLEY SMITH RODIER dijo:

    ANITA: ¡¡¡ QUE QUIERES QUE TE DIGA, ESTUVO – NO BUENO – SINO QUE MAGNIFICO… LA PRESENTACION, LA EDICION, TU PRESENTACION, ETC. TODO EL “MUNDO” QUEDO SATISFECHO DE HABER PARTICIPADO…. TE FELICITO NUEVAMENTE Y CUENTA CONMIGO… COMO NOSOTROS CONTAREMOS CONTIGO PARA EL C. CULTURAL… UN ABRAZO Y MUCHAS FELICIDADES.

    STANLEY

  2. CUBAS LEÓN, Juan Aníbal dijo:

    Buenas, un gusto es el entararme, que hay sitios web como el tuyo, de donde uno puede tener una mayor informacion de diversos pasajes historicos, soy un joven que tardiamente comienza a llevar un verdadero estudio de la historia, un gusto en leer, espero que pueda conmunicarme con usted

  3. FELIZ, POR LA INVESTIGACIÓN SOBRE JOSÉ FRANCISCO VERGARA, LA ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA HA DECIDIDO OTORGARME EL PREMIO “MIGUEL CRUCHAGA TOCORNAL 2009″.

    GRACIAS A TODOS LOS QUE COLABORARON EN ESTA TAREA.

    http://historia1imagen.cl/2010/10/26/premio-miguel-cruchaga-tocornal-2009/

  4. INVESTIGACIÓN SOBRE VERGARA OBTIENE PREMIO CRICHAGA TOCORNAL DE LA ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA: http://www.institutodechile.cl/historia/discursomassei.pdf

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